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22 de noviembre de 2025

Washington, operación de falsa bandera contra Venezuela

Hedelberto López Blanch

Estados Unidos a lo largo de su historia cuenta con una extensa lista de falsas banderas para atacar o invadir a países que no le son afines o para adueñarse de sus riquezas.

Actualmente desarrolla una de esas operaciones contra la República Bolivariana de Venezuela para lo cual ha creado todo un maratón de falsas informaciones en las que acusa a dirigentes de esa nación de ser narcotraficantes, mientras a la par llena la zona del mar Caribe frente a Caracas de numerosos barcos de guerra, incluyendo submarino atómico y el mayor portaaviones del mundo.  

Y es que Estados Unidos cuando va a intervenir en un país lo primero que hace es «crear» una justificación mendaz pero con visos de una falsa «realidad» para que los medios de comunicación lo acompañen y de esa forma tratar de convencer a su pueblo y a la comunidad internacional de que resulta completamente necesaria su programada intervención.

La base principal es mostrar al país, donde ya tienen prevista lanzar las garras del águila, como si allí solo existiera muerte, destrucción y que con la llegada de las fuerzas militares estadounidenses se le devolvería “la paz y la democracia”.

Son muchas las operaciones lanzadas por Estados Unidos contra diversas naciones del mundo y enumerarlas llevarían un largo tiempo, pero citaré algunas de las más relevantes que dan la medida de la agresividad demostrada por Washington para obtener sus objetivos.

El 15 de febrero de 1898 estalló el acorazado estadounidense Maine, que se encontraba en la bahía de La Habana, con la excusa de realizar una «visita amistosa» a una de las dos coloniales que mantenía España en el mar Caribe: Cuba y Puerto Rico.

Murieron 266 marineros e inmediatamente los medios de comunicación estadounidense acusaron a España, sin ninguna prueba, de haber volado la embarcación con una mina submarina. Dos meses después, en abril, ese hecho sirvió de pretexto para iniciar la Guerra Hispano-Estadounidense.

El naciente imperio norteamericano derrotó a las fuerzas españolas y como consecuencia Madrid perdió no solo a Cuba sino también Puerto Rico, además de las Filipinas y Guam.

Prácticamente las fuerzas mambisas cubanas estaban a las puertas de derrotar a los colonialistas españoles después de décadas de enconadas luchas.

Posteriormente, con el pretexto de la doctrina del “Destino Manifiesto”, surgida durante el siglo XIX que cimentó la política expansionista norteamericana, la Casa Blanca intervino militarmente en Haití, Nicaragua y República Dominicana.

Mediante la fabricación del incidente del Golfo de Tonkín el 4 de agosto de 1964 en la que Washington acusó al Ejército Popular de Liberación vietnamita de atacar barcos estadounidenses, se desató otra operación de falsa bandera que dio motivos a la administración de Lyndon B. Johnson para lanzar destructivos ataques contra esa nación asiática.

Documentos desclasificados en 2005 por la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos determinaron que los informes se habían tergiversado con deliberación y que los agentes a cargo de estas operaciones muy posiblemente sabían que era una manipulación. Con esa funesta guerra, Washington quería impedir la influencia de la Unión Soviética y de China en la región asiática.

Años después, con motivo de apoderarse de los ricos yacimientos petrolíferos de Irak (como afirmó en 2007 en sus memorias el expresidente de la Reserva Federal Alan Greenspan) y extender su poderío por el Medio Oriente donde existen extensas zonas de hidrocarburos, la Casa Blanca creó un amplia operación de falsa bandera.

El imperio estadounidense y los medios de comunicación hegemónicos occidentales iniciaron una campaña para acusar a Bagdad de poseer armas de destrucción masiva que serían usadas contra los países vecinos y los propios iraquíes.

Amparado en esa falsa bandera, en 2003 Estados Unidos y una coalición integrada por el Reino Unido y otros países de la OTAN bombardearon e invadieron el país árabe para eliminar al presidente Saddam Hussein. Aún hoy en 2025 Irak sufre las consecuencias de esa demoledora guerra.

Como son insaciables las ansias petroleras de Estados Unidos, el gobierno de Barack Obama demonizó al líder libio Muammar Ghadafi con el fin de derrocarlo. En marzo de 2011, bajo supuestas masacres en Bengasi, fuerzas de Estados Unidos y la OTAN, con la aprobación de la ONU, lanzaron violentos ataques contra el país árabe.

La invasión mató a miles de libios, incluido Ghadafi quien fue torturado y asesinado por fundamentalistas islámicos reclutados, entrenados y armados por el Pentágono, la CIA, Reino Unido y Francia. La verdadera razón fue que Ghadafi quería crear una moneda entre las naciones árabes para sustituir el dominio del dólar.

En Afganistán el pretexto para la invasión fue la eliminación de Osama Bin Laden señalado como el autor de los ataques a las Torres Gemelas en Nueva York y que aún muchos analistas y expertos consideran que fue organizado por el propio gobierno estadounidense y los servicios de inteligencia israelíes.

Por eso las innumerables guerras, golpes de Estado y acciones desestabilizadoras dirigidas contra países que no le son afines, dan la medida de la peligrosidad que se cierne actualmente contra Venezuela pues Estados Unidos durante años ha estado creando informaciones de falsas banderas para demonizar al presidente constitucional Nicolás Maduro Moros y a la dirigencia bolivariana, aunque como se conoce el verdadero objetivo es adueñarse de las reservas de petróleo, oro y otros minerales que posee la nación sudamericana.

Cada vez se hace más necesario detener esa enorme amenaza militar de Washington contra Caracas además, desestabilizaría a todo el Caribe, a la América del Sur y sus efectos podrían alcanzar al propio Estados Unidos.

Hedelberto López Blanch. Periodista, escritor e investigador cubano, especialista en política internacional.

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

29 de octubre de 2025

Si no me obedeces eres terrorista o narcotraficante

Hedelberto López Blanch

​La obsesión del convicto presidente Donald Trump por volver a imponer la Doctrina Monroe en la América Latina ha llegado al extremo de declarar que si un gobierno legítimamente elegido se opone a sus intereses, se le declarará terrorista o narcotraficante.

La última confrontación de Trump con una nación democrática ocurrió recientemente, después que el presidente colombiano Gustavo Petro ofreció ante la Asamblea General de Naciones Unidas uno de los discursos más valientes al denunciar las arbitrarias y agresivas acciones que cometen Estados Unidos, y su actual presidente, contra numerosos países del mundo.

