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15 de diciembre de 2025

El minero Trump

Pedro Francke

"En relación a los minerales raros es que ni siquiera sabemos cuánto tenemos y cuánto sale al extranjero"

Un elemento crítico en la disputa mundial entre Estados Unidos y China son los minerales raros de valor estratégico. Son escasos y poco conocidos, con nombres como germanio, telurio o vanadio. Se requieren en cantidades muy pequeñas, pero son esenciales para nuevas tecnologías que hoy despegan, como las supercomputadoras para la Inteligencia Artificial y las energías renovables. El Perú tiene estas llamadas “tierras raras” por las cuales las potencias hoy se pelean.

Luego de que Trump pusiera altos aranceles a los productos industriales chinos, el arma fundamental que ha utilizado China en la negociación ha sido su control mayoritario de estos minerales estratégicos. Estados Unidos quiere romper ese dominio chino. Por eso la Estrategia de Seguridad Nacional aprobada por Trump la semana pasada pone como una de sus prioridades “ampliar el acceso de Estados Unidos a los minerales y materiales esenciales”, lo que en su visión para el continente americano se señala como un “interés nacional vital y fundamental de los Estados Unidos”.

El problema mayor es cómo planea hacerlo. Trump explícitamente ha reafirmado la Doctrina Monroe señalando que los Estados Unidos “siempre controlará su propio destino en nuestro hemisferio [americano]”, y para que no queden dudas resalta que esa influencia no la tendrán “las naciones extranjeras ni las instituciones globalistas”. Para ello planea “impedir que los competidores posean o controlen activos estratégicamente vitales en nuestro hemisferio” y “ampliar el acceso [de EE.UU.] a lugares de importancia estratégica” (como han calificado al puerto de Chancay). Haciendo explícita su postura intervencionista, lo que hará Trump es “recompensar a los partidos políticos y movimientos de la región que se alineen en gran medida con nuestra estrategia”, como han hecho ya apoyando al golpista Bolsonaro en Brasil, a Milei en Argentina y, más recientemente, tuiteando de modo amenazante en relación a las recientes elecciones hondureñas. Trump no tiene ningún respeto a la soberanía democrática en la región. Otro elemento clave de la estrategia trumpista es aumentar la presencia militar y naval estadounidense en las Américas, como ya lo han hecho trasladando el mayor portaaviones del mundo al Caribe e iniciando ataques a barcos tanto ahí como en el Pacífico, violando el derecho internacional y asesinando gente inocente en total indefensión. Trump pretende justificarse como si se tratara de una lucha contra las drogas, pero esta semana pasada ha quedado ya absolutamente claro que se trata de un pretexto burdo, luego de que indultara a un expresidente hondureño sentenciado por la justicia norteamericana a 45 años de cárcel por favorecer a bandas de narcotraficantes.

Regresemos al interés económico principal de los Estados Unidos en el Perú, que son estos minerales raros y difíciles de encontrar. Estos minerales de valor estratégico suelen salir mezclados, en cantidades pequeñas, cuando se extraen metales como el cobre, oro, zinc u otros. En varias regiones del país nuestra geología y minería es polimetálica; es decir, suelen aparecer los metales base combinados con otros. Por ejemplo, en varios yacimientos el cobre sale junto con cantidades menores de oro, plata o molibdeno. Nuestro primer problema como nación en relación a los minerales raros es que ni siquiera sabemos cuánto tenemos y cuánto sale al extranjero. En el Perú no tenemos ninguna refinería o procesamiento básico que permita separar esos minerales raros, capacidad que a nivel mundial está mayormente establecida en China. Pero aún sin eso, se podrían hacer análisis químicos en los concentrados de cobre u otros metales que exportamos para determinar si están presentes estos minerales raros, cuantificarlos y valorizarlos. Sin embargo, las empresas que exportan nuestros concentrados de cobre y otros minerales no entregan análisis completos a la Sunat, así que no sabemos cuánto sale de estos minerales. Obviamente, a las transnacionales les conviene llevarse ese valor nacional sin siquiera declararlo y ya en su país procesar esos concentrados, extraer, además del cobre, los minerales raros que pueda haber y obtener así una ganancia adicional evadiendo impuestos. Sólo por el telurio, una de estas “tierras raras” que hay en nuestras exportaciones de cobre, un estimado hecho por la ONG CooperAcción es que habría más de 30 millones de soles no declarados por año. Su estudio resalta que “se cuenta con información multielemental de, por lo menos, 34 especies químicas, pese a que la información de producción del Minem solo presenta valores de 12. Es decir, el Estado solo le hace seguimiento a 35% de los minerales que pueden estar presentes en los concentrados”.

