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22 de diciembre de 2024

Perú: Un territorio en disputa geopolítica y militar

César Zelada

La reunión de APEC de noviembre fue celebrada por la élite con bombos y platillos. No obstante, para un sector vinculado a la industria exportadora, la algarabía, le duró poco. Sucede que el asesor de Donald Trump, Mauricio Claver-Carone, declaró que, “…cualquier producto que pase por Chancay o cualquier puerto de propiedad china en la región debería tener un arancel del 60%…”, (Infobae, 18/11).

Es que China tiene inversiones en sectores económicos estratégicos no solo en Perú sino también en Ecuador (hidroeléctricas), Chile (litio, etc.), Argentina (represas y estación espacial en Neuquén), Bolivia (litio) y Brasil (energía renovable, etc.). Habría que agregar que EE.UU. y China se encuentran en una guerra comercial, producto del impasse del sistema capitalista (crisis de sobreproducción de mercancías, etc.), en el que el primero se encuentra en declive.

Bajo el impulso del capital financiero, China, se tornó en un “dragón” de la exportación, lo que implicó (motivado por la mano de obra barata y la facilidad de insumos), la mutación de las filiales de empresas yanquis al gigante asiático. “Esta -deslocalización- tuvo como propósito aumentar los niveles de rentabilidad de capital, procurando neutralizar la caída de la tasa de ganancia que se venía constatando… Pero esto ha tenido un costo. La industrialización operada en China, en el marco de la globalización y el acople chino-norteamericano, tuvo como contrapartida una desindustrialización de las potencias capitalistas tradicionales”, redactó el economista de la UBA, Pablo H. (19/11).

Por su lado, la tendencia a la producción masiva china, ha producido sobrecapacidad (vendiendo productos a bajo costo, gracias al subsidio estatal). Esta situación ha generado desequilibrios con una gran oferta muy superior a la demanda. “Es fundamental que EEUU y la Unión Europea creen un frente unido y claro contra la sobrecapaciadad industrial de China”, declaró la secretaria de tesoro yanqui, Janet Yellen (El Economista, 23/05), refiriéndose a la exportación china de acero y vehículos eléctricos. Es que la producción china alcanza no solo la industria básica e intermedia sino también la industria de alta tecnología (microchips IA, etc.) y las energías limpias.

Trump, en su primer gobierno, trató de revertir esta situación aplicando subsidios al capital yanqui, aranceles a los productos chinos y una serie de medidas proteccionistas (¿Qué dirán los libertarios?). Pero todos sus esfuerzos fueron en vano. Trump, tenía en contra al Departamento de Estado, condiciones insuperables de mano de obra barata china, la Corte Suprema y las cámaras legislativas. Pero, para su segundo mandato, Trump, tiene el control casi total del establishment y ha asegurado que va a parar la guerra con Rusia porque para él el enemigo principal es China. “Según Larry Hu, economista jefe para China de Macquarie Group…las exportaciones se desplomarían un ocho por ciento durante el año siguiente y recortaría un dos por ciento del crecimiento económico anual de China. Y si Trump pretende cerrar las importaciones de productos fabricados por empresas chinas en otros países como México, el daño sería aún mayor…”, (NYT, 11/11/24).

En este marco, Perú, juega un rol estratégico para China y su guerra comercial contra EE.UU. Para China, Chancay, implica expandir sus exportaciones a otros mercados como el Sudamericano y depender menos del yanqui (las importaciones a China han caído del 20% al 13%), a la vez que saquea los potentes recursos naturales peruanos (minerales, litio, energía, pesca, obra pública, etc.).

No obstante, el nombramiento del banquero antichino, Howard Lutnick, en la secretaria de comercio yanqui, fortalece la tendencia arancelaria y de choques más profundos contra China, que para Trump implicaría fortalecer alianzas con Chile, Ecuador o Argentina (aunque aquí la industria del acero también es perjudicada por las políticas proteccionistas americanas), con el fin de cercar al gigante asiático. La instalación de un satélite espacial en Talara, la presencia de Antony Blinken vendiendo trenes usados a López Aliaga (con un contrato leonino y la emisión de bonos soberanos a tasas de interés de 10%), y el aterrizaje de Biden con 600 militares armados hasta los dientes, implica que EE.UU. no va a ceder territorio en su patio trasero.

Así las cosas, Perú se ha tornado en un botín en disputa para las potencias imperialistas (y la de China como un imperio periférico en ascenso), que, por las contradicciones inmanentes al sistema, podría llevarnos a una tercera guerra mundial, donde nuestro país puede jugar un rol de enclave geopolítico – militar de uno de los bandos en pugna.

