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15 de noviembre de 2025

Qué nos jugamos en Belém: tres miradas a la COP30

Vari@s autor@s   (Ecología social)

La cumbre debe servir para diseñar una transición justa con derechos laborales, proteger y restaurar los ecosistemas y hacer pagar a los responsables

Las noticias que llegaban de la cumbre de Naciones Unidas, este junio en Bonn, no invitaban al optimismo. El último encuentro preparatorio antes de la COP30 de Belém certificaba lo que ya se temía: el proceso de negociación climática internacional está bloqueado. No hay avances en financiación, adaptación ni pérdidas y daños, y los países petroleros siguen dinamitando cualquier compromiso de abandonar los combustibles fósiles.

En esta parálisis persiste una guerra de reproches entre norte y sur global que complica cualquier posibilidad de consenso. Los países del Sur exigen –con toda la legitimidad histórica– una financiación climática que nunca llega y usan su capacidad de veto en mitigación como moneda de cambio. Algunos, además, se aferran a modelos económicos fósiles que agravarán la vulnerabilidad de sus poblaciones. Por su parte, el norte global, incapaz de asumir sus reparaciones históricas, intenta centrar el debate exclusivamente en la reducción de emisiones.

Y la cosa no mejora en casa. La Unión Europea ha sido incapaz de ponerse de acuerdo sobre sus objetivos para 2040. Gobiernos negacionistas o retardistas, como el checo, están dinamitando los escasos logros de legislaturas anteriores. En la cumbre de Naciones Unidas de septiembre pasado, la UE sólo pudo presentar una vaga declaración de intenciones.

Así que en este contexto de caos diplomático os planteamos desde tres miradas distintas del activismo climático qué nos jugamos en Belém. Las respuestas dibujan un mapa donde convergen justicia social, protección de ecosistemas y fiscalidad redistributiva. Tres piezas de un mismo puzle que, de no encajarse en la Amazonía, podría certificar el fracaso definitivo de la arquitectura climática global.

Manuel Riera, sindicalismo: “Sin derechos laborales, la transición será una estafa”.

En el movimiento sindical integrado en la Alianza por el Clima llevamos años insistiendo: no habrá justicia climática sin justicia social, y no habrá justicia social sin garantizar los derechos de las personas trabajadoras. La Transición Justa no es un eslogan para adornar discursos, sino una herramienta concreta para asegurar que la acción climática no la paguen los de siempre.

El posible Mecanismo de Acción para la Transición Justa que se podría aprobar en la COP30 es la oportunidad de dar contenido real a los compromisos de Dubái. Ahí se acordó poner fin a los fósiles, pero sin un marco que relacione ese objetivo con la solidaridad internacional, las condiciones laborales justas y la erradicación de la pobreza, ese acuerdo no vale nada.

Los derechos laborales fundamentales –libertad sindical, negociación colectiva, seguridad y salud en el trabajo– forman parte del mandato de la Organización Internacional del Trabajo desde hace más de un siglo. Pero en las negociaciones climáticas se ignoran sistemáticamente o se diluyen bajo etiquetas vagas. La COP27 de Sharm el Sheikh fue un paso histórico al reconocer explícitamente estos derechos. En la COP28 se formalizó con el Programa de Trabajo sobre Transición Justa. Pero en la COP29 ese programa se convirtió en moneda de cambio. El resultado: ningún acuerdo.

De cara a Belém, la exigencia sindical es clara: las políticas climáticas deben negociarse desde los territorios, con participación real de las personas trabajadoras. El riesgo es que voces interesadas vacíen de contenido el concepto. Si no hay unidad, la Transición Justa acabará siendo otro lavado de cara.

Ana Márquez, naturaleza: “Los bosques no son decorado, son la solución”.

Que la COP30 se celebre en la Amazonía no es casualidad. Es poner el foco en el territorio que concentra la mayor parte de la solución al problema climático. Por algo empiezan a llamarla “la COP de los Bosques”.

En la Alianza sabemos que estamos inmersos en una triple crisis ambiental –cambio climático, pérdida de biodiversidad y contaminación– que avanza a pasos agigantados. El cambio climático ha pasado a estar entre las tres primeras amenazas para la biodiversidad según el IPBES (Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas). Sus impactos son dramáticos: glaciares derritiéndose, océanos acidificándose, especies desplazándose, incendios forestales más intensos.

