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20 de octubre de 2023

Nueva guerra

Isaac Bigio

En la madrugada del sábado 7 de octubre, el “Movimiento de Resistencia Islámica” (Hamás) lanzó miles de misiles a Tel-Aviv y a varios puntos de Israel, mientras que cientos de sus milicianos rompieron el cerco que mantiene aislada a Gaza irrumpiendo sobre territorios hebreos vecinos.

En su ofensiva llegaron a ocupar transitoriamente toda la superficie del Israel colindante a dicha franja, más que duplicando el territorio de esta. Tomaron varios pueblos y granjas colectivas aledañas (como Kfar Aza, Be’eri, en donde se realizaba un concierto musical con gente venida de todo Israel, Yad Mordechai, Yated, Kissufim y Urim). Allí fueron muertos centenares y se tomaron decenas de rehenes. Las FF.AA. israelíes indican que Hamás ha decapitado a muchos, incluyendo bebés.

Importantes combates se dieron en tres ciudades que sobrepasan los 30 mil habitantes (Ofakim, Netivot y Sderot), en tanto que las fuerzas de Hamás quedaron a corta distancia de dos importantes urbes con más de 100 mil moradores (Beer Sheva y Ashkelón). Esta última ha recibido varias veces lluvias de misiles.

El ataque cogió completamente desprevenido a uno de los mejores servicios de inteligencia y vigilancia del planeta. Esto, pese a que se produjo en una fecha clave: al día siguiente en que hace 50 años Egipto y Siria sorprendieron militarmente a Israel, cuando allí se daba su principal festividad religiosa (Yom Kipur, día del perdón).

Hamás aprovechó que los sábados son el día de descanso de los judíos, quienes, para entonces, estaban en medio de fiestas sacras, lo que hizo que hubiera menos soldados. Quienes gobiernan Gaza hicieron algo que parecía imposible: atacar a un enemigo cientos de veces más poderoso, romper un multimillonario cerco militar y ocupar pueblos hebreos por primera vez en 75 años, algo que no se daba desde la guerra de 1947-48.

En los conflictos de 1948, 1967 y 1973 Israel se presentaba como un pequeño país que se enfrentaba a una coalición de naciones árabes más grandes en territorio y población, como un David contra Goliat. Sin embargo, esta vez ocurre lo inverso.

La franja de Gaza tiene apenas 41 km de largo y 6 a 12 de ancho, con un área de 365 km². Allí vive poco menos de 2,4 millones de palestinos, la mayoría de ellos obligados a salir de sus tierras ancestrales luego de que Israel conquistara estas en 1948.

Según datos del 2009 (antes de muchas otras guerras y bloqueos), su ingreso anual por habitante era de US$ 3,100 (puesto 164 en el mundo) y el 70% de su población vive por debajo de la línea de la pobreza. Al menos el 40% de su mano de obra está desempleada. Dicha franja se encuentra empotrada en Israel, quien controla el acceso a esta, la vigila e impide el ingreso de armas y el entrenamiento de tropas.

En cambio, Israel se acerca a los 10 millones de residentes, tiene un ingreso anual por habitante de US$ 58,270, algo que es casi 19 veces mayor al de Gaza y que lo coloca en el puesto 12 a nivel mundial. Israel, que llegó a ser, hasta antes de la guerra de Ucrania, el país que más ayuda militar recibía de EE.UU., es también la única potencia nuclear de la región (la nación con más bombas atómicas por habitante en el globo), y tiene una de las FF.AA. y servicios secretos más sofisticados que hay.

Gaza carece de tanques y de fuerza aérea o naval. Según Hamás, este tiene 40 mil combatientes varones (pues las mujeres no son aceptadas para tales puestos). De estos, solo 2 mil fueron empleados para atacar a Israel. En contraposición, Israel bordea los 170 mil efectivos permanentes y una reserva de 465 mil hombres y mujeres. Pese a su poca población y superficie, Israel ocupa el puesto 15 dentro de las naciones que tienen el mayor presupuesto militar, que equivale a US$ 24 mil millones anuales, más que el producto anual de todos los territorios palestinos de Gaza y Cisjordania (US$ 18 mil millones).

Washington, Londres, París, Berlín y Occidente apoyan a Israel, mientras que los únicos que alientan a Hamás son Irán y sus socios regionales (como Ansarolá del Yemen y Hezbolá de Irak, que amenazan a EE.UU. con atacar a sus bases si se involucran en la guerra, y Hezbolá, del Líbano, que ha empezado a bombardear el norte de Israel). Hamás solo cuenta con el sostén de la Yihad Islámica y otras facciones palestinas armadas menores, pero no de Al Fatah y la OLP que manejan la Autoridad Palestina asentada en Cisjordania.

Rusia y China llaman a la paz. Turquía pide a Israel no arrasar Gaza y Jordania demanda crear ya un Estado palestino. Las acciones de Hamás han detenido los intentos sauditas de reconocer a Israel, lo cual es un fuerte choque contra Tel-Aviv, pues este es el más rico y poderoso reino musulmán que hay.

Israel se encuentra en una situación militar superior a la de todas las guerras internacionales que ha librado.

En este contexto tan desigual surge la interrogante si es que Hamás no ha producido un ataque suicida que podría conducir a su exterminio total, tal y cual lo plantean muchos halcones sionistas.

Hamás sostiene que ha buscado detener las constantes demoliciones de casas palestinas, expulsión de árabes de sus tierras y provocaciones contra sus mezquitas (especialmente, la de Al Aqsa). Además, quiere demostrar que Israel no es invencible, posición que ya anteriormente viene reclamando el Hezbolá, que se jacta de haber expulsado a Israel dos veces del Líbano

Con medios rudimentarios (como parapentes, tractores, motos y misiles caseros), Hamás ha demolido una de las barreras militares más costosas y vigiladas del planeta. En solo los primeros cinco días de esta nueva guerra ya han muerto más de 1,200 israelíes, la mitad de los que fallecieron durante la guerra de Yom Kipur que duró 19 días (6-25 octubre de 1973). Mientras varios medios hebreos reconocen esa inicial victoria de Hamás, la cuestión radica en qué hacer al respecto.

Hamás no puede expandirse hacia Israel. Se prepara para emboscar a soldados en caso de que ellos entren a su territorio, pero quiere evitar ello jugando con los rehenes (varios son altos oficiales). El editorial de “Ha’Aretz”, el principal diario hebreo, propone que urge un intercambio de prisioneros (incluso entregando presos sentenciados por terrorismo) por rehenes y evitar que Hamás cumpla con su promesa de matar un rehén por cada ataque contra Gaza.

Por el contrario, el Gobierno de Benjamín Netanyahu quiere aprovechar esta crisis para arrasar o despoblar Gaza. Su ministro de defensa, Yoav Gallant, llama a los habitantes de dicha franja a huir a Egipto (con lo cual quiere deshabitarla para en un futuro repoblarla con colonos), ha descrito a los habitantes de Gaza como “bestias humanas” y demanda un asedio total con corte de agua, luz, gas y alimentos. Esto ha sido caracterizado por el presidente colombiano Gustavo Petro como una práctica que recuerda la manera en que los nazis trataron a los judíos.

El avance de numerosas colonias sionistas y la emergencia del Gobierno más ultraderechista y xenofóbico que haya tenido Israel y la polarización con Hamás, que demanda una Palestina islámica que eche a muchos hebreos al mar, ha hecho naufragar cualquier posibilidad de una nueva partición de Tierra Santa. La única salida posible a largo plazo es un acuerdo como el de Irlanda del Norte, donde todas las etnias compartan el Gobierno, o una república unida e incluyente de todas las sangres y cultos, como son los Estados americanos.

P.D.: Expreso mi dolor por los civiles y niños muertos en esta guerra y mis sentimientos para la comunidad judía del Perú y del Colegio León Pinelo por el médico Daniel Levi, asesinado por Hamás al atender pacientes.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 657 año 14, del 13/10/2023

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3 de marzo de 2023

A un año de la invasión rusa

Daniel Espinosa

A la élite occidental representada por la revista británica “The Economist” le preocupa mucho que, de no poder “socorrer” a Ucrania exitosamente: “…incluso los países que consideran censurable la invasión del Sr. Putin podrían concluir que el poder de Occidente está declinando…” (14/2/23). La revista reconoce que solo un tercio de la población mundial vive en países que han condenado la invasión rusa e impuesto las sanciones que la Casa Blanca exige a sus subordinados, que cada vez son menos.

Por su parte, el tradicional vocero no oficial de la CIA en el periodismo mainstream, el “Washington Post”, insiste en un editorial (18/2/23) que cualquier resultado que “premie al Kremlin” significaría un “golpe mortal al principio sobre el cual descansan la estabilidad occidental y la conducta internacional civilizada: que las naciones soberanas no pueden ser invadidas, subyugadas y sometidas a asesinatos en masa con impunidad”.

El poder de Occidente declina, como sugiere “The Economist”, y su propaganda se vuelve cada vez más risible. Pero para Afganistán, Irak, Siria y Yemen, con sus cientos de miles de muertos –las víctimas más recientes de la “conducta internacional civilizada” y su propensión a invadir, subyugar y masacrar–, la broma resulta cruel y de mal gusto.

El “Post” solicita más aliados para una nueva coalición que le plante cara al malvado Kremlin, pues a EE.UU. y a sus vasallos europeos “no les quedaría otra opción que intensificar su apoyo” a Kiev. Por su parte, el envejecido cascarrabias y mitómano que lidera el “mundo libre” –luego de una larga carrera al servicio de Wall Street– acaba de visitar Kiev el pasado lunes 20 para mostrarle su “apoyo inquebrantable”, no tanto a la Ucrania que se desangra y arruina para llevar a cabo los planes urdidos por la RAND Corporation para desgastar a Rusia o producir el ansiado cambio de régimen, sino a las ambiciones del imperio en decadencia.

Por su parte, un columnista del “New York Times” sostiene: “En este aniversario de la guerra, es tiempo para un esfuerzo concertado para persuadir a los americanos sobre una idea única: debemos apoyar a Ucrania todo lo que sea necesario, tanto tiempo como sea necesario, hasta que el ejército ruso sufra una derrota decisiva e inequívoca”. Como hay que persuadir a los americanos –cansados de subvencionar esta nueva aventura de la Casa Blanca– el opinante no olvida recitar el mantra propagandístico de la invasión rusa “no provocada” (19/2/23).

La propaganda de la corporación mediática se vuelve más radical y deshonesta justamente cuando el poder occidental declina y sus furiosos patrones exigen mayor disciplina y posiciones más agresivas. Stalin hubiera envidiado la obediencia de esta prensa, que parece decidida a llevarnos a una nueva guerra mundial. A partir de algunos editoriales y columnas de opinión citados, el analista independiente que edita el blog “Moon of Alabama” opina: “Estados Unidos necesita una estrategia de salida. Reconocer que la única alternativa es la guerra total y la aniquilación nuclear (como sugiere la prensa occidental fuera de control) …es el primer paso para desarrollar una”.

No somos tan optimistas. Sin embargo, sí se han dado algunas muestras de que EE.UU. y su alter ego, la OTAN, podrían recular en su guerra subsidiaria contra Rusia. El pasado 13 de febrero y contradiciendo las recientes declaraciones hechas en Kiev por el mismo Joe Biden, su administración señaló que “no existían garantías de futuro apoyo” para Ucrania. El general Mark Milley, jefe del Comando Conjunto estadounidense, dijo que sería “muy, muy difícil que, (durante) este año, Ucrania saque a Rusia del territorio ocupado”, y agregó que la guerra probablemente terminaría en la “mesa de negociaciones… sin que Ucrania o Rusia logren sus objetivos militares”.

