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21 de noviembre de 2025

Izquierda vintage

César Hildebrandt

"Me dan risa los cubanófilos peruvianos que se mueren por una beca en los Estados Unidos"

Vladimir Cerrón se ha ofrecido para mejorar la condición cerebral de un suboficial de la PNP caído mientras hacía labores de limpieza en una comisaría de miseria.

Noble propuesta la de este neurocirujano que quiso sanar al Perú aplicando la terapia de Fidel Castro: una sola prensa, un solo partido, una sola voluntad colosal fundando el paraíso de la eterna igualdad.

Pero un día se cayó un muro en Berlín y se cayeron las franquicias de Moscú en el este de Europa y se cayó el Kremlin mismo en una sucesión gravitatoria de desplomes, y entonces Cuba dejó de recibir las propinas que necesitaba y llegó la verdad con cara de impío contador. Llegó el demandante y mandó parar.

Pobre pueblo cubano, tan próximo y tan entrañable. No se merecía lo que le ha tocado, del mismo modo que tampoco merecía la Cuba de los casinos y la dictadura de Batista. Pero anunciar la creación del nuevo hombre, sacrificar a tres generaciones en el empeño y terminar volviendo a las viejas indigencias y a la desesperación amordazada de los de abajo es todo un desastre social, político y moral. Que el imperialismo yanqui y su bloqueo tengan algo que ver con este escenario, no exime al sectarismo comunista de su responsabilidad. Cuba es un museo de cera donde todos caminan de puntillas.

Me dan risa los cubanófilos peruvianos que se mueren por una beca en los Estados Unidos, que darían todo por una cátedra en la universidad más pichiruchi del medio oeste (aunque sea), que siguen esperando la consagración de sus novelas ilegibles, pero que no dudan en firmar textos pro Cuba, pro Venezuela o pro Nicaragua. Si eso es la izquierda para ellos, que no se extrañen que en las elecciones del 2026 un Kast de estos lares, un Porky sin ictus, arrase con los votos. Porque es ley: cuando la izquierda es estúpida, la derecha usa la ganzúa.

Cerrón quiere intervenir gratuitamente un cerebro dañado. Más le valdría explicarnos cómo es que un hombre venido de La Habana terminó arropando a un profe de tercera que supuso que Palacio era un bazar y a una señora de Apurímac que era –y se notaba– la suma de todas las traiciones. Más le valdría explicarnos cómo es que, terminada la aventura palaciega, acabó pactando con el fujimorismo podrido para aprobar leyes que beneficiaban a pandillas.

A Cerrón, en suma, habría que encargarle que abriera el cerebro de la izquierda peruana y descubriera cuál es la naturaleza de ese mal que le impide entender qué pasó en la Unión Soviética, qué pasa en China o en Vietnam, qué pasará con ese momiaje intelectual progre que no acepta que el mundo cambió. Esa izquierda vintage libra batallas que ya se perdieron mientras huye de las que debería enfrentar. Y el resultado anecdótico, por citar un ejemplo, es que el abogado de Bermejo, no Alanoca –la síntesis del sur rebelde–, es el candidato más relevante de la izquierda.

El mundo es una ciénaga. Y la izquierda es más necesaria que nunca. Esa izquierda renacida está en la flota humanitaria que quiso llegar a Gaza, en los movimientos globales que abogan por desvincular el crecimiento de la economía de los propósitos de felicidad del ser humano, en la prédica verde, en la lucha contra la obscena concentración de la riqueza, en la preocupación por los efectos laborales de la inteligencia artificial, en el combate en contra del imperialismo y el colonialismo (el norteamericano y el europeo), en la defensa con reservas de una Federación Rusa que fue provocada sistemáticamente por el lado más sombrío de la OTAN. El agua, las farmacéuticas mundiales, el intento de privatizar el espacio, la asimetría tenaz del comercio, el uso criminal de la fuerza (como en el caso actual de Trump haciendo de orca imperial en el Caribe): la agenda de la izquierda es tan vasta y decisiva que no exageramos al decir que la civilización depende de ella.

A la izquierda peruana, sin embargo, se le rayó el disco. Es como si Rolando Breña Pantoja siguiera oculto huyendo de Velasco, como si algún perito en rayos de Albania siguiera dando instrucciones incendiarias, como si Fidel le preguntara inmortalmente a Camilo Cienfuegos si iba a bien. Como si Javier Heraud no hubiese muerto en vano. Como si la imagen de Mariátegui no hubiese sido manoseada masacradoramente por Guzmán.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 759 año 16, del 21/11/2025

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23 de octubre de 2025

Perú: Podría haber otra transición

Pedro Francke

No queda duda de que siguen gobernando los mismos que antes

Habiendo caído Dina Boluarte, surge la pregunta: ¿un buen gobierno de transición podría modificar algunas políticas, considerando que sólo es cuestión de meses hasta que se realicen las nuevas elecciones?

Pienso que sí. Desde luego deben enmarcarse en la lógica de un gobierno de transición, dejando algunas grandes definiciones para quienes salgan electos el próximo año. Pero no puede dejarse de lado que el derrumbe del gobierno de Dina Boluarte tiene como causa profunda la masiva oposición popular a sus políticas. Su estilo de gobernar también nos ha causado mucha rabia: esas frases ofensivas e idiotas sobre los “ponchos rojos” y las “balas dum dum” cuando mandó asesinar a peruanos, los Rolex de su wayki Oscorima, sus múltiples viajecitos al exterior con el permiso congresal aprobado con los votos de Keiko, López Aliaga y Acuña, el decir que frente a las extorsiones no respondan al wasap y toda su conducta hacia nuestro pueblo, una mezcla explosiva de agresividad e indiferencia, todo eso debe cambiar de inmediato. Pero eso no es lo único. Las políticas son fundamentales.

Empecemos por las referidas a la inseguridad ciudadana, donde resaltan algunos temas urgentes. Uno se refiere a cómo la policía nacional ha sido dirigida por ministros y generales dedicados a encubrir a Dina, los amigos y aliados de ella, y a ellos mismos y sus compinches, y a perseguir a opositores y jóvenes que protestan, sin importarles cómo siguen matando choferes y peruanos en general. Hay que limpiar el Ministerio del Interior y la policía, al menos empezando por las cabezas que tienen harto rabo de paja, y dar el ejemplo de que no habrá impunidad. Santiváñez, por ejemplo, debe ser investigado de inmediato y los asesinatos de Dina no deben quedar tampoco sin castigo. Una nueva política de interior debe respetar el derecho a la protesta y concentrarse en detener sicarios y extorsionadores. Para ello se necesita una segunda medida urgente: revertir todas las leyes procrimen que se han dado en los últimos años. Son una decena de normas aprobadas por el pacto Keiko-Cerrón que, con el objetivo de zafarse ellos mismos de sus acusaciones de corrupción, lavado de activos e interferencia con la justicia, se han traído abajo las posibilidades de enjuiciar a bandas organizadas e impiden avanzar las investigaciones con allanamientos, entre otros favores al crimen organizado.

