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25 de marzo de 2025

Perú: ¡Un solo programa para enfrentar a la mafia!

Alfonso López Chau

El Estado en el Perú es solo fuerza. Y un estado que se ampara solo en la fuerza se niega a sí mismo. Niega su objetivo mayor que es el acuerdo en lo fundamental, que es la búsqueda de la cohesión social. No es posible restaurar las heridas de la Republica. No es posible la ansiada unidad nacional, con un gobierno que somete todos los espacios; y que atentan contra la vida, la libertad y el progreso.

La unidad nacional es la expresión del proyecto nacional, que despierta la creatividad y el compromiso de nuestros empresarios, el entusiasmo de nuestros artesanos e intelectuales, la adhesión de los trabajadores de la ciudad y el campo, y el saludo generoso de los peruanos al paso de los soldados de nuestras Fuerzas Armadas. La unidad nacional vendrá después, de la limpieza de todo el cochambre generado. Unidad para limpiar, unidad para gobernar es una tarea, es una esperanza.

Es imperativo entonces enfrentar a quienes han capturado los poderes del Estado. Es imperativo unir todo lo viejo bueno con todo lo nuevo bueno. Es imperativo enfrentarlos en el campo y en la ciudad, en Puno y en Lima, en todo el país, porque es imperativa la recuperación moral del ejercicio de la Presidencia de la Republica. Es imperativo, sino queremos perder a nuestro país, la recuperación moral del ejercicio del mando y el poder.

Que cada quien conserve su propia ideología. Guardemos nuestros escudos y banderas transitoriamente. Levantemos un solo programa. Se trata de un frente patriótico, de una convergencia por la nación o de cualquier otro nombre que nos una y no nos divida.  

Joseph Stalin, Winston Churchill y Franklin D. Roosevelt fueron capaces de unirse para derrotar al fascismo de Hitler. El Perú de hoy reclama lo mismo: la más amplia unidad para derrotar a las elites malhechoras y limpiar a la nación del inmenso cochambre, de las miles de toneladas de lodo con que se pretende maniatar al Perú. La nación reclama hoy más que nunca Unidad, Justicia y Libertad.  

https://larepublica.pe/opinion/2025/03/20/un-solo-programa-para-enfrentar-a-la-mafia-por-alfonso-lopezchau-hnews-479380

6 de febrero de 2025

El drama electoral 2025 en Ecuador

Juan J. Paz-y-Miño Cepeda

El 9 de febrero (2025) se realizarán en Ecuador las elecciones presidenciales y legislativas y, de ser necesario, el 13 de abril el balotaje. Tendremos 46 años de “democracia”, ya que después de una década de dictaduras, en agosto de 1979 se inició la época de gobiernos constitucionales más larga en la historia, con la sucesión de 15 presidentes. Pero las dos décadas finales del siglo XX y hasta inicios del XXI estuvieron condicionadas por la crisis económica, la deuda externa, el auge de la ideología neoliberal a través de las Cartas con el FMI y el Consenso de Washington, el desarrollo de la globalización transnacional a raíz del derrumbe del socialismo de tipo soviético, la imposición del modelo empresarial en el país y el predominio de las fuerzas identificadas con las derechas políticas.

La economía edificada, combinada con el debilitamiento de las políticas sociales, los privilegios de la casta política y la progresiva desinstitucionalización que agravó la gobernabilidad, también derrumbaron las condiciones de vida y trabajo para la mayoría de la población. Se trató del mismo fenómeno social que vivió América Latina a consecuencia del neoliberalismo impuesto en la región. Además, bajo las condiciones internas e internacionales señaladas, se debilitó el movimiento popular otrora expresado por la significativa presencia del FUT (Frente Unitario de Trabajadores) y perdieron fuerza las izquierdas tradicionales, que no lograron convertirse en alternativas electorales, aunque desde 1990 el movimiento indígena encabezado por la CONAIE tomó un impulso inédito.

El contraste con ese pasado llegó con los gobiernos de Rafael Correa (2007-2017), quien abandonó el neoliberalismo e inauguró la economía social del buen vivir, que implicó el fortalecimiento de las capacidades del Estado consagradas por la Constitución de 2008. Fue posible avanzar en impuestos redistributivos de la riqueza, imponer la primacía de los derechos laborales, sociales y comunitarios sobre los propietarios del capital, fortalecer recursos, bienes y servicios públicos (educación, medicina, salud, seguridad social), mejorar la vida y el trabajo, destacar al país en el ámbito de los progresismos latinoamericanos de la época y defender la soberanía nacional. La “Revolución Ciudadana” (RC), que postuló el socialismo del siglo XXI, tuvo el respaldo inicial de diversos movimientos sociales y de las izquierdas tradicionales, aunque sus reacciones se agudizaron hasta la ruptura con el “correísmo”, debida a múltiples razones.

El gobierno de Correa marcó un nuevo ciclo, que provocó la reacción de las élites del poder tradicional desestabilizadas al no contar con el control del Estado. El triunfo electoral de Lenín Moreno (2017-2021), promovido por la RC, parecía dar continuidad a las transformaciones logradas. Pero este gobierno dio un giro total, que provocó la restauración de los poderes tradicionales. Además, inició una inédita persecución a los “correístas”, apoyado por la reforma institucional que logró con un referéndum (febrero/2018) y ejecutada por un Consejo de Participación Ciudadana y Control Social Transitorio y por los funcionarios y jueces nombrados por ella. El lawfare y el anticorreísmo se agravaron y el mismo Rafael Correa fue enjuiciado. Solo faltó un decreto como el de 1956 en Argentina, que prohibió hablar de Perón y del “peronismo” (https://t.ly/A2LbP). También comenzó un imparable desmontaje de los logros económicos y sociales de la década ahora cuestionada, que destruyó fuerzas productivas y reactivó las condiciones del subdesarrollo.

El triunfo del banquero y millonario Guillermo Lasso (2021-2023) sirvió para consolidar, definitivamente, un bloque de poder económico y político que, desde entonces, impulsó los dogmas libertarios anarco-capitalistas en el país. Sin embargo, Lasso se vio forzado a aplicar la “muerte cruzada” con la que terminó en forma anticipada su gobierno. Pero el triunfo de otro empresario millonario, Daniel Noboa (2023-2025), reforzó la tendencia en marcha, de modo que los gobiernos sucedidos desde 2017 no solo reconstruyeron la economía empresarial-neoliberal, sino un tipo de poder oligárquico, que ha dado origen a la segunda época plutocrática del Ecuador, comparable con la primera entre 1912-1925. En aquel pasado predominaban los negocios de las familias del poder con el Estado, el ejercicio de una autoridad despótica y arbitraria que reproducía el comportamiento de los hacendados agroexportadores, y el control o colaboración de otras funciones y aparatos del Estado para resguardar la dominación social establecida incluso por sobre las leyes. Hoy el estallido de la delincuencia y el crimen organizado, que los estudios académicos concuerdan en señalar que se inició tras la pandemia de 2020, ha reforzado el clima de miedo e inseguridad ciudadana. El problema se agudiza, a pesar de que Noboa decretó la existencia de un “conflicto armado interno” para enfrentar a las organizaciones criminales y al terrorismo, otorgando a la policía y a las fuerzas armadas un rol represivo y de control, que incluso ha sido denunciado por organismos de derechos humanos (https://t.ly/46YoY). Economía en crisis, trabajo derrumbado y vida en peligro han producido una emigración constante y un creciente sentimiento por abandonar un país en el cual la democracia ha sido bombardeada.

Las próximas elecciones están marcadas por esos procesos históricos. Participan 16 binomios: tres de ellos, encabezados por los candidatos Henry Cucalón (CONSTRUYE), Henry Kronfle (PSC) y Francesco Tabacchi (CREO), no tienen razones para las diferencias en las orientaciones económicas y sociales, pues todos están vinculados con los intereses de las élites empresariales neoliberales. Los candidatos: Jorge Escala (UP) y Pedro Granja (PSC) representan a la estancada izquierda tradicional (y “marxista”), mientras Jimmy Jairala (CD) y Carlos Rabascal (ID) expresan la “centro-izquierda”, aunque sin viabilidad actual. En cambio: Víctor Arauz (PID), Juan Cueva (AMIGO), Wilson Gómez (SUMA), Andrea Gonzáles (SP), Luis Felipe Tillería (AVANZA) e Iván Saquicela (UD-SI) son opciones personalistas, con planteamientos entre la ultraderecha y el libertarianismo criollo, al frente de clubes electorales, ya que carecen del soporte de partidos orgánicos o fuerzas sociales relevantes. Leonidas Iza, patrocinado por Pachakutik y la CONAIE, representa al movimiento indígena que, con el apoyo de otros sectores, aspira a ser una alternativa de izquierda. Pero la polarización política se ha concentrado entre Daniel Noboa (ADN), que busca su reelección, y Luisa González (RC). Se trata de dos proyectos confrontados: de un lado, el neoliberalismo-libertarianismo apoyado por el bloque de poder oligárquico y mediático; y del otro, una economía social, con apoyo de los sectores progresistas y que, además, reivindica las herencias del “correísmo”.