Alemania subyugada

Las recientes investigaciones de Seymour Hersh sobre el sabotaje de los gasoductos Nord Stream, y el alucinante silencio (o deshonesto rechazo) de la prensa estadounidense y europea con respecto a lo revelado, han puesto en relieve el grado de subordinación de Alemania al (des)orden internacional estadounidense.

Pongámosle algo de historia: el barón de Ismay, primer Secretario General de la OTAN, señaló en la década del ’50 del siglo pasado que esta organización se creó para “mantener fuera a la Unión Soviética, adentro a los americanos y abajo a los alemanes”. Tenía sentido luego de la Segunda Guerra Mundial y la locura del nazismo recién derrotado. Pero está posición de cara a Alemania iría mucho más allá. Ya en nuestro siglo, el analista geopolítico George Friedman aseguraría que “para EE.UU., el miedo primordial es el acoplamiento de la tecnología y capitales alemanes con los recursos naturales y mano de obra rusos”.

¿Imperialismo ruso?

De acuerdo con el prestigioso analista político John Mearsheimer, la propaganda referente al supuesto imperialismo de Vladimir Putin comenzó en 2014. En una interesante entrevista ofrecida a fines de noviembre de 2022 a la publicación digital “Unherd”, el también especialista en relaciones internacionales señaló que no existe evidencia de que el actual líder ruso tuviera intenciones de expandir sus dominios a los países de la ex Unión Soviética, como sugiere la rabiosa propaganda del “New York Times” y otros medios de la prensa corporativa.

En un artículo del pasado 19 de febrero –en el que el “Times” concede que este año de guerra no ha hecho más que cimentar la posición de Putin en Rusia–, el medio neoyorquino insiste en la supuesta mentalidad “paranoica e imperialista” que habría conducido al Kremlin a invadir Ucrania. La mentira va más allá, pues los reporteros del diario “récord” también aseguran que Rusia habría tenido la intención de “tomar control de Ucrania”, es decir, adueñarse de ella en toda su extensión. Mearsheimer dice que esta noción es insostenible: ningún ejército intentaría hacerse de un país europeo con 190 mil soldados (y Ucrania es el más extenso de todos). Para ilustrar su punto, señaló que en 1939 la Alemania nazi invadió Polonia con 1.5 millones de soldados.

Con respecto a una pronta resolución de la guerra, Mearsheimer considera que “estamos jodidos” (we are screwed, en su idioma materno). Poner a una potencia nuclear como Rusia contra las cuerdas –como exige la gran prensa– podría significar nada más y nada menos que un suicidio colectivo (y radioactivo, dicho sea de paso). Sin embargo, en el actual conflicto, “el retroceso (parece estar) fuera de discusión tanto para Rusia como para Occidente”, que ve cualquier solución diplomática como una suerte de rendición.

El hecho de que Rusia sea una potencia nuclear no parece importarle demasiado al neoconservadurismo occidental y su “Proyecto para un nuevo siglo americano”, que desearía tener carta blanca para arruinar y doblegar a Rusia tal como lo viene haciendo con varias naciones del Medio Oriente. Como señaló el periodista estadounidense Robert Parry (fallecido en 2018), Ucrania ya era considerada el “premio mayor” por neoconservadores como Carl Gershman (presidente de la NED) en 2013, cuando señaló que dicha nación era el “paso intermedio” para derrocar a Putin. Un año después escucharíamos a otra “neocon”, Victoria Nuland, mandando al diablo a la Unión Europea (fuck the EU, en su idioma materno) por no compartir su agresiva posición de cara a Ucrania.

Así –y con la ayudita de este “periodismo”– es como llegamos a la desesperada situación geopolítica en la que nos encontramos.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 624 año 13, del 24/02/2023, p19

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20 de octubre de 2022

Esperando la bomba

Daniel Espinosa

Dos semanas antes de las detonaciones del gasoducto Nord Stream, el periodista y analista geopolítico francés Thierry Meyssan señaló con mucho tino cómo “la propaganda europea (apuntaba) a preparar al público para el cierre definitivo del gasoducto”, así como “para responsabilizar a Rusia” por ello.

A diferencia de la mayoría de los analistas a los que estamos expuestos, Meyssan –galardonado en 2005 con el título de persona non grata por el Departamento de Estado de EE.UU.– no se encuentra encorsetado en las formas de análisis geopolítico preferidas por las universidades más importantes del hemisferio occidental y los “think-tanks” financiados por la industria privada del mismo origen.

La profunda degeneración del poder concentrado, en este caso, en los neoconservadores –o discípulos de Leo Strauss– desperdigados por Londres y Washington, no escapa a su visión. Para entender un poco de la filosofía de Strauss aplicada a la política, podemos acercarnos a un artículo del periodista estadounidense Brent Staples (“New York Times”, 28/11/94):

“...Strauss sostenía que los reyes-filósofos (incluyéndolo) habían nacido para gobernar, los sirvientes habían nacido para servir y solo el desastre podía sobrevenir si se permitía a la chusma ponerse por encima de su lugar. Strauss fue desvergonzadamente elitista y antidemocrático. Sus ideas le han sobrevivido, poniéndose en boga en la política americana” (paréntesis incluido en el original).

Como explica Meyssan, quienes rinden culto a Strauss desde el Pentágono y el Departamento de Estado de EE.UU., “…están listos para hacer lo que sea. Por ejemplo, querían regresar a Irak a la era de piedra. Y eso es precisamente lo que hicieron”. Como también observa este periodista francés, los straussianos ya habían escrito, hacia 1992, que no dudarían en destruir Europa y la Unión Europea (Voltairenet.org, 13/9/22). El documento secreto “Defense Planning Guidance” del gobierno de EE.UU., de 1992 (revelado solo en sus líneas generales por la prensa estadounidense), explica que parte de la estrategia yanqui consistirá en “convencer a potenciales competidores de que no deben aspirar a un rol mayor (en la política global) o a perseguir una postura más agresiva de cara a proteger sus legítimos intereses”.

Sus “legítimos intereses”, recalcamos. Y así expusieron en palabras lo que venía siendo la geopolítica estadounidense desde siempre. Como no podría ser de otra manera, la competencia por la supremacía geopolítica incluye a Latinoamérica. En ese marco, el Partido de los Trabajadores (PT) brasileño era una amenaza para la hegemonía yanqui, pues apostaba al multilateralismo propuesto a través de BRICS (compuesto por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), que tiene entre sus principios la búsqueda de un mundo multipolar “sin ningún tipo de superpotencia dominante”, como se explica claramente en infobrics.org, que, en referencia a Brasil, añade: “…el primer ministro de relaciones exteriores del gobierno de Bolsonaro, Ernesto Araujo, consideró que Brasil debía cuestionar la relevancia de BRICS. Bolsonaro se enfocaría, en su lugar, en las relaciones políticas con EE.UU. e Israel”.

El clarísimo lawfare ejercido hacia Lula da Silva, Dilma Rousseff y el PT, dirigido por el Departamento de Justicia de EE.UU. con la colaboración de un par de brasileños “patriotas”, el juez Moro y el fiscal Deltan Dallagnol, puso fin (temporalmente) a los proyectos multipolares del país más grande de Sudamérica. Sin ese “empujoncito” de fuera, Bolsonaro seguiría siendo un oscuro pie de página en la historia brasileña, pues habría perdido las elecciones de 2018 contra el injustamente encarcelado Da Silva.

Ante los resultados de primera vuelta de las últimas elecciones presidenciales brasileñas, celebradas el pasado 2 de octubre, debemos notar la facilidad con la que la gran prensa mantiene al público en la ignorancia y la confusión. Como notó la periodista Inna Afinogenova en el programa “La Base” (3/10/22), luego de su encarcelamiento, Lula da Silva “fue absuelto de todas las causas que tenía en su contra… pero este tipo (el periodista español Eduardo Inda) sigue diciendo que es un ladrón en un programa que ven cientos de miles y no pasa absolutamente nada… increíble”. Inda le dijo al público español, a través de Telecinco, que los pobres brasileños elegían entre “un loco y un ladrón”. En el Perú, Marco Sifuentes dijo casi exactamente lo mismo en su programa “La Encerrona” (3/10/22).

“No provocado”

La propaganda lo oscurece todo y es en estos puntos álgidos de la historia –cuando se vuelve a hablar con seriedad de detonar bombas atómicas– cuando ella se torna más peligrosa. La responsabilidad, por supuesto, está en la gran prensa y sus distraídos representantes.

Al respecto, la periodista australiana Caitlin Johnstone señala acertadamente cómo la narrativa de la invasión rusa “no provocada” constituye un obstáculo para conseguir la paz que el mundo anhela y el imperialismo estadounidense y sus vasallos europeos aborrecen. Hablar de una invasión rusa “no provocada”, explica la periodista, es como decir que “Putin invadió (Ucrania) porque es un lunático malvado que disfruta cometer crímenes de guerra, o un tirano megalómano que quiere conquistar el mundo porque detesta la libertad y la democracia… lo que significaría que seguirá atacando e invadiendo otros países a menos que sea detenido”.

En suma, explica Johnstone, “la única respuesta es más guerra”. Por eso, agrega, “los apologistas del imperio se enfurecen con quienes abogan por la única posición sana y racional… llamar a la desescalada y la distención” (Consortium News, 02/10/22).

Ya hemos señalado en esta columna cómo la propaganda crea estos monstruos de fábula, inherentemente malvados, irracionales e irreversiblemente trastornados. Una vez construida esta narrativa infantilizante, ¿qué solución podría caber, excepto la destrucción de ese enemigo? Esta es la narrativa del “cambio de régimen”, y si no la tenemos aprendida de memoria a estas alturas es debido a la irresponsabilidad de la gran prensa y su peligrosísima propaganda.

Coincidiendo en el hecho ampliamente aceptado de que la invasión rusa de Ucrania es ilegal y brutal, el veterano periodista australiano John Pilger recalca que ella fue la respuesta a “casi ocho años de asesinatos y la destrucción criminal de la región del Dombás” (aproximadamente, 14 mil muertos desde el golpe de Estado contra Kiev de 2014). Como también dijo Pilger: “En diciembre pasado (2021), Rusia propuso un plan de seguridad para Europa. Este fue desechado, ridiculizado y suprimido por la prensa occidental. El 24 de febrero (2022), el presidente Volodímir Zelenski amenazó con desarrollar bombas nucleares a menos que EE.UU. armara y protegiera a Ucrania”.

Como observa otro encomiable periodista independiente, el inglés Jonathan Cook: “El cerco de Rusia no es un error aislado. La mediación occidental y el golpe (contra Kiev), seguidos del apoyo a un ejército nacionalista ucraniano hostil a Rusia, tampoco es un hecho aislado. La decisión de la OTAN de inundar Ucrania de armamento, en lugar de concentrarse en la diplomacia, no es una aberración… todo esto constituye un patrón de conducta patológica de Occidente hacia Rusia, así como hacia cualquier estado rico en recursos que no se somete al control occidental”.  

El patrón se confirma cuando nos enteramos de que, en abril pasado y ante una posible tregua entre Rusia y Ucrania, Boris Johnson viajó a Kiev para advertirle a Zelenski que “con Rusia no se debe negociar, (sino que) se le debe presionar… incluso si Ucrania está lista para firmar algún tipo de acuerdo… con Putin, nosotros (EE.UU. y sus vasallos europeos) no lo estamos”. Luego de eso, explica Aarón Maté, “las conversaciones colapsaron…” (los últimos tres autores fueron citados de MediaLens.org, 30/9/22).

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 606 año 13, del 07/10/2022, p18

18 de octubre de 2022

La voladura del gasoducto es una declaratoria de guerra

Thierry Meyssan

La lucha de Estados Unidos por mantener su hegemonía mundial ha pasado a su tercera etapa. Debido a la extensión de la OTAN hacia el este, lo cual viola el compromiso contraído ‎por Occidente de abstenerse de desplegar armamento estadounidense en Europa Central, Rusia, obligada a garantizar la defensa de sus extensas fronteras, se ve directamente amenazada.

