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3 de diciembre de 2025

Perú: Cambiar el capítulo económico

Pedro Francke

"Mejor economía requiere más democracia y mejor gestión pública, y esos principios orientadores deben estar en nuestra Constitución"

Aclaremos algo de entrada: el “capítulo económico” de la Constitución NO puede discutirse al margen del resto de la misma, por tres razones. Una, porque las disposiciones económicas tienen que estar en función de las visiones que tenemos del país y nuestros objetivos sociales. Dos, porque el arreglo de poderes impacta directamente en el manejo económico. Tres, porque la economía depende también de lo que suceda con la educación, la salud, el ambiente, la seguridad ciudadana y social, y la equidad y la justicia. Para los expertos constitucionalistas un principio básico es que las constituciones deben analizarse integralmente y no por pedacitos.

Hay otro asunto a aclarar: ¿de qué Constitución estamos hablando? Tuvimos la Constitución de 1993, hecha en dictadura y aprobada con fraude. Pero hubo un cambio SUSTANCIAL entre 2021 y 2023 por parte del Congreso y el Tribunal Constitucional (TC), que rompieron el equilibrio de poderes con la vacancia presidencial express e impidiendo de facto que un presidente llame a nuevas elecciones tras disolver un Congreso obstruccionista. Lo hicieron violando la misma Constitución que tanto dijeron defender. Además, en contra de la voluntad manifiesta del pueblo votada en referéndum, establecieron un Senado oligárquico e hiperpotente. Esta nueva estructura de poder tiene un profundo efecto económico. El que se haya impuesto un Congreso sin control convertido en el centro único del poder, le ha permitido nombrar un TC servil que le ha otorgado iniciativa de gasto en contra de la letra expresa de la Constitución. El déficit fiscal sin control es hijo del parlamentarismo mafioso sin control. Frente a eso, la ley del Congreso y las decisiones del TC que rompieron el equilibrio de poderes deben ser revertidas mediante disposiciones constitucionales más precisas y el Senado debe ser eliminado.

Vayamos ahora a la orientación principal de la Constitución. “La defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad son el fin supremo de la sociedad y del Estado”, dice el artículo primero. Eso está bien, pero ¿se debe dejar totalmente de lado el cuidado de la naturaleza y los demás seres vivos, la justicia y equidad, la cultura, la vida en comunidad y los bienes comunes? Esto atañe al orden fundamental que nos damos con la Constitución y que orienta a su vez la cuestión económica. La persona humana no está aislada de la sociedad ni del ambiente en que vivimos. El objetivo general de la economía debe establecerse como orientado al Buen Vivir con equidad, procurando pleno empleo y que las regiones postergadas y con menor bienestar del país sean priorizadas en su desarrollo.

Veamos ahora temas específicos. Hoy que enfrentamos una crisis de inseguridad, hay en el primer artículo de la Constitución otra cuestión a cambiar: el secreto bancario y la reserva tributaria. Lamentablemente, tras estos preceptos se han escudado los corruptos y las bandas criminales para mantener escondidos el dinero producto de sus robos y extorsiones. Eso frena considerablemente la lucha contra la inseguridad ciudadana. El respeto a la privacidad de los datos personales no puede ser pretexto para refugio de criminales y los fiscales deben poder tener acceso cuando las investigaciones lo requieren. Sigrid Bazán ya ha presentado un proyecto de reforma constitucional al respecto y eso está muy bien. Por otro lado, ¿no tenemos los ciudadanos el derecho a saber cuánto dinero tenían y cuánto han acumulado Dina Boluarte y Rafael López Aliaga mientras estuvieron en el poder? A menudo hemos visto reportajes que indican que candidatos, ministros y congresistas han mentido, ocultando sus riquezas, sin mayores consecuencias. Que la Constitución permita acceder a la información económica de delincuentes para luchar contra el crimen y la corrupción no es un detalle menor.

