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4 de agosto de 2025

El sometimiento de la Unión Europea a Washington

Hedelberto López Blanch

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen firmó un convenio con el presidente Donald Trump mediante el cual se somete a las leoninas decisiones comerciales, económicas y financieras impuestas por Washington.

A partir de ahora todos los productos de la UE que entren a Estados Unidos deberán pagar un arancel del 15 % mientras los miembros del bloque no cobrarán nada por los bienes estadounidenses que llegan a sus países. Así de simple, como se dice, la ley del embudo.

No obstante, con un gran dejo de sumisión, Von der Leyen lo calificó como «lo mejor que podíamos conseguir», porque se evitó el gravamen del 30 % que Trump había amenazado con imponer.

Recordemos que durante 24 años, Washington aplicó solo aranceles del 1,7 % al 2 % a los productos europeos.

Como parte del acuerdo la Unión Europea aceptó comprar 750 000 millones de dólares en productos energéticos estadounidenses, principalmente gas natural licuado y energía nuclear, rechazar los adquiridos a mucho menor precio en Rusia, invertir 600 000 millones en la economía de Estados Unidos, abrir sus mercados al comercio con aranceles cero y obtener «grandes cantidades» de equipamiento militar del país norteamericano.

A mediano y largo plazo, según los expertos, esas medidas conducirán a una mayor desindustrialización de Europa y un fuerte golpe a los agricultores, que deberán pagar mucho más por colocar sus productos en ese mercado.

A finales de junio y bajo fuerte presión de Trump, los miembros de la OTAN acordaron en la cumbre de La Haya destinar para el año 2035 el 5 % de su Producto Interno Bruto (PIB) a la seguridad y el gasto militar, lo que representará una erosión para esos países de 500 000 millones de euros anuales.

Para el vicepresidente del Consejo de Seguridad y expresidente del país, Dmitri Medvédev, Donald Trump ha destruido la economía europea con el nuevo acuerdo comercial y agregó: «Es completamente humillante para los europeos, ya que solo beneficia a Estados Unidos: elimina la protección del mercado europeo, reduciendo a cero los aranceles a los productos estadounidenses».

La portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova señaló que al aceptar las exigencias de Washington para no comprar el gas ruso,  Europa Occidental multiplicó los costos para sus ciudadanos y destruirá sus propias industrias, lo que significará un retroceso de décadas.

Medios de prensa y funcionarios de países occidentales han criticado abiertamente el tratado. La agencia inglesa Reuters señaló que «el acuerdo ha demostrado la incapacidad de Europa para resistir la presión del presidente estadounidense y podría perjudicar gravemente a la industria de Francia y Alemania.

El diario Le Monde apuntó que las consecuencias del acuerdo podrían ser especialmente duras para las empresas francesas que aún no se han recuperado completamente de la pandemia, mientras Maxime Lemerle, analista francés de Allianz Trade aseguró que «la guerra comercial iniciada por Estados Unidos podría provocar un número de quiebras superior a nuestras previsiones para 2025 y 2026, estimadas en 67 500 y 65 000, respectivamente».

Más fuerte aún fueron las declaraciones ante la Asamblea Nacional de la líder del partido derechista francés Agrupación Nacional, Marine Le Pen al denunciar que «el acuerdo es un fiasco político, económico y moral».

La vieja Europa, encabezada actualmente por funcionarios derechistas y millonarios, está perjudicando a sus propios ciudadanos al ceñirse a las directrices del convicto presidente Donald Trump.

Con la decisión de abstenerse a comprar petróleo y gas ruso, tratan de debilitar al Gobierno de Moscú, nación a la que han impuesto miles de extorsiones llamadas eufemísticamente «sanciones».

Pero esa ecuación no le ha dado resultado sino al contrario, cada día se comprueba que la economía y el papel de la Unión Europea va de capas caída mientras Rusia avanza fortalecida.

Y muchos analistas nos preguntamos ¿será el principio de la desintegración de la Unión Europea?

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

26 de julio de 2025

El mundo entre Bogotá y Bruselas

Cecilia Méndez

Entre marzo y mayo, las atrocidades se volvieron tan descarnadas que algunos países europeos empezaron a sentir resquemor de su imagen y emitieron por primera vez condenas enérgicas a Israel.

“No estoy bien”, dice la mujer.  “Hace cinco días que no como”. Sentada en una vereda, responde al reportero.  “Estoy sola, no tengo a nadie, mis padres murieron”.  No pude retener su nombre, ni tengo palabras para transmitir la enorme tristeza de su expresión. Su rostro es pálido, cadavérico. Solo sé que ahora veo en mi teléfono, cada vez más rostros y cuerpos similarmente desvalidos, sobre todo de niños, a medida que se prolonga el criminal bloqueo de alimentos, medicinas, agua, y todo lo que pueda mantener con vida a los palestinos de Gaza desde que Israel rompió unilateralmente, a comienzos de marzo, la frágil tregua establecida en enero en la franja, matando en una sola noche a unas 300 personas.

Los bombardeos, la destrucción de lo poco que quedaba de infraestructura se reanudaron aún con mayor intensidad, gracias a impunidad que le deparan a Israel sus aliados de la Unión Europea (UE) y los Estados Unidos:  el salvaje Occidente, para decirlo sin hipérbole.   Escenas de niños y gente de toda edad devorados por las llamas mientras dormían en sus tiendas de refugiados; cuerpos despedazados por el aire; secuestro, tortura y matanzas de médicos, paramédicos periodistas; ataques a ambulancias, escuelas, hospitales, panaderías, mercados…

 Entre marzo y mayo, las atrocidades se volvieron tan descarnadas que algunos países europeos empezaron a sentir resquemor de su imagen y emitieron por primera vez condenas enérgicas a Israel.  Macron programó un cónclave con Arabia Saudita para hablar del reconocimiento del estado palestino. Por esos mismos días se aproximaba a Gaza, tras zarpar de Italia, la embarcación Madleen de la coalición Flotilla de la libertad, tripulada por activistas de alto perfil, como Greta Thunberg, llevando alimentos, fórmula para bebé, medicinas, y otra ayuda humanitaria, en un intento simbólico por romper el cerco de hambre en Gaza ante la abdicación de los estados de asumir esas responsabilidades. Nunca llegaron a su destino; fueron secuestrados por Israel en aguas internacionales y deportados. La Flotilla hizo titulares en el mundo, poniendo a Israel como lo que es: además de un Estado genocida, piratas de mar.

