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21 de junio de 2023

Demasiados deberes pendientes para la cumbre climática de Bonn

Ecología social

Durante las próximas dos semanas se celebrará en la ciudad alemana de Bonn la cumbre climática internacional entre la COP27 y la COP28. Este encuentro, que recibe la denominación técnica de la 58ª reunión de los Órganos Subsidiarios de la Convención Marco de las Naciones Unidas, reúne a los cuerpos técnicos de negociación de los países. Dichos cuerpos técnicos deberán dar forma a los documentos que se aprueben en la próxima COP28 en Dubái.

La propia Presidencia de los órganos subsidiarios encargada de estas negociaciones ha hecho públicos los documentos que deben guiar la siguiente fase para incrementar la ambición internacional en el marco del Acuerdo de París. Estos documentos reconocen con contundencia el problema que plantea la gestión de las múltiples líneas de trabajo abiertas en los últimos encuentros.

Además, los textos señalan la necesidad de una adecuada gestión de tiempos para poder avanzar en la gran cantidad de asuntos pendientes, así como la importancia de que el encuentro no siga la forma de trabajo habitual del espacio y forma, y que consiga acuerdos robustos capaces de avanzar.

Según Ecologistas en Acción, la sobrecarga de temas es una muestra clara del bloqueo constante de las negociaciones y de la incapacidad de abordar una hoja de ruta clara de las reducciones necesarias y de la justicia climática. La organización ecologista destaca la falta de acuerdos vinculantes y suficientes en temas como el establecimiento de una fecha de fin a los combustibles fósiles o la provisión de recursos suficientes para las regiones más vulnerables. Estos temas siguen estando abiertos, algo que —unido a la aparición de nuevas líneas de acción— está generando una importante sobrecarga de trabajo cumbre tras cumbre.

La COP27 celebrada en Sharm el-Sheikh dejó importantes tareas pendientes en materia de financiación, en particular, la creación de un órgano transitorio para las pérdidas y los daños y la búsqueda de fondos para el mismo. A esto se suma el lanzamiento del programa de trabajo de implementación y ambición en la mitigación de Sharm el-Sheikh y el establecimiento de un programa de trabajo sobre transición justa. A su vez, queda pendiente la materialización de un nuevo objetivo para financiar la adaptación climática internacional.

La COP28 tendrá lugar en Dubái en diciembre de 2023, una cita internacional que ha sido criticada desde su nominación por celebrarse en los Emiratos Árabes Unidos. Se trata de uno de los principales exportadores mundiales de crudo y que, según reporta Amnistía Internacional, es responsable de la violación de derechos humanos mediante la detención arbitraria, la persecución política o la privación de derechos fundamentales a mujeres y niñas.

El nombramiento del Sultán Al-Jaber, un directivo de la empresa petrolera de Dubái como presidente de la COP28, está provocando una importante respuesta internacional de rechazo. Ecologistas en Acción, junto con los cientos de organizaciones que firmaron el pasado mes de febrero una carta contra esta Presidencia, mostrará en Alemania de nuevo el rechazo a que los intereses fósiles sigan estando en las cumbres e influyan en la lucha climática para rebajar los compromisos. Un rechazo al que se han sumado mas de 150 eurodiputados y congresistas.

La crisis energética ha acelerado la búsqueda de nuevos yacimientos e infraestructuras gasísticas en regiones como África. A estos proyectos, que son inasumibles climática y socialmente, se les podría dar fin mediante la ratificación de un tratado de no proliferación de combustibles fósiles, como han propuesto Tuvalu o Vanuatu. Estas peticiones siguen siendo bloqueadas por los grandes intereses fósiles, ante lo que urge un régimen de incompatibilidades capaz de echarlos de los espacios de negociación. Una situación internacional que, a juicio de Ecologistas en Acción, es muestra de la urgencia para el establecimiento, por parte de la comunidad internacional, de una fecha  que ponga fin a todos los combustibles fósiles.

Fuente: https://www.ecologistasenaccion.org/293439/demasiados-deberes-pendientes-para-la-cumbre-climatica-de-bonn/





La pugna por la hegemonía mundial bloquea en Bonn importantes avances en materia de mitigación

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Ecología social

– Concluye la primera semana de negociaciones climáticas en Bonn con posiciones muy enfrentadas entre los países, especialmente en el programa de trabajo sobre mitigación.

– La lucha de los países por sus propios intereses nacionales y económicos está poniendo en riesgo un acuerdo satisfactorio.

– Los países del sur global señalan que la financiación no está llegando y que es necesaria y esencial para tomar acciones reales.

La primera semana de negociaciones climáticas en Bonn ha dejado patente la enorme distancia entre los países. Además, se está dejando de lado la solidaridad internacional al tiempo que se pone la lucha climática en jaque. Este es análisis de la delegación de Ecologistas en Acción en la ciudad alemana donde, desde el comienzo de las negociaciones, se ha producido una enorme tensión, especialmente por la decisión de si incluir o no en la agenda la definición de un programa global de mitigación.

Para la organización ecologista, este debate está mostrando la prevalencia de los intereses económicos nacionales sobre la creación de instrumentos y fondos capaces de enfrentar la emergencia climática.

La pasada COP27 en Egipto se cerró con el acuerdo sobre la creación de un plan de trabajo de mitigación que fuera capaz de concretar medidas para incrementar rápidamente la reducción de emisiones y dar solución a las distintas barreras tecnológicas, administrativas y financieras de cara a avanzar en la transición energética mundial.

