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2 de febrero de 2024

Perú: La debacle

César Hildebrandt

Carmen Mc Evoy dijo hace unos días que estamos en un periodo de nuestra historia que podría llamarse “la debacle”. Tiene razón la historiadora.

Tiene razón, pero va presa.

Porque la mayor parte de mis compatriotas creen estar viviendo un gran emprendimiento: el de un país que, sin cumplir con sus deberes, se ha ganado todos los derechos. El pensamiento mágico convertido en doctrina republicana.

“Los peruanos somos chamba”, dicen en la radio que coordinaba con Vladimiro Montesinos. ¿Importa que más del 70% de nuestra economía sea informal? No mucho, si lo que se quiere es el engaño terapéutico.

La debacle es cabal. El país ha fracasado. Lo fundamos como una república y ha terminado siendo este desorden devorado por la corrupción.

¿Hay solución?

Sí, pero para que empecemos a torcerle el brazo al destino fatal que hemos construido entre todos lo primero que hay que hacer es admitir que estamos en el abismo. Mc Evoy propone una hipótesis más deprimente y gravitacional: “estamos cayendo”. Como si buscásemos con afán el fondo, el concolón de la desdicha.

En la conversación con la historiadora surgió el tema de las voces provincianas que, en los comienzos del Perú republicano,  debieron ser escuchadas y que habrían podido darle otro rumbo al país. Se refería al huamachuquino José Faustino Sánchez Carrión y al chachapoyano Toribio Rodríguez de Mendoza, por citar dos ejemplos. Eso es cierto.

El problema es que ahora no escuchamos voces sino que leemos prontuarios.

De Ayacucho procedía, como canto de resistencia en medio de la peor humillación de nuestra historia, Andrés Avelino Cáceres. ¿Cuántos gobernadores de esa región están sometidos a procesos penales por uso indebido de fondos públicos?

Campesinos del centro ganaron, desde el paisanaje armado, la batalla de Concepción. ¿Algún parentesco con Vladimir Cerrón y sus hábitos de ligereza financiera?

La mugre de Lima se reproduce como un virus en el Perú profundo. Y allí está César Acuña gobernando una región que llena de historias las páginas policiales más coloridas.

Hemos fracasado como Estado y como proyecto de nación. Hemos fracasado como sociedad atada por vínculos de colaboración y complementariedad. Hemos fracasado como modelo de crecimiento y hemos sido incapaces de abreviar los niveles de desigualdad. Y ahora asistimos a un festival obsceno de la derecha más navajera que nos repite hasta la náusea el mismo mensaje: la culpa de todo es del Estado y de los caviares que vivieron de él.

El verdadero tema no es ese, por supuesto. Lo que esa prensa quiere lograr es convencer a las mayorías de que el centro político debe borrarse y que la ultraderecha es la voz y que una dictadura neofujimorista nos librará de todo mal. Sueñan con un país dominado por una pandilla que nos aleje de los tratados internacionales sobre derechos humanos y que repita la receta de Fujimori: gobernar para los ricos fingiendo que redistribuye las sobras. Quieren ser Milei pero sin ganar las elecciones. Quieren entrar a Palacio por las cloacas.

El odio a los periodistas que se niegan a sumarse a esa prédica es significativamente selectivo. Ninguna de las víctimas de esas campañas inmundas hemos cedido a la intimidación y a los insultos públicos o en redes. Nos interesa el país como un foro de discusión y no como un antro regentado por Erasmo Wong.

Soñamos cojudignamente, a mucha honra, con una nación entusiasmada por la decencia, las buenas gestiones, la consideración de los otros, el equilibrio de poderes, la comprensión absoluta de que en una sociedad civilizada no puede haber excluidos crónicos ni parias por ancestro u origen.

Soñamos, sí, y seguiremos soñando. Preferimos luchar a nuestro modo por esa causa hasta ahora perdida que sumarnos al coro de la ultraderecha envalentonada.

