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17 de febrero de 2025

La violencia golpea a la ciencia: expertos son amenazados por revelar impactos a la biodiversidad

Ana Cristina Alvarado

– Los intereses de las actividades ilegales y las industrias extractivas son comprometidos cuando científicos levantan datos para mostrar la magnitud de sus daños.

– En algunos casos, actores ilegales, empresariales y estatales son responsables de intimidaciones, agresiones e incluso asesinatos de investigadores en Latinoamérica.

– En Ecuador personas involucradas con la minería y la pesca ilegales han amenazado la vida de científicos que están trabajando por la conservación de los ecosistemas.

– En México, la doctora Valeria Souza soportó incitaciones a la violencia en su contra y agresiones a su equipo de trabajo por luchar para la protección de Cuatro Ciénegas.

Cinco datos clave

Mensajes intimidantes, ataques físicos, advertencias. Cada vez es más común que los científicos ambientales latinoamericanos reciban amenazas, de acuerdo con el Concejo Internacional de Ciencia. “Estamos viendo casos de gente que publica información que resulta incómoda y, al final, atacar a científicos es contribuir a silenciar su labor”, dice Laura Furones, autora principal del informe anual sobre violencia contra las personas defensoras de la tierra y del medioambiente de Global Witness.

Por la novedad del fenómeno, Global Witness no registra de manera sistemática los ataques a los investigadores, explica Furones. La organización, que tiene oficinas en Europa y Estados Unidos, documenta desde 2012 los asesinatos, ataques, amenazas y criminalización de los defensores ambientales. En 2023, 193 personas que luchaban para proteger la naturaleza fueron asesinadas a escala global, de acuerdo con el informe más reciente.

“Sin duda que tenemos casos de científicos amenazados e incluso asesinados por esta labor de investigar o publicar información incómoda a ciertos intereses”, señala Furones. En 2023, Cuauhtémoc Márquez y Álvaro Arvizu, dos investigadores y defensores del agua fueron asesinados en Tlalmanalco, estado de México. Sus actividades obstaculizaban actos como la explotación forestal clandestina, la expansión agropecuaria, el crecimiento urbano desorganizado y la extracción de agua.

Los asesinatos fueron cometidos en días consecutivos, el 12 y 13 de junio de 2023. Arvizu fue atacado con un hacha. Querían asesinarlos “con mucha brutalidad y determinación”, afirma la integrante de Global Witness.

Furones señala que el narcotráfico, la minería, las agroindustrias y la tala son las principales amenazas para los defensores ambientales en Latinoamérica. “Las estrategias absolutamente violentas del crimen organizado seguro que tienen que estar afectando a los científicos porque están afectando a todos los niveles”, añade.

Es que el crimen organizado ha tomado áreas de interés para la conservación. En Colombia y Perú, 30 áreas protegidas están acorraladas por la minería y el narcotráfico.

Frente a esto, hay herramientas como el Acuerdo de Escazú de América Latina y el Caribe o la Diligencia Debida de las Empresas en Materia de Sostenibilidad de la Unión Europea que buscan proteger a los defensores ambientales. “Son relativamente recientes y estamos por ver si se quedan en el papel o si sirven para disminuir la violencia”, dice Furones.

Mongabay Latam dialogó con cuatro científicos que han sido amenazados por llevar adelante investigaciones sobre los impactos ambientales de actividades ilegales. En algunos casos, sus nombres, sexo, ubicación geográfica y especialidad han sido modificados u obviados para proteger sus identidades, ya que se encuentran en riesgo. Estos son algunos casos de científicos que han visto su vida en peligro en Latinoamérica.

“Si volvíamos al territorio nos iban a secuestrar”

Un grupo de especialistas de una organización colombiana que trabaja en la conservación de la biodiversidad tuvo que salir de un día para el otro de una localidad de la Orinoquía de ese país.

En octubre de 2023, tres personas del equipo recibieron mensajes de WhatsApp en los que un supuesto grupo armado reclamaba sobre algunas decisiones y acciones del proyecto. “Junto con esos reclamos, hubo amenazas: si volvíamos al territorio nos iban a secuestrar”, cuenta el científico que lideraba las actividades, quien no se encontraba en ese momento en el territorio. También se hicieron exigencias con fines económicos, relata.

El experto cuenta que esta zona es “estratégica para los grupos ilegales”. Para el  Ejército y la policía es un reto cubrir un área tan extensa y alejada. Eso permite que las bandas criminales se fortalezcan y sean “las que toman decisiones en el territorio, por encima de las comunidades”, asegura.

Ante las amenazas, la organización activó de manera inmediata una mesa de seguridad asesorada por expertos que dio indicaciones precisas a los implicados durante varios días consecutivos. Las personas que estaban en el campo pudieron dejar la zona con tranquilidad. “No difundimos la información para no generar alarma”, cuenta el experto.

Como consecuencia de estos hechos, la organización tomó la decisión de cerrar el proyecto de inmediato. Se envió a la comunidad con la que estaban trabajando una carta en la que se informó que por causas de riesgo público, el programa sería retirado para evitar poner en peligro al personal que trabajaba en la zona.

Esto tiene un impacto en la comunidad beneficiaria, pues dejó de recibir apoyos técnicos y económicos para las acciones de conservación que se estaban realizando. “Si bien en estos años se han empoderado y han empezado a desarrollar sus propios proyectos, salir de manera intempestiva dejará un vacío”, dice el experto. Actualmente, se están cumpliendo a distancia los compromisos que la organización había establecido con la comunidad.

Los expertos que recibieron los mensajes en sus números personales sufrieron impactos emocionales. “Genera un sentimiento de miedo que no es muy fácil de manejar, es angustiante”, de acuerdo con el biólogo, quien relata que después del hecho varios de los atacados sufrieron cuadros de depresión. La organización ambiental brindó apoyo psicológico y legal para garantizar el bienestar de los miembros del equipo afectados.

“Indicaban que estaba hablando de más”

En Ecuador, la Fundación Ecociencia hace investigación científica para promover la conservación biológica. Una de sus ramas son los sistemas de información geográfica, con los que sus integrantes levantan datos sobre los usos y cobertura de suelo, revelando el incremento de la frontera agrícola, cuerpos de agua artificiales, la infraestructura urbana, las concesiones de industrias extractivas y la minería ilegal.

En 2023, un miembro de la organización, que prefiere no revelar su nombre por seguridad, recibió un mensaje de texto días después de que Ecociencia publicara un informe que revelaba el incremento de la minería ilegal de oro en una zona prioritaria para la conservación en la Amazonía ecuatoriana.

La misiva “tenía una serie de lineamientos de lo que iba a pasar” si continuaba la investigación, cuenta el científico. “Era una amenaza, indicaban que estaba hablando de más, que estaba siendo vigilado y que tuviera cuidado”, añade. Ningún grupo delictivo ni persona particular firmó la misiva, pero se conoce que grupos criminales están detrás de la minería ilegal en Ecuador.

El experto dice que el mensaje cumplió con su cometido: infundió terror en la organización y provocó que se detenga la investigación en esa zona de manera temporal.

Las amenazas tuvieron un gran impacto emocional. El experto cuenta que la conservación ambiental es una carrera que requiere de mucho tiempo, trabajo e inversión, pero hasta ahora no ha habido necesidad de prepararse para saber cómo actuar ante amenazas e intimidaciones. “Quienes pasamos por esto sufrimos de ansiedad muy fuerte, temor, nerviosismo y miedo. Todo esto entorpece nuestro trabajo”, asegura.

A partir de eso, Ecociencia tomó medidas de seguridad física y digital. El científico también presentó una denuncia. Sin embargo, hace poco un abogado le informó que “más del 90 % de estas denuncias se quedan en el papel”.

Aunque reconoce que su trabajo siempre ha tenido oposición de personas y empresas vinculadas a la extracción o depredación de recursos naturales, esta es la primera vez que recibe una amenaza. “Lo que esperamos como científicos es que verdaderamente se nos garantice el trabajo, ya sea a través de la implementación de convenios o de acciones más fuertes por parte del Estado”, reclama.

“Valeria Souza contra el Estado mexicano”

La científica mexicana Valeria Souza trabajó durante 25 años como ecóloga evolutiva de Cuatro Ciénegas, un oasis en el desierto de Coahuila, en el norte de México. Relata que la NASA, la agencia espacial estadounidense, la llevó al lugar en 1999 con el objetivo de que estudie el oasis con más de 300 pozas semejante a un mar primitivo de la Tierra y, tal vez, también de Marte. “Encontramos que no era un símil, sí había un mar primitivo”, dice Souza. Una montaña resguardó sus aguas durante miles de millones de años, “junto con las bacterias que hicieron de este planeta azul”, añade.

Sin embargo, este lugar “muy especial” y área natural protegida desde 1994 podría desaparecer por la sobreexplotación de su acuífero profundo. Productores de alfalfa cultivan en el desierto y riegan los sembríos con agua que extraen del acuífero.

“Las amenazas aparecen cuando empiezo a salir en la prensa para decir que cultivar alfalfa en el desierto es una estupidez, sobre todo si hay 50 grados bajo el sol del verano y se necesita muchísima agua”, cuenta. Asegura que periódicos locales incentivaban a sus lectores a lanzar piedras a su vehículo. “Afortunadamente no pasó”, dice.

Souza generó datos moleculares para demostrar que los pozos que se estaban abriendo al sur de Cuatro Ciénegas usaban la misma agua del acuífero profundo. “En 2003 cerraron los pozos y eso no les gustó nadita. Desde ahí es Valeria Souza contra el Estado mexicano”, asegura. La doctora en ecología y los habitantes de la localidad lograron que se ponga en veda el agua del acuífero, pero “la Comisión Nacional del Agua nunca vigiló, nunca protegió, nunca cuidó”, relata. Añade que hasta 2024 se continuaba explotándolo de la misma manera.

