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7 de diciembre de 2025

Perú: Primarias ridículas

Ronald Gamarra

"Las que hemos padecido aquí no han sido ni abiertas, ni simultáneas, ni obligatorias"

Se celebraron las elecciones primarias para designar a los candidatos de los partidos a todos los cargos públicos electivos que se definirán en las elecciones generales de abril del 2026: presidencia de la república, primera y segunda vicepresidencias, senadores nacionales, senadores departamentales, diputados y representantes ante el Parlamento Andino. Según el anuncio oficial, los casi 40 partidos que compiten en este proceso habrían cumplido así con un requisito que, en teoría, debería estimular la democratización, la participación, la transparencia de los partidos y el sistema político del país.

En realidad, hay que decirlo, este proceso de las denominadas elecciones primarias ha sido una farsa descarada. De elecciones primarias, solo han tenido el nombre; esa es la dura verdad. Lo que se ha llevado a cabo con el nombre de “elecciones primarias” en este mes de noviembre no tiene absolutamente nada que ver con lo que se previó originalmente. La mayoría del pacto mafioso, que domina el actual Congreso, impuso cortes y supresiones fundamentales a lo previsto originalmente con la finalidad de preservar el poder de las cúpulas patrimonialistas y mafiosas que hacen de cada partido una chacra privada donde hacen lo que quieren.

Unas elecciones primarias llevadas a cabo como debería haber sido según el proyecto original pondrían en peligro el poder de los clanes que dominan los partidos políticos como si fueran negocios privados, que es lo que sucede desde hace tantos años en nuestro país. El patrimonialismo de algunos estrechos círculos ha sustituido por completo la vida política propia de los partidos para reemplazarla por el negocio. Todo se compra y se vende en los actuales partidos: las candidaturas, los puestos en las listas electorales, la posibilidad de cargos públicos o empleos en la administración del Estado.

Unas elecciones primarias auténticas habrían tenido tres características básicas, que han estado ausentes de modo absoluto en el proceso cumplido durante el mes de noviembre en nuestro medio: abiertas, simultáneas y obligatorias. De allí, el acrónimo con el cual se las suele denominar: PASO. Las que hemos padecido aquí no han sido ni abiertas, ni simultáneas, ni obligatorias. Apenas han sido una convalidación del patrimonialismo tradicional bajo un barniz formal. No tienen nada que ver con lo que realmente son unas elecciones primarias bajo el esquema de las PASO.

¿Qué significa que las elecciones primarias sean abiertas? Pues algo muy sencillo y a la vez importante: que en ellas participen, votando por los precandidatos, no solo los inscritos en el partido sino todo aquel ciudadano que sienta una afinidad o preferencia por esa agrupación. Esto permite airear radicalmente las capillas cerradas de las organizaciones partidarias, reconociendo a toda la ciudadanía el derecho a intervenir desde el momento mismo de la designación de los candidatos y pone una barrera a la compra-venta de las candidaturas y los lugares en las listas electorales.

¿Qué significa que las elecciones primarias sean simultáneas? No otra cosa que las primarias de todos los partidos se celebran el mismo día, de manera que la ciudadanía se moviliza para definir las candidaturas que irán a las elecciones generales y automáticamente quedarán desechadas las precandidaturas vencidas. Es un modo absolutamente democrático de definir lo que la ciudadanía juzga mejor para la competencia definitiva, desechando lo que no le parece aparente o atractivo. Además, las PASO deberían ser obligatorias para asegurar la más amplia participación ciudadana en el proceso.

Las elecciones primarias, bajo el esquema de las PASO, también deberían servir para cernir los partidos que vale la pena que vayan a las elecciones generales. Por eso, en las PASO se establece una valla mínima de votos, que podría ser igual a la establecida para las elecciones generales. Los partidos que no la pasen quedarían fuera del juego. Si tal norma se