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5 de enero de 2025

No glorifiquemos a Jimmy Carter

Chris Hedges

Una vez fuera de su cargo [de presidente de EE.UU.], Jimmy Carter tuvo el valor de denunciar la “abominable opresión y persecución” y la “estricta segregación” del pueblo palestino en Cisjordania y Gaza en su libro de 2006 “Palestina: Paz, no apartheid”.

Dedicó su tiempo a supervisar elecciones, entre ellas hizo una polémica defensa de la elección de Hugo Chávez en Venezuela en 2006, y a defender los derechos humanos por todo el planeta. Arremetió contra el proceso político estadounidense, calificándolo de ser una “oligarquía” en la que el “soborno político ilimitado” crea “una subversión completa de nuestro sistema político como pago a los grandes contribuyentes”.

Pero los años de Carter como expresidente no deben ocultar su tenaz servicio al imperio, su afición a fomentar desastrosas guerras por delegación, su traición a los palestinos, su adopción de nefastas políticas neoliberales y su servilismo a las grandes empresas cuando era presidente.

Carter desempeñó un significativo papel en el desmantelamiento de las leyes del New Deal con la desregulación de las grandes industrias, incluyendo las aerolíneas, la banca, el transporte por carretera, las telecomunicaciones, el gas natural y los ferrocarriles. Puso a Paul Vocker a cargo de la Reserva Federal, quien, en un intento por combatir la inflación, subió las tasas de interés y llevó a EE.UU. a la mayor recesión desde la Gran Depresión, lo que dio inicio a un periodo de austeridad y rigurosos recortes. Carter es el padrino del expolio conocido como neoliberalismo, un saqueo que su compañero, el demócrata Bill Clinton, pondría en modo turbo.

Carter cayó bajo la desastrosa influencia de su asesor de seguridad nacional, Zbigniew Brzezinski, un polaco exiliado que objetaba la confianza de Nixon y Kissinger en la distensión con la Unión Soviética. La misión vital de Brzezinski, que veía el mundo en blanco y negro, era enfrentarse a la Unión Soviética y destruirla, al igual que a cualquier gobierno o movimiento que considerara bajo influencia comunista o simpatizante de ésta.

Bajo la influencia de Brzezinski, Carter abandonó las Conversaciones sobre Limitación de Armas Estratégicas (Acuerdo SALT II) con la Unión Soviética, que pretendía frenar el despliegue de armas nucleares. Aumentó el gasto militar. Envió ayuda militar al gobierno indonesio del Nuevo Orden durante la invasión y ocupación indonesia de Timor Oriental, que muchos han calificado de genocidio. Apoyó, junto con el Estado sudafricano del apartheid, al sanguinario grupo contrarrevolucionario Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA), dirigido por Jonas Savimbi. Proporcionó ayuda al brutal dictador zaireño Mobutu Sese Seko. Apoyó a los Jemeres Rojos.

Dio instrucciones a la CIA para apoyar a los grupos y partidos políticos opositores que intentaban derribar al gobierno sandinista de Nicaragua cuando tomó el poder en 1979, lo que posteriormente, con la Administración Reagan, dio lugar a la formación de los Contras y a una insurrección sangrienta e insensata respaldada por EE.UU. Proporcionó ayuda militar a la dictadura de El Salvador, ignorando el llamamiento del arzobispo Oscar Romero –asesinado posteriormente– a interrumpir los envíos de armas.

Envenenó las relaciones de EE.UU. con Irán al dar respaldo al régimen represivo del Shah Mohammad Reza Palaví hasta el último minuto y permitir luego, una vez depuesto, que buscara tratamiento médico en Nueva York, lo que desencadenó la ocupación de la embajada estadounidense en Teherán y la “crisis de los rehenes”, que se prolongó durante 444 días. La beligerancia de Carter –que congeló los activos iraníes, dejó de importar su petróleo y expulsó a 183 diplomáticos iraníes de Estados Unidos– contribuyó a la demonización de Estados Unidos por parte del ayatolá Jomeini y a sus llamamientos a un gobierno islámico. Destruyó la credibilidad de la oposición iraní laica.

Carter concedió al presidente filipino Ferdinand Marcos miles de millones en asistencia militar, a pesar de que gobernaba bajo la ley marcial. Armó a los muyahidines en Afganistán tras la intervención soviética en 1979, una decisión que costó a Estados Unidos 3.000 millones de dólares, supuso la muerte de un millón y medio de afganos y dio lugar al nacimiento de los talibanes y de Al Qaeda. Las consecuencias de esta política exterior de Carter han sido catastróficas.

Asimismo, apoyó al ejército surcoreano en 1980 cuando sitió la ciudad de Gwangju, donde los manifestantes habían formado una milicia, lo que provocó la masacre de unas 2.000 personas.

Por último, traicionó a los palestinos cuando en 1979 negoció un tratado de paz entre el presidente egipcio Anwar el-Sadat y el primer ministro israelí Menájem Begín, conocido como los Acuerdos de Camp David. Dicho acuerdo excluía de las conversaciones a la Organización para la Liberación de Palestina. A pesar de lo prometido a Carter, Israel nunca intentó resolver la cuestión palestina con la participación de Jordania y Egipto. No permitió el autogobierno palestino en Cisjordania y Gaza en un plazo de cinco años. No puso fin a los asentamientos israelíes, una negativa que llevó a Carter a afirmar más tarde que Begín le había mentido. Pero como el acuerdo no incluía ningún mecanismo para su aplicación, y como Carter no estaba dispuesto a desafiar al lobby israelí para imponer sanciones a Israel, los palestinos se encontraron, una vez más, impotentes y abandonados.

En su haber, Carter tiene haber nombrado a la activista por los derechos civiles Patricia Derian como Subsecretaria de Estado para Derechos Humanos y Asuntos Humanitarios, lo que condujo al bloqueo de préstamos y a la reducción de la ayuda a la junta militar en Argentina durante la Guerra Sucia, restricciones que la administración Reagan eliminó. El compromiso de Derian con los derechos humanos era auténtico. Apoyó al líder filipino Benigno S. Aquino Jr. y al disidente y ex presidente surcoreano Kim Dae-jung. Carter le permitió enfadar a algunos de nuestros aliados más represivos. Pero su política de derechos humanos estaba destinada principalmente a respaldar a los disidentes democráticos y a los movimientos obreros de Europa Central y Oriental, especialmente Polonia, en un esfuerzo por debilitar a la Unión Soviética.

Carter tenía una decencia de la que carecen la mayoría de los políticos, pero da la impresión de que las cruzadas morales que emprendió una vez fuera de la presidencia fueran una forma de penitencia. Su historial como presidente es sangriento y funesto, aunque no tan sangriento y funesto como el de los presidentes que le sucedieron. Eso es lo mejor que podemos decir de él.

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

Fuente: https://chrishedges.substack.com/p/dont-deify-jimmy-carter

18 de noviembre de 2023

El horror, el horror

Chris Hedges

La masacre deliberada de los más indefensos

Doha, Catar.- Me encuentro en el estudio del servicio árabe de Al Jazeera visionando una transmisión en directo desde la ciudad de Gaza. Debido al intenso bombardeo israelí, el reportero de Al Jazeera se vio obligado a trasladarse al sur de Gaza. Pero dejó atrás su cámara, enfocada hacia el hospital Al-Shifa, el mayor complejo médico de Gaza. Es de noche. Los tanques israelíes disparan directamente hacia el complejo hospitalario. Largos destellos rojos horizontales. Un ataque deliberado contra un hospital. Un crimen de guerra deliberado. Una masacre deliberada de los civiles más indefensos, incluidos los más enfermos y los bebés. En ese momento la señal se corta.

Seguimos sentados frente a los monitores, en silencio. Sabemos lo que eso significa. No hay electricidad. No hay agua. No hay Internet. No hay suministros médicos. Todos los bebés de la incubadora morirán. Todos los pacientes de diálisis morirán. Todos los de la unidad de cuidados intensivos morirán. Todos los que necesitan oxígeno morirán. Todos los que necesiten cirugía de emergencia morirán. ¿Y qué ocurrirá con las 50.000 personas que, expulsados de sus casas por los incesantes bombardeos, han buscado refugio en los terrenos del hospital? También sabemos la respuesta a eso. Muchos de ellos también morirán.

No hay palabras para expresar lo que estamos presenciando. En las cinco semanas de horror, esta es una de las cúspides del horror. La indiferencia de Europa ya es bastante mala.  La complicidad activa de Estados Unidos es inconmensurable. Nada justifica esto. Nada. Y Joe Biden pasará a la historia como cómplice de genocidio. Que los fantasmas de los miles de niños en cuyo asesinato ha participado le persigan el resto de su vida.

Israel y Estados Unidos están enviando un mensaje escalofriante al resto del mundo. El derecho internacional y el derecho humanitario, incluidas las Convenciones de Ginebra, son mero papel mojado. No se aplicaron en Iraq. No se aplican en Gaza. Pulverizaremos vuestros barrios y ciudades con bombas y misiles. Asesinaremos sin motivo a vuestras mujeres, niños, ancianos y enfermos. Estableceremos bloqueos para provocar el hambre y la propagación de enfermedades infecciosas. Vosotros, las «razas inferiores» de la tierra, no importáis. Para nosotros sois alimañas a extinguir. Lo poseemos todo. Si intentáis arrebatárnoslo, os mataremos. Y nunca tendremos que rendir cuentas.

No somos odiados por nuestros valores. Somos odiados porque no tenemos valores. Somos odiados porque solo aplicamos las reglas a los demás, no a nosotros mismos. Somos odiados porque nos hemos arrogado el derecho a realizar matanzas indiscriminadas. Somos odiados porque somos despiadados y crueles. Somos odiados porque somos hipócritas, porque hablamos de la protección de los civiles, el imperio de la ley y el humanitarismo mientras acabamos con la vida de cientos de personas cada día en Gaza, incluyendo 160 niños.