Pero la biodiversidad juega un papel clave en la lucha climática por dos vías: como sumidero de carbono, y como barrera natural que puede aumentar la resiliencia. La naturaleza no es solo una estrategia ambiental. Es una solución climática esencial. Sin ecosistemas sanos, limitar el calentamiento a 1,5 grados es inalcanzable.

En la COP28 se reconoció la necesidad de detener la deforestación para 2030. Pero desde el conservacionismo se exige que Belém vaya más allá: reconocer el compromiso de proteger el 30% del planeta para 2030 y restaurar todos los ecosistemas degradados para 2050. Esta cumbre debe subrayar las sinergias entre biodiversidad y cambio climático de una vez por todas. Los ecosistemas naturales no son una preocupación secundaria. Son la primera línea de defensa.

Pedro Zorrilla, fiscalidad verde: “Que paguen quienes provocaron el desastre”.

Hay una pregunta que nos persigue: ¿con la emergencia climática todo el mundo sale perdiendo? No. Hay un pequeño grupo de irreductibles egoístas que están haciendo su agosto.

Mientras las familias ven arrasadas sus casas por danas e incendios, la industria fósil alcanza récords históricos de beneficios. Mientras España sufre olas de calor extremo en puestos de trabajo, colegios y residencias, los accionistas del carbón ven crecer sus cuentas. Nuestra vida está cambiando. Nuestros hijos no pueden jugar al aire libre. La crisis climática les está robando la infancia, mientras aumenta la mortalidad de nuestros mayores. Esto no es justo.

Por eso es inaplazable cambiar las reglas fiscales. La industria fósil y otros grandes contaminadores tienen que pagar más impuestos. Deben aprobarse nuevos tipos impositivos a la extracción de combustibles fósiles, a los beneficios extraordinarios, a los jets privados y a la clase business. El dinero está ahí. Solo falta valor político.

En las COPs, el norte global siempre pone la misma excusa: no tienen fondos públicos para aportar al sur global. Pero ese dinero sí existe. Está en los bolsillos de la industria fósil. Sobra capital para financiar la adaptación climática, las pérdidas y daños, y la transición energética. Lo que falta es voluntad política.

Por justicia con el planeta y con quienes menos han provocado el cambio climático y más sufren sus consecuencias, la COP30 no puede cerrarse sin un acuerdo claro para aprobar una fiscalidad justa a la industria fósil.

Belém: ¿punto de inflexión o epitafio?

Tres ámbitos del activismo, un mismo diagnóstico: el sistema de negociaciones climáticas está al borde del colapso. Y tres propuestas convergentes: transición justa con derechos laborales, protección y restauración de ecosistemas, fiscalidad que haga pagar a los responsables.

Las organizaciones de la Alianza por el Clima seguiremos aprovechando el encuentro de Belém para demandar justicia climática. La COP30 debe ser el momento en que los gobiernos comprendan que no hay más tiempo para dilaciones. Necesitamos un Mecanismo de Transición Justa ambicioso, un compromiso real con los ecosistemas, y una fiscalidad que haga pagar a quienes provocan la crisis.

Si conseguimos unir las luchas por la justicia social, ambiental y fiscal, Belém puede marcar un punto de inflexión. De lo contrario, seguiremos asistiendo al espectáculo de cumbres que prometen mucho y entregan poco, mientras el planeta y las personas más vulnerables pagan el precio. Y entonces, la COP30 no pasará a la historia como la cumbre de los bosques, sino como el epitafio del multilateralismo climático.

Autor@s:

Javier Andaluz. Miembro de Alianza por el Clima.

Manuel Riera. Miembro de UGT.

Ana Márquez. Miembro de SEO Birdlife.

Pedro Zorrilla. Miembro de Greenpeace.

