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21 de noviembre de 2025

Izquierda vintage

César Hildebrandt

"Me dan risa los cubanófilos peruvianos que se mueren por una beca en los Estados Unidos"

Vladimir Cerrón se ha ofrecido para mejorar la condición cerebral de un suboficial de la PNP caído mientras hacía labores de limpieza en una comisaría de miseria.

Noble propuesta la de este neurocirujano que quiso sanar al Perú aplicando la terapia de Fidel Castro: una sola prensa, un solo partido, una sola voluntad colosal fundando el paraíso de la eterna igualdad.

Pero un día se cayó un muro en Berlín y se cayeron las franquicias de Moscú en el este de Europa y se cayó el Kremlin mismo en una sucesión gravitatoria de desplomes, y entonces Cuba dejó de recibir las propinas que necesitaba y llegó la verdad con cara de impío contador. Llegó el demandante y mandó parar.

Pobre pueblo cubano, tan próximo y tan entrañable. No se merecía lo que le ha tocado, del mismo modo que tampoco merecía la Cuba de los casinos y la dictadura de Batista. Pero anunciar la creación del nuevo hombre, sacrificar a tres generaciones en el empeño y terminar volviendo a las viejas indigencias y a la desesperación amordazada de los de abajo es todo un desastre social, político y moral. Que el imperialismo yanqui y su bloqueo tengan algo que ver con este escenario, no exime al sectarismo comunista de su responsabilidad. Cuba es un museo de cera donde todos caminan de puntillas.

Me dan risa los cubanófilos peruvianos que se mueren por una beca en los Estados Unidos, que darían todo por una cátedra en la universidad más pichiruchi del medio oeste (aunque sea), que siguen esperando la consagración de sus novelas ilegibles, pero que no dudan en firmar textos pro Cuba, pro Venezuela o pro Nicaragua. Si eso es la izquierda para ellos, que no se extrañen que en las elecciones del 2026 un Kast de estos lares, un Porky sin ictus, arrase con los votos. Porque es ley: cuando la izquierda es estúpida, la derecha usa la ganzúa.

Cerrón quiere intervenir gratuitamente un cerebro dañado. Más le valdría explicarnos cómo es que un hombre venido de La Habana terminó arropando a un profe de tercera que supuso que Palacio era un bazar y a una señora de Apurímac que era –y se notaba– la suma de todas las traiciones. Más le valdría explicarnos cómo es que, terminada la aventura palaciega, acabó pactando con el fujimorismo podrido para aprobar leyes que beneficiaban a pandillas.

A Cerrón, en suma, habría que encargarle que abriera el cerebro de la izquierda peruana y descubriera cuál es la naturaleza de ese mal que le impide entender qué pasó en la Unión Soviética, qué pasa en China o en Vietnam, qué pasará con ese momiaje intelectual progre que no acepta que el mundo cambió. Esa izquierda vintage libra batallas que ya se perdieron mientras huye de las que debería enfrentar. Y el resultado anecdótico, por citar un ejemplo, es que el abogado de Bermejo, no Alanoca –la síntesis del sur rebelde–, es el candidato más relevante de la izquierda.

El mundo es una ciénaga. Y la izquierda es más necesaria que nunca. Esa izquierda renacida está en la flota humanitaria que quiso llegar a Gaza, en los movimientos globales que abogan por desvincular el crecimiento de la economía de los propósitos de felicidad del ser humano, en la prédica verde, en la lucha contra la obscena concentración de la riqueza, en la preocupación por los efectos laborales de la inteligencia artificial, en el combate en contra del imperialismo y el colonialismo (el norteamericano y el europeo), en la defensa con reservas de una Federación Rusa que fue provocada sistemáticamente por el lado más sombrío de la OTAN. El agua, las farmacéuticas mundiales, el intento de privatizar el espacio, la asimetría tenaz del comercio, el uso criminal de la fuerza (como en el caso actual de Trump haciendo de orca imperial en el Caribe): la agenda de la izquierda es tan vasta y decisiva que no exageramos al decir que la civilización depende de ella.

A la izquierda peruana, sin embargo, se le rayó el disco. Es como si Rolando Breña Pantoja siguiera oculto huyendo de Velasco, como si algún perito en rayos de Albania siguiera dando instrucciones incendiarias, como si Fidel le preguntara inmortalmente a Camilo Cienfuegos si iba a bien. Como si Javier Heraud no hubiese muerto en vano. Como si la imagen de Mariátegui no hubiese sido manoseada masacradoramente por Guzmán.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 759 año 16, del 21/11/2025

https://www.hildebrandtensustrece.com/

15 de octubre de 2025

De Nobel a Nobel

Adolfo Pérez Esquivel

Te envío el saludo de paz y bien que tanto necesita la humanidad y los pueblos que viven en la pobreza, conflictos, guerras y hambre. Esta carta abierta es para expresarte y compartir algunas reflexiones.

Me sorprendió tu designación como Premio Nobel de la Paz que te otorgó el Comité Nobel. Me vinieron a la memoria las luchas contra las dictaduras en el continente y en mi país, dictaduras militares que soportamos desde 1976 hasta 1983. Resistimos las cárceles, torturas y el exilio con miles de desaparecidos, niños secuestrados y desaparecidos y los vuelos de la muerte de los cuales soy un sobreviviente.

En 1980 el Comité Nobel me otorgó el Premio Nobel de la Paz; han pasado 45 años y continuamos trabajando al servicio de los más pobres y junto a los pueblos latinoamericanos. En nombre de todos ellos asumí esa alta distinción, no por el Premio en sí, fue por el compromiso junto a los pueblos que comparten las luchas y esperanzas para construir un nuevo amanecer. La paz se construye día a día y debemos ser coherentes entre el decir y el hacer.

A mis 94 años, continúo siendo un aprendiz de la vida y me preocupa tu postura y tus decisiones sociales y políticas. Por lo tanto te envío estas reflexiones.

El gobierno venezolano es una democracia con sus luces y sombras. Hugo Chávez marcó el camino de libertad y soberanía del pueblo y luchó por la unidad continental, fue un despertar de la Patria Grande. Estados Unidos lo atacó permanentemente: no puede permitir que ningún país del continente salga de su órbita y la dependencia colonial; continúa sosteniendo que América Latina es su “patrio trasero”. El boqueo a Cuba por los Estados Unidos durante más de 60 años es un ataque a la libertad y derecho de los pueblos. La resistencia del pueblo cubano es un ejemplo de dignidad y fortaleza.

Me sorprende cómo te aferras a los Estados Unidos: debes saber que no tiene aliados, ni amigos, solo tiene intereses. Las dictaduras impuestas en América Latina fueron instrumentadas por sus intereses de dominación y destruyeron la vida y la organización social, cultural y política de los pueblos que luchan por su libertad y autodeterminación. Los pueblos resistimos y luchamos por el derecho a ser libres y soberanos y no colonia de los Estados Unidos.

El gobierno de Nicolás Maduro vive bajo amenaza de los Estados Unidos y del bloqueo, basta tener presente las fuerzas navales en el Caribe y el peligro de invasión a tu país. No has dicho una palabra o apoyas la injerencia de la gran potencia contra Venezuela. El pueblo venezolano está listo para enfrentar la amenaza.

