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12 de agosto de 2025

Perú: Trump y nosotros

Pedro Francke

"Nada de esto ha merecido una mínima respuesta del gobierno peruano ni de su protector, el 'antiimperialista marxista-leninista' Cerrón"

Bajo Donald Trump Estados Unidos ha roto los tratados de Libre Comercio, como el que firmó con nuestro país, sin ningún miramiento por la palabra empeñada. Ha elevado enormemente sus aranceles (impuestos a la importación también llamados con el anglicismo de tarifas), incluyendo los aplicados a productos claves de exportación peruanos que debían estar protegidos por el TLC.  De esta forma, ha golpeado a todo el mundo, aunque a algunos países, como Canadá e India, más que a otros. Trump lo ha hecho a pesar de que las leyes de Estados Unidos establecen que esas decisiones son potestad de su Congreso, pero está claro su nula disposición a respetar la división y equilibrio entre poderes y su intentona dictatorial. Los tribunales estadounidenses aún analizan el tema, pero así como en el Perú tenemos un Tribunal Constitucional servil al poder, lo mismo sucede en Estados Unidos con su Corte Suprema.

Dice Trump que ha logrado diversos arreglos parciales con varios países, sin que haya textos escritos de esos acuerdos. Pero él los propagandiza como grandes logros para Estados Unidos, anunciando supuestas inversiones millonarias de Japón y Europa en su país, que son “puro humo” como ha explicado el premio Nobel de economía Paul Krugman. Mientras tanto, esta semana sus estadísticas de empleo mostraron una caída fuerte, frente a lo cual Trump tuvo la infantil reacción de matar al mensajero: despidió al jefe del buró de estadísticas. Aun así, se piensa que Trump puede anunciar mayores aranceles para algunos productos en las próximas semanas.

A nivel internacional Trump sigue respaldando el genocidio desatado por Netanyahu contra los palestinos en Gaza, aunque este es cada vez más repudiado, incluso con algunos tímidos giros en una Europa cuya reacción frente al tema la ha deslegitimado como defensora de derechos humanos. Trump ha ido como trompo en relación a la guerra Rusia-Ucrania, bamboleando de un lado a otro con amenazas múltiples. Sus políticas contra la humanidad incluyen abandonar la lucha contra el VIH/SIDA, poner como ministro de salud a un demagogo antivacunas y promover un mayor uso de petróleo agravando el cambio climático.

Latinoamérica y el Perú en el ojo de Trump

Trump también ha desatado su intervencionismo en Latinoamérica. Ha aplicado aranceles de 50 por ciento a Brasil porque autoridades supremas judiciales de ese país han tomado medidas contra el expresidente Bolsonaro, que intentó un golpe de Estado movilizando a grupos armados y sectores policiales y militares en su capital. Lo que hizo el expresidente brasileño no fue solo un discurso sino toda una articulación de acciones subversivas contra la democracia, y quien ha decidido someterlo a juicio para que no se escape fue un poder judicial independiente. Trump igualmente ha pretendido entrometerse en la condena judicial del expresidente Álvaro Uribe, acusado, entre otras cosas, de manipular testigos. Ya antes se había metido con México. Nada de esto ha merecido una mínima respuesta del gobierno peruano ni de su protector, el “antiimperialista marxista-leninista” Cerrón.

Mientras tanto, las tormentas trumpistas se acercan a Perú, en torno al puerto de Chancay, de propiedad china y de carácter estratégico. La situación puede agravarse rápidamente. Como sabemos, el valor de ese puerto se incrementaría notablemente si hubiera un tren que lo conectara al Atlántico brasileño y ya China ha firmado un acuerdo para construir esa ferrovía hasta el límite de Brasil con Perú. Pero nuestro gobierno, en vez de coordinar y sumarse a la iniciativa, la critica, tras lo cual Boluarte sale a hacer viajecitos de placer con apoyo del Congreso.

El asunto de los puertos ha tomado mayor importancia porque, en torno a los puertos de Panamá, cuyos servicios los brinda la empresa china privada CK Hutchinson, hay una tensa negociación. Según reporta “The Economist”, esta empresa estaba llegando a un acuerdo de 23 mil millones de dólares para vender esos terminales y otros 41 puertos en 22 países de todo el mundo al fondo de inversiones gringo BlackRock y a la empresa suizo-italiana MSC. Pero China ha intervenido y exige que Cosco, el gigante naviero estatal chino, se una a los compradores con derecho a veto en las operaciones portuarias. CKH, BlackRock y MSC están dispuestos a aceptar la participación de Cosco, pero ¿qué dirá Trump? Cosco está estrechamente vinculado al Partido Comunista Chino, quien, reporta “The Economist”, controla el nombramiento de los principales directivos de la empresa. ¿Y esto qué tiene que ver con el Perú? Pues resulta que la dueña del puerto de Chancay es precisamente Cosco.

