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4 de agosto de 2025

El sometimiento de la Unión Europea a Washington

Hedelberto López Blanch

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen firmó un convenio con el presidente Donald Trump mediante el cual se somete a las leoninas decisiones comerciales, económicas y financieras impuestas por Washington.

A partir de ahora todos los productos de la UE que entren a Estados Unidos deberán pagar un arancel del 15 % mientras los miembros del bloque no cobrarán nada por los bienes estadounidenses que llegan a sus países. Así de simple, como se dice, la ley del embudo.

No obstante, con un gran dejo de sumisión, Von der Leyen lo calificó como «lo mejor que podíamos conseguir», porque se evitó el gravamen del 30 % que Trump había amenazado con imponer.

Recordemos que durante 24 años, Washington aplicó solo aranceles del 1,7 % al 2 % a los productos europeos.

Como parte del acuerdo la Unión Europea aceptó comprar 750 000 millones de dólares en productos energéticos estadounidenses, principalmente gas natural licuado y energía nuclear, rechazar los adquiridos a mucho menor precio en Rusia, invertir 600 000 millones en la economía de Estados Unidos, abrir sus mercados al comercio con aranceles cero y obtener «grandes cantidades» de equipamiento militar del país norteamericano.

A mediano y largo plazo, según los expertos, esas medidas conducirán a una mayor desindustrialización de Europa y un fuerte golpe a los agricultores, que deberán pagar mucho más por colocar sus productos en ese mercado.

A finales de junio y bajo fuerte presión de Trump, los miembros de la OTAN acordaron en la cumbre de La Haya destinar para el año 2035 el 5 % de su Producto Interno Bruto (PIB) a la seguridad y el gasto militar, lo que representará una erosión para esos países de 500 000 millones de euros anuales.

Para el vicepresidente del Consejo de Seguridad y expresidente del país, Dmitri Medvédev, Donald Trump ha destruido la economía europea con el nuevo acuerdo comercial y agregó: «Es completamente humillante para los europeos, ya que solo beneficia a Estados Unidos: elimina la protección del mercado europeo, reduciendo a cero los aranceles a los productos estadounidenses».

La portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova señaló que al aceptar las exigencias de Washington para no comprar el gas ruso,  Europa Occidental multiplicó los costos para sus ciudadanos y destruirá sus propias industrias, lo que significará un retroceso de décadas.

Medios de prensa y funcionarios de países occidentales han criticado abiertamente el tratado. La agencia inglesa Reuters señaló que «el acuerdo ha demostrado la incapacidad de Europa para resistir la presión del presidente estadounidense y podría perjudicar gravemente a la industria de Francia y Alemania.

El diario Le Monde apuntó que las consecuencias del acuerdo podrían ser especialmente duras para las empresas francesas que aún no se han recuperado completamente de la pandemia, mientras Maxime Lemerle, analista francés de Allianz Trade aseguró que «la guerra comercial iniciada por Estados Unidos podría provocar un número de quiebras superior a nuestras previsiones para 2025 y 2026, estimadas en 67 500 y 65 000, respectivamente».

Más fuerte aún fueron las declaraciones ante la Asamblea Nacional de la líder del partido derechista francés Agrupación Nacional, Marine Le Pen al denunciar que «el acuerdo es un fiasco político, económico y moral».

La vieja Europa, encabezada actualmente por funcionarios derechistas y millonarios, está perjudicando a sus propios ciudadanos al ceñirse a las directrices del convicto presidente Donald Trump.

Con la decisión de abstenerse a comprar petróleo y gas ruso, tratan de debilitar al Gobierno de Moscú, nación a la que han impuesto miles de extorsiones llamadas eufemísticamente «sanciones».

Pero esa ecuación no le ha dado resultado sino al contrario, cada día se comprueba que la economía y el papel de la Unión Europea va de capas caída mientras Rusia avanza fortalecida.

Y muchos analistas nos preguntamos ¿será el principio de la desintegración de la Unión Europea?

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

31 de marzo de 2025

Trump y la agonía de Occidente

Juan De la Puente

Sucede con los ciclos acelerados en la historia. En medio de la sucesión caótica de escenas que tienen al gobierno de Trump como protagonista, son recurrentes las preguntas de cuándo empezó “esto” y hasta dónde llegará. La primera aguardará el juicio de los historiadores y a la segunda le espera cercanas vicisitudes.

Otra interrogante nos pertenece menos a los ciudadanos de la periferia del mundo. Se refiere a la naturaleza desnuda de los sucesos que detonan día a día, es decir, el qué de este convulsivo momento del mundo.

Sin duda se vive un clima revolucionario. Es la primera revolución global por el volumen de participantes, territorios y tendencias en pugna. Las redes digitales han convertido a gran parte de la humanidad en combatientes de una contienda en que, sin embargo, un pequeño grupo de países y apenas un puñado de personas tiene los medios y autoridad para encarar -y si pueden gobernar- los impulsos desatados.

La revolución conservadora está en auge. Es la más importante desde la derrota del nazismo. Su propósito es acabar con los derechos y las libertades. Occidente, ese extenso sistema de poder y sus valores heredados de la Ilustración, decisivo para derrotar al fascismo en el siglo XX, derribar el muro de Berlín y reconocerle a una buena parte del mundo libertades y derechos sustantivos, se revuelve en agonía.

Los marcos conceptuales de la geopolítica -clásica y crítica- crujen. Existe “un problema” de países, economías, esferas de influencia y relaciones internacionales. No obstante, lo dominante es el problema cultural donde la receta de Kissinger de combinar la moral y el sentido práctico, es insuficiente.

El problema cultural antecede a la batalla cultural. El discurso autoritario pugna menos por fronteras que por ideas. Es cierto que en principio exhiben un nacionalismo desbocado y el retorno a la soberanía de los estados nación. Sin embargo, esta pretensión es maleable cuando se trata de sus dos grandes ideas fuerza: la libertad económica sin regulación y -paradoja- una sociedad sin derechos sociales y políticos so pretexto de defender la vida y la familia. En ese punto se encuentran los radicalismos religiosos, el ultranacionalismo y los tecno conservadores.

Occidente es ahora un espacio de controversia más cultural que espacial y estatal. Allí se escenifica una pugna enmarañada donde lo natural/universal presiona sobre lo legal/nacional según convenga a la internacional conservadora. El discurso anti woke se mueve en esas cuatro dimensiones. Por esa razón sus enemigos íntimos son también la sociedad civil mundial que logró homogeneizar un grupo de nuevas reglas y estándares de derechos y convertirlos en tratados, y la mediación global, multilateral, integradora y pacificadora, es decir NNUU, UE, OCDE, OMC, Foro Económico Mundial, Corte Penal, CIDH, entre otros.

Ese Occidente, complejo e incompleto como lo hemos conocido hasta ahora, pierde oxígeno. Superó victorioso la guerra fría y la derrota que le infligió el fin del sistema colonial. Creó la OTAN, la Unión Europea y fue decisiva en la creación de la ONU y de la reciente Agenda 2030, pero está sucumbiendo frente a la arremetida de las criaturas que ha creado o subestimado.

El giro radical consiste en que Occidente es poseído por un espíritu iliberal que lo devora por dentro, en unos países más que en otros, aunque no creo que la clave de este tiempo se limite a defender a Occidente desde una visión acrítica.

Occidente nunca fue tan Occidente como en su rechazo a todo modelo que plantease reducir las utilidades y el poder del capitalismo y se resistió a volver a experimentar los programas keynesianos de los años 30 del siglo XX. Las crisis económicas de los años 80 para adelante fueron para Occidente el desorden ideal que permitió imponer en todos los continentes -incluida la UE en 2008 con la troika y los fondos buitre en la primera fila- un modelo de globalización neoliberal que interactuó con el aumento de la desigualdad, la pobreza, el paro y la migración. La crisis de la vivienda y la gentrificación de las grandes ciudades es también la seña de Occidente.

También se embarcó en guerras neocoloniales en África y Asia y en los países de mayoría musulmana, y en batallas contra regímenes progresistas en todo el mundo, avalando violaciones de DDHH. En estas batallas, el argumento central de Occidente fue la democracia y la defensa de sus valores humanistas y pluralistas. De hecho, la alianza entre Europa, EEUU y las ex colonias inglesas que libró guerras regionales en Indochina, Corea, los Balcanes, Oriente Medio, y África, y que participó estelarmente en las “primaveras” en Oriente y Eurasia, llevó el sello de la democracia liberal (pluripartidismo, alternancia, elecciones libres, apertura de los mercados y derechos de propiedad), aunque varios de esos valores fueron sacrificados.

En el liderazgo del Occidente, especialmente la UE, existe claridad sobre las amenazas sobre las libertades y el riesgo de la cancelación de lo público y diverso. El Occidente democrático está dispuesto a la batalla geopolítica y la defensa de las instituciones multilaterales. No obstante, salvo algunas políticas de regulación de la Inteligencia Artificial y de los mercados digitales y la defensa de la Ucrania invadida, no parece estar dispuesto a defender todos los valores de la Ilustración, la democracia y el humanismo del siglo XXI con la misma intensidad.

El caso de la migración es un ejemplo. En 2023, el Gobierno de Macron impulsó una ley seriamente xenófoba -la Ley Darmanin- que anuló el principio universal del ius soli y estableció el delito de migración ilegal, es decir, castigaba la pobreza. La ley fue aprobada con los votos del partido de extrema derecha de Le Pen y para entrar en vigencia debió ser “ajustada” por el Consejo Constitucional que anuló 35 de los 86 artículos de la norma.

Trump es una figura central, aunque no debería perderse de vista que es símbolo y síntoma. Sigue siendo tan errático como en su primer mandato y no se descarta que su administración fracase. El proceso, no obstante, es más intrincado, porque sea cual fuese el resultado de su gestión, la revolución conservadora está en auge.

En la guerra de los aranceles, inclusive, la clave cultural es decisiva. La relación entre Trump y Putin es una relación de oligarcas contra Occidente y aunque no evolucione hacia la traición de Rusia a China, es lo suficientemente útil para que el mundo quede a merced de un nuevo estadio cultural dominado por el miedo, la falta de reglas, el auge armamentista y el poder tecnofeudal, ese que, a diferencia del auge fascista de los años 20 y 30 del siglo pasado, ocupa espacios de dirección y comparten roles de Gobierno mundial.

No todo está perdido. También está en curso una vigorosa respuesta democrática universal. Aunque las naciones y los bloques de naciones demoran en reordenarse, el capitalismo se escinde y reordena. La reciente reunión de Xi Jinping con los líderes de 40 empresas transnacionales en la que el presidente chino ofreció proteger “la competencia leal en el mercado”, indican que el desmontaje de la estructura de las relaciones internacionales y sus regulaciones tiene detractores en el campo de la economía y el conocimiento.

El marco y alcance del consenso mundial conservador es visible, pero no previsible. Carece de límites porque, precisamente, Occidente normaliza cada incremento de la apuesta radical. Sucedió en los años 20 del siglo pasado con el fascismo. Entonces, al inicio, se creía con equívoco que el consenso liberal era suficiente para frenarlo. Como aquella vez es preciso un consenso mayor que trascienda la defensa de las instituciones. Se precisa de libertad, igualdad, equidad, un Estado de Derecho garantista y una lucha decidida contra la precariedad, el hambre y la amenaza de la guerra. Más que salvar a Occidente, hay que salvar a la humanidad. Hobbes ha muerto. No hay Leviatán, es el momento de Hela y Thanos.

https://larepublica.pe/opinion/2025/03/30/trump-y-la-agonia-de-occidente-por-juan-de-la-puente-1684080

3 de marzo de 2025

La guerra perpetua, Análisis de Jeffrey Sachs sobre el militarismo estadounidense

Andrés Alsina

Jeffrey Sachs advierte que Netanyahu y Washington hunden a Israel en un abismo moral y político

En 1996, cuando Benjamin Netanyahu se convirtió en Primer Ministro por primera vez, elaboró un plan con asesores políticos estadounidenses al que se llamó Clean Break. “Era un plan para una guerra perpetua de los Estados Unidos en el Medio Oriente, para derribar a todos los gobiernos que apoyaban la causa palestina respaldando a grupos como Hamas y Hezbolá”, informó Jeffrey Sachs [1].