Fuente: https://ctxt.es/es/20251101/Firmas/50895/Javier-Andaluz-Manuel-Riera-Ana-Marquez-Pedro-Zorrilla-cop30-belem.htm

13 de enero de 2025

Los científicos que se organizan ante el segundo mandato de Trump: «Somos la resistencia»

Antonio Martínez Ron

Dana Willbanks y su equipo diseñaron las herramientas para amortiguar el impacto sobre la ciencia de la primera legislatura de Trump y ahora se preparan para los ataques que vendrán a partir de enero

 “Cuando el gobierno ignora la ciencia, es como un camionero que lleva una venda en los ojos y conduce basándose en lo que le susurran al oído”. Esta frase, pronunciada por Michael Gerrard en enero de 2018 durante la presentación del Silencing Science Tracker (algo así como el “Rastreador de silenciamientos de la ciencia”), resume muy bien el espíritu que llevó a la creación de esta herramienta.

Por entonces Donald Trump llevaba un año al frente del gobierno de Estados Unidos y los miembros del Centro Sabin de la Facultad de Derecho de la Universidad de Columbia y el Fondo de Defensa Legal de la Ciencia del Clima (CSLDF, por sus siglas en inglés) crearon un sistema en el que registrar los ataques a la ciencia. Su intención era dejar constancia de los atropellos y que la gente del futuro pudiera recordar lo sucedido para reparar los daños y aprender la lección.

Una de sus responsables es Dana Willbanks, coordinadora de comunicación del CSLDF, quien ha documentado meticulosamente, junto a un pequeño equipo de colaboradores, las estrategias que ponen en marcha los trumpistas cuando llegan al poder, como sacar el cambio climático de los libros de texto, colocar a personas sin formación en puestos científicos de alta responsabilidad o dejarlos vacantes. Hasta julio de 2024, el rastreador recogió 531 casos de censura, supresión de información, tergiversación de hechos científicos y otras acciones políticas o administrativas contra la ciencia en los Estados Unidos, un registro que con toda probabilidad crecerá exponencialmente con la nueva victoria de los republicanos.


Hasta julio de 2024, el rastreador recogió 531 casos de censura, supresión de información, tergiversación de hechos científicos y otras acciones políticas o administrativas contra la ciencia en los Estados Unidos

Tras conocer los primeros nombramientos de Donald Trump para su gabinete, desde el antivacunas Robert F. Kennedy Jr. para dirigir el Departamento de Salud al negacionista climático Lee Zeldin para dirigir la Agencia de Protección Medioambiental (EPA), Willbanks y su equipo trabajan sin descanso para unir fuerzas con otros grupos y afrontar una nueva embestida contra los investigadores. Porque, como resumía esta licenciada en Humanística y Estudios de la Mujer en la Universidad McGill en Montreal en un reciente artículo, es fundamental que “hagamos nuestro trabajo para proteger la libertad y la integridad científicas y quitemos la venda de la ignorancia y la apatía”.

Charlamos con Willbanks por videoconferencia sobre los riesgos que se avecinan y los posibles mecanismos de defensa.


Tras la destrucción del tejido científico que hizo Trump en su primera legislatura, ¿temen que la segunda sea apocalíptica?

Sí. Esa es, en gran medida, la situación a la que nos dirigimos de nuevo.  

¿En qué consiste su trabajo con el “Rastreador de silenciamientos de la ciencia»?

Bueno, esa es solo una parte de lo que hacemos. En realidad, nuestra actividad empezó en 2011 como una respuesta directa al científico climático Michael Mann, que recientemente ha ganado un gran caso contra los troles de derechas que iniciaron una persecución contra él. Fue nuestro primer cliente y necesitó defensa legal para los ataques a los que se enfrentaba. El Fondo de Defensa Legal de la Ciencia del Clima nació de ese caso y de la comprensión de que hay muchos otros científicos que se encuentran en situaciones similares que no pueden permitirse o no saben cómo encontrar asistencia legal. Desde ese momento hemos trabajado con cientos de científicos, ya sea simplemente dándoles asesoramiento legal uno a uno, o llevando sus casos hasta llegar a una demanda u otra defensa legal por la que no tienen que pagar. Por eso estamos aquí.

¿Parte de la estrategia de los partidos populistas de extrema derecha es atacar legalmente a los científicos y llevarlos ante la justicia?