Respuestas: pocas pero existentes

Frente a la difícil situación mundial, el mes pasado hubo una cumbre entre los presidentes de Brasil, Chile, Uruguay, Colombia y España para defender la democracia mundial. Meses antes se realizó una cumbre de los países latinoamericanos agrupados en la CELAC. Otro bloque que ha intentado fortalecer relaciones para contrapesar la actual política imperialista de Estados Unidos han sido los BRICS.

A pesar del espíritu extractivista, el intervencionismo abierto y el total irrespeto a la legalidad internacional mostrados por Trump, hay en el Perú una extrema derecha que lo aplaude y quiere engancharse con él. No le importan los valores democráticos, ni los golpes a nuestra economía ni los riesgos a la soberanía nacional. Solo quieren subirse al carro del poder.

Pese a todo, las elecciones venideras merecen un debate sobre nuestro destino como nación y las políticas requeridas. Hoy una difícil situación internacional obliga a revisar y replantear posiciones al respecto. Cuidar el interés nacional y su proyección a futuro debe ser prioritario, junto a un compromiso con la vida, la democracia y los derechos humanos, que son valores tan golpeados actualmente en el mundo.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 744 año 16, del 08/08/2025

https://www.hildebrandtensustrece.com/

11 de agosto de 2025

Brasil no cabe en el patio trasero de EE.UU.

Alejandro Marcó del Pont

Brasil, cómo ignorar a Washington y ganar (El Tábano Economista)

La política exterior brasileña no siempre fue un mero apéndice de los designios de Washington. Históricamente, el país ha jugado sus cartas con la astucia de quien sabe que el multilateralismo no es una opción, sino una necesidad geopolítica. Desde la defensa del derecho internacional hasta la promoción de la cooperación Sur-Sur, Brasil ha construido su perfil como un actor incómodo para los amos del tablero unipolar: un gigante que se niega a ser reducido a comparsa.

La relación con Estados Unidos, ese péndulo eterno entre el abrazo asfixiante y el puñetazo en la mesa, es un termómetro perfecto de esta tensión. Washington, incluso en sus momentos de mayor arrogancia imperial, reconoce —a regañadientes— que Brasil es demasiado grande para ignorarlo. El Council on Foreign Relations (CFR), ese santuario del establishment estadounidense, lo admite sin rubor: el país es el motor económico de Sudamérica y un jugador global con voz propia. La recomendación es reveladora: «Mejor tenerlos de aliados que de adversarios«. Pero aquí está el detalle que los think tanks de Washington no siempre entienden: al parecer Brasil no busca ser aliado, sino soberano.

Cuando Donald Trump amenazó a Brasil con aranceles del 25% al acero y del 50% a productos como el café y la carne, el discurso oficial habló de «déficit comercial» y «prácticas injustas». Pero los números, esos testigos impertinentes, desmontaron la farsa. Según el Centro Brasileño de Relaciones Internacionales (CEBRI), Estados Unidos acumulaba un superávit de 410.000 millones de dólares en comercio con Brasil en los últimos 15 años. La pregunta es obvia: si no era por economía, ¿por qué?

La respuesta huele a manual de injerencia clásica. La carta de Trump incluía una «oferta» grotesca: los aranceles desaparecerían si las empresas brasileñas trasladaban su producción a suelo estadounidense. El BRICS Policy Center lo bautizó como «tariff-shoring» —una perversión del libre comercio que viola hasta el alma del GATT y la OMC—. Pero, claro, cuando el árbitro (Estados Unidos) lleva años saboteando el Órgano de Apelación de la OMC, las reglas parecen sugerencias.

Brasil, pese al arancel del 50% decretado por Trump, logró exenciones para 694 productos, desde aviones hasta jugo de naranja; los bienes más importantes quedaron fuera. Solo el café y la carne tendrán aranceles del 50%, por el momento. Por otra parte, China ha autorizado a 183 nuevas empresas brasileñas a exportar café a su mercado, lo que ofrece un alivio estratégico a los productores nacionales en un momento de tensión comercial con Estados Unidos.

Los BRICS, ese club que Occidente insiste en subestimar, se convirtió en el escudo colectivo. Su declaración contra el «proteccionismo indiscriminado» no fue solo retórica: fue un recordatorio de que el mundo ya no gira en torno al dólar. El Centro de Políticas BRICS monitorea cada inversión china en Brasil porque entiende lo que Washington no quiere admitir: el futuro es multipolar, y Brasil no piensa ser espectador.