Petro, entre las  falacias que refutó, se refirió a las infundadas acusaciones a Venezuela como un país traficante de drogas y las amenazas militares de Estados Unidos en el Caribe y en específico contra la Revolución Bolivariana.

Y reafirmó «los narcotraficantes viven en Miami, Nueva York, París, Madrid, Dubai. Muchos tienen ojos azules y pelo rubio y no viven en lanchas donde caen los misiles. Los narcotraficantes viven al lado de la casa de Trump en Miami».

Trump primero le retiró la visa al presidente colombiano y ahora canceló la ayuda financiera a Colombia alegando inacción del gobierno en la lucha contra el narcotráfico. Asimismo, con su usual prepotencia, calificó sin pruebas a Petro de «líder del narcotráfico» y dijo que si no cierra los campos de exterminio (drogas), Washington lo hará.

Contra Venezuela, en el afán de apoderarse de sus riquezas naturales como petróleo, gas, oro, coltán y reservas de agua potable, Washington ofreció 50 millones de dólares por la captura del legítimo presidente Nicolás Maduro, quien como su predecesor Hugo Chávez Frías, no ha permitido que la Casa Blanca vuelva a colonizar Caracas como ocurrió en décadas anteriores.

En un movimiento militar sin precedentes, Estados Unidos ha desplegado una fuerza militar en el Caribe con 10 buques de guerra, un submarino nuclear, decenas de aviones, miles de marines y 1.200 misiles para operar cerca de las costas de Venezuela con la vieja excusa de «luchar contra el narcotráfico» y la supuesta droga que entra en Estados Unidos desde esa nación latinoamericana.

De agosto a la fecha, Estados Unidos ha bombardeado siete supuestas embarcaciones de narcotraficantes en el Caribe.

En ninguno de los casos ha presentado pruebas de que las embarcaciones atacadas transportaran drogas ni de que sus tripulantes estuvieran vinculados al narcotráfico pese a que ya ha asesinado a unas 32 personas.

Para Petro, la estrategia de Estados Unidos de juntar «la mal llamada guerra contra las drogas» con «la búsqueda real del petróleo», mediante ataques contra Venezuela, «es un doble fracaso».

Otro de los casos más arbitrarios y extensos por el tiempo es el de Cuba. Washington ha mantenido a la Isla del Caribe bajo un férreo bloqueo económico, comercial y financiero por más de 60 años y además puso al país como patrocinador del terrorismo sin ninguna prueba.

Por el contrario, Cuba ha llevado a más de un centenar de países ayuda solidaria cuando han ocurrido desastres naturales (como ciclones, inundaciones, terremotos) además de enviar a personal de salud experimentado a combatir epidemias como malaria y ébola a diferentes naciones.

Washington no ha podido doblegar al gobierno y pueblo cubanos pese haber lanzado contra la Isla, agresiones, invasiones, atentados y bloqueos. Cuba ha mantenido con estoicidad y sacrificio, desde 1959, su soberanía e independencia y eso les duele a los propulsores de la Doctrina Monroe que intenta imponer nuevamente el derrotero de América para los americanos, o mejor dicho para Estados Unidos.

Son tiempos de unidad en América Latina para luchar contra un régimen antidemocrático establecido en Estados Unidos que intenta nuevamente convertir en neocolonia a toda la región del hemisferio occidental.

Y hay que estar alerta porque un imperio en decadencia es muy peligroso y hará cualquier locura por tratar de preservar un mundo unipolar cada vez más debilitado.

Hedelberto López Blanch​. Periodista, escritor e investigador cubano, especialista en política internacional.  

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

2 de septiembre de 2024

Izquierdistas o derechistas camuflados

Hedelberto López Blanch

Cada día se comprueba que algunos personajes que han llegado al poder en América Latina bajo el manto propagandístico de proyectar posiciones de izquierda solo han estado disfrazados, o mejor dicho infiltrados, para favorecer a Estados Unidos en su objetivo de mantener el control político y económico en la región.

El caso más reciente es el del presidente chileno Gabriel Boric que apoyado por gran parte del pueblo y en especial los estudiantes, triunfó en las elecciones de 2021 bajo la aureola de tener ideas progresistas en contraposición a su oponente ultraderechista José Antonio Kast.

Boric fundó en 2018 Convergencia Social uno de los partidos que conforman el Frente Amplio y jugó su papel para alcanzar un referéndum constitucional en octubre de 2020 tras las violentas represiones estudiantiles lanzadas por el entonces presidente Sebastián Piñera.

Desde su iniciación como presidente en marzo de 2022  se fue acercando a las posiciones de Estados Unidos en la región, especialmente contra los gobiernos progresistas.

Así, a mediados de 2023 arremetió contra el presidente nicaragüense Daniel Ortega, tildándolo de “dictador” y de reprimir a su pueblo a la par que llamaba a la OEA a imponer sanciones contra Managua.

Su apología sobre el expresidente derechista Sebastián Piñera tras su fallecimiento en un accidente en febrero de 2024 resultó verdaderamente vergonzoso.

En un discurso ante el Congreso Nacional afirmó “Despedimos a un político que, desde sus convicciones e ideas, sirvió con amor a la patria y trabajó tenazmente por verla crecer y progresar. Esto me permite afirmar que Sebastián Piñera fue un hombre que siempre puso a Chile por delante, que nunca se dejó llevar por el fanatismo ni el rencor. Todos quienes estamos en política debiéramos tomar nota de estas virtudes”.

Recordemos que ante el aumento del transporte público en 2019, Piñera ordenó a la fuerza pública reprimir las manifestaciones con saldo 45 jóvenes asesinados, centenares de heridos, miles de detenidos que sufrieron vejaciones y violaciones en las cárceles del régimen. Los carabineros, además de lanzar gases lacrimógenos, dispararon escopetas de perdigones contra la cara de los jóvenes por lo que 545 perdieron la visión de uno o de sus dos ojos.    

Ahora, al seguir la política de Estados Unidos hacia Venezuela para tratar de eliminar el ejemplo de soberanía que representa para la región, Boric se lanzó abiertamente contra Caracas al enfatizar que “el Tribunal Superior de Justicia termina de consolidar el fraude. El régimen de Maduro obviamente acoge con entusiasmo su sentencia que estará signada por la infamia. No hay duda que estamos frente a una dictadura que falsea elecciones, reprime al que piensa distinto. La dictadura de Venezuela no es la izquierda. Es posible y necesaria una izquierda continental profundamente democrática y que respete los derechos humanos sin importar el color de quien los vulnere”.