Sobre los aspectos referidos al manejo económico, pienso en algunos cambios importantes. Debe eliminarse el artículo que dice que un inversionista extranjero tiene los mismos derechos que uno peruano, disposición que no existe en ninguna Constitución de otro país americano y que hoy en el mundo las políticas de Estados Unidos, China, Europa y muchos otros países contravienen directa y explícitamente. Hay, además, varias definiciones que debieran ser parte de la Constitución por su importancia. El crecimiento económico debe ser sostenible ambientalmente. No puede hacerse a costa de deterioros ambientales que los pagarán futuras generaciones. Se debe mitigar y enfrentar el cambio climático. La enorme desigualdad e inequidad persistente y el racismo y el machismo no pueden seguir siendo ignorados. La corrupción y el lobismo mañoso deben ser señalados como males nacionales a ser combatidos con fuerza. Debemos tener una política de diversificación económica, industrialización y desarrollo tecnológico como parte de un plan nacional de desarrollo. Las cooperativas, comunidades y pequeñas empresas deben merecer un reconocimiento especial, así como el rol de la pequeña agricultura familiar en la seguridad alimentaria.

Hay, desde luego, temas importantes a mantener y profundizar en la Constitución, en especial las referidas a la estabilidad macroeconómica y el control de la inflación. Hay que defender la autonomía del Banco Central de Reserva y fortalecer la sostenibilidad fiscal, impidiendo que el Congreso apruebe exoneraciones tributarias contra la opinión del Ministerio de Economía.

Finalmente, hay definiciones claves sobre la democracia. No podremos romper con el dominio de los monopolios y grandes grupos de poder económico si no es dando poder al pueblo, y por eso la Constitución debe facilitar que se hagan referéndums sobre decisiones fundamentales tras un proceso amplio de deliberación. Junto a una meritocracia consolidada, eso fortalecerá la democracia y promoverá políticas económicas orientadas al bienestar de las mayorías y no reproductoras de desigualdad y exclusión. Mejor economía requiere más democracia y mejor gestión pública, y esos principios orientadores deben estar en nuestra Constitución.

27-11-2025

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 760 año 16, del 28/11/2025

https://www.hildebrandtensustrece.com/

12 de noviembre de 2025

Perú: Acá estoy, militante del Nuevo Perú

Pedro Francke


"Puedo señalarme a mí mismo y decirme qué demonios estoy pensando luego de tantas decepciones"

Es entendible el escepticismo de mucha gente frente a las elecciones venideras. Hay buenas razones para el pesimismo, dada la situación política actual. Hay cosas que no solo están mal sino que dan asco, mucha rabia y también traen desesperanza. La democracia ha sido recortada severamente por el fujimorismo y sus aliados y a varios candidatos opositores les están impidiendo participar en estas elecciones. El panorama está feo y peligroso. A pesar de todo, es indispensable buscar salidas para nuestra nación. Al final de cuentas, lo que somos y lo que seamos como sociedad es un resultado de lo que hacemos.

Me mantengo como militante de un partido. Soy necio. No he sido tan activo como pienso que es mi deber, pero acá estoy. Sé que soy una excepción. La desconfianza de los peruanos en los partidos es mayúscula. Puedo señalarme a mí mismo y decirme qué demonios estoy pensando luego de tantas decepciones, algunas de ellas profundas. Pero me respondo de dos maneras. Es claro que una de las causas de fondo de los males nacionales es la debilidad de los partidos y organizaciones ciudadanas, lo que facilita que el poder político sea capturado por corruptos y caudillos sin más norte que su propio beneficio. No hay progreso sin Estado y no hay democracia sin partidos vivos y organizados. Así que, si queremos buscar soluciones reales a la crisis que vivimos y a nuestros males históricos, no hay otra: se necesitan partidos democráticos fuertes. Claro que podemos decirnos, como frente a muchas otras cosas, que otros pueden hacer eso, que ese asunto no va con nosotros, que mejor que alguien más se encargue. O simplemente cerrar los ojos y mirar a otro lado. Pero a mí me impactó alguna vez esta frase: “Si no eres parte de la solución, eres parte del problema: ¡actúa!” (algunos se la adjudican a Lenin, quien si de algo sabía era precisamente de la acción).

Por otro lado, en el Perú y en nuestras vidas muchas veces enfrentamos problemas que recurren una y otra vez, que no parecen tener solución, que nos frustran reiteradamente pero frente a los cuales no nos queda más que seguir intentando. La salud pública en el Perú es pésima y no hemos logrado transformarla, pero no podemos abandonar esa brega. Igual sucede con la lucha contra la corrupción y el crimen organizado. Seguramente nunca acabaremos totalmente con esos males, pero no podemos bajar los brazos. Igual pienso de la participación política: es frustrante, nos da en el suelo una y otra vez, pero si el pueblo peruano termina de tirar la toalla, nuestro futuro será peor, dominado por un dictador abusivo y con más inseguridad ciudadana y conflictos internos. Como decía a veces mi madre: “no hay peor lucha que la que no se hace”.