Y fue en ese preciso momento, con su imagen por los suelos, que, en un alarde de genialidad psicopática, Netanyahu decidió bombardear Irán, matando a unas mil personas, incluyendo científicos y altos funcionarios del gobierno y a sus familias mientras dormían.  Irán contraatacó y, a diferencia de Israel, no apuntó deliberadamente a blancos civiles.  EEUU se sumó al cargamontón, bombardeando una planta nuclear de Irán, sin tampoco ser provocado.  La UE se olvidó de las posibles sanciones a Israel y Macron dejó de aparentar escrúpulos cancelando el cónclave a con Arabia Saudita y alineándose firmemente con Netanyahu.  Gaza salió de los titulares, que empezaron a ocuparse del supuesto “peligro de Irán” y la “guerra nuclear”.  Una jugada perfecta.

Matando a los muertos

A partir de ese momento, con Trump y la UE en el bolsillo de un Netanyahu sin líneas rojas, el lenguaje de los defensores del Estado sionista adquirió un tinte cada vez más orwelliano.  Una súbita amnesia hizo que se olvidaran de que fue Israel quien atacó a Irán y empezaron a referirse a Israel como la víctima; Irán pasó a ser el agresor y la realidad un detalle sin importancia; los iraníes asesinados por Israel no existían. Semanas después, en Washington, en una escena que pasará a la historia universal del absurdo, el cinismo o la infamia, el criminal de guerra con orden de arresto obsequio a su co-perpetrador una nominación para el premio Nobel de la paz, no sin antes haber atravesado el espacio aéreo de Italia, Francia, y Grecia, sin que ninguno esos estados se dignara a arrestarlo como era su deber, de acuerdo con lo ordenado por la CPI.

Desde entonces los ataques en Gaza se han intensificado. Los muertos diarios por ataques israelíes oscilan entre 100 y 130 y una parte de ellos son causados por la orwellianamente llamada “Gaza Humanitarian Foundation” (GHF) una entidad de contratistas privados, mercenarios estadounidenses y ex agentes de la CIA que coordina con el ejército israelí para entregar magras raciones de comida a la población, reemplazando a la ONU, a la que Israel ya no le permite operar en la franja;  en realidad la GHF es pieza de un engranaje para desplazar forzadamente y ejecutar palestinos. Desde Mayo, unos 850 han sido asesinados mientras esperaban comida.  Norman Finkelstein las ha comparado con trampas para ratones y las “duchas” de los nazis.  Con razón dijo Francesca Albanese: “Israel mata a la gente que se está muriendo de hambre”.

Bogotá y el Grupo de La Haya

Para poner fin a la impunidad histórica de Israel se constituyó en enero de este año el Grupo de La Haya, conformado por Bolivia, Colombia, Cuba, Honduras, Malasia, Namibia, Senegal y Sudáfrica y acaban de tener un cónclave de emergencia en Bogotá, al que asistieron un total de 30 países, entre ellos Brasil, China y España. El grupo se compromete a realizar acciones efectivas para que los estados cumplan con las recientes disposiciones de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) para poner fin al genocidio y la ocupación ilegal de Israel de los territorios palestinos y que los estados cumplan con facilitar las órdenes de arresto de la Corte Penal Internacional contra Netanyahu y Yoav Galant por crímenes de guerra, como provocar hambruna y otros delitos de lesa humanidad.

Francesca Albanese, relatora especial de la ONU para de los territorios palestinos ocupados, que está muy comprometida con esta iniciativa y asistió Bogotá, dijo, según cita The Guardian: “por mucho tiempo la ley internacional ha sido tratada como si fuera opcional: aplicada selectivamente a aquellos percibidos como débiles e ignorada por los que actúan como los poderosos. Este doble estándar ha erosionado los verdaderos fundamentos del orden legal. Esta era debe terminar”.

Bruselas y el blindaje a la impunidad

No obstante, simultáneamente, en Bruselas, la UE decide mantener su asociación y tratados económicos con Israel, pese a que sus estatutos les impiden comerciar con países que estén violando los derechos humanos. Esta abdicación de la UE de sus responsabilidades provocó una enérgica respuesta de organizaciones de derechos humanos. Agnès Callamard, secretaria general de Amnistía Internacional, dijo que se trata “de una cruel e ilegal traición al proyecto y visión europeos, basados en la defensa del derecho internacional (…) y de las propias reglas de la UE y los derechos humanos de los palestinos (…) que será recordada como uno de los momentos más vergonzosos de la Unión Europea”.

Si bien el Grupo de la Haya es todavía pequeño, y su poder es limitado en comparación con el de EEUU y la UE, que insisten en avalar la ilegalidad, la criminalidad y la impunidad cuando se trata de Israel, el sentir de la ciudadanía global se acerca más a Bogotá que a Bruselas.  Da qué pensar, considerando la gravedad de lo que está en juego, que el cónclave bogotano no haya hecho noticia en el Perú… O quizá no tanto…

https://larepublica.pe/opinion/2025/07/21/el-mundo-entre-bogota-y-bruselas-por-cecilia-mendez-hnews-638967

25 de octubre de 2023

De la Amazonía a Europa: Impactos del reglamento europeo de no deforestación en cadenas de valor del café y cacao

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CIPERU

● La Unión Europea es un mercado de 400 millones de personas y uno de los principales destinos de exportación de nuestro cacao y café.

● Se presentó un informe que plantea el trabajo articulado entre los sectores público, privado y sociedad civil, con un enfoque en la sostenibilidad de ambas cadenas y sus productores, como una de las principales acciones para alinearse a esta nueva norma.

Este jueves 12 de octubre, se llevó a cabo el evento “De la Amazonía a Europa: Analizando el Impacto del Reglamento Europeo de la no deforestación en los sectores del Café y Cacao”, en la residencia del Embajador de los Países Bajos en Lima. Este espacio tuvo como objetivo evaluar las acciones a seguir para garantizar la conservación de los bosques al mismo tiempo que se logra la continuidad de las exportaciones de café y cacao peruanas al mercado europeo en el contexto del nuevo Reglamento de Deforestación de la Unión Europea (EUDR por sus siglas en inglés).

