Mostrando entradas con la etiqueta Depredadores. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Depredadores. Mostrar todas las entradas

30 de mayo de 2025

Pesadillas

César Hildebrandt

"La angustia lo despierta con el resuello indispuesto y maldice la sombra que lo persigue, los sueños de loco que no lo dejan en paz"

Imaginemos que un señor con tendencias a la depresión sueña con un mundo en el que los niños de todas las edades vuelan en pedazos bombardeados donde se escondan –hospitales, refugios de carpas, escuelas a medio derrumbar, aldeas declaradas libres del fuego– y que el hombre que ordena esas atrocidades anuncia nuevos y grandes males sin que nadie en el mundo sea capaz de detenerlo.

De pronto, el señor del sueño despierta y se frota los ojos y dice: “otra vez con estas pesadillas”.

Entonces vuelve a dormir. Pero el mal sueño continúa: hay hambre en esa región donde el odio se ensaña y los niños adelgazan hasta parecer radiografías y se mueren lentamente porque también faltan medicinas, sueros, instrumentos quirúrgicos. Y el hombre que dirige ese campo de exterminio grita que el plan es que los que sobrevivan se larguen de esas tierras porque nunca han sido suyas y que ya se verá dónde irán a parar y quiénes podrán acogerlos (si los hubiese). Y el hombre se ve en ese sueño haciendo de paramédico voluntario, con uniforme y todo: tiene una camilla que arrastra sin saber qué cuerpo atender, qué gemido escuchar, a quién debiera salvar entre tantos candidatos a la muerte.

La angustia lo despierta con el resuello indispuesto y maldice la sombra que lo persigue, los sueños de loco que no lo dejan en paz.

Intenta dormir y logra penosamente hacerlo. Pero entonces regresa el infierno, aunque esta vez el escenario es otro. El señor de los sueños sueña esta vez con el hombre más poderoso de la tierra y que este le dice, sorbiendo a ratos una gaseosa a pico de botella: “A mí lo que me importa es mi país, es el negocio de seguir siendo lo que somos y no importa el coste que eso suponga”. En el sueño, el hombre es un periodista amilanado y trémulo porque teme perder el empleo. Y, sin embargo, se atreve:

-¿Pero no cree que estamos caminando hacia el abismo?

Entonces el hombre más poderoso del mundo exclama:

-Estamos en el abismo. De allí estamos partiendo. Porque queremos salir del abismo es que derrotaremos a los chinos saboteando su tecnología y desgastaremos a los rusos usando a Ucrania. ¿Sabe usted lo que será el Domo Dorado?

-No, señor presidente.

-El Domo Dorado será un homenaje a Ronald Reagan y nuestra garantía para ser prácticamente invulnerables en el caso de una Tercera Guerra Mundial.

-Pero esa Tercera Guerra Mundial habrá de ser nuclear, señor presidente.

-Pues si ocurre, no seremos nosotros los que la desatemos.

El hombre despertó dando alaridos y con el corazón saliéndole por la boca.

-¡Basta! –dijo el hombre–. Recordó fugazmente que hacía unos días había soñado que el planeta entero era una California en llamas y que los iceberg del polo sur surcaban el Pacífico sur empequeñeciéndose cada hora que pasaba.

Se sentó al borde de la cama, encendió la luz del velador, se puso las pantuflas y fue al baño. Tomó un vaso de agua y se metió en la boca el segundo tenue sedante de esa mala noche. ¿Haría efecto?

-¡Carajo! –dijo entre dientes.

Se echó en la cama y poco a poco volvió a quedarse dormido.

Esta vez soñó con un país que se parecía mucho al suyo. En el sueño, él caminaba por una calle polvorienta donde los vendedores gritaban y los jaladores de colectivos anunciaban itinerarios y alguien, con cara de desdicha, perseguía a un perro.

Pero había más. Estando allí, hablando con esa gente tan difícil de descifrar, él supo que en ese país gemelo al suyo la presidenta era una analfabeta funcional sostenida en el poder por la jefa de una mafia, un idiota que hacía de gobernador de La Libertad y un comunista embalsamado que se había dedicado al saqueo. No sólo eso: supo, con esa omnisciencia que en los sueños cae sobre el soñador como los rayos, que en ese país el Congreso hacía leyes para proteger el crimen, entusiasmar a la maldad, consagrar la picaresca y atar de manos a la justicia. Supo también que en aquel país secuestrado las próximas elecciones prometían ser la confirmación multitudinaria de toda esa aberración.

De ese sueño tampoco pudo despertar.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 735 año 16, del 30/05/2025

https://www.hildebrandtensustrece.com/

17 de agosto de 2023

En la era del hervor global, ¿Quiénes son los responsables?

José Seoane

La onda de calor en pleno invierno registrada en los días pasados en la región central sur de Sudamérica es un aviso para nuestros pueblos de lo que viene sucediendo en el hemisferio norte, a nivel global y sobre lo que vendrá.

. Casi un mes atrás, en el primer artículo de esta serie, señalamos estas anomalías climáticas que ya despertaban las preocupaciones de científicos y activistas: record en la temperatura de superficie en el Atlántico Norte, en la de los océanos a nivel global, en la retracción del crecimiento del hielo antártico en plena temporada fría, en la de la superficie terrestre. Y referíamos también a las trazas de sequías e incendios que se desplegaban por diferentes partes del mundo.

En este breve tiempo, el problema no ha hecho más que agravarse. Con una ola de calor histórica recorriendo parte del hemisferio norte, el 27 de julio pasado la Organización Meteorológica Mundial y el Servicio de Cambio Climático Copernicus de la Comisión Europea confirmaron que el mes de julio fue el más caluroso jamás registrado en la historia de la humanidad y se estima que, en términos anuales, el 2023 alcanzará similar récord. El propio Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, en conferencia de prensa afirmó: “la era del calentamiento global ha terminado; ha llegado la era del hervor global […] El cambio climático está aquí. Es aterrador. Y es sólo el principio […] La única sorpresa es la velocidad del cambio […] Las consecuencias son claras y trágicas” (Guterres, 2023, la traducción es nuestra). Y dirigiéndose a los líderes mundiales exclamó “No más vacilaciones. No más excusas. Basta de esperar a que otros actúen primero. Ya no hay tiempo para eso. Todavía es posible […] evitar lo peor del cambio climático […] Pero sólo con una acción climática drástica e inmediata […] No más green washing (maquillaje verde).  No más engaños” (ídem). Una interpelación que recuerda el tono de las advertencias formuladas por Greta Thumberg y tantos activistas y movimientos a lo largo de años pasados.

Estas aseveraciones del Secretario General de Naciones Unidas tienen lugar cuando, al mismo tiempo, avanza la persecución de estos movimientos en el Sur y también en el Norte. Recordemos que sólo un mes y medio atrás, el pasado 21 de junio, el Gobierno de Macron en Francia, bajo la acusación de terrorismo, ilegalizó y decretó la disolución de la organización socioambiental Les Soulèvements de la Terre, colectivo fundado en 2021 que cuenta con más de 180 comités locales a lo largo del país, y que, en marzo pasado, promovió una multitudinaria acción por el agua en la localidad de Sainte-Soline con la participación de más de 30.000 manifestantes. Y que en España y el resto de Europa se incrementan los procesos judiciales a activistas, en un contexto de emergencia ambiental donde estos movimientos crecen y avanzan, cada vez más, con formas de desobediencia civil y acción directa. En Nuestra América y el Sur global conocemos bien estas persecuciones y la trágica marca de asesinatos y amenazas, y de represión brutal a las protestas que golpean a nuestros pueblos; particularmente, a los que se enfrentan contra el despojo extractivista, como hoy sucede en la provincia de Jujuy en Argentina.  

