Mostrando entradas con la etiqueta Negacionismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Negacionismo. Mostrar todas las entradas

11 de noviembre de 2025

COP30: Qué esperar de la cumbre mundial sobre cambio climático

Amanda Magnani

Con la retirada de Estados Unidos y la cautela de China, la conferencia de Brasil pondrá a prueba la capacidad del mundo para cumplir el Acuerdo de París y los objetivos financieros

A partir del 10 de noviembre, representantes de más de 100 países se reunirán en Belém, Brasil, la ciudad amazónica que será la sede de la cumbre climática COP30. Esta edición de la conferencia ha sido descrita por Naciones Unidas como un hito decisivo para que los países actualicen sus planes de acción climática y avancen en la aplicación de medidas contra el calentamiento global.

Como país anfitrión, Brasil pretende que esta cumbre se caracterice por los resultados. “Ahora es el momento de actuar”, afirmó el presidente de la conferencia, André Corrêa do Lago, en un evento preparatorio celebrado en agosto. “La COP30 será el momento de ajustar los instrumentos y acelerar la implementación”.

Pero las expectativas para la COP30 son tan grandes como los desafíos que la rodean. La conferencia coincide con el décimo aniversario del Acuerdo de París, un hito mundial en la lucha contra la crisis climática. Este tratado histórico impulsó la expansión de las políticas nacionales destinadas a lograr economías bajas en carbono, pero los avances hacia sus objetivos siguen siendo insuficientes: en 2024, la temperatura media del planeta superó por primera vez el objetivo acordado de 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales, un umbral definido por los científicos como el máximo para evitar los peores efectos de los fenómenos climáticos cada vez más graves.

A principios de este año, los expertos advirtieron que el planeta había alcanzado su primer “punto de inflexión”, con la muerte generalizada de los arrecifes de coral en más de 80 países debido al calentamiento de los océanos. Los científicos y conservacionistas responsables del análisis también destacaron el riesgo de colapso de la selva amazónica, un bioma esencial para el equilibrio climático mundial y precisamente el lugar donde se celebrará la cumbre COP30.

El Acuerdo de París puesto a prueba

Con el agravamiento de la crisis climática, la COP30 pondrá a prueba la voluntad de los países de mantener el Acuerdo de París como pieza central de la gobernanza mundial. La COP28, celebrada en Dubái en 2023, supuso el primer balance global y la primera mención en un texto final de la COP a la transición de los combustibles fósiles. Por su parte, la COP29 del año pasado en Azerbaiyán estableció un nuevo objetivo de financiación climática. En Belém, la atención se centrará en la revisión y la aplicación de los objetivos nacionales de reducción de emisiones, las contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC), que se actualizan cada cinco años.

Un informe de síntesis reunirá las propuestas para orientar la acción climática hasta 2030 y evaluará el cumplimiento de los países en el marco de las NDC. Sin embargo, hasta ahora, menos de 70 de los más de 190 signatarios del Acuerdo de París han actualizado sus objetivos. En conjunto, los países que ya han presentado sus planes representan más de un tercio de las emisiones mundiales.

“Los planes presentados no nos acercan en absoluto al camino necesario para un futuro seguro”, afirmó Miriam García, directora de políticas climáticas del World Resources Institute Brazil (WRI), una organización dedicada a la investigación de soluciones climáticas.

Señaló que, según estimaciones recientes, el mundo tendría que reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en unas 31 gigatoneladas para 2030 a fin de mantener el calentamiento global dentro del límite de 1,5 °C. Sin embargo, incluso teniendo en cuenta las NDC actualizadas y otros compromisos ya anunciados, la reducción prevista no supera las 2 gigatoneladas.

La conferencia también se centrará en la adaptación a los fenómenos climáticos extremos, una transición energética justa y la aplicación de la Hoja de Ruta de Bakú-Belém, un documento que describe el camino para alcanzar 1,3 billones de dólares en financiación climática anual para 2035, un objetivo acordado en la COP29 en Bakú, la capital de Azerbaiyán.

Paralelamente a las negociaciones oficiales, el gobierno brasileño se ha comprometido con una amplia “Agenda de Acción”, con más de 350 eventos en los que participan gobiernos locales, empresas, investigadores y representantes de la sociedad civil.

Sin embargo, el enfoque de esta agenda ha despertado opiniones divergentes, según Karla Maass, asesora de incidencia política de la Red de Acción Climática de América Latina (CAN-LA), la división regional de la coalición mundial CAN, que agrupa a más de 1.900 organizaciones medioambientales. “Algunos creen que es el escenario donde se desarrolla la política y la economía reales, pero otros lo consideran una cortina de humo para desviar la atención de las negociaciones oficiales”, declaró a Dialogue Earth.

Para Maass, los procesos de negociación formales y paralelos “pueden ser complementarios, pero la Agenda de Acción no puede acaparar toda la atención”.

Fortalecimiento del multilateralismo

Además de los impasses técnicos, la COP30 se celebra en un contexto geopolítico “muy delicado”, según García, de WRI Brasil. Afirmó que la creciente falta de confianza entre los países —ya identificada por los líderes mundiales como uno de los principales obstáculos para las negociaciones sobre el clima— ha debilitado las alianzas y reducido la voluntad de cooperar. El regreso a la presidencia de Estados Unidos de Donald Trump, que ya ha impulsado recortes en los programas internacionales de clima y asistencia del país, junto con la reorientación de los recursos gubernamentales hacia cuestiones militares y de seguridad en medio de las guerras en Ucrania y Gaza, ha exacerbado el declive mundial de la financiación climática.

Ante las tensiones geopolíticas que podrían desviar la atención de los debates, los líderes de la COP30 en Brasil, como la directora ejecutiva de la cumbre, Ana Toni, han tratado de reafirmar su compromiso con el multilateralismo. Esta también es la opinión de García, quien lo describió como la única forma posible de abordar la crisis climática. “No hay otro espacio en el que los países más vulnerables puedan expresar sus demandas”, añadió.

Tras tres ediciones de la cumbre en países cuyos regímenes se consideran autoritarios, hay grandes expectativas de que la COP30 marque el regreso de una fuerte participación de la sociedad civil, así como el primer plano de las demandas y ambiciones del Sur Global.

Sin embargo, esta esperanza se ha visto empañada por los exorbitantes precios del alojamiento en la ciudad anfitriona, Belém, que han limitado la presencia de representantes de movimientos sociales y países más pobres. Incluso con el aumento del apoyo financiero de la ONU, el problema persiste: a finales de octubre, 49 delegaciones seguían sin saber dónde se alojarían durante la conferencia, mientras que más de 130 ya tenían garantizado su alojamiento.

Ante esta situación, el Observatorio del Clima, una de las organizaciones brasileñas que más de cerca ha seguido las conferencias de la ONU sobre el clima, ha advertido que esta podría convertirse en la “COP menos inclusiva de la historia”.

“Sin las delegaciones de los países en desarrollo, se pondrá en duda la legitimidad de las decisiones”, afirmó Stela Herschmann, experta en política climática del Observatorio del Clima.

Incluso entre las delegaciones que han logrado confirmar su asistencia, la tendencia ha sido reducir el tamaño de los equipos, incluso en el caso de la propia ONU y Brasil. Esta limitación, según Herschmann, puede afectar al ritmo y la calidad de las negociaciones.

“Los equipos pequeños tienen que dividirse en diferentes salas, lo que sobrecarga a los negociadores. Como resultado, las ambiciones tienden a disminuir”, explicó.

Estados Unidos fuera y la ambición de China en foco

El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en enero de 2025 provocó una nueva retirada del Acuerdo de París por parte de Estados Unidos, el segundo mayor emisor de gases de efecto invernadero del mundo. “Además de los efectos sobre el objetivo global de reducción de emisiones, esta salida también tiene un impacto en la financiación climática mundial”, afirmó García. Sin embargo, señaló que el país nunca ha cumplido plenamente sus compromisos financieros y añadió que los gobiernos estatales y municipales del país podrían intentar llenar el vacío dejado por la administración federal.

Con la retirada, las NDC presentadas por Estados Unidos en 2024 ya no son válidas. En cuanto a los demás actores clave en el ámbito climático, la Unión Europea aún no ha presentado sus planes y China ha anunciado unos objetivos que, en general, se consideran por debajo de las expectativas.

En un discurso pronunciado en la Asamblea General de la ONU en septiembre, el líder chino Xi Jinping anunció que el país tiene la intención de reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero entre un 7% y un 10% para 2035, tomando como referencia el pico registrado en los últimos años.

Los expertos consideraron que este compromiso era vago e insuficiente, sobre todo teniendo en cuenta que China representa alrededor de un tercio de las emisiones mundiales. Sin embargo, Beijing tiene un historial de superar sus objetivos, a veces cautelosos.