A fin de sostener su propia campaña sin dejar la presidencia, Noboa entró en conflicto con su Vicepresidenta, creándose un escándalo político y un caos jurídico que ha merecido el cuestionamiento de más de una veintena de exjefes de Estado y de Gobierno de la derechista “Iniciativa Democrática de España y las Américas” (Grupo IDEA: https://t.ly/llLsq), así como de un colectivo de abogados (https://t.ly/OnYsS) y hasta de la cadena CNN que difundió perspicaces notas sobre la sorprendente situación de ilegalidad en el país (https://t.ly/B4AIk; https://t.ly/gZvSf). En lo de fondo, se ha enmascarado la distinción entre el candidato y el presidente, que ha podido burlar los controles legales, institucionales y financieros, posibilitando una campaña respaldada abiertamente por funcionarios del Estado, medios hegemónicos, redes, troles y noticias falsas, que han desequilibrado las expectativas electorales de los otros candidatos. ¿Qué más podrá suceder si se realiza el balotaje?

Existe un panorama inquietante para los ecuatorianos/as, pues si hubiera segunda vuelta, es seguro que las derechas se unirán a Noboa bajo la consigna de impedir, por cualquier medio, el retorno del “correísmo”; mientras no se puede asegurar la unidad de los sectores progresistas, de izquierda o centro-izquierda y los movimientos populares, si se toma en cuenta las frustrantes experiencias históricas más recientes. Además, no hay que descartar dos factores que inciden en los procesos políticos de América Latina contemporánea: de una parte, la existencia de una internacional derechista que actúa para minar cualquier triunfo o avance progresista; y de otra, los intereses económicos y geoestratégicos de Estados Unidos sobre la región, que incluyen su necesidad de poner freno a la presencia de China, Rusia o el papel de los BRICS y que, a partir del ascenso presidencial de Donald Trump tendrán cada vez más impacto. El agresivo monroísmo en marcha es favorable a las derechas políticas y exige el alineamiento de la región con ese nuevo “americanismo”. Es un asunto que pesará de distinta manera en las elecciones y especialmente en el futuro inmediato de Ecuador según quién logre la presidencia, aunque Noboa ya tiene adelantados varios acuerdos militares con los Estados Unidos (https://t.co/Kv1kXFqZ6A; https://t.co/QVoguM4nVD) que incluyen el uso de Galápagos, y la semana pasada recibió en el palacio de Carondelet al político venezolano Edmundo González Urrutia, a quien brindó honores de Jefe de Estado.

Blog del autor: Historia y Presente
www.historiaypresente.com

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

5 de noviembre de 2024

Los 228 años de farsa electoral en Estados Unidos

Andrés Gaudin


La farsa comienza un año antes de las presidenciales, cuando los votantes son convocados a elegir quién será el candidato de cada partido y en realidad lo que elijan es a los miembros de una convención que luego hará lo que mejor le convenga a la superestructura partidaria. Así pasó este año con los demócratas, que habían optado por la reelección de Joe Biden y cuando vieron que este patinaba psíquicamente lo cambiaron por Kamala Harris

El martes 5 de noviembre los 336 millones de estadounidenses participarán, votando o mirando votar, de la elección del nuevo presidente del país más poderoso del orbe. El que dirá dónde comenzará y cuándo terminará la próxima guerra. El que señalará cuál será el próximo gobierno a derrocar y ordenará los nuevos bloqueos económicos y genocidas allí donde haya un pueblo dispuesto a defender su soberanía. El que se presenta cómo faro de las libertades y guardián de las democracias, aunque de unas y otras tenga cada vez menos para mostrar. Los adivinos del establishment y los medios dicen que son las elecciones más reñidas de la historia reciente. Que Kamala Harris y Donald Trump están empatados.

 Según académicos y estudiosos de variadas raíces, dadas las características del modelo aplicado para elegir al presidente, esa referencia al empate técnico no tiene valor alguno para imaginarse quién será el nuevo inquilino que albergará la Casa Blanca desde enero de 2025 y por los cuatro años siguientes. Por qué semejante cachetada. Simplemente porque desde hace 228 años (1796), y sin que a nadie desde entonces se le haya ocurrido cambiar las cosas y acatar la voluntad soberana de los ciudadanos, como reza el credo democrático occidental y cristiano, el sistema electoral no tiene en cuenta, desde, siempre, el voto popular. Así de simple, no valoriza la opinión ciudadana.

La farsa comienza un año antes de las presidenciales, cuando los votantes son convocados a elegir quién será el candidato de cada partido y en realidad lo que elijan es a los miembros de una convención que luego hará lo que mejor le convenga a la superestructura partidaria. Así pasó este año con los demócratas, que habían optado por la reelección de Joe Biden y cuando vieron que este patinaba  psíquicamente lo cambiaron, manu militari, por Kamala Harris. El juego se repite después en las elecciones como la del martes, en las que se elegirá un Colegio Electoral que será el que designe al futuro presidente, no importará quién saque más votos, si la demócrata Harris o el republicano Trump.

El Colegio está integrado  por 538 delegados que son, en realidad, los verdaderos electores. En las urnas los votantes optan por uno de los candidatos, pero no es este el que recibe el voto, sino el grupo de «notables» designado por el partido. La elección de delegados no es proporcional, la cosa es a todo o nada. El que obtenga más votos, así fuera uno solo, se lleva el total de los delegados de cada estado (50 más el distrito federal de Columbia). El postulante que de este rejunte resulte beneficiario de los primeros 270 votos del Colegio (la mitad más uno), se lleva como premio la Presidencia de la Unión.

Un premio logrado por el antidemocrático voto indirecto, una modalidad ya extirpado de la democracia global.

La democracia made in USA no es imperfecta ni tramposa. Es una estafa, así está pensada, que no han ni corregido ni disimulado tras más de dos siglos de vigencia. Como el número de delegados del Colegio es par, tres veces en la historia se dio el caso de que cada uno de los candidatos obtuviera 269 colegiados. ¿Cómo lo arreglaron? Resolvieron la «imprevisión» pasándole la pelota a la Cámara de Representantes, que está habilitada para otorgarle la presidencia a uno de los dos candidatos o, si no hay trenza posible, designar a un tercero sacado de la galera de las componendas. Alguien que nunca estuvo en la cabeza de nadie, llevándose por delante, una vez más, a la llamada «voluntad soberana del pueblo».

Fuente: https://www.tiempoar.com.ar/mundo/los-228-anos-de-farsa-electoral-en-estados-unidos/

13 de agosto de 2024

«Con o sin actas, Estados Unidos quiere el petróleo de Venezuela»



--Entrevista a Claudio Katz


Estados Unidos siempre intentó repetir en Venezuela lo que hizo en Irak o Libia, señala en esta entrevista el economista e investigador del CONICET Claudio Katz. “Las elecciones en territorios con petróleo ambicionado por el imperio nunca son normales, porque incluyen un componente geopolítico de enorme gravitación”.

- Indymedia Trabajadoras/es: – ¿Como evalúas la coyuntura imperante en Venezuela luego de las elecciones?

Claudio Katz:  Ya pasaron 13 días y continúa la discusión de las actas, que es un tema muy controvertido y no existen hasta ahora datos sólidos para evaluar lo sucedido. El Consejo Nacional Electoral mantiene el anuncio de un triunfo de Maduro, pero sin la información detallada por provincias, mesas o distritos. Ese organismo cuenta con 30 días para dar a conocer esos informes, pero la demora genera muchas dudas, que no quedan zanjadas con la presentación de las actas por parte de cada partido ante el Poder Judicial.

La principal explicación oficial del bache actual es el sabotaje que sufrió el sistema electoral. Un ciberataque con hackeo general, que saturó las redes mediante un tráfico espurio, es decir utilizando una nueva modalidad de conspiración digital.

La existencia de ese apagón electoral es totalmente creíble en el escenario actual de guerras informáticas. Si Israel utiliza la inteligencia artificial para practicar un genocidio personalizado en Gaza, es totalmente factible que Venezuela haya sufrido la embestida contra las redes que denuncia el gobierno. Pero esa acusación debería ser verificada con indicios o evidencias, que hasta ahora ningún funcionario aportó. De todas formas, me parece que la difusión de las famosas actas no resolverá el problema.

-  – ¿Por qué?