De acuerdo con el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (MIDAGRI), el café es el primer producto agrícola peruano de exportación y el Perú es el séptimo país exportador de café a nivel mundial. De la misma forma, el cacao hoy en día se viene posicionando en mercados internacionales como un producto de calidad y alto valor, además de tener un alto impacto social y económico en miles de familias productoras. El valor de las exportaciones a la Unión Europea de ambas cadenas sumó en el 2022 más de US$730 millones. Este panorama puede continuar creciendo y prosperando si el Perú puede adaptarse al nuevo reglamento europeo que entrará en vigor después de diciembre de 2024.

Según el Parlamento de la Unión Europea, esta nueva regulación tiene como objetivo abordar el cambio climático y la pérdida de bosques y biodiversidad. Para lograrlo, se requiere que las empresas aseguren que sus productos no hayan causado deforestación o degradación forestal después del 31 de diciembre de 2020, emitiendo una declaración de "diligencia debida".

“Esta regulación se debe a tres principales razones: la primera es el gran rol de la UE en la deforestación, pues se calcula que el 40 % de la deforestación es generada por la producción agropecuaria destinada a Europa; la segunda es que las certificaciones voluntarias no han sido suficientes para reducir la deforestación; y la tercera es que las empresas que están haciendo las cosas bien, están teniendo desventajas frente a aquellas que no hacen nada”, explica Gert van der Bijl, asesor en Políticas Públicas de la Unión Europea, para Solidaridad.

En este contexto, se ha desarrollado el Estudio de Impactos de la EUDR en las cadenas de café y cacao con el respaldo de Solidaridad y la Alianza Empresarial por la Amazonía, una plataforma liderada por USAID, el Gobierno de Canadá, y Conservación Internacional, bajo el marco del Acuerdo Cacao, Bosques y Diversidad (una iniciativa de la Coalición por una Producción Sostenible).

El estudio, presentado en el evento, dimensiona el impacto económico y social que tendría la regulación en dichos sectores e identifica los principales desafíos que enfrentarán los productores para poder alinearse a la norma y mantenerse en el importante mercado europeo. Estos desafíos son la obtención de información a nivel de finca, trazabilidad y monitoreo, la producción legal, de acuerdo con la legislación nacional del uso de la tierra, entre otros.

“Los sectores no están preparados para mantener las exportaciones a la Unión Europea, principalmente por falta de atención inicial de aquellos aspectos que requieren un trabajo coordinado del Estado, y con todos los actores”, señala Angélica Fort, gerente de Acuerdos Sectoriales para la Producción Sostenible para Solidaridad. “Un trabajo coordinado, no solo podría hacernos cumplir con la norma, sino incrementar nuestras exportaciones en los años siguientes. Requerimos una transformación sectorial hacia la competitividad y sostenibilidad, ya que el sector ha estado desarticulado por mucho tiempo.”

Diversos expertos presentes en el evento coinciden en que, para lograr esta transformación sectorial y la sostenibilidad a largo plazo, es necesario incrementar la rentabilidad y la productividad en el campo. Para ello, Fort menciona la importancia de un buen sistema de comunicación que informe sobre los costos de producción, promueva la formalidad, y facilite el acceso a tecnología y servicios para los productores.

El estudio también señala la importancia de trabajar articuladamente con el Estado y su responsabilidad para garantizar la seguridad jurídica en el corto plazo. Esta sinergia incluye la recopilación de datos y el monitoreo de la no deforestación, ambos requisitos indispensables para asegurar el cumplimiento de la norma.

Frente a estos desafíos, el gobierno peruano ha estado logrando avances notables, como la georreferenciación y empadronamiento agrario. "Tenemos la ubicación referencial de cerca del 80 % de los productores de cacao, café y palma en el Padrón de Productores Agrarios, aunque la mayoría de las parcelas aún no cuentan con una georreferenciación precisa", comenta Javier Martínez, director de la Dirección de Estudios Económicos del MIDAGRI.

Los representantes de diversos sectores presentes en el evento resaltaron la importancia de acercar el diálogo y la comunicación entre empresas, consumidores y productores, en miras a sectores más sostenibles. De esta manera, concluyeron, la regulación europea se podría presentar como una gran oportunidad.

https://ciperu.lamula.pe/2023/10/20/de-la-amazonia-a-europa-impactos-del-reglamento-europeo-de-no-deforestacion-en-cadenas-de-valor-del-cafe-y-cacao/ciperu/

3 de enero de 2023

2022 un año calamitoso para el planeta

Hedelberto López Blanch

El 2022 se caracterizó por arrastrar los efectos dejados por la pandemia de Covid 19 en años anteriores, una galopante inflación mundial con bajo crecimiento de las economías, dificultades que se acrecentaron con las cientos de “sanciones” que Washington y Occidente impusieron a Rusia después de la operación especial militar que Moscú llevó a cabo para desmilitarizar y desnazificar a Ucrania.

Ha sido un año difícil sobre todo para los países menos desarrollados que han tenido que sufrir esos efectos, unidos a los cambios climáticos ocurridos en el planeta los que cada vez dejan mayores desastres.

BAJO CRECIMIENTO

La actividad económica mundial está experimentando una desaceleración generalizada y más acentuada de lo previsto.

Los pronósticos indican que el crecimiento global disminuirá de 6,0 % en 2021, a 3,2 % en 2022 y 2,7 % en 2023. Con excepción de la crisis financiera mundial de 2008 y la fase aguda de la pandemia de COVID-19, éste es el perfil de desarrollo más flojo desde 2001.

GALOPANTE INFLACIÓN

En este 2022 se ha registrado la inflación económica más alta de varios decenios. El pronóstico es que ese índice en el orbe aumente de 4,7 % en 2021 a 8,8 % en 2022, para luego descender a 6,5 % en 2023. Organismos internacionales señalan que se debe mantener el curso de una efectiva política monetaria para restaurar la estabilidad de precios, así como una mejor habilidad fiscal debe procurar aliviar las presiones sobre el costo de vida, y recurrir a reformas estructurales que mejoren la productividad y alivien las restricciones sobre la oferta.