Mientras tanto, “el clima extremo se está convirtiendo en la nueva normalidad”, como lo definió Guterres en la conferencia mencionada, afirmando que “todos los países deben responder y proteger a su población del calor abrasador, las inundaciones mortales, las tormentas, las sequías y los incendios furiosos que se derivan de ello [es necesario] salvar millones de vidas de la carnicería climática [climate carnaje en el original]” (ídem). Y sólo es una cita textual de lo dicho por el propio Secretario General de las Naciones Unidas días atrás.  

Ahora bien, conociendo las causas, la probable evolución y las consecuencias de esta catástrofe; sabiendo perfectamente lo que hay que hacer para impedirla o morigerarla; ¿Cómo es posible que hayamos llegado a esta situación? ¿Quiénes nos han conducido hasta esta pretendida “nueva normalidad”? ¿Quiénes son los responsables de que ahora debamos pensar en sobrevivir en la “era del hervor global”?

El calentamiento global es resultado del incremento sustantivo en la atmosfera de los llamados “gases de efecto invernadero” (GEI), particularmente del dióxido de carbono (CO2), y la solución obvia es reducir o eliminar su emisión. Repasemos brevemente los datos científicos disponibles sobre ello. Si analizamos la distribución de estas emisiones de GEI por país, sabemos que los 20 países más industrializados y ricos son responsables del 80% (Guterres, 2023). Solamente, EE.UU., la Unión Europea, China, India, Rusia y Japón emiten más del 65% del CO2 (Marchini, 2022). Si bien, considerando el total por país, el principal emisor hoy es China; la distribución es completamente diferente si examinamos el tema en relación con la población, siendo que los países con mayores emisiones de CO2 per cápita son los Estados del Golfo Pérsico, EE. UU., Australia y Canadá (ídem). A todas luces, los responsables del cambio climático resultan principalmente los países más ricos, del norte y, en especial, los del viejo centro del capitalismo industrial. Tal es así, que la Convención y los primeros acuerdos de Naciones Unidas sobre esta cuestión reconocían explícitamente estas responsabilidades diferenciadas. Una desigualdad que se ensancha más aún si consideramos la contribución por país a las emisiones de CO2 en términos históricos, un rubro donde sólo las emisiones de EE.UU. y la Unión Europea representan el 47% (ídem). Siendo que el dióxido de carbono permanece en la atmósfera por cientos de años, la emisiones incrementadas desde la I° Revolución Industrial, por Inglaterra primero, en base a la máquina de vapor y el consumo de carbón, constituyen una deuda climática significativa que tiene el Norte con el Sur.

Examinemos el aspecto social del cambio climático. El 50% de la población mundial con menores ingresos solo es responsable del 7% de las emisiones mientras que el 10% más rico es el culpable de casi el 50% de las emisiones de CO2 anuales (Chancel y Piketty, 2022). De modo incuestionable, el cambio climático está vinculado a un modo de vida imperial del que goza solo una pequeña porción de la sociedad (Brand y Wissen, 2021) y su resolución conlleva cuestionar este patrón de distribución y consumo donde inevitablemente la justicia climática y la social marchan íntimamente unidas. La injusticia es de tal magnitud que los países y poblaciones que menos han contribuido y contribuyen al cambio climático, los más pobres y menos industrializados, son los que más sufren y sufrirán los efectos de esta catástrofe en progreso.

Finalmente, podemos considerar las emisiones de CO2 por sector de actividad económica y matriz energética. Considerando todos los gases de efecto invernadero, según mediciones de 2019, el 34% de las emisiones proviene de la industria, el 22% de la agricultura, y el 16% del transporte y de la infraestructura edilicia (Marchini, 2022). Resulta claro que una reducción radical de las emisiones supone una transformación profunda de las formas de producción y de vida. Respecto de las fuentes de energía, los datos son aún más elocuentes; para 2019 más del 84% de las emisiones corresponden al consumo de los llamados combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón) que, paradójicamente, sigue incrementándose a nivel global (ídem).

No se trata sólo de un problema de resolución tecnológica, no se soluciona simplemente con el desarrollo de energías renovables y menos si la transición queda bajo control corporativo. En su excelente libro, Andreas Malm (2020) demuestra, con una sustanciosa evidencia empírica, que la opción por una industrialización en base a la máquina de vapor y el uso del carbón en la Inglaterra del siglo XIX no se basó en un cálculo de rentabilidad ni de eficiencia tecnológica sino en el hecho de que resultaba la mejor opción para los industriales ingleses en el objetivo de debilitar las demandas y fuerza de los trabajadores. Una opción del capital contra el trabajo. También, a principios del siglo XX se fabricaban autos eléctricos -el famoso Detriot Model D, entre otros-, pero socialmente se impuso el del motor de gasolina. Las opciones tecnológicas se sustentan en intereses sociales.

Cuando las olas de calor nos agobien, o las lluvias inunden la vida de las poblaciones urbanas, o las sequías provoquen desertificación e incrementen los precios de los alimentos y los incendios vuelvan irrespirable el aire, cuando se intensifique lo que ya está sucediendo, sabemos bien quienes son los responsables, quienes defienden sus escandalosas ganancias y su super-bienestar a expensas de la mayoría de la población mundial. Enfrentar esos sectores e intereses, ese es el desafío que el cambio climático le impone a nuestros pueblos  y a la humanidad.

Bibliografía:

- Brand, Ulrich y Wissen, Markus 2021 Modo de vida imperial (Buenos Aires: Tinta Limón).

- Chancel, Lucas y Piketty, Thomas 2022 “La descarbonización exige redistribución” en Thumberg, G. (comp.) El libro del clima (Madrid: Lumen)

- Guterres, Antonio 2023 “Secretary-General’s opening remarks at press conference on climate”, 27 de Julio. Disponible en:  http://www.un.org/sg/en/content/sg/speeches/2023-07-27/secretary-generals-opening-remarks-press-conference-climate (la traducción al español es nuestra)

- Malm, Andreas 2020 El capital fósil (Madrid: Capitan Swing)

- Marchini, Timoteo 2022 “El efecto invernadero”, en AA. VV. Clima (Buenos Aires: El gato y la caja)

- Seoane, José 2023 “El futuro (colapso ecológico) ya llegó. El super Niño en la super crisis climática”

José Seoane. Sociólogo, investigador del Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe (IEALC), Fac. de Ciencias Sociales, UBA.

17 de febrero de 2021

La humanidad ha prosperado a costa de destruir la naturaleza

Eduardo Robaina

«Es necesario un cambio fundamental en la forma de pensar y enfocar la economía», concluye un estudio independiente sobre la economía de la biodiversidad.

La biodiversidad está disminuyendo a un ritmo mayor que en cualquier otro momento de la historia de la humanidad. Si se quiere frenar esta pérdida y a la vez proteger y mejorar nuestra prioridad, «es necesario un cambio fundamental en la forma de pensar y enfocar la economía». Este es el mensaje que lanza este martes un estudio mundial independiente sobre la economía de la biodiversidad.

«Un crecimiento y un desarrollo económico verdaderamente sostenible implica reconocer que nuestra prosperidad a largo plazo depende de reequilibrar nuestra demanda de bienes y servicios de la naturaleza con su capacidad para suministrarlos», asegura el destacado economista Partha Dasgupta, profesor emérito de economía Frank Ramsey de la Universidad de Cambridge y que ha liderado este estudio de 600 páginas, encargado hace dos años por el gobierno británico. Según él, «hemos fracasado colectivamente en comprometernos con la naturaleza de forma sostenible».