En violación de los compromisos contraídos al término de la Segunda Guerra Mundial, ‎Washington instaló en Kiev el actual régimen de los “nacionalistas integristas” (simplemente ‎‎”nazis” en la terminología del Kremlin). Los “nacionalistas integristas” prohibieron a sus ‎compatriotas rusoparlantes hablar su lengua materna –el ruso–, los privaron de servicios ‎públicos y finalmente bombardearon sin descanso a los del Dombás. Al cabo de 8 años de ‎matanza, Rusia ya no tuvo otra opción que iniciar una intervención militar para poner fin al ‎calvario de las poblaciones rusoparlantes. La tercera fase de la intervención silenciosa de Estados Unidos es la imposición de un cambio en ‎el aprovisionamiento energético a todos los países de Europa Occidental y de Europa Central. ‎Precisamente el mismo día de la puesta en marcha del gasoducto del Báltico (Baltic Pipe), los ‎dos gasoductos Nord Stream fueron puestos fuera de servicio mediante sabotajes realizados ‎con explosivos… y también se interrumpió el mantenimiento técnico del Turkish Stream.

La voladura parcial de los gasoductos Nord Stream y Nord Stream 2 es el mayor acto de ‎sabotaje de toda la historia. Y es un acto de guerra contra Rusia pero también contra Alemania ‎por ser estos los países copropietarios (51% Rusia y 30% Alemania) que más recursos invirtieron en ‎esas infraestructuras de colosal envergadura. Pero es también un acto de guerra contra los demás ‎socios, que son Países Bajos (9%) y Francia (9%). Sin embargo, los Estados occidentales ‎perjudicados que acabamos de mencionar guardan silencio.

Para realizar los atentados contra los gasoductos Nord Stream y Nord Stream 2 fue ‎probablemente necesario el despliegue de submarinos en las zonas ya identificadas por las ‎potencias de la región. Oficialmente no hay indicios, en el sentido “policial” de la expresión, pero ‎las “cámaras de vigilancia” (en este caso los dispositivos de sonar) ya “hablaron”. Los Estados ‎interesados saben con certeza quién es el culpable. Si no reaccionan, serán borrados del mapa, ‎políticamente hablando. Pero también es posible que estén preparando en secreto algún tipo de ‎reacción, que los convertiría en verdaderos actores políticos… cuando se decidan a concretarla.

Los franceses deben recordar la intentona de golpe de Estado militar que estremeció Francia ‎en 1961 y los subsiguientes intentos de asesinato contra el presidente Charles de Gaulle. ‎El propio De Gaulle fingió creer que los atentados contra su vida eran cosa de la OAS ‎‎(Organización del Ejército Secreto, siglas en francés), que se componía de franceses contrarios a ‎la independencia de Argelia. Pero el ministro francés de Exteriores de la época, Maurice Couve ‎de Murville, mencionó públicamente el papel del Opus Dei español y de la CIA estadounidense ‎en la organización y financiamiento de aquellos intentos de asesinar a De Gaulle. Este último ‎ordenó entonces que se abrieran investigaciones, identificó a los traidores, reorganizó la policía ‎y el ejército franceses y, cinco años después, sacó a Francia del mando integrado de la OTAN, dio a ‎esta última dos semanas para cerrar su sede (que estaba precisamente en París) y trasladarla a ‎Bélgica y además dio a ese bloque bélico plazos un poco más largos –pero bien definidos– para ‎concretar el cierre de las 29 bases militares que tenía en suelo francés. Posteriormente, el ‎presidente De Gaulle realizó una serie de viajes al extranjero, durante los cuales denunció ‎repetidamente la hipocresía de Estados Unidos, principalmente la guerra de Vietnam.

Francia se convirtió así nuevamente en una potencia faro en materia de relaciones ‎internacionales. Aquellos hechos nunca fueron explicados claramente a la opinión pública, pero todos los responsables políticos de aquella época pueden confirmarlos.

Después de la disolución de la Unión Soviética, Estados Unidos elaboró una redistribución del ‎mundo que modifica radicalmente las relaciones internacionales, con derrocamientos de gobiernos ‎y el inicio de guerras, para imponer determinadas rutas al transporte de recursos energéticos. ‎Esa fue la principal actividad del vicepresidente estadounidense Al Gore durante 8 años, bajo ‎la administración Clinton. Y a eso mismo se dedica hoy Amos Hochstein, como consejero especial ‎del presidente Joe Biden. Basta recordar la guerra de Transnistria –un intento estadounidense de ‎apoderarse de un nodo de gasoductos– y la posterior guerra de Kosovo, para ‎construir el «Octavo Corredor», una vía de comunicación a través de los Balcanes, y ya tenemos ‎sobre la mesa las demás piezas del rompecabezas.

Resulta especialmente difícil discernir a fondo la gravedad de la catástrofe que acaba de caer ‎sobre la Unión Europea y que, muy probablemente, va a causar su derrumbe económico. Esa comprensión se hace todavía más difícil porque la Unión Europea ha tomado por sí misma varias ‎de las decisiones que van a llevarla a la quiebra.

Hasta el 26 de septiembre de 2022, Rusia todavía era el principal proveedor de gas de la Unión ‎Europea. El gas ruso seguía llegando a la UE por el gasoducto Brotherhood –a través ‎de Ucrania–, por el Nord Stream o por el Turkish Stream. Estados Unidos, que ‎supuestamente garantiza la seguridad de la Unión Europea, acaba de cortar esas tres vías de ‎aprovisionamiento. El lector puede estar pensando que el gasoducto Brotherhood todavía está ‎en funcionamiento… pero Kiev puede cerrarlo o inutilizarlo en cualquier momento mientras que ‎‎Nord Stream ha sido saboteado y Turkish Stream ya no puede recibir el mantenimiento ‎técnico que necesita porque lo impiden las sanciones que la Unión Europea ha adoptado… ‎a instancias de Estados Unidos.

Hasta el 26 de septiembre, la economía de la Unión Europea se apoyaba fundamentalmente en la ‎producción de la industria alemana. Al cortar el gasoducto Nord Stream, Estados Unidos ha destruido la industria alemana. Según la célebre fórmula de Lord Ismay, quien fue el primer secretario ‎general de la OTAN, la “gran estrategia” de los anglosajones consiste en «Mantener a ‎los americanos dentro, a los rusos fuera y a los alemanes bajo tutela».

Todas las administraciones estadounidenses han aplicado esa política ininterrumpidamente desde ‎los años 1950. Nueve países participaron en la construcción de Nord Stream y cuatro son ‎propietarias de esa importante infraestructura. Nord Stream entró en funcionamiento en 2011. ‎A partir del mandato de Donald Trump, en 2017, el Congreso de Estados Unidos amenazó con ‎sanciones a las empresas que participaban en el funcionamiento de Nord Stream y a las que ‎se habían implicado en la construcción de Nord Stream 2. Siendo presidente, el propio Donald ‎Trump se mofó de la sumisión de Alemania, que se alimentaba del gas ruso. No sólo ‎Estados Unidos sino también Polonia pusieron innumerables trabas jurídicas al gas ruso en ‎Europa Occidental. En ese campo, la nueva administración estadounidense no cambió ‎absolutamente nada. Alemania creyó, erróneamente, que la administración Biden sería más tolerante.

Claro, en julio de 2021, se llegó a un acuerdo según el cual Nord Stream 2 sería sustituido con ‎hidrógeno fabricado… en Ucrania y transportado, a partir de 2024 (el año de expiración del ‎contrato ruso-ucraniano), por el ya vetusto Brotherhood que sería convenientemente adaptado.

El canciller alemán Olaf Scholz, electo en diciembre de 2021, cometió dos graves errores en sólo ‎meses. El 7 de diciembre Scholz estuvo en la Casa Blanca y allí trató de resistirse a la presión de ‎Estados Unidos, que lo instaba a renunciar al gas ruso. De regreso en Berlín, Scholz optó por ‎mantener Nord Stream en funcionamiento y bloquear la puesta en marcha de Nord Stream 2, ‎mientras buscaba fuentes de energías renovables. Scholz creía erróneamente que así lograría un ‎equilibrio entre el belicismo del pensamiento estratégico estadounidense, las necesidades de la ‎industria alemana y la doctrina de los Verdes, miembros de su coalición de gobierno.

El canciller alemán ya se había llevado un buen susto en Washington. Durante su conferencia ‎de prensa con el presidente estadounidense, Joe Biden había declarado que Estados Unidos ‎podía destruir Nord Stream 2 y que lo haría si Rusia invadía Ucrania. Para Scholz fue ‎absolutamente aterrador que su amo estadounidense le dijera sin miramientos que sería ‎capaz de destruir una infraestructura que había costado decenas de miles de millones si un tercer ‎país actuaba sin tener en cuenta las órdenes de Washington. No sabemos si durante las conversaciones a puertas ‎cerradas Biden mencionó ‎también la eventual destrucción del primer Nord Stream –no es imposible que lo haya hecho–. En todo caso, los periodistas alemanes que ‎acompañaban a Scholz recuerdan que el canciller estaba lívido durante el viaje de regreso a Berlín.

Scholz cometió su segundo error el 16 de septiembre de 2022. Alemania no quiere seguir ‎sometida a la tutela de los anglosajones, prefiere garantizar por sí misma su seguridad y la del ‎conjunto de países miembros de la Unión Europea. Así que el canciller Scholz declaró que:‎ “Siendo nosotros la nación más poblada, dotada del mayor poderío económico y situada ‎en el centro del continente, nuestro ejército debe convertirse en el pilar de la defensa ‎convencional en Europa”. Al precisar que hablaba sólo de “defensa convencional”, el canciller Scholz creyó que estaba ‎evitando herir la susceptibilidad de su vecina Francia, única potencia nuclear de la Unión Europea. ‎Pero no se daba cuenta de que estaba violando la doctrina de los discípulos de Leo Strauss –los ‎straussianos de Estados Unidos– imaginándose poder escapar al protectorado militar ‎estadounidense.

En 1992, Paul Wolfowitz había firmado la Defense Policy Guidance, algunos de cuyos fragmentos ‎se conocieron a través del New York Times. Wolfowitz indicaba en ese documento que ‎Estados Unidos vería toda voluntad de emancipación de sus aliados europeos como un cassus ‎belli.‎ Seis días después de las declaraciones del canciller alemán Scholz, los Navy Seals volaban los dos ‎gasoductos del Mar Báltico, lo cual significa para Alemania 11 años de retroceso.

Sólo horas después del sabotaje contra Nord Stream y Nord Stream 2, el presidente de ‎Polonia, el primer ministro de Dinamarca y el ministro de Energía de Noruega inauguraban con ‎bombos y platillos el gasoducto Baltic Pipe, que no tiene ni remotamente la misma capacidad ‎que los Nord Stream pero bastará para marcar el cambio de época. Antes, la industria alemana ‎alimentada con el gas ruso hacía el papel de líder de la Unión Europea. En adelante, ese papel ‎quedará en manos de Polonia, impulsada por gas noruego. El primer ministro polaco, Mateusz ‎Morawiecki, proclamó triunfalmente su odio en plena ceremonia al sentenciar: “Llega a su fin ‎la era de la dominación rusa en el sector del gas; una era que estuvo marcada por el chantaje, las ‎amenazas y la extorsión”.

El acto de guerra perpetrado contra Rusia, Alemania, Países Bajos y Francia nos obliga a ver los ‎hechos de Ucrania bajo una perspectiva diferente. Ese acto de guerra es mucho más importante ‎que todo lo anterior porque Estados Unidos acaba de atacar a sus “aliados”. En artículos ‎anteriores he explicado con detalles lo que los straussianos buscaban con sus provocaciones ‎en Ucrania. Lo que acaba de suceder nos muestra por qué Washington apoya el proyecto ‎straussiano como política de Estado. Y también nos demuestra que su “gran estrategia” ‎no ha cambiado desde los años 1950.