Ante lo expuesto por Sachs ante el Cambride Students’ Union, Trump retuiteó a sus palabras. Sachs señala que lo imputado por él al gobierno de Estados Unidos “no es exactamente el discurso de campaña de Trump, no es exactamente el núcleo de la política exterior estadounidense que se puso tan imprudentemente y de manera despiadada en manos de los extremistas israelíes”, comentó.

Al tiempo, el presidente de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, congresista Brian Mast, lideró el camino para que esa Cámara sacara adelante un proyecto de ley “que probablemente pasará por el Senado y será firmado por el Presidente Trump con sanciones contra la Corte Penal Internacional. En otras palabras, no contra Netanyahu, no contra aquellos que cometen crímenes de guerra, sino contra la Corte por señalar crímenes de lesa humanidad”.

Sachs cita una serie de hechos políticos entre Israel y Estados Unidos que a su juicio “significan por supuesto que el gobierno de Netanyahu está tratando de presionar a Trump para que lance ataques con misiles contra Irán. Y Trump no parece estar muy entusiasmado en este momento, a juzgar por algunas cosas que ha dicho, mientras Netanyahu está usando la orden de la CPI como una razón para no ir a Washington”.

Sachs afirma que no hay dudas de que Netanyahu ha estado en pie de guerra contra Irán durante esencialmente 30 años. “Esta no es una historia nueva, y en medio de todas las guerras que ha provocado, Irán es el último en caer. Y esto es muy interesante porque, como mencioné, su entusiasmo por la guerra en Irak y su entusiasmo por la guerra en Siria son absoluta y claramente parte de una agenda que incluía siete guerras. Para avalar esto tenemos muchos testimonios, pero el más importante es el del ex comandante de la OTAN de Estados Unidos, Wesley Clark”.

Poco después del 11 de septiembre, un alto funcionario del Pentágono le entregó a Clark un documento que incluso sorprendió al militar, dijo Sachs. “Y el general Clark ha hablado extensamente sobre esto desde entonces –puedes encontrar sus discusiones en línea–. Lo que decía ese documento era que la política del gobierno de los Estados Unidos incluía siete guerras en cinco años; esta era la lista de Netanyahu y las siete guerras eran conflictos esencialmente en la región árabe más Irán. Así que se extendían por el Medio Oriente y el Noreste de África e incluían al Líbano, Irak, Siria, Irán, Libia, Somalia y Sudan”.

Fritz anticipó la política de las siete guerras.

Esta idea de las siete guerras era de hecho la política ya a finales del 2000, según Dennis Fritz, “un informante muy importante” que en ese momento era un alto comandante de la Fuerza Aérea y que más tarde fue asignado a revisar documentos clasificados sobre la guerra de Irak en nombre de uno de sus arquitectos, Douglas Feith. “Fritz nos ha dicho en un libro llamado Deadly Betrayal que sí, que esta idea de guerras en serie una tras otra era la política a seguir. E Irak fue la primera de las siete guerras”.

“Eligieron Irak porque pensaron que tenían una excusa en una pieza de legislación aprobada en 1998 durante la presidencia de (Bill) Clinton –esto es mucho antes del 11 de septiembre– llamada la Ley de Liberación de Irak. Es asombroso leerla; es una ley que dice que es intención del gobierno de los Estados Unidos derrocar a Saddam Hussein. Tres años después, “el 11 de septiembre se convirtió obviamente en la excusa, en el momento para actuar. Y se decidió, bajo sionistas clave en el gobierno de los Estados Unidos como Paul Wolfowitz y Douglas Feith, que ahora iban a actuar. Y determinaron cuál sería el orden y el primero fue Irak porque pensaron ‘aquí hay una justificación legal mínima que podemos usar para justificar esta guerra’”.

“Pero no puedes ir a la guerra solo con una resolución del Congreso de 1998, así que tuvieron que inventar la historia y en realidad tenían un grupo de políticas dentro del Pentágono dirigido por un hombre llamado Abe Shulsky [2] para crear la narrativa de la guerra. Y Netanyahu desempeño el papel principal en esa narrativa, hizo apariciones especiales en el Congreso de los Estados Unidos diciendo que esto es lo mejor que se puede hacer.

“Ahora bien, lo que sucedió según Dennis Fritz, y es absolutamente fascinante que así haya sido, fue que Estados Unidos se atascó en Irak. Pensaron que era como disparar a peces en un barril, que era algo fácil, que bastaba con eliminar a Saddam. Cosa que hicieron rápidamente, pero luego hubo inestabilidad local y una insurrección (Estados Unidos tuvo que mantener sus efectivos allí de marzo 2003 a diciembre 2011). Eso es algo que el gobierno de los Estados Unidos nunca entiende, nunca considera, porque no se trata de generales sino de política y sociedad, de lo cual estos tontos no saben nada y siempre hacen todo mal, así que se equivocaron”.

“Estados Unidos se atascó en Irak y las siete guerras en cinco años tomaron más tiempo. Pero la agenda se mantuvo, y este es otro punto muy importante sobre la política exterior estadounidense. Es un aspecto que el Presidente Putin ha señalado en muchas ocasiones: los Presidentes van y vienen, pero hay una profunda continuidad. Después de todo, fue bajo Clinton que se firmó la Ley de Liberación de Irak, fue Bush hijo quien lanzó la guerra en Irak, fue Bush hijo en su último año quien invitó a Ucrania a unirse a la OTAN, pero fue Obama quien presidió el golpe que derrocó al gobierno de Yanukóvich en 2014”.

“Y como dijo el Presidente Putin en su famosa entrevista en Le Figaro en 2017, los Presidentes llegan al poder con ideas pero entonces aparecen hombres con trajes oscuros y corbatas azules que les explican la realidad, y ahí se terminan las ideas; nunca se vuelven a escuchar”.

“Simplemente quería decir que uno de los rasgos de las guerras en el Medio Oriente es que siempre llevan de una a otra porque nunca alcanzan ese punto de milagrosa estabilidad y éxito. Cómo podrían hacerlo, cómo podrían, si están yendo en contra de verdades sociales, históricas y políticas profundamente arraigadas. Por lo tanto, la idea de que Israel va a ser el gran imperio del Medio Oriente y que va a imponer eso por la fuerza y con el poder de los Estados Unidos en una región árabe islámica de cientos de millones de personas es claramente absurda, idiota, suicida. Pero esa es realmente la política de estas personas”.

“Ahora están hablando de guerra contra Turquía. De hecho ha habido un informe del gobierno en Israel que dice eso: que necesitamos prepararnos para una guerra con Turquía y que necesitamos empezar a armarnos para luchar contra Turquía. Que por supuesto es un aliado de la OTAN y tenemos a personas como Michael Rubin diciendo que debemos de estar preparados para matar turcos. Así que nunca termina; es simplemente una guerra perpetua. La gente habla de guerra sin fin, pero es guerra sin final, eso es lo que es. Y es un desastre para Israel y su pueblo porque siempre se encontrarán rodeados de amenazas, por lo que habrá paranoia y radicalización dentro de Israel, alimentadas constantemente”.

“Leí un artículo muy, muy perturbador por cierto de Seymour Hersh, que creo que es cierto, donde describe la radicalización del ejército israelí y las cosas que los soldados y oficiales israelíes están haciendo sistemáticamente en Gaza. Ha habido una propuesta realmente horrorosa, supuestamente proveniente de los generales, sobre cómo lidiar con el problema en Gaza, quejándose de que Hamas no ha sido realmente derrotado y que se está reorganizando. Y nuevamente la tesitura es no negociar, simplemente escalar aún más, hacer cosas que agraven los horrores que ya han ocurrido y que te lleven aún más hacia los crímenes de guerra”.

“Tal como dije, esta no es una estrategia ganadora o exitosa, es un abismo, es un abismo moral y político en el que Israel se hunde cada vez más y arrastra a Estados Unidos con él y a cada Presidente que se involucra en ello”.

“En cuanto a si Trump entiende eso, es difícil decirlo, porque la sensación con Trump es que siempre está en un proceso de aprendizaje pero nunca aprende completamente. Al menos esa es la impresión que tengo. Parte del problema es que hay una visión tan dominante de la opinión del círculo en Washington que inevitablemente contratas a personas que continúan con las políticas de ese círculo”.

“Una de las realidades de Trump en su primer mandato y probablemente otra vez ahora, es que independientemente de lo que él realmente crea, muchos de los llamados lugartenientes realizan maniobras para evitar al Presidente. Tenemos estas memorias de John Bolton, una de las figuras más repulsivas de la política estadounidense, quien se jacta de cómo engañó repetidamente al Presidente Trump cuando él era el asesor de seguridad nacional. No le gustaba lo que el Presidente quería, así que encontraba maneras de engañarlo. Esta es la realidad, y tal vez sea el modus operandi que describe el Presidente Putin sobre las personas que vienen y explican las cosas, y que tal vez no expliquen sino que simplemente engañen al Presidente”.

“Cuando se trata del desastre de Israel, porque es un desastre para Israel –y por supuesto un desastre mayor para los palestinos y para el Medio Oriente que ha estado en llamas durante décadas debido a las políticas Israel–, hay dos aspectos distintos en la historia de Israel que se alimentan mutuamente pero que lo están llevando al desastre. Uno es que la política está dictada abrumadoramente por lo militar y por la seguridad. Esto se ve constantemente: si en los Estados Unidos los políticos son hasta cierto punto una distracción, en Israel son el Mossad y las fuerzas de defensa quienes llevan la batuta más que casi cualquier otra parte de la sociedad. Es un Estado militarizado, un régimen militar, un régimen de seguridad, y tiene todas las características profundas de ser un régimen militarizado. Esto significa que no existe tal cosa como la diplomacia, no hay impresión de que el camino hacia la paz tenga una ruta diferente, que consiste en hablar con la otra parte y encontrar una manera de llegar a una solución. Es un país que durante décadas ha abandonado por completo cualquier diplomacia con el mundo árabe, con el mundo islámico en general o con sus vecinos; nada de diplomacia”.

“El otro hecho de Israel que es realmente asombroso y nuevamente contra-intuitivo, a menos que te sumerjas profundamente en ello –y cuando lo haces es tan desconcertante y diferente de cualquier cosa que pienses– es que hay un fervor religioso extraordinario que también alimenta esto, y no me refiero solo al fervor del nacionalismo y al fervor por un Estado judío, etcétera. Me refiero al fervor con textos literales del siglo VI a.C».

“Esto es algo absolutamente inusual: no existe casi en ningún otro lugar del mundo, pero los rabinos extremistas, los colonos ilegales en Cisjordania y las tropas de las FDA están leyendo textos del siglo VI a.C., como el Libro de Josué en el Antiguo Testamento. Que es un libro sobre genocidio, que dice que Dios dio esta tierra a los israelitas y les instruyó que exterminaran a cada hombre, mujer y niño que vivía allí. Uno de los aspectos interesantes de ese fervor es que el texto dice que esta no era la tierra primigenia e indígena del pueblo judío; era tierra conquistada. No solo conquistada, sino conquistada con una serie de genocidios”.

“Bueno, es muy desafortunado si la política pública se moldea de una manera tan absolutamente extraordinaria. Ahora bien, creo que lo que es tan trágico y alarmante de esto desde mi propia perspectiva –no soy un estudioso del Antiguo Medio Oriente ni de los 1.600 años de historia judía bajo estos textos, pero les diré como observador político– es que los fanáticos han perdido su Estado en repetidas ocasiones durante este periodo. Los antiguos judíos tuvieron rebeliones contra adversarios poderosos basadas en un fanatismo que terminó destruyéndolos. Uno de los episodios más famosos es la rebelión contra el Imperio Romano del año 66 al 73 (primera de tres) que llevó a la destrucción del llamado segundo templo en Jerusalén. El punto es que se rebelan contra el Imperio Romano y piensan que es una buena estrategia de Estado. Bueno, terminó con la pérdida del Estado y del templo para esos fanáticos y eso fue seguido durante 1.800 años más; fue un desastre”.