Las tasas de extinción actuales son entre 100 y 1.000 veces superiores a la tasa de referencia y van en aumento, lo que socava la productividad, la resistencia y la adaptabilidad de la naturaleza y, a su vez, alimenta un riesgo e incertidumbre extremos para nuestras economías y nuestro bienestar, según apunta el estudio. Además, sus autores recuerdan que muchos ecosistemas –desde los bosques tropicales hasta los arrecifes de coral– ya se han degradado de forma irreparable o corren el riesgo inminente de llegar a un punto de inflexión.

«Aunque la humanidad ha prosperado inmensamente en las últimas décadas, la forma en la que hemos alcanzado esta prosperidad hace que se haya adquirido a un coste devastador para la naturaleza», señala el documento.

Y, como ocurre con casi todo, los que más pierden son los que menos tienen. También aquí: los países de renta baja, cuyas economías dependen más que las de los países de renta alta de los bienes y servicios de la naturaleza dentro de sus propias fronteras, son los que más pueden perder.

Por ello, el informe concluye en la necesidad de reformas urgentes y radicales para detener e invertir la erosión de nuestros bienes naturales, y establece las formas en que debemos tener en cuenta la naturaleza en la economía y la toma de decisiones.

En este sentido, Dasgupta recuerda la importancia que tiene el impacto de nuestras interacciones con la naturaleza en todos los niveles de la sociedad. Así, pone como ejemplo la actual pandemia: «Los efectos devastadores del COVID-19 y de otras enfermedades infecciosas emergentes –de las que el cambio en el uso de la tierra y la explotación de las especies son los principales impulsores– podrían ser solo la punta del iceberg si seguimos por el camino actual».

Según sus conclusiones, el producto nacional bruto (PNB) mundial per cápita se ha duplicado desde 1992, pero el ‘capital natural’, es decir, la estimación de los beneficios derivados de los servicios ofrecidos por la naturaleza, ha caído un 40% per cápita entre 1992 y 2014. «La naturaleza es nuestro hogar. La buena economía exige que la gestionemos mejor», pide Partha Dasgupta.

Para el naturalista David Attenborough, encargado del prólogo, «este informe completo e inmensamente importante nos muestra cómo al enfrentarnos a la economía y la ecología podemos ayudar a salvar el mundo natural y, al hacerlo, salvarnos a nosotros mismos». También se ha manifestado el primer ministro, Boris Jonhson: «Como coanfitriones de la COP 26 y presidente del G7 de este año, vamos a asegurarnos de que el mundo natural se mantenga en la cima de la agenda global».

El estudio apunta que invertir estas tendencias exige actuar ahora y que hacerlo ya ayudaría a alcanzar objetivos sociales más amplios, como abordar el cambio climático y aliviar la pobreza. Esto implica un cambio de paradigma: repensar radicalmente nuestra forma de pensar, actuar y medir el éxito económico, por ejemplo, dejando de lado el PIB como referencia de prosperidad y asegurándonos de que la naturaleza sea el centro de nuestra toma de decisiones económicas.

8 de octubre de 2020

Crisis civilizatoria, internacionalismo o extinción


Jorge Fonseca

Estamos en emergencia de sostenibilidad de la vida: calentamiento global, un millón de especies en peligro de extinción en el mundo, contaminación de aguas y suelos, desplazamiento de comunidades enteras, criminalización e incluso cientos de asesinatos por año de defensoras del territorio y ambientalistas.

Estamos también en emergencia humanitaria: dos mil millones de personas pasan hambre o inseguridad alimentaria e igual cantidad de personas no tienen acceso a agua potable, 200 millones de personas están esclavizadas, la mayoría niñas y niños; hay casi cien millones de emigrados forzosos –si es es que no lo son los 300 millones emigrados para sobrevivir-, y hay más de 30 millones de refugiados causados por guerras por el control de recursos y mercados y por destrucción de la naturaleza. 3.800 millones de personas viven con menos de 5 euros al día.

Es el preludio de la extinción de la especie humana si no actuamos urgente y radicalmente.

La emergencia de la sostenibilidad de la vida se refleja en el reciente informe sobre Biodiversidad y Ecosistemas de IPBES auspiciado por NNUU, que señala que el “declive sin precedentes” de 1/8 del total de especies en el último medio siglo es causado directamente por causas antrópicas, la actividad humana, en el contexto de un modelo de producción y consumo alejado de las necesidades en el cual la naturaleza es una despensa a expoliar, lo que genera desertización y carencia de agua, contaminación, residuos no reciclables, desastres naturales, inseguridad alimentaria, calentamiento global, migraciones, efectos serios sobre la salud, agotamiento de recursos y extinción de especies.

La masiva extinción de especies a su vez provoca hambrunas, acentúa la pobreza, contamina el agua, la vida submarina y los ecosistemas, afectando la salud y la calidad de vida en las ciudades, aumentando el riesgo de extinción total de las especies. La pérdida masiva de especies es causada por los cambios en el uso del suelo y el mar; la sobreexplotación de microorganismos, la contaminación y el cambio climático provocado por los GEI, (gases de efecto invernadero), que se duplicaron desde 1980. Esto elevó la concentración de CO2 y la temperatura media del planeta en 0,7 grados, que aumentarían hasta 5 grados a final de siglo, haciendo inviable la vida en amplias zonas, lo que nos sitúa en una emergencia climática que contribuye a la emergencia sanitaria provocada por la pandemia.

La emergencia social es la consecuencia inevitable de un sistema para beneficio de pocos: 26 personas poseen la mitad de la riqueza mundial, 2153 milmillonarios concentran más riqueza que 4.600 millones de personas (el 60% de la población) y el 1% más rico del planeta ha logrado apropiarse de más riqueza que la que posee el 99% restante. Lo consiguieron mediante el poder corporativo transnacional forjado en el expolio de la naturaleza, prácticas monopolistas y la violencia. Basta ver el historial de crímenes de muchas grandes multinacionales, desde masivos vertidos contaminantes, prácticas ilegales, colaboración con el nazismo y la mafia o promoviendo golpes que instauraron dictaduras de terrorismo de Estado. Un reducido pero poderoso núcleo de grandes multinacionales concentran el capital financiero global; el 0,1% de las empresas multinacionales controlan el 80% del total de las mismas a través de fondos de inversión y participaciones accionariales. Los mayores fondos de inversión mundiales participan en miles de grandes empresas (solo BlackRock en unas 9.000), son los mayores accionistas institucionales de las mayores transnacionales y grandes tenedores de bonos de deuda soberanas.

Las multinacionales forman una red de dominación global que impone una dictadura corporativa de mercado por encima de constituciones nacionales, que degrada la democracia, deshumaniza y nos lleva a una catástrofe planetaria. Son el agente clave de dominación en el capitalismo global basado en el beneficio privado de pocos y la desposesión de la mayoría, depredador y derrochador de recursos naturales, contaminante y empobrecedor, provocando enfermedades que roban años de vida.

El modelo de producción y consumo global genera necesidades artificiales en vez de orientarse a la satisfacción pública y comunitaria de las necesidades reales y fundamentales para la existencia, como la alimentación universal, la sanidad, la educación, la cultura, la vivienda, la provisión de agua y demás servicios básicos. Este modelo reserva a un puñado de países, donde se concentran las multinacionales, el diseño y la producción de mayor valor, mientras impone a la periferia el papel de proveedor de materias primas minerales, energéticas y alimentos, lo que degrada su medioambiente, primariza sus economías, que provoca desequilibrio comercial que deriva en recurrentes crisis de balanza de pagos y creciente deuda con los centros capitalistas aumentando su dependencia de ellos.