Israel reaccionó escandalizado y con indignación cuando se le acusó de bombardear el hospital árabe cristiano Al Ahli de Gaza, que dejó cientos de muertos. El bombardeo, según Israel, procedía de un cohete errante disparado por la Yihad Islámica Palestina. No hay nada en el arsenal de Hamás o de la Yihad Islámica que pudiera haber replicado la enorme potencia explosiva del misil que impactó en el hospital. Quienes como reporteros hemos cubierto Gaza, hemos oído tantas veces este truco de Israel que resulta ridículo. Siempre culpan a Hamás y a los palestinos de sus crímenes de guerra, y ahora intentan argumentar que los hospitales son centros de mando de Hamás y, por tanto, objetivos legítimos. Nunca aportan pruebas. El ejército y el gobierno israelíes mienten tanto como respiran.

Médicos sin Fronteras (MSF), que tiene personal trabajando en Al-Shifa, ha emitido un comunicado en el que afirma que pacientes, médicos y enfermeras están “atrapados bajo el fuego dentro del hospital”. Solicitan al gobierno israelí que “detenga este ataque despiadado al sistema de salud de Gaza”.

«En las últimas 24 horas, los hospitales de Gaza han sufrido bombardeos incesantes. El complejo hospitalario de Al-Shifa, el mayor centro de salud en el que sigue trabajando el personal de MSF, ha sido alcanzado en varias ocasiones, incluidos los departamentos de maternidad y consultas externas, lo que ha provocado múltiples muertos y heridos», señala el comunicado. «Las hostilidades en torno al hospital no han cesado. Los equipos de MSF y cientos de pacientes siguen dentro del hospital de Al-Shifa. MSF reitera urgentemente sus llamamientos para que cesen los ataques contra hospitales, para un alto el fuego inmediato y para la protección de las instalaciones médicas, el personal médico y los pacientes.»

Otros tres hospitales del norte de Gaza y de la ciudad de Gaza están cercados por fuerzas y tanques israelíes; razón tenía un médico que declaró a Al Jazeera: “es un día de guerra contra los hospitales.» Al parecer, el Hospital Indonesio también se ha quedado sin electricidad. La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA) informa de que 20 de los 36 hospitales de Gaza ya no funcionan.

El cinismo de Israel y Washington es impresionante. Nada les diferencia. Washington sólo quiere que se haga rápido. ¿Corredores humanitarios?  ¿Pausas en los bombardeos? Son un modo de facilitar la despoblación total del norte de Gaza. ¿El puñado de camiones de ayuda autorizados a atravesar la frontera de Rafah con Egipto? Un truco de relaciones públicas. Sólo hay un objetivo: matar, matar, matar. Cuanto más rápido, mejor. De lo único que hablan los funcionarios de Biden es de lo que vendrá después, una vez que Israel haya terminado de diezmar Gaza. Saben que la matanza de Israel no terminará hasta que los gazatíes vivan a la intemperie sin refugio en la parte sur de la Franja y mueran por falta de alimentos, agua y atención médica.

Antes de la incursión terrestre de Israel, Gaza era uno de los lugares más densamente poblados del planeta. Imagínese lo que ocurrirá con 1,1 millones de gazatíes del norte amontonados sobre más de 1 millón del sur. Imagine lo que ocurrirá cuando enfermedades infecciosas como el cólera se conviertan en epidemia.  Imagine los estragos del hambre. Todo ello aumentará la presión para hacer algo. Y ese algo, espera Israel, será empujar a los palestinos a través de la frontera hacia el Sinaí en Egipto. Una vez allí, nunca regresarán. La limpieza étnica de Gaza por parte de Israel será completa.  Comenzará la limpieza étnica de Cisjordania.

Este es el demencial sueño de Israel. Para lograrlo, harán Gaza inhabitable.

Pregúntese: si usted fuera palestino en Gaza y tuviera acceso a un arma, ¿qué haría? Si Israel matara a su familia, ¿cómo reaccionaría? ¿Por qué iba a importarle el derecho internacional o humanitario cuando sabe que sólo se exige su aplicación a los oprimidos, no a los opresores? Si el terror es el único lenguaje que Israel utiliza para comunicarse, el único que aparentemente entiende, ¿no respondería con terror?

La orgía de terror de Israel no aplastará a Hamás. Hamás es una idea, una idea alimentada con la sangre de los mártires. Israel está proporcionando a Hamás un abundante suministro.

Chris Hedges. Periodista estadounidense ganador del Premio Pulitzer. Fue durante 15 años corresponsal en el extranjero para The New York Times, ejerciendo como jefe para la oficina de Oriente Próximo y la  de los Balcanes

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

Fuente: https://chrishedges.substack.com/p/the-horror-the-horror?utm_source=post-email-title&publication_id=778851&post_id=138790261&utm_campaign=email-post-title&isFreemail=true&r=5a58j&utm_medium=email


12 de noviembre de 2023

Carta a los niños de Gaza

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Chris Hedges

Querido niño:

Es más de medianoche. Vuelo en la oscuridad a cientos de kilómetros por hora, a miles de metros sobre el Océano Atlántico. Viajo a Egipto, camino de la frontera de Gaza en Rafah. Viajo por ti.

Tú nunca has ido en avión, nunca has salido de Gaza. Solo conoces las abarrotadas calles y callejas, las chabolas de hormigón. Solo conoces las barreras de seguridad y las vallas que rodean Gaza, patrulladas por soldados. Para ti, los aviones son aterradores: aviones de combate, helicópteros de asalto, drones. Dan vueltas sobre tu cabeza, dejan caer misiles y bombas. Producen explosiones ensordecedoras. El suelo tiembla, los edificios se derrumban. Muertos, gritos, llamadas de socorro amortiguadas desde debajo de los escombros. No se detienen, ni de día ni de noche. Atrapados bajo montones de cemento destrozado están tus amigos, tus compañeros de colegio, tus vecinos. Desaparecidos en segundos. Ves las caras blanquecinas y los cuerpos inertes cuando les desentierran. Yo soy periodista, es mi trabajo observar esto. Pero tú eres un niño, nunca deberías verlo.

Hedor a muerte. Cuerpos descomponiéndose bajo el hormigón destrozado. Contienes la respiración, te cubres la boca con una tela, andas más deprisa. Tu barrio se ha convertido en un cementerio, todo lo que te era familiar ha desaparecido. Miras asombrado: te preguntas dónde estás.

Tienes miedo. Hay una explosión tras otra. Lloras. Te aferras a tu madre o a tu padre. Te tapas los oídos. Ves la luz blanca de un proyectil y esperas la explosión. ¿Por qué os matan a los niños? ¿Qué habéis hecho? ¿Por qué nadie puede protegerte? ¿Te herirán? ¿Perderás un brazo o una pierna? ¿Te quedarás ciego o irás en silla de ruedas? ¿Para qué naciste? ¿Fue por algo bueno o por esto? ¿Crecerás? ¿Serás feliz? ¿Cómo será quedarte sin amigos? ¿Quién será el próximo en morir? ¿Tu madre? ¿Tu padre? ¿Tus hermanos y hermanas? Alguien a quien conoces resultará herido, pronto. Alguien a quien conoces morirá, pronto.

Por la noche te tumbas sobre el frío suelo de cemento, en la oscuridad. Los teléfonos no funcionan, internet tampoco. No sabes lo que está pasando. Hay destellos de luz. Hay oleadas de explosiones. Hay gritos.  No se detienen.

Cuando tu padre o tu madre van en busca de comida, esperas, con esa terrible sensación en el estómago. ¿Regresarán? ¿Volverás a verles? ¿Será vuestra casita la siguiente que destruirán las bombas? ¿Son estos tus últimos momentos sobre la tierra?

Bebes agua salada, agua sucia. Te pone enfermo. Te duele el estómago. Tienes hambre. Las panaderías están destruidas, no hay pan. Comes una vez al día: pasta, un pepino. Dentro de poco hasta eso te parecerá un festín.

Ya no juegas con tu pelota hecha de trapos, ni vuelas tu cometa hecha de viejos periódicos.

Has visto a periodistas extranjeros. Llevamos chalecos antibalas con la palabra PRENSA escrita en ellos. Tenemos cascos, cámaras, conducimos jeeps. Aparecemos después de un bombardeo o un tiroteo. Nos sentamos a tomar café durante un buen rato y hablamos con los adultos. Luego desaparecemos. No solemos entrevistar a niños. Pero yo sí lo hecho cuando me he visto rodeado por un montón de chavales. Reís, señaláis con el dedo, nos pedís que os hagamos una foto.

He sido bombardeado por aviones en Gaza. Me han bombardeado también en otras guerras, guerras que sucedieron antes de que tú nacieras. Yo también pasé mucho, mucho miedo. Todavía sueño con aquello. Cuando veo las imágenes de Gaza, esas guerras regresan a mí con la fuerza del trueno y del rayo y pienso en vosotros.

Todos los que hemos estado en la guerra la odiamos sobre todo por lo que les hace a los niños.

Yo he intentado contar vuestra historia. He intentado contar al mundo que cuando se es cruel con la gente, semana tras semana, un mes tras otro, año tras año, década tras década, cuando se les niega la libertad y la dignidad, cuando se les humilla y se les encierra en una cárcel al aire libre, cuando se les mata como si fueran bestias, acaban muy enfadados. Hacen a los demás lo que les hicieron a ellos. Lo he contado una y otra vez. Lo repetí durante siete años. Pocos escucharon. Y ahora esto.

