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9 de mayo de 2025

Imaginar el mundo sin Trump

Juan De la Puente

El revés de Trump en la guerra arancelaria con China y su tosco retroceso marca el hito más importante en los primeros 100 días de su presidencia. La idea de un estratega rudo, audaz y victorioso se deteriora y es reemplazada por variadas lecturas, desde la que sostiene que preside un gobierno errático contestado por el mundo, hasta aquella que cree que a pesar de sus reveses sigue siendo el líder del resurgimiento de EEUU.

La euforia ultraconservadora mundial de enero ha sido sustituida por un silencio todavía admirativo. En A. Latina se tienen las primeras críticas desde ese sector a Trump, aunque todavía en un tono poco explícito. En cualquier caso, la imagen de Trump tiende a alejarse como referencia de la ultraderecha regional, una independencia emocional que, sin embargo, no dañará sustantivamente el auge extremista en la región. Puede ser que en breve plazo no sea rentable ser trumpista, pero la ultraderecha regional es más que Trump.

Sin desconocer el aspecto universal de la arremetida conservadora, las claves internas de los países latinoamericanos parecen guiarse menos de lo que presumimos de las constantes internacionales, por lo menos en esta etapa de duda sobre una recesión o depresión generada por las guerras arancelarias.

Eso sucede también en EEUU. La encuesta de Gallup de cara a los 100 días de Trump en el poder revela una seria caída de su aprobación. El 45% de estadounidenses lo aprueba, muy por debajo del promedio de la aprobación de presidentes desde 1952, que es de 60%; no obstante, si bien el mayor cambio de humor se registra entre los independientes (que inclinaron la balanza a su favor en las elecciones que ganó con 1,6%) donde la aprobación de Trump cayó al 37%, es entre los votantes republicanos su aprobación sigue siendo alta, situándose en 90%.

El auge conservador posee consistencias estructurales locales que pueden subsistir sin referentes mundiales, inclusive. Esa consistencia puede ser igualmente testaruda cuando se trata de referentes nacionales. En Brasil, estando pendiente un reclamo judicial que anule su inhabilitación, Bolsonaro, cuyo gobierno fue desastroso, tiene una intención de voto que supera el 30% y al parecer goza de capacidad de endose; y en Argentina, los escándalos protagonizados por Milei y el desorden de su gobierno, no impiden que su aprobación se sitúe sobre el 40%, en tanto que para las elecciones legislativas de octubre su partido empata o supera al peronismo en la mayoría de encuestas.

Hay reveses y reveses. Algunos no disuadirán al extremismo regional y operarán como un ejemplo de lo que es posible y realizable. La experiencia de los primeros meses del gobierno de EEUU indica que una política extremista que emerge de una democracia sólida y que se ve limitada por las reglas, quiebra con cierto éxito esas reglas para avanzar en sus propósitos. Si hay una primera lección de Trump II, es que la política extremista está destinada a no ser democrática y tiene espacio para ello.

Trump acumula casi 50 órdenes judiciales contra decretos arbitrarios y a pesar de ello sus decisiones siguen siendo improvisadas, temerarias e inconstitucionales. En 100 días de gobierno, el mandatario de EEUU ha firmado 124 órdenes ejecutivas, contra 162 de Biden en todo su gobierno y, en cambio, solo ha enviado 5 proyectos de ley al Congreso.

La idea sobre que en EEUU se ha desatado una crisis constitucional ascendente es avalada por la evidencia. Luego de una elección democrática se impuso una forma de gobierno de emergencia permanente caracterizada por el uso abusivo del poder y de la mayoría parlamentaria, decisiones impulsivas sin deliberación, coerción abierta a los gobiernos y sustitución autoritaria de sistemas que proveen o garantizan derechos y libertades. La desactivación del Departamento de Educación es un caso clamoroso.

Los académicos de EEUU, pero ya no solo ellos, se refieren a esta política como fascista o neofascista, una caracterización todavía ausente en el debate latinoamericano. Es probable que algunas señas indiquen que esa calificación es temprana en un área que en los últimos 60 años experimentó variantes neofascistas de un corte distinto, es decir, militarizadas y no partidarias, y en algunos casos contrainsurgentes, y que es todavía escenario de experiencias que originándose en experiencias progresistas -Nicaragua y Venezuela- acabaron en formas violentas de autoritarismo corrupto. En cualquier caso, con o sin precisiones conceptuales, A. Latina podría sumar en los próximos años nuevos regímenes depredadores de las libertades.

Los reveses de Trump pueden operar también como señales de lo que será difícil replicar en la región, entre ellos la política nacionalista y proteccionista al mismo tiempo, un cóctel que contiene otras claves, especialmente la crítica al llamado globalismo, argumento en el que se sustentan las campañas conservadoras iliberales contra el sistema de las NNUU, el enfoque de género, cambio climático y la transición energética, entre otros.

A. Latina es una región con economías en general abiertas, con tratados de libre comercio, inmersas en dinámicas asociativas diversas. Una relativa diversificación de su comercio ha convertido a la región en un área donde es difícil implementar políticas proteccionistas esencialmente como una herencia neoliberal, aunque tres de sus economías, Argentina, Brasil y México, registran más normas proteccionistas que en otros países. Extrañamente, los grupos ultraconservadores en los tres países mencionados y en los otros en la región profesan una firme adhesión neoliberal en lo económico cruzada con un conservadurismo político y moral igualmente duro.

¿Es posible la compatibilizar neoliberalismo económico con conservadurismo político y moral? En la teoría si, y cierta práctica así lo acredita, aunque mientras dure el gobierno de Trump los principales riesgos de una política económica aperturista provienen precisamente de EEUU interesado en nuevas relaciones comerciales privilegiadas que no pasen por los tratados de libre comercio conseguidas a través de un juego de presiones arancelarias a los países que comercian más con China, la presión a sus empresas para poner fin del nearshoring y el deseo de controlar la exportación de recursos estratégicos. No olvidemos que A. Latina tiene el 50% de las reservas de litio del mundo y el 17% de tierras raras.

Paradójicamente, el éxito del MAGA de Trump depende del fin del libre comercio de A. Latina.

Con o sin Trump en escena, la política ultraconservadora tiene espacio en Latinoamérica. Su principal baza es la crisis de la democracia liberal y de las experiencias progresistas. El trasvase de la derecha tradicional hacia la ultraderecha -Perú. Argentina, Colombia, Ecuador, Chile- y el increíble inmovilismo de la izquierda no autoritaria garantizan esta capacidad de movimiento.

Es obvio que las posibilidades son desiguales. En los países donde la ultraderecha ha capturado una parte del Estado -Perú, Ecuador y Guatemala- el terreno es más inclinado y desafiante y es menos resistida la conexión entre los caudillos extremistas y las masas.