El acuífero de Cuatro Ciénegas también es drenado por varios canales, uno de ellos el de Saca Salada, para el riego de cultivos. En 2020, junto a Mauricio de la Maza, en ese entonces director de la organización Pronatura Noreste, cerraron el canal. De la Maza y el fotógrafo y videógrafo David Jaramillo fueron atacados verbal y físicamente por una turba. Souza estaba en un automóvil a cinco metros de distancia. “Me dijeron por teléfono: ‘Tú ni te muevas de la camioneta’”, recuerda. “Fue un poco milagroso. A nadie se le ocurrió cruzar el puentecito de cinco metros y sacarme de la camioneta. A la que querían era a mí”, dice.

La científica puso una denuncia y dio entrevistas. David Jaramillo, por su lado, publicó un video de los sucedido en televisión nacional, pero no hubo consecuencias para los atacantes. Aunque Souza nunca tuvo miedo, reconoce que su esposo y colaborador, el también científico Luis Eguiarte, “sí se angustió”.

La seguridad que siente la especialista se fundamentó en que por 24 años educó a los niños de Cuatro Ciénegas. “Sus papás aprecian ese trabajo que se ha hecho, entonces ellos me protegen”. Sin embargo, en 2023 renunció a trabajar por este humedal. “Se está muriendo y ya no quiero llorar más por las tortugas y los peces muertos”, dice. “O cierran ese canal como tratamos de hacerlo en 2020 o no hay para dónde”, concluye.

“Cuando tengo que viajar a mi área de estudio hay incertidumbre”

Un biólogo marino de Sudamérica, responsable de un “importante descubrimiento” que muestra la gran diversidad del mar en una zona de la región, ha sufrido varias amenazas por su trabajo en pro de la conservación. “Tenemos recursos increíbles que deben ser protegidos. Si se hiciera un trabajo adecuado, con manuales y protocolos, se podría generar ingresos turísticos por mostrar la belleza de esa región”, dice.

No puede dar a conocer su identidad ni el área en la que se desempeña, pues cree que eso podría ponerlo en peligro nuevamente. Además, asegura que no es el único científico que investiga el mar y que ha recibido intimidaciones. En esta nota se han obviado datos como su ubicación geográfica para evitar que sea identificado.

La primera vez que vio su vida y su actividad en peligro fue cuando denunció actos de corrupción en una dependencia pública relacionada con la biodiversidad. Recibió amenazas vía telefónica. Aunque no se concretaron, sentaron un precedente de cómo empezaban a darse las dinámicas sociales en la costa de su país, ahora asediada por la criminalidad.

Este ambiente de tensiones provocó que el biólogo empezara a enfermarse. Después de la pandemia de Covid-19 se mudó fuera de la región. “Salí del país porque se volvió un sitio inseguro, además había una cantidad de ilegalidades en el sector en el que trabajaba”, cuenta.

Hace unos cuatro años llegó una segunda advertencia, después de que el investigador revelara información sobre el impacto de la pesca ilegal en las especies protegidas. Recibió una amenaza de parte de un representante del sector pesquero para que dejara de hablar de la problemática. “Aprendí la lección”, añade. No puso denuncias porque considera que en su país esa medida no funciona.

Ahora, cada vez que debe regresar a la zona donde realiza sus investigaciones lo hace con perfil bajo. “Cuando tengo que viajar a mi área de estudio hay incertidumbre, a pesar de que amo lo que hago”, reconoce.

Estar lejos de la región afectó su capacidad para levantar recursos que financien su trabajo científico. “Amo a mi país, amo los mares, pero es una sensación fea”, dice. Y agrega: “Ya no hay ni cómo caminar en los pueblos costeros, ya que hay un ambiente de inseguridad que antes no existía, de miedo”.

Fuente: https://es.mongabay.com/2025/02/cientificos-amenazados-por-revelar-impactos-biodiversidad/

12 de noviembre de 2024

Perú: Es hora de abrir la mente

Pedro Francke

Acaba de terminar la COP 16, la cumbre mundial para proteger la biodiversidad. Esta vez se hizo en Cali, Colombia, durante dos semanas que concluyeron el 2 de noviembre. Es un tema que en el Perú, como país amazónico y por su gran diversidad de espacios ecológicos, tiene una importancia particular. De las 117 zonas de vida reconocidas en el mundo, 84 se encuentran en el Perú. Somos el país del mundo con más variedad de peces (más de 2 mil especies) y de mariposas, el segundo de mayor variedad de aves con 1,736 especies y el tercero en variedad de mamíferos con 460 especies. También tenemos mucha diversidad en especies de plantas, y contamos con unas 4 a 5 mil variedades de papa. A pesar de eso, prácticamente la cumbre de la COP 16 no recibió mayor atención del gobierno, el congreso o los medios.

Hay quienes podrán pensar que con los asesinatos y ataques por extorsión que siguen multiplicándose, el cogobierno Dina-fujimorismo minando la democracia y la grave situación de desempleo y empobrecimiento en Lima y muchas ciudades, cuidar la naturaleza no es algo prioritario. Recordemos que el actual gobierno ha redoblado la estrategia de sobreexplotación de nuestros recursos con varias medidas.

A pedido de la Confiep se ha aprobado una ley que favorece la deforestación de la amazonia. La minería ilegal, que contamina nuestros ríos, tiene grandes padrinos en el congreso. El Senace, que evalúa y aprueba los estudios de impacto ambiental, el primer paso indispensable para cuidar la naturaleza antes de una gran inversión minera, petrolera u otras, acaba de ser declarado en reorganización para terminar de traérselo abajo. El serio problema del agua, cuya escasez se va agravando, no ha sido enfrentado, de tal manera que ya hay un severo problema en Piura, mientras en Lima la amenaza de la minera Ariana sigue adelante con el beneplácito del Ministerio de Minas a pesar de que hasta Sedapal, dependiente del Ministerio de Vivienda, se ha opuesto al proyecto porque puede contaminar nuestra agua potable.

La conexión entre el modelo económico y la inseguridad ha sido resaltada en el reciente acuerdo de Dina Boluarte con el Consejo de Estado, de “rechazar las amenazas contra nuestro modelo económico y la industria extractiva”. No cabe duda de que semejante acuerdo ha sido impulsado por las grandes mineras y petroleras y la Confiep. Es la nueva versión del terruqueo en defensa de los monopolios que se llevan nuestras riquezas.

Pero ¿en serio alguien puede creer que nuestro problema de inseguridad se debe a eso y no a las bandas criminales favorecidas por las leyes aprobadas por este congreso y promulgadas por la presidenta? Sería más ilustrativo pensar la conexión entre economía e inseguridad exactamente al revés: si luego de varias décadas de un modelo neoliberal extractivista estamos como estamos, ¿no es momento de plantearse un cambio y de pensar en una estrategia económica con mayor respeto a la naturaleza que genere bienestar para las mayorías?

BIODIVERSIDAD

La base económica de nuestros serios problemas actuales es que, junto con causar serios problemas ambientales, el modelo seguido ha generado muy pocos empleos. Incluso en los años de buen crecimiento, entre 2003 y 2014, la informalidad no retrocedió mucho. Posteriormente, a la economía no le ha ido tan bien lo que, sumado al ingreso de millón y pico de inmigrantes de Venezuela y otros países, ha generado un severo problema de desempleo y empobrecimiento en Lima y muchas otras ciudades peruanas. Claro que la economía no resuelve todos los problemas, y así como “el dinero no hace la felicidad pero ayuda” les aseguro que si pudiéramos crear medio millón de empleos para nuestros jóvenes avanzaríamos muchísimo. Una forma de lograrlo es con el aprovechamiento sostenible de nuestra biodiversidad, una línea de desarrollo productivo que es intensiva en la creación de puestos de trabajo.

Hay varios sectores que pueden entrar en esta lógica, y para lo cual algunos de los acuerdos de la COP 16 son importantes. El turismo en áreas de biodiversidad tiene mucho potencial: solo para avistamiento de aves hay 46 millones de estadounidenses y 3 millones de británicos que lo practican y el Perú ha sido declarado varios años seguidos el mejor lugar para este tipo de turismo. Cada turista puede gastar 3 mil dólares, saquen su cuenta. Este tipo de turismo sólo se puede hacer con quienes ya tienen un conocimiento amplio de las distintas especies en su localidad y conocen su ambiente como para cuidarlo. En ese sentido un acuerdo importante de la COP 16 ha sido el reconocimiento de que los pueblos indígenas y comunidades locales deben jugar un rol central en cuidar la biodiversidad, dándoles oportunidades económicas para su progreso. El turismo, hecho con participación y justicia hacia los pueblos indígenas, es una de las principales opciones al respecto, tanto en la amazonia como en lugares de montaña con vistas de cóndores junto a culturas locales y patrimonio arqueológico.

También hay mucho turismo por promocionar en zonas marino-costeras. El Perú tiene, de su superficie marina, un porcentaje protegido como área natural muy inferior al de Chile, México, Colombia, Brasil o Panamá, e incluso las grandes empresas han pretendido que se les permita su pesca extractivista en la reserva nacional de Paracas, otro lugar que tiene gran potencial turístico y una biodiversidad única.