En la práctica, la Unión Europea va a derrumbarse en el plano económico, con excepción de Polonia y ‎sus 11 aliados de Europa Central, miembros de la Iniciativa de los Tres Mares o Intermarium‎. El viento cambia de rumbo. Ahora es Polonia la que tiene ‎el “viento en popa”.

Los grandes perdedores serán Europa Occidental y Rusia. Pero también estará entre ‎los perdedores Ucrania, destruida sólo para dar lugar a esta hecatombe. ‎

Thierry Meyssan. Director de Red Voltaire.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 606 año 13, del 07/10/2022, p19

1 de septiembre de 2022

Estados Unidos y su historia de crímenes de guerra (Parte II)

Fernando M. García Bielsa

Aunque el orden internacional existente se estableció bajo la hegemonía y, en buena medida, según sus conveniencias, Estados Unidos no dudará en ignorar las reglas estime que algún proceso o circunstancia puedan dañar sus intereses.

Esta potencia busca la impunidad y su sistema legal es además inadecuado para fijarle a los criminales las merecidas penas. En el caso de escándalos en el marco militar la regla y el empeño es acudir al encubrimiento de la verdad.

Refirámonos solo a algunos hechos.

En la Segunda Guerra Mundial, durante la liberación de Francia y la ocupación de Alemania, ocurrieron de manera regular violaciones de mujeres y ejecuciones masivas de combatientes capturados.

Los archivos secretos de tiempos de guerra que se hicieron públicos recién en 2006, aunque a todas luces hacían un recuento parcial, revelan que los soldados estadounidenses cometieron cientos de delitos sexuales en Europa, incluidas 126 violaciones en Inglaterra, entre 1942 y 1945. Un estudio de Robert J. Lilly estima que durante la Primera Guerra Mundial un total de 14.000 mujeres civiles en Inglaterra, Francia y Alemania fueron violadas por soldados estadounidenses.

También múltiples abusos fueron cometidos por las tropas estadounidenses de ocupación en Japón. Mencionemos solo la violación generalizada de mujeres por parte de militares estadounidenses. Académicos estiman que solo en Okinawa hasta 10.000 mujeres pueden haber sido violadas. Aunque muchos de estos crímenes no fueron denunciados o fueron ignorados, se reveló que 1.336 violaciones se perpetraron durante los primeros 10 días de la ocupación de la prefectura de Kanagawa tras la rendición japonesa.

De manera similar, durante la Guerra de Corea fueron cometidos abusos de todo tipo, ejecuciones sumarias de prisioneros y asesinatos de civiles indefensos. Apuntemos solo a la masacre de No GunRi, donde ocurrió la matanza masiva de un número indeterminado de refugiados surcoreanos por parte de soldados estadounidenses del 7º Regimiento de Caballería (y en un ataque aéreo yanqui) entre el 26 y el 29 de julio de 1950 en un puente ferroviario cerca del pueblo de Nogeun-ri, 160 km al sureste de Seúl.

En 2005, respecto a esa masacre, el gobierno de Corea del Sur certificó los nombres de 163 muertos o desaparecidos (en su mayoría mujeres, niños y ancianos) y 55 heridos. Aclararon que no se reportaron los nombres de muchas otras víctimas. La Fundación para la Paz No GunRi, financiada por el gobierno de Corea del Sur, estimó en 2011 que entre 250 y 300 personas murieron. Fueron más altas las estimaciones de los sobrevivientes de aquellos hechos.

La agresión contra Vietnam

58 mil estadounidenses y unos tres millones de vietnamitas murieron en aquel conflicto, incluyendo centenares de miles de civiles. Por miles se podrían citar los crímenes de guerra cometidos por las tropas estadounidenses.

John Kerry, veterano de aquella guerra quien llegaría a ser senador y Secretario de Estado del gobierno de Obama, compareció en abril de 1971 ante un Comité del Senado y dijo “mi testimonio cubre la demolición de aldeas y arrojar de un avión a sospechosos del Vietcong después de atarlos y amordazarlos… Incluye la quema de aldeas con civiles en ellas, el corte de orejas y cabezas, la tortura de prisioneros… y el uso de artillería contra poblados indefensos, destrucción de propiedades y ganado vietnamita, el uso de agentes químicos…

De entre centenares de hechos criminales acaecidos y de la impunidad resultante, menciono aquí a modo de ejemplo la masacre de MyLai. Fue el asesinato en masa de 504 ciudadanos desarmados en Vietnam del Sur, casi en su totalidad civiles, la mayoría de ellos mujeres y niños, realizado por soldados estadounidenses de la Compañía C del Primer Batallón, 11ª Brigada de la 23 División de Infantería (estadounidense), el 16 de marzo de 1968. Algunas de las víctimas fueron violadas, golpeadas, torturadas o mutiladas, y algunos de los cuerpos fueron encontrados mutilados. La masacre tuvo lugar en las aldeas de M?Lai y MyKhe del pueblo de SonM? durante la Guerra de Vietnam.

De los 26 soldados estadounidenses acusados inicialmente de delitos penales o crímenes de guerra por acciones en MyLai, solo William Calley fue condenado. Sancionado inicialmente a cadena perpetua, Calley vio reducida su sentencia a diez años, luego fue liberado después de solo tres años y medio bajo arresto domiciliario.

Otro de los más grandes crímenes, mencionado por Kerry, fue el uso masivo e indiscriminado de agentes químicos contra la población y para desfoliar el país, en particular el uso del llamado agente naranja. De ese agresivo compuesto químico se rociaron decenas de millones de litros para defoliar los densos bosques del país en un intento de descubrir los escondites y las rutas de suministro del Vietcong.

Desde 1961 hasta 1973, la Fuerza Aérea de los Estados Unidos arrojó aproximadamente 81 000 000 de litros de diversos productos químicos en Vietnam, Laos y Camboya. Más del 60% de esto fue el Agente Naranja. Las acciones del ejército de los EE. UU. para envenenar a estos países y a su gente siguen siendo uno de los mayores crímenes de guerra desde la Segunda Guerra Mundial.

El agente naranja sigue pudriendo los suelos de Vietnam y afectando la salud 50 años después. La exposición a corto plazo a la dioxina puede causar deformaciones. Deficiencias inmunológicas, problemas hepáticos y enfermedades graves de la piel y labios leporinos, entre otros. Además, la dioxina está relacionada con la diabetes tipo 2, la disfunción del sistema inmunitario, los trastornos nerviosos, la disfunción muscular, la alteración hormonal y las enfermedades cardíacas.

Afganistán (Libia, Iraq, Siria y todo el Oriente Medio y el norte de África)

Me referiré al primero de esos países, donde Estados Unidos libró su guerra más prolongada. En esos veinte años fueron incontables los abusos, el saqueo y otras fechorías mezclados con una inmensa corrupción de las tropas y las estructuras de ocupación. Como en toda esa región lo que generaron fue el caos y una mayor polarización e inestabilidad.

Posteriormente, la Comisión de Derechos Humanos de NN.UU. instó, especialmente a EE.UU. y el Reino Unido, a que abrieran investigaciones para investigar posibles homicidios ilegítimos cometidos por sus fuerzas en Afganistán. Además de los asesinatos de civiles, también hay muchas denuncias sobre la tortura, el maltrato y el asesinato de prisioneros por parte de las fuerzas estadounidenses en Afganistán.

La Corte Penal Internacional [CPI] dijo que tenía suficiente información para probar que las fuerzas estadounidenses habían «cometido actos de tortura, trato cruel, ultrajes a la dignidad personal, violación y violencia sexual» en Afganistán en 2003 y 2004. Pero hasta ahora, ningún caso se ha abierto en gran parte debido a la obstrucción y negativa a cooperar de los Estados Unidos (que no es miembro de esa corte internacional). Incluso EE.UU. también impuso sanciones a la CPI cuando inició una investigación sobre las atrocidades de guerra de EE.UU. en Afganistán.

El proyecto Costs of War de la Universidad de Brown estima que más de 46.000 civiles afganos perdieron la vida durante la guerra más larga en la historia de Estados Unidos. El ataque con drones errantes del 29 de agosto no fue la primera vez que civiles afganos – en el camino de pastar ganado o recolectar leña – mueren en ataques con tales artefactos bajo la amplia bandera de la guerra contra el terrorismo.

Quedan fuera del recuento la brutalidad de las tropas yanqui durante muchas de sus aventuras en otros confines, los bombardeos a mansalva sobre Belgrado y otras poblaciones serbias de consumo con la OTAN y sin el visto bueno de Naciones Unidas, su apoyo a los continuos crímenes de Israel contra el pueblo palestino, el contubernio con Arabia Saudita cuando se masacra al pueblo yemenita, y mucho más.

Caben pocas dudas para calificar a los Estados Unidos como el mayor perpetrador de crímenes de guerra, tanto por su número como por su envergadura. A lo largo de su existencia, esa potencia ha cometido muchas atrocidades que nunca reciben la misma atención de los medios y de varias instituciones internacionales que las masacres que cometen sus enemigos.


Enlace a la primera parte: 
https://www.leerydifundir.com/2022/08/estados-unidos-historia-crimenes-guerra-parte-i/

11 de agosto de 2022

El conflicto entre la OTAN y Rusia centrado en la guerra de Ucrania era previsible, predecible y evitable: ¿Por qué continúa?

VICENÇ NAVARRO

INTRODUCCIÓN: LAS FALSEDADES QUE SE ESTAN PROMOVIENDO SOBRE ESTE CONFLICTO

Existe un conflicto, primordialmente entre la OTAN por un lado y Rusia por el otro, que alcanza su dimensión militar en la guerra de Ucrania, que está creando una crisis enorme que está afectando muy negativamente el bienestar de la mayoría de la población mundial tanto del Norte como del Sur y tanto de un bloque como del opuesto, incluyendo también de aquellos que no están en ningún bloque. Y lo que es muy preocupante es que, como ocurre en cada guerra, los mayores medios de comunicación participan en esta guerra transformándose en medios de promoción y propaganda en lugar de información. En cada lado del conflicto se ve la demonización del enemigo al cual hay que destruir o hacer desaparecer. Así se crea una cultura bélica que impide la resolución del problema. Y esta es la situación actual en la que nos encontramos, en la que lo que se presenta como la única solución de esta guerra, es la derrota completa del enemigo. Y como esto no parece que vaya a ocurrir pronto, se concluye que tenemos guerra para rato, lo cual puede llevarnos a un auténtico desastre mundial. De ahí la enorme importancia y necesidad de entender lo que está ocurriendo. Sin negar la gran responsabilidad que la dirección de Rusia liderada por Putin ha tenido en iniciar la invasión criminal y la guerra de Ucrania, hay también que informar (lo cual los mayores medios de comunicación no están haciendo) como la OTAN ha ido también contribuyendo a crear el contexto en el cual tal invasión tuvo lugar. Y ello dificulta en gran manera que se entienda lo que está pasando y por lo tanto dificultando que se pueda llegar a una situación adonde se pueda terminar este conflicto, responsable de una de las mayores crisis económicas y sociales que el mundo ha visto en los últimos cincuenta años.

Este artículo continúa otros anteriores donde he hecho críticas de la (1) Unión Soviética (2) de la transición que ocurrió en Rusia tras el colapso de la Unión Soviética y las políticas públicas realizadas por Yeltsin y su mano derecha, Putin, que originaron el mayor crecimiento de la mortalidad de la población rusa desde la II Guerra Mundial y (3) la conversión del equipo dirigente del nuevo sistema (heredero del aparato del estado soviético anterior), de un nacionalismo extremo, profundamente conservador cristiano, parte de una nueva internacional de ultraderecha muy preocupante. En este artículo hago una crítica de las falsedades que se están promoviendo por gran parte de los medios informativos en España sobre la OTAN que están negando sus responsabilidades en haber creado las condiciones para que se realizara la invasión criminal de Putin en Ucrania.