Hay periodistas palestinos muy valientes. Treinta y nueve de ellos han sido asesinados desde que comenzaron a caer las bombas. Son héroes. Al igual que lo son los médicos y enfermeras de vuestros hospitales. Como los trabajadores de las Naciones Unidas, ochenta y cuatro de los cuales han caído. Como los conductores de ambulancias y los paramédicos. Y lo mismo puede decirse de los equipos de rescate que levantan los bloques de hormigón con sus manos. O los padres y madres que os protegen de las bombas con sus cuerpos.

Pero ahora no estamos allí, no en esta ocasión. No podemos entrar, no nos dejan.

Periodistas de todo el mundo van camino del paso fronterizo de Rafah. Acudimos porque no podemos contemplar esta carnicería y no hacer nada. Acudimos porque cientos de personas mueren a diario, incluidos 160 niños. Acudimos porque este genocidio debe detenerse. Acudimos porque tenemos hijos, niños como vosotros, preciosos, inocentes, amados. Acudimos porque queremos que viváis.

Espero que algún día nos encontremos. Vosotros seréis adultos, yo seré un anciano, aunque para vosotros ya soy muy viejo. En mis sueños os encuentro libres, felices, a salvo. Nadie intenta mataros. Voláis en aviones llenos de personas, no de bombas. No estáis atrapados en campos de concentración, salís a ver el mundo. Crecéis y tenéis hijos. Os hacéis viejos. Recordáis este sufrimiento pero sabéis que eso significa que tenéis que ayudar a otros que sufren. Esa es mi esperanza, mi plegaria.

Os hemos fallado. Esa es la terrible culpa que cargamos. Lo intentamos, pero no lo suficiente. Así que iremos a Rafah, muchos de nosotros, periodistas. Nos plantaremos frente a la frontera con Gaza para protestar. Escribiremos y filmaremos. Eso es a lo que nos dedicamos. No es mucho, pero es algo. Volveremos a contar vuestra historia.

Quizá sea suficiente para ganarnos el derecho a pediros perdón.

Chris Hedges. Periodista estadounidense ganador del Premio Pulitzer. Fue durante 15 años corresponsal en el extranjero para The New York Times, ejerciendo como jefe para la oficina de Oriente Próximo y la  de los Balcanes.

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

Fuente: https://chrishedges.substack.com/p/letter-to-the-children-of-gaza

29 de septiembre de 2022

Los monarcas pertenecen al basurero de la historia

Chris Hedges

La adulación reverencial a la reina Isabel en los Estados Unidos, que libró una revolución para deshacerse de la monarquía, así como en Gran Bretaña, es directamente proporcional al temor que se apodera de una nación desacreditada e incompetente y a la corrupta élite gobernante mundial.

Los oligarcas globales no están seguros de que la próxima generación de títeres de reales, mediocridades que incluyen a un príncipe pedófilo y su hermano, un rey malhumorado y excéntrico que aceptó maletas y bolsos con $ 3.2 millones en efectivo del ex primer ministro de Qatar Sheikh Hamad bin Jassim bin Jaber Al Thani y que tiene millones escondidos en cuentas en el extranjero, estén preparados para el trabajo. Esperemos que tengan razón. “Tener una monarquía al lado es un poco como tener un vecino al que realmente le gustan los payasos y ha pintado su casa con murales de payasos, que muestra payasos en cada ventana y tiene un deseo insaciable de escuchar y discutir noticias relacionadas con los payasos”, escribió Patrick Freyne el año pasado en The Irish Times. «Más específicamente, para los irlandeses es como tener un vecino al que le gustan mucho los payasos y además tu abuelo fue asesinado por un payaso».

La monarquía oscurece los crímenes del imperio y los envuelve en nostalgia. Exalta la supremacía blanca y la jerarquía racial, justifica la regla de clases, refuerza un sistema económico y social que cruelmente descarta, y a menudo condena a la muerte, a aquellos considerados de raza inferior, la mayoría de los cuales son personas de color.

El esposo de la reina, el príncipe Felipe, quien murió en 2021, era conocido por hacer comentarios racistas y sexistas, explicados cortésmente en la prensa británica como «meteduras de pata«. Describió Beijing, por ejemplo, como “espantosa” durante una visita de 1986 y dijo a los estudiantes británicos: “Si se quedan aquí mucho más tiempo, todos tendrán ojos rasgados”.

Los gritos de los millones de víctimas del imperio, los miles asesinados, torturados, violados y encarcelados durante la rebelión de Mau Mau en Kenia, los 13 civiles irlandeses asesinados a tiros en el “Domingo sangriento”, los más de 4.100 niños de las Primeras Naciones que murieron o desaparecieron en las escuelas residenciales de Canadá, las instituciones patrocinadas por el Gobierno establecidas para “asimilar” a los niños indígenas a la cultura eurocanadiense y los cientos de miles asesinados durante la invasión y ocupación de Irak y Afganistán son ahogados por los vítores de las procesiones reales y el aura sacra que una prensa obsequiosa teje alrededor de la aristocracia. La cobertura de la muerte de la reina es tan abrumadoramente insípida, la BBC envió una alerta de noticias el sábado cuando el príncipe Harry y el príncipe William, acompañados por sus esposas, inspeccionaron los tributos florales a su abuela expuestos frente al castillo de Windsor, que la prensa podría también entregar la cobertura a los creadores de mitos y publicistas empleados por la familia real.

Los miembros de la realeza son oligarcas. Son guardianes de su clase. Los terratenientes más grandes del mundo incluyen al Rey Mohammed VI de Marruecos, con 176 millones de acres, la santa Iglesia Católica Romana con 177 millones de acres, los herederos del Rey Abdullah de Arabia Saudita con 531 millones de acres y ahora el Rey Carlos III con 6. 600 millones de acres de tierra. Los monarcas británicos valen casi 28.000 millones de dólares. El público británico proporcionará un subsidio de $ 33 millones a la familia real durante los próximos dos años, aunque el hogar promedio en el Reino Unido vio caer sus ingresos durante el período más largo desde que comenzaron los registros en 1955 y 227,000 personas se encuentran sin hogar en Gran Bretaña.

Los miembros de la realeza, para la clase dominante, valen el gasto. Son herramientas efectivas de subyugación. Los trabajadores postales y ferroviarios británicos cancelaron las huelgas planeadas por salarios y condiciones laborales después de la muerte de la reina. El Congreso Sindical (TUC) pospuso su congreso. Los miembros del Partido Laborista se deshicieron en sentidos homenajes. Incluso Extinction Rebellion, que debería saberlo mejor, canceló indefinidamente su “Festival de Resistencia” planeado. Clive Myrie, de la BBC, calificó la crisis energética de Gran Bretaña —causada por la guerra en Ucrania— que ha llevado a millones de personas a graves dificultades financieras de «insignificante» en comparación con las preocupaciones sobre la salud de la reina.

La emergencia climática, la pandemia, la locura mortal de la guerra de poder de EE. UU. y la OTAN en Ucrania, la inflación vertiginosa, el auge de los movimientos neofascistas y la desigualdad social cada vez más profunda serán ignorados mientras la prensa lanza floridos elogios al dominio de clase. Habrá 10 días de luto oficial.

En 1953 el Gobierno de Su Majestad envió tres buques de guerra, junto con 700 soldados, a su colonia, la Guayana Británica, suspendió la constitución y derrocó al Gobierno elegido democráticamente de Cheddi Jagan. El Gobierno de Su Majestad ayudó a construir y apoyó durante mucho tiempo al gobierno del apartheid en Sudáfrica. El Gobierno de Su Majestad aplastó salvajemente el movimiento independentista Mau Mau en Kenia entre 1952 y 1960, llevando a 1,5 millones de kenianos a campos de concentración donde muchos fueron torturados. Los soldados británicos castraron a presuntos rebeldes y simpatizantes, a menudo con pinzas, y violaron a niñas y mujeres. El Gobierno de Su Majestad heredó una riqueza asombrosa de los 45 billones de dólares que Gran Bretaña saqueó de la India, riqueza acumulada al aplastar violentamente una serie de levantamientos, incluida la Primera Guerra de Independencia en 1857. El Gobierno de Su Majestad llevó a cabo una guerra sucia para acabar con la guerra grecochipriota de la Independencia de 1955 a 1959 y más tarde en Yemen de 1962 a 1969.

La tortura, los asesinatos extrajudiciales, los ahorcamientos públicos y las ejecuciones masivas por parte de los británicos eran rutinarios. Luego de una prolongada demanda, el Gobierno británico acordó pagar casi 20 millones de libras esterlinas en daños a más de 5.000 víctimas de abusos británicos durante la guerra en Kenia y en 2019 se hizo otro pago a los sobrevivientes de la tortura del conflicto en Chipre. El Estado británico intenta obstruir los juicios derivados de su historia colonial. Sus acuerdos son una pequeña fracción de la compensación pagada a los dueños de esclavos británicos en 1835 una vez que, al menos formalmente, abolió la esclavitud.

Durante su reinado de 70 años, la reina nunca ofreció una disculpa ni hizo reparaciones.

El objetivo de la jerarquía social y la aristocracia es mantener un sistema de clases que nos haga sentir inferiores al resto de nosotros. Los que están en la parte superior de la jerarquía social entregan galardones por servicios leales, incluida la Orden del Imperio Británico (OBE). La monarquía es la base del Gobierno hereditario y la riqueza heredada. Este sistema de castas se filtra desde la Casa de Windsor, amante de los nazis, hasta los órganos de seguridad del Estado y el ejército. Rige la sociedad y mantiene a las personas, especialmente a los pobres y la clase trabajadora, en el lugar “adecuado”.