LENTO AVANCE EN AMÉRICA LATINA

La región no se ha podido recuperar de los efectos de la covid 19 aunque la Comisión Económica Para América Latina (CEPAL) indica que este año la economía de la zona será de 3,2 % de un estimado de 2,7 %. La desigualdad, el hambre, el desempleo y la miseria continúan golpeando a millones de sus habitantes y para 2023 la CEPAL augura un crecimiento de solo 1,4 %. En 2022 estos países vieron como creció abruptamente la inflación, la volatilidad y los costos financieros y a la par disminuyeron las inversiones extranjeras.  

UNION EUROPEA EN LA TRAMPA DE WASHINGTON

La Unión Europea se ha visto envuelta en una difícil coyuntura económica por seguir ciegamente las indicaciones de Estados Unidos de imponer todo tipo de extorsiones a Rusia en la guerra contra Ucrania. Bajo esa circunstancia, ha tenido que comprar grandes cantidades de gas a Washington a precios exorbitantes tras renunciar a recibirlo de Rusia, mucho más barato. La inflación ha tomado fuerza en los países miembros, se han cerrado numerosas fábricas y crece el malestar en la población por los altos precios de combustibles y alimentos.  

EL CAMBIO CLIMÁTICO HUNDE AL ORBE

Las palabras del secretario general de la ONU, Antonio Guterres resultaron concluyentes: “Las decisiones tomadas por la COP27 celebrada a finales de noviembre en Egipto fueron claramente insuficientes. Necesitamos reducir drásticamente las emisiones ahora, y éste es un tema que esta COP no abordó”. Y es que los líderes del mundo volvieron a reunirse y no llegaron a acuerdos para que los principales países contaminadores disminuyan las emisiones de gas invernadero. El mundo arde por todas partes y la debacle climática cada vez está más cerca

VERTIGINOSA DEFORESTACIÓN AMAZÓNICA

El gobierno derechista Jair Bolsonaro continuó la deforestación intensiva de la Amazonía que solo en el primer semestre de 2022 perdió 3 987 kilómetros cuadrados de vegetación nativa, o sea, 10,6 % en relación con el mismo período de 2021. El llamado pulmón del planeta está amenazado de sufrir una profunda destrucción lo que será un desastre no solo para Brasil sino para todo el planeta.

LOS BRICS SE REFUERZAN

La XIV Cumbre del BRICS, celebrada en Beijing en junio, resultó otro paso en el fortalecimiento del grupo,  integrado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. El BRICS representa a nivel mundial, el 43 % de la población del planeta, el 25 % del PIB, más del 18 % del comercio global y el 28 % de extensión territorial. Argelia, Argentina e Irán han pedido unirse a esa importante institución y según se augura otras ocho o diez naciones estudian esa posibilidad lo que contribuirá a incrementar su influencia y representatividad.

CRECE INTERCAMBIO CHINO-RUSO

Ante las “sanciones”, impuestas por Washington y Bruselas contra Moscú y Beijing estas dos potencias han reorientado su comercio bilateral.  El intercambio mercantil entre ambos países creció de enero a noviembre de 2022, un 32 % en comparación con el mismo período de 2021 y alcanzó la cifra record de 172 406 millones de dólares. Se espera que en 2023 llegue a los 200 000 millones. Ya la mitad de sus transacciones la realizan en sus monedas nacionales (rublos y yuanes) lo que contribuye a debilitar el dominio del dólar en el mercado mundial.

EL SIGNIFICATIVO AVANCE DE INDIA

Se pronostica que este año la India crecerá alrededor de un 6 % y que para el 2030 podría convertirse en la tercera economía más grande del orbe al superar a Alemania y Japón. Este vaticino se alcanza, entre otros puntos, por su gran cantidad de habitantes (1 400 millones), su extensión geográfica (3 287 millones de Kilómetros cuadrados), y el desarrollo científico-técnico logrado en los últimos años.

GOLPES AL DÓLAR

Aunque el billete verde continúa siendo la principal moneda de uso comercial-financiero, importantes países están incrementando el uso de sus monedas nacionales en sus intercambios bilaterales como Rusia, China, Irán, Turquía, India, entre otros lo cual apunta con romper el dominio del dólar en el mercado internacional.

BLOQUEOS IMPERIALES

Cuba, Venezuela y Nicaragua han permanecido todo el año bajo las extorsiones y bloqueos económicos, comerciales y financieros lanzados por Estados Unidos. El presidente Joe Biden no solo ha seguido la agresiva política de Donald Trump sino que ha agregado otras con el vano afán de derrocar a esos gobiernos que han debido hacer grandes esfuerzos para mantener los programas sociales y la alimentación de sus pobladores.

COMBUSTIBLES, FERTILIZANTES Y ALIMENTOS

Los altos precios del gas y del petróleo, unido al desabastecimiento de fertilizantes para la agricultura han tenido en vilo a varias economías debido fundamentalmente a las “sanciones” impuestas por Washington a Rusia, uno de los mayores exportadores de combustible y fertilizantes lo que ha provocado el alza en los precios de los alimentos con lo cual se han afectado las naciones más pobres.

Hedelberto López Blanch. Periodista, escritor e investigador cubano.

12 de abril de 2022

La guerra: A las 5 de la madrugada

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Isaac Bigio

A las 5 a.m. hora local de este jueves 24 empezaron los operativos militares rusos sobre Ucrania. Durante semanas pronosticamos que mientras no acabasen las olimpiadas de invierno en Beijing, Rusia no iba a atacar a Ucrania para no afectar los intereses de su mayor aliado global (China). Al día siguiente del domingo 20 en que los juegos deportivos acabaron, empezaron los juegos de guerra.

El lunes 21 Moscú reconoció oficialmente a las autodenominadas "repúblicas populares" de Luhansk y Donetsk en el sudeste ucraniano, a ocho años de que estas hubiesen nacido apoyadas por la población rusohablante. El mandatario ruso Vladímir Putin justificó lo hecho aduciendo que debía proteger a más de 10 millones de rusos que viven en Ucrania y, sobre todo, a estas dos regiones que vienen siendo permanentemente bombardeadas. Desde el 2014 más de 14 mil personas han muerto en el conflicto por Luhansk y Donetsk.