LA IDEALIZACIÓN DE LA OTAN

Existe una percepción generalizada en los establishments políticos y mediáticos españoles de que la OTAN se creó como una respuesta a la amenaza que la Unión Soviética representaba para las democracias existentes a los dos lados del Atlántico Norte. Había que frenar las supuestas ansias expansionistas de la Unión Soviética estableciendo un sistema armado en defensa de la democracia en aquellos países. De ahí que se estableciera la Alianza Atlántica y su rama militar (la OTAN) liderada por el gobierno federal de EEUU, que jugó desde el principio un gran protagonismo presentándose (y siendo percibido por sus aliados en la Alianza Atlántica) como el gran proveedor de seguridad y garantía de sus democracias. En esta percepción, Seguridad, Fuerzas Armadas y OTAN eran conceptos y realidades intercambiables necesarias para la defensa de España. Esta percepción ha sido y continúa siendo promovida por la gran mayoría de los medios de información en España, alcanzando su máxima expresión durante las recientes reuniones de la dirección de tal organización en Madrid hace solo unas semanas.

LA FALSEDAD DE TAL IDEALIZACIÓN DE LA OTAN

 Para construir esta percepción idealizada y falsa de la OTAN y del gobierno estadounidense que la lidera, se han tenido que ignorar hechos históricos y eventos actuales que cuestionan los pilares sobre los que se sustentan tal falsedad. Tales medios debieran preguntarse: si la OTAN se estableció por la Alianza Atlántica para defenderse de la Unión Soviética, ¿cómo se explica que este organismo haya seguido existiendo después de que la Unión Soviética desapareciera? Es más, el mayor crecimiento de la OTAN fue después del fin de la Unión Soviética, no antes. ¿Cuál era pues el objetivo de la OTAN para seguir creciendo, si el enemigo ya había desaparecido? ­­­­­Otra serie de preguntas que tales medios deberían también hacerse es porqué la OTAN, supuestamente defensora de la democracia a los dos lados del Atlántico Norte, ha tenido la gran mayoría de intervenciones militares en otros continentes distintos a Europa y Norte América, su lugar de ubicación, y no precisamente en contra de la Unión Soviética, sino en contra de otros enemigos.

 ¿ES LA INTENCIÓN DEL LIDER DE LA ALIANZA ATLÁNTICA DEFENDER LA DEMOCRACIA?

 Otra realidad que cuestiona la veracidad del argumento que se utiliza en defensa del liderazgo del gobierno estadounidense en esta Alianza, es la escasa evidencia de que tal gobierno se haya distinguido por su compromiso con la democracia a nivel mundial. Es cierto que en la II Guerra Mundial el gobierno de EEUU jugó un papel importante en la derrota del Nazismo, aunque en Europa la mayor responsabilidad de la victoria, como Winston Churchill subrayó, se debió a la determinante intervención de la Unión Soviética. Los costes humanos de tal conflicto fueron mayores para este último país que para EEUU. La Unión Soviética perdió en este conflicto 24 millones de ciudadanos (8 a 10 millones militares y 14 millones civiles). El número de estadounidenses fue muchísimo menor (418,500, de los cuales solo 1700 fueron civiles). Estados Unidos fue determinante en la victoria  al Japón Imperial en el Pacífico, y aunque en Europa también fue importante, allí la fuerza determinante fue la Unión Soviética.

Pero desde entonces, desde el fin de la II Guerra Mundial, la política exterior de EEUU se caracterizó por su apoyo a dictaduras enormemente opresivas y represivas existentes en el mundo, incluyendo en Europa. En España, el gobierno federal de EEUU jugó un papel clave, junto con el Vaticano, en el proceso de reconocimiento internacional de una de las dictaduras más crueles y sangrientas en la  Europa del siglo XX: la dictadura fascista española liderada por el General Franco.  Según el Profesor Malefakis de la Columbia University en Nueva York, experto en el fascismo europeo, por cada asesinato político por parte del régimen fascista italiano liderado por Mussolini, el régimen fascista español liderado por Franco asesinó a diez mil. El gobierno estadounidense fue también instrumental en el establecimiento y apoyo de dictaduras reaccionarias, crueles, y sangrientas en otras latitudes. En varios países de América Latina, incluyendo Chile, cuando yo estaba asesorando al Gobierno Allende, pude ser testigo directo de la intervención del Gobierno Nixon en el golpe militar del General Pinochet.  Y lo mismo ocurrió en otros continentes. En Latinoamérica el único país asociado a la OTAN es Colombia, que a petición del gobierno Uribe (de la derecha dura colombiana), fue admitido en condición no de miembro, pero sí de "aliado principal". Y hoy EEUU cuenta entre sus grandes aliados a países como Arabia Saudita, carentes de los más mínimos derechos humanos (dictadura peor que la rusa liderada por Putin), que ha estado invadiendo a Yemen con la ayuda militar de EEUU. Considerar al gobierno federal de EEUU como gran defensor de la democracia no se corresponde con su récord histórico.

¿CUÁL ES PUES EL OBJETIVO DE LA OTAN?


La OTAN no es solo una alianza militar. Es bien conocido que el gobierno federal de EEUU ha intervenido activamente en la política interior de países alrededor del mundo para defender sus intereses. Estas intervenciones han incluido el uso de la OTAN para presionar e intervenir en la política interior de la mayoría de los países miembros de tal organización en Europa, con el fin de debilitar a aquellas fuerzas políticas y sociales opositoras al modelo económico y social neoliberal estadounidense. Ejemplo de ello ha sido la promoción del sindicalismo corporativista frente al sindicalismo de clase (que está prohibido en EEUU, por la Ley conocida como Taft Hartley Act, aprobada por el congreso en el año 1947, a pesar del veto del Presidente Truman), la privatización en la financiación y gestión de la sanidad, y muchos otros casos y ejemplos. El gobierno federal del EEUU organizó frecuentemente sesiones para intelectuales y académicos de los países miembros de la OTAN a fin de promover el modelo neoliberal característico de su sistema económico y político.

De ahí que su animosidad política se centrara no solo en los partidos comunistas de la Europa Occidental, sino también en la mayoría de los partidos de izquierda. Incluso cuando los partidos comunistas rompieron con la Unión Soviética, su animosidad hacia muchos de estos partidos no se diluyó. Lo ocurrido en el Sur de Europa es un ejemplo de ello. Y hemos visto que en Europa la admisión de nuevos miembros de la OTAN procedentes del este de Europa, , han sido en su mayoría gobernados por la derecha, incluyendo la derecha extrema, como son los casos de Polonia y Hungría. La entrada a la Unión Europea de estos países ha reforzado también a las derechas en el Parlamentó Europeo. Y ello es probable que ocurra con la admisión de Ucrania, gobernada por un establecimiento político que se ha caracterizado por la aplicación de medidas económicas y sociales de clara sensibilidad neoliberal. La gran mayoría de medios de información no han informado de las propuestas realizadas por el nuevo gobierno ucraniano (ya en el periodo pre-guerra) y aprobadas recientemente por el parlamento ucraniano que debilita enormemente los derechos y la protección social del setenta por ciento de la población laboral ucraniana. Los sindicatos ucranianos han protestado y la federación europea sindical ha denunciado tal reforma (Thomas Rowley and Serhiy Guz, Ukraine to pass laws wrecking workers’ rights, Social Europe 07/22/2022, Social Europe es una de las revistas de Políticas Social de mayor credibilidad y prestigio en Europa. Uno de los autores, Guz, es un periodista ucraniano que escribe de temas laborales y uno de los miembros de la comisión sobre periodismo ético de aquel país).  Hoy uno de los países que apoya más la continuidad de la guerra de Ucrania es Polonia, un país que fue sancionado en su día por la Unión Europea por la escasa democracia de sus instituciones políticas.

OTRA FALSEDAD: ¿PUTIN COMO CONTINUADOR DE LA UNIÓN SOVIÉTICA?

 El hecho de que se expandiera la OTAN después de la caída de la Unión Soviética podría explicarse si se viera a Putin como continuador del sistema soviético. Esta ha sido la interpretación que las derechas en España han querido dar para justificar la continuidad de la OTAN. Es más que preocupante que este argumento también esté sostenido por amplios sectores de las izquierdas españolas, lo cual refleja una enorme ignorancia sobre lo ocurrido en Rusia en los últimos años. Escribí ya hace muchos años un libro ("Social Security and Medicine in the USSR" Lexington Books, 1977) muy crítico de la Unión Soviética, donde ya señalaba los graves problemas de aquel sistema, que no era un sistema universal de derechos, sino dual con dos sistemas de protección social, uno para la mayoría de la ciudadanía y otro para las jerarquías y sus descendencias. Tal crítica originó que se me declarara persona "non grata" en aquel país y que mis libros fueran prohibidos. Es interesante remarcar que otro conocido analista de la Unión Soviética basado en Harvard (con una posición conservadora), nunca fuera declarado persona non grata y sus libros continuaran leyéndose en aquel país. Era claro que las criticas procedentes de las izquierdas, como era el caso de mi libro, le representaba al gobierno soviético una amenaza, a diferencia de las críticas realizadas por autores con ideologías  de derecha.

 LA OTAN APOYÓ MAS A YELTSIN Y PUTIN QUE A GORBACHOV

Putin fue la mano derecha de Yeltsin, quien en realidad representaba los sectores dominantes del liderazgo de la Unión Soviética opuesto a las reformas propuestas por Gorbachov, que había propuesto el establecimiento de un sistema de seguridad europeo que abarcara toda Europa, acabando con la Guerra Fría y con la necesidad constante de expandir el poder armamentista, que venía siendo sostenido por enorme cantidad de recursos públicos, que como consecuencia empobrecieron los servicios públicos generales (la sanidad, la educación y la protección social). Fue el gobierno de EEUU de entonces el que se opuso al establecimiento de la seguridad europea, pues ello habría disminuido su protagonismo. De ahí que favoreciera claramente a Yeltsin, quien privatizó masivamente los mayores medios de producción  que pasaron del Estado a las manos privadas de los jerarcas de régimen, generando una enorme crisis social sin precedentes, responsable de los crecimientos de mortalidad más altos que haya conocido aquel país tras la II Guerra Mundial.

EL ENORME COSTE HUMANO QUE SIGNIFICARON LAS POLÍTICAS DE PUTIN PARA LA POBLACIÓN RUSA

Tal privatización fue asesorada por un grupo de bien conocidos economistas neoliberales estadounidenses que habían aconsejados antes a gobiernos neoliberales de América Latina, y que establecieron un capitalismo sin guantes (es decir, sin protección social) claramente extremista, que causo el daño al cual hago referencia en el parágrafo anterior. Hoy hay una clase empresarial de carácter caciquil que controla aquel Estado. La pobreza abarca a una tercera parte de su población. Su ideario es un nacionalismo étnico y racista, profundamente cristiano y conservador (con clara complicidad entre el Estado y la iglesia ortodoxa cristiana rusa) de clara tendencia imperialista, muy crítico de la antigua Unión Soviética (y de su fundador Lenin), por ser una Federación de Estados que siempre había respetado el derecho de Ucrania a ser una nación con su propio Estado, contrario a la consideración de putinismo de que Ucrania sigue siendo parte integral de Rusia.

