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2 de diciembre de 2023

Murió Henry Kissinger, el criminal de guerra que ganó un premio Nobel

Álvaro Verzi Rangel

La infamia de la política exterior de Richard Nixon se ubica, eternamente, al lado de la de los peores asesinos en masa de la historia. Una vergüenza más profunda pesa sobre el país que lo celebre. Henry Kissinger murió el miércoles en su casa de Connecticut. El célebre criminal de guerra tenía 100 años, señala la revista Rolling Stones.

Con una mera garantía de asesinatos confirmados, el peor asesino en masa jamás ejecutado por Estados Unidos fue el terrorista supremacista blanco Timothy McVeigh. El 19 de abril de 1995, McVeigh detonó una bomba masiva en el edificio federal de Murrah en Oklahoma City, matando a 168 personas, entre ellas 19 niños. El gobierno mató a McVeigh por inyección letal en junio de 2001.

McVeigh, que a la manera de su propia psicótica pensó que estaba salvando a Estados Unidos: nunca mató ni remotamente en la escala de Kissinger, el gran estratega estadounidense más venerado de la segunda mitad del siglo XX.

El historiador de la Universidad de Yale Greg Grandin, autor de la biografía Kissinger-s Shadow, estima que las acciones de Kissinger de 1969 a 1976, un período de ocho años breves en el que Kissinger hizo política exterior de Richard Nixon y luego Gerald Ford como asesor de seguridad nacional y secretario de Estado, significara el fin de entre tres y cuatro millones de personas.

Eso incluye crímenes de comisión, explicó, como en Camboya y Chile, y omisión, como la luz verde del derramamiento de sangre de Indonesia en Timor Oriental; el derramamiento de sangre de Pakistán en Bangladesh; y la inauguración de una tradición estadounidense de usar y luego abandonar a los kurdos.

Dicen que no hay mal que dure cien años, y Kissinger está corrigiendo ese dicho para probar que están equivocados. No hay duda de que será aclamado como un gran estratega geopolítico, a pesar de que acabó con la mayoría de las crisis, lo que llevó a una escalada. Tendrá crédito por abrir China, pero esa era la idea y la iniciativa originales de De Gaulle.

Será alabado por la distensión, y eso fue un éxito, pero socavó su propio legado al alinearse con los neoconservadores. Y por supuesto, se alejó de la escoria libre de Watergate, aunque su obsesión con Daniel Ellsberg realmente impulsó el crimen.

El que fuera máximo máximo exponente de la política internacional estadounidense deja un legado criminal. A Kissinger se le recordará por su respaldo a dictaduras como las de Argentina entre 1976 y 1983 y los últimos años del régimen de Francisco Franco en España (terminado con la muerte del dictador en 1975), su papel en La Operación Cóndor para reprimir y aniquilar a opositores latinoamericanos de izquierda o su apoyo al golpe de Estado contra el presidente constitucional Salvador Allende en Chile, en 1973.

Al comparecer ante el Comité del Comité de Relaciones Internacionales del Senado el 7 de setiembre sobre su nombramiento para secretario d Estado, Kissinger prometió colaborar estrechamente con el Congreso en la conducción de la política exterior para “una paz duradera”.

Con su áspera e imponente presencia y su manipulación del poder tras bambalinas, Kissinger ejerció una inusual influencia en los asuntos mundiales durante el gobierno de los presidentes Richard Nixon y Gerald Ford, labores por las que fue repudiado y también ganó el premio Nobel de la Paz. Varias décadas más tarde, su nombre seguía siendo objeto de un apasionado debate sobre hitos diplomáticos del pasado.

El poder de Kissinger aumentó durante el escándalo de Watergate, cuando el diplomático asumió un rol similar al de copresidente al lado de un debilitado Nixon. Después de dejar el gobierno, Kissinger se vio asediado por críticos que señalaban que debió ser llamado a rendir cuentas por sus políticas en el sudeste asiático y por el apoyo a regímenes represivos en Latinoamérica.

Un estilo era trabajar fuera de la maquinaria oficial del Departamento de Estado y el servicio exterior, que, según él, había debilitado la diplomacia estadounidense de su vigor y creatividad. Los “canales traseros” con los rusos, los chinos y casi todos los demás se adaptaban al gusto de Nixon por la conspiración. Y se adaptaban a su propio anhelo de estar en el centro de la acción, tirando de las cuerdas.

Los escépticos e intelectuales dijeron que había sacrificado los principios de Estados Unidos y más de un millón de vidas. Había seguido luchando en Vietnam y llevado la guerra a Camboya y Laos en nombre de la “credibilidad” estadounidense. Había bendecido un genocidio paquistaní en lo que se convirtió en Bangladesh, porque Pakistán lo estaba ayudando con China.

Había planeado golpes de estado y asesinatos en Chile y una insurgencia en Angola, porque pensaba que los países caerían como fichas de dominó ante las conspiraciones soviéticas. Cuando ganó el Premio Nobel de la Paz en 1973, Christopher Hitchens, un periodista británico, dijo que debería haber sido juzgado por crímenes de guerra, y la acusación perduró.

Recuerdos macabros

En toda América latina se lo recordará por su respaldo a dictaduras como las del general Jorge Videla en Argentina , Augusto Pinochet en Chile y Juan María Bordaberry (y sus seguidores) en Uruguay. En especial por su destacado papel en la Operación Cóndor para reprimir a opositores latinoamericanos y por su participación en el golpe de Estado contra Salvador Allende en Chile en 1973. En España, la atención está centrada en el soporte que le dio a los últimos años al régimen de Francisco Franco.

No hay mal que dure cien años, decían los paraguayos que soportaron la dictadura del general Alfredo Stroessner por 35 años (1954-1989), que tuvo el apoyo incondicional de Kissinger, también.