Mientras Venezuela da oportunidades a sus ciudadanos e incrementa los programas sociales, Chile con una extensa lista de violaciones de los derechos humanos, se une a Washington y a la OEA para tratar de derrocar al gobierno Bolivariano.

Otro ejemplo que no se puede dejar de nombrar es el del ecuatoriano Lenin Moreno, que bajo el disfraz de ser un fiel miembro del Partido Alianza País y que trabajaría por el bienestar de su pueblo como lo había hecho su antecesor, Rafael Correa, cambió tras ganar las elecciones en 2017.

Sus relaciones con Estados Unidos aparecieron de inmediato y se fortalecieron en 2019 con las visitas a Quito de Thomas Shannon, ex subsecretario de Estado para Asuntos Políticos, David Hale, ex viceministro para Asuntos Políticos, Mike Pence, ex vicepresidente, y Mike Pompeo, ex secretario de Estado. En febrero de 2020, Moreno viajó a Washington donde fue recibido con todos los honores por Donald Trump con quien firmó varios acuerdos.  

En sus casi cuatro años de desgobierno dejó a Ecuador en una crisis económica-social-sanitaria lamentable, unida a una corrupción institucionalizada, con elevados índices de pobreza y desempleo, y una enorme deuda contraída con el Fondo Monetario Internacional. El daño que le hizo a las fuerzas progresistas de la región fue incalculable.

Ante estos ejemplos, habrá que observar ahora si otros gobiernos que últimamente han llegado al poder con halo de progresistas, siguen el camino de Boric o Moreno y dan la espalda a sus pueblos y a la integración latinoamericana.

Como expresara José Martí: “Vale más un minuto de pie que una vida de rodillas”

Hedelberto López Blanch. Periodista, escritor e investigador cubano, especialista en política internacional.

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

25 de agosto de 2024

Venezuela: SOBERANÍA Y RESISTENCIA

Luis Varese

Todo el procedimiento estaba preparado de antemano. Un candidato agente de la CIA (vean por favor el carnet a nombre de Edmundo Gonzáles Urrutia, que lo acredita) una Corina Machado delincuencial, lumpenesca en el lenguaje y en la acción, que clama por la intervención extranjera; la Embajada yanki coordinando, el Departamento de Estado pidiendo entrega de actas a las 48 horas cuando la ley da 30 días (en México ayer, 2 meses y medio después de las elecciones, el Instituto Nacional Electoral, recién confirmó la elección de Claudia Sheinbaum como Presidenta).

Los medios de comunicación masivos, a nivel mundial, listos en la línea de carrera, preparados para gritar FRAUDE, en el momento que el patrón lo indique. La Unión Europea y su Vocero representante de petroleras, Josep Borell, condenando las elecciones y la inefable OEA clamando por una revisión acta por acta a las 48 horas y lista para declarar fraudulentas las elecciones.

Las bandas delincuenciales que tuvieron objetivos muy precisos dañando escuelas, centros de salud, hospitales, autobuses, estaciones de metro. Ciudadanos de oposición en las calles.

Ese guión con alguna variante, se conocía de antemano. Lo imprevisto fue el jackeo, de una parte del programa de votación computarizado, realizado desde la República de la ex Yugoeslavia Macedonia, que retrasó llegar al cien por ciento del conteo.

Pretendieron un golpe de estado tal como lo hicieron en Nicaragua en 2018. Con otro detonante, en este caso las elecciones, pero el mismo esquema de utilización de la delincuencia como carne de cañón y el coro de oligarcas gritando fraude a través de los parlantes de la prensa internacional y los aliados de EEUU.

Sin temor, la dirección política de la Revolución Bolivariana se lanzó a esas elecciones. Se preveía la violencia y todo lo que a renglón seguido, ocurrió.

Hoy día hay 2029 detenidos, probablemente muchos de ellos hayan participado por ser arrastrados en la turba. Unos serán juzgados y absueltos y otros condenados, como ocurre en todo estado de derecho. Entre ellos deberán estar los cabecillas pagados y entrenados en sus países de migración, según informan las autoridades. Nada de rasgarse vestiduras a nombre de los derechos humanos.

Por supuesto los autores intelectuales están tranquilos bebiendo sus cocteles en Washington, Miami y Madrid, algotros en Bogotá o Lima.

El Presidente Maduro obtuvo el 51% de votos. Su contrincante el 42%. A este sector descontento hay que prestarle atención. Evidentemente queda mucho trabajo político por hacer y no podrá descuidarse. Pero la economía venezolana se va recuperando a pesar del robo de sus bienes en el exterior, a pesar de las más de 900 medidas de bloqueo y de la afectación brutal de sus ingresos.

El emperador bajó el pulgar y arrepentido, lo tuvo que poner, temblando, en posición horizontal, neutra.

Anthony Blinken, secretario de estado de los EEUU, reconoció a Gonzáles como Presidente, luego, cuando el Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, mencionó que pondría a disposición de los BRICS los bloques de petróleo y de gas comprometidos con los EEUU, el pobre Biden y el propio Blinken retrocedieron y dijeron que Gonzales era ganador de las elecciones, pero todavía no lo reconocían como Presidente de Venezuela. (El que con Guaidó se quema, hasta la cuajada sopla, dirían los Nicas).

Hasta aquí la breve síntesis de lo ocurrido. La agresión contra Venezuela no concluye. Es demasiado lo que está en juego, pero sobre todo es demasiada influencia en el área.

Hacia dónde va el desenlace

A nadie le quepa duda, Maduro es el Presidente de Venezuela y la Revolución Bolivariana continúa, con sus ires y venires, concesiones y radicalizaciones. Maduro anuncia profundización y mayor aceleración en la redistribución de riqueza a través de las políticas públicas y las Misiones.

Es indispensable atender las necesidades políticas y económicas de esos cuatro millones que votaron en contra. Hay que profundizar el modelo socialista venezolano, a pesar de la agresión económica imperial.

Los EEUU requieren del petróleo venezolano, pues sus propias reservas, a decir de los entendidos, están en seria disminución y aquí surge una contradicción favorable a Venezuela, los petroleros yankis saben que con Maduro hay estabilidad. Con un gobierno de la lumpenoligarquía no lo tienen tan seguro, pues no sería de ninguna manera una transición pacífica.

Los EEUU afrontan su crisis de hegemonía de manera brutal. Apoyan, financian y sostienen el genocidio, infanticidio en Gaza, como un anuncio de lo que se nos puede venir, a la humanidad entera. Los halcones yankis, quisieran un desenlace militar, pero saben que no será en el corto plazo. Lo planean para más adelante. Han montado una agresión, vía el Esequibo, con Guyana, los petroleros ingleses y estadounidenses, así como el propio gobierno de Guyana, comprometido en la disputa territorial.