Según Investigación Económica Aplicada (IPEA), los aranceles estadounidenses recortarían 1.500 millones de dólares en exportaciones de acero brasileño para 2025. Una cifra significativa, pero no catastrófica. La clave está en lo simbólico: el 11,27 % de caída en las ventas de acero a EEUU no era un golpe mortal, sino un aviso. «Nosotros decidimos quién vende y quién no», parecía decir Trump.

Aquí está la diplomacia brasileña: mientras defiende el sistema multilateral (ese que EE.UU. erosiona), construye alternativas. El acercamiento a China y los BRICS no es una huida, sino un posicionamiento. Brasil sabe que, en la guerra comercial del siglo XXI, diversificar mercados es tan crucial como tener reservas de dólares.

El 2026 se acerca, y con él, las elecciones presidenciales en Brasil. Los intentos por desestabilizar el gobierno de Lula no serán sutiles: esperen más aranceles selectivos, más presiones diplomáticas, más editoriales en The Economist tachando al país de «riesgo populista». Pero Brasil ya aprendió la lección: en un mundo donde hasta el comercio es un arma geopolítica, la única salida es jugar en varios tableros a la vez.

El patio trasero, señores de Washington, se ha vuelto pequeño.

Fuente: https://eltabanoeconomista.wordpress.com/2025/08/06/brasil-no-cabe-en-el-patio-trasero-de-ee-uu/

https://www.leerydifundir.com/2025/08/brasil-no-cabe-patio-trasero-ee-uu/ 

12 de julio de 2025

La ofensiva de Trump y la fuerza del BRICS

Tiago Nogara

Pocas horas después de que los representantes de los países del BRICS, reunidos en Río de Janeiro, emitieran una nueva declaración conjunta —criticando las medidas de proteccionismo comercial y exhortando a soluciones multilaterales para los grandes dilemas globales—, el presidente estadounidense Donald Trump reaccionó en su red social Truth Social, amenazando con imponer aranceles adicionales del 10% sobre los productos de los países que “se alineen con las políticas antiamericanas del BRICS”. Según Trump, “no habrá excepciones a esta política”, en una clara demostración de animosidad ante el fortalecimiento de las iniciativas vinculadas al BRICS.

Estas amenazas dicen mucho no solo sobre la estrategia de la política exterior de Estados Unidos bajo Trump, sino también sobre el impacto que las iniciativas del BRICS han alcanzado en el ámbito internacional. En los últimos meses, no han sido pocos los analistas que han insistido en la narrativa de que el BRICS habría perdido impulso. Entre los argumentos más comunes y repetidos está el de que la reciente expansión del número de miembros habría aumentado su amplitud, pero debilitado su capacidad de generar consensos. Del mismo modo, muchos sostienen que el aumento de las tensiones en el mundo y la postura más agresiva de la diplomacia estadounidense habrían llevado a muchos países en desarrollo a temer apoyar bloques multilaterales no subordinados a los intereses de Washington.

En vísperas de la Cumbre del BRICS en Río de Janeiro, los principales medios de comunicación occidentales inundaron sus portadas destacando la ausencia de los presidentes Xi Jinping y Vladimir Putin en el encuentro, señalándola como un síntoma inequívoco de un supuesto vaciamiento del bloque. En Brasil, país anfitrión de la cumbre, los grandes medios corporativos abusaron cotidianamente de tales argumentos para alimentar la continua ola de propaganda contra el gobierno de Lula, ya como parte de un ensayo preparatorio para las elecciones presidenciales de 2026. Según algunos, la cumbre tenía todos los ingredientes para ser un fracaso, con comunicados vacíos que reflejarían más las desavenencias que los posibles consensos entre los países miembros.

Sin embargo, lo que se vio en Río de Janeiro fue algo muy distinto de lo que preveían los profetas del caos. A lo largo de esta 17ª reunión de alto nivel de los líderes del bloque, los países del BRICS asumieron más de 120 compromisos conjuntos que abarcan gobernanza global, finanzas, salud, inteligencia artificial, cambio climático y otros diversos temas estratégicos. Más allá de la innegable relevancia de los avances en estas diversas áreas, el contenido político de la declaración conjunta demostró la enorme capacidad de articulación y convergencia del bloque, expresando la preocupación compartida de los países miembros ante los conflictos en curso en distintas partes del mundo.