En el terreno económico, como parte del pacto corrupto se han dado regalos multimillonarios a las grandes agroexportadoras, las transnacionales mineras obtienen ganancias extraordinarias y ha habido múltiples exoneraciones tributarias, mientras han robado del dinero público “como cancha”. Las decisiones en este aspecto tienen un plazo fijo ya que antes de fin de noviembre debe aprobarse el Presupuesto Público 2026 por disposición constitucional. El proyecto presentado por el gobierno de Dina, que ya era hiperoptimista en los ingresos y auguraba un déficit elevado, ha agravado su desfinanciamiento con las exoneraciones aprobadas para los agroexportadores. De inmediato debieran derogarse estas exoneraciones tributarias que no se justifican e iniciar una discusión amplia y plural sobre cómo recuperar los ingresos del Estado con mayor justicia, mejorar el sistema de inversión y tener mayor profesionalismo en la gestión pública. Con nuevos recursos presupuestales, podrían afrontarse algunas urgencias como las del sistema de salud, tal como en otras circunstancias se hizo el 2021. Entonces era el Covid, hoy desde vacunaciones hasta el cáncer de mama, la prevención del embarazo adolescente y el abastecimiento de medicinas básicas andan abandonados a su suerte. También hay la necesidad de una nueva ley de responsabilidad y transparencia fiscal. El tope legal de déficit fiscal lo violaron el 2023 y 2024, lo incumplirán este año y las proyecciones oficiales del BCR son que lo incumplirían el próximo. Esta irresponsabilidad de zurrarse en la ley una y otra y otra vez debe parar. He escrito bastantes artículos los últimos años sobre otros cambios importantes que deben hacerse en la política económica, pero concedamos que un gobierno de transición tiene espacios limitados y que sus medidas podrían concentrarse en deshacer los mayores entuertos y desarreglos dejados por el pacto mafioso de los últimos años. El gobierno de transición también deberá enfrentar una serie de bombas de tiempo dejadas por el actual, como la situación crítica de la minería informal e ilegal, el caos de Machu Picchu, la regulación de Sunedu, entre otros.

También deberá asegurar elecciones limpias, tremendo reto ahora que el pacto mafioso ha capturado todas las instituciones. La autonomía del Jurado Nacional de Elecciones debe ser garantizada, así como el presupuesto necesario dado que no queda otra que ir hacia unas elecciones con pésimas reglas producto del pacto mafioso. Deberá también apoyar a una recuperación sana del Ministerio Público, buscando que así avance la lucha contra la corrupción.

Es obvio que nada de eso hará un gobierno de José Jerí. Él debe su nominación a Keiko, Acuña y Cerrón, que lo apoyaron en su elección y nuevamente en la votación clave del 9 de octubre para mantenerlo en el cargo. No queda duda de que siguen gobernando los mismos que antes.  ¿Por qué entonces haría algo distinto, más allá de algunos gestos insustanciales?

Pero podría haber otro gobierno de transición. Hemos tenido dos en este milenio, con Valentín Paniagua y Francisco Sagasti. Ninguno tenía, al iniciar su gobierno, un amplio apoyo ciudadano ni un respaldo parlamentario sólido. Ambos surgieron luego de que en las calles derrotáramos a las fuerzas antidemocráticas y tuvieron que enfrentar coyunturas difíciles. La actual junta directiva del Congreso debe renunciar y debe conformarse una nueva con congresistas que no hayan votado por las leyes en favor del crimen organizado y de la impunidad, que las hay. Se hizo antes y se puede volver a hacer.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 754 año 16, del 17/10/2025

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12 de agosto de 2025

Perú: Trump y nosotros

Pedro Francke

"Nada de esto ha merecido una mínima respuesta del gobierno peruano ni de su protector, el 'antiimperialista marxista-leninista' Cerrón"

Bajo Donald Trump Estados Unidos ha roto los tratados de Libre Comercio, como el que firmó con nuestro país, sin ningún miramiento por la palabra empeñada. Ha elevado enormemente sus aranceles (impuestos a la importación también llamados con el anglicismo de tarifas), incluyendo los aplicados a productos claves de exportación peruanos que debían estar protegidos por el TLC.  De esta forma, ha golpeado a todo el mundo, aunque a algunos países, como Canadá e India, más que a otros. Trump lo ha hecho a pesar de que las leyes de Estados Unidos establecen que esas decisiones son potestad de su Congreso, pero está claro su nula disposición a respetar la división y equilibrio entre poderes y su intentona dictatorial. Los tribunales estadounidenses aún analizan el tema, pero así como en el Perú tenemos un Tribunal Constitucional servil al poder, lo mismo sucede en Estados Unidos con su Corte Suprema.

Dice Trump que ha logrado diversos arreglos parciales con varios países, sin que haya textos escritos de esos acuerdos. Pero él los propagandiza como grandes logros para Estados Unidos, anunciando supuestas inversiones millonarias de Japón y Europa en su país, que son “puro humo” como ha explicado el premio Nobel de economía Paul Krugman. Mientras tanto, esta semana sus estadísticas de empleo mostraron una caída fuerte, frente a lo cual Trump tuvo la infantil reacción de matar al mensajero: despidió al jefe del buró de estadísticas. Aun así, se piensa que Trump puede anunciar mayores aranceles para algunos productos en las próximas semanas.

A nivel internacional Trump sigue respaldando el genocidio desatado por Netanyahu contra los palestinos en Gaza, aunque este es cada vez más repudiado, incluso con algunos tímidos giros en una Europa cuya reacción frente al tema la ha deslegitimado como defensora de derechos humanos. Trump ha ido como trompo en relación a la guerra Rusia-Ucrania, bamboleando de un lado a otro con amenazas múltiples. Sus políticas contra la humanidad incluyen abandonar la lucha contra el VIH/SIDA, poner como ministro de salud a un demagogo antivacunas y promover un mayor uso de petróleo agravando el cambio climático.

Latinoamérica y el Perú en el ojo de Trump

Trump también ha desatado su intervencionismo en Latinoamérica. Ha aplicado aranceles de 50 por ciento a Brasil porque autoridades supremas judiciales de ese país han tomado medidas contra el expresidente Bolsonaro, que intentó un golpe de Estado movilizando a grupos armados y sectores policiales y militares en su capital. Lo que hizo el expresidente brasileño no fue solo un discurso sino toda una articulación de acciones subversivas contra la democracia, y quien ha decidido someterlo a juicio para que no se escape fue un poder judicial independiente. Trump igualmente ha pretendido entrometerse en la condena judicial del expresidente Álvaro Uribe, acusado, entre otras cosas, de manipular testigos. Ya antes se había metido con México. Nada de esto ha merecido una mínima respuesta del gobierno peruano ni de su protector, el “antiimperialista marxista-leninista” Cerrón.

Mientras tanto, las tormentas trumpistas se acercan a Perú, en torno al puerto de Chancay, de propiedad china y de carácter estratégico. La situación puede agravarse rápidamente. Como sabemos, el valor de ese puerto se incrementaría notablemente si hubiera un tren que lo conectara al Atlántico brasileño y ya China ha firmado un acuerdo para construir esa ferrovía hasta el límite de Brasil con Perú. Pero nuestro gobierno, en vez de coordinar y sumarse a la iniciativa, la critica, tras lo cual Boluarte sale a hacer viajecitos de placer con apoyo del Congreso.