La historia de Doctor K comenzó en Fürth, Baviera, Alemania, el 27 de mayo de 1923, en el seno de una familia judía. Baviera fue escenario del tubo de probeta de un proyecto mesiánico: el putsch de la cervecería, por el cual Adolf Hitler fue preso. Quince años más tarde, cuando se aprestaba a desencadenar la Segunda Guerra, la familia Kissinger huyó de Alemania hacia Estados Unidos.

Heinz, ya convertido en Henry, se sumó al Ejército estadounidense y, como soldado enemigo, regresó a Alemania, en su condición de bilingüe y como parte de la inteligencia militar en la batalla de las Ardenas.

Tras la guerra se graduó con honores en Ciencias Políticas en Harvard. A fines de los 50, Kissinger ya contaba con un padrinazgo político, el de Nelson Rockefeller, miembro de una de las familias más ricas del país, que tenía ambiciones políticas y sumó a Kissinger como asesor.

En 1959, Rockefeller se convirtió en gobernador de Nueva York. Desde esa posición buscó un año más tarde ser candidato presidencial republicano. Perdió la nominación ante el hombre que pondría a Kissinger en primerísimo plano una década más tarde: el entonces vicepresidente, Richard Nixon.

Cuatro años más tarde, Barry Goldwater, un senador de extrema derecha, postergó las ambiciones de Rockefeller quien volvió a fallar en 1968. Ese año marcó el renacimiento político de Nixon, que ganó las primarias y derrotó al demócrata Hubert Humphrey. Kissinger, el colaborador de Rockefeller fue nombrado al frente del Consejo de Seguridad Nacional.

Militarizar del sudeste asiático, a los bombazos

Nixon había llegado a la Casa Blanca con la promesa de repatriar a las tropas de Vietnam. La guerra era impopular, tanto como notable era el estancamiento ante un enemigo inferior. Nixon redujo la presencia militar, pero incrementó los bombardeos, con el fin buscado por Kissinger: extender la militarización del sudeste asiático.

En acción diseñada por el Doctor K, los militares estadounidenses comenzaron a incursionar en la vecina Camboya para atacar desde allí al Vietcong. Como respuesta, Vietnam del Norte derivó esfuerzos en apoyo del enemigo del dictador Lon Noi en la guerra civil que sufría Camboya desde 1967: los Jemeres Rojos. Los mismo pasó en Laos, otro país vecino de Vietnam, también sumergido en un conflicto interno, y que, como Camboya, sufrió la incursión militar ordenada por Nixon. Los bombardeos no dejaron un solo edificio en pie.

Mientras, Kissinger sumaba puntos en una delicada misión: el inicio de las relaciones de Estados Unidos con la China de Mao. A mediados de 1971 viajó en secreto a Pekín, se reunió con el primer ministro Zhou Enlai y sentó las bases para la visita de Nixon, en febrero del año siguiente.

A su vuelta de China, míster K armó la estrategia de apoyo a Pakistán en su guerra con India, un conflicto que derivó de la guerra de independencia de Bangladesh, hasta entonces una provincia paquistaní. India se impuso después de tres semanas. Kissinger evaluó la posibilidad de que la Unión Soviética se expandiera allí a partir de un tratado de amistad con India. Usó el viaje a China para convencer a Zhou de la conveniencia de aliarse con Washington: los chinos eran aliados de Pakistán.

A comienzos de 1973 logró ubicarse en el centro de las luces. París fue el lugar elegido para las negociaciones de paz con Vietnam del Norte. El interlocutor era Le Duc Tho, quien planteó la imposibilidad de un acuerdo si primero no terminaban los bombardeos. Finalmente, el consejero firmó la retirada de las tropas estadounidenses y la desmilitarización de Vietnam del Sur. La guerra continuó dos años y medio más, hasta la victoria norvietnamita sobre el sur.

La controversia sobre el Nobel a Kissinger aún se mantiene. Ha habido campañas para que se le retire el premio, a la luz de sus antecedentes. Las críticas se incrementan si se tienen en cuenta las fechas. El Nobel fue otorgado un mes después de uno de los hechos más dramáticos de América Latina en el último medio siglo, y que significó la expansión del anticomunismo kissingeriano al Cono Sur: el golpe militar en Chile.

Chile

El ascenso de la Unidad Popular de Salvador Allende había sido un mazazo para Nixon en 1970. Estados Unidos empezó a desestabilizar al primer presidente marxista elegido en elecciones libres. El propio Nixon sostenía que los chilenos se habían equivocado con  Allende y que la Casa Blanca debía enmendar el error.

Kissinger sostuvo la postura de Nixon con estas palabras: “No veo por qué tenemos que esperar y permitir que un país se vuelva comunista debido a la irresponsabilidad de su propio pueblo”. Quedó al frente del Comité 40, una mesa chica integrada por la CIA, el Departamento de Estado y el de Defensa, que motorizó la acción contra Allende. El 11 de septiembre de 1973, la amenaza de la vía chilena al socialismo fue reemplazada por una dictadura brutal, la del general Augusto Pinochet.

A las dos semanas de iniciado el régimen de Pinochet, Kissinger fue ascendido al frente del Departamento de Estado, desde donde lidió con la diplomacia estadounidense, con la cuestión de Oriente Medio. Apenas asumido, Egipto atacó a Israel, en lo que marcó el inicio de la guerra de Yom Kippur.

El apoyo de Washington a Israel provocó el embargo petrolero de la OPEP, punto de arranque de la crisis del petróleo. Kissinger monitoreó las negociaciones de paz, que culminaron en mayo de 1974 y serían un precedente para los posteriores acuerdos de Camp David, que significaron una victoria diplomática final para Nixon, jaqueado ya por el escándalo Watergate.

En algunos círculos de Washington, entre los intrigados por la verdadera identidad de Garganta Profunda (la principal fuente de The Washington Post) se barajaba el nombre de Kissinger. La sospecha recién terminó en 2005, cuando Mark Felt, número 2 del FBI durante el escándalo, admitió haber sido la fuente. Caído Nixon en agosto del 74, asumió Gerald Ford, que confirmó a Kissinger como canciller y propuso el como vicepresidente al gran soporte de Kissinger en su ascenso: Nelson Rockefeller.