El progresismo y sus prioridades

En este marco veamos a Nuestramérica con dos posiciones desde la izquierda. Por un lado Cuba, Nicaragua y Venezuela con proyectos socialistas.

Cuba con una construcción histórica que cumple 65 años y resiste, indómita, un bloqueo imperial inhumano, ilegal y genocida. Enfrenta hoy una guerra cibernética dirigida a los jóvenes y debe afrontar la aceleración de las medidas económicas acordadas en el Congreso del PCC.

Nicaragua con un proyecto Soberanista, redistributivo, casi autárquico y de mucha satisfacción directa para la población en su conjunto. Es el único país que alcanzó la soberanía alimentaria en Centroamérica.

Venezuela que continúa buscando superar las carencias de producción para el autosostenimiento y que va construyendo un modelo económico propio, a pesar del robo directo de sus empresas en el exterior y con medidas coercitivas de bloqueo enormes.

Estos tres países tienen en común una definida opción Soberanista y una clara posición antiimperialista y por el multilateralismo. En la batalla por la hegemonía que tratan de imponer los EEUU y la Unión Europea, se vuelven aliados inevitables de los BRICS, como instrumento de financiamiento y comercio y por supuesto de China, Rusia, y los países que desarrollan una política anti hegemónica activa.

La sorpresa de Lula y Petro

Pedir que se vuelvan a realizar elecciones en Venezuela, con una supervisión internacional organizada, es de un absurdo inexplicable, desde todo punto de vista. Incomprensible en Itamaraty, la Cancillería brasilera, cometer semejante desacierto sabiendo que jamás iba a ocurrir. Solicitando qué cosa. ¿Una nueva oportunidad para Machado y CIA? ¿No tienen suficiente experiencia con Bolsonaro y la derecha neofascista de su país? ¿Están provocando una guerra interna? ¿A cambio de qué ha hecho esta propuesta Lula? Porque una declaración de este tamaño debe haber sido un acto muy meditado.

Terrible decisión, tontamente avalada por Petro. Será que creen realmente que concediendo ocupan más espacio, ganan tiempo.

No solamente es grave para su relación tan importante con Venezuela, sino para ambos países. Es un golpe muy duro para la construcción de la Unidad de Nuestramérica. Romper con Nicaragua, ahora con Venezuela. Desmarcarse de los procesos radicales en qué les beneficia. Qué pretenden demostrar y ante quién. Incomprensible Lula, incomprensible Petro.

Un autogol que favorece a la derecha internacional, al fascismo creciente, a nadie más. Buscar la prolongación de la duda, del conflicto, regalarle tiempo al enemigo. Realmente buscan generar las condiciones para la guerra, es incomprensible o totalmente reaccionario y queremos concederles el beneficio de la duda.

Lula ha lanzado un misil contra Venezuela, y contra Nicaragua, pero también ha contribuido a debilitar los BRICS, la UNASUR, la Propia CELAC, es decir los espacios de confluencia donde podíamos encontrarnos buscando alternativas reales de unidad, por un mundo nuevo, por el multilateralismo.

No los quemaremos en la hoguera del sectarismo, ni a Lula ni a Petro. Pero una pésima decisión jugando a favor del Imperio, muy difícil de rectificar.

En este mismo marco México, a través de su presidente Andrés Manuel López Obrador se desmarcó de estas posiciones, con la tradicional sabiduría de no entrometerse en decisiones internas de ningún país. Una vez más el gobierno mexicano contribuye a la unidad, buscando soluciones autónomas en cada país y para la región en su conjunto.

Maduro gobernará los próximos seis años.

La derecha, el Imperio, seguirá tratando de derrocarlo. El pueblo venezolano seguirá resistiendo y desarrollando su posición antiimperialista. Ojalá que no veamos la agresión militar tan anunciada.

América Latina deberá continuar siendo un Continente donde no entierren sus sucias garras el imperio y la OTAN. Debemos seguir siendo un continente de paz.

20 de agosto 2024

https://nuestrabandera.pe/2024/08/24/venezuela-soberania-y-resistencia/

13 de agosto de 2024

«Con o sin actas, Estados Unidos quiere el petróleo de Venezuela»



--Entrevista a Claudio Katz


Estados Unidos siempre intentó repetir en Venezuela lo que hizo en Irak o Libia, señala en esta entrevista el economista e investigador del CONICET Claudio Katz. “Las elecciones en territorios con petróleo ambicionado por el imperio nunca son normales, porque incluyen un componente geopolítico de enorme gravitación”.

- Indymedia Trabajadoras/es: – ¿Como evalúas la coyuntura imperante en Venezuela luego de las elecciones?

Claudio Katz:  Ya pasaron 13 días y continúa la discusión de las actas, que es un tema muy controvertido y no existen hasta ahora datos sólidos para evaluar lo sucedido. El Consejo Nacional Electoral mantiene el anuncio de un triunfo de Maduro, pero sin la información detallada por provincias, mesas o distritos. Ese organismo cuenta con 30 días para dar a conocer esos informes, pero la demora genera muchas dudas, que no quedan zanjadas con la presentación de las actas por parte de cada partido ante el Poder Judicial.

La principal explicación oficial del bache actual es el sabotaje que sufrió el sistema electoral. Un ciberataque con hackeo general, que saturó las redes mediante un tráfico espurio, es decir utilizando una nueva modalidad de conspiración digital.

La existencia de ese apagón electoral es totalmente creíble en el escenario actual de guerras informáticas. Si Israel utiliza la inteligencia artificial para practicar un genocidio personalizado en Gaza, es totalmente factible que Venezuela haya sufrido la embestida contra las redes que denuncia el gobierno. Pero esa acusación debería ser verificada con indicios o evidencias, que hasta ahora ningún funcionario aportó. De todas formas, me parece que la difusión de las famosas actas no resolverá el problema.

-  – ¿Por qué?

– Simplemente porque la derecha no reconocerá un resultado adverso. Para ellos cualquier elección perdida equivale a un fraude. Desde 1999 hubo 35 elecciones en Venezuela y sólo convalidaron los dos comicios que ganaron. En los casos opuestos desconocieron los números finales. En la peleada disputa del 2013 se realizó el recuento que demandaron y tampoco aceptaron el veredicto de ese conteo.