El asunto de los puertos ha tomado mayor importancia porque, en torno a los puertos de Panamá, cuyos servicios los brinda la empresa china privada CK Hutchinson, hay una tensa negociación. Según reporta “The Economist”, esta empresa estaba llegando a un acuerdo de 23 mil millones de dólares para vender esos terminales y otros 41 puertos en 22 países de todo el mundo al fondo de inversiones gringo BlackRock y a la empresa suizo-italiana MSC. Pero China ha intervenido y exige que Cosco, el gigante naviero estatal chino, se una a los compradores con derecho a veto en las operaciones portuarias. CKH, BlackRock y MSC están dispuestos a aceptar la participación de Cosco, pero ¿qué dirá Trump? Cosco está estrechamente vinculado al Partido Comunista Chino, quien, reporta “The Economist”, controla el nombramiento de los principales directivos de la empresa. ¿Y esto qué tiene que ver con el Perú? Pues resulta que la dueña del puerto de Chancay es precisamente Cosco.

Respuestas: pocas pero existentes

Frente a la difícil situación mundial, el mes pasado hubo una cumbre entre los presidentes de Brasil, Chile, Uruguay, Colombia y España para defender la democracia mundial. Meses antes se realizó una cumbre de los países latinoamericanos agrupados en la CELAC. Otro bloque que ha intentado fortalecer relaciones para contrapesar la actual política imperialista de Estados Unidos han sido los BRICS.

A pesar del espíritu extractivista, el intervencionismo abierto y el total irrespeto a la legalidad internacional mostrados por Trump, hay en el Perú una extrema derecha que lo aplaude y quiere engancharse con él. No le importan los valores democráticos, ni los golpes a nuestra economía ni los riesgos a la soberanía nacional. Solo quieren subirse al carro del poder.

Pese a todo, las elecciones venideras merecen un debate sobre nuestro destino como nación y las políticas requeridas. Hoy una difícil situación internacional obliga a revisar y replantear posiciones al respecto. Cuidar el interés nacional y su proyección a futuro debe ser prioritario, junto a un compromiso con la vida, la democracia y los derechos humanos, que son valores tan golpeados actualmente en el mundo.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 744 año 16, del 08/08/2025

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22 de noviembre de 2024

Perú: Caos y corrupción

Ronald Gamarra

El hermano y más íntimo sostén político de Dina Boluarte, alias presidenta de la república, está fugitivo, con orden de captura. Tras días y días de pronunciamiento oral de la resolución, el Poder Judicial dictó 36 meses de prisión preventiva a Nicanor Boluarte. Resolución justa y fundamentada. Pero el trámite fue excesivamente formal, largo y farragoso, tanto que permitió al hermanísimo tomar las de Villadiego. La próxima vez habrá que enunciar de frente la parte decisoria del fallo para no dar al investigado tanto tiempo para escapar mientras el juez menciona una retahíla de argumentos y destaca una pluralidad de citas de episodios forenses que pueden llenar cientos de páginas. Ironías aparte, el caso del primer Boluarte pedido y corrido ilustra el grado de podredumbre y miseria moral que reina en el corazón del poder en nuestro país.

Por lo demás, sabemos bien que la orden de detención es una formalidad para el gobierno y no la ejecutarán. Nicanor Boluarte será otro prófugo tan protegido como el perulibrista Vladimir Cerrón, mayordomo del pacto corrupto entre el gobierno y el Congreso de la fujiderecha, los cuales están de acuerdo en la adopción de normas y medidas que protejan a los delincuentes que pueblan sus filas. Por eso han impuesto al país leyes que, por favorecer a los maleantes que cobijan, terminan ofreciendo protección e impunidad al peor malevaje común, tal como se ve en casos de plena actualidad.

En el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (Midis) las cosas huelen cada vez más podridas. Carne de caballo sacrificado –vaya uno a saber en qué camal clandestino– para los niños y niñas del programa de alimentación infantil Qali Warma. Eso no es todo. En el mismo programa del Midis se descubren por aquí y allá conservas en mal estado, contaminadas, infestadas de parásitos. Tampoco se detiene el escándalo allí. Pues de inmediato se denuncia que una empresa contratada por tal entidad distribuye entre los niños el mismo alimento que se destina a la alimentación barata de perros. Simplemente hay que jalar el hilo para que salga el rosario entero de la trampa y el fraude.

El programa Qali Warma está tomado totalmente por la corrupción más inescrupulosa, la que no duda en dañar a la niñez para lucrar. Y en estos hechos están denunciados como responsables o encubridores o receptores de sobornos los más altos funcionarios del sector y hasta se ha mencionado como involucrado al aprista Fredy Hinojosa, que funge de vocero presidencial, que cobra 25 mil soles mensuales por decir tonterías para tapar las trastadas de Dina. Pero nadie es removido, ni investigado, ni mucho menos sancionado. Todos siguen en su lugar, a pesar de las pruebas que acompañan las denuncias. Obviamente no se trata de casos aislados, de funcionarios individualmente corruptos, sino de redes que se han apoderado del Midis.

El Midis hace agua por todas partes, naufraga en la atención a la niñez, intoxica en vez de alimentar, la pone en peligro en lugar de protegerla y promoverla, ha impuesto la lógica perversa del negocio corrupto sobre el servicio público. Pero el ministro Julio Demartini, colaborador íntimo y favorito de Dina Boluarte desde 2021, sigue en el cargo a pesar de todos los escándalos, inamovible e incólume. Por algo será. Y el Congreso ni siquiera lo interpela, ni mucho menos lo censura, ni se ocupa en absoluto del caso. Por algo será también, pues. Cuántos tunantes de la plaza Bolívar no estarán metidos en los negociados de Qali Warma a través de empresas fantasma, a nombre de testaferros.

Dina Boluarte misma arrastra una larga e impresionante lista de cargos delictivos por los cuales tiene investigaciones abiertas en el Ministerio Público. Empezando por sus manejos turbios de las cuentas bancarias del Club Departamental Apurímac cuando fue su máxima dirigente. Siguiendo con sus chanchullos de la campaña electoral de 2021 en las filas de Perú Libre y al lado de Vladimir Cerrón. Siguiendo con sus actos de corrupción como presidenta de la república, que incluyen desbalance patrimonial y sus signos exteriores de riqueza, entre ellos los simbólicos relojes de lujo, las joyas y la ropa “proporcionados” por su lobista preferido Wilfredo Oscorima, gobernador de Ayacucho. O la utilización hasta ahora sin explicación coherente de sus vehículos oficiales en relación con el prófugo Cerrón. Pero lo peor es la muerte de 50 peruanos en manifestaciones contra su intención de atornillarse en el poder, como en efecto lo hizo, a sangre y fuego, mediante las fuerzas policiales y militares, a las cuales se autorizó a matar.

La coalición que sostiene a Dina Boluarte no puede durar. Y sin embargo sigue allí. A pesar del irrisorio 3 por ciento de aprobación de la presidenta, récord mundial de desaprobación e impopularidad de un gobierno y su gobernante. El Congreso no se queda atrás en el ranking del desprecio popular, van por ahí con Dina. Pese a lo cual allí están, se mantienen en el poder. ¿Qué ocurre para que las cosas sean así? ¿Por qué la protesta popular que se ha venido manifestando en estas semanas no ha logrado ninguna concesión, ningún retroceso en la coalición del gobierno y el Congreso de la fujiderecha?