Además, con la retirada del liderazgo climático de Estados Unidos y la Unión Europea, crece la presión para que China tome la iniciativa en la agenda climática mundial. A pesar de sus modestos objetivos, el país es considerado el único con suficiente peso político y capacidad tecnológica para desempeñar este papel.

Beijing ha rechazado a menudo la idea de posicionarse explícitamente como líder climático. Según Niklas Weins, profesor del departamento de estudios internacionales de la Universidad Xi’an Jiaotong-Liverpool, China no considera estratégico asumir el papel de “líder único” en cuestiones internacionales, incluido el medioambiente.

“Estados Unidos suele ocupar esta posición, y los chinos comprenden el peso que conlleva esta imagen. Por lo tanto, en el ámbito ambiental, lo que el país desea es un liderazgo distribuido con una cooperación Sur-Sur reforzada“, explicó Weins a Dialogue Earth.

El Sur Global en el punto de mira

Los expertos también abogan por un papel más activo de las economías emergentes en la transición ecológica. Según García, el liderazgo de países de ingresos medios como China, Indonesia, Sudáfrica y Brasil es esencial para hacer posible una economía global con bajas emisiones de carbono.

“Producen aproximadamente la mitad de las emisiones mundiales, un porcentaje que probablemente aumentará. Si no logran reducir estas emisiones y adaptarse a los inminentes impactos climáticos, toda la transición ecológica estará en peligro”, afirmó.

Al mismo tiempo, muchos consideran que la transición climática mundial está abriendo una oportunidad de desarrollo única para los países del Sur Global, especialmente en América Latina. “Estos países aún tienen una gran oportunidad para ampliar sus mercados [energéticos] y dar a sus poblaciones acceso a energía que ya proviene de fuentes renovables”, afirmó Herschmann. “Es una oportunidad para aprovechar este momento de transformación y corregir las desigualdades e injusticias estructurales”.

Para Corrêa do Lago, América Latina tiene ante sí la oportunidad de asumir un liderazgo sin precedentes en la búsqueda de la justicia climática. Marcada históricamente por posiciones fragmentadas en la agenda climática, la región ha buscado una mayor coordinación en los foros multilaterales, con el objetivo de llegar a la COP30 con una agenda más unificada e influyente.

Tanto Herschmann como Maass comentaron que reforzar la posición del Sur Global en el debate será esencial, pero insuficiente sin la participación de las grandes potencias. “Estamos asistiendo a un fortalecimiento del Sur Global, pero líderes como Estados Unidos y la Unión Europea deben seguir comprometidos y fijar objetivos ambiciosos. Al fin y al cabo, son históricamente responsables del cambio climático”, afirmó Herschmann.

La COP30 tendrá lugar en Belém, Brasil, del 10 al 21 de noviembre. Más información sobre la cobertura de la cumbre aquí.

Amanda Magnani. Periodista y fotógrafa brasileña. Su trabajo se centra en la justicia climática, la transición energética, las comunidades tradicionales y la descolonización de los procesos periodísticos. Ha sido becaria del Pulitzer Center, del Metcalf Institute y de Climate Tracker; y ha publicado historias en National Geographic, Mongabay, Al Jazeera y Folha de São Paulo.

Fuente: https://dialogue.earth/es/clima/cop30-que-esperar-cumbre-mundial-cambio-climatico/

1 de junio de 2025

La Amazonía y una opinión impopular

Enrique Ortiz

Un ambientalista nos pide realismo y cabeza fría en la lucha por el planeta

A mediados de mayo se realizó en Lima “El futuro de la Amazonia”, un evento organizado por una importante fundación filantrópica. Se contó con la crema y nata del ambientalismo peruano e internacional y en él se hizo un pedido específico a los distinguidos panelistas: evaluar los últimos treinta años de la defensa de este ecosistema en cuanto a avances, en tono positivo, y recomendar acciones para los siguientes treinta. Fue un ejercicio muy interesante en el que se habló de todo, lo que demostró lo difícil que es para muchos ser positivos en sus enfoques, cuando hay mucho que decir sobre los logros.  Curiosamente, el futuro fue identificado como una oportunidad para defender los derechos y demandas de los pueblos indígenas y las comunidades locales (ribereños, caboclos, quilombolas, etc), y para encontrar soluciones aprovechando el avance de la tecnología, además de las oportunidades que traerá la llamada “transición energética”.  

Si bien se hicieron intervenciones acertadas y coherentes, quizás a veces no nos demos cuenta de la importancia de problemáticas más básicas para salvaguardar este ecosistema. Poniéndolo en términos menos rígidos, como los culinarios —obsesión cultural peruana—, parecemos entretenernos con los platos de acompañamiento, como la canchita o la causita; y si lo pasamos a términos futbolísticos, nos quedamos en las jugaditas y el taquito, sin ver el plato de fondo ni los goles. Aunque es notorio que son muchos los preocupados por esos temas, creo que el futuro de la Amazonia depende de afianzar los procesos democráticos y de fortalecer las instituciones ambientales. Si evaluamos los logros del pasado, creo que hemos sentado las bases de una institucionalidad importante —que incluye los gobiernos, la sociedad civil y sus organizaciones representativas—, y que hemos tenido grandes avances e importantes innovaciones en ese campo. En suma, si miramos al futuro —donde la única constante es el cambio—, debemos apuntar a lograr la resiliencia de ambos, la democracia y de los que la cuidan. Para mí, ese es el desafío.

Sin lugar a duda, no se puede menospreciar la importancia de defender los derechos de los pueblos indígenas y de su cultura. Pero recordemos que, aunque ellos sean “propietarios” del 25-30 % de la Amazonía, ellos no controlan los territorios a nivel nacional y regional. Algunas perlas: en Colombia, la Amazonía y los territorios indígenas —que son el 50 % de ella— está dominada por las antiguas guerrillas, ahora mafias, y sin presencia del gobierno, hasta el punto de que el personal de parques nacionales ha sido retirado. En Perú, el mayor incremento de la minería ilegal se ha dado en territorios indígenas. Es claro que el control de los territorios depende en su mayor parte de los estados. La población indígena representa menos del 4% de la población del territorio que habitan y, además, existe una alta tendencia de migración indígena de sus territorios hacia las ciudades. Es decir, la población indígena amazónica es una abrumadora minoría con escasa capacidad política, más allá de la reactiva. Así, tenemos un 96 % de la población que no es indígena y que elige a los Bolsonaros, a los Castillos y los “comeoros” (recordemos a ese corrupto congresista peruano asociado a las mafias de oro ilegal).  Si poco se toma en cuenta los procesos democráticos nacionales de gobernabilidad, y en particular los amazónicos, y no se enfatiza en tener instituciones capaces de defender lo logrado, de dar la luz sobre las soluciones, nos seguiremos entreteniendo con las “huachitas” o con la “canchita”.  El plato de fondo es la democracia y el resto viene como consecuencia de ella.

El pasado y el futuro en Harvard

Hace dos semanas participé en un evento organizado por la Universidad de Harvard —hoy la estrella de la resistencia ante el trumpismo—, junto a expresidentes como la chilena Bachelet (nominada a la presidencia de la ONU), Zedillo de México, Alvarado de Costa Rica, y Marina Corina Machado (líder democrática venezolana, hoy en la clandestinidad). El tema central era, precisamente, reconocer el rol de la democracia en temas sociales, económicos y ambientales. Como panelista, me hicieron las mismas preguntas que en el evento de Lima, y también me pidieron que sea positivo. Para empezar, dije lo que realmente creo: a nivel regional el vaso está medio lleno, en vez de medio vacío[1].  Aún tenemos el 82 % de la Amazonía en pie, y posiblemente el 65 % totalmente intacto. Y, en general, hemos logrado una institucionalidad (incluyendo legislación) que, aunque frágil y frecuentemente amenazada, sentó las bases de gobernabilidad territorial. También hemos desarrollado un robusto sistema de áreas protegidas a nivel regional, y una importante distribución de derechos de uso, incluyendo los territorios indígenas. Mi generación le está dejando a la siguiente material para trabajar, y eso es un logro. Mirando al futuro, resalté la importancia de enfocarnos en la resiliencia institucional para atender los problemas coyunturales, pero más para enfrentar los cambios insospechados que vendrán —militarismos, epidemias, guerras, y quién sabe qué más—, e hice un llamado al pragmatismo en nuestras propuestas. Es de resaltar, a mi parecer, la amenaza más importante que enfrentamos hoy a nivel regional: la expansión de las mafias, incluyendo la del oro, una tendencia clara sin ideología ni escrúpulos que avanza lenta pero segura, que ya ha tomado países —miren lo que pasa en Ecuador y Colombia—. Sin tener la capacidad de reacción como sociedad, estamos siendo presas de una metástasis regional. Solo en Brasil, el Primer Comando Capital —grandes en drogas y oro— tiene 40 mil militantes armados, y no son de derecha ni de izquierda. Son como el grupo Wagner ruso. En suma, necesitamos tener capacidad de análisis para enfrentar el presente y el futuro.