Corina, te pregunto. ¿Por qué llamaste a los Estados Unidos para que invada Venezuela? Al recibir el anuncio que te otorgaron el Premio Nobel de la Paz se lo dedicaste a Trump. El agresor a tu país que miente y acusa a Venezuela de ser narcotraficante, mentira semejante a la de George Bush, que acusó a Saddam Hussein de tener “armas de destrucción masiva”. Pretexto para invadir Irak, saquearla y provocar miles de víctimas, mujeres y niños. Estuve al final de la guerra en Bagdad en el hospital pediátrico y pude ver la destrucción y muertes por aquellos que se proclaman los defensores de la libertad. La peor de las violencias es la mentira.

No olvides Corina que Panamá fue invadida por los Estados Unidos, que provocó muertes y destrucción para capturar un exiliado, el general Noriega. La invasión dejó 1200 muertes en Los Chorrillos. Hoy Estados Unidos pretende apoderarse nuevamente del Canal de Panamá. Es una larga lista de intervenciones y dolor en América Latina y el mundo por Estados Unidos. Aún continúan abiertas las venas de América Latina, como decía Eduardo Galeano.

Me preocupa que no hayas dedicado el Nobel a tu pueblo y sí al agresor de Venezuela. Creo Corina que tienes que analizar y saber dónde estás parada, si eres una pieza más del coloniaje de Estados Unidos, sometida a sus intereses de dominación, lo que nunca puede ser para el bien de tu pueblo. Como opositora al gobierno de Maduro, tus posturas y opciones generan mucha incertidumbre, recurres a lo peor cuando pedís que Estados Unidos invada Venezuela.

Lo importante es tener presente que construir la paz requiere mucha fuerza y coraje en bien de tu pueblo, que conozco y quiero profundamente. Donde antes había chabolas en los cerros que sobrevivían en la pobreza e indigencia hoy hay viviendas dignas, salud, educación y cultura. La dignidad del pueblo no se compra ni se vende.

Corina, como dice el poeta: caminante no hay camino, se hace camino al andar. Ahora tienes la posibilidad de trabajar para tu pueblo y construir la paz, no provocar mayor violencia, un mal no se resuelve con otro mal mayor. Solo tendremos dos males y nunca la solución del conflicto.

Abre tu mente y corazón al diálogo, al encuentro de tu pueblo, vacía el cántaro de la violencia y construye la paz y unidad de tu pueblo para que entre la luz de la libertad e igualdad.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/865256-de-nobel-a-nobel

27 de septiembre de 2025

Cuba atacada por no ser colonia de Washington

Hedelberto López Blanch

El presidente Donald Trump y el secretario de Estado Marco Rubio, impulsados por representantes cubanoamericanos de ultraderecha, han lanzado una violenta guerra híbrida contra la revolución cubana con el afán de derrocar al Gobierno de la Isla que ha resistido durante más de 60 años todos los embates y agresiones de las diferentes administraciones estadounidenses.

Marco Rubio desde su nombramiento como canciller el pasado 20 de enero ha impulsado las políticas de odio hacia Cuba y alebrestado a otros cubanoamericanos como Carlos Giménez, Mario Díaz-Balard o María Elvira Salazar que diariamente impulsan resoluciones y propuestas de leyes con el manifiesto fin de incrementar aun más el bloqueo económico, comercial y financiero que mantiene Estados Unidos contra Cuba.

Un reciente libro publicado por las editoriales Nuevo Milenio y Resumen Latinoamericano, bajo el título, «Rubio, un mitómano incontrolable», denuncia las mentiras y los eventos de corrupción en los que ha estado envuelto este personaje cuya primera farsa fue afirmar que sus padres huyeron como exiliados políticos de la Revolución cubana cuando la realidad es que emigraron a Estados Unidos en 1956 durante la dictadura de Fulgencio Batista.

El autor de la obra tomó múltiples informaciones e investigaciones de periódicos y fuentes públicas las que detallan pormenorizadamente las tropelías y corrupciones cometidas por Rubio quien manifiesta una obstinada obsesión con hacerle en mayor daño al pueblo cubano.

Como expresó durante la presentación el presidente de Casa de las Américas, Abel Prieto, en el libro se pone de manifiesto el pensamiento de José Martí cuando escribió: «los venenos del alma que manchan la naturaleza de Estados Unidos» y también para apreciar la crisis moral de las élites del imperio que nos desprecia.

En el lejano 1973, Manuel Giberga, asesor del Director del Buró Federal de Narcóticos, el cubano de mayor rango en la administración de Richard Nixon, dijo en una entrevista a la revista Réplica que se estaba formando en Miami una mafia cubana al estilo de cómo se hizo por los gánsteres de Chicago en la época de Al Capone.

El senador estadounidense Rick Scott y la congresistas cubanoamericana María Elvira Salazar impulsan el llamado proyecto de Ley Force, que prohibiría al Ejecutivo eliminar a la Mayor de las Antillas de ilegítima lista de países patrocinadores del terrorismo hasta que se cumplan condiciones que, en la práctica, profundizan el daño económico al pueblo cubano.

El Gobierno cubano y numerosos países del mundo han rechazado esa arbitraria e injusta medida que ha sido utilizada como una herramienta de asfixia financiera y aislamiento internacional la cual impide el acceso a mecanismos bancarios globales y restringe exportaciones esenciales, afectando severamente la economía y la calidad de vida de la población.

Otro odiador ha sido el congresista cubanoamericano Carlos Giménez que ha declarado que «hay que matar de hambre al régimen, cesar todos los viajes hacia y desde la Isla y prohibir las remesas de ciudadanos estadounidenses a familiares o amigos, excepto los que se le dan a los grupos opositores al Gobierno.

La realidad es que las acciones y campañas contra la Isla del Caribe se ha convertido en un verdadero negocio para esos personajes que reciben abundantes sumas de dinero por llevar adelante esa agresiva política contra Cuba.

Recrudecer el bloqueo contra la Isla es la finalidad de la administración Trump.

Recientemente el ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla ofreció una conferencia de prensa donde detalló pormenorizadamente los efectos del bloqueo.

Enfatizó que  “No es posible expresar en cifras el daño emocional, la angustia, los sufrimientos, las privaciones que el bloqueo genera en la familia cubana. Así ha sido por varias generaciones, más del 80% de los cubanos en la Isla nacieron después del comienzo del bloqueo.

“Las consecuencias de esta política se evidencias dramáticamente en las carencias que enfrenta nuestra población. Esta realidad es innegable, tangible”.

Cuba presentará ante la Asamblea General de Naciones Unidas los días 28 y 29 de octubre, el proyecto de resolución “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba”.

En el período que aborda ese informe que abarca del 1 de marzo de 2024 a 28 de febrero de 2025, se estiman pérdidas de 7 556 millones de dólares.

El jefe de la diplomacia cubana señaló que el costo de dos meses de bloqueo que representan 1 600 millones de dólares permitiría financiar por un año la entrega de la canasta familiar normada.

Dieciséis días de bloqueo, o sea, 339 millones de dólares, equivalen al monto para cubrir las necesidades del cuadro básico de medicamentos de todo el país.

Catorce horas de esa injusta e inhumana medida equivalen a 12 millones de dólares, similar al monto para adquirir la insulina para los diabéticos del país.

Dos horas de esa infame agresión económica y financiera se evalúan en 1,4 millones lo que no permite adquirir los medicamentos que se necesitan en tratamientos de patologías de cardiología y neurología, así como para los alimentos destinados a niños con deficiencias genéticas y con enfermedades endocrino-metabólicas.

Bruno Rodríguez añadió que cuatro meses es igual a 2.850 millones dólares, o sea, el costo de adquisición de los ómnibus que requiere el transporte público del país.

