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12 de junio de 2023

Perú: Navegando a contracorriente

Gustavo Espinoza M.

Finalmente, y con la firma de Dina Boluarte y Alberto Otárola, el gobierno peruano autorizó el ingreso al país de tropas norteamericanas bajo el pretexto de “adiestrar” a los militares peruanos en la lucha contra la convulsión social, el terrorismo y otras lindezas.

Fue mediante la Resolución Legislativa N° 31758 publicada en el diario oficial, que los peruanos nos enteramos formalmente que se había concretado el acuerdo parlamentario aprobado a solicitud del Ejecutivo, y en detrimento claro de nuestra Soberanía.  Dicho de otro modo, dejamos de ser un país independiente, para convertirnos en colonia USA.

La operación no será parcial, sino total, porque mediante la Resolución complementaria N° 31757  se autorizó la incursión de  medios aéreos, náuticos y personal militar especializado, además, claro está, de servicios de inteligencia añadidos.

Cabe anotar que esta decisión fue firmada en Palacio de Gobierno el 31 de mayo, día de cumpleaños de la señora Boluarte, que apagó 61 velitas cantando el Happy Birthday probablemente en el idioma de James Monroe,

Tal vez la precaria ocupante del sillón presidencial pensó hacerse a sí misma un regalo que le devuelva la calma después de escuchar por todas partes la canción de los niños de la Escuela de Asillo en la provincia de Azángaro. Entonces, para combatir la depresión, firmó el dispositivo que puso en marcha este  operativo siniestro,

 Don más preciado que verse protegida por la Infantería de Marina de los Estados Unidos, no pudo concebir la señora en esta circunstancia, de modo que dejó de lado hasta el último resquicio de vergüenza que podría haberle quedado, y estampó su rúbrica en el documento que esperaba Washington para disponer la partida de sus soldados.

Hoy se sabe entonces que no serán 700 los uniformados que habrán de   arribar a nuestro suelo, sino 1,000.  Ellos aquí, harán “maniobras” en el afán de convencer a los peruanos que llegan “con fines pacíficos” aunque armados hasta los dientes (no todos los peruanos son pacíficos como ellos,  y nadie sabe a ciencia cierta cómo es que habrán de recibirlos, claro). La primera decepción, la tendrán sin duda, las gráciles muchachitas de la burguesía decadente capitalina, que los esperan rubios y de ojos azules.

Los que vendrán, más que seguro, serán portorriqueños, latinoamericanos, o afro descendientes; porque es a ellos a quienes el Pentágono les confiere el Alto Honor de ser carne de cañón en estas guerras que  la Casa Blanca inicia hasta en el más oscuro rincón del planeta, como cierta vez lo dijera George Bush cuando le tocó el turno de hacerlo.

Como se sabe, Estados Unidos tiene alrededor de 950 bases militares repartidas en más de 190 países y dos millones de soldados que viven en situación de “ocupantes” en distintos confines. Para la administración yanqui, son héroes, pero para los nativos de uno u otro suelo son simples mortales que pueden pagar muy cara su osadía,

Así se demostró en Nicaragua, donde los sacaron a pedradas primero,  y Sandino los hizo correr después; luego en Cuba -bahía  de cochinos- pero también  Vietnam, Laos, Siria, o Afganistán  para citar sólo algunos puntos donde quedaron los huesos de quienes llegaron en cierta ocasión en son de victoria.

Hay quienes sostienen que este asunto no tiene mayor importancia porque se trata de un “convenio de asistencia”   que viene del pasado.  Pero otras veces, los visitantes han sido menos; y las cosas han tenido un carácter distinto y hasta más discreto.

Hoy el país vive momentos de tensión. Desde diciembre pasado el 81% de los peruanos está virtualmente alzado contra el régimen impuesto desde el 7 de diciembre del año pasado, y que despliega su gestión revestido de un cinismo inconmensurable.

Objetivamente, la ciudadanía no está en disposición de aceptar pasivamente la presencia de tropas de ocupación.  Menos aún si, como es el caso, ellas se habrán de desplazarse por casi todo el territorio nacional, incursionando   para el cumplimiento y ejecución de “operaciones especiales” en lugares particularmente tensos, como Ayacucho, Huancavelica, Ucayali, Cusco o Apurímac.

Allí hubo muertos entre diciembre y febrero. Y esas tumbas, aún están frescas, como fresca también está la sangre que fuera derramada en sus campos y ciudades.