Si bien los rusos ucranianos han logrado retener el control de las capitales de ambas regiones, unas 2/3 de ambas fueron antes reconquistadas por Kiev. Putin argumenta que existe un “genocidio” contra sus connacionales rusos en Ucrania, mientras que los líderes separatistas aducen que su cultura e idioma han sido reprimidos habiéndose retirado al ruso como lengua cooficial.

En febrero de 2014, ocho años atrás, cayó el gobierno constitucional electo de Viktor Yanukovich, en lo que Occidente denominó “una revolución de colores”, pero que los rusos calificaron como un golpe de Estado. Algo que generó mucha indignación en buena parte de los 48 millones de ucranianos, particularmente en los medios sindicales, izquierdistas o ruso-parlantes, es que en esa rebelión participaron activamente miles o decenas de miles de militantes o milicianos extremistas ultraderechistas que abiertamente reivindican al ejército de Stepan Bandera. Los banderistas, durante la II Guerra Mundial, apoyaron  la invasión alemana y perpetraron masacres contra los judíos, polacos, rusos y soviéticos que vivían en Ucrania. En ninguna otra parte del planeta hay tantos y tan activos grupos paramilitares abiertamente pronazis como en la actual Ucrania, algo que la prensa occidental no quiere reportar.

Tras el derrumbe de Yanukovich, el mando del país pasó a manos de líderes que han querido lograr que Ucrania ingrese a la Unión Europea y a la OTAN, entidades que la oposición local y Moscú sindican de haber estado tras el golpe de Estado del 2014. Los nuevos presidentes han impulsado un programa de “ucranización” y “decomunistización” que implica eliminar el status de la lengua rusa como cooficial, suprimir o reprimir sindicatos o partidos que reivindican a la URSS y erradicar estatuas, nombres de calles, plazas y edificios de héroes de la guerra soviética antinazi. Aunque el actual presidente Volodimir Oleksandrovich Zelenski es de origen judaico, ni él, ni Israel ni Occidente denuncian a las bandas prohitlerianas, las cuales son utilizadas como fuerza de choque contra Rusia. Según la TV rusa, ahora mismo esos grupos vienen previniendo el éxodo hacia el resto de Ucrania por parte de la población civil de Mariupol (la principal ciudad costera de Donetsk, a la cual los rusos la vienen bombardeando buscando reincorporarla a la república separatista del mismo nombre).

Desde su independencia en 1991, Ucrania ha alternado en el poder a gobiernos prorrusos y proeuropeos. Los primeros han querido mantener el tradicional bloque paneslavo con Rusia y Belarús, naciones con las que comparten un idioma similar escrito en alfabeto cirílico, el mismo credo ortodoxo mayoritario y siglos de historia común. Los segundos han querido emular a sus vecinos de Polonia, Eslovaquia y Rumanía para entrar a la Unión Europea y estructurar un modelo más liberal. La familia Biden tienen poderosos intereses económicos en Ucrania, algo que fue uno de los principales caballitos de batalla que Donald Trump tuvo contra su rival en las elecciones norteamericanas.

Ambos campos ucranianos eran más o menos de similar peso demográfico y geográfico, pero desde el 2014 Rusia decidió alentar el separatismo de las tres principales regiones que hablan mayoritariamente el ruso. A Crimea la anexaron tras que esta tuviese un referendo en 2014 donde el 90 % pidió retornar a la Federación Rusa (en la cual estuvo hasta 1954). Hoy Moscú no ha incorporado a las dos repúblicas del sudeste ucraniano, pero ha empezado por reconocer su independencia y su derecho a enviar tropas allí “a petición de sus legítimos gobiernos nacionales”. Crimea, su capital Sebastopol, Donetsk y Luhansk suman unos 80,000 km² y representan a 4 de las 27 regiones oficiales de Ucrania, las cuales Moscú ha anexado o buscará hacerlo. En ellas han venido residiendo unos 9 millones de habitantes, los que componen poco menos del 20 % de la población de 48 millones de ucranianos que figuraba en el último censo.

PUTIN

A inicios del jueves 24 comenzó la ofensiva rusa mientras que Kiev ha declarado la ley marcial. Según la TV rusa, la defensa aérea ucraniana ha sido destruida. El eje de los combates se da en el sudeste del país donde Moscú reclama que todo el territorio de Luhansk y Donetsk debe retornar al control de las repúblicas rusohablantes que llevan dicho nombre. Al momento de escribir estas líneas (mediodía en Rusia y Ucrania del primer día de combate) los noticiosos reportan de que, aparte de incidentes en esas dos regiones, se habrían dado explosiones en varias ciudades importantes de Ucrania como Jarkov (ubicada entre Rusia y el Donbás), Kiev (Ia capital) y Odessa (el principal puerto que hoy tiene Ucrania y que se encuentra en su frontera occidental cerca a Moldavia y a Rumanía).

Los medios occidentales y Kiev reportan que la infraestructura militar y aérea de Ucrania ha sido el blanco de los ataques, pero aún no conocemos si los tanques rusos van a traspasar Luhansk y Donetsk. Por el momento, Belarús viene prestando su territorio para que desde allí operen las fuerzas rusas, pero no hay informes acerca de que su propio ejército haya entrado en combate, algo que pudiese darse más adelante, si el conflicto se agudiza.

Putin sostiene que su intención no es ocupar Ucrania sino “liberar” y “pacificar” a Donetsk y a Luhansk, así como “desmilitarizar” a Ucrania y acabar con los grupos armados nazis que actúan en esta. Occidente viene imponiendo fuertes sanciones económicas contra Rusia, pero no va a mandar tropas, aunque sí van a seguir despachando armas, instructores y asistencia logística.

El Kremlin afirma que se ha visto obligado a iniciar estos operativos porque la población rusa en Ucrania es discriminada y para prevenir que Kiev entre a la OTAN y con ello coloque misiles nucleares a cinco minutos de vuelo sobre Moscú. Mientras Boris Johnson aduce que la OTAN es un pacto meramente defensivo, Putin le retruca diciendo que es de tipo ofensivo, algo que se demostró en Yugoslavia, Afganistán, Irak, Libia o Siria.