– Simplemente porque la derecha no reconocerá un resultado adverso. Para ellos cualquier elección perdida equivale a un fraude. Desde 1999 hubo 35 elecciones en Venezuela y sólo convalidaron los dos comicios que ganaron. En los casos opuestos desconocieron los números finales. En la peleada disputa del 2013 se realizó el recuento que demandaron y tampoco aceptaron el veredicto de ese conteo.

La derecha solo acepta competir si previamente tiene garantizado el triunfo. Esa postura invalida cualquier elección. Actúan igual que Trump, que desconoció su derrota frente a Biden, clamando por un fraude que nadie pudo demostrar. Para colmo, ahora difundieron su propio conteo anunciando que González Urrutia ganó por un margen del 60 al 80% a su favor. No muestran ningún documento serio que corrobore esa afirmación. Improvisan e inventan afirmaciones totalmente inverosímiles.

Además, la difusión de las actas no resuelve nada por el carácter atípico de esta elección. Los comicios estuvieron precedidos por el acuerdo de Barbados, que definió una convocatoria acorde a las relaciones de fuerza que mantienen las dos fuerzas en conflicto. La derecha aceptó concurrir al cabo de varios años de fiasco con Guaidó. No pudieron sostener más, al corrupto fantoche que se autoproclamó presidente sin ningún conteo de actas. Por esa derrota avalaron participar en comicios generales, con integrantes en el Consejo Nacional Electoral. Incluso convalidaron la travesura del oficialismo que restringió severamente el voto de los emigrados.

Por su parte, el gobierno aceptó la presencia negociada de observadores internacionales, que no es un dato natural de cualquier elección. En Estados Unidos, Francia, Israel o Inglaterra no irrumpen los inspectores extranjeros, con la naturalidad con que desembarcan en los países de la periferia. La elección estuvo condicionada por ese compromiso previo.

 – ¿Y qué pasó?

 La derecha suscribió el acuerdo suponiendo que tenía ganada la elección, pero desconoció ese compromiso cuando comenzó a notar que su victoria era incierta. A partir de ahí reinició las provocaciones de siempre. Corina Machado tomó las riendas de la campaña y el gobierno decidió lógicamente inhabilitarla por su participación en incontables intentos golpistas. El oficialismo también restringió la presencia de conspiradores disfrazados de veedores internacionales, en un legítimo acto de soberanía. El típico escenario de confrontación directa entre el oficialismo y la oposición reapareció a pleno.

– Es decir que, en tu opinión, la derecha retomó la acción golpista…

– Es la conducta que invariablemente recrea ese sector desde el fallido golpe contra Chávez en el 2002. Han acumulado un incontable acervo de provocaciones. Tan solo recordemos el paro petrolero, los ataques armados desde Colombia, las guarimbas, el intento de asesinato de Maduro mediante un dron, el desembarco de mercenarios y una guerra económica que incluye 935 sanciones unilaterales de Estados Unidos.

Ahora intentaron instalar que su triunfo estaba asegurado y cuando percibieron que algo salía mal retomaron la violencia contra el chavismo. A los incendios, asesinatos y convocatorias al golpe militar, esta vez le sumaron la simbólica destrucción de estatuas de Chávez.

– Con gran acompañamiento de la prensa internacional…

– Sí, por supuesto. Esa complicidad es decisiva porque articula desde Miami toda la campaña contra Venezuela, con el repetido argumento del fraude. Es el mismo estandarte que utilizaron los incipientes bolsonaristas contra Dilma y los racistas de Santa Cruz contra Evo. Pero nunca recuerdan el único fraude efectivamente comprobado, que hicieron sus colegas en México en el 2006.

Los medios también repiten con toda impudicia que en Venezuela impera una dictadura, omitiendo que esa definición se amolda actualmente en la región a un solo país: Perú. Nadie nombra a Boularte y a la cúpula militar que tumbó a Castillo.

Lo más curioso es la denigración del sistema electoral venezolano, cuando incluye mecanismos de mayor legitimidad democrática que los modelos ponderados por la prensa occidental. Ese esquema no está sometido al filtro del Colegio Electoral de Estados Unidos, que permite seleccionar presidentes sin el voto mayoritario de los sufragantes. Y no se sostiene, además, en los pilares plutocráticos que predominan en ese país, donde el dinero define quién se queda con los principales cargos. Tampoco está a sujetos a las distorsiones que imponen las circunscripciones de Inglaterra o Francia o al chantaje del balotaje que prevalece en nuestra región. Más insólitas son las lecciones de republicanismo que enuncian los voceros de la monarquía española.

La vara que se ha impuesto para juzgar a Venezuela es totalmente arbitraria. La gran emigración sufrida por esa nación presentada como un caso único de todo el planeta. Se olvida, por ejemplo, que en términos porcentuales hay más uruguayos que venezolanos fuera de su país y nadie tipificaría de dictadura al sistema político que tienen nuestros vecinos del Plata. Venezuela padece la misma hemorragia de población que México, Centroamérica o el Caribe por las mismas razones de empobrecimiento.

– ¿Quién está ganando la pulseada dentro de Venezuela?

 Es difícil saberlo. Por el momento parecería que la guarimba fracasó y que se repite el gran rechazo de la sociedad a la violencia de la ultraderecha. Después de una o dos jornadas de provocaciones, volvieron las marchas masivas a favor del gobierno y de la oposición y reapareció el terreno favorecido por la mayoría de la población. Hay un gran deseo que paz, que torna muy difícil el golpismo callejero propiciado por Corina y su deslucido candidato a presidente. Ese personaje está acusado de complicidad con actos criminales, porque habría utilizado su cobertura diplomática para facilitar la guerra sucia de la CIA en Centroamérica.

– ¿Cuál es el juego de Estados Unidos?

 El mismo de siempre para apropiarse del petróleo. Conviene recordar el sincericidio de Trump, cuando declaró que bajo su gestión “Venezuela estaba a punto de colapsar y nos hubiéramos quedado con todo el combustible de ese país”. Las elecciones en territorios con petróleo ambicionado por el imperio nunca son normales, porque incluyen un componente geopolítico de enorme gravitación.

El Departamento de Estado siempre intentó repetir en Venezuela lo que hizo en Irak o Libia. Si Chávez hubiera terminado como Sadam Hussein o Gadafi, nadie mencionaría en la prensa mundial lo que sucede en una perdida nación de Sudamérica. Una vez que logran su cometido de tumbar al presidente diabolizado, los voceros mediáticos de la Casa Blanca se olvidan por completo de esos países. Hoy nadie sabe quién es el presidente de Irak o Libia.

Tampoco se habla del sistema electoral de Arabia Saudita. Como Estados Unidos no puede presentar a los jeques de esa península como adalides de la democracia, simplemente silencia el tema. No hay que ser ingenuos en la disputa de Venezuela. Con o sin actas, Estados Unidos quiere el petróleo.

Los mandantes yanquis ya han concertado con la derecha venezolana un compromiso de privatización de PDEVESA y observan con gran preocupación el ingreso del país a los BRICS que está negociando Maduro. Por eso se apropiaron de CITGO, de las reservas monetarias en el exterior, aumentaron las sanciones y cerraron el acceso a cualquier tipo de financiamiento internacional. Anhelan repetir lo hecho en Ucrania para tener un subordinado tipo Zelensky al frente del país.

Pero como fallaron una y otra vez, Biden optó por negociar y Chevron reanudó la perforación en la faja del Orinoco. Compatibilizó ese guiño con provocaciones diplomáticas y ejercicios militares en Guyana. Trump parece apostar a la brutalidad de otro golpe, pero es pragmático y veremos que sucede si logra otro mandato.

– Mientras tanto, trabaja con Milei para crear un eje regional frontalmente contrapuesto a Maduro…

– Sí, y por esa razón, una victoria de la derecha en Venezuela tendría consecuencias nefastas para la Argentina. Milei opera codo a codo con Corina Machado y su canciller y ministra de Seguridad participan con toda naturalidad (como si no fueran funcionarias), en las manifestaciones frente a la embajada venezolana en Buenos Aires. Milei fue el gran auspiciante del fallido pronunciamiento de la OEA a favor del Urrutia. La hipocresía de ese organismo no tiene límites. Luego de avalar el golpe en Bolivia y en Perú, dictan sermones de democracia para Venezuela.

– ¿Por qué Lula se desmarca con otra propuesta?

 Me parece que junto a Petro y López Obrador motoriza una reacción defensiva, registrando las terribles consecuencias que tendría un gobierno ultraderechista en Venezuela. Para disuadir esa perspectiva, buscan restaurar los puentes de negociación entre oficialismo y la oposición. Saben que esas tratativas van más allá de la mera publicación de actas y su consiguiente impugnación con la denuncia de fraude. AMLO centró el problema en rechazar la injerencia de la OEA y sumó a Cristina. En cambio, Lula no logró el aval de Boric, que refuerza su sometimiento a la Casa Blanca.