La clase dominante británica se aferra a la mística de la realeza y a iconos culturales en decadencia como James Bond, los Beatles y la BBC, junto con programas de televisión como «Downton Abbey», donde en la versión cinematográfica de 2019 los aristócratas y los sirvientes se convulsionan en febril anticipación cuando el rey Jorge V y la reina María programan una visita para proyectar una presencia global. El busto de Winston Churchill permanece prestado en la Casa Blanca. Estas máquinas de mitos sustentan la relación “especial” de Gran Bretaña con los Estados Unidos. Vea la película satírica “In the Loop” para tener una idea de cómo es esta relación “especial” por dentro.

No fue hasta la década de 1960 que se permitió que «inmigrantes de color o extranjeros» trabajaran en funciones administrativas en la casa real, aunque habían sido contratados como sirvientes domésticos. La casa real y sus jefes están legalmente exentos de las leyes que previenen la discriminación racial y sexual, lo que Jonathan Cook llama “un sistema de apartheid que beneficia solo a la familia real”. Meghan Markle, que es mestiza mixta y que contempló el suicidio durante su tiempo como miembro de la realeza trabajadora, dijo que un miembro de la realeza anónimo expresó su preocupación por el color de la piel de su hijo por nacer.

Comprobé este asfixiante esnobismo en 2014 cuando participé en un debate de Oxford Union preguntando si Edward Snowden era un héroe o un traidor. Fui un día antes para que Julian Assange, entonces refugiado en la embajada de Ecuador y actualmente en la prisión de Su Majestad en Belmarsh me preparara para el debate. En una lúgubre cena de etiqueta que precedió al evento me senté junto a un ex parlamentario que me hizo dos preguntas que nunca antes me habían hecho en forma sucesiva. “¿Cuándo vino tu familia a Estados Unidos?” dijo, seguido de «¿A qué escuelas asististe?» Mis antepasados, de ambos lados de mi familia, llegaron de Inglaterra en la década de 1630. Mi título de posgrado es de Harvard. Si no hubiera superado su prueba de fuego, habría actuado como si yo no existiera.

Los participantes en el debate (mi lado, que argumentaba que Snowden era un héroe ganó por poco) firmaron un libro de visitas encuadernado en cuero. Tomando el bolígrafo garabateé en letras grandes que llenaron una página entera: “Nunca olvidéis que vuestro principal filósofo político, Thomas Paine, nunca fue a Oxford ni a Cambridge”.

Paine, el autor de los ensayos políticos más leídos del siglo XVIII, Los derechos del hombre, La edad de la razón y el sentido común, criticó a la monarquía como una estafa “Un bastardo francés que desembarca con un bandido armado y se establece como rey de Inglaterra en contra del consentimiento de los nativos es, en términos sencillos, un sinvergüenza mezquino… La pura verdad es que la antigüedad de la monarquía inglesa no soporta el examen”, escribió sobre Guillermo el Conquistador. Ridiculizó la regla hereditaria. “Más valioso es un hombre honesto para la sociedad, y a la vista de Dios, que todos los rufianes coronados que jamás han existido”. Continuó: “Una de las pruebas naturales más extrañas de la locura del derecho hereditario en los reyes es que la naturaleza lo refuta, de lo contrario no lo ridiculizaría con tanta frecuencia, dando a la humanidad un asno por león”. Llamó al monarca “el bruto real de Inglaterra”.

Cuando la clase dominante británica trató de arrestar a Paine, este huyó a Francia, donde fue uno de los dos extranjeros elegidos para servir como delegado en la Convención Nacional establecida después de la Revolución Francesa. Denunció las llamadas a ejecutar a Luis XVI. “Aquel que quiera asegurar su propia libertad debe proteger incluso a su enemigo de la opresión”, dijo Paine. “Porque si viola este deber, establece un precedente que le llegará a él”. Las legislaturas sin control, advirtió, podrían ser tan despóticas como los monarcas sin control. Cuando regresó a Estados Unidos desde Francia condenó la esclavitud, la riqueza y los privilegios acumulados por la nueva clase dominante, incluido George Washington, que se había convertido en el hombre más rico del país. A pesar de que Paine había hecho más que cualquier figura individual para animar al país a derrocar a la monarquía británica, fue convertido en un paria, especialmente por la prensa, y olvidado. Había cumplido su utilidad. Seis dolientes asistieron a su funeral, dos de los cuales eran negros.

Puede ver mi charla con Cornel West y Richard Wolff sobre Thomas Paine aquí. https://www.youtube.com/watch?v=itvtwoVCTxM

Hay un anhelo patético entre muchos en los EE. UU. y Gran Bretaña de estar vinculados de alguna manera tangencial a la realeza. Los amigos británicos blancos a menudo tienen historias sobre antepasados que los relacionan con algún oscuro aristócrata. Donald Trump, quien diseñó su propio escudo de armas heráldico, estaba obsesionado con obtener una visita de Estado con la reina. Este deseo de ser parte del club, o validado por el club, es una fuerza poderosa que la clase dominante no tiene intención de abandonar, incluso si el desventurado rey Carlos III, quien junto con su familia trató con desprecio a su primera esposa Diana, lo estropee.

Chris Hedges. Periodista ganador del Premio Pulitzer que fue corresponsal en el extranjero durante quince años para The New York Times, donde se desempeñó como Jefe de la Oficina de Medio Oriente y Jefe de la Oficina de los Balcanes para el periódico. Anteriormente trabajó en el extranjero para The Dallas Morning News, The Christian Science Monitor y NPR. Es el presentador del programa The Chris Hedges Report.

25 de mayo de 2019

Las esclavas reproductivas de América

Chris Hedges

El miércoles, el día en que se anunció que la tasa de natalidad en los Estados Unidos bajó por cuarto año consecutivo, lo que indica el número más bajo de nacimientos en 32 años, la gobernadora de Alabama Kay Ivey promulgó la ley más draconiana contra el aborto en el país. Que los dos desarrollos vinieran al mismo tiempo no podría haber sido más revelador.

Las elites gobernantes son muy conscientes de que la tasa de natalidad estadounidense en constante descenso es el resultado de una "huelga de nacimiento" de facto por parte de mujeres que, incapaces de pagar un seguro de salud adecuado y facturas médicas exorbitantes y se les niega el acceso a la licencia parental remunerada, el cuidado infantil y la protección laboral , encontrarlo punitivo financieramente para tener hijos. Desde 1971, los nacimientos en los Estados Unidos no han estado en niveles de reemplazo, considerados 2,100 nacimientos por cada 1,000 mujeres a lo largo de su vida, una proporción necesaria para que una generación se remplace. El número de nacimientos actuales es de 1,728 por cada 1,000 mujeres, una disminución del 2% con respecto a 2017. Sin una infusión constante de inmigrantes, la población de los Estados Unidos se estaría desplomando.

"El esfuerzo por bloquear el control de la natalidad y el aborto no tiene que ver con la religión ni con los políticos que están complaciendo a una base de la derecha, ni es un resultado de la prudencia, ni es para castigar a las mujeres por tener relaciones sexuales", escribe Jenny Brown en su libro " Huelga de nacimiento: Lucha oculta por el trabajo de las mujeres "." Se trata del trabajo de criar y criar hijos: quién lo hará y quién lo pagará ".

Criar hijos no es una opción de estilo de vida. Es un trabajo laborioso que exige a los padres, y especialmente a las mujeres, enormes compromisos físicos, emocionales, financieros y de tiempo. La sociedad más amplia recoge los beneficios de este trabajo. Tiene la responsabilidad social y moral de compensar y ayudar a quienes crían niños.

La disminución de la tasa de natalidad es un indicador de la desesperación y la desesperanza que definen las vidas de decenas de millones de jóvenes estadounidenses que luchan financieramente y ven pocas esperanzas para el futuro. Solo al abordar esta inseguridad y desesperación financiera, al integrar nuevamente a la sociedad a aquellos que han sido dejados de lado, se puede revertir la espiral de la muerte de la nación.

En Suecia, los padres tienen derecho a 480 días de licencia pagada al nacer o adoptar un hijo; El subsidio financiado por el gobierno es el 80 por ciento de la paga del trabajo de los padres por los primeros 390 días y una cantidad reducida por los 90 días restantes. Los empleadores en Suecia pagan un impuesto sobre los salarios para financiar el permiso parental. A los desempleados se les concede un estipendio parental. Los padres pueden dividir la licencia entre los dos. Los hombres toman casi una cuarta parte de la licencia parental en Suecia, que tiene una de las tasas de natalidad más altas de Europa.

El estado corporativo de los Estados Unidos no tiene la intención de financiar programas y construir instituciones para aliviar la carga de criar y cuidar a los niños. Sí, el estado corporativo necesita cuerpos jóvenes como alimento para los militares inflados y las interminables guerras extranjeras. Sí, se necesitan trabajadores, especialmente un excedente de trabajadores, para trabajar en mano de obra servil y mal remunerada. Sí, necesita que los consumidores compren sus productos. Pero el estado corporativo, argumenta Brown, pretende alcanzar estos objetivos "con un mínimo de gasto del empleador y un máximo de trabajo no remunerado de mujeres". Si las mujeres se niegan a producir niños a los niveles deseados por los planificadores económicos, dice Brown, entonces el aborto y la anticoncepción Ser prohibido o hacer difícil obtener. La seguridad social y las pensiones serán abolidas, por lo que la única protección financiera contra la pobreza extrema para un padre anciano será que los niños estén dispuestos a mantener alimentados y alojados a sus padres. Ocho estados dramáticamenterestringir el acceso al aborto , y las legislaturas de otros estados están considerando una legislación para hacerlo. Kentucky, Mississippi, Missouri, Dakota del Norte, Dakota del Sur y Virginia Occidental tienen solo una clínica de aborto.