La respuesta está, sin duda, en la ausencia total de un referente político alternativo al de la coalición corrupta. En nuestro país, el centro político, la izquierda en sus diversas variantes, incluso la derecha no fascistoide se han disuelto en el mar de las ambiciones individuales por la candidatura a la presidencia de la república y los cargos congresales en las elecciones del 2026. Pululan infinidad de micro organizaciones, creadas precisamente para tentar el huachito electoral, pero no para luchar por defender y recuperar la democracia envilecida hoy por la fujiderecha. Esos partidos microscópicos no son referente político que valga en las actuales circunstancias.

Si la coalición corrupta que gobierna observase que hay una entidad alternativa de oposición democrática, un frente amplio ubicado hacia el centro que acumula fuerzas a partir de los errores del ejecutivo y el Congreso, quizás retrocedería o se resquebrajaría. No existiendo ahora esa opción política, las cosas siguen como están desde que Dina y la fujiderecha se atornillaron al poder sobre los cadáveres de 50 compatriotas. Esta situación debería servir para llamar a la reflexión a las filas de la resistencia a fin de unir fuerzas, defender la democracia hoy y llegar también al 2026 en libertad y estado de derecho, no bajo el autoritarismo, la arbitrariedad y el desdibujamiento de la institucionalidad.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 710 año 15, del 22/11/2024

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2 de noviembre de 2024

Perú: La JNJ secuestrada

Ronald Gamarra


El cuestionado concurso público para cubrir las plazas titulares y suplentes de la Junta Nacional de Justicia para los próximos cinco años terminó como debía: entre gallos y medianoche. Así lo anunció esta semana un comunicado de la comisión especial, emitido cuando casi todo el país se había ido a dormir, en el cual, además, se anunciaba la juramentación de los seleccionados para el día siguiente. Qué sigilosos y apuraditos. Ni siquiera dejan que la gente tenga tiempo de informarse y mucho menos de opinar, presentar un recurso, reaccionar de alguna manera. Han actuado así, furtivamente, de principio a fin de todo este proceso irregular denominado “concurso público”.

Pero han quedado registrados los pasos seguidos por la comisión especial guiada por Josué Gutiérrez, abogado de Vladimir Cerrón, nombrado Defensor del Pueblo por este congreso del pacto corrupto como cuota de Perú Libre precisamente. Improvisado en el cargo, se ha esmerado en destruir hasta los cimientos el prestigio, el reconocimiento, la prestancia técnica y la labor cotidiana de la institución, que ahora no cumple ningún papel relevante en los conflictos sociales y en la defensa de derechos atropellados cada día desde el poder. Josué Gutiérrez llega a lo más hondo de la servidumbre al llevar a cabo este concurso para designar miembros de una JNJ sometida al pacto fujicorrupto.

El proceso de este concurso ha incumplido de modo deliberado las más elementales condiciones de transparencia, publicidad y apertura a la participación ciudadana. No se permitió en ningún caso el acceso de observadores de la sociedad civil a las entrevistas con los candidatos. Tampoco se permitió el acceso a las hojas de vida de los candidatos, impidiendo en la práctica la posibilidad de formular observaciones y tachas. Estas condiciones elementales, básicas, de un proceso transparente, por sólo poner un par de ejemplos, sí se observaron y permitieron ampliamente en el proceso de elección de la primera JNJ, en el año 2019. Se trata de una costumbre democrática que solo se ha dejado de cumplir bajo este congreso avasallador y manipulador.

Por otro lado, este concurso no se ha desarrollado en un ambiente democrático favorable, sino bajo condiciones de abierta intimidación. Desde el poder se han asegurado de que prácticamente ningún profesional que valga la pena considere la posibilidad de participar. La experiencia de actuar en la función pública con autonomía y sin someterse se castiga con una persecución feroz bajo este congreso, tal como ha quedado claro con el trato vejatorio dispensado a la JNJ que está por cesar y la persecución incesante a que son sometidos algunos de sus integrantes. Tal ha sido el ambiente de violencia creado por el antro de la plaza Bolívar, que disuade a los mejores y alienta a los que están dispuestos a someterse y servir al poder de turno que tiraniza el país.

Por eso ya entre los candidatos inscritos casi no se reconocía a nadie que hubiera destacado en el mundo del derecho o del conocimiento en general. Todos los postulantes eran de una grisura sin mayor matiz. De ellos, seleccionaron a 15. Qué graciosos, 15 aspirantes para 14 plazas (siete titulares y siete suplentes). O sea que entraban todos, menos uno. ¿Qué clase de concurso competitivo es ese? Este hecho, más allá de hacer levantar una ceja al más inocente, hace legítima la presunción de que esos 15 ya estaban bien “evaluados y conversados” para que no signifiquen en modo alguno la posibilidad de una actuación divergente de los propósitos mezquinos y hegemonistas del congreso.

Y así, por fin, el congreso logra tener a su disposición su propia JNJ, desde la cual pondrá en jaque al Poder Judicial y el Ministerio Público, donde muchos parlamentarios y sobre todo sus líderes políticos son parte de decenas de investigaciones y procesos que podrían terminar con ellos en la cárcel. Con el control de la JNJ ya tienen en sus manos una palanca poderosa para intimidar y condicionar a jueces y fiscales y para nombrar a los suyos propios. Además, la JNJ designa a los titulares de los organismos electorales. Una jugada a tres bandas para lograr la impunidad al mismo tiempo que el dominio sobre las elecciones del 2026, en las cuales se hace previsible, esta vez sí, el fraude que proclamaron en 2021.

Vistos los antecedentes, no es de extrañar que, en el concurso organizado por Fuerza Popular, perdón, por Josué Gutiérrez, el primer lugar lo ocupe un candidato de antecedentes nada alentadores. Se trata del abogado Gino Ríos Patio, de quien se ha podido averiguar que publicó en la revista del Colegio de Abogados de Lima un artículo en el cual plagiaba 14 párrafos de un artículo escrito con anterioridad por otro colega, y que no contento con ello también lo publicó en un libro. Quién sabe cuántos plagios más habrá cometido, pues bien dice el dicho: gallina que come huevo… Pero eso no es todo, también se le acusa de haber hecho uso de los abogados del Estado en sus casos particulares cuando fue procurador público con Alan García.

El congreso del pacto fujicorrupto avanza en sus planes de copar los principales organismos del Estado. Primero se apoderó del Tribunal Constitucional, luego hizo lo propio con la Defensoría del Pueblo, después se hizo con el control del Poder Ejecutivo sometiendo desde el principio a Dina Boluarte. Ahora siguen la faena nombrando una JNJ a su entero gusto. A partir de aquí proseguirán con el ataque al Ministerio Público, pues ya iniciaron el trámite de la acusación constitucional para destituir a todos los fiscales supremos, incluida la Fiscal de la Nación recientemente designada. Paralelamente, pretenden imponerse en los organismos electorales. Finalmente, irán por el control de la Corte Suprema, presidida actualmente por un tímido magistrado. Salvo que el pueblo lo impida.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 707 año 14, del 01/11/2024


29 de septiembre de 2023

Perú: Lenin de pacotilla

Ronald Gamarra

La costra fujimorista no podría volver a ejercer el poder real, como lo hace hoy, si no tuviera secuaces. Los necesita, pues la votación obtenida en las elecciones del 2021 la ubicó como una de las varias minorías que conforman el Congreso actual. Cuenta, por un lado, con la ultraderecha de Renovación Medieval, liderada por Rafael López Aliaga, un fracaso en la alcaldía de Lima, y los congresistas que llegaron a la curul gracias al inenarrable Hernando de Soto. A ellos pueden sumar un amasijo de parlamentarios del pantano, que algunos llaman “centro”, entre los cuales destacan Acción Popular, Podemos, la gente de César Acuña, todos conocidos oportunistas.