Este plan de trabajo debía recoger las conclusiones del diálogo sobre el Balance Global para lograr que los próximos compromisos presentados por los países (NDC) incrementen de forma sustancial la reducción de las emisiones. En definitiva, se decidió crear una hoja de ruta que fuera capaz de dar garantías reales a muchos de los países del sur global para el acceso a la alimentación, a la energía y a una vida digna.

Sin embargo, los negociadores en Bonn están siendo incapaces de acordar un texto que permita iniciar estos debates. El bloqueo se basa en las diferencias que existen en torno a los contenidos que debe de tener este programa de trabajo.

Muchos de los países del norte global vuelven a restringir cualquier discusión a temas de carácter tecnológico, mientras el sur global señala la necesidad de financiación para un desarrollo alternativo que no implique seguir incrementando el consumo de combustibles fósiles. Además, esta situación se ve agravada por el conflicto por la hegemonía mundial entre EEUU y China, junto a la complicidad de países productores de petróleo como Arabia Saudí o Rusia, que se niegan a cualquier reducción del consumo de combustibles fósiles.

Ecologistas en Acción incide en que la discusión sobre qué debe o qué no debe incluir este programa de trabajo de mitigación no tiene ningún sentido mientras no se acuerde con claridad un programa de trabajo. Es más, la discusión sobre la incorporación o no de una financiación para ayudar a los países más vulnerables en la puesta en marcha de medidas de mitigación ya fue aprobada en el Acuerdo de París.

En su artículo 9, este acuerdo establece la obligación de los países más responsables históricamente de las emisiones a apoyar la mitigación con financiación adicional, mientras alienta a otros países a incrementar ese apoyo según sus respectivas capacidades.

Javier Andaluz, coordinador de Clima y Energía en Ecologistas en Acción, ha declarado: “La emergencia climática es un problema global, para el que necesitamos una respuesta completa a través de acuerdos fuertes tanto en mitigación, financiación, adaptación y pérdidas y daños. Exigimos que los gobiernos actúen de una vez, para transformar el sistema económico depredador que nos ha llevado a las múltiples emergencias y dejen de pelearse por las migajas de un mundo basado en los combustibles fósiles que debe desaparecer”.

Marina Gros, responsable de la campaña Gas no es solución de la organización ecologista, ha añadido: “Resulta inasumible que países altamente emisores y productores de petróleo se nieguen a enfrentar las reducciones necesarias. Implementar los criterios de justicia climática y deuda histórica es una obligación que ha sido acordada en numerosas ocasiones, que debe de reparar los daños climáticos y sociales ocasionados por el modelo de vida del norte global. No se puede obviar que millones de personas sufren las consecuencias de un sistema colonial, depredador de la vida y del clima”.

La organización ecologista ha declarado que en esta segunda semana de negociaciones seguirá exigiendo la desaparición de los combustibles fósiles, el neocolonialismo o el extractivismo “como única alternativa real a los millones de personas a quienes se les está robando el presente y el futuro”.

Fuente: https://www.ecologistasenaccion.org/294201/la-pugna-por-la-hegemonia-mundial-bloquea-en-bonn-importantes-avances-en-materia-de-mitigacion/

31 de diciembre de 2020

¡FELIZ AÑO NUEVO 2021!


Róger Rumrrill

Para todos los cristianos del mundo, la Navidad que hemos celebrado el 24 de este mes de Diciembre, tiene una analogía con la época y los años en que nació Jesús en Belén: las disposiciones del emperador romano César Augusto ordenando un censo poblacional que, de acuerdo a los historiadores, tenía sobre todo como propósito incrementar y cobrar más impuestos a sus colonias,entre ellos al pueblo judío.

A esta disposición draconiana del emperador romano hay que agregar la ordenanza genocida de Herodes, El Grande, procurador de Judea, de  matar a todos los niños menores de dos años nacidos en Belén y entre los cuales estaría Jesús, a quién los tres reyes magos le habían anunciado de acuerdo a la interpretación profética como el futuro rey de la nación judía, provocando la ira y los celos monárquicos de Herodes, también considerado rey de Judea.

Tal como ocurre ahora, más restricciones de todo orden y más impuestos para los pobres y más riqueza para ese 1% de ricos que acapara, controla y disfruta de la riqueza mundial y más xenofobia, racismo, odio, persecución y desplazamientos migratorios.  José, María y su hijo Jesús fueron también migrantes en Egipto, como millones de personas que huyen  ahora de sus países, escapando de la violencia, las invasiones y ocupaciones, la pobreza, las enfermedades y la muerte.

Hoy, 2020 años después, somos testigos, protagonistas y sobrevivientes de una de las tragedias, conmociones y acontecimientos que están cambiando la faz de la tierra, que están transformando y modificando drástica y dolorosamente la vida y la historia humanas y de todos los seres vivos que habitamos el planeta Tierra: la pandemia del coronavirus, el colapso económico y civilizatorio, el cambio climático y sus devastadores impactos y otros extremos climáticos producidos por el Antropoceno y el Necroceno, las dos eras cósmicas originadas por el colonianialismo, el antropocentrismo y el extractivismo voraz del siglo XXI.

En este Nuevo Año 2021 debemos celebrar y aprender las grandes lecciones del presente para edificar el futuro: unidad social y familiar, amor, salud personal y familiar y también de la Madre Naturaleza que agoniza víctima de la privatización y la mercantilización de sus bienes como el agua, los bosques, los suelos y otros bienes.

¡Feliz Año Nuevo 2021 a la altura de nuestros ideales culturales, religiosos y políticos, un Nuevo Año 2021 que sea el fruto de una buena siembra: trabajo eficiente, creativo y honesto, solidaridad, generosidad y fraternidad con los más débiles, los niños y los pobres.