En estas agresiones y conspiraciones contra Cuba han estado envueltas las diferentes administraciones estadounidenses a lo largo de más de 60 años las que se han recrudecido con la llegada al poder del convicto presidente Donald Trump y de su canciller Marco Rubio.

Nuevamente le corresponderá a la comunidad internacional durante la Asamblea General de Naciones Unidas que tendrá lugar a finales de octubre, condenar por trigésima tercera ocasión el bloqueo contra la Isla del Caribe.

Como aseguró Bruno Rodríguez, la Resolución «tendrá un apoyo prácticamente unánime. Lo nuevo en esta ocasión es el contexto internacional, marcado por el creciente unilateralismo, el supremacismo, la violencia y el reforzamiento de la política agresiva de Estados Unidos contra Cuba y otros países”.  

Lo que resulta innegable es que Cuba ha sido atacada y castigada por no ser una colonia de Washington.

Hedelberto López Blanch, Periodista, escritor e investigador cubano, especialista en política internacional.

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

21 de septiembre de 2025

Las guerras del imperio en Latinoamérica y el Caribe

Atilio A. Boron

El título de esta nota puede inducir a creer que el objeto de estas breves líneas será recordar las numerosas aventuras militares del imperialismo norteamericano en Nuestra América, sobre todo en Centroamérica y el Caribe, “la tercera frontera imperial” como felizmente la definiera el profesor y ex presidente de la República Dominicana Juan Bosch. Pero no: nuestro propósito es examinar las guerras actuales del imperialismo, las que al día de hoy se libran en contra de Cuba y Venezuela. Pese a que la Cumbre de la CELAC 2014 declaró a Nuestra América como Zona de Paz, lo cierto es que los países arriba nombrados son víctimas de una guerra no declarada pero no por ello menos perjudicial.

Los cambios en “el arte de la guerra” a lo largo de las últimas décadas han tenido como una de sus consecuencias invisibilizar el enorme daño que hoy se puede infligir a las poblaciones agredidas y ocultar, al menos parcialmente, la responsabilidad criminal que le cabe al país agresor. En los casos que nos ocupan, Estados Unidos es quien sin mediar una declaración formal de guerra, que requeriría una ley del Congreso de ese país, lleva más de sesenta años haciéndole la guerra a Cuba, con total impunidad, y diez años a Venezuela.

El caso venezolano se distingue del cubano porque existe una Orden Ejecutiva firmada el 9 de marzo del 2015 por el entonces presidente Barack Obama mediante la cual se declaraba la “emergencia nacional” ante la “amenaza inusual y extraordinaria que la situación de Venezuela suponía para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos.” Es difícil al re-leer estas líneas no pensar en la soberana ridiculez de dicha Orden Ejecutiva. ¡La “seguridad nacional” de la mayor potencia militar y financiera del planeta amenazada por la Venezuela bolivariana! El pretexto, porque para todo el imperio tiene un pretexto, fue sancionar a siete funcionarios de los organismos de seguridad del estado venezolano que habían participado en el combate a las sangrientas “guarimbas” que asolaron al país entre febrero y mayo del 2014 y a los cuales se les acusaba de haber incurrido en prácticas violatorias de los derechos humanos.

En el caso cubano las medidas coercitivas unilaterales comenzaron poco después del triunfo de la Revolución cuando el presidente Dwight Eisenhower en enero de 1960 prohibió la exportación de todo producto a Cuba (excepto alimentos y medicinas) y redujo la cuota de azúcar que la isla exportaba a Estados Unidos, afectando seriamente la economía cubana. En marzo de ese año había autorizado a la CIA que organizara, entrenara y equipase a emigrados cubanos y otros mercenarios para organizar una invasión a Cuba con el objeto de derrocar a Castro, cosa que infructuosamente se intentó en Abril de 1961 en Playa Girón. Pocos meses antes, el 3 de enero de 1961, Eisenhower había roto las relaciones diplomáticas con Cuba. La perversa progresión del bloqueo en contra de Cuba es harto conocida tanto como los efectos devastadores sobre la vida económica, social y política de la isla. No existe ninguna experiencia en la historia universal, repito: en la historia universal, de un país o región que hubiese estado sometida por una gran potencia dominante a una agresión económica, comercial, financiera, diplomática, cultural, mediática, deportiva y migratoria como la que Cuba, con una dignidad y heroísmo ejemplares, viene resistiendo desde hace 65 años. Los problemas de la economía cubana son incomprensibles al margen de las devastadoras consecuencias de una guerra que se extiende por tantas décadas

Con la aceleración del curso declinante del imperio americano y ante su creciente pérdida de influencia en Asia, cada vez más girando en torno a los dos gigantes regionales: China y la India; con su tenue presencia en el continente africano; el debilitamiento irreversible de los países europeos, reducidos a la condición de dóciles sirvientes del amo imperial y sin gravitación siquiera en su entorno geopolítico inmediato como Oriente Medio a lo cual hay que añadir el inesperado renacimiento de Rusia como actor global, Washington reorganiza las prioridades de su agenda de política exterior y vuelve sus ojos hacia Latinoamérica y el Caribe, esa “retaguardia estratégica” del imperio como la denominaran Fidel y el Che. En efecto, nuestra región es un fenomenal emporio de recursos naturales como lo definiera un venezolano ilustre y gran secretario general de la UNASUR, Alí Rodríguez Araque. Y ante el cambio en la correlación mundial de fuerzas, en detrimento de Estados Unidos, Donald Trump alentado por sus halcones -entre ellos el fiel lobista del sionismo, Marco Rubio- ordena a su flota de mar patrullar el Caribe meridional, acosar a pescadores venezolanos en sus aguas territoriales, agredirlos e intimidarlos y, según confesión propia, en un par de casos asesinarlos fríamente luego de acusarlos, sin aportar prueba alguna, de ser narcotraficantes. Estas supuestas narcolanchas pretendían lograr una verdadera proeza náutica en un mar protegido por unas cuarenta bases militares estadounidenses amén de una decena de navíos de guerra que se hallaban patrullando la región, pese a lo cual desafiantemente se dirigían con sus pequeñas embarcaciones supuestamente cargadas de cocaína y fentanilo con destino en las costas estadounidenses. La mentira es tan flagrante que la única conclusión posible es que en su desesperación Trump apela a cualquier expediente, mintiendo sin escrúpulos e inclusive ejecutando a sangre fría a pescadores de atún en abierta violación de la legalidad de su país que exige la detención de los supuestos delincuentes para ser llevados a juicio y la incautación de su cargamento para confirmar su naturaleza.

Se trata, entonces, de actos de agresión militar en una guerra no declarada, pero guerra al fin. Actos que se inscriben en una larga lista de agresiones no militares pero letales que Venezuela ha sufrido en esta larga guerra que comienza con la infame Orden Ejecutiva de Obama del 2015. Si el objetivo de una guerra convencional es destruir mediante el empleo de la fuerza las instalaciones militares, la infraestructura y desestructurar por completo la vida económica del país agredido, en la guerra de quinta generación esos objetivos se logran por otros medios: medidas coercitivas unilaterales (vulgo: “sanciones”) que producen gravísimos daños en la economía, perjudicando las relaciones comerciales con terceros países, desalentando inversiones en Venezuela y destruyendo la normalidad de la vida económica al interior del país; también con atentados mediante ciberataques a represas, puentes, refinerías, abastecimiento de agua y energía eléctrica y el desplome de las redes sociales y la Internet; con campañas de desinformación, satanización de las autoridades del país agredido (por ejemplo, inventando una organización criminal, el Cartel de los Soles, y diciendo que su jefe es el presidente Nicolás Maduro Moros); o con la organización y financiamiento de grupos criminales como las tristemente célebres “guarimbas” de 2014 y 2017 (o, en Oriente Medio, la banda criminal de los degolladores seriales del ISIS, según confesión de Hilary Clinton) y la creación de climas de terror y temor en la población.