La declaración expresó la preocupación colectiva ante la tendencia creciente de aumento del gasto militar a nivel mundial, en detrimento del financiamiento adecuado para el desarrollo de los países del Sur Global. En contraposición a los llamados militaristas que resuenan en distintas esferas de poder en el mundo, los BRICS reafirmaron la defensa del multilateralismo, del desarrollo sostenible, de la erradicación del hambre y la pobreza, y del combate al cambio climático como los verdaderos caminos para resolver los grandes problemas globales. En esta misma línea, también se aprobaron documentos clave como la Declaración Marco de los Líderes del BRICS sobre Finanzas Climáticas, la Declaración de los Líderes del BRICS sobre la Gobernanza Global de la Inteligencia Artificial, y la Asociación del BRICS para la Eliminación de Enfermedades Socialmente Determinadas.

El mundo atraviesa un momento de gran turbulencia. Conflictos militares como los del este de Europa y Medio Oriente agudizan los ánimos; las crisis económicas recurrentes preparan el terreno para el descontento social; y los discursos agresivos de falsos profetas empujan a países enteros por el camino equivocado de la guerra y la confrontación. Hace casi dos décadas, los BRICS —inicialmente BRIC— surgieron precisamente en un contexto de incertidumbre, después de la crisis financiera global de 2008, sirviendo como una importante plataforma para articular las demandas de los países en desarrollo frente a los grandes desafíos del orden mundial. Dando voz al Sur Global, se volvieron indispensables tanto para el fortalecimiento del G20 como para el fortalecimiento del diálogo Norte–Sur en la búsqueda de salidas conjuntas a los dilemas de aquel entonces. Hoy, ante la profundización de las fracturas en el tejido social y en las estructuras multilaterales globales, los BRICS se afirman no solo como una plataforma ampliada de cooperación entre países en desarrollo, sino también como una de las principales vanguardias en la defensa del multilateralismo a nivel internacional.

El contenido político de las declaraciones emitidas por los países miembros del BRICS es claro: proponen salidas colectivas y pacíficas a los dilemas globales, con énfasis en las cuestiones económicas y sociales, en detrimento de intereses belicistas y geopolíticos. No por casualidad, logran sentar en una misma mesa a países con gobernantes de perspectivas políticas e ideológicas diversas, pero unidos por preocupaciones similares en la búsqueda de caminos convergentes para el desarrollo de sus países y la cooperación entre sus pueblos. Al no dirigir sus iniciativas contra ningún bloque o país específico, el BRICS rompe con la narrativa dicotómica que pretende resucitar el paradigma bipolar de la Guerra Fría, y afirma su plena complementariedad con los demás mecanismos de mayor alcance en el escenario multilateral global. Por lo tanto, el BRICS no se presenta como un contrapunto a la ONU, al FMI o al Banco Mundial, sino como una plataforma desde la cual los países en desarrollo cooperan entre sí y buscan posiciones comunes a favor del fortalecimiento del conjunto del sistema multilateral global.

Al atacar al BRICS, a sus países miembros y a otros países simpatizantes de las iniciativas del bloque, Donald Trump los acusa de conformar un bloque “antiestadounidense”, y no lo hace por casualidad. Es justamente con base en esta narrativa que Estados Unidos y sus estrategas han buscado debilitar diversos esfuerzos pacíficos de cooperación multilateral. En el caso específico de las iniciativas promovidas por China, son reiteradas —y sin fundamento— las acusaciones sobre el supuesto “doble uso” (civil y militar) de las infraestructuras vinculadas a la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Según esta versión, las inversiones chinas representarían una amenaza a la soberanía de terceros países y un riesgo para la seguridad de Estados Unidos. En esta misma línea, persisten mitos como el de la “trampa de la deuda” china y el de la supuesta espionaje e interferencia política llevada a cabo por empresas y proyectos chinos, desde las redes 5G de Huawei hasta la expansión de TikTok.

Lo que ahora parece nuevo —aunque claramente no lo es— es que, esta vez, el ataque no se dirige únicamente a China —desde hace tiempo señalada como la principal “rival” de Estados Unidos— ni a los países que los estrategas imperialistas han bautizado como el “eje del mal”, sino a un conjunto mucho más amplio de países en desarrollo. Muchos de ellos ni siquiera presentan contradicciones con las estructuras democrático-liberales tan elogiadas por Washington, ni exhiben ruptura ideológica alguna con el paradigma dominante del capitalismo occidental. Simplemente ejercen su derecho a asociarse libremente con iniciativas multilaterales de cooperación con países que enfrentan dilemas similares, por compartir características comunes en tanto que países en desarrollo, integrantes de lo que se ha denominado como el “Sur Global”.