Y un compromiso irreductible e inagotable por la construcción de un Perú, justo, equitativo, con una democracia igualitaria, auténtica y genuina y de profundas raíces identitarias, un Perú sin calco ni copia como soñaba el Amauta José Carlos Mariátegui, una Nación de todas las sangres como aspiraba el Maestro José María Arguedas.

Un gran y afectuoso abrazo amazónico de Róger Rumrrill y familia.

Lawrenceville, Atlanta, Georgia, 28 de Diciembre del 2020

Agradecemos a Roger Rumrrill por permitirnos compartir sus saludos y reflexiones con las lectoras y lectores de Leer y Difundir.

27 de julio de 2020

Dar la vida por el planeta: en un 13% de los conflictos medioambientales se asesina a algún activista

Deutsche Welle (DW)

A pesar de la crisis sanitaria mundial, el asesinato a defensores del medio ambiente en América Latina no cesa. El último caso es el de Marvin Damián Castro Molina, coordinador de la secretaria de la juventud del Movimiento Ambientalista Social el Sur por la Vida (MASSvida) de Honduras.

Según un nuevo estudio elaborado con los datos del Atlas de Justicia Ambiental, una plataforma online que, desde 2012, cartografía los conflictos medioambientales en el mundo, en el 13% de los casos alguno de los activistas que defienden el medio ambiente son asesinados, en un 18% son víctimas de violencia y en un 20%, de criminalización. "El 40 por ciento de los casos los protagonistas pertenecen a pueblos indígenas", dijo a DW Joan Martínez-Alier, coordinador de la plataforma colaborativa.

En el caso latinoamericano, que protagoniza una cuarta parte de los conflictos medioambientales en el mundo, "hay más indígenas muertos en México, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Colombia, Venezuela, Perú y Brasil, pero también hay algunos en Ecuador, Chile y Argentina". La alta participación de los pueblos originarios en este tipo de conflictos es porque "se defienden más que las otras poblaciones contra las depredaciones ambientales".

El estudio analiza 2.743 casos, las características de los defensores ambientales involucrados, las estrategias de movilización exitosas y los resultados de conflictos, además de su asociación con movilizaciones indígenas o no indígenas. De este modo, el informe pretende cerrar la brecha de la falta de investigación de los conflictos ambientales a nivel global y entenderlos mejor.

América Latina, rica en recursos y en activistas

"La promoción del modelo económico extractivista ha permitido el hostigamiento y asesinato de un gran número de defensores sociales y ambientales", recordó a DW Erika Castro Buitrago, investigadora en Derecho Ambiental en la Universidad de Medellín (Colombia). "En este modelo no existe un especial interés por el diálogo y la mirada a concepciones alternativas del ambiente y los derechos humanos", agregó.

La existencia de grandes recursos y los intereses que estos generan han hecho proliferar movimientos locales, que pueden llegar a unos quinientos, contra conflictos por acceso a tierras, agua y minería. Martínez-Alier calculó que "quizás hay unos cinco mil activistas ecologistas activos en América Latina, más de la mitad mujeres".

El éxito de la resistencia

Según el estudio, los activistas medioambientales consiguieron detener el 11% de los 2.743 conflictos ambientales en todo el mundo a través de diversos tipos de acciones. "Lo más efectivo es mezclar varias formas de movilización y sumar fuerzas", agregó el coordinador de EJAtlas apuntando al apoyo que pueden prestar científicos, profesionales o grupos religiosos a las causas que defienden campesinos indígenas.

En el caso latinoamericano, Martínez-Alier destacó el uso de las consultas populares destacando el éxito de las de Esquel en Argentina, Tambogrande en Perú y La Colosa en Tolima (Colombia). "A veces se dan bajo la  Convención 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que protege a poblaciones indígenas, y otras por pura democracia local, para decidir sobre un proyecto minero y de extracción de petróleo, etc.", recordó.

"América Latina es la región del mundo en la que más países han ratificado el Convenio 169 y, sin embargo, se observa que en la práctica los avances en su aplicación dejan aún mucho que desear", dijo a DW Georg Dufner, director del Programa de Participación Política Indígena de la Fundación Konrad Adenauer (KAS).

Dufner comparó esta situación con la de Canadá, donde, a pesar de no haber ratificado dicho convenio, "entre el 80% y el 90% de los procesos de consulta a pueblos indígenas logran sentencias favorables y medidas compensatorias justas para las comunidades". Así, consideró que "el principal problema que sufren los pueblos indígenas latinoamericanos es justamente la debilidad, la ausencia, la falta de acceso, o la corrupción del sistema judicial en el subcontinente".

Acuerdo de Escazú, que no llega

"Cuando los Estados de América Latina tomen en serio a sus pueblos indígenas, disminuirán en número e intensidad estos conflictos que tanto perjudican al desarrollo de los países así como a las inversiones", dijo el directivo alemán.

Por otro lado, la región está a la espera de la entrada en vigor del Acuerdo de Escazú, un tratado sobre el acceso a la información, participación y acceso a la justicia en asuntos ambientales. "Lo relevante aquí es su efectividad, su carácter vinculante y la sanción para aquellos países que no los cumplan. Incluso Costa Rica mantiene aún impune el asesinato de dos indígenas defensores de su territorio ancestral", recordó el coordinador del Atlas.

