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25 de agosto de 2024

Venezuela: SOBERANÍA Y RESISTENCIA

Luis Varese

Todo el procedimiento estaba preparado de antemano. Un candidato agente de la CIA (vean por favor el carnet a nombre de Edmundo Gonzáles Urrutia, que lo acredita) una Corina Machado delincuencial, lumpenesca en el lenguaje y en la acción, que clama por la intervención extranjera; la Embajada yanki coordinando, el Departamento de Estado pidiendo entrega de actas a las 48 horas cuando la ley da 30 días (en México ayer, 2 meses y medio después de las elecciones, el Instituto Nacional Electoral, recién confirmó la elección de Claudia Sheinbaum como Presidenta).

Los medios de comunicación masivos, a nivel mundial, listos en la línea de carrera, preparados para gritar FRAUDE, en el momento que el patrón lo indique. La Unión Europea y su Vocero representante de petroleras, Josep Borell, condenando las elecciones y la inefable OEA clamando por una revisión acta por acta a las 48 horas y lista para declarar fraudulentas las elecciones.

Las bandas delincuenciales que tuvieron objetivos muy precisos dañando escuelas, centros de salud, hospitales, autobuses, estaciones de metro. Ciudadanos de oposición en las calles.

Ese guión con alguna variante, se conocía de antemano. Lo imprevisto fue el jackeo, de una parte del programa de votación computarizado, realizado desde la República de la ex Yugoeslavia Macedonia, que retrasó llegar al cien por ciento del conteo.

Pretendieron un golpe de estado tal como lo hicieron en Nicaragua en 2018. Con otro detonante, en este caso las elecciones, pero el mismo esquema de utilización de la delincuencia como carne de cañón y el coro de oligarcas gritando fraude a través de los parlantes de la prensa internacional y los aliados de EEUU.

Sin temor, la dirección política de la Revolución Bolivariana se lanzó a esas elecciones. Se preveía la violencia y todo lo que a renglón seguido, ocurrió.

Hoy día hay 2029 detenidos, probablemente muchos de ellos hayan participado por ser arrastrados en la turba. Unos serán juzgados y absueltos y otros condenados, como ocurre en todo estado de derecho. Entre ellos deberán estar los cabecillas pagados y entrenados en sus países de migración, según informan las autoridades. Nada de rasgarse vestiduras a nombre de los derechos humanos.

Por supuesto los autores intelectuales están tranquilos bebiendo sus cocteles en Washington, Miami y Madrid, algotros en Bogotá o Lima.

El Presidente Maduro obtuvo el 51% de votos. Su contrincante el 42%. A este sector descontento hay que prestarle atención. Evidentemente queda mucho trabajo político por hacer y no podrá descuidarse. Pero la economía venezolana se va recuperando a pesar del robo de sus bienes en el exterior, a pesar de las más de 900 medidas de bloqueo y de la afectación brutal de sus ingresos.

El emperador bajó el pulgar y arrepentido, lo tuvo que poner, temblando, en posición horizontal, neutra.

Anthony Blinken, secretario de estado de los EEUU, reconoció a Gonzáles como Presidente, luego, cuando el Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, mencionó que pondría a disposición de los BRICS los bloques de petróleo y de gas comprometidos con los EEUU, el pobre Biden y el propio Blinken retrocedieron y dijeron que Gonzales era ganador de las elecciones, pero todavía no lo reconocían como Presidente de Venezuela. (El que con Guaidó se quema, hasta la cuajada sopla, dirían los Nicas).

Hasta aquí la breve síntesis de lo ocurrido. La agresión contra Venezuela no concluye. Es demasiado lo que está en juego, pero sobre todo es demasiada influencia en el área.

Hacia dónde va el desenlace

A nadie le quepa duda, Maduro es el Presidente de Venezuela y la Revolución Bolivariana continúa, con sus ires y venires, concesiones y radicalizaciones. Maduro anuncia profundización y mayor aceleración en la redistribución de riqueza a través de las políticas públicas y las Misiones.

Es indispensable atender las necesidades políticas y económicas de esos cuatro millones que votaron en contra. Hay que profundizar el modelo socialista venezolano, a pesar de la agresión económica imperial.