Por otro lado, si bien la esperanza no tiene que ser, necesariamente, democrática, altruista y racional, el límite de las políticas contra la democracia es la política democrática en las instituciones y en las calles. Ahora mismo, en EEUU decenas de miles se manifiestan contra el gobierno en tanto los jueces, universidades y autoridades locales y estatales le plantan cara.

https://larepublica.pe/opinion/2025/04/27/imaginar-el-mundo-sin-trump-por-juan-de-la-puente-hnews-2182410

28 de abril de 2025

El dragón no tiene miedo al águila

Hedelberto López Blanch

El presidente Donald Trump ha impuesto abrumadores aranceles a China sin darse cuenta que no es lo mismo tratar a Beijing en este siglo XXI de la misma forma que lo hizo Estados Unidos con Japón en la década de 1980.

En su afán por debilitar a China, país que Washington observa como su principal enemigo económico y político, Trump ha lanzado una guerra de aranceles para los productos que importa desde esa nación, los que han ido subiendo desde un 20 % a un 145 %. El gigante asiático respondió imponiendo un 125 % a los productos estadounidenses importados a su país.

El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, Lin Jian, declaró que Beijing no está interesado en una lucha, «pero no temerá si Estados Unidos continúa con sus amenazas arancelarias.

«Nunca nos quedaremos de brazos cruzados para ver cómo se priva al pueblo chino de sus derechos e intereses legítimos, y tampoco para ver cómo se socavan las normas económicas y comerciales internacionales y el sistema comercial multilateral. Si Washington insiste en continuar una guerra arancelaria o comercial, China luchará hasta el final», añadió.

El Ministerio de Comercio del gigante asiático sentenció que “los supuestos aranceles recíprocos de Estados Unidos a China son infundados y representan un acoso unilateral […] la amenaza de escalada arancelaria agrava su error y expone su naturaleza chantajista, algo que China jamás aceptará”.

Esta misma política de coerción fue impuesta por Washington contra Japón en la década de 1980 durante el gobierno de Ronald Reagan, país al que veía en ese momento como la principal amenaza para mantener su hegemonía económico-financiera mundial.

Cuando Reagan asumió el cargo en 1981, Washington comenzó a presionar a Tokio para que abriera su mercado a las compañías estadounidenses y redujera el desequilibrio comercial entre los países.

Esa nación admitió primero algunas medidas como la limitación de los autos que exportaba hacia su principal socio político y económico pero la campaña contra Japón continuó en el Congreso y en los medios de comunicación por miedo a que le arrebatara el poder comercial a Estados Unidos.

Esto conllevó a que en 1985, por agresivas presiones de la Casa Blanca, cinco países (Estados Unidos, República Federal de Alemania, Francia, Reino Unido y Japón) suscribieran el Acuerdo Plaza, por medio del cual se devaluaba el dólar frente al yen japonés y al marco alemán.

Como era de esperar, eso provocó un aumento de las exportaciones de productos estadounidenses y una reducción de su déficit comercial con la nación nipona y de Europa occidental.

Los economistas Joshua Felman y Daniel Leigh en un informe para el Fondo Monetario Internacional (FMI) explicaron que “las exportaciones y el crecimiento del PIB de Japón se detuvieron esencialmente en la primera mitad de 1986”, y para acabar de rematar a su peligroso contrincante, en 1987 Washington impuso aranceles del 100 % sobre las importaciones japonesas por un valor de 300 millones de dólares, lo que prácticamente le bloqueó el mercado estadounidense y la economía del país asiático colapsó.

Al aumentar el valor del yen los productos japoneses se hacían cada vez más caros, y los países rechazaban a la que había sido una potencia de la exportación. Los esfuerzos del banco central nipón para mantener bajo el valor del yen provocaron una burbuja en el precio de las acciones, y el país entró en una recesión que duró una década. De esa forma se eliminó al peligroso contrincante comercial.

Pero en el siglo XXI la situación es sumamente distinta con respecto a China pues este país no depende de Estados Unidos para mantener e impulsar sus producciones y comercio internacionales.

El gigante asiático cuenta con poderoso desarrollo científico, industrial, fabril y económico, con relaciones con más de 180 países en el mundo adonde puede enviar sus mercancías y recibir a la vez, disímiles productos. Además de una población de 1 417 millones de habitantes con alto poder adquisitivo.

Por tanto no depende de Estados Unidos para su desarrollo como si lo padecía Japón en la década de 1980.

Asimismo cuenta con enormes riquezas en su territorio. Por ejemplo produce el 90 % de las tierras raras del mundo, un grupo de 17 elementos utilizados en las industrias de defensa, vehículos eléctricos, energía y electrónica. Estados Unidos solo tiene una mina de tierras raras y la mayor parte de su suministro proviene de China.

En esta guerra comercial lanzada desde Washington, Beijing respondió con la suspensión de las exportaciones de minerales críticos e imanes, componentes fundamentales para los productores de automóviles, fabricantes aeroespaciales y empresas de semiconductores.

Siete categorías de tierras raras, incluidos artículos relacionados con el samario, gadolinio, terbio, disprosio, lutecio, escandio y itrio, fueron incluidos en el control de exportaciones. Numerosas empresas de punta estadounidense utilizan en sus producciones esos elementos importados desde China lo cual significa un duro golpe.

Las autoridades del país asiático han expresado que las contramedidas a las acciones de Washington tienen como objetivo no solo proteger su propia soberanía, seguridad e intereses de desarrollo, sino también mantener la justicia y la imparcialidad internacional y el sistema comercial multilateral.

Añadieron que si Estados Unidos desea hablar, la puerta permanecerá abierta, pero el diálogo debe llevarse a cabo sobre la base del respeto mutuo y la igualdad. Si por el contrario, quiere luchar, la respuesta continuará hasta el final. La presión, las amenazas y la coerción no son la forma correcta de tratar con China.

Moraleja: no es lo mismo para Estados Unidos tratar a China en este siglo XXI como lo hizo con Japón en la década de 1980. Los tiempos y las condiciones son diametralmente opuesta y Washington podría ser el gran perdedor.

El dragón no tiene miedo al águila.

Hedelberto López Blanch​.. periodista, escritor e investigador cubano, especialista en política internacional.

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

3 de marzo de 2025

La guerra perpetua, Análisis de Jeffrey Sachs sobre el militarismo estadounidense

Andrés Alsina

Jeffrey Sachs advierte que Netanyahu y Washington hunden a Israel en un abismo moral y político

En 1996, cuando Benjamin Netanyahu se convirtió en Primer Ministro por primera vez, elaboró un plan con asesores políticos estadounidenses al que se llamó Clean Break. “Era un plan para una guerra perpetua de los Estados Unidos en el Medio Oriente, para derribar a todos los gobiernos que apoyaban la causa palestina respaldando a grupos como Hamas y Hezbolá”, informó Jeffrey Sachs [1].

Ante lo expuesto por Sachs ante el Cambride Students’ Union, Trump retuiteó a sus palabras. Sachs señala que lo imputado por él al gobierno de Estados Unidos “no es exactamente el discurso de campaña de Trump, no es exactamente el núcleo de la política exterior estadounidense que se puso tan imprudentemente y de manera despiadada en manos de los extremistas israelíes”, comentó.