A pesar de ello, se trata de una herramienta que puede ser determinante en la reconstrucción de la región tras la pandemia, pues el coronavrius "aumenta la presión extractivista para pagar las deudas de cada país y hace la resistencia más difícil", concluyó Martínez-Alier.

(lgc)

Deutsche Welle.  Emisora internacional de Alemania y produce periodismo independiente en 30 idiomas.


https://www.leerydifundir.com/2020/07/dar-la-vida-planeta-13-los-conflictos-medioambientales-se-asesina-algun-activista/

15 de abril de 2020

¿Covid-19 respuesta de la Madre Naturaleza a la transgresión humana?

Michael T. Klare

A medida que el coronavirus se extiende por todo el planeta dejando muerte y caos a su paso, van apareciendo muchas teorías para explicar su ferocidad. Una de ellas, ampliamente difundida dentro de los círculos conspirativos de la derecha, es que se originó como arma biológica en un laboratorio militar chino secreto en la ciudad de Wuhan que, de alguna manera (¿quizás intencionalmente?), escapó hacia la población civil. Aunque esa “teoría” ha quedado completamente desacreditada, el presidente Trump y sus acólitos continúan llamando al Covid-19 el virus de China, el virus de Wuhan o incluso la “gripe Kung”, alegando que su propagación global fue el resultado de una respuesta inepta y solapada del Gobierno chino. Los científicos, en general, creen que el virus se originó en los murciélagos y se trasmitió a los humanos a través de los animales salvajes vendidos en un mercado de mariscos de Wuhan. Pero tal vez haya otra posibilidad mucho más ominosa a considerar: que esta es una de las formas en que la Madre Naturaleza resiste el ataque de la humanidad contra sus sistemas de vida fundamentales.

Seamos claros: esta pandemia es un fenómeno mundial de proporciones masivas. No solo ha infectado a cientos de miles de personas en todo el planeta, matando a más de 40.000 de ellas, sino que ha llevado a la economía global a un virtual punto muerto, aplastando potencialmente a millones de empresas, grandes y pequeñas, mientras deja sin trabajo a decenas de millones, o posiblemente cientos de millones de personas. En el pasado, los desastres de esta magnitud derrocaron imperios, desencadenaron rebeliones masivas y provocaron hambrunas e inanición. Este cataclismo producirá también miseria generalizada y pondrá en peligro la supervivencia de numerosos gobiernos.

Es comprensible que nuestros antepasados consideraran tales calamidades como manifestaciones de la furia de los dioses enojados por la falta de respeto y el maltrato humano de su universo, el mundo natural. Hoy en día, las personas educadas descartan por lo general esas nociones, pero los científicos han descubierto recientemente que el impacto humano sobre el medio ambiente, especialmente la quema de combustibles fósiles, están produciendo circuitos de retroalimentación que causan daños cada vez más graves a las comunidades de todo el mundo en forma de tormentas extremas, sequías persistentes, incendios forestales masivos y olas de calor recurrentes de un tipo cada vez más mortal.

Los científicos del clima hablan también de “singularidades”, “eventos no lineales” y “puntos de inflexión”: el colapso repentino e irreversible de los sistemas ecológicos vitales con consecuencias muy destructivas y de gran alcance para la humanidad. La evidencia de tales puntos de inflexión está creciendo, por ejemplo, con el derretimiento inesperadamente rápido de la capa de hielo del Ártico. En ese contexto, surge naturalmente una pregunta: ¿es el coronavirus un evento autónomo, independiente de cualquier otra megatendencia, o representa algún tipo de punto de inflexión catastrófico?

Pasará algún tiempo antes de que los científicos puedan responder esa pregunta con certeza. Sin embargo, existen buenas razones para creer que este podría ser el caso y, de ser así, tal vez sea hora ya de que la humanidad reconsidere su relación con la naturaleza.

Humanidad contra Naturaleza

Es común pensar en la historia humana como un proceso evolutivo en el que tendencias amplias y estudiadas durante mucho tiempo, como el colonialismo y el poscolonialismo, han moldeado en gran medida los asuntos humanos. Cuando se producen interrupciones repentinas, se atribuyen generalmente, por ejemplo, al colapso de una larga dinastía o a la aparición de un nuevo gobernante ambicioso. Pero el curso de los asuntos humanos se ha visto también alterado, a menudo en formas aún más dramáticas, por acontecimientos naturales que van desde sequías prolongadas a actividades volcánicas catastróficas, a (sí, por supuesto) plagas y pandemias. Se cree que la antigua civilización minoica del Mediterráneo oriental, por ejemplo, se desintegró después de una poderosa erupción volcánica en la isla de Thera (ahora conocida como Santorini) en el siglo XVII a. C. Además, las evidencias arqueológicas sugieren además que otras culturas que alguna vez prosperaron se fueron agostando de manera similar o incluso se extinguieron a causa de desastres naturales.

No resulta sorprendente que los supervivientes de tales catástrofes atribuyan a menudo sus desgracias a la ira de dioses diversos por los excesos y depredaciones humanas. En el mundo antiguo, los sacrificios, incluso humanos, se consideraban una necesidad para apaciguar a esos espíritus enojados. Al comienzo de la guerra de Troya, por ejemplo, la diosa griega Artemisa, protectora de los animales salvajes, el desierto y la luna, aquietó los vientos necesarios para que la flota griega se impulsara hacia Troya porque Agamenón, su comandante, había matado a un ciervo sagrado. Para apaciguarla y restaurar los vientos esenciales, Agamenón se sintió obligado, o eso nos dice el poeta Homero, a sacrificar a su propia hija Ifigenia (el argumento de muchas tragedias griegas y modernas).