La paradoja climática de Blair

Hace unos días, el exlíder británico Tony Blair escribió una carta que ha removido a muchos, al punto de haber sido tildada de torpe por un sector del ambientalismo mundial[2]. En ella, Blair parece decir lo que realmente piensa ahora que ya no aspira a posiciones políticas.  Se dio el lujo de criticar el pensamiento y las tendencias actuales sobre el tema del cambio climático y de la falacia llamada “transición energética”. En lo que ha llamado “la paradoja climática”, le pide al mundo se dé cuenta de que manejamos, o estamos siendo manejados, por una narrativa fuera de la realidad que ve lo que quiere ver o no tiene la capacidad de analizar el presente. No puedo estar más de acuerdo con él.  El mundo ha cambiado y cambiará aún más. La línea de base es diferente, y requiere otro tratamiento y narrativa.  Seguimos hablando dogmáticamente y polarizando la discusión y, mientras tanto, acercándonos al abismo. El llamado de Blair a la sociedad es de get real, que revisemos serenamente el escenario y pongamos el dedo donde corresponda. Por ejemplo, según recalca, hablamos del avance de las energías renovables y la baja de la demanda por hidrocarburos, cuando en verdad ocurre totalmente lo opuesto. La disminución en las exploraciones no se da porque no se quiera usar gas o petróleo, sino porque hay demasiadas de ellas en el mercado y producir más no es negocio. Y el aumento de las renovables, si bien importante y positivo, es de una tasa de incremento mucho menor a la del consumo de las no renovables.  A nivel mundial los hidrocarburos, seguido del carbón natural, siguen siendo la principal fuente de energía, y las energías renovables están posiblemente a décadas de tomar relevancia. Que no hay duda de que debemos incrementar las energías renovables, pero que más que ser una solución climática, son más deseables por asuntos de salud u otros. A propósito, recomiendo leer The New Map de Daniel Yengin para entender el presente y futuro de los hidrocarburos.  

A la cooperación internacional debemos recordarle que, además de apoyar proyectos puntuales, la resiliencia se va a conseguir reforzando la institucionalidad y creando los espacios think tank en que podamos identificar soluciones y puntos comunes, sentados junto al sector privado, indígenas y asociaciones sociales. Discutiendo abiertamente posiciones y perspectivas, sin atacar al otro ni apuntando con el dedo creyéndonos estar por encima del bien y del mal, sin que nos importe ser cancelados en las redes.  Espacios donde comamos el plato de fondo, y metamos los goles.

[1]  https://www.drclas.harvard.edu/news/2025/05/latin-america-crossroads-climate-leadership-era-crisis

[2] https://institute.global/insights/climate-and-energy/the-climate-paradox-why-we-need-to-reset-action-on-climate-change

Enrique Ortiz. Ambientalista y ecólogo con estudios en la Universidad de San Marcos (Perú) y Princeton (EE. UU.) Tiene más de 30 años trabajando en conservación a nivel nacional e internacional, en organizaciones de la sociedad civil y en financiadoras filantrópicas.

https://jugo.pe/la-amazonia-y-una-opinion-impopular/

Una nueva vuelta de tuerca al negacionismo climático: ocultar que cuesta dinero

Raúl Rejón

La Administración Donald Trump prohíbe al Ejecutivo calcular el impacto monetizado de las emisiones de gases para no entorpecer el uso de combustibles fósiles: el desprecio del presidente de EEUU por la lucha climática ya ha provocado que multinacionales, bancos y fondos agüen sus políticas verdes

Ojos que no ven, bolsillo que no se resiente, debe pensar la administración estadounidense de Donald Trump. Tanto es así que el presidente estadounidense le ha dado una vuelta de tuerca al negacionismo climático y ha prohibido que las agencias que redactan normas o conceden autorizaciones analicen el impacto económico de las emisiones de CO2. Solo podrán hacerlo cuando esté “claramente requerido” por mandato legal.

El memorando remitido el 5 de mayo es una “guía” para aplicar la orden ejecutiva Desatando la energía estadounidense, y cuenta con el visto bueno de la Agencia de Protección del Medio Ambiente. Las directrices resumen: “Ya no es una política federal mantener una estimación uniforme de los impactos económicos monetizados de las emisiones de gases invernadero”. No se traducirá a dinero el daño que las emisiones hacen a la actividad económica o lo que cuesta atender a los afectados por las olas de calor, inundaciones o polución exacerbadas por la inyección masiva de gases a la atmósfera.

Solo en 2024, el país más perjudicado económicamente por los episodios meteorológicos extremos, como los huracanes Milton y Helena, fue, precisamente EEUU, con unos 60.000 millones de dólares, según el cálculo anual de la organización Christian Aid.

“Las ocasiones en las que las agencias [reguladoras] tendrán que analizar el coste económico de las emisiones de gases de efecto invernadero serán pocas o ninguna”, vaticina el documento. El objetivo declarado es “eliminar cualquier barrera (…) que restringa la capacidad de los EEUU de maximizar los beneficios de nuestros abundantes recursos materiales”. Es decir, del petróleo, el gas o el carbón, los tres combustibles fósiles que inyectan CO2 a la atmósfera al quemarse para obtener energía. EEUU es el mayor emisor histórico de CO2 –y segundo en la actualidad– .

Si esas agencias no pueden escaparse de una obligación legal ya establecida, “deberán limitar sus análisis al mínimo exigible para cumplir ese requerimiento legal”.

¿Marcará tendencia?

Tras esta reciente decisión, queda comprobar si la nueva vuelta de tuerca desde EEUU marca una tendencia –el desprecio de Donald Trump por la lucha climática ya ha arrastrado a diversas multinacionales, bancos y fondos para alinearse con sus postulados–.

Las consecuencias económicas de las emisiones de CO2 –que en última instancia derivan en el cambio climático–, “son la mayor amenaza a largo plazo para el crecimiento y la prosperidad además de tener un impacto directo en el bienestar económico de todos los países”. La frase encabeza el análisis sobre la crisis del clima de una institución como el Fondo Monetario Internacional.

Su última revisión de 2024 afirma que “es necesario un urgente recorte en las emisiones de gases de efecto invernadero”. El título del trabajo da pistas y se llama: ¿Caminando sonámbulos hacia el borde del precipicio?

¿En qué se basa la administración Trump? Echa mano de lo que llama “incertidumbres demasiado grandes” a la hora de “cuantificar los impactos monetizados [calculados en cantidades de dinero]”. Incluso pone en duda “si ,y hasta qué punto, cualquier supuesto cambio en el clima está ocurriendo realmente como consecuencia de las emisiones de gases de efecto invernadero generadas por los humanos”.

Evidencia acumulada de décadas

El daño económico que generan las emisiones de gases y el cambio climático tiene más dos décadas de acumulación de evidencia. El economista Nicholas Stern publicó ya en 2006 su Revisiónacerca de la economía del cambio climático: la inacción podría llevar a una recesión global. Con todo, el memorando firmado en 2025 por la Casa Blanca despliega todo el arsenal negacionista o, al menos, retardista o tecnoptimista a su alcance que sirve de argumentario.

En este sentido, la guía hace referencia a la “incertidumbre para evaluar la relación entre cambios en el clima provocados por los humanos e impactos económicos”; dudas sobre “cómo proyectar el crecimiento económico de los países en el mundo”, sobre “cómo predecir el crecimiento de la población mundial”, y sobre “cómo tener en cuenta los avances tecnológicos que puedan mitigar las emisiones o facilitar la adaptación de los humanos”.

Las instituciones que vienen poniendo cifras y estudios encima de la mesa sobre la relación entre impactos climáticos y daños económicos son múltiples. El Banco Mundial considera que la crisis del clima empujará a 100 millones de personas a la pobreza en 2030. También ha advertido de que la alteración climática –que supone impactos en la meteorología– “reduce la producción agropecuaria”. Y de igual manera, “perturba las cadenas de distribución y suministro” de las que depende el comercio.

Otra organización como la Cámara de Comercio Internacional publicó en noviembre pasado que los eventos meteorológicos extremos relacionados con el cambio climático entre 2014 y 2023 habían costado 2 billones de dólares.

Estos impactos económicos “abarcan pérdidas financieras, disrupciones en las infraestructuras esenciales y consecuencias humanas a largo plazo. La interconexión hace que los daños iniciales a activos físicos e infraestructuras deriven en daños a la productividad, desplazamientos de poblaciones y presión sobre los recursos públicos”. Este proceso “subraya la carga significativa sobre las economías”.