“Ahora, si uno se aleja del fanatismo de las interpretaciones literales de los textos sagrados antiguos y observa una región con 400 millones de personas; si se considera el derecho internacional, la justicia simple, la Asamblea General de las Naciones Unidas, el Consejo de Seguridad, uno no querría perder al Estado de Israel haciendo demandas que son tan contrarias a cada norma estándar y ley que tenemos en la escena internacional. Pero ese es el camino que Israel está siguiendo y que los Estados Unidos han alimentado ciegamente”.

“En la administración de Biden se alimentó un fracaso desesperanzador e imprudente al seguir, apoyar, financiar, armar y proporcionar inteligencia para este conjunto de acciones completamente destructivas, crueles, imprudentes e ilegales de Israel. Y nuestro secretario de Estado, en su entrevista de despedida, dice: ‘No, todo está perfectamente bien’. Bueno, adiós señor Blinken, al menos con Donald Trump regresando tenemos una posibilidad de algo diferente”.

Notas:

[1] Economista y profesor estadounidense, destacado por su trabajo en el campo del desarrollo sostenible, la macroeconomía global y la lucha contra la pobreza. Fue director (2002-2016) del Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia y asesor especial de las Naciones Unidas en relación con los Objetivos del Milenio y los Objetivos de Desarrollo Sostenible. En 2015 recibió el Premio Planeta Azul. Dos veces ha sido incluido en la lista de las personas más influyentes del mundo, elaborada por Time Magazine.

[2] Abram Shulsky es un académico neoconservador que ha trabajado para el gobierno de Estados Unidos, la Corporación RAND y el Instituto Hudson. Shulsky fue director de la Oficina de Planes Especiales. En el período previo a la invasión de Irak en 2003, Shulsky aprobó memorandos con puntos de discusión sobre Irak y las armas de destrucción masiva y el terrorismo. Shulsky es crítico del análisis de inteligencia tradicional, que se basa en el método científico-social, y de las agencias de inteligencia independientes. Shulsky está a favor de un modelo de inteligencia militar que pueda utilizarse para apoyar la política ya que, en sus palabras, “la verdad no es el objetivo” de las operaciones de inteligencia, sino “la victoria”. También trabajó para la administración de George W. Bush en la “Oficina de Planes Especiales”.

Fuente: https://www.elcohetealaluna.com/la-guerra-perpetua/

20 de enero de 2025

No es Trump, idiota, es un proyecto

Alejandro Marcó del Pont

Los cuchillos están a la caza del patrimonio

El 20 de enero, con la asunción de Donald Trump al poder, se pondrá en marcha la recalibración de las prioridades de política exterior de Estados Unidos y la ejecución de objetivos estratégicos nacionales e internacionales más amplios. Esta transición no se trata de un liderazgo excéntrico ni de decisiones erráticas, sino de la ejecución de un proyecto político de largo alcance.

Para algunos defensores del realismo político, la llegada de Trump al poder es un cambio bienvenido, ya que prioriza una política exterior pragmática donde la máxima de «la paz a través de la fuerza» predomina sobre el moralismo ideológico. Sin embargo, para los internacionalistas liberales, la agenda del «Hagamos a Estados Unidos grande otra vez» genera temores legítimos de que las alianzas multilaterales, el comercio global y los compromisos climáticos sean relegados o directamente desmantelados.

En este contexto, emerge un plan clave que da forma al trumpismo como un fenómeno más amplio que la figura del expresidente: el Proyecto 2025, impulsado por la Heritage Foundation, uno de los think tanks más influyentes del movimiento conservador. Este proyecto es mucho más que un conjunto de recomendaciones políticas. Se trata de una hoja de ruta ambiciosa y radical para reconfigurar el Gobierno federal de Estados Unidos bajo una agenda conservadora, nacionalista y desregulatoria.

Aunque no existen pruebas públicas de una conexión explícita entre el Proyecto 2025 y lo que algunos llaman el «Deep State», es evidente que grandes corporaciones y actores económicos estratégicos están alineados con esta agenda, promoviendo políticas que priorizan sus intereses financieros y económicos. Estas organizaciones operan tras bambalinas, influenciando las decisiones políticas a través de financiamiento de campañas, presión legislativa y difusión de ideas en los medios.

El Proyecto 2025 es un enfoque estructurado para rediseñar el Gobierno federal estadounidense y garantizar que cualquier Administración republicana entrante pueda implementar reformas rápidas y profundas desde el primer día en el poder. No es una simple transición de gobierno, sino un plan estratégico para transformar permanentemente la burocracia federal, asegurando que las instituciones del Estado funcionen como herramientas eficientes para la agenda conservadora.

Este plan se inspira en precedentes históricos, como las reformas implementadas por Ronald Reagan en los años 80, cuando se impulsó la desregulación de la economía y se promovieron los valores tradicionales. Sin embargo, el Proyecto 2025 va mucho más allá: amplifica esas reformas para enfrentar los desafíos contemporáneos y reconfigurar el papel de Estados Unidos en un mundo multipolar.

Los elementos fundamentales del Proyecto 2025 son: reorganización del Gobierno federal reduciendo el tamaño del Estado y delegando competencias al sector privado, desregulación masiva, es decir, derogar regulaciones en sectores clave como medio ambiente, energía, educación y tecnología, bajo el argumento de fomentar la «libertad económica». Control ideológico a través de redes sociales, a las cuales ya adhirieron X, Facebook, Instagram eliminando el sistema de verificación de datos. Reforma energética y climática, políticas sociales que trasformen la educación, entre otras. Frenar avances en temas como el aborto, la igualdad de género y los derechos LGBTQ+, regresando a un enfoque basado en «valores familiares tradicionales». En cuanto a la inmigración, endurecer las políticas fronterizas y reforzar la deportación de inmigrantes indocumentados, priorizando la construcción de infraestructura fronteriza, como el muro con México.

La política exterior promoverá una política exterior de «América primero», enfocada en reducir la participación de Estados Unidos en conflictos internacionales, renegociar acuerdos comerciales y priorizar los intereses nacionales. Limitar los fondos destinados a alianzas multilaterales como la OTAN y los compromisos climáticos internacionales.

Para esto hay un plan de transición gubernamental con un manual operativo detallado con pasos prácticos para implementar estos cambios desde el primer día de una Administración republicana, acelerando la sustitución de funcionarios clave en el Gobierno federal. El manual no solo contempla los primeros días de gobierno sino también una estrategia sostenida para consolidar las reformas durante todo el mandato presidencial.

Este enfoque priorizaría una redefinición del papel de Estados Unidos en el mundo, basada en una combinación de pragmatismo económico, aislacionismo selectivo y un intento de reposicionar estratégicamente el poder estadounidense en regiones clave. Aun así, El Proyecto 2025 no sería posible sin el apoyo y financiamiento de corporaciones influyentes que buscan beneficiarse directamente de estas políticas. Estas empresas, que operan en sectores clave como la energía, la tecnología y las finanzas, son las grandes ganadoras de este proyecto.

Entre los actores corporativos más relevantes se encuentran:

– Koch Industries, una de las mayores corporaciones privadas del mundo, controlada por la familia Koch, que ha sido un pilar fundamental en la promoción de políticas de desregulación energética y ambiental.

– ExxonMobil y Chevron, que se benefician de la eliminación de restricciones ambientales y la explotación de recursos en regiones estratégicas como el Ártico (Groenlandia) y Venezuela.

– Rio Tinto y Freeport-McMoRan, empresas mineras interesadas en tierras raras y minerales estratégicos, especialmente en Groenlandia y Canadá, dos regiones ricas en estos recursos.

– Amazon Web Services (AWS) y Microsoft, que controlan una gran parte de la infraestructura de almacenamiento de datos del Gobierno estadounidense y se benefician de la digitalización y modernización de los sistemas estatales.

Además, think tanks como la Heritage Foundation, que lidera el Proyecto 2025, y otros organismos como la Federalist Society, juegan un papel clave en el diseño y promoción de estas políticas.

Uno de los aspectos más preocupantes del Proyecto 2025 es su impacto geoestratégico en regiones clave del mundo. Las políticas promovidas por esta agenda conservadora no solo buscan reforzar el poder económico y militar de Estados Unidos, sino también reposicionar estratégicamente su influencia en regiones con alta importancia geopolítica y económica.

Las cuatro regiones mencionadas en el plan —Groenlandia, Panamá, Canadá y Taiwán— tienen algo en común: el desafío de China como rival estratégico de Estados Unidos.

– Groenlandia representa un interés geopolítico por sus vastos recursos minerales y su posición estratégica en el Ártico.

– El Canal de Panamá sigue siendo un punto clave en el comercio global, y su control es fundamental para la seguridad marítima estadounidense.

– Canadá, pese a ser un aliado tradicional, ha generado tensiones comerciales que se exacerbarían bajo una política proteccionista como la que propone el Proyecto 2025.

– Taiwán, por su rol en la disputa de poder con China, es un eje clave de la política exterior estadounidense.

El Proyecto 2025 plantea una estrategia para consolidar la hegemonía estadounidense en estas regiones mediante alianzas selectivas, proteccionismo económico y un enfoque militarista, todo bajo una agenda nacionalista y conservadora.

Pensar que el fenómeno Trump es un accidente o producto de su personalidad excéntrica es un error de análisis. Lo que está en juego es un proyecto político y económico bien estructurado, que busca redefinir el papel de Estados Unidos en el mundo y consolidar el poder de ciertas élites económicas.

El Proyecto 2025 no es un simple manual de gobierno, es una hoja de ruta para una transformación radical y permanente de las instituciones estadounidenses. El verdadero poder detrás de este proyecto no radica en Trump como individuo, sino en las corporaciones, think tanks y actores económicos que lo impulsan. Beneficios directos de políticas conservadoras del Proyecto 2025 son: desregulación ambiental y energética; reforma fiscal y reducción de impuestos corporativos; apoyo al desarrollo de combustibles fósiles; política comercial favorable; renegociaciones de acuerdos como el T-MEC (Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá) aseguran términos más favorables para exportaciones energéticas y productos manufacturados.

¿Realmente creen que esto es solo Trump?

Fuente: https://eltabanoeconomista.wordpress.com/2025/01/15/no-es-trump-idiota-es-un-proyecto/

2 de diciembre de 2024

El gigante en crisis: el futuro incierto y la disputa por la decadencia

Alejandro Marcó del Pont

Nacimos aquí, donde las masas idolatran a los idiotas y los convierten en héroes ricos (Charles Bukowski)

Estados Unidos mantiene su hegemonía mundial sustentado en tres poderes clave: su capacidad atómica, el dólar como pilar de su dominio financiero y, a mi entender, el más decisivo, Hollywood. Sin este bastión de la industria del entretenimiento, la manipulación y la fabricación de noticias, sería difícil concebir la promoción de una figura que, tras no alcanzar siquiera el 1% en las elecciones primarias de 2020, se convirtiera en una contendiente destacada por la presidencia en 2024.

Resulta igual de improbable que un presidente en funciones, cuyas apariciones públicas han generado dudas y burlas, junto a una vicepresidenta de bajo perfil, haya logrado mantener una administración prácticamente invisible durante tres años y medio. Esto plantea una pregunta inevitable: ¿Quién gobierna realmente Estados Unidos de 2021 a enero de 2025?

Aunque no es el tema central de este artículo, es problemático que esta pregunta no tenga una respuesta clara. Lo que sí parece evidente es que Hollywood jugó un papel crucial en la preservación de la imagen de la administración Biden, ocultando las posibles limitaciones cognitivas del presidente, la irrelevancia de la vicepresidenta, y enseñando, de forma alarmante, el supuesto «peligro» del regreso de Trump para la democracia estadounidense.

Esta misma democracia, hoy en crisis y encabezada por la administración demócrata, se ha destacado por decisiones tan polémicas como el financiamiento a la guerra en Ucrania, la brutal ofensiva en Gaza y una política económica cada vez más proteccionista, profundizando los aranceles impuestos durante la presidencia de Trump.

Para los medios, Trump representa una amenaza “existencial” para la república, lo que refleja el deterioro político y social que atraviesa el país. Las elecciones realmente reflejan el enfrentamiento entre una figura vacía de propuestas concretas y otra con un historial de iniciativas demenciales. Es cierto que un segundo mandato de Trump probablemente conllevaría riesgos más serios que el primero, que terminó con más de un millón de muertes por COVID-19 y un motín en el Capitolio.