El valor que puede obtenerse de nuestras plantas, frutos, raíces, peces y anfibios es también importante. Hace años me llama la atención el desarrollo de productos de salud y belleza de la amazonia y la diferencia que hay entre Brasil y nuestro Perú. Una empresa brasileña, Natura, se inició y creció con productos hechos en base a la biodiversidad amazónica. Hoy son la cuarta empresa mundial más grande de cosméticos con presencia en más de cien países. Natura usa envases reciclados y tiene una política firme de “impactar positivamente al medioambiente y a las comunidades, como una apuesta por el bienestar de las personas y el planeta”. Tiene emisión cero de carbono, lograda con proyectos en comunidades amazónicas que capturan un equivalente a todo el carbono que emiten. Compárese eso con el Perú y veremos cuánto nos llevan de delantera, pero pensemos también cuánto podríamos recorrer hacia delante.

El valor de nuestra biodiversidad puede ser muy grande y en relación a eso la COP 16 ha aprobado el llamado “mecanismo multilateral para el reparto de beneficios derivados del uso de información de secuencias digitales de recursos genéticos (DSI)”. ¿Qué quiere decir esto? Es una respuesta a una gran preocupación: nosotros los países amazónicos tenemos gran biodiversidad y la responsabilidad primaria de cuidarla, pero no es justo que luego vengan empresas transnacionales y patenten avances científicos cuya base es un conocimiento ancestral y monopolicen los beneficios. En la COP 16 se acordó la creación del Fondo de Cali, en el que tales empresas deberán aportar parte de sus ganancias.

La necesidad de pensar distinto la amazonia ha sido puesto de relieve en un informe de Mariana Mazzucato, influyente economista del Instituto para el Propósito Público en la UCL - Universidad de Londres. Ella sustenta que la amazonia puede liderar en innovación bioeconómica, lo que requiere plantearse la misión de acabar con la deforestación y unir fuerzas públicas y privadas alrededor de un nuevo modelo económico centrado en el bien común. Frente a nuevos retos, es hora de abrir la mente a nuevas propuestas.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 708 año 14, del 08/11/2024

https://www.hildebrandtensustrece.com/

22 de diciembre de 2022

Oportunidad perdida para lograr un acuerdo global que ponga fin a la pérdida de biodiversidad

Ecología social

Finaliza la COP15 de Montreal con la aprobación del acuerdo Kunming-Montreal, importante pero insuficiente, ya que no logra los avances necesarios para lograr detener la pérdida de biodiversidad para 2030.

 El Marco Global aprobado se queda a mitad de camino en la mayoría de sus Metas, y aunque permitirá continuar avanzando puede impedir que se cumpla la visión de “vivir en armonía con la naturaleza en 2050”.

Las diferencias entre los países desarrollados y el Sur global sobre la escasa financiación y la no creación de un nuevo fondo de financiamiento para la biodiversidad han estado a punto de provocar el fracaso de la cumbre.

Ecologistas en Acción advierte de que la responsabilidad para detener la pérdida de biodiversidad recae ahora en los países, que deben tomar acciones cuya ambición trascienda lo aprobado en la COP15 de Montreal.

La 15 Conferencia de las Partes (COP por sus siglas en inglés) de la Convención de la Diversidad Biológica (CDB) de Naciones Unidas celebrada en Montreal era la fecha anunciada en la que las 196 Partes firmantes del CDB, que representan a la práctica totalidad de los países, iba a lograr un acuerdo histórico sin precedentes que supondría un punto de inflexión en la lucha por salvar el planeta. Lamentablemente el acuerdo final es más decepcionante de lo esperado. Aunque se han producido avances importantes y necesarios, los acuerdos logrados no están a la altura de lo esperado.

La clave para el éxito de la COP15 estaba en la aprobación de una estrategia internacional para la biodiversidad, conocida como Marco Global Post-2020. Dicha estrategia se ha aprobado, pero sin muchas de las medidas que se consideraban esenciales.

El Marco Global de Biodiversidad aprobado no aborda la raíz de las causas de la pérdida de biodiversidad. La causa de la crisis de la biodiversidad es un sistema que coloca las ganancias y el poder de las corporaciones sobre las personas y la naturaleza y permite que los intereses corporativos influyan en los resultados. Al no incluir suficientes mecanismos para atajar esas raíces el acuerdo no será capaz de frenar la pérdida de biodiversidad

La UE, otros países como Canadá, e incluso algunas organizaciones sociales y ambientales, pusieron siempre el foco del Marco Global en la protección del 30 % de las áreas marinos y terrestres antes de 2030, y esta Meta se ha aprobado. Sin embargo, para Ecologistas en Acción, más importante que el porcentaje del área a proteger era que los espacios protegidos tengan adecuados planes de gestión y que realmente se apliquen, algo que no se ha incluido suficientemente en el acuerdo. Si proteger el 30 % de los espacios naturales permite destruir el 70% es evidente que no es un buen acuerdo.

Por eso Ecologistas en Acción, en colaboración con la CBD Alliance, ha defendido que la estrategia debía actuar sobre las causas subyacentes de la pérdida de biodiversidad, con compromisos contundentes para reducir la huella ecológica, y asumir medidas más ambiciosas como reducir el uso, no solo la peligrosidad, de los pesticidas o aplicar el principio de precaución a la biotecnología. Medidas de gran calado que implican soluciones para la totalidad de la superficie planetaria y no solo una porción de la misma.

La influencia de los lobbies empresariales queda en evidencia en el documento aprobado. Se limita a “animar y facilitar” a las empresas a que reduzcan su impacto en la biodiversidad. Los mecanismos citados para ello incluyen la autorregulación e informar voluntariamente de sus acciones, dejando la responsabilidad final en los consumidores. Se ha eliminado del documento la obligación de asumir “la responsabilidad jurídica de las infracciones». Aspectos polémicos, como los mecanismos de compensación o la mención directa a las “Soluciones Basadas en la Naturaleza”, utilizados por las grandes corporaciones para el lavado verde y continuar con prácticas destructoras de biodiversidad, permanecen en el Marco Global.

Especialmente preocupante es la insuficiencia de mecanismo de implementación y cumplimiento que permita a Partes y a la sociedad civil tomar medidas sancionadoras por el incumplimiento de la Convención y sus acuerdos.

Sí se han producido algunos avances positivos respecto a los compromisos previos, sobre todo en materia de reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas y las comunidades locales, la eliminación de subvenciones perjudiciales, la inclusión de la perspectiva de género y el justo reparto de los beneficios en relación a la Información Digital sobre Secuencias (DSI) de recursos genéticos.

Cuando los estudios más recientes dictaminan que una de cada 10 especies podrían desaparecer antes de que termine el siglo y se ha registrado una disminución media del 69% en la abundancia de fauna desde 1970, no se puede permitir este grado de inacción. La ciencia ha dejado claro que el colapso de los ecosistemas es inminente. Si eso ocurre, la capacidad del planeta de garantizar la vida estará en peligro.

Los países en vías de desarrollo han exigido desde el principio de la COP15, como línea roja, el aumento de la financiación y el establecer un nuevo fondo de financiamiento para la biodiversidad, mientras que los países desarrollados preferían reforzar el ya existente Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF). Estas diferencias, que llegaron a suponer en un momento dado el abandono de la mesa de negociación por parte de más de 60 países del Sur global, han lastrado las negociaciones, restando atención a asuntos de mayor trascendencia. Finalmente se ha optado por la segunda opción y la financiación aprobada es considerada insuficiente por varios países y no reconoce la deuda ecológica que tiene el mundo desarrollado. La República Democrática del Congo ha manifestado su rechazo al Marco Global. Sin embargo, el documento ha salido adelante argumentando que la objeción no se realizó adecuadamente.

Tras la aprobación de este acuerdo insuficiente, Ecologistas en Acción centrará su trabajo en lograr que la Unión Europea adopte todas las medidas que ha estado proponiendo en Montreal, por ejemplo la reducción del uso del 50 % de los pesticidas, en que el Estado español y las administraciones autonómicas aprueben un paquete de medidas drásticas para detener la pérdida de biodiversidad, y que las administraciones locales, desde los pueblos más pequeños a las grandes ciudades potencien la renaturalización de los núcleos urbanos y el fomento de la biodiversidad urbana.

La biodiversidad no puede esperar ni un día más, por eso Ecologistas en Acción exige a las administraciones ambientales del Estado español que empiecen a tomar las medidas necesarias para enfrentar la crisis ecológica.

Ya en dos ocasiones anteriores las administraciones del Estado español incumplieron los acuerdos internacionales, por lo que la sociedad civil se tendrá que movilizar si hace falta para que se adopten dichas medidas.

15 de diciembre de 2022

Con la biodiversidad acorralada, América Latina busca soluciones en la COP15

Emilio Godoy

Para cuidar la riqueza natural, Colombia propone el canje de deuda externa por apoyo internacional para ese fin y la aceleración mundial de la conservación de la biodiversidad.

MÉXICO – A pesar de albergar a siete de los países con mayor diversidad biológica en el planeta, América Latina y el Caribe llegan a la 15 Conferencia de las Partes (COP15) del Convenio de Naciones Unidas sobre Diversidad Biológica (CDB), que se inauguró el miércoles 7 en la ciudad canadiense de Montreal, con poco más que promesas.

Con el antecedente del incumplimiento —como ocurrió también con el resto del mundo— de las 20 Metas de Aichi, adoptadas en 2010 para cumplir en 2020, ahora la región se enfrenta al desafío de asumir objetivos más ambiciosos en un contexto de crisis múltiple, entre ellas, la disminución de la biodiversidad debido a la sobreexplotación, los efectos de la crisis climática y los delitos ambientales.

En 2019, la Plataforma Intergubernamental Científico Normativa de Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) alertó que, a nivel global, estamos experimentando la peor crisis de biodiversidad en la historia, pues un millón de animales y plantas están en riesgo.