Anticomunismo ante todo

1975 fue el año en el que el doctor K ramificó su influencia a otros lugares del mundo. En África, impidió que el Sahara Occidental tuviera su autodeterminación. El territorio era un protectorado español y estaba la promesa de que el pueblo saharaui tendría su gobierno. Sin embargo, Estados Unidos impulsó a Marruecos, en plena agonía de Francisco Franco.

El rey Hassan II movilizó a miles de súbditos en la Marcha Verde y España cedió. El Sahara Occidental quedó ocupado desde entonces por Marruecos. Kissinger pensaba que el autogobierno saharaui podría convertir al territorio en un enclave soviético. Esa tesis estaba apoyada por lo que pasaba en Angola, la antigua colonia portuguesa que consiguió su independencia en 1975 y donde se desató una guerra civil en la que el Movimiento Popular de Liberación de Angola contó con el apoyo de Cuba para salvaguardar su independencia.

Marruecos lleva más de 30 años alargando plazos y torpedeando la celebración de un referéndum de autodeterminación, mientras que EEUU toma posiciones cada vez más favorables a su causa. El Sáhara, moneda de cambio para la restauración borbónica en España.

En ese 1975 Kissinger volvió a estremecer el sudeste asiático. Otra antigua colonia portuguesa, Timor Oriental, iba camino de independizarse. Ford y Kissinger vieron con preocupación que llegara a tener un gobierno de izquierda. Entonces dieron luz verde a la invasión de Indonesia. El dictador Suharto, un aliado de la Casa Blanca, ocupó la isla y provocó una sangrienta represión.

Indonesia era un bastión anticomunista y el espejo para diseñar lo que sería la Operación Cóndor en el Cono Sur, la red de coordinación entre dictaduras latinoamericanas para reprimir a la población civil.

El sostén de Videla y Pinochet

En 1976 Kissinger afrontó el que sería su último año en la cúspide, y América Latina se convirtió en el principal tema de su agenda. Estados Unidos vio con buenos ojos la llegada al poder en la Argentina de la dictadura genocida. Tras lo sucedido en Chile, aconsejó a lo militares argentinos: instó a la Junta Militar a actuar en la clandestinidad, evitando imágenes como las que el pinochetismo ofrecía en el Estadio Nacional.

El canciller de la dictadura argentina, el vicealmirante César Guzzetti, le recomendó que la metodología de los centros clandestinos fuera rápida para evitar cualquier cuestionamiento. Así se habría plantado la semilla del acuerdo de la dictadura con Burson Masteller, la agencia de publicidad contratada por el régimen de Videla para contrarrestar la «campaña antiargentina». El 21 de junio de 1978, junto con Videla, Kissinger presenció el 6 a 0 de la Argentina a Perú por la Copa del Mundo.

En esos meses del 76, el Secretario quedó en el ojo de la tormenta por el atentado que le costó la vida a Orlando Letelier, excanciller de Salvador Allende. Una bomba en su coche lo mató a él y a su secretaria estadounidense el 21 de septiembre de 1976, a pocas cuadras de la Casa Blanca. La cercanía de los republicanos con Pinochet generó críticas, en plena campaña electoral.

En el llano

Desde el 20 de enero de 1977, cuando Jimmy Carter asumió como presidente,  terminó la era Kissinger. Carter rompió con la lógica del Secretario y criticó a las dictaduras latinoamericanas. El doctor K, con 53 años, pasó a la actividad privada  a través del lobby. Se integró a la Corporación RAND (Research and Development, en castellano, Investigación y Desarrollo), una organización que financia el gobierno de Estados Unidos y ofrece servicios de asesoría al Pentágono. En rigor, el vínculo venía desde los años 50 y se habría mantenido mientras fue funcionario de Nixon y Ford.

A esto se suma su presencia en el Grupo Bilderberg, en donde coincidió con el hermano menor de Rockefeller, David. Es un grupo cerrado, que reúne a políticos y grandes empresarios. Es tan hermético que ha dado pie a teorías conspirativas. La presencia de Kissinger como miembro no ayudó a darle prestigio: todo lo contrario.

En 1979 trató de blanquear su imagen con Los años en la Casa Blanca, su libro de memorias. Ya nonagenario, se lo ha visto en el Foro de Davos e incluso se reunió en la Casa Blanca con Donald Trump.

Fue a partir de 1998 cuando la posibilidad de juzgar a Kissinger comenzó a tomar forma. Ese año Pinochet fue detenido en Londres y el rol de Estados Unidos en la dictadura chilena volvió a ser discutido. La apertura de documentos clasificados contribuyó a los cuestionamientos contra el antiguo secretario. El periodista y escritor inglés Christopher Hitchens le dedicó un volumen, Juicio a Kissinger,  compendio de su historial.

Hitchens, fallecido en 2011, estimó que el arresto de Pinochet abría una nueva era en la cual Kissinger podía y debía dar cuentas ante la Justicia.  “Desde el principio de la administración Nixon hasta el fin de la administración Ford las huellas que dejó Kissinger son visibles y van de Vietnam hasta Camboya, pasando por Chile, Bangladesh, Grecia y Timor Oriental. Lo que pasó con él es que continuó siendo un personaje ambiguo, protegido gracias a su gran poder”… y con enorme poder de destrucción de pueblos, en el sacrosanto nombre de la democracia y el anticomunismo.

El genocidio del Jmer Rojo

El nombre de Pol Pot se relaciona con genocidio y masacres de entre 1,7 a cuatro millones de cambodianos (la mitad de la población) desde 1975 hasta principios de 1979.La era de permanente violencia había comenzado en 1970 con la intervención militar y ayuda estadounidense a regímenes corruptos, y se extendió a 1989.Con el comienzo del juicio en Phnom Penh, la capital de Cambodia, a los más connotados asesinos, el asunto volvió a la palestra 30 años después de la caída del régimen de Pol Pot.