Los EEUU requieren del petróleo venezolano, pues sus propias reservas, a decir de los entendidos, están en seria disminución y aquí surge una contradicción favorable a Venezuela, los petroleros yankis saben que con Maduro hay estabilidad. Con un gobierno de la lumpenoligarquía no lo tienen tan seguro, pues no sería de ninguna manera una transición pacífica.

Los EEUU afrontan su crisis de hegemonía de manera brutal. Apoyan, financian y sostienen el genocidio, infanticidio en Gaza, como un anuncio de lo que se nos puede venir, a la humanidad entera. Los halcones yankis, quisieran un desenlace militar, pero saben que no será en el corto plazo. Lo planean para más adelante. Han montado una agresión, vía el Esequibo, con Guyana, los petroleros ingleses y estadounidenses, así como el propio gobierno de Guyana, comprometido en la disputa territorial.

El progresismo y sus prioridades

En este marco veamos a Nuestramérica con dos posiciones desde la izquierda. Por un lado Cuba, Nicaragua y Venezuela con proyectos socialistas.

Cuba con una construcción histórica que cumple 65 años y resiste, indómita, un bloqueo imperial inhumano, ilegal y genocida. Enfrenta hoy una guerra cibernética dirigida a los jóvenes y debe afrontar la aceleración de las medidas económicas acordadas en el Congreso del PCC.

Nicaragua con un proyecto Soberanista, redistributivo, casi autárquico y de mucha satisfacción directa para la población en su conjunto. Es el único país que alcanzó la soberanía alimentaria en Centroamérica.

Venezuela que continúa buscando superar las carencias de producción para el autosostenimiento y que va construyendo un modelo económico propio, a pesar del robo directo de sus empresas en el exterior y con medidas coercitivas de bloqueo enormes.

Estos tres países tienen en común una definida opción Soberanista y una clara posición antiimperialista y por el multilateralismo. En la batalla por la hegemonía que tratan de imponer los EEUU y la Unión Europea, se vuelven aliados inevitables de los BRICS, como instrumento de financiamiento y comercio y por supuesto de China, Rusia, y los países que desarrollan una política anti hegemónica activa.

La sorpresa de Lula y Petro

Pedir que se vuelvan a realizar elecciones en Venezuela, con una supervisión internacional organizada, es de un absurdo inexplicable, desde todo punto de vista. Incomprensible en Itamaraty, la Cancillería brasilera, cometer semejante desacierto sabiendo que jamás iba a ocurrir. Solicitando qué cosa. ¿Una nueva oportunidad para Machado y CIA? ¿No tienen suficiente experiencia con Bolsonaro y la derecha neofascista de su país? ¿Están provocando una guerra interna? ¿A cambio de qué ha hecho esta propuesta Lula? Porque una declaración de este tamaño debe haber sido un acto muy meditado.

Terrible decisión, tontamente avalada por Petro. Será que creen realmente que concediendo ocupan más espacio, ganan tiempo.

No solamente es grave para su relación tan importante con Venezuela, sino para ambos países. Es un golpe muy duro para la construcción de la Unidad de Nuestramérica. Romper con Nicaragua, ahora con Venezuela. Desmarcarse de los procesos radicales en qué les beneficia. Qué pretenden demostrar y ante quién. Incomprensible Lula, incomprensible Petro.

Un autogol que favorece a la derecha internacional, al fascismo creciente, a nadie más. Buscar la prolongación de la duda, del conflicto, regalarle tiempo al enemigo. Realmente buscan generar las condiciones para la guerra, es incomprensible o totalmente reaccionario y queremos concederles el beneficio de la duda.

Lula ha lanzado un misil contra Venezuela, y contra Nicaragua, pero también ha contribuido a debilitar los BRICS, la UNASUR, la Propia CELAC, es decir los espacios de confluencia donde podíamos encontrarnos buscando alternativas reales de unidad, por un mundo nuevo, por el multilateralismo.

No los quemaremos en la hoguera del sectarismo, ni a Lula ni a Petro. Pero una pésima decisión jugando a favor del Imperio, muy difícil de rectificar.