La derecha solo acepta competir si previamente tiene garantizado el triunfo. Esa postura invalida cualquier elección. Actúan igual que Trump, que desconoció su derrota frente a Biden, clamando por un fraude que nadie pudo demostrar. Para colmo, ahora difundieron su propio conteo anunciando que González Urrutia ganó por un margen del 60 al 80% a su favor. No muestran ningún documento serio que corrobore esa afirmación. Improvisan e inventan afirmaciones totalmente inverosímiles.

Además, la difusión de las actas no resuelve nada por el carácter atípico de esta elección. Los comicios estuvieron precedidos por el acuerdo de Barbados, que definió una convocatoria acorde a las relaciones de fuerza que mantienen las dos fuerzas en conflicto. La derecha aceptó concurrir al cabo de varios años de fiasco con Guaidó. No pudieron sostener más, al corrupto fantoche que se autoproclamó presidente sin ningún conteo de actas. Por esa derrota avalaron participar en comicios generales, con integrantes en el Consejo Nacional Electoral. Incluso convalidaron la travesura del oficialismo que restringió severamente el voto de los emigrados.

Por su parte, el gobierno aceptó la presencia negociada de observadores internacionales, que no es un dato natural de cualquier elección. En Estados Unidos, Francia, Israel o Inglaterra no irrumpen los inspectores extranjeros, con la naturalidad con que desembarcan en los países de la periferia. La elección estuvo condicionada por ese compromiso previo.

 – ¿Y qué pasó?

 La derecha suscribió el acuerdo suponiendo que tenía ganada la elección, pero desconoció ese compromiso cuando comenzó a notar que su victoria era incierta. A partir de ahí reinició las provocaciones de siempre. Corina Machado tomó las riendas de la campaña y el gobierno decidió lógicamente inhabilitarla por su participación en incontables intentos golpistas. El oficialismo también restringió la presencia de conspiradores disfrazados de veedores internacionales, en un legítimo acto de soberanía. El típico escenario de confrontación directa entre el oficialismo y la oposición reapareció a pleno.

– Es decir que, en tu opinión, la derecha retomó la acción golpista…

– Es la conducta que invariablemente recrea ese sector desde el fallido golpe contra Chávez en el 2002. Han acumulado un incontable acervo de provocaciones. Tan solo recordemos el paro petrolero, los ataques armados desde Colombia, las guarimbas, el intento de asesinato de Maduro mediante un dron, el desembarco de mercenarios y una guerra económica que incluye 935 sanciones unilaterales de Estados Unidos.

Ahora intentaron instalar que su triunfo estaba asegurado y cuando percibieron que algo salía mal retomaron la violencia contra el chavismo. A los incendios, asesinatos y convocatorias al golpe militar, esta vez le sumaron la simbólica destrucción de estatuas de Chávez.

– Con gran acompañamiento de la prensa internacional…

– Sí, por supuesto. Esa complicidad es decisiva porque articula desde Miami toda la campaña contra Venezuela, con el repetido argumento del fraude. Es el mismo estandarte que utilizaron los incipientes bolsonaristas contra Dilma y los racistas de Santa Cruz contra Evo. Pero nunca recuerdan el único fraude efectivamente comprobado, que hicieron sus colegas en México en el 2006.

Los medios también repiten con toda impudicia que en Venezuela impera una dictadura, omitiendo que esa definición se amolda actualmente en la región a un solo país: Perú. Nadie nombra a Boularte y a la cúpula militar que tumbó a Castillo.

Lo más curioso es la denigración del sistema electoral venezolano, cuando incluye mecanismos de mayor legitimidad democrática que los modelos ponderados por la prensa occidental. Ese esquema no está sometido al filtro del Colegio Electoral de Estados Unidos, que permite seleccionar presidentes sin el voto mayoritario de los sufragantes. Y no se sostiene, además, en los pilares plutocráticos que predominan en ese país, donde el dinero define quién se queda con los principales cargos. Tampoco está a sujetos a las distorsiones que imponen las circunscripciones de Inglaterra o Francia o al chantaje del balotaje que prevalece en nuestra región. Más insólitas son las lecciones de republicanismo que enuncian los voceros de la monarquía española.

La vara que se ha impuesto para juzgar a Venezuela es totalmente arbitraria. La gran emigración sufrida por esa nación presentada como un caso único de todo el planeta. Se olvida, por ejemplo, que en términos porcentuales hay más uruguayos que venezolanos fuera de su país y nadie tipificaría de dictadura al sistema político que tienen nuestros vecinos del Plata. Venezuela padece la misma hemorragia de población que México, Centroamérica o el Caribe por las mismas razones de empobrecimiento.

– ¿Quién está ganando la pulseada dentro de Venezuela?

 Es difícil saberlo. Por el momento parecería que la guarimba fracasó y que se repite el gran rechazo de la sociedad a la violencia de la ultraderecha. Después de una o dos jornadas de provocaciones, volvieron las marchas masivas a favor del gobierno y de la oposición y reapareció el terreno favorecido por la mayoría de la población. Hay un gran deseo que paz, que torna muy difícil el golpismo callejero propiciado por Corina y su deslucido candidato a presidente. Ese personaje está acusado de complicidad con actos criminales, porque habría utilizado su cobertura diplomática para facilitar la guerra sucia de la CIA en Centroamérica.

– ¿Cuál es el juego de Estados Unidos?

 El mismo de siempre para apropiarse del petróleo. Conviene recordar el sincericidio de Trump, cuando declaró que bajo su gestión “Venezuela estaba a punto de colapsar y nos hubiéramos quedado con todo el combustible de ese país”. Las elecciones en territorios con petróleo ambicionado por el imperio nunca son normales, porque incluyen un componente geopolítico de enorme gravitación.

El Departamento de Estado siempre intentó repetir en Venezuela lo que hizo en Irak o Libia. Si Chávez hubiera terminado como Sadam Hussein o Gadafi, nadie mencionaría en la prensa mundial lo que sucede en una perdida nación de Sudamérica. Una vez que logran su cometido de tumbar al presidente diabolizado, los voceros mediáticos de la Casa Blanca se olvidan por completo de esos países. Hoy nadie sabe quién es el presidente de Irak o Libia.

Tampoco se habla del sistema electoral de Arabia Saudita. Como Estados Unidos no puede presentar a los jeques de esa península como adalides de la democracia, simplemente silencia el tema. No hay que ser ingenuos en la disputa de Venezuela. Con o sin actas, Estados Unidos quiere el petróleo.

Los mandantes yanquis ya han concertado con la derecha venezolana un compromiso de privatización de PDEVESA y observan con gran preocupación el ingreso del país a los BRICS que está negociando Maduro. Por eso se apropiaron de CITGO, de las reservas monetarias en el exterior, aumentaron las sanciones y cerraron el acceso a cualquier tipo de financiamiento internacional. Anhelan repetir lo hecho en Ucrania para tener un subordinado tipo Zelensky al frente del país.