Analistas, entre ellos el lingüista y filósofo estadounidense Noam Chomsky, consideran que no solo los dirigentes aún vivos del Jmer Rojo deben ser juzgados por el Tribunal Internacional, sino también el entonces secretario de Estado Henry Kissinger, y otros autores de los bombardeos estadounidenses a Cambodia, causantes de la muerte de más de 600 mil civiles, así como por su respaldo a los criminales, luego de que Vietnam y patriotas cambodianos lograron expulsarlos del poder en enero de 1979.

El primer ministro del hoy Reino de Cambodia, Hun Sen, planteó que «Nadie debe escapar de la justicia. Los Jmer Rojos tienen que ser traídos al Tribunal… pero también aquellos que los apoyaron, deben aparecer allí», como Kissinger

El nombre de Pol Pot se relaciona con genocidio y masacres de entre 1,7 a cuatro millones de cambodianos (la mitad de la población) desde 1975 hasta principios de 1979.La era de permanente violencia había comenzado en 1970 con la intervención militar y ayuda estadounidense a regímenes corruptos, y se extendió a 1989.Con el comienzo del juicio en Phnom Penh, la capital de Cambodia, a los más connotados asesinos, el asunto volvió a la palestra 30 años después de la caída del régimen de Pol Pot.

Analistas, entre ellos el lingüista y filósofo estadounidense Noam Chomsky, consideran que no solo los dirigentes aún vivos del Jmer Rojo deben ser juzgados por el Tribunal Internacional, sino también el entonces secretario de Estado Henry Kissinger, y otros autores de los bombardeos estadounidenses a Cambodia, causantes de la muerte de más de 600 mil civiles, así como por su respaldo a los criminales, luego de que Vietnam y patriotas cambodianos lograron expulsarlos del poder en enero de 1979.

El primer ministro del hoy Reino de Cambodia, Hun Sen, planteó que «Nadie debe escapar de la justicia. Los Jmer Rojos tienen que ser traídos al Tribunal… pero también aquellos que los apoyaron, deben aparecer allí», como Kissinger.

Álvaro Verzi Rangel. Sociólogo  y analista internacional, Codirector del Observatorio en Comunicación y Democracia y analista senior del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

Fuente: https://estrategia.la/2023/11/30/murio-henry-kissinger-el-criminal-de-guerra-que-gano-un-premio-nobel/


2 de agosto de 2022

La decadencia de EE.UU., el ascenso de China y el (des) equilibrio latinoamericano

Álvaro Verzi Rangel

Entre tanta masacre y muertes, entre tanto bombardeo bélico y mediático, fakenews y shitnews, entre amenazas de guerra atómica y de tanto seudoanálisis geopolítico, surge la certeza de la decadencia de Estados Unidos y el ascenso de China, tendencias de larga duración, estructurales, que pueden demorar en concretarse pero parecen hoy inevitables.

El marco presentado por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) supone una indudable advertencia para América Latina y, específicamente, para los BRICS, grupo integrado por las “potencias emergentes” como Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, a los que se sumarán, seguramente este año, ya  que ambos países presentaron oficialmente sus solicitudes de ingreso.

Mientras, el primer ministro conservador británico Boris Johnson, se negó a entablar conversaciones y mucho menos negociaciones sobre las Islas Malvinas y acusó de machista a Vladimir Putin, afirmando que la intervención militar en Ucrania se correspondía con una “masculinidad tóxica”. Putin le recordó al premier de salida que fue Margaret Thatcher quien invadió las Islas del Atlántico Sur, a miles de kilómetros de Londres.

El próximo año será el bicentenario de la injerencista Doctrina Monroe estadounidense, verdadero antecedente de las fórmulas empleadas por la OTAN en Europa En 1829, Simón Bolívar redactó una carta dirigida al coronel Patricio Campbell con una reflexión profética: “Los EEUU parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias, en nombre de la libertad”. Se quedó corto, don Simón: no fue sólo América.

El apoyo ruso y chino a la membresía de Argentina al grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) tiene varias razones: Argentina se presenta como un importante polo de la estabilidad regional, una plataforma para el desarrollo de la cooperación económica, desmilitarización del Atlántico Sur, cooperación espacial y mantenimiento del estatus no nuclear de los países de la región.,

Además, todos los países miembros del BRICS, apoyan el reclamo argentino sobre la soberanía de las islas Malvinas. Es un detalle importantísimo frente a la creciente militarización del mundo, promovida por el eje anglosajón, tomando en cuenta que en las Malvinas se encuentra la base militar de la OTAN más grande en América Latina.

Los expertos advierten y repiten que nunca hubo una transición hegemónica sin guerra. Hoy China ostenta el dominio de las tecnologías de la revolución industrial en curso (inteligencia artificial, redes 5G, computación cuántica, entre otras), quizás parecido al dominio por EEUU, un siglo atrás, de la organización científica del trabajo, la adopción de los avances tecnológicos de la época y su aplicación al arte de la guerra.

Esta confrontación se da en una transición novedosa que involucra regiones y naciones cuya población de diferentes razas y colores, que involucra una historia de colonialismo y racismo de Occidente contra Oriente, del Norte contra el Sur.

Hoy, EEUU, la potencia decadente, depende de China, la ascendente, porque sus economías están entrelazadas. China acaba de comprar 292 aviones comerciales a Airb, la competidora europea de Boeing, que pidió al gobierno Biden un «diálogo productivo» con China, porque no puede prescindir de ese mercado-

Boeing lo dice claro: «Las ventas de aviones Boeing a China respaldan históricamente decenas de miles de empleos estadounidenses, y esperamos que los pedidos y las entregas se reanuden pronto». Pero el gobierno de EU impuso sanciones que incluyen el mantenimiento y la reparación de aeronaves Boeing, lo que perjudica a una de sus principales empresas.

