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15 de diciembre de 2025

El minero Trump

Pedro Francke

"En relación a los minerales raros es que ni siquiera sabemos cuánto tenemos y cuánto sale al extranjero"

Un elemento crítico en la disputa mundial entre Estados Unidos y China son los minerales raros de valor estratégico. Son escasos y poco conocidos, con nombres como germanio, telurio o vanadio. Se requieren en cantidades muy pequeñas, pero son esenciales para nuevas tecnologías que hoy despegan, como las supercomputadoras para la Inteligencia Artificial y las energías renovables. El Perú tiene estas llamadas “tierras raras” por las cuales las potencias hoy se pelean.

Luego de que Trump pusiera altos aranceles a los productos industriales chinos, el arma fundamental que ha utilizado China en la negociación ha sido su control mayoritario de estos minerales estratégicos. Estados Unidos quiere romper ese dominio chino. Por eso la Estrategia de Seguridad Nacional aprobada por Trump la semana pasada pone como una de sus prioridades “ampliar el acceso de Estados Unidos a los minerales y materiales esenciales”, lo que en su visión para el continente americano se señala como un “interés nacional vital y fundamental de los Estados Unidos”.

El problema mayor es cómo planea hacerlo. Trump explícitamente ha reafirmado la Doctrina Monroe señalando que los Estados Unidos “siempre controlará su propio destino en nuestro hemisferio [americano]”, y para que no queden dudas resalta que esa influencia no la tendrán “las naciones extranjeras ni las instituciones globalistas”. Para ello planea “impedir que los competidores posean o controlen activos estratégicamente vitales en nuestro hemisferio” y “ampliar el acceso [de EE.UU.] a lugares de importancia estratégica” (como han calificado al puerto de Chancay). Haciendo explícita su postura intervencionista, lo que hará Trump es “recompensar a los partidos políticos y movimientos de la región que se alineen en gran medida con nuestra estrategia”, como han hecho ya apoyando al golpista Bolsonaro en Brasil, a Milei en Argentina y, más recientemente, tuiteando de modo amenazante en relación a las recientes elecciones hondureñas. Trump no tiene ningún respeto a la soberanía democrática en la región. Otro elemento clave de la estrategia trumpista es aumentar la presencia militar y naval estadounidense en las Américas, como ya lo han hecho trasladando el mayor portaaviones del mundo al Caribe e iniciando ataques a barcos tanto ahí como en el Pacífico, violando el derecho internacional y asesinando gente inocente en total indefensión. Trump pretende justificarse como si se tratara de una lucha contra las drogas, pero esta semana pasada ha quedado ya absolutamente claro que se trata de un pretexto burdo, luego de que indultara a un expresidente hondureño sentenciado por la justicia norteamericana a 45 años de cárcel por favorecer a bandas de narcotraficantes.

Regresemos al interés económico principal de los Estados Unidos en el Perú, que son estos minerales raros y difíciles de encontrar. Estos minerales de valor estratégico suelen salir mezclados, en cantidades pequeñas, cuando se extraen metales como el cobre, oro, zinc u otros. En varias regiones del país nuestra geología y minería es polimetálica; es decir, suelen aparecer los metales base combinados con otros. Por ejemplo, en varios yacimientos el cobre sale junto con cantidades menores de oro, plata o molibdeno. Nuestro primer problema como nación en relación a los minerales raros es que ni siquiera sabemos cuánto tenemos y cuánto sale al extranjero. En el Perú no tenemos ninguna refinería o procesamiento básico que permita separar esos minerales raros, capacidad que a nivel mundial está mayormente establecida en China. Pero aún sin eso, se podrían hacer análisis químicos en los concentrados de cobre u otros metales que exportamos para determinar si están presentes estos minerales raros, cuantificarlos y valorizarlos. Sin embargo, las empresas que exportan nuestros concentrados de cobre y otros minerales no entregan análisis completos a la Sunat, así que no sabemos cuánto sale de estos minerales. Obviamente, a las transnacionales les conviene llevarse ese valor nacional sin siquiera declararlo y ya en su país procesar esos concentrados, extraer, además del cobre, los minerales raros que pueda haber y obtener así una ganancia adicional evadiendo impuestos. Sólo por el telurio, una de estas “tierras raras” que hay en nuestras exportaciones de cobre, un estimado hecho por la ONG CooperAcción es que habría más de 30 millones de soles no declarados por año. Su estudio resalta que “se cuenta con información multielemental de, por lo menos, 34 especies químicas, pese a que la información de producción del Minem solo presenta valores de 12. Es decir, el Estado solo le hace seguimiento a 35% de los minerales que pueden estar presentes en los concentrados”.

Las grandes transnacionales sí analizan el tema en detalle. Como ejemplo, CooperAcción cuenta que “se pudo acceder de modo confidencial a información de un proyecto de exploración con análisis de 37 elementos químicos presentes en los sondajes de perforación minera”, información que las empresas mineras guardan en secreto.

En este escenario, ¿Qué viene haciendo el gobierno? Hace un par de semanas por un artículo publicado por el actual embajador del Perú ante Estados Unidos, Alfredo Ferrero, nos enteramos de que sobre el tema de los minerales raros ya hay relaciones con “funcionarios de alto nivel” de ese país, con la orientación de “contribuir a la seguridad de los Estados Unidos”. El gobierno no ha informado al país al respecto ni establecido cuáles son los objetivos nacionales. Ferrero, muy cercano a las transnacionales y la Confiep, fue nombrado por Dina Boluarte y ratificado en el cargo por Jerí, muy indicativo de que su política proyanqui tiene continuidad. A eso se añade que la semana pasada el Congreso ha dado permiso para que fuerzas militares estadounidenses actúen en territorio peruano durante todo el 2026. Lo ha hecho justo cuando barcos y aviones norteamericanos se vienen desplegando en el Caribe y Trump ha anunciado que iniciarán operaciones armadas en suelo sudamericano. Sobran comentarios.

11-12-2025

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 762 año 16, del 12/12/2025

https://www.hildebrandtensustrece.com/

8 de noviembre de 2025

Perú: Golpistas terroristas

Juan Manuel Robles

"Observen que el goce al alucinar una incursión armada coincide con el estreno de la película Chavín de Huántar"

Que los individuos que hoy tienen capturado el poder en el Perú —incluido el títere Jerí— sean personas muy limitadas no quiere decir que no sepan bien lo que hacen cuando usan ciertos términos. Eso es lo maravilloso de la propaganda: no necesitas luminarias para esparcir ideas repitiendo ciertas palabras gruesas. Es una cuestión de poder, no un ajedrez comunicacional. No es casual que en estos últimos días el terruqueo haya escalado un nuevo peldaño: oímos con frecuencia la palabra “terrorista” asociada a golpista, como si un concepto estuviera asociado al otro, como si una acusación fuera la consecuencia natural de la otra. Habiendo pasado toda la campaña del 2021 y el breve gobierno de Castillo acusándolo de “Sombrero luminoso”, desempolvando partes policiales y declaraciones de cuarenta años atrás para sostener que aquel gobierno era una ramificación subversiva, el paso siguiente no es tan difícil. Es Sendero el que quiso dar un golpe de Estado, ¿no se dan cuenta?

Es una manera burda pero efectiva de engordar una acusación de rebelión que cada vez se aligera más. No solo porque se vuelve evidente que los jueces hacen malabares para encontrar delitos graves en un golpe que nunca se dio, sino que, aun en el escenario de que existiera intención de tomar autoritariamente el poder total, el tiempo le va dando la razón a Castillo, al menos en parte. Porque al ver este parlamento y cuánto se ha empoderado en estos años uno desea que algo, cualquier cosa, los hubiera detenido. Es decir: por un lado, a Castillo es difícil armarle una causa judicial grave —que lo encarcele muchos años— sin caer en el exceso y la persecución política; y, por otro lado, nadie en la calle lo va a condenar, porque nadie puede reprochar seriamente haber querido darle una patada en el trasero a Patricia Chirinos y compañía.