Las grandes transnacionales sí analizan el tema en detalle. Como ejemplo, CooperAcción cuenta que “se pudo acceder de modo confidencial a información de un proyecto de exploración con análisis de 37 elementos químicos presentes en los sondajes de perforación minera”, información que las empresas mineras guardan en secreto.

En este escenario, ¿Qué viene haciendo el gobierno? Hace un par de semanas por un artículo publicado por el actual embajador del Perú ante Estados Unidos, Alfredo Ferrero, nos enteramos de que sobre el tema de los minerales raros ya hay relaciones con “funcionarios de alto nivel” de ese país, con la orientación de “contribuir a la seguridad de los Estados Unidos”. El gobierno no ha informado al país al respecto ni establecido cuáles son los objetivos nacionales. Ferrero, muy cercano a las transnacionales y la Confiep, fue nombrado por Dina Boluarte y ratificado en el cargo por Jerí, muy indicativo de que su política proyanqui tiene continuidad. A eso se añade que la semana pasada el Congreso ha dado permiso para que fuerzas militares estadounidenses actúen en territorio peruano durante todo el 2026. Lo ha hecho justo cuando barcos y aviones norteamericanos se vienen desplegando en el Caribe y Trump ha anunciado que iniciarán operaciones armadas en suelo sudamericano. Sobran comentarios.

11-12-2025

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 762 año 16, del 12/12/2025

https://www.hildebrandtensustrece.com/

7 de diciembre de 2022

LA CONTROVERTIDA FILANTROPÍA DE LOS BILLONARIOS

Alejandra Ruiz León

Unas reflexiones sobre el “altruismo efectivo”

En el Evangelio de san Mateo, Jesús dijo a sus discípulos que era más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja a que un rico entre en el Reino de los Cielos. Aunque ningún camello ha pasado por el ojo de una aguja, varios millonarios y billonarios están intentado comprar su pase al paraíso amparados en sus fortunas creadas a punta de tecnología: es conocido el interés de la mayoría de ellos por la filantropía, en parte para ayudar a causas que consideran dignas de sus fortunas, mejorar su imagen y, como todos sabemos, para promover la idea que es mejor un millonario caritativo que uno que paga sus impuestos.

En efecto, las nuevas tecnologías prometen nuevas formas de filantropía y, al mismo tiempo, usan la caridad como pantalla para desarrollar una tecnología que puede ser cuestionable. Por ejemplo, muchos abogaban por el uso de NFT —imágenes digitales que supuestamente no se pueden reproducir—, para apoyar a artistas emergentes. En la realidad, no hay evidencia de que la mayoría de los artistas que usan esta tecnología sean “pequeños”, o que las NFT cuestionen las jerarquías en el mundo del arte. De la misma forma, algunas criptomonedas se asociaron al mundo de la filantropía y prometieron ganancias para las organizaciones que aceptaran donaciones en criptomonedas o que buscaran invertir sus donaciones en criptomonedas para conseguir una mayor inversión.

No voy a negar que soy de las primeras optimistas que espera que exista más progreso tecnológico. Sin embargo, nuestra esperanza en la tecnología no nos debe cegar, llevándonos a pensar que la tecnología lo puede todo. Es humano pensar —y repetir— que si la tecnología puede cambiar nuestra realidad, también puede ser usada para cambiar cómo ayudamos a otros. Igualar una mejor tecnología a un mejor tipo de caridad ignora que la tecnología también puede crear problemas y que, antes de promover una tecnología, debemos pensar en qué problemas pueda ocasionar.

La idea de que la tecnología puede ayudarnos a ayudar a otros de la mejor manera no es un concepto nuevo, ni recién capta el interés de los tecnomillonarios. Sin embargo, sí es una idea que ha cogido más fuerza en las últimas décadas, especialmente en ambientes de innovación y universidades. Es la misma ambición de siempre, pero con otros códigos. Uno de los movimientos más reconocibles de esta propuesta es el “altruismo efectivo”, que busca una filantropía más objetiva, menos sentimental y más funcional. El altruismo efectivo es una filosofía, pero también un movimiento social y una práctica financiera que depende de las nuevas tecnologías y de una creencia ciega en los datos.