Yo creo que la crisis de Venezuela transparenta una gran divisoria del progresismo latinoamericano, entre un sector que afianza su perfil autónomo y otro que ha optado por sumarse al libreto del Departamento de Estado. Los medios de comunicación halagan a este último grupo, que todos los días defrauda más a sus votantes.

– En todos los escenarios, Venezuela sigue partida en dos….

 Sí. Es un país fracturado en torno a dos bloques con gran sostén social. Es tan falsa la imagen mediática de un gobierno solitario y aislado, como el supuesto de una derecha sin raigambre. Al parecer el oficialismo recuperó influencia con el repunte de la economía y la mejora de la seguridad en las calles. La masividad de sus actos indicaría cierta recomposición de la decaída moral de sus seguidores. Pero, paradójicamente, si se confirma que triunfaron en los comicios, ese resultado obedecería a la baja participación en las elecciones. Ese ausentismo ilustra un gran nivel de disconformidad que afortunadamente la derecha no captura.

– Por lo tanto, a tu entender, una confirmación del triunfo oficialista debería ser evaluada como un dato positivo para la izquierda…

 Sí, puesto que implicaría una derrota de la ultraderecha en la disputa de esta elección. Es como preguntarnos si aquí celebraríamos una derrota electoral de Milei. Un fracaso de los peones del imperio, en un país asediado por sanciones económicas y atacado por los medios comunicación es siempre promisorio. Ese resultado se inscribiría en los éxitos recientes frente a la derecha que hemos visto en México y Francia.

– ¿Ese es el sentido del Manifiesto que firmaste apoyando el voto por Maduro?

– Si, lo suscribí partiendo de registrar las terribles consecuencias que tendría un triunfo de la derecha para la región y especialmente para nosotros en Argentina. No hay que ser un gran analista, para imaginar el implacable revanchismo contrarrevolucionario que iniciaría Corina Machado si llega al gobierno. Es increíblemente ingenuo suponer que esa victoria abriría un período de mayor democratización. La condición para concebir algún avance popular en el futuro es la victoria del oficialismo.

En cierta medida debemos aprender del pasado. Hay una larga tradición de críticas de izquierda a los gobiernos que se quedan a mitad de camino, o que retroceden en la senda de los cambios radicales que auspiciamos nosotros. En esas situaciones, la solución nunca pasa por tirar el bebé con el agua sucia para empezar todo de nuevo. Por ese sendero, el retroceso siempre es mayor. Observemos lo ocurrido con la restauración del capitalismo luego de la implosión de la Unión Soviética. Por ese desenlace hemos padecido 40 años de brutal neoliberalismo.

– ¿Estás planteando entonces un sostén crítico al oficialismo?

– Yo comparto en muchos terrenos las objeciones del chavismo crítico a la política económica, al debilitamiento del poder comunal, a la convalidación de boliburguesía y a la inadmisible intervención a los partidos de izquierda, que no aceptaron el molde exigido por el gobierno. Hay también problemáticos casos de judicialización de las protestas sociales y una escasa tolerancia a los cuestionamientos expuestos dentro propio campo. El antecedente del rumbo seguido por Nicaragua prende todas las alarmas.

Pero ninguna de estas objeciones me hace dudar del campo en que debe situarse la izquierda. Debemos estar en un terreno frontalmente opuesto al enemigo principal, que es el imperialismo y la ultraderecha. Ese posicionamiento es la condición para cualquier otra consideración.

– ¿Pero no cabe explorar una tercera vía para la izquierda de crítica simultánea a Maduro y a Corina Machado?

– Lo veo totalmente irrealista y te lo resumo en el ejemplo práctico de la participación en las marchas que convulsionan al país. La vida política venezolana está sacudida por grandes movilizaciones del oficialismo y la oposición. En esa acción callejera se juega gran parte del devenir de la crisis. Si uno asume como propia la identidad de la izquierda: ¿a cuál de las dos manifestaciones debería concurrir?

Como es totalmente impensable que un socialista participe en los actos de los colegas de Milei, Trump o Le Pen, si decide no participar en las marchas del chavismo, tan solo queda la opción de quedarse en casa. Allí se podrá profundizar el estudio del marxismo, pero con total divorcio de la acción política.

Esa desvinculación no se remedia escribiendo una proclama, elaborando un artículo, reuniendo a un pequeño grupo o evaluando una y otra vez por qué razón la izquierda está aislada. Tampoco sirve juzgar desde una invariable condición de minoría a los movimientos que mantienen su enraizamiento popular. Hay que intervenir en los escenarios políticos tal cual se presentan, para encontrar vías de construcción de nuestro proyecto socialista.

Fuente: https://argentina.indymedia.org/2024/08/11/entrevista-a-claudio-katz-con-o-sin-actas-estados-unidos-quiere-el-petroleo-de-venezuela/

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

27 de julio de 2024

La risa de Kamala Harris

Maritza Espinoza

El bullying de Trump contra Harris no es de ahorita, sino de cuando esta comenzó a ser voceada como reemplazante de Biden: al no encontrarle demasiados flancos débiles, se lanzó a criticarla por la forma en que se ríe y la llamó ‘Laffin’ Kamala”

Mientras los analistas internacionales aún siguen devanándose los sesos con las implicancias de que una mujer asiático-afroamericana —de la que, curiosamente, no parecen saber mucho, salvo las tres o cuatro líneas de su biografía pública— tome el puesto de un anciano blanco hetero para salvar la cara del Partido Demócrata en las elecciones de noviembre, Kamala Harris ha salido con la pata en alto, golpeando justo en la línea de flotación de la alienígena naranja que hoy pone en riesgo el futuro de la democracia.

En su primera presentación como casi segura candidata, se mandó con todo y con gran estilo. “Yo he sido fiscal general en California y, antes, fiscal de tribunales”, dijo, “y en esos papeles me enfrenté a perpetradores de todo tipo: depredadores que abusaban de mujeres, estafadores que engañaban a los consumidores, tramposos que rompían las reglas en su propio beneficio. Así que créanme cuando les digo que conozco bien el tipo de gente que es Donald Trump”.

Y, fuá, el entusiasmo —incluso el de los más escépticos— se volcó hacia ella, a tal punto que obtuvo tres logros que abonan su camino al triunfo. Uno, en menos de 24 horas, ya había conseguido la cantidad suficiente de delegados demócratas para asegurar su postulación. Dos, recaudó en tiempo récord la barbaridad de ochenta millones de dólares que se suman a los 120 millones que ya habían logrado con Biden para la campaña. Y, tres, en ese mismo período, la distancia que la separaba de Donald Trump en las encuestas (y que hacía que los demócratas dudaran de lanzarla) se acortó de seis puntos a solo dos.

Como es obvio, a Donald Trump eso le ha caído peor que una prueba de sus aventuras con Jeffrey Epstein y no tardó en usar los argumentos que, misógino como es, no utilizaría jamás contra un contrincante masculino. “Hay dos palabras para describir a Kamala Harris: perversa y tonta”, dijo al New York Post el caballerito que, según todos sus biógrafos, no es precisamente una autoridad en materia de empatía ni de coeficiente intelectual.

Pero el bullying de Trump contra Harris no es de ahorita, sino de cuando esta comenzó a ser voceada como reemplazante de Biden: al no encontrarle demasiados flancos débiles, se lanzó a criticarla por la forma en que se ríe y la llamó ‘Laffin’ Kamala. Ella respondió, muerta de la risa, obvio, que así es como se ríen las mujeres de su familia: desde el corazón.

Las bajezas de Trump no pararon allí —ni pararán—, porque ha comenzado a atacarla con asuntos de su vida privada (justo él, convicto de haber pagado a una actriz porno para que callara sus encamadas), como cuando escribió en X: “(A Kamala) le fue mal en el proceso de nominación demócrata, terminó derrotada y desertó incluso antes de llegar a Iowa, ¡pero eso no significa que no sea una política muy ‘talentosa’! Solo pregúntenle a su mentor, el gran Willie Brown de San Francisco”, refiriéndose sibilinamente a una expareja de Harris.

Lo cierto es que este género de ataques solo reforzará más el apoyo femenino a la nueva candidata demócrata, que saltó a la fama justamente cuando, el 2018, durante el gobierno de Trump, el Partido Republicano comenzó el proceso de tirarse abajo la sentencia Roe vs. Wade, sobre el derecho al aborto. Entonces, Kamala, aún senadora, recorrió el país haciendo campaña contra esta maniobra que amenazaba con dinamitar los derechos civiles.

