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14 de septiembre de 2025

Demonizar para después asesinar

Hedelberto López Blanch

La técnica utilizada por las potencias occidentales junto a los poderosos medios de comunicación hegemónicos para derrocar a presidentes, dirigentes políticos y personas que no les son afines a sus intereses ha sido primero demonizarlos para más tarde asesinarlos.

Varios ejemplos nos ilustran sobre esas campañas desinformativas que se han desarrollado con intensa profusión como las lanzadas contra Saddam Hussein en Irak y Muammar el Gadafi en Libia, y la desarrollada actualmente contra el presidente venezolano Nicolás Maduro Moros, por citar algunas de las más relevantes.

Dos grandes productores de petróleo en el Medio Oriente, Irak y Libia, cuyos gobiernos no eran del agrado de Estados Unidos ni de Europa Occidental, fueron presas de las ansias de esos países por adueñarse del llamado oro negro.

Cientos de miles de falsas informaciones eran lanzadas contra las «dictaduras» de Hussein y de Gadafi por los que también se ofrecían millonarias sumas por sus capturas.

Contra ellos se fueron tejiendo sendas aureolas demoníacas que los presentaban como los más «asesinos, sanguinarios y tiranos» del mundo.

Antes de la primera guerra iniciada en 1991 por George Bush (padre) contra Irak se lanzó una inmensa campaña de propaganda en Estados Unidos y una de ellas fue presentar, el 10 de octubre de 1990, ante el Congreso estadounidense a la joven kuwaití, Nayirah, de 15 años, que narró espeluznantes historia sobre los «presuntos asesinatos» cometidos por las tropas iraquíes.

Tres meses después del testimonio de Nayirah, el presidente George H. W. Bush lanzó la invasión de Irak. Pero resultó que las declaraciones de Nayirah no eran ciertas, como denunció años después el periodista John Rick MacArthur, presidente y editor de la revista Harper´s y autor del libro Segundo Frente: Censura y propaganda en la Guerra del Golfo de 1991.

A Nayirah al-Sabah solo se le presentó por su nombre de pila y resultó que era la hija del embajador de Kuwait en Estados Unidos, Saud Nasser al-Sabah. Nayirah había sido entrenada por la empresa de relaciones públicas Hill & Knowlton, contratada por el gobierno de Kuwait.

Todo fue parte de una campaña para convertir a Saddam Hussein (en el imaginario público) en Adolf Hitler, y la realidad era que no podrían vender a la gente la Guerra del Golfo sin devastadores pretextos como después lo hicieron con las mentiras sobre las armas biológicas que poseía Irak. O sea, se tejieron unas mentiras tras otras para adueñarse de las riquezas iraquíes.

En el caso de Libia sucedieron campañas desinformativas similares y ofertas millonarias para capturar vivo o muerto al «malo» Gadafi.

El líder libio había enfrentado los poderes occidentales, expulsó del país bases militares de Estados Unidos y Reino Unido, fortaleció lazos con gobiernos nacionalistas árabes y proponía alejarse del dólar en las transacciones internacionales, pero además en el territorio nacional existían enormes yacimientos de petróleo ambicionados por las compañías transnacionales.

Los sangrientos colmillos de la OTAN, encabezada por Estados Unidos, Reino Unido, Francia e Italia, junto con mercenarios al servicio de las potencias imperiales, cayeron sobre el caudal petrolífero de Libia y como colofón asesinaron a Gadafi.

Después de la llegada al poder en 1999 del presidente Hugo Chávez Frías la Revolución Bolivariana ha sido también blanco de agresiones, intentos de magnicidio, bloqueos económicos y financieros unidos a intensas y constantes campañas desinformativas contra su Gobierno.

A sus dirigentes, y en especial al presidente Nicolás Maduro Moros lo tildan de «dictador, narcotraficante» y de todo el imaginario difamatorio que se les ocurra a los personeros y medios hegemónicos de Estados Unidos y Europa Occidental.