¿Qué se hace entonces? Se apela a la vieja confiable. El terrorismo. Un discurso que no tiene pierde porque siempre llega con chantaje (si no estás con nosotros, estás con ellos). Ya aparecen columnas —en pasquines que bailan al ritmo de Keiko y la banda congresal— en que se revive la idea de que Castillo metió a Sendero Luminoso y al MRTA al gobierno. Ya saben; eso de los ministros “terroristas”: Íber Maraví (partes policiales de hace cuarenta años, obtenidos bajo tortura), Guido Bellido (un comentario en un post de Facebook mostrando cierta humanidad hacia Edith Lagos, senderista que murió a los 19 años). Héctor Béjar, el terruco de la vieja guardia. Y claro, Guillermo Bermejo, el Che que tenía planeado un atentado contra el embajador de Estados Unidos “con un balón de gas y pólvora”.

Astutamente, se juntan los nombres para dar la idea de red y simultaneidad. Se apela a los espacios físicos, sagrados, de las instituciones, haciéndonos ver que estos fueron tomados, o peor, ultrajados. “Castillo metió a Sendero a Palacio”, dice un analista. ¡Hemos tenido un terrorista en el Palacio Legislativo!, dice otro opinólogo. ¡Tuvimos consejo de ministros con dos terrucos! Nadie apela a la lógica para darse cuenta de que esas personas hacía años que tenían una vida política lejana de todo radicalismo. Al contrario, se usa los casos no para criticar presuntas manchas en la hoja de vida sino para afirmar que actuaban coordinadamente, como una célula subversiva. Como infiltrados esperando la orden para dinamitar el Estado desde adentro, en una extraña evolución del Pensamiento Gonzalo.

La publicitada condena por “terrorismo” a Guillermo Bermejo les ha ayudado a revivir toda esa narrativa. En este sentido, el excongresista no es solo todo lo que dice la fiscalía. Es la confirmación de la conspiración de Perú Libre para tomar el Estado. Es el primero en caer, ya vendrán los otros. A las organizaciones políticas que defienden a Bermejo se les dice: cuidado que también podemos acusarlos de terroristas a ustedes. “Partidos filoterroristas deberían ser eliminados de cara a las elecciones del 2026”, declara un exministro en “Expreso”. Menciona que hacerlo es válido y muy importante, porque hace tres años estuvimos en peligro: Sendero Luminoso casi toma el poder.

Así llegamos al pedido de asilo de Betssy Chávez, quien era primera ministra de Pedro Castillo cuando el expresidente quiso dar un golpe (un golpe que evitaría la vacancia injusta que le iba a propinar un Congreso sin escrúpulos y con ansias de tener el camino libre para ir tomando las instituciones). Es evidente que la sentencia de Chávez está redactada de antemano y que la justicia del Perú no le ofrecía un proceso con garantías mínimas, considerando además que le extendieron la prisión preventiva de manera ilegal y denunció maltratos en la cárcel. México no ha dudado en darle protección.

La dureza con la que se fustiga a Chávez confirma este mundo imaginario que nos quieren imponer. Con ella, hay licencia para la violencia verbal y eso debería decirnos algo. Chávez nunca fue una de las funcionarias o congresistas que la prensa vinculó con el terrorismo, pero a estas alturas —alturas simbólicas— se le trata exactamente como si fuera eso, una terruca. Una subversiva escondida en una guarida. Otra vez el discurso de los espacios tomados. Congresistas como Ed Málaga Trillo y Ernesto Bustamante —que jamás le dijeron golpista al golpista y ladrón de Fujimori— dicen que el Perú debe seguir el ejemplo de Ecuador y mandar un comando a que entre a la embajada por la fuerza y saque a Chávez. Málaga dice que se justifica entrar en una sede diplomática extranjera en casos extremos: “si hay golpistas o terroristas”. “Hay que entrar y extraerla”, añade Bustamante. Observen que el goce al alucinar una incursión armada coincide con el estreno de la película Chavín de Huántar, que recrea el rescate de la casa del embajador del Japón con agradecimiento al Ejército en los créditos. Hay que hacer como esos comandos, se dice. Sacarla de los pelos. Los terrucos no se van a salir con la suya.

Son tiempos de aplastar los emblemas, de restaurar, de generar el mayor escarmiento para que nadie en el futuro piense en hacer tonterías. Esto va más allá de Betssy Chávez, por supuesto. El Perú se va convirtiendo en un país con presos políticos y perseguidos que tienen que pedir asilo y salir al exilio, además de candidatos que son encarcelados por “terrorismo” —sin ser terroristas— para sacarlos de la carrera electoral (con la amenaza de proscribir también a quienes salgan a defenderlos). No sé si un Estado autoritario —donde el abuso por motivos políticos es la norma— sea el destino que nos espera, pero sí sé que todos esos regímenes comienzan así.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 757 año 16, del 07/11/2025

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7 de noviembre de 2025

Perú: No sólo en las calles está el crimen

César Hildebrandt

"En las calles está la escoria haciendo de las suyas. En la trama institucional del país, la escoria política ha hecho su trabajo"

Sigue el crimen plantando sus banderas. Siguen las extorsiones, se ensangrientan las cevicherías, sicarios de 16 años disparan a la cabeza, balean los ómnibus del transporte público. El Perú es para el bandidaje el paraíso en la otra esquina: la ley que no se aplica, los fiscales que no llegan a tiempo a las flagrancias, la policía que se vende por mil soles, los jueces que cotizan su benevolencia.

Pero este país azotado por la delincuencia no puede ignorar que detrás de este escenario callejero está el crimen con mayúscula, la matriz del gran desorden, la raíz de la plaga: el Congreso que ha sido dominado por bandas criminales que dieron leyes en favor del colegaje, el Tribunal Constitucional raptado por el fujimorismo de las peores fechorías, la Junta Nacional de Justicia convertida en mesa de partes del Congreso del hampa, la Fiscalía retomada por la mafia política que mueve los hilos del fantasmal Jerí, el poder judicial de los jueces provisionales que se prestan a la consigna que les toque, la policía que se suma al delito.

En las calles se juntan los cadáveres, es cierto. Pero en las instituciones vaciadas de contenido y cooptadas por la gran delincuencia, yace el Perú democrático. Le dispararon desde todos lados y fue derribado. Y los que apretaron el gatillo nos quieren hacer creer que todo lo que pasó fue normal y que debemos aceptar que Tomás Aladino Gálvez sea la máxima autoridad del Ministerio Público y que es aceptable que la Junta Nacional de Justicia desacate una orden judicial que exigía la reposición de Delia Espinoza. Son los mismos que festejan el hecho de que el Tribunal Constitucional sea esta casa verde donde alguien toca el arpa mientras los demás deciden que el proceso seguido contra Keiko Fujimori debe quebrarse. Es la vieja derecha disfrazada de dama la que celebra y proclama: todo lo que implique cambiar las cosas será maldecido, difamado desde Willax, manchado en la tele, ocultado en la prensa decadente.

En las calles está la escoria haciendo de las suyas. En la trama institucional del país, la escoria política ha hecho su trabajo. Por eso tuvimos a Dina Boluarte. Por eso tenemos a José Jerí. Por eso debemos padecer a Rospigliosi. Por todo eso tenemos a este país en escombros que se asoma a unas elecciones sobrepobladas de partidos que no son tales y de caudillos que a lo que aspiran es a que sus tribus los acompañen en el próximo saqueo.

Mi país está medularmente podrido. El país irrenunciable en el que habré de morir no puede disimular el tamaño de su crisis. Y sólo puede salvarnos admitir la magnitud del mal que hemos tolerado y a partir de eso enfrentar el desafío de sanar. Alfredo Barnechea pensó en una república embrujada. A mí, modestamente, se me ocurre un país envenenado que no encuentra el antídoto.

El fujimorismo y sus anexos nos han gobernado con Dina Boluarte. Jerí, que le hubiera cortado las uñas a Dina, simula para las redes ser el hombre de un régimen renovado. Puras patrañas. El Congreso del hampa lo vigila, lo monitorea, le dicta el guion, le pone el teleprónter y los aplausos grabados.