Más allá de las especulaciones que se puedan hacer, lo real es que el Perú vive una tensa calma. Y que el gobierno, no acierta una. Alberto Otárola acaba de hacer un inmenso   papelón en la Cumbre de Brasilia donde hasta el Presidente del Uruguay lo dejó con la mano estirada y los otros mandatarios lo dejaron en la esquina para que no los estorbe.

La cita que promoviera el mandatario brasileño Luis Ignacio Lula Da Silva fue un encuentro de primer nivel en el que se afirmó una nueva etapa en la tarea de construir el diálogo y la unidad de las naciones de América del Sur.

La agenda del evento -la integración regional y el cambio climático-   fue sustentada por macizas intervenciones de distintos mandatarios. Pero Gustavo Petro, Nicolás Maduro, Luis Arce y el propio Lula Da Silva trazaron una pauta constructiva y creadora.

La administración de Lima, nadando contra la corriente, no sólo hizo el ridículo sino que, adicionalmente, deslizó su perfil como la más sumisa y obsecuente de las dependencias en una región que afianza como derrotero esencial la defensa de la paz, la justicia, la independencia y la soberanía, palabras que aquí  algunos simplemente no conocen ni entienden.

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

25 de abril de 2023

Perú: El litio en el centro de la mesa

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Laura Arroyo

En nuestra región hablar de recursos estratégicos es particularmente importante. Somos principalmente exportadores de materias primas y sabemos el coste ambiental y social de ello. Hemos despedido a compatriotas que han defendido sus territorios con nada más que con sus cuerpos como escudo frente al abuso de capitales que ven en la tierra una mercancía y no nuestra propia garantía de vida. Sabemos también que el estado peruano, desmantelado especialmente gracias al paradigma de la constitución vigente, está ausente en la protección de nuestros territorios y nuestras gentes. Sebastian Contoricon lo sabía y murió por las mafias que aprovechan esa ausencia. Las comunidades ashaninkas hoy en pie de lucha lo saben también. Los más de 60 asesinados esta década por proteger nuestros territorios -porque lo hacen por todos y todas- nos lo recuerdan.

Por eso hablar de recursos estratégicos en nuestra región es tan importante. Porque no sólo hablamos de recursos, sino de territorios compartidos, vidas, lenguas y, por supuesto, sostenibilidad. En medio de este debate de fondo la coyuntura avanza muy rápido y hoy, a nivel mundial, se habla mucho del litio. De su papel fundamental en el desarrollo tecnológico pero también de las vías para que su explotación no suponga la destrucción de ecosistemas. De esto último, claro, se habla menos. La gran prensa mundial tiene claro el modelo que defiende. Para ello necesitan a los Estados débiles y fuera de la ecuación. Como simples mesas de partes que faciliten el intercambio que ceda territorios a grandes empresas.

Hoy que el litio está en el centro de la mesa hay movimiento. AMLO en México hace unas semanas y Gabriel Boric en Chile ayer han apostado claramente por la participación estatal protagónica en toda la cadena de exploración y explotación del litio. Esa es la diferencia entre entender recursos como mercancías y entenderlos como una oportunidad soberana de todo un país y no de unos cuantos. En México y en Chile defienden que este recurso estratégico esté en manos del Estado y no de los capitales privados. De sentido común aunque el grupo El Comercio y tus opinólogos favoritos digan lo contrario.

Tenemos abundantes lecciones sobre lo que significa entregar nuestros territorios a capitales privados que, en muchas ocasiones, además de incumplir la legislación nacional tributan fuera. De este modo explotan hasta secar nuestros recursos y las ganancias se las llevan. En la práctica no son ya “nuestros recursos”, son mercancía que beneficia a terceros. Los defensores de este modelo se llaman patriotas pero su patria está en el bolsillo, no en el suelo.

Tampoco podemos olvidar el conflicto latente que existe por esta forma de entender los recursos del territorio y el papel del Estado. Lo evidencian las comunidades que no ceden frente a esa injusticia. Saben muy bien que ese modelo los expulsa de sus territorios y que hay quienes se enriquecen a costa de ello. El rol de las y los defensores ambientales es invaluable en esta lucha. Pero a la vez es invisibilizado en la gran prensa que juega en pared con el gran capital y que si se atreve a denunciar a los defensores ambientales asesinados por su labor -algo que está bien hacer- no denuncian el modelo que perpetúa que está realidad se mantenga. Resulta paradójico que quienes muestran solidaridad frente a los asesinatos no sean capaces de entender que a lo mejor cuando hablamos de una nueva relación Estado-recursos-ciudadanía estamos hablando de un nuevo pacto social. Llamar fetichistas a quienes piden asamblea constituyente anula cualquier portada solidaria porque le quita contenido. No son casos aislados, son muertes por ese modelo que está en el corazón de la Constitución del 93.