La caída en la tasa de natalidad es la verdadera razón por la que las mujeres se ven obligadas a convertirse en esclavas reproductivas. Mientras los salarios se mantengan artificialmente bajos (casi cuatro de cada 10 estadounidenses de mediana edad no tienen ahorros de emergencia, y una tercera parte tiene menos de $ 25,000 invertidos para la jubilación), siempre que se nieguen las pensiones, los niños se convierten, como en el mundo en desarrollo, La única forma de seguro de jubilación. Los formuladores de políticas asumen que estos ataques, junto con la privatización y destrucción de la Seguridad Social, obligarán a las mujeres a elevar la tasa de natalidad. El nombramiento de Brett Kavanaugh en la Corte Suprema hace probable que se revoque la decisión de Roe v. Wade de 1973 que legalizó el aborto. De hecho, la ley de Alabama, que no hace ninguna excepción para las víctimas de violación o incesto, está diseñada para ser impugnada legalmente y presentada ante el Tribunal Supremo de los Estados Unidos.

La prohibición del aborto no afectará a las élites. Vi esto en la Rumania comunista, donde el aborto y la anticoncepción eran generalmente ilegales desde 1966 hasta 1990, en un esfuerzo fallido por aumentar la población del país de 23 millones a 30 millones para el año 2000.

Como fue el caso en Rumania, las esposas, novias, amantes, hermanas e hijas de las élites en los Estados Unidos tendrán fácil acceso a abortos seguros, mientras que otras mujeres mueren a causa de procedimientos hechos en cuartos traseros escuálidos a manos de curanderos que cobran tarifas exorbitantes. En todo el mundo, casi 23,000 mujeres cada año no sobreviven a abortos inseguros , principalmente en países donde el aborto es ilegal o inaccesible. El número de muertos entre las mujeres rumanas por abortos inseguros durante el reinado de 1965-1989 del dictador Nicolae Ceausescu, que tomó medidas severas para elevar la tasa de natalidad del país, se estimó en 10.000.

Pasé dos años con la derecha cristiana en los Estados Unidos, a menudo con miembros del llamado movimiento "pro-vida", en la investigación para mi libro " Fascistas estadounidenses.: La derecha cristiana y la guerra en América ”. Estos fascistas cristianos, cuya versión herética del cristianismo es la ideología primaria utilizada para justificar la prohibición del aborto, tienen poca consideración por la santidad de la vida. Con gran entusiasmo bendicen a los militares y la caída de bombas de fragmentación de hierro en las familias y aldeas musulmanas en el Medio Oriente, apoyan fervientemente la pena de muerte y absolven a la policía militarizada que dispara a las personas de color desarmadas atrapadas en nuestras colonias urbanas internas. Sus extrañas fantasías apocalípticas se deleitan con la mutilación y el sufrimiento de los no creyentes, incluidos los judíos que no se convierten al cristianismo y los que descartan como "cristianos nominales". Una vez fuera del útero, se considera que los niños pobres no merecen ayuda y 12 millones De ellos se acuestan con hambre cada noche en este país.

La cruzada para los no nacidos enciende a fanáticos cristianos y fanáticos antiaborto con una indignación justa que puede conducir a la violencia. Fomenta un absolutismo moral auto-adulador y repugnante. Pero su objetivo final es despojar a las mujeres del control de sus cuerpos para revertir el declive en los nacimientos, especialmente los nacimientos blancos, así como restablecer un patriarcado tiránico.

Las elites gobernantes utilizan palabras clave como "relación de dependencia" y "crisis de derechos" para expresar su temor a la disminución de las tasas de fertilidad. Para adoctrinar al público, emplean la cultura de masas para difundir propaganda, incluida la que impulsa el movimiento del "derecho a la vida". Estas falsas cruzadas morales, siempre parte de la propaganda de masas utilizada para justificar la guerra, son portadas para perpetuar y consolidar los intereses de las élites.

La arquitectura del estado corporativo está diseñada para desempoderar a las mujeres. La mayoría de los salarios no son suficientes para que un trabajador pueda mantener a una familia. Esto significa que tanto el padre como la madre deben tener empleos que generen ingresos. Si un padre se toma un tiempo libre para criar a un hijo, el ingreso familiar disminuye, generalmente a la mitad, y con frecuencia también hay una pérdida de beneficios de salud, lo que deja al padre que cría al hijo dependiente del cónyuge. Esta dependencia económica hace que sea más difícil para una mujer abandonar una relación abusiva o fallida, perpetuando la impotencia de la mujer que está en el corazón del sistema. Al obligar a las parejas pobres a permanecer juntas, libera al estado de brindar beneficios mínimos. Si cada padre, por ejemplo, gana $ 15,000 al año, a una pareja a menudo se la excluye de programas sociales como el bienestar.

"Hay varios programas dentro del sistema de asistencia social que empujan a los padres a casarse", dijo Brown cuando la entrevisté en abril para mi programa de televisión, "On Contact". "Tienen nombres irreprochables como 'Healthy Families'. Lo que realmente están tratando de hacer es sacar a la gente del bienestar mediante la combinación de estos ingresos. Pero eso no resuelve el problema para esa pareja, que todavía no tiene acceso al cuidado de niños. Todavía no tienen acceso a salarios decentes. Todavía no podrán tomar ningún tiempo libre cuando se enfermen. Todas estas cosas, [garantizadas] por ley en la mayoría de los países europeos, no las tenemos aquí ".

El Seguro Social no es una cuenta de ahorros para la jubilación. Es un sistema de pago por uso para apoyar a los trabajadores jubilados. Si los salarios permanecen bajos y el número de trabajadores disminuye, los pagos a la Seguridad Social disminuirán y el programa entrará en crisis.

"Mi cheque de pago esta semana es el pago a la Seguridad Social de mi madre la próxima semana", dijo Brown. “Si la estructura de edad de la sociedad cambia, cambia la cantidad de personas que ingresarán al sistema. El problema es la estructura salarial. Este es el tema de la Seguridad Social. La intensa preocupación por los cambios demográficos se debe a que los empleadores se preocupan por tener que invertir más para la jubilación si continuamos con este sistema. Ellos no quieren hacer eso ".

Las familias de color, mientras tanto, son penalizadas por tener hijos. Los afroamericanos tienen 2,5 veces la tasa de mortalidad infantil de los blancos no hispanos. Los bebés afroamericanos tienen más del doble de la tasa de mortalidad del síndrome de muerte súbita infantil (SMSL) que los blancos no hispanos. Esos niños tienen el doble de probabilidades de tener asma, 56% más probabilidades de ser obesos y 61% más probabilidades de intentar suicidarse durante sus años de escuela secundaria. Con frecuencia, los niños de color son retirados de sus familias y puestos en hogares de guarda, un sistema que proporciona dinero a los padres de cuidado de crianza pero no a los padres biológicos, que a menudo viven por debajo del umbral de la pobreza.

Estos estadounidenses golpeados por la pobreza son demonizados en la cultura de masas como malos padres que no deberían tener tantos hijos. El setenta por ciento del dinero adeudado por los "papás de muerte" son aquellos que ganan menos de $ 10,000 al año. Estos hombres están obligados a pagar en promedio el 83% de sus ingresos por manutención infantil. Pierden sus licencias de conducir o son encarcelados cuando no pueden hacer los pagos. Walter Scott, un padre afroamericano, había sido arrestado y encarcelado, inicialmente debido a un error administrativo, tres veces por cargos de no pagar la manutención de los hijos. Sus sentencias de cárcel lo vieron perder sus trabajos. Cuando fue detenido por un policía por una luz de freno defectuosa en 2015, salió corriendo de su auto, temiendo que otro arresto por no pagar la manutención nuevamente lo dejaría desempleado. Terminó recibiendo un disparo mortal en la espalda.por el oficial de policía.

Ignorar la retórica religiosa y la postura moral sobre el aborto. Este debate no es sobre la santidad de la vida. Se trata de capitalistas corporativos que necesitan desesperadamente más cuerpos y tienen la intención de obligar a las mujeres a producirlos.

Chris Hedges. Columnista de Truthdig, un periodista ganador del Premio Pulitzer, uno de los autores más vendidos del New York Times,  profesor en el programa de estudios universitarios que Rutgers ofrece a los presos del estado de Nueva Jersey.


https://www.leerydifundir.com/2019/05/las-esclavas-reproductivas-america/

15 de abril de 2019

El martirio de Julian Assange

Chris Hedges

El arresto el pasado jueves de Julian Assange aniquila los pilares del estado de derecho y la prensa libre. Las ilegalidades, abrazadas por los gobiernos ecuatoriano, británico y estadounidense, en la incautación de Assange son ominosas. Presagian un mundo donde el funcionamiento interno, los abusos, la corrupción, las mentiras y los crímenes, especialmente los crímenes de guerra, llevados a cabo por los estados corporativos y la elite gobernante global serán enmascarados del público. Presagian un mundo donde aquellos con el coraje y la integridad para exponer el mal uso del poder serán perseguidos, torturados, sometidos a juicios simulados y recibirán penas de prisión de por vida en régimen de aislamiento. Presagian una distopía orwelliana donde las noticias se reemplazan con propaganda, trivialidades y entretenimiento. El arresto de Assange, me temo, marca el comienzo oficial del totalitarismo corporativo que definirá nuestras vidas.

¿Bajo qué ley el presidente ecuatoriano, Lenin Moreno, anuló de manera caprichosa los derechos de asilo de Julian Assange como refugiado político? ¿Bajo qué ley autorizó Moreno a la policía británica para ingresar a la Embajada de Ecuador, territorio soberano sancionado diplomáticamente, para arrestar a un ciudadano naturalizado de Ecuador? ¿Bajo qué ley la Primera Ministra Theresa May ordenó a la policía británica capturar a Assange, quien nunca ha cometido un crimen? ¿Bajo qué ley exigió el presidente Donald Trump la extradición de Assange, que no es ciudadano estadounidense y cuya organización de noticias no tiene sede en los Estados Unidos?