En las calles matan por un celular, dinamitan por un cupo, mensajean la muerte por guasap. Poco importan los estados de emergencia o los discursos en mangas de camisa. Pero en el país de las instituciones, casi todo está corrompido. No necesitamos derrotar al crimen. Necesitamos derrocarlo.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 757 año 16, del 07/11/2025

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https://www.leerydifundir.com/2025/11/peru-no-solo-las…lles-esta-crimen/

 

4 de noviembre de 2025

Perú: Los empresarios deben cambiar

Pedro Francke

"No se oye ninguna voz empresarial reclamando que esta democracia ya no es democracia"

Los grandes grupos económicos, los monopolios y las transnacionales, como conjunto, respaldaron al cogobierno de Dina Boluarte con el Congreso y están muy a gusto con Jerí. Basta seguir sus pronunciamientos y sus silencios para darse cuenta. Como les regalaron miles de millones en exoneraciones tributarias especiales, aunque con ello se haya sacrificado el equilibrio fiscal, fueron claros defensores de este cogobierno congresal que hoy tiene continuidad. No es nueva la poca consideración de esta cúpula oligárquica hacia la democracia, el bien común y los derechos humanos. El Perú necesita que cambien y piensen más en el futuro del país.

Hace unos años se acuñó la idea de “demócratas precarios” para referirse a los débiles compromisos de partidos y líderes políticos peruanos con la democracia. Pero los grandes empresarios no han llegado ni a ese nivel: la democracia no es lo suyo.

Poderosos y destacados empresarios, como Dionisio Romero, del Banco de Crédito y Alicorp, los hermanos Rodríguez Banda, del grupo Gloria, y Roque Benavides, de Minas Buenaventura, mientras Fujimori maniobraba por su tercera reelección aplastando al Tribunal Constitucional de entonces y los estudiantes salían a las calles contra la dictadura, iban a la salita del SIN a pactar con Vladimiro Montesinos que se dieran leyes a su favor.

Montesinos movió sus tentáculos en la Corte Suprema, que en ese entonces la tenía sometida, para que Roque Benavides, junto a su socia Newmont, se quedaran con las acciones de la mina Yanacocha, acciones que pertenecían a su socio francés. José Chlimper, luego de la tercera, fraudulenta e inconstitucional reelección de Fujimori, fue su ministro y aprovechó para obtener la ley que exoneró impuestos a los agroexportadores como él, redujo sus contribuciones a la seguridad social y facilitó los abusos contra sus trabajadores.

A pesar de eso, tras la transición a la democracia en el año 2000, la política económica neoliberal continuó y los siguió favoreciendo. Recompusieron rápidamente buenas relaciones con gobiernos de corrupción recargada.  Toledo hizo un gran negociado de obras públicas con Odebrecht, con Pedro Pablo Kuczynski como su ministro cobrando millones por sus servicios. Jorge del Castillo y Alan García arreglaron con las grandes mineras para no cobrarles impuestos a sus sobreganancias mientras crecía la corrupción con el “club de la construcción”: Odebrecht y Graña y Montero (GyM), entonces la mayor y más destacada constructora nacional. Que una rama de los Miró Quesada fuera al mismo tiempo dueña de GyM y de “El Comercio” le daba una llegada muy especial al poder de turno.

En las elecciones del 2016 los más poderosos empresarios “invirtieron” millones de dólares en aportes para Keiko para asegurarse de que el modelo económico siguiera incólume. Tras ser elegido, Ollanta Humala traicionó sus posiciones y pactó con quienes concentran la riqueza y el poder económico, mantuvo exoneraciones y beneficios tributarios y dejó congeladas las leyes para controlar la elusión de impuestos, las fusiones monopólicas y la comida chatarra. Al mismo tiempo, obtenía coimas de Odebrecht y del “club de la construcción”. Grandes empresarios respiraban aliviados con renovada confianza: siempre podrían comprar el poder a su favor.

Entre 2016 y 2019 varios casos de corrupción salieron a la luz tras el escándalo Odebrecht y eso golpeó la reputación de los grandes empresarios nacionales. Pero en los años anteriores ellos habían logrado una acumulación de riqueza y poder mucho mayor, y siguieron haciendo lobby mientras buscaban cómo recomponer su imagen. Vizcarra prolongó a los agroexportadores sus exoneraciones tributarias y no hizo ninguno de los cambios que se necesitaban frente a la minería y las AFP. Sí sacó adelante la ley de alimentación saludable, el control previo de fusiones monopólicas y las medidas antielusivas, asuntos básicos de defensa del interés público y regulación de los mercados. Por eso cuando hubo un conflicto entre Vizcarra y el Congreso, que terminó con la disolución de este último, la Confiep se puso clara y tajantemente en favor del Congreso fujimorista.

Todos estos años la orientación de esta cúpula de gran poder económico fue anteponer sus intereses antes que el bien común. Ni siquiera aceptan algunas reformas tibias, defienden agresivamente su explotación abusiva de los recursos naturales, de los consumidores y de los trabajadores peruanos.

La elección de Pedro Castillo mostró una vez más el talante antidemocrático de la cúpula de poder económico. Muchos de ellos colaboraron con el fujimorismo en negar el resultado electoral y luego se aliaron al Congreso para frenar la reforma tributaria. Cuando Dina subió al poder, el que asesinara a cincuenta compatriotas no les importó. Además del interés de multiplicar sus riquezas, una buena dosis de racismo estaba presente. Hoy están felices con Jerí: saben que les mantendrá las exoneraciones y perdones tributarios que les dieron Dina y el Congreso por miles de millones. Aun cuando los homicidios por sicarios se multiplican, estos se concentran en los barrios populosos mientras los dueños de los grupos monopólicos viven en Estados Unidos o Europa. La democracia ha desaparecido: el Congreso manda y ya no hay separación de poderes, la justicia vía JNJ y TC son instrumentos de la derecha en el poder. Han asesinado a Trvco, dejado varios otros heridos de gravedad incluida una niña de 9 años que acompañaba a su madre en la venta ambulatoria. Ahora nos quitan libertades aprovechando el pretexto del estado de emergencia sin que eso resuelva en nada la inseguridad en las calles. Pero no se oye ninguna voz empresarial reclamando que esta democracia ya no es democracia.

Necesitamos que cambien. Nuestro país requiere una ciudadanía más activa y los jóvenes de hoy nos dan esa esperanza. También es indispensable que quienes concentran el poder económico se den cuenta de que, con ese racismo y clasismo negador de la democracia y el bien común, están empujando el Perú al abismo.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 756 año 16, del 31/10/2025

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31 de octubre de 2025

Perú: Máscara grotesca

Ronald Gamarra

"El muchachón juerguero quiere hacernos creer que ahora es el sheriff del pueblo"

La imagen es un aspecto fundamental en la política, aunque no el único, ni el esencial. Los que por allí deambulan deben cultivar una figura positiva de sí mismos, y hay quienes son verdaderos artistas en la construcción de su retrato. De hecho, la mayoría desarrolla una versión que es muy diferente y, con gran frecuencia, hasta el polo opuesto de lo que son en realidad, esa verdad que solo ven sin ambages sus más allegados, los incondicionales que les administran y les guardan religiosamente los secretos… hasta el día en que reciben un mal golpe de su propio amo envanecido y entonces cantan sus miserias, o las filtran.

No pocos políticos están convencidos de que la imagen es una cuestión de diseño, impostación y difusión. Por lo general, ellos mismos imaginan e improvisan sus personajes, cometiendo en el camino muchos errores y cayendo en clamorosas contradicciones. A veces, si tienen los medios, buscan asesoría especializada. Los resultados, en nuestro medio, suelen ser deleznables. La gente no se traga el cuento tan fácilmente: la farsa es fácilmente descubierta y se convierte en pasto del humor y el desprecio popular. Pocas imágenes sobreviven a las pruebas más elementales de la política local.

Los políticos echan mano a recursos ya demasiado manoseados y la gente los conoce bien. Sin embargo, lo paradójico es que ciertos gestos, como repartir abrazos, dar apretones de manos multitudinarios, cargar y acariciar niños paternalmente, siguen surtiendo efecto. Pareciera que el problema no es el gesto mismo, por usado y conocido que sea, sino la convicción aparente con que se ejecute. Pero esto es muy elemental y no sirve para marcar la diferencia en la construcción de la imagen.