Seguramente no nos encaminamos (aún) a un mundo hegemonizado por China, ni por EEUU, ni por ninguna otra potencia. Sino a un mundo fracturado en dos grandes bloques, con varias regiones y hasta continentes oscilando entre uno y otro.

En América Latina estamos acostumbrados a la hegemonía estadounidense, y por ello se hace más interesante hablar sobre una eventual hegemonía china en los conflictos sociales y en el tipo de movimientos que habrá en el futuro, desde una perspectiva centrada en América Latina.

Según la Comisión Económica para América latina (Cepal), organismo de Naciones Unidas, las economías de la región enfrentan hoy una coyuntura difícil en un contexto externo de incertidumbre, aumento de la inflación (en especial de alimentos y energía) y desaceleración de la actividad económica y el comercio y una lenta e incompleta recuperación de los mercados laborales.

Todo esto aumentará los niveles de pobreza y pobreza extrema y caso ocho millones de personas se sumarían a los 86,4 millones cuya seguridad alimentaria ya está en riesgo. Asimismo, los mayores precios de las materias primas, el aumento de los costos de transporte y las perturbaciones en las cadenas internacionales de suministro impactarán las exportaciones de bienes de la región.

En lo inmediato es necesario sostener el bienestar de los sectores más pobres, la seguridad alimentaria debe ser una prioridad y para ello no se debe restringir el comercio internacional de alimentos y fertilizantes pues hacerlo aceleraría la inflación y dañaría a los más pobres.

Cepal recomienda considerar acciones como mantener o aumentar los subsidios a alimentos, implementar acuerdos de contención de precios de la canasta básica con productores y cadenas de comercialización, y reducir o eliminar aranceles a la importación de granos y otros productos básicos.

Afirma que a mediano plazo, son necesarias políticas agrícolas e industriales que fortalezcan el apoyo a la producción agropecuaria, así como aumentar la eficiencia en el uso de fertilizantes, priorizando los biofertilizantes. La política industrial es clave para reducir la dependencia de la importación de fertilizantes en el mediano plazo, señala.

Cleptocracia financierista

Michael Hudson, un lúcido economista con abordaje geopolítico, habla del ineluctable epílogo de Occidente, mientras el multimillonario George Soros, preocupado por sus negocios, proclamaba en Davos el peligro de la extinción de la “civilización occidental” frente a Rusia y China y alertaba que en un futuro no muy lejano Estados Unidos podría convertirse en un régimen represivo.

Aborda el tema de la deuda desde los imperios griego y romano, pasando por las aristocracias medievales, hasta la hegemonía de la dupla Wall Street/La City londinense, que ha fracturado a las sociedades entre una clase rentista y las plebes endeudadas. Indica que EEUU representa el «imperio global que periclita en esta vía hostil a todas) las sociedades que no se abren a sus mercados financieros para ser saqueadas por los oligarcas estadounidenses».

Hudson  afirma que esa cleptocracia financierista global constituye el «núcleo del conflicto conforme China, Rusia, Irán y Venezuela, que se han desarrollado desde diferentes tradiciones, rechazan sucumbir a las demandas de EU», que suele resolver tales problemas por la fuerza, pero que ahora parece demasiado débil para conseguirlo.

Para el economista de la Universidad de Misuri, más que allá de la hegemonía de EEUU y su control dolarizado de las finanzas a nivel global y de la creación de dinero, está en juego esa idea de democracia que se volvió un eufemismo para la oligarquía financiera que busca imponerse a nivel global, mediante su control económico y político, respaldado por la fuerza militar.

Pero la economía de China parece hoy más poderosa y el poder militar ruso rebasó a los misiles hipersónicos nucleares, que Washington mostraba como amenaza. Y para sorpresa de muchos, Hudson recomienda restaurar un «Estado fuerte que posea los bienes y servicios públicos y que no se los entregue a los intereses privados».    

Álvaro Verzi Rangel. Sociólogo venezolano, Codirector del Observatorio en Comunicación y Democracia y analista senior del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

10 de enero de 2022

No es sólo Trump, es el modelo de democracia que hoy Biden quiere exportar

Álvaro Verzi Rangel

El discurso del actual presidente “demócrata” estadounidense Joe Biden puede servir, quizá, para sus ciudadanos, bombardeados permanentemente, durante décadas, con la idea de que dentro y fuera de Estados Unidos se vive una lucha entre la democracia y la autocracia; entre las aspiraciones de la mayoría y la avaricia de unos pocos. Pero, en realidad, ese podría ser un espejo de Estados Unidos.

La realidad del modelo estadounidense es el enorme poder de los grandes capitales y de los medios de información dominantes para influir sobre las decisiones políticas e imponer su agenda por encima de la voluntad popular, que en la práctica anula la pretendida igualdad de derechos de los ciudadanos. Y a ello se suma un racismo estructural que mantiene a millones de personas fuera del cuerpo político, condenados a ser carne de cañón para las aventuras imperiales y el negocio de las transnacionales de la guerra y los armamentos..

Biden acusó a su predecesor Donald Trump de haber intentado impedir un traspaso pacífico del poder, denunció la red de mentiras sobre las elecciones de 2020 creada por el equipo de su antecesor, a un año de que una turba azuzada por Trump asaltó el Capitolio en Washington. “No se equivoquen: estamos viviendo un punto de inflexión en la historia. Tanto aquí en casa como en el exterior, estamos de nuevo en una lucha entre la democracia y la autocracia”, señaló, en una revival de discursos de décadas atrás.