Al tiempo, el presidente de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, congresista Brian Mast, lideró el camino para que esa Cámara sacara adelante un proyecto de ley “que probablemente pasará por el Senado y será firmado por el Presidente Trump con sanciones contra la Corte Penal Internacional. En otras palabras, no contra Netanyahu, no contra aquellos que cometen crímenes de guerra, sino contra la Corte por señalar crímenes de lesa humanidad”.

Sachs cita una serie de hechos políticos entre Israel y Estados Unidos que a su juicio “significan por supuesto que el gobierno de Netanyahu está tratando de presionar a Trump para que lance ataques con misiles contra Irán. Y Trump no parece estar muy entusiasmado en este momento, a juzgar por algunas cosas que ha dicho, mientras Netanyahu está usando la orden de la CPI como una razón para no ir a Washington”.

Sachs afirma que no hay dudas de que Netanyahu ha estado en pie de guerra contra Irán durante esencialmente 30 años. “Esta no es una historia nueva, y en medio de todas las guerras que ha provocado, Irán es el último en caer. Y esto es muy interesante porque, como mencioné, su entusiasmo por la guerra en Irak y su entusiasmo por la guerra en Siria son absoluta y claramente parte de una agenda que incluía siete guerras. Para avalar esto tenemos muchos testimonios, pero el más importante es el del ex comandante de la OTAN de Estados Unidos, Wesley Clark”.

Poco después del 11 de septiembre, un alto funcionario del Pentágono le entregó a Clark un documento que incluso sorprendió al militar, dijo Sachs. “Y el general Clark ha hablado extensamente sobre esto desde entonces –puedes encontrar sus discusiones en línea–. Lo que decía ese documento era que la política del gobierno de los Estados Unidos incluía siete guerras en cinco años; esta era la lista de Netanyahu y las siete guerras eran conflictos esencialmente en la región árabe más Irán. Así que se extendían por el Medio Oriente y el Noreste de África e incluían al Líbano, Irak, Siria, Irán, Libia, Somalia y Sudan”.

Fritz anticipó la política de las siete guerras.

Esta idea de las siete guerras era de hecho la política ya a finales del 2000, según Dennis Fritz, “un informante muy importante” que en ese momento era un alto comandante de la Fuerza Aérea y que más tarde fue asignado a revisar documentos clasificados sobre la guerra de Irak en nombre de uno de sus arquitectos, Douglas Feith. “Fritz nos ha dicho en un libro llamado Deadly Betrayal que sí, que esta idea de guerras en serie una tras otra era la política a seguir. E Irak fue la primera de las siete guerras”.

“Eligieron Irak porque pensaron que tenían una excusa en una pieza de legislación aprobada en 1998 durante la presidencia de (Bill) Clinton –esto es mucho antes del 11 de septiembre– llamada la Ley de Liberación de Irak. Es asombroso leerla; es una ley que dice que es intención del gobierno de los Estados Unidos derrocar a Saddam Hussein. Tres años después, “el 11 de septiembre se convirtió obviamente en la excusa, en el momento para actuar. Y se decidió, bajo sionistas clave en el gobierno de los Estados Unidos como Paul Wolfowitz y Douglas Feith, que ahora iban a actuar. Y determinaron cuál sería el orden y el primero fue Irak porque pensaron ‘aquí hay una justificación legal mínima que podemos usar para justificar esta guerra’”.

“Pero no puedes ir a la guerra solo con una resolución del Congreso de 1998, así que tuvieron que inventar la historia y en realidad tenían un grupo de políticas dentro del Pentágono dirigido por un hombre llamado Abe Shulsky [2] para crear la narrativa de la guerra. Y Netanyahu desempeño el papel principal en esa narrativa, hizo apariciones especiales en el Congreso de los Estados Unidos diciendo que esto es lo mejor que se puede hacer.

“Ahora bien, lo que sucedió según Dennis Fritz, y es absolutamente fascinante que así haya sido, fue que Estados Unidos se atascó en Irak. Pensaron que era como disparar a peces en un barril, que era algo fácil, que bastaba con eliminar a Saddam. Cosa que hicieron rápidamente, pero luego hubo inestabilidad local y una insurrección (Estados Unidos tuvo que mantener sus efectivos allí de marzo 2003 a diciembre 2011). Eso es algo que el gobierno de los Estados Unidos nunca entiende, nunca considera, porque no se trata de generales sino de política y sociedad, de lo cual estos tontos no saben nada y siempre hacen todo mal, así que se equivocaron”.

“Estados Unidos se atascó en Irak y las siete guerras en cinco años tomaron más tiempo. Pero la agenda se mantuvo, y este es otro punto muy importante sobre la política exterior estadounidense. Es un aspecto que el Presidente Putin ha señalado en muchas ocasiones: los Presidentes van y vienen, pero hay una profunda continuidad. Después de todo, fue bajo Clinton que se firmó la Ley de Liberación de Irak, fue Bush hijo quien lanzó la guerra en Irak, fue Bush hijo en su último año quien invitó a Ucrania a unirse a la OTAN, pero fue Obama quien presidió el golpe que derrocó al gobierno de Yanukóvich en 2014”.

“Y como dijo el Presidente Putin en su famosa entrevista en Le Figaro en 2017, los Presidentes llegan al poder con ideas pero entonces aparecen hombres con trajes oscuros y corbatas azules que les explican la realidad, y ahí se terminan las ideas; nunca se vuelven a escuchar”.

“Simplemente quería decir que uno de los rasgos de las guerras en el Medio Oriente es que siempre llevan de una a otra porque nunca alcanzan ese punto de milagrosa estabilidad y éxito. Cómo podrían hacerlo, cómo podrían, si están yendo en contra de verdades sociales, históricas y políticas profundamente arraigadas. Por lo tanto, la idea de que Israel va a ser el gran imperio del Medio Oriente y que va a imponer eso por la fuerza y con el poder de los Estados Unidos en una región árabe islámica de cientos de millones de personas es claramente absurda, idiota, suicida. Pero esa es realmente la política de estas personas”.

“Ahora están hablando de guerra contra Turquía. De hecho ha habido un informe del gobierno en Israel que dice eso: que necesitamos prepararnos para una guerra con Turquía y que necesitamos empezar a armarnos para luchar contra Turquía. Que por supuesto es un aliado de la OTAN y tenemos a personas como Michael Rubin diciendo que debemos de estar preparados para matar turcos. Así que nunca termina; es simplemente una guerra perpetua. La gente habla de guerra sin fin, pero es guerra sin final, eso es lo que es. Y es un desastre para Israel y su pueblo porque siempre se encontrarán rodeados de amenazas, por lo que habrá paranoia y radicalización dentro de Israel, alimentadas constantemente”.