México primero y Chile después están planteando otra mirada y aun así, mientras que en la región la apuesta gira hacia el cuidado medioambiental y el trabajo también con los privados pero dando protagonismo esencial al Estado, en Perú el modelo es intocable. El régimen actual sigue al régimen 93 del cual es heredero. La arquitectura no se toca ni en un centímetro. Un gobierno deslegitimado y con una incapacidad de gobernar evidente, con un país movilizado (en especial en el sur donde el litio se encuentra) insiste en la apuesta de depredación. ¿Qué puede salir mal? Todo.

Sin embargo, sabemos también que si no estamos solos ni solas se abren nuevas oportunidades. La colectividad es la mejor receta contra el neoliberalismo. Los buenos vientos del sur chileno son mala noticia para Boluarte porque su ingobernabilidad no tiene que ver sólo con su golpe de Estado y su dictadura cogobernada, sino con el modelo que esa dictadura implementa. Ese modelo que perdió en las urnas en 2021. Y la disputa está abierta. No lo digo yo, lo dicen hace cuatro meses las calles.

https://wayka.pe/el-litio-en-el-centro-de-la-mesa/?fbclid=IwAR1zjXE_9nZgG4YzMNpDhi6nuXGJvOZPt3fjk0-LYABH3ZbiqgFF5U0ydKs

28 de septiembre de 2022

En la ONU, América Latina

Gustavo Espinoza M.

Por decisión de las autoridades de Naciones Unidas, los primeros días de la  77 Asamblea General desarrollada en Nueva York, tuvieron como expositores a mandatarios de América Latina. Jefes de Estado y de gobierno de otros continentes, representantes especiales, y observadores internacionales; tuvieron no solo la ocasión de familiarizarse más con el idioma castellano, sino también tomar el pulso a un continente que marca la historia en el mundo de nuestro tiempo.

Claro que esto no ocurre por primera vez. Memorable fue la intervención de Fidel Castro en ese mismo escenario en 1960 -su primera presentación allí-, cuando despertó la pasión de multitudes, a la par que la ira del Imperio.  Igualmente, el discurso de Salvador Allende, quien llamó la atención del mundo aludiendo a la esperanza de su pueblo, y denunciando la barbarie que se avecinaba en su patria;  y que se cumpliera poco después.

También, la brava exposición de Hugo Chávez, quien comenzó su intervención fumigando el podio que poco antes había ocupado -él lo dijo- Satanás, aludiendo al Mandatario del Imperio.

Cada una de estas intervenciones mostró un hecho ineluctable: A  partir de enero de 1960, el continente situado al sur del Río Bravo, había dejado de ser el pasivo granero en el que se depositaban las riquezas que se habrían de llevar las grandes corporaciones; y se había convertido en un verdadero campo de batalla en el que nuevos gobiernos, y pueblos enteros, afirmaban la lucha por la independencia y la soberanía de sus Estados.

Ya el Imperio, en ese entonces, estaba a la defensiva. Y eso, ahora, es más notable. El nuevo continente, ese de José Gabriel Túpac Amaru;  de San Martin y Bolívar: de José Martí y de Sandino; de José Carlos Mariátegui y otros; había ya dado un salto cualitativo, que hoy se afirma. Por la ruta de los Libertadores, transitan ahora los pueblos de nuestro tiempo.

Eso explica el grito de Nayib Bukele, el mandatario salvadoreño, que trasmitió el desgarro del más pequeño país del continente, condenado al olvido y al ostracismo pese a haber regado la tierra con sangre generosa de su pueblo.

La formidable palabra de Gustavo Petro, el mandatario colombiano, que abofeteó al Imperio mostrando el fracaso total de su política anti drogas, defendió a la Amazonía y desnudó el papel siniestro del capital.

El verbo cadencioso y académico de Gabriel Boric, que afirmó la necesidad de construir un Chile democrático en el que se respeten las ideas y las personas, y se avance forjando niveles de dignidad y de justicia. Y la firmeza de Denis Moncada, el vocero de la Nicaragua Sandinista.

Desde la Pampa Argentina, llegó la palabra de Alberto Fernández demandando la devolución de las Malvinas, en manos del Imperio Británico; y exigió equidad y justicia en el trato internacional para no permitir que las deudas y los compromisos financieros contraídos en el marco del dogal del Neo liberalismo, ahoguen a los pueblos.

Y desde el Altiplano el boliviano Luis Arce anunció al mundo que ellos mismos explotarían el Litio y que no permitirían más el imperio de la sinrazón, ni el mandato de las armas.

Un hito en las exposiciones, lo marcó Bruno Rodríguez, que por Cuba, habló en nombre de un pueblo que “ha  pagado un alto precio por defender legítimo derecho a existir como nación soberana e independiente”. Durante más de 6 décadas, -dijo- “hemos resistido un despiadado y unilateral bloqueo recrudecido en extremo a niveles sin precedente”.  

Pronto, la Asamblea General de la ONU, con el voto del Perú, condenará una vez más, ese inicuo garrote que simboliza la barbarie.

Fue este el contexto en el que se escuchó la palabra de Pedro Castillo, el Maestro rural que tuvo, por primera vez, la ocasión de hablar ante más de tres mil millones de personas de todos los continentes y países. Habló de la guerra y de la paz, y marcó la injusticia y la impotencia que ella registraba; pero calló ante  la  política belicista, y los planes guerreristas de la OTAN, alentados por Washington y la Unión Europea.

La alocución del mandatario peruano tuvo méritos.  Condenó las sanciones contra algunos países al margen de la ONU.  Fue el modo de rechazar las acciones norteamericanas contra Rusia, pero también contra Cuba, Venezuela y Nicaragua. Pero debió ser más preciso y detenerse en el caso específico de la Mayor de las Antillas, sometida a un bloqueo genocida; del mismo modo cómo expresó su respaldo a Palestina, y a la causa Saharahui.

Pedro Castillo leyó una parte de su discurso, aquella que aludía al escenario mundial; pero habló sin papel, explicando a viva voz la crisis política por la que atraviesa el Perú. Y allí resultó más preciso: Condenó los cantados intentos de Golpe de Estado, que no solamente no cesan, sino que se acrecientan a la luz del odio ponzoñoso de la clase dominante, que no oculta su desprecio, su racismo y su vileza.

Curiosas resultaron las reacciones que tuvo aquí ese discurso. Mientras Castillo se esforzó por alentar la inversión extranjera asegurándole   garantía y beneficios; Mávila Huerta acudió al sarcasmo, para decir que era mentira.

Mientras el Mandatario peruano extendió la mano a sus opositores; ellos, en el parlamento, censuraron a sus ministros y alentaron a Lady Camones dotándola de puestos claves en la Sub Comisión de Acusaciones Constitucionales y en la Comisión de Constitución, para que “apurara” los proyectos destinados a “vacar” al Presidente; e iniciaron un debate para “rebajar” el número de votos requeridos para librarse de él.

En suma, el golpismo en acción, alentado por el cambio de mando en el Legislativo donde asoma un general dispuesto a cubrir su cuerpo con el fajín presidencial.

17 de diciembre de 2020

Perú: Se debe superar el rol subsidiario del estado


Jorge Manco Zaconeti

El modelo reconocido como neoliberal está en crisis en el Perú y el mundo. Por ello urge más que una reforma una nueva visión del rol del Estado en la economía y sociedad. Urge superar la relación del Estado con un mercado global y a nivel país, altamente concentrado como lo están la producción y la propiedad.

Los últimos movimientos sociales nos alertan del agotamiento del modelo económico y social instaurado desde los años noventa del siglo pasado, que secreta mayor desigualdad social y corrupción, a pesar de un relativo crecimiento económico y disminución relativa de la pobreza.

Haber tenido un crecimiento inducido por la bonanza externa de los precios de las materias primas como de los productos mineros y agroindustriales en el período 2001/2020 no garantizan la prosperidad ni el crecimiento sostenido. Así, cabría interrogarse ¿cuántos peruanos han regresado a la pobreza social como producto de la actual crisis económica y sanitaria?

ESTADO SUBSIDIARIO

Si se reconoce que el principal problema de la sociedad peruana es la falta de empleo, los altos niveles de subempleo, la inseguridad ciudadana, la fragilidad de los sistemas públicos de salud y educación, el Estado no puede seguir cumpliendo constitucionalmente un rol subsidiario.

El Estado no puede tener un rol subsidiario en la economía. Ello no significa volver a la recreación de numerosas empresas públicas, como se tuvieron desde los años setenta del período revolucionario de la Fuerza Armada con Velasco Alvarado, las mismas que terminaron en el más obtuso populismo con el “modelo heterodoxo” de García Pérez.

Empresas estatales que fueron privatizadas en su mayor parte en la década de los noventa del siglo pasado por el gobierno mafioso de Fujimori-Montesinos que pensaba entronizarse en un período de 20 años. El proceso privatizador se constituyó en un proceso de transferencia de riqueza desde el Estado hacia los grupos de poder y empresas transnacionales, y hoy estamos asumiendo las consecuencias.

Existen una serie de hechos y políticas que hacen evidente la falacia teórica y política del llamado rol subsidiario del Estado en la economía como lo establece la Constitución fujimorista de 1993.

REACTIVA CON SUBSIDIOS

La más importante es el programa “Reactiva Perú”, donde se han transferido S/60 mil millones de soles, aproximadamente US$17 mil millones de dólares a las empresas privadas, vía intermediación de la banca privada, para oxigenar a las empresas en la mayor crisis económica y sanitaria que registra la historia económica y mundial.

En una ingeniería financiera el Estado a través del Banco Central de Reserva del Perú, Ministerio de Economía y Finanzas y su ente financiero Cofide transfieren S/ 60 mil millones al capital privado, a bajísimas tasas de interés 2% a 3% anual. Es decir, un subsidio financiero a devolver en 48 meses, con un respaldo estatal del 80% si la deuda se vuelve impagable.

Así, si una empresa se endeuda por S/ 10 millones de soles y por una serie de factores incumple el pago del endeudamiento el Estado asume. El préstamo está garantizado por el Ministerio de Economía y Finanzas en un 80%. En otras palabras el crédito público asume el compromiso financiero.

Esta intervención del Estado en la economía de tipo keynesiano recuerda las políticas de rescate financiero en  la “gran depresión” de los años treinta del siglo pasado. Por tanto, más que de rol subsidiario el papel del Estado es de promotor, de salvador de las empresas, pues les otorga liquidez barata sin mayor riesgo.

CAMISEA COMO SEA

El rol promotor del Estado en materia energética es notorio y digno de resaltar para que el proyecto fuera posible. Así, por ejemplo, para incentivar las inversiones en energía térmica a gas natural, el Estado vía decreto supremo llegó a postergar las inversiones en proyectos de generación eléctrica hídrica. Un claro favorecimiento al sesgo eléctrico del proyecto Camisea.

Para rentabilizar la construcción del gasoducto que viene del campo Malvinas (Cuzco) a Lurín en el sur de Lima, se le tuvo que otorgar a los accionistas del Consorcio Camisea, la garantía de red principal el GRP. Es decir, todos los consumidores eléctricos tuvimos que asumir un cargo, un pago mensual en nuestros recibos, para hacer económicamente viable la construcción del gasoducto.

En el mismo sentido, para construir un mercado interno para el gas natural de Camisea, se tuvo que obligar a la empresa de generación hídrica estatal ElectroPerú a comprar 70 millones de pies cúbicos diarios de gas natural (70 MMPCD), para ser transferidos a la planta de Ventanilla de la empresa Edegel, hoy bajo control de la transnacional Enel de Italia.

Igualmente, para hacer posible el proyecto de exportación del gas natural del lote 56 que no tenía suficientes reservas probadas de gas natural que sirvan de garantía para un levantamiento financiero internacional de más de US $ 4,500 millones de dólares, el Estado dispuso el “préstamo” de dos trillones de pies cúbicos de gas natural del lote 88, que estaban expresamente disponibles para el mercado peruano.

En verdad, serían múltiples los ejemplos que demuestran que la intervención del Estado no ha sido subsidiaria. Ha tenido un sentido claro para favorecer intereses privados, sobre todo del gran capital y grupos de poder económico.

Por ello, el rol del Estado en la economía debiera de ser promotor e interventor para alcanzar el desarrollo económico y social del país, que permita disminuir las graves brechas en la desigualdad y pobreza, que no los solucionan las políticas del “libre mercado” que solamente existen en los libros de texto de economía.

El país demanda un Proyecto Nacional de Desarrollo, con una intervención enérgica del Estado en la promoción de las inversiones públicas y privadas, con instituciones democráticas que minimicen la corrupción, y resolver con equidad las graves y justas demandas sociales.