CÓMO LA OTAN FACILITÓ EL CRECIMIENTO DEL PUTINISMO Y EL EXTREMISMO NACIONALISTA

Y el crecimiento de tal ideología nacionalista ha sido precisamente facilitada por el comportamiento de la OTAN, que ha rodeado a Rusia de bases nucleares militares apuntando a Moscú amenazando la seguridad de dicho país. El gobierno federal de EEUU nunca aceptó que se rodeara a EEUU de bases militares nucleares y el Presidente Kennedy, en su momento, forzó la retirada de las bases soviéticas establecidas en  Cuba. Y personas que habían sido arquitectas de la Guerra Fría,  como Kissinger, habían ya alertado de no expandir las bases de la OTAN hacia el este de Europa, una vez la Unión Soviética aceptara la unión de Alemania tal como hizo Gorbachov. Un acuerdo para que ello ocurriera fue precisamente que la OTAN no se expandiera hacia el Este lo cual no se respetó. La OTAN continuo expandiéndose en el este de Europa. Y antes de que ocurriera la invasión rusa, la OTAN tenía ya personal trabajando en Ucrania trabajando con las fuerzas armadas ucranianas (tal como ha señalado el New York Times) ignorando los acuerdos de Mintz que el gobierno ucraniano anterior al actual había aprobado junto con Francia, Alemania, Bielorussia y la propia Rusia y que garantizaba la seguridad de Ucrania sin la participación de la OTAN. La guerra podría haberse evitado si aquel tratado se hubiera respetado. Pero ni el gobierno ucraniano ni el gobierno de EEUU favorecían tal acuerdo. Y ahí está la raíz del problema. Esta clarificación no es para justificar lo indefensible, la brutal invasión a Ucrania, sino una explicación de que la OTAN contribuyó a crear la situación en la que nos encontramos.

Fue un enorme error que muchos países europeos de la OTAN no apoyaran a Francia y Alemania en el acuerdo de Mintz. Su vasallaje hacia el gobierno de EEUU ha sido un enorme error. Y ha indirectamente reforzado a la extrema derecha en Europa, incluyendo a Polonia (la máxima defensora de la continuidad de la guerra de Ucrania),. Polonia es, junto con la Gran Bretaña, la mayor fuerza europea defensora de la continuación del conflicto militar y la mayor aliada del gobierno de Ucrania después de EEUU.

LAS CONSECUENCIAS DE LA GUERRA, CRISIS QUE ERA PREVENIBLE

Hoy estamos viendo una enorme crisis económica y social que afecta predominantemente a las clases populares, no solo de Ucrania sino también de Rusia, de Europa, de EEUU y también del resto del mundo y muy en particular del Sur Global, crisis que se debe en gran parte a las sanciones y a la guerra. Y entre los beneficiados están grupos económicos y financieros que tienen gran influencia sobre los gobiernos de EEUU y de la Unión Europea por una parte y de Rusia por otra. Y están consiguiendo sus objetivos. Los grandes temas que exigen colaboración mundial – tales como la pandemia, la crisis climática, y la crisis social actual – han desaparecido de la atención de los mayores establishments políticos y mediáticos internacionales. En este lado del conflicto las grandes empresas del armamiento y de las energías no renovables (muchas de ellas basadas en el territorio de EEUU) están haciendo beneficios sin precedentes, beneficios que en EEUU se están consiguiendo también en parte a costa de un enorme sacrificio de las clases populares estadounidenses, que son las primeras víctimas de tal modelo económico, político, y social de orientación neoliberal. EEUU es uno de los países a los dos lados del Atlántico Norte con menos derechos sociales y laborales, con problemas enormes debido en parte a un sistema democrático muy limitado en que la distancia entre lo que las clases populares desean y lo que el gobierno federal realiza son enormes. Un dato publicado ayer en  EEUU es un indicador de ello. La muerte por armas de fuego en EEUU es la causa de mayor mortalidad entre niños y jóvenes, siendo el poder de la National Rifle Association sobre la clase política enorme, y ello a pesar del gran apoyo popular de medidas de control en la provisión y distribución de tales armas.

EL PREOCUPANTE FUTURO: EL CRECIMIENTO DE LA ULTRADERECHA AL NIVEL MUNDIAL

Hoy, como consecuencia del gran deterioro de la situación económica y social de la mayoría de los países del mundo, en parte debido al conflicto cristalizado en la guerra de Ucrania, hay una enorme instabilidad política y social (que ya se había iniciado durante la Gran Recesión y más tarde con la pandemia), muy acentuada en los países del Atlántico Norte que está cuestionando la legitimidad del sistema político democrático. Hoy en EEUU hay una enorme crisis política con un enfado generalizado en amplios sectores de la clase trabajadora aprovechada y explotada por la ultraderecha trumpiana, que es muy probable que gane las próximas elecciones parlamentarias este próximo Noviembre y la presidencia en las elecciones del 2024. Algo semejante está ocurriendo en Europa, donde la ultraderecha está creciendo, con clara empatía había e trumpismo estadounidense, y que  puede llegar a gobernar varios países de la región, y que podrían terminar  asociándose  con Putin para establecer  una alianza de gobiernos ultraderechistas y conservadores sin precedentes a nivel mundial (ver mi artículo "El nazismo y el fascismo en los años treinta, el trumpismo y previsiblemente el putinismo ahora" Público, 04/14/22).

La única alternativa es precisamente cambiar radicalmente este modelo económico, político y social neoliberal, haciendo aquellas reformas profundas que respondan a las necesidades de la mayoría de las clases populares, rompiendo con la globalización neoliberal, sustituyéndola por un internacionalismo en el que se vea que las clases populares de todos los países, tanto los del Norte como los de Sur Global, y tanto los que pertenecen a un lado como al otro, tienen más intereses en común que no en conflicto. Es obvio que las clases populares rusas, así como las clases populares europeas y estadounidenses, están viendo como su calidad de vida y bienestar se están deteriorando notablemente. Y también está ocurriendo en la mayoría de los países del Sur Global. Y no digamos ya de la población ucraniana que está siendo brutalmente atacada con un enorme sacrificio aún mayor de sus clases populares. Y de ahí la gran necesidad de reconocer y denunciar la responsabilidad que tiene la Alianza Atlántica en desarrollar y facilitar las condiciones para que ello ocurriera. Se avisó tanto al gobierno de EEUU como a los otros miembros de la OTAN que su política llevaría a esta situación. Y así ha ocurrido.

Ello no excusa la enorme responsabilidad del régimen de Putin que está sosteniendo su invasión con fines claramente políticos para mantenerse en el poder en Rusia. Creerse que la guerra debilitaría su liderazgo es no conocer el régimen putinista. Por otra parte, el enorme militarismo que el Presidente Biden está sosteniendo (para debilitar a Putin) a fin de reforzar su liderazgo en el mundo occidental es y será enormemente impopular debido a los enormes costes que significa la aplicación de tales políticas para la calidad de vida de­­­­­ su población puesto que tales costes se realizan a costa de un enorme empobrecimiento social de las clases populares. La continuación del conflicto y falta de resolución de los enormes problemas políticos, económicos y sociales creados está facilitando el crecimiento de movimientos de  protesta, que en los países del Atlántico Norte  está canalizando las ultraderechas profundamente antidemocráticas. Y de ahí la enorme urgencia de desarrollar una cultura  opuesta a la bélica, militarista y conflictiva existente, sustituyéndola con otra solidaria que anteponga los intereses de las clases populares de los países en conflicto, mostrando que tienen mucho más  en común que no en conflicto, oponiéndose a los intereses minoritarios y dominantes responsables de su continuidad y de esta enorme crisis. Debiera ser obvio que los grandes problemas que las poblaciones actuales y venideras tienen, que amenazan su propia supervivencia, requiere una cultura opuesta a la existente que entienda seguridad  como bienestar compartido en lugar de insolidaridad  y fuerza militar.

12 de mayo de 2022

¿Es la de Ucrania una guerra por delegación de Estados Unidos contra Rusia?

Jacob G. Hornberger

A primera vista, parece que Rusia está en guerra con Ucrania. Pero el presidente ruso, Vladimir Putin, dice que en realidad es Estados Unidos el que está en guerra contra Rusia y que simplemente está delegando en Ucrania para llevar a cabo esa guerra. Por tanto, lo que Putin quiere decir es que, si que Estados Unidos está en guerra contra Rusia, la posibilidad de una guerra nuclear sigue aumentando con cada día que pasa.

Esto plantea una pregunta importante para el pueblo estadounidense, una que la prensa generalista de Estados Unidos se resiste a realizar: ¿Es cierta la acusación de Putin? ¿Están los funcionarios estadounidenses utilizando a Ucrania para debilitar o incluso destruir a Rusia sin participar directamente en una guerra contra este país?

Ciertamente, no sería la primera vez que las instituciones de seguridad nacional de Estados Unidos utilizara un ejército delegado para intentar disfrazar su papel en una guerra contra un régimen extranjero. Recordemos el uso por parte de las autoridades de EE.UU. de un ejército externo para atacar e invadir Cuba. Para disfrazar el hecho de que era Estados Unidos el que estaba librando una guerra de agresión contra Cuba, las autoridades estadounidenses utilizaron un ejército formado por exiliados cubanos para llevar a cabo la invasión.

Aunque dicho ejército había sido entrenado y armado por los organismos de seguridad nacional de Estados Unidos, los funcionarios estadounidenses podían negar que su país estuviera en guerra contra Cuba, a pesar de que ese era el caso. Esa es la función de un ejército delegado.

Si situamos la guerra de Ucrania dentro de un contexto histórico más amplio, hay pruebas considerables de que la acusación de Putin es válida y que las autoridades de EE.UU. están haciendo con Ucrania lo mismo que hicieron con su ejército delegado en la Bahía de Cochinos.

A lo largo de la Guerra Fría, la administración estadounidense se dejó llevar por una animadversión extrema contra Rusia, contra los soviéticos, contra los comunistas y contra Cuba, una animadversión que en realidad nunca desapareció y se ha ido trasmitiendo a cada generación sucesiva de generales del Pentágono y funcionarios de la CIA.

Esa es la razón por la que Estados Unidos mantiene su brutal embargo económico contra Cuba, que no pretende sino el empobrecimiento y la muerte del pueblo cubano, con el fin de promover el cambio de régimen en la isla.

No tenía por qué ser así. Después de la revolución cubana, la administración estadounidense podría haber dejado a Cuba en paz y no haber impuesto un embargo económico a la isla. Podrían haber dejado que los estadounidenses siguieran viajando a Cuba y comerciando con el pueblo cubano.

Además, la administración de EE.UU. podría haber levantado el embargo cuando se produjo el ostensible final de la Guerra Fría. A fin de cuentas, ¿por qué continuar con él si la Guerra Fría supuestamente había terminado? La razón era que la extrema animadversión anticubana y anticomunista era tan poderosa dentro del establishment de seguridad nacional de Estados Unidos que sus funcionarios sentían el impulso irrefrenable de seguir tratando de destruir a Cuba.

No ha sido diferente con Rusia, que era el principal miembro de la Unión Soviética. Tras derrotar a la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial, a los estadounidenses se les dijo que, lamentablemente, no podían relajarse. Les informaron de que Estados Unidos se enfrentaba ahora a un nuevo enemigo oficial, posiblemente más peligroso que la Alemania nazi. Ese nuevo enemigo era doble: el comunismo ateo y la Unión Soviética. Se decía que una conspiración comunista internacional con sede en Moscú pretendía apoderarse del mundo. A menos que Estados Unidos actuara para detener esta conspiración, dicho país y el resto del mundo terminarían volviéndose Rojos.

