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18 de octubre de 2025

Perú: Hombres de paja

Ronald Gamarra

¿Tanto desprecia la fujiderecha al Perú y a los peruanos que no duda en endilgarles el gobierno a dos tipos con estas características personales turbadoras, por decir lo menos?

Ningún gobierno peruano ha conquistado así de rápido un desprestigio universal tan merecido como el de Jerí. Nombrado presidente en la madrugada del 10 de octubre, con barro y paja, a medianoche, como para que nadie se entere, ya en el curso de ese mismo día la denuncia de violación sexual vertida en su momento sobre él, así como su nada oculta adicción al porno y al lenguaje lascivo y sexista, daba la vuelta al mundo, literalmente. Bastaron menos de 24 horas para convertirlo en una celebridad global para desgracia de la imagen internacional del Perú, tan mellada por la fujiderecha antiderechos humanos y los 49 muertos de su títere Dina Boluarte.

Swissinfo, prestigiosa agencia suiza fundada en 1935, emitió un despacho en el cual destacaba burlonamente que las redes peruanas se poblaron de notas “donde lo apodaban como Pa-Jerí, e imágenes y emoticonos de violines, en referencia a la denuncia por violación que enfrentó a inicios de este año”. Lo mismo ocurrió con un despacho de la agencia EFE. Por su parte, la BBC calificó a Jerí de figura controvertida, que “no ayudará a calmar el panorama”, precisando que enfrenta señalamientos varios por corrupción y presunto abuso sexual. Una amplia selección de sus tuits rijosos acompañaba cada despacho. El gobierno transitorio nace muerto, destruido, en cuanto a su imagen dentro y fuera del país.

El nombramiento de un presidente del consejo de ministros con una afición compartida por las páginas de jovencitas en cueros no hará sino incrementar la imagen ya “controvertida” del gobierno. Nótese que no se trata de dos chiquillos en trance de descubrir la sexualidad con la curiosidad irrefrenable propia de la edad, sino de dos adultos más que maduros, un par de manganzones, metidos en una web como Instagram, persiguiendo decenas y decenas de páginas de jovencitas destapadas. Jerí ya es virtual cuarentón y su premier Álvarez se va hacia los 70. Es ridículo que estén merodeando por una web donde abundan adolescentes y mozas.

No soy moralista, tampoco misionero, ni mucho menos predicador. Simplemente observo, como todo el mundo, un comportamiento deleznable, impropio de dos señorones que pretenden gobernar un país donde el abuso a la mujer y a niñas y adolescentes es una pandemia en permanente crecimiento. ¿Tanto desprecia la fujiderecha al Perú y a los peruanos que no duda en endilgarles el gobierno a dos tipos con estas características personales turbadoras, por decir lo menos? ¿De verdad no tienen otros representantes? ¿Tan pobre es su semillero político que ya sólo pueden imponernos en el gobierno a un par de pornotrolls en reemplazo de una servil incompetente?

La dignidad tampoco figura en el vocabulario del flamante presidente del consejo de ministros. El mismo día en que le hicieron la propuesta para el alto cargo, Álvarez había publicado un artículo en “Expreso”, en el cual lamentaba la vacancia de Dina Boluarte como una “suma de errores, venganzas e intereses ideológicos”. No le había gustado nada la caída de la mujer de los Rolex. Pero qué rápido cambió de opinión apenas le ofrecieron el empleo. Se nota que es un tipo de reflejos inmediatos cuando se trata de su propia y muy personal mejoría. La miel del poder y sus privilegios lo estimularon para dejarse de opiniones “controversiales”, compartidas con lo más rancio de la ultraderecha local.

Álvarez proviene de lo más reaccionario de la política local. Es un caserito de los infames programas de Willax. Es un terruqueador profesional, que incrimina toda protesta popular como asonada subversiva y promueve en consecuencia la represión de las libertades ciudadanas. Detesta a la generación Z, a la que califica de banda y heredera del MRTA. Aparte de eso, es todo un exponente de la discriminación racial, sexual, clasista y otros tipos de odio. En un artículo publicado el 21 de enero, en “Expreso”, con el título abiertamente provocador de “Maricones y beatos”, Álvarez se dolía y se lamentaba porque, escribía él, han desaparecido los programas cómicos, “pues hoy es inadmisible cualquier burla al viejo, al homosexual, al negro, al serrano, al tonto, al gordo. Así, fueron prohibidos personajes como la Paisana Jacinta y marcas inocuas como la mazamorra La Negrita. Los ciudadanos, en general, aprendimos a callar nuestras opiniones por miedo al bullying de los radicales”.

Así pues, este señorón se queja de que la “libertad” de insultar, ridiculizar, injuriar, ofender o hacer escarnio de las personas integrantes de colectivos sociales minoritarios o vulnerables se haya vuelto cada vez más estrecha por culpa de los “radicales”. Aparte de que miente descaradamente, porque nunca se ha formulado una prohibición legal contra programas o marcas en nuestro medio, Álvarez no puede, ni quiere, comprender que, poco a poco, la opinión pública ha ido cambiando en nuestro medio, especialmente entre las nuevas generaciones, mientras él se atrinchera en la mentalidad tradicional discriminadora. El tipo reniega porque ya no puede cholear con la “libertad” de antes. Es incapaz de reconocer y darles la bienvenida a la igualdad y al respeto.