Estoy seguro de que los abogados del gobierno británico están haciendo lo que el estado corporativo les exige, utilizando argumentos legales engañosos para eviscerar los derechos consagrados por orden judicial. Así es como tenemos el derecho a la privacidad sin privacidad. Así es como tenemos elecciones “libres” financiadas con dinero corporativo, cubiertas por medios corporativos compatibles y bajo control corporativo férreo. Así es como tenemos un proceso legislativo en el que los cabilderos corporativos escriben la legislación y los políticos con contratos de empresa lo convierten en ley. Así es como tenemos el derecho al debido proceso judicial sin un debido proceso. Así es como tenemos un gobierno, cuya responsabilidad fundamental es proteger a los ciudadanos, que ordena y lleva a cabo el asesinato de sus propios ciudadanos, como el clérigo radical Anwar al-Awlaki y su hijo de 16 años.

Gran Bretaña utilizará como cobertura legal para el arresto la solicitud de extradición de Washington basada en cargos de conspiración. Este argumento legal, en un poder judicial ordinario, sería desestimado. Lamentablemente, ya no tenemos un poder judicial ordinario. Pronto sabremos si Gran Bretaña también carece de uno.

A Assange se le concedió asilo en la embajada en 2012 para evitar la extradición a Suecia para responder preguntas sobre denuncias de delitos sexuales que finalmente se retiraron. Assange y sus abogados siempre argumentaron que si se lo ponía bajo custodia sueca, sería extraditado a los Estados Unidos. Una vez que se le concedió el asilo y la ciudadanía ecuatoriana, el gobierno británico se negó a concederle a Assange un pasaje seguro al aeropuerto de Londres, atrapándolo en la embajada durante siete años durante los cuales su salud se deterioró constantemente.

El gobierno de Trump intentará juzgar a Assange por cargos de haber conspirado con Manning en 2010 para robar los registros de guerra de Irak y Afganistán obtenidos por WikiLeaks. El medio millón de documentos internos filtrados por Manning del Pentágono y el Departamento de Estado, junto con el video de 2007de pilotos de helicópteros estadounidenses que dispararon despreocupadamente a civiles iraquíes, incluidos niños y dos periodistas de Reuters, proporcionaron abundantes pruebas de la hipocresía, la violencia indiscriminada y el uso habitual de la tortura, las mentiras, el soborno y las crudas tácticas de intimidación del gobierno de los Estados Unidos en sus relaciones exteriores y las guerras en el medio oriente. Assange y WikiLeaks nos permitieron ver el funcionamiento interno del imperio, el papel más importante de la prensa, y por esto se convirtieron en la presa del imperio.

Los abogados del gobierno de los Estados Unidos intentarán separar WikiLeaks y Assange del The New York Times y del periódico británico The Guardian, que también publicaron el material filtrado de Manning, implicando a Assange en el robo de los documentos. Manning fue presionada repetidamente y brutalmente durante su detención y juicio para implicar a Assange en la incautación del material, algo que ella rechazó firmemente. Actualmente se encuentra en la cárcel debido a su negativa a declarar, sin su abogado, ante el gran jurado reunido para el caso Assange. El presidente Barack Obama le otorgó a Manning, quien recibió una condena de 35 años, clemencia luego de haber cumplido siete años en una prisión militar.

Una vez que los documentos y videos proporcionados por Manning to Assange y WikiLeaks fueron publicados y difundidos por medios como The New York Times y The Guardian, la prensa se volvió cruel con Assange. Los medios que habían publicado material de WikiLeaks durante varios días pronto sirvieron de conducto en una campaña de propaganda negra para desacreditar a Assange y WikiLeaks. Esta campaña coordinada de desprestigio se detalló en un documento filtrado del Pentágono preparado por la Sucursal de Evaluación de Contrainteligencia Cibernética con fecha 8 de marzo de 2008. El documento solicitó a Estados Unidos erradicar el “sentimiento de confianza” que es el “centro de gravedad” de WikiLeaks y destruirlo. La reputación de Assange.

Assange, quien con las filtraciones de Manning había expuesto los crímenes de guerra, las mentiras y las manipulaciones criminales de la administración de George W. Bush, pronto se ganó la ira del Partido Demócrata al publicar 70.000 correos electrónicos pirateados pertenecientes al Comité Nacional Demócrata (DNC) y senior Funcionarios demócratas. Los correos electrónicos se copiaron de las cuentas de John Podesta, presidente de la campaña de Hillary Clinton. Los correos electrónicos de Podesta expusieron la donación de millones de dólares de Arabia Saudita y Qatar, dos de los principales financiadores del Estado Islámico, a la Fundación Clinton. Expuso los 657.000 dólares que Goldman Sachs pagó a Hillary Clinton para dar charlas, una suma tan grande que solo puede considerarse un soborno. Expuso la mendacidad repetida de Clinton. Ella fue atrapada en los correos electrónicos, por ejemplo, le dijo a las élites financieras que quería “abrir comercio y abrir fronteras” y creía que los ejecutivos de Wall Street estaban mejor posicionados para administrar la economía, una declaración que contradecía las declaraciones de su campaña. Expuso los esfuerzos de la campaña de Clinton para influir en las primarias republicanas para garantizar que Trump fuera el candidato republicano. Expuso el conocimiento anticipado de Clinton sobre cuestiones en un debate primario. Expuso a Clinton como el principal arquitecto de la guerra en Libia, una guerra que ella creía que acabaría con sus credenciales como candidata presidencial. Los periodistas pueden argumentar que esta información, como los registros de la guerra, deberían haber permanecido ocultos, pero no pueden llamarse a sí mismos periodistas. Expuso los esfuerzos de la campaña de Clinton para influir en las primarias republicanas para garantizar que Trump fuera el candidato republicano. Expuso el conocimiento anticipado de Clinton sobre cuestiones en un debate primario. Expuso a Clinton como el principal arquitecto de la guerra en Libia, una guerra que ella creía que acabaría con sus credenciales como candidata presidencial. Los periodistas pueden argumentar que esta información, como los registros de la guerra, deberían haber permanecido ocultos, pero no pueden llamarse a sí mismos periodistas. Expuso los esfuerzos de la campaña de Clinton para influir en las primarias republicanas para garantizar que Trump fuera el candidato republicano. Expuso el conocimiento anticipado de Clinton sobre cuestiones en un debate primario. Expuso a Clinton como el principal arquitecto de la guerra en Libia, una guerra que ella creía que acabaría con sus credenciales como candidata presidencial. Los periodistas pueden argumentar que esta información, como los registros de la guerra, deberían haber permanecido ocultos, pero no pueden llamarse a sí mismos periodistas.

El liderazgo demócrata, con la intención de culpar a Rusia por su pérdida electoral, acusa de que los correos electrónicos de Podesta fueron obtenidos por piratas informáticos del gobierno ruso, aunque James Comey, el ex director del FBI, admitió que los correos electrónicos probablemente fueron entregados a WikiLeaks por un intermediario. Assange ha dicho que los correos electrónicos no fueron proporcionados por “actores estatales”.

WikiLeaks ha hecho más para exponer los abusos de poder y crímenes del Imperio Americano que cualquier otra organización de noticias. Además de los registros de guerra y los correos electrónicos de Podesta, hizo públicas las herramientas de piratería utilizadas por la CIA y la Agencia de Seguridad Nacional y su interferencia en las elecciones extranjeras, incluso en las elecciones francesas. Divulgó la conspiración interna contra el líder del Partido Laborista británico Jeremy Corbyn por los miembros laboristas del Parlamento. Intervino para salvar a Edward Snowden , quien hizo pública la vigilancia general del público estadounidense por parte de nuestras agencias de inteligencia, de la extradición a los Estados Unidos al ayudarlo a huir de Hong Kong a Moscú. Las filtraciones de Snowden también revelaron que Assange estaba en una “lista de objetivos de caza” de los Estados Unidos.

Un Assange de aspecto demacrado, cuando fue sacado de la embajada por la policía británica, sacudió su dedo y gritó: “El Reino Unido debe resistir este intento por parte de la administración Trump. ¡El Reino Unido debe resistir!

Todos debemos resistir. Debemos, de todas las formas posibles, presionar al gobierno británico para que detenga el linchamiento judicial de Assange. Si Assange es extraditado y juzgado, creará un precedente legal que pondrá fin a la capacidad de la prensa, que Trump ha llamado en repetidas ocasiones “el enemigo del pueblo”, para responsabilizar al poder. Los crímenes de guerra y finanzas, la persecución de disidentes, minorías e inmigrantes, el saqueo de las corporaciones de la nación y el ecosistema y el despiadado empobrecimiento de hombres y mujeres que trabajan para engrosar las cuentas bancarias de los ricos y consolidar el total de los oligarcas globales. El control sobre el poder no solo se expandirá, sino que ya no será parte del debate público. Primero ha sido Assange. Luego seremos nosotros.

8 de abril de 2013

La traición de los intelectuales


Chris Hedges

La reescritura que de la historia hacen las elites en el poder se hizo penosamente evidente cuando la nación marcó el décimo aniversario del comienzo de la Guerra de Iraq. Algunos afirmaron que se habían opuesto a la guerra cuando en realidad no había sido así. Otros, los “idiotas útiles de Bush”, sostuvieron que simplemente habían actuado de buena fe en función de la información de que disponían; que si hubieran sabido entonces lo que saben hoy, nos aseguraron, habrían actuado de forma muy diferente. Esto, por supuesto, es falso. Los promotores de la guerra, especialmente los “halcones liberales” –que incluían a Hillary Clinton, Chuck Schumer, Al Franken y John Kerry, además de académicos, escritores y periodistas como Bill Keller, Michael Ignatieff, Nicholas Kristof, David Remnick, Fareed Zakaria, Michael Walzer, Paul Berman, Thomas Friedman, George Packer, Anne-Marie Slaughter, Kanan Makiya y el difunto Christopher Hitchens- hicieron lo que siempre habían hecho: embarcarse en actos de supervivencia. Oponerse a la guerra hubiera sido un suicidio político. Y ellos lo sabían.