En tiempos más recientes, las personas educadas han visto habitualmente calamidades del tipo del coronavirus como actos inexplicables de Dios o como eventos naturales explicables, aunque sorprendentes. Además, con la Ilustración y la Revolución Industrial en Europa, muchos pensadores influyentes llegaron a creer que los humanos podían usar la ciencia y la tecnología para dominar a la naturaleza y someterla así a la voluntad de la humanidad. El matemático francés del siglo XVII René Descartes, por ejemplo, escribió sobre el uso de la ciencia y el conocimiento humano para que “podamos… convertirnos en los dueños y poseedores de la naturaleza”.

Esta perspectiva afianzaba la opinión, común en los últimos tres siglos, de que la Tierra era un territorio “virgen” (especialmente cuando se trataba de las posesiones coloniales de las principales potencias) y estaba completamente abierta a la explotación por parte de empresarios humanos. Esto condujo a la deforestación de vastas zonas, así como a la extinción o casi extinción de muchos animales, y en tiempos más recientes, al saqueo de depósitos subterráneos de minerales y energía.

Sin embargo, lo que sucedió fue que este planeta demostró ser todo menos una víctima impotente de la colonización y la explotación. El maltrato humano del medio ambiente natural ha tenido efectos búmeran claramente dolorosos. La destrucción continua de la selva tropical amazónica, por ejemplo, está alterando el clima de Brasil, elevando las temperaturas y reduciendo las precipitaciones de manera significativa, con consecuencias penosas para los agricultores locales e incluso para los habitantes urbanos más distantes. (Y la liberación de grandes cantidades de dióxido de carbono, gracias a los incendios forestales cada vez más masivos, no hará sino aumentar el ritmo del cambio climático a nivel mundial). Del mismo modo, la técnica de la fractura hidráulica, utilizada para extraer el petróleo y gas natural atrapados en depósitos subterráneos de esquisto bituminoso, puede desencadenar terremotos que dañan las estructuras por encima del suelo y ponen en peligro la vida humana. La Madre Naturaleza contraataca de muchas formas cuando sus órganos vitales sufren daños.

Esta interacción entre la actividad humana y el comportamiento planetario ha llevado a algunos analistas a repensar nuestra relación con el mundo natural. Han vuelto a conceptualizar la Tierra como una matriz compleja de sistemas vivos e inorgánicos, todos (en condiciones normales) interactuando para mantener un equilibrio estable. Cuando un componente de la matriz más grande se daña o destruye, los otros responden de manera única tratando de restaurar el orden natural de las cosas. Esta noción, propuesta originalmente por el científico ambiental James Lovelock en la década de 1960, se ha descrito a menudo como “la hipótesis Gaia”, por la antigua diosa griega Gaia, la madre ancestral de toda vida.

Puntos de inflexión climática

El cambio climático, que representa la máxima amenaza para la salud planetaria, una consecuencia directa del impulso humano de arrojar cada vez más gases de efecto invernadero a la atmósfera que calientan potencialmente el planeta hasta un punto de ruptura, generará el más brutal de todos esos bucles de retroalimentación. Al emitir cada vez más dióxido de carbono y otros gases, los humanos están alterando fundamentalmente la química planetaria y representan una amenaza casi inimaginable para los ecosistemas naturales. Los negadores del cambio climático al estilo Trump continúan insistiendo en que podemos seguir haciendo esto sin coste alguno para nuestra forma de vida. Sin embargo, cada vez es más evidente que cuanto más alteremos el clima, más responderá el planeta de forma que peligren la vida humana y la prosperidad.

El principal motor del cambio climático es el efecto invernadero, ya que todos esos gases de efecto invernadero enviados a la atmósfera atrapan cada vez más el calor solar irradiado desde la superficie de la Tierra, elevando las temperaturas en todo el mundo y alterando así los patrones climáticos globales. Hasta ahora, gran parte de este calor adicional y dióxido de carbono ha sido absorbido por los océanos del planeta, lo que produce un aumento de la temperatura del agua y una mayor acidificación de sus aguas. Esto, a su vez, ha provocado ya, entre otros efectos nocivos, la extinción masiva de los arrecifes de coral, el hábitat preferido de muchas de las especies de peces de las que un gran número de humanos dependen para su sustento y alimento. Como consecuencia, las temperaturas oceánicas más altas han generado el exceso de energía que ha alimentado muchos de los huracanes más destructivos de los últimos tiempos, incluidos Sandy, Harvey, Irma, Maria, Florence y Dorian.

Una atmósfera más cálida puede también alimentar mayores acumulaciones de humedad, haciendo posible los aguaceros prolongados y las inundaciones catastróficas que se están experimentando en muchas partes del mundo, incluido el alto medio oeste en Estados Unidos. En otras áreas, la lluvia está disminuyendo y las olas de calor se están volviendo más frecuentes y prolongadas, lo que provoca incendios forestales devastadores como los que se han producido en el oeste estadounidense en los últimos años y en Australia este año.

De todas formas, podría decirse que la Madre Naturaleza está devolviendo el golpe. Sin embargo, es el potencial de eventos “no lineales” y “puntos de inflexión” lo que preocupa especialmente a algunos científicos del clima ante el temor de que ahora vivamos en lo que podría considerarse un planeta vengador. Si bien muchos efectos climáticos, como las olas de calor prolongadas, se harán más pronunciados con el tiempo, otros efectos, se cree ahora, ocurrirán repentinamente, con pocas advertencias, y podrían provocar perturbaciones a gran escala en la vida humana (como en este momento de coronavirus) Pueden pensar en ello como si la Madre Naturaleza estuviera diciendo: “¡Alto! ¡No sobrepaséis este punto o habrá consecuencias terribles!”