Así, el altruismo efectivo responde a la concepción de que la opción más ética es la que logra más bien para la mayor cantidad de gente. Automáticamente, solemos pensar que nuestros actos de bien no siempre responden a los números y que en muchas ocasiones tenemos que abogar por acciones caritativas que beneficien solo a unas minorías, pues son estas las que tienden a olvidarse. El altruismo efectivo se ha asociado a diferentes sectores tecnológicos no solo por el uso de las tecnologías para decidir qué proyectos benéficos necesitan apoyo tecnológico, sino también por el postulado de que si alguien puede generar millones con una tecnología, luego podrá donar los resultados de sus negocios para el bien de la humanidad. Algunos de sus promotores, asociados a universidades de élite de Occidente, también promueven que uno debe decantarse por aquellas profesiones con un mayor retorno económico y así luego retribuir a aquellos que lo necesitan, en lugar de involucrarse directamente con aquellas comunidades necesitadas.

Es comprensible que esta filosofía acompañe los ideales de muchos CEO de empresas tecnológicas, puesto que promueve la idea de que a los genios hay que darles rienda suelta para hacer dinero porque al final del día lo donarán. Aunque el altruismo efectivo no promueve la desregulación, ni su mantra es que el fin justifica los medios, sus postulados pueden confundirse con las promesas de que la caridad justifica el avance de cualquier tecnología.  Además, el altruismo efectivo promueve el largoplacismo, dando más importancia a los problemas del futuro que podemos prevenir hoy, en lugar de afrontar los problemas del presente que afectan a millones de personas. Esta idea también resuena en muchos innovadores, y ejemplo de ello son los debates sobre cómo evitar la desigualdad en futuras instalaciones humanas en Marte, ignorando que la exploración espacial es relevante solo para un grupo selecto de personas o que el efecto ambiental que esta industria provoca afecta a las poblaciones más vulnerables al cambio climático.

Hasta hace unas semanas, Sam Bankman-Fried, el CEO de la plataforma de intercambio de criptomonedas FTX, era el niño de los ojos del altruismo efectivo. Desde la formación de su empresa, ahora en la quiebra, Bankman-Fried declaraba que el principal motivo para la creación de FTX era ganar para luego donar. Al inicio de este año, FTX anunció su mayor propuesta filantrópica, el Future Fund, con el cual planeaba otorgar 100 millones de dólares a “proyectos ambicioso que mejoren las propuestas de la humanidad a largo plazo”. Con la quiebra de FTX, el Future Fund se ha detenido y algunas ONG beneficiadas podrían estar obligadas a devolver el dinero. Sin embargo, en su página web todavía podemos leer cuáles eran los planes que tenían. Ellos se interesaban en la inteligencia artificial y la concentración del poder, en los riesgos biológicos —como las bioarmas producidas en masa—, en la gobernabilidad espacial, en congregar las opiniones de expertos y promover una prensa más rigorosa. Y, cómo no, promover y expandir la comunidad de altruismo efectivo. Cuando uno lee las propuestas de Future Fund, no puede evitar cuestionarse cuál es el objetivo que buscan alcanzar y, más importante, cómo el Future Fund respondería si algunos de sus proyectos concluían por terminar el uso de alguna tecnología a pesar de su potencial retorno económico. Como la propia web de Future Fund nos confirma, muchas de sus ideas son especulativas.

Quienes nos interesamos en la caída de grandes empresas tecnologías, como FTX, probablemente nunca tengamos los fondos para promover nuestras propias iniciativas filantrópicas. Sin embargo, tal vez sí podamos beneficiarnos o perjudicarnos con las propuestas de los magnates tecnológicos. Si en el futuro solo va a ser la tecnología quien decida a quién y cuándo ayudar, algunos de los problemas más importantes de nuestro país y nuestra región podrían pasar a segundo plano, pues no son significativas en número, o porque sus beneficios solo se ven a escala local. Una aproximación crítica hacia la tecnología, y hacia el potencial benéfico de la misma, nos puede ahorrar ser perjudicados por un millonario que trata de entrar al Reino de los Cielos.