España en el epicentro

España está en el epicentro europeo de las pérdidas económicas por fenómenos climáticos como sequías, lluvias torrenciales u olas de calor (en muchos casos empeorados por el efecto invernadero que generan los gases emitidos a la atmósfera). El Banco de España ha analizado que “la actividad económica de España sufriría caídas sustanciales” si los riesgos climáticos se materializan. El análisis, firmado por Pablo Hernández de Cos cuando estaba al frente de la institución, dice que “en un año de sequía o una ola de calor severa se produciría una ralentización notable del crecimiento económico y un aumento de la inflación”.

Solo en los dos últimos años, la sequía de 2023 y la DANA de octubre de 2024 han aparecido en la lista de los diez fenómenos atmosféricos extremos más costosos en el mundo.

El trabajo del Banco de España concluye que “el análisis económico disponible muestra los elevados costes económicos que supondría no ajustar a nivel global la senda actual de emisiones de gases” y que “el retraso en la acción aumenta tanto los costes físicos como de transición del proceso”.

https://www.eldiario.es/sociedad/nueva-vuelta-tuerca-negacionismo-climatico-ocultar-cuesta-dinero_1_12299443.html

30 de mayo de 2025

Perú: Doña muerte y sus secuaces

Indira Huilca

El régimen de Dina Boluarte ha vuelto a perpetrar una agresión contra los derechos de miles de peruanos y sus familias. A través de una directiva emitida por la Dirección de Búsqueda de Personas Desaparecidas del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, se establecen nuevos plazos administrativos para dar por terminada la búsqueda de personas desaparecidas durante el conflicto armado interno. Ahora se impone un límite de hasta 18 meses para la investigación de carácter humanitaria que está a cargo del MINJUS.

Estamos hablando de hechos ocurridos entre 30 a 40 años atrás, y que requieren diligencias especializadas para identificar y restituir restos humanos que se encuentran en su mayoría en fosas ilegales. Estos procesos, que ya se realizaban con lentitud y poco compromiso estatal, y que ahora se quieren boicotear con esta directiva, son parte de las obligaciones del Estado en mérito a diversos tratados internacionales y la Ley de Búsqueda de Personas desaparecidas, aprobada en el año 2016, que no establece ningún plazo de término.

A partir de cifras del Registro Nacional de Personas Desparecidas (RENADE), se calcula que todavía existen más de 19000 personas desaparecidas durante las décadas de 1980 y 1990 cuya búsqueda no ha concluido. Ha sido justamente gracias a la lucha y exigencia de organizaciones de familiares y víctimas que se logró algunas de estas políticas en materia de búsqueda. No ha sido fácil, porque a pesar de la crueldad que padecieron miles de personas de forma directa y el país en su conjunto, la apuesta de la clase política ha sido por la impunidad y el negacionismo. Negar que, luego de que Sendero Luminoso iniciara un período de terror, la respuesta por parte del Estado, a través de las Fuerzas Armadas y policiales, produjo también graves violaciones a los derechos humanos, en su mayoría contra población quechuahablante y campesina.

Lamentablemente, desde hace varios meses, en el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos encabezado por el hoy PCM, Eduardo Arana, varios personajes grises han venido operando para debilitar las políticas de Derechos Humanos. No olvidemos que Javier Pacheco, Director de Búsqueda de Personas Desaparecidas, promotor de esta directiva infame, fue antes Procurador General nombrado por Boluarte y Eduardo Arana para desactivar unidades que investigaban casos contra altos funcionarios. El negacionismo y la corrupción siempre de la mano.

https://larepublica.pe/opinion/2025/05/28/dona-muerte-y-sus-secuaces-por-indira-huilca-hnews-1569232

https://www.leerydifundir.com/2025/05/peru-dona-muerte-secuaces/

11 de abril de 2025

«En vez de guerrear unos con otros, deberíamos estar guerreando contra la pobreza y el cambio climático»

Ecología social

La ministra brasileña de Medio Ambiente, Marina Silva, sostiene que la guerra comercial de Trump «perjudica mucho» la cooperación internacional contra la crisis climática.

En lugar de estar guerreando unos con otros, deberíamos estar guerreando contra la pobreza, el cambio climático, la desertificación y la pérdida de biodiversidad, que es lo que está amenazando nuestras vidas y sistemas productivos». Son palabras de la ministra de Medio Ambiente de Brasil, Marina Silva, quien ha afirmado que la guerra comercial emprendida por el presidente estadounidense, Donald Trump, «perjudica mucho» la cooperación internacional contra la crisis climática.

La escalada de aranceles «deshilacha las relaciones» y «aleja la cooperación y la confianza entre los pueblos», ha valorado Silva en una rueda de prensa tras presidir una reunión ministerial de medio ambiente de los países que integran el foro BRICS, en Brasilia.

La dirigente, referente internacional en la defensa de la naturaleza, insistió en que la guerra comercial de Trump «no es buena para nadie», puede causar una recesión económica en EEUU y favorece «la ruptura del multilateralismo», algo «muy negativo» desde su punto de vista.

Además, cree que el cruce de impuestos aduaneros por parte de las grandes potencias económicas fomenta «situaciones de inseguridad» y provoca que recursos que podrían ser destinados a la financiación climática vayan a otras áreas, como la seguridad.

Frente a esto, reafirmó el papel de Brasil, que este año será el anfitrión de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30), que se celebrará en noviembre en la ciudad amazónica de Belém, de «reforzar la solidaridad, la cooperación y el libre mercado».

La Administración de Donald Trump anunció el miércoles un arancel universal del 10% para 185 países y territorios, aunque para un grupo de países, como China, India y la Unión Europea (UE), elevó sustancialmente ese porcentaje.

En el caso de Brasil, que es la mayor economía de América Latina, dejó el mínimo global del 10%, que se sumará a los impuestos aduaneros que ya pesaban sobre algunos productos brasileños.

Fuente: https://climatica.coop/marina-silva-pobreza-y-el-cambio-climatico/

4 de abril de 2025

«El saber que incomoda al poder, la ciencia en peligro»

Julia Steinberger    (Entrevista Guillaume Matthey)

Desde el inicio del segundo mandato de Trump asistimos en Estados Unidos a un ataque generalizado contra la ciencia: despidos, presiones e intimidaciones, cortes masivos de investigaciones, prohibición de usar palabras como género, incluso históricamente o mujer. Este ataque no tiene precedente en su amplitud, pero forma parte de una ola mundial de represión de las libertades académicas y de expresión en los campus. Entrevista a Julia Steinberger, corredactora del GIEC e investigadora en la UNIL.

Julia, conocerás a investigadores en Estados Unidos que sufren o son testigos de los ataques contra la investigación. ¿Puedes darnos algunos ejemplos?

Hay muchos ejemplos, en particular en las áreas de salud, medio ambiente, y en todo lo que se refiere a la equidad o a la justicia social. Puedo contarte el caso de mi colega del GIEC, la doctora Katherine Calvin. Es coautora conmigo del mismo capítulo del 6º informe de síntesis, por tanto alguien que conozco personalmente. Es una científica prodigiosa, de una inmensa competencia, que además colabora y ayuda. Había sido nombrada Científica Jefe de la NASA, un puesto de enorme prestigio, y elegida después copresidenta del 3º Grupo de Trabajo del GIEC, lo que la convierte en la científica estadounidense situada en un puesto más alto del GIEC. Trump empezó despidiendo a todo el equipo de apoyo del GIEC en Estados Unidos. Después prohibió a los científicos estadounidenses participar en las reuniones del GIEC, tratar con medios de comunicación o con sus colegas internacionales. Y ahora sencillamente ha eliminado el puesto de Científico Jefe en la NASA. La destrucción del planeta por Trump y sus aliados petroleros pasa también por la decapitación de la ciencia.

Además de las universidades están siendo también atacados muchos centros de investigaciones, como en el caso de la salud y las epidemas. Por ejemplo, el nuevo Ministro de Salud Robert Kennedy Jr. ha despedido a unas 1300 personas del CDC de Atlanta, el primer centro de investigación en salud pública del país. Hace algunos meses anunció que quería suprimir casi toda la investigación sobre enfermedades infecciosas e inmunológicas.

En efecto, es un ataque sistemático contra las ciencias (tanto sociales como naturales) más orientadas de hecho a ayudar y a proteger a la población de Estados Unidos o de otros lugares.

El ámbito científico es internacional y colaborativo: todas y todos dependemos, para nuestros cuidados y tratamientos, de avances elaborados en Estados Unidos en materia de salud, al igual que dependemos de sus centros meteorológicos para nuestras previsiones. Esta destrucción nos pone en peligro ante enfermedades que serían evitables.