Por informaciones sobre Maduro han ofrecido desde 15 millones de dólares hasta 50 millones actualmente, aunque el presidente elegido democráticamente en Venezuela aparece por todas las partes del territorio nacional en actividades y manifestaciones con su pueblo. La tesis es tratar de presentarlo como el tirano que hace sufrir a su pueblo.

Pero en esta ocasión, las fuerzas del mal imperial  chocaron con un Gobierno que junto al pueblo han logrado desvirtuar todas las campañas desinformativas y se han fortalecido para repeler cualquier agresión militar que pueda lanzar Estados Unidos propulsadas por el convicto presidente Donald Trump y el corrupto canciller Marco Rubio.

Ya no son tiempos en que las versiones informativas solo la ofrecían los medios de comunicación hegemónicos. Aunque la amenaza militar lanzada por el Pentágono y la Casa Blanca en aguas del Caribe es desproporcionada y alarmante, la comunidad internacional sabe perfectamente que detrás de esa agresividad se esconden las intenciones de Estados Unidos de adueñarse de las mayores reservas mundiales del crudo en suelo venezolano. En especial el pueblo y Gobierno bolivariano están alertas y prestos a defender su soberanía e independencia.

La técnica imperial de demonizar a dirigentes progresistas  para después asesinarlos, en el caso de Venezuela está llamada al fracaso aunque la comunidad internacional también tiene que estar alerta para continuar denunciándola.  

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

27 de enero de 2025

Cómo los medios estadounidenses ocultan la verdad sobre la guerra de Gaza

Norman Solomon

A pesar de la cobertura excepcional a la guerra de Gaza, lo más importante –lo que se siente al ser aterrorizado, masacrado, mutilado y traumatizado– ha permanecido casi totalmente invisible.

Unos días antes de que terminara 2024, la revista independiente  +972 informó de que

“las fuerzas del ejército israelí irrumpieron en el recinto del Hospital Kamal Adwan en Beit Lahiya, culminando un asedio de casi una semana al último hospital en funcionamiento en el norte de Gaza”.

Mientras el fuego se propagaba por el hospital, su personal emitió un comunicado en el que decía que

“los departamentos quirúrgicos, el laboratorio, el mantenimiento y las unidades de urgencias han quedado completamente quemados” y que los pacientes “corrían el riesgo de morir en cualquier momento”.

La revista explicó que “el asalto a las instalaciones médicas en Beit Lahiya es la última escalada en la brutal campaña de limpieza étnica de Israel en el norte de Gaza, que durante los últimos tres meses desplazó por la fuerza a la gran mayoría de los palestinos que viven en el área”. El periodismo de +972, en marcado contraste con la cobertura dominante de la guerra de Gaza por parte de los medios estadounidenses, ha brindado claridad sobre los eventos en tiempo real, situándolos en un contexto general en lugar de fragmentos episódicos.

+972 Magazine es el trabajo de periodistas palestinos e israelíes que describen sus valores fundamentales como “un compromiso con la equidad, la justicia y la libertad de información”, lo que necesariamente significa “un periodismo preciso y justo que destaque a las personas y comunidades que trabajan para oponerse a la ocupación y el apartheid”. Pero los valores operativos de los principales medios de comunicación estadounidenses han sido muy diferentes.

Algunos aspectos clave de cómo el establishment estadounidense ha narrado la “guerra contra el terrorismo” durante más de dos décadas fueron habituales en los medios y la política estadounidenses desde el comienzo de la guerra de Gaza en octubre de 2023. Por ejemplo:

. El discurso rutinario evitó las voces que condenaban al gobierno de Estados Unidos por su papel en la masacre de civiles.
. El aliado de Estados Unidos generalmente elude la responsabilidad por sus atrocidades de alta tecnología cometidas desde el aire.
. Las muertes de civiles en Gaza fueron presentadas habitualmente como no intencionadas.
. Las afirmaciones de que Israel pretendía minimizar las bajas civiles normalmente se tomaron al pie de la letra.
. La cobertura mediática y la retórica política se abstuvieron de reconocer que las acciones de Israel podrían encajar en categorías como “asesinato en masa” o “terrorismo”.
. En general, los medios de comunicación y los funcionarios del gobierno de Estados Unidos transmitieron la idea de que las vidas israelíes realmente importaban mucho más que las vidas palestinas.