El actual mandatario intentó echar todas las culpas de la crisis sobre su antecesor. “Ahora nos toca a todos defender el imperio de la ley, preservar la flama de la democracia, mantener viva la promesa de Estados Unidos. Esa promesa está en riesgo, atacada por poderes que valoran la fuerza bruta sobre la santidad de la democracia, el temor sobre la esperanza, el beneficio personal sobre el bien público”, afirmó.

Mientras, aprobó el presupuesto militar más grande de la historia del país y  sus soldados siguen masacrando, torturando, asesinando pueblos a lo largo y ancho del mundo. Biden, quien a propósito casi nunca menciona el nombre de Trump,

El ex presidente Barack Obama subrayó que el ataque al Capitolio dejó claro qué tan frágil es el experimento estadounidense en la democracia, y advirtió está en mayor riesgo hoy que hace un año. “Históricamente, los estadounidenses han sido defensores de la democracia y la libertad en el mundo… pero no podemos desempeñar ese papel cuando figuras de liderazgo en uno de nuestros dos partidos políticos principales están activamente minando la democracia en casa”.

En el momento de silencio que se observó en el pleno de la cámara baja para las víctimas de la violencia durante el asalto, sólo se presentaron dos republicanos: el ex vicepresidente Dick Cheney y su hija, la diputada federal Liz Cheney. Que el vicepresidente de George W. Bush de repente se convirtiera en una especie de disidente dentro de su partido, marcó para algunos qué tan extremo ha sido el deterioro del terreno político tradicional del país.

David Remnick, director de The New Yorker, señaló que por primera vez en 200 años estamos suspendidos entre democracia y autocracia. El 6 de enero del 2021, cuando supremacistas blancos, miembros de milicias y simpatizantes de Trump asaltaron el Capitolio para tratar de revertir los resultados de la elección presidencial dejamos de ser una democracia plena. Con ello, Estados Unidos dejó de poder autoelogiarse como la democracia continua más vieja del planeta, señaló Remnick.

El diputado demócrata Jamie Raskin, quien forma parte del comité selecto que investiga el asalto, recordó en The Washington Post que ese 6 de enero en que se estaba certificando el resultado del voto presidencial en el Capitolio, los legisladores pensaban que se habían preparado para todo tipo de problemas parlamentarios, pero no para la violencia fascista desatada contra nosotros, coordinada en este intento para cometer un golpe de Estado.

El surgimiento político de una figura como Donald Trump es producto de la crisis económica crónica en amplios sectores de la población y de instituciones que durante décadas no han sabido (o querido) satisfacer las necesidades sociales. Es el fruto de un descontento profundo y legítimo de las mayorías y sin solucionar las crisis, sin un cambio social y político profundo, será imposible desactivar el riesgo de que él u otro personaje usen la ira de las mayorías empobrecidas para minar los fundamentos de la democracia.

Todos conocen en el mundo el desprecio de Trump hacia la legalidad, las formas democráticas y las mínimas normas del decoro institucional, pero  la crisis moral en la que se encuentra sumergida la sociedad estadounidense se inició en 2015, cuando anunció su candidatura. El trumpismo es consecuencia de la disfuncionalidad del sistema político, y de la creciente incapacidad del mismo para responder a las demandas de la sociedad.

Este modelo democrático que Biden quiere vender al mundo está vaciado de contenidos verdaderamente democráticos hasta quedar reducido a un espectáculo, una simulación del gobierno del pueblo, con la inamovilidad de su oligarquía bipartidista. Con una clase política impermeable a la realidad, y la continuidad de un modelo de votación indirecta en el cual es factible ganar la elección, pese a perder la mayoría de los sufragios, como sucedió con George W. Bush y el mismo Trump.

Más allá de esos problemas obvios, hay una palpable discordancia entre los principios políticos declarados y la realidad social e institucional. Todo ello redunda en un divorcio final entre clase política y sociedad, que desacredita por completo al sistema y abona al surgimiento de expresiones radicales como el propio trumpismo.

Trump no aguantó quedarse callado después del discurso de Biden y afirmó que éste está “destruyendo nuestra nación con políticas locas de fronteras abiertas, entre otras”, y que está intentando ocultar que la elección fue fraudulenta y están empleando este aniversario para nutrir temores y dividir a Estados Unidos.

Álvaro Verzi Rangel .  Sociólogo venezolano, Codirector del Observatorio en Comunicación y Democracia y analista senior del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)

5 de diciembre de 2019

OEA, ¿Organismo multilateral interamericano o ministerio de las colonias?

Álvaro Verzi Rangel

Fundada por 21 países en Bogotá, en 1948, la Organización de Estados Americanos (OEA) cuenta actualmente con 35 miembros, uno de ellos, Cuba, suspendido desde 1962. Creada como organismo multilateral panamericano, hoy la realidad muestra su inclinación a favorecer los intereses geopolíticos de su socio mayor, Estados Unidos.

Fue un 30 de abril de 1948 que los 21 países fundadores aprobaron la “Carta de la Organización de Estados Americanos que dio origen a un organismo que, según su propia definición, apunta a “fortalecer la cooperación mutua en torno a los valores de la democracia, defender los intereses comunes y debatir los grandes temas de la región y el mundo”. De lo escrito a los hechos, siempre hubo un gran trecho.

Había ya terminado la Segunda Guerra Mundial cuando la OEA se estableció formalmente el 30 de abril de 1948, en Bogotá, pero no pudo entrar en vigor porque necesitaban 22 países y Colombia comenzaba su guerra civil luego del asesinato del candidato presidencial Jorge Eliecer Gaitán, el 9 de abril de 1948 .

En 1947, el año anterior a la adopción de la Carta de la OEA, se suscribió el belicista Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), o Tratado de Río, que establece que cualquier ataque externo contra uno de los estados signatarios que ponga en peligro su integridad es considerado como una agresión a todos ellos a la cual debe responderse en forma colectiva.

En 1948 fue adoptada la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, la que debiera ser base del sistema interamericano de derechos humanos.