Así que acá estoy, militante del Nuevo Perú por el Buen Vivir, hoy en la alianza Venceremos. Es un partido de izquierda que ha pasado por buenas y malas, pero con varias cualidades que me enorgullecen. Mantiene bien altas las banderas de la igualdad, los derechos y el bien común frente a una ofensiva reaccionaria llena de homofobia, racismo y machismo. Frente a los cincuenta asesinatos de Dina y el de Trvco, Nuevo Perú ha seguido luchando en las calles. Ha logrado un importante recambio de liderazgos. Verónika Mendoza tuvo un rol importante como nuestra candidata y hoy sigue militando, pero de otra manera: abriendo nuevos espacios de debate y formación, con una entereza extraordinaria. Sigrid Bazán ha destacado como una excelente congresista, consecuente, honesta y demócrata. En medio de la bazofia del Congreso, es de las pocas por quienes volvería a votar –y, de hecho, votaré por ella–. Nuestro candidato presidencial es Vicente Alanoca, de una comunidad campesina aimara, con dos doctorados en una universidad española y docente en la Universidad del Altiplano, juntando así la experiencia rural y la identidad del sur andino con un alto conocimiento científico. Lo acompaña en la plancha Gustavo Guerra-García y Dalia Abarca. Gustavo, un hombre de izquierda desde su juventud, me acompañó como viceministro de Hacienda, encargado del presupuesto público, un cargo de mayor peso en el Estado peruano que varios ministerios, y su gestión fue extraordinariamente buena. Otro candidato para las primarias era Guillermo Bermejo, pero una maniobra antidemocrática lo ha sacado de carrera. Es muy bueno también que haya democracia interna y no sólo para la plancha presidencial. Hace un par de semanas, voté en una elección interna, con voto secreto y directo, para los candidatos al Congreso. Consecuencia, democracia interna y recambio dirigencial que no son comunes entre los partidos en el Perú.

Frente a los problemas nacionales, ya presentamos 26 propuestas para el 2026. Para la economía, reforma tributaria y fin de las exoneraciones abusivas, gasto social, relanzamiento de la pequeña agricultura y crédito y tecnología para las pymes. Frente a la inseguridad ciudadana, derogatoria de las leyes procrimen y profunda reforma policial, inteligencia frente a las bandas, justicia rápida y penales seguros. Una nueva Constitución para reemplazar a la mafiosa que ha impuesto el fujimorismo, haciendo justicia a los pueblos originarios, priorizando la educación de calidad y el avance tecnológico. Muchas más propuestas y precisiones pueden leerse en https://nuevoperu.pe/.

En la izquierda la otra opción es el castillismo, pero prefiero una construcción orgánica, con elaboración programática, comunión de capacidades y firmeza en defender todos los derechos sin exclusión alguna. Hay también algunos candidatos de centro-derecha o de centro que me parecen decentes, pero sigo siendo un hombre de izquierda que no puede pasar por agua tibia el racismo de nuestra oligarquía y los abusos de sus monopolios. Así que yo me quedo con el Nuevo Perú. ¡Venceremos!

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 757 año 16, del 07/11/2025

https://www.hildebrandtensustrece.com/

5 de septiembre de 2022

Perú: Reflexiones sobre el buen vivir

Alberto Chirif

Uno de los primeros textos que recordamos haber leído sobre el tema del buen vivir y, por cierto, el más interesante, es el que escribió el pensador ecuatoriano de origen kichwa Carlos Viteri Gualinga, titulado “Visión indígena del Desarrollo en la Amazonía ”. Desde el subtítulo el autor se pregunta si existe el concepto de desarrollo en la cosmovisión indígena. Su respuesta es contundente: no. Viteri comienza a explicar que el desarrollo, como consecuencia de la acumulación de bienes y servicios, es un concepto ajeno a la concepción indígena, al igual que los de riqueza y pobreza. Existe, en cambio, el del “buen vivir”, planteado como un logro del esfuerzo humano destinado a crear las condiciones materiales y espirituales que permitan construirlo y mantenerlo. El “buen vivir”, señala él, es definido también como “vida armónica”, que en quichua recibe los nombres de “allí káusai” o “súmac káusai ”.  