En este mismo marco México, a través de su presidente Andrés Manuel López Obrador se desmarcó de estas posiciones, con la tradicional sabiduría de no entrometerse en decisiones internas de ningún país. Una vez más el gobierno mexicano contribuye a la unidad, buscando soluciones autónomas en cada país y para la región en su conjunto.

Maduro gobernará los próximos seis años.

La derecha, el Imperio, seguirá tratando de derrocarlo. El pueblo venezolano seguirá resistiendo y desarrollando su posición antiimperialista. Ojalá que no veamos la agresión militar tan anunciada.

América Latina deberá continuar siendo un Continente donde no entierren sus sucias garras el imperio y la OTAN. Debemos seguir siendo un continente de paz.

20 de agosto 2024

https://nuestrabandera.pe/2024/08/24/venezuela-soberania-y-resistencia/

23 de agosto de 2024

EE.UU.: la diplomacia de guerra y petróleo

Carlos Fazio

El conflicto poselectoral en Venezuela exhibe la redición de antiguos esquemas de presión, desestabilización y ataques directos a la soberanía nacional del país sudamericano por la diplomacia de guerra de Washington. Así, mientras por un lado el Departamento de Estado ejerce una creciente presión diplomática sobre el eje conformado por Brasil, Colombia y México para llevarlos a su terreno y debilitar su posición como interlocutores y mediadores regionales autónomos, por otro, funcionarios de la administración Biden han intensificado declaraciones que aluden a una eventual reanudación del programa de sanciones contra la paraestatal Petróleos de Venezuela (PDVSA).

Con su carga de ambigüedad estratégica y sobre la base del desconocimiento de los resultados emitidos por las autoridades electorales de Venezuela que dieron como ganador a Nicolás Maduro el 28 de julio, la Casa Blanca busca garantizar la conducción y el tutelaje de la crisis política de alcance regional en función de los intereses de seguridad nacional del imperio, donde el factor energético (petróleo/gas) es fundamental de cara a la elección presidencial de noviembre próximo entre Kamala Harris y Donald Trump.

En medio de una controversia poselectoral que se encuentra en proceso de resolución en el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), la escalada de presiones diplomáticas estadunidenses busca explotar las vacilaciones y contradicciones de los presidentes de Brasil y Colombia, Luiz Inácio Lula da Silva y Gustavo Petro, respectivamente, y fabricar un consenso regional que con la intervención de la moribunda Organización de Estados Americanos (OEA), permita la adopción de una postura más agresiva y hostil hacia el gobierno de Nicolás Maduro.

La reciente propuesta de una repetición de elecciones esbozada por Lula y Petro –que inicialmente respaldó el presidente Joe Biden, luego desmentido por un portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de EU que adujo una mala interpretación de una pregunta periodística–, indica que el camino tejido por Washington en los últimos días ha buscado consumar ese objetivo. Al respecto, cabe consignar que Lula sugirió la formación de un gobierno de coalición o la convocatoria a elecciones con un comité electoral independiente y observadores internacionales, mientras Petro propuso un levantamiento de sanciones, amnistía general, garantías para la acción política y un gobierno de cohabitación transitorio que conduzca a nuevos comicios. A su vez, el mandatario mexicano, Andrés Manuel López Obrador, mostró desacuerdo con esas propuestas, considerando imprudente la injerencia extranjera en asuntos internos de otro país.

Según la interpretación de la página web Misión Verdad, la iniciativa de Lula y Petro, ampliamente rechazada por todo el espectro político venezolano, puede interpretarse como una salida elegante al dilema planteado por las presiones del secretario de Estado, Antony Blinken. Según el medio, con eso intentaron, al mismo tiempo, no conceder a Washington el reconocimiento al candidato opositor Edmundo González –el testaferro de María Corina Machado, financiada por EE.UU. y con derecho de picaporte en la Casa Blanca–, pero tampoco al presidente Maduro el reconocimiento a su victoria ni la validación del contencioso electoral en el TSJ.