Pero como fallaron una y otra vez, Biden optó por negociar y Chevron reanudó la perforación en la faja del Orinoco. Compatibilizó ese guiño con provocaciones diplomáticas y ejercicios militares en Guyana. Trump parece apostar a la brutalidad de otro golpe, pero es pragmático y veremos que sucede si logra otro mandato.

– Mientras tanto, trabaja con Milei para crear un eje regional frontalmente contrapuesto a Maduro…

– Sí, y por esa razón, una victoria de la derecha en Venezuela tendría consecuencias nefastas para la Argentina. Milei opera codo a codo con Corina Machado y su canciller y ministra de Seguridad participan con toda naturalidad (como si no fueran funcionarias), en las manifestaciones frente a la embajada venezolana en Buenos Aires. Milei fue el gran auspiciante del fallido pronunciamiento de la OEA a favor del Urrutia. La hipocresía de ese organismo no tiene límites. Luego de avalar el golpe en Bolivia y en Perú, dictan sermones de democracia para Venezuela.

– ¿Por qué Lula se desmarca con otra propuesta?

 Me parece que junto a Petro y López Obrador motoriza una reacción defensiva, registrando las terribles consecuencias que tendría un gobierno ultraderechista en Venezuela. Para disuadir esa perspectiva, buscan restaurar los puentes de negociación entre oficialismo y la oposición. Saben que esas tratativas van más allá de la mera publicación de actas y su consiguiente impugnación con la denuncia de fraude. AMLO centró el problema en rechazar la injerencia de la OEA y sumó a Cristina. En cambio, Lula no logró el aval de Boric, que refuerza su sometimiento a la Casa Blanca.

Yo creo que la crisis de Venezuela transparenta una gran divisoria del progresismo latinoamericano, entre un sector que afianza su perfil autónomo y otro que ha optado por sumarse al libreto del Departamento de Estado. Los medios de comunicación halagan a este último grupo, que todos los días defrauda más a sus votantes.

– En todos los escenarios, Venezuela sigue partida en dos….

 Sí. Es un país fracturado en torno a dos bloques con gran sostén social. Es tan falsa la imagen mediática de un gobierno solitario y aislado, como el supuesto de una derecha sin raigambre. Al parecer el oficialismo recuperó influencia con el repunte de la economía y la mejora de la seguridad en las calles. La masividad de sus actos indicaría cierta recomposición de la decaída moral de sus seguidores. Pero, paradójicamente, si se confirma que triunfaron en los comicios, ese resultado obedecería a la baja participación en las elecciones. Ese ausentismo ilustra un gran nivel de disconformidad que afortunadamente la derecha no captura.

– Por lo tanto, a tu entender, una confirmación del triunfo oficialista debería ser evaluada como un dato positivo para la izquierda…

 Sí, puesto que implicaría una derrota de la ultraderecha en la disputa de esta elección. Es como preguntarnos si aquí celebraríamos una derrota electoral de Milei. Un fracaso de los peones del imperio, en un país asediado por sanciones económicas y atacado por los medios comunicación es siempre promisorio. Ese resultado se inscribiría en los éxitos recientes frente a la derecha que hemos visto en México y Francia.

– ¿Ese es el sentido del Manifiesto que firmaste apoyando el voto por Maduro?

– Si, lo suscribí partiendo de registrar las terribles consecuencias que tendría un triunfo de la derecha para la región y especialmente para nosotros en Argentina. No hay que ser un gran analista, para imaginar el implacable revanchismo contrarrevolucionario que iniciaría Corina Machado si llega al gobierno. Es increíblemente ingenuo suponer que esa victoria abriría un período de mayor democratización. La condición para concebir algún avance popular en el futuro es la victoria del oficialismo.

En cierta medida debemos aprender del pasado. Hay una larga tradición de críticas de izquierda a los gobiernos que se quedan a mitad de camino, o que retroceden en la senda de los cambios radicales que auspiciamos nosotros. En esas situaciones, la solución nunca pasa por tirar el bebé con el agua sucia para empezar todo de nuevo. Por ese sendero, el retroceso siempre es mayor. Observemos lo ocurrido con la restauración del capitalismo luego de la implosión de la Unión Soviética. Por ese desenlace hemos padecido 40 años de brutal neoliberalismo.

– ¿Estás planteando entonces un sostén crítico al oficialismo?

– Yo comparto en muchos terrenos las objeciones del chavismo crítico a la política económica, al debilitamiento del poder comunal, a la convalidación de boliburguesía y a la inadmisible intervención a los partidos de izquierda, que no aceptaron el molde exigido por el gobierno. Hay también problemáticos casos de judicialización de las protestas sociales y una escasa tolerancia a los cuestionamientos expuestos dentro propio campo. El antecedente del rumbo seguido por Nicaragua prende todas las alarmas.

Pero ninguna de estas objeciones me hace dudar del campo en que debe situarse la izquierda. Debemos estar en un terreno frontalmente opuesto al enemigo principal, que es el imperialismo y la ultraderecha. Ese posicionamiento es la condición para cualquier otra consideración.

– ¿Pero no cabe explorar una tercera vía para la izquierda de crítica simultánea a Maduro y a Corina Machado?

– Lo veo totalmente irrealista y te lo resumo en el ejemplo práctico de la participación en las marchas que convulsionan al país. La vida política venezolana está sacudida por grandes movilizaciones del oficialismo y la oposición. En esa acción callejera se juega gran parte del devenir de la crisis. Si uno asume como propia la identidad de la izquierda: ¿a cuál de las dos manifestaciones debería concurrir?

Como es totalmente impensable que un socialista participe en los actos de los colegas de Milei, Trump o Le Pen, si decide no participar en las marchas del chavismo, tan solo queda la opción de quedarse en casa. Allí se podrá profundizar el estudio del marxismo, pero con total divorcio de la acción política.

Esa desvinculación no se remedia escribiendo una proclama, elaborando un artículo, reuniendo a un pequeño grupo o evaluando una y otra vez por qué razón la izquierda está aislada. Tampoco sirve juzgar desde una invariable condición de minoría a los movimientos que mantienen su enraizamiento popular. Hay que intervenir en los escenarios políticos tal cual se presentan, para encontrar vías de construcción de nuestro proyecto socialista.

