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18 de marzo de 2025

Perú: Los TLC han muerto

Pedro Francke

"Ese mundo venía agonizando y Trump lo ha terminado de matar"

La economía peruana enfrenta un nuevo problema llamado Trump. La política de Trump ha generado caos en el comercio mundial, porque ya nadie sabe qué nuevas medidas aplicará mañana, cuáles quedarán en su lugar y en cuáles retrocederá. Ha anunciado aranceles al cobre y a todos los productos alimenticios, que son las principales exportaciones peruanas. El asunto es grave y no es sólo un tema de coyuntura. Nuestro modelo económico ha tenido en los Tratados de Libre Comercio-TLC una columna importante y ahora ese puntal ha sido demolido.

La decisión de fondo que tomaron quienes dirigieron la economía peruana en este milenio fue continuar con el modelo neoliberal que impuso Fujimori. Su idea básica fue engancharnos como furgón de cola a la economía mundial dejando que el comercio internacional decidiera nuestro destino y los capitales extranjeros aprovecharan nuestras riquezas y oportunidades. Para ello aceptaron las reglas planteadas por los Estados Unidos en el Tratado de Libre Comercio, que luego firmamos bajo el mismo molde con la Unión Europa, China y otros países. La integración regional quedó relegada; no quisieron buscar mejores condiciones de negociación buscando coincidencias en Latinoamérica.

Los Tratados de Libre Comercio incluyen una serie de cláusulas sumamente perjudiciales. Por ejemplo, debemos pagar precios altos por las medicinas para que las transnacionales farmacéuticas cobren fuertes royalties bajo el concepto de “propiedad intelectual”. Igual sucede con otros monopolios tecnológicos. Además, el Perú se comprometió a que inclusive las empresas transnacionales tramposas con contratos corruptos podían reclamar ante tribunales comerciales internacionales que tienden a darles la razón (y se las han dado muchas veces a costos millonarios para el Estado peruano). Imagínense que Odebrecht está incluso protegida por un tratado con Luxemburgo, un paraíso fiscal con el cual hemos suscrito un tratado para proteger sus inversiones, aunque todo lo que viene de allá es pura pantalla de transnacionales sinvergüenzas. También entran al Perú textiles y manufacturas subvaluadas de China y otros países, destrozando la industria nacional y eliminando miles de empleos, y el algodón peruano ha desaparecido, desplazado totalmente.

Por otro lado, llegaron grandes transnacionales al Perú a llevarse nuestro cobre y recursos naturales con grandes ganancias y asegurando abastecimiento para su industria. Las exportaciones de metales y otras materias primas aumentaron, y aun sin pagar impuestos justos han dejado una partecita al fisco: uno de cada diez soles de la recaudación de Sunat de tributos internos viene de la minería. Hoy, en medio de esta tormenta desatada por Trump, a las grandes mineras les va muy bien; el oro está batiendo récords de precio, acercándose a los 3 mil dólares la onza troy. ¿Por qué? La incertidumbre mundial hace que más gente piense que el oro es un refugio para sus ahorros y ante el temor de guerras, cada vez menos países quieren usar dólares como reservas internacionales porque EE.UU. se los puede quitar (como ya lo ha hecho). El cobre también tiene precios muy altos, encima de los 4,30 dólares la libra. El asunto es que esas noticias, que debieran ser muy buenas para el Perú, no lo son tanto. Lo que se ha ido al cielo son las ganancias de las transnacionales mineras, pero siguen sin pagar impuestos mínimamente justos mientras el déficit fiscal se ha disparado. Lo que ha aumentado también es la minería ilegal, que cada vez le da más dinero a quienes extraen y comercian ese oro, multiplicándose bandas asesinas, corrupción y contaminación.

Con los TLC también hubo mayores oportunidades para exportar mangos, paltas y demás frutas a Estados Unidos y Europa, negocios que nuestro Estado apoyó con grandes irrigaciones pagadas por el tesoro público, es decir con impuestos de todos los peruanos. Las agroexportaciones han florecido y han generado millones de ganancias y muchos empleos, aunque sin respetar los derechos básicos de sus trabajadores ni aportar en impuestos lo que corresponde.

Mientras, el Perú no atendió otros viejos problemas de la economía peruana: alta desigualdad con falta de empleo y pobreza, déficits en educación y salud pública que frenan la acumulación de capital humano, escasa innovación y avance tecnológico provocando un crecimiento bajo desde hace más de una década. Sin política industrial y sin estrategia para promover la productividad de ancha base, incluyendo a las pymes y la pequeña agricultura, nuestra economía quedó desequilibrada y vulnerable. No, no bastaba firmar tratados y ser el vagón de cola de la economía mundial.

Sin embargo, discutir los TLC ya es un tema de historia, no de actualidad. Ese mundo venía agonizando y Trump lo ha terminado de matar. El TLC con los Estados Unidos ya no sirve ni como papel higiénico, miren nada más lo que ha hecho Trump con México y Canadá (con quienes él mismo firmó tratados comerciales). Ahora que ha anunciado aranceles a todos los productos alimenticios, nuestras agroexportaciones están en la picota. ¿Sólo queda rezar y esperar que por suerte no nos caiga una bala de ese mono con ametralladora?

Que este gobierno persista en hacer las genuflexiones más profundas frente a Trump no nos salvará. Milei fue a posar como el mejor amigo de Elon Musk e igual les cayeron los aranceles al acero y aluminio afectando 1,200 millones de dólares de sus exportaciones industriales. Otra política es necesaria. Para empezar, Trump ha dejado claro que ahora estas negociaciones de comercio exterior dependen críticamente de otros factores como la geopolítica y la lucha contra las drogas, por lo que ya no tiene sentido que se hagan sin que nuestra cancillería tenga un rol preponderante en ellas. Es indispensable hacer frente a las amenazas y desarrollar una nueva estrategia ante este otro mundo que está naciendo.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 724 año 15, del 14/03/2025

https://www.hildebrandtensustrece.com/

8 de agosto de 2023

Perú, ingreso de tropas y bases militares de Estados Unidos

José A. Amesty R.

Como es costumbre, Estados Unidos siempre ha apoyado militarmente a los/las dictadores/as, y éstos siempre han recurrido a Estados Unidos, buscando apoyo para sus medidas antidemocráticas e inhumanas, por decir algo.

Tal es el caso reciente de Dina Boluarte, «presidenta» de Perú, ante la promovida salida del presidente electo Pedro Castillo. Quien recientemente, según la resolución RL 131757 habilita el ingreso de un total 1.172 militares, divididos entre la Fuerza Aérea (USAF), la Fuerza Espacial (USSF) y las Fuerzas Especiales de Estados Unidos coordinadas por el Comando Sur, durante un período de 90 días que tiene como fecha de finalización el 29 de agosto de 2023.