En 1951, con motivo de la guerra de Corea, la reunión de consulta reafirmó en Washington los principios del Tratado de Río y de la Carta como reacción ante la política expansionista de la Unión Soviética. Pero fue recién en diciembre de 1951 cuando Colombia depositó su ratificación que entró en vigencia la OEA para todo el continente.

Un poco de historia

En América, la revolución de Haiti y la de las 13 colonias británicas fueron el inicio de la lucha independentista que se extendería por todo el continente por más de cien años, hasta el triunfo y la liberación de Cuba y Puerto Rico en 1898.

Ya en el siglo XX, conformadas las Repúblicas americanas con fronteras aún difusas y frente al resurgimiento del colonialismo europeo, las naciones de la región comprendieron la necesidad de garantizar la paz entre los países y hacer una suerte de blindaje en contra del ejercicio de la fuerza, de países poderosos contra otras naciones más pequeñas.

Recordemos que en 1848 Estados Unidos se apropió por conquista de una buena parte del territorio mexicano, años más tarde Bolivia perdió su salida al mar a manos de Chile y Paraguay perdió su esperanza de ser una potencia económica luego de su sangrienta derrota en la guerra de la Triple Alianza frente a los ejércitos de Brasil, Argentina y Uruguay, con un alto costo para su población y su territorio.

La Primera Conferencia Internacional Americana tuvo lugar en Washington el 14 de abril de 1890, “con el objeto de discutir y recomendar a los respectivos Gobiernos la adopción de un plan de arbitraje para el arreglo de los desacuerdos y cuestiones que puedan en lo futuro suscitarse entre ellos”.

De esos 18 estados que participaron en esa primer conferencia surgió la Unión Internacional de Repúblicas Americanas, con sede en Washington,

El inicio del siglo XX fue convulso para nuestros países. Las fronteras nacionales aún no estaban definidas lo que provocaba conflictos constantes entre los gobiernos y era frecuente que las contiendas electorales concluyeran con una guerra civil en donde los gobiernos vecinos apoyaban a uno u otro bando en disputa, algunas veces incluso interviniendo directamente.

Por ejemplo, en 1907, durante la presidencia del dictador José Santos Zelaya, el ejército de Nicaragua acampó frente a la casa presidencial de Honduras derrocando al gobierno de Manuel Bonilla dando paso a la administración de Miguel R. Dávila, aliado de Santos Zelaya.

Pero el siglo XX fue en realidad un siglo convulso para todo el mundo. La acumulación de riqueza que produjo la primera industrialización europea y el incremento de la desigualdad social solo comparable con la actual, más la lucha por el control de la extracción de recursos naturales necesarios para la industria de los territorios controlados en África y Asia produjo tensiones entre las naciones colonialistas europeas que desembocaron en la primera gran guerra del siglo XX.

La guerra no era extraña para nuestros países. Vivíamos en constantes montoneras desde la independencia. Pero ver desde lejos aquella tragedia de trincheras sin precedentes y comprender que éramos capaces de enfrascarnos en un horror parecido, motivaron a continuar en el proyecto panamericano.

Y lo que comenzó como una alarma para los países de la región, se ratificó cuando en 1944 estalló la Segunda Guerra Mundial. Los países de la región tuvieron una participación más activa durante esa conflagración, con la participación de Estados Unidos: mcuhos de los países de la regipón enviaron soldados a pelear a los distintos frentes de la segunda guerra mundial.

Había ya terminado la Segunda Guerra Mundial cuando la Organización de Estados Americanos se estableció formalmente el 30 de abril de 1948, en Bogotá, pero recién en diciembre de 1951 Colombia depositó su ratificación que entró en vigencia la OEA.

En esos momentos, vivíamos los embates de la guerra fría que en nuestra región, que tuvo su estreno con el derrocamiento por parte de la CIA (la central de inteligencia estadounidense),con ayuda del gobierno de Honduras, del presidente de Guatemala Jacobo Arbenz, en 1954.

En 1960 tomó posesión en la presidencia de los Estados Unidos John F Kennedy impulsando lo que se conoció como la Alianza para el Progreso que buscaba cambiar las condiciones económicas de nuestros países como una forma de detener futuras revoluciones como la cubana. La OEA tuvo una participación directa y activa en la ejecución de la Alianza.

La OEA, sin embargo, había sufrido un segundo revés casi al mismo tiempo del lanzamiento de la Alianza. En 1962 las tensiones que produjo la guerra fría en la región y el temor al contagio de la filosofía marxista a otros gobiernos de América, provocó que la OEA expulsada a Cuba del organismo

La decisión de marginar al gobierno de Cuba careció de base legal firme ya que no había ninguna disposición que permitiera separar a un Estado miembro del ejercicio de sus facultades.

Fue además contradictoria, ya que su justificación más socorrida, el postulado de que el marxismo-leninismo es incompatible con los principios del Sistema Interamericano, no tiene validez cuando se recuerda a las dictaduras militares de América Latina fueron también contrarias a los principios del Sistema, pero respaldadas por Estados Unidos. Se hacía entonces referencia a la OEA como un club de dictadores.

En 1978, en Nicaragua, se sumaban las violaciones a los derechos humanos por parte de la Guardia Nacional. La insurrección tomaba fuerza a lo interno de Nicaragua, pero el dictador Anastasio Somoza Debayle no daba muestras de abrir un espacio de diálogo con sus opositores.

El 6 de septiembre de 1978, a pedido de Venezuela, gobernada entonces por el presidente Carlos Andrés Pérez, la OEA convocó a una reunión de cancilleres para abordar la crisis de Nicaragua, donde se aprobó la visita a ese país de una Comisión Mediadora conformada por embajadores de Honduras, Colombia, República Dominicana, Guatemala y Estados Unidos.

Los militares nicaragüenses mientras tanto, en su búsqueda de aniquilar guerrilleros sandinistas ametrallaron poblaciones fronterizas costarricenses. El gobierno de Costa Rica presentó el respectivo reclamo que fue abordado por el consejo permanente de la OEA el 23 de septiembre de 1978.