A veces. Aunque la estrategia más frecuente consiste en malinterpretar los hallazgos científicos y luego usar una lógica defectuosa en la creación de políticas o la aprobación de leyes. Tergiversar los hallazgos para que se ajusten a una narrativa política en lugar de usar la ciencia real. También hay muchos casos de acoso en el lugar de trabajo, de degradar a las personas de sus puestos o de recortes en su financiación. Y se juega a cambiarles de lugar dentro de la agencia en la que estén, poniéndolos en puestos donde no suelen trabajar. El acoso puede presentarse en todo tipo de formas, pero lo más habitual no es hacerlo por la vía judicial. La estrategia es retorcer los argumentos y acusar a los científicos del aumento de la desinformación, decirle a la opinión pública que los científicos les están mintiendo. Tienen una agenda muy clara.  

La estrategia es retorcer los argumentos y acusar a los científicos del aumento de la desinformación, decirle a la opinión pública que los científicos les están mintiendo

¿El Silencing Science Tracker fue una herramienta para documentar esos atropellos?

El rastreador se inició a principios de 2018, cuando Trump solo llevaba un año en el Gobierno. Y ya había una enorme, asombrosa cantidad de movimientos anticiencia por parte de su administración. Como bien dices, se inició como una forma de documentarlo todo, para tener una lista actualizada de todas las cosas que Trump estaba haciendo, pero también los estados, las juntas escolares o el Congreso. El objetivo era mantener el registro histórico, porque con alguien como Trump siempre hay mucho ruido. Esta fue una forma de decir: oye, mira, todas estas cosas también están sucediendo. Y nuestro material se ha utilizado en audiencias del Congreso, la senadora Elizabeth Warren hizo referencia a él en un documento que hizo, por ejemplo. Así que hemos tenido algunos años de práctica con Trump y nos estamos preparando para cuatro años más. Porque lo que viene, ni nos lo podemos imaginar.

¿Hay alguna otra organización como la suya en los EEUU?

 Somos la única organización en los Estados Unidos que presta este apoyo legal gratuito específico.

¿Y su enfoque está solo en la ciencia del clima, no en otros campos?

Eso es lo que estamos viendo ahora con la segunda llegada de Trump, porque todo está tan interconectado, el clima y la salud pública. Comenzamos como una organización climática y ese sigue siendo nuestro enfoque, porque es un problema tan grande y tan masivo y porque los científicos de este campo reciben muchos ataques. Pero estamos empezando a ver algunas de las otras cosas. Y como verás en el rastreador, vamos más allá del clima en el sentido de que nos adentramos más en, ya sabes, las vacunas y la salud pública y cosas así.

En España hemos visto colocar a un experto en festejos taurinos en un puesto de coordinación de emergencias, ¿una de las estrategias es colocar a gente sin preparación en puestos clave?

Sí, esa es una de las estrategias que se están poniendo en práctica en Estados Unidos. Si nos fijamos en las selecciones que ha hecho Trump para su gabinete, como Robert F. Kennedy Jr. para dirigir el Departamento de Salud y Servicios Humanos cuando es abiertamente antivacunas y pide a la gente consumir leche cruda, y en cada uno de los elegidos por su gabinete, eso cae en esa categoría de poner a personas que no tienen ninguna o mínimas calificaciones, que no son científicos, que no son expertos, pero que se ajustan a su política.

Estas estrategias son tan frecuentes en la extrema derecha global que me pregunto: ¿es parte del plan puesto en común entre estos partidos?

Mi opinión personal es que forma parte del libro de estilo de los movimientos autoritarios y consiste en elevar a las personas que han mostrado una lealtad inquebrantable, pero también a las que les gusta trolear al adversario. Tenemos una división muy, muy profunda en Estados Unidos entre demócratas y republicanos. Y lo que estamos viendo mucho es que Trump sabe que estas personas extremadamente poco cualificadas van a molestar a los demócratas y a los científicos y a toda la gente que es más inteligente que él, que no le gusta. Esa es mi opinión.

Trump sabe que estas personas extremadamente poco cualificadas van a molestar a los demócratas y a los científicos y a toda la gente que es más inteligente que él, que no le gusta

En su experiencia, ¿hay alguna manera de proteger a las estructuras políticas de estos ataques a través de la legislación u otras medidas?

Es difícil, porque Trump es solo una parte de las tres ramas del Gobierno, pero los otros dos poderes, el Congreso y la Corte Suprema, ya han demostrado que están de su lado. En tiempos normales, él habría propuesto a estas personas y el Congreso habría dicho que no, que no tienen ninguna de las cualificaciones que necesitamos para dirigir esta enorme administración. Pero ahora muchos de esos controles y equilibrios se están desvaneciendo, por desgracia.