“Leí un artículo muy, muy perturbador por cierto de Seymour Hersh, que creo que es cierto, donde describe la radicalización del ejército israelí y las cosas que los soldados y oficiales israelíes están haciendo sistemáticamente en Gaza. Ha habido una propuesta realmente horrorosa, supuestamente proveniente de los generales, sobre cómo lidiar con el problema en Gaza, quejándose de que Hamas no ha sido realmente derrotado y que se está reorganizando. Y nuevamente la tesitura es no negociar, simplemente escalar aún más, hacer cosas que agraven los horrores que ya han ocurrido y que te lleven aún más hacia los crímenes de guerra”.

“Tal como dije, esta no es una estrategia ganadora o exitosa, es un abismo, es un abismo moral y político en el que Israel se hunde cada vez más y arrastra a Estados Unidos con él y a cada Presidente que se involucra en ello”.

“En cuanto a si Trump entiende eso, es difícil decirlo, porque la sensación con Trump es que siempre está en un proceso de aprendizaje pero nunca aprende completamente. Al menos esa es la impresión que tengo. Parte del problema es que hay una visión tan dominante de la opinión del círculo en Washington que inevitablemente contratas a personas que continúan con las políticas de ese círculo”.

“Una de las realidades de Trump en su primer mandato y probablemente otra vez ahora, es que independientemente de lo que él realmente crea, muchos de los llamados lugartenientes realizan maniobras para evitar al Presidente. Tenemos estas memorias de John Bolton, una de las figuras más repulsivas de la política estadounidense, quien se jacta de cómo engañó repetidamente al Presidente Trump cuando él era el asesor de seguridad nacional. No le gustaba lo que el Presidente quería, así que encontraba maneras de engañarlo. Esta es la realidad, y tal vez sea el modus operandi que describe el Presidente Putin sobre las personas que vienen y explican las cosas, y que tal vez no expliquen sino que simplemente engañen al Presidente”.

“Cuando se trata del desastre de Israel, porque es un desastre para Israel –y por supuesto un desastre mayor para los palestinos y para el Medio Oriente que ha estado en llamas durante décadas debido a las políticas Israel–, hay dos aspectos distintos en la historia de Israel que se alimentan mutuamente pero que lo están llevando al desastre. Uno es que la política está dictada abrumadoramente por lo militar y por la seguridad. Esto se ve constantemente: si en los Estados Unidos los políticos son hasta cierto punto una distracción, en Israel son el Mossad y las fuerzas de defensa quienes llevan la batuta más que casi cualquier otra parte de la sociedad. Es un Estado militarizado, un régimen militar, un régimen de seguridad, y tiene todas las características profundas de ser un régimen militarizado. Esto significa que no existe tal cosa como la diplomacia, no hay impresión de que el camino hacia la paz tenga una ruta diferente, que consiste en hablar con la otra parte y encontrar una manera de llegar a una solución. Es un país que durante décadas ha abandonado por completo cualquier diplomacia con el mundo árabe, con el mundo islámico en general o con sus vecinos; nada de diplomacia”.

“El otro hecho de Israel que es realmente asombroso y nuevamente contra-intuitivo, a menos que te sumerjas profundamente en ello –y cuando lo haces es tan desconcertante y diferente de cualquier cosa que pienses– es que hay un fervor religioso extraordinario que también alimenta esto, y no me refiero solo al fervor del nacionalismo y al fervor por un Estado judío, etcétera. Me refiero al fervor con textos literales del siglo VI a.C».

“Esto es algo absolutamente inusual: no existe casi en ningún otro lugar del mundo, pero los rabinos extremistas, los colonos ilegales en Cisjordania y las tropas de las FDA están leyendo textos del siglo VI a.C., como el Libro de Josué en el Antiguo Testamento. Que es un libro sobre genocidio, que dice que Dios dio esta tierra a los israelitas y les instruyó que exterminaran a cada hombre, mujer y niño que vivía allí. Uno de los aspectos interesantes de ese fervor es que el texto dice que esta no era la tierra primigenia e indígena del pueblo judío; era tierra conquistada. No solo conquistada, sino conquistada con una serie de genocidios”.

“Bueno, es muy desafortunado si la política pública se moldea de una manera tan absolutamente extraordinaria. Ahora bien, creo que lo que es tan trágico y alarmante de esto desde mi propia perspectiva –no soy un estudioso del Antiguo Medio Oriente ni de los 1.600 años de historia judía bajo estos textos, pero les diré como observador político– es que los fanáticos han perdido su Estado en repetidas ocasiones durante este periodo. Los antiguos judíos tuvieron rebeliones contra adversarios poderosos basadas en un fanatismo que terminó destruyéndolos. Uno de los episodios más famosos es la rebelión contra el Imperio Romano del año 66 al 73 (primera de tres) que llevó a la destrucción del llamado segundo templo en Jerusalén. El punto es que se rebelan contra el Imperio Romano y piensan que es una buena estrategia de Estado. Bueno, terminó con la pérdida del Estado y del templo para esos fanáticos y eso fue seguido durante 1.800 años más; fue un desastre”.

“Ahora, si uno se aleja del fanatismo de las interpretaciones literales de los textos sagrados antiguos y observa una región con 400 millones de personas; si se considera el derecho internacional, la justicia simple, la Asamblea General de las Naciones Unidas, el Consejo de Seguridad, uno no querría perder al Estado de Israel haciendo demandas que son tan contrarias a cada norma estándar y ley que tenemos en la escena internacional. Pero ese es el camino que Israel está siguiendo y que los Estados Unidos han alimentado ciegamente”.

“En la administración de Biden se alimentó un fracaso desesperanzador e imprudente al seguir, apoyar, financiar, armar y proporcionar inteligencia para este conjunto de acciones completamente destructivas, crueles, imprudentes e ilegales de Israel. Y nuestro secretario de Estado, en su entrevista de despedida, dice: ‘No, todo está perfectamente bien’. Bueno, adiós señor Blinken, al menos con Donald Trump regresando tenemos una posibilidad de algo diferente”.

Notas:

[1] Economista y profesor estadounidense, destacado por su trabajo en el campo del desarrollo sostenible, la macroeconomía global y la lucha contra la pobreza. Fue director (2002-2016) del Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia y asesor especial de las Naciones Unidas en relación con los Objetivos del Milenio y los Objetivos de Desarrollo Sostenible. En 2015 recibió el Premio Planeta Azul. Dos veces ha sido incluido en la lista de las personas más influyentes del mundo, elaborada por Time Magazine.

[2] Abram Shulsky es un académico neoconservador que ha trabajado para el gobierno de Estados Unidos, la Corporación RAND y el Instituto Hudson. Shulsky fue director de la Oficina de Planes Especiales. En el período previo a la invasión de Irak en 2003, Shulsky aprobó memorandos con puntos de discusión sobre Irak y las armas de destrucción masiva y el terrorismo. Shulsky es crítico del análisis de inteligencia tradicional, que se basa en el método científico-social, y de las agencias de inteligencia independientes. Shulsky está a favor de un modelo de inteligencia militar que pueda utilizarse para apoyar la política ya que, en sus palabras, “la verdad no es el objetivo” de las operaciones de inteligencia, sino “la victoria”. También trabajó para la administración de George W. Bush en la “Oficina de Planes Especiales”.