El sistema financiero canaliza la plusvalía mundial apropiada por las multinacionales hacia el pequeño núcleo de capitalistas que concentran la riqueza. El dominio de las finanzas sobre la economía (financiarización) es clave en la dominación política global, en la dirección de las inversiones, y en el divorcio entre producción y necesidades y en la reducción del papel del Estado a garante del “orden público”. En el sistema de comercio, los TCI (tratados de comercio e inversión) asimétricos cumplen un papel crucial, ya que transfieren soberanía desde los Estados a las multinacionales que disponen de tribunales privados para conflictos con los estados y obtienen ventajas para hacerse hacen con el control de recursos naturales y servicios públicos, despojando a las presentes y futuras generaciones. Los beneficios son privados y los costes son para la sociedad y el Estado, como se ve en el gran negocio de las vacunas contra el cobid19: el Estado asume los riesgos financieros de potenciales indemnizaciones para perjudicados por efectos secundarios graves, mientras la sociedad asume el riesgo sanitario

La irracionalidad del modelo de producción y consumo capitalista provoca cambios en el uso del suelo y el mar con graves consecuencias. En el caso de la tierra se explica en gran parte por deforestación para cultivos, que ocupan más de un tercio de la tierra y que consumen el 70% del agua que se extrae, mientras 2.100 millones de personas no disponen de acceso a agua potable, lo que cada año provoca la muerte de 2 millones de niños.

Casi mil millones de personas pasan hambre y unos dos mil millones inseguridad alimentaria, mientras el 80% de la producción agrícola, crecientemente transgénica, es para alimentar animales que solo nos aportan 1/3 de las proteínas que consumimos. La agricultura contribuye fuerte a la huella ecológica del consumo total, que excede la biocapacidad del planeta en un 60% y es un fuerte generador de GEI. Estos gases son causantes del calentamiento global, que altera los equilibrios, destruye ecosistemas y es factor decisivo en el proceso de extinción de especies, amenazando la viabilidad de la vida humana. Aunque global, y de efectos para toda la humanidad dada la interdependencia biológica para sostener la vida humana, la depredación afecta particularmente a la periferia del sistema: América Latina, África y Asia, donde el intenso extractivismo de hidrocarburos, minerales y agrícola provoca una fractura metabólica que se suma a los impactos contaminantes de la actividad de multinacionales.

El acelerado aumento de cultivos transgénicos añade impactos negativos a la concentración oligopólica debido al abuso de agroquímicos como el glifosato, fabricado por Bayer-Monsanto, prohibido en Alemania y Austria por su relación con el cáncer y otras graves enfermedades, además de asociado con la muerte masiva de abejas y otros insectos polinizadores, esenciales para garantizar la vida en el planeta

La relación entre fenómenos ambientales y la salud fueron advertidos por la OMS en el informe, “Un mundo en riesgo” de septiembre de 2019, que anticipaba pandemias, donde advertía que “una combinación de tendencias mundiales, que incluye la inseguridad y fenómenos meteorológicos extremos, ha incrementado el riesgo... y … el espectro de una emergencia sanitaria mundial se vislumbra peligrosamente en el horizonte.(…) nos enfrentamos a la amenaza muy real de una pandemia fulminante, sumamente mortífera, provocada por un patógeno respiratorio que podría matar de 50 a 80 millones de personas y liquidar casi el 5% de la economía mundial..”

Esta relación la reafirma el quinto informe de Perspectiva Mundial sobre la Biodiversidad biológica presentado el 15 de septiembre último, que señala que no se cumplirán ninguno los 20 objetivos de diversidad biológica propuestos en 2010 y que la degradación medioambiental aumenta el riesgo de futuras pandemias, dada la demostrada relación entre pérdida de biodiversidad y la transmisión de enfermedades de animales a humanos (zoonosis). Especies de aves y mamíferos claves en la polinización están al borde de la extinción, al igual que especies vitales para la alimentación y las medicinas. La degradación de los ecosistemas afecta más a las mujeres y a las comunidades más vulnerables y pobres.

La emergencia humanitaria es consecuencia de la conversión de las personas en una mercancía-máquina que con su fuerza de trabajo crea riqueza para unos pocos, que se apropian del valor creado por el trabajo, y de la tierra y sus recursos (incluida el agua), el conocimiento, bienes comunes de la humanidad, y que luego se los venden o alquilan a los verdaderos creadores de riqueza, que se reparte según determina la dictadura del capital financiero: salarios de miseria o de mera subsistencia y mucho trabajo no pagado, plusvalía, para enriquecer al 1%.

La privatización alcanza al propio Estado, al servicio de la clase dominante y su sistema injusto, con leyes y sistemas impositivos que acentúan la desigualdad. Cuando a pesar del sistema democrático trucado fuerzas políticas reformistas acceden al gobierno, son asediadas mediante el lawfare, las fake news y el chantaje financiero. Si el poder económico lo considera necesario, propicia golpes blandos (Bolivia) o sangrientos de terrorismo de Estado, para recuperar las instituciones, que consideran suyas. La sociedad resultante se basa en la competencia, la confrontación y la guerra en vez de la cooperación y la solidaridad.

Marx resumió la dinámica del capitalismo diciendo que “tiende a destruir sus dos fuentes de riqueza: la naturaleza y el ser humano”. Polanyi, en 1944, precisó que el problema es la apropiación de los bienes comunes (el trabajo, la tierra y los recursos naturales), y el uso del dinero para hacer dinero; en suma, la mercantilización de los bienes comunes en un mercado ficticiamente autoregulado que “aniquila la sustancia humana y natural de la sociedad, destruye físicamente a las personas y transforma su entorno en un desierto” convirtiendo la comunidad en una “sociedad de mercado”. En la era dominada por las TICs el despojo de la riqueza creada por el trabajo se manifiesta de manera muy fuerte en la apropiación del conocimiento humano y su privatización. Quien no puede pagarse el acceso a internet está privado de gran parte del conocimiento.

En lo político, el orden autoritario neoliberal ("Mi preferencia personal se inclina a una dictadura liberal y no a un Gobierno democrático donde todo liberalismo esté ausente“, confesó Hayek, asesor de Pinochet) combina libertad para el capital y autoritarismo para la disciplinar la sociedad y fomenta el neoextractivismo depredador, el neocolonialismo y la nueva esclavitud, a la vez que sostiene el patriarcado –inseparable de las diferencias de clase- como defensa ante el igualitarismo feminista, que junto a los movimientos ecologistas y de trabajadores articulan la protesta global.

La sociedad global de mercado es por tanto insostenible política, socioeconómica y ambientalmente. Es contraria a la vida, es el camino a la extinción. La crisis actual es por tanto una crisis civilizatoria, entendida como la crisis de las civilizaciones basadas en la apropiación privada de los bienes comunes formando dos clases: una muy pequeña clase propietaria de la mayoría de la riqueza creada por la amplia mayoría empobrecida que conforma la clase de los trabajadores expropiados.

Para evitar la extinción dando una oportunidad a la vida humana, es necesario un cambio radical que ponga el ser humano y la naturaleza en el centro. Esto solo puede hacerse a nivel planetario lo que requiere de un internacionalismo basado en la solidaridad intergeneracional y de toda la humanidad que crea la riqueza con su trabajo. Ello implicará revertir los bienes comunes a las generaciones vivientes y por vivir. Agua, salud, educación, cultura, cuidados, el conocimiento y la tecnología, la riqueza paisajística, las comunicaciones, la ciencia, los recursos, los servicios, son bienes comunes a proteger de la apropiación privada y también pueden ser gestionados cooperativamente. Es necesario abandonar la lógica del “desarrollo” entendida como crecimiento del PIB, que lleva a considerar deseables los atascos en carretera porque lo elevan, pues consumen gasolina, elevan el gasto sanitario y de tanatorios por las enfermedades y muertes provocadas por la contaminación.