¿Cómo analizas la política de Trump contra la investigación? J.D. Vance declaró en 2021 que «las universidades son el enemigo». ¿Pero contra quién se dirige: la Ciencia como tal, algunos ámbitos en particular, las universidades como focos de resistencia? La climatóloga Valérie Masson-Delmotte ha hablado de un «oscurantismo tecnófilo» para expresar el rechazo de la ciencia, salvo cuando es remuneradora o permite adquirir poder.

Las libertades de investigación y de expresión ya están limitadas desde hace tiempo por la importancia que ocupan los fondos privados en la investigación, y los ataques contra las universidades no son una novedad. Pero, para mí, el proyecto de Trump, Vance y Musk es fácil de comprender: quieren destruir la capacidad democrática (ya antes tan débil) de toma de decisión y de acción, con el fin de acumular el poder y de aprovecharse de la corrupción de las instituciones.

Las universidades son un obstáculo para este proyecto, porque los investigadores ponen al día la realidad, y permiten que la población comprenda lo que está pasando. Si la población estadounidense sufre tempestades, canículas e inundaciones causadas por el recalentamiento climático sin que ningún científico pueda explicarle la causa, estará en peores condiciones todavía para pararlo.

De manera general, el saber crítico producido en la universidad ha constitudo siempre una amenaza para el totalitarismo, el fascismo y el autoritarismo. Vance tiene razón: las universidades y los investigadores son el enemigo del proyecto Trump, porque este proyecto es fundamentalmente antidemocrático.

Para Musk, hay un aspecto suplementario: el anzuelo de la ganancia. Pretende destruir las agencias de investigación o de regulación nacional, como la NASA o la FAA (que se ocupa del control aéreo), para acaparar los fondos de la tesorería estadounidense y redirigirlos hacia su propia compañía SpaceX.  Quiere ocupar el espacio aéreo estadounidense sin la restricción de la seguridad pública. También hay un chantaje con el armamento, ya que SpaceX tiene contratos militares.

Hay estudiantes expulsados por haber participado en movilizaciones por el boicot académico, o investigadores expulsados a sus países por sus posiciones políticas. Paralelamente a los ataques contra la investigación, observamos también graves ataques contra las libertades fundamentales. ¿Cómo se relacionan estos dos niveles?

En efecto, el ataque contra las libertades fundamentales de expresión política y los ataques contra los investigadores están relacionados. Se quiera o no, la realidad expuesta por la investigación, ya sea climática o social, económica o sanitaria, expone también las fechorías del poder.

Desde el punto de vista de la «junta» de Trump, los estudiantes que exigen justicia y derechos humanos para los palestinos no son tan diferentes de los científicos que demuestran la urgencia de la acción climática. Los dos grupos exigen una acción relacionada con principios de bien comín, ya sean los derechos humanos o un planeta habitable.

¿Qué formas de resistencia y movilizaciones podemos ver hoy día?

En Estados Unidos, por el momento, desgraciadamente, demasiado pocas. Las décadas de neoliberalismo desenfrenado dan sus frutos: los estadounidenses se sienten aislados individualmente, los sindicatos han perdido su fuerza, el partido demócrata está dividido y debilitado.

Hay que reaprender toda la capacidad y los saberes de la organización por abajo y de la acción colectiva. Los movimientos estudiantiles y los activistas están mucho mejor organizados que los científicos e investigadores. Pese a todo, los científicos estadounidenses organizaron el pasado 7 de marzo Stand Up For Science, con acontecimientos en todo el país. Se suceden las manifestaciones, incluso algunos políticos prominentes, como Chuck Schumer, comienzan a criticar abiertamente los ataques de Trump.

Pero ya es tarde. El proyecto de Trump y su estratega Steve Bannon es aceleracionista: ir muy rápido y por medio de grandes impulsos para descolocar a las instituciones y los modos de regulación tradicionales. Al no estar éstos últimos a la altura: será necesario que la resistencia al proyecto Trump pase por otro sitio y que sea mucho más rápida y fuerte que hoy.

¿Y cuáles son los límites de estas movilizaciones? Parece que los científicos han comenzado a movilizarse, pero no se ven grandes manifestaciones, ni un gran apoyo en la población.

En efecto, y el papel de los medios de comunicación es importante para crear las condiciones de este abandono de los científicos por parte de la población. Cuando se constata que los multimillonarios propietarios de Los Angeles Times y del Washington Post imponen su línea editorial alineada con las políticas de Trump, está claro que la población estadounidense ya no puede contar con los medios de comunicación como institución independiente, que permitiría informarle sobre el proyecto Trump. La comunicación tendrá que hacerse de otra manera.

¿Qué observas al llegar a Suiza y cómo ves la situación? ¿Quién está aquí a la ofensiva contra las universidades y a través de qué batallas?

Quedé verdaderamente impactada a mi llegada a Suiza en 2021 al observar hasta qué punto las personas políticas se permiten atacar a las universidades y a los universitarios. Es un contexto muy inquietante.

El saber y la investigación universitaria deberían estar al abrigo de los ataques partidarios, pero en cambio los políticos en Suiza se ofuscan en cuanto los investigadores expresan su posición.

En particular, la extrema derecha querría una universidad silenciosa, neutra, difuminada, que nunca tome parte en el debate público. De hecho, no estamos tan lejos de Trump como nos figuramos, sobre todo cuando nuestro presidente de la Confederación aprueba elementos del discurso de Vance.

Parece que ha habido un recrudecimiento de los ataques contra las universidades después de las movilizaciones por el boicot académica del pasado mayo. ¿Cómo ves la situación?

Según pienso, hacemos frente a un backlash, una contra-ofensiva que quiere enterrar las movilizaciones que  molestan, el saber que incomoda al poder. Hoy día está todo en juego: la democracia real, los valores fundamentales de los derechos humanos, las exigencias de justicia social.

El frágil equilibrio ya no se sostiene: las movilizaciones estudiantiles molestan porque exponen la complicidad de las instituciones universitarias y de los dirigentes políticos con las violaciones masivas de los derechos humanos.

Las investigaciones climáticas y ecológicas molestan, porque exponen la incompatibilidad entre la supervivencia de la humanidad y las actividades de los gigantes de nuestra economía, ya sean UBS, Glencore o incluso la Banque Nationale Suisse. Estos conflictos son muy reales, e incluso existenciales.

El caso de Joseph Daher parece paradigmático: es un despido político con otro nombre. Ha sido señalado porque es árabe, tiene un puesto precario y ha sido atacado e incluso difamado en la prensa.

Exactamente. El profesor Joseph Daher es el chivo expiatorio, la presa fácil: precario, de origen sirio, abiertamente político, apoya a los estudiantes. El hecho de que sea mundialmente reconocido por sus conocimientos, que una de sus dos tesis doctorales se haya realizado en la universidad de Lausanne, que enseñe desde hace una década siendo estimado por sus colegas y apreciado por sus alumnos, todo eso no ha bastado para protegerle una vez calumniado en la prensa.

La universidad debería haberlo apoyado y exigido correcciones y derecho de réplica, y en lugar de ello lo ha sacrificado. Es un signo claro de que todos estamos en peligro. La movilización por Joseph Daher nos afecta a todos.

Traducción: viento sur

Fuente: https://vientosur.info/el-saber-es-la-ignorancia-la-ciencia-en-peligro/

13 de enero de 2025

Los científicos que se organizan ante el segundo mandato de Trump: «Somos la resistencia»

Antonio Martínez Ron

Dana Willbanks y su equipo diseñaron las herramientas para amortiguar el impacto sobre la ciencia de la primera legislatura de Trump y ahora se preparan para los ataques que vendrán a partir de enero

 “Cuando el gobierno ignora la ciencia, es como un camionero que lleva una venda en los ojos y conduce basándose en lo que le susurran al oído”. Esta frase, pronunciada por Michael Gerrard en enero de 2018 durante la presentación del Silencing Science Tracker (algo así como el “Rastreador de silenciamientos de la ciencia”), resume muy bien el espíritu que llevó a la creación de esta herramienta.

Por entonces Donald Trump llevaba un año al frente del gobierno de Estados Unidos y los miembros del Centro Sabin de la Facultad de Derecho de la Universidad de Columbia y el Fondo de Defensa Legal de la Ciencia del Clima (CSLDF, por sus siglas en inglés) crearon un sistema en el que registrar los ataques a la ciencia. Su intención era dejar constancia de los atropellos y que la gente del futuro pudiera recordar lo sucedido para reparar los daños y aprender la lección.