El ingreso de militares de EEUU es para desarrollar el Ejercicio Militar Internacional «Resolute Sentinel 2023«. Cuyo objetivo es brindar capacitación en las áreas de combate y respuesta a desastres a los efectivos peruanos.

Y es que, en el caso de Perú, haremos un breve recuento histórico del ingreso de personal militar de EEUU a la nación andina.

Por ejemplo, según Pablo Ruiz, en su artículo Bases y presencia militar de EEUU en Perú, «entre 1946 y 2004, se entrenaron 4559 militares peruanos en la SOA/WHINSEC. En el año 2019, 84 militares peruanos; en el 2020, 136; y el 2021, 10 militares más recibieron entrenamiento en WHINSEC. Los datos del 2022 y 2023 todavía no han sido revelados».

La SOA/WHINSEC, el Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación en Seguridad (SOA/WHINSEC), hoy llamada la Escuela de las Américas, ubicado en Fort Benning, Georgia, Estados Unidos, se ha hecho famoso por capacitar a torturadores y dictadores; los que han realizado masacres en todo el hemisferio occidental, entre otras cosas.

- En 2015, por ejemplo, las Fuerzas Especiales del Ejército de Estados Unidos dieron entrenamiento en técnicas de rescate a oficiales y suboficiales de la Dirección Táctica Urbana de la Policía Nacional de Perú (SUAT).
- En 2017, el ejército peruano participó en los ejercicios militares AmazonLog 17 con Estados Unidos, Colombia, y Brasil, entre otros. Las maniobras se realizaron en el mes de noviembre de ese año en Tabatinga, en la triple frontera.
- En el 2021, en la Resolución Legislativa N° 31102, el Congreso autorizó el ingreso de tropas estadounidenses a territorio peruano, desde el 1 de enero al 31 de diciembre de 2021. En el anexo de la resolución se indica que el objetivo es recibir “entrenamiento”, en Lima, Callao, Ayacucho, Iquitos, entre otros lugares, para el Comando de Inteligencia y Operaciones Especiales Conjunta (CIOEC), la Fuerza Especial Conjunta (FEC) y la Dirección Antidrogas (DIRANDRO) de la Policía Nacional de Perú.

El mismo año, una delegación de oficiales peruanos realizó una visita a las instalaciones de la Brigada Táctica del Ejército de Estados Unidos en la Base Militar Conjunta de San Antonio en el Estado de Texas, y al Centro de Entrenamiento del Ejército de Estados Unidos en el Estado de California, según información de Infodefensa.

- En 2022, el Congreso aprobó, en la Resolución Legislativa 2732, dos Ejercicios Combinados Conjuntos (JCET) de Estados Unidos con el personal de las Fuerzas de Operaciones Especiales de la Marina de Guerra del Perú, para agosto y octubre de 2022, con una duración de 45 días cada ejercicio.

En síntesis, en las últimas décadas ha sido recurrente la presencia de miles de tropas estadounidenses operando en Perú y el entrenamiento que dan a los militares y policías peruanos.

Más aún hoy, cuando la fuerte represión que ha sufrido el pueblo peruano, se explica por la persistencia de las políticas de la Doctrina de la Seguridad Nacional que guían a las Fuerzas de Seguridad de Perú, inoculadas por Estados Unidos.

En ese sentido, el Ejercicio Militar Internacional «Resolute Sentinel 2023, «no solo es entrenamiento de militar a militar, también involucra el entrenamiento a policías, que es la fuerza que está directamente involucrada, con todo lo que es la represión de las protestas».

En cuanto a la presencia de bases militares de Estados Unidos en Perú, las autoridades castrenses peruanas han negado rotundamente la presencia de éstas. No obstante, medios de comunicación peruanos, como lamula.pe, indican que, por un lado, «cada año, al menos en tres ocasiones ingresan tropas militares al territorio peruano. Se justifica que es con fines protocolares de entrenamientos y operaciones combinadas, diurnas y nocturnas, contribuyendo a la interoperabilidad de las Fuerzas Especiales con los sistemas y la doctrina OTAN, entre ellas, el del terrorismo y la defensa ante posibles ataques contra los recursos energéticos».

Y, por otro lado, señalan que, en la actualidad, existen 10 bases militares estadounidenses en todo el territorio peruano instaladas en módulos particulares o en bases militares o de la marina de guerra peruana. Están ubicadas en puertos estratégicos de energía. Entre las bases militares más conocidas tenemos:

- Palmapampa – VRAEM (El VRAEM, sigla abreviada para el Valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro, es una zona geopolítica en Perú. El VRAEM es un área de alta desnutrición infantil y pobreza). Mazamari – VRAEM. Pichari – VRAEM. Puerto de El Callao. Ancón. Pucalpa. Equitos. Teniente Clavero – Putumayo. Santa Clotilde – Loreto. El Estrecho – Putumayo.

Igualmente, Pablo Ruiz reitera que, «que las fuerzas militares estadounidenses si bien puede ser que no tengan bases propias o exclusivas, como la de Soto Cano o la de Guantánamo, por ejemplo, es evidente que están operando dentro de las bases militares peruanas».

Por otro lado, siempre hemos escuchado el pretexto, en Perú y en otros países de América Latina y otras regiones, de autorizar el ingreso de tropas extranjeras de EEUU, para luchar contra el narcoterrorismo, y en este caso en zonas fronterizas de Perú, como el VRAEM.

También, significativamente, recordemos que, el control militar de la cuenca amazónica, los principales puertos peruanos (Callao, Salaverry, Paita, Chimbote), desde donde se embarca el petróleo, gas y minerales, ha sido demostrativa de un interés particular de EEUU.

Y para colmo de males, por ejemplo, en 2021, los militares estadounidenses ingresaron con armamentos de guerra, y fueron subvencionados por el Estado peruano, y utilizando todo el aparato militar (helicópteros, vehículos, infraestructura, otros, que incluye gastos de combustible y otros) con presupuesto del Estado Peruano.

La doctora Tamara Lajtman, del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag), sostiene que, «Perú se ha configurado como un eje de contención de procesos de cambio a lo largo del siglo, por eso, esa necesidad de controlar territorialmente y militarmente al país». La especialista consideró que la elección de Perú como sede del Resolute Sentinel 2023 «nunca es casual», dado que «siempre implica una demostración de poder territorial». Pero no todo es asistencia directa a las fuerzas de seguridad.

Así mismo señala, el COER Centro de Operaciones de Emergencia Regional Moquegua, «son instalaciones destinadas al monitoreo de desastres naturales, vienen siendo en los últimos años una de las principales excusas para intervenir, tanto en Perú como en otros países».

«Las instalaciones tienen el apoyo para la construcción del Programa de Asistencia Humanitaria del Comando Sur y, aunque son coordinados formalmente por personal tanto civil como militar peruano, reciben entrenamiento y acceso a tecnología (de sistemas de radares) del Comando Sur», explicó, recordando que este tipo de centros están distribuidos «a lo largo y ancho del territorio» y «abarcan un espectro muy grande del control territorial».