En pocas palabras, debemos reconocer que Venezuela, igual que Cuba, está en guerra y que la unión del pueblo con su gobierno y sus fuerzas armadas fue la que hasta ahora erigió una formidable barrera a las pretensiones del imperio, dispuesto a cometer cualquier crimen con tal de apoderarse de la mayor reserva comprobada de petróleo del mundo que se encuentra en la patria de Bolívar y de Chávez y a poner fin a la Revolución Cubana, ese faro ejemplar que ha dado muestras de una resiliencia absolutamente excepcional, sin precedentes en la historia universal. Para lograr estos dos objetivos Trump y sus compinches son capaces de hacer cualquier cosa. Y si hasta ahora no lo hicieron es porque todavía está muy fresca la memoria de las derrotas experimentadas en Corea, en Vietnam, el Líbano, en Afganistán y en Playa Girón. O la “victoria” conseguida en Irak que a poco andar se convirtió en una derrota política, al igual que la más reciente en Siria, donde Washington causó estupor y repulsa universal porque luego de urdir la “primavera de colores” que acabó con el “régimen” de Bashar al Ásad ungió como presidente de ese país a Al-Sharaa, un criminal serial sobre cuya cabeza reposaba una recompensa de diez millones de dólares por ser el líder del grupo terrorista islámico Hayat Tahrir al-Sham (HTS). Y saben en la Casa Blanca que si escalan la agresión en contra de Cuba y Venezuela un tsunami antiestadounidense recorrerá toda Latinoamérica y probablemente también el Sur Global, donde hay actores muy poderosos que desean importar el petróleo venezolano. Un nuevo tsunami que tal como ocurriera a comienzos de siglo culminó con la derrota del ALCA, el gran proyecto que los expertos y analistas del imperio habían elaborado para todo el siglo veintiuno.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/858663-las-guerras-del-imperio-en-latinoamerica-y-el-caribe

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

11 de julio de 2025

Cuba de mis amores

César Hildebrandt

"El socialismo con guarachas y palmeras era una fiesta de la reconstrucción social"

Cuba se está muriendo y eso me entristece. Siento que mi generación muere con ella.

Amé esa revolución desde que tenía doce años y escuchaba en una vieja radio de onda corta las transmisiones de Radio Habana, Cuba, territorio libre de América.

Leía mucho en esos tiempos y todo lo que leía me conducía a admirar a esos barbudos que, salidos de la nada, habían derrocado al gobierno de Fulgencio Batista, marioneta yanqui. Desembarcaron en un yate sobrecargado y sobrevivieron pocos en los primeros dos años. Pero fueron juntando gente, creando apoyos en la capital, desarmando batallones enteros de un ejército que luchaba por un sueldo. Fabricaron su propia leyenda entre tenacidades y riesgos bien librados y todo acabó cuando el dictador huyó el primer día del año 1959 subido en un avión cargado de maletas, dinero sacado del banco central y oro en lingotes.

Los barbudos, entonces, llegaron a La Habana y comenzó la jarana de la revolución. Iba a ser la fiesta inolvidable.

Había que nacer nublado para no sentir cercana la esperanza en aquellos días de multitudes gigantescas y discursos que parecían inaugurar el nuevo mundo. De esas tierras que España había perdido y Estados Unidos conquistado después de una guerra surgida de la mentira, brotaban leyes de reivindicación que las plebes divinas celebraban en las calles. Salían despavoridos de la isla los que creían que el mundo era un casino y que maltratar a los gringos era cosa de pervertidos. Benditos barbudos que tenían la pinta de haber salido del evangelio y no de Sierra Maestra. Maldita era la prensa que los calumniaba y que quería hacer con ellos lo que había hecho con Jacobo Árbenz en Guatemala.

Al principio, todo fue entusiasmo: alfabetización masiva, ingenios adoptados por el Estado ante la fuga de sus propietarios, nuevas gargantas de la canción popular. Cuba cambiaba para bien y de esa isla con silueta de caimán brotaban vientos de vocación planetaria y afán justiciero.

El movimiento que había conducido a Fidel y a Camilo al poder era plural y no obedecía a ninguna de las matrices del marxismo mundial –Moscú y Pekín– y ese era su poder de seducción. El socialismo con guarachas y palmeras era una fiesta de la reconstrucción social, una asamblea gigantesca de energías que tenían como meta la fundación de un país justo y libre. Era como si Lenin hubiese conciliado con la disidencia, con los matices chúcaros y hasta con los mencheviques dispuestos a ceder. Era como si Vladimir no hubiese dejado al gris Stalin administrando lo que debía ser suma de voluntades y no imposición bestial de un mandato heredero del zarismo. El “26 de Julio” era un frente amplio donde lo único que no cabía era Batista y su herencia.

Pero, lentamente, el comunismo empezó a tomar lo que no era suyo, lo que pertenecía a la indignación de los cubanos que habían sido capaces de deshacerse de un régimen corrupto y extranjerizante. Y la estupidez de los norteamericanos, gobernados por un general victorioso, hizo lo suyo. Hasta que llegaron las expropiaciones de las empresas yanquis, alentadas por el comunismo isleño ansioso de agudizar las contradicciones, el mísero bloqueo yanqui, la ola de atentados auspiciados por la CIA, y el intento de invasión en Bahía Cochinos, delicadeza del muy progre Kennedy.

Entonces todo empezó a irse al demonio. Ante la agresión imperialista, Fidel Castro deja de ser el líder de una revolución excepcional y firma el acta de sujeción que le impone el triunfante Partido Comunista. Las voces variadas se convierten en el coro gregoriano del modelo soviético: un iluminado del que sólo se escribirán hagiografías, una sola voz cantante en la única prensa que será aceptable, los CDR (Comités de Defensa de la Revolución). Llegaron así el silencio cauteloso, el miedo extendido, el nuevo código penal, la educación como fábrica de resignados incapaces de formular preguntas. Stalin ha vuelto a triunfar. Los disidentes terminarán en la cárcel o en el exilio. Carlos Franqui, el campesino que pudo ser un magnífico escritor y dirigió “Revolución”, el diario del gobierno que derrocó a la dictadura batistiana, terminará rompiendo con Fidel y los suyos. Guillermo Cabrera Infante, subdirector de “Revolución”, será considerado traidor en 1968, tras la publicación de “Tres tristes tigres”. Ese mismo año, Castro avala la invasión soviética de Checoslovaquia. Cuba se adhiere sin decirlo al Pacto de Varsovia. Stalin brinda en su tumba. Beria también.

Pero no lo olvidemos: durante largos meses de esperanza y pueblo desencadenado, Cuba fue el ejemplo que encendió a mi generación y abrió un horizonte inédito en el mundo de la guerra fría. El socialismo sin dictadura fue posible en ese breve lapso. 

Todo acabó mal, ya lo sé. Hoy Cuba es una herida dolorosa, una derrota. Se trata de un pueblo dignísimo que es rehén de aquel ejército verde olivo nacido para defenderlo de cualquier intento de intromisión imperial. El socialismo de todos llegó a ser catecismo leninista, paporreta del nuevo hombre que no pudo ser, unanimidades cocinadas en el terror. Stalin en todo su esplendor. Beria sin bufanda. Ceaucescu gritando en un balcón ante una plaza vacía.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 741 año 16, del 11/07/2025

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18 de febrero de 2025

Operación Northwoods

Gustavo Espinoza M.