Sin embargo, estos apologistas actuaron no sólo como animadores de la guerra; en la mayoría de los casos ridiculizaron e intentaron desacreditar a todo aquel que cuestionó el llamamiento a invadir a Iraq. Kristof, en The New York Times, atacó al cineasta Michael Moore tildándole de teórico de la conspiración y escribió que las voces contra la guerra estaban sirviendo para polarizar lo que denominó como “cloaca política”. Hitchens dijo que aquellos que se oponían a atacar a Iraq “no creen en absoluto que Sadam Husein sea un chico malo”. Llamó “antiguo hippy descerebrado o vociferante neo-estalinista” al típico manifestante antibelicista. Una década después, los desganados mea culpa de muchos de estos cortesanos evitan siempre mencionar el papel más pernicioso y fundamental que jugaron en la preparación de la guerra: acallar el debate público. Aquellos de nosotros que nos manifestamos contra la guerra, enfrentados a la embestida de los “patriotas” de derechas y sus apologistas liberales, nos convertimos en parias. En mi caso, no importó que yo hablara árabe, no importó que hubiera pasado siete años en Oriente Medio, incluyendo varios meses en Iraq, como corresponsal en el extranjero. No importó que conociera cuáles eran los objetivos de esa guerra. Las críticas de que fuimos objeto tanto yo como otros opositores a la guerra, nos convirtió en sujetos despreciables por parte de una elite liberal que quería cobardemente demostrar su propio “patriotismo” y “realismo” respecto a la seguridad nacional. La clase liberal fomentó un odio rabioso e irracional hacia todos los críticos con la guerra. Muchos de nosotros recibimos amenazas de muerte y perdimos nuestros empleos, en mi caso en The New York Times. Diez años después, esos liberales belicistas siguen ignorando tanto su bancarrota moral como su mojigatería empalagosa. Pero tienen en sus manos la sangre de cientos de miles de seres inocentes.

Las elites en el poder, especialmente la elite liberal, han estado siempre dispuestas a sacrificar la integridad y la verdad a cambio de poder, ascenso personal, becas de fundaciones, premios, titularidades de cátedras, columnas, contratos de libros, apariciones en televisión, conferencias dotadas de generosos honorarios y estatus social. Saben lo que tienen que decir. Saben a qué ideología tienen que servir. Saben qué mentiras hay que contar: la mayor de las cuales es que asumen posturas morales sobre temas que no son precisamente inocuos o anodinos. Llevan mucho tiempo auspiciando esos juegos. Y, si sus carreras lo requirieran, nos venderían alegremente de nuevo. Leslie Gelb, en la revista Foreign Affairs, explicaba después de la invasión de Iraq: “Mi apoyo inicial a la guerra fue sintomático de las desafortunadas tendencias dentro de la comunidad de la política exterior, es decir, de la disposición e incentivos para apoyar las guerras a fin de conservar su credibilidad política y profesional”, escribió. “Nosotros, ‘los expertos’, tenemos mucho que reflexionar sobre nosotros mismos, aunque ‘pulamos’ a los medios de comunicación. Debemos redoblar nuestro compromiso con el pensamiento independiente, y acoger, en vez de desechar, opiniones y hechos que atacan la sabiduría popular, a menudo equivocada. Eso es al menos lo que nuestra democracia necesita”. La cobardía moral de las elites en el poder es especialmente evidente en lo que se refiere a la trágica situación de los palestinos. De hecho, se utiliza a la clase liberal para marginar y desacreditar a quienes, como Noam Chomsky y Norman Finkelstein, tienen la honestidad, integridad y coraje de denunciar los crímenes de guerra israelíes. Y la clase liberal se ve recompensada por ese sucio papel de ahogar el debate.

“Para mí, nada hay más censurable que esos hábitos mentales de los intelectuales que inducen a evadirse, a ese alejamiento característico de la postura difícil y con principios, que sabes que es correcta pero que decides no asumir”, escribió el difunto Edward Said. “No quieres parecer demasiado político; tienes miedo de parecer polémico; quieres mantener una reputación de ser equilibrado, objetivo y moderado; estás esperando que vuelvan a invitarte, a consultarte, a pertenecer a una junta o comité prestigioso, y por eso permaneces dentro de la corriente dominante establecida; porque esperas conseguir algún día un grado honorario, un gran premio, quizá incluso una embajada”.

Para un intelectual, esos hábitos mentales son corruptos por excelencia”, seguía Said. “Si algo hay que puede desnaturalizar, neutralizar y finalmente acabar con una apasionada vida intelectual, ese algo es la internalización de esos hábitos. A nivel personal, me he topado con ellos en una de las más complicadas de todas las cuestiones contemporáneas: la cuestión palestina, donde el temor a hablar claro sobre una de las mayores injusticias de la historia moderna ha coartado, ofuscado y amordazado a muchos que conocen la verdad y están en posición de servirla. Porque, a pesar del maltrato y denigración sufridos por cualquier claro defensor o defensora de los derechos y autodeterminación palestinos, merece la pena decir la verdad y que un intelectual compasivo y valiente la represente”.

Julien Benda sostenía en su libro publicado en 1927 “La Trahison des Clercs” [La traición de los intelectuales], que esto sólo se produce cuando no nos implicamos en la búsqueda de objetivos prácticos o ventajas materiales que nos puedan servir de conciencia y correctivo. Aquellos que trasladan sus lealtades a los objetivos prácticos del poder y a las ventajas materiales se castran a sí mismos intelectual y moralmente. Benda escribió que en otro tiempo se suponía que los intelectuales eran indiferentes a las pasiones populares. “Que eran un ejemplo de compromiso puramente desinteresado con las actividades de la mente y que generaron la creencia en el valor supremo de esta forma de existencia”. Se les veía “como unos moralistas que estaban por encima del conflicto de los egoísmos humanos”. “Predicaban, en nombre de la humanidad o de la justicia, la adopción de un principio abstracto superior y directamente opuesto a esas pasiones”. Esos intelectuales, reconocía Benda, no eran capaces, con demasiada frecuencia, de impedir que los poderosos “anegaran toda la historia con el ruido de sus odios y sus matanzas”. Pero, al menos, “impidieron que los legos establecieran sus acciones como religión, les impidieron que pensaran de ellos mismos que eran grandes hombres cuando perpetraban esas actividades”. En resumen, afirmaba Benda, “la humanidad hizo el mal durante dos mil años, pero honró a los buenos. Esta contradicción era un honor para la especie humana y creó la grieta por donde la civilización se deslizó en el mundo”. Pero una vez que los intelectuales empezaron a “jugar el juego de las pasiones políticas”, aquellos que habían “actuado como freno sobre el realismo de la gente empezaron a actuar como sus estimuladores”. Y es por esta razón por la que Michael Moore tiene razón cuando culpa a The New York Times y al establishment liberal, incluso más que a George W. Bush y Dick Cheney, por la guerra de Iraq”.

“El deseo de decir la verdad”, escribió Paul Baran, el brillante economista marxista y autor de “The Political Economy of Growth” [La economía política del crecimiento], es “sólo una de las condiciones para ser intelectual. La otra es el coraje, la disposición para emprender investigaciones racionales te lleven donde te lleven… resistiéndote… ante la cómoda y lucrativa conformidad”.

Aquellos que desafían tenazmente la ortodoxia de las creencias, que cuestionan las pasiones políticas dominantes, que se niegan a sacrificar su integridad para servir al culto del poder, son empujados a los márgenes. Son denunciados por las mismas gentes que, años después, afirmarán a menudo que estas batallas morales son las suyas. Pero son sólo los marginados y los rebeldes los que mantienen vivas la verdad y la investigación intelectual. Los que ponen nombre a los crímenes del Estado. Los que dan su voz a las víctimas de la opresión. Los que formulan las preguntas difíciles. Y más importante, los que exponen a los poderosos, junto a sus apologistas liberales, por lo que son.


* Chris Hedges, pasó casi dos décadas como corresponsal extranjero en Centroamérica, Oriente Medio, África y los Balcanes. Ha informado desde más de cincuenta países y ha trabajado para The Christian Science Monitor, National Public Radio, The Dallas Morning News y The New York Times, para el que estuvo escribiendo durante quince años.


http://www.truthdig.com/report/item/the_treason_of_the_intellectuals_20130331/

30 de enero de 2013

El mito del progreso humano


Chris Hedges

En la obra Réquiem por una especie: ¿Por qué nos resistimos a la verdad sobre el cambio climático? Clive Hamilton describe el lúgubre consuelo derivado de aceptar que "el catastrófico cambio climático es algo virtualmente seguro". Dice que para eliminar cualquier "esperanza falsa" hace falta un conocimiento intelectual y un conocimiento emocional. El primero es algo posible de lograr. El segundo es mucho más difícil de adquirir porque los seres querido, incluyendo nuestros hijos, están condenados a la inseguridad, la miseria y el sufrimiento en el transcurso de pocas décadas -si no en pocos años. Asumir emocionalmente el desastre que nos aguarda, lograr comprender a un nivel visceral que la élite en el poder no responderá racionalmente ante la devastación del ecosistema, es tan difícil como la aceptación de nuestra propia muerte. La lucha existencial más abrumadora de nuestro tiempo es asimilar -intelectual y emocionalmente- esta horrible verdad y continuar resistiendo contra las fuerzas destructivas.