El ejercicio Resolute Sentinel sería parte de la misma lógica. Bajo la ayuda humanitaria se justifica este tipo de ejercicio y se logra «invisibilizar bastante los procesos de adoctrinamiento». Para la experta, la ayuda humanitaria y la colaboración ante desastres facilita que sea menos visible el carácter militar de la asistencia y que parezca una colaboración más económica o para el desarrollo.

Por último, debemos señalar que Pablo Ruiz, advierte sobre el peligro de NAMRU-6, US Naval Medical Research Unit, la Unidad de Investigación Médica Naval de Estados Unidos, la que cuenta con tres instalaciones, en Lima, Iquitos y Puerto Mandonado.

El objetivo de esta “Unidad” es teóricamente realizar vigilancia de «una amplia gama de enfermedades infecciosas de importancia para la salud pública o militar, incluido el dengue, la malaria, enfermedades diarreicas e infecciones de transmisión sexual», pero existe la sospecha también que en sus instalaciones se pudieran producir armas biológicas.

En una entrevista, publicada en la revista El Derecho de Vivir en Paz, el ex-Congresista de Perú, Richard Arce, señaló, tiempo atrás, que solicitaron información a las autoridades peruanas sobre NAMRU-6 pero “la información que nos otorgaron era demasiado genérica y se notaba que había mucho desconocimiento. Y es grave para nuestra soberanía, ves a una base militar, que bajo el paraguas de la labor científica y de estudio de enfermedades tropicales, se está desarrollando en el país sin la transparencia que corresponde».

En fin, en el mundo, EEUU opera otros centros de investigación o laboratorios biológicos, con fines militares lo que debería levantar las alarmas de la OMS.

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

2 de enero de 2023

Perú: A prepararse

Kurt Burneo

Ad portas de fin de año, hay varias cosas que pasan en la economía internacional y que tienen de todo, entre inacción y/o afectación adversa sobre nuestra economía veamos algo de esto.

En el primer grupo destacan los poco efectivos resultados de las distintas Cumbres Climáticas. La última de ellas en Egipto -para variar- plantea declaraciones políticamente correctas, pero sin concreción frente al calentamiento global.

Por otro lado, la retirada de tropas rusas que ocupaban la ciudad de Jersón afecta la dinámica del conflicto con Ucrania, con la llegada del invierno. Nunca imaginó Rusia la duración de la invasión usando armamento convencional, dado el importante apoyo logístico de occidente a Ucrania.

En el plano económico, se espera a continuación tasas de interés crecientes, mayor volatilidad financiera y revisiones a la baja de las tasas de crecimiento del PBI mundial. Pero fuera de estos eventos, desde la perspectiva geopolítica de Marko Papic, socio y estratega en jefe del Grupo Clocktower, fuente de opinión utilizada por importantes inversionistas al tomar decisiones; señala que es erróneo siendo el mundo multipolar se sobre simplifique en 2 ámbitos, uno dependiente de Pekín y otro de Washington, la diversidad de centros de poder genera que las potencias tengan relativamente menos influencia que antes, a la vez que aumenta el número de conflictos.

Esto tiene efectos económicos importantes por ejemplo en las cadenas de valor. Así la manufactura con insumos provistos del exterior migre manejo de inventarios del “justo a tiempo” al “por si acaso”. Adicionalmente, el mercado de bienes primarios como el trigo, petróleo o soya, comienza a verse afectado por eventos regionales. Por eso puede darse escasez de ciertas materias primas en un continente y abundancia en otro. Por ello la dinámica de flujos de dólares, recaudación y precios locales se hacen más volátiles en países como el nuestro.

Por otra parte, Papic señalan que los dirigentes chinos tienen claro que no es buena idea confrontar en el interno a la comunidad internacional en tanto requieren clientes para sus exportaciones, los mercados externos son fuente de crecimiento. En este estado de cosas, Xi Jinping viene de consolidar su poder y una hostil retórica frente a Taiwán, pero siendo muy consciente que una acción militar contra la isla, ocasionarían trastornos en el frente interno vía sanciones comerciales.

Junto a lo anterior, los mercados se han tranquilizado. La supuesta debacle por la falta de gas en Europa nunca ocurrió, viendo los precios en descenso del combustible. En general, las cotizaciones de los productos básicos bajaron con fuerza recientemente y aquel pronóstico sobre la desindustrialización en Europa sencillamente no tendría sustento, señala Papic. Al cabo de unos meses la oferta de gas natural aumentará de manera significativa, gracias al aumento en la capacidad de licuefacción en EE. UU., Canadá, Qatar, Indonesia, Australia, y Nigeria.

En geopolítica, se vienen otros riesgos. Mientras que una preocupación es el abastecimiento de petróleo ruso, Papic señala como más preocupante la posibilidad de una guerra civil en Irak, estando involucrados Irán y Arabia Saudita. Los grupos armados que se disputan el poder, podrían hacer que cesen las operaciones en el puerto de Basa por el que salen 3,5 millones de barriles de crudo al día.

Otro factor de preocupación según Papic es un aumento de probabilidad de fragmentación de Rusia a partir de la salida de Vladimir Putin del cargo, creándose un vacío de poder, aflorando distintas tensiones étnicas y religiosas; en un país importante proveedor de materias primas y armas nucleares. Así las condiciones estarían dadas para restricciones de oferta de alimentos, minerales o hidrocarburos; de allí enfrentar la inflación sería permanente, a sabiendas que la herramienta de subir tasas de interés para contener los precios implicará menos demanda y producto.

Por ello, la prioridad mundial, será el abastecimiento de productos básicos y especialmente de aquellos insumos como cobre o litio, fundamentales para la transición energética., y no estará marcada por el dominio en el mercado de semiconductores y menos en fábricas de chips. Al contrario, en ese panorama, América Latina en general, y Perú en particular pueden salir beneficiados, al contar con depósitos importantes de tierra y agua en abundancia para atender la demanda de alimentos. La pregunta es si los países del área tomarán las decisiones correctas para tomar ventaja de las condiciones referidas. Ante la incerteza: Pago por ver.

2 de agosto de 2022

La decadencia de EE.UU., el ascenso de China y el (des) equilibrio latinoamericano

Álvaro Verzi Rangel

Entre tanta masacre y muertes, entre tanto bombardeo bélico y mediático, fakenews y shitnews, entre amenazas de guerra atómica y de tanto seudoanálisis geopolítico, surge la certeza de la decadencia de Estados Unidos y el ascenso de China, tendencias de larga duración, estructurales, que pueden demorar en concretarse pero parecen hoy inevitables.

El marco presentado por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) supone una indudable advertencia para América Latina y, específicamente, para los BRICS, grupo integrado por las “potencias emergentes” como Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, a los que se sumarán, seguramente este año, ya  que ambos países presentaron oficialmente sus solicitudes de ingreso.