La OTAN nació en 1949 como una alianza militar contra Moscú y sus aliados “socialistas” de Europa oriental y luego Asia y Cuba. Tras su victoria en la guerra fría, cuando en 1991 logró desintegrar a la URSS y al Pacto de Varsovia, la OTAN ha ido expandiéndose hasta haber logrado que a su esquema ingresen todos los antiguos socios europeos no soviéticos que antes tenía el Kremlin (las repúblicas checa, eslovaca, polaca, húngara, rumana y búlgara), además de tres exsoviéticas del Mar Báltico (Lituania, Letonia y Estonia).

Los putinistas sostienen que en 1962 Moscú se vio obligado a retirar sus misiles nucleares estacionados en Cuba para evitar un conflicto con EE.UU. y que hoy la tortilla se ha dado la vuelta, por lo que Occidente debiera imitar lo que el Kremlin hizo hace seis décadas. Tras meses de presión y, al ver que Joe Biden, Boris Johnson y Zelenski insistían en el derecho de Ucrania de entrar a la OTAN, el Kremlin justifica invadir a su vecino del sur para proteger su seguridad interna.

Según el reportero de la BBC en Moscú, lo que Putin quiere es destrozar al aparato militar y aéreo de Ucrania, obligándole a rendirse, en tanto que Belarús puede reservarse el rol de atacar para oficiar como bisagra en un acuerdo entre Kiev y Moscú. Otros periodistas de dicha cadena británica indican que todos los blancos están siendo objetivos militares y que los rusos tratan de evitar bajas civiles. Pareciera que Ucrania viene siendo atacada desde el norte, noreste, este, sureste y suroeste.  

OCCIDENTE

Para Occidente el ingreso de tropas rusas es una violación de la ley internacional y de la soberanía de Ucrania. Ya antes Putin ha reconocido otras repúblicas separatistas (la de Transnistria en Moldavia y las de Abjasia y Osetia del Sur en Georgia, con lo cual ha evitado la expansión de la OTAN).

Los partidos de la derecha “moderada” y del centro, y los liberales, verdes y socialdemócratas de Europa tienden a unirse para condenar a Rusia como un “agresor” que está poniendo en riesgo a una democracia y la unidad e independencia de Ucrania. El primer ministro británico Johnson sostiene que estamos cerca de la peor guerra que haya tenido Europa desde 1945.

Rusia y varios otros países le recuerdan a la OTAN que ellos han arrasado Yugoslavia, Irak, Libia o Siria ilegalmente, sin haber tenido permiso de la ONU y con mentiras, mientras que la invasión a Afganistán solamente dejó muertos (pues los talibanes retornaron al poder), que ellos siguen armando a las peores autocracias del mundo (Arabia Saudita y Emiratos) para seguir destrozando Yemen, que EE.UU. tiene un largo historial de haber invadido y propiciado golpes en su “patio trasero” (Latinoamérica y el Caribe) y que Washington viene de reconocer la anexión del Jerusalén oriental palestino y del Golán sirio por parte de Israel, pese a la oposición de más del 90 % de las Naciones Unidas.

Empero, para Norteamérica y para la Unión Europea Ucrania es una democracia liberal con un capitalismo abierto, lo cual es considerado como un modelo a proteger y a alentar. La OTAN no quiso haber evitado esta guerra haciéndole concesiones a Moscú (como comprometiéndose a no expandirse más esta hacia el este) y Rusia justifica su ataque como una medida “preventiva” para evitar que en un futuro cercano Ucrania pueda volver a tener armas atómicas.

En ese conflicto, EE.UU. va a tratar de hacer que Alemania y Europa dejen de adquirir tanto gas barato a Rusia y que le compren a sus multinacionales uno más caro (pero justificable por razones estratégicas) que viniese del Medio Oriente o de nuevas perforaciones en su país, las cuales pudiesen poner en riesgo los glaciares de Alaska o los acuíferos estadounidenses con la técnica del fracking (bombeo de agua al subsuelo para empujar a los hidrocarburos a la superficie, lo cual puede contaminar aguas de riego o consumo humano).

Joe Biden se siente debilitado en casa por la inflación que no puede detener. El “darle una lección a Rusia” es algo que puede darle réditos internos, hacer reactivar a un sector de sus fábricas (para producir y vender armas) y perforar la diplomacia rusa (la misma que acaba de derrotar a sus aliados en la guerra siria y que ha tejido una alianza antioccidental con China e Irán).

Si Putin se impone, se van a golpear los intentos de la OTAN y de la Unión Europea de expandirse. Para Putin, Kiev es una marioneta de EE.UU. Para varios parlamentarios ucranianos es Rusia quien quiere recomponer su imperio y lograr que Ucrania sea humillada, mutilada o desintegrada.

Los medios occidentales especulan sobre cuál pudiese ser la estrategia de Moscú. Inicialmente, se pensaba que se podría dar un conflicto localizado con el objetivo de que la totalidad de Luhansk y Donetsk sean “recuperados” por las dos repúblicas separatistas prorrusas que tienen ese mismo nombre. Sin embargo, no se puede descartar un desembarco anfibio por el Mar Negro hacia Odessa y la costa sur de Ucrania, donde hay mucha población rusohablante que puede simpatizar con los atacantes, así como la marcha de tanques para capturar Jarkov o Kiev.

Como Ucrania no es parte de la OTAN no se puede aplicar el estatuto de esta, lo que hubiese implicado la inmediata respuesta militar de la Europa que vive bajo el paraguas atómico de ingleses, franceses y, sobre todo, norteamericanos. A Washington no le conviene un enfrentamiento directo con Rusia, la potencia que más armas nucleares tiene, aunque sus Fuerzas Armadas sean superiores en soldados, aviones y vehículos de guerra. Según Moscú, la OTAN ha tenido unos 20 mil efectivos entrenando y asesorando al ejército ucraniano, dotado hoy de misiles semidirigidos que pueden destrozar aviones o tanques.

Al parecer, la estrategia que tendría Ucrania pudiese ser la de trasladar su capital hacia el oeste (a Lvov) y prepararse para una resistencia con guerrillas, la cual buscaría transformar a su país en un nuevo Afganistán que acabe humillando a Moscú con muchas bajas y el ramalazo de una crisis presupuestal. Por ahora, Kiev va a buscar llamar a fuerzas extranjeras a su interior. Como la OTAN no puede ni quiere hacerlo, el primer paso puede ser pedir que la Asamblea General de la ONU autorice a los cascos azules como fuerzas de paz, algo que el Kremlin va a querer vetar.