Fuente: https://www.elcohetealaluna.com/la-guerra-perpetua/

30 de diciembre de 2024

EE.UU. – Latinoamérica: ejércitos para prevenir el «peligro chino»

Observatorio en Comunicación y Democracia (OCD) - Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA)

El Comando Sur de Estados Unidos es uno de los diez comandos de combate unificado del departamento de Defensa de Estados Unidos, y su jurisdicción  comprende los países de América Latina, con excepción de México, que pertenece al Comando Norte , y 12 islas entre los meridianos 30° y 92° oeste. Tiene su sede en Miami, Florida,

El nuevo jefe del Comando Sur, el almirante Alvin Holsey, asumió el cargo a comienzos de noviembre  con la promesa de reforzar las alianzas con América Latina y el Caribe. “Nuestros adversarios han establecido una fuerte presencia, poniendo en peligro la seguridad y la estabilidad en todo el continente americano”, alertó Holsey, en referencia a los continuos esfuerzos de Rusia y China por ganar influencia en la región.

La anterior jefa del Comando Sur, Laura Richardson, clausuró a mediados de agosto los ejercicios tácticos conjuntos Panamax24, un ejercicio bienal multinacional americano, y volvió a referirse a los graves peligros que  supone la presencia china y rusa en la región, pese a que las únicas experiencias de golpes e invasiones militares sufridas fueron planificadas, impulsadas, avaladas o promovidas desde Washington.

Y habló de la creación de una fuerza multinacional “que requiere coordinación humana, técnica y de procedimientos, para llevar a cabo sus operaciones con eficacia”. Más de 1500 efectivos de las Fuerzas Armadas de EEUU, el Ejército Sur; las Fuerzas Aéreas del Sur; las Fuerzas del Cuerpo de Infantería de Marina, Sur; las Fuerzas Navales del Comando Sur; y el Comando de Operaciones Especiales, participaron en el ejercicio.

Estados Unidos mantiene 6.000 bases militares en su territorio y unas 800 fuera de sus fronteras, de las cuales 76 están en América Latina y el Caribe. La intervención desmedida amenaza ecosistemas, soberanías y arrastra a la región a una imprudente confrontación con Rusia y China.

Entre abril y junio de 2024, se reactivó la  Misión Naval Southern Seas, liderada por EEUU, en la que oficiales de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Perú, compartieron un viaje a bordo del portaviones nuclear USS George Washington, con el  pretexto de una acción en favor de la «protección ambiental» y “lucha contra la criminalidad transnacional”.  Su verdadera intención era otra: consolidar su control militar en la región.

En abril, el libertario presidente de Argentina, Javier Milei se reunió en Ushuaia, la ciudad más austral del mundo, con la generala Richardson, donde reafirmó su compromiso con la alianza estratégica con EEUU. en defensa de «la vida, la libertad y la propiedad privada». Y anunció la construcción de una base naval conjunta en Ushuaia, un gasto que ya incluyó Milei para el presupuesto 2025.

Uno de los casos más alarmantes del paso de la militarización estadounidense en América Latina es la Isla Gorgona, en Colombia: 61.685 hectáreas de área protegida, hogar de 381 especies de peces, 155 de aves, 35 de reptiles, siete de anfibios y 430 tipos de plantas. Este santuario natural está bajo amenaza por la construcción de una base militar estadounidense, con un muelle de 170 metros y una torre de comunicación, con innumerables riesgos potenciales para la fauna local.

En agosto, en el desierto de Atacama, 200 miembros del ejército estadounidense capacitaron a 400 militares de Chile y Argentina, en el marco de ejercicios llamados Southern Fénix 2024, donde estrenaron el sistema de cohetes M 142 Himars, prólogo de la firma de un acuerdo de 106 puntos entre los ejércitos de EEUU y Chile para la  capacitación militar de parte de EEUU y ejercicios de entrenamiento bilaterales y multinacionales, como el que tuvo lugar en el desierto de Tarapacá, donde por primera vez se desplegaron los sistemas de artillería M142 Himars en América Latina.

El 14 de diciembre de 2024, el gobierno ecuatoriano del ultraderechista Daniel Noboa autorizó  que Estados Unidos instale una base militar en las islas Galápagos. Este acuerdo permite la presencia de buques, submarinos y personal militar con la justificación de combatir el narcotráfico, la pesca ilegal y otras actividades ilícitas marítimas. Sin embargo, las fuerzas estadounidenses están exentas de pagar tasas administrativas y reciben inmunidades diplomáticas similares a las del personal de embajadas, lo que genera controversias legales y éticas.

A pesar de la prohibición constitucional de bases extranjeras desde 2008, el gobierno de Noboa impulsa una reforma parcial para eliminar esta restricción. La de Galápagos sustituirá a la base estadounidense en Manta, que operó entre 1999 y 2009 hasta ser cerrada por el presidente Rafael Correa. Críticos calificaron la decisión como un “servilismo colonial” que ignora los intereses nacionales y la soberanía de Ecuador

Desde Panamá se ha confirmado un gran incremento de la actividad militar de Estados Unidos en la región que está utilizando al país como base de operaciones estratégicas. La Central Nacional de Trabajadores de Panamá (CNTP) denunció públicamente la presencia de aeronaves militares estadounidenses- C-17 Globemaster III, helicópteros Sikorsky UH-60 Black Hawk y Bell UH-1h-  en el aeropuerto Howard, ubicado en las afueras de la capital panameña y en el aeropuerto internacional Panamá Pacífico.

El Comando Sur sostienen que América Latina no se beneficia de los recursos que China extrae de la región y destacó la importancia de la competencia en la construcción y operación de infraestructura crítica con los países vecinos para combatir el crimen organizado. Recordó que 21 países de la región firmaron distintas iniciativas de acuerdo con China.

El objetivo central del Comando Sur para la región es el de impulsar guerras regionales (proxy) contra quienes defienden valores soberanos, con el propósito de desmembrar los vínculos de estos países con los BRICS+. En forma concomitante, es preciso fracturar o debilitar la configuración de un nuevo orden internacional autónomo del globalismo financiarista afín al injerencismo comandado por OTAN, el G7 y el FMI. Y por ello aparece como prioritaria la demonización de China, que ha superado el PBI de EEUU.

En diciembre de 2023, cinco jefes de agencias de inteligencia y la generala Richardson abordaron los retos que representa la influencia china en la gobernanza y la infraestructura de los países latinoamericanos. Para Estados Unidos, la infraestructura crítica, como los megapuertos y los sistemas de tecnología de información, necesita «ser protegida de influencias extranjeras” que podrían tener intenciones ulteriores, preservando así la autonomía y la seguridad regionales en un mundo cada vez más interconectado. Quizá no saben que para Latinoamérica, EEUU es un país extranjero.