Según Viteri, una diversidad de elementos condiciona las acciones humanas que propician el ‘alli káusai’, entre ellos, el conocimiento, los códigos de conducta éticas y espirituales en la relación con el entorno, los valores humanos, la visión de futuro y otros. Afirma que es una categoría en permanente construcción, con una trascendencia mayor a la sola satisfacción de necesidades y acceso a servicios y bienes.

En su reflexión, Viteri señala que el conocimiento “es la condición básica para la gestión de las bases locales ecológicas y espirituales de sustento y resolución autónoma de las necesidades”, y que este “supone el desarrollo de sistemas productivos coherentemente adaptados a las condiciones del entorno”. Afirma que este conocimiento, que es transmitido de una generación a otra, coloca “a los individuos de una comunidad en una condición equitativa en cuanto a capacidad, destreza, identidad y cosmovisión, establece también valores imprescindibles para los procesos productivos y de resolución autónoma de necesidades, como la solidaridad y reciprocidad, lo cual es evidente por ejemplo en la Minga. El conocimiento incluye además la esfera de lo trascendente o de lo espiritual”.    

La densidad de las ideas que hasta ahora hemos resumido de Viteri es tanta que queremos detenernos para analizarlas. Dado que su texto comienza con la pregunta sobre si existe el concepto de desarrollo en las sociedades indígenas es inevitable establecer comparaciones entre esta noción y la de buen vivir. Una primera diferencia es que mientras el desarrollo (y la riqueza, o su contrario, la pobreza) se definen en función del “tener”, la de buen vivir” se funda en el “ser”. País desarrollado es el que tiene más dinero y sus habitantes son más ricos porque disponen de él en mayor cantidad, sin importar, a veces, que su acumulación exceda los límites de las necesidades que un ser humano debe satisfacer a lo largo de su existencia. Aparece entones el concepto de derroche, es decir, del gasto no solo excesivo sino sin sentido: Imelda Marcos, la esposa del dictador de Filipinas Ferdinand Marcos, tenía más de 3000 pares de zapatos de lujo, lo que implicaba que podía usar calzado nuevo a lo largo de más de ocho años; Vladimiro Montesinos, disponía de decenas de relojes de oro y rubíes, algunos de los cuales costaban alrededor de 400 000 soles; un jeque árabe había comprado cincuenta autos Rolls Royce, uno para cada uno de sus hijos, para que circularan por un pista construida en medio del desierto, pero que no iba a ningún lugar y solo servía para ellos los muchachos transitaran; el dictador Pinochet había instalado grifería de oro en los baños de su casa que, por supuesto, servían para lo mismo que los de hierro, cromo o bronce: verter agua; y así por el estilo. La gran riqueza convierte el dinero en un concepto abstracto. Uno puede representarse mentalmente cien, quinientos, mil o un millón de soles, pero pierde la noción cuando se habla de riquezas personales de cien o doscientos mil millones de dólares. Como leímos alguna vez, en este punto el dinero pierde la realidad que lo hace comprensible y se convierte en cifras contables.

Otra de las diferencias entre desarrollo y buen vivir destacadas en las reflexiones de Viteri es el énfasis en el conocimiento. Si bien el enfoque del desarrollo también le da importancia al conocimiento, el carácter de este, en este caso, es totalmente diferente al que le otorga la concepción del buen vivir. Dentro de la concepción de desarrollo, el conocimiento afirma el poder individual de una persona, que, además, lo obtiene porque de antemano tiene poder: condiciones de educación especiales que le permiten acceder con ventaja a estudios superiores, y dinero familiar para pagar estudios costosos y disponer de tiempo dedicado exclusivamente a los estudios sin necesidad de trabajar. Claro que hay excepciones: becas otorgadas a jóvenes pobres súper genios, que luego son utilizados como propaganda para demostrar el carácter democrático de la sociedad capitalista.