Mientras, el primer ministro conservador británico Boris Johnson, se negó a entablar conversaciones y mucho menos negociaciones sobre las Islas Malvinas y acusó de machista a Vladimir Putin, afirmando que la intervención militar en Ucrania se correspondía con una “masculinidad tóxica”. Putin le recordó al premier de salida que fue Margaret Thatcher quien invadió las Islas del Atlántico Sur, a miles de kilómetros de Londres.

El próximo año será el bicentenario de la injerencista Doctrina Monroe estadounidense, verdadero antecedente de las fórmulas empleadas por la OTAN en Europa En 1829, Simón Bolívar redactó una carta dirigida al coronel Patricio Campbell con una reflexión profética: “Los EEUU parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias, en nombre de la libertad”. Se quedó corto, don Simón: no fue sólo América.

El apoyo ruso y chino a la membresía de Argentina al grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) tiene varias razones: Argentina se presenta como un importante polo de la estabilidad regional, una plataforma para el desarrollo de la cooperación económica, desmilitarización del Atlántico Sur, cooperación espacial y mantenimiento del estatus no nuclear de los países de la región.,

Además, todos los países miembros del BRICS, apoyan el reclamo argentino sobre la soberanía de las islas Malvinas. Es un detalle importantísimo frente a la creciente militarización del mundo, promovida por el eje anglosajón, tomando en cuenta que en las Malvinas se encuentra la base militar de la OTAN más grande en América Latina.

Los expertos advierten y repiten que nunca hubo una transición hegemónica sin guerra. Hoy China ostenta el dominio de las tecnologías de la revolución industrial en curso (inteligencia artificial, redes 5G, computación cuántica, entre otras), quizás parecido al dominio por EEUU, un siglo atrás, de la organización científica del trabajo, la adopción de los avances tecnológicos de la época y su aplicación al arte de la guerra.

Esta confrontación se da en una transición novedosa que involucra regiones y naciones cuya población de diferentes razas y colores, que involucra una historia de colonialismo y racismo de Occidente contra Oriente, del Norte contra el Sur.

Hoy, EEUU, la potencia decadente, depende de China, la ascendente, porque sus economías están entrelazadas. China acaba de comprar 292 aviones comerciales a Airb, la competidora europea de Boeing, que pidió al gobierno Biden un «diálogo productivo» con China, porque no puede prescindir de ese mercado-

Boeing lo dice claro: «Las ventas de aviones Boeing a China respaldan históricamente decenas de miles de empleos estadounidenses, y esperamos que los pedidos y las entregas se reanuden pronto». Pero el gobierno de EU impuso sanciones que incluyen el mantenimiento y la reparación de aeronaves Boeing, lo que perjudica a una de sus principales empresas.

Seguramente no nos encaminamos (aún) a un mundo hegemonizado por China, ni por EEUU, ni por ninguna otra potencia. Sino a un mundo fracturado en dos grandes bloques, con varias regiones y hasta continentes oscilando entre uno y otro.

En América Latina estamos acostumbrados a la hegemonía estadounidense, y por ello se hace más interesante hablar sobre una eventual hegemonía china en los conflictos sociales y en el tipo de movimientos que habrá en el futuro, desde una perspectiva centrada en América Latina.

Según la Comisión Económica para América latina (Cepal), organismo de Naciones Unidas, las economías de la región enfrentan hoy una coyuntura difícil en un contexto externo de incertidumbre, aumento de la inflación (en especial de alimentos y energía) y desaceleración de la actividad económica y el comercio y una lenta e incompleta recuperación de los mercados laborales.

Todo esto aumentará los niveles de pobreza y pobreza extrema y caso ocho millones de personas se sumarían a los 86,4 millones cuya seguridad alimentaria ya está en riesgo. Asimismo, los mayores precios de las materias primas, el aumento de los costos de transporte y las perturbaciones en las cadenas internacionales de suministro impactarán las exportaciones de bienes de la región.

En lo inmediato es necesario sostener el bienestar de los sectores más pobres, la seguridad alimentaria debe ser una prioridad y para ello no se debe restringir el comercio internacional de alimentos y fertilizantes pues hacerlo aceleraría la inflación y dañaría a los más pobres.

Cepal recomienda considerar acciones como mantener o aumentar los subsidios a alimentos, implementar acuerdos de contención de precios de la canasta básica con productores y cadenas de comercialización, y reducir o eliminar aranceles a la importación de granos y otros productos básicos.

Afirma que a mediano plazo, son necesarias políticas agrícolas e industriales que fortalezcan el apoyo a la producción agropecuaria, así como aumentar la eficiencia en el uso de fertilizantes, priorizando los biofertilizantes. La política industrial es clave para reducir la dependencia de la importación de fertilizantes en el mediano plazo, señala.

Cleptocracia financierista

Michael Hudson, un lúcido economista con abordaje geopolítico, habla del ineluctable epílogo de Occidente, mientras el multimillonario George Soros, preocupado por sus negocios, proclamaba en Davos el peligro de la extinción de la “civilización occidental” frente a Rusia y China y alertaba que en un futuro no muy lejano Estados Unidos podría convertirse en un régimen represivo.

Aborda el tema de la deuda desde los imperios griego y romano, pasando por las aristocracias medievales, hasta la hegemonía de la dupla Wall Street/La City londinense, que ha fracturado a las sociedades entre una clase rentista y las plebes endeudadas. Indica que EEUU representa el «imperio global que periclita en esta vía hostil a todas) las sociedades que no se abren a sus mercados financieros para ser saqueadas por los oligarcas estadounidenses».

Hudson  afirma que esa cleptocracia financierista global constituye el «núcleo del conflicto conforme China, Rusia, Irán y Venezuela, que se han desarrollado desde diferentes tradiciones, rechazan sucumbir a las demandas de EU», que suele resolver tales problemas por la fuerza, pero que ahora parece demasiado débil para conseguirlo.

Para el economista de la Universidad de Misuri, más que allá de la hegemonía de EEUU y su control dolarizado de las finanzas a nivel global y de la creación de dinero, está en juego esa idea de democracia que se volvió un eufemismo para la oligarquía financiera que busca imponerse a nivel global, mediante su control económico y político, respaldado por la fuerza militar.

Pero la economía de China parece hoy más poderosa y el poder militar ruso rebasó a los misiles hipersónicos nucleares, que Washington mostraba como amenaza. Y para sorpresa de muchos, Hudson recomienda restaurar un «Estado fuerte que posea los bienes y servicios públicos y que no se los entregue a los intereses privados».    