Washington ha instado a las empresas estadounidenses a competir con China por estos contratos internacionales, destacando la importancia de participar activamente en el mercado global para asegurar inversiones y presencia en proyectos estratégicos. Otro aspecto crucial en esta discusión es la relación entre seguridad económica y seguridad nacional.

En el proyecto de presupuesto nacional destinado a financiar al Pentágono durante el año 2025–presentado en julio en el Senado–, se incluye un significativo incremento de las partidas para el Comando Sur y especialmente para la Dirección de Apoyo Técnico de la Guerra Irregular. Los senadores solicitaron un plan pormenorizado y específico por parte del Secretario de Defensa, sobre las políticas y doctrinas que aplicará el Pentágono en relación con las “operaciones subterráneas”,

Por operaciones subterráneas se entienden los rotundos fracasos militares en las operaciones armadas y las invasiones llevadas a cabo por Washington en el último medio siglo (Vietnam, Afganistán, Libia y Siria, por ejemplo). Tras la seguidilla de fracasos se ha generado una nueva doctrina castrense que combina acciones complementarias (conocidas como proxy) de bloqueos económicos, sanciones unilaterales, operaciones cognitivas y combates subsidiarios.

La preocupación no se limita únicamente a la extracción de recursos, sino que se extiende a la seguridad cibernética y la protección de datos. América Latina, como otras regiones, fue y es blanco de ataques cibernéticos, incluyendo ransomware, que debilitaron las redes de información críticas.

Según la analista del Comando Sur, Julieta Pelcastre, el presidente chino Xi Jinping es el «responsable de socavar las democracias en Latinoamérica». Según los informes difundidos por el portal del Comando Sur,  “China busca transformar la información de la región para favorecer su cosmovisión y, en última instancia, socavar los principios democráticos.” Para el Comando Sur, los servidores informáticos del lejano Oriente cumplen con el designio de liderar la vigilancia masiva y la censura de contenidos.

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

5 de noviembre de 2024

Los 228 años de farsa electoral en Estados Unidos

Andrés Gaudin


La farsa comienza un año antes de las presidenciales, cuando los votantes son convocados a elegir quién será el candidato de cada partido y en realidad lo que elijan es a los miembros de una convención que luego hará lo que mejor le convenga a la superestructura partidaria. Así pasó este año con los demócratas, que habían optado por la reelección de Joe Biden y cuando vieron que este patinaba psíquicamente lo cambiaron por Kamala Harris

El martes 5 de noviembre los 336 millones de estadounidenses participarán, votando o mirando votar, de la elección del nuevo presidente del país más poderoso del orbe. El que dirá dónde comenzará y cuándo terminará la próxima guerra. El que señalará cuál será el próximo gobierno a derrocar y ordenará los nuevos bloqueos económicos y genocidas allí donde haya un pueblo dispuesto a defender su soberanía. El que se presenta cómo faro de las libertades y guardián de las democracias, aunque de unas y otras tenga cada vez menos para mostrar. Los adivinos del establishment y los medios dicen que son las elecciones más reñidas de la historia reciente. Que Kamala Harris y Donald Trump están empatados.

 Según académicos y estudiosos de variadas raíces, dadas las características del modelo aplicado para elegir al presidente, esa referencia al empate técnico no tiene valor alguno para imaginarse quién será el nuevo inquilino que albergará la Casa Blanca desde enero de 2025 y por los cuatro años siguientes. Por qué semejante cachetada. Simplemente porque desde hace 228 años (1796), y sin que a nadie desde entonces se le haya ocurrido cambiar las cosas y acatar la voluntad soberana de los ciudadanos, como reza el credo democrático occidental y cristiano, el sistema electoral no tiene en cuenta, desde, siempre, el voto popular. Así de simple, no valoriza la opinión ciudadana.

La farsa comienza un año antes de las presidenciales, cuando los votantes son convocados a elegir quién será el candidato de cada partido y en realidad lo que elijan es a los miembros de una convención que luego hará lo que mejor le convenga a la superestructura partidaria. Así pasó este año con los demócratas, que habían optado por la reelección de Joe Biden y cuando vieron que este patinaba  psíquicamente lo cambiaron, manu militari, por Kamala Harris. El juego se repite después en las elecciones como la del martes, en las que se elegirá un Colegio Electoral que será el que designe al futuro presidente, no importará quién saque más votos, si la demócrata Harris o el republicano Trump.

El Colegio está integrado  por 538 delegados que son, en realidad, los verdaderos electores. En las urnas los votantes optan por uno de los candidatos, pero no es este el que recibe el voto, sino el grupo de «notables» designado por el partido. La elección de delegados no es proporcional, la cosa es a todo o nada. El que obtenga más votos, así fuera uno solo, se lleva el total de los delegados de cada estado (50 más el distrito federal de Columbia). El postulante que de este rejunte resulte beneficiario de los primeros 270 votos del Colegio (la mitad más uno), se lleva como premio la Presidencia de la Unión.

Un premio logrado por el antidemocrático voto indirecto, una modalidad ya extirpado de la democracia global.

La democracia made in USA no es imperfecta ni tramposa. Es una estafa, así está pensada, que no han ni corregido ni disimulado tras más de dos siglos de vigencia. Como el número de delegados del Colegio es par, tres veces en la historia se dio el caso de que cada uno de los candidatos obtuviera 269 colegiados. ¿Cómo lo arreglaron? Resolvieron la «imprevisión» pasándole la pelota a la Cámara de Representantes, que está habilitada para otorgarle la presidencia a uno de los dos candidatos o, si no hay trenza posible, designar a un tercero sacado de la galera de las componendas. Alguien que nunca estuvo en la cabeza de nadie, llevándose por delante, una vez más, a la llamada «voluntad soberana del pueblo».

Fuente: https://www.tiempoar.com.ar/mundo/los-228-anos-de-farsa-electoral-en-estados-unidos/

25 de agosto de 2024

Venezuela: SOBERANÍA Y RESISTENCIA

Luis Varese

Todo el procedimiento estaba preparado de antemano. Un candidato agente de la CIA (vean por favor el carnet a nombre de Edmundo Gonzáles Urrutia, que lo acredita) una Corina Machado delincuencial, lumpenesca en el lenguaje y en la acción, que clama por la intervención extranjera; la Embajada yanki coordinando, el Departamento de Estado pidiendo entrega de actas a las 48 horas cuando la ley da 30 días (en México ayer, 2 meses y medio después de las elecciones, el Instituto Nacional Electoral, recién confirmó la elección de Claudia Sheinbaum como Presidenta).

Los medios de comunicación masivos, a nivel mundial, listos en la línea de carrera, preparados para gritar FRAUDE, en el momento que el patrón lo indique. La Unión Europea y su Vocero representante de petroleras, Josep Borell, condenando las elecciones y la inefable OEA clamando por una revisión acta por acta a las 48 horas y lista para declarar fraudulentas las elecciones.

Las bandas delincuenciales que tuvieron objetivos muy precisos dañando escuelas, centros de salud, hospitales, autobuses, estaciones de metro. Ciudadanos de oposición en las calles.