El internacionalismo imprescindible

Polanyi decía que los movimientos lesivos del capital generan una reacción de protección por parte de la sociedad. La reacción actual exige cambios políticos, sociales, económicos y tecnológicos. En lo político necesitamos democracia real, participativa y plural para elegir el modelo de sociedad basado en un sistema de relaciones entre ciudadanos para organizar la sociedad con el objetivo de satisfacer necesidades humanas, partiendo de la centralidad de la vida y sus cuidados, y de que la humanidad es parte de la naturaleza, por lo que la sostenibilidad de la vida humana depende de la sostenibilidad ecológica. Es necesario recuperar los bienes comunes de la humanidad y preservarlos de la apropiación privada, establecer un criterio justo y objetivo de distribución de la riqueza.

El objetivo último es el progreso humano entendido como una civilización mundial igualitaria, humanizada y ecosostenible, y una organización social que combina lo cooperativo, lo comunitario lo público y lo privado alternativo a la acumulación capitalista.

En suma un internacionalismo que una las fuerzas transformadoras de los movimientos mundiales, de personas trabajadoras, antirracistas y solidarias, por el clima, por la igualdad de género, por los derechos de la juventud, los derechos político-sociales y humanos en general, para crear una sociedad centrada en la vida y los afectos.

[La Internacional Progresista, impulsada por Noam Chomsky, Yannis Varoufakis, Naomí Klein, Alicia Castro y otras activistas mundiales, organiza su cumbre inaugural virtual este viernes 18, desde 14h UTC (16h en España; 11h en Argentina) para debatir sobre “Internacionalismo o Extinción”, en el cual todos los temas señalados, los sindicatos, los partidos y todos los movimientos sociales tienen espacio].

Jorge Fonseca.  
 Profesor de Economía Internacional en la UCM, miembro de la Internacional Progresista.

** Con la colaboración de Alejandro Fonseca Mauro, Antropólogo y Ambientalista UCM.

3 de septiembre de 2020

“Tenemos poco tiempo para decidir si la vida humana sobrevivirá"

Noam Chomsky


No ha habido otro momento de estas características en la historia de la Humanidad. Así lo asegura el prestigioso intelectual y activista estadounidense Noam Chomsky, quien dijo que la pandemia del coronavirus ha hecho de estos tiempos los más oscuros de los que se tenga memoria. Chomsky explicó que el presente representa un "punto de confluencia de distintas crisis muy graves", entre las que se incluyen una amenaza de guerra nuclear, cambio climático, la pandemia del coronavirus, una gran depresión económica y una contraofensiva racista que tiene como epicentro a los Estados Unidos.

“Este es un momento único en la historia de la humanidad, no solo en mi vida. Nunca ha habido un momento en el que haya surgido tal confluencia de crisis y las decisiones al respecto que deban tomarse muy pronto, no se pueden retrasar", afirmó el pensador que tal vez sea el lingüista vivo más importante del mundo.

Chomsky, activista pacifista desde hace mucho tiempo, criticó al presidente Donald Trump por "desmantelar sistemáticamente las protecciones que ofrecían algún tipo de defensa contra la guerra nuclear".

“Los principales expertos como William Perry, exsecretario de Defensa, una persona que no puede ser considerado un exagerado y que muy conservador y a la vez está muy bien informada sobre estos temas, argumenta que la amenaza nuclear hoy es todavía mayor que durante la Guerra Fría”, dijo Chomsky.

Chomsky dijo además que las iniciativas que los gobiernos lleven adelante para hacer frente a la pandemia de coronavirus serán importantes a corto plazo, pero que sus decisiones sobre el cambio climático serán aún más duraderas.


“Saldremos de alguna manera de la pandemia pero a un costo terrible, que tiene en su mayoría causas evitables”, dijo el autor de Hegemonía o supervivencia y Estados fallidos, entre muchos otros títulos, en una entrevista concedida al sitio The Hill. "No saldremos del derretimiento de las capas de hielo polar, eso es permanente".

“Tenemos tiempo por delante para decidir si la vida humana organizada sobrevivirá en la Tierra o sucumbirá a la amenaza de un desastre ambiental”, agregó Chomsky.

No es la primera vez que el intelectual norteamericano se refiere públicamente al tema en estos términos. En abril de este año advirtió que los gobiernos están siendo “el problema y no la solución” y sobre la situación puntual de Estados Unidos sostuvo que se ve agravada por la condición de “bufones sociópatas” que manejan la administración de ese país con Donald Trump a la cabeza. Sobre los cambios que pueden llegar a producirse alerta que “esto nos podría llevar a estados altamente autoritarios y represivos que expandan el manual neoliberal incluso más que ahora”, aunque aclara que “eso depende de la gente joven” y “de cómo la población mundial reaccione”.

Recientemente, en junio, se refirió al bochornoso rol adoptado por Trump en la gestión de la pandemia y no dudó en calificarlo como "el peor criminal de la historia, sin lugar a dudas”. “Nunca ha habido una figura en la historia política que se haya dedicado tan apasionadamente a destruir los proyectos para la vida humana organizada en la tierra en el futuro cercano”, sentenció el reconocido catedrático.

6 de junio de 2020

“Del círculo vicioso de la destrucción, al círculo virtuoso de la VIDA: Desafíos para la humanidad Post COVID19”

Rosa Karina Pinasco Vela

El coronavirus ha existido en el medio natural desde mucho antes que nosotros supiéramos de su existencia, ha llegado a nuestras vidas para quedarse, la mayoría de las personas creen que está generando un caos en la especie humana porque está perturbando la “normalidad”, normalidad que nos condujo a donde estamos ahora, normalidad que deshumaniza a las personas, que choca con su modo de vida y su status quo, normalidad que está “perturbando” hasta la parte emocional del ser humano, perturbando a lo que ya estaba perturbado, porque en las últimas décadas ha vivido a espaldas de su verdadera naturaleza. La pérdida de contacto de los seres humanos con la naturaleza y una forma de vida que daña profundamente al ambiente condujeron a esta crisis en la salud de la humanidad.

Particularmente no creo que esté generando un caos, sino más bien nos está ayudando en el intento de que la naturaleza vuelva al equilibrio que hemos perdido, es cierto que está siendo muy doloroso, que está generando mucho sufrimiento, hay demasiadas pérdidas humanas, todos los días tenemos noticias de familiares, amigos y amigas, gente de las comunidades con las que trabajamos, que están pasando momentos críticos, y en la mayoría de casos están despidiéndose a la distancia de sus muertos sin la valiosa costumbre de acompañarlos a su última morada; pero tenemos que entender de que el coronavirus no es el enemigo, no es un castigo divino, ni nada que tenga que ver con nuestras diversas espiritualidades, aunque a veces sea más fácil encontrar explicación por ese lado. La realidad es que es la consecuencia de nuestros actos, ya que como seres humanos en el planeta no hemos sabido mantener una coexistencia armónica con la naturaleza, la soberbia de creernos superiores nos ha ganado. Socialmente, ha desnudado la pobreza del sistema actual, donde la corrupción ocupa el primer puesto, seguido de las fallas en el sistema educativo, donde los que ostentan el poder insisten en mantener a la mayoría en la ignorancia para lograr manipularnos a su antojo, así como la precariedad del sistema de salud. Económicamente ha puesto en evidencia que el crecimiento que tanto orgullo nos causaba era ficticio, porque solo favorecía a un grupo privilegiado, visibilizando las brechas de los invisibles que son la mayoría y agravándose con la informalidad.