Lo ideal en la construcción de una imagen sería que ella contenga trozos importantes de lo que realmente es el político. De lo contrario, la verdadera personalidad empezará a aparecer al menor descuido o ante cualquier desafío, sea ocasional o mayor. La imagen debería ser consistente con la personalidad que pretende reflejar, pero sabemos muy bien que no es el caso. Los políticos peruanos usan máscaras cada vez más grotescas.

En estos días estamos asistiendo a una operación mayor de construcción de imagen, con maquillaje a fondo y una colección de disfraces que no para de crecer. Vale la pena seguirla con atención, pues pocas veces se tiene la oportunidad de observar en tiempo real cómo se improvisa y se crea la figura de un político que es una impostura total, cómo se perfila una imagen vendedora a partir de un producto sin valor. Un caso en el cual los constructores parten literalmente de cero.

Es el caso de José Jerí. ¿Quién era este señor hasta el día en que, por azar de la política, le tocó sustituir a la Boluarte? Un patita con una carrera gris, de poca monta, arribista y solícito con sus jefes. Un frívolo, a punto de estrenarse como cuarentón, muy interesado en la pornografía, seguidor de innumerables cuentas calientes en las redes y muy aficionado al comentario machista, sexista y arrecho. Un político como los que abundan en este Congreso.

Un político con suerte extraordinaria, eso sí, que llegó al Congreso con muy pocos votos porque descalificaron a otro, nada menos que Martín Vizcarra, lo que hizo posible su ingreso como accesitario; que alcanzó la presidencia del Congreso porque su mentora lo puso allí como cuota del pacto mafioso que monopoliza la mesa directiva; y que finalmente asumió la presidencia interina de la república porque le tocó el huachito milagroso de la vacancia de Dina apenas cuatro meses antes de las elecciones generales. ¿Méritos propios? Ninguno, salvo la ambición de ceñirse la banda presidencial cuando llegó la ocasión.

¿Qué nos quieren vender ahora a partir de este personaje más bien propio de la picaresca más gris y sin gracia de nuestro país? Pues las semanas transcurridas desde que juró la presidencia han sido un ejercicio intenso y bastante caótico de personajes impostados, de disfraces ensayados con mayor o menor fortuna, que el flamante presidente Jerí cambia como de camiseta sudorosa. Jerí parece una colección de personajes en busca de autor o, más precisamente, de actor, y vaya que se esfuerza en ello, por lo menos hasta el momento. Jerí parece convencido de que lo que no tiene de trayectoria lo puede suplir con imágenes improvisadas.

Así, en estos días se esfuerza por imitar a Bukele en la ropa, los gestos y la actitud del que todo lo dirige y lo controla en la lucha contra el crimen. El muchachón juerguero quiere hacernos creer que ahora es el sheriff del pueblo sin ley ni orden, dispuesto a desenfundar el revólver contra los bandidos. Y también lo hemos visto varias veces lucirse, como su modelo original salvadoreño, ante decenas de presos arrodillados y cabizbajos, que por cierto ya estaban allí antes de que fuera presidente. Bukele es su personaje central, con destellos de Rambo.

Pero aparte de copista de Bukele, Jerí, el juerguista, también se nos ha presentado como hombre religioso, cargando las andas del Señor de los Milagros y vistiendo el hábito morado de penitente, él solito, para resaltar entre sus ministros. No solo eso. Jerí también nos quiere convencer de su amor súbito por los animalitos abandonados, al punto de que los recoge de su abandono en las calles y se los lleva a criarlos en Palacio de Gobierno. Que todo esto suceda ante las cámaras de la televisión y la prensa solo es casualidad, por supuesto.

Como Jerí, el político juerguista y picarón, tiene que ponerse a tono con su investidura, el primer disfraz era el de un ciudadano irreprochable, para lo cual borró cientos de contactos calientes y cuentas porno de las que era entusiasta suscriptor. Y mantiene su presencia en redes, desde su cuenta personal, definiéndose como “presidente de la república y abogado animalista”. Quiere ser el hombre común que asume una responsabilidad grande.

Aparte de todo esto, ¿hay algo de fondo? Por ejemplo, ¿derogar las leyes procrimen de este Congreso, por las cuales él votó? No se oye, padre. Todo es imagen, humo de pajas.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 756 año 16, del 31/10/2025

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26 de octubre de 2025

Perú: La sangre otra vez

Gustavo Espinoza

Cuando la noche del miércoles 15 de octubre cayó abatido en la Plaza Francia de Lima Eduardo Mauricio Ruiz Sáenz, un artista de la música y cantante popular de los colectivos de Hip Hop; se supo que la sangre había vuelto a la capital en el marco de una lucha muy extendida que la población libra contra una Mafia envilecida que  se resiste a abandonar las posiciones de Poder, pese incluso a que ella misma se viera forzada a cortarle la cabeza a Dina Boluarte, por considerarla una extremidad inútil y hasta putrefacta.

Fueron miles los pobladores -jóvenes y viejos- que se dieron cita en las calles de Lima para expresar su repudio al Congreso de la República que aún mantiene un 95% de desaprobación ciudadana. Pero la movilización no sólo estremeció Lima. Ocurrió también en las principales ciudades del país: Arequipa Tr8jillo Cusco, Huancayo, Ayacucho y otras, en las que el grito fue unánime: Que se vayan todos, es decir, el encumbrado Presidente, los congresistas y los nuevos ministros del Gabinete Alvarez que, como muchos han dicho, no conforman un gobierno de transición, sino de transacción,  es decir una estructura en la que se ha verificado una repartija en provecho de la Clase Dominante.

Hay que admitir que el presidente de hoy -no se sabe si en los próximos días también- inició su gestión con un “nuevo estilo”.  Se mostró atento a las cosas y al desarrollo de los acontecimientos, acudió a varios lugares, habló con gente, recibió delegaciones, y aunque en algunos sitios fue bien recibido, en otros le llovieron quejas y hasta insultos. Y es que el piso está cuarteado en este país desde hace varios años por una cúpula envilecida y en derrota.

En Ayacucho, por ejemplo, la demostración fue “pacífica”, pero allí los familiares de las víctimas de la masacre de diciembre del 2022 demandaron justicia y exigieron la investigación de la muerte de sus familiares, al tiempo que exigieron la detención de Dina Boluarte. En contrapartida, el Poder Judicial resolvió autorizar a la ex mandataria a abandonar el país cuando lo quiera, sin restricción alguna, convalidando su posibilidad de “asilo”,  o más bien de fuga..

En Arequipa, donde el Rey de España presidia un Congreso Internacional de Lengua Española, las autoridades buscaron impedir el ingreso de los manifestantes a la Plaza de Armas de la ciudad, y sólo permitieron las marchas populares, cuando su Real Majestad hizo abandono de la ciudad. Sumisión virreinal, ¿verdad?

Las movilizaciones que comenzaron el miércoles pero que continuaron en días sucesivos, se explican en tres niveles: contra el presidente Jerí, contra el Congreso de la República y contra el Gabinete Ministerial. En los tres casos, tienen fundamento de fondo.

José Jeri accedió a la presidencia de la República por un hecho casual: era presidente del Poder Legislativo al momento de ser “vacada” Dina Boluarte por la totalidad de los votos congresales, sin uno solo en contra y sin ninguna abstención. Pudo -y debió- en la circunstancia, procesarse un cambio y elegirse a un presidente que implica una modificación en la política oficial, pero no se quiso eso. Estuvo en la intención de la mayoría parlamentaria jugar una carta que implicara “más de lo mismo”. No tienen, entonces, razón para quejarse hoy de la ira pública.

Se puede objetar que las movilizaciones populares -incluida la del miércoles 15- estuvieran cargadas de violencia. La “Prensa Grande” habló de “bombas Molotov” y piedras, como “armas” de los manifestantes. Si pues.  Quienes participamos antes en esas batallas y pusimos el pecho para enfrentar la represión oficial, sabemos que las “bombas Molotov” no son nada nuevo. Se originaron en los años de la II Guerra Mundial y llegaron a fines de los 50 y a inicios de los 60. Y las usamos porque constituían la única manera de hacer frente a la brutalidad policial. Gracias a ellas, existe hoy el Pasaje Universitario, el Co Gobierno y la Autonomía Universitaria.