César Zelada. Director de la revista La Abeja obrera. Dirigente del MSTP. Colaborador en varios medios de prensa obrera y popular.

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

15 de noviembre de 2024

Grandes siglas

César Hildebrandt

Después de que los hombres decidieran matarse en masa en 1914 empleando hasta gases de cloro y mostaza, agonizando lentamente en las trincheras, despedazándose desde lejos gracias a la nueva artillería, vino la Liga de las Naciones en 1919. Fue un acontecimiento. Fue el fin de la historia adelantado. Fue el maná del arrepentimiento que nos haría buenos y pacíficos.

La humanidad firmaba el pacto de la concordia y la paz. Estados Unidos y Europa se adherían a la solución arbitral de los conflictos y a la reforma radical de las relaciones internacionales. Siglos de armonía habrían de esperarnos.

Pero diez años después, en 1929, estalló la gran crisis económica mundial y los buenos oficios se archivaron. La escasez y el miedo hicieron lo suyo, las cavernas volvieron, los dientes mostraron sus promesas caníbales y los fascismos –el ya instalado en Italia, el inminente en Alemania, el activo en Japón– se municionaron mientras las democracias se llenaban de palabras y aplazamientos.

Entonces, en 1939, veinte años después del contrato por la paz, volvió la orgía de barbarie, la vieja vendimia de la sangre del otro. Pero esta vez todo fue peor. Los nazis añadieron a la guerra la infamia del antisemitismo asesino y Europa regresó a la furia que tan célebres había hecho, durante tantos siglos, a sus héroes carniceros. Fue la catástrofe del ser humano como irónica creación de dios, fue la cordura despidiéndose del mundo. Y cuando Truman decidió que Japón merecía el apocalipsis del uranio y el plutonio hechos alquimia de la muerte en Los Álamos, supimos, de dos bombazos, que dios no nos vigilaba desde algunas brumas santas sino que domiciliaba en la Casa Blanca y fumaba marlboros.

Sesenta millones de muertos nos costó el episodio. Y de esa escombrera no salió la penitencia con ganas de enmienda. Emergió, más bien, la guerra fría, que era la manera de avisarnos que todos seríamos poca cosa, candidatos a ceniza, a la hora que los grandes enemigos decidieran apretar los botones de la fatalidad.

Y lo que salió también fue la ONU, que ahora sí, no lo dude usted aguafiestas, nos libraría de la bestia humana y educaría al simio armado y obligaría a la evolución a dar un salto.

Pero pronto, de inmediato, la farsa quedó al descubierto. La Organización de las Naciones Unidas creó el estado Israel imponiéndolo en territorios habitados secularmente por palestinos. El resultado fue una masacre, un gran exilio, un despojo mayúsculo. La ONU creó Israel sin siquiera decirle al mundo que la mayor parte de sus fundadores habían hecho uso del terrorismo para imponer su nacionalismo sectario y rencoroso.

Con los años, y cada vez más, la ONU fue el teatro de los discursos y el desfile de las buenas intenciones. Hasta que se convirtió en lo que es ahora: la entidad que Israel bombardea por interpósita persona, el Consejo de Seguridad que todo lo atasca por el poder de veto de sus anacrónicos mandamases, la retahíla de resoluciones vinculantes que nadie cumple, la burocracia enorme que ningún mal puede impedir.

Mi escepticismo respecto de los grandes pactos y los magnos eventos crece cada día que pasa.

¿Alguien me puede decir de qué sirve, a estas alturas del trabajo esclavo, los salarios mínimos y el poder sindical hecho añicos, la Organización Nacional del Trabajo? Son las corporaciones y el poder mundial de las oligarquías quienes deciden al respecto. ¿Alguien me puede informar cuántas hambrunas africanas evitó la FAO? Los billones de toneladas de alimentos que sobran entre los ricos van a los vertederos. ¿Alguien alabaría la conducta de la Organización Mundial de la Salud durante la pandemia del Covid-19? Habría que saber en cuánto aumentaron sus astronómicas ganancias las farmacéuticas que fabricaron las vacunas.

Y en otro plano, ¿alguien se atreverá a decirnos que las sucesivas COP han atenuado las averías del calentamiento global de origen humano, el cambio amenazante de los océanos, la fiereza de los nuevos vientos, las sequías aniquiladoras? Que lo digan los productores de soya que hunden su pezuña en la selva, las petroleras que pagan a escribas mercenarios, el equipo del Trump reincidente que insiste en el carbón.