Al inicio de los años 60 los servicios secretos de los Estados Unidos idearon un conjunto de operaciones destinada a quebrar la Revolución Cubana. Derribar al gobierno de Fidel y someter a su pueblo, apoderándose incluso de la isla para considerarla parte del territorio USA, fue el sueño que alentó los operativos que diseñó la política yanqui, y que subsisten hasta hoy. Uno de estos acaba de salir a luz y se conoce como la Operación Northwoods (“Buen Norte”, en traducción literal).

La acuciosidad de amigos que viven en un país hermano y que comparten con nosotros combates e ilusiones, registró el caso, que llegó a mis manos recientemente y que, por cierto, ha sido ocultado  sigilosamente por la “Prensa Grande”  empeñada siempre en  encubrir los latrocinios del Imperio. Veamos.

 Se trata, en efecto, de un documento de 12 páginas suscrito por el Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos en 1962 y a través del cual se presenta un “plan secreto”, orientado cometer acciones atroces destinadas a justificar una agresión armada contra Cuba dispuesta por la Casa Blanca. Para ser más verosímil la provocación, los actos debían consumarse contra ciudadanos de los Estados Unidos, sobre todo políticos y personalidades diversas particularmente notables.

El objetivo era ejecutar actos terroristas en ciudades de La Unión, en lo que se conoce como una «operación de bandera falsa», vale decir, culpar a Cuba para engañar a los estadounidenses y lograr que apoyen la guerra destinada a derribar a Fidel Castro.

«Podríamos desarrollar una campaña de terror comunista cubano en el área de Miami, en otras ciudades de Florida e incluso en Washington», afirma el documento, entre docenas de otras ideas violentas de cómo incitar la hostilidad estadounidense contra la isla considerada objetivo inmediato.

En el texto se propone incluso asesinar a soldados norteamericanos y hasta una iniciativa macabra: «Podríamos hacer estallar un barco estadounidense en la Bahía de Guantánamo y culpar a Cuba» y «las listas de bajas en los periódicos estadounidenses causarían una útil ola de indignación nacional»”.

Según parece, el entonces presidente Kennedy rechazó el conjunto de propuestas de la Operación Northwoods cuando éste llegó a su escritorio. Luego de ello, como se sabe, fue asesinado. Y el primer intento de la CIA estuvo orientado a vincular a Cuba y a la Unión Soviética de este crimen, atribuyéndolo a  Lee Harvey Oswald. a quien consideraron un “francotirador al servicio de los comunistas”. Como se recuerda, éste, a su vez, fue asesinado en la misma sede policial en la que se hallaba detenido, por Jack Ruby, en una acción altamente sospechosa.

En contra de esta tesis, sin embargo, se manejó la idea que Kennedy fue asesinado por Israel que supuestamente “controla el Estado Profundo” de Estados Unidos. Hoy Donald Trump considera dicho “Estado profundo” como “un supuesto grupo oscuro que ejerce una influencia indebida sobre las políticas gubernamentales, independientemente de la administración elegida”.

Hoy se sabe que la propuesta de la Operación Northwoods forma parte de un texto más extenso que bajo el título de “Justificación de la intervención militar de los Estados Unidos en Cuba”, el gobierno norteamericano tuvo en carpeta varios años.

También se sabe que esta colección ultrasecreta de borradores de memorandos fue escrita por el Departamento de Defensa (DoD) y el JCS y presentada al entonces Secretario de Defensa Robert McNamara en 1962. Pero el documento fue desclasificado en la biblioteca de la Agencia Central de Inteligencia, la CIA.

La idea era planificar incidentes eslabonados en Guantánamo y alrededores para dar una apariencia genuina de “obra de fuerzas cubanas hostiles»”. El plan incluía todo, desde iniciar rumores hasta «desembarcar cubanos amigos en uniforme para realizar actos en bases militares y hacer estallar municiones dentro de las instalaciones»”. La lista también incluía un plan para «quemar aviones en una base aérea» y hundir un barco cerca de la entrada del puerto de una base no especificada y luego «realizar funerales para víctimas simuladas».

El fin, era engañar al público estadounidense y a la comunidad internacional para que apoyaran un esfuerzo bélico y derrocar al entonces líder de Cuba, el comunista Fidel Castro. Eisenhower desarrolló el plan para derrocar a Castro conocido como la Invasión de Bahía de Cochinos, que fue llevada a cabo en abril de 1961 por su sucesor, John F. Kennedy.

Este no se atrevió, sin embargo, a ordenar la participación directa de tropas norteamericanas en el ataque, razón por la cual fue duramente criticado por los grupos contrarrevolucionarios que operaban en Miami. Ellos habrían tenido que ver luego con su asesinato.

La Operación Northwoods se mantuvo en secreto durante casi 40 años hasta que la Junta de Revisión de Registros del Asesinato de JFK lo publicó como parte de 1.521 páginas de registros militares anteriormente clasificados que abarcaban el período 1962 a 1964.

Ahora, Donald Trump ha prometido hacer públicos todos los documentos clasificados relacionados con el asesinato de JFK, lo que podría conducir a nuevas revelaciones sobre las actividades del gobierno Norteamericano en los años 60. Hay, sin duda, numerosos archivos secretos por desclasificar en los Estados Unidos.

Algunos de ellos estarán sin duda relacionados con Cuba, Nicaragua y Venezuela; pero otros con operativos norteamericanos en Medio Oriente -Irak, Irán y otros países; pero también en Afganistán, Libia y Siria donde el “trabajo” de Inteligencia desarrollado por USA, ha sido notorio.

Es importante que estos documentos desclasificados, salgan a luz; pero sería igualmente importante que la “Prensa Grande” de nuestros países los entregue al dominio ciudadano.

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

4 de enero de 2024

Cuba, 65 años de compromiso y resiliencia

Katrien Demuynck

El 1 de enero de 2023 se cumplirán exactamente 65 años desde que los rebeldes cubanos dirigidos por Fidel Castro lograron la victoria sobre el dictador Batista, apoyado por Estados Unidos. Fue el comienzo de 65 años de construcción de una utopía, una sociedad nueva y mejor, y otros tantos años de resistir los continuos intentos de liquidar la revolución por parte de la superpotencia imperialista del Norte.

En una entrevista que le hicimos una vez a Roberto Fernández Retamar, uno de los grandes intelectuales de la revolución cubana y entonces presidente de la Casa de las Américas, este contaba cómo la victoria sobre la tiranía el 1 de enero de 1959 emocionó a toda la población y la impresión inolvidable que causó la entrada de Fidel y sus combatientes en La Habana una semana después. « Sabíamos que íbamos a tener muchas dificultades por delante. No había que ser muy sagaz para saberlo. Pero también sabíamos que era una extraordinaria oportunidad de cambiar la sociedad y la vida.»

La joven Revolución consiguió mantener fuera a los Estados Unidos. La invasión de Playa Girón, financiada, organizada y dirigida desde EEUU, condujo el 19 de abril de 1961 a lo que los cubanos llamaron con orgullo y razón “la primera derrota del imperialismo en América Latina”.