Una de sus responsables es Dana Willbanks, coordinadora de comunicación del CSLDF, quien ha documentado meticulosamente, junto a un pequeño equipo de colaboradores, las estrategias que ponen en marcha los trumpistas cuando llegan al poder, como sacar el cambio climático de los libros de texto, colocar a personas sin formación en puestos científicos de alta responsabilidad o dejarlos vacantes. Hasta julio de 2024, el rastreador recogió 531 casos de censura, supresión de información, tergiversación de hechos científicos y otras acciones políticas o administrativas contra la ciencia en los Estados Unidos, un registro que con toda probabilidad crecerá exponencialmente con la nueva victoria de los republicanos.


Hasta julio de 2024, el rastreador recogió 531 casos de censura, supresión de información, tergiversación de hechos científicos y otras acciones políticas o administrativas contra la ciencia en los Estados Unidos

Tras conocer los primeros nombramientos de Donald Trump para su gabinete, desde el antivacunas Robert F. Kennedy Jr. para dirigir el Departamento de Salud al negacionista climático Lee Zeldin para dirigir la Agencia de Protección Medioambiental (EPA), Willbanks y su equipo trabajan sin descanso para unir fuerzas con otros grupos y afrontar una nueva embestida contra los investigadores. Porque, como resumía esta licenciada en Humanística y Estudios de la Mujer en la Universidad McGill en Montreal en un reciente artículo, es fundamental que “hagamos nuestro trabajo para proteger la libertad y la integridad científicas y quitemos la venda de la ignorancia y la apatía”.

Charlamos con Willbanks por videoconferencia sobre los riesgos que se avecinan y los posibles mecanismos de defensa.


Tras la destrucción del tejido científico que hizo Trump en su primera legislatura, ¿temen que la segunda sea apocalíptica?

Sí. Esa es, en gran medida, la situación a la que nos dirigimos de nuevo.  

¿En qué consiste su trabajo con el “Rastreador de silenciamientos de la ciencia»?

Bueno, esa es solo una parte de lo que hacemos. En realidad, nuestra actividad empezó en 2011 como una respuesta directa al científico climático Michael Mann, que recientemente ha ganado un gran caso contra los troles de derechas que iniciaron una persecución contra él. Fue nuestro primer cliente y necesitó defensa legal para los ataques a los que se enfrentaba. El Fondo de Defensa Legal de la Ciencia del Clima nació de ese caso y de la comprensión de que hay muchos otros científicos que se encuentran en situaciones similares que no pueden permitirse o no saben cómo encontrar asistencia legal. Desde ese momento hemos trabajado con cientos de científicos, ya sea simplemente dándoles asesoramiento legal uno a uno, o llevando sus casos hasta llegar a una demanda u otra defensa legal por la que no tienen que pagar. Por eso estamos aquí.

¿Parte de la estrategia de los partidos populistas de extrema derecha es atacar legalmente a los científicos y llevarlos ante la justicia?

A veces. Aunque la estrategia más frecuente consiste en malinterpretar los hallazgos científicos y luego usar una lógica defectuosa en la creación de políticas o la aprobación de leyes. Tergiversar los hallazgos para que se ajusten a una narrativa política en lugar de usar la ciencia real. También hay muchos casos de acoso en el lugar de trabajo, de degradar a las personas de sus puestos o de recortes en su financiación. Y se juega a cambiarles de lugar dentro de la agencia en la que estén, poniéndolos en puestos donde no suelen trabajar. El acoso puede presentarse en todo tipo de formas, pero lo más habitual no es hacerlo por la vía judicial. La estrategia es retorcer los argumentos y acusar a los científicos del aumento de la desinformación, decirle a la opinión pública que los científicos les están mintiendo. Tienen una agenda muy clara.  

La estrategia es retorcer los argumentos y acusar a los científicos del aumento de la desinformación, decirle a la opinión pública que los científicos les están mintiendo

¿El Silencing Science Tracker fue una herramienta para documentar esos atropellos?

El rastreador se inició a principios de 2018, cuando Trump solo llevaba un año en el Gobierno. Y ya había una enorme, asombrosa cantidad de movimientos anticiencia por parte de su administración. Como bien dices, se inició como una forma de documentarlo todo, para tener una lista actualizada de todas las cosas que Trump estaba haciendo, pero también los estados, las juntas escolares o el Congreso. El objetivo era mantener el registro histórico, porque con alguien como Trump siempre hay mucho ruido. Esta fue una forma de decir: oye, mira, todas estas cosas también están sucediendo. Y nuestro material se ha utilizado en audiencias del Congreso, la senadora Elizabeth Warren hizo referencia a él en un documento que hizo, por ejemplo. Así que hemos tenido algunos años de práctica con Trump y nos estamos preparando para cuatro años más. Porque lo que viene, ni nos lo podemos imaginar.

¿Hay alguna otra organización como la suya en los EEUU?

 Somos la única organización en los Estados Unidos que presta este apoyo legal gratuito específico.

¿Y su enfoque está solo en la ciencia del clima, no en otros campos?

Eso es lo que estamos viendo ahora con la segunda llegada de Trump, porque todo está tan interconectado, el clima y la salud pública. Comenzamos como una organización climática y ese sigue siendo nuestro enfoque, porque es un problema tan grande y tan masivo y porque los científicos de este campo reciben muchos ataques. Pero estamos empezando a ver algunas de las otras cosas. Y como verás en el rastreador, vamos más allá del clima en el sentido de que nos adentramos más en, ya sabes, las vacunas y la salud pública y cosas así.

En España hemos visto colocar a un experto en festejos taurinos en un puesto de coordinación de emergencias, ¿una de las estrategias es colocar a gente sin preparación en puestos clave?

Sí, esa es una de las estrategias que se están poniendo en práctica en Estados Unidos. Si nos fijamos en las selecciones que ha hecho Trump para su gabinete, como Robert F. Kennedy Jr. para dirigir el Departamento de Salud y Servicios Humanos cuando es abiertamente antivacunas y pide a la gente consumir leche cruda, y en cada uno de los elegidos por su gabinete, eso cae en esa categoría de poner a personas que no tienen ninguna o mínimas calificaciones, que no son científicos, que no son expertos, pero que se ajustan a su política.

Estas estrategias son tan frecuentes en la extrema derecha global que me pregunto: ¿es parte del plan puesto en común entre estos partidos?

Mi opinión personal es que forma parte del libro de estilo de los movimientos autoritarios y consiste en elevar a las personas que han mostrado una lealtad inquebrantable, pero también a las que les gusta trolear al adversario. Tenemos una división muy, muy profunda en Estados Unidos entre demócratas y republicanos. Y lo que estamos viendo mucho es que Trump sabe que estas personas extremadamente poco cualificadas van a molestar a los demócratas y a los científicos y a toda la gente que es más inteligente que él, que no le gusta. Esa es mi opinión.

Trump sabe que estas personas extremadamente poco cualificadas van a molestar a los demócratas y a los científicos y a toda la gente que es más inteligente que él, que no le gusta

En su experiencia, ¿hay alguna manera de proteger a las estructuras políticas de estos ataques a través de la legislación u otras medidas?

Es difícil, porque Trump es solo una parte de las tres ramas del Gobierno, pero los otros dos poderes, el Congreso y la Corte Suprema, ya han demostrado que están de su lado. En tiempos normales, él habría propuesto a estas personas y el Congreso habría dicho que no, que no tienen ninguna de las cualificaciones que necesitamos para dirigir esta enorme administración. Pero ahora muchos de esos controles y equilibrios se están desvaneciendo, por desgracia.

Esos 531 casos de censura y ataques a los científicos que han contabilizado, ¿cómo son? ¿Qué características comparten?  

 Son ataques a la ciencia y a los científicos en general. Algunos de ellos son ataques a la educación científica desde la escuela primaria. Lo que hacemos es llevar un registro de los cambios en los libros de texto, donde eliminan todas las referencias al cambio climático, por ejemplo. El rastreador cubre todo, desde el presidente hasta las juntas escolares que toman decisiones sobre los libros de texto. Y diferentes cosas que están haciendo los diferentes estados. Hay un gran movimiento en los EEUU en este momento para cambiar las cosas y darles más capacidad de decisión a los estados, lo que estaría bien, si los funcionarios electos en los estados escucharan a los científicos, pero muchos de ellos no lo hacen.

Y, así, vemos muchos casos, como en Florida y Texas y otros estados predominantemente republicanos en los que, increíblemente, la ciencia ni siquiera se tiene en cuenta. Ya sabes, como Ron DeSantis, en Florida, que es una persona horrenda y firmó una ley que eliminó todas las referencias al cambio climático de las leyes estatales. Esto, mientras el estado se está hundiendo literalmente por el cambio climático. Así que hay una desconexión entre los movimientos políticos y la realidad en la que vive la gente. Y, debido a la desinformación y al mundo político altamente polarizado, la gente no parece ser capaz de hacer esa conexión.