Álvaro Verzi Rangel. Sociólogo venezolano, Codirector del Observatorio en Comunicación y Democracia y analista senior del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

1 de mayo de 2022

Presiones y extorsiones de EE.UU. para quebrar los vínculos de América Latina con Rusia y China

Jorge Elbaum

En las dos últimas semanas, el Departamento de Estado estadounidense desplegó un ambicioso programa de persuasión extorsiva sobre los países ubicados en el llamado “hemisferio occidental”, con el objetivo de limitar sus vínculos comerciales y de cooperación con Moscú y Beijing.

Los modelos de proximidad desplegados en América Latina y el Caribe ofrecen un amplio menú de alternativas que van desde las amenazas y las sanciones hasta la oferta de mejores condiciones para las exportaciones, garantías para la continuidad de remesas o para la autorización ampliada de visados.

 El pasado 7 de abril se suspendió a la Federación Rusa del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, como resultado de las denuncias realizadas por Ucrania respecto de crímenes de guerra. La medida se llevó a cabo sin que mediaran relevamientos ni investigaciones en el terreno.

El 21 de abril se resolvió suspender a Rusia de su sitial como Observador Permanente de la Organización de Estados Americanos. En la primera votación la Argentina avaló la suspensión, mientras que en la segunda inhabilitación se abstuvo. Entre estas dos votaciones, el Departamento de Estado intentó infructuosamente la expulsión de Moscú del Consejo de Seguridad de la ONU.

El último miércoles, la secretaria del Tesoro, Janet Yellen, invitó a los ministros de economía del G20 a boicotear el discurso de Anton Siluanov, jefe de la cartera de hacienda de Moscú. El representante argentino en el encuentro desarrollado en Washington desechó la cancelación y permaneció en su banca junto otros 16 funcionarios. Las únicas tres representaciones que abandonaron las deliberaciones fueron la propia Yellen y los ministros de Canadá y el Reino Unido.

En la conferencia de prensa, Yellen justificó el limitado éxito del boicot propuesto: “Para retirar a un país de cualquier participación se requiere realmente un nivel de acuerdo muy alto en muchos foros, incluido el G20, y no hubo ese nivel de acuerdo”.

La ofensiva de sanciones, boicot y bloqueos está directamente relacionada con el propósito de debilitar a cualquier país que defienda su soberanía contra las reglas impuestas por Estados Unidos, y/o que busque articular bloques comerciales alternativos al configurado por el atlantismo. Esa fue la causa geopolítica por la que se estimuló el conflicto ancestral entre los sectores nacionalistas ucranianos y los rusos: se buscó impedir la constitución de un eje geopolítico continental eurásico, capaz de articular a Europa Occidental con el Sudeste Asiático, colocando a Moscú como nexo entre ambos continentes.

Una vez en guerra –azuzada previamente–, la máxima autoridad del Tesoro estadounidense postuló los próximos pasos: “Lo recaudado por las ventas de petróleo y gas es una fuente importante de ingresos para Rusia. Sería muy útil buscar la manera de reducir esos ingresos”.

La ofensiva de Washington se relaciona con el sorpresivo fracaso de sus sanciones: a pesar de que se separó a Rusia del sistema SWIFT y se le congelaron reservas en el exterior, el valor del rublo se estabilizó en valores similares a los exhibidos en forma previa a la intervención militar; el gas, el petróleo y el carbón ruso siguen despachándose hacia Europa Occidental; y el Banco Central continúa incrementando sus reservas internacionales. Durante la última semana sumó 1.700 millones de dólares, alcanzando la suma de 611.100 millones.

Esa es la razón por la que el 13 de abril la portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, adelantó el pedido de exclusión de Vladimir Putin de la próxima cumbre del G20, a realizarse entre el 15 y el 16 de noviembre próximos en Bali. Para reforzar la presión, la titular del Tesoro mantuvo el último martes una reunión con el ministro de Finanzas de la República de Indonesia, Sri Mulyani Indrawati, a quien le exigió supresión del Presidente ruso de la lista de invitados para noviembre.

La acometida del Departamento de Estado se dirige prioritariamente sobre América Latina y el Caribe (ALyC). A mediados de abril, funcionarios cercanos a Anthony Blinken se conectaron con el embajador argentino en Washington para conminarlo a cuestionar a Putin en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. La decisión de acompañar la propuesta de suspensión de Rusia de dicha institución fue decidida por Alberto Fernández, Gustavo Béliz y Santiago Cafiero luego de las intimidaciones extorsivas insinuadas en relación con la continuidad de los acuerdos con el Fondo Monetario Internacional.

Chantajes diplomáticos

Una arremetida similar se observó durante las últimas dos semanas contra el gobierno mexicano, cuestionado por Washington por su neutralidad respecto a la intervención militar rusa. La irritación de la administración Biden contra Andrés Manuel López Obrador (AMLO) se expresó con relación a la nacionalización del litio –aprobada durante la última semana por el Parlamento– y la aprobación de la Ley de la Industria Eléctrica, avalada por la Suprema Corte de Justicia.

Una semana antes de estos dictámenes, el ex jefe del Departamento de Estado de Barack Obama y actual titular de la agencia climática de la Casa Blanca, John Kerry, advirtió que la nueva legislación eléctrica generaría “deterioros del medio ambiente”, y que su aplicación produciría una exclusión de las empresas estadounidenses que invertían en México. AMLO informó –luego de su reunión con Kerry– que Washington pretendía “imponer un grupo para vigilarnos, para observar [los debates sobre las normativas eléctricas]. Eso no lo permite nadie. A lo mejor en otros tiempos, con gobiernos sumisos, entreguistas, pero ya no son los tiempos de antes”.

La contrariedad por las nuevas regulaciones eléctricas se suma al peligro –conjeturado por los funcionarios estadounidenses– de una potencial utilización del litio mexicano por parte de las empresas chinas. La nacionalización del mineral fue aprobada el último martes luego de que su precio internacional se incrementara un 400% en el último año. El litio es uno de los componentes centrales de las baterías necesarias para la fabricación de vehículos eléctricos. La empresa automotriz Tesla –del mega-millonario Elon Musk– aparece como uno de las impulsoras de las presiones diplomáticas y coercitivas para garantizarse dicho insumo y evitar que esos recursos lleguen a impulsar la competencia de los autos producidos por Beijing.

La producción del mineral tendría que aumentar un 500% hasta 2050 para poder hacer frente a la reconversión productiva que se pretende para la industria automotriz. El Servicio Geológico de los Estados Unidos cuantifica las tenencias de su vecino en 1,7 millones de toneladas –el 2,3% de las reservas mundiales–. El líder es Bolivia, con 21 millones, y en segundo lugar aparece la Argentina, con 19 millones.

El 24 de julio de 2020 Musk respondió a una imputación sobre su participación en el golpe contra Evo Morales, promovido y avalado por el Departamento de Estado: “Nosotros derrocaremos a quién queramos”. Según Kenneth Smith, un contratista de la embajada, Washington y Ottawa podrían impugnar la nacionalización del litio en México ya que vulnera algunos de los acuerdos alcanzados en el T-MEC (Tratado de libre comercio firmado por Canadá, México y Estados Unidos). El tema de fondo es el temor a que China pueda acceder a alguna porción de esa cadena de valor, o a comprarle directamente al Estado su producto.