Sin embargo, para imponer su voluntad en votaciones cruciales, para desmantelar organismos constitucionales y someterlos a sus planes, al fujimorismo no le basta con esos cómplices porque requiere una mayoría calificada, una lluvia abrumadora de compinches, que puede llegar a 87 compromisos difíciles o problemáticos de conseguir en un Congreso tan fragmentado, donde cada pequeña facción exige lo suyo a cambio del aval. Naturalmente, esto no es una preocupación para el fujimorismo, viejo experto en enjuagues y negociados de todo tipo desde los tiempos en que hacían y deshacían bajo la dirección de Vladimiro Montesinos, pero exige esfuerzo.

El objetivo de lograr mayorías calificadas lo consiguió definitivamente el fujimorismo gracias a la colaboración oportuna y servil de Vladimir Cerrón. Lo obtuvo ya desde la época del desastroso gobierno de Pedro Castillo. Las votaciones clave que le han permitido intervenir, desmantelar y someter organismos constitucionales se han alcanzado, todas, absolutamente todas, gracias a los votos de Perú Libre, el “partido” del cual Vladimir Cerrón es el indiscutido propietario y gamonal absoluto. Si el fujimorismo y la derecha tienen hoy el poder que tienen, y aspiran a conseguir más, es gracias a los servicios de su mayordomo de izquierda.

Esto es una realidad objetiva e incuestionable, más allá del lenguaje ultra y las banderas radicales que agita Cerrón para encubrir sus apetitos y resentimientos verdaderos. Pero a veces se traiciona sin querer y él mismo se pone al descubierto, como lo hizo esta semana en un tuit revelador, en el cual confiesa, en buena cuenta, que apoya la destrucción de la Junta Nacional de Justicia porque no le dieron la razón en ciertos recursos que presentó contra una juez suprema, resaltando muy especialmente su inquina contra la doctora Inés Tello. Así pues, por puro resentimiento personal, el gamonal Cerrón impone a su gente apoyar la devastación de la JNJ.

Otros resentimientos y complejos que agobian a Cerrón se manifiestan, como los de cualquier ultraconservador vulgar, en su aversión por los derechos de las mujeres, habiendo llegado al extremo de expresar su público apoyo al indescriptible congresista que promueve el matrimonio infantil. Desprecia abiertamente los esfuerzos para lograr la igualdad de derechos de las mujeres y los denomina peyorativamente “ideología de género”. Además, su homofobia es pública y desembozada, y en consecuencia se opone activamente, como un machista desatado, a la igualdad de derechos de la comunidad LGTBIQ+.

Cerrón comparte alegre y activamente gran parte de la peor terminología de la ultraderecha contra la igualdad de derechos. Su coincidencia en el uso del término “ideología de género” no es casual. Ese es el verdadero Cerrón, el reaccionario profundo, de corazón. Como tampoco es casual que, como cualquier facha, emplee el término “caviares” para referirse a un indeterminado sector de individualidades que pueden ser de izquierda progresista, centro y aun de la derecha liberal. Cerrón ha hecho grandes esfuerzos por perfilarse como el “campeón” de la lucha contra los “caviares” y de ese modo hacerse aceptable al sector carca.

Aunque se proclama el auténtico y único “marxista-leninista” del Perú, es un ignorante en la materia. Basta revisar sus presuntuosos tuits, de una pobreza conceptual deleznable, todos destinados a justificar alguna ansia de poder concreto: puestos en el Estado para repartir a su gente, copar entidades públicas como coto cerrado partidario, como lo hizo durante el caótico y corrupto gobierno de Pedro Castillo, su candidato presidencial. O simplemente asignarse un inmoral sueldo mensual, similar al de un parlamentario, malversando los fondos del erario nacional que se otorgan a los partidos para financiar sus actividades de fortalecimiento, no para que los ganapanes vivan de la teta del Estado.

Gracias a los votos del cerronismo servil, el fujimorismo y la ultraderecha pudieron apoderarse por completo del Tribunal Constitucional a principios del 2022. Nunca habíamos tenido un TC absolutamente copado por un sector político; siempre conservamos una composición balanceada. El cerronismo oportunista e inepto les facilitó a sus supuestos adversarios, pero aliados reales, el control total del TC, de manera que nunca hubo un tribunal constitucional más obsecuente y de menor preparación jurídica, que ya ha condonado y legalizado numerosos legicidios y reformas anticonstitucionales perpetrados por este parlamento.

La Sunedu, es decir la calidad de la educación superior universitaria, fue la siguiente víctima en cuya destrucción tomó parte protagónica el cerronismo en apoyo a la iniciativa del fujimorismo y la ultraderecha, procuradores de los intereses mafiosos de las universidades basura. En el festín también intervino entusiastamente la gente de Pedro Castillo. La única oposición firme, como en otros casos similares, provino de los llamados “caviares”. El interés de lucrar con los beneficios del negocio de la estafa universitaria está en la base de todo este gran entendimiento de anchísima base. Para eso, los extremos del espectro político sí saben ponerse de acuerdo.

El premio al cerronismo por su colaboración mayordomil fue la Defensoría del Pueblo. El fujimorismo convenció a la ultraderecha para dejarle este organismo constitucional autónomo como su chacra. Así fue como nombraron al actual defensor, íntimo de Cerrón. Josué Gutiérrez, desde su nombramiento, se ha ocupado de desmantelar la entidad, despidiendo arbitrariamente a funcionarios de larga y valiosa experiencia, probados en numerosas pruebas de fuerza en defensa de los derechos ciudadanos, para sustituirlos por improvisados de su sector político y… del fujimorismo, como su nueva adjunta en asuntos constitucionales.

El cerronismo también participa de manera dinámica en los esfuerzos por destruir los pequeños avances que han tenido lugar para mejorar la calidad de la docencia en la educación pública de niños, niñas y adolescentes, promoviendo la reposición y nombramiento de miles de maestros que desaprobaron reiteradamente las pruebas de evaluación de mínima calidad docente, para lo cual ya han logrado la aprobación de una ley con el concurso del fujimorismo. Y también está su intervención dolosa en la ofensiva de la ultraderecha contra el contenido curricular que introduce la igualdad de derechos de las mujeres y el respeto a las minorías sexuales (“ideología de género”) y la educación sexual, lo cual es gravísimo en un país donde la violación de menores es un delito presente, atroz e impune.

Con estos antecedentes desvergonzados, no debe extrañar la colaboración del cerronismo en la demolición de la Junta Nacional de Justicia. Es simplemente la más reciente burrada de un grupúsculo oportunista que ya dio señales de lo que era desde que ocupó el gobierno regional de Junín mediante su mismo líder, sentenciado por ello por delito de corrupción, con otros procesos e investigaciones aún en curso. Un oportunista sin cualidades, además, como lo demuestra su liderazgo que empezó con 37 congresistas hace dos años y que hoy solo cuenta con 12. Ese es este Lenin de pacotilla.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 654 año 14, del 22/09/2023, p15

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4 de septiembre de 2022

Perú: Vladimir Cerrón y la salud

Pedro Francke

La pandemia del Covid nos agarró con un sistema de salud sumamente débil. El Perú tenía 0.82 médicos por cada mil habitantes, Argentina cinco veces más (3.99), Chile seis veces más (5.18), Colombia cuatro y media veces más (3.84). También en camas hospitalarias, estamos a la cola en la región, y ni hablar de UCIs y ventiladores, rubros en los cuales esos países vecinos tenían diez y veinte veces más que el nuestro. No cabe duda que la escasez de equipos y recursos humanos en salud ha sido la mayor causante de que, con 220 mil fallecidos, tengamos el triste récord de ser el país del mundo con mayor mortalidad Covid per cápita (entre los países con más de un millón de habitantes), duplicando o triplicando a países vecinos como Chile o Colombia.