Al amenazarlos con una nueva oleada de aranceles unilaterales, Estados Unidos no sentencia a muerte el crecimiento del BRICS —como parece pretender—, sino su propia capacidad de influir de forma decisiva en los debates sobre la necesaria reformulación y fortalecimiento de las instancias multilaterales internacionales. Y, contrariamente a lo que puedan imaginar, esto ocurrirá con o sin la participación estadounidense. Tras su expansión, el BRICS pasó a representar, en conjunto, más de la mitad de la población mundial y más del 40% del PIB mundial medido en paridad de poder adquisitivo. Y las banderas de la defensa del multilateralismo, del desarrollo económico con justicia social y del rechazo al militarismo no se restringen al interés exclusivo de los países del BRICS o del conjunto del Sur Global, pues también abarcan la voluntad expresada de amplios sectores de los pueblos y gobiernos de las más diversas regiones del planeta. Por lo tanto, se equivocan quienes vieron en la expansión del BRICS una supuesta pérdida de densidad y cohesión del grupo: representó, en verdad, la adaptación necesaria de la estructura del bloque a los desafíos contemporáneos que enfrenta el mundo, exigiendo la conformación de frentes amplios y heterogéneos que busquen soluciones pacíficas a los dilemas internacionales actuales.

Las políticas de intimidación, unilateralismo y belicismo promovidas por Trump poco contribuyen a la resolución de las complejas cuestiones abordadas en los más de cien compromisos firmados por los países del BRICS en Río de Janeiro. Tampoco tienden a reforzar el objetivo estadounidense de consolidar un orden internacional unipolar bajo su tutela, en la medida en que la radicalización de los ataques contra decisiones soberanas —incluso de supuestos aliados— no hace más que ampliar la tendencia al aislamiento político de Estados Unidos, con pérdida de influencia y capacidad decisoria. En contra de lo que predecían los analistas subordinados al imperio, los BRICS siguen firmes y en crecimiento, y las sólidas palabras de la Declaración de Río de Janeiro consolidan no solo la convergencia del Sur Global en favor de un orden multipolar, sino también la conformación de una amplia vanguardia en defensa del multilateralismo, la paz y la cooperación mundial.

Tiago Nogara. Profesor de la Universidad de Nankai.

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

2 de diciembre de 2024

El gigante en crisis: el futuro incierto y la disputa por la decadencia

Alejandro Marcó del Pont

Nacimos aquí, donde las masas idolatran a los idiotas y los convierten en héroes ricos (Charles Bukowski)

Estados Unidos mantiene su hegemonía mundial sustentado en tres poderes clave: su capacidad atómica, el dólar como pilar de su dominio financiero y, a mi entender, el más decisivo, Hollywood. Sin este bastión de la industria del entretenimiento, la manipulación y la fabricación de noticias, sería difícil concebir la promoción de una figura que, tras no alcanzar siquiera el 1% en las elecciones primarias de 2020, se convirtiera en una contendiente destacada por la presidencia en 2024.

Resulta igual de improbable que un presidente en funciones, cuyas apariciones públicas han generado dudas y burlas, junto a una vicepresidenta de bajo perfil, haya logrado mantener una administración prácticamente invisible durante tres años y medio. Esto plantea una pregunta inevitable: ¿Quién gobierna realmente Estados Unidos de 2021 a enero de 2025?

Aunque no es el tema central de este artículo, es problemático que esta pregunta no tenga una respuesta clara. Lo que sí parece evidente es que Hollywood jugó un papel crucial en la preservación de la imagen de la administración Biden, ocultando las posibles limitaciones cognitivas del presidente, la irrelevancia de la vicepresidenta, y enseñando, de forma alarmante, el supuesto «peligro» del regreso de Trump para la democracia estadounidense.

Esta misma democracia, hoy en crisis y encabezada por la administración demócrata, se ha destacado por decisiones tan polémicas como el financiamiento a la guerra en Ucrania, la brutal ofensiva en Gaza y una política económica cada vez más proteccionista, profundizando los aranceles impuestos durante la presidencia de Trump.

Para los medios, Trump representa una amenaza “existencial” para la república, lo que refleja el deterioro político y social que atraviesa el país. Las elecciones realmente reflejan el enfrentamiento entre una figura vacía de propuestas concretas y otra con un historial de iniciativas demenciales. Es cierto que un segundo mandato de Trump probablemente conllevaría riesgos más serios que el primero, que terminó con más de un millón de muertes por COVID-19 y un motín en el Capitolio.

Aun así, la reciente victoria electoral del expresidente abre un período de desafíos sin precedentes. Entre ellos se cuentan las dos guerras activas que ha prometido finalizar, aunque aún no ha presentado un plan concreto. Además, su postura se enfoca en una nueva guerra comercial con China, el escepticismo profundo hacia el multilateralismo, la protección arancelaria para sectores económicos poco competitivos y un supuesto repliegue de Estados Unidos en su rol de “gendarme global.” Sin embargo, es importante señalar que esta posible reclusión no se extenderá a América Latina, su tradicional «patio trasero,» que continuará bajo la atención de Washington.