La ofensiva no es solo contra México o la Argentina. La Casa Blanca ha repudiado abiertamente la neutralidad de los BRICS (alianza económica y política compuesta por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) en relación con la intervención militar en Ucrania. Sin embargo, el último martes el ministro de Economía de Jair Bolsonaro, Paulo Guedes, le respondió al Departamento de Estado anunciando que propondrá la candidatura argentina para ingresar al Nuevo Banco de Desarrollo del grupo de los BRICS.

La arremetida de la administración Biden también se vio frustrada en Panamá, donde se hicieron presentes Antony Blinken y Alejandro Mayorkas, secretarios de Estado y de Seguridad Nacional. La visita pretendió impulsar algún tipo de restricción a las embarcaciones con productos chinos o rusos a través del canal, pero sus peticiones no fueron consentidas. En el caso de Honduras, pese a las resistencias del gobierno de Xiomara Castro, la dependencia financiera de las remesas provenientes de familiares residentes en Estados Unidos impuso un alineamiento respecto de la situación de Ucrania.

Venezuela es paradójicamente una de las más favorecidas. Dada la soberanía adquirida por ese país desde 1999, Biden carece de mecanismos extorsivos (políticos, comerciales o militares), al tiempo que implora volcar barriles de petróleo al mercado internacional para evitar la espiral inflacionaria a nivel global. Lo mismo se intentó con Arabia Saudita, país al que se le solicitó aumentar la producción de petróleo para bajar su precio y socavar de esa manera la obtención de recursos de Moscú. El reino, sin embargo, se negó a incrementar la producción.

En el caso de Cuba la situación es ambivalente. Por primera vez desde 2018, el 21 de abril se llevaron a cabo reuniones entre funcionarios estadounidenses y cubanos para darle continuidad a los acuerdos migratorios incumplidos por las autoridades de Washington en los últimos cuatro años. Estos encuentros concedidos por la administración de Biden buscan descomprimir los niveles de confrontación con América Latina y el Caribe –sin dejar de extorsionar– para volver a priorizar lo que los think tanks demócratas denominan la “emergencia euroasiática”.

Sin embargo, las sanciones contra Putin parecen hacer más mella en sus socios que en Moscú: a principios de febrero partió desde Rusia un carguero con una donación de 19.526 toneladas de trigo para La Habana. El embajador ruso en La Habana, Andréi Guskov, explicó que la demora se debió a la desconexión de varios bancos rusos del sistema SWIFT, que impidieron abonar el flete.

Quien no parece contar con ese tipo de problemas es Colombia, el único que sigue a pie juntillas las recomendaciones de Washington. Mientras Iván Duque sigue sin dar explicaciones sobre las cotidianas masacres de dirigentes sociales y campesinos, sus autoridades se suman de forma automática a todas las medidas y discursos solicitados por la Casa Blanca. El jueves la vocera del Ministerio de Asuntos Exteriores de la Federación de Rusia, María Sajárova, destacó en un comunicado que “tomamos nota de las declaraciones del Presidente de Colombia sobre las relaciones ruso-colombianas. Lamentamos que las hiciera en el espíritu de la retórica negativa impuesta a otros países por el gobierno de Estados Unidos”.

La embestida contra China –promovida por Washington– incluye zanahorias y augurios: se les repite a los gobiernos de América Latina y el Caribe que en el futuro podrán sustituir segmentos de las cadenas de suministro, hoy controlados por China, presagiando una nueva etapa de deslocalización (nearshoring) que impulsaría el crecimiento del subcontinente, si es que son capaces de ofrecer mercados internos reducidos y salarios exiguos.

El modelo promovido por la administración Biden es el de una fragmentación permanente de la economía mundial, con dos circuitos alternativos de comercio y cooperación internacional basados en bloques geopolíticos. Para lograr ese objetivo deberá esmerarse en cortar sólidos lazos e impedir –de forma simultánea– que Eurasia no logre eludir el apartheid impuesto.

El novelista Henry Miller deslizó, poco tiempo antes de su fallecimiento, una duda que inquieta de forma punzante a los analistas internacionales: “Mi única duda es saber si Estados Unidos acabará con el mundo, o si el mundo va a acabar con Estados Unidos”.

Jorge Elbaum. Sociólogo, doctor en Ciencias Económicas, analista senior del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)

12 de marzo de 2022

¿Hemos entrado ya a una nueva era?

Humberto Campodónico

La invasión rusa a Ucrania redefine los principales ejes de la geopolítica global, en medio de una lucha por la hegemonía y una crisis de cambio climático. Las metas de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero al 2050 (que no se están cumpliendo), ahora incluso ya están siendo cuestionadas pues EE. UU. (y otros países), han prohibido las importaciones de hidrocarburos de Rusia para “castigarla”, lo que da lugar a un enorme aumento de precios y, también, a la necesidad de nuevas fuentes de producción.

Esto contradice la meta de emisiones cero al 2050 de la COP de París, que plantea avanzar a la transición energética con recursos no contaminantes (solar, eólica, autos eléctricos). Sucede que las petroleras están invocando la “seguridad en el abastecimiento” para aumentar la inversión y la producción de hidrocarburos, como lo acaba de decir, en CeraWeeks en Houston, Darren Woods de Exxon Mobil (Financial Times, 7/3/2022)).

En esa misma línea, EE. UU. mandó el lunes una misión a Caracas para retomar las relaciones rotas en el 2019 y comprarle crudo. Todo fue “muy cordial”, Maduro dixit. ¿Será? Venezuela, que hace diez años producía 2.7 millones de barriles diarios (mmbd), en el 2020 apenas llegó al millón. Un aumento de un (1) mmbd equivaldría a un ingreso anual adicional de US$ 44,000 millones, a US$ 120/barril. Obvio que la “realpolitik” USA ya hundió al “presidente” Guaidó.

EE. UU. ha decretado otras sanciones a Rusia, entre ellas quitarle el SWIFT para las transacciones bancarias y financieras y castigar a unas docenas de allegados al régimen. Dice Thomas Piketty que estas medidas castigan, sobre todo, al pueblo ruso. Propone un registro financiero internacional (que “lleve la cuenta de quién posee qué en los distintos países”) de las personas que tengan más de € 10 millones en activos inmobiliarios y financieros, unas 20,000 personas (el 0,02% de la población rusa adulta).