Partiendo de esta base tan endeble, en la pandemia se han hecho esfuerzos extraordinarios, empezando por la gran dedicación de una enorme mayoría de profesionales y trabajadores públicos de salud. En términos de presupuesto, el 2020 que empezó la pandemia se destinaron recursos especiales a la atención del Covid, gastándose 5 mil 800 millones de soles en mejorar los servicios de salud, 800 millones en traslados de emergencia y 920 millones en bonificaciones especiales al personal de salud. Sin embargo, ese año que fue cuando tuvimos una fuerte cuarentena, más dinero aún se destinó a bonos para las familias: 12 mil 800 millones de soles. El 2021, ante la necesidad de comprar vacunas y redoblar esfuerzos, el gasto especial por Covid en servicios de salud fue de 12 mil 300 millones de soles y hubo otros 720 millones en apoyo de bonificaciones al personal de salud. Aunque el año pasado también hubo bonos para las familias, estos ya fueron menores que el apoyo a salud; esos bonos sumaron 7 mil 800 millones de soles, de los cuales 2 mil 700 millones en el primer semestre durante la gestión de Sagasti y Waldo Mendoza (bono de 600 soles a regiones más afectadas) y algo más de 5 mil 85 millones durante mi gestión como ministro (bono Yanapay).

Este año el apoyo presupuestal al sector Salud sigue. El 2019, antes de la pandemia, el presupuesto final (llamado PIM o Presupuesto Institucional Modificado) fue de 20 mil 890 millones para la función salud, lo que incluye Ministerio de Salud, SIS, INS, gobiernos regionales y municipalidades. Ese presupuesto subió a 27 mil 500 millones el 2020, un aumento bien fuerte del 32 por ciento, totalmente justificado por la pandemia. El 2021 lo aumentamos aún más; se partió de un presupuesto inicial de 20 mil 990 millones que subió hasta llegar a un presupuesto final de 31 mil 65 millones, del cual el sector Salud y las regiones y municipios solo llegaron a gastar 27 mil millones. Para este año 2022 ya hay un presupuesto de 28 mil 800 millones de soles, pero solo se ha gastado la mitad, cuando ya estamos por terminar el octavo mes del año. Y eso, a pesar de que se han renovado los contratos CAS-Covid, que ahora pasarán a ser CAS permanentes. Al Ministerio de Salud le quedan sobrando 7 mil millones de soles. ¿Quién es responsable? Como se sabe, el doctor Hernando Cevallos dirigió exitosamente el sector logrando una gran campaña de vacunación que nos salvó de tener una tercera ola de Covid con alta mortalidad, a pesar de lo cual desde inicios de año la dirección de ese ministerio está a cargo de militantes cerronistas. Siendo el propio Vladimir Cerrón un médico, es evidente que esa designación corresponde a una exigencia del jefe del partido Perú Libre.

PRESUPUESTO DEBE ORIENTARSE A SALUD PRIMARIA

En la comunidad de la salud pública hay un consenso desde hace varios años en reforzar la atención primaria de la salud. Junto a políticas de promoción y prevención basadas en fuertes campañas comunicacionales y una buena regulación de alimentos chatarra, cigarrillos y otros productos que generan riesgo para la salud, es urgente fortalecer una red de centros de salud de amplia cobertura nacional. Esta debe ser una misión fundamental de nuestra nación para los próximos años. Una red primaria de atención de salud bien constituida y abastecida puede atender adecuadamente el 80 por ciento de las necesidades de salud. El problema en el Perú es que los centros de salud tienen poco personal, carecen de especialidades, su abastecimiento de medicamentos es deficiente, tienen escaso equipamiento con tecnologías de bajo costo como ecografías o laboratorios básicos y no aprovechan las potencialidades del internet. Resolviendo estos problemas, podemos constituir una red de policlínicos modernos y tener una mucho mejor atención de salud a un costo mucho menor, solución muy superior a la de simplemente multiplicar hospitales. Estando los servicios de salud más cerca de la gente, se puede tener un modelo de atención donde las comunidades participen y las familias sean visitadas por médicos, enfermeras y equipos de salud. Eso es muy importante porque, pasada la urgencia de la pandemia, hay que recordar que hoy predominan en el Perú enfermedades crónicas como hipertensión, diabetes o lumbalgias discapacitantes, o problemas como la malnutrición y la anemia, frente a los cuales es fundamental que haya continuidad en su tratamiento y control, algo que solo puede hacerse desde centros de salud cercanos a la población asentada en los distritos y territorios.

Una de las grandes barreras para lograr esa transformación ha sido el presupuesto. Con un gasto en salud de apenas 3 por ciento del PBI, realmente miserable, no había casi margen para un esfuerzo de este tipo. Hoy sí lo hay, aunque se necesita una mayor recaudación tributaria para asegurar que el apoyo presupuestal a salud se amplíe y sea sostenible en el tiempo. En lo inmediato es urgente una buena gestión para, con mirada estratégica, orientar los recursos disponibles a una nueva misión, que debe ser el relanzamiento de la salud primaria integral.

Podría pensarse que este problema es obvio para el verdadero mandamás en el Ministerio de Salud, Vladimir Cerrón, educado en Cuba, admirador declarado de su régimen político y su sistema de salud basado en atención primaria. Pero en realidad el “cubanismo” de Cerrón es a su medida y conveniencia. Por ejemplo, el sistema de salud cubano ha logrado reducir la mortalidad materna atendiendo de manera gratuita a toda mujer que solicite un aborto desde 1965, pero ahora Cerrón coincide con sectores conservadores y fujimoristas buscando limitar el derecho de las mujeres a decidir sobre su salud sexual y reproductiva. De igual manera, Cerrón está bien calladito frente al nuevo Código de la Familia de Cuba que legaliza el matrimonio igualitario entre personas del mismo sexo, derecho social que a él le parece “caviar”. No debe extrañar tanto por eso que ahora, cuando hay presupuesto adicional para combatir el cáncer, menos del 1 por ciento se destine a prevención y promoción, que es lo más efectivo y resulta esencial para una estrategia de atención primaria de la salud.

PRESUPUESTO Y LIDERAZGO

Estando en vísperas de la presentación del Presupuesto 2023, me imagino el difícil dilema del Ministerio de Economía y Finanzas. Por un lado, la obvia necesidad de seguir apoyando al sector Salud, luego de que el Covid nos aventara en la cara el tremendo error que cometimos como país al no darle la prioridad correspondiente. Por otro lado, ¿para qué asignar más recursos presupuestales, que siempre son escasos, cuando el sector no tiene rumbo y este año le van a sobrar varios miles de millones sin gastar?