No podemos cerrar los ojos, la crisis sanitaria actual es el resultado de una crisis de valores, de una crisis climática y de una crisis ambiental que viene desde años atrás, porque los virus son organismos que son parte de esta naturaleza, que conviven con nosotros, esta naturaleza que no gira alrededor nuestro, sino que somos parte de ella. Este olvido, cargado además de conductas que han causado su destrucción es la que nos está pasando la factura ahora, todos conocemos el dicho que dice que uno cosecha lo que siembra, pues hemos sembrado destrucción y estamos cosechando muerte. Este virus va a estar siempre, con la ventaja de que cuenta con una alta adaptación a los cambios, es sumamente resistente, es uno de los organismos más resilientes, por eso cuando cambian los hábitats (bosques y otros ecosistemas naturales) de sus hospederos (en este caso mamíferos menores como los murciélagos), pues mutan y terminan buscando otros hospederos, especies que presenten excelentes condiciones para poder reproducirse, y esas condiciones las presentamos los seres humanos que en el sector urbano vivimos en espacios reducidos, en ciudades que dan la espalda a sus lomas, explotan a sus mares, contaminan y secan sus ríos y además en la mayoría de casos insalubres, carnada fácil para este virus; el sector rural también está expuesto porque los modelos agropecuarios convencionales propician el uso de insumos químicos, perdiendo la fertilidad del suelo, el cambio de uso de suelo por deforestación para instalar monocultivos, generando erosión y pérdida de biodiversidad; en resumen la demanda de alimentos, principalmente de las ciudades, es una de las causas principales de esta pandemia.

También existe la percepción de que el Covid19 está generando una recuperación del ambiente y de su dinámica natural, nos sorprendemos y alegramos porque vemos por las noticias, o en las calles vacías, animales silvestres que ni sabíamos que existían, pero no nos hemos puesto a pensar que siempre estuvieron, que antes de nuestra llegada era su casa, su hábitat natural que nosotros transformamos, que nosotros invadimos. Estamos felices contando el beneficio ambiental de nuestro aislamiento social obligatorio, aplaudimos de manera triunfalista la reducción de las emisiones, la recuperación de la capa de ozono, la disminución de la contaminación, vemos ríos cristalinos con asombro donde antes había solo basura, nuestra basura. Hay que alegrarnos si, pero el mensaje debe de profundizarse más, lo que está pasando es una contención, el virus nos mantiene encerrados, el virus ha frenado el consumo excesivo de cosas innecesarias, esas de las que eran de usar y desechar, el virus está poniendo en jaque mate un modelo económico abusivo, donde la acumulación y el tener es lo que primaba, olvidándonos de que lo más importante en la vida es el SER; pero no podemos ni debemos atribuirnos esos logros, que ni las centenas de acuerdos en las COPs del clima y de la biodiversidad que han firmado los países con compromisos tibios, lo han logrando; debemos ser conscientes que esto es y será temporal hasta que pase el miedo y las restricciones, si es que no asumimos los desafíos para un cambio real.

La esperanza la hemos puesto en la ciencia (lo cual está bien y parte del reto es invertir más en la investigación) con el descubrimiento de una vacuna, eso seguramente ayudará con el actual Covid19, pero si no cambiamos de patrones y conductas pues seguiremos siendo vulnerables para otros virus que en el futuro no tan lejano puedan aparecer, porque si lo que estamos viviendo por el virus no nos genera un cambio de actitud y estilos de vida, pues regresaremos a lo mismo e incluso a peores e irreversibles escenarios.

Pues si nosotros y nosotras somos el problema, pues también podemos ser parte de la solución, entendiendo primero cuál es nuestro rol y nuestra función en nuestra casa común, no hay que ser intelectuales para comprenderlo, porque incluso en textos antiguos como el génesis ya se escribía al respecto: “cuando termina la creación, Dios le dice al hombre y a la mujer, ahí está la tierra para que la labren (usen) y para que la guarden (conserven)”; ¿qué significa eso? pues el principio más primitivo de la sostenibilidad desde la cultura occidental; ya en las culturas indígenas tenemos muchas más que nos ayudan a entender a punta de experiencia viva y mucha observación las dinámicas naturales, que no es otra cosa que usar bien ahora y conservar para los que vienen, concepto de desarrollo sostenible simplificado, aquel desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones, garantizando el equilibrio entre el crecimiento económico, el cuidado del medio ambiente y el bienestar social.

Por eso creo que es el momento propicio para replantearnos cómo queremos vivir, y comenzar a repensar nuestro futuro como especie integral de este planeta, sobretodo pensar en las poblaciones más vulnerables, con el objetivo de cambiar ese círculo vicioso que han generado los modelos económicos convencionales y competitivos, nuestros hábitos de consumo y la visión antropocéntrica, para vernos como parte de un todo y construir colaborativamente un circulo virtuoso donde nos veamos como parte del medio natural, donde todo, absolutamente todo, está presente en él, porque tiene un rol que cumplir, por un motivo, por una razón; incluso los virus, que en la mayoría de casos son controladores biológicos, al igual que muchas de las bacterias.

La humanidad siempre ha dependido de la naturaleza para lo elemental, como adquirir energía, alimento, medicina; los y las que tenemos el privilegio de convivir con el bosque tan cerca, como nuestro medio de vida, de contar con recursos naturales que nos proveen de alimentos, de medicinas, tenemos una relación absolutamente íntima con la naturaleza; ya que ella nos proporciona bienes y servicios ecosistémicos que son fundamentales para nuestro buen vivir, ella nos proporciona todo lo que necesitamos, ella es la que nos permite la coexistencia con todos los demás organismos.

La conservación y la protección de la naturaleza debe dejar de ser un acto poético o de unos locos y unas locas que estamos en contra del desarrollo, debe pasar a ser una prioridad de las naciones, ahora es una necesidad, y esta debe de ser convocante e incluyente, donde todas y todos nos involucremos, ya que en este proceso de recuperar nuestra vida no sobra nadie.

Estamos hablando de la supervivencia de la especie humana en este planeta, si queremos eso, debemos de cambiar nuestros hábitos, y los modelos económicos que tan dependientes nos han hecho y que han aumentado las brechas, debemos aprovechar la corriente de solidaridad y  de empatía que se ha manifestado en esta difícil coyuntura, tenemos que comenzar a generar economías solidarias, locales, y estas acciones inmediatas no se pueden quedar en acciones a corto plazo y luego desear regresar a la “normalidad”, tenemos que comenzar a cambiar, recuperar nuestra esencia y nuestra armonía con la naturaleza. Los grandes ganadores debemos ser todos los seres vivos, y después de este dolor es fundamental que nos comprometamos en el “hoy”, a asumir responsabilidades desde ahora, no para el futuro, porque el dejar para mañana lo que se puede hacer hoy también ha sido parte de esa “normalidad” que debemos desterrar.

La ruralidad también necesita trabajo, apostar por lograr la soberanía alimentaria, los modelos actuales son modelos externos basados en producción agropecuaria de monocultivos de especies no nativas, destruyendo ecosistemas sumamente ricos.  Nos hemos esforzado mucho en demostrar en el cómo podemos recuperar los servicios ecosistémicos y existen dos caminos: el primero está en re (volver) conocer que los bosques y otros ecosistemas son productores naturales de alimentos sostenibles diversificados, así como de medicinas, dando prioridad a la investigación para el uso de las comunidades locales, y luego trabajar con mercados especializados en estacionalidades y pequeños volúmenes o grandes volúmenes con productos diversificados, priorizando los mercados locales, con la convicción de que el bosque en pie genera mas riqueza que las actividades convencionales, y que la naturaleza es nuestro mayor activo y la conservación nuestra mejor inversión; y segundo, donde ya existen cadenas de valor instaladas, ver como reconvertir, estabilizar y mejorar los sistemas productivos. Ya no podemos darnos el lujo de ampliar nuestra frontera agrícola, ¿cómo estabilizamos y capitalizamos a estos agricultores?, pues caminos hay varios y uno de ellos es el enfoque de la economía circular, donde buscamos aprovechar integralmente todo, todo tiene un valor, nada se desperdicia. Para lograrlo tenemos retos adicionales, como la educación e investigación (no es posible que en algunas regiones amazónicas no existan facultades de biología o forestal cuando el verdadero potencial es su biodiversidad y sus bosques), la que debe de darse sobre la base del potencial de la diversidad de los territorios (no somos un territorio homogéneo, las respuestas deben de buscarse según las particularidades de cada uno de ellos). La buena noticia es que no empezamos de cero, existen herramientas de gestión del territorio que nos definen qué hacer, dónde hacer y cómo hacer, tenemos que ser creativos e innovar sin temor, tenemos que atrevernos a salir del molde convencional.