Los medios estadounidenses han prestado una enorme atención a la guerra de Gaza, pero si han comunicado la realidad humana de manera apropiada es otra cuestión. La creencia o la noción inconsciente de que los medios de comunicación transmitían las realidades de la guerra terminó oscureciendo aún más esas realidades. Y las limitaciones inherentes del periodismo se agravaron por los sesgos de los medios.

Durante los primeros cinco meses de la guerra, el New York Times , el Wall Street Journal y el Washington Post aplicaron la palabra “brutal” o sus variantes con mucha más frecuencia a los palestinos (77 %) que a los israelíes (23 %). Los resultados de un estudio de Fairness and Accuracy In Reporting (FAIR) señalaron este desequilibrio “a pesar de que la violencia israelí fue responsable de más de 20 veces de las pérdidas de vidas”. Los artículos de prensa y de opinión seguían la misma línea; “la palabra ‘brutal’ fue más utilizada para caracterizar a los palestinos que a los israelíes».

A pesar de la cobertura excepcional que se ha dado en ocasiones, lo más importante de la guerra en Gaza –lo que se siente al ser aterrorizado, masacrado, mutilado y traumatizado– permaneció casi totalmente invisible. Poco a poco, los relatos superficiales que llegaban al público estadounidense empezaron a parecer repetitivos y normales. A medida que las cifras de muertos seguían aumentando y pasaban los meses, la guerra de Gaza fue perdiendo protagonismo como tema de las noticias, mientras que la mayoría de los programas de entrevistas rara vez la abordaban.

Al igual que en el caso de la matanza mediante bombardeos, la alianza entre Israel y Estados Unidos trató la hambruna, deshidratación y enfermedades letales como un problema de relaciones públicas. En el camino, los pronunciamientos oficiales –y las políticas que intentaron justificar– se basaron profundamente en la premisa tácita de que algunas vidas realmente importan y otras no.

El enfoque propagandístico se prefiguró para el 8 de octubre de 2023, cuando Israel estaba en estado de shock por las atrocidades que Hamas cometidas el día anterior. “Este es el 11 de septiembre de Israel”, dijo el embajador israelí ante las Naciones Unidas a los periodistas en Nueva York, y repitió: “Este es el 11 de septiembre de Israel”. Mientras tanto, en una entrevista con PBS News Weekend, el embajador de Israel en Estados Unidos declaró: “Este es, como alguien dijo, nuestro 11 de septiembre”.

Lo siniestro de proclamar el “11 de septiembre de Israel” fue lo que ocurrió después. Bajo un manto de victimización, Estados Unidos utilizó la horrible tragedia como excusa para matar, para la autoprotección y, por supuesto, la “guerra contra el terrorismo”.

Mientras Israel continuaba su guerra contra Gaza, las explicaciones a menudo eran una repetición de las razones que dio el gobierno estadounidense para la “guerra contra el terrorismo” después del 11 de septiembre: autorizar futuros crímenes contra la humanidad cuando fuera necesario a la luz de ciertos acontecimientos anteriores. El eco se sintió en el aire a finales de 2001, cuando el líder del Pentágono, Donald Rumsfeld, afirmó que “la responsabilidad de cada una de las víctimas de esta guerra, ya sean afganos inocentes o estadounidenses inocentes, recae sobre Al Qaeda y los talibanes”. Después de cinco semanas de masacrar al pueblo palestino, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, dijo que “cualquier pérdida de civiles es una tragedia” y rápidamente agregó que “la culpa debe recaer directamente sobre Hamás”.

Las licencias para matar se justificaban por sí solas y sin fecha de caducidad.

Fuente: https://original.antiwar.com/solomon/2025/01/21/how-us-media-hide-truths-about-the-gaza-war/

Este artículo es una adaptación del epílogo de la edición de bolsillo del último libro de Norman Solomon, War Made Invisible: How America Hides the Human Toll of Its Military Machine (The New Press).

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.