Pero mientras tanto, se pusieron en marcha todo un engranaje de medidas puestas para llevar al pueblo cubano a través del agotamiento el hambre y la escasez para así rebelarse contra sus líderes revolucionarios. El memorando del Subsecretario de Estado Adjunto para Asuntos Interamericanos Lester Mallory de abril de 1960 es elocuente. Dado que está claro que la mayoría de la población apoya a Castro y no hay oposición interna, “la única manera posible de extraer apoyo interno es a través de la desilusión y el disgusto basado en el descontento económico y las privaciones”.

Esto condujo a un bloqueo financiero, económico y comercial que ha trastocado por completo la economía cubana hasta el día de hoy. Además, el ex presidente estadounidense Trump incluyó a Cuba en su arbitraria lista de países patrocinadores del terrorismo, con el resultado de que las transacciones financieras internacionales con Cuba son casi imposibles.

Cuba, como país pequeño, una isla de 11 millones de habitantes, y pobre, está luchando contra la mayor superpotencia de todos los tiempos, y esa no es una lucha fácil. Pero a pesar de estas difíciles circunstancias, la resiliencia del pueblo cubano asegura que a través de todos estos años y hasta hoy se construya la utopía de un mundo mejor. Por nombrar sólo algunos elementos: la isla tiene uno de los mejores sistemas educativos de América Latina, un sistema sanitario gratuito y accesible de alta calidad, así como un nivel de vida digno sin sobrecargar el planeta. Esto último fue reconocido en 2006 por WWF y la Global Footprint Network. Hoy, Cuba tiene un plan climático llamado “Tarea Vida”, que puede servir de modelo para el mundo. La solidaridad internacional de la revolución cubana en los países del sur global, así como en Europa durante la pandemia de Covid y hasta hoy, es impresionante.

Por supuesto, también se cometieron errores y hubo fracasos significativos. Los propios cubanos son los primeros en reconocerlo. Quizás la dirigencia cubana sea la única que alguna vez designó oficialmente un período de su política como: ‘Proceso de rectificación de errores y tendencias negativas’.

En los últimos años, desde que la pandemia paralizó el turismo internacional a la isla y desencadenó una crisis económica mundial soportada principalmente por las clases trabajadoras de todo el mundo, el pueblo cubano se enfrenta a enormes problemas en su vida cotidiana. Alimentos, medicinas, combustible, vivienda digna, todo está bajo presión. Sobre todo jóvenes intentan emigrar, temporal o permanentemente, en un intento de construirse un futuro personal mejor.

Sin embargo, a lo largo de estos 65 años, nuevas generaciones de jóvenes se han comprometido a seguir trabajando por la utopía. Retamar declino en 1959, a los 29 años, una cátedra en la Universidad de Columbia Nueva York, para ello. Hoy son muchos los jóvenes que no se marchan, sino que siguen trabajando en condiciones a menudo difíciles. Como los jóvenes científicos que trabajan en el CIM (Centro de Inmonología Molecular), donde desarrollaron las cinco vacunas cubanas contra la covid.

O como los jóvenes Randy, Deborah y Danilo, los tres de 31 años, que siguen trabajando cada uno en su campo para superar las dificultades y hacer de Cuba un lugar mejor. Lo hacen, desde la constatación de que aún queda mucho por hacer y mejorar para alcanzar que la utopía, la apuesta de la revolución cubana, se haga realidad. Dan testimonio de ello en el conmovedor documental “Donde están los girasoles”, del joven documentalista Sergio Eguino Viera y la plataforma informativa Resumen Latinoamericano que se convierte así en un emotivo y a la vez motivador regalo de cumpleaños para el pueblo cubano.

Los mismos imperialistas que llevan más de seis décadas tratando de destruir el sueño cubano, hoy están asesinando al pueblo palestino, con la ayuda de sus acólitos sionistas. Gracias Cuba, por ser, en este mundo terrible, un ejemplo de compromiso y resiliencia. Gracias, por seguir trabajando por un mundo mejor, a pesar de todos esos grandes problemas en la vida cotidiana de cada familia cubana. Gracias por demostrar al mundo que sí existe una alternativa contra la destrucción del ser humano y del planeta en interés del despiadado capital.

Fuente: https://redh-cuba.org/cuba-65-anos-de-compromiso-y-resiliencia-por-katrien-demuynck/

2 de noviembre de 2022

Cuba: Un bloqueo económico sin parangón en la historia

Hedelberto López Blanch

Es imposible que alguien en pleno juicio y con un elemental sentido de humanidad pueda pensar que no exista el bloqueo económico, financiero y comercial que durante más de 60 años Estados Unidos ha mantenido y reforzado contra Cuba. Los datos y hechos son abrumadores.

El canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla, en una reciente conferencia ante la prensa informó que Cuba llevará por trigésima ocasión a la Asamblea General de Naciones Unidas el documento la Necesidad de poner fin al bloqueo contra Cuba, el cual se debatirá los días 2 y 3 de noviembre.  

En el informe se detalla que entre agosto de 2021 y febrero de 2022, las pérdidas ocasionadas por el bloqueo fueron3 806 millones de dólares, un monto récord histórico para un período reducido de solo siete meses. El Producto Interno Bruto de Cuba, según datos muy conservadores, pudo haber crecido, pese a las circunstancias adversas que enfrenta la economía cubana, en 4,5 % en ese período, de no haberse aplicado esas medidas.

Agrega que en los 14 primeros meses del gobierno de Joe Biden los perjuicios ocasionados por el bloqueo ascienden a 6 364 millones de dólares, o sea, más de 454 millones de dólares mensuales en daños y perjuicios. En los 60 años transcurridos, a precios corrientes, los daños acumulados suman 154 217 millones de dólares.

En cuanto al valor de la onza de oro, tomando en cuenta las depreciaciones, los perjuicios acumulados alcanzan la enorme cantidad de 1 billón 391 mil 111 millonesde dólares. Cifra exorbitante para una economía pequeña, sin grandes recursos naturales y una nación subdesarrollada.

El líder de la Revolución, Comandante en Jefe Fidel Castro, se refirió en varias ocasiones a esa criminal medida: “El bloqueo es algo más que prohibir la venta de mercancías de Estados Unidos, impedir comprar o vender en Estados Unidos, es una feroz presión y una feroz persecución para evitar que nosotros hagamos operaciones comerciales de ningún tipo, y todo ese poderío inmenso está concentrado hoy contra nuestro país”.

En otro discurso puntualizó: “Para nosotros es inaceptable la cuestión del cese del bloqueo a cambio de concesiones políticas, concesiones que corresponden a la soberanía de nuestro país. Es absolutamente inaceptable, es indignante, es irritante, y, realmente, preferimos perecer a renunciar a nuestra soberanía”.

Estados Unidos se ha guiado todos estos años por el memorando escrito el 6 de abril de 1960 por el subsecretario de Estado Lester Mallory al entonces presidente D. Eisenhower en el que exponía: “La mayoría de los cubanos apoyan a Castro…el único modo previsible de restarle apoyo interno es mediante el desencanto y la insatisfacción que surjan del malestar económico y las dificultades materiales”…Y de esa forma “provocar hambre y desesperación y el derrocamiento del Gobierno”.

El bloqueo viola flagrantemente, el derecho internacional y en particular la libertad de comercio e inversión. Niega créditos y ayuda financiera a países y entidades que cooperen con Cuba y establece que las compañías de cualquier país del mundo que tengan tratos con la Isla pueden ser sometidas a represalias legales. Prohíbe incluso a potenciales inversionistas la entrada a Estados Unidos.

Trump reforzó el bloqueo con 243 nuevas medidas y no hizo nada para flexibilizarlo por razones humanitarias ante el avance de la pandemia global. Al contrario, promovió una campaña mediática de descrédito contra los médicos cubanos, multiplicó los proyectos de subversión interna e hizo lo imposible por impedir la adquisición de medicamentos, medios de protección, pruebas diagnósticas e insumos básicos destinados al combate contra la epidemia y a la fabricación de vacunas en la Isla.

En su intervención, el canciller cubano puntualizó que en esa dirección, la política del presidente Joseph Biden contra la Isla “es lamentable e inercialmente la misma republicana. No se han introducido cambios en esa política.

En la actualidad se continúa persiguiendo cada ingreso, cada fuente de financiamiento y de suministro del país por lo que el bloqueo es el elemento central que define la naturaleza de la política de Estados Unidos hacia Cuba.

Aunque medios de comunicación hegemónicos ignoran los efectos de esas medidas, lo cierto es que Cuba no puede adquirir tecnologías, equipos, partes, piezas, tecnologías digitales o software, que tengan un 10% de componentes estadounidenses, lo cual es un impacto directo como el de la carencia de divisas para garantizar suministros.

Se persigue a navieras y barcos contratados para la importación de combustible y otros suministros vitales bajo amenaza de sanciones. Son multimillonarias las multas impuestas a bancos internacionales por la más mínima transacción que involucre a Cuba.

Durante el octavo Congreso del Partido Comunista, el General de Ejército Raúl Castro calificó al bloqueo, como “la guerra económica más abarcadora, desigual y prolongada que se haya desatado contra nación alguna”

Seguramente que a principios de noviembre cuando Cuba presente por trigésima ocasión a la Asamblea General de la ONU el informe sobre la Necesidad de poner fin al bloqueo contra la Isla, la abrumadora mayoría de sus miembros votarán nuevamente por eliminarlo.

Aunque el prepotente y decadente imperio estadounidense haga caso omiso a ese pedido universal y siga aferrado a la idea de derrocar al gobierno revolucionario con esas perversas, inhumanas y dañinas medidas, Cuba continuará resistiendo los embates como lo ha hecho durante más de 60 años.

Hedelberto López Blanch. Periodista, escritor e investigador cubano.

24 de diciembre de 2021

Diego, hijo de Fidel

Emiliano Gullo

Diego espera. Lo acompañan Doña Tota, Claudia, Dalma y su preparador físico y amigo, Fernando Signorini. También sus hermanas. Está impaciente. Quizá no era tan buena idea venir hasta Cuba, morirse de calor, depender de las mañas y la burocracia comunistas. Sobre todo cuando, además, la política no le importa tanto. Dalma llora. Tiene apenas tres meses. Y la espera. Y el calor. El protocolo los hizo abandonar las playas de Varadero y aceptar el traslado a una casa de La Habana para –otra vez– continuar la espera. Invitado por la Revolución, hace nueve días que se posterga el encuentro con Fidel Castro. Es julio de 1987. Hace exactamente un año que Diego Maradona es campeón del mundo y dueño para siempre de la historia del fútbol. Pero Diego todavía tiene que trabajar la paciencia. Porque Diego, en Cuba, es un rey que espera.

Recién cerca de las 9 de la noche del martes 28 de julio, Maradona recibe la autorización para ingresar al Palacio de la Revolución. Tiene zapatillas deportivas, un jean clarito y una remera azul de rayas horizontales. El abrazo con Fidel es total. Amor súbito. Fidel habla de cocina. Pregunta cosas de fútbol: los penales, la técnica. Sus colaboradores anotan las respuestas. Antes de que todo termine o, mejor dicho, de que todo comience, Diego le pide la espada. Fidel procede al bautismo. Parados frente a frente, el comandante cubano se saca su boina verde y la calza en la cabeza del rey, que mira para arriba mientras se entrega al ritual.

Cuenta el periodista Pablo Llonto que Diego, antes de ese encuentro, ya fantaseaba con la posibilidad de tatuarse al Che. Llonto, amigo de Diego, exdelegado gremial de Clarín y actual abogado de Derechos Humanos, recuerda en una entrevista a Página 12:

Él todavía no era campeón mundial y jugaba en Italia. Hablábamos bastante por teléfono antes de México 86, cuando estaba en Nápoles. En una de esas charlas me contó que por un reclamo de premios para todo el plantel, tuvo una discusión con el presidente del Napoli y en ese conflicto Diego le decía que no iban a jugar y Corrado Ferlaino le preguntó: «Diego, ¿y vos quién te creés que sos? ¿El Che Guevara?». Y él le respondió: «Sí».

Con el tiempo vendría el tatuaje, más viajes a Cuba, la internación en Cuba, la recuperación en Cuba, el amor en Cuba. Con Fidel –desde Fidel–, Diego le da una estructura ideológica a su conducta política. Es cierto que fue el mejor de la historia de su deporte. Está claro también que ese deporte, en su vida, fue solo una actividad más. Porque Diego, además, jugó al fútbol.

La lógica aspiracional que habita ese deporte en la Argentina no fue –ni es– exclusiva de la vida de Maradona. Baste recordar a jugadores como Carlos Tévez, el Kun Agüero o, más atrás en el tiempo, Ariel Ortega y Juan Román Riquelme. Extraordinarios futbolistas que recorrieron con éxito el camino del héroe. Gracias a sus habilidades lograron abandonar la pobreza, rescataron a sus familias de un destino lleno de limitaciones y, después de atravesar una serie de desafíos, lograron imponerse como figuras en el mundo. La pelota como método de ascenso social. Pero entonces, ¿qué diferencia a Maradona del resto? A los ojos de la historia, la diferencia la hizo la política.

Su debut fue el 20 de octubre de 1976 con Argentinos Juniors y su retiro el 25 de octubre de 1997 con Boca. Los 23 años que le siguieron a su jubilación fueron, probablemente, sus años de mayor protagonismo político. Diego no solo fue un símbolo de resistencia. Diego fue un buscador de resistencias. A la máxima peronista «donde hay una necesidad, hay un derecho», Diego podría replicar: «donde haya una lucha, hay Maradona». Con el cuerpo o con la palabra, su intervención en los conflictos fue constante.

El apoyo a los jubilados durante los 90 en Argentina, cuando ese reclamo, sostenido por un grupo de ancianos conducidos por Normá Plá, una mujer incansable y combativa, constituía una de las mayores vergüenzas del Estado nacional. La intervención a favor de Bolivia en 2008, para impedir que la FIFA le quite la localía de 3600 metros de altura en las eliminatorias. La altura, para esa selección que históricamente tuvo menos recursos que las del resto de Sudamérica, era clave para poder soñar con la posibilidad de garantizar algunas victorias y mantener abierta la posibilidad de jugar un Mundial. Cuando explotó el conflicto, Diego le salió al cruce al capo de la corporación. Ya no era Havelange, pero daba igual. Ni Dios, ni Joseph Blatter decidirían dónde se iba a jugar: «ustedes tienen que jugar donde nacieron, hermanos», le dijo Diego a la prensa boliviana.

Estrellas mundiales como Pelé y Michel Platini fueron miembros activos e influyentes en las decisiones de la FIFA. Dos figuras con orígenes disímiles, de distintas clases y distinta formación, pero con el mismo horizonte: servir a la acumulación de riqueza.

¿Alguien se imagina la cara de Platini o de Pelé en una movilización popular? A tres días de la muerte de Maradona, las protestas contra la ley de seguridad aprobada por el parlamento tomaron las principales ciudades de Francia. En París, unos encapuchados sostenían una bandera mientras avanzaban entre los gases lacrimógenos de la policía. La bandera decía en español: «Nació la mano de Dios. Llenó de alegría en el pueblo». A un costado de la tela, un contorno dibujado de Maradona campeón en 1986.

Diego es un protagonista en la política de masas. Su muerte destruyó las comparaciones con otros jugadores de la historia y de la actualidad porque puso de manifiesto su potencia simbólica. Es que la figura de Diego Maradona –como la del Che– construía y construye sentido.

Su trayectoria como futbolista y como técnico es una búsqueda no de épica sino de subversión. Por definición, la subversión tiene una épica inmanente. Pero no toda épica tiene subversión. Fue eso lo que buscó y logró en el Napoli. El Napoli no solo era un equipo que nunca había ganado un campeonato local. Nápoles –la ciudad más grande del sur de Italia– simbolizaba la condena del capitalismo industrial italiano, el abandono estatal, la mafia, el desempleo, la pobreza, la desesperanza: los excluidos. A mediados de los años 1960, el auge de la industria automotriz italiana, anclada en el norte y con FIAT a la cabeza, necesitaba mano de obra para sus fábricas. Desde el sur llegaron miles y miles de trabajadores, que cuando buscaban pensiones y hoteles baratos se encontraban con carteles que decían «non si affitta ai meridionali», o sea, «no se alquila a sureños». Hasta hace no mucho, todavía se podían encontrar algunos de esos carteles colgados.

El fútbol en Italia –como en Argentina y en muchas partes del mundo– cataliza las tensiones sociales. Juventus, equipo multicampeón de Torino y, sobre todo, de la FIAT, recibía a los hinchas del Napoli a mitad de los años 1908 con el canto: «Napolitanos, enfermos de cólera, víctimas de terremotos, nunca se lavan con jabón. Nápoli mierda, Nápoli cólera, son la vergüenza de toda Italia. Napolitanos, trabajen duro, por Maradona van a tener que vender el culo». Ciro Ferrara, compañero de Maradona y figura del Nápoli, después de ganar el primer campeonato de su historia (1986-1987), dijo: «La victoria fue una redención social para la ciudad».

Mucho antes de esa victoria, en 1984, cuando todavía era la nueva joya del Nápoli, Diego recibió un pedido de su compañero de equipo, Pietro Puzone. En su localidad –Acerra, periferia napolitana, pobre y abandonada por el Estado– había un chico que necesitaba operarse el paladar. Diego se puso al frente de la organización y llevó a su equipo a la canchita donde solía jugar el club local. Fue un día de lluvia. La cancha era un pantano. Poco le importaron las puteadas y las amenazas de Corrado Ferlaino, presidente del Nápoli, que se resignó a ver cómo su reciente y millonaria compra metía las patas en pozos de agua y tierra, ponía la pierna con ganas y gambeteaba las patadas para ganar el partido contra el Acerrana. Diego y sus compañeros jugaron con la indumentaria oficial del club y con la energía de una final del mundo. Clavó dos golazos. Se enojó cuando las jugadas no le salieron. Arengó a sus compañeros para asegurar la victoria. No importaba si el partido no daba puntos oficiales para el Campeonato de la Serie A o para la Copa UEFA, ni si los rivales eran figuras exquisitas o el estadio tenía las condiciones profesionales necesarias. Como en Fiorito, como en La Boca, como en La Paternal o en el Camp Nou. Por donde pasara, Diego desplegaba su máquina igualadora.

Daniel Arcucci, el periodista que más lo conoció, dice en el documental Diego Maradona, de Asif Kapadia: «rabia, bronca y luchar contra la adversidad son los combustibles que ha usado siempre Maradona». Después de Fidel Castro, esos combustibles encontraron un andamiaje ideológico que lo lleva, por ejemplo, a formar el primer sindicato de futbolistas del mundo. Después de Fidel, hay rabia organizada. El sindicato fue un intento fugaz, apenas un gesto simbólico, de identificar al futbolista como un trabajador más allá de los salarios siderales. Si hay un trabajador, hay una patronal. Diego, al armar el sindicato, expone una lectura clasista del fútbol: «el jugador de fútbol es lo más importante y vamos a defender sus reivindicaciones hasta la muerte», dijo en 1997 durante una de las reuniones de la Asociación Internacional de Futbolistas Profesionales (AIFP). Del otro lado de la vereda Maradona estaba Joao Havelange, presidente de la FIFA, una de las multinacionales más poderosas del planeta.

Diego quizá haya sido la persona más fotografiada del mundo. Entre todas esas, aparecen abrazos a Carlos Menem y encuentros con Fernando de la Rua. Pero cuando decidió poner el cuerpo, lo hizo siempre en oposición al bloque hegemónico. La movilización en contra de la IV Cumbre de las Américas, desarrollada en 2005 en Mar del Plata con la concurrencia de George W. Bush, marcó un paradigma en su trayectoria pública. El gobierno de Bush llegaba con la voluntad de imponer un tratado de libre comercio que ponía en riesgo a las economías regionales: el ALCA.

Diego se puso al frente de la Cumbre de los Pueblos, que congregó a Evo Morales, Hugo Chávez, y a una movilización popular que copó la ciudad y se manifestó en contra del tratado y en contra de la presencia de Bush. Diego, Evo –que al año siguiente se convertiría en presidente de Bolivia– y cientos de militantes e intelectuales partieron desde Constitución, en el centro de Buenos Aires, hacia Mar del Plata en una formación de trenes de cinco vagones. Lo llamaron el Tren del Alba.

Durante el Mundial de Fútbol de 2018, en Rusia, profundizó su apoyo a la causa palestina y aprovechó para reunirse con el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas. «Este hombre quiere la paz en Palestina. El señor presidente Abbas tiene un país y derecho. Mi corazón es palestino», escribió en su cuenta de Instagram. Era la primera vez que concretaba un encuentro formal con la dirigencia palestina, pero su posición en el conflicto palestino-israelí no era una novedad. Mientras caían cientos de bombas en la Franja de Gaza en julio de 2014, Diego dijo públicamente: «lo que Israel está haciendo a los palestinos es vergonzoso».

Sus últimos años, marcados por el gobierno de Mauricio Macri (2015-2019), lo encontraron con un estado de salud que se deterioraba progresivamente. Con las palabras cada vez más espaciadas, con un relato cojo y patinoso, criticó al entonces presidente de todas las maneras posibles: «Macri no conoce el barro, fue a La Boca y dijo ‘fango’. No, fango, no. Barro, hijo de mamá. Esto es barro, tierra y agua. Acá llovió ayer. Entonces lo que no puedo entender de los argentinos es que lo sigan votando y nos siga hundiendo».

El 13 de octubre de 2020 escribió en sus redes su último disparo contra Macri que decía, entre otras cosas: «yo le pido al pueblo argentino que apoye a este gobierno (el de Alberto Fernández). Que lo haga desde sus casas, desde las redes. Porque este gobierno no es de Alberto y Cristina. Es de todos. Ya no es más el país de Ricachón y sus amigos». Y, en su última intervención pública, remarcó: «tus decisiones le cagaron la vida a dos generaciones de argentinos».

Diego Maradona murió a las pocas semanas, el 25 de noviembre de 2020, el mismo día que murió Fidel Castro cuatro años antes, en 2016. En su crónica de 1987, publicada en la revista El Periodista, Carlos Bonelli –que ayudó a organizar y cubrió el encuentro en La Habana– cita una frase de Diego a la salida del Palacio de la Revolución: «ya le dije (a Fidel) que cuando tenga un rato libre me llame para charlar. Yo me invité solo».