¿Hará algo esta administración de pornotroles para contrarrestar la ola de criminalidad? Hay que dudarlo. Está demostrado que el problema no interesa a la coalición mafiosa que los ha ungido de primeros espantajos de la república. Servirán seguramente para el proyecto de intrusión en el poder judicial y de disciplinamiento de los jueces que defienden sus fueros y competencias, así como para el plan de manipular las elecciones generales de 2026 y garantizar la continuidad del pus en el poder. No se ve que tengan otra utilidad. Llegado el caso, incluso, la costra que padecemos podría desecharlos y sustituirlos por otros hombres de paja, por otros peleles. No cabe esperar nada bueno de este gobierno de transición. Debemos persistir en luchar por la restitución de la democracia. Tarde o temprano lo conseguiremos.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 754 año 16, del 17/10/2025

https://www.hildebrandtensustrece.com/

3 de agosto de 2025

Perú: Niñas doblemente condenadas

Ronald Gamarra

"Empezaron una campaña de intimidación al personal médico y sanitario"

Cada día, en nuestro país, cuatro niñas entre 10 y 14 años de edad pasan precozmente a convertirse en madres. En total, 1,611 niñas de este rango de edad se convirtieron en madres en el año 2022. No solo eso. Cada día, 9 niñas de esa edad quedan embarazadas. Es decir, 3,285 en un año. Estos datos estadísticos provienen del registro de la oficina de la UNFPA en el Perú, entidad de la Organización de las Naciones Unidas para la salud sexual y reproductiva. Como todos sabemos, las relaciones sexuales con menores de 14 años están prohibidas por ley penal y configuran el delito de violación. Cada año se perpetran alrededor de 10 mil violaciones sexuales de niñas.

Esta estadística del abuso y la vergüenza se mantendrá o incluso se incrementará gracias al celoso fanatismo ultrarreligioso de la congresista Milagros Jáuregui, que hace apenas unas semanas celebraba eufóricamente haber logrado bloquear la actualización del protocolo de aborto terapéutico del Instituto Nacional Materno Perinatal, de manera que no incluya el aborto terapéutico de las niñas embarazadas por violación que, por lo mismo, sufren afectación en su salud mental. Qué tal crueldad infligida desde el Congreso, con Jáuregui como cabecilla, contra niñas a las que obliga a ser madres después de una violación, niñas cuyos cuerpos y desarrollo psíquico no están preparados para la dura prueba de gestar y parir. Niñas que deberían seguir siendo niñas, no madres a la fuerza por violación.

La congresista Jáuregui proclama haber conseguido “un histórico logro provida”. No hay duda de que se trata de un resultado a favor de su agenda ideológica. Lo que no tiene presente es que su logro ideológico se levanta sobre la ruina de la vida de niñas indefensas, que no han llegado a la madurez. Se trata de algo que puede agradar a seres privados de compasión. Dicen, en su extremo fanatismo, que lo hacen por su convicción de defender la vida humana desde la concepción. Para aquellos a quienes un cigoto, que está muy lejos de ser un feto, vale más que la vida y la salud de una niña de diez años.

El embarazo de las niñas por violación es una de las peores formas de tortura que algunos fanáticos trabajan por normalizar socialmente. Para personas como la congresista Jáuregui, la niña violada está obligada a gestar y parir el hijo de su violador, y para ello está forzada a arrostrar todo el perjuicio del embarazo precoz para su salud física y mental, a sufrir en silencio el peligro para su propia vida y su integridad corporal y psíquica. Esto demuestra a qué extremos de ensañamiento hacia la infancia están dispuestos a llegar los sectarios autodenominados provida en su “lucha ideológica”.

El “logro” de la congresista Jáuregui es parte de una campaña que los llamados grupos provida vienen llevando a cabo contra los derechos de la infancia, muy especialmente contra la aplicación del aborto terapéutico, que en nuestro país está admitido desde el Código Penal de 1924, hace más de un siglo. Sin embargo, en todo este tiempo su aplicación estuvo mediatizada y hasta neutralizada por la falta de normas reglamentarias, en particular el denominado protocolo médico. Esta norma reglamentaria, se aprobó finalmente a mediados de la década pasada, gracias a la presión de la sociedad civil y de los organismos internacionales de defensa de los derechos del niño.

La ofensiva de los extremistas provida no tardó en llegar. Y no solo se trata de que expongan sus argumentos. No, nada de debate. Directamente empezaron una campaña de intimidación al personal médico y sanitario, amenazándolos con demandas judiciales si acataban las normas del protocolo médico. Esta campaña logró que varios equipos médicos de diversos hospitales del país se nieguen a practicar el aborto terapéutico a las niñas embarazadas por violación, por temor a las amenazas de represalias judiciales de estos grupúsculos de fanáticos. Pero esta vez han ido más allá, al someter a su campaña al propio Instituto Nacional Materno Perinatal, que es algo así como la entidad rectora del subsistema de salud materno infantil. En todo esto, ha colaborado el silencio pusilánime de las autoridades del Ministerio de Salud. Es evidente que este ministerio ha caído en manos del oscurantismo, pues en ningún momento ha apoyado a su personal médico, como debía y estaba obligado a hacerlo.

La congresista Milagros Jáuregui controla su propia secta fundamentalista, llamada “La Casa del Padre”. Un reportaje del periodista Alessandro Azurín narra con detalle el control que la congresista y su familia ejercen sobre esta supuesta asociación civil religiosa desde hace ya casi 20 años. Dominio que, entre otros beneficios, les habría permitido amasar un importante patrimonio familiar.

Es sabido que gran parte de estas sectas son en realidad vías para el enriquecimiento de supuestos pastores que se aprovechan de la candidez de los fieles. Por último, no puede extrañar que la señora Jáuregui sea militante de Renovación Popular, el partido de López Aliaga, otro fanático que dice usar cilicio, que dice aplicarse azotes como penitencia y que está enamorado de la virgen María. Cada loco con su tema, pero eso no les da patente de corso para abusar de las niñas embarazadas por violación y negar su derecho a una infancia normal.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 743 año 16, del 01/08/2025

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