Es comprensible que los científicos sean cautelosos al discutir tales posibilidades, ya que son más difíciles de estudiar que acontecimientos lineales como el aumento de la temperatura mundial. Pero la preocupación está ahí. “Los eventos singulares a gran escala (también llamados ‘puntos de inflexión’ o umbrales críticos) son cambios abruptos y drásticos en los sistemas físicos, ecológicos o sociales” provocados por el aumento incesante de las temperaturas, se señaló en el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU (IPCC, por sus siglas en inglés) en su evaluación exhaustiva de 2014 sobre los impactos previsibles. Tales eventos, señaló el IPCC, “plantean graves riesgos debido a la magnitud potencial de las consecuencias; a la velocidad a la que ocurrirían; y, dependiendo de este ritmo, a la capacidad limitada de la sociedad para hacerles frente”.

Seis años después, esa sorprendente descripción suena de forma tan escalofriante como en el momento presente.

Hasta ahora, los puntos de inflexión de mayor preocupación para los científicos han sido el rápido derretimiento de las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida occidental. Esos dos depósitos masivos de hielo contienen el equivalente de cientos de miles de kilómetros cuadrados de agua. Si se derriten cada vez más rápidamente, con toda esa agua fluyendo hacia los océanos vecinos, se puede esperar un aumento del nivel del mar de seis metros o más, inundando muchas de las ciudades costeras más pobladas del mundo y obligando a miles de millones de personas a trasladarse. En su estudio de 2014, el IPCC predijo que esto podría ocurrir a lo largo de varios siglos, ofreciendo al menos bastante tiempo para que los humanos se adaptaran, pero investigaciones más recientes indican que esas dos capas de hielo se están derritiendo mucho más rápidamente de lo que se creía con anterioridad y, por lo tanto, puede esperarse un fuerte aumento en el nivel del mar mucho antes del final de este siglo con consecuencias catastróficas para las comunidades costeras.

El IPCC identificó también otros dos posibles puntos de inflexión con consecuencias potencialmente de gran alcance: la extinción de la selva tropical amazónica y el derretimiento de la capa de hielo del Ártico. Ambos procesos están ya en marcha, reduciendo las perspectivas de supervivencia de la flora y la fauna en sus respectivos hábitats. A medida que estos procesos cobran impulso, es probable que desaparezcan ecosistemas enteros y se eliminen muchas especies, con consecuencias drásticas para los humanos que dependen de ellas de muchas maneras (desde los alimentos hasta las cadenas de polinización) para su supervivencia. Pero como sucede siempre en tales transformaciones, otras especies, tal vez los insectos y microorganismos altamente peligrosos para los humanos, podrían ocupar esos espacios vaciados por la extinción.

Cambio climático y pandemias


En 2014, el IPCC no identificó las pandemias humanas entre los posibles puntos de inflexión inducidos por el clima, pero sí proporcionó muchas evidencias de que el cambio climático aumentaría el riesgo de tales catástrofes. Esto es cierto por muchas razones. Primero, las temperaturas más cálidas y una mayor humedad conducen a la reproducción acelerada de los mosquitos, incluidos los que portan la malaria, el virus del zika y otras enfermedades altamente infecciosas. Dichas condiciones se limitaban entonces en gran medida a los trópicos, pero como resultado del calentamiento global, las áreas anteriormente templadas están experimentando ahora condiciones más tropicales, lo que resulta en la expansión territorial de los criaderos de mosquitos. En consecuencia, la malaria y el zika están aumentando en áreas que nunca antes habían experimentado tales enfermedades. Del mismo modo, la fiebre del dengue, una enfermedad viral transmitida por mosquitos que infecta a millones de personas cada año, se está propagando con especial rapidez debido al aumento de las temperaturas en el mundo.

Combinado con la agricultura mecanizada y la deforestación, el cambio climático también está socavando la agricultura de subsistencia y los estilos de vida indígenas en muchas partes del mundo, llevando a millones de personas empobrecidas a centros urbanos ya abarrotados, donde las instalaciones de salud están a menudo sobrecargadas y el riesgo de contagio es aún mayor.

Combinado con la agricultura mecanizada y la deforestación, el cambio climático está también destruyendo la agricultura de subsistencia y los estilos de vida indígenas en muchas partes del mundo, llevando a millones de personas empobrecidas a centros urbanos ya abarrotados, donde las instalaciones de salud están a menudo sobrecargadas y el riesgo de contagio es aún mayor. “Prácticamente todo el crecimiento previsto en las poblaciones ocurrirá en aglomeraciones urbanas”, señaló el IPCC en aquel entonces. Muchas de estas ciudades carecen de un sistema de saneamiento adecuado, en particular en las barriadas densamente pobladas que a menudo las rodean. “Alrededor de 150 millones de personas viven actualmente en ciudades afectadas por la escasez crónica de agua, y para 2050, a menos que haya mejoras rápidas en los entornos urbanos, el número aumentará a casi mil millones”.

Esos habitantes urbanos recién establecidos mantienen a menudo fuertes lazos con los miembros de su familia que todavía permanecen en el campo y que, a su vez, pueden entrar en contacto con animales salvajes que portan virus mortales. Este parece haber sido el origen de la epidemia de ébola en África occidental de 2014-2016, que afectó a decenas de miles de personas en Guinea, Liberia y Sierra Leona. Los científicos creen que el virus del Ébola (como el coronavirus) se originó en los murciélagos y luego se transmitió a los gorilas y otros animales salvajes que coexisten con las personas que viven en la periferia de los bosques tropicales. De alguna manera, un humano o humanos contrajeron la enfermedad por su exposición ante esas criaturas y luego la transmitieron a los visitantes de la ciudad que, a su regreso, infectaron a muchos otros.