Las grandes siglas del poder mundial y los consensos colosales son purita ilusión y marquesinas. Los crédulos confían en esas luces y la prensa del entretenimiento sigue el compás.

Lo único que funciona en este siglo de vulgaridad totalitaria es el negocio, la expansión de las potencias, el reparto de los suburbios, la guerra de las divisas, el credo de la codicia, los mercaderes que ni Jesús se atrevería a echar de ningún templo. Lo que valen son los dividendos y los puertos. Y el Perú ha demostrado en este APEC que tiene voluntad, una vez más, de servir al amo que mejor se le ofrezca y de aceptar su rol de subalterno vocacional.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 709 año 15, del 15/11/2024

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8 de noviembre de 2024

Perú: Basura retórica para amilanar

Ronald Gamarra

El régimen ha puesto todas sus esperanzas de sobrevivir a la ola de protestas en la celebración del foro internacional de APEC, que se llevará a cabo la próxima semana en Lima. En primer lugar, pone el argumento del prestigio nacional ante un evento de calado total que convoca a numerosos líderes políticos y empresariales que se darán cita en la capital peruana durante tres días. No podemos dar una mala imagen, dicen la presidenta, sus ministros, los congresistas de la fujiderecha. Afirman que lo más importante es quedar bien ante los extranjeros. Y parte de ello, afirman, es portarse bonito, mostrar un perfil de unidad nacional. Presentar reclamos y protestar por el motivo que fuese durante los días que dure el evento debe ser considerado como un acto de traición a la patria.

No olvidemos que la traición a la patria se paga con la vida, si ocurre en tiempo de guerra exterior, y con cadena perpetua o privación de la libertad por un mínimo de 25 años en cualquier otra circunstancia. Son palabras mayores. No importa en absoluto que el uso que la fujiderecha le da al término no corresponda en absoluto con el tipo penal. Lo significativo, en lo inmediato, es el insulto al opositor como traidor a la patria, que suena tan fuerte como terrorista. Y a mediano plazo, banalizar el término y finalmente vaciarlo de contenido, de manera que, al cabo de un tiempo, ya nadie sepa realmente qué cosa es felonía, del mismo modo que ya nadie sabe qué cosa es terrorismo, y entonces ambos términos se puedan utilizar como arma arrojadiza contra cualquier cosa que haga o diga un adversario, sin importar la naturaleza ni la gravedad del hecho.

Por supuesto, todo esto solo es basura retórica de la peor especie para intentar amilanar la protesta. Porque lo real es que, frente a los reclamos de numerosos y muy diversos sectores populares, unidos coyunturalmente por la demanda de seguridad contra la delincuencia común expresada por la extorsión y el sicariato, el gobierno y el congreso han respondido con un sonoro portazo. Por lo pronto, el congreso cerrará, adelantando la semana de representación que, como sabemos, son los 7 días de cada mes en que los tunantes de plaza Bolívar se van de paseo y ganan dinero del Estado sin trabajar. Les importa un comino la protesta anunciada por numerosos gremios y organizaciones precisamente para esta semana. Se van sin derogar ni una línea de la ley pro organización criminal que ellos aprobaron y que obligó en estos días a los jueces a dictar la absolución del clan Orellana.

La administración de Dina Boluarte, por su lado, ha declarado feriados los días que el APEC se reunirá en Lima. Tres jornadas festivas, nada menos. Tres días de paralización económica decretada por el gobierno. Con ello intenta disimular los efectos de un paro que se mostró mayoritario y sólido en octubre. Confían en que la gente se quede en sus casas y no salga a protestar. Tal es su cálculo. Ya veremos si aciertan o no. Entre tanto, concentran fuerza policial y militar y adquieren más pertrechos para reprimir la protesta social. Suponen que, si sortean el APEC sin contratiempos, ya solo les faltará un pequeño lapso para llegar a las fiestas de fin de año y adiós revueltas hasta después del verano. La idea es huir, pero huir hacia adelante. El problema con esta conjetura es que, en años anteriores, hemos visto movilizaciones y pitas masivas y hasta decisivas en vísperas de fiestas y más de un verano caliente.