En el caso del buen vivir, el conocimiento sirve para desarrollar sistemas productivos coherentemente adaptados a las condiciones del entorno y coloca “a los individuos de una comunidad en una condición equitativa en cuanto a capacidad, destreza, identidad y cosmovisión”, además de establecer valores imprescindibles para los procesos productivos y la resolución autónoma de necesidades. Es decir, es un conocimiento socialmente orientado, disponible para todas las personas y activado permanentemente a través de redes de reciprocidad, y, lo que es igualmente importante, ejercido en un hábitat de libre acceso para todas las personas, como son la tierra, los bosques, los ríos y las lagunas y los animales que los pueblan. La minga, mencionada por Viteri, es un mecanismo de reciprocidad que funciona para trabajos que demandan un esfuerzo que sobrepasa la capacidad individual de una persona o de una familia, como son talar el monte para establecer una chacra o plantar los horcones de una vivienda, o techarla. Pero el funcionamiento de la reciprocidad es mucho más intenso si consideramos el carácter doméstico de los circuitos a través de los cuales se comparten alimentos provenientes del monte, como la carne de animales, o del río, como el pescado. Esta práctica regular y cotidiana establece códigos de conducta éticas y espirituales entre las personas, y entre ellas y los seres protectores de la naturaleza, con quienes también las personas entablan relaciones de reciprocidad.

Esta concepción ha sido posible porque las sociedades indígenas han otorgado a los bienes un valor de uso y no de cambio. Es decir, mientras el valor de uso le confiere importancia a un bien porque satisface directamente una necesidad, el valor de cambio se genera mediante las ganancias que proporciona el bien al ser comercializado. El valor de uso es característico de las sociedades indígenas en las que sus integrantes producen todo lo que requieren para vivir: herramientas, alimentos, medicinas, vestidos y viviendas. Por el contrario, el valor de cambio es característico de sociedades especializadas, en las que unos producen alimentos, otros vestidos y otros, viviendas, herramientas, medios de transporte y bienes diversos que luego comercializan en el mercado. En las sociedades indígenas tradicionales una vivienda, una canoa o las herramientas de trabajo no producen renta porque no están sujetas a transacciones comerciales de alquiler, venta o hipoteca. Por eso cada uno no tiene más que la casa, la canoa o las herramientas que necesitaba para vivir, transportarse y producir. Los productos de la chacra no se venden, sino que se consumen y comparten mediante invitaciones, en forma de alimentos o de bebidas, mientras que los pescados y, sobre todo, la carne de los animales del monte está sujeta a normas de reciprocidad que obligan al cazador a distribuirla sus familiares. Este hecho tenía dos efectos: reforzar las relaciones sociales entre los miembros del grupo familiar y dar cierta seguridad a las familias para disponer de carne de manera más o menos continua, ya que, si un cazador no tenía suerte en obtener una pieza un determinado día, podía ser que un familiar suyo sí la tuviera y esto le aseguraba disponer de ese alimento.    

Se trata, sin embargo, de condiciones que han sido modificadas, y lo son cada día más, por la irrupción de la economía de mercado, que ha puesto valor monetario a todos los bienes de la naturaleza, incluyendo la tierra. Las comunidades indígenas producen cada vez menos bienes con valor de uso para su alimentación, construcción de viviendas y curación, e incluso alquilan sus tierras; y, en cambio, generan más bienes con valor de cambio (café, cacao, arroz y, de manera creciente, coca). Asimismo, destinan a la venta la producción que antes les servía para alimentarse (carne de monte y pescado). En este intento, las comunidades establecen relaciones de intercambio desfavorables porque el precio de venta de sus productos es insuficiente para adquirir bienes de similar calidad en el mercado. ¿Qué ha pasado?
 
La colonización no ha sido solamente un proceso de irrupción de foráneos sobre los territorios indígenas sino también de invasión ideológica que ha afectado severamente el tejido social de la reciprocidad y el conocimiento que, como señala Viteri, estaba orientado para “el desarrollo de sistemas productivos coherentemente adaptados a las condiciones del entorno”. Eso ha llevado a que muchos indígenas opten por las recetas del conquistador: vender sus tierras o alquilarlas, además, a precio de ganga; negociar los bienes que ellas poseen, en especial los bosques; e incursionar, como si se tratara de colonos, en actividades que implican peligro personal para las personas y el medioambiente (como el cultivo de coca, la producción de drogas y el lavado de oro), pensando que son alternativas para desarrollarse. Sin embargo, la realidad es diferente, y en este intercambio con el mercado, los indígenas se han ido convirtiendo en pobres. De esta manera, personas que gozaron de la abundancia en sus sociedades, se ven ahora convertidas en menesterosas que se acogen a los programas caritativos de los gobiernos que terminan por ahondar sus carencias e instalar el discurso de la pobreza en sus mentes.  

