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16 de diciembre de 2024

Se necesitan 1.000 millones diarios para combatir la desertificación y la sequía hasta final de esta década

Ecología social

Un informe de la ONU publicado en el marco de la COP16 sobre desertificación ve necesario invertir 2,6 billones de dólares de aquí a 2030 para restaurar más de 1.000 millones de hectáreas de tierras degradadas y aumentar la resiliencia a la sequía.

Sería necesario invertir 2,6 billones de dólares de aquí a 2030 para restaurar más de 1.000 millones de hectáreas de tierras degradadas y aumentar la resiliencia a la sequía. Esto se traduce en que se necesitan 1.000 millones de dólares diarios, según el último informe de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD), publicado en el marco de la COP16 sobre desertificación que se celebra actualmente en Riad (Arabia Saudí).

Esa cifra (2,6 billones de dólares) equivale a lo que el mundo despilfarra cada año en subvenciones medioambientales perjudiciales, según otro reciente informe elaborado por Earthtrack. Desde el organismo de la ONU recuerdan que invertir en la restauración de tierras mejorará servicios ecosistémicos como el secuestro de carbono, la conservación de la biodiversidad y la gestión del agua, desempeñando un papel crucial en la mitigación del cambio climático.

«Para proteger vidas y medios de subsistencia, debemos aumentar significativamente las inversiones en restauración de tierras. Los beneficios, tanto económicos como sociales, son innegables. Cada dólar invertido en tierras sanas es un dólar invertido en biodiversidad, clima y seguridad alimentaria. La buena noticia es que el mundo podría ahorrar miles de millones al año y ganar billones más restaurando la salud de las tierras y aumentando la resiliencia a la sequía», señala Ibrahim Thiaw, secretario ejecutivo de la CNULD.

Hasta el 40% de las tierras del mundo están degradadas, lo que afecta a más de 3.200 millones de personas, y los costes más elevados recaen sobre quienes menos pueden permitírselo: las comunidades indígenas, los hogares rurales, los pequeños agricultores y, especialmente, los jóvenes y las mujeres, según el informe titulado Invertir en el futuro de la tierra: evaluación de las necesidades financieras para la CNULD.

La situación se ve agravada por el fuerte aumento de las sequías (un 29% desde 2000) y las previsiones indican que en 2050 tres de cada cuatro personas en todo el mundo podrían verse afectadas.

Sin embargo, a pesar de esta crisis creciente, las inversiones necesarias para alcanzar los objetivos mundiales de recuperación de tierras y resiliencia ante la sequía se quedan cortas. Acorde al documento presentado este martes, las inversiones mundiales para combatir la desertificación y la degradación de la tierra aumentaron de 37.000 millones de dólares en 2016 a 66.000 millones en 2022. Sin embargo, se necesitan 355.000 millones de dólares anuales entre 2025 y 2030 para colmar el déficit de financiación, lo que se traduce en un déficit de 278.000 millones de dólares.

Actualmente, la desertificación, la degradación del suelo y la sequía cuestan a la economía mundial 878.000 millones de dólares al año, mucho más que las inversiones necesarias para hacer frente a estos problemas. Estos costes incluyen la reducción de la productividad agrícola y de los servicios ecosistémicos, los costes sociales de las pérdidas de carbono y los daños causados por la sequía. En este sentido, el informe recuerda que invertir en la restauración genera unos beneficios anuales estimados en 1,8 billones de dólares. Por cada dólar invertido, hay un retorno de hasta 8 dólares en beneficios sociales, medioambientales y económicos. Ello incluye la mejora de la productividad agrícola, el aumento de la resiliencia a la sequía y al clima, y la mejora de los servicios ecosistémicos.

Desde la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD) lamentan que el sector privado sólo aporta el 6% de la financiación necesaria para la restauración de tierras y la resiliencia a la sequía. Así, señalan que desbloquear la inversión privada podría acelerar la restauración de la tierra, creando oportunidades económicas y beneficios medioambientales, especialmente en las regiones más afectadas.

El informe pone énfasis en la situación de África, quien se enfrenta al mayor déficit de financiación. Estiman que se necesita 191.000 millones de dólares anuales para restaurar 600 millones de hectáreas de tierras degradadas. «Esta cifra refleja no sólo los importantes retos a los que se enfrenta, sino también los objetivos del continente en materia de restauración de tierras, que son los más ambiciosos del mundo. La pérdida de más de 100 campos de fútbol de tierra sana cada minuto amenaza los medios de subsistencia, la seguridad alimentaria e hídrica y la salud pública, y puede perturbar las economías regionales y el comercio mundial», apunta el documento del organismo de Naciones Unidas.