Por otro lado, la lucha por la supervivencia se complica para Dina y su camarilla. Parte de la fujiderecha ya decidió que el pacto de conveniencia con ella ya se venció y que es la hora de darle de baja. Que conviene hacerlo ahora mismo para borrar con tiempo de la memoria popular la íntima y estrecha colaboración y complicidad que han mantenido con la Boluarte desde que se hizo cargo del gobierno. El fujimorismo, por su parte, parece preferir, por ahora, continuar la sociedad de mutuo beneficio con la presidenta, donde la parte del león se la lleva Keiko. Otra cosa muy distinta puede ser dentro de cinco o seis meses, cuando se hayan convocado las elecciones generales de 2026 y la vacancia de la Boluarte no tenga que poner necesariamente en cuestión la duración de este congreso hasta ese año. Al menos eso ha dicho Cerrón, que cachuelea como conserje de la mesa de partes del fujimorismo. Entonces todos los sectores de la derecha podrán coincidir en la necesidad perentoria de deshacerse de Dina para hacerse pasar por opositores de su desastroso gobierno, que en realidad ha sido el de ellos.

La Boluarte puede estar saltando en estos meses de la sartén de las protestas populares para caer en las brasas de sus socios leoninos de la fujiderecha. Pero esto tampoco es ineluctable. Dina debe estar tejiendo afanosamente modos de sobrevivir, ella también, hasta 2026 y aún más allá, cuando ya no sea presidenta, y quede expuesta a la posibilidad de responder judicialmente por los crímenes cometidos en su gobierno, empezando por las matanzas de diciembre de 2022 y enero y febrero de 2023. Qué nuevas servidumbres asumirá en estos meses decisivos para ella, si sobrevive a la protesta popular de hoy. Pronto lo veremos, en todo caso. Sabemos que no hay límites para quienes cruzan el Rubicón de la dignidad.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 708 año 14, del 08/11/2024

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6 de noviembre de 2024

Perú: La cumbre de APEC no servirá de nada

Pedro Francke

En un par de semanas se realizará la cumbre de APEC en Lima. El premier Gustavo Adrianzén nos ruega que no protestemos esos días y el congresista (“almirante de tina”) Jorge Montoya dice que si lo hacemos somos traidores a la patria. Están tan fuera de la realidad que ni se dan cuenta de que sus declaraciones dan más fuerza a la movilización ciudadana.

Valga la oportunidad para dar un repaso al significado actual de APEC, siglas de la Cooperación Económica Asia-Pacífico, explicar la situación del comercio mundial y las relaciones económicas entre países, cómo debiéramos actuar frente a ello y lo que está en juego en esta reunión.

El punto de partida es que entre la creación de APEC en 1989 y este 2024, las condiciones comerciales, económicas y geopolíticas del mundo han dado un vuelco. Hace 35 años el mundo estaba dominado por los acuerdos de libre comercio bajo una hegemonía norteamericana político-militar indiscutible.

China se acomodó a esa situación con un perfil bajo en la arena internacional, en una estrategia de “comprarse tiempo” diseñada por Deng Xiaoping que, junto a un empuje industrialista exportador, le permitió un crecimiento económico y tecnológico fenomenal. Rusia estaba en declive y Estados Unidos jugaba a ser LA potencia mundial invadiendo Irak y Afganistán y aplicando su poder por todo el planeta.

En ese periodo APEC operaba como un foro de discusión abierto en el que se encontraban Estados Unidos, China, los demás países del Asia oriental y algunos países latinoamericanos del Pacífico. Ese foro coincidía con la línea de liberalización mundial del comercio, dándole apertura en un nuevo espacio en desarrollo, alrededor del océano Pacífico, que por siglos había sido secundario frente al Atlántico que conecta Estados Unidos y Europa.

Ese foro facilitaba negociaciones como la del TPP, el acuerdo transpacífico para comercio e inversiones.

Pero el mundo ya no es ese. Ahora es otro. Hay una disputa por la hegemonía mundial, aún en sus prolegómenos, entre Estados Unidos y China, entre la potencia antigua aún dominante y la nueva potencia que crece pero sin haber podido alcanzar a la primera. El conflicto se ha dado principalmente en el espacio económico. Se inició hace casi ocho años cuando Trump llegó al poder, sacó a EE.UU. del TPP y empezó a confrontar agresivamente a China, en una línea seguida y profundizada por Joe Biden.

Estados Unidos ha multiplicado las sanciones económicas a decenas de países y restringe el comercio con China buscando detener su avance tecnológico y productivo. Por ejemplo, yo alguna vez llegué a comprar un celular Huawei, una marca que era bastante competitiva y más barata, pero ya no lo hago porque las sanciones de los EE.UU. les impone usar Android, el lenguaje que usan la mayoría de apps que nos llegan.