Joe Biden y Boris Johnson necesitan derrotar a Moscú para poder evitar ser arrasados por sus respectivas oposiciones en casa. Las repercusiones de este conflicto van a durar mucho tiempo. Si bien las negociaciones han quedado suspendidas, no se puede descartar que la diplomacia vuelva a jugar su parte estando Rusia en mejores condiciones.

Fuente: HILDEBRANDT EN SUS TRECE N°581, del 08/04/2022   p21

16 de noviembre de 2021

Termina la COP26. Los países ricos traicionan a los más vulnerables

Eduardo Robaina

Estados Unidos y la Unión Europea han impedido crear un fondo para que los países con menos recursos afronten la crisis climática. En el último momento, India -con el apoyo de China- consigue suavizar la mención a acabar con el carbón y las subvenciones a los combustibles fósiles.

Se acabó la COP26. La gran cumbre del clima mundial celebrada en Glasgow (Escocia) ha llegado a su fin tras 13 días de negociaciones. El acuerdo, que no maravilla ni siquiera al presidente de la cumbre, Alok Sharma -lo ha calificado de «imperfecto»-, insiste por enésima vez en la necesidad de acelerar la acción climática, con mención por primera vez a los combustibles fósiles a pesar de los intentos de varias naciones de eliminar cualquier referencia del texto final. Quienes más salen perdiendo son los países vulnerables y con menos recursos, que reclamaban más apoyo financiero y ayuda directa para hacer frente a una crisis climática que es presente.

La cumbre que estaba llamada a ser la definitiva y la que marcase el camino para afrontar una década crítica no ha conseguido cerrar un acuerdo a la altura del reto al que se enfrenta la humanidad. En un mundo ideal, los casi 200 países que conforman el Acuerdo de París habrían sellado un pacto donde se recogiese, con todo lujo de detalles y sin escatimar en recursos, lo indispensable para mitigar y adaptarse a los efectos del cambio climático desde ya, así como los pasos que se deben seguir para afrontar los daños y pérdidas de las naciones que menos recursos tienen (y que menos han contribuido a la crisis climática). Sin embargo, esta utopía no se ha logrado ni en las últimas 25 cumbres del clima ni en esta que termina.

Con el paso del tiempo, lo más probable es que esta COP sea recordada por ser aquella que se aplazó un año por culpa de una pandemia. Podría haber sido un París 2.0., con compromisos renovados y acordes a los últimos hallazgos científicos, pero una vez más la reticencia de muchos países a dejar atrás un sistema que se derrumba a cámara lenta no lo ha hecho posible.

Costó… pero llegó

Aunque el acuerdo definitivo está lejos de lo esperado, no quiere decir que no haya costado sacarlo adelante. La cumbre debería haber acabado este viernes a las 18:00 hora local, pero fue imposible por las enormes diferencias entre las partes negociadores.

El sábado había comenzado con un nuevo borrador -el tercero– del llamado texto de decisión. En líneas generales, mantenía lo expuesto en versiones anteriores, lo que ya era todo un avance. Aun así, seguía sin haber ni rastro del artículo 6, uno de los grandes puntos que deberían haber quedado cerrados en esta cumbre. Finalmente, sí ha habido acuerdo para este epígrafe del Acuerdo de París que regula, entre otras cosas, los mercados de carbono (y que aquí explicamos).

A lo largo del sábado, las negociaciones avanzaron más de lo esperado y se vislumbraba un acuerdo inminente. Todo ello, mientras se producía un plenario de balance que se fue retrasando hora tras hora. Finalmente, Alok Sharma se aventuró a anunciar que la sesión final y el acuerdo definitivo se producirían en la tarde noche de este sábado. Y así ha sido, aunque con muchas reticencias.

Mención suavizada sobre el fin de los combustibles fósiles

El plenario de cierre comenzó sobre las 19:30 (hora de Reino Unido). Pronto tomaron la palabra varios países. Uno de los primeros fue India, en cuya intervención pidió modificar el texto que hacía referencia a los combustibles fósiles. Instó -con el apoyo de China- a la presidencia a que se cambiara la expresión «phase out» por «phase down«, es decir, se pasó de «eliminar gradualmente» a «reducir gradualmente» el uso del energía del carbón no mejorado [el llamado unabated coal, no tratado previamente para contaminar menos o no capturado y almacenado por procedimientos tecnológicos] y de «las subvenciones ineficientes a los combustibles fósiles», a la par que se reconoce «la necesidad de apoyo para una transición justa». No se hace mención alguna a poner fin al gas y el petróleo, los otros combustibles fósiles responsables del calentamiento de la atmósfera.

El argumento de ambas naciones se basa en el y tú más. Se ven con el derecho de seguir usando algunos años más estos combustibles con el fin de prosperar, al igual que han hecho durante décadas otros países.

A pesar de que muchos Estados y la Unión Europea mostraron su malestar por este cambio, se ha aceptado con el propósito de que no cayera todo el acuerdo. Alok Sharma, visiblemente emocionado, se quiso disculpar ante el resto de delegados, que le aplaudían: «Comprendo la profunda decepción, pero es vital que protejamos este paquete». A fin de cuentas, se logró mantener aun con las presiones de Rusia, Australia y Arabia Saudí, y se ve como un avance incluir por primera vez en la historia de las cumbres climáticas tal referencia, aunque haya sido con un lenguaje que dista mucho de lo inicialmente propuesto.

El texto de decisión final ha sido bautizado como Pacto Climático de Glasgow. En él, se pide a los países a que actualicen para finales de 2022 sus contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC por sus siglas en inglés), es decir, sus planes para reducir las emisiones. Hasta ahora, lo que fija el Acuerdo de París es una actualización cada cinco años (acaba de ser la última y la siguiente será en 2025), pero con este llamado la presidencia quiere acelerar el proceso en vista de la urgencia. Para 2024, además, todos las naciones que han suscrito el Acuerdo de París deben informar con un plan detallado sobre sus emisiones en base a criterios comunes.