«Alcanzar los objetivos mundiales de restauración para 2030 exige una colaboración sin precedentes entre los gobiernos, el sector privado y las organizaciones internacionales. Ante las crecientes amenazas del cambio climático y la degradación de la tierra, es esencial aumentar las inversiones, no solo para cumplir los objetivos, sino también para asegurar el futuro del planeta y mejorar el bienestar de miles de millones de personas en todo el mundo», lamenta Louise Baker, directora gerente del Mecanismo Mundial de la CNULD

Fuente: https://climatica.coop/1-000-millones-diarios-desertificacion-sequia-2030/

13 de julio de 2023

Crece pérdida de bosques pese a las promesas de cumbres climáticas

Claudia Caruana

La pérdida de bosques tropicales primarios alrededor del mundo se incrementó en un diez por ciento desde 2021-2022.

Los bosques tropicales siguen talándose o quemándose a un ritmo alarmante a pesar de las promesas hechas en las cumbres climáticas de las Naciones Unidas que buscan eliminar el problema para 2030, sugiere un análisis mundial publicado el 26 de junio.

Las mayores pérdidas se producen en Brasil, la República Democrática del Congo (RDC) y Bolivia, donde se ubican las selvas tropicales más extensas y ecológicamente más importantes del mundo, según datos del informe “Pérdida de Cubierta Arbórea” en 2022 de la Universidad de Maryland, presentados por Global Forest Watch del Instituto de Recursos Mundiales (WRI, por su sigla en inglés).

Los nuevos datos muestran que en 2022 los trópicos perdieron 4,1 millones de hectáreas (10,1 millones de acres) de selva tropical primaria —aproximadamente el tamaño de Suiza— a un ritmo equivalente a 11 campos de fútbol por minuto.

Esto representa un aumento de diez por ciento con respecto a 2021 y se tradujo en 2,7 gigatoneladas de emisiones de dióxido de carbono, equivalentes a las emisiones anuales de combustibles fósiles de la India, según el análisis.

Los bosques son el hogar de más de 80 por ciento de las especies terrestres de animales, plantas e insectos y proporcionan refugio, trabajo y seguridad a las comunidades que los habitan, afirma la ONU. Y calcula que la pérdida y el deterioro de los bosques causan alrededor del diez por ciento del calentamiento global.

En la conferencia de la ONU sobre el clima, COP26, celebrada en Glasgow en 2021, 145 países se comprometieron a detener y revertir la deforestación para 2030, mientras que en la COP27, realizada en noviembre de 2022 en Egipto, 27 países se unieron para acelerar la acción hacia estos compromisos.

Sin embargo, el WRI señala que no se alcanzarán los objetivos si continúa la trayectoria actual, porque la disminución de la pérdida de bosques no se está concretando.

“A nivel mundial, estamos muy lejos de reducir la deforestación y vamos en la dirección equivocada”, dijo Rod Taylor, director mundial para los bosques del WRI, en una rueda de prensa realizada el 21 de junio.

“Nuestro análisis muestra que la deforestación mundial en 2022 superó en más de un millón de hectáreas el nivel necesario para estar en la senda de la deforestación cero en 2030”, añadió.

* “A nivel mundial, estamos muy lejos de reducir la deforestación y vamos en la dirección equivocada”. (Rod Taylor, director mundial para los bosques del Instituto de Recursos Mundiales (WRI, en su sigla en inglés)

La pérdida de bosques se considera un problema clave en la lucha contra el cambio climático, porque los bosques vivos eliminan el carbono del aire y lo emiten cuando los árboles se talan o degradan.

En Brasil, la tasa de pérdida de bosques primarios aumentó 15 por ciento entre 2021 y 2022, en particular en la Amazonia. La pérdida total en ese país supuso más de 40 por ciento del total mundial.

Incendios y tala

Marcos Pedlowski, profesor asociado de la Universidad Estatal del Norte de Río de Janeiro (Brasil), explicó a SciDev.Net que la deforestación —la remoción total de árboles— es solo una parte del problema.

“Aunque las cifras puedan parecer dramáticas, no cuentan toda la historia porque hay otro elemento concurrente en el cambio de la cubierta terrestre: la degradación forestal”, explicó.