Dice Piketty que el miedo a la transparencia es una de las contradicciones principales: “se exagera el enfrentamiento entre ‘democracias’ y ‘autocracias’, olvidando que los occidentales comparten con Rusia y China una ideología hipercapitalista desenfrenada y un sistema jurídico, fiscal y político cada vez más favorable a las grandes fortunas. En Europa y EEUU se hace todo lo posible por distinguir a los útiles y meritorios ‘empresarios’ occidentales de los dañinos y parasitarios ‘oligarcas’ rusos, chinos, indios o africanos. Pero la verdad es que tienen mucho en común” (1). Ajá.

Hay muchas cosas más, pero hay que ir a lo esencial. Dice Noam Chomsky: “El hecho crucial más incontestable es que la invasión rusa a Ucrania es un crimen de guerra mayor, junto a la invasión de EE. UU. a Irak y la de Hitler-Stalin a Polonia en 1939, para solo dar dos ejemplos. Siempre tiene sentido buscar explicaciones, pero no hay justificación ni atenuantes” (2). De acuerdo.

Dicho esto, Chomsky repasa en detalle todas las veces que EE. UU. prometió a Rusia no incluir a Ucrania en la OTAN. Destaca el exembajador de EE. UU. en Rusia Jack Matlock: “Como la principal demanda de Putin era la garantía de que la OTAN no aceptará más miembros, en particular Ucrania o Georgia, obviamente la crisis actual no se habría producido si no se hubiera expandido la OTAN al final de la guerra fría o si esta se hubiera dado en armonía con una estructura de seguridad en Europa que incluyera a Rusia”. Pero Bush, Obama, Trump y Biden insistieron “ya que hay intereses imperiales plausibles” (ídem).

Se trata de la lucha de EE. UU. por mantener la hegemonía mundial en el siglo XXI, que hoy toma la forma de “democracia vs. autoritarismo”. Rusia es solo el primer palitroque. La pelea de fondo, como se sabe, es con China. Por eso, sería clave una política de no alineamiento con las potencias, lo que no significa la neutralidad. El conflicto de resolverse, ya, ahora, por la vía pacífica, respetando el derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas (3). Mientras, la lucha por salvar al planeta del cambio climático va perdiendo batallas.

¿Hemos entrado ya a una nueva era?

1) Sancionar a los oligarcas, no al pueblo, EL PAÍS, 6/3/2022. https://bit.ly/3tEpGpP

2) Chomsky, Noam, No hay ganadores, 1/3/2022. https://bit.ly/37mjXO5

3) Humberto Campodónico, Discurso racional puesto de lado, 28/2/2022. https://bit.ly/3Csk2LB

17 de febrero de 2022

La crisis de Ucrania no tiene que ver con Ucrania, sino con Alemania

Mike Whitney

“El interés primordial de Estados Unidos., por el que hemos luchado en guerras durante un siglo (la Primera y la Segunda Guerra Mundial, y la Guerra Fría), han sido las relaciones entre Alemania y Rusia, porque unidos son la única fuerza que nos puede suponer una amenaza. Y para asegurarnos de que eso no ocurre”, George Friedman, presidente de STRATFOR, en el Chicago Council on Foreign Affairs [Consejo de Chicago para Asuntos Mundiales].

La crisis de Ucrania no tiene nada que ver con Ucrania, sino con Alemania y, en particular, con un oleoducto que une Alemania con Rusia llamado Nord Stream 2. Washington lo considera una amenaza a su primacía en Europa y ha tratado continuamente de sabotear el proyecto. Con todo, el proyecto Nord Stream ha seguido adelante y ahora está totalmente operativo y listo para funcionar. En cuando las instituciones alemanas concedan la certificación final empezará el suministro de gas. Los propietarios de viviendas y las empresas alemanas tendrán de una fuente fiable de energía limpia y barata, mientras que Rusia verá aumentar considerablemente sus ingresos provenientes del gas. Es una situación en que ambas partes salen beneficiadas.

Los altos cargos de la política exterior estadounidense no está contentos con esta situación. No quieren que Alemania dependa más del gas ruso porque el comercio genera confianza y la confianza lleva a expandir el comercio. A medida que las relaciones se vuelven más cálidas, se levantan más barreras aduaneras, se flexibilizan las regulaciones, aumentan los viajes y el turismo y se crea una nueva estructura de seguridad. En un mundo en el que Alemania y Rusia son amigos y socios comerciales no hay necesidad de bases militares estadounidenses, no se necesitan caros armamentos y sistemas de misiles fabricados en Estados Unidos ni tampoco se necesita la OTAN. Tampoco hay necesidad de negociar en dólares estadounidenses un acuerdo de energía ni de acumular títulos del Tesoro de Estados Unidos para equilibrar las cuentas. Las transacciones entre socios comerciales se pueden llevar a cabo en las propias divisas, lo que provocará un fuerte descenso del valor del dólar y un cambio drástico en el poder económico. Estos son los motivos por los que el gobierno Biden se opone a Nord Stream. No es un simple oleoducto, es una ventana hacia el futuro, un futuro en el que Europa y Asia se acercan en una inmensa zona de libre comercio que aumenta su poder y prosperidad mutuos al tiempo que deja fuera a Estados Unidos. Unas relaciones más cálidas entre Alemania y Rusia señalan el fin de un orden mundial “unipolar” que Estados Unidos ha supervisado durante 75 años. Una alianza germano-rusa amenaza con precipitar el declive de la superpotencia que actualmente se acerca lentamente al abismo. Esa es la razón por la que Washington está decidido a hacer cuanto pueda para sabotear Nord Stream y mantener a Alemania dentro de su órbita. Es una cuestión de supervivencia.

Aquí es donde Ucrania entra en escena. Ucrania es el “arma elegida” por Washington para torpedear Nord Stream y abrir una brecha entre Alemania y Rusia. La estrategia está tomada de la primera página del Manual de Política Exterior de Estados Unidos bajo el epígrafe “Divide y vencerás”. Washington necesita crear la sensación de que Rusia supone una amenaza para la seguridad de Europa, ese es lo objetivo. Necesita mostrar que Putin es un agresor sediento de sangre y con un carácter muy irritable en el que no se puede confiar. Para lograrlo se ha encargado a los medios de comunicación la misión de repetir una y otra vez “Rusia planea invadir Ucrania”. Lo que no se dice es que Rusia no ha invadido ningún país desde que disolvió la Unión Soviética, mientras que en ese mismo periodo de tiempo Estados Unidos ha invadido países o ha derrocado sus regímenes en más de 50 países y que Estados Unidos mantiene más de 800 bases militares en países de todo el mundo. Los medios de comunicación no informan de nada de esto, sino que ponen el foco de atención en el “malvado Putin”, que ha concentrado a unos 100.000 soldados a lo largo de la frontera ucraniana, lo que amenaza con sumir a toda Europa en otra guerra sangrienta.