Lo mismo que las piedras y los palos, de los que se valen los manifestantes acorralados por robots metálicos vestidos de acero. En circunstancias como esa, los que luchan no tienen más alternativa. Y parafraseando a Mariátegui, podremos decir que, si  generan violencia, no habrá más alternativa que estar con la violencia, sin reservas cobardes.  

El señor Jeri tiene serios cuestionamientos.  Estuvo involucrado en una presunta violación sexual aún no esclarecida, está sindicado por manejos turbios en la Comisión de Presupuesto del Congreso de la República, tiene marcados vínculos con redes porno y -sobre todo- dio su voto aprobatorio a todas las leyes que sancionara el actual Congreso para favorecer al crimen organizado y la delincuencia en su apogeo.

En el extremo, el señor Jerí, sin asco, votó blindando a Dina Boluarte en las 6 ocasiones anteriores en las que se demandara el fin de su gestión. Así, se hizo cómplice de sus latrocinios, pero también de los crímenes que cometiera ese régimen entre diciembre del 2022 y marzo del 2023 y después. Por lo demás, en la noche del pasado 15, se preocupó muchísimo más por la salud de los policías, y le importó una higa la situación de los civiles agredidos por la represión. En otras palabras, el señor Jerí, alto y bien vestido, está muy lejos de ser propiamente una mansa paloma.

El Congreso, por su parte, fue cómplice y beneficiario directo o indirecto de todos los latrocinios consumados por Dina Boluarte. Todo lo que ella hizo, los benefició, o les dio la posibilidad de “cobrarle” algo en provecho propio. Por eso se negaron a vacarla como debieron hacerlo en diciembre del 2022 a raíz del asesinato de 67 peruanos.  Y por eso la blindaron en todos los debates a fin de que no rinda cuentas de nada y no pagara sus culpas. Cómplices, entones son casi todos, con la sola excepción de una decena de parlamentarios que libraron una lucha desigual y valerosa para marcar a fuego la iniquidad imperante.

Y el nuevo Gabinete, porque está signado desde su origen, pero también porque su composición deja mucho que desear. El propio presidente del Consejo de Ministros -militante del Partido Popular Cristiano- salió de las cavernas y se tomó la libertad de calificar a los integrantes de la “Generación Z” de “herederos del MRTA”. Y cuando supo que se convocaba a las protestas del 15 de octubre, se apresuró a considerar a quienes la promovían como “sediciosos” y “subversivos”. El viejo lenguaje de la represión salvaje. Los otros miembros del Gabinete no son mejores política ni profesionalmente.  No es cierto que sean “técnicos calificados” como lo sugiere candorosamente cierta “Prensa Grande”, ni que integraran un “equipo” en busca de “soluciones dialogantes”, como lo aseguran otros.

Las “soluciones” que ofrezcan tendrán un claro sello de clase y el diálogo, lo harán con los suyos y con los que puedan neutralizar en el camino. En ningún caso habrá un debate abierto, una confrontación de ideas o una concesión por parte de la “clase dirigente” a la que este gobierno representa por naturaleza propia.

La lucha está planteada, entonces, y el mundo será testigo de la naturaleza de la confrontación que vive la Patria de Túpac Amaru y José Carlos Mariátegui. El que otra vez haya llegado la sangre a nuestras calles, no sólo es una maldición. Es también el sello que usa la clase dominante cuando quiere “dialogar” con el pueblo.

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

24 de octubre de 2025

Perú: La calma me quiere quieto

César Hildebrandt

"La derecha se vistió de huachimán, contrajo un palo, vigila el orden público y ha encontrado en Rospigliosi un sicario perfecto"

Trato de entender, de renunciar a los adjetivos, de hacerme budista, de leer poesía. Intento la calma.

Pero entonces viene el TC y le lava los pies a Keiko Fujimori y el tribuno Gutiérrez Ticse bebe de esa agua resultante y, atragantándose por la emoción, grita ¡aleluya! Lo que ha hecho el TC es traerse abajo el sistema judicial, la Constitución que debió defender, la autonomía de los procesos en curso. Cuando recuperemos la decencia, esos abogados terminarán en la cárcel.

Al diablo, entonces, con la calma.

Y resulta que la Junta Nacional de Justicia, nombrada por una comisión que presidió alias Defensor del Pueblo –nombrado por el congreso del hampa–, decide no acatar el fallo judicial que ordenó la reposición de Delia Espinoza como Fiscal de la Nación. La JNJ le dice al PJ: me zurro en ti, estoy protegida, eres muy poca cosa. Son los tiempos recios de los barracones.

Qué calma ni qué ocho cuartos.

Sale el señor Jerí y lanza un mensaje a la nación de 51 segundos. Necesitó teleprónter para decir lo que dijo, que no es otra cosa que prohibir las manifestaciones con el pretexto de combatir la delincuencia. Digámoslo claro: si de verdad quisiera combatir la delincuencia, tendría que cerrar el congreso. Como eso no es posible, fingirá que gobierna en estilo TikTok mientras Ernesto Álvarez, con pinta de calabaza de Halloween, se yergue como el verdadero presidente.

Y después de que Rospigliosi terruquea al muerto y no pide perdón por ser tan infame, sale el jefe de la policía a decir que el que disparó es un héroe de la institución y que cuenta con todo su apoyo. Pero este general, ¿no es el mismo que delató al del gatillo fácil y reconoció el crimen? Sí, es el mismo. Pero ahora se siente empoderado.

La calma se burla de mí.

José Luna se arrima al fallo del TC sobre Fujimori para pedir lo mismo: trato personalizado. Los congresistas que el oro ilegal banca con sangre exigen ahora que el Reinfo se amplíe hasta el año 2029 y que los 50,000 registros excluidos sean revisados. Es un canje de lingotes por leyes. Es Methustrato, el rey fenicio, con la cara de Guido Bellido y el fondo de un socavón repleto de cadáveres.

Pero hay más en esta semana pródiga: el Consejo Fiscal ha advertido, en una conferencia de prensa sin precedentes, que las 101 leyes que el congreso del hampa aprobó por insistencia tendrán un impacto de 35,795 millones de soles sobre el equilibrio de la hacienda pública. Y que hay 352 propuestas legislativas que, de aprobarse, seguirán presionando las finanzas del Estado. Diez de ellas supondrían 25 mil millones de soles de incremento presupuestal, con lo que el Consejo Fiscal, a través de una simulación computacional, señala que el déficit fiscal podría llegar a 3,6% este año y a 6,4% en una década (dado el incremento de la deuda pública).

La derecha no ve esto. La derecha no lee, no piensa, no reflexiona. La derecha se vistió de huachimán, contrajo un palo, vigila el orden público y ha encontrado en Rospigliosi un sicario perfecto. Y a la izquierda se la llevó el viento, la arruinó la viudez: se quedó sin Pekín, sin Moscú, sin Tirana. Le quedó Sarratea.

Lo que nos queda es el país que no acepta esta basura, el pueblo que se resiste, la nación olvidada. Lo que nos queda es la santa indignación, la santa calle, el grito del hastío y el coro del asco en reunión plenaria. Eso es lo que nos quieren quitar el señor del bividí y su primer ministro. Nos queda seguir peleando desde donde podamos en contra de la mafia que se ha apoderado del gobierno, que nos extorsiona con sus amenazas y que ahora, en bluyín y mangas de camisa, simula pelear contra el crimen que tan bien encarna.

Que la calma no me venga a hacer insinuaciones.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 755 año 16, del 24/10/2025

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23 de octubre de 2025

Perú: Jerí: ¿Dina 2.0?

Maritza Espinoza

“El pacto mafioso solo se ha deshecho de un alfil y puesto otro: Dina no gobernó sola, sino como la cara visible de un monstruo de varias cabezas.”