Todo eso confirma la idea de que la todavía vicepresidente de los Estados Unidos no se andará con chiquitas ni remilgos a la hora de poner contra las cuerdas al tipejo que hoy anda alardeando con que es un bendecido de Dios solo porque una bala no pudo encontrar su cerebro, y ya hay quienes predicen que la campaña que se avecina se sintetizaría en una idea fuerza potente que pondrá a Kamala en una posición que el americano promedio adora: “Esta guerra es entre una fiscal versus un convicto”.

Sin embargo, esta campaña también va mostrando las costuras de un país donde el racismo, la misoginia y el androcentrismo se mantienen sin mucha variación. Por ejemplo, en el hecho de que muchos comentaristas de la televisión que, a la hora de hablar sobre cualquier político, suelen saberse al dedillo hasta el nombre de su jugador favorito de béisbol, en el caso de Kamala (y ocurrió también con Hillary Clinton) titubean a la hora de describirla y apelan a los cuatro datos generales que se conocen de ella: que es la vicepresidenta de Biden, que fue senadora demócrata, que es de origen afroasiático, que fue fiscal general de California, que les cae mal a muchos y pare de contar.

Pero Kamala Harris es mucho más. Nacida en un hogar compuesto por un economista y una científica, ha estado del lado de los derechos civiles y el activismo social desde muy niña. Que en la Universidad de Howard donde estudió Derecho (y donde han estudiado muchos de los afroamericanos más destacados del país) era una eximia polemista, que ha participado en campañas políticas desde hace cuatro lustros y que tiene un temple que la hace inmune a cualquier ataque. Todas ellas muy malas noticias para Trump y su equipo de campaña.

By the way, ironías de la vida, ese equipo de campaña que se centró en cuestionar a Joe Biden por el asunto de su edad se verá ahora en la curiosa situación de defenderse del mismo cuestionamiento, pues su candidato, con sus 78 años, no es precisamente un mozalbete y, frente a los 59 años de Kamala, es otro anciano decrépito más. Allí probarán un poco de su propio chocolate. Y ‘Laffin’ Kamala, otra gran ironía, será justamente la que ría al último con la risotada que Trump tanto criticó.

https://larepublica.pe/opinion/2024/07/24/la-risa-de-kamala-harris-por-maritza-espinoza-1546681

21 de octubre de 2023

Agonía política en Argentina

Luis Bilbao

A la memoria del compañero Alcibíades González

A pocos días de la elección presidencial, encuestadores en tropel aseguran la victoria de un paracaidista sin partido ni apoyo formal en el gran capital. Ubican en segundo lugar, a 10 puntos de distancia, al actual ministro de Economía, integrante del trípode gubernamental completado por el Presidente Alberto Fernández y su vice Cristina Fernández. En tercer lugar, en esas encuestas ostensiblemente amañadas, aparece la candidata del Frente por el Cambio (FxC).

Después de haber convertido en héroe una figura payasesca con inequívocos rasgos de enfermedad mental, de vestirlo como “libertario” pese a su estridente definición liberticida, el periodismo comercial lo denuesta con nerviosos signos de temor. El recorrido circular de esta irracionalidad fue veloz y contundente: la conducta de Javier Milei, signada por violentas declaraciones en defensa del capitalismo y el liberalismo le valieron el apoyo de un sector juvenil. Para congraciarse con ese sector esquivo y por estrictas razones crematísticas, la industria mediática impuso a la sociedad una abrumadora presencia del bufón roquero en televisión, radios y prensa escrita. Diligentes analistas y comentaristas políticos lo entrevistaron ad nauseam, como contrapeso a la insoportable chatura de una campaña electoral iniciada dos años antes de los comicios e intensificada hasta el paroxismo en lo que va de 2023.

Al compás de la aceleración de la crisis económica y la degradación política, el partido oficialista decidió aprovechar el papel desviacionista que podía jugar el falso rebelde travestido como “libertario” (insultante calificación debida al periodismo comercial) y así el Partido Justicialista (PJ) optó por poner su aparato a su servicio. Así se llegó a las Primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (Paso) del 13 de agosto. Las Paso son un invento inconstitucional al que recurrió Alberto Fernández cuando era puntal de Néstor Kirchner, quien había sido ignominiosamente aplastado en las legislativas de 2009. Se impuso así una elección en la que todos deben votar obligadamente y lo hacen en cualquier partido que se presente, estén afiliados o no. Aparte el absurdo institucional, este recurso tramposo extiende las campañas electorales al punto de que jamás el país está ajeno a la vil disputa de quienes Martín Fierro llamaría “vagos y malentretenidos”; candidatos profundamente incultos que convierten el discurso político en repetición insoportable de frases dictadas por “consultores” no menos ignorantes. Al ciudadano le restan dos posibilidades: someterse a un ejercicio cotidiano de cretinismo intelectual o apartarse del accionar político.

El caso es que en las Paso obtuvo más votos el bufón del Mercado, quien no competía con nadie. No obstante, contra toda lógica y buen criterio, la prensa en su totalidad le puso el galardón de “ganador de las Paso”.

En ese punto, la mayoría de los miembros de la Asociación Empresaria Argentina (AEA, representación del gran capital), pareció tomar conciencia de peligroso rumbo que tomaba la farsa institucional. Y los más connotados analistas y comentaristas giraron en redondo.

Probablemente sea tarde. Una elevada proporción de la ciudadanía, principalmente en la juventud, parece aceptar la propuesta de Voltaire en su célebre Cándido: “¡¡Adelante!! Si no encontramos nada bueno, al menos encontraremos algo nuevo”.

Más por desesperación que por candidez, una franja de la sociedad argentina revela en estos días una conducta semejante: “salgamos de aquí; donde quiera que lleguemos será mejor”.

En este punto ha colocado al país el peronismo, tras ocho décadas de conciliación de clases en defensa del capitalismo. La voz de mando hacia una transición socialista no se hace oír. Su lugar lo ocupa una nueva versión de la socialdemocracia, empeñada en hallar un rinconcito en la bodega del barco que se hunde. De modo que en términos electorales las perspectivas recaen sobre Patricia Bullrich e incluso Sergio Massa, quien espera alcanzar un segundo puesto apoyado en los gobernadores del interior.

Perspectivas

Así las cosas, el 22 de octubre el país dará un paso más en su decadencia. Es dudoso que la unanimidad mediática anunciando el triunfo de la ignota y mal llamada La Libertad Avanza (LLA) se verifique en las urnas. No obstante, imposible prever la conducta de una clase obrera desperdigada, sin organizaciones propias de ningún tipo, sumada a una clase media en vertiginosa caída, unos y otros sumidos en la decepción y el miedo. Es el caldo de cultivo para el fascismo. Sin embargo, ni aun para eso tiene vigor la sociedad argentina. Por eso, incluso en ese marco de dificultad para prever el futuro inmediato, puede ocurrir que haya una segunda vuelta entre LLA y Juntos por el Cambio (JxC). Sería como elegir entre dos calamidades con peinado diferente. Pero en tal hipótesis no es imposible que quienes en 2015 votaron a Daniel Scioli contra Mauricio Macri y en 2019, también contra Macri, escogieron a Alberto Fernández, descubran que “el mal menor” es Patricia Bullrich y voten por JxC, es decir, por Macri.

Como sea, la verdadera incógnita es qué ocurrirá con el elenco kirchnerista gobernante -hoy en total descomposición- entre el 23 de octubre y el 10 de diciembre, fecha de la asunción del nuevo gobierno. Es menos incierto lo que ocurrirá desde ese día en adelante. El cataclismo económico bullente bajo los pies se transformará, inevitablemente y sea quien sea Presidente, en explosión de la catástrofe social hoy postergada por la complicidad sin fisuras del sindicalismo y los aparatos planeros. No es indiferente que a ese punto se arribe con el mandato cumplido del actual gobierno o con la renuncia anticipada del ministro de Economía, a la vez candidato peronista que podría salir tercero, dando lugar al colapso de los Fernández (Alberto y Cristina), no por casualidad hoy desaparecidos del escenario político.

Manos atadas

Para alcanzar la chance de entrar al balotaje, JxC apeló a dos recursos extremos: la entrega por adelantado del ministerio de Economía a la Fundación Mediterránea y el anuncio de que el jefe de gabinete sería Horacio Rodríguez Larreta. Ambas medidas afectan la cohesión y continuidad de la coalición, tanto más en el caso de acceder al gobierno.

Todo esto, sin dar un solo paso en la definición pública de medidas concretas a aplicar desde el 10 de diciembre, excepto generalidades obvias. El preanunciado ministro de Economía define su propuesta como “capitalista, occidental, federal, progresista”. LLA propone dolarizar y en sus actos públicos exhibe como estrategia una motosierra. El grado de rechazo a la situación actual y a las figuras políticas que la representan es de tal magnitud, que todo desenlace es posible.