En España, después de estas terribles inundaciones, se han reforzado las posiciones de quienes niegan el cambio climático. Y esa parece ser la tendencia, ¿a qué se debe este fenómeno?

Creo que tiene que ver con la idea de la escasez, que solo hay una cantidad finita de recursos, lo que con el cambio climático se está volviendo cada vez más cierto. Y así se le ha enseñado a la gente que, bueno, si alguien más obtiene algo, eso me lo quita a mí. Ya sabes, esa es en gran parte de la razón por la que Trump ganó, la idea de que somos nosotros contra ellos. Si tienes problemas financieros, el alquiler es que los costos de la vivienda están por las nubes y la gente tiene problemas para subsistir, hay algunas personas que son realmente buenas para explotar ese miedo, ansiedad e inseguridad.

¿Cuál es el plan de su organización de cara al futuro con esta situación?

Acabamos de salir de nuestra reunión de equipo y estamos formando diferentes asociaciones porque hay muchos grupos que están en la misma posición que nosotros, que son organizaciones sin ánimo de lucro. Hemos estado haciendo este trabajo por un tiempo y ahora, de repente, las cosas se han vuelto a torcer. Así que me estoy viendo no solo con nuestro grupo, sino con muchos grupos que quieren acercarse y conectarse y descubrir cómo podemos combinar esfuerzos para evitar que podamos retroceder aún más.

Para nosotros, se trata de ofrecer ayuda legal personalizada para científicos individuales. Otros grupos con los que nos estamos asociando están demandando a todo un estado o a la administración o a entidades más grandes para tratar de evitar algunas de las cosas más locas contra la ciencia. Acabamos de reunirnos con ProPublica para hablar sobre cómo pueden ayudar a amplificar el rastreador y el trabajo que estamos haciendo. Muchos están buscando formas de entrar en la pelea, así que vamos a seguir haciendo esto. Estamos buscando agregar personal. Muchos becarios de investigación de posgrado y estudiantes de derecho y otras personas, que son muy jóvenes y muy entusiastas, se están uniendo a la lucha.

Nos estamos reuniendo con muchos grupos que quieren combinar esfuerzos para evitar que podamos retroceder aún más

¿Cuál es su consejo para los científicos de España que presumiblemente pueden vivir esta situación en el futuro?  

Yo les diría que hagan cosas como estas, que hagan las conexiones con otros grupos y personas que han hecho esto antes. Nosotros también estamos trabajando con científicos que han pasado por el exprimidor bajo la administración anterior de Trump. Estamos haciendo un proyecto para que den testimonios de cómo fue, para recordarles que no están solos. Incluso si te sientes solo, no tienes que enfrentarte a este acoso por tu cuenta. Recuerden que hay países enteros que han lidiado con esto antes y lo han superado de una forma u otra. Y por eso conectarse de esta manera es realmente importante.  

Estamos trabajando con científicos que han pasado por el exprimidor bajo la administración anterior de Trump. Estamos haciendo un proyecto para que den testimonios de cómo fue

Escuchándola, me he acordado de ese mundo de la película Interestelar, de Christopher Nolan, en el que la NASA ha pasado a ser una organización secreta. ¿Son ustedes como la resistencia?

Sí, esos somos nosotros. Todas las reuniones que he tenido recientemente han sido con personas que dicen: estamos listos, vamos a luchar. Vamos a hacer esto, pero realmente no sabemos qué va a pasar. Sabemos que va a ser malo, pero no sabemos cuánto.

A veces se pregunta uno qué le ha pasado a parte de la humanidad en la última década para separarse tanto de la ciencia…

Sí, parece que hemos dado un gran paso atrás y nos hemos olvidado de la idea de una humanidad compartida.  

Lo hacemos por nuestros hijos, para allanarles el camino y enseñarles las lecciones que estamos aprendiendo y evitar que esto vuelva a suceder

¿Tiene algo optimista para el final de la entrevista?

Yo tengo una hija de dos años, y estaba pensando en esto de manera muy personal. Después de que Trump fuera reelegido, mi marido y yo dijimos ¿qué hacemos? Aquellos de nosotros que hemos pasado por la presidencia de George W. Bush y luego por Trump por primera vez, y ahora estamos pasando por esto de nuevo, estamos haciendo este trabajo para prepararnos para lo que se avecina aquí y en Europa y dondequiera que vayamos a absorber el golpe. Y lo hacemos por nuestros hijos, para allanarles el camino y enseñarles las lecciones que estamos aprendiendo en este momento para, con suerte, evitar que esto vuelva a suceder.

Fuente: https://www.eldiario.es/sociedad/cientificos-organizan-segundo-mandato-trump-resistencia_128_11919422.html

9 de noviembre de 2024

La pérdida de fe en la religión progresista y el triunfo pírrico de los «cancelados»

Marcelo Brignoni


   Es necesario hacer una fuerte autocrítica en lugar de descalificar a electores desesperados.

Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo.
 (Abraham Lincoln)

Tal como muchos preveíamos y las encuestas ocultaban, Donald Trump será el nuevo presidente de Estados Unidos.

Trump alcanzó con holgura los 270 compromisos de voto necesarios en el Colegio Electoral tras ganar en muchos estados y sobre todo en aquellos en disputa como Carolina del Norte, Michigan, Georgia y Pensilvania. También es el primer republicano en ganar además en la sumatoria de votos populares desde George W. Bush en 2004.

Trump ha arrasado en las zonas rurales. Por el contrario, Kamala Harris ni siquiera ha logrado mejorar lo conseguido por Joe Biden en las elecciones de 2020 en las grandes ciudades y los suburbios, históricamente más cercanos al Partido Demócrata.

Los votantes hispanos han ayudado también a la victoria de Trump. Sus avances entre los hombres latinos más pobres y sin formación universitaria, han sido determinantes para que el candidato republicano gane en lo que se conoce como swing states, aquellos estados que no tienen un comportamiento electoral estable entre demócratas y republicanos. Incluso ha mejorado sus resultados hasta entre los propios afroamericanos.

El Partido Republicano también aspira a controlar el Congreso. Los republicanos se hicieron con el Senado tras arrebatarle a los demócratas los senadores de Ohio y Virginia Occidental, y los recuentos provisorios también apuntan a una victoria republicana en la Cámara de Representantes.

Pensilvania incluso le ha dado un triunfo a Donald Trump en el estado que ha decidido muchas elecciones. Pese a su tendencia demócrata, este territorio ha sido determinante en este nuevo triunfo electoral de Trump, al igual que en 2016. Las alarmantes cifras de pobreza y exclusión en el estado han contribuido al rechazo al oficialismo demócrata.

Es decir que después de haber gobernado entre 2016 y 2020, y haber sido satanizado e incluso sometido a innumerables causas judiciales, legitimas y no tanto, durante estos últimos cuatro años, su triunfo es mucho más contundente que el de 2016.

Negacionismo y democracia

Ante esta realidad inocultable la reacción de la progresía imperialista que sostenía la candidatura de Harris es la misma que en otras latitudes: “el pueblo no sabe votar”, mientras señalan que los votos de Trump se amontonan entre gente “inculta, de baja educación”, al decir del inefable John Lee Anderson, y “engañada por las redes sociales”.

La misma lógica global que aplica la “religión progresista” a todos aquellos “infieles y blasfemos” que solo merecen la cancelación y no están capacitados para la democracia. Autocrítica de su insolvencia, de su traición a los vulnerables que decían representar, ninguna. Una mirada maniquea sobre el bien y el mal que los ubica a ellos como fiscales y jueces de ese “incomprensible” comportamiento electoral, reiterado en distintas latitudes.

Esta descalificación del voto popular ha venido acompañada de una insólita limitación a la libertad de pensar. Quien se atreva a no someterse al dogma religioso del progresismo actual, visibilizando el efecto nocivo de la inseguridad en barrios populares, el de la inflación deteriorando los salarios, el del exceso de esencialización de las minorías, será “cancelado de inmediato” como “cómplice de la criminología mediática”, o como “fascista representante del patriarcado”. Quien señale la sostenida pérdida de derechos de los sectores más desprotegidos o la distribución cada vez más desigual del ingreso, “le hace el juego a la derecha”. Lo vemos en Argentina y también en el resto de occidente.

El origen de la desilusión

Siempre es arbitrario fijar el supuesto inicio de una etapa, pero en aras de admitir esa peculiaridad, habría que situarnos en la estafa financiera del 2008, mal llamada crisis financiera, para buscar el inicio de la traición del progresismo globalizador a su discurso de igualdad de oportunidades. Miles de millones de dólares de los impuestos de los más débiles puestos al servicio de banqueros estafadores, de los que ninguno fue encarcelado, por decisión de gobiernos que decían representar algo muy distinto a eso que hacían.