Esos 531 casos de censura y ataques a los científicos que han contabilizado, ¿cómo son? ¿Qué características comparten?  

 Son ataques a la ciencia y a los científicos en general. Algunos de ellos son ataques a la educación científica desde la escuela primaria. Lo que hacemos es llevar un registro de los cambios en los libros de texto, donde eliminan todas las referencias al cambio climático, por ejemplo. El rastreador cubre todo, desde el presidente hasta las juntas escolares que toman decisiones sobre los libros de texto. Y diferentes cosas que están haciendo los diferentes estados. Hay un gran movimiento en los EEUU en este momento para cambiar las cosas y darles más capacidad de decisión a los estados, lo que estaría bien, si los funcionarios electos en los estados escucharan a los científicos, pero muchos de ellos no lo hacen.

Y, así, vemos muchos casos, como en Florida y Texas y otros estados predominantemente republicanos en los que, increíblemente, la ciencia ni siquiera se tiene en cuenta. Ya sabes, como Ron DeSantis, en Florida, que es una persona horrenda y firmó una ley que eliminó todas las referencias al cambio climático de las leyes estatales. Esto, mientras el estado se está hundiendo literalmente por el cambio climático. Así que hay una desconexión entre los movimientos políticos y la realidad en la que vive la gente. Y, debido a la desinformación y al mundo político altamente polarizado, la gente no parece ser capaz de hacer esa conexión.

En España, después de estas terribles inundaciones, se han reforzado las posiciones de quienes niegan el cambio climático. Y esa parece ser la tendencia, ¿a qué se debe este fenómeno?

Creo que tiene que ver con la idea de la escasez, que solo hay una cantidad finita de recursos, lo que con el cambio climático se está volviendo cada vez más cierto. Y así se le ha enseñado a la gente que, bueno, si alguien más obtiene algo, eso me lo quita a mí. Ya sabes, esa es en gran parte de la razón por la que Trump ganó, la idea de que somos nosotros contra ellos. Si tienes problemas financieros, el alquiler es que los costos de la vivienda están por las nubes y la gente tiene problemas para subsistir, hay algunas personas que son realmente buenas para explotar ese miedo, ansiedad e inseguridad.

¿Cuál es el plan de su organización de cara al futuro con esta situación?

Acabamos de salir de nuestra reunión de equipo y estamos formando diferentes asociaciones porque hay muchos grupos que están en la misma posición que nosotros, que son organizaciones sin ánimo de lucro. Hemos estado haciendo este trabajo por un tiempo y ahora, de repente, las cosas se han vuelto a torcer. Así que me estoy viendo no solo con nuestro grupo, sino con muchos grupos que quieren acercarse y conectarse y descubrir cómo podemos combinar esfuerzos para evitar que podamos retroceder aún más.

Para nosotros, se trata de ofrecer ayuda legal personalizada para científicos individuales. Otros grupos con los que nos estamos asociando están demandando a todo un estado o a la administración o a entidades más grandes para tratar de evitar algunas de las cosas más locas contra la ciencia. Acabamos de reunirnos con ProPublica para hablar sobre cómo pueden ayudar a amplificar el rastreador y el trabajo que estamos haciendo. Muchos están buscando formas de entrar en la pelea, así que vamos a seguir haciendo esto. Estamos buscando agregar personal. Muchos becarios de investigación de posgrado y estudiantes de derecho y otras personas, que son muy jóvenes y muy entusiastas, se están uniendo a la lucha.

Nos estamos reuniendo con muchos grupos que quieren combinar esfuerzos para evitar que podamos retroceder aún más

¿Cuál es su consejo para los científicos de España que presumiblemente pueden vivir esta situación en el futuro?  

Yo les diría que hagan cosas como estas, que hagan las conexiones con otros grupos y personas que han hecho esto antes. Nosotros también estamos trabajando con científicos que han pasado por el exprimidor bajo la administración anterior de Trump. Estamos haciendo un proyecto para que den testimonios de cómo fue, para recordarles que no están solos. Incluso si te sientes solo, no tienes que enfrentarte a este acoso por tu cuenta. Recuerden que hay países enteros que han lidiado con esto antes y lo han superado de una forma u otra. Y por eso conectarse de esta manera es realmente importante.  