Aun así, la reciente victoria electoral del expresidente abre un período de desafíos sin precedentes. Entre ellos se cuentan las dos guerras activas que ha prometido finalizar, aunque aún no ha presentado un plan concreto. Además, su postura se enfoca en una nueva guerra comercial con China, el escepticismo profundo hacia el multilateralismo, la protección arancelaria para sectores económicos poco competitivos y un supuesto repliegue de Estados Unidos en su rol de “gendarme global.” Sin embargo, es importante señalar que esta posible reclusión no se extenderá a América Latina, su tradicional «patio trasero,» que continuará bajo la atención de Washington.

La guerra en Ucrania y sus posibles desenlaces

La guerra en Ucrania plantea escenarios complejos. Un tema recurrente ha sido la sugerencia de Trump sobre finalizar el conflicto en tan solo 24 horas. Sin la ayuda estadounidense, el futuro militar de Ucrania está sentenciado. Esto también afectará directamente a la OTAN, sus aliados europeos e incluso a la propia Unión Europea.

En cuanto a una posible negociación de paz, Trump no ha detallado cómo planea lograr un «acuerdo justo.» La retirada de Ucrania en varios puntos del frente sugiere que, en caso de negociaciones, Rusia podría tener una posición dominante para imponer condiciones. Para avanzar, es probable que ciertos puntos sean obligatorios: ningún gobierno antirruso podrá participar en el proceso de paz ni en futuros gobiernos ucranianos; los territorios anexionados quedarán bajo control ruso; y la constitución ucraniana debe prohibir la entrada a la OTAN y cualquier ejército propio, consolidando a Ucrania como un estado neutral, similar a Finlandia durante la Guerra Fría.

Una vez aceptados estos puntos, la negociación real abordará el Tratado de Seguridad Colectiva, cuya violación fue el motivo que disparó la “operación militar especial a Ucrania”. Este nuevo acuerdo de seguridad excluiría a la OTAN y a la Unión Europea en la configuración de los límites defensivos, reservando la negociación únicamente a Rusia y EE. UU. Dado que una zona de desmilitarización sin Ucrania y los últimos miembros de la OTAN (Macedonia del Norte, Finlandia y Suecia) debería extenderse hasta la frontera alemana, la OTAN y sus aliados se verían debilitados.

El futuro de la OTAN y la Unión Europea

Si la OTAN no participa de este acuerdo y la Unión Europea tampoco, para qué sirve la OTAN y ni qué hablar de sus nuevos adherentes, Finlandia y Suecia. Por lo tanto, si se aceptara esta hipótesis, la OTAN perdería su validez, al igual que sus socios europeos. Es posible que esta iniciativa tenga una decidida y paradójica oposición de los atlantistas de Bruselas. Si esto fuera así, obligaría al gobierno estadounidense a retirarse de la guerra, dejarla en manos europeas, las negociaciones, financiación y su terminación.

En cualquiera de los casos la Unión Europea pierde y enfrentará entonces una nueva configuración institucional. Algunos líderes, como Mario Draghi, han propuesto que los ciudadanos europeos financien la recuperación mediante un nuevo fondo de deuda de 800 mil millones de euros anuales. Sin embargo, el nacionalismo conservador ha ganado terreno en varios países europeos, dificultando la cooperación unificada.

El ejemplo actual es Alemania. El divorcio de la coalición de gobierno ante la inminente pérdida del gobierno es un síntoma, podrá ganar la democracia cristiana, pero a quien hay que detener es a Alternativa por Alemania (AfD). Hoy, aunque con una mezcla de nacionalistas y derechistas radicales, la derecha cuenta con 127 escaños en un parlamento de 705. Teniendo en cuenta la intención de voto a estos partidos, hay ocho países que se sitúan por encima de la media europea (que es del 16,9%): Francia (33,1%), Austria (27%), Italia (23,6%), Países Bajos (23,4%), República Checa (22,7%), Bélgica (21,5%) y Polonia (18,7%) que serán los que reconfiguren la Unión, pero con Trump esta vez.

Si bien el tema de Ucrania podría parecer en principio uno de los más sencillos de abordar, por no tener personal militar Estados Unidos, como en Irak o Afganistán, no lo es, si no va de la mano de Medio Oriente. El presidente Vladimir Putin propuso la creación de un nuevo sistema de garantías de seguridad colectiva en Eurasia ante el fracaso del modelo euroatlántico.

O sea, se trata ante todo de la Unión Estatal (de Rusia y Bielorrusia), la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), la Comunidad de Estados Independientes (CEI), la Organización de Cooperación de Shanghái (OSC) y, por si no se dieron cuenta, Rusia, China e Irán están entrelazadas. El control del Medio Oriente por parte de Estados Unidos, bajo su alianza estratégica con Israel, enfrenta importantes desafíos en el contexto actual.

Queda un solo tema de especulación, más allá de la inmigración, la salud, la educación, la guerra comercial con China, los aranceles, entre muchos otros, que quedarán para venideros análisis. Pero el hipotético repliegue de Estados Unidos como “gendarme global”, aunque no de América Latina, su «patio trasero”, merece un párrafo, sobre todo para Brasil y Venezuela.

Brasil entre Estados Unidos y los BRICS

Brasil dio una explicación poco feliz de su veto a Caracas en la incorporación a los BRICS. Según el gobierno obedece a que el presidente Nicolás Maduro abusó de la confianza de Lula tras las elecciones presidenciales al incumplir la promesa de presentar las actas oficiales de los resultados de las elecciones a presidente.

Venezuela es la mayor reserva mundial de petróleo, por lo que incorporarlo del lado de los BRICS era un objetivo estratégico para los mismos, lo que molestó a sus integrantes. ¿Qué autoridad tiene Brasil para exigir explicaciones sobre una acción soberana de otro país? Incluso como mediador en América del Sur, este gesto parece hostil e “inexplicable e inmoral”.

La “autonomía pragmática” de Brasil busca un equilibrio en un contexto internacional complicado, marcado por las guerras en Ucrania y Gaza. Sin embargo, esta postura parece poco favorable para mantener una verdadera neutralidad. Aun así, y tratando de ganar terreno en ambos lados de la cancha, como Turquía, el veto a Venezuela de su ingreso a los BRICS parece más una ejecución de Maduro y favorecer el juego de Trump, que una medida de autonomía moral.

En conclusión, Estados Unidos sigue enfrentando desafíos monumentales en su rol de potencia global. Desde su manejo de las guerras en Ucrania y Medio Oriente hasta su influencia en América Latina, su política exterior parece dividirse entre la continuidad y un repliegue estratégico. Sin embargo, la reconfiguración de alianzas globales y regionales, como los BRICS y la OTAN, refleja que el mundo está tendiendo a estabilizarse en un nuevo orden multipolar.

Fuente: https://eltabanoeconomista.wordpress.com/2024/11/10/el-gigante-en-crisis-el-futuro-incierto-y-la-disputa-por-la-decadencia/

11 de agosto de 2022

El conflicto entre la OTAN y Rusia centrado en la guerra de Ucrania era previsible, predecible y evitable: ¿Por qué continúa?

VICENÇ NAVARRO

INTRODUCCIÓN: LAS FALSEDADES QUE SE ESTAN PROMOVIENDO SOBRE ESTE CONFLICTO

Existe un conflicto, primordialmente entre la OTAN por un lado y Rusia por el otro, que alcanza su dimensión militar en la guerra de Ucrania, que está creando una crisis enorme que está afectando muy negativamente el bienestar de la mayoría de la población mundial tanto del Norte como del Sur y tanto de un bloque como del opuesto, incluyendo también de aquellos que no están en ningún bloque. Y lo que es muy preocupante es que, como ocurre en cada guerra, los mayores medios de comunicación participan en esta guerra transformándose en medios de promoción y propaganda en lugar de información. En cada lado del conflicto se ve la demonización del enemigo al cual hay que destruir o hacer desaparecer. Así se crea una cultura bélica que impide la resolución del problema. Y esta es la situación actual en la que nos encontramos, en la que lo que se presenta como la única solución de esta guerra, es la derrota completa del enemigo. Y como esto no parece que vaya a ocurrir pronto, se concluye que tenemos guerra para rato, lo cual puede llevarnos a un auténtico desastre mundial. De ahí la enorme importancia y necesidad de entender lo que está ocurriendo. Sin negar la gran responsabilidad que la dirección de Rusia liderada por Putin ha tenido en iniciar la invasión criminal y la guerra de Ucrania, hay también que informar (lo cual los mayores medios de comunicación no están haciendo) como la OTAN ha ido también contribuyendo a crear el contexto en el cual tal invasión tuvo lugar. Y ello dificulta en gran manera que se entienda lo que está pasando y por lo tanto dificultando que se pueda llegar a una situación adonde se pueda terminar este conflicto, responsable de una de las mayores crisis económicas y sociales que el mundo ha visto en los últimos cincuenta años.

Este artículo continúa otros anteriores donde he hecho críticas de la (1) Unión Soviética (2) de la transición que ocurrió en Rusia tras el colapso de la Unión Soviética y las políticas públicas realizadas por Yeltsin y su mano derecha, Putin, que originaron el mayor crecimiento de la mortalidad de la población rusa desde la II Guerra Mundial y (3) la conversión del equipo dirigente del nuevo sistema (heredero del aparato del estado soviético anterior), de un nacionalismo extremo, profundamente conservador cristiano, parte de una nueva internacional de ultraderecha muy preocupante. En este artículo hago una crítica de las falsedades que se están promoviendo por gran parte de los medios informativos en España sobre la OTAN que están negando sus responsabilidades en haber creado las condiciones para que se realizara la invasión criminal de Putin en Ucrania.

LA IDEALIZACIÓN DE LA OTAN

Existe una percepción generalizada en los establishments políticos y mediáticos españoles de que la OTAN se creó como una respuesta a la amenaza que la Unión Soviética representaba para las democracias existentes a los dos lados del Atlántico Norte. Había que frenar las supuestas ansias expansionistas de la Unión Soviética estableciendo un sistema armado en defensa de la democracia en aquellos países. De ahí que se estableciera la Alianza Atlántica y su rama militar (la OTAN) liderada por el gobierno federal de EEUU, que jugó desde el principio un gran protagonismo presentándose (y siendo percibido por sus aliados en la Alianza Atlántica) como el gran proveedor de seguridad y garantía de sus democracias. En esta percepción, Seguridad, Fuerzas Armadas y OTAN eran conceptos y realidades intercambiables necesarias para la defensa de España. Esta percepción ha sido y continúa siendo promovida por la gran mayoría de los medios de información en España, alcanzando su máxima expresión durante las recientes reuniones de la dirección de tal organización en Madrid hace solo unas semanas.

LA FALSEDAD DE TAL IDEALIZACIÓN DE LA OTAN

 Para construir esta percepción idealizada y falsa de la OTAN y del gobierno estadounidense que la lidera, se han tenido que ignorar hechos históricos y eventos actuales que cuestionan los pilares sobre los que se sustentan tal falsedad. Tales medios debieran preguntarse: si la OTAN se estableció por la Alianza Atlántica para defenderse de la Unión Soviética, ¿cómo se explica que este organismo haya seguido existiendo después de que la Unión Soviética desapareciera? Es más, el mayor crecimiento de la OTAN fue después del fin de la Unión Soviética, no antes. ¿Cuál era pues el objetivo de la OTAN para seguir creciendo, si el enemigo ya había desaparecido? ­­­­­Otra serie de preguntas que tales medios deberían también hacerse es porqué la OTAN, supuestamente defensora de la democracia a los dos lados del Atlántico Norte, ha tenido la gran mayoría de intervenciones militares en otros continentes distintos a Europa y Norte América, su lugar de ubicación, y no precisamente en contra de la Unión Soviética, sino en contra de otros enemigos.

 ¿ES LA INTENCIÓN DEL LIDER DE LA ALIANZA ATLÁNTICA DEFENDER LA DEMOCRACIA?