En salud necesitamos dos cosas: presupuesto sostenido y liderazgo con visión estratégica. Se logró con la vacunación. Ahora se necesita para esta nueva misión de relanzar la atención primaria en salud.

Fuente: HILDEBRANDT EN SUS TRECE N°600, del 26/08/2022   p18

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24 de abril de 2022

Perú: Lo que puede venir

César Hildebrandt

Si la izquierda es Aníbal Torres y sus estupideces, me declaro flamante militante de derechas.

Si la izquierda es Pedro Castillo y Vladimir Cerrón juntos y revueltos en este constipado ideológico que está cerrando carreteras, minas, diálogos, me presento como discípulo ignorante de José de la Riva Agüero.

Felizmente, la izquierda no es aquella vejez atrabiliaria ni este consorcio achorado que se instaló en la plaza de armas.

La izquierda no tiene ahora representación. Es un fantasma, un pasado, una nostalgia. Digámoslo con cierta pulcritud: la izquierda es un cementerio. José Carlos Mariátegui no le habría dado la mano a Vladimir Cerrón. Alfonso Barrantes le habría torcido la cara a Pedro Castillo. Hasta el modesto Jorge del Prado habría salido huyendo de las cuevas de Altamira del marxismo perulibrista. La izquierda tampoco es el silente cura Arana ni esa Rosa Luxemburgo en modo ventana de oportunidad que es madame Verónika. Ni mucho menos es Bellido, que es el leninismo de lonchera, ni Bermejo, que es el Kremlin de fórmica y el sóviet de Poncho Negro.

La izquierda no es esta vocación por la acefalía y el asambleísmo sin norte ni autoridad. Es lógico que un régimen sin líder y sin propuestas crea que el grito y la consigna son suficientes. Pero no puede ser de izquierda un régimen que no cree en el pueblo organizado sino en la turba instigada por quienes asumen que el país se refundará a partir de una carretera bloqueada con troncos y piedras.

La ira histórica, la que puede producir cambios, siempre tuvo ideas. El brazo alzado, el puño amenazante, la voz de la advertencia sólo tienen sentido si provienen de una visión del mundo, de un lenguaje persuasivo, de una opción cultural. El gobierno de Cerrón y Castillo está alentando un clima de presuntos pueblos sublevados que exigen lo que Cerrón y Castillo desean que se demande. Entre esas demandas están una “segunda reforma agraria” que nadie puede precisar en qué consiste y una asamblea constituyente para la que no existe el respaldo suficiente y que no puede ser planteada por un gobierno que ha demostrado una siniestra incompetencia.

La guerra ruso-ucraniana y el infame legado de la pandemia exigen una economía de emergencia y un gobierno lúcido.

Lo que tenemos es esta confusión, este Pasamayo de neblina. Todos los días, como grillos, nos asomamos a la ventana a ver qué inundación nos hará cambiar de dirección, qué viento se anuncia, qué rayo podría fulminarnos. Y mientras tanto, los barrios clasemedieros y pobres han sido tomados por bandas de peruanos y extranjeros que tienen sus propias leyes, sus propias fuerzas armadas.

Pocas veces el país que amamos y que tanto nos ofusca se ha visto tan poco viable como ahora. Nada, excepto la exaltación, nos puede unir. Y el gobierno, que podría hacer de árbitro paternal, está dedicado abiertamente a cavar en el abismo que, por gravedad, habrá de devorarnos. Somos un agujero negro en proceso de construcción, pero ya tenemos una de sus características: no hay una sola luz que salga de nosotros. La propuesta de “mesas de la cordura” sería válida si hubiera en la clase política una apuesta por la razón, un muñón de generosidad. El único punto en la agenda de nuestros políticos es su sobrevivencia. Un ágrafo consejero les susurra: “Duro, luego existo”. Es Descartes interpretado por Acuña.

Cerrón es tan torpe que cree que de este incendio saldrá la purificación y el renacimiento. Lo único que puede salir de todo esto, muchachito tonto, es un Pinochet con disfraz de bombero. Estás advertido.

Fuente: HILDEBRANDT EN SUS TRECE N°583, del 22/04/2022   p12

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17 de octubre de 2021

Cerrón y su novia

César Hildebrandt

Un suizo-francés criticó, con absoluta razón, las inequidades de su época y reivindicó la voluntad general como la clave de la liberación. Su nombre era Jean-Jacques Rousseau. Tres décadas después, Robespierre, presidiendo el terror de la purificación revolucionaria, citaría sus libros y sus frases. Un judío alemán analizó la anomalía radical del capitalismo e ideó la utopía de un mundo donde las tortillas se voltearan, los pobres mandaran y la igualdad se instalara. Ese paraíso, impuesto por una dictadura altruista, crearía un hombre nuevo, la paz del maná y la fraternidad de las despensas compartidas. Su apellido era Marx. Lenin lo convertiría en padre putativo. Stalin lo adoptaría como coartada. Fidel Castro se parapetaría detrás de sus barbas.

Un peruano ilustre le hizo la autopsia al Perú inmóvil de la oligarquía agraria y llegó a la conclusión de que el problema del indio y la resistencia a hacer cambios de las élites hacían indispensable una revolución que cambiara los paradigmas. Se apellidaba Mariátegui. Un charlatán que amaba la sangre derramada (mientras no fuera la suya) se apropió de su nombre y difamó su memoria. Su nombre era Abimael Guzmán.

Las ideas nacen en un estudio, a la luz de un lamparín, en el insomnio de los alucinados, y más tarde pueden encarnarse en discursos, fanatismos, pólvora, muertes diversas. Algunas veces, en algunos suburbios de la inteligencia, las ideas que ya demostraron su potencia letal y su suicida romanticismo se obstinan en no morir. El señor Vladimir Cerrón, por ejemplo, sigue creyendo que en Cuba se instauró el socialismo que Marx soñó mientras escribía en el Soho. Lo mismo creen los que susurran, a media boca nomás, “¡Viva Cuba!” pero no vivirían en La Habana ni siquiera una semana porque allí no hay prensa que los enamore ni editores que los busquen.

El señor Cerrón cree que está casado con una señora vigente y de pechos proveedores. No quiere admitir que esa novia de los años 60 del siglo pasado es hoy una momia. Tampoco reconocerá que su devoción necrófila tiene el tamaño de su terquedad. Esa novia difunta y mal cosida es el marxismo-leninismo visto por Tim Burton, lo que quedó del estalinismo después de que la RDA expirara y la gloriosa Unión Soviética se troceara y la Europa de las democracias llamadas populares pasara al basurero. Lo que no quiere decir, desde luego, que el capitalismo tiene razón y que los neoliberales deban sentirse los grandes triunfadores que Fukuyama imaginó.

Rotundamente cierto sí es que el señor Cerrón tiene el aspecto borroso de un anacronismo. Pertenece a las sobras del comunismo que fracasó y, sin embargo, ha pretendido que Pedro Castillo sea su mequetrefe, su servilleta, su chulillo y su piquichón. Se veía haciendo la revolución cubana desde bastidores. Se sentía Fidel Castro y a Castillo le asignó el papel triste de Osvaldo Dorticós, el “presidente” que durante 17 años no tomó ninguna decisión y que, cuando optó por algo, eligió el suicidio.