¿Será eso posible?, claro que si. Yo nací en el seno de una familia rural, pero nunca nos vimos como pobres, aceptábamos la riqueza de una manera tan natural, porque lo teníamos absolutamente todo para estar bien alimentados y sanos, la tierra, los bosques, las quebradas nos lo proveían. Debe ser por eso que tengo las convicciones fuertes de que si podemos generar cambios, más aún cuando no hemos llegado al punto del no retorno, tenemos una oportunidad maravillosa que no debemos desperdiciar, pero el cambio debe ocurrir con la misma velocidad con la que el virus se apropió de nuestras vidas, ya sabemos que es cuestión de supervivencia, por lo que nuestro sentido de urgencia debe ser mayor, y nuestra acción con conocimiento y conocimiento existe y debe ser aplicada.

La respuesta y la posibilidad de mejorar nuestra calidad de vida está en nuestras manos. Balance, equilibrio, armonía, reciprocidad, reconciliación con nosotros mismos, nuestra esencia que está en lo natural, con nuestra humanidad, con nuestra comunidad y especialmente con nuestra casa común. Confío, como mujer de ciencia y como mujer de fe, que si lo lograremos.

Rosa Karina Pinasco Vela. Directora de Amazónicos por la Amazonía – AMPA  

Agradecemos a Karina Pinasco por compartir sus reflexiones con nuestras lectoras y lectores.

20 de mayo de 2020

¿Modificará el Covid-19 nuestra naturaleza depredadora?

Pablo Jofré Leal

¿Aprendemos los seres humanos de las tragedias? ¿Somos capaces de unir esfuerzos cuando la muerte golpea nuestras puertas, sin que podamos siquiera visualizar al enemigo, que silencioso y mortal nos quita el aire? ¿Somos capaces de dejar de matarnos e ir en ayuda de aquellas sociedades, que antes de la pandemia ya caminaban hacia una crisis humanitaria de proporciones colosales?

La pandemia del Covid 19 y los efectos económicos y políticos que se han generado en el mundo hacen prever en forma optimista, no sólo una crisis de proporciones, como no se había visto de la gran depresión del año 1929, sino también, en lo general, una dinámica de cambios de conductas en el plano de las relaciones sociales, el cómo y de qué manera movilizarnos, una valorización del papel del Estado, una visión distinta de la manera en que nos relacionamos con la naturaleza, con nuestros hermanos del mundo animal y avanzar respecto a los acuerdos de respeto al medio ambiente.

Al inicio de este artículo, es mi esperanza que así sea, tras salir de esta prueba a la cual estamos sometidos. Es mi expectativa, que seamos capaces de entender que nuestro planeta es uno y que lo precisamos más de lo que él podría necesitarnos. Nuestra soberbia, la arrogancia como seres humanos no tiene límites, hasta que nos vemos sacudidos por hechos que remecen los cimientos de sociedades, que creen haber alcanzado el desarrollo total, disociando la idea de consumo desenfrenado en un proceso de globalización sin límites, a la necesidad de crear una sociedad más solidaria, cooperativa, centrada en el ser humano y no exclusivamente, en los réditos económicos y materiales.

Al criminal no lo Frenan las Pandemias.

Y uso el concepto de esperanza y expectativa, porque no hay nada claro cuando la realidad nos indica, que mientras gran parte de los países tratan de salir adelante, en una encrucijada que pone a prueba sus sociedades, sus precarias estructuras políticas y económicas, existen gobiernos, que aprovechando esta compleja situación sanitaria, intensifican sus políticas de agresión contra numerosos pueblos del mundo. Me refiero, en específico, a Estados Unidos y en general, secundado en esa acción, por sus socios incondicionales, que generan sus propias agresiones y las continúan a despecho de cualquier consideración humanitaria. No existe en el vocabulario del imperialismo y sus socios el concepto de humanidad.

En el caso de Washington, el régimen estadounidense ha decidido, a pesar de contar con 1.250.000 contagiados por el Covid 19 y 75.000 muertos, una crisis económica que ha significado 30 millones de desempleados; seguir con su empecinamiento de potencia hegemónica a la baja y acentuar su política de agresión en numerosos países. Por ejemplo, apoyar la política colonialista de Israel contra Palestina y los ataques que el sionismo realiza contra Siria y las acciones de desestabilización llevadas a cabo contra El Líbano. Un Washington que avala la guerra de agresión contra Yemen por parte de la monarquía saudí y su participación en conflictos en el norte de África. Todo ello, enmarcado en el gran objetivo de esta triada: ejercer una política de máxima presión contra la República Islámica de Irán.

Mientras el mundo lucha contra la pandemia del coronavirus, Washington, una vez más, intenta socavar la estabilidad de Irak y jugar con su política geográfica tratando de fragmentar este país apelando a consideraciones étnicas y religiosas. Y, una de las razones básicas junto al tema geopolítico, es que este país de Asia occidental posee enormes reservas de petróleo, las segundas del mundo con 120 mil millones de barriles y donde las zonas no exploradas hasta ahora, podrían proporcionar 100.000 millones de barriles adicionales. Sume a ello las reservas de gas, que son un acicate, más que suficiente, para que Irak sea codiciado por gobiernos occidentales, brazos armados de las grandes transnacionales como Total Fine, British Petroleum, Shell, Repsol, Emerson y Chevron, entre otras (paradójicamente grandes transnacionales del petróleo sin tener ellas en sus países reservas del crudo).

Este mundo, que no denuncia lo que sucede en Irak, deja morir al pueblo saharaui en las arenas calcinantes de la hamada argelina, en campamentos de refugiados que acogen, desde el año 1975 a 250 mil hombres y mujeres en una eterna condición de refugiados, mientras la monarquía marroquí ocupa el Sahara occidental y se llena los bolsillos con los recursos usurpados al pueblo saharaui. Un mundo que permite esto no puede llamarse humanidad. Un mundo que refrenda con su silencio, a pesar de la tragedia y la emergencia global, que el sionismo decida, con apoyo estadounidense, anexar territorios que no le pertenecen, pasando por encima de los derechos de millones de seres humanos ocupados y colonizados desde el año 1948. Un mundo que calla está consintiendo y por tanto no puede llamarse humanidad.

Como tampoco puede denominarse humanidad, una serie de sociedades, que asiente con su mudez y su ceguera, el asesinato crónicodel pueblo de Yemen a manos de la monarquía saudí y sus socios de los Emiratos Árabes Unidos, acompañados de miles de mercenarios que siguen la bandera del dinero. Menos aún puede llevar consigo la denominación de humanidad, los que permiten la muerte del pueblo Rohingya, sirio, afgano. Claro, cuánto lloran los medios internacionales la muerte de miles de italianos, franceses, británicos, estadounidenses, españoles, alemanes, suizos afectados por este patógeno llamado Covid 19, dolor que acompaño, pues sólo un desgraciado puede alegrarse de la muerte de seres inocentes.