Las zonas degradadas —por incendios y talas selectivas, por ejemplo— son incluso más frecuentes que aquellas deforestadas, señaló Pedlowski.

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“En consecuencia, hay muchos más motivos de preocupación en relación con el empobrecimiento de las zonas boscosas”, añadió.

En cuanto a Brasil, que alberga la mayor superficie de bosque tropical del planeta, Pedlowski indicó una combinación de factores que impulsan tanto la deforestación como la degradación.

“Algunos factores están directamente vinculados con lo que podemos llamar deforestación legal… relacionada con políticas y proyectos gubernamentales que han apoyado el crecimiento de la agricultura, la extracción selectiva de madera y la minería”, afirmó.

Pedlowski cree que estas tendencias exponen la debilidad de las conferencias e instituciones multilaterales cuando llega el momento de controlar el cambio forestal.

“A pesar de las innumerables reuniones y conferencias, la tendencia general es hacia más pérdida y no al contrario”, agregó.

 “Esta situación se complica aún más por el difícil escenario económico mundial, agravado por la pandemia de COVID y la guerra en Ucrania y su efecto en la producción de alimentos.

“A menos que los comerciantes mundiales de cereales, madera y carne se tomen en serio sus responsabilidades respecto a la trazabilidad de sus productos y eviten comprar materias primas provenientes de zonas deforestadas ilegalmente, no veo cómo lograr ningún cambio positivo”, afirmó.

Conservación de los bosques

Por el lado positivo, Indonesia ha reducido su pérdida de bosque primario más que ningún otro país en los últimos años, seguido de Malasia, según Global Forest Watch.

Las intervenciones gubernamentales y los programas empresariales y comunitarios han permitido a ambos países mantener sus tasas de pérdida de bosques primarios tropicales cerca de niveles mínimos históricos.

Los analistas atribuyen el éxito de Indonesia a políticas como la moratoria de la tala, el control de incendios y la restauración de la turba, así como a la eficacia de medidas empresariales.

M. Faiz Syuaib, ingeniero agrónomo y director de investigación, tecnología y servicios comunitarios del Ministerio de Educación, Cultura, Investigación y Tecnología de Indonesia, afirmó que el gobierno de su país lleva más de una década intentando activamente preservar los bosques.

La extracción de madera está limitada a empresas controladas por el Estado y se deben plantar nuevos árboles para reemplazar a los talados, dijo a SciDev.Net.

En las zonas vulnerables a los incendios forestales, dijo Syuaib, se están construyendo fosas de agua para detener la propagación de incendios.

Este artículo fue producido por la edición global de SciDev.Net

Fotografía: scidev.net [Imagen: Axel Fassio/CIFOR, bajo licencia Creative Commons (CC BY-NC-ND 2.0)]

Fuente: https://www.scidev.net/america-latina/news/crece-perdida-de-bosques-pese-a-las-promesas-de-cumbres-climaticas/

10 de julio de 2020

¿Qué será de nuestro planeta?

Hedelberto López Blanch

Enormes incendios forestales, potentes huracanes, grandes inundaciones, derretimiento de glaciares, abrumadoras oleadas de calor, terremotos y hasta pandemias de coronavirus atacan a nuestro planeta y amenazan con destruir economías y hasta la existencia humana. El cambio climático es una realidad que pende sobre todo el planeta con previsiones funestas.

La revista Journal of Geophysical Research: Oceans (JGR Oceans) publicó un estudio basado en las observaciones realizadas por los satélites ICESat y ICESat-2 de la Nasa el cual muestra que entre 2008 y 2019 el hielo marino en el Ártico ha disminuido un 20 % en 11 años, o sea, ha perdido 0,37 metros de grosor de su capa.

El Ártico es el área alrededor del Polo Norte que incluye partes de Rusia, Alaska, Canadá, Groenlandia, Islandia, la región de Laponia, en Suecia, Noruega, Finlandia, y las Islas Svalbard.

Otra revista, la Geophysical Research Letters informó que Groenlandia, la segunda mayor capa de hielo se derrite a pasos increíbles lo que provoca el aumento del nivel de los mares que hacen peligrar a islas y zonas bajas del planeta, mientras las olas de calor arremeten contra Europa, América, Asia y África.