Estamos trabajando con científicos que han pasado por el exprimidor bajo la administración anterior de Trump. Estamos haciendo un proyecto para que den testimonios de cómo fue

Escuchándola, me he acordado de ese mundo de la película Interestelar, de Christopher Nolan, en el que la NASA ha pasado a ser una organización secreta. ¿Son ustedes como la resistencia?

Sí, esos somos nosotros. Todas las reuniones que he tenido recientemente han sido con personas que dicen: estamos listos, vamos a luchar. Vamos a hacer esto, pero realmente no sabemos qué va a pasar. Sabemos que va a ser malo, pero no sabemos cuánto.

A veces se pregunta uno qué le ha pasado a parte de la humanidad en la última década para separarse tanto de la ciencia…

Sí, parece que hemos dado un gran paso atrás y nos hemos olvidado de la idea de una humanidad compartida.  

Lo hacemos por nuestros hijos, para allanarles el camino y enseñarles las lecciones que estamos aprendiendo y evitar que esto vuelva a suceder

¿Tiene algo optimista para el final de la entrevista?

Yo tengo una hija de dos años, y estaba pensando en esto de manera muy personal. Después de que Trump fuera reelegido, mi marido y yo dijimos ¿qué hacemos? Aquellos de nosotros que hemos pasado por la presidencia de George W. Bush y luego por Trump por primera vez, y ahora estamos pasando por esto de nuevo, estamos haciendo este trabajo para prepararnos para lo que se avecina aquí y en Europa y dondequiera que vayamos a absorber el golpe. Y lo hacemos por nuestros hijos, para allanarles el camino y enseñarles las lecciones que estamos aprendiendo en este momento para, con suerte, evitar que esto vuelva a suceder.

Fuente: https://www.eldiario.es/sociedad/cientificos-organizan-segundo-mandato-trump-resistencia_128_11919422.html

1 de junio de 2024

Falsas soluciones climáticas se esparcen por América Latina

Humberto Márquez  (Ecología Social)

Iniciativas y programas de empresas y gobiernos para encarar la crisis climática en América Latina y el Caribe en realidad conforman un vasto panorama de falsas soluciones, según muestra un novedoso mapa regional elaborado por organizaciones ambientalistas de varios de sus países.

El mapa “ofrece una visión de conjunto, para entender la dinámica y el lenguaje mentiroso de las falsas soluciones, que permiten a los grandes contaminadores obtener asignaciones para continuar sus actividades y contribuir al calentamiento global”, dijo a IPS Ivonne Yánez, presidenta de la ecuatoriana Acción Ecológica.

Elaborado por la red de organizaciones ambientalistas Plataforma Latinoamericana y del Caribe por la Justicia Climática, el mapa muestra como soluciones falsas a decenas de proyectos de energía verde y de producción de sus insumos, y de guardar carbono en los bosques, en otros ecosistemas y en sistemas agrícolas.

También proyectos de geoingeniería para evitar el cambio climático, y de adaptación a ese cambio con base en ecosistemas, o en infraestructuras e ingeniería.

“Más que un formato, es una herramienta de visibilidad, pedagógica, en la que confluyen actores muy diversos, como académicos, investigadores, oenegés y activistas reunidos en la Plataforma”, señaló a IPS la investigadora Liliana Buitrago, del Observatorio de Ecología Política de Venezuela, que dio a conocer el mapa en mayo.

La red que ayuda a dibujar el mapa “plantea que son urgentes las iniciativas de transición que provengan de los tejidos territoriales y comunidades, fuera de los marcos impuestos por la economía verde, el lavado verde corporativo y la captura corporativa” de emisiones de carbono, dijo Buitrago.

“El mapa ofrece una visión de conjunto, para entender la dinámica y el lenguaje mentiroso de las falsas soluciones, que permiten a los grandes contaminadores obtener asignaciones para continuar sus actividades y contribuir al calentamiento global”: Ivonne Yánez

Yánez expuso en la presentación del mapa que “el capitalismo verde lo que busca no solo es apropiarse de la capacidad de la naturaleza de limpiarse, de recrear vida, de hacer fotosíntesis”.