Pero…qué pasa con los 200 mil libios asesinados en una guerra por el petróleo desde el año 2011 a la fecha. Los 550 mil sirios asesinados en una guerra de agresión a manos de terroristas financiados por ese mundo occidental y sus lacayos de Oriente Medio. Qué hacemos para impedir la muerte cotidiana en la sociedad yemení, que suma ya 100 mil muertos, que sucumben bajo las bombas, los drones pero también el cólera, el hambre y ahora el Covid 19. El millón de iraquíes muertos a manos de una ocupación que se prolonga ya por 17 años? ¿qué medio internacional de occidente los llora y dedica largos reportajes a sus ciudades destruidas, a sus niños desnutridos? ¿Qué organización internacional organiza maratones virtuales, caminatas de viejos militares recolectando fondos para ir en ayuda de estos pueblos o futbolistas, tenistas echando mano de sus jugosas billeteras para paliar en algo estos crímenes de lesa humanidad?

Como especulador y conocedor del show business Donald Trump, este presidente que ha dado muestras de su megalomanía extrema, también lleva el enfrentamiento con potencias de alcance mundial como la Federación rusa y la República Popular China. Con esta última, Washington se ha enfrascado en una fuerte disputa económica, que significó tomar decisiones de ida y vuelta, represalias, sanciones, que pusieron en tensión al mundo y el mercado bursátil. Acusaciones respecto a la responsabilidad que la cabe a Beijing en el origen y difusión del Covid-19, con un Trump llamando al patógeno como Virus chino, originando reclamos de la parte china acusando al mandatario estadounidense de racista y que generaba un problema artificial, para ocultar sus propias deficiencias en el combate a la pandemia.

A pesar de las pruebas en contrario, dadas a conocer por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el propio epidemiólogo en jefe de la Casa Blanca, Anthony Fauci señalando que el Covid 19 tiene un origen en la naturaleza y no en un laboratorio chino “Si se observa la evolución del virus en murciélagos y lo que hay ahora, todo apuntaría a que no pudo haberse manipulado de forma artificial o deliberada” sostuvo el médico en una entrevista concedida a National Geographic” A pesar de esta contundente afirmación, Trump, con su clásica mitomanía sigue empecinado en responsabilizar a China y obligarlo a pagar las consecuencias del desastre sanitario, que las políticas determinadas por su administración han generado.

Trump logró sumar algunas voces aliadas, que incluyeron al primer ministro australiano Scott Morrison quien exigió a China, poner en marcha una investigación independiente a nivel internacional sobre el origen del coronavirus. Como poderoso señor es Don Dinero. Australia comenzó a recular frente a la posibilidad de enfrentar restricciones en la venta de sus productos a China, principalmente vinos y carne, además de lo que significa el tema turismo cuando las cosas se normalicen. “Quizá la gente se plantee por qué deben beber el vino australiano o comer su carne” sostuvo el embajador chino en Camberra Cheng Jingye y ante ello, el incondicional aliado de Washington en Oceanía no tuvo más remedio que matizar sus reclamos.

Si nuestra mirada se dirige a Libia, la constatación, respecto a que la ambición nubla el pensar y actuar más allá de los intereses económicos, se hace evidente. En el país magrebí, han sido los países con mayores números de contagiados y muertes por el Covid 19 los que han tejido su telaraña de intereses: Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Italia, España, junto a regímenes monárquicos como Arabia Saudí, Qatar y Emiratos árabes Unidos, que con sus abundantes recursos financieros dotan de armas, mercenarios y apoyo logístico a las fuerzas en disputa, tanto las del Gobierno de Unidad Nacional radicado en Trípoli, como las fuerzas del general Jalifa Haftar que ha declarado obsoleto los acuerdos de Sijtar (Marruecos) firmados el año 2016 y que ha logrado ocupar al menos dos tercios del territorio.

En Libia, junto a una guerra que se prolonga ya por 9 años, la inmigración que desangra a los países sahelianos, aumentando el número de fallecidos en el Mar Mediterráneo en naufragios que ya no despiertan preocupación internacional, se une ahora la pandemia del Covid 19, que encuentra la infraestructura sanitaria en deplorables condiciones. Los países occidentales, que sólo tienen interés en expoliar el petróleo libio, seguir influyendo en sus objetivos geopolíticos en la región, se muestran absolutamente ajenos a cualquier apoyo para el combate al Virus, descuidando incluso el propio fortalecimiento en sus sistemas públicos de salud, como lo ha demostrado el alto número de contagiados y muertos en sus países. La ambición puede más que el apoyar al resto del mundo. Idea de soporte, que tampoco está en la misión y visión de empresas como Total Fine, ENI, Shell, British Petroleum, transnacionales donde la idea de responsabilidad social empresarial, sólo sirve como insumo para sus empresas de relaciones públicas.

Los ejemplos dados nos demuestran, que la actual pandemia sólo representa un elemento anecdótico, que permitirá llorar unos cuantos cientos de miles de muertos y millones de contagiados pero no asegura que van a desestructurar un modelo político y económico en el mundo sustentado en el egoísmo, la deshumanización y la búsqueda de intereses económicos que pasan por encima de los derechos de miles de millones de seres humanos. El cambio no es sólo cultural, es económico, político, ideológico. Donde se de prioridad a los intereses de los ciudadanos, no de las corporaciones, donde lo sanitario sea lo primordial y no aquel mensaje escuchado una y otra vez que es necesario “volver a los trabajos” “volver a producir” como una condicionante superior a la necesidad de luchar, prioritariamente, contra la pandemia.

En un artículo escrito anteriormente señalé que una muestra del cambio frente a lo que estamos viviendo podría ser visualizado si todos los países vamos a tener acceso oportuno y equitativo a una futura vacuna contra el Covid 19, que implica, desde ya, tener un Enfoque integral y multilateral de la lucha contra el virus. Apoyando a organismos internacionales como la OMS y no generar críticas oportunistas como lo hace Washington. Aprovechar esta pandemia para exigir al Consejo de Seguridad para determinar un cese de los conflictos. Crear una instancia internacional, que combata la pandemia pero también los efectos que se están viviendo producto de ella y eso implica tener tareas que nos interconecten donde conceptos como el multilateralismo y la colaboración internacional son fundamentales. La administración Trump, a pesar de la muerte que signa su administración en su territorio, sigue generando planes de destrucción en el mundo, tratando de imponer una hegemonía famélica con un oportunismo despreciable.

Espero, sinceramente, equivocarme pero, hasta ahora, la magnitud del Covid 19 y sus efectos no parecen caminar hacia una modificación de nuestra naturaleza depredadora. Los cambios que se avizoran van por el lado de qué tipo de viajes deberán realizarse, si el trabajo privilegiará nuevos métodos de producción, las industrias deberán adaptarse a conceptos como el distanciamiento social o el teletrabajo más que exigir cambios en la estructura económica, las relaciones entre los países y examinar la forma en que se conduce la llamada comunidad internacional. De qué tamaño deben ser las casas y departamentos, el ancho de las veredas (como si gran parte del planeta tuviera las condiciones de los sectores más acomodados). Nada se habla de la necesidad de fortalecer el Estado, cuya ausencia en el plano sanitario mostró la debilidad del modelo económico desregulado. La pandemia es un paréntesis, importante, decidor, un llamado de alerta que debería mostrarnos un derrotero distinto, el problema, al menos para mí, es que no lo visualizo como prioridad en aquellos que tienen poder de decisión ¿Qué opina usted?


https://www.leerydifundir.com/2020/05/modificara-covid-19-nuestra-naturaleza-depredadora/