Mc Evoy recordaba el lunes pasado que lo que más hemos olvidado es “el nosotros”. Pero es que esa adquisición cultural implica un instinto de semejanza del que carece la derecha y el sicariato que escribe por ella. Para esa gente el Perú sigue siendo un cosido trémulo de encomiendas, de repartos con gente adentro, de valles con nombre propio. Esa derecha jamás cedió y se mantuvo agazapada por muchos años. Renació con Fujimori y su proyecto autoritario y ambicioso: borrar toda esencia de solidaridad, decretar la ley de la selva, hacer del sálvese quien pueda un modo de entender la vida. Es decir, terminar de destrozarnos como comunidad nacional, fabricar un archipiélago de intereses y codicias arbitrado por la corrupción. Fujimori nos desalmó. Sus seguidores siguen empeñados en lo mismo.

Me produjo un enorme placer intelectual entrevistar a Carmen Mc Evoy. Escuchar a alguien que tiene brillos propios y una visión culta de nuestra historia es hablar con el país agónico que aún está a tiempo de sanarse. Depende de nosotros.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 671 año 14, del 02/02/2024

https://www.hildebrandtensustrece.com/

29 de mayo de 2023

Perú: Confusiones interesadas

Sinesio López

“¿El régimen político actual es una democracia, una dictadura o un régimen autoritario? Sin ruborizarse, los medios concentrados lo llaman democracia. Desde 1980 solo tenemos una democracia electoral”.

En el Perú estamos viviendo una gran confusión política y conceptual, creada por los medios concentrados y por algunos analistas y comentaristas, sobre el Gobierno, el régimen político y el Estado.

¿Quién gobierna? Dina Boluarte, dicen sin pestañear los medios concentrados. Debiera ser como “sucesora” constitucional de Castillo, pero no es así.

Dina Boluarte no pincha ni corta. Ni presencial ni virtualmente. Es el Congreso el que corta el jamón. Allí se ha formado una coalición de ultraderecha con el fujimorismo y con sectores conservadores de izquierda (políticamente radical y socialmente conservadora) que ha convertido a Boluarte en un mero títere y busca tener en sus manos, además del Poder Judicial, todos los organismos de control del Estado. Es un Gobierno sin legitimidad que se mantiene gracias al apoyo de los poderes fácticos (prensa concentrada, Confiep y FFAA) que participan en el Gobierno sin haber sido elegidos.

Si eso es así, ¿qué forma de Gobierno tenemos? Constitucionalmente el presidencialismo o, con más precisión, el presidencialismo parlamentarizado. Pero no es así. Este ha sido transformado por los golpes parlamentarios (desde 2016 en adelante) en un parlamentarismo puro y duro. La división y el equilibrio de poderes han desaparecido. Todo esto sucede cuando el Congreso no representa a nadie, salvo sus propios intereses individuales y de grupo. ¿Cómo llamar a este bicho político raro? Sugiero llamarlo parlamentarismo con vocación totalitaria.

¿El régimen político actual es una democracia, una dictadura o un régimen autoritario? Sin ruborizarse, los medios concentrados lo llaman democracia. Desde 1980 solo tenemos una democracia electoral. Nunca hemos tenido una democracia consolidada (Schmitter) ni una plena democracia de calidad (Morlino) que se vacía. Hoy esta democracia ya no es democracia. ¿Qué democracia es esa en la que gobiernan los que perdieron las elecciones?

¿Qué democracia es esa que, para afirmarse en el poder, busca el respaldo de las FF.AA a las que ordena asesinar a los ciudadanos que legítimamente protestan? Pero no estamos aún frente a una dictadura porque no es un régimen cerrado. Pese a que el Congreso concentra el poder, aún se respetan ciertas libertades y derechos. Es más bien un régimen autoritario, con un sistema político semiabierto.

¿Y qué pasa con el Estado? La prensa concentrada y algunos comentaristas despistados dicen que Castillo destruyó el Estado y que este Gobierno lo está reconstruyendo. Esta tesis es un chiste de mal gusto. La pandemia demostró que el Estado neoliberal es un desastre. Tiene muchas funciones y pocas capacidades. El interesado diseño constitucional, el mal diseño organizativo, la poca calificación de su burocracia y la carencia dramática de recursos (14% de presión tributaria) han configurado un Estado incapaz. Es, además, un Estado neopatrimonial al servicio del mercado y de los grandes empresarios y en desmedro del mismo Estado, de la sociedad y de los ciudadanos.

https://larepublica.pe/opinion/2023/05/25/confusiones-interesadas-por-sinesio-lopez-1318200