Todo ello con vistas a que siga vivo el objetivo de mantener la temperatura por debajo de 1,5 grados de calentamiento para 2100. El propio acuerdo reconoce que limitar el calentamiento global al grado y medio «requiere reducciones rápidas, profundas y sostenidas de las emisiones globales de gases de efecto invernadero», incluyendo «la reducción de las emisiones globales de dióxido de carbono en un 45% para 2030 en relación con el nivel de 2010 y a cero neto a mediados de siglo, así como reducciones profundas de otros gases de efecto invernadero».

Una meta muy ambiciosa que cada vez se antoja más complicada. Los termómetros ya han subido 1,2 ºC desde la época preindustrial, y los recientes análisis coinciden en que el planeta se dirige a un calentamiento de entre 2,4 y 2,7 ºC para finales de esta década con los compromisos actuales. Además, hay que tener en cuenta que todos estos compromisos es que no son vinculantes.

Actualmente, los planes climáticos solo reducirían un 7,5% las emisiones previstas para 2030. El año pasado, fruto de la pandemia, las emisiones descendieron un 5,4%, un espejismo que ha durado poco: para 2021 se prevé que suban un 4,9%, volviendo a la normalidad de siempre. «Mientras se sigan posponiendo las decisiones importantes, el mensaje es desalentador. Desde los autores del IPCC sacamos una declaración pidiendo la importancia de limitar en 1,5 ºC y la urgencia. Las pruebas están ahí y el mensaje es claro y contundente», avisa Inés Camilloni, autora del IPCC.

Ni rastro de la financiación a los más vulnerables

Las Estados más vulnerables se niegan a calificar este acuerdo como un éxito. Y tienen un motivo de peso: los países ricos, con Estados Unidos y la Unión Europea a la cabeza, han impedido destinar ayudas económicas para hacer frente a los destrozos causados por la crisis climática. No habrá, por ahora, una financiación específica para paliar pérdidas y daños (pagar a las naciones más vulnerables por los destrozos causados por eventos extremos; no confundir con adaptación), reivindicación histórica de muchos países pobres. Muchos pequeños países, incluidas islas, están en riesgo de desaparecer por los efectos del calentamiento global de la atmósfera.

Lo que sí recoge el Pacto Climático de Glasgow es que los donantes (países ricos) se comprometen a sacar adelante la promesa -incumplida- de 2009 de destinar 100.000 millones de dólares al año a partir 2020 y hasta 2025 para que los países con menos recursos hagan frente al cambio climático (en materia de mitigación y adaptación). Además, a partir de ese año la cifra destinada a adaptación deberá ser el doble (llegando a unos 40.000 millones de dólares). Una noticia positiva que queda empañada al seguir sin estar claro cómo se logrará recaudar la financiación.

También se ha acordado la creación de un mecanismo que busca canalizar esas ayudas, gestionadas a través la llamada Red de Santiago. Sin embargo, lo que no se ha logrado es cerrar una cifra concreta, en otro golpe más de los países del norte global a los del sur global. La próxima cumbre, la COP27 que se celebrará en Egipto, buscará cerrar de una vez este tema.

Artículo 6: por fin hay acuerdo

Junto con los planes de reducción de emisiones y la financiación, otro de los deberes que tenía esta cumbre del clima era cerrar de una vez el reglamento del artículo 6 del Acuerdo de París. Este apartado regula lo relativo a los mercados de carbono, una herramienta por la cual los países y empresas que han excedido sus derechos de emisión (es decir, han emitido más de lo que debían) pueden comprar a terceros países derechos sobrantes o realizar proyectos para la reducción de emisiones o para la mejora de los sumideros.

Hasta ahora, éste apartado tenía ciertas lagunas, como la doble contabilidad, una triquiñuela por la cual el país emisor y el receptor podían apuntarse las mismas reducciones de emisiones. Tras el acuerdo alcanzado en Glasgow, esta trampa ha quedado prohibida a pesar de las presiones de países como Brasil. Eso sí: hay vía libre para incluir créditos antiguos procedentes del Protocolo de Kyoto (reducciones ya logradas hasta 2013). Aun así, lograr cerrar este artículo ha sido un alivio y un motivo de celebración para las personas artífices del pacto hasta el punto de sacarse una foto todas juntas antes del comienzo del plenario final.

Más allá del texto de decisión final, la COP26 ha dejado un sinfín de acuerdos, compromisos, pactos y alianzas, en su mayoría no vinculantes -por lo que nadie asegura que se vayan a cumplir-. Sobre el metano, sobre deforestación, sobre combustibles fósiles, sobre coches contaminantes… Hasta las dos mayores potencias del mundo -y las más contaminantes- presentaron una cuerdo por sorpresa para avanzar en la lucha frente al cambio climático.

Llamativo ha sido también el papel de España. Distintas voces critican el perfil bajo adoptado por el Gobierno español, cuya postura siempre ha sido la de liderar la acción climática, como se vio en la anterior cumbre. Incluso no se ha sumado a varias coaliciones donde se la esperaba.

«Es manso, es débil, y el objetivo de 1,5 ºC apenas está vivo, pero se ha enviado una señal de que la era del carbón está terminando», opina Jennifer Morgan, directora ejecutiva de Greenpeace internacional. Para Laurence Tubiana, una de las responsables del Acuerdo de París, «greenwashing es la nueva negación del clima, y hemos visto demasiado en juego en esta COP. Debemos reforzar los mecanismos de responsabilidad para el cero neto en el futuro». Considera, además, que «el sistema financiero internacional no está a la altura del desafío«.

Al igual que se vio en la COP25 de Madrid -celebrada en 2019 y que ostenta el récord de ser la más larga de la historia-, la sensación es que la brecha entre las demandas ciudadanas y científicas y lo que finalmente hacen los gobiernos es inmensa. Lo ejemplifica muy bien Mohamed Adow, director del think tank Power Shift Africa: «Esta cumbre ha sido un triunfo de la diplomacia sobre la sustancia real. El resultado aquí refleja una COP celebrada en el mundo rico y el resultado contiene las prioridades del mundo rico».

Próxima parada, la COP27 de Egipto. Por delante, todo un año para que la lucha frente al cambio climático siga ocupando un lugar prioritario en las políticas de todos los gobiernos. Sin dejar a nadie atrás.