Y es en América Latina y el Caribe donde se observa la mayor disminución de poblaciones de vida silvestre monitoreadas a nivel global, revela Informe Planeta Vivo 2022: Hacia una sociedad con la naturaleza en positivo, elaborado por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) y el Instituto de Zoología de Londres, con una declinación promedio de 94 % entre 1970 y 2018.  

Con este panorama, se llega a la COP15, que se escenificará desde este miércoles  7 y hasta el 19 de diciembre, en la ciudad canadiense de Montreal.

Camino accidentado

Debido a la pandemia de covid-19, que comenzó a azotar al planeta en diciembre de 2019, la COP15 ha experimentado una historia accidentada. La primera parte ocurrió de forma virtual en 2020 y, debido a la incapacidad de China, el anfitrión original, de organizar reuniones masivas por su política de intolerancia a las infecciones ocasionadas por el virus SARS-CoV-2, el segundo tramo se realizará en Montreal de manera presencial.

La cumbre coincide también con la X Reunión de la Conferencia de las Partes del Protocolo de Cartagena sobre Bioseguridad y la IV Reunión de la Conferencia de las Partes del Protocolo de Nagoya sobre el Acceso a los Recursos Genéticos y la Distribución Justa y Equitativa de los Beneficios de su Utilización, componentes ambos de la CBD que están vigente desde 1993 para 196 países.

La aprobación del marco mundial de la diversidad biológica posterior a 2020 concita la atención en Montreal, donde también se abordarán asuntos como el financiamiento para la conservación de la riqueza biológica y los lineamientos sobre secuenciación digital de material genético.

La propuesta, cuya negociación debe concluir en la cumbre, incluye los objetivos de conservación, uso sostenible, reparto de beneficios y aplicación, y al menos 22 metas sobre ecosistemas degradados, áreas protegidas, especies amenazadas, el rol de las empresas, biotecnología e igualdad de género, que repiten algunos de los temas que las Metas de Aichi trataron de cubrir.

Estas metas versaron sobre educación ambiental, creación de áreas silvestres protegidas, producción y consumo sostenibles, prevención de la extinción de especies y disminución de la polución.

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En México, las especies de flora y fauna enfrentan la sobreexplotación, la pérdida de hábitats y los efectos de la emergencia climática. En la imagen, una muestra de la colección de plantas del Jardín Botánico de la Universidad Nacional Autónoma de México, en el sur de Ciudad de México. Foto: Emilio Godoy / PxP

Ecosistemas bajo asedio

Las naciones latinoamericanas llegan a la cita con los ecosistemas sitiados.

México, por caso, aún no actualiza su Estrategia Nacional de Biodiversidad 2016-2030. Y el gobierno ha aplicado severos recortes presupuestarios al ramo ambiental, al grado de destinar unos 0,5 dólares por hectárea en áreas nacionales protegidas (ANP).

Este país padece disminución de especies animales y vegetales. Miguel Equihua, investigador del estatal Instituto de Ecología, señala que tiene zonas degradadas por la agricultura, la minería y la expansión urbana, además de poseer ecosistemas en “razonable estado de conservación”.

“Hay una pérdida importante. Si bien no hablamos de especies individuales, un dato interesante es que uno de los principales impulsores tiene que ver con pérdida de condición por cambio de uso de suelo y degradación de bosques” y otro tipo de vegetación, explica el científico, quien participó en la elaboración de la Contabilidad de Ecosistemas del Sistema de Contabilidad Ambiental y Económica de México.

Ese informe halló que México conserva 65 % de su capital natural original. De las 200 000 especies existentes, más de 2600 enfrentan amenazas.

Además, la degradación del suelo representa 15 % del total de los costos ambientales. Por su parte, la degradación y el agotamiento de los recursos forestales representa 3,5 %, según el gubernamental Instituto Nacional de Ecología, Geografía y Estadística.

México construye el Tren Maya a lo largo de seis estados del sur y sureste del país, el cual amenaza a la Selva Maya, el segundo macizo selvático en América Latina después de la Amazonia. El gobierno ofreció crear tres ANP en la zona para garantizar mayor protección ambiental, pero no reconoció el impacto del megaproyecto.

Paralelamente, ejecuta el proyecto de empleo rural Sembrando Vida, que consiste en la siembra de especies frutales y maderables, que en 2019 ocasionó la pérdida de unas 72 000 hectáreas de cobertura forestal, según el Instituto de Recursos Mundiales México.

La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) de México administra 185 ANP federales que representan 90,96 millones de hectáreas y apoya 382 áreas destinadas voluntariamente a la conservación —que incluyen predios privados—, con una superficie de 623.090 hectáreas.

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La Amazonia padece una alarmante disminución de biodiversidad debido a la tala ilegal, los incendios y actividades como agricultura, ganadería y minería, por lo que Brasil enfrenta presión internacional para colocar candados a la destrucción. Foto: Ivars Utināns / Unsplash


El otro caso lo pone Colombia. En 2022, esta nación, la tercera con mayor biodiversidad del planeta después de Brasil e Indonesia, registró 67 000 especies (5000 más que el año previo), apremiadas por la pérdida de hábitats, la contaminación, la sobreexplotación y los efectos de la crisis climática, como el aumento de la temperatura y la proliferación de plagas.

En ese sentido, 796 variedades de flora y 407 de fauna están amenazadas. Este país posee 1483 áreas protegidas sobre una superficie de 35,5 millones de hectáreas, equivalentes a 15 % del territorio nacional.

Ximena Barrera, directora de Relaciones de Gobierno y Asuntos Internacionales de WWF Colombia, destaca que el país tiene varios instrumentos, como la Política Nacional para la Gestión integral de la Biodiversidad y sus Servicios Ecosistémicos y su respectivo plan de acción, así como planes sectoriales sobre deforestación, el Sistema Nacional de Áreas Protegidas, océanos sostenibles y de crecimiento verde.

Por la Amazonia, el Pantanal y la selva tropical atlántica, Brasil, que alberga 20 % de la biodiversidad global, también está expuesto a la disminución de diversidad biológica, especialmente desde 2018 cuando asumió la presidencia el ultraderechista Jair Bolsonaro, que culminará el 1 de enero, cuando sumirá el expresidente Luiz Inácio Lula Da Silva, quien lo derrotó en las elecciones del 30 de octubre.

Las políticas a favor de la minería, la agroindustria, la ganadería y el debilitamiento de la institucionalidad ambiental han fomentado la degradación de los ecosistemas mencionados, con efectos globales. Lula ya anunció que protegerá la Amazonía, con el respaldo internacional.

De las 16 264 variedades que tiene Brasil, al menos 3299 animales y plantas enfrentan amenazas, según las Cuentas de Ecosistemas: Especies en Peligro de Extinción en Brasil, del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE).

En 2021, la selva amazónica perdió 10 300 kilómetros cuadrados de ecosistemas naturales, según el Instituto del Hombre y el Medio Ambiente de la Amazonía.

De hecho, la región llega con varios asuntos pendientes al ambiente gélido de Montreal. Ninguno de los países megadiversos tiene herramientas actualizadas.

Desde 2015, Brasil y Perú no actualizan ante el Secretariado de la CDB sus estrategias nacionales de biodiversidad y sus planes de acción. Ecuador y México no lo han hecho desde 2016, mientras que Colombia y Costa Rica desde 2017 y Panamá, un año después.

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Panamá es uno de los siete países megadiversos de América Latina y el Caribe y, como el resto, su riqueza biológica está en riesgo. Uno de sus focos es el Cerro Ancón, albergue de variedades vegetales y animales en la Ciudad de Panamá. Foto: Emilio Godoy / PxP

Deseos

En Canadá, la región empujará su agenda, acorde con sus intereses nacionales. México promoverá un enfoque de derechos humanos y género, la creación de ANP y la participación de pueblos indígenas y comunidades locales.

Brasil centrará su estrategia en la defensa de la Amazonia, mientras Colombia empujará el canje de deuda externa por financiamiento internacional ambiental para aplicar acciones nacionales y la formación de una coalición internacional para acelerar la acción para la biodiversidad.

“Tomamos la decisión de defender la Amazonia ante la minería ilegal, la presencia del narcotráfico y el acaparamiento de tierra y crear núcleos de economía comunitaria. Ampliamos las metas de restauración, pero los recursos son insuficientes”, afirma Sandra Vilardy, viceministra colombiana de Ambiente.

Colombia busca al menos detener la tasa de pérdida de selva amazónica, que ronda las 171 000 hectáreas anuales.

El científico Equihua cuestiona el escaso compromiso gubernamental de México. “Tiene que ver con la dificultad para que se incorporen estos temas de agenda ambiental en prioridades del desarrollo socioeconómico. Parecería que la biodiversidad es un obstáculo. No queda clara una propuesta asertiva”, critica.

Para Barrera, Colombia debe emprender “una misión ambiciosa” que comprometa a los gobiernos a detener y revertir la pérdida de biodiversidad, un enfoque “transformador e inclusivo” para reducir a la mitad la huella ecológica de la producción y el consumo en 2030, así como un mecanismo de aplicación sólido del Marco Global, “para que los países rindan cuentas y así garantizar que la acción aumente con el tiempo”.

Con el precedente negativo de las Metas de Aichi y la creciente crisis de biodiversidad, la inquietud sobre la viabilidad latinoamericana flota en el ambiente.

Este artículo es parte de la Comunidad Planeta, un proyecto periodístico liderado por Periodistas por el Planeta (PxP) en América latina, del que IPS forma parte.


https://www.leerydifundir.com/2022/12/la-biodiversidad-acorralada-america-latina-busca-soluciones-la-cop15/

19 de octubre de 2020

Exigen medidas drásticas y urgentes para detener la pérdida de biodiversidad

 

Ecología social

Ecologistas en Acción, como parte de su campaña confederal Sin biodiversidad no hay vida, solicita al Presidente del Gobierno que se comprometa públicamente a aprobar en los tres primeros meses de 2021 un Plan Estatal de Emergencia para detener la pérdida de biodiversidad.