El problema es que el desenlace ha sido distinto al esperado. El señor Cerrón, que ha empleado a su santa madre como tenedora de cuentas bancarias del todo inexplicables, creyó que la presidencia oculta que detentaba se mantendría indefinidamente. Grave error. Echado Guido Bellido del redil y recompuesto el gabinete, Cerrón se quedó sin nada.

Porque resulta que ni siquiera el ministro del Interior –esa mixtura de abogado de Azángaro y policía capaz de cualquier cosa– es de los suyos. Ese señor es hechura de Guillermo Bermejo, que habla de la nueva constitución para darse aires políticos pero que en realidad es el jefe del lobby de los cocaleros.

De modo que Cerrón, que está en cuenta regresiva rumbo a un juicio que puede ser devastador, se quedó sin nada. A su lado están su eterna novia de sarcófago, la vejez de sus presuntos ideales y los fajos que habrá que esconder antes de los peritajes financieros. El hombre que se decía todopoderoso parece hoy un huérfano de Dickens.

Después de la salida de Bellido, la segunda gran noticia es que Perú Libre ha roto con Pedro Castillo y le ha declarado la guerra.

Eso era lo que pedíamos algunos desde la modestia de nuestras tribunas: Cerrón nos ha complacido. Anunciar que el partido de gobierno le negará la confianza al gabinete de Vásquez desnuda el verdadero talante del cerronismo. No se trata, en realidad, de un partido. Hablamos del PARTIDO, con las mayúsculas de Beria y el subrayado de Raúl Castro. Hablamos del sacrosanto partido que iba a hacer aquí, sin Granma ni Sierra Maestra, lo que los barbudos hicieron en Cuba hace una punta de años.

Espero que Castillo no se asuste. Era imprescindible que esto sucediera y que las cosas se aclararan.

El trastorno obsesivo compulsivo de Cerrón no podía gobernar el Perú. Castillo puede hacer un gobierno de izquierda que cambie la constitución donde haya que cambiarla, que modifique el modelo económico y evite el abuso de la plutocracia reinante y que inaugure un tiempo nuevo sin traerse abajo la inversión ni abrir la caja de Pandora inflacionaria. Pero eso sólo puede hacerlo lejos de Cerrón. Muy lejos de Cerrón y de aquellos que creyeron que podían apropiarse de un triunfo electoral que jamás les perteneció.

Cerrón habla de traición y desviacionismo. Cree que el pueblo saldrá a las calles y gritará su nombre. Quienes habrán de nombrarlo en los próximos días, y de modo insistente, serán fiscales y jueces. Y peritos contables.


Fuente: HILDEBRANDT EN SUS TRECE N°561, del 15/10/2021   p12

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8 de agosto de 2021

¿Por quién votó la mayoría?

César Hildebrandt

El señor presidente del Consejo de Ministros dice que Perú Libre ganó las elecciones.

No es cierto. Es mentira. Es demagogia de la peor especie.

La gente votó por un profesor de provincias que se enfrentaba a alias La Chica, la señora que la derecha apoyó con descaro y de modo abrumador a ver si esta vez tenía suerte.

Se diría que la señora derrotada perdió las elecciones porque no pudo convencer a suficientes votantes de que había cambiado y que esta vez no era la hija rencorosa del padre condenado. Era imposible que en pleno sufrimiento de la pandemia y la crisis económica por ella desatada los peruanos no advirtieran que la señora Fujimori estaba fingiendo y que sus bonos, sus regalías, sus loncheras eran parte de esa actuación.

Perdió alias La Chica. Ganó Castillo por 44,000 votos. Fue una llegada de nariz saliente, de belfos estirados. Fue el derby de Kentucky corrido por los caballos menos atractivos del reparto.

Que el señor Bellido salga a la calle y le pregunte a la gente que votó por Castillo si es cierto que, en la cabina electoral, pensó en Cerrón y se emocionó. Que le pregunte a la gente que votó por Castillo si es cierto que a la hora de ponerle un aspa al lapicito pensó en Perú Libre y en su líder.

Perú Libre, es decir, el señor Cerrón, se presenta ahora como el titular de la patente. Y pretende que el señor Castillo, presidente constitucional de la república, cumpla las metas del partido marxista-leninista que le sirvió de vientre de alquiler.

El problema es que las metas comunistas de Perú Libre y del señor Cerrón sólo pueden cumplirse después de una revolución popular triunfante.

Si el señor Cerrón hubiese tomado La Bastilla, si el señor Bellido fuese Robespierre, si el señor Bermejo encarnase a Danton, la historia sería otra cosa.

Esa epopeya de revancha y justicia, de decapitaciones y refundaciones, no se ha dado aquí.  

Aquí lo que ha pasado es que el señor Castillo le ha ganado la batalla electoral a la señora que ya no podrá postular otra vez. Nada menos y nada más. Aquí lo que está en discusión es cómo se hará el cambio constitucional que el señor Castillo prometió a sus votantes. Y el señor Castillo ya anunció que se someterá al Congreso para lograr esa meta. Lo dijo claramente en el discurso del 28 de julio.

Nada de lo dicho significa que el nuevo gobierno esté impedido de plantear cambios severos en varios campos: el régimen tributario, el papel del Estado, la reivindicación de los postergados, la lucha contra la desigualdad.

Porque así como decimos que el señor Cerrón no ganó las elecciones y que Perú Libre no puede pasarnos la factura de un triunfo expectaticio, del mismo modo podemos decir que la derecha no puede exigir la castración programática del nuevo gobierno.

La derecha no puede confundir las válidas críticas que se le hacen a Castillo con la exigencia inaceptable de que nada debe cambiar. ¡Claro que hay muchas cosas que cambiar! Una cosa es que Castillo sume errores precoces y se dispare a los pies con algunos de sus nombramientos y otra muy distinta es pedirle que se olvide de los millones de preteridos que le dieron su confianza.

La derecha cree que Castillo debe acatar los miedos que sus periódicos y televisiones desatan. Cerrón y Perú Libre están seguros de que Castillo es el hombre que pusieron en palacio para que fuera obediente y reconociera su papel de actor secundario.

El señor Castillo tiene que gobernar un país complicado en un momento especialmente delicado. Su deber es durar. No debe ser peón de Cerrón ni Cosito de la prensa concentrada. Encontrar ese balance requiere consejeros sabios y no gente dispuesta a patear el tablero como “gesto viril”.

El señor Cerrón cree que se ha encontrado con la fortuna de una revolución castrista sin necesidad de irse a pegar tiros a la Sierra Maestra. Los que apoyaron la candidatura de Castillo con su voto apostaron por el cambio. Pero el cambio no puede darse en la anarquía ni puede ser el resultado de una guerra civil instigada desde el poder.

Vladimir Cerrón quiere cerrar el congreso después de dos censuras de gabinete y aspira a que una nueva elección legislativa le dé una nueva y aplastante mayoría a Perú Libre. Sueña, divaga, delira el señor Cerrón. Nuevas elecciones quizá signifiquen menos curules y una derrota enorme. El exgobernador de Junín cree en una nueva versión de los Estados Generales. Quiere guillotinar Capetos que no existen.

Lo que necesitamos es un capitán que sepa de tormentas. Lo que menos requerimos es un chiflado que enfile la proa hacia donde suenan los truenos. Es la hora de ponerse serios.

Fuente: HILDEBRANDT EN SUS TRECE N°551, del 30/07/2021   p12

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