En la hipótesis de victoria, Bullrich estaría inhabilitada para actuar sin provocar una fractura de su propio elenco, al margen del conflicto social que implica avanzar en el ajuste de una economía desquiciada, con 50% de pobreza, un desbarajuste sin precedentes de precios relativos, inflación del 200% para 2023 (12,7% en septiembre), una brecha inmanejable entre el dólar oficial ($365) y el paralelo ($1010), con el siempre latente riesgo de caer en hiperinflación y el estallido social, al que entonces sí contribuirían los sindicatos y aparatos planeros. Por el contrario, si el bufón liberal accediera a la Casa Rosada, la ingobernabilidad sobrevendría de inmediato, tanto más grave en la medida en que tendría lugar tras la derrota de los partidos y coaliciones tradicionales del gran capital.

Difícil suponer que la burguesía y sus mandantes extranjeros permitan esta deriva, catastrófica también para ellos. Por eso sus portavoces han virado 180º desde hace dos meses, para atacar a LLA y apoyar a JxC. Presumiblemente, los que mandan harán algo más que hablar.

Recomposición de fuerzas

En las últimas semanas proliferaron denuncias sobre casos de corrupción más escandalosos que lo habituales. Las demostraciones de riqueza y desparpajo en el robo de dinero público obran como multiplicadores del rechazo ciudadano no sólo al gobierno, sino a todo el espectro político. Los casos involucran a funcionarios kirchneristas y aumentan la ya demasiado pesada carga de Cristina Fernández, condenada a seis años de prisión e inhabilitación perpetua por casos probados de corrupción. Pero también envuelven a partidos de oposición, renuentes incluso en plena campaña a sumarse a la condena por los hechos revelados. Además, quedó expuesto ante la población el involucramiento de jueces y fiscales, corrompidos con el dinero saqueado a las arcas públicas y por el narcotráfico. Hamlet alertaba que “Algo huele a podrido en Dinamarca”. Argentina está anestesiada por un hedor que todo lo invade en el sistema institucional y político.

Es improbable que ese agravamiento del malestar colectivo derive en crecimiento del voto a candidatos de izquierda. Ellos no cuentan siquiera con el respaldo entusiasta del frente desagregado al que representan. Tampoco hay una propuesta de voto programático que pudiera obrar como factor de acumulación para una inexorable etapa ulterior de agravamiento de la crisis y movilización social.

Se puede esperar que, como en las Paso, haya una elevada proporción de ausentismo, voto en blanco y anulado. Desde esa endeble base habrá que partir para recuperar el pensamiento científico de la revolución social y recomponer las fuerzas dispuestas a emprender la tarea histórica de construir una nueva Argentina.

Irracionalidad, guerra y sus causas

La irrupción de Hamas en Israel, en la madrugada del 7 de septiembre, conmovió al mundo y cambió para siempre el futuro de ese país y toda la región. Un militar de inequívoca filiación, Hehud Barak, ex primer ministro y héroe de guerra, declaró que esta operación es “la mayor derrota de la historia” israelí.

La brutalidad criminal de Hamas ajena a todas las leyes de la guerra dio lugar a un alud de denuncias, justificadas, pero llevadas a extremos para negar toda responsabilidad de Israel en la opresión y represión del pueblo palestino. Se trata de una formidable operación de prensa de alcance mundial, destinada además a ocultar la masacre -pasado y en curso- perpetrada por el ejército israelí en Gaza (al cierre de esta nota se informa del bombardeo del Hospital Ahli Arab en la ciudad de Gaza, con un saldo de alrededor de 500 muertos).

En Argentina hay una muy numerosa comunidad judía. Caracterizada durante muchos años por sus posiciones progresistas e incluso revolucionarias, en el último período se ha visto dominada por un anacrónico retorno al sionismo. La política de este movimiento para ganar espacio en los medios ha tenido un éxito sobresaliente, sobre todo con la recuperación de muchos periodistas antes comprometidos con la verdad y la transformación social, hoy convertidos en meros propagandistas del Mossad (Instituto de Inteligencia y Operaciones Especiales), que además reclutó numerosos profesionales jóvenes los ubicó en los principales medios y los utiliza como títeres para repetir su propaganda.

De esta manera, los asesinatos del primer día de operaciones de Hamas han desatado un maremoto sionista que desconoce por completo el origen del problema en Palestina y prepara la justificación de una masacre de tal magnitud en Gaza que ha provocado movimientos de última hora de la Casa Blanca y las cancillerías europeas para limitarla.

En Argentina, los tres principales candidatos presidenciales se han sumado de manera indiscriminada a esta operación ultrarreaccionaria timoneada desde Tel Aviv. Si faltaba algo para enrevesar y tergiversar el cuadro político nacional la tragedia de la guerra en Israel -que tiende a extenderse a todo el Medio Oriente e incluso abre la perspectiva ominosa de una deriva nuclear- ha venido para confundir y desviar aún más a las juventudes, los trabajadores y el conjunto del pueblo de sus verdaderas necesidades y objetivos.

La guerra no deriva de la brutalidad de Hamas, sino a la inversa, es la brutalidad constante del sistema capitalista -que necesita a Israel como portaviones estadounidense en Medio Oriente- la que engendra la irracionalidad en su máxima expresión que es el empleo de métodos terroristas para imponerse frente a la opresión. Las personas aplastadas por el alud mediático que utiliza el término “terrorista” para descalificar la causa palestina, deberían saber que los fundadores del Estado de Israel eran denostados precisamente con ese epíteto por parte de Gran Bretaña.

La tradición marxista condenó desde siempre el terrorismo. No tiene por qué buscar contrapesos para defender los derechos históricos del pueblo palestino. Tampoco hay por qué responder la afirmación de propagandistas de la embajada israelí en Argentina, que han llegado a decir que ser antisionista es ser antisemita. No sólo el pensamiento revolucionario socialista, sino incluso el humanismo burgués, es por definición antisionista.

Ese concepto absurdo de la propaganda israelí lo asume una cantidad alarmante de periodistas relevantes en los medios de comunicación. Con la misma certeza de impunidad que actuaron los corruptos que hoy son desenmascarados, actúan los propagandistas del guerrerismo israelí. Esa impunidad se acabará, lo cual también vale para la sociedad argentina toda: si no logra crear una fuerza política comprometida con la clase trabajadora y el conjunto del pueblo, si no logra cambiar el oportunismo electoralista por una estrategia de emancipación nacional y social, si no puede detener la manipulación escandalosa de los medios  de prensa comercial, si no es capaz de frenar el saqueo, que lejos de limitarse a la corrupción dominante a todo nivel social está en la base del sistema económico (dicho entre paréntesis: en este año de cataclismo económico, el gobierno ha pagado 8 mil millones de dólares de intereses por su deuda), si una nueva y poderosa fuerza política de carácter masivo, democrático y anticapitalista no se impone a la degradación que todo lo abarca hoy en Argentina, la irracionalidad también se manifestará en formas violentas. Condenar crímenes de guerra y terrorismo sin condenar las causas que lo provocan es un gesto vacío, al cabo cómplice de lo mismo que se denuncia.

El naufragio del capitalismo argentino y sus instituciones está a la vista. La próxima elección presidencial lo ratificará.

@BilbaoL

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

2 de septiembre de 2023

Tres mujeres luchan por la presidencia de México

Gerardo Villagrán del Corral

Si bien oficialmente la campaña presidencial no comienza hasta la tercera semana de noviembre, los próximos  días serán clave para la oficialista Morena, el opositor Frente Amplio por México y las elecciones del 2 de junio de 2024: se levantarán encuestas y se definirá a los candidatos presidenciales, de los que saldrá el sucesor ¿o sucesora? del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Dos mujeres, Xóchitl Gálvez y Beatriz Paredes, se disputan la candidatura de la oposición. Y por el oficialismo, otra mujer, Claudia Sheinbaum, exjefa de gobierno de la Ciudad de México, es una de las favoritas ante el excanciller Mercelo Erbrard.

Por primera vez y tras 70 años de gobiernos consecutivos, el Partido Revolucionario Institucional, que integra la derechista Coalición Frente Unido por México, postulará a una mujer como candidata. No lo hizo durante sus gobiernos y tampoco a partir de 2000 cuando perdió las elecciones contra el Partido Acción Nacional.

La elección federal de 2024 para elegir Presidente de la República y renovar la totalidad del Congreso  es organizada  por el Instituto Nacional Electoral de México, que espera la participación de 98 millones de personas.Además, se votará por los nuevos funcionarios que ocuparán 20 mil cargos federales e incluso locales, pero resaltan el Senado junto al Cámara de Diputados, con sus 128 senadores y 500 diputados federales que componen el Congreso de la Unión.