Así es como el gobierno federal pasó a convertirse en un Estado de seguridad nacional, representado por el Pentágono, el vasto complejo militar-industrial, un imperio de bases militares nacionales y extranjeras, la CIA y la Agencia de Seguridad Nacional, la NSA, todo lo cual era nuevo para el estilo de vida estadounidense. También así es como aplicamos la cada vez mayor generosidad de los contribuyentes al pago del establecimiento de la seguridad nacional y su ejército cada vez mayor de contratistas de «defensa». También es la razón por la que ahora vivimos bajo un gobierno con poderes omnipotentes, no revisables, del lado oscuro, de tipo comunista-totalitario, como son el asesinato patrocinado por el Estado, el secuestro, la tortura, la detención indefinida, la vigilancia secreta masiva, los golpes de Estado, las operaciones de cambio de régimen, las sanciones, los embargos y las alianzas con regímenes dictatoriales extremos.

También es así como conseguimos la OTAN, una alianza militar burocrática cuyo propósito ostensible era proteger a Europa Occidental de un ataque de la Unión Soviética.

No importaba que los soviéticos nunca tuvieran la intención de iniciar una guerra contra Europa Occidental, lo que inevitablemente habría implicado a Estados Unidos, una nación con armas nucleares que había mostrado su disposición a emplearlas contra ciudades con población civil. No importaba que la Unión Soviética hubiera sufrido una devastación casi total en la Segunda Guerra Mundial, dejándola sin base industrial para librar otra gran guerra. Y no importaba que la Unión Soviética hubiera sido socia y aliada de Estados Unidos durante esa misma  guerra.

Todo eso no importaba. Lo que importaba era la extrema animadversión antirrusa, anticomunista y antisoviética que ahora movía al gobierno de Estados Unidos. Cualquiera que no se sumara a esta animadversión era considerado una grave amenaza para la seguridad nacional.

Como detallo en mi nuevo libro An Encounter with Evil: The Abraham Zapruder Story, hubo un hombre que se desvinculó de esta animadversión extrema contra Rusia, el comunismo, la Unión Soviética y Cuba. Ese hombre fue el presidente John F. Kennedy, que decidió poner fin a ello y llevar a Estados Unidos en una dirección diferente, que estableciera una relación pacífica y amistosa con Rusia, la Unión Soviética, Cuba y el resto del mundo comunista.

No hace falta decir que esa visión totalmente diferente de Kennedy para Estados Unidos no sentó bien al establishment de seguridad nacional. Después de su asesinato, Estados Unidos volvió a la senda de una animadversión extrema contra Rusia, los soviéticos y los comunistas, contra Cuba y contra Vietnam del Norte.

Cuando la Unión Soviética se retiró inesperadamente de Alemania Oriental y Europa Oriental, y se desmanteló en 1991, todos pensaron que era el fin de la Guerra Fría. En ese momento, lo lógico habría sido desmantelar la OTAN, dado que su misión manifiesta había perdido relevancia.

Pero lo que casi nadie pudo entonces prever era que la extrema obsesión antirrusa, antisoviética y anticomunista que había impulsado al Pentágono, la CIA y la NSA durante 45 años no iba a desaparecer de repente. Sino que, por el contrario, continuaría siendo una fuerza motriz para las autoridades de la seguridad nacional.

Ello quedó claramente de manifiesto con la continuación del brutal embargo económico contra el pueblo cubano. Pero también por la decisión de mantener la existencia de la OTAN e, incluso peor, de comenzar a utilizarla para absorber a los antiguos miembros de la Unión Soviética, lo que permitiría al Pentágono instalar sus misiles nucleares cada vez más cerca de la frontera rusa.

Durante los últimos 25 años, las autoridades rusas se han opuesto a esta expansión de la OTAN, al igual que las autoridades estadounidenses se opusieron cuando la Unión Soviética instaló misiles nucleares en Cuba en 1962. La administración estadounidense ignoró esas objeciones de forma consciente, deliberada e intencionada. Hizo exactamente lo contrario: continuó absorbiendo países de Europa del Este para acercar cada vez más sus misiles nucleares a la frontera con Rusia.

A pesar de las declaraciones públicas, la guerra entre Rusia y Ucrania no tiene nada que ver con la libertad, sino con el deseo de Estados Unidos de integrar Ucrania en la OTAN, un viejo dinosaurio de la Guerra Fría que podría -y debería- haber desaparecido cuando la Unión Soviética se desmanteló voluntariamente.

Desde la invasión rusa de Ucrania, los funcionarios estadounidenses, desde el presidente Biden hacia abajo, han cometido varios deslices freudianos en relación con el conflicto, como afirmar que su objetivo era destituir a Putin del poder, juzgarlo como criminal de guerra, debilitar y degradar al ejército ruso, especialmente matando a un gran número de tropas rusas, destruir la economía rusa y empobrecer al pueblo ruso con un conjunto extremo de sanciones económicas.

Vale la pena señalar, por supuesto, que la crisis de Ucrania ha hecho que las invasiones del Pentágono y la CIA y las guerras de agresión contra Afganistán e Irak caigan en un agujero negro de la memoria para la prensa generalista de Estados Unidos, al mismo tiempo que contribuye a seguir inundando las arcas de los organismos de seguridad nacional con dinero de los contribuyentes.

Todo esto pone claramente de manifiesto que la extrema animadversión antirrusa, antisoviética, anticomunista y anticubana que promovió el establecimiento de los organismos de seguridad nacional de Estados Unidos durante la Guerra Fría nunca desapareció. Está claro que sigue impulsando a la actual generación de generales y funcionarios de la CIA, como vemos no sólo con Cuba sino también con Rusia.

Por lo tanto, la pregunta que debemos hacernos surge de manera natural: ¿Está Putin en lo cierto? ¿Están el Pentágono y la CIA haciendo lo mismo que hicieron en 1962 contra Cuba? ¿Les mueve su extrema animadversión a Rusia a librar una guerra contra ese país mediante el uso de un ejército delegado, entrenado y armado por Estados Unidos? ¿Y están los estadounidenses dispuestos a aceptar las consecuencias altamente peligrosas de tal decisión de política exterior?

10 de mayo de 2022

Sanciones y desdolarización

Daniel Espinosa

Sopesando las consecuencias de las sanciones económicas impuestas sobre Rusia por EE.UU. y sus obedientes aliados europeos, una alta autoridad del Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió a fines de marzo sobre el “debilitamiento de la posición dominante del dólar” en el gran mercado global.

El agresivo régimen de sanciones ha logrado que Moscú y algunos de sus socios comerciales se decidan por implementar estructuras económicas y financieras paralelas. Lo que se observa es la aceleración de varias tendencias político-económicas que ya venían anunciándose desde fines del siglo XX, como el lento declive del orden unipolar y un creciente desafío a la hegemonía del dólar.

Lejos de acabar con la invasión de Ucrania, la guerra económica en ciernes podría estar teniendo efectos secundarios inesperados para Occidente. Como señaló recientemente el diario británico “Financial Times” (FT, 30/3/22), los bancos centrales del mundo vienen diversificando sus instrumentos de ahorro y adquiriendo yuanes chinos y divisas no tradicionales, en detrimento del dólar y el euro. La tendencia se inició a principios de siglo –explica Gita Gopinath, del FMI–, pero viene acelerándose ante la profusión de sanciones contra Rusia y la necesidad de varios países de continuar importando sus materias primas.

La respuesta de Moscú a la avalancha de medidas punitivas –que a fines de febrero hundió el precio del rublo– consistió en elevar la tasa de interés de su banco central, restringir el acceso de sus corporaciones a monedas distintas de la nacional e impedir el cobro de bonos y acciones rusas por parte de inversionistas extranjeros. El Kremlin también tuvo éxito revirtiendo la depreciación de su divisa exigiéndoles a los países “no amigos” que pagaran sus compras de gas en rublos.

Como observó para FT la economista en jefe del FMI, el Kremlin no es el único que está renegociando la moneda en la que cobra por sus exportaciones. Sin embargo, notó que en general la hegemonía del dólar aún permanece sólida. Lo que la representante del fondo no señaló es la crisis de confianza generada por el hecho de que EE.UU. mantenga la prerrogativa de secuestrar los fondos depositados en sus bancos y los de sus aliados europeos ante virtuales desavenencias políticas, como sucedió hace poco con Venezuela y Afganistán, y ahora pasa con Rusia. En el primer caso, Londres se quedó con casi 2 mil millones de dólares en oro. En el segundo, el gobierno de Biden congeló 7 mil millones de dólares y en el tercero, más de 500 000 millones de dólares rusos han sido confiscados en Estados Unidos, Europa y Japón.

Europa no puede prescindir del gas natural de Rusia –que constituye el 40 % de su provisión total del insumo– y la Unión Europea tampoco ha sido capaz de reunir los votos necesarios para oficializar un embargo en perjuicio de su petróleo. La resistencia del rublo, en suma, se ha basado en la solidez de su sector energético (que este año venderá más que el anterior) y en la capacidad de maniobra de su banco central.  

El embargo económico tampoco ha hecho mella en la popularidad de Vladimir Putin de cara a los rusos. La confianza en quien hoy dirige el Kremlin creció de 67.2 % –cifra previa a la invasión– a 81.6 % (Reuters, 8/4/22). Como veremos, políticas de sanciones como la presente rara vez tienen éxito.

Historial de fracasos

El economista y profesor estadounidense Jeffrey Sachs critica la costumbre de Washington de sancionar a diestra y siniestra. Por lo general, estas medidas “no se traen abajo regímenes… ni siquiera cambian la política”, señaló el economista para un “podcast” británico. Insistió en que ninguna sanción –sobre todo, en ausencia de negociaciones y diplomacia– reducirá el padecimiento ucraniano. Sachs lamentó que George W. Bush haya alentado la incorporación de Ucrania en la OTAN en 2008, antes de abandonar la presidencia de EE.UU.: “muchos comentaristas, dentro y fuera del gobierno, señalaron que ese era un camino extraordinariamente peligroso”. “Desde el punto de vista ruso, ciertas operaciones de la OTAN, como el bombardeo de Belgrado en 1999, no se ven tan defensivas”, observó también el economista con cierta ironía (Times Radio 17/3/22).

Pero ¿cómo hablar de estados de sitio sin mencionar a la recientemente fallecida Madeleine Albright? Una de las cuestiones que hicieron famosa a esta ex secretaria de estado norteamericana –la primera mujer en ese cargo– fue su comentario sobre la muerte masiva de niños en Irak durante la década del 90. En 1999, Unicef publicó unos hallazgos de horror: los iraquíes habían visto morir a 550 mil niños adicionales durante los últimos nueve años. Habían muerto por efecto de los bloqueos y las sanciones impuestas por la ONU luego de que Saddam Hussein invadiera Kuwait.

La ex secretaria de Estado dijo que las muertes –un verdadero genocidio– habían valido la pena. Albright fue embajadora de EE.UU. para la ONU entre 1993 y 1997; desde ahí, se aseguró de que el criminal embargo contra Irak no amainara. La Guerra del Golfo de George H. W. Bush había destrozado la infraestructura iraquí, que ahora carecía en gran medida de agua potable y hospitales bien suministrados. Las sanciones que valieron la pena, según la ex secretaria de Estado, no lograron sacar del poder al dictador iraquí, que tendría que esperar unos años más hasta la invasión estadounidense.

La muerte de Albright el pasado 23 de marzo, a la edad de 84 años, ha suscitado gruesas pero previsibles omisiones por parte de la prensa corporativa, que no resaltará el alto grado de violencia involucrado en las políticas impulsadas por la consejera de George W. Bush y Bill Clinton, entre otros. “¿Qué sentido tiene poseer este magnífico ejército del que siempre hablamos, si no podemos usarlo?”, le preguntó la embajadora alguna vez a un incrédulo Colin Powell, ex jefe del comando conjunto de EE.UU. y cómplice en agresiones y saqueos de ultramares.

La frase la define muy bien: competía en violencia con sus colegas del género masculino. Para imponerse sobre Irak a punta de sanciones, Madeleine Albright hizo una potente campaña para sacar del medio a Butros Ghali, secretario general de la ONU hasta 1997, y a quien un perfil psicológico de la CIA había calificado de “incontrolable” e “impredecible”.