La COVID–19 ha puesto de manifiesto la importancia de la diversidad biológica como principal barrera frente a la aparición de nuevas enfermedades infecciosas.

En el Decenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica 2011-2020, el progreso hacia las metas mundiales de diversidad biológica ha sido muy insuficiente debido a la inactividad de las administraciones, entre ellas el Gobierno español.

La Cumbre sobre Biodiversidad de Naciones Unidas es una gran oportunidad para que los jefes de gobierno demuestren liderazgo y compromiso para mejorar la relación con la naturaleza, abordar las causas de la pérdida de biodiversidad y garantizar que la biodiversidad y las contribuciones que brinda a todas las personas sean centrales en las políticas de las diferentes administraciones.

Por ello, Ecologistas en Acción insta a Pedro Sánchez a que incluya en su discurso menciones específicas y relevantes para lograr que en el Estado español se empiece a adoptar medidas para cumplir las metas mundiales de diversidad biológica, incluidas las de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), y hacer realidad la visión “Vivir en armonía con la naturaleza” que figura en el convenio, algo a lo que el Gobierno español ya se comprometió en 2010, pero que no ha cumplido.

La organización ecologista considera que el Presidente del Gobierno debe demostrar su compromiso con la defensa de la biodiversidad y con la necesidad de abordar las causas subyacentes que la destruyen, aprobando en el primer trimestre de 2021 un plan estatal de emergencia para detener la pérdida de diversidad biológica. Dicho plan debe tener objetivos claros y medibles e incluir, al menos, los siguientes aspectos:

  • Condicionar todas las políticas sectoriales (agricultura, aguas, infraestructuras, energía, etc.) al objetivo de detener la pérdida de biodiversidad, elaborando los planes contemplados en la Ley 42/2007.
  • Eliminar o modificar los múltiples incentivos y subvenciones contrarios a la conservación de la biodiversidad, como los que, entre muchos otros, se dan a la actividad agraria y pesquera.
  • Incrementar la lucha contra las especies exóticas invasoras endureciendo la normativa para detener estas introducciones.
  • Coordinar a todas las administraciones españolas en la lucha contra la pérdida de biodiversidad.
La Cumbre sobre Biodiversidad de Naciones Unidas analizará la crisis que enfrenta la humanidad por la degradación de la biodiversidad y la urgente necesidad de acelerar la acción para detener la pérdida de biodiversidad. Además, brindará una oportunidad para que los jefes de Estado y de Gobierno y otros líderes aumenten la ambición para el desarrollo del marco mundial de la diversidad biológica posterior a 2020 que se adoptará en la 15ª Conferencia de las Partes del Convenio sobre la Diversidad Biológica en 2021.

En el Decenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica 2011-2020, el progreso hacia las metas mundiales de diversidad biológica ha sido muy insuficiente debido a la inactividad de las administraciones, entre otras las del Gobierno español, y si bien hay ejemplos locales de éxito, la biodiversidad está disminuyendo a nivel mundial a un ritmo sin precedentes en la historia de la humanidad, con impactos crecientes en las personas y nuestro planeta.

Ecologistas en Acción considera que la dependencia de la humanidad de la biodiversidad está ampliamente reconocida, especialmente ahora que la crisis sanitaria provocada por la COVID–19 ha puesto de manifiesto la importancia de la diversidad biológica como principal barrera frente a la aparición de nuevas enfermedades infecciosas.

La naturaleza es fundamental para la consecución y el éxito de 14 de los 17 ODS, incluidos los relacionados con la seguridad alimentaria, la salud, los medios de vida, el empleo, la seguridad del agua, el océano, el cambio climático y la prevención de desastres. Más de la mitad del PIB mundial depende en buena medida de la naturaleza, a través de las contribuciones de la naturaleza a las personas, como la polinización, la calidad del agua y los materiales naturales. Sin embargo, para la organización ecologista los gobiernos continúan actuando como si esta amenaza no existiese.

21 de junio de 2020

El mundo pierde sus bosques aceleradamente

Pablo Correa

La pérdida mundial de bosques primarios aumentó 2,8 por ciento en 2019 en comparación con el año anterior, lo que significa que se dejaron de absorber al menos 1,8 gigatoneladas de emisiones de dióxido de carbono, equivalentes a las emisiones anuales de 400 millones de automóviles.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el bosque primario es aquel regenerado de manera natural, compuesto de especies nativas en el que no existen indicios evidentes de actividades humanas y donde los procesos ecológicos no han sido perturbados de manera significativa.

Los bosques primarios ubicados en los trópicos son especialmente importantes por su biodiversidad y su almacenamiento de carbono.

Un informe presentado por Global Forest Watch el 3 de junio advierte que a pesar de los esfuerzos por detener la deforestación y “los éxitos aparentes de algunos países en la reducción de la pérdida de bosques, los datos de 2019 subrayan un hecho: la lucha para frenar la pérdida de bosques tropicales está lejos de haber terminado».

Más aún, aunque la tasa de pérdida registrada en 2019 no alcanzó las cifras récord de 2016 y 2017, sigue siendo la tercera más alta desde el cambio de siglo.

Según el reporte, el año pasado los trópicos perdieron 11,9 millones de hectáreas de cubierta arbórea, que no es lo mismo que deforestación sino la desaparición del dosel de los árboles por causas naturales y humanas, incluidos los incendios.

Casi un tercio de esa pérdida, 3,8 millones de hectáreas, ocurrió en los bosques primarios tropicales húmedos. Ello equivale a perder un bosque primario del tamaño de un campo de fútbol cada 6 segundos, o a perder un área equivalente al tamaño de Suiza cada año.

Brasil fue el país con la mayor disminución de bosques primarios: 1 361 000 hectáreas –más de un tercio de la pérdida total de bosques primarios tropicales húmedos en todo el mundo–, seguido de la República Democrática del Congo (RDC), con 475 000 hectáreas, e Indonesia, con 324 000 hectáreas que, no obstante, disminuyó un cinco por ciento su tasa de pérdida en 2019 en comparación al año anterior.

«Aparte de 2016 y 2017, que enfrentaron pérdidas generalizadas debido a incendios en el sotobosque (área de bosque que crece más cerca del suelo), 2019 fue el peor año de Brasil para bosques primarios en 13 años», señaló por correo electrónico a SciDev.Net Mikaela Weisse, una de las autoras.

En el caso de la RDC, la mayor parte de las pérdidas parece estar relacionada con zonas agrícolas, pero están surgiendo pruebas de que algunas pueden estar vinculadas a la tala comercial en gran escala, la minería y las plantaciones, señala el informe.

Por el contrario, Ghana y Costa de Marfil, en el África occidental, redujeron su pérdida de bosques primarios en más del 50 por ciento en 2019 en comparación con el año anterior.

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La lista de los diez países más afectados se completa con Bolivia (290 000 hectáreas perdidas), Perú (162 000), Malasia (120 000), Colombia (115 000), Laos (72 000), México (66 000) y Camboya (63 000).

Creado en 2014 por el Instituto de Recursos Mundiales, Google y más de 40 colaboradores, Global Forest Watch produce mapas digitales de alta resolución actualizados por Google y científicos de la estadounidense Universidad de Maryland, utilizando imágenes satelitales de la NASA.

Pérdida de la cuenca Amazónica a un ritmo elevado

De acuerdo con los datos, una forma particular de pérdida de bosques —la deforestación por tala rasa para fines agrícolas y otros nuevos usos de la tierra— ha aumentado aceleradamente en la Amazonia brasileña durante el último año.

«Varias cosas indican que hay un cambio profundo en las políticas de protección de los bosques en Brasil», dijo en entrevista telefónica con SciDev.Net Paulo Moutinho, investigador principal del Instituto de Investigación Ambiental de la Amazonia, quien no fue parte del estudio.

«Las agencias gubernamentales dedicadas a la protección de los bosques están siendo desmanteladas, destrozadas. El presidente (Jair Bolsonaro, de tendencia ultra conservadora) dice que tenemos que talar los bosques para asegurar el progreso del país. La visión es la misma que teníamos hace 30 años. Hay un gran retroceso en las políticas de protección», señala.

Los investigadores también detectaron nuevos y preocupantes focos de deforestación en los territorios indígenas de la Amazonía como resultado de la apropiación ilegal de tierras.

Bolivia, vecino de Brasil, también experimentó una pérdida de cubierta forestal sin precedentes. La pérdida total de la cubierta arbórea del país en 2019 fue más de 80 por ciento que en 2018.

Los investigadores atribuyen ese aumento a una combinación de condiciones climáticas que favorecieron la propagación de los incendios y la actividad humana, especialmente la agricultura a gran escala.

Entre los países de la cuenca amazónica, Colombia mostró signos de frenar la pérdida de bosques después del rápido aumento en la deforestación experimentada luego de la firma del acuerdo de paz (2016) entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), debido a que con el apaciguamiento de la guerra, muchos colonos comenzaron a acaparar tierras.

Las acciones del gobierno colombiano parecen estar teniendo un impacto positivo en la reducción del desbroce de tierras para la colonización y la ganadería. Consisten en un programa de incentivos a la conservación (Vision Amazonia), que cuenta con el apoyo financiero de países europeos, aunada a una estrategia militar centrada en los puntos de mayor deforestación.

Según Ederson Cabrera, encargado del sistema nacional de vigilancia de la deforestación en el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) de Colombia, los datos de Global Forest Watch son muy valiosos y precisos en lo que respecta a las tendencias, pero no tanto para los valores absolutos de cada país.