La especie humana, encabezada por europeos y euro-americanos blancos, ha lanzado, desde hace 500 años, una estampida violenta de conquista, saqueo, depredación, explotación y contaminación de la Tierra -matando al mismo tiempo a las comunidades indígenas que hallan en su camino. Pero el juego ha llegado a su fin. Las fuerzas técnicas y científicas que permitieron crear una vida de lujos sin paralelo son las mismas fuerzas que nos condenan. La manía de la expansión económica y explotación sin límites se ha convertido en una maldición, en una sentencia de muerte. Pero incluso mientras se desintegra nuestro sistema económico y del medio ambiente, después del año más caliente en los 48 estados contiguos de EE.UU. desde que se lleva el registro iniciado hace 107 años, carecemos de la creatividad emocional e intelectual para apagar el motor del capitalismo global. Nos hemos atado a una máquina de la muerte, como lo explica el borrador del reporte del Comité Asesor de Evaluación y Desarrollo Climatológico Nacional.

Las civilizaciones complejas tienen el mal hábito de la auto-destrucción. Antropólogos, entre los que se incluye Joseph Tainter en El colapso de sociedades complejas, Charles L. Redman en El impacto humano en los medio ambientes de la antigüedad y Ronald Wright en Breve historia del progreso han expuesto los patrones comunes que conducen a la desintegración de los sistemas. La diferencia es que, en esta época, nuestra destrucción arrastrará a todo el planeta. Con este colapso final no habrá nuevas tierras para explotar, ni nuevas civilizaciones para conquistar, ni nuevos pueblos para sojuzgar. La conclusión de la larga lucha entre la especie humana y la Tierra será que los seres humanos sobrevivientes aprenderán una dolorosa lección sobre la ambición desenfrenada y el egocentrismo.

"Hay un patrón que se repite en las diferentes civilizaciones del pasado de desgaste de los recursos naturales, sobreexplotación del medio ambiente, expansión desmedida y sobrepoblación", sostiene Wright en una conversación telefónica desde su hogar en British Columbia, Canadá. Agrega: "Según el patrón, las sociedades tienden al colapso poco después de alcanzar el periodo de mayor magnificencia y prosperidad. Ese patrón se repite en numerosas sociedades, los antiguos romanos, mayas y sumerios del actual sur de Irak. Hay muchos otros ejemplos, incluyendo sociedades a menor escala como la Isla de Pascua. Las mismas causas de la prosperidad de las sociedades en el corto plazo, especialmente nuevas formas de explotar el medio ambiente como la invención de la irrigación, conducen al desastre en el largo plazo debido a complicaciones que no se pudieron prever. A esto lo llamo "la trampa del progreso" en el libro Breve historia del progreso. Hemos puesto en movimiento una maquinaria industrial de tal nivel de complejidad y dependencia en la expansión que no sabemos cómo arreglarnos con menos ni como lograr estabilidad en relación a nuestra demanda de recursos naturales. Hemos fracasado en el control de la población humana. Se ha triplicado en el curso de mi vida. Y el problema se agudiza por la brecha creciente entre ricos y pobres, la concentración de la riqueza, que asegura que nunca habrá suficiente para repartir. La cantidad de gente en extrema pobreza en la actualidad -cerca de dos mil millones- es mayor de lo que era la población total del mundo a principios del siglo XX. Eso no es progreso."

"Si continuamos negándonos a enfrentar la situación de una manera racional y ordenada marcharemos, tarde o temprano, hacia una suerte de gran catástrofe.", sostiene Wright. "Si tenemos suerte, será lo suficientemente grande como para despertarnos a nivel mundial pero no tanto como para eliminarnos. Ese sería el mejor de los casos. Debemos trascender nuestra historia evolucionista. Somos cazadores de la Era Glacial afeitados y vestidos de traje. No somos buenos pensadores a largo plazo. Preferimos atiborrarnos con carne de mamut sacrificando a todo el rebaño en el precipicio antes que ingeniarnos para conservar el rebaño y tener alimento diario para nosotros y nuestros hijos. Esa es una transición que nuestra civilización debe hacer. Y no la estamos haciendo."

Wright, que en su novela distópica Un romance científico, pinta un mundo futuro devastado por la estupidez humana, menciona "los intereses políticos y económicos afianzados" y la incapacidad imaginativa de la inteligencia humana como dos de los mayores impedimentos para un cambio radical. Y dice que estamos en falta todos los que usamos combustibles fósiles y todos los que participamos de la economía formal.

Las sociedades capitalistas modernas, sostiene Wright en su libro "¿Qué es América: Una breve historia del Nuevo Mundo", derivan del saqueo perpetrado por los invasores europeos contra las culturas indígenas del continente americano desde el siglo XVI al siglo XIX, combinado con el empleo de esclavos africanos como fuerza de trabajo sustituta de los nativos. La población de indígenas americanos decreció en un 90% a causa del sarampión y otras plagas nuevas. Los españoles no lograron conquistar ninguna de las grandes civilizaciones hasta que el sarampión empezara a hacer estragos; en efecto, los aztecas derrotaron a los españoles al principio. Si Europa no hubiera saqueado el oro de las civilizaciones azteca e inca, si no hubiera ocupado la tierra y se hubiera apropiado de los altamente productivos cultivos del Nuevo Mundo para explotarlos en sus granjas europeas, el crecimiento de la sociedad industrial en Europa habría sido mucho más lento. Karl Marx y Adam Smith señalaron que el influjo de riqueza desde las Américas hizo posible la Revolución Industrial y el inicio del capitalismo moderno. Fue la violación de las Américas, señala Wright, lo que desencadenó la orgía de la expansión europea. La Revolución Industrial también equipó a los europeos con sistemas avanzados de armamento, lo que hizo posible una mayor subyugación, saqueo y expansión.

"La experiencia de 500 años de expansión y colonización relativamente fáciles, de la constante toma de nuevas tierras, condujo al mito del capitalismo moderno de que es posible expandirse indefinidamente", dice Wright. "Es un mito absurdo. Vivimos en este planeta. No podemos dejarlo e irnos a otra parte. Tenemos que hacer ajustes a nuestras economías y demandas de la naturaleza dentro de los límites naturales, pero hemos tenido 500 años durante los cuales los europeos y los europeos- americanos, al igual que otros colonialistas han dominado el mundo. Este periodo de 500 años ha sido visto no solo como algo fácil sino también normal. Creemos que las cosas siempre serán más grandes y mejores. Tenemos que entender que ese largo periodo de expansión y prosperidad fue una anomalía. Algo así ha sucedido muy raramente en la historia y nunca volverá a suceder. Tenemos que hacer reajustes en la civilización a nivel integral para vivir en un mundo finito. Sin embargo, no lo estamos haciendo porque llevamos mucho bagaje, demasiadas versiones míticas de una historia deliberadamente distorsionada y un sentimiento profundamente enraizado de que ser moderno se reduce a tener más. Esto es lo que los antropólogos llaman una "patología ideológica", una creencia auto-destructiva que provoca el colapso y la destrucción de las sociedades. Estas sociedades continúan haciendo cosas realmente estúpidas porque no pueden cambiar la manera de pensar. Y en este punto nos encontramos nosotros ahora."

Y a medida que el colapso se hace palpable, si la historia de la humanidad puede servir de guía, nosotros como las sociedades en proceso de desintegración del pasado, nos refugiaremos en lo que los antropólogos llaman "cultos de crisis". La impotencia que sentimos frente al caos ecológico y económico desatará engaños colectivos más agudos, como la creencia fundamentalista en un dios o en dioses que vendrán a la tierra para salvarnos.

"Las sociedades a punto de colapso, a menudo, son víctimas de la creencia de que si realizan ciertos rituales todo lo malo desaparecerá", dice Wright. "Hay muchos ejemplos de ello a través de la historia. En el pasado esos cultos de crisis se impusieron entre los pueblos que habían sido colonizados, atacados y masacrados por extranjeros, de los pueblos que habían perdido control de sus vidas. Esos rituales representan la capacidad de recuperar el mundo del pasado, al que visualizan como una especie de paraíso. Buscan regresar a cómo eran las cosas. Los cultos de crisis se propagaron rápidamente entre las sociedades de indígenas americanos en el siglo XIX, cuando los indígenas y los búfalos eran masacrados con rifles de repetición y luego con metralletas. La gente llegó a creer que, como sucede en la 'danza de los fantasmas', si ellos hacían lo correcto desaparecería el mundo moderno que les era intolerable: el alambre de púa, las vías ferroviarias, el hombre blanco, las armas de fuego.

"Todos tenemos el mismo tipo básico de mecanismos psicológicos: somos muy malos para planear a largo plazo y nos aferramos a engaños irracionales frente a una amenaza seria", dice Wright. "Veamos, por ejemplo, la creencia de la extrema derecha de que si desapareciera el gobierno, recuperaríamos el paraíso de la década del 50. Veamos de qué manera permitimos que avance la exploración de petróleo y gas cuando sabemos que una económica basada en el carbón representa un suicidio para nuestros hijos y nietos. Ya se pueden sentir los resultados. Cuando se llegue al punto en el que grandes partes de la Tierra experimenten malas cosechas al mismo tiempo, tendremos hambrunas masivas y una ruptura del orden establecido. Eso nos depara el futuro si no tomamos medidas frente al cambio climático."

Dice Wright: "Si fracasamos en este gran experimento, el experimento de los simios que desarrollaron la inteligencia suficiente como para hacerse cargo de su propio destino, la naturaleza se encogerá de hombros y dirá que fue divertido dejar que los simios se hicieran cargo del laboratorio por un rato pero que después resultó una mala idea".


http://www.truthdig.com/report/page2/the_myth_of_human_progress_20130113/