Fuente: https://argentina.indymedia.org/2024/08/11/entrevista-a-claudio-katz-con-o-sin-actas-estados-unidos-quiere-el-petroleo-de-venezuela/

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

6 de agosto de 2024

Todo lo que necesita saber sobre las elecciones venezolanas y no encontrará en los medios

Pascual Serrano

Tras la jornada electoral del pasado 28 de julio en Venezuela, ustedes habrán visto, escuchado y leído en los medios muchos comentarios de este tipo: “El Gobierno venezolano ha cometido fraude porque no ha mostrado las actas de las votaciones”, “La oposición ha enseñado unas actas que muestran que ganó las elecciones”, “El Gobierno y el ejército están reprimiendo a los opositores que se manifiestan en contra del fraude electoral”, “Maduro no dejó entrar a representantes de la UE como observadores electorales”, “Los gobiernos de izquierda de América Latina están exigiendo a Maduro que presente las actas electorales”. Vayamos por partes.

La primera cuestión a aclarar es que la autoridad electoral en Venezuela es el Consejo Nacional Electoral (CNE), un poder, a diferencia de nuestros países, independiente de los demás. Y, por tanto, autónomo en su funcionamiento, no depende del Gobierno, ni para organizar las elecciones, ni para hacer el recuento, ni para difundirlo.

La jornada electoral del 28 de julio se desarrolló con normalidad, como confirmaron los observadores de la ONU, del Centro Cárter y el millar de observadores y veedores invitados por el CNE. Efectivamente, no hubo observadores de la Unión Europea invitados. Como tampoco hay observadores latinoamericanos en la elecciones europeas. Con más motivo en Venezuela, país al que la UE tiene sancionados a sus dirigentes, ni siquiera dejan entrar en Europa a miembros del Gobierno venezolano. Si malamente respetan al Gobierno venezolano, tampoco respetarían sus elecciones.

A las pocas horas el CNE, la autoridad electoral, emitió un primer boletín con un 80% de las mesas escrutadas y con una tendencia “contundente e irreversible”. En él anunció que Maduro fue reelecto para un tercer mandato con 5.150.092 votos, un 51,20% y el siguiente era Edmundo González, que habría logrado 4.445.978 votos, un 44,2%. También informaron de que estaban siendo víctimas de un hackeo que retrasaría los resultados definitivos.

En Venezuela, como en la mayoría de las elecciones de nuestro entorno, tras el final de la votación y el recuento, se elabora un acta por cada mesa electoral donde se detallan el número de votos totales y los obtenidos para cada candidatura. Ese documento es firmado por los miembros de la mesa electoral, testigos y representantes de los partidos, que se llevan una copia para su organización.

Este documento no se suele difundir en nuestros países. Seguramente usted no habrá visto nunca un acta de votación de mesa de las elecciones de su país con la firma y número de documento de identidad de los miembros de la mesa y representantes. Ese documento es el que las diferentes partes presentan ante las autoridades electorales o judiciales si consideran que hay alguna discrepancia con el escrutinio que sí se hace público. Un escrutinio detallado por mesas electorales, es decir, perfectamente cotejable con el acta.

Ante el retraso del CNE para presentar ese escrutinio detallado, la candidatura de Edmundo González pone en marcha una página web donde dice presentar las actas electorales, primero dijo que el 30%, luego el 80%, según quién hiciese las declaraciones. Hacen su propio recuento de sus propias actas y llegan a su propio resultado, que han ganado ellos.

Esta candidatura, a diferencia del resto, ya dejó claro que no iba a reconocer a la autoridad electoral y sus resultados, por tanto, lo único que hizo fue declararse en rebeldía antes la institucionalidad electoral y presentar sus propios resultados para adjudicarse vencedores.

Mientras tanto la candidatura de Maduro, que también disponía de sus actas, como todos los candidatos, optó para aceptar la normativa electoral y esperar los datos oficiales del CNE.

El panorama que se vendía ante la comunidad internacional era de un Gobierno que no enseñaba las actas ni las pruebas de su victoria y la de una oposición que sí estaba mostrando las pruebas del fraude y de su victoria. Algo absolutamente erróneo. Era un Gobierno esperando los datos oficiales y una oposición tirándose al monte y boicoteando las elecciones.

Ante esta situación, el presidente Nicolás Maduro vuelve a recurrir a las instituciones y a la ley y presenta ante el Tribunal Supremo, un recurso de amparo para que sean los jueces los que diriman, conforme a la ley vigente, el conflicto abierto. El Tribunal convoca a todos los candidatos y les requiere para que presenten la información que dispongan sobre los resultados, actas incluidas. Y, por supuesto, también requiere al CNE para que presente los datos pormenorizados que todavía está pendiente de difundir.

A esta cita de los jueces se presentan todos los candidatos con la información electoral que poseen menos, precisamente, el candidato que decía estar difundiendo las actas que mostraban su victoria.

El presidente de la Asamblea de Venezuela, Jorge Rodríguez, posteriormente revela que el sitio web del partido de Edmundo González solo contiene 9.468 presuntas actas de las más de 36.000 mesas instaladas el domingo, lo cual desmiente las declaraciones sobre que tenían «más del 70 por ciento».

También señaló que la oposición hacía pasar por actas documentos que no lo eran, por ejemplo «actas cero», que se imprimen al inicio de la votación, como si fueran actas finales, «actas» en las cuales faltan las firmas de los operadores de mesa, o de los testigos, incluyendo testigos del PSUV, a pesar de tener este partido testigos en todas las mesas o la utilización de cédulas de identidad de personas fallecidas. Todo ello, recuerda Rodríguez, es constitutivo de delito y puede explicar la ausencia del candidato en los juzgados para presentar la documentación.

El siguiente paso de la candidatura opositora es llamar a la violencia y la sublevación. Para ello basta con movilizar a unos cientos de violentos. De este modo se engaña y se presenta ante la comunidad internacional un supuesto fraude del Gobierno de Maduro, la ocultación de los resultados, la presentación de los verdaderos por ellos, y un levantamiento ciudadano que se revela contra el Gobierno.

El Gobierno venezolano detalló el balance de la violencia contra las elecciones. Se contabiliza el destrozo en más de 70 centros educativos, 37 centros de salud con el personal sanitario dentro y 38 unidades de transporte. Dañaron 12 universidades públicas, decenas de colegios e institutos, estaciones de metro, diez sedes del partido del Gobierno y varias alcaldías. Las fuerzas de seguridad debieron proteger de la violencia a unos 60 observadores electorales. Fueron asesinados dos miembros de las fuerzas del orden y decenas resultaron heridos.