Toda la histérica propaganda de guerra se crea con la intención de fabricar una crisis que se puede utilizar para aislar, criminalizar y, en última instancia, dividir Rusia en unidades más pequeñas. Sin embargo, el verdadero objetivo no es Rusia, sino Alemania. Vean este extracto de un artículo de Michael Hudson publicado en The Unz Review: “La única manera que les queda a los diplomáticos estadounidenses de bloquear las compras europeas es incitar a Rusia a una respuesta militar y afirmar después que vengar esta respuesta es mucho más importante que cualquier interés económico puramente nacional. Como explicó la perteneciente a la línea dura subsecretaria de Estado para Asuntos Políticos, Victoria Nuland, en una rueda de prensa del Departamento de Estado el 27 de enero: «Si de una manera u otra Rusia invade Ucrania, Nord Stream 2 no avanzará»”. (“America’s Real Adversaries Are Its European and Other Allies”, The Unz Review)

Está muy claro: el equipo de Biden quiere “incitar a Rusia a una respuesta militar” para sabotear NordStream, lo que implica que habrá algún tipo de provocación destinada a inducir a Putin a enviar sus tropas a través de la frontera para defender a las personas de origen étnico ruso en la parte oriental del país. Si Putin cae en la trampa, la respuesta será rápida y contundente. Los medios de comunicación vilipendiarán la acción como una amenaza para toda Europa, mientras que los líderes de todo el mundo denunciarán que Putin es el “nuevo Hitler”. Esta es, en pocas palabras, la estrategia de Washington y todo ello con un objetivo en mente: conseguir que para el canciller alemán Olaf Scholz sea políticamente imposible dar el aprobado final a NordStream.

Dado que conocemos la oposición de Washington a Nord Stream, los lectores se pueden preguntar por qué a principios de año el gobierno Biden presionó al Congreso estadounidense para que NO impusiera más sanciones al proyecto. La respuesta es sencilla: la política interna. En estos momentos Alemania está desmantelando sus centrales nucleares y necesita gas natural para compensar el déficit energético. Además, la amenaza de sanciones económicas desagrada a los alemanes, que las consideran una señal de intromisión extranjera. “¿Por qué se entromete Estados Unidos en nuestras decisiones sobre cuestiones de energía?”, se pregunta el alemán medio. “Washington se debería ocupar de sus propios asuntos y no meterse en los nuestros”: esta es precisamente la respuesta que cabría esperar de cualquier persona razonable.

Y entonces, tenemos esta cita de Al Jazeera: “La mayoría de la población alemana apoya el proyecto, solo parte de la élite y de los medios está en contra del oleoducto […]. «Cuanto más habla Estados Unidos de sanciones o critica el proyecto, más popular se vuelve entre la sociedad alemana», afirmó Stefan Meister, experto en Rusia y Europa del Este del Consejo Alemán de Relaciones Exteriores” (“Nord Stream 2: Why Russia’s pipeline to Europe divides the West”, Al Jazeera).

De modo que la opinión pública respalda firmemente Nord Stream, lo que ayuda a explicar por qué Washington se ha decidido por una nueva estrategia. Las sanciones no van a funcionar, así que el Tío Sam ha pasado al Plan B: crear una amenaza exterior lo suficientemente grande como para que Alemania se vea obligada a bloquear la inauguración del oleoducto. Francamente, la estrategia huele a desesperación, pero la perseverancia de Washington es impresionante. Puede que vayan perdiendo por 5 carreras en la parte baja de la novena, pero todavía no han tirado la toalla. Van a hacer un último intento y ver si pueden avanzar.

El lunes el presidente Biden celebró su primera rueda de prensa conjunta con el canciller alemán Olaf Scholz en la Casa Blanca. El evento estuvo rodeado de un bombo sin precedentes. Se había organizado todo para fabricar un “ambiente de crisis” que Biden utilizó para presionar al canciller en dirección a la política estadounidense. A principios de esta semana la portavoz de la Casa Blanca Jen Psaki afirmó repetidamente que “era inminente una invasión rusa”. A sus comentarios siguieron los del portavoz del Departamento de Estado, Nick Price, que afirmó que las agencias de inteligencia le habían proporcionado detalles de una supuesta operación de “falsa bandera” respaldada por Rusia que esperaban tuviera lugar en un futuro cercano al este de Ucrania. A la advertencia de Price siguió el domingo por la mañana la afirmación del asesor de seguridad nacional Jake Sullivan de que se podía producir una invasión rusa en cualquier momento, tal vez “incluso mañana”. Esto ocurría solo unos días después de que la agencia Bloomberg News publicara su titular sensacionalista y completamente falso de que “Rusia invade Ucrania”.

¿Pueden ver el modelos que se sigue aquí? ¿Pueden ver cómo se utilizaron todas estas afirmaciones sin fundamento para presionar al desprevenido canciller alemán, que parecía ajeno a la campaña que se dirigía contra él?

Como era de esperar, el golpe final lo asestó el propio presidente estadounidense. Durante la rueda de prensa, Biden afirmó rotundamente que “si Rusia invade […] ya no habrá un Nord Stream 2. Acabaremos con él”.

Así pues, ¿Estados Unidos dicta ahora la política que debe seguir Alemania???

¡Qué arrogancia insoportable!

Al canciller alemán le sorprendieron los comentarios de Biden, que claramente no estaban en el guion original. Con todo, en ningún momento Scholz aceptó cancelar Nord Stream y se negó incluso a mencionar el gaseoducto por su nombre. Si Biden pensaba que podría forzar al líder de la tercera economía del mundo acorralándolo en un foro público, se equivocaba. Alemania sigue dispuesta a poner en marcha Nord Stream, independientemente de los posibles conflictos en la lejana Ucrania. Pero esto podría cambiar en cualquier momento. A fin de cuentas, ¿quién sabe qué provocaciones podría estar planeando Washington en un futuro próximo?¿Quién sabe cuántas vidas están dispuestos a sacrificar abrir una brecha entre Alemania y Rusia? ¿Quién sabe qué riesgos está dispuesto a asumir Biden para ralentizar el declive de Estados Unidos y evitar que emerja un nuevo orden mundial “policéntrico”? Cualquier cosa podría ocurrir en las próximas semanas. Cualquier cosa.

Por ahora Alemania está en una posición de ventaja. Corresponde a Scholz decidir cómo solucionar el asunto. ¿Implementará la política que mejor sirva a los intereses del pueblo alemán o cederá al implacable pulso de Biden? ¿Trazará un nuevo rumbo que fortalezca nuevas alianzas en el agitado corredor euroasiático o apoyará las enloquecidas ambiciones geopolíticas de Washington? ¿Aceptará el papel fundamental de Alemania en un nuevo orden mundial en el que muchos centros de poder emergentes comparten en pie de igualdad la gobernanza global y en el que los dirigentes siguen comprometidos sin fisuras con el multilateralismo, el desarrollo pacífico y la seguridad para todos o tratará de apoyar el maltrecho sistema de la posguerra que ha superado a todas luces su vida útil?

Una cosa es segura: decida lo que decida Alemania, nos afectará a todos nosotros.

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos