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27 de enero de 2025

Cómo los medios estadounidenses ocultan la verdad sobre la guerra de Gaza

Norman Solomon

A pesar de la cobertura excepcional a la guerra de Gaza, lo más importante –lo que se siente al ser aterrorizado, masacrado, mutilado y traumatizado– ha permanecido casi totalmente invisible.

Unos días antes de que terminara 2024, la revista independiente  +972 informó de que

“las fuerzas del ejército israelí irrumpieron en el recinto del Hospital Kamal Adwan en Beit Lahiya, culminando un asedio de casi una semana al último hospital en funcionamiento en el norte de Gaza”.

Mientras el fuego se propagaba por el hospital, su personal emitió un comunicado en el que decía que

“los departamentos quirúrgicos, el laboratorio, el mantenimiento y las unidades de urgencias han quedado completamente quemados” y que los pacientes “corrían el riesgo de morir en cualquier momento”.

La revista explicó que “el asalto a las instalaciones médicas en Beit Lahiya es la última escalada en la brutal campaña de limpieza étnica de Israel en el norte de Gaza, que durante los últimos tres meses desplazó por la fuerza a la gran mayoría de los palestinos que viven en el área”. El periodismo de +972, en marcado contraste con la cobertura dominante de la guerra de Gaza por parte de los medios estadounidenses, ha brindado claridad sobre los eventos en tiempo real, situándolos en un contexto general en lugar de fragmentos episódicos.

+972 Magazine es el trabajo de periodistas palestinos e israelíes que describen sus valores fundamentales como “un compromiso con la equidad, la justicia y la libertad de información”, lo que necesariamente significa “un periodismo preciso y justo que destaque a las personas y comunidades que trabajan para oponerse a la ocupación y el apartheid”. Pero los valores operativos de los principales medios de comunicación estadounidenses han sido muy diferentes.

Algunos aspectos clave de cómo el establishment estadounidense ha narrado la “guerra contra el terrorismo” durante más de dos décadas fueron habituales en los medios y la política estadounidenses desde el comienzo de la guerra de Gaza en octubre de 2023. Por ejemplo:

. El discurso rutinario evitó las voces que condenaban al gobierno de Estados Unidos por su papel en la masacre de civiles.
. El aliado de Estados Unidos generalmente elude la responsabilidad por sus atrocidades de alta tecnología cometidas desde el aire.
. Las muertes de civiles en Gaza fueron presentadas habitualmente como no intencionadas.
. Las afirmaciones de que Israel pretendía minimizar las bajas civiles normalmente se tomaron al pie de la letra.
. La cobertura mediática y la retórica política se abstuvieron de reconocer que las acciones de Israel podrían encajar en categorías como “asesinato en masa” o “terrorismo”.
. En general, los medios de comunicación y los funcionarios del gobierno de Estados Unidos transmitieron la idea de que las vidas israelíes realmente importaban mucho más que las vidas palestinas.

Los medios estadounidenses han prestado una enorme atención a la guerra de Gaza, pero si han comunicado la realidad humana de manera apropiada es otra cuestión. La creencia o la noción inconsciente de que los medios de comunicación transmitían las realidades de la guerra terminó oscureciendo aún más esas realidades. Y las limitaciones inherentes del periodismo se agravaron por los sesgos de los medios.

Durante los primeros cinco meses de la guerra, el New York Times , el Wall Street Journal y el Washington Post aplicaron la palabra “brutal” o sus variantes con mucha más frecuencia a los palestinos (77 %) que a los israelíes (23 %). Los resultados de un estudio de Fairness and Accuracy In Reporting (FAIR) señalaron este desequilibrio “a pesar de que la violencia israelí fue responsable de más de 20 veces de las pérdidas de vidas”. Los artículos de prensa y de opinión seguían la misma línea; “la palabra ‘brutal’ fue más utilizada para caracterizar a los palestinos que a los israelíes».

A pesar de la cobertura excepcional que se ha dado en ocasiones, lo más importante de la guerra en Gaza –lo que se siente al ser aterrorizado, masacrado, mutilado y traumatizado– permaneció casi totalmente invisible. Poco a poco, los relatos superficiales que llegaban al público estadounidense empezaron a parecer repetitivos y normales. A medida que las cifras de muertos seguían aumentando y pasaban los meses, la guerra de Gaza fue perdiendo protagonismo como tema de las noticias, mientras que la mayoría de los programas de entrevistas rara vez la abordaban.

Al igual que en el caso de la matanza mediante bombardeos, la alianza entre Israel y Estados Unidos trató la hambruna, deshidratación y enfermedades letales como un problema de relaciones públicas. En el camino, los pronunciamientos oficiales –y las políticas que intentaron justificar– se basaron profundamente en la premisa tácita de que algunas vidas realmente importan y otras no.

El enfoque propagandístico se prefiguró para el 8 de octubre de 2023, cuando Israel estaba en estado de shock por las atrocidades que Hamas cometidas el día anterior. “Este es el 11 de septiembre de Israel”, dijo el embajador israelí ante las Naciones Unidas a los periodistas en Nueva York, y repitió: “Este es el 11 de septiembre de Israel”. Mientras tanto, en una entrevista con PBS News Weekend, el embajador de Israel en Estados Unidos declaró: “Este es, como alguien dijo, nuestro 11 de septiembre”.

Lo siniestro de proclamar el “11 de septiembre de Israel” fue lo que ocurrió después. Bajo un manto de victimización, Estados Unidos utilizó la horrible tragedia como excusa para matar, para la autoprotección y, por supuesto, la “guerra contra el terrorismo”.

Mientras Israel continuaba su guerra contra Gaza, las explicaciones a menudo eran una repetición de las razones que dio el gobierno estadounidense para la “guerra contra el terrorismo” después del 11 de septiembre: autorizar futuros crímenes contra la humanidad cuando fuera necesario a la luz de ciertos acontecimientos anteriores. El eco se sintió en el aire a finales de 2001, cuando el líder del Pentágono, Donald Rumsfeld, afirmó que “la responsabilidad de cada una de las víctimas de esta guerra, ya sean afganos inocentes o estadounidenses inocentes, recae sobre Al Qaeda y los talibanes”. Después de cinco semanas de masacrar al pueblo palestino, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, dijo que “cualquier pérdida de civiles es una tragedia” y rápidamente agregó que “la culpa debe recaer directamente sobre Hamás”.

Las licencias para matar se justificaban por sí solas y sin fecha de caducidad.

Fuente: https://original.antiwar.com/solomon/2025/01/21/how-us-media-hide-truths-about-the-gaza-war/

Este artículo es una adaptación del epílogo de la edición de bolsillo del último libro de Norman Solomon, War Made Invisible: How America Hides the Human Toll of Its Military Machine (The New Press).

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

8 de julio de 2023

LA CIENCIA EN LAS NOTICIAS VIRALES

Alejandra Ruiz León

La tragedia del Ocean Gate nos reta a reflexionar sobre los científicos y los virales

El ciclo de noticias produce más información de la que cualquier ser humano puede seguir al detalle. Sin embargo, cada cierto tiempo una noticia parece acaparar todos los medios y conversaciones. Esta semana se trató de la desaparición y exposición del sumergible Ocean Gate, que realizaba una expedición para visitar los restos del Titanic. La tragedia tenía todas las características para volverse de interés mundial: la obsesión por los restos históricos, la falta de regulación del sumergible, los adinerados tripulantes, y el obsesivo control del fundador de la empresa. Pero la noticia también tenía una cuota científica que ha sido cubierta por comunicadores científicos y académicos, y nos brinda una oportunidad para reflexionar sobre el rol del conocimiento cuando las noticias son virales.

Lo primero que podemos identificar es que los comunicadores científicos y académicos también participan en el ciclo de noticias. Algunas personas piensan que los expertos solo aparecen en la televisión o en redes cuando ellos son quienes han liderado un descubrimiento. Sin embargo, noticias como la del Ocean Gate demuestran que los medios no solo incluyen las opiniones del personal de la Marina o de buzos especializados, sino también de académicos que realizan investigación básica o aplicada a estos temas. Un ejemplo es Stefano Brizzolara, quien es investigador de Ingeniería Aeroespacial y Oceánica en Virginia Tech, Estados Unidos. El científico ha sido presentado en diversos medios, como CBS News, como alguien que puede brindar “nueva información” sobre el caso, puesto que él realiza investigación sobre la exploración oceánica y es capaz de explicar las diferencias entre los equipos que usualmente se utilizan en investigación regulada y los equipos que fueron usados por el Ocean Gate.

La participación de científicos en medios tradicionales no es algo novedoso y tal vez haya sido en la pandemia del coronavirus cuando se haya dado el pico de participación de expertos en medios de comunicación. Sin embargo, la mayoría de nosotros ya no recibimos las noticias por la televisión, sino por redes sociales; y es en estas plataformas donde también se ha generado un espacio para la opinión de los expertos.  

Al ser la del Ocean Gate una noticia reciente, no existe información concreta sobre qué plataforma ha sido la más usada por los científicos para hablar sobre este caso. Anteriormente, podíamos asegurar que Twitter era la plataforma escogida. Sin embargo, después de los últimos cambios que transformaron el uso de las verificaciones e hicieron más difícil identificar a los expertos, no podemos asegurar que Twitter haya sido donde más información académica se haya publicado. Como siempre, YouTube y Facebook tienen gran cantidad de información sobre cualquier noticia, incluyendo contenido científico.

Por su parte, TikTok se posiciona como un lugar llamativo para la divulgación científica. En el caso de Ocean Gate, y otras noticias de interés mundial, esta información ya es viral en la plataforma, por lo que la nueva información científica no es limitada solo a quienes consumen información científica, sino que también se presenta a quienes siguen la noticia viral. Esto ocurre en cualquier plataforma de redes sociales; sin embargo, en Instagram o Twitter sí es más importante que los expertos ya cuenten con una comunidad de seguidores, lo cual pesa menos en Tiktok. Es así que un experto con una comunidad limitada de seguidores —o que nunca, en algunos casos, ha publicado en TikTok— puede publicar un video dando precisiones sobre el Ocean Gate en TikTok y obtener más de un millón de reproducciones. Un ejemplo es la cuenta de la doctora Ashley Spencer —@ash_phd en TikTok—, una física experta en materiales que explicó cómo afectaba que el sumergible estuviera hecho de fibra de carbono y de qué manera esto afectaba en las condiciones extremas a las que el sumergible estaba expuesto. El video cuenta ahora con 2.6 millones de vistas, una diferencia considerable con respecto a los otros videos que la investigadora publica, que usualmente oscilan entre las 10 y 20 mil reproducciones.  
La oportunidad que una noticia viral puede ofrecer a la divulgación científica también trae críticas. Para algunos colegas, la divulgación de la ciencia no debería perseguir la viralidad de las redes sociales, o entrar en el ciclo de las noticias, porque la rapidez que requieren esas respuestas da lugar a imprecisiones. Por mi parte, entiendo esta postura y estoy de acuerdo en que hay más posibilidad de ser imprecisos si no hay investigación de por medio para comentar sobre un caso. Pero, al mismo tiempo, sería irreal esperar a que se realice investigación sobre la implosión

 del Ocean Gate para poder realizar cualquier comentario cuando ya tenemos conocimiento que se puede aplicar a este caso.  También debemos reconocer que la participación cautelosa de los científicos en el ciclo de noticias influye positivamente en la confianza que existe en la ciencia. Por una parte, se demuestra cómo el conocimiento producido en las universidades e instituciones de investigación tiene una repercusión en el mundo real, y cómo esta nos ayuda a entender mejor qué sucede en emergencias y cómo reaccionan nuestros cuerpos y determinados materiales en situaciones extremas.

Esta conversación también da lugar a una segunda crítica, más importante, desde mi opinión. Gran parte del público ha señalado cómo las noticias se volcaron a cubrir la muerte de un grupo de personas adineradas que se embarcaron en una exploración poco regulada y la cantidad de recursos puestos en salvarlos. La gran diferencia viene en cómo las noticias cubren cuando miles de migrantes mueren anualmente tratando de llegar a las costas europeas y qué recursos se destinan a salvar las vidas de estas personas. Si bien algunos divulgadores científicos también han cubierto las desapariciones de migrantes en el mar, no es un tema frecuente en la divulgación. Por ejemplo, para el Ocean Gate, muchos divulgadores explicaban qué ocurren con tu cuerpo al estar expuestos a determinada presión o temperatura; algo que también sería importante de conocer en los casos de aquellas personas que están expuestas a condiciones extremas en las rutas hacia Europa para poder brindarles la ayuda necesaria.

La intensidad con la que las noticias han cubierto el hundimiento del Ocean Gate nos enseña que la ciencia sí tiene un lugar en las noticias virales. Pero también nos recuerda la responsabilidad social de la ciencia y la divulgación para explicar qué ocurre en otras emergencias, como los fallecimientos de los migrantes, aunque estas no acaparen titulares. Tratar de explicar nuestro entorno no solo es una respuesta a la demanda de información del público: también es fundamental para explicar aquellos mundos que usualmente ignoramos.

https://jugodecaigua.pe/la-ciencia-en-las-noticias-virales/