Hace unas semanas, el politólogo Alberto Vergara proponía, en una de sus columnas, algo que podría sonar a broma, pero que, explicado por el lúcido analista, resultaba totalmente plausible: que los congresistas sean elegidos por sorteo entre todos los ciudadanos mayores de edad y sin ningún requisito adicional. Es decir, una especie de lotería cívica. ¿La lógica implícita? Que nada puede ser peor que esto que tenemos como “representación” parlamentaria.

Estoy segura de que, si el presidente que debía suceder a Dina Boluarte hubiera salido con los números ganadores de la lotería de Lima y Callao o de la Tinka (permítanme la ucronía), habríamos tenido una mejor carta que el impresentable personaje que hoy ostenta el máximo cargo de la nación y cuyo mayor sacrifico por la patria, en sus 38 años de vida, ha sido deshacerse de sus cientos de cuentas porno.

Haberlo puesto en la presidencia de la República porque Dina Boluarte ya resultaba un lastre inconveniente para los intereses de los partidos que le sostenían y, sobre todo, de sus candidatos presidenciales con miras a las elecciones (Keiko Fujimori, Rafael López Aliaga y César Acuña, hay que recordarlo siempre), sólo demuestra dos cosas: uno, que el “fujiporkyacuñismo” no pudo encontrar en el Congreso nada más decente y, dos, que parecen no ser conscientes de que el sujeto de marras tiene vocación de yunque y que pronto habrá que deshacerse también de ese lastre.

“No, lo que planean es vacarlo pronto para que Fernando Rospigliosi sea el presidente”, especulan algunos ingenuos por ahí. ¡Naaa! Esa es una posibilidad tan inexistente como la humildad de Donald Trump. Rospigliosi sólo está allí, en la presidencia interina del Congreso, como señal de quién manda realmente en el triunvirato “fujiporkyacuñista” y lo más seguro es que, cuando llegue la hora de deshacerse del bulto (me refiero a Jerí), el lugarteniente de Keiko renuncie con el cuento de que lo hace por “desprendimiento” o que, como ha soltado gente de su bancada, se vaya a través de una “recomposición” de la Mesa Directiva.

Si Rospigliosi, o cualquier otro fujimorista, asumiera la presidencia, se convertiría de inmediato en el pararrayos del repudio popular, un Memorex en tiempo real de lo que su lideresa y su bancada han hecho con nuestro país (y nuestras leyes), lo que perjudicaría directamente la cuarta candidatura de la heredera de Fujimori, quien ya tiene su propio –y abundante- caudal de pasivos políticos.

Por eso, Keiko no puede darse el lujo de dilapidar su frágil porcentaje de intención de voto (apenas entre el 6 y 8% según las encuestas) sólo para tener un semestre de poder presidencial por interpósita persona, sobre todo ahora que está apostando a la amnesia popular reescribiendo la historia y tratando de humanizar su imagen en su podcast “Konfesiones”, en el que recorre el país en viajes en los que no se deja ver por casi nadie.  

Pero si Fujimori y sus socios del “fujiporkyacuñismo” creen que, tras vacar a Boluarte, van a tener una campaña “suavecita”, se equivocan. Un semestre es muy poco tiempo para que la gente olvide su sólido pacto y su corresponsabilidad absoluta en el desmadre que hoy vivimos. Podrán contarnos todos los cuentos que se les ocurran (como el atentado bamba a López Aliaga, por dar un ejemplo reciente) y tal vez algunos limeños ingenuos se lo crean. Pero, en el interior del país, tienen bien claro quién ha gobernado a la mala, y en la sombra, los dos últimos lustros.

También tienen muy presente que la salida de Boluarte no ha cambiado absolutamente nada: el pacto mafioso (los que siempre gobiernan, aunque pierdan) sólo se ha deshecho de un alfil y puesto otro. Porque Dina no gobernó sola, sino como la cara visible de un monstruo de varias cabezas, la enjoyada mucama de los tres principales líderes de la ultraderecha.

Pero, sobre todo, lo que no podrán borrar jamás las –sospecho- millonarias campañas que nos tendremos que tragar es que, si bien Dina Boluarte fue la responsable política del asesinato de más de medio centenar de compatriotas en los días de su ascensión al poder, sus aliados no movieron un dedo para que se haga justicia y, lo que es peor, la acompañaron entusiastamente en el terruqueo indiscriminado de toda disidencia, algo que ha calcado José Jerí, tanto que ya tiene un muerto en su haber.

Por lo que indican sus primeros discursos, su risible gabinete y su modo de enfrentar las protestas, el nuevo alfil del pacto (o mayordomo, para guardar el símil), será más de lo mismo: terruqueo y represión a las protestas populares, inoperancia en materia de seguridad, afección al show político y unas juntas oscuras que dejan a las de Boluarte como simples calichines. No por nada algunos lo llaman Dina 2.0

Yo me atrevería a sospechar que su nombramiento, si no obedeciera a una conveniente “toma de distancia” de parte de sus mentores con miras a la campaña que se viene, ha sido parte de una estrategia espléndida para que, a su lado, Keiko, Porky y Acuña terminen pareciendo unos estadistas de primer mundo.

Fuente: https://larepublica.pe/opinion/2025/10/19/jeri-dina-20-por-maritza-espinoza-hnews-393224

Perú: Podría haber otra transición

Pedro Francke

No queda duda de que siguen gobernando los mismos que antes

Habiendo caído Dina Boluarte, surge la pregunta: ¿un buen gobierno de transición podría modificar algunas políticas, considerando que sólo es cuestión de meses hasta que se realicen las nuevas elecciones?

Pienso que sí. Desde luego deben enmarcarse en la lógica de un gobierno de transición, dejando algunas grandes definiciones para quienes salgan electos el próximo año. Pero no puede dejarse de lado que el derrumbe del gobierno de Dina Boluarte tiene como causa profunda la masiva oposición popular a sus políticas. Su estilo de gobernar también nos ha causado mucha rabia: esas frases ofensivas e idiotas sobre los “ponchos rojos” y las “balas dum dum” cuando mandó asesinar a peruanos, los Rolex de su wayki Oscorima, sus múltiples viajecitos al exterior con el permiso congresal aprobado con los votos de Keiko, López Aliaga y Acuña, el decir que frente a las extorsiones no respondan al wasap y toda su conducta hacia nuestro pueblo, una mezcla explosiva de agresividad e indiferencia, todo eso debe cambiar de inmediato. Pero eso no es lo único. Las políticas son fundamentales.

Empecemos por las referidas a la inseguridad ciudadana, donde resaltan algunos temas urgentes. Uno se refiere a cómo la policía nacional ha sido dirigida por ministros y generales dedicados a encubrir a Dina, los amigos y aliados de ella, y a ellos mismos y sus compinches, y a perseguir a opositores y jóvenes que protestan, sin importarles cómo siguen matando choferes y peruanos en general. Hay que limpiar el Ministerio del Interior y la policía, al menos empezando por las cabezas que tienen harto rabo de paja, y dar el ejemplo de que no habrá impunidad. Santiváñez, por ejemplo, debe ser investigado de inmediato y los asesinatos de Dina no deben quedar tampoco sin castigo. Una nueva política de interior debe respetar el derecho a la protesta y concentrarse en detener sicarios y extorsionadores. Para ello se necesita una segunda medida urgente: revertir todas las leyes procrimen que se han dado en los últimos años. Son una decena de normas aprobadas por el pacto Keiko-Cerrón que, con el objetivo de zafarse ellos mismos de sus acusaciones de corrupción, lavado de activos e interferencia con la justicia, se han traído abajo las posibilidades de enjuiciar a bandas organizadas e impiden avanzar las investigaciones con allanamientos, entre otros favores al crimen organizado.