Asegura que el 56% de la región está afectada por el derretimiento (zona de hielo sometida a temperaturas superiores a 0º C), incluso las más altas de Groenlandia. Solo durante el mes de julio de 2019, esa capa perdió 160,000 millones de toneladas de hielo lo que ha tenido un impacto significativo en el aumento del nivel del mar.

William Ripple, ecologista de la Universidad Estatal de Oregón, en un artículo publicado en el diario Motherboard señaló que desde 1992, las emisiones de CO2 han subido un 62 % y la temperatura global se ha incrementado en 29 %, mientras que la abundancia de fauna de vertebrados cayó un 29 %».

Ripple, quien participó en una investigación realizada y después firmada por 15,372 hombres y mujeres de ciencia de 184 países denunció que durante los últimos 25 años se ha detectado una reducción de 26 % en la cantidad de agua dulce por habitante, un aumento del 75 % de áreas muertas en los océanos, y una pérdida de 120 millones de hectáreas de áreas forestales. Y enfatizó “Necesitamos los medios proporcionados por la naturaleza para nuestra propia supervivencia».

Esa peligrosa situación a la que está expuesta la vida del planeta es la que no entienden ni el presidente de Estados Unidos, Donald Trump quien retiró a su gobierno del Acuerdo de París sobre cambio climático aprobado por 195 países en 2015 y cuyo fin es reducir las emisiones de gases invernaderos a partir de 2020, ni su par brasileño Jair Bolsonaro, que bajo el argumento de incrementar la economía de la nación, ha justificado la destrucción de la Amazonía.

La Agencia Espacial Brasileña (AEB) informó que en un solo año del desgobierno de Bolsonaro habían sido arrasadas más de 958,000 hectáreas de la Amazonía, una extensión de selva casi del tamaño de Líbano.

Y lo peor está por venir pues el ultraderechista mandatario abrió el bosque tropical a la explotación industrial, disminuyó su protección y en ausencia de agentes federales llegan a la Amazonía oleadas de madereros, ganaderos y mineros que arrasan con todo el medio ambiente.

Analicemos a grandes rasgos todo a lo que conduce el cambio climático. Al acumularse los gases contaminantes las temperaturas aumentan y los climas cambian, provocando sequías, incendios, deforestación y desertificación.

Como las temperaturas son más altas, las lluvias son menos frecuentes, pero más intensas y por tanto, el nivel de inundaciones y su gravedad también irán en aumento.

El cambio de temperatura motiva que en zonas templadas y frías se propaguen enfermedades que habían desaparecido como dengue, malaria y otras, mientras las incrementa en las regiones cálidas.

La quema de combustibles fósiles y aumento de gases invernadero motivan que el Polo Norte esté mucho más caliente que hace 50 años lo cual pone en riesgo la vida de miles de personas por el crecimiento de olas de calor.

El derretimiento de los glaciares por altas temperaturas en los océanos incide en el aumento del nivel del mar, situación peligrosísima pues muchas islas podrían desaparecer y en numerosas ciudades se reducirá la distancia a las costas.

Al potenciarse las temperaturas de los mares, los huracanes serán cada vez más violentos y peligrosos, dejando a su paso destrucción de ciudades, cultivos, desmantelamiento de infraestructuras, hambre y enfermedades.

Diversas especies de animales y de flora están desapareciendo al cambiar el clima y no pueden adaptarse como ocurre con los osos polares que mueren porque no alcanzan los hielos flotantes o las aves migratorias que pierden esa capacidad al verse imposibilitadas de seguir los flujos de temperaturas a las que están habituadas.

La producción de alimentos básicos para la subsistencia humana se reduce con los cambios climáticos lo que a la par conlleva su encarecimiento, situación más que difícil para las grandes mayorías pobres del planeta.

Por eso cada vez se hace más necesario recordar las palabras del líder cubano Fidel Castro cuando en la Cumbre de la Tierra efectuada en Río de Janeiro en 1992 advirtió: “Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre. Ahora tomamos conciencia de este problema cuando casi es tarde para impedirlo. Es necesario señalar que las sociedades desarrolladas son las responsables fundamentales de la atroz destrucción del medio ambiente”.

Y nos podemos preguntar ahora: ¿Qué será de nuestro planeta dentro de unos años. Podremos salvarlo?

Hedelberto López Blanch. Periodista, escritor e investigador cubano.


https://www.leerydifundir.com/2020/07/que-sera-de-nuestro-planeta/