La llegada de la Comisión Mediadora no resultó del agrado de Somoza. Fue cercada en un hotel por la Guardia Nacional y no se permitió a ningún medio de comunicación dar a conocer su primer reporte de la situación política de Nicaragua. El 14 de octubre de 1978 la OEA se pronunció con una condena en contra de la dictadura en Nicaragua con 19 votos a favor y 4 en contra.

Pero dos semanas después la Comisión Mediadora abandonó repentinamente el hotel en el cual estaban alojados y se refugió en las sedes diplomáticas de sus respectivos países.

El informe que habían preparado sobre la situación de Nicaragua era claro. Cualquier solución a la crisis pasaba por la renuncia de Somoza. La delegación de la Comisión de Derechos Humanos también emitió un reporte sobre “el clima alarmante de violaciones a los derechos humanos” que se daba en el país. En julio de 1979, el dictador fue derrocado por la insurrección popular sandinista.

En 1982 llegó la crisis de las Islas Malvinas. Los Estados parte del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca aprobaron por mayoría apoyar a Argentina en su enfrentamiento con Gran Bretaña. Era lo que mandaba el tratado de Río, pero Estados Unidos, en lugar de acogerse a la decisión de la mayoría como es práctica esencial en las organizaciones internacionales, declaró en forma unilateral su apoyo a Gran Bretaña.

El 4 de julio de 2009, Honduras fue suspendida como miembro del organismo, luego de que el Golpe de Estado de 2009 enviase al exilio al presidente Manuel Zelaya y de que el nuevo presidente interino rechazase el ultimátum de la OEA para restituir a Zelaya en su puesto presidencial.

Los países del Alba interpretaron el golpea en Honduras como el inicio de una nueva estrategia de Estados Unidos para derrocar gobierno progresistas en el continente e impulsaron la suspensión de Honduras como un antecedente para los demás gobiernos. A Honduras le fue aplicado un artículo de la OEA referente a la ruptura del orden constitucional al amparo del artículo 21 de la Carta Democrática Interamericana que fue adoptada por la OEA en 2001.

Hoy, el portal de la OEA señala que este organismo “es el principal foro multilateral de la región para el fortalecimiento de la democracia, la promoción de los derechos humanos y la lucha contra problemas compartidos como la pobreza, el terrorismo, las drogas y la corrupción”.

La expulsión de Cuba

Luego de una serie de agresiones perpetradas por las bandas contrarrevolucionarias y mercenarias financiadas por la Agencia Central de Inteligencia estadounidense, Cuba fue expulsada el 31 de enero de 1962 de la OEA durante la reunión en Punjta del Este (Uruguay) del Consejo Interamericano Económico y Social Organización de Estados Americanos, OEA.

Allí, el representante del gobierno cubano, Ernesto Che Guevara, denuncia la política hostil de Estados Unidos contra la naciente Revolución y el carácter usurpador de los planes de Washington para América Latina. Todos los gobiernos latinoamericanos, con excepción de México, siguieron las órdenes de Washington y rompieron relaciones diplomáticas con Cuba,

Cuba fue expulsada del “ministerio de colonias yanqui”, como lo calificó el canciller cubano Raúl Roa, quien señaló que su disfraz de supuesto mecanismo aglutinador de las naciones del hemisferio, pretende esconder su verdadera función como títere al servicio de Estados Unidos..

Para no olvidar.

La OEA apoyó en 1954 la intervención en la Guatemala del presidente Jacobo Arbenz, y marcó su silencio ante las acciones terroristas cometidas contra Cuba la invasión a Playa Girón (Bahía Cochinos para Estados Unidos) en abril de 1961 y ante las?

Tampoco condenó el desembarco de marines estadounidenses en República Dominicana en 1965 y durante la anticolonial Guerra de las Malvinas, donde se enfrentaron Argentina y el Reino Unido, hizo mutis por el foro, mientras Estados Unidos respaldaba a los británicos, pasándole por encima a un tratado impuesto por ellos, como el TIAR.

Y en 1983, en Granada, cuando el Primer Ministro Maurice Bishop fue derrocado por un golpe militar y murió asesinado; mientras se producía la intervención estadounidense en esa pequeña isla caribeña, tampoco hubo una respuesta de condena desde la Organización de Estados Americanos.

La OEA guardó silencio ante la terrorista Operación Cóndor de la dictaduras cívico-militares del Cono Sur en los años 1970-1980, calló ante los conflictos bélicos en Centroamérica, y también lo hizo ante la sangrienta invasión estadounidense a Panamá en 1989.

Obviamente, tampoco condenó el golpe de estado en Venezuela, en abril de 2002, contra el gobierno constitucional de Hugo Chávez, como tanpoco los golpes contra Fernando Lugo en Paraguay y Dilma Rousseff en Brasil.

En junio de 2009, la Asamblea General de la OEA, celebrada en San Pedro Sula, Honduras, eliminó la bochornosa resolución que en 1962 expulsó a Cuba de ese foro, en momentos donde se multiplicaban los gobiernos progresistas en la región y crecía el entusiasmo por la integración latinoamericano-caribeña, sin Estados Unidos ni Canadá.

Eran momentos en que los gobiernos de la región apostaban por mecanismos regionales de integración donde la complementariedad, el respeto y la solidaridad fueran sus principios para las relaciones entre los pueblos.

Hoy la pregunta es si la OEA tiene derecho a existir, teniendo en cuenta su triste historial de traición a los pueblos de América Latina y el Caribe y la intervención directa de su secretaría general en el reciente golpe de Estado en Bolivia. Por eso me niego siquiera a decir el nombre del sicario del país-imperio asesino de democracias.

Álvaro Verzi Rangel. Sociólogo 
venezolano, Codirector del Observatorio en Comunicación y Democracia y del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

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