En el terreno económico, como parte del pacto corrupto se han dado regalos multimillonarios a las grandes agroexportadoras, las transnacionales mineras obtienen ganancias extraordinarias y ha habido múltiples exoneraciones tributarias, mientras han robado del dinero público “como cancha”. Las decisiones en este aspecto tienen un plazo fijo ya que antes de fin de noviembre debe aprobarse el Presupuesto Público 2026 por disposición constitucional. El proyecto presentado por el gobierno de Dina, que ya era hiperoptimista en los ingresos y auguraba un déficit elevado, ha agravado su desfinanciamiento con las exoneraciones aprobadas para los agroexportadores. De inmediato debieran derogarse estas exoneraciones tributarias que no se justifican e iniciar una discusión amplia y plural sobre cómo recuperar los ingresos del Estado con mayor justicia, mejorar el sistema de inversión y tener mayor profesionalismo en la gestión pública. Con nuevos recursos presupuestales, podrían afrontarse algunas urgencias como las del sistema de salud, tal como en otras circunstancias se hizo el 2021. Entonces era el Covid, hoy desde vacunaciones hasta el cáncer de mama, la prevención del embarazo adolescente y el abastecimiento de medicinas básicas andan abandonados a su suerte. También hay la necesidad de una nueva ley de responsabilidad y transparencia fiscal. El tope legal de déficit fiscal lo violaron el 2023 y 2024, lo incumplirán este año y las proyecciones oficiales del BCR son que lo incumplirían el próximo. Esta irresponsabilidad de zurrarse en la ley una y otra y otra vez debe parar. He escrito bastantes artículos los últimos años sobre otros cambios importantes que deben hacerse en la política económica, pero concedamos que un gobierno de transición tiene espacios limitados y que sus medidas podrían concentrarse en deshacer los mayores entuertos y desarreglos dejados por el pacto mafioso de los últimos años. El gobierno de transición también deberá enfrentar una serie de bombas de tiempo dejadas por el actual, como la situación crítica de la minería informal e ilegal, el caos de Machu Picchu, la regulación de Sunedu, entre otros.

También deberá asegurar elecciones limpias, tremendo reto ahora que el pacto mafioso ha capturado todas las instituciones. La autonomía del Jurado Nacional de Elecciones debe ser garantizada, así como el presupuesto necesario dado que no queda otra que ir hacia unas elecciones con pésimas reglas producto del pacto mafioso. Deberá también apoyar a una recuperación sana del Ministerio Público, buscando que así avance la lucha contra la corrupción.

Es obvio que nada de eso hará un gobierno de José Jerí. Él debe su nominación a Keiko, Acuña y Cerrón, que lo apoyaron en su elección y nuevamente en la votación clave del 9 de octubre para mantenerlo en el cargo. No queda duda de que siguen gobernando los mismos que antes.  ¿Por qué entonces haría algo distinto, más allá de algunos gestos insustanciales?

Pero podría haber otro gobierno de transición. Hemos tenido dos en este milenio, con Valentín Paniagua y Francisco Sagasti. Ninguno tenía, al iniciar su gobierno, un amplio apoyo ciudadano ni un respaldo parlamentario sólido. Ambos surgieron luego de que en las calles derrotáramos a las fuerzas antidemocráticas y tuvieron que enfrentar coyunturas difíciles. La actual junta directiva del Congreso debe renunciar y debe conformarse una nueva con congresistas que no hayan votado por las leyes en favor del crimen organizado y de la impunidad, que las hay. Se hizo antes y se puede volver a hacer.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 754 año 16, del 17/10/2025

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21 de octubre de 2025

Perú: El plan C de la mafia congresal

César Zelada

La alianza de trabajadores transportistas y jóvenes de la Generación Z es una amenaza para el sistema político neoliberal de corrupción, crimen y saqueo proimperialista impuesto a sangre y fuego en el 1993, que fue “debilitado” el 2000 (por la Marcha de los 4 Suyos), que volvió a relanzarse el 2022 con el golpe de Estado congresal (y de las FF.AA., la PNP y la embajada yanqui), y que acaba de sufrir un duro golpe con el paro de los trabajadores del transporte (que operativizó el Cerco de Lima), y la resistencia popular logrando el derrumbe de Dina “asesina”.

El ascenso de Jerí al poder es una maniobra de recambio preventivo con el fin de contener al movimiento obrero y popular y que responde al Plan B de la clique congresal. Sin embargo, el gobierno de Jerí nace débil. Tiene cuestionamientos morales de violación sexual, corrupción, etc. Su partido, Somos Perú, tiene décadas en la política nacional y fue, todo este tiempo, parte de la mafia congresal que aprobó las leyes del crimen y otras a favor del poder económico.

Por esta cuestión, Jerí, está obligado a convocar al Acuerdo Nacional y las Mesas Técnicas para aparecer como más concertador, confundir, dividir y tratar de cooptar dirigentes, con el fin de ganar tiempo y descomprimir o en su defecto reprimir al movimiento social. La Marcha del alcalde de Pataz, Carlos Mariño, era un armado político con el fin de lavarle la cara a Jerí, quien sería del mismo partido del alcalde.

Pero el tiro les salió por la culata. A pesar que la patronal del transporte plantea tregua para el gobierno provisional, la juventud Z y varios gremios sociales, han convocado correctamente a la Marcha del 15 O. Lo que se viene es un ascenso de la lucha popular (alimentada por la caída de Dina), que podría desembocar en una rebelión popular de enormes dimensiones.

Por este motivo, un sector de la mafia congresal, liderado por el fujiacuñismo (con Santivañez como operador político), estaría pensando en un Plan C que implicaría generar estragos (muertos), en la marcha del 15 O con el fin de imponer un gobierno al mando de un congresista filo militar que podría dirigir algún fascista como Willians, Chiabra, Montoya o Cueto con el fin de imponer una dictadura de corte fascista (con Rospigliosi como cara civil), a sangre y fuego (hay que recordar que en esta lucha se juegan también los interese de Trump contra los de Xi Jinping).

Por estas razones, la estrategia de la Gen Z de desenvolver Asambleas Populares en los conos de Lima es clave. Estas asambleas deberían ser organizadas con las bases aliadas de trabajadores del transporte y de los gremios sociales activos. Además, habría que hacer un llamado político emotivo a los trabajadores mineros, pesqueros, agroindustriales y de servicios, quienes también son explotados y víctimas del crimen organizado y las políticas de saqueo de nuestro país. Por otro lado, habría que aplicar medidas operativas que fragmenten al poder represor y los saques de su zona de confort.

Esta es la lucha por la vida y contra la NarcoRepúlica que nos gobierna.

César Zelada. Director de la revista La Abeja obrera. Escritor y colaborador de varios medios de prensa popular.

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

18 de octubre de 2025

Perú: Hombres de paja

Ronald Gamarra

¿Tanto desprecia la fujiderecha al Perú y a los peruanos que no duda en endilgarles el gobierno a dos tipos con estas características personales turbadoras, por decir lo menos?

Ningún gobierno peruano ha conquistado así de rápido un desprestigio universal tan merecido como el de Jerí. Nombrado presidente en la madrugada del 10 de octubre, con barro y paja, a medianoche, como para que nadie se entere, ya en el curso de ese mismo día la denuncia de violación sexual vertida en su momento sobre él, así como su nada oculta adicción al porno y al lenguaje lascivo y sexista, daba la vuelta al mundo, literalmente. Bastaron menos de 24 horas para convertirlo en una celebridad global para desgracia de la imagen internacional del Perú, tan mellada por la fujiderecha antiderechos humanos y los 49 muertos de su títere Dina Boluarte.

Swissinfo, prestigiosa agencia suiza fundada en 1935, emitió un despacho en el cual destacaba burlonamente que las redes peruanas se poblaron de notas “donde lo apodaban como Pa-Jerí, e imágenes y emoticonos de violines, en referencia a la denuncia por violación que enfrentó a inicios de este año”. Lo mismo ocurrió con un despacho de la agencia EFE. Por su parte, la BBC calificó a Jerí de figura controvertida, que “no ayudará a calmar el panorama”, precisando que enfrenta señalamientos varios por corrupción y presunto abuso sexual. Una amplia selección de sus tuits rijosos acompañaba cada despacho. El gobierno transitorio nace muerto, destruido, en cuanto a su imagen dentro y fuera del país.