Así informó “Le Monde Diplomatique” en noviembre de 1996: “La única superpotencia que queda ha declarado la guerra a un hombre que goza de la simpatía de la gran mayoría… La decisión de (EE.UU.) es inalterable: el Sr. Butros Ghali debe irse, sea cual sea la opinión de la comunidad internacional”. Y luego: “…La caída del muro de Berlín había permitido a Estados Unidos conducir la guerra del Golfo casi a su antojo y esto sugería un modelo para el futuro: la ONU propone, por iniciativa de Washington, y Estados Unidos dispone. Pero Butros Ghali no compartió esa visión del fin de la guerra fría”.  

Proteccionismo forzoso

Para otro economista norteamericano, Michael Hudson, el gobierno estadounidense y su agresiva política sancionadora fuerzan a países como China y Rusia a desdolarizar sus economías. Los embargos impuestos sobre la agricultura y la industria rusas –dice este profesor de la Universidad de Missouri– obligarán al país a depender de sí mismo, dejando atrás el enfoque “neoliberal” que antes le impidió proteger los sectores mencionados.

La lectura de Hudson es una condena a la torpe soberbia con la que se conduce la política exterior hegemónica: “Tratar de obligar a Rusia a responder militarmente y, por lo tanto, quedar mal ante el resto del mundo, está resultando ser una táctica diseñada simplemente para garantizar que Europa contribuya más a la OTAN, (para que) compre más equipo militar… y se encierre más profundamente en el comercio y la política monetaria dependientes de los Estados Unidos. La inestabilidad que esto ha provocado está resultando tener el efecto de hacer que Estados Unidos parezca tan amenazante como la OTAN afirma que sería Rusia”.


Fuente: HILDEBRANDT EN SUS TRECE N°582, del 15/04/2022   p19

4 de abril de 2022

Ucrania: Todo estaba fríamente calculado

Daniel Espinosa

Un documento de 2019 de la RAND Corporation trazó la hoja de ruta que “Occidente” –es decir, EE.UU. y sus vasallos en Europa– viene implementando con respecto a Ucrania, donde el gobierno del exactor y comediante Volodimir Zelenski sigue un guion escrito en los “tanques de pensamiento” de Washington.

Por hacer hincapié en el documento de la RAND que aquí revisaremos, el veterano periodista y politólogo italiano Manlio Dinucci dejó “Il Manifesto”, medio comunista italiano sin afiliación a ningún partido político. Su editor lo acusó de justificar la invasión rusa de Vladimir Putin y le solicitó que cambiara su opinión ya publicada, motivando que Dinucci abandonara la columna que venía escribiendo desde hace una década, titulada “El arte de la guerra”.

Esa es la otra cara de la moneda: el “Ministerio de la Verdad” occidental está abriendo sucursales en los lugares más insospechados.

Pero antes de resumir la estrategia de la influyente RAND Corporation –que, a pesar de llevar “Corporation” en su nombre, es, en realidad, un “tanque de pensamiento” financiado por el gobierno de EE.UU., sus agencias de inteligencia y varias corporaciones privadas–, debemos responder brevemente a la siguiente pregunta: ¿cuál es la raíz de la enemistad entre “Occidente” y la Rusia postsoviética?

Podríamos señalar, simplemente, que el poder hegemónico necesita enemigos, que ellos son absolutamente indispensables para justificar una serie de políticas que le permiten mantener y acrecentar su ya desmesurado poder, mientras mantiene a raya a competidores tanto internos como externos. Pero también podríamos ser más específicos. Como señaló el periodista Robert Parry en 2016: “Al exagerar la ‘amenaza’ rusa, los neoconservadores y los halcones liberales, que incluyen a gran parte de la prensa mainstream estadounidense, pueden garantizar mayores presupuestos militares del Congreso… (La) presunción neoconservadora es que los rusos –empujados al hambre por las severas sanciones occidentales– sacarán a Putin e instalarán a una nueva versión de Boris Yeltsin, que dejará a los asesores financieros estadounidenses volver con sus ‘terapias de shock’ neoliberales de la década del 90, nuevamente a explotar los vastos recursos (naturales) rusos…”.

Por otro lado, y como señalan los críticos mejor informados, el objetivo principal de la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN) nunca fue proteger a Europa de la Unión Soviética, sino incorporar a las naciones europeas en el aparato militar norteamericano de manera permanente. Así, la poderosa influencia militar estadounidense sobre la Europa de la posguerra –donde partidos comunistas y socialistas pugnaban por hacerse de victorias electorales– haría más fácil su control político.

Desde entonces, la OTAN viene siendo usada por el complejo militar-industrial y las agencias de inteligencia estadounidenses para cimentar su poder, extender su área de influencia hacia el Este y ejercer control sobre los antiguos dominios coloniales europeos.

AGOTAR Y DESESTABILIZAR

El documento estratégico “Extending Russia” (RAND, 2019) contempla cuatro medidas que Estados Unidos y sus aliados de la OTAN podrían tomar para fomentar el agotamiento económico y militar de Rusia, su desestabilización y el desprestigio local e internacional del Kremlin.

Las cuatro medidas son las siguientes: primero, disminuir el valor del petróleo a nivel global, reduciendo las ganancias rusas por su exportación. Para ello se fomentaría, en EE.UU., el fracking, una forma de explotación petrolera sumamente contaminante. Segundo, hacer que Europa Occidental deje de comprarle gas a Rusia, reemplazándolo como principal exportador de ese combustible. Tercero, aplicar sanciones a Rusia, preferiblemente de manera multilateral (para lo cual resulta indispensable convencer a otras naciones y a sus ciudadanías de que tales sanciones son merecidas). La cuarta y última medida –mucho menos prometedora según los estrategas de la RAND– consistiría en fomentar la migración de la fuerza de trabajo calificada rusa a otros países, privando al país de sus recursos humanos.

Como contempla el documento de la RAND y explica Danlio Dinucci: “Rusia debe ser atacada por su flanco más vulnerable: su economía dependiente de la exportación de gas y petróleo. Para ello se recurre a sanciones comerciales y financieras y, al mismo tiempo, se busca lograr que Europa disminuya su importación de gas ruso, reemplazándolo por el gas natural licuado estadounidense”.

Luego, en el plano ideológico e informativo: “…se estimulan las protestas internas en Rusia mientras se intenta socavar la imagen de ese país en el exterior”. En el plano militar: “…se maniobra para que los países europeos miembros de la OTAN aumenten sus presupuestos de defensa dirigiéndolos contra Rusia”.

Entre las “medidas geopolíticas” contempladas por los planificadores estratégicos de la RAND (capítulo 4 del documento citado), tenemos lo siguiente: “Los compromisos externos de Rusia son mucho más limitados (que los de la URSS), incluyendo solo pequeñas porciones de Ucrania, Georgia y Moldavia, así como un pedazo más grande de Siria. Enfrenta oposición activa, sin embargo, en el este de Ucrania y en Siria. Estados Unidos ha proveído apoyo limitado a los opositores de Rusia en ambos países y podría hacer más, aumentando los costos rusos”.

En cuanto a Ucrania, la RAND señala que se podría empezar a proveer al país con “armamento letal”. Aquí debemos recordar que, desde 2014, EE.UU. y la OTAN proveen a Ucrania de armamento no-letal o defensivo, junto con sistemas de comunicación, logística y entrenamiento militar.

La RAND contemplaba que, ante una escalada del conflicto ruso-ucraniano, el Kremlin podría retroceder, “contrayéndose a un perímetro más fácil de proteger”. Ello sería contraproducente, pues malograría la estrategia de desgaste. La idea es que Rusia se “extienda” y agote todo lo posible. Los estrategas de la RAND parecen respirar aliviados al reconocer que “lo más probable” es que Rusia caiga en la provocación, aumentando su operación militar y “ocupando más (territorio) en Ucrania”.

Conscientes del claro peligro de provocar una confrontación de visos catastróficos, los de la Corporación RAND explican escuetamente que la política estadounidense debe ser “finamente calibrada”.

“Estados Unidos también podría ser más enfático en su apoyo a la incorporación de Ucrania en la OTAN”, señalan, “…algunos políticos estadounidenses apoyaron esta estrategia en el pasado y el (entonces) presidente de Ucrania, (Petró) Poroshenko, recientemente prometió llevar a cabo un referéndum al respecto”.

Poroshenko, en obvia coordinación con quienes escriben el guion en Washington, firmó una enmienda constitucional en 2019, comprometiendo a su país a incorporarse tanto a la OTAN como a la Unión Europea.

Los genios de la RAND lo tenían todo contemplado, incluyendo la potencial muerte de muchos civiles inocentes: “Hacerse de más territorio ucraniano podría incrementar la carga (económico-militar rusa), aunque a expensas del pueblo ucraniano. Sin embargo, tal desenlace también podría desgastar significativamente el prestigio ucraniano y estadounidense. Podría producir una cantidad desproporcionadamente grande de bajas ucranianas, pérdidas territoriales y flujo de inmigrantes. Incluso podría conducir a Ucrania a una paz poco ventajosa”.  

Como sucedió en Siria con los supuestos rebeldes moderados –que, en realidad, estaban en alianza o controlados por al-Qaeda–, las armas proveídas a Ucrania podrían caer en las “manos equivocadas”, confiesa la RAND. El sistema burocrático ucraniano para hacer seguimiento del equipo militar donado, señala, “es anticuado y vulnerable a la corrupción”. Lo que olvidan mencionar es este pequeño detalle: parte de la fuerza militar ucraniana está compuesta por neonazis.

FIEBRE SANCIONADORA

Como podemos constatar, la invasión rusa de Ucrania que comenzó el pasado 24 de febrero ha desencadenado otra invasión: la de nuestras mentes por parte de la propaganda occidental, que se muestra más intensa y exhaustiva que nunca. No deja un solo espacio libre de mensajes antirrusos y convierte en héroes o mártires a figuras dudosas como Zelenski –por no mencionar a los batallones neonazis, como el Azov–.

Entre ellos y la violenta invasión rusa se encuentran millones de civiles, carne de cañón de poco interés para los poderes involucrados, pero en particular el norteamericano, que mira de lejos y dirige el espectáculo propagandístico. EE.UU. y sus socios en Reino Unido llevan años inventando crímenes rusos con el fin de destruir la reputación del gobierno que han tomado por enemigo, como “Russiagate” o el envenenamiento de Sergei Skripal y su hija en la ciudad inglesa de Salisbury. Un análisis superficial de las “evidencias” sugiere de inmediato que, en realidad, nos encontramos ante operaciones psicológicas angloamericanas.

La guerra psicológica librada contra el planeta entero, fenómeno no reconocido ni sancionado por nadie, pero presente de manera innegable –como el aire que respiramos–, justifica las sanciones y castigos que “Occidente” aplica hoy sobre Rusia, persiguiendo los objetivos planteados por la RAND Corporation en cuanto a la destrucción económica de la potencia euroasiática que se rehúsa a subordinarse a Washington.

La enemistad que la élite occidental demanda en relación a Rusia tiene al planeta entero de rehén. Eso no justifica ningún crimen ruso en contra de civiles que nada tienen que ver en los entuertos que se cocinan en los centros de poder globales, occidentales o de donde fuere. Sin embargo, dejar de condenar la frialdad y la arrogancia con la que EE.UU. fomenta y dirige el conflicto y la crisis –con altísimo costo humano–, asegurando que “Rusia es una autocracia conservadora”, deja de lado el asunto fundamental: quién tiene el poder y lleva la voz cantante.


Fuente: HILDEBRANDT EN SUS TRECE N°579, del 25/03/2022

https://www.leerydifundir.com/2022/04/ucrania-estaba-friamente-calculado/