 Otra realidad que cuestiona la veracidad del argumento que se utiliza en defensa del liderazgo del gobierno estadounidense en esta Alianza, es la escasa evidencia de que tal gobierno se haya distinguido por su compromiso con la democracia a nivel mundial. Es cierto que en la II Guerra Mundial el gobierno de EEUU jugó un papel importante en la derrota del Nazismo, aunque en Europa la mayor responsabilidad de la victoria, como Winston Churchill subrayó, se debió a la determinante intervención de la Unión Soviética. Los costes humanos de tal conflicto fueron mayores para este último país que para EEUU. La Unión Soviética perdió en este conflicto 24 millones de ciudadanos (8 a 10 millones militares y 14 millones civiles). El número de estadounidenses fue muchísimo menor (418,500, de los cuales solo 1700 fueron civiles). Estados Unidos fue determinante en la victoria  al Japón Imperial en el Pacífico, y aunque en Europa también fue importante, allí la fuerza determinante fue la Unión Soviética.

Pero desde entonces, desde el fin de la II Guerra Mundial, la política exterior de EEUU se caracterizó por su apoyo a dictaduras enormemente opresivas y represivas existentes en el mundo, incluyendo en Europa. En España, el gobierno federal de EEUU jugó un papel clave, junto con el Vaticano, en el proceso de reconocimiento internacional de una de las dictaduras más crueles y sangrientas en la  Europa del siglo XX: la dictadura fascista española liderada por el General Franco.  Según el Profesor Malefakis de la Columbia University en Nueva York, experto en el fascismo europeo, por cada asesinato político por parte del régimen fascista italiano liderado por Mussolini, el régimen fascista español liderado por Franco asesinó a diez mil. El gobierno estadounidense fue también instrumental en el establecimiento y apoyo de dictaduras reaccionarias, crueles, y sangrientas en otras latitudes. En varios países de América Latina, incluyendo Chile, cuando yo estaba asesorando al Gobierno Allende, pude ser testigo directo de la intervención del Gobierno Nixon en el golpe militar del General Pinochet.  Y lo mismo ocurrió en otros continentes. En Latinoamérica el único país asociado a la OTAN es Colombia, que a petición del gobierno Uribe (de la derecha dura colombiana), fue admitido en condición no de miembro, pero sí de "aliado principal". Y hoy EEUU cuenta entre sus grandes aliados a países como Arabia Saudita, carentes de los más mínimos derechos humanos (dictadura peor que la rusa liderada por Putin), que ha estado invadiendo a Yemen con la ayuda militar de EEUU. Considerar al gobierno federal de EEUU como gran defensor de la democracia no se corresponde con su récord histórico.

¿CUÁL ES PUES EL OBJETIVO DE LA OTAN?


La OTAN no es solo una alianza militar. Es bien conocido que el gobierno federal de EEUU ha intervenido activamente en la política interior de países alrededor del mundo para defender sus intereses. Estas intervenciones han incluido el uso de la OTAN para presionar e intervenir en la política interior de la mayoría de los países miembros de tal organización en Europa, con el fin de debilitar a aquellas fuerzas políticas y sociales opositoras al modelo económico y social neoliberal estadounidense. Ejemplo de ello ha sido la promoción del sindicalismo corporativista frente al sindicalismo de clase (que está prohibido en EEUU, por la Ley conocida como Taft Hartley Act, aprobada por el congreso en el año 1947, a pesar del veto del Presidente Truman), la privatización en la financiación y gestión de la sanidad, y muchos otros casos y ejemplos. El gobierno federal del EEUU organizó frecuentemente sesiones para intelectuales y académicos de los países miembros de la OTAN a fin de promover el modelo neoliberal característico de su sistema económico y político.

De ahí que su animosidad política se centrara no solo en los partidos comunistas de la Europa Occidental, sino también en la mayoría de los partidos de izquierda. Incluso cuando los partidos comunistas rompieron con la Unión Soviética, su animosidad hacia muchos de estos partidos no se diluyó. Lo ocurrido en el Sur de Europa es un ejemplo de ello. Y hemos visto que en Europa la admisión de nuevos miembros de la OTAN procedentes del este de Europa, , han sido en su mayoría gobernados por la derecha, incluyendo la derecha extrema, como son los casos de Polonia y Hungría. La entrada a la Unión Europea de estos países ha reforzado también a las derechas en el Parlamentó Europeo. Y ello es probable que ocurra con la admisión de Ucrania, gobernada por un establecimiento político que se ha caracterizado por la aplicación de medidas económicas y sociales de clara sensibilidad neoliberal. La gran mayoría de medios de información no han informado de las propuestas realizadas por el nuevo gobierno ucraniano (ya en el periodo pre-guerra) y aprobadas recientemente por el parlamento ucraniano que debilita enormemente los derechos y la protección social del setenta por ciento de la población laboral ucraniana. Los sindicatos ucranianos han protestado y la federación europea sindical ha denunciado tal reforma (Thomas Rowley and Serhiy Guz, Ukraine to pass laws wrecking workers’ rights, Social Europe 07/22/2022, Social Europe es una de las revistas de Políticas Social de mayor credibilidad y prestigio en Europa. Uno de los autores, Guz, es un periodista ucraniano que escribe de temas laborales y uno de los miembros de la comisión sobre periodismo ético de aquel país).  Hoy uno de los países que apoya más la continuidad de la guerra de Ucrania es Polonia, un país que fue sancionado en su día por la Unión Europea por la escasa democracia de sus instituciones políticas.

OTRA FALSEDAD: ¿PUTIN COMO CONTINUADOR DE LA UNIÓN SOVIÉTICA?

 El hecho de que se expandiera la OTAN después de la caída de la Unión Soviética podría explicarse si se viera a Putin como continuador del sistema soviético. Esta ha sido la interpretación que las derechas en España han querido dar para justificar la continuidad de la OTAN. Es más que preocupante que este argumento también esté sostenido por amplios sectores de las izquierdas españolas, lo cual refleja una enorme ignorancia sobre lo ocurrido en Rusia en los últimos años. Escribí ya hace muchos años un libro ("Social Security and Medicine in the USSR" Lexington Books, 1977) muy crítico de la Unión Soviética, donde ya señalaba los graves problemas de aquel sistema, que no era un sistema universal de derechos, sino dual con dos sistemas de protección social, uno para la mayoría de la ciudadanía y otro para las jerarquías y sus descendencias. Tal crítica originó que se me declarara persona "non grata" en aquel país y que mis libros fueran prohibidos. Es interesante remarcar que otro conocido analista de la Unión Soviética basado en Harvard (con una posición conservadora), nunca fuera declarado persona non grata y sus libros continuaran leyéndose en aquel país. Era claro que las criticas procedentes de las izquierdas, como era el caso de mi libro, le representaba al gobierno soviético una amenaza, a diferencia de las críticas realizadas por autores con ideologías  de derecha.

 LA OTAN APOYÓ MAS A YELTSIN Y PUTIN QUE A GORBACHOV

Putin fue la mano derecha de Yeltsin, quien en realidad representaba los sectores dominantes del liderazgo de la Unión Soviética opuesto a las reformas propuestas por Gorbachov, que había propuesto el establecimiento de un sistema de seguridad europeo que abarcara toda Europa, acabando con la Guerra Fría y con la necesidad constante de expandir el poder armamentista, que venía siendo sostenido por enorme cantidad de recursos públicos, que como consecuencia empobrecieron los servicios públicos generales (la sanidad, la educación y la protección social). Fue el gobierno de EEUU de entonces el que se opuso al establecimiento de la seguridad europea, pues ello habría disminuido su protagonismo. De ahí que favoreciera claramente a Yeltsin, quien privatizó masivamente los mayores medios de producción  que pasaron del Estado a las manos privadas de los jerarcas de régimen, generando una enorme crisis social sin precedentes, responsable de los crecimientos de mortalidad más altos que haya conocido aquel país tras la II Guerra Mundial.

EL ENORME COSTE HUMANO QUE SIGNIFICARON LAS POLÍTICAS DE PUTIN PARA LA POBLACIÓN RUSA

Tal privatización fue asesorada por un grupo de bien conocidos economistas neoliberales estadounidenses que habían aconsejados antes a gobiernos neoliberales de América Latina, y que establecieron un capitalismo sin guantes (es decir, sin protección social) claramente extremista, que causo el daño al cual hago referencia en el parágrafo anterior. Hoy hay una clase empresarial de carácter caciquil que controla aquel Estado. La pobreza abarca a una tercera parte de su población. Su ideario es un nacionalismo étnico y racista, profundamente cristiano y conservador (con clara complicidad entre el Estado y la iglesia ortodoxa cristiana rusa) de clara tendencia imperialista, muy crítico de la antigua Unión Soviética (y de su fundador Lenin), por ser una Federación de Estados que siempre había respetado el derecho de Ucrania a ser una nación con su propio Estado, contrario a la consideración de putinismo de que Ucrania sigue siendo parte integral de Rusia.

CÓMO LA OTAN FACILITÓ EL CRECIMIENTO DEL PUTINISMO Y EL EXTREMISMO NACIONALISTA

Y el crecimiento de tal ideología nacionalista ha sido precisamente facilitada por el comportamiento de la OTAN, que ha rodeado a Rusia de bases nucleares militares apuntando a Moscú amenazando la seguridad de dicho país. El gobierno federal de EEUU nunca aceptó que se rodeara a EEUU de bases militares nucleares y el Presidente Kennedy, en su momento, forzó la retirada de las bases soviéticas establecidas en  Cuba. Y personas que habían sido arquitectas de la Guerra Fría,  como Kissinger, habían ya alertado de no expandir las bases de la OTAN hacia el este de Europa, una vez la Unión Soviética aceptara la unión de Alemania tal como hizo Gorbachov. Un acuerdo para que ello ocurriera fue precisamente que la OTAN no se expandiera hacia el Este lo cual no se respetó. La OTAN continuo expandiéndose en el este de Europa. Y antes de que ocurriera la invasión rusa, la OTAN tenía ya personal trabajando en Ucrania trabajando con las fuerzas armadas ucranianas (tal como ha señalado el New York Times) ignorando los acuerdos de Mintz que el gobierno ucraniano anterior al actual había aprobado junto con Francia, Alemania, Bielorussia y la propia Rusia y que garantizaba la seguridad de Ucrania sin la participación de la OTAN. La guerra podría haberse evitado si aquel tratado se hubiera respetado. Pero ni el gobierno ucraniano ni el gobierno de EEUU favorecían tal acuerdo. Y ahí está la raíz del problema. Esta clarificación no es para justificar lo indefensible, la brutal invasión a Ucrania, sino una explicación de que la OTAN contribuyó a crear la situación en la que nos encontramos.

Fue un enorme error que muchos países europeos de la OTAN no apoyaran a Francia y Alemania en el acuerdo de Mintz. Su vasallaje hacia el gobierno de EEUU ha sido un enorme error. Y ha indirectamente reforzado a la extrema derecha en Europa, incluyendo a Polonia (la máxima defensora de la continuidad de la guerra de Ucrania),. Polonia es, junto con la Gran Bretaña, la mayor fuerza europea defensora de la continuación del conflicto militar y la mayor aliada del gobierno de Ucrania después de EEUU.

LAS CONSECUENCIAS DE LA GUERRA, CRISIS QUE ERA PREVENIBLE

Hoy estamos viendo una enorme crisis económica y social que afecta predominantemente a las clases populares, no solo de Ucrania sino también de Rusia, de Europa, de EEUU y también del resto del mundo y muy en particular del Sur Global, crisis que se debe en gran parte a las sanciones y a la guerra. Y entre los beneficiados están grupos económicos y financieros que tienen gran influencia sobre los gobiernos de EEUU y de la Unión Europea por una parte y de Rusia por otra. Y están consiguiendo sus objetivos. Los grandes temas que exigen colaboración mundial – tales como la pandemia, la crisis climática, y la crisis social actual – han desaparecido de la atención de los mayores establishments políticos y mediáticos internacionales. En este lado del conflicto las grandes empresas del armamiento y de las energías no renovables (muchas de ellas basadas en el territorio de EEUU) están haciendo beneficios sin precedentes, beneficios que en EEUU se están consiguiendo también en parte a costa de un enorme sacrificio de las clases populares estadounidenses, que son las primeras víctimas de tal modelo económico, político, y social de orientación neoliberal. EEUU es uno de los países a los dos lados del Atlántico Norte con menos derechos sociales y laborales, con problemas enormes debido en parte a un sistema democrático muy limitado en que la distancia entre lo que las clases populares desean y lo que el gobierno federal realiza son enormes. Un dato publicado ayer en  EEUU es un indicador de ello. La muerte por armas de fuego en EEUU es la causa de mayor mortalidad entre niños y jóvenes, siendo el poder de la National Rifle Association sobre la clase política enorme, y ello a pesar del gran apoyo popular de medidas de control en la provisión y distribución de tales armas.