El nombramiento de un presidente del consejo de ministros con una afición compartida por las páginas de jovencitas en cueros no hará sino incrementar la imagen ya “controvertida” del gobierno. Nótese que no se trata de dos chiquillos en trance de descubrir la sexualidad con la curiosidad irrefrenable propia de la edad, sino de dos adultos más que maduros, un par de manganzones, metidos en una web como Instagram, persiguiendo decenas y decenas de páginas de jovencitas destapadas. Jerí ya es virtual cuarentón y su premier Álvarez se va hacia los 70. Es ridículo que estén merodeando por una web donde abundan adolescentes y mozas.

No soy moralista, tampoco misionero, ni mucho menos predicador. Simplemente observo, como todo el mundo, un comportamiento deleznable, impropio de dos señorones que pretenden gobernar un país donde el abuso a la mujer y a niñas y adolescentes es una pandemia en permanente crecimiento. ¿Tanto desprecia la fujiderecha al Perú y a los peruanos que no duda en endilgarles el gobierno a dos tipos con estas características personales turbadoras, por decir lo menos? ¿De verdad no tienen otros representantes? ¿Tan pobre es su semillero político que ya sólo pueden imponernos en el gobierno a un par de pornotrolls en reemplazo de una servil incompetente?

La dignidad tampoco figura en el vocabulario del flamante presidente del consejo de ministros. El mismo día en que le hicieron la propuesta para el alto cargo, Álvarez había publicado un artículo en “Expreso”, en el cual lamentaba la vacancia de Dina Boluarte como una “suma de errores, venganzas e intereses ideológicos”. No le había gustado nada la caída de la mujer de los Rolex. Pero qué rápido cambió de opinión apenas le ofrecieron el empleo. Se nota que es un tipo de reflejos inmediatos cuando se trata de su propia y muy personal mejoría. La miel del poder y sus privilegios lo estimularon para dejarse de opiniones “controversiales”, compartidas con lo más rancio de la ultraderecha local.

Álvarez proviene de lo más reaccionario de la política local. Es un caserito de los infames programas de Willax. Es un terruqueador profesional, que incrimina toda protesta popular como asonada subversiva y promueve en consecuencia la represión de las libertades ciudadanas. Detesta a la generación Z, a la que califica de banda y heredera del MRTA. Aparte de eso, es todo un exponente de la discriminación racial, sexual, clasista y otros tipos de odio. En un artículo publicado el 21 de enero, en “Expreso”, con el título abiertamente provocador de “Maricones y beatos”, Álvarez se dolía y se lamentaba porque, escribía él, han desaparecido los programas cómicos, “pues hoy es inadmisible cualquier burla al viejo, al homosexual, al negro, al serrano, al tonto, al gordo. Así, fueron prohibidos personajes como la Paisana Jacinta y marcas inocuas como la mazamorra La Negrita. Los ciudadanos, en general, aprendimos a callar nuestras opiniones por miedo al bullying de los radicales”.

Así pues, este señorón se queja de que la “libertad” de insultar, ridiculizar, injuriar, ofender o hacer escarnio de las personas integrantes de colectivos sociales minoritarios o vulnerables se haya vuelto cada vez más estrecha por culpa de los “radicales”. Aparte de que miente descaradamente, porque nunca se ha formulado una prohibición legal contra programas o marcas en nuestro medio, Álvarez no puede, ni quiere, comprender que, poco a poco, la opinión pública ha ido cambiando en nuestro medio, especialmente entre las nuevas generaciones, mientras él se atrinchera en la mentalidad tradicional discriminadora. El tipo reniega porque ya no puede cholear con la “libertad” de antes. Es incapaz de reconocer y darles la bienvenida a la igualdad y al respeto.

¿Hará algo esta administración de pornotroles para contrarrestar la ola de criminalidad? Hay que dudarlo. Está demostrado que el problema no interesa a la coalición mafiosa que los ha ungido de primeros espantajos de la república. Servirán seguramente para el proyecto de intrusión en el poder judicial y de disciplinamiento de los jueces que defienden sus fueros y competencias, así como para el plan de manipular las elecciones generales de 2026 y garantizar la continuidad del pus en el poder. No se ve que tengan otra utilidad. Llegado el caso, incluso, la costra que padecemos podría desecharlos y sustituirlos por otros hombres de paja, por otros peleles. No cabe esperar nada bueno de este gobierno de transición. Debemos persistir en luchar por la restitución de la democracia. Tarde o temprano lo conseguiremos.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 754 año 16, del 17/10/2025

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17 de octubre de 2025

Perú: Idiotas, no somos

Patricia del Río

El Congreso quitó el fusible Boluarte y demostró que tiene todo el control

Hoy, viernes 10 de octubre, al momento en que escribo esta columna, el Perú amanece con un nuevo presidente. El congresista José Jerí Oré, en su calidad de titular del Congreso, asumió el cargo luego de que Dina Boluarte fuera destituida del gobierno por mayoría absoluta durante la madrugada. El proceso —como lo han sido todas las últimas vacancias de las que hemos sido testigos— fue violento, acelerado y vino acompañado de un discurso que pretende vendernos la idea de que el Congreso nos ha salvado de la peor lacra que haya gobernado el país en los últimos años. Pero habrá que recordarles a los padres de la patria que idiotas, no somos.

Dina Boluarte tenía que irse, y nadie llorará su partida. La indolencia, frivolidad y absoluta ineficiencia a la que nos sometió durante dos años y 306 días hacían su permanencia en la presidencia de la República insostenible. En realidad, debió irse mucho antes. Debió hacerlo cuando, recién iniciado su mandato, ordenó reprimir con brutalidad las protestas que consideraban su nombramiento ilegítimo, dejando cincuenta peruanos muertos a manos de las fuerzas del orden. Debió irse cuando fue incapaz de explicar por qué lucía lujosos relojes Rolex que claramente no podía comprar con su sueldo. Debió irse cuando abandonó sus funciones de presidenta para operarse la nariz y rellenarse los pómulos con ácido hialurónico. Y debió irse todas las veces que un peruano murió asesinado por las mafias que su gobierno no solo no quiso controlar, sino que benefició con leyes laxas que impedían su desmantelamiento.

Pero no se fue. Durante dos años y 306 días vimos cómo se acumulaban las mociones de vacancia que los poquísimos congresistas de oposición presentaban, a modo de gesto simbólico, sabiendo que sus aliados en el parlamento las archivarían. Durante esos meses —y años— en que tuvimos que soportarla, la ciudadanía, que la castigaba con niveles inéditos de desaprobación (98 o 99 %), tuvo que asistir impotente al espectáculo de un Congreso plagado de forajidos y oportunistas que la protegía y la apañaba a cambio de leyes mafiosas y prebendas políticas.

Los poderosos partidos de César Acuña (APP), Keiko Fujimori (Fuerza Popular), Rafael López Aliaga (Renovación Popular), José Luna Gálvez (Podemos) y demás grupetes no se cansaron de aprobarle gabinetes impresentables, de cubrirle los delitos y de librarla de cualquier responsabilidad penal por sus reprobables acciones. Solo cuando descubrieron que la señora era un lastre para sus fines electorales se atrevieron a librarse del bulto.

Y aquí estamos los peruanos otra vez, con nuestro octavo presidente en ocho años, asistiendo asqueados a un espectáculo que nadie se cree. Vergonzosos resultan los discursos de los congresistas que hoy piden disculpas por no haber escuchado el clamor del pueblo. Se deberían lavar la boca con jabón los líderes políticos que ahora, con el ceño fruncido, intentan desmarcarse de quien fue su aliada más funcional. Porque la mejor muestra de que siguen despreciando al pueblo al que dicen hoy escuchar es habernos dejado a José Jerí Orué al mando, un presidente acusado de violación y de múltiples delitos, que lo descalifican de plano para conducir una etapa de transición tan compleja como la que enfrentamos.

Con un títere en la presidencia de la República y un fujimorista rabioso (Fernando Rospigliosi) en la presidencia del Congreso, lo único que han dejado en claro las bancadas cómplices de Dina Boluarte es que la mafia que apañaba a Boluarte continúa. Y la verdad es que pocas garantías nos quedan de tener elecciones limpias en este tenebroso escenario. Sí, Dina se fue, pero la podredumbre persiste.

Fuente: https://jugo.pe/nuevo-gobierno-poder-oculto-analisis/