“También, a través de las falsas soluciones, se aprovecha y apropia de lo que han hecho los pueblos indígenas durante miles de años, que es cuidar y proteger los bosques, o los campesinos de cuidar los suelos. ¿Y para qué? Para seguir con una escalada de extracción de combustibles fósiles”, dijo la activista.

Carbono, villano indemne

El análisis de los 83 casos que nutren el primer mapa –otro centenar aguarda para figurar en las próximas ediciones- mostró que 70 % del financiamiento de falsas soluciones a la crisis climática es de origen privado, y que las comunidades más afectadas son indígenas y campesinas.

La categoría de falsa solución que más se repite son los proyectos para guardar carbono en bosques, otros ecosistemas y sistemas agrícolas, en 50 % de los casos.

Los proyectos de RED+ (Reducción de emisiones –principalmente dióxido de carbono, CO2- derivadas de la deforestación y la degradación forestal en los países del Sur en desarrollo), alcanzan a 33 % de los casos.

El marco RED+ permite a los países emitir y mercadear certificados de compensación por las emisiones de carbono “que se colocan en el sistema financiero a disposición de empresas que quieren utilizarlos como permisos para seguir contaminando y generando emisiones”, criticó Yánez.

Los proyectos de energía eólica, y los de nuevas plantaciones forestales justificadas por la captura de carbono, abarcan 10 y 11 % de los señalados en el mapa.

La Plataforma critica como “lavado verde” (greenwashing, en inglés), por ejemplo, el reciente lanzamiento en Trinidad y Tobago, país petrolero, de créditos de carbono azul (emisiones de deuda que financian proyectos de conservación de ecosistemas) destinados a trabajos en el suroeste de la isla de Tobago y en el pantano trinitense Caroni.

En Brasil, entre varios casos, se muestra a Portel-Pará en cabeza de cuatro proyectos para guardar carbono en 7000 kilómetros cuadrados de bosques y otros ecosistemas, mediante negociaciones de tierras y acuerdos con sobre límites a la deforestación con comunidades del norteño estado de Pará, en la Amazonia.

La plataforma latinoamericana Alianza Biodiversidad critica que estos proyectos generan créditos de carbono que son comprados por grandes firmas que se mantienen contaminantes, como Repsol (petróleo), Air France, Delta Airlines y Boeing (aviación), Amazon y Aldi (comercio) o Samsung y Toshiba (tecnología).

Los desplazados, lugar común

Visto el mapa de norte a sur, las falsas soluciones comienzan en México, con el ejemplo de la explotación de litio en 13 salares de los estados de Zacatecas y San Luis Potosí (centro-norte), por parte de la firma canadiense Advance Gold Corp.

Ese proyecto ha implicado el desplazamiento de poblaciones campesinas, contaminación, y cambios en los regímenes de propiedad y uso de las tierras.

Los proyectos para centrales de energía solar fotovoltaica en Quetzaltepeque (oriente de Guatemala) y Namasigüe (sur de Honduras), a cargo de consorcios privados y con capital de la firma noruega Scatec, tienen en común el desplazamiento de poblaciones campesinas y pescadoras, pérdida de hábitats y de biodiversidad.

En Colombia la hacienda San José obtuvo financiamiento del Fondo Verde para el Clima y bancos neerlandeses para su proyecto de expansión ganadera en el oriental departamento de Vichada, a fin de llevar su rebaño de vacunos de 9000 cabezas en 8000 hectáreas a 750 000 animales sobre 180 000 hectáreas.

La firma es reseñada en el Fondo por capturar más carbono del que genera, pero en la Plataforma se interrogan por el aporte en materia climática de la expansión ganadera y subrayan riesgos para un vecino resguardo del pueblo indígena sikuani.

Energía con color

En Costa Rica se intentó en 2013 una instalación en el sudoccidental cantón de Pérez Zeledón para generación de “energía verde”, hidroeléctrica, el cual adolecía de documentación incompleta, falsificación de permisos para uso del suelo por parte de la alcaldía, y previsibles contaminación y pérdidas de hábitats y biodiversidad.

La estatal secretaría técnica ambiental concedió permisos expeditos pero, ante las críticas y el rechazo de la población, el gobierno canceló el proyecto.