También se reemplazarán a ocho gubernaturas más el cambio del jefe de gobierno en la Ciudad de México (CDMX). Las entidades donde los habitantes saldrán a votar son: Chiapas, Yucatán, Veracruz, Tabasco, Puebla, Morelos, Jalisco y Guanajuato. Respecto a las elecciones en Congresos locales, se celebrarán en 31 estados de la república. Por último, se realizarán los comicios municipales en 25 entidades, donde se establecerán diferentes gestiones de gobierno.

Para las facciones políticas es importante reconocer en cuáles estados tienen mayor presencia. Después de los comicios de junio de 2023, el mapa se reconfiguró. Morena gobierna 21 estados entre los que resalta el Edomex; el PAN tiene cinco entidades bajo su mandato; el PRI, dos; el PES Y el PVEM, uno respectivamente. Lo anterior significa que Morena tiene gobernantes en el 60% del territorio nacional.

Con el triunfo de Delfina Gómez, candidata a gobernadora del Estado de México, por el partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena), esta fuerza política consiguió uno de las entidades más importantes del país.

A diferencia de otros procesos electorales, en setiembre los mexicanos conocerán el nombre de los aspirantes a la Presidencia y no tendrán que esperar hasta finales de año como sucedió en sexenios previos. Esta etapa fue una especie de pre-precampaña, en la que Morena optó por adelantarse a la contienda presidencial para ganar ventaja y el Frente lo hizo semanas más tarde. Tras 70 días de recorrer el país, propuestas, acusaciones de acarreos y desencuentros, las preprecampañas llegaron a su fin.

La gran operación mediática de la oposición, inflada desde las tribunas del PAN, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el fantasmagórico Partido de la Revolución Democrática (PRD), atraviesa una crisis existencial, cuestionada incluso por sus líderes.

La competencia en el Frente Amplio por México duró 53 días. En el inició se presentaron 31 aspirantes, peros solo dos mujeres se mantuvieron hasta la recta final: Xóchitl Gálvez y Beatriz Paredes. Tras la presión de líderes partidistas de oposición, Paredes descartó declinar para dejarle el paso libre a la panista. “Si las mujeres vamos a repetir el modelo patriarcal de los arreglos, perdónenme, estamos jodidas”, sostuvo.

La panista Xóchitl Gálvez, quien despuntó como favorita de la oposición hace meses, gracias a su enfrentamiento mediático constante con el presidente López Obrador. Con cierta frescura en el discurso y poco espacio al dogma, con guiños a la izquierda y defensa de sus gestiones en la función pública, Gálvez inició el proceso de selección de candidato del Frente con ventaja.

Mientras, en el oficialismo sigue la polémica por posible conflicto de intereses de la presidente de la Comisión de Encuestas de Morena, Ivonne Cisneros, pues acusan que es simpatizante de Claudia Sheinbaum, incluso antes de que comenzara la contienda para definir al candidato que seguirá con el proyecto de gobierno de la cuarta transformación.

El excanciller Marcelo Ebrard reconoció el trabajo hecho por López Obrador pero dijo que ahora es momento de construir un nivel más. “Nuestra causa es llevar la Cuarta Transformación al siguiente nivel, no quedarnos donde estamos”, afirmó.

Claudia Sheinbaum rompió con su cautela y presentó un decálogo como declaración de principios en su penúltima asamblea en el Monumento a la Revolución. Entre los temas prioritarios habló de la economía moral con austeridad republicana y la erradicación de la pobreza; la consolidación y ampliación de inversiones estratégicas; el fortalecimiento de los derechos para la educación y la salud; el agua y la seguridad alimentaria.

Morena inició dos etapas: una veda electoral y el levantamiento de cinco encuestas mediante las cuales se elegirá al coordinador nacional de los Comités de Defensa de la Transformación. En el caso del opositor Frente Amplio por México, el Comité Organizador realizará dos estudios de opinión (uno vía telefónica y otro en vivienda),  y el 3 de setiembre hará una consulta que definirá a la persona que va a dirigir el FAM.

En Morena se están levantando las encuestas para preguntar a los ciudadanos: ¿a quién prefiere como coordinador o coordinadora de los comités de defensa de la transformación rumbo a las elecciones de 2024? El levantamiento de la encuesta, será también una semana de veda para sus aspirantes que durará hasta el 6 de septiembre, tiempo en el que se levantará la encuesta, se procesará y se hará público el resultado.

En el caso de las aspirantes del Frente Amplio por México, podrán continuar con sus actividades debido a que en sus reglas no establecieron ningún tipo de veda mientras se realizan los estudios de opinión y se hace la consulta.

Gerardo Villagrán del Corral.  Antropólogo y economista mexicano, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

https://estrategia.la/2023/08/30/mexico-tres-mujeres-luchan-por-la-presidencia/


23 de agosto de 2023

Argentina: Ni antisistema ni libertario

Miquel Ramos

No es ningún fenómeno nuevo ni representa ninguna amenaza para el sistema un personaje como Javier Milei, por mucho que los medios se empeñen en retratar así al recién vencedor de las primarias abiertas argentinas y posible nuevo presidente del país. No lo era tampoco Donald Trump, un multimillonario megalómano que decía ir contra ‘el sistema’, ni lo es la ultraderecha que hoy gobierna en Italia, Hungría, Polonia o en varias comunidades y ayuntamientos de España. No hay nada nuevo en sus políticas ni suponen ninguna amenaza para el sistema. Son la derecha de siempre hablando sin tapujos y encarnada por personajes que saben venderse muy bien en la era de las redes sociales y la viralidad de lo histriónico. Aunque sea a base de comprar bots e inundar las redes con su basura.

A Milei, al contrario que a la derecha española, hay que agradecerle que hable tan claro sobre el alma del neoliberalismo y su plan de exterminio para la sociedad que pretenden. El tipo no se corta ni edulcora su ideología con promesas ambiguas de proteger lo común mientras lo vende a sus amigos. Él lo dice claro: todo sobra menos los aparatos represivos del Estado que garanticen su mando. El Estado como instrumento de control para disciplinar y someter a la población. Y cada uno que se apañe y salve su culo como pueda.

La derecha española, sin embargo, sigue reivindicando retóricamente lo público, aunque en la práctica lo esquilme y lo reparta entre sus mercaderes. En España sigue habiendo cierta resistencia a dar ese paso honesto y sincero de la derecha a decir lo que de verdad pretende, por mucho que Vox represente el exabrupto de carajillo y camisa azul más centrado en lo simbólico y en su batalla cultural que en lo económico. El sentido común aquí todavía se resiste a prescindir de un Estado que, por mucho que critiquen en sus discursos por sus impuestos, su tamaño y su alcance, es el principal sustento y garante de toda esa casta que, como Abascal, lleva viviendo de él desde siempre. No hay más que ver las subidas de sueldos que se han adjudicado los nuevos dirigentes ‘políticamente incorrectos’ nada más tomar sus puestos, o los años que llevan todos ellos chupando de la teta del Estado.

Milei no es más que otro personaje como lo fue Trump y como lo son tantos otros fantoches despeinados y gritones ultraderechistas que nacen, crecen y se reproducen en las ciénagas de la posmodernidad. Son el producto perfecto para quien entiende la política y la vida como un mero espectáculo, un concurso de talentos o un reality show. Lo de hablar con su perro muerto y clonarlo no es más que parte del atrezzo de este personaje. Gritar mucho, insultar y defender mercantilizar hasta el hígado de tu padre no es ir contra el sistema. Es el sistema hablando claro, sin tapujos ni medias tintas. Viven de él y son ricos y famosos gracias a él. Ellos representan el capitalismo sin caretas, sin palabras amables ni ambigüedades. Una sinceridad que algunos insisten en tildar de ‘antisistema’ pero que en la práctica tan solo vale para perpetuar el sistema que se sirve de lo público para alimentar a una minoría privilegiada mientras perpetúa la desigualdad que somete a la mayoría. Por mucho que ésta acabe votando a sus verdugos.

El lenguaje es un eterno campo de batalla. Por eso existe una pugna histórica por la apropiación del término ‘libertad’ para justificar cualquier atrocidad. Libertad para tener esclavos, para vender a tus hijos o para portar armas y matar a quien se acerque a tu jardín. Con esta nueva especie de reaccionarios no parece tan claro, y se les está comprando el barniz anarquista y libertario demasiado alegremente, como la inmerecida etiqueta de ‘antisistema’. Estos personajes cuya filosofía, lejos del verdadero anarquismo, está basada en el todo vale, tratan de apropiarse de lo libertario y de la libertad misma para retorcerla a su gusto. La ausencia de límites en el mercado y la instrumentalización del Estado para garantizar este orden neoliberal todavía más irresponsable y psicópata no tiene nada que ver con la responsabilidad individual para con el resto que prevé el anarquismo. Pero inexplicablemente se les regala el término. No hay más que echar un vistazo a la experiencia de la localidad de Grafton, en EEUU, tomada por seguidores de la ideología que defiende Milei para ver cómo termina el experimento: casi devorados por osos y pidiendo ayuda al Estado.