En el caso de Colombia la diferencia de estimación puede ser de alrededor de 20.000 hectáreas por debajo de las cifras oficiales, señaló vía telefónica.

Pablo Negret, investigador de la Escuela de Ciencias de la Tierra y del Medio Ambiente de la Universidad de Queensland, Australia, concuerda con Cabrera.

«Los datos de Global Forest Watch son muy útiles ya que están disponibles de forma gratuita. Sin embargo, a menudo son imprecisos. Recomendaría usar información nacional, si está disponible, cuando se hacen análisis a esta escala o menos. Sin embargo, a nivel global o continental es una buena herramienta», dijo por correo electrónico a SciDev.Net.

Para Paulo Moutinho, a pesar de las malas noticias sobre su país, hay razones para ser optimista: «Ya redujimos la deforestación hasta en un 80 por ciento entre 2005 y 2012. Conocemos los elementos que se necesitan para que desaparezca”, señala.

Weisse también es optimista. «Aunque la tendencia general de la pérdida de bosques primarios en los trópicos es preocupante, algunos países han demostrado que es posible reducir la pérdida de bosques mediante una acción sostenida”, comentó.

Este artículo fue publicado originalmente por SciDev.net.


https://www.leerydifundir.com/2020/06/mundo-pierde-bosques-aceleradamente/

6 de junio de 2020

“Del círculo vicioso de la destrucción, al círculo virtuoso de la VIDA: Desafíos para la humanidad Post COVID19”

Rosa Karina Pinasco Vela

El coronavirus ha existido en el medio natural desde mucho antes que nosotros supiéramos de su existencia, ha llegado a nuestras vidas para quedarse, la mayoría de las personas creen que está generando un caos en la especie humana porque está perturbando la “normalidad”, normalidad que nos condujo a donde estamos ahora, normalidad que deshumaniza a las personas, que choca con su modo de vida y su status quo, normalidad que está “perturbando” hasta la parte emocional del ser humano, perturbando a lo que ya estaba perturbado, porque en las últimas décadas ha vivido a espaldas de su verdadera naturaleza. La pérdida de contacto de los seres humanos con la naturaleza y una forma de vida que daña profundamente al ambiente condujeron a esta crisis en la salud de la humanidad.

Particularmente no creo que esté generando un caos, sino más bien nos está ayudando en el intento de que la naturaleza vuelva al equilibrio que hemos perdido, es cierto que está siendo muy doloroso, que está generando mucho sufrimiento, hay demasiadas pérdidas humanas, todos los días tenemos noticias de familiares, amigos y amigas, gente de las comunidades con las que trabajamos, que están pasando momentos críticos, y en la mayoría de casos están despidiéndose a la distancia de sus muertos sin la valiosa costumbre de acompañarlos a su última morada; pero tenemos que entender de que el coronavirus no es el enemigo, no es un castigo divino, ni nada que tenga que ver con nuestras diversas espiritualidades, aunque a veces sea más fácil encontrar explicación por ese lado. La realidad es que es la consecuencia de nuestros actos, ya que como seres humanos en el planeta no hemos sabido mantener una coexistencia armónica con la naturaleza, la soberbia de creernos superiores nos ha ganado. Socialmente, ha desnudado la pobreza del sistema actual, donde la corrupción ocupa el primer puesto, seguido de las fallas en el sistema educativo, donde los que ostentan el poder insisten en mantener a la mayoría en la ignorancia para lograr manipularnos a su antojo, así como la precariedad del sistema de salud. Económicamente ha puesto en evidencia que el crecimiento que tanto orgullo nos causaba era ficticio, porque solo favorecía a un grupo privilegiado, visibilizando las brechas de los invisibles que son la mayoría y agravándose con la informalidad.

No podemos cerrar los ojos, la crisis sanitaria actual es el resultado de una crisis de valores, de una crisis climática y de una crisis ambiental que viene desde años atrás, porque los virus son organismos que son parte de esta naturaleza, que conviven con nosotros, esta naturaleza que no gira alrededor nuestro, sino que somos parte de ella. Este olvido, cargado además de conductas que han causado su destrucción es la que nos está pasando la factura ahora, todos conocemos el dicho que dice que uno cosecha lo que siembra, pues hemos sembrado destrucción y estamos cosechando muerte. Este virus va a estar siempre, con la ventaja de que cuenta con una alta adaptación a los cambios, es sumamente resistente, es uno de los organismos más resilientes, por eso cuando cambian los hábitats (bosques y otros ecosistemas naturales) de sus hospederos (en este caso mamíferos menores como los murciélagos), pues mutan y terminan buscando otros hospederos, especies que presenten excelentes condiciones para poder reproducirse, y esas condiciones las presentamos los seres humanos que en el sector urbano vivimos en espacios reducidos, en ciudades que dan la espalda a sus lomas, explotan a sus mares, contaminan y secan sus ríos y además en la mayoría de casos insalubres, carnada fácil para este virus; el sector rural también está expuesto porque los modelos agropecuarios convencionales propician el uso de insumos químicos, perdiendo la fertilidad del suelo, el cambio de uso de suelo por deforestación para instalar monocultivos, generando erosión y pérdida de biodiversidad; en resumen la demanda de alimentos, principalmente de las ciudades, es una de las causas principales de esta pandemia.

También existe la percepción de que el Covid19 está generando una recuperación del ambiente y de su dinámica natural, nos sorprendemos y alegramos porque vemos por las noticias, o en las calles vacías, animales silvestres que ni sabíamos que existían, pero no nos hemos puesto a pensar que siempre estuvieron, que antes de nuestra llegada era su casa, su hábitat natural que nosotros transformamos, que nosotros invadimos. Estamos felices contando el beneficio ambiental de nuestro aislamiento social obligatorio, aplaudimos de manera triunfalista la reducción de las emisiones, la recuperación de la capa de ozono, la disminución de la contaminación, vemos ríos cristalinos con asombro donde antes había solo basura, nuestra basura. Hay que alegrarnos si, pero el mensaje debe de profundizarse más, lo que está pasando es una contención, el virus nos mantiene encerrados, el virus ha frenado el consumo excesivo de cosas innecesarias, esas de las que eran de usar y desechar, el virus está poniendo en jaque mate un modelo económico abusivo, donde la acumulación y el tener es lo que primaba, olvidándonos de que lo más importante en la vida es el SER; pero no podemos ni debemos atribuirnos esos logros, que ni las centenas de acuerdos en las COPs del clima y de la biodiversidad que han firmado los países con compromisos tibios, lo han logrando; debemos ser conscientes que esto es y será temporal hasta que pase el miedo y las restricciones, si es que no asumimos los desafíos para un cambio real.

La esperanza la hemos puesto en la ciencia (lo cual está bien y parte del reto es invertir más en la investigación) con el descubrimiento de una vacuna, eso seguramente ayudará con el actual Covid19, pero si no cambiamos de patrones y conductas pues seguiremos siendo vulnerables para otros virus que en el futuro no tan lejano puedan aparecer, porque si lo que estamos viviendo por el virus no nos genera un cambio de actitud y estilos de vida, pues regresaremos a lo mismo e incluso a peores e irreversibles escenarios.

Pues si nosotros y nosotras somos el problema, pues también podemos ser parte de la solución, entendiendo primero cuál es nuestro rol y nuestra función en nuestra casa común, no hay que ser intelectuales para comprenderlo, porque incluso en textos antiguos como el génesis ya se escribía al respecto: “cuando termina la creación, Dios le dice al hombre y a la mujer, ahí está la tierra para que la labren (usen) y para que la guarden (conserven)”; ¿qué significa eso? pues el principio más primitivo de la sostenibilidad desde la cultura occidental; ya en las culturas indígenas tenemos muchas más que nos ayudan a entender a punta de experiencia viva y mucha observación las dinámicas naturales, que no es otra cosa que usar bien ahora y conservar para los que vienen, concepto de desarrollo sostenible simplificado, aquel desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones, garantizando el equilibrio entre el crecimiento económico, el cuidado del medio ambiente y el bienestar social.

Por eso creo que es el momento propicio para replantearnos cómo queremos vivir, y comenzar a repensar nuestro futuro como especie integral de este planeta, sobretodo pensar en las poblaciones más vulnerables, con el objetivo de cambiar ese círculo vicioso que han generado los modelos económicos convencionales y competitivos, nuestros hábitos de consumo y la visión antropocéntrica, para vernos como parte de un todo y construir colaborativamente un circulo virtuoso donde nos veamos como parte del medio natural, donde todo, absolutamente todo, está presente en él, porque tiene un rol que cumplir, por un motivo, por una razón; incluso los virus, que en la mayoría de casos son controladores biológicos, al igual que muchas de las bacterias.

La humanidad siempre ha dependido de la naturaleza para lo elemental, como adquirir energía, alimento, medicina; los y las que tenemos el privilegio de convivir con el bosque tan cerca, como nuestro medio de vida, de contar con recursos naturales que nos proveen de alimentos, de medicinas, tenemos una relación absolutamente íntima con la naturaleza; ya que ella nos proporciona bienes y servicios ecosistémicos que son fundamentales para nuestro buen vivir, ella nos proporciona todo lo que necesitamos, ella es la que nos permite la coexistencia con todos los demás organismos.

La conservación y la protección de la naturaleza debe dejar de ser un acto poético o de unos locos y unas locas que estamos en contra del desarrollo, debe pasar a ser una prioridad de las naciones, ahora es una necesidad, y esta debe de ser convocante e incluyente, donde todas y todos nos involucremos, ya que en este proceso de recuperar nuestra vida no sobra nadie.