La guerra en Ucrania y sus posibles desenlaces

La guerra en Ucrania plantea escenarios complejos. Un tema recurrente ha sido la sugerencia de Trump sobre finalizar el conflicto en tan solo 24 horas. Sin la ayuda estadounidense, el futuro militar de Ucrania está sentenciado. Esto también afectará directamente a la OTAN, sus aliados europeos e incluso a la propia Unión Europea.

En cuanto a una posible negociación de paz, Trump no ha detallado cómo planea lograr un «acuerdo justo.» La retirada de Ucrania en varios puntos del frente sugiere que, en caso de negociaciones, Rusia podría tener una posición dominante para imponer condiciones. Para avanzar, es probable que ciertos puntos sean obligatorios: ningún gobierno antirruso podrá participar en el proceso de paz ni en futuros gobiernos ucranianos; los territorios anexionados quedarán bajo control ruso; y la constitución ucraniana debe prohibir la entrada a la OTAN y cualquier ejército propio, consolidando a Ucrania como un estado neutral, similar a Finlandia durante la Guerra Fría.

Una vez aceptados estos puntos, la negociación real abordará el Tratado de Seguridad Colectiva, cuya violación fue el motivo que disparó la “operación militar especial a Ucrania”. Este nuevo acuerdo de seguridad excluiría a la OTAN y a la Unión Europea en la configuración de los límites defensivos, reservando la negociación únicamente a Rusia y EE. UU. Dado que una zona de desmilitarización sin Ucrania y los últimos miembros de la OTAN (Macedonia del Norte, Finlandia y Suecia) debería extenderse hasta la frontera alemana, la OTAN y sus aliados se verían debilitados.

El futuro de la OTAN y la Unión Europea

Si la OTAN no participa de este acuerdo y la Unión Europea tampoco, para qué sirve la OTAN y ni qué hablar de sus nuevos adherentes, Finlandia y Suecia. Por lo tanto, si se aceptara esta hipótesis, la OTAN perdería su validez, al igual que sus socios europeos. Es posible que esta iniciativa tenga una decidida y paradójica oposición de los atlantistas de Bruselas. Si esto fuera así, obligaría al gobierno estadounidense a retirarse de la guerra, dejarla en manos europeas, las negociaciones, financiación y su terminación.

En cualquiera de los casos la Unión Europea pierde y enfrentará entonces una nueva configuración institucional. Algunos líderes, como Mario Draghi, han propuesto que los ciudadanos europeos financien la recuperación mediante un nuevo fondo de deuda de 800 mil millones de euros anuales. Sin embargo, el nacionalismo conservador ha ganado terreno en varios países europeos, dificultando la cooperación unificada.

El ejemplo actual es Alemania. El divorcio de la coalición de gobierno ante la inminente pérdida del gobierno es un síntoma, podrá ganar la democracia cristiana, pero a quien hay que detener es a Alternativa por Alemania (AfD). Hoy, aunque con una mezcla de nacionalistas y derechistas radicales, la derecha cuenta con 127 escaños en un parlamento de 705. Teniendo en cuenta la intención de voto a estos partidos, hay ocho países que se sitúan por encima de la media europea (que es del 16,9%): Francia (33,1%), Austria (27%), Italia (23,6%), Países Bajos (23,4%), República Checa (22,7%), Bélgica (21,5%) y Polonia (18,7%) que serán los que reconfiguren la Unión, pero con Trump esta vez.

Si bien el tema de Ucrania podría parecer en principio uno de los más sencillos de abordar, por no tener personal militar Estados Unidos, como en Irak o Afganistán, no lo es, si no va de la mano de Medio Oriente. El presidente Vladimir Putin propuso la creación de un nuevo sistema de garantías de seguridad colectiva en Eurasia ante el fracaso del modelo euroatlántico.

O sea, se trata ante todo de la Unión Estatal (de Rusia y Bielorrusia), la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), la Comunidad de Estados Independientes (CEI), la Organización de Cooperación de Shanghái (OSC) y, por si no se dieron cuenta, Rusia, China e Irán están entrelazadas. El control del Medio Oriente por parte de Estados Unidos, bajo su alianza estratégica con Israel, enfrenta importantes desafíos en el contexto actual.

Queda un solo tema de especulación, más allá de la inmigración, la salud, la educación, la guerra comercial con China, los aranceles, entre muchos otros, que quedarán para venideros análisis. Pero el hipotético repliegue de Estados Unidos como “gendarme global”, aunque no de América Latina, su «patio trasero”, merece un párrafo, sobre todo para Brasil y Venezuela.