El coronavirus parece haber tenido orígenes algo similares. En los últimos años, cientos de millones de familias rurales se mudaron, al empobrecerse, a ciudades industriales florecientes en el centro y la costa de China, incluidos lugares como Wuhan. Aunque moderna en muchos aspectos, con sus subterráneos, rascacielos y autopistas, Wuhan también conservaba vestigios de las zonas rurales, incluidos los mercados que venden animales salvajes que algunos de sus habitantes todavía consideran parte normal de su dieta. Muchos de esos animales fueron transportados en camiones desde zonas semirurales que albergan grandes cantidades de murciélagos, la fuente aparente tanto del coronavirus como del brote de síndrome respiratorio agudo severo, o SARS, de 2013, que también surgió en China. La investigación científica sugiere que los criaderos de murciélagos, como los mosquitos, se están expandiendo significativamente como consecuencia del aumento de las temperaturas mundiales.

La pandemia mundial del coronavirus es producto de una asombrosa multitud de factores, incluidos los enlaces aéreos que conectan cada rincón del planeta de forma muy estrecha y la incapacidad de los funcionarios del gobierno de actuar con la suficiente rapidez como para cortar esos enlaces. Pero subyacente a todo eso está el virus en sí. ¿Estamos, de hecho, facilitando la aparición y propagación de agentes patógenos mortales como el virus del Ébola, el SARS y el coronavirus a través de la deforestación, la urbanización desordenada y el calentamiento continuo del planeta? Puede que sea demasiado pronto para responder una pregunta como esta de forma inequívoca, pero hay una evidencia cada vez mayor de que así puede estar sucediendo. Si fuera cierto, más vale que prestemos atención.

Hay que prestar atención a los avisos de la Madre Naturaleza

Supongamos que esta interpretación de la pandemia del Covid-19 es correcta. Supongamos que el coronavirus es una advertencia de la naturaleza, su forma de decirnos que hemos ido demasiado lejos y que debemos alterar nuestro comportamiento para no correr el riesgo de una mayor contaminación. ¿Entonces qué?


Por adaptar una frase de la era de la Guerra Fría, lo que la humanidad puede necesitar es instituir una nueva política de “coexistencia pacífica” con la Madre Naturaleza. Este enfoque legitimaría la presencia continua de grandes cantidades de seres humanos en el planeta, pero requeriría que se respeten ciertos límites en sus interacciones con su ecoesfera. Los humanos podríamos usar nuestros talentos y tecnologías para mejorar la vida en áreas que hemos ocupado durante mucho tiempo, pero en otros lugares las vulneraciones deberían estar muy restringidas. Por supuesto, los desastres naturales (inundaciones, volcanes, terremotos y similares) seguirán aún produciéndose, pero no a un ritmo que exceda el que experimentamos en el pasado preindustrial.

La implementación de una estrategia de este tipo requeriría, como mínimo, frenar el cambio climático lo más velozmente posible mediante la eliminación rápida y completa de las emisiones de carbono inducidas por el hombre, algo que, de hecho, ha sucedido al menos de manera modesta, aunque sea brevemente, gracias a este momento Covid-19. Habría también que parar la deforestación y preservar las áreas silvestres restantes del mundo para siempre. Debería detenerse cualquier espolio adicional de los océanos, incluido el vertido de desechos, plásticos, combustible para motores y pesticidas de escorrentía.

En retrospectiva, el coronavirus puede no ser el punto de inflexión que dé un vuelco a la civilización humana tal y como la conocemos, pero debería servir como advertencia de que en el futuro experimentaremos cada vez más eventos similares a medida que el mundo se caliente. La única forma de evitar tal catástrofe y asegurarnos de que la Tierra no se convierta en un planeta vengador es prestar atención a las advertencias de la Madre Naturaleza y detener la profanación de los ecosistemas esenciales.

Michael T. Klare, colaborador habitual de TomDispatch.com, es profesor emérito de estudios por la paz y la seguridad mundial en el Hampshire College e investigador en la Arms Control Association. Es autor de quince libros, entre los que figura el recién publicado  All Hell Breaking Loose: The Pentagon’s Perspective on Climate Change (Metropolitan Books).

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

5 de marzo de 2019

El suministro mundial de alimentos está seriamente amenazado debido a la pérdida de biodiversidad

Jonathan Watts   (The Guardian)

Según la ONU, las plantas, los insectos y los organismos imprescindibles para la producción de alimentos están en rápido declive. 

La capacidad mundial de producción de alimentos se está debilitando debido a la incapacidad humana para proteger la biodiversidad, según afirma el primer estudio de la ONU sobre plantas, animales y microorganismos que ayudan a poner comida en nuestros platos.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura publicó esta dura advertencia después de que científicos encontraran pruebas de que los sistemas de apoyo naturales que forman la base de la dieta humana se están deteriorando por todo el mundo debido a que granjas, ciudades y fábricas devoran tierras y vierten productos químicos.

El informe publicado el viernes indicaba que durante las últimas dos décadas, aproximadamente el 20 % de la superficie cubierta de vegetación de la tierra ha perdido productividad.