Lula y Petro parecen no haber comprendido que, en tiempos de gran polarización geopolítica, jugar en un terreno resbaladizo y oscilante es una pésima señal, en un contexto internacional donde la autonomía estratégica define el perfil de los países en el marco del gran momento multipolar impulsado por potencias como China y Rusia, motores, a su vez, del BRICS+10. Es debido a ese escenario –en el cual Venezuela aspira jugar un rol protagónico a corto plazo dado su papel como eslabón fundamental en la cadena de suministro global de hidrocarburos–, que EU reactivó el hostigamiento económico como principal arma de coerción, ahora bajo la mampara de la crisis poselectoral. Proceso que incluye, además, el virtual alejamiento venezolano del imperio del dólar dado su potencial acoplamiento al BRICS, que está por poner en funcionamiento un nuevo sistema de mensajería financiera similar al SWIFT, que puede acabar con el dominio global del billete verde y reconfigurar el panorama del comercio mundial.

En medio de la escalada de presiones diplomáticas, el programa de exenciones petroleras otorgadas a Venezuela por la administración Biden, así como la intensificación de las sanciones unilaterales, extraterritoriales e ilegales incluye una fase de administración de licencias que permite ajustar el enfoque conforme cambien las circunstancias y urgencias del mercado energético global, así como en criterios de conveniencia en relación con la seguridad nacional y energética del imperialismo estadunidense. Si bien Maduro amenazó con pasar los bloques de petróleo y gas explotados por firmas occidentales a sus aliados del BRICS, no hay que descartar que en esta nueva fase de agresión contra Venezuela, los estrategas en Washington hayan elaborado un plan de contención dirigido a reforzar fuentes alternativas que cubran las necesidades energéticas del país (previsiblemente con la mira puesta en las vastas reservas de arenas bituminosas de Canadá y los nuevos pozos descubiertos en Guinea Ecuatorial y el Golfo de México), a fin de evitar las presiones de grandes empresas como Chevron, Eni, Repsol, Shell, BP y otras, con operaciones y proyectos conjuntos con PDVSA.

En ese contexto, las propuestas pusilánimes y a todas luces injerencistas de Lula y Petro, aunque han servido para frenar la inicial violencia del terrorismo guarimbero de María Corina Machado y la ultraderecha venezolana, y no satisfagan plenamente el objetivo imperial de elevar la hostilidad regional hacia el gobierno venezolano, se traducen en un apalancamiento de la narrativa de desconocer la victoria electoral de Nicolás Maduro y permitiría a la administración demócrata de Joe Biden ganar tiempo, distribuir el foco de atención sin perder el sentido de la escalada multiforme propia de la guerra híbrida en curso y retrasar la imposición de sanciones petroleras que afectarían sus intereses energéticos, en especial en un contexto electoral estadounidense donde un desbalance en la inflación o en los precios de la gasolina, a causa de una medida improvisada, podría seguir catapultando la candidatura del republicano Donald Trump.

Fuente: https://www.jornada.com.mx/2024/08/19/opinion/020a1pol

6 de agosto de 2024

Todo lo que necesita saber sobre las elecciones venezolanas y no encontrará en los medios

Pascual Serrano

Tras la jornada electoral del pasado 28 de julio en Venezuela, ustedes habrán visto, escuchado y leído en los medios muchos comentarios de este tipo: “El Gobierno venezolano ha cometido fraude porque no ha mostrado las actas de las votaciones”, “La oposición ha enseñado unas actas que muestran que ganó las elecciones”, “El Gobierno y el ejército están reprimiendo a los opositores que se manifiestan en contra del fraude electoral”, “Maduro no dejó entrar a representantes de la UE como observadores electorales”, “Los gobiernos de izquierda de América Latina están exigiendo a Maduro que presente las actas electorales”. Vayamos por partes.

La primera cuestión a aclarar es que la autoridad electoral en Venezuela es el Consejo Nacional Electoral (CNE), un poder, a diferencia de nuestros países, independiente de los demás. Y, por tanto, autónomo en su funcionamiento, no depende del Gobierno, ni para organizar las elecciones, ni para hacer el recuento, ni para difundirlo.