Los últimos dos años ha habido un salto del conflicto económico a guerras que ponen en cuestión la hegemonía norteamericana, empezando con la invasión de Ucrania. Luego, las masacres en Gaza con muertes horribles de decenas de miles de niños han revelado que hoy, en el plano geopolítico, las Naciones Unidas son totalmente inútiles para mantener la paz.

Israel está trapeando con la ONU mientras, penosamente, los derechos humanos dejaron de ser defendidos por Estados Unidos y Europa que han puesto sus intereses y defensa de su dominio como prioridad.

Lo económico y lo político-militar están estrechamente entrelazados, dado que Estados Unidos está utilizando las sanciones económicas como arma de guerra y se ha apoderado de los fondos en dólares que diversos países tenían como reservas. Acaba de haber una reunión de los BRICS, grupo conformado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, a la que acudieron una treintena de países más, varios de los cuales ya se unieron oficialmente, teniendo particular importancia varios de los principales exportadores de petróleo del mundo.

BRICS no es un polo alternativo prochino, sólo es la búsqueda de esos países de mayores autonomías, lo que confirma el deterioro de la hegemonía político-económica estadounidense.

Es en este contexto, de creciente enfrentamiento entre Estados Unidos, China y otros países que se da APEC. Para hacer más complicado el panorama, estamos en vísperas de las elecciones en Estados Unidos, siendo aún incierto quién ganará. Trump podría regresar, y aunque nadie sabe en realidad qué se le ocurrirá hacer a ese loco (gane o pierda), está claro que aumenta la inestabilidad de la política norteamericana, elevando los conflictos y afectando las alianzas que aún tienen.

Si las dos potencias principales están en fuerte conflicto económico y no se sabe qué política tomará Estados Unidos, ¿qué acuerdos podría tomar APEC en este momento? La respuesta es obvia: Ninguno. Desde luego, habrá una declaración oficial, pero será uno de esos pronunciamientos edulcorados que en varios miles de palabras no dicen absolutamente nada nuevo. En la reunión no estará presente el presidente de los Estados Unidos. Sí estará Xi Jinping, que sin duda aprovechará la ausencia de Biden para promover la imagen y relaciones de China.

¿Y qué del Perú? La decisión de hacer APEC en nuestro país es muy anterior a que Dina Boluarte llegara a la presidencia, solo le tocó la suerte. Como a ella le encandilan las apariencias, siente que este es su momento para brillar en el mundo. Seguro ya hace tiempo se mandó a hacer vestidos especiales y pensará que puede mostrar algún Rolex.

Los grandes empresarios de la Confiep también se aprestan a tomarse fotos en el Consejo Consultivo Empresarial de APEC, con lo que creen poder conectarse mejor cuando alguna transnacional venga a hacer negocios con ellos. No por gusto la Confiep, en vez de apoyar las demandas ciudadanas contra la inseguridad, prefirió sacar un comunicado criticando el paro del pasado 23 de octubre. Su expresión política más clara es la vocera de Keiko, Patricia Juárez, quien ha salido a respaldar a Dina Boluarte y al actual gobierno en aras de la “estabilidad” camino a APEC.

El gobierno, la derecha y la Confiep insisten en que sería importante para el Perú “dar una buena imagen” durante los días del foro. Olvidan que todos ya saben que Dina Boluarte es la presidenta más impopular del mundo, nuestro déficit fiscal ha crecido incontrolado hasta 4 por ciento del PBI, sicarios matan a diario por unas monedas y la calle ha recuperado protagonismo. La política del gobierno para APEC es una y sólo una: defender las fotos de Dina con Xi Jinping y demás líderes.

No tiene idea alguna sobre el tema de fondo, que es cómo el Perú va a jugar sus cartas en este nuevo escenario mundial de deterioro de la hegemonía estadounidense, conflicto económico y geopolítico mundial y consolidación del Asia oriental como nuevo centro de la economía mundial. Es en ese escenario que debemos aprovechar los espacios internacionales que se abren para promover nuestro progreso tecnológico y económico y así generar empleos dignos. Sin propuesta alguna al respecto, es doblemente sinvergüenza que este gobierno pretenda limitar nuestro legítimo derecho a la protesta durante APEC. ¿Sólo para que Dina Asesina se tome fotos con sus Rolex?

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 707 año 14, del 01/11/2024

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