Estamos hablando de la supervivencia de la especie humana en este planeta, si queremos eso, debemos de cambiar nuestros hábitos, y los modelos económicos que tan dependientes nos han hecho y que han aumentado las brechas, debemos aprovechar la corriente de solidaridad y  de empatía que se ha manifestado en esta difícil coyuntura, tenemos que comenzar a generar economías solidarias, locales, y estas acciones inmediatas no se pueden quedar en acciones a corto plazo y luego desear regresar a la “normalidad”, tenemos que comenzar a cambiar, recuperar nuestra esencia y nuestra armonía con la naturaleza. Los grandes ganadores debemos ser todos los seres vivos, y después de este dolor es fundamental que nos comprometamos en el “hoy”, a asumir responsabilidades desde ahora, no para el futuro, porque el dejar para mañana lo que se puede hacer hoy también ha sido parte de esa “normalidad” que debemos desterrar.

La ruralidad también necesita trabajo, apostar por lograr la soberanía alimentaria, los modelos actuales son modelos externos basados en producción agropecuaria de monocultivos de especies no nativas, destruyendo ecosistemas sumamente ricos.  Nos hemos esforzado mucho en demostrar en el cómo podemos recuperar los servicios ecosistémicos y existen dos caminos: el primero está en re (volver) conocer que los bosques y otros ecosistemas son productores naturales de alimentos sostenibles diversificados, así como de medicinas, dando prioridad a la investigación para el uso de las comunidades locales, y luego trabajar con mercados especializados en estacionalidades y pequeños volúmenes o grandes volúmenes con productos diversificados, priorizando los mercados locales, con la convicción de que el bosque en pie genera mas riqueza que las actividades convencionales, y que la naturaleza es nuestro mayor activo y la conservación nuestra mejor inversión; y segundo, donde ya existen cadenas de valor instaladas, ver como reconvertir, estabilizar y mejorar los sistemas productivos. Ya no podemos darnos el lujo de ampliar nuestra frontera agrícola, ¿cómo estabilizamos y capitalizamos a estos agricultores?, pues caminos hay varios y uno de ellos es el enfoque de la economía circular, donde buscamos aprovechar integralmente todo, todo tiene un valor, nada se desperdicia. Para lograrlo tenemos retos adicionales, como la educación e investigación (no es posible que en algunas regiones amazónicas no existan facultades de biología o forestal cuando el verdadero potencial es su biodiversidad y sus bosques), la que debe de darse sobre la base del potencial de la diversidad de los territorios (no somos un territorio homogéneo, las respuestas deben de buscarse según las particularidades de cada uno de ellos). La buena noticia es que no empezamos de cero, existen herramientas de gestión del territorio que nos definen qué hacer, dónde hacer y cómo hacer, tenemos que ser creativos e innovar sin temor, tenemos que atrevernos a salir del molde convencional.

¿Será eso posible?, claro que si. Yo nací en el seno de una familia rural, pero nunca nos vimos como pobres, aceptábamos la riqueza de una manera tan natural, porque lo teníamos absolutamente todo para estar bien alimentados y sanos, la tierra, los bosques, las quebradas nos lo proveían. Debe ser por eso que tengo las convicciones fuertes de que si podemos generar cambios, más aún cuando no hemos llegado al punto del no retorno, tenemos una oportunidad maravillosa que no debemos desperdiciar, pero el cambio debe ocurrir con la misma velocidad con la que el virus se apropió de nuestras vidas, ya sabemos que es cuestión de supervivencia, por lo que nuestro sentido de urgencia debe ser mayor, y nuestra acción con conocimiento y conocimiento existe y debe ser aplicada.

La respuesta y la posibilidad de mejorar nuestra calidad de vida está en nuestras manos. Balance, equilibrio, armonía, reciprocidad, reconciliación con nosotros mismos, nuestra esencia que está en lo natural, con nuestra humanidad, con nuestra comunidad y especialmente con nuestra casa común. Confío, como mujer de ciencia y como mujer de fe, que si lo lograremos.

Rosa Karina Pinasco Vela. Directora de Amazónicos por la Amazonía – AMPA  

Agradecemos a Karina Pinasco por compartir sus reflexiones con nuestras lectoras y lectores.

25 de marzo de 2020

El coronavirus nos obliga a reconsiderar la biodiversidad y su papel protector

Fernando Valladares

Mientras la OMS nos pide prepararnos para escenarios catastróficos que se avecinan con el coronavirus y nuevos virus que están por llegar, los científicos recordamos que lo mejor es rodearnos de ecosistemas saludables, funcionales y ricos en especies

Las pérdidas de biodiversidad están en niveles sin precedentes, según la ONU EFE

Si seguimos el refrán según el cual nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena, en plena crisis del coronavirus deberíamos acordarnos más que nunca de la biodiversidad. Diez años atrás la ciencia revisó y comprobó el papel protector de la biodiversidad ante virus parecidos e incluso mucho más peligrosos que el coronavirus. Una única especie, Homo sapiens, está haciendo desaparecer la biodiversidad global: estamos amenazando ya a más de un millón de especies. Esto es tan preocupante como paradójico, ya que a los múltiples beneficios de la biodiversidad se suma uno clave, especialmente en estos momentos: nos protege de enfermedades infecciosas. La existencia de una gran diversidad de especies que actúan como huésped limita la transmisión de enfermedades como el coronavirus o el Ébola, sea por un efecto de dilución o de amortiguamiento. Más del 70% de las infecciones emergentes de los últimos cuarenta años han sido zoonosis, es decir, enfermedades infecciosas animales que se transmiten al ser humano. Con frecuencia, en estas zoonosis hay varias especies implicadas, con lo que cambios en la diversidad de animales y plantas afectan a las posibilidades de que el patógeno entre en contacto con el ser humano y lo infecte. El efecto protector de la biodiversidad por dilución fue planteado por Keesing y colaboradores en 2006 y demostrado unos años más tarde por Johnson y Thieltges. El efecto de amortiguamiento de la biodiversidad en el contagio de patógenos al ser humanos se demostró para el caso del virus del Nilo y la diversidad de aves hace más de quince años.

Con la simplificación a la que sometemos los ecosistemas, eliminando especies y reduciendo procesos ecológicos a su mínima expresión, estamos aumentando los riesgos para la salud humana a gran escala. Virus del Nilo, gripe aviar, fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, virus del Ébola, enfermedad por virus de Marburgo, fiebre de Lassa, coronavirus del síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV), síndrome respiratorio agudo grave (SRAG), virus de Nipah, enfermedades asociadas al henipavirus, fiebre del Valle del Rift, virus de Zika y muchas enfermedades más son zoonosis que figuran en la lista de enfermedades prioritarias, establecida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2018. Esta lista de la OMS incluye una inquietante enfermedad X, una epidemia internacional muy importante debida a un patógeno todavía desconocido pero que sin duda aparecerá. Todo esto forma parte y es consecuencia del cambio global, es decir, de la injerencia voluntaria e involuntaria, directa e indirecta, del ser humano en los sistemas naturales del planeta.

Hasta ahora, prácticamente la única conexión que se ha hecho entre el coronavirus y la ecología o el medio ambiente ha sido la reducción de emisiones de gases con efecto invernadero. Se ha visto que en sólo tres semanas China ha reducido las emisiones en 150 millones de toneladas de CO2 lo que supone el 25% de sus emisiones, el 6% de las emisiones globales del planeta, y equivale a lo que emite toda la ciudad de Nueva York en un año. Es una buena (aunque efímera y anecdótica) noticia en relación al cumplimiento del Acuerdo de Paris en materia de cambio climático. Tan efímera y anecdótica que se está viendo que en realidad a medio y largo plazo la crisis del coronavirus va a poner más difícil descarbonizar la economía tras las reacciones de las compañías aéreas. Sin embargo, la conexión más relevante es precisamente la contraria. No es tanto cómo el coronavirus afecta a los ecosistemas y al medio ambiente sino como estos afectan al coronavirus. Se nos olvida la importante labor protectora ante infecciones, epidemias y pandemias que juega una naturaleza bien conservada. Tiene que ocurrir una catástrofe para que algunos traigamos la hemeroteca y escarbemos entre la literatura científica otra vez y encontremos razones más allá de la ética para conservar la biodiversidad.

Muchos ven en la ganadería, agricultura y avicultura intensivas, así como el creciente mercado y consumo de animales exóticos, la causa del actual brote epidémico y de otros previos como el SARS-CoV en 2002, la gripe aviar (H5N1) en 2003, la gripe porcina (H1N1) en 2009, el MERS-CoV en 2012, el ébola en 2013 o el Zyka (ZIKV) en 2015). La extensión de monocultivos genéticos de animales domésticos, por ejemplo, elimina cualquier cortafuego inmune que pueda estar disponible para ralentizar la transmisión. Los tamaños y densidades de población elevados aumentan las tasas de transmisión. Además, las condiciones de hacinamiento deprimen la respuesta inmune. El alto rendimiento, parte de cualquier producción industrial, proporciona un suministro de susceptibles que es renovado continuamente y que es el combustible para la evolución de la virulencia. En otras palabras, el agronegocio está tan centrado en las ganancias que la selección de un virus que podría matar a millones de personas se considera un riesgo aceptable. Para reducir la aparición de nuevos brotes de virus, la producción de alimentos tiene que cambiar radicalmente. La autonomía de los agricultores y un sector público fuerte pueden frenar los problemas ambientales y las infecciones descontroladas. Es muy conveniente introducir diversidad en las variedades de ganado y cultivos en una reestructuración estratégica, tanto a nivel de granja como regional.