La economía de mercado, es decir, el valor de cambio de los bienes, es actualmente una realidad que no puede ser ignorada, por lo que debe ser tenida en cuenta para construir propuestas de buen vivir. Los retos que estas iniciativas enfrentan son severos. La recomposición territorial es uno de ellos, pero en este, como en todos los demás planteamientos que se realicen, deben buscarse soluciones adecuadas a la realidad. La existencia de territorios extremadamente fragmentados por la colonización obliga a generar propuestas creativas, puesto que no existen recetas únicas.

Liberarse de la colonización ideológica es otro de los retos que enfrenta la búsqueda de un nuevo paradigma del buen vivir que responda al contexto actual. Los procesos desatados en los últimos 50 años han afirmado visiones civilizatorias con resultados contrarios a lo que anunciaban, ya que el efecto del voceado desarrollo ha sido el aumento de la pobreza y la destrucción de las bases materiales de la única fuente real de riqueza existente en el Planeta: la naturaleza. Construir un nuevo acuerdo social que supere la visión imperante de satisfacción personal, egoísta, a la que no le importa pasar por encima del otro y de los derechos de la naturaleza —los verdaderos derechos, no aquellos que algunos gobiernos proclaman para actuar luego igual que sus predecesores— es un reto inmenso que demanda construir una nueva ética de relación entre los seres humanos y entre estos y los seres de la naturaleza.  

Pero un reto igual de grande es afirmar que el concepto de buen vivir pertenece a los pueblos indígenas: son ellos quienes lo han construido a lo largo de los tiempos, dándole distintos nombres e imprimiéndoles contenidos especiales que dependen de su diversidad étnica. Son ellos los que han experimentado los golpes destructivos por parte de un sistema que únicamente ambiciona la ganancia sin importante la dignidad de las personas y el cuidado de la naturaleza. En consecuencia, son ellos también quienes deben recomponer esta visión de buen vivir. Pero el buen vivir parece ahora una invención novedosa de gobiernos, organismos de desarrollo y ONG que elaboran planes y manuales, todos muy detallados, sobre los pasos que deben seguir los pueblos indígenas para lograrlo.

Luisa Elvira Belaunde, nuestra colega, escribió hace más de 20 años un libro llamado Viviendo Bien, que da cuenta del concepto de buen vivir entre el pueblo Airo Pai, también conocidos como Secoya. El espacio del que disponemos no nos permite explayarnos en comentarios sobre el libro. Nos referiremos, en cambio, a otro texto suyo, llamado “Vivir Bien: pensamiento social de la autonomía personal”, incluido en el libro en homenaje a Pedro García Hierro (“Perico”), editado a raíz de su muerte en 2015, en el que expone la manera como se ha tergiversado el concepto. Cito textualmente sus palabras; “A medida que han proliferado los escritos sobre sus nuevos sentidos, se abren cada vez más dudas sobre su comprensión. ¿O será que, como dice Silvia Rivera Cusicanqui (2010), el buen vivir ha sido cooptado por académicos y activistas políticos para quienes el pensamiento indígena es solo la materia prima sobre la cual elaboran sus argumentos sofisticados?”. Y se refiere luego a un taller dirigido por “administradores del buen vivir”, en el que estos les explicaron a los indígenas que alcanzar esta meta consistía en “tener una entrada de dinero regular, tener medios de transporte, etc. [proporcionando además] una larga lista de cosas y servicios que los pobladores deberían tener”. No es nuestra intención afirmar que para lograr el buen vivir haya que prescindir de bienes que faciliten el trabajo, sino la de destacar que se trata de una visión filosófica que no depende del equipamiento del hogar con electrodomésticos.

El buen vivir deben buscarlo los indígenas en su memoria colectiva, en consulta con mujeres y hombres sabios que conozcan sobre el tema.

1. Charla presentada en X ExpoAmazónica Amazonas 2022, realizada en la ciudad de Chachapoyas, en agosto de 2022.
2. https://journals.openedition.org/polis/7678
3. alli. adj. Bueno, sano. || Bueno, -na. Que tiene bondad en su género. Sumaq. || Gustoso, agradable. K'acha. // Kawsay, existir, vivir, // sumaq. adj. Bueno, -na. Que tiene bondad en su género. || Bueno, sano. Alli. || Gustoso, agradable. K'acha. Del Diccionario Bilingüe. Iskay simipi yuyayk'ancha. Teofilo Laime Ajacopa. Segunda edición mejorada. La Paz, 2007.


Agradecemos a Alberto Chirif por compartir sus comentarios con nuestras lectoras y lectores.