Brasil entre Estados Unidos y los BRICS

Brasil dio una explicación poco feliz de su veto a Caracas en la incorporación a los BRICS. Según el gobierno obedece a que el presidente Nicolás Maduro abusó de la confianza de Lula tras las elecciones presidenciales al incumplir la promesa de presentar las actas oficiales de los resultados de las elecciones a presidente.

Venezuela es la mayor reserva mundial de petróleo, por lo que incorporarlo del lado de los BRICS era un objetivo estratégico para los mismos, lo que molestó a sus integrantes. ¿Qué autoridad tiene Brasil para exigir explicaciones sobre una acción soberana de otro país? Incluso como mediador en América del Sur, este gesto parece hostil e “inexplicable e inmoral”.

La “autonomía pragmática” de Brasil busca un equilibrio en un contexto internacional complicado, marcado por las guerras en Ucrania y Gaza. Sin embargo, esta postura parece poco favorable para mantener una verdadera neutralidad. Aun así, y tratando de ganar terreno en ambos lados de la cancha, como Turquía, el veto a Venezuela de su ingreso a los BRICS parece más una ejecución de Maduro y favorecer el juego de Trump, que una medida de autonomía moral.

En conclusión, Estados Unidos sigue enfrentando desafíos monumentales en su rol de potencia global. Desde su manejo de las guerras en Ucrania y Medio Oriente hasta su influencia en América Latina, su política exterior parece dividirse entre la continuidad y un repliegue estratégico. Sin embargo, la reconfiguración de alianzas globales y regionales, como los BRICS y la OTAN, refleja que el mundo está tendiendo a estabilizarse en un nuevo orden multipolar.

Fuente: https://eltabanoeconomista.wordpress.com/2024/11/10/el-gigante-en-crisis-el-futuro-incierto-y-la-disputa-por-la-decadencia/

2 de agosto de 2022

La decadencia de EE.UU., el ascenso de China y el (des) equilibrio latinoamericano

Álvaro Verzi Rangel

Entre tanta masacre y muertes, entre tanto bombardeo bélico y mediático, fakenews y shitnews, entre amenazas de guerra atómica y de tanto seudoanálisis geopolítico, surge la certeza de la decadencia de Estados Unidos y el ascenso de China, tendencias de larga duración, estructurales, que pueden demorar en concretarse pero parecen hoy inevitables.

El marco presentado por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) supone una indudable advertencia para América Latina y, específicamente, para los BRICS, grupo integrado por las “potencias emergentes” como Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, a los que se sumarán, seguramente este año, ya  que ambos países presentaron oficialmente sus solicitudes de ingreso.

Mientras, el primer ministro conservador británico Boris Johnson, se negó a entablar conversaciones y mucho menos negociaciones sobre las Islas Malvinas y acusó de machista a Vladimir Putin, afirmando que la intervención militar en Ucrania se correspondía con una “masculinidad tóxica”. Putin le recordó al premier de salida que fue Margaret Thatcher quien invadió las Islas del Atlántico Sur, a miles de kilómetros de Londres.

El próximo año será el bicentenario de la injerencista Doctrina Monroe estadounidense, verdadero antecedente de las fórmulas empleadas por la OTAN en Europa En 1829, Simón Bolívar redactó una carta dirigida al coronel Patricio Campbell con una reflexión profética: “Los EEUU parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias, en nombre de la libertad”. Se quedó corto, don Simón: no fue sólo América.

El apoyo ruso y chino a la membresía de Argentina al grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) tiene varias razones: Argentina se presenta como un importante polo de la estabilidad regional, una plataforma para el desarrollo de la cooperación económica, desmilitarización del Atlántico Sur, cooperación espacial y mantenimiento del estatus no nuclear de los países de la región.,

Además, todos los países miembros del BRICS, apoyan el reclamo argentino sobre la soberanía de las islas Malvinas. Es un detalle importantísimo frente a la creciente militarización del mundo, promovida por el eje anglosajón, tomando en cuenta que en las Malvinas se encuentra la base militar de la OTAN más grande en América Latina.

Los expertos advierten y repiten que nunca hubo una transición hegemónica sin guerra. Hoy China ostenta el dominio de las tecnologías de la revolución industrial en curso (inteligencia artificial, redes 5G, computación cuántica, entre otras), quizás parecido al dominio por EEUU, un siglo atrás, de la organización científica del trabajo, la adopción de los avances tecnológicos de la época y su aplicación al arte de la guerra.

Esta confrontación se da en una transición novedosa que involucra regiones y naciones cuya población de diferentes razas y colores, que involucra una historia de colonialismo y racismo de Occidente contra Oriente, del Norte contra el Sur.