Ese guión con alguna variante, se conocía de antemano. Lo imprevisto fue el jackeo, de una parte del programa de votación computarizado, realizado desde la República de la ex Yugoeslavia Macedonia, que retrasó llegar al cien por ciento del conteo.

Pretendieron un golpe de estado tal como lo hicieron en Nicaragua en 2018. Con otro detonante, en este caso las elecciones, pero el mismo esquema de utilización de la delincuencia como carne de cañón y el coro de oligarcas gritando fraude a través de los parlantes de la prensa internacional y los aliados de EEUU.

Sin temor, la dirección política de la Revolución Bolivariana se lanzó a esas elecciones. Se preveía la violencia y todo lo que a renglón seguido, ocurrió.

Hoy día hay 2029 detenidos, probablemente muchos de ellos hayan participado por ser arrastrados en la turba. Unos serán juzgados y absueltos y otros condenados, como ocurre en todo estado de derecho. Entre ellos deberán estar los cabecillas pagados y entrenados en sus países de migración, según informan las autoridades. Nada de rasgarse vestiduras a nombre de los derechos humanos.

Por supuesto los autores intelectuales están tranquilos bebiendo sus cocteles en Washington, Miami y Madrid, algotros en Bogotá o Lima.

El Presidente Maduro obtuvo el 51% de votos. Su contrincante el 42%. A este sector descontento hay que prestarle atención. Evidentemente queda mucho trabajo político por hacer y no podrá descuidarse. Pero la economía venezolana se va recuperando a pesar del robo de sus bienes en el exterior, a pesar de las más de 900 medidas de bloqueo y de la afectación brutal de sus ingresos.

El emperador bajó el pulgar y arrepentido, lo tuvo que poner, temblando, en posición horizontal, neutra.

Anthony Blinken, secretario de estado de los EEUU, reconoció a Gonzáles como Presidente, luego, cuando el Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, mencionó que pondría a disposición de los BRICS los bloques de petróleo y de gas comprometidos con los EEUU, el pobre Biden y el propio Blinken retrocedieron y dijeron que Gonzales era ganador de las elecciones, pero todavía no lo reconocían como Presidente de Venezuela. (El que con Guaidó se quema, hasta la cuajada sopla, dirían los Nicas).

Hasta aquí la breve síntesis de lo ocurrido. La agresión contra Venezuela no concluye. Es demasiado lo que está en juego, pero sobre todo es demasiada influencia en el área.

Hacia dónde va el desenlace

A nadie le quepa duda, Maduro es el Presidente de Venezuela y la Revolución Bolivariana continúa, con sus ires y venires, concesiones y radicalizaciones. Maduro anuncia profundización y mayor aceleración en la redistribución de riqueza a través de las políticas públicas y las Misiones.

Es indispensable atender las necesidades políticas y económicas de esos cuatro millones que votaron en contra. Hay que profundizar el modelo socialista venezolano, a pesar de la agresión económica imperial.

Los EEUU requieren del petróleo venezolano, pues sus propias reservas, a decir de los entendidos, están en seria disminución y aquí surge una contradicción favorable a Venezuela, los petroleros yankis saben que con Maduro hay estabilidad. Con un gobierno de la lumpenoligarquía no lo tienen tan seguro, pues no sería de ninguna manera una transición pacífica.

Los EEUU afrontan su crisis de hegemonía de manera brutal. Apoyan, financian y sostienen el genocidio, infanticidio en Gaza, como un anuncio de lo que se nos puede venir, a la humanidad entera. Los halcones yankis, quisieran un desenlace militar, pero saben que no será en el corto plazo. Lo planean para más adelante. Han montado una agresión, vía el Esequibo, con Guyana, los petroleros ingleses y estadounidenses, así como el propio gobierno de Guyana, comprometido en la disputa territorial.

El progresismo y sus prioridades

En este marco veamos a Nuestramérica con dos posiciones desde la izquierda. Por un lado Cuba, Nicaragua y Venezuela con proyectos socialistas.

Cuba con una construcción histórica que cumple 65 años y resiste, indómita, un bloqueo imperial inhumano, ilegal y genocida. Enfrenta hoy una guerra cibernética dirigida a los jóvenes y debe afrontar la aceleración de las medidas económicas acordadas en el Congreso del PCC.

Nicaragua con un proyecto Soberanista, redistributivo, casi autárquico y de mucha satisfacción directa para la población en su conjunto. Es el único país que alcanzó la soberanía alimentaria en Centroamérica.

Venezuela que continúa buscando superar las carencias de producción para el autosostenimiento y que va construyendo un modelo económico propio, a pesar del robo directo de sus empresas en el exterior y con medidas coercitivas de bloqueo enormes.

Estos tres países tienen en común una definida opción Soberanista y una clara posición antiimperialista y por el multilateralismo. En la batalla por la hegemonía que tratan de imponer los EEUU y la Unión Europea, se vuelven aliados inevitables de los BRICS, como instrumento de financiamiento y comercio y por supuesto de China, Rusia, y los países que desarrollan una política anti hegemónica activa.

La sorpresa de Lula y Petro

Pedir que se vuelvan a realizar elecciones en Venezuela, con una supervisión internacional organizada, es de un absurdo inexplicable, desde todo punto de vista. Incomprensible en Itamaraty, la Cancillería brasilera, cometer semejante desacierto sabiendo que jamás iba a ocurrir. Solicitando qué cosa. ¿Una nueva oportunidad para Machado y CIA? ¿No tienen suficiente experiencia con Bolsonaro y la derecha neofascista de su país? ¿Están provocando una guerra interna? ¿A cambio de qué ha hecho esta propuesta Lula? Porque una declaración de este tamaño debe haber sido un acto muy meditado.

Terrible decisión, tontamente avalada por Petro. Será que creen realmente que concediendo ocupan más espacio, ganan tiempo.

No solamente es grave para su relación tan importante con Venezuela, sino para ambos países. Es un golpe muy duro para la construcción de la Unidad de Nuestramérica. Romper con Nicaragua, ahora con Venezuela. Desmarcarse de los procesos radicales en qué les beneficia. Qué pretenden demostrar y ante quién. Incomprensible Lula, incomprensible Petro.

Un autogol que favorece a la derecha internacional, al fascismo creciente, a nadie más. Buscar la prolongación de la duda, del conflicto, regalarle tiempo al enemigo. Realmente buscan generar las condiciones para la guerra, es incomprensible o totalmente reaccionario y queremos concederles el beneficio de la duda.

Lula ha lanzado un misil contra Venezuela, y contra Nicaragua, pero también ha contribuido a debilitar los BRICS, la UNASUR, la Propia CELAC, es decir los espacios de confluencia donde podíamos encontrarnos buscando alternativas reales de unidad, por un mundo nuevo, por el multilateralismo.

No los quemaremos en la hoguera del sectarismo, ni a Lula ni a Petro. Pero una pésima decisión jugando a favor del Imperio, muy difícil de rectificar.