Esa violencia explica la detención de cientos de personas. Todas ellas ligadas a hecho violentos, ninguna por expresar su oposición o protesta por el resultado electoral. Al contrario de lo que anunciaban algunos medios.

Las autoridades capturaron e identificaron a personas, algunas procedentes de otros países, que reconocieron haber sido contratadas para generar violencia y disturbios.

Por supuesto, es necesario para terminar el proceso electoral que el CNE publique los datos segmentados y detallados por municipios, parroquias, colegios y mesas electorales. Eso es lo que han pedido los gobiernos de México, Colombia o Brasil. Y también, recordemos, los jueces del Tribunal Supremo. Ha pasado solo una semana, son muchos los países que necesitan semanas para su recuento electoral definitivo, recordemos el caso estadounidense en la victoria de Trump.

Como siempre que se respeta la democracia, la clave está en aceptar la labor de las instituciones como el Consejo Nacional Electoral o el Tribunal Supremo. Sin embargo, los sublevados y violentos que no aceptan la democracia recurrirán, dentro y fuera de Venezuela, al discurso de que todas esas instituciones están “controladas por el chavismo”. El mantra con el que justifican su violencia para subvertir el orden y no reconocer los resultados electorales.

Con ese mismo criterio, podríamos decir que en España el “sanchismo” controla la Junta Electoral Central, puesto que la preside el presidente del Congreso de los Diputados, controla la fiscalía, porque el fiscal general lo nombra el Gobierno, y controla el Tribunal Constitucional porque su composición se hace a propuesta de las mayorías parlamentarias. Y de igual modo en el resto de los países democráticos, donde, el partido gobernante, el que más apoyos ciudadanos tiene, es el que tiene un papel significado en el nombramiento de muchas instituciones. Se llama democracia.

Por supuesto no ha faltado en esta crisis el departamento de Estado de Estados Unidos. Allí lo tienen claro, no necesitan esperar a los resultados del CNE, ni a la decisión de los jueces, ni necesitan ver actas de ningún otro partido. EEUU “ha nombrado” presidente a Edmundo González con las actas que ha presentado… Edmundo González.

Todo ello ha llevado al Gobierno venezolano a calificar de intento de golpe de Estado liderado por Estados Unidos, lo que se estaba desarrollando en el país.

Quizá hay que recordar que si Estados Unidos aceptase las elecciones y la democracia de Venezuela tendría que retirar las sanciones con las que intenta destruir la economía venezolana y devolver la empresa CITGO que ha robado al Estado venezolano, valorada en 13.000 millones de dólares. Algo similar les pasaría a los amigos de Estados Unidos como el Reino Unido, que debería devolver los mil millones de oro venezolano que tiene retenidos en la bóveda de su Banco Central.

Pascual Serrano. Periodista y escritor. Su último libro es “Prohibido dudar. Las diez semanas en que Ucrania cambió el mundo”

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

3 de agosto de 2024

Maduro y Boluarte

 

César Hildebrandt

Cinco horas de música: Bach en la interpretación auténtica de Yo-Yo Ma, o en la personal de du Pré, o en la personalísima de Casals, qué importa. Bach y sus mil significados, sus demonios repetidos, sus sombras manifiestas, las brasas en que ardía, la victoria de sus letanías.

Cinco horas de viaje, cinco horas de novelas negras, cinco horas de buen fútbol, cinco horas de gran cine (no el de Netflix), cinco horas de periódicos de todas partes (aunque anuncien lo mismo de siempre y callen lo que se acostumbraron a tragar).

Cinco horas de paseo, de holganza, de amor, de mirar mariposas, de sueño, de soledad, de locura, de repasar revistas viejas.

¡Cinco horas de lo que sea, pero no cinco horas de Dina Boluarte!

El saurio Ernesto Blume dice que la señora encarna a la nación. ¡Asu mare! Si eso fuera cierto, tendríamos que aceptar que somos idiotas, oportunistas y cínicos. Lo cierto es que la señora representa a Pepe Luna, a Waldemar Cerrón, a Jorge Montoya y a la banda del Choclito vallejiano.

Boluarte se propuso leer el discurso de la década y lo que salió fueron las actas sectoriales de los consejos de ministros: el aburrimiento documentado, el suicidio de la empatía, las cifras con arcadas.

La señora es lo peor que le ha podido suceder a las mujeres del Perú.

Y es lo peor que le ha podido pasar al país después de la farsa de Pedro Castillo.

Porque hemos pasado del simulacro criminal de un gobierno de izquierda a la patraña de un régimen que se sostiene gracias a las bandas delictivas que se han apoderado del Congreso.

Castillo fue un asco.

Boluarte es lo que sigue al asco. Y ese es el vómito que la gran prensa no quiere reconocer, que la CONFIEP aplaude, que la derecha trata como inevitable. El Perú nada en ese vómito color neón.

Acusamos a Maduro de tramposo –y claro que lo es–, pero aceptamos que nos gobierne una señora que autorizó tratar a manifestantes contrarios como si fueran terroristas y mató –sí, mandó matar– a 49 de ellos. Y salen sus abogados a decir que la construcción jurídica de la acusación fiscal es imperfecta, demostrando una vez más que la abogacía es la pata de cabra del arte argumentativo.

Maduro ha adulterado los resultados y los venezolanos pagarán las consecuencias.

Pero en el Perú la derecha, con los canales 4 y N y “El Comercio” al frente, sostuvo lo mismo de una elección impecable que había perdido, por tercera vez, la señora Fujimori. La derecha nostálgica adoró la idea de que esos comicios se anularan y empleó todos los recursos a su alcance para lograrlo. La democracia es una máscara para quienes se sometieron a un japonés que los despreciaba.

Maduro es un tirano, pero el Congreso del Perú es una federación del hampa y la señora que va a Palacio es títere de ese Congreso.

Pero resulta que los venezolanos tienen el derecho a la insurgencia –cómo no– y los peruanos, no.

Maduro es un calco del modelo cubano con el añadido temerario de las elecciones. El problema es que Maduro convoca a la contienda sabiendo que no la puede perder, del mismo modo que en el Perú la derecha se organiza para que el 2026 sea el año del triunfo (con cualquiera de los Fujimori a la cabeza y con un JNE que se parezca al Consejo Nacional Electoral del chavismo hereditario).

Venezuela padece el chavismo hace 25 años. El Perú arrastra el fujimorismo hace 34 años y la agenda de la próxima elección y del futuro se está haciendo a su modo y con sus métodos.

El gobierno de Maduro es despreciable.

El régimen del Congreso del hampa y la fantoche que intoxica el aire durante cinco horas, también.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 697 año 14, del 02/08/2024

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