Hoy, EEUU, la potencia decadente, depende de China, la ascendente, porque sus economías están entrelazadas. China acaba de comprar 292 aviones comerciales a Airb, la competidora europea de Boeing, que pidió al gobierno Biden un «diálogo productivo» con China, porque no puede prescindir de ese mercado-

Boeing lo dice claro: «Las ventas de aviones Boeing a China respaldan históricamente decenas de miles de empleos estadounidenses, y esperamos que los pedidos y las entregas se reanuden pronto». Pero el gobierno de EU impuso sanciones que incluyen el mantenimiento y la reparación de aeronaves Boeing, lo que perjudica a una de sus principales empresas.

Seguramente no nos encaminamos (aún) a un mundo hegemonizado por China, ni por EEUU, ni por ninguna otra potencia. Sino a un mundo fracturado en dos grandes bloques, con varias regiones y hasta continentes oscilando entre uno y otro.

En América Latina estamos acostumbrados a la hegemonía estadounidense, y por ello se hace más interesante hablar sobre una eventual hegemonía china en los conflictos sociales y en el tipo de movimientos que habrá en el futuro, desde una perspectiva centrada en América Latina.

Según la Comisión Económica para América latina (Cepal), organismo de Naciones Unidas, las economías de la región enfrentan hoy una coyuntura difícil en un contexto externo de incertidumbre, aumento de la inflación (en especial de alimentos y energía) y desaceleración de la actividad económica y el comercio y una lenta e incompleta recuperación de los mercados laborales.

Todo esto aumentará los niveles de pobreza y pobreza extrema y caso ocho millones de personas se sumarían a los 86,4 millones cuya seguridad alimentaria ya está en riesgo. Asimismo, los mayores precios de las materias primas, el aumento de los costos de transporte y las perturbaciones en las cadenas internacionales de suministro impactarán las exportaciones de bienes de la región.

En lo inmediato es necesario sostener el bienestar de los sectores más pobres, la seguridad alimentaria debe ser una prioridad y para ello no se debe restringir el comercio internacional de alimentos y fertilizantes pues hacerlo aceleraría la inflación y dañaría a los más pobres.

Cepal recomienda considerar acciones como mantener o aumentar los subsidios a alimentos, implementar acuerdos de contención de precios de la canasta básica con productores y cadenas de comercialización, y reducir o eliminar aranceles a la importación de granos y otros productos básicos.

Afirma que a mediano plazo, son necesarias políticas agrícolas e industriales que fortalezcan el apoyo a la producción agropecuaria, así como aumentar la eficiencia en el uso de fertilizantes, priorizando los biofertilizantes. La política industrial es clave para reducir la dependencia de la importación de fertilizantes en el mediano plazo, señala.

Cleptocracia financierista

Michael Hudson, un lúcido economista con abordaje geopolítico, habla del ineluctable epílogo de Occidente, mientras el multimillonario George Soros, preocupado por sus negocios, proclamaba en Davos el peligro de la extinción de la “civilización occidental” frente a Rusia y China y alertaba que en un futuro no muy lejano Estados Unidos podría convertirse en un régimen represivo.

Aborda el tema de la deuda desde los imperios griego y romano, pasando por las aristocracias medievales, hasta la hegemonía de la dupla Wall Street/La City londinense, que ha fracturado a las sociedades entre una clase rentista y las plebes endeudadas. Indica que EEUU representa el «imperio global que periclita en esta vía hostil a todas) las sociedades que no se abren a sus mercados financieros para ser saqueadas por los oligarcas estadounidenses».

Hudson  afirma que esa cleptocracia financierista global constituye el «núcleo del conflicto conforme China, Rusia, Irán y Venezuela, que se han desarrollado desde diferentes tradiciones, rechazan sucumbir a las demandas de EU», que suele resolver tales problemas por la fuerza, pero que ahora parece demasiado débil para conseguirlo.

Para el economista de la Universidad de Misuri, más que allá de la hegemonía de EEUU y su control dolarizado de las finanzas a nivel global y de la creación de dinero, está en juego esa idea de democracia que se volvió un eufemismo para la oligarquía financiera que busca imponerse a nivel global, mediante su control económico y político, respaldado por la fuerza militar.

Pero la economía de China parece hoy más poderosa y el poder militar ruso rebasó a los misiles hipersónicos nucleares, que Washington mostraba como amenaza. Y para sorpresa de muchos, Hudson recomienda restaurar un «Estado fuerte que posea los bienes y servicios públicos y que no se los entregue a los intereses privados».    

Álvaro Verzi Rangel. Sociólogo venezolano, Codirector del Observatorio en Comunicación y Democracia y analista senior del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)