El entonces presidente Barack Obama en su discurso ante la Sesión Conjunta del Congreso de Estados Unidos, el martes 24 de febrero de 2009 diría: “Sabiendo que no estaban a su alcance, las personas compraron casas de bancos y prestamistas y mientras tanto se pospusieron debates cruciales y decisiones difíciles hasta otro momento. Ha llegado el día del ajuste de cuentas, y éste es el momento de actuar de forma audaz y sensata, no sólo para reactivar esta economía, sino para sentar nuevas bases para una prosperidad perdurable”.

Ninguna responsabilidad de bancos y prestamistas aparece mencionada. La primera medida de Obama fue la aprobación de un rescate de 800.000 millones de dólares para los Bancos a tan sólo 30 días de asumir el Poder Ejecutivo. Luego vendrían el Plan de Estabilidad Financiera y el Stress Test and Capital Assistance Program (CAP), para “recobrar la confianza en los bancos”, estabilizar el sistema financiero y blindar a los estafadores, a quienes les daría otro billón de dólares extra a los cuatro meses del inicio de su gestión.

De aquel daño a la credibilidad democrática, de aquella “hipocresía progresista” de priorizar bancos y estafadores por sobre vulnerables y estafados, a este avance permanente de la ultraderecha.

Excusas y realidades

Después de décadas de buena vecindad demócrata republicana, representando casi exactamente los mismos intereses económicos y geopolíticos, o como decía un viejo analista en aquellos tiempos: “gane quien gane gobernaran los mismos”, el panic show demócrata no fue suficiente para evitar el triunfo del “disruptivo” Trump.

Ni siquiera el muy promocionado “Escuadrón”, el grupo demócrata de la Cámara de Representantes liderado por Alexandria Ocasio-Cortez, pudo convencer al electorado de que Trump era el mal y los demócratas el bien.

Es que las almas nobles demócratas no hicieron nada explícito ni concreto por frenar el apoyo de “su gobierno” a la masacre de Gaza, a la expansión de la OTAN o al apoyo a Zelenski con la negativa a una salida negociada. Mucha palabra, poca acción concreta.

La proliferación de homeless en todo el país, la pandemia del fentanilo que asesina miles de estadounidenses diariamente y el virtual control que ejercen

sobre el gobierno los contratistas militares que operan desde el deep state estadounidense, resultaron tan inocultables como el desinterés demócrata por comprometerse con la mejora de las condiciones de vida de los más pobres de Estados Unidos.

Que Trump haya sido reelecto es más grave aún para la “Élite de Washington” que su primer triunfo de 2016, y marca el desastre del gobierno Biden-Harris, que resultaron inseparables en su responsabilidad compartida de una gestión cuestionada, tal como sucede en Argentina con Alberto y Cristina Fernández, a pesar de que la dirigencia peronista mire otro canal. De todos modos, no parece que los demócratas elijan a Harris como su nueva jefa partidaria.

A los estadounidenses comunes y corrientes, cuya condición de vida cae en picada desde hace rato, los políticos profesionales les resultan refractarios, sobre todo si no mejoran en nada la cotidianeidad de los menos favorecidos.

El discurso contra “la casta”, aunque sea hipócrita y falso, funciona en muchas latitudes porque la casta existe como tal y porque la frustración de la gente de a pie necesita culpables ante la ausencia total de autocrítica y la falta de soluciones reales que pueda ofrecer la sensibilidad progresista.

La búsqueda de mejoras económicas ante la debacle social que viene provocando hace mucho la globalización, da lugar al crecimiento de un nacionalismo proteccionista no exento de perfiles indeseables en casi todo occidente, y al que la mayoría de la población estadounidense entiende como el camino correcto para volver al viejo sueño americano de prosperidad. Gran parte del triunfo de Trump tiene que ver con esta ilusión.

Estados Unidos y el mundo que puede venir

En términos geopolíticos parece claro también que la política exterior de Trump tendrá un giro en relación con los demócratas. Su prioridad parece que estará centrada en una agenda de nuevas relaciones y el abandono de otras vigentes.

La visita del jueves 11 de julio último del Premier de Hungría Viktor Orban, a cargo por entonces de la Presidencia de la Unión Europea, al expresidente Donald Trump en su club privado de Mar-a-Lago, en Florida, para avanzar en su agenda de alcanzar un acuerdo de «paz» entre Ucrania y Rusia, con el obvio apoyo implícito de Moscú, dejó más claras aun estas diferencias entre demócratas y republicanos, y todo da a indicar que esa agenda se pondrá en marcha.

Mientras los demócratas y sus empleados europeos intentaron sin éxito avanzar contra Rusia y desmembrarla, a Trump le interesa alcanzar un acuerdo de estabilidad con Putin, sin importarle el destino de la Unión Europea y la OTAN, a los que considera aliados “caros y poco confiables”. Su deseo de poder avanzar en su plan proteccionista de reindustrialización con prioridad en el mercado interno de Estados Unidos, condicionando su relación con China, parece bastante popular. El propio Trump ya habló de un arancel del 60% sobre todos los bienes fabricados en ese país y anunció un desacoplamiento tecnológico más amplio entre los países.

Sobre esta hipótesis Trump prevé desescalar la tensión con Rusia y con India, sobre todo después de ver el imponente despliegue de poder de la reunión BRICS en Kazán, Rusia, los últimos días de octubre donde “el otro mundo” ratificó que dejará atrás definitivamente el reconocimiento a Estados Unidos como hegemon global unipolar.

Trump y Milei

En cuanto a nuestro país, la República Argentina, observamos un profundo desconcierto cuyo máximo dislate señala que Trump y Milei forman parte de una misma “cosmovisión” del mundo. La tendencia a juzgar la totalidad de la política en base a la posición puntual sobre los derechos cívicos de las minorías hace que muchos crean que Milei y Trump representan lo mismo en política, lo que claramente no es así.

Es cierto que ambos defienden con fervor los intereses del mismo país, los Estados Unidos, pero en términos políticos las coincidencias son menos de lo que se señala. Uno, Milei, es un globalista libertario antiestatal al servicio de las empresas multinacionales y los bancos globales, y el otro, Trump, un derechista nacionalista conservador pero estatista y proteccionista de su economía y sobre todo de los puestos de trabajo en su país.

A modo de conclusión temporaria

Donald Trump no es un error de época, representa cabalmente a sectores internos de Estados Unidos opuestos a una globalización cuya deslocalización geográfica industrial ha dejado un reguero de nuevos pobres y desempleados, sobre todo en aquellos sectores de baja capacitación, otrora fuente de potencia electoral de los viejos sindicatos demócratas y hoy  vulgarmente llamados White Trash, descriptos maravillosamente por Nancy Isemberg y sobre todo por el electo Candidato a Vicepresidente de Trump, J. D. Vance, en su multipremiado libro “Hillbilly Elegy: A Memoir of a Family and Culture in Crisis”, un relato autobiográfico que se convirtió en bestseller y película de Netflix, en el que Vance narra su infancia en unos Estados Unidos de blancos castigados por el desempleo y las adicciones, dando voz a una clase trabajadora desilusionada y resentida.

Da la impresión de que la elección de Vance desconoció de parte de Trump, la existencia de otros sectores de la “burocracia republicana” que pudieran aportarle votos y que la designación de Vance perseguía victorias en Ohio, Virginia Occidental, Pensilvania, Michigan, Carolina del Norte, Wisconsin y otros baluartes del “Rust Belt”. Los resultados indican que la presunción de Trump al decidir que Vance lo acompañara era correcta.

Como decía David Harvey, “los neoliberales, progresistas y conservadores fueron más leninistas que los leninistas y supieron crear y diseminar think-tanks que formaran la vanguardia intelectual capaz de crear el clima ideológico en el que el realismo capitalista pudiera florecer”. La idea de que la población se sintiera contenta y cada vez más pobre y excluida, pero involucrada en la lucha contra el cambio climático y a favor de las minorías, no parece suficiente incentivo para pedirle su apoyo, porque como enseñó Aristóteles para la eternidad “primum vivere, deinde filosofare”.

La hipocresía del “progresismo para ricos” ya no puede convencer a las mayorías. La incertidumbre es elocuente, pero ya es hora de llamar a las cosas por su nombre: al pan pan, al vino vino, mentiroso al mentiroso y asesino al asesino.

La ultraderecha es la hija no reconocida del fracaso del progresismo neoliberal. Se impone una autocrítica feroz y una renovación en lugar de descalificar a electores desesperados. Aplica en Estados Unidos y también en Argentina.

Fuente: https://lateclaenerevista.com/elecciones-en-estados-unidos/