EL PREOCUPANTE FUTURO: EL CRECIMIENTO DE LA ULTRADERECHA AL NIVEL MUNDIAL

Hoy, como consecuencia del gran deterioro de la situación económica y social de la mayoría de los países del mundo, en parte debido al conflicto cristalizado en la guerra de Ucrania, hay una enorme instabilidad política y social (que ya se había iniciado durante la Gran Recesión y más tarde con la pandemia), muy acentuada en los países del Atlántico Norte que está cuestionando la legitimidad del sistema político democrático. Hoy en EEUU hay una enorme crisis política con un enfado generalizado en amplios sectores de la clase trabajadora aprovechada y explotada por la ultraderecha trumpiana, que es muy probable que gane las próximas elecciones parlamentarias este próximo Noviembre y la presidencia en las elecciones del 2024. Algo semejante está ocurriendo en Europa, donde la ultraderecha está creciendo, con clara empatía había e trumpismo estadounidense, y que  puede llegar a gobernar varios países de la región, y que podrían terminar  asociándose  con Putin para establecer  una alianza de gobiernos ultraderechistas y conservadores sin precedentes a nivel mundial (ver mi artículo "El nazismo y el fascismo en los años treinta, el trumpismo y previsiblemente el putinismo ahora" Público, 04/14/22).

La única alternativa es precisamente cambiar radicalmente este modelo económico, político y social neoliberal, haciendo aquellas reformas profundas que respondan a las necesidades de la mayoría de las clases populares, rompiendo con la globalización neoliberal, sustituyéndola por un internacionalismo en el que se vea que las clases populares de todos los países, tanto los del Norte como los de Sur Global, y tanto los que pertenecen a un lado como al otro, tienen más intereses en común que no en conflicto. Es obvio que las clases populares rusas, así como las clases populares europeas y estadounidenses, están viendo como su calidad de vida y bienestar se están deteriorando notablemente. Y también está ocurriendo en la mayoría de los países del Sur Global. Y no digamos ya de la población ucraniana que está siendo brutalmente atacada con un enorme sacrificio aún mayor de sus clases populares. Y de ahí la gran necesidad de reconocer y denunciar la responsabilidad que tiene la Alianza Atlántica en desarrollar y facilitar las condiciones para que ello ocurriera. Se avisó tanto al gobierno de EEUU como a los otros miembros de la OTAN que su política llevaría a esta situación. Y así ha ocurrido.

Ello no excusa la enorme responsabilidad del régimen de Putin que está sosteniendo su invasión con fines claramente políticos para mantenerse en el poder en Rusia. Creerse que la guerra debilitaría su liderazgo es no conocer el régimen putinista. Por otra parte, el enorme militarismo que el Presidente Biden está sosteniendo (para debilitar a Putin) a fin de reforzar su liderazgo en el mundo occidental es y será enormemente impopular debido a los enormes costes que significa la aplicación de tales políticas para la calidad de vida de­­­­­ su población puesto que tales costes se realizan a costa de un enorme empobrecimiento social de las clases populares. La continuación del conflicto y falta de resolución de los enormes problemas políticos, económicos y sociales creados está facilitando el crecimiento de movimientos de  protesta, que en los países del Atlántico Norte  está canalizando las ultraderechas profundamente antidemocráticas. Y de ahí la enorme urgencia de desarrollar una cultura  opuesta a la bélica, militarista y conflictiva existente, sustituyéndola con otra solidaria que anteponga los intereses de las clases populares de los países en conflicto, mostrando que tienen mucho más  en común que no en conflicto, oponiéndose a los intereses minoritarios y dominantes responsables de su continuidad y de esta enorme crisis. Debiera ser obvio que los grandes problemas que las poblaciones actuales y venideras tienen, que amenazan su propia supervivencia, requiere una cultura opuesta a la existente que entienda seguridad  como bienestar compartido en lugar de insolidaridad  y fuerza militar.

9 de agosto de 2022

La caída de Boris Johnson

Isaac Bigio

Boris Johnson renunció al liderazgo del gobernante conservadurismo el jueves 7. Esto implica que él va a seguir siendo el Primer Ministro británico hasta que su partido elija a un nuevo jefe, algo que probablemente se dará en 3-4 meses.

Noticia bomba

Se suponía que en esa fecha se iban a dar una serie de conmemoraciones por el 17 aniversario de la masacre del 7/7 del 2005, cuando más de 50 londinenses fueron asesinados en el más sangriento atentado terrorista que haya tenido la mayor metrópolis europea. Sin embargo, ese hecho pasó desapercibido, pues todos estaban concentrados en la noticia bomba.

Pocos días antes, Johnson había planteado que él pensaba volver a ganar 2 elecciones generales más y quedarse al menos 10 años en el número 10 de la calle Downing (la residencia oficial del Premier). Incluso, él empezó a preparar a sus huestes para un posible adelanto de elecciones generales, con lo cual iba a querer liquidar al laborismo y a sus rivales dentro de su partido.

Elecciones elitistas

No obstante, lo que vamos a tener ahora es una nueva elección tras la cual saldrá quién ha de ser el nuevo Primer Ministro. La gran diferencia es que en los comicios generales pueden votar más de 40 millones de adultos británicos y que de ellos sale un nuevo parlamento. Tras ese proceso, la reina invita al líder de la mayoría absoluta de los 650 miembros de la cámara de los comunes para liderar el Premierato de "su graciosa majestad". Ahora, en cambio, eso ya no se va a dar.

La decisión de quién va a gobernar al reino recae en un proceso mucho más largo y elitista. Primero, los 358 parlamentarios conservadores van a ir votando cada 2 a 3 días para ir descartando en cada ronda a uno de los posiblemente más de 10 precandidatos. Luego, cuando queden solo 2, se va a pasar esa decisión final al voto de una minoría de menos del 0.3% de su población, quienes son los 100 a 150 mil afiliados a los clubs conservadores, los mismos que en su gran mayoría son blancos, varones y adultos mayores.

Como en ese diminuto electorado casi no hay trabajadores, madres solteras, jóvenes o minorías étnicas, los candidatos que más fuerza van a tener son aquellos que pueden ofrecer más dureza ante la Unión Europea, los inmigrantes o Rusia.

Zigzags

Cuando Boris Johnson era alcalde de Londres, tuve la oportunidad de organizar una asamblea con miles de latinos donde él se comprometió a luchar por la amnistía a indocumentados. Hacía esto para congraciarse con la mayoría de los londinenses que pertenecen a minorías étnicas. Empero, para ser jefe tory, él se pasó al campo de los que le han quitado derechos a los millones de ciudadanos europeos. Ahora, además, él ha iniciado un esquema en el cual los solicitantes de asilo pueden ser transferidos Ruanda. Incluso ha hecho esto pese a la oposición del futuro rey Carlos (ese país africano-ecuatorial tiene una dictadura y ha sufrido del peor genocidio de fines del siglo XX).

También, cuando Johnson era burgomaestre capitalino, él coqueteaba con una agenda ecologista debido a que los verdes son allí la tercera fuerza electoral. Hoy, no obstante, Johnson llama a romper la dependencia con Rusia, generando energía a través de nuevas extracciones contaminantes de carbón y del fracking (bombeo de agua para sacar hidrocarburos, lo que contamina a las aguas de ríos, lagos y reservas subterráneas).

Paciencia colmada

Cuando junio acabó, parecía que iba a acabar también las presiones para que Johnson dimita. Sin embargo, la ola de escándalos se fue incrementando hasta llegar a un punto en el cual, tal como lo dijo el primer tesorero que tuvo Johnson, Sajid Javid, "esto era ya demasiado".

Antes a él le toleraban pensando que Johnson es el mayor vencedor de elecciones que tiene el Reino Unido. Él ha ganado en todos los distritos donde se ha presentado para ser parlamentario, las 2 veces que postuló para la alcaldía capitalina (es el único burgomaestre conservador que Londres ha tenido), el referéndum del Brexit (derrotando a todos los primeros ministros salientes o en el poder, así como a los líderes de todos los grandes partidos) y, finalmente, ganando las elecciones generales de diciembre 2019 con la mejor votación que haya tenido cualquier líder desde Margaret Thatcher.

Johnson mismo se había posicionado como el "hombre que cumplía" con grandes tareas. En su discurso de dimisión, él se jactaba de sus triunfos electorales, de haber sacado al país de la Unión Europea (algo que nunca antes se ha dado en dicho bloque continental), de haber sido los primeros en Europa en vacunar a su población y en salir de las restricciones del COVID-19, y de ser el pilar que ha puesto a Occidente detrás de la causa ucraniana.

Escándalos

Los "tories" le habían aguantado a Johnson muchas faltas (hacer fiestas durante la cuarentena, recibir dinero de donantes partidarios para arreglar su casa, haber coadyuvado a que los tories pierdan 2 bancas, etc.). Empero, la gota que calmó el vaso fueron las denuncias contra uno de sus hombres de confianza, al cual se le volvió a comprobar que era un depredador sexual.

A inicios de esta semana se iniciaron las primeras renuncias ministeriales con la dimisión de los 2 tesoreros que haya tenido Johnson (Javid y Rishi Sunak). Tras ello se fue dando una estampida de más de 50 renuncias de secretarios de Estado, ministros y secretarios. Al mediodía del miércoles 6 se presentó Johnson en la sesión semanal de preguntas al Primer Ministro, donde él se mostró muy desafiante ante los pedidos para que dejara el cargo, a lo que aducía que él había hecho muchos logros y que debería completar su quinquenio.

Ahora, el Reino Unido ha comenzado el proceso de transición hacia el cuarto primer ministro conservador que haya tenido desde el 2010. Los retos son grandes. El país vive su peor inflación en 4 décadas. Hay una ola de huelgas que han comenzado los trabajadores de los trenes y metros, la misma que amenaza a extenderse a otros rubros. En 2 de los 4 países que componen el Reino Unido (Irlanda del Norte y Escocia) crecen las tendencias separatistas.

Crisis

En Escocia el Gobierno nacionalista ha fijado fecha para un segundo referéndum por la independencia. En Irlanda del Norte hay fuertes tensiones entre los unionistas que quieren acabar con el protocolo con la UE y los nacionalistas que lo defienden y buscan ir hacia la reunificación de su isla.

Un tema clave es la guerra de Ucrania. A 40 años de la guerra de las Malvinas, Johnson quiso imitar lo que hizo en 1982 la entonces primera ministra tory Margaret Thatcher, quien supo revertir su impopularidad interna derrotando militarmente a Argentina. Esta vez, Johnson quiso generar una ola de patriotismo antirruso y presentarse como el paladín de la unidad occidental para defender a Ucrania. El problema es que a más de 4 meses de que esta guerra se inició el 24 de febrero, las sanciones no vienen deteniendo a Moscú y, más bien, Ucrania ya ha perdido un quinto de su territorio, mientras que cada vez más se reduce su capacidad de poder reconquistar la mayor parte de las zonas ruso-hablantes de su propia república.

Aún no se puede saber si no estalla otro escándalo que obligue a Johnson a dejar prematuramente el premierato a su número 2, Dominica Raab. Tampoco se sabe quién podrá ser él o la nueva persona que gobierne al Reino Unido. Lo que sí se puede prever es que el nuevo Gobierno no va a tener el mismo respaldo homogéneo de su bancada (como el que lo tuvo Johnson al iniciar su gestión) y que puede que sea la antesala a un nuevo Gobierno laborista (o a un proceso de separación de la mitad de los 4 países que componen esta monarquía constitucional).