En Jamaica se desarrolló desde 2016, a 90 kilómetros al oeste de Kingston, un proyecto de “energía verde”, con un parque de 11 turbinas eólicas y financiamiento de Estados Unidos y Canadá, supuesto a cubrir tres por ciento de la demanda eléctrica en la isla y reducir la emisión de 66 000 toneladas anuales de CO2.

El mapa señala que en paralelo Jamaica entrega concesiones para minas de bauxita y reducción de aluminio, material crítico para la transición energética pero cuya producción genera desertificación y enfermedades, y profundiza el extractivismo.

En República Dominicana está la central de energía fotovoltaica más grande de las Antillas, el parque solar Girasol, en el sureño municipio de Yaguate, al oeste de Santo Domingo, de 268 200 paneles instalados tras invertir 100 millones de dólares la firma Haina Investment, basada en las Islas Caimán.

El mapa resiente los cambios en las dinámicas territoriales, la relación de los pobladores con el entorno y el impacto generado en los territorios de donde se extraen los minerales para producir la tecnología instalada.

Monocultivos y oídos sordos


La Venezuela petrolera esbozó en 2006 un proyecto de centrales azucareros para producir etanol, abasteciéndose con caña cultivada en 300 000 hectáreas de las llanuras del suroeste, lo que nunca se produjo pero mostró la inclinación a favorecer el monocultivo para combustibles en vez de procurar alimentos diversificados.

También recoge el mapa que recientemente inició un proyecto para desacelerar la extinción de su último glaciar, a más de 4000 metros sobre el nivel del mar en el pico Humboldt en los Andes del suroeste, cubriéndolo con mallas de poliestireno.

El proyecto desoyó las recomendaciones de la Universidad de Los Andes sobre riesgos en su implementación, sobre la contaminación plástica del aire, aguas y suelos, y porque no impedirá que se derrita el glaciar por el calentamiento global.

El fondo Arbaro Fund, basado en Luxemburgo y con actividad en siete países del Sur, compró en Ecuador 1080 hectáreas de tierra en tres provincias y proyecta otras 500, destinadas a monocultivos de árboles y cuya gestión en teoría se orienta a proteger el medio ambiente y capturar CO2.

El mismo fondo adquirió 9000 hectáreas en el central departamento de San Pedro en Paraguay, y destinará dos tercios a la siembra de eucaliptos, proyecto cuestionado por la Plataforma como legalización del acaparamiento de la tierra y de efectos devastadores en el medio ambiente y en comunidades campesinas e indígenas.

Unas 100 organizaciones de la sociedad civil alertaron en 2020 al Fondo Verde para el Clima sobre perjuicios a campesinos por el cambio de régimen y contaminación de la tierra, más la pérdida de hábitats, biodiversidad y agrodiversidad, pese a lo cual Arbaro Fund recibió un respaldo de 25 millones de dólares para sus plantaciones.

Nuevas búsquedas

Ante “falsas soluciones” como las del mapa contrastan iniciativas como la del presidente colombiano Gustavo Petro, de fijar un límite temporal a la dependencia de su país de los combustibles fósiles, o el rechazo a determinadas explotaciones petroleras y mineras decididas en una consulta por la población de Ecuador.

“La decisión del pueblo de dejar el petróleo en el subsuelo es una clara contribución a la lucha contra el cambio climático, como también la de prohibir la minería en el Chocó andino, rico en biodiversidad”, subrayó Yánez.

En la consulta del 20 de agosto del año pasado, 59 % de los ecuatorianos votaron para impedir la explotación de petróleo junto al parque nacional Yasuní en la Amazonia, y en la capital con 68 % de los votos se vetó la prospección de oro y cobre en la zona del Chocó andino, al occidente de Quito.

Buitrago insistió en que “lejos de constituir soluciones al problema, las falsas soluciones constituyen formas de perpetuar el modelo de acumulación extractivista y explotador que ha ocasionado la crisis climática”.

Por ello el mapa, al mostrar contrastes y críticas a las falsas soluciones, “también procura articular que otras organizaciones puedan visibilizar las verdaderas”, indicó finalmente Yánez.

ED: EG

Fuente: https://ipsnoticias.net/2024/05/falsas-soluciones-climaticas-se-esparcen-por-america-latina/