Observaba una perdida “debilitadora” de biodiversidad del suelo, de bosques, praderas, arrecifes de coral, manglares, praderas marinas y de diversidad genética de especies de cultivos y ganado. En los océanos, una tercera parte de las zonas de pesca están siendo sobrexplotadas.

El estudio, que cotejó datos a nivel mundial, artículos académicos e informes realizados por gobiernos de 91 países, señalaba que muchas de las especies que están implicadas indirectamente en la producción de alimentos, tales como pájaros, que se alimentan de las plagas de los cultivos, y los árboles de los manglares, que ayudan a purificar el agua, son menos abundantes que en el pasado.

Encontró que el 63 % de las plantas, el 11 % de los pájaros y el 5 % de los peces y los hongos estaban en declive. Los polinizadores, que son esenciales para tres cuartos de los cultivos del mundo, están amenazados. Además del declive bien documentado de abejas y otros insectos, el informe dice que el 17 % de los vertebrados polinizadores, como los murciélagos y los pájaros, estaban en peligro de extinción.

Una vez que se pierdan, las especies que son imprescindibles para nuestros sistemas alimentarios ya no se podrán recuperar, decía el informe. “Esto coloca al futuro de nuestros alimentos y a nuestro medioambiente bajo una grave amenaza”.

“Los cimientos de nuestros sistemas alimentarios se están debilitando”, escribió Graziano da Silva, director general de la Organización para la Alimentación y la Agricultura, en una introducción del estudio. “Partes del informe mundial son una lectura sombría. Es verdaderamente preocupante que en tantos sistemas de producción en tantos países, la biodiversidad para los alimentos y la agricultura y la labor que ejerce en el ecosistema esté en declive”.

En muchos casos la agricultura es la culpable, dijo, debido a los cambios en el uso de las tierras y su gestión insostenible, tales como la sobreexplotación del suelo y la dependencia de pesticidas, herbicidas y otros agroquímicos.

La mayoría de los países dijeron que la principal causa de pérdida de biodiversidad era la conversión en el uso de la tierra, los bosques se cortaron para crear tierra cultivable, las praderas se cubrieron de cemento para las ciudades, fábricas y carreteras. Otras causas incluían la sobreexplotación de las fuentes de agua, la contaminación, la propagación de especies invasivas y el cambio climático.

La tendencia va hacia la uniformidad. Aunque el mundo produce más alimentos que en el pasado, depende de monocultivos en constante expansión.

Dos tercios de la producción de cultivos provienen de solo nueve especies (caña de azúcar, maíz, arroz, trigo, patatas, soja, fruto de la palma de aceite, remolacha de azúcar y mandioca) mientras que la mayor parte de las demás 6.000 especies de plantas cultivadas están en declive y las fuentes de alimentos silvestres son cada vez más difíciles de encontrar.

Aunque los consumidores todavía no hayan notado ningún cambio cuando van de compras, los autores del informe dijeron que eso podía cambiar.

“Los supermercados están llenos de comida, pero la mayoría es importada de otros países y no hay mucha variedad. La dependencia en unas pocas especies significa que somos más susceptibles a los brotes de enfermedades y al cambio climático. Hace que la producción de alimentos sea menos resistente,” alertaba Julie Bélanger, el coordinador del informe.

Como ejemplos, el informe relata como la excesiva dependencia de una variedad reducida de especies fue uno de los factores determinantes de la hambruna causada por el mildiu de la patata en Irlanda en la década de 1840, las pérdidas de cosechas en los EE.UU. en el siglo XX y las pérdidas en la producción de taro en Samoa en la década de 1990.

“Tenemos la necesidad urgente de cambiar la forma en la que se producen los alimentos y de asegurar que la biodiversidad no es algo que pasemos por alto sino que es tratada como una riqueza irremplazable y una pieza fundamental de las estrategias de gestión,” dijo Bélanger.

El informe encontró pruebas de que la actitud y las prácticas estaban cambiando lentamente. En los últimos años ha aumentado la adopción de una gestión sostenible de bosques, el diseño de ecosistemas en la pesca, la acuaponía y en policultivos. Pero los autores dicen que el avance ha sido insuficiente. La agricultura ecológica, por ejemplo, ocupa ahora 58 millones de hectáreas en todo el mundo, pero esto solo supone el 1% de la tierra cultivable mundial.

El informe señalaba que los gobiernos muestran un mayor interés por la biodiversidad, un tema que pocas veces recibe la misma atención que el cambio climático. Muchos estados han anunciado pérdidas económicas causadas por la desaparición o el desplazamiento de ecosistemas. Irlanda, Noruega, Polonia y Suiza notaron una disminución en las poblaciones de abejorros. Egipto estaba preocupado por su industria pesquera debido a que los peces estaban migrando hacia el norte por el aumento de la temperatura del mar. Gambia dijo que había comunidades que se estaban viendo forzadas a comprar productos caros producidos industrialmente porque las fuentes de alimentos silvestres eran cada vez más escasas.

La crisis de la biodiversidad entrará en la agenda mundial y se debatirá en el próximo G7 de abril, en un Congreso Mundial sobre la Conservación en junio, y luego en una importante conferencia de la ONU en Pekín el año que viene.

“Por todo el mundo, la biblioteca de la vida que ha evolucionado durante miles de millones de años –nuestra biodiversidad- está siendo destruida, envenenada, contaminada, invadida, fragmentada, saqueada, drenada y quemada a un ritmo nunca visto en la historia humana”, dijo el presidente de Irlanda, Michael Higgins, en la conferencia sobre la biodiversidad el jueves en Dublín. “Si fuésemos mineros del carbón estaríamos hasta la cintura de canarios muertos”.