2 de agosto de 2022

La decadencia de EE.UU., el ascenso de China y el (des) equilibrio latinoamericano

Álvaro Verzi Rangel

Entre tanta masacre y muertes, entre tanto bombardeo bélico y mediático, fakenews y shitnews, entre amenazas de guerra atómica y de tanto seudoanálisis geopolítico, surge la certeza de la decadencia de Estados Unidos y el ascenso de China, tendencias de larga duración, estructurales, que pueden demorar en concretarse pero parecen hoy inevitables.

El marco presentado por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) supone una indudable advertencia para América Latina y, específicamente, para los BRICS, grupo integrado por las “potencias emergentes” como Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, a los que se sumarán, seguramente este año, ya  que ambos países presentaron oficialmente sus solicitudes de ingreso.

Mientras, el primer ministro conservador británico Boris Johnson, se negó a entablar conversaciones y mucho menos negociaciones sobre las Islas Malvinas y acusó de machista a Vladimir Putin, afirmando que la intervención militar en Ucrania se correspondía con una “masculinidad tóxica”. Putin le recordó al premier de salida que fue Margaret Thatcher quien invadió las Islas del Atlántico Sur, a miles de kilómetros de Londres.

El próximo año será el bicentenario de la injerencista Doctrina Monroe estadounidense, verdadero antecedente de las fórmulas empleadas por la OTAN en Europa En 1829, Simón Bolívar redactó una carta dirigida al coronel Patricio Campbell con una reflexión profética: “Los EEUU parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias, en nombre de la libertad”. Se quedó corto, don Simón: no fue sólo América.

El apoyo ruso y chino a la membresía de Argentina al grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) tiene varias razones: Argentina se presenta como un importante polo de la estabilidad regional, una plataforma para el desarrollo de la cooperación económica, desmilitarización del Atlántico Sur, cooperación espacial y mantenimiento del estatus no nuclear de los países de la región.,

Además, todos los países miembros del BRICS, apoyan el reclamo argentino sobre la soberanía de las islas Malvinas. Es un detalle importantísimo frente a la creciente militarización del mundo, promovida por el eje anglosajón, tomando en cuenta que en las Malvinas se encuentra la base militar de la OTAN más grande en América Latina.

Los expertos advierten y repiten que nunca hubo una transición hegemónica sin guerra. Hoy China ostenta el dominio de las tecnologías de la revolución industrial en curso (inteligencia artificial, redes 5G, computación cuántica, entre otras), quizás parecido al dominio por EEUU, un siglo atrás, de la organización científica del trabajo, la adopción de los avances tecnológicos de la época y su aplicación al arte de la guerra.

Esta confrontación se da en una transición novedosa que involucra regiones y naciones cuya población de diferentes razas y colores, que involucra una historia de colonialismo y racismo de Occidente contra Oriente, del Norte contra el Sur.

Hoy, EEUU, la potencia decadente, depende de China, la ascendente, porque sus economías están entrelazadas. China acaba de comprar 292 aviones comerciales a Airb, la competidora europea de Boeing, que pidió al gobierno Biden un «diálogo productivo» con China, porque no puede prescindir de ese mercado-

Boeing lo dice claro: «Las ventas de aviones Boeing a China respaldan históricamente decenas de miles de empleos estadounidenses, y esperamos que los pedidos y las entregas se reanuden pronto». Pero el gobierno de EU impuso sanciones que incluyen el mantenimiento y la reparación de aeronaves Boeing, lo que perjudica a una de sus principales empresas.

Seguramente no nos encaminamos (aún) a un mundo hegemonizado por China, ni por EEUU, ni por ninguna otra potencia. Sino a un mundo fracturado en dos grandes bloques, con varias regiones y hasta continentes oscilando entre uno y otro.

En América Latina estamos acostumbrados a la hegemonía estadounidense, y por ello se hace más interesante hablar sobre una eventual hegemonía china en los conflictos sociales y en el tipo de movimientos que habrá en el futuro, desde una perspectiva centrada en América Latina.

Según la Comisión Económica para América latina (Cepal), organismo de Naciones Unidas, las economías de la región enfrentan hoy una coyuntura difícil en un contexto externo de incertidumbre, aumento de la inflación (en especial de alimentos y energía) y desaceleración de la actividad económica y el comercio y una lenta e incompleta recuperación de los mercados laborales.

Todo esto aumentará los niveles de pobreza y pobreza extrema y caso ocho millones de personas se sumarían a los 86,4 millones cuya seguridad alimentaria ya está en riesgo. Asimismo, los mayores precios de las materias primas, el aumento de los costos de transporte y las perturbaciones en las cadenas internacionales de suministro impactarán las exportaciones de bienes de la región.

En lo inmediato es necesario sostener el bienestar de los sectores más pobres, la seguridad alimentaria debe ser una prioridad y para ello no se debe restringir el comercio internacional de alimentos y fertilizantes pues hacerlo aceleraría la inflación y dañaría a los más pobres.

Cepal recomienda considerar acciones como mantener o aumentar los subsidios a alimentos, implementar acuerdos de contención de precios de la canasta básica con productores y cadenas de comercialización, y reducir o eliminar aranceles a la importación de granos y otros productos básicos.

Afirma que a mediano plazo, son necesarias políticas agrícolas e industriales que fortalezcan el apoyo a la producción agropecuaria, así como aumentar la eficiencia en el uso de fertilizantes, priorizando los biofertilizantes. La política industrial es clave para reducir la dependencia de la importación de fertilizantes en el mediano plazo, señala.

Cleptocracia financierista

Michael Hudson, un lúcido economista con abordaje geopolítico, habla del ineluctable epílogo de Occidente, mientras el multimillonario George Soros, preocupado por sus negocios, proclamaba en Davos el peligro de la extinción de la “civilización occidental” frente a Rusia y China y alertaba que en un futuro no muy lejano Estados Unidos podría convertirse en un régimen represivo.

Aborda el tema de la deuda desde los imperios griego y romano, pasando por las aristocracias medievales, hasta la hegemonía de la dupla Wall Street/La City londinense, que ha fracturado a las sociedades entre una clase rentista y las plebes endeudadas. Indica que EEUU representa el «imperio global que periclita en esta vía hostil a todas) las sociedades que no se abren a sus mercados financieros para ser saqueadas por los oligarcas estadounidenses».

Hudson  afirma que esa cleptocracia financierista global constituye el «núcleo del conflicto conforme China, Rusia, Irán y Venezuela, que se han desarrollado desde diferentes tradiciones, rechazan sucumbir a las demandas de EU», que suele resolver tales problemas por la fuerza, pero que ahora parece demasiado débil para conseguirlo.

Para el economista de la Universidad de Misuri, más que allá de la hegemonía de EEUU y su control dolarizado de las finanzas a nivel global y de la creación de dinero, está en juego esa idea de democracia que se volvió un eufemismo para la oligarquía financiera que busca imponerse a nivel global, mediante su control económico y político, respaldado por la fuerza militar.

Pero la economía de China parece hoy más poderosa y el poder militar ruso rebasó a los misiles hipersónicos nucleares, que Washington mostraba como amenaza. Y para sorpresa de muchos, Hudson recomienda restaurar un «Estado fuerte que posea los bienes y servicios públicos y que no se los entregue a los intereses privados».    

Álvaro Verzi Rangel. Sociólogo venezolano, Codirector del Observatorio en Comunicación y Democracia y analista senior del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

17 de mayo de 2022

El sesgo en la cobertura de la guerra de Ucrania

Dave Lindorff

El 21 de abril, cuando las fuerzas rusas se acercaban a un búnker de la planta siderúrgica de Azovstal en Mariupol, fuertemente bombardeada y rodeada, y se preparaban para asaltar el búnker subterráneo «tipo fortaleza» en el que se calcula que se refugian, según estimaciones, los 2.000 soldados ucranianos restantes, el presidente Vladimir Putin dio marcha atrás y ordenó a las tropas rusas que rodearan a los ucranianos hasta que salieran voluntariamente, cuando se quedaran sin municiones, alimentos y agua.

Cuando el New York Times informó sobre esta decisión en un artículo sobre la batalla final de la ciudad, afirmó que Putin había tomado la decisión para evitar que sus tropas se vieran obligadas a combatir en los túneles y sufrir inevitablemente muchas bajas. Pero el Times no mencionó que Putin dijo no querer combatir en el búnker (o, claramente, destruirlo con una bomba anti- búnkeres, algo que podría haber hecho hace tiempo) debido a los cientos de civiles que, según fuentes ucranianas, se «esconden» allí. Rusia los considera rehenes utilizados por las fuerzas mayoritariamente del Batallón Azov (algo que, de ser cierto, sería de por sí un crimen de guerra).

En una actualización posterior del mismo artículo, un reportero del Times escribió:

“La mayoría de los habitantes del barrio de Natalia Pope en Mariupol apoyaban la invasión de Rusia ordenada por Putin el 24 de febrero. Cuando comenzaron a caer las bombas y tuvieron que empezar a dormir en los sótanos, culparon de sus penalidades a los “nazis” de Kiev, dijo”.

Esa era la primera vez que, en el trascurso de la crisis, este periodista recuerda haber leído en el New York Times que muchas personas de Mariupol y de Ucrania Oriental estaban “a favor de la invasión rusa”.

Para quienes tienen edad suficiente para recordar los primeros días de la invasión estadounidense de Vietnam y Laos, esta clase de reportajes partidistas y chapuceros no son una sorpresa. Prácticamente todas las noticias en prensa y televisión que informaron sobre el famoso Incidente del Golfo de Tonkin (sic) lo describieron como un insolente ataque contra un inocente destructor estadounidense en mar abierto (el golfo de Tonkin, frente a Vietnam), sin explicar que dicho navío de guerra llevaba tiempo bombardeando la costa norvietnamita. Por si fuera poco, no había pruebas de que el navío estadounidense hubiera sido atacado por torpedos de las patrulleras costeras norvietnamitas (1).

Durante la larga preparación de las dos invasiones estadounidenses de Irak en 1990 y 2003 y en los primeros días de la invasión y ocupación estadounidense de Afganistán, fuimos testigos del mismo tipo de sesgo. Desde el comienzo de la segunda invasión de Irak en 2003, que la oficina de relaciones públicas del Pentágono denominó cínicamente «Operación Libertad Iraquí», nunca se la consideró como lo que realmente era según la Carta de la ONU: un «Crimen contra la Paz», porque Estados Unidos estaba invadiendo un país que no suponía ninguna amenaza inminente para él. En los noticiarios de televisión aparecía de forma destacada la bandera estadounidense como telón de fondo, y una encuesta realizada en 2004 por la oenegé Fairness and Accuracy in Reporting (FAIR) descubrió que el 76% de las historias de los medios de comunicación estadounidenses sobre la guerra procedían de fuentes del gobierno o de funcionarios estadounidenses.

No ha cambiado mucho desde entonces. En la información actual sobre la guerra de Ucrania, los medios de comunicación estadounidenses basan sus noticias en fuentes del gobierno y del ejército estadounidenses así como en funcionarios del gobierno ucraniano y, a menudo, en militares ucranianos no identificados. Es muy raro ver o escuchar la posición sobre algún tema de la parte rusa, incluso de la embajada rusa en Estados Unidos.  Las afirmaciones de que las tropas rusas están «disparando a la gente que intenta huir» de las ciudades asediadas no incluyen la mayoría de las veces la importantísima coletilla periodística «supuestamente», teóricamente de uso obligatorio para reporteros y editores cuando no se presentan pruebas ni se cita a la otra parte.

“En lo referente a las guerras y la política exterior, los medios informativos estadounidenses se limitan básicamente a respaldar las posiciones del gobierno de EE.UU.”, afirma Robert McChesney, profesor de comunicación de la Universidad de Illinois especializado en la economía política de las comunicaciones y presentador del programa radiofónico Media Matters.