Comer animales salvajes es para muchas regiones del planeta la única opción alimenticia. Pero ello conlleva riesgos muy graves para la salud de la humanidad como estamos viviendo con la crisis del coronavirus y como vivimos, por ejemplo, con el Ébola y los murciélagos o el SARS y las civetas. Además, la biodiversidad nos protege de infecciones, lo supimos hace años con el virus del Hanta por ejemplo. Hay que encontrar un nuevo equilibrio global entre comer y proteger animales salvajes porque en ambas cuestiones nos va la vida.

Por desgracia, las primeras especies en desaparecer de los ecosistemas son las que más reducen la transmisión de patógenos. Se vio con el virus del Nilo y la pérdida de biodiversidad de aves, con el síndrome pulmonar por hantavirus y la desaparición de pequeños mamíferos, y con la enfermedad de Lyme. En este último caso, la desaparición de zarigüeyas (marsupiales americanos vulnerables) y la supervivencia de especies como el ratón de pies blancos favoreció la transmisión del patógeno a humanos.

No sólo la biodiversidad nos protege de los virus. Los ecosistemas estables y funcionales lo hacen en general y de múltiples formas. Pero la función protectora de los ecosistemas se está debilitando con el cambio climático. Es particularmente preocupante en este sentido la pérdida de hielo y de suelos congelados. Con el calentamiento global los hielos, simplemente, se funden y al hacerlo liberan todo tipo de gases, muchos de ellos con un potente efecto invernadero. Además de gases, liberan virus. La fusión de un glaciar chino ha liberado 33 especies de virus, 28 de ellas completamente desconocidas para la ciencia y con potencial de infección a humanos. La fusión de los suelos permanentemente congelados (permafrost) de las zonas boreales está liberando virus y bacterias muy peligrosos para el ser humano tal como se vio por ejemplo hace unos años con los brotes de Ántrax en Rusia. Se teme que no sean casos aislados: se han descubierto fragmentos de ARN del virus de la gripe española de 1918 en cadáveres enterrados en fosas comunes en la tundra de Alaska y se piensa que cepas virulentas de viruela y peste bubónica están también enterradas en Siberia. El calentamiento global y otras formas de alteración de los ecosistemas como la minería, están exponiendo y reactivando bacterias resistentes a antibióticos y virus antiguos potencialmente peligrosos para nuestra salud.

Mientras la OMS pide a la comunidad internacional que se prepare en previsión de los escenarios catastróficos que se avecinan con el coronavirus y con los nuevos virus que están por llegar, muchos científicos nos estamos acordando de Santa Bárbara y del papel protector de la biodiversidad. La mejor estrategia no es la contención y el tratamiento sanitario como se está haciendo ahora con el coronavirus. Al igual que con un incendio, cuando se está en esta fase, ya tenemos una evidencia palmaria de nuestro fracaso colosal. Es un fracaso que se queme el monte, aunque logremos apagar el fuego, y es un fracaso reducir y controlar una pandemia cuando en el camino cientos de miles de personas han muerto y millones de personas han sufrido trastornos físicos, psíquicos y económicos. La mejor estrategia, la más eficiente, la más sostenible, la más viable, es rodearnos de ecosistemas saludables, funcionales y ricos en especies. Tan obvio que se nos olvida.

Fernando Valladares. Doctor en Biología-CSIC


https://www.leerydifundir.com/2020/03/coronavirus-nos-obliga-reconsiderar-la-biodiversidad-papel-protector/

5 de marzo de 2019

El suministro mundial de alimentos está seriamente amenazado debido a la pérdida de biodiversidad

Jonathan Watts   (The Guardian)

Según la ONU, las plantas, los insectos y los organismos imprescindibles para la producción de alimentos están en rápido declive. 

La capacidad mundial de producción de alimentos se está debilitando debido a la incapacidad humana para proteger la biodiversidad, según afirma el primer estudio de la ONU sobre plantas, animales y microorganismos que ayudan a poner comida en nuestros platos.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura publicó esta dura advertencia después de que científicos encontraran pruebas de que los sistemas de apoyo naturales que forman la base de la dieta humana se están deteriorando por todo el mundo debido a que granjas, ciudades y fábricas devoran tierras y vierten productos químicos.

El informe publicado el viernes indicaba que durante las últimas dos décadas, aproximadamente el 20 % de la superficie cubierta de vegetación de la tierra ha perdido productividad.

Observaba una perdida “debilitadora” de biodiversidad del suelo, de bosques, praderas, arrecifes de coral, manglares, praderas marinas y de diversidad genética de especies de cultivos y ganado. En los océanos, una tercera parte de las zonas de pesca están siendo sobrexplotadas.

El estudio, que cotejó datos a nivel mundial, artículos académicos e informes realizados por gobiernos de 91 países, señalaba que muchas de las especies que están implicadas indirectamente en la producción de alimentos, tales como pájaros, que se alimentan de las plagas de los cultivos, y los árboles de los manglares, que ayudan a purificar el agua, son menos abundantes que en el pasado.

Encontró que el 63 % de las plantas, el 11 % de los pájaros y el 5 % de los peces y los hongos estaban en declive. Los polinizadores, que son esenciales para tres cuartos de los cultivos del mundo, están amenazados. Además del declive bien documentado de abejas y otros insectos, el informe dice que el 17 % de los vertebrados polinizadores, como los murciélagos y los pájaros, estaban en peligro de extinción.

Una vez que se pierdan, las especies que son imprescindibles para nuestros sistemas alimentarios ya no se podrán recuperar, decía el informe. “Esto coloca al futuro de nuestros alimentos y a nuestro medioambiente bajo una grave amenaza”.

“Los cimientos de nuestros sistemas alimentarios se están debilitando”, escribió Graziano da Silva, director general de la Organización para la Alimentación y la Agricultura, en una introducción del estudio. “Partes del informe mundial son una lectura sombría. Es verdaderamente preocupante que en tantos sistemas de producción en tantos países, la biodiversidad para los alimentos y la agricultura y la labor que ejerce en el ecosistema esté en declive”.

En muchos casos la agricultura es la culpable, dijo, debido a los cambios en el uso de las tierras y su gestión insostenible, tales como la sobreexplotación del suelo y la dependencia de pesticidas, herbicidas y otros agroquímicos.

La mayoría de los países dijeron que la principal causa de pérdida de biodiversidad era la conversión en el uso de la tierra, los bosques se cortaron para crear tierra cultivable, las praderas se cubrieron de cemento para las ciudades, fábricas y carreteras. Otras causas incluían la sobreexplotación de las fuentes de agua, la contaminación, la propagación de especies invasivas y el cambio climático.

La tendencia va hacia la uniformidad. Aunque el mundo produce más alimentos que en el pasado, depende de monocultivos en constante expansión.

Dos tercios de la producción de cultivos provienen de solo nueve especies (caña de azúcar, maíz, arroz, trigo, patatas, soja, fruto de la palma de aceite, remolacha de azúcar y mandioca) mientras que la mayor parte de las demás 6.000 especies de plantas cultivadas están en declive y las fuentes de alimentos silvestres son cada vez más difíciles de encontrar.

Aunque los consumidores todavía no hayan notado ningún cambio cuando van de compras, los autores del informe dijeron que eso podía cambiar.

“Los supermercados están llenos de comida, pero la mayoría es importada de otros países y no hay mucha variedad. La dependencia en unas pocas especies significa que somos más susceptibles a los brotes de enfermedades y al cambio climático. Hace que la producción de alimentos sea menos resistente,” alertaba Julie Bélanger, el coordinador del informe.

Como ejemplos, el informe relata como la excesiva dependencia de una variedad reducida de especies fue uno de los factores determinantes de la hambruna causada por el mildiu de la patata en Irlanda en la década de 1840, las pérdidas de cosechas en los EE.UU. en el siglo XX y las pérdidas en la producción de taro en Samoa en la década de 1990.

“Tenemos la necesidad urgente de cambiar la forma en la que se producen los alimentos y de asegurar que la biodiversidad no es algo que pasemos por alto sino que es tratada como una riqueza irremplazable y una pieza fundamental de las estrategias de gestión,” dijo Bélanger.

El informe encontró pruebas de que la actitud y las prácticas estaban cambiando lentamente. En los últimos años ha aumentado la adopción de una gestión sostenible de bosques, el diseño de ecosistemas en la pesca, la acuaponía y en policultivos. Pero los autores dicen que el avance ha sido insuficiente. La agricultura ecológica, por ejemplo, ocupa ahora 58 millones de hectáreas en todo el mundo, pero esto solo supone el 1% de la tierra cultivable mundial.

El informe señalaba que los gobiernos muestran un mayor interés por la biodiversidad, un tema que pocas veces recibe la misma atención que el cambio climático. Muchos estados han anunciado pérdidas económicas causadas por la desaparición o el desplazamiento de ecosistemas. Irlanda, Noruega, Polonia y Suiza notaron una disminución en las poblaciones de abejorros. Egipto estaba preocupado por su industria pesquera debido a que los peces estaban migrando hacia el norte por el aumento de la temperatura del mar. Gambia dijo que había comunidades que se estaban viendo forzadas a comprar productos caros producidos industrialmente porque las fuentes de alimentos silvestres eran cada vez más escasas.

La crisis de la biodiversidad entrará en la agenda mundial y se debatirá en el próximo G7 de abril, en un Congreso Mundial sobre la Conservación en junio, y luego en una importante conferencia de la ONU en Pekín el año que viene.

“Por todo el mundo, la biblioteca de la vida que ha evolucionado durante miles de millones de años –nuestra biodiversidad- está siendo destruida, envenenada, contaminada, invadida, fragmentada, saqueada, drenada y quemada a un ritmo nunca visto en la historia humana”, dijo el presidente de Irlanda, Michael Higgins, en la conferencia sobre la biodiversidad el jueves en Dublín. “Si fuésemos mineros del carbón estaríamos hasta la cintura de canarios muertos”.