En este mismo marco México, a través de su presidente Andrés Manuel López Obrador se desmarcó de estas posiciones, con la tradicional sabiduría de no entrometerse en decisiones internas de ningún país. Una vez más el gobierno mexicano contribuye a la unidad, buscando soluciones autónomas en cada país y para la región en su conjunto.

Maduro gobernará los próximos seis años.

La derecha, el Imperio, seguirá tratando de derrocarlo. El pueblo venezolano seguirá resistiendo y desarrollando su posición antiimperialista. Ojalá que no veamos la agresión militar tan anunciada.

América Latina deberá continuar siendo un Continente donde no entierren sus sucias garras el imperio y la OTAN. Debemos seguir siendo un continente de paz.

20 de agosto 2024

https://nuestrabandera.pe/2024/08/24/venezuela-soberania-y-resistencia/

23 de agosto de 2024

EE.UU.: la diplomacia de guerra y petróleo

Carlos Fazio

El conflicto poselectoral en Venezuela exhibe la redición de antiguos esquemas de presión, desestabilización y ataques directos a la soberanía nacional del país sudamericano por la diplomacia de guerra de Washington. Así, mientras por un lado el Departamento de Estado ejerce una creciente presión diplomática sobre el eje conformado por Brasil, Colombia y México para llevarlos a su terreno y debilitar su posición como interlocutores y mediadores regionales autónomos, por otro, funcionarios de la administración Biden han intensificado declaraciones que aluden a una eventual reanudación del programa de sanciones contra la paraestatal Petróleos de Venezuela (PDVSA).

Con su carga de ambigüedad estratégica y sobre la base del desconocimiento de los resultados emitidos por las autoridades electorales de Venezuela que dieron como ganador a Nicolás Maduro el 28 de julio, la Casa Blanca busca garantizar la conducción y el tutelaje de la crisis política de alcance regional en función de los intereses de seguridad nacional del imperio, donde el factor energético (petróleo/gas) es fundamental de cara a la elección presidencial de noviembre próximo entre Kamala Harris y Donald Trump.

En medio de una controversia poselectoral que se encuentra en proceso de resolución en el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), la escalada de presiones diplomáticas estadunidenses busca explotar las vacilaciones y contradicciones de los presidentes de Brasil y Colombia, Luiz Inácio Lula da Silva y Gustavo Petro, respectivamente, y fabricar un consenso regional que con la intervención de la moribunda Organización de Estados Americanos (OEA), permita la adopción de una postura más agresiva y hostil hacia el gobierno de Nicolás Maduro.

La reciente propuesta de una repetición de elecciones esbozada por Lula y Petro –que inicialmente respaldó el presidente Joe Biden, luego desmentido por un portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de EU que adujo una mala interpretación de una pregunta periodística–, indica que el camino tejido por Washington en los últimos días ha buscado consumar ese objetivo. Al respecto, cabe consignar que Lula sugirió la formación de un gobierno de coalición o la convocatoria a elecciones con un comité electoral independiente y observadores internacionales, mientras Petro propuso un levantamiento de sanciones, amnistía general, garantías para la acción política y un gobierno de cohabitación transitorio que conduzca a nuevos comicios. A su vez, el mandatario mexicano, Andrés Manuel López Obrador, mostró desacuerdo con esas propuestas, considerando imprudente la injerencia extranjera en asuntos internos de otro país.

Según la interpretación de la página web Misión Verdad, la iniciativa de Lula y Petro, ampliamente rechazada por todo el espectro político venezolano, puede interpretarse como una salida elegante al dilema planteado por las presiones del secretario de Estado, Antony Blinken. Según el medio, con eso intentaron, al mismo tiempo, no conceder a Washington el reconocimiento al candidato opositor Edmundo González –el testaferro de María Corina Machado, financiada por EE.UU. y con derecho de picaporte en la Casa Blanca–, pero tampoco al presidente Maduro el reconocimiento a su victoria ni la validación del contencioso electoral en el TSJ.

Lula y Petro parecen no haber comprendido que, en tiempos de gran polarización geopolítica, jugar en un terreno resbaladizo y oscilante es una pésima señal, en un contexto internacional donde la autonomía estratégica define el perfil de los países en el marco del gran momento multipolar impulsado por potencias como China y Rusia, motores, a su vez, del BRICS+10. Es debido a ese escenario –en el cual Venezuela aspira jugar un rol protagónico a corto plazo dado su papel como eslabón fundamental en la cadena de suministro global de hidrocarburos–, que EU reactivó el hostigamiento económico como principal arma de coerción, ahora bajo la mampara de la crisis poselectoral. Proceso que incluye, además, el virtual alejamiento venezolano del imperio del dólar dado su potencial acoplamiento al BRICS, que está por poner en funcionamiento un nuevo sistema de mensajería financiera similar al SWIFT, que puede acabar con el dominio global del billete verde y reconfigurar el panorama del comercio mundial.

En medio de la escalada de presiones diplomáticas, el programa de exenciones petroleras otorgadas a Venezuela por la administración Biden, así como la intensificación de las sanciones unilaterales, extraterritoriales e ilegales incluye una fase de administración de licencias que permite ajustar el enfoque conforme cambien las circunstancias y urgencias del mercado energético global, así como en criterios de conveniencia en relación con la seguridad nacional y energética del imperialismo estadunidense. Si bien Maduro amenazó con pasar los bloques de petróleo y gas explotados por firmas occidentales a sus aliados del BRICS, no hay que descartar que en esta nueva fase de agresión contra Venezuela, los estrategas en Washington hayan elaborado un plan de contención dirigido a reforzar fuentes alternativas que cubran las necesidades energéticas del país (previsiblemente con la mira puesta en las vastas reservas de arenas bituminosas de Canadá y los nuevos pozos descubiertos en Guinea Ecuatorial y el Golfo de México), a fin de evitar las presiones de grandes empresas como Chevron, Eni, Repsol, Shell, BP y otras, con operaciones y proyectos conjuntos con PDVSA.

En ese contexto, las propuestas pusilánimes y a todas luces injerencistas de Lula y Petro, aunque han servido para frenar la inicial violencia del terrorismo guarimbero de María Corina Machado y la ultraderecha venezolana, y no satisfagan plenamente el objetivo imperial de elevar la hostilidad regional hacia el gobierno venezolano, se traducen en un apalancamiento de la narrativa de desconocer la victoria electoral de Nicolás Maduro y permitiría a la administración demócrata de Joe Biden ganar tiempo, distribuir el foco de atención sin perder el sentido de la escalada multiforme propia de la guerra híbrida en curso y retrasar la imposición de sanciones petroleras que afectarían sus intereses energéticos, en especial en un contexto electoral estadounidense donde un desbalance en la inflación o en los precios de la gasolina, a causa de una medida improvisada, podría seguir catapultando la candidatura del republicano Donald Trump.

Fuente: https://www.jornada.com.mx/2024/08/19/opinion/020a1pol