No sabemos si estos personajes tendrán mucho más recorrido. La caída de Vox en las últimas elecciones supuso una advertencia de que esta derecha que pretende ser nueva por irreverente no es más que un instrumento circunstancial para advertir y modular el panorama político cuando convenga, como lo fue Ciudadanos en su papel hasta su defunción. Lo que sí que sabemos es que estas ideas quedarán y van a seguir infectando una parte del debate público, porque esa es su verdadera misión. Ese ‘fondo intelectual tremendamente sólido’ que va más allá de la ‘puesta en escena histriónica y populista’ que el presidente del PP catalán, Alejandro Fernández atribuía a Milei en un tuit que acabó borrando horas después, ha venido para quedarse. Veremos si quien lo abandera será esa nueva ultraderecha que representa Vox, o lo abrazará también este PP de Feijóo, que es también el de Álvarez de Toledo, Alejandro Fernández e Isabel Díaz Ayuso, que no se distinguen tanto del argentino despeinado.

https://blogs.publico.es/dominiopublico/54735/ni-antisistema-ni-libertario/#md=modulo-portada-fila-de-modulos:4x15-t1;mm=mobile-medium

26 de mayo de 2022

Colombia: una elección presidencial bajo amenazas

Marco Teruggi

El sábado terminó con preocupación en Colombia. Gustavo Petro denunció la existencia de un plan para dar “un golpe a las elecciones del 29 de mayo”. El candidato del Pacto Histórico, al frente en todas las encuestas, afirmó que “tienen pensado suspender las elecciones, suspender los órganos que rigen el proceso electoral”. Sus palabras fueron pronunciadas en un acto masivo desde un escenario en la ciudad de Barranquilla, al norte del país, sobre el mar Caribe.

Francia Márquez, candidata a vicepresidenta en el Pacto, fue protegida esa misma noche por un dispositivo de seguridad antibalas y bajada de emergencia del escenario luego de ser apuntada en la cara por un láser en un acto de amenaza. Su acto se desarrollaba en la ciudad de Bogotá por el día de la afrocolombianeidad, sector del cual proviene Francia, una mujer negra, ambientalista y feminista, víctima de un atentado en el 2019, quien logró una gran popularidad en un país que viene de tres años consecutivos de grandes movilizaciones.

Ambos hechos pusieron al rojo la situación de alertas que se vive en las elecciones colombianas. Iván Cepeda, senador y parte del Pacto Histórico, precisó en la mañana del domingo a qué refería Petro: “hay una campaña que es innegable para buscar suspender en la última semana anterior a las elecciones al registrador que es ni más ni menos que el funcionario del cual depende todo el sistema electoral (…) es obvio que si a tres o cuatro días de las elecciones es suspendido el funcionario que tiene la labor de realizar el conteo de la votación, traumatiza todo el sistema electoral”.

La posibilidad de que el registrador, Alexander Vega, sea destituido es una de las varias alertas en el marco de una elección atravesadas por amenazas. Muestra de ello es la protección con la cual Petro debe realizar cada uno de sus actos, o el informe de la Defensoría del Pueblo que afirmó que de los 1.123 municipios de Colombia al menos 521, es decir el 47.3%, están expuestos a vulneraciones de derechos humanos en el período electoral, dentro de los cuales 84 están bajo riesgo extremo.

Las amenazas parecen proporcionales a las posibilidades de que Petro gane las elecciones. El candidato del Pacto Histórico -que aglutina a partidos, organizaciones, y dirigentes progresistas, de izquierda y liberales- encabeza las encuestas. Lo siguen Federico “Fico” Gutiérrez, de la coalición Equipo por Colombia, y, en tercer lugar, Rodolfo Hernández, de la Liga de los Gobernantes Anticorrupción, quien ha logrado un crecimiento en las últimas semanas al punto de disputarle el posible segundo lugar a Gutiérrez en un eventual ballottage.

Según la encuestadora Guarumo, Petro tiene 37.9% de intención de voto, Gutiérrez 30.8% y Hernández 20.3%. Invamer, por su parte, muestra al primero con 40.6%, al segundo con 27.1%, y al tercero con 20.9%. Finalmente, el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica sitúa a Petro con 48% en una proyección sobre voto válido, a Hernández como segundo con 21.8% y a Gutiérrez con 21.4%. Petro encabeza en todas, pero no llega a más del 50% necesario para obtener la victoria en primera vuelta.

Una segunda vuelta es entonces probable y, allí también Petro aparece como favorito en las encuestas, en particular en caso de medirse contra Gutiérrez, ex alcalde de Medellín, un candidato señalado de uribista que niega serlo. Los vínculos entre Gutiérrez y el ex presidente Álvaro Uribe y su partido Centro Democrático son varios, como quedó demostrado, por caso, cuando el candidato del Centro declinó su candidatura en su favor. Sin embargo, la imagen negativa de más de 70% del actual presidente Iván Duque, así como la de Uribe, significa que un apoyo público para primera vuelta sería un peso para Gutiérrez.

El candidato de Equipo por Colombia, acusado de vínculos con la organización criminal Oficina de Envigado durante su mandato como alcalde, sostiene un discurso característico de las derechas latinoamericanas, como expresó en el acto realizado en Neiva el viernes: “acá lo que está en juego es el futuro del país, no podemos dar un salto al vacío como ya lo hicieron Cuba, Venezuela, Nicaragua, o recientemente Perú y Chile. Tenemos que evitar esos proyectos populistas”.

La necesidad del uribismo de esconderse tras Gutiérrez demuestra la crisis de la fuerza dominante de la política colombiana en los últimos 20 años, y el pedido de cambio existente. Esa situación le permitió a Hernández encontrar un espacio con un perfil de outsider, un discurso anti-corrupción, aunque esté acusado de corrupción en una causa de coimas. El tema de la corrupción ocupa un lugar muy importante en Colombia: según el Centro Nacional de Consultoría es la preocupación mayor de la ciudadanía, con 23%, seguido del desempleo con 18%, la pobreza y el hambre con 13% y la inseguridad urbana con 8%.

Hernández, apodado como “viejito, pero sabroso” en sus redes sociales, plantea “salir de la polarización”, y disputa parte de una base electoral común con Gutiérrez, de centro-derecha, derecha, uribismo desencantado. Su ascenso se corresponde a su vez al desplome del candidato que se presentaba como de centro, Sergio Fajardo, lo que ha llevado a concluir que el exalcalde de Bucaramanga logró atraer a una parte importante de esos votantes. Otra candidata que buscaba el centro, Ingrid Betancourt, le dio finalmente su apoyo en días recientes a Gutiérrez.

Si bien es entonces un escenario abierto de cara al 29 de mayo, existe, en vista de las encuestas y los apoyos en los actos, una probabilidad de que Petro gane las elecciones. Significaría un presidente progresista en un país que viene de 50 años de una violencia armada que tomó varias formas, pero nunca se detuvo, y ahora se caracteriza por el asesinato sistemático de líderes sociales, de derechos humanos, y de masacres. “Hay un régimen de la corrupción desesperado”, afirmó Petro en Barranquilla, en referencia a la posibilidad de que resulte electo.

El gobierno, por su parte, niega que los planes denunciados sean ciertos. El ministro del Interior, Daniel Palacios, escribió que las “afirmaciones en las que se habla de aplazamiento o suspensión de las elecciones son absolutamente falsas. Solicitamos a candidatos y equipos no generar desinformación”. La procuradora general, Margarita Cabello Blanco, afirmó por su parte que “las fechas de las elecciones en Colombia las fija la Constitución y la ley, por lo tanto, no son susceptibles de cambio”.

La última semana antes de la primera vuelta se anuncia tensa. El país viene del estallido del 2021, el tema de las elecciones permeó el cotidiano, se debate en muchos sitios en un cruce entre la necesidad de cambio, la campaña de miedo contra Petro, y las amenazas en un país acostumbrado a contar muertos, sicariados, o paros armados como eufemismos para nombrar control territorial de grupos armados/paramilitares. ¿Qué pasaría en caso de una denuncia de robos de votos o maniobras de últimas horas antes, durante, o después de la contienda que pongan en duda el resultado? Muchos coinciden en que podrían desencadenarse respuestas en las calles.