El New York Times no es el único medio que está publicando historias unilaterales sobre esta guerra. Los tres principales diarios nacionales de EE.UU. (el Times, el Washington Post y el Wall Street Journal) así como las principales productoras de noticias de la red de radiodifusión y televisión, incluidas la Radio Nacional Pública y el Servicio Público de Radiodifusión (NPR y PBS por sus siglas en inglés) se basan en fuentes del gobierno y el ejército ucraniano y estadounidense para redactar sus historias más importantes, desde las acusaciones de crímenes de guerra contra las tropas rusas y el presidente Vladimir Putin, hasta los informes de batalla, ofreciendo rara vez la perspectiva rusa. Por ejemplo, todos informan estos días de que Mariupol aún no ha sido «capturada» por Rusia, aunque la única resistencia que queda -supuestamente, menos de 2.000 soldados del batallón fascista Azov y algunos marines ucranianos- está rodeada y atrapada en un búnker subterráneo dentro del gigantesco complejo de la planta siderúrgica, pasando hambre. Sin acceso a comida ni a munición, tendrán que rendirse, a menos que estén planeando una última carga suicida como Paul Newman y Robert Redford en «Dos hombres y un destino».

Otro buen ejemplo de este periodismo homogéneo unilateral en Estados Unidos es la información sobre el bombardeo ruso del Teatro de Mariupol. Según todas las noticias publicadas, el teatro albergaba a 1.300 civiles que buscaban refugio del ataque, de los cuales 300 habrían muerto, citando a funcionarios ucranianos. Pero no mencionan que no se han aportado pruebas de este gran número de muertes. La ONU lo está investigando.

Los principales medios de comunicación estadounidenses han ignorado las advertencias de expertos tan conocidos como Henry Kissinger, el ex secretario adjunto de defensa Charles Freeman, el difunto ex secretario de defensa Robert McNamara y George Kennan entre otros, que advirtieron, algunos ya en 1997, sobre los riesgos que suponía el avance de la OTAN hacia el este de Europa, hacia Rusia, y específicamente la admisión de Ucrania en la Alianza Atlántica fundada en la Guerra Fría. Los medios de comunicación no mencionan ninguna de esas advertencias. En EE.UU., hablar de la expansión de la OTAN como causa fundamental de este conflicto, y de que el fin de dicha expansión podría conducir al fin de los combates, equivale a ser «pro-Rusia».

Tampoco mencionan a Irak ni a Afganistán cuando estas cadenas de noticias informan del llamamiento de Biden para juzgar por crímenes de guerra a Putin ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya. Ni el hecho de que EE.UU. se ha negado a aceptar la jurisdicción de dicho tribunal desde sus comienzos, aunque todas las guerras en las que ha participado desde la Guerra de Corea (que al menos contaba con la sanción del Consejo de Seguridad de la ONU), han sido tan ilegales como la invasión rusa de Ucrania.

La cobertura informativa en Estados Unidos sobre el conflicto de Ucrania, en el que EE.UU, a iniciativa de Biden, está a punto de inyectar la asombrosa cifra de 20.000 millones dólares en armamento, declina señalar que todo ese moderno equipo letal está destinado a un país cuyo presupuesto militar total en 2021 fue de poco más de 1.000 millones de dólares. Ni que Ucrania, al igual que la mayoría de los países apoderados que EE.UU. ha apuntalado con armas militares gratuitas (incluido Israel) es una nación extraordinariamente corrupta. De hecho, Ucrania es posiblemente el país más corrupto de Europa. Quién sabe dónde acabará la mayor parte de dicho armamento mortífero.

Tampoco se discute en los principales medios de comunicación si el hecho de enviar tanto equipo para combatir a las tropas rusas podría empujar a Rusia a utilizar armas nucleares tácticas para no perder la guerra.

La cobertura mediática estadounidense de esta guerra ha sido «la habitual», según el célebre crítico de los medios de comunicación Noam Chomsky, que no es ajeno a la censura de los medios estadounidenses, ya que casi nunca se le invita a comentar cuestiones políticas en los medios corporativos o incluso en la radio o la televisión públicas.

«Los estadounidenses no pueden ser criminales de guerra, por definición. Sólo los líderes de otros países pueden serlo», dice Chomsky.  «Incluso cuando la Corte Internacional de Justicia condenó a [el presidente Ronald] Reagan por ‘uso ilegal de la fuerza’ en uno de los crímenes menores de Washington [Nicaragua y el minado ilegal de sus puertos], los medios de comunicación estadounidenses lo consideraron algo sin sentido.  El NY Times –continúa Chomsky- dijo que la CIJ es un ‘foro hostil’.  Ni siquiera cuando el Presidente Nixon y su Consejero de Seguridad Nacional Henry Kissinger llamaran literalmente al genocidio y ordenaron el envío a Camboya de `todo lo que vuela contra todo lo que se mueve´ quedó reflejado  en la prensa más que ocasionalmente».

Ucrania no ha sido ninguna excepción. Una y otra vez, durante la acumulación de tropas rusas a lo largo de su extensa frontera con Ucrania y después del comienzo de la invasión, hemos escuchado hasta la saciedad referencias a la supuesta «invasión rusa previa» de la región oriental de Ucrania, Donbas, y de su «invasión de Crimea» en 2015, que se dice que «dio lugar» a una guerra civil en la que «murieron 14.000 personas». Sin embargo, Rusia nunca invadió técnicamente Ucrania durante ese tiempo, sino que, exactamente igual que EE.UU. está haciendo ahora con Ucrania, suministró armas a los separatistas étnicos rusos, y permitió que los «voluntarios» rusos se unieran a la defensa de los dos «oblasts» escindidos de Donetsk y Lugansk. Téngase en cuenta que EE.UU. también está permitiendo, y sin duda alentando secretamente a través de la CIA, que los veteranos y mercenarios estadounidenses se presenten “voluntarios» para luchar con las fuerzas ucranianas.

Para el público, la implicación de esa información sesgada de los principales informativos de EE.UU. ha sido que las 14.000 víctimas de dicha guerra civil eran ucranianos muertos por las tropas invasoras rusas, cuando, en realidad, la mayoría de las víctimas mortales han sido rusos étnicos sometidos a continuos bombardeos y ataques con cohetes por parte del ejército ucraniano.

Jeff Cohen, crítico de los medios de comunicación desde hace mucho tiempo y fundador de la oenegé FAIR, explica que los medios de comunicación estadounidenses «siempre han sido parciales en su cobertura de las guerras de Estados Unidos.» Según este periodista, rara vez se menciona a las víctimas civiles causadas por el ejército estadounidense, y mucho menos las violaciones del derecho internacional, como las invasiones ilegales de Estados Unidos en Irak, Afganistán, Libia y Siria.

Pero las cosas han empeorado con la guerra de Ucrania. «Casi produce vértigo observar la cobertura de esta guerra», dice. «De hecho, he oído y leído al New York Times, a la CNN y a la MSNBC decir: `¡No se puede cruzar una frontera y ocupar otro país!´. Bueno, ¿y qué pasa entonces con Irak, Afganistán, Panamá o Granada? Entonces no decían eso»

Y añade: «En los medios de comunicación estadounidenses, sólo se cuestionan las mentiras de Putin. Las mentiras de los líderes estadounidenses sobre Ucrania y Rusia no se cuestionan en absoluto. Los periodistas podrían fácilmente pedir el análisis de alguien como Chomsky u otras fuentes críticas, pero nunca lo hacen. De hecho, lo bueno es que la actual cobertura de la guerra en EE.UU. resulta tan sesgada que cualquier observador que preste la más mínima atención no puede pasarla por alto.»

Como ejemplo, cita la admisión inadvertida de la CNN en una noticia sobre el ataque con misiles rusos a un hospital en Mariupol. Los medios de comunicación estadounidenses presentaron unánimemente esa historia como una grave violación del derecho internacional, condenada tanto por el presidente ucraniano Volodímir Zelensky como por el presidente Joe Biden. Pero resulta que el hospital no tenía pacientes, estaba ocupado por tropas ucranianas y los civiles ucranianos que había en su interior estaban siendo utilizados como escudos humanos contra un ataque ruso.

La información de la CNN, basada en declaraciones de un comandante militar ucraniano, afirmaba que las tropas rusas habían tomado el hospital de Mariupol y mantenían dentro a los civiles como rehenes. Por supuesto, eso era absurdo, ya que era Rusia la que estaba atacando el edificio. De hecho, como explicó el periodista de investigación estadounidense Eric Zuesse en un artículo publicado en Modern Diplomacy, los reporteros y editores de la CNN pasaron por alto ese absurdo en su prisa por exponer una atrocidad rusa.

Es un poco lo contrario de lo ocurrido en la Guerra de Indochina, cuando el Pentágono informaba de cada persona muerta en los bombardeos y misiones de destrucción de EE.UU., pero afirmaba que todos los muertos, incluidos los niños, eran «combatientes» comunistas vietnamitas. En realidad, como posteriormente descubrieron los periodistas cuando los medios de comunicación comenzaron a volverse contra la guerra, la mayoría de las muertes causadas por las tropas novatas de EE.UU. y Vietnam del Sur eran civiles. Lo mismo ocurrió en la guerra de Irak de 2003, cuando se decía que cada víctima de un ataque de un avión no tripulado, de un bombardeo de «precisión» o del arma de un soldado estadounidense era un terrorista o un «insurgente», aunque cerca de un millón de civiles iraquíes murieron en la guerra, en su mayoría a manos de las fuerzas estadounidenses.

Los medios de comunicación de Estados Unidos también se autocensuran y censuran abiertamente. Algunos sitios de noticias que inicialmente publicaron el vídeo de una atrocidad militar ucraniana empezaron a retirarlo unos días después.  Cuando hace dos viernes volví a leer un artículo en The Guardian del Reino Unido que la semana anterior incluía el vídeo, utilizando el navegador Google Chrome, descubrí que estaba bloqueado, tanto allí como en otros sitios. Comprobando el mismo artículo con el navegador Firefox, todavía pude verlo. Quienquiera que sea el responsable de bloquear las escenas de tales atrocidades ucranianas está utilizando un terrible doble rasero. No importa si son las empresas de noticias, los gigantes de Internet como Google, o el gobierno de EE.UU. quien está ocultando las noticias a los ciudadanos. La cuestión es que los estadounidenses sólo se enteran de lo que Washington quiere que se enteren (2).

Como prácticamente todos los grandes medios de comunicación difunden la misma propaganda como si fueran noticias verificadas, tanto demonizando a Rusia como sugiriendo que la única respuesta adecuada a la invasión es que se proporcione a Ucrania más armas y más devastadoras para que pueda seguir luchando, no es de extrañar que una reciente encuesta de la CBS muestre que el 72% de los estadounidenses piensa que Estados Unidos debería enviar más armas a la zona de conflicto.

Como dice el fundador de FAIR, Jeff Cohen, «en el periodismo predomina una mentalidad de rebaño, y cuando algunas de las principales organizaciones de noticias como el Times, el Post y la CNN tienen el mismo discurso, en particular sobre algún tema de política exterior, todas las demás mantienen la misma línea. La democracia exige disentir, pero en Estados Unidos si disientes en los medios de comunicación, no te arrestan ni te matan, te despiden en el acto» (3).

Notas del traductor:

(1): Posteriormente se descubrió que el famoso “incidente” no fue sino una operación de “bandera falsa” organizada por los servicios secretos de EE.UU. para usarla como pretexto para incrementar su participación en la Guerra de Vietnam. Los “papeles del Pentágono” y las publicaciones de la Agencia Nacional de Seguridad de 2005 demostraron que el ataque nunca tuvo lugar y que la inteligencia estadounidense falsificó los datos para justificar la posterior intervención.

(2): Aunque este artículo se centra en el caso de los medios de EE.UU., lo mismo podría decirse de los medios generalistas de los demás países, incluyendo a España, dominados por un oligopolio alineado con la visión hegemónica de Estados Unidos.

(3): Jeff Cohen fue despedido sumariamente en 2003 junto con el resto del personal del programa del famoso presentador Phil Donahue porque, según la dirección de la cadena de televisión NBC, Donaue estaba invitando a periodistas críticos con la guerra de Irak.

Dave Lindorff. Miembro fundador del sitio web ThisCantBeHappening!, un periódico colectivo en línea, y ha contribuido con un trabajo al libro Hopeless: Barak Obama and the Politics of Illusion (AK Press)

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo