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21 de septiembre de 2025

Las guerras del imperio en Latinoamérica y el Caribe

Atilio A. Boron

El título de esta nota puede inducir a creer que el objeto de estas breves líneas será recordar las numerosas aventuras militares del imperialismo norteamericano en Nuestra América, sobre todo en Centroamérica y el Caribe, “la tercera frontera imperial” como felizmente la definiera el profesor y ex presidente de la República Dominicana Juan Bosch. Pero no: nuestro propósito es examinar las guerras actuales del imperialismo, las que al día de hoy se libran en contra de Cuba y Venezuela. Pese a que la Cumbre de la CELAC 2014 declaró a Nuestra América como Zona de Paz, lo cierto es que los países arriba nombrados son víctimas de una guerra no declarada pero no por ello menos perjudicial.

Los cambios en “el arte de la guerra” a lo largo de las últimas décadas han tenido como una de sus consecuencias invisibilizar el enorme daño que hoy se puede infligir a las poblaciones agredidas y ocultar, al menos parcialmente, la responsabilidad criminal que le cabe al país agresor. En los casos que nos ocupan, Estados Unidos es quien sin mediar una declaración formal de guerra, que requeriría una ley del Congreso de ese país, lleva más de sesenta años haciéndole la guerra a Cuba, con total impunidad, y diez años a Venezuela.

El caso venezolano se distingue del cubano porque existe una Orden Ejecutiva firmada el 9 de marzo del 2015 por el entonces presidente Barack Obama mediante la cual se declaraba la “emergencia nacional” ante la “amenaza inusual y extraordinaria que la situación de Venezuela suponía para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos.” Es difícil al re-leer estas líneas no pensar en la soberana ridiculez de dicha Orden Ejecutiva. ¡La “seguridad nacional” de la mayor potencia militar y financiera del planeta amenazada por la Venezuela bolivariana! El pretexto, porque para todo el imperio tiene un pretexto, fue sancionar a siete funcionarios de los organismos de seguridad del estado venezolano que habían participado en el combate a las sangrientas “guarimbas” que asolaron al país entre febrero y mayo del 2014 y a los cuales se les acusaba de haber incurrido en prácticas violatorias de los derechos humanos.

En el caso cubano las medidas coercitivas unilaterales comenzaron poco después del triunfo de la Revolución cuando el presidente Dwight Eisenhower en enero de 1960 prohibió la exportación de todo producto a Cuba (excepto alimentos y medicinas) y redujo la cuota de azúcar que la isla exportaba a Estados Unidos, afectando seriamente la economía cubana. En marzo de ese año había autorizado a la CIA que organizara, entrenara y equipase a emigrados cubanos y otros mercenarios para organizar una invasión a Cuba con el objeto de derrocar a Castro, cosa que infructuosamente se intentó en Abril de 1961 en Playa Girón. Pocos meses antes, el 3 de enero de 1961, Eisenhower había roto las relaciones diplomáticas con Cuba. La perversa progresión del bloqueo en contra de Cuba es harto conocida tanto como los efectos devastadores sobre la vida económica, social y política de la isla. No existe ninguna experiencia en la historia universal, repito: en la historia universal, de un país o región que hubiese estado sometida por una gran potencia dominante a una agresión económica, comercial, financiera, diplomática, cultural, mediática, deportiva y migratoria como la que Cuba, con una dignidad y heroísmo ejemplares, viene resistiendo desde hace 65 años. Los problemas de la economía cubana son incomprensibles al margen de las devastadoras consecuencias de una guerra que se extiende por tantas décadas

Con la aceleración del curso declinante del imperio americano y ante su creciente pérdida de influencia en Asia, cada vez más girando en torno a los dos gigantes regionales: China y la India; con su tenue presencia en el continente africano; el debilitamiento irreversible de los países europeos, reducidos a la condición de dóciles sirvientes del amo imperial y sin gravitación siquiera en su entorno geopolítico inmediato como Oriente Medio a lo cual hay que añadir el inesperado renacimiento de Rusia como actor global, Washington reorganiza las prioridades de su agenda de política exterior y vuelve sus ojos hacia Latinoamérica y el Caribe, esa “retaguardia estratégica” del imperio como la denominaran Fidel y el Che. En efecto, nuestra región es un fenomenal emporio de recursos naturales como lo definiera un venezolano ilustre y gran secretario general de la UNASUR, Alí Rodríguez Araque. Y ante el cambio en la correlación mundial de fuerzas, en detrimento de Estados Unidos, Donald Trump alentado por sus halcones -entre ellos el fiel lobista del sionismo, Marco Rubio- ordena a su flota de mar patrullar el Caribe meridional, acosar a pescadores venezolanos en sus aguas territoriales, agredirlos e intimidarlos y, según confesión propia, en un par de casos asesinarlos fríamente luego de acusarlos, sin aportar prueba alguna, de ser narcotraficantes. Estas supuestas narcolanchas pretendían lograr una verdadera proeza náutica en un mar protegido por unas cuarenta bases militares estadounidenses amén de una decena de navíos de guerra que se hallaban patrullando la región, pese a lo cual desafiantemente se dirigían con sus pequeñas embarcaciones supuestamente cargadas de cocaína y fentanilo con destino en las costas estadounidenses. La mentira es tan flagrante que la única conclusión posible es que en su desesperación Trump apela a cualquier expediente, mintiendo sin escrúpulos e inclusive ejecutando a sangre fría a pescadores de atún en abierta violación de la legalidad de su país que exige la detención de los supuestos delincuentes para ser llevados a juicio y la incautación de su cargamento para confirmar su naturaleza.

Se trata, entonces, de actos de agresión militar en una guerra no declarada, pero guerra al fin. Actos que se inscriben en una larga lista de agresiones no militares pero letales que Venezuela ha sufrido en esta larga guerra que comienza con la infame Orden Ejecutiva de Obama del 2015. Si el objetivo de una guerra convencional es destruir mediante el empleo de la fuerza las instalaciones militares, la infraestructura y desestructurar por completo la vida económica del país agredido, en la guerra de quinta generación esos objetivos se logran por otros medios: medidas coercitivas unilaterales (vulgo: “sanciones”) que producen gravísimos daños en la economía, perjudicando las relaciones comerciales con terceros países, desalentando inversiones en Venezuela y destruyendo la normalidad de la vida económica al interior del país; también con atentados mediante ciberataques a represas, puentes, refinerías, abastecimiento de agua y energía eléctrica y el desplome de las redes sociales y la Internet; con campañas de desinformación, satanización de las autoridades del país agredido (por ejemplo, inventando una organización criminal, el Cartel de los Soles, y diciendo que su jefe es el presidente Nicolás Maduro Moros); o con la organización y financiamiento de grupos criminales como las tristemente célebres “guarimbas” de 2014 y 2017 (o, en Oriente Medio, la banda criminal de los degolladores seriales del ISIS, según confesión de Hilary Clinton) y la creación de climas de terror y temor en la población.

En pocas palabras, debemos reconocer que Venezuela, igual que Cuba, está en guerra y que la unión del pueblo con su gobierno y sus fuerzas armadas fue la que hasta ahora erigió una formidable barrera a las pretensiones del imperio, dispuesto a cometer cualquier crimen con tal de apoderarse de la mayor reserva comprobada de petróleo del mundo que se encuentra en la patria de Bolívar y de Chávez y a poner fin a la Revolución Cubana, ese faro ejemplar que ha dado muestras de una resiliencia absolutamente excepcional, sin precedentes en la historia universal. Para lograr estos dos objetivos Trump y sus compinches son capaces de hacer cualquier cosa. Y si hasta ahora no lo hicieron es porque todavía está muy fresca la memoria de las derrotas experimentadas en Corea, en Vietnam, el Líbano, en Afganistán y en Playa Girón. O la “victoria” conseguida en Irak que a poco andar se convirtió en una derrota política, al igual que la más reciente en Siria, donde Washington causó estupor y repulsa universal porque luego de urdir la “primavera de colores” que acabó con el “régimen” de Bashar al Ásad ungió como presidente de ese país a Al-Sharaa, un criminal serial sobre cuya cabeza reposaba una recompensa de diez millones de dólares por ser el líder del grupo terrorista islámico Hayat Tahrir al-Sham (HTS). Y saben en la Casa Blanca que si escalan la agresión en contra de Cuba y Venezuela un tsunami antiestadounidense recorrerá toda Latinoamérica y probablemente también el Sur Global, donde hay actores muy poderosos que desean importar el petróleo venezolano. Un nuevo tsunami que tal como ocurriera a comienzos de siglo culminó con la derrota del ALCA, el gran proyecto que los expertos y analistas del imperio habían elaborado para todo el siglo veintiuno.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/858663-las-guerras-del-imperio-en-latinoamerica-y-el-caribe

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

15 de diciembre de 2022

Con la biodiversidad acorralada, América Latina busca soluciones en la COP15

Emilio Godoy

Para cuidar la riqueza natural, Colombia propone el canje de deuda externa por apoyo internacional para ese fin y la aceleración mundial de la conservación de la biodiversidad.

MÉXICO – A pesar de albergar a siete de los países con mayor diversidad biológica en el planeta, América Latina y el Caribe llegan a la 15 Conferencia de las Partes (COP15) del Convenio de Naciones Unidas sobre Diversidad Biológica (CDB), que se inauguró el miércoles 7 en la ciudad canadiense de Montreal, con poco más que promesas.

Con el antecedente del incumplimiento —como ocurrió también con el resto del mundo— de las 20 Metas de Aichi, adoptadas en 2010 para cumplir en 2020, ahora la región se enfrenta al desafío de asumir objetivos más ambiciosos en un contexto de crisis múltiple, entre ellas, la disminución de la biodiversidad debido a la sobreexplotación, los efectos de la crisis climática y los delitos ambientales.

En 2019, la Plataforma Intergubernamental Científico Normativa de Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) alertó que, a nivel global, estamos experimentando la peor crisis de biodiversidad en la historia, pues un millón de animales y plantas están en riesgo.

Y es en América Latina y el Caribe donde se observa la mayor disminución de poblaciones de vida silvestre monitoreadas a nivel global, revela Informe Planeta Vivo 2022: Hacia una sociedad con la naturaleza en positivo, elaborado por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) y el Instituto de Zoología de Londres, con una declinación promedio de 94 % entre 1970 y 2018.  

Con este panorama, se llega a la COP15, que se escenificará desde este miércoles  7 y hasta el 19 de diciembre, en la ciudad canadiense de Montreal.

Camino accidentado

Debido a la pandemia de covid-19, que comenzó a azotar al planeta en diciembre de 2019, la COP15 ha experimentado una historia accidentada. La primera parte ocurrió de forma virtual en 2020 y, debido a la incapacidad de China, el anfitrión original, de organizar reuniones masivas por su política de intolerancia a las infecciones ocasionadas por el virus SARS-CoV-2, el segundo tramo se realizará en Montreal de manera presencial.

La cumbre coincide también con la X Reunión de la Conferencia de las Partes del Protocolo de Cartagena sobre Bioseguridad y la IV Reunión de la Conferencia de las Partes del Protocolo de Nagoya sobre el Acceso a los Recursos Genéticos y la Distribución Justa y Equitativa de los Beneficios de su Utilización, componentes ambos de la CBD que están vigente desde 1993 para 196 países.

La aprobación del marco mundial de la diversidad biológica posterior a 2020 concita la atención en Montreal, donde también se abordarán asuntos como el financiamiento para la conservación de la riqueza biológica y los lineamientos sobre secuenciación digital de material genético.

La propuesta, cuya negociación debe concluir en la cumbre, incluye los objetivos de conservación, uso sostenible, reparto de beneficios y aplicación, y al menos 22 metas sobre ecosistemas degradados, áreas protegidas, especies amenazadas, el rol de las empresas, biotecnología e igualdad de género, que repiten algunos de los temas que las Metas de Aichi trataron de cubrir.

Estas metas versaron sobre educación ambiental, creación de áreas silvestres protegidas, producción y consumo sostenibles, prevención de la extinción de especies y disminución de la polución.

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En México, las especies de flora y fauna enfrentan la sobreexplotación, la pérdida de hábitats y los efectos de la emergencia climática. En la imagen, una muestra de la colección de plantas del Jardín Botánico de la Universidad Nacional Autónoma de México, en el sur de Ciudad de México. Foto: Emilio Godoy / PxP

Ecosistemas bajo asedio

Las naciones latinoamericanas llegan a la cita con los ecosistemas sitiados.

México, por caso, aún no actualiza su Estrategia Nacional de Biodiversidad 2016-2030. Y el gobierno ha aplicado severos recortes presupuestarios al ramo ambiental, al grado de destinar unos 0,5 dólares por hectárea en áreas nacionales protegidas (ANP).

Este país padece disminución de especies animales y vegetales. Miguel Equihua, investigador del estatal Instituto de Ecología, señala que tiene zonas degradadas por la agricultura, la minería y la expansión urbana, además de poseer ecosistemas en “razonable estado de conservación”.

“Hay una pérdida importante. Si bien no hablamos de especies individuales, un dato interesante es que uno de los principales impulsores tiene que ver con pérdida de condición por cambio de uso de suelo y degradación de bosques” y otro tipo de vegetación, explica el científico, quien participó en la elaboración de la Contabilidad de Ecosistemas del Sistema de Contabilidad Ambiental y Económica de México.

Ese informe halló que México conserva 65 % de su capital natural original. De las 200 000 especies existentes, más de 2600 enfrentan amenazas.

Además, la degradación del suelo representa 15 % del total de los costos ambientales. Por su parte, la degradación y el agotamiento de los recursos forestales representa 3,5 %, según el gubernamental Instituto Nacional de Ecología, Geografía y Estadística.

México construye el Tren Maya a lo largo de seis estados del sur y sureste del país, el cual amenaza a la Selva Maya, el segundo macizo selvático en América Latina después de la Amazonia. El gobierno ofreció crear tres ANP en la zona para garantizar mayor protección ambiental, pero no reconoció el impacto del megaproyecto.

Paralelamente, ejecuta el proyecto de empleo rural Sembrando Vida, que consiste en la siembra de especies frutales y maderables, que en 2019 ocasionó la pérdida de unas 72 000 hectáreas de cobertura forestal, según el Instituto de Recursos Mundiales México.

La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) de México administra 185 ANP federales que representan 90,96 millones de hectáreas y apoya 382 áreas destinadas voluntariamente a la conservación —que incluyen predios privados—, con una superficie de 623.090 hectáreas.

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La Amazonia padece una alarmante disminución de biodiversidad debido a la tala ilegal, los incendios y actividades como agricultura, ganadería y minería, por lo que Brasil enfrenta presión internacional para colocar candados a la destrucción. Foto: Ivars Utināns / Unsplash


El otro caso lo pone Colombia. En 2022, esta nación, la tercera con mayor biodiversidad del planeta después de Brasil e Indonesia, registró 67 000 especies (5000 más que el año previo), apremiadas por la pérdida de hábitats, la contaminación, la sobreexplotación y los efectos de la crisis climática, como el aumento de la temperatura y la proliferación de plagas.

En ese sentido, 796 variedades de flora y 407 de fauna están amenazadas. Este país posee 1483 áreas protegidas sobre una superficie de 35,5 millones de hectáreas, equivalentes a 15 % del territorio nacional.

Ximena Barrera, directora de Relaciones de Gobierno y Asuntos Internacionales de WWF Colombia, destaca que el país tiene varios instrumentos, como la Política Nacional para la Gestión integral de la Biodiversidad y sus Servicios Ecosistémicos y su respectivo plan de acción, así como planes sectoriales sobre deforestación, el Sistema Nacional de Áreas Protegidas, océanos sostenibles y de crecimiento verde.

Por la Amazonia, el Pantanal y la selva tropical atlántica, Brasil, que alberga 20 % de la biodiversidad global, también está expuesto a la disminución de diversidad biológica, especialmente desde 2018 cuando asumió la presidencia el ultraderechista Jair Bolsonaro, que culminará el 1 de enero, cuando sumirá el expresidente Luiz Inácio Lula Da Silva, quien lo derrotó en las elecciones del 30 de octubre.

Las políticas a favor de la minería, la agroindustria, la ganadería y el debilitamiento de la institucionalidad ambiental han fomentado la degradación de los ecosistemas mencionados, con efectos globales. Lula ya anunció que protegerá la Amazonía, con el respaldo internacional.

De las 16 264 variedades que tiene Brasil, al menos 3299 animales y plantas enfrentan amenazas, según las Cuentas de Ecosistemas: Especies en Peligro de Extinción en Brasil, del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE).

En 2021, la selva amazónica perdió 10 300 kilómetros cuadrados de ecosistemas naturales, según el Instituto del Hombre y el Medio Ambiente de la Amazonía.

De hecho, la región llega con varios asuntos pendientes al ambiente gélido de Montreal. Ninguno de los países megadiversos tiene herramientas actualizadas.

Desde 2015, Brasil y Perú no actualizan ante el Secretariado de la CDB sus estrategias nacionales de biodiversidad y sus planes de acción. Ecuador y México no lo han hecho desde 2016, mientras que Colombia y Costa Rica desde 2017 y Panamá, un año después.

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Panamá es uno de los siete países megadiversos de América Latina y el Caribe y, como el resto, su riqueza biológica está en riesgo. Uno de sus focos es el Cerro Ancón, albergue de variedades vegetales y animales en la Ciudad de Panamá. Foto: Emilio Godoy / PxP

Deseos

En Canadá, la región empujará su agenda, acorde con sus intereses nacionales. México promoverá un enfoque de derechos humanos y género, la creación de ANP y la participación de pueblos indígenas y comunidades locales.

Brasil centrará su estrategia en la defensa de la Amazonia, mientras Colombia empujará el canje de deuda externa por financiamiento internacional ambiental para aplicar acciones nacionales y la formación de una coalición internacional para acelerar la acción para la biodiversidad.

“Tomamos la decisión de defender la Amazonia ante la minería ilegal, la presencia del narcotráfico y el acaparamiento de tierra y crear núcleos de economía comunitaria. Ampliamos las metas de restauración, pero los recursos son insuficientes”, afirma Sandra Vilardy, viceministra colombiana de Ambiente.

Colombia busca al menos detener la tasa de pérdida de selva amazónica, que ronda las 171 000 hectáreas anuales.

El científico Equihua cuestiona el escaso compromiso gubernamental de México. “Tiene que ver con la dificultad para que se incorporen estos temas de agenda ambiental en prioridades del desarrollo socioeconómico. Parecería que la biodiversidad es un obstáculo. No queda clara una propuesta asertiva”, critica.

Para Barrera, Colombia debe emprender “una misión ambiciosa” que comprometa a los gobiernos a detener y revertir la pérdida de biodiversidad, un enfoque “transformador e inclusivo” para reducir a la mitad la huella ecológica de la producción y el consumo en 2030, así como un mecanismo de aplicación sólido del Marco Global, “para que los países rindan cuentas y así garantizar que la acción aumente con el tiempo”.

Con el precedente negativo de las Metas de Aichi y la creciente crisis de biodiversidad, la inquietud sobre la viabilidad latinoamericana flota en el ambiente.

Este artículo es parte de la Comunidad Planeta, un proyecto periodístico liderado por Periodistas por el Planeta (PxP) en América latina, del que IPS forma parte.


https://www.leerydifundir.com/2022/12/la-biodiversidad-acorralada-america-latina-busca-soluciones-la-cop15/