La jornada electoral del 28 de julio se desarrolló con normalidad, como confirmaron los observadores de la ONU, del Centro Cárter y el millar de observadores y veedores invitados por el CNE. Efectivamente, no hubo observadores de la Unión Europea invitados. Como tampoco hay observadores latinoamericanos en la elecciones europeas. Con más motivo en Venezuela, país al que la UE tiene sancionados a sus dirigentes, ni siquiera dejan entrar en Europa a miembros del Gobierno venezolano. Si malamente respetan al Gobierno venezolano, tampoco respetarían sus elecciones.

A las pocas horas el CNE, la autoridad electoral, emitió un primer boletín con un 80% de las mesas escrutadas y con una tendencia “contundente e irreversible”. En él anunció que Maduro fue reelecto para un tercer mandato con 5.150.092 votos, un 51,20% y el siguiente era Edmundo González, que habría logrado 4.445.978 votos, un 44,2%. También informaron de que estaban siendo víctimas de un hackeo que retrasaría los resultados definitivos.

En Venezuela, como en la mayoría de las elecciones de nuestro entorno, tras el final de la votación y el recuento, se elabora un acta por cada mesa electoral donde se detallan el número de votos totales y los obtenidos para cada candidatura. Ese documento es firmado por los miembros de la mesa electoral, testigos y representantes de los partidos, que se llevan una copia para su organización.

Este documento no se suele difundir en nuestros países. Seguramente usted no habrá visto nunca un acta de votación de mesa de las elecciones de su país con la firma y número de documento de identidad de los miembros de la mesa y representantes. Ese documento es el que las diferentes partes presentan ante las autoridades electorales o judiciales si consideran que hay alguna discrepancia con el escrutinio que sí se hace público. Un escrutinio detallado por mesas electorales, es decir, perfectamente cotejable con el acta.

Ante el retraso del CNE para presentar ese escrutinio detallado, la candidatura de Edmundo González pone en marcha una página web donde dice presentar las actas electorales, primero dijo que el 30%, luego el 80%, según quién hiciese las declaraciones. Hacen su propio recuento de sus propias actas y llegan a su propio resultado, que han ganado ellos.

Esta candidatura, a diferencia del resto, ya dejó claro que no iba a reconocer a la autoridad electoral y sus resultados, por tanto, lo único que hizo fue declararse en rebeldía antes la institucionalidad electoral y presentar sus propios resultados para adjudicarse vencedores.

Mientras tanto la candidatura de Maduro, que también disponía de sus actas, como todos los candidatos, optó para aceptar la normativa electoral y esperar los datos oficiales del CNE.

El panorama que se vendía ante la comunidad internacional era de un Gobierno que no enseñaba las actas ni las pruebas de su victoria y la de una oposición que sí estaba mostrando las pruebas del fraude y de su victoria. Algo absolutamente erróneo. Era un Gobierno esperando los datos oficiales y una oposición tirándose al monte y boicoteando las elecciones.

Ante esta situación, el presidente Nicolás Maduro vuelve a recurrir a las instituciones y a la ley y presenta ante el Tribunal Supremo, un recurso de amparo para que sean los jueces los que diriman, conforme a la ley vigente, el conflicto abierto. El Tribunal convoca a todos los candidatos y les requiere para que presenten la información que dispongan sobre los resultados, actas incluidas. Y, por supuesto, también requiere al CNE para que presente los datos pormenorizados que todavía está pendiente de difundir.

A esta cita de los jueces se presentan todos los candidatos con la información electoral que poseen menos, precisamente, el candidato que decía estar difundiendo las actas que mostraban su victoria.

El presidente de la Asamblea de Venezuela, Jorge Rodríguez, posteriormente revela que el sitio web del partido de Edmundo González solo contiene 9.468 presuntas actas de las más de 36.000 mesas instaladas el domingo, lo cual desmiente las declaraciones sobre que tenían «más del 70 por ciento».

También señaló que la oposición hacía pasar por actas documentos que no lo eran, por ejemplo «actas cero», que se imprimen al inicio de la votación, como si fueran actas finales, «actas» en las cuales faltan las firmas de los operadores de mesa, o de los testigos, incluyendo testigos del PSUV, a pesar de tener este partido testigos en todas las mesas o la utilización de cédulas de identidad de personas fallecidas. Todo ello, recuerda Rodríguez, es constitutivo de delito y puede explicar la ausencia del candidato en los juzgados para presentar la documentación.

El siguiente paso de la candidatura opositora es llamar a la violencia y la sublevación. Para ello basta con movilizar a unos cientos de violentos. De este modo se engaña y se presenta ante la comunidad internacional un supuesto fraude del Gobierno de Maduro, la ocultación de los resultados, la presentación de los verdaderos por ellos, y un levantamiento ciudadano que se revela contra el Gobierno.

El Gobierno venezolano detalló el balance de la violencia contra las elecciones. Se contabiliza el destrozo en más de 70 centros educativos, 37 centros de salud con el personal sanitario dentro y 38 unidades de transporte. Dañaron 12 universidades públicas, decenas de colegios e institutos, estaciones de metro, diez sedes del partido del Gobierno y varias alcaldías. Las fuerzas de seguridad debieron proteger de la violencia a unos 60 observadores electorales. Fueron asesinados dos miembros de las fuerzas del orden y decenas resultaron heridos.

Esa violencia explica la detención de cientos de personas. Todas ellas ligadas a hecho violentos, ninguna por expresar su oposición o protesta por el resultado electoral. Al contrario de lo que anunciaban algunos medios.

Las autoridades capturaron e identificaron a personas, algunas procedentes de otros países, que reconocieron haber sido contratadas para generar violencia y disturbios.

Por supuesto, es necesario para terminar el proceso electoral que el CNE publique los datos segmentados y detallados por municipios, parroquias, colegios y mesas electorales. Eso es lo que han pedido los gobiernos de México, Colombia o Brasil. Y también, recordemos, los jueces del Tribunal Supremo. Ha pasado solo una semana, son muchos los países que necesitan semanas para su recuento electoral definitivo, recordemos el caso estadounidense en la victoria de Trump.

Como siempre que se respeta la democracia, la clave está en aceptar la labor de las instituciones como el Consejo Nacional Electoral o el Tribunal Supremo. Sin embargo, los sublevados y violentos que no aceptan la democracia recurrirán, dentro y fuera de Venezuela, al discurso de que todas esas instituciones están “controladas por el chavismo”. El mantra con el que justifican su violencia para subvertir el orden y no reconocer los resultados electorales.

Con ese mismo criterio, podríamos decir que en España el “sanchismo” controla la Junta Electoral Central, puesto que la preside el presidente del Congreso de los Diputados, controla la fiscalía, porque el fiscal general lo nombra el Gobierno, y controla el Tribunal Constitucional porque su composición se hace a propuesta de las mayorías parlamentarias. Y de igual modo en el resto de los países democráticos, donde, el partido gobernante, el que más apoyos ciudadanos tiene, es el que tiene un papel significado en el nombramiento de muchas instituciones. Se llama democracia.

Por supuesto no ha faltado en esta crisis el departamento de Estado de Estados Unidos. Allí lo tienen claro, no necesitan esperar a los resultados del CNE, ni a la decisión de los jueces, ni necesitan ver actas de ningún otro partido. EEUU “ha nombrado” presidente a Edmundo González con las actas que ha presentado… Edmundo González.

Todo ello ha llevado al Gobierno venezolano a calificar de intento de golpe de Estado liderado por Estados Unidos, lo que se estaba desarrollando en el país.

Quizá hay que recordar que si Estados Unidos aceptase las elecciones y la democracia de Venezuela tendría que retirar las sanciones con las que intenta destruir la economía venezolana y devolver la empresa CITGO que ha robado al Estado venezolano, valorada en 13.000 millones de dólares. Algo similar les pasaría a los amigos de Estados Unidos como el Reino Unido, que debería devolver los mil millones de oro venezolano que tiene retenidos en la bóveda de su Banco Central.

Pascual Serrano. Periodista y escritor. Su último libro es “Prohibido dudar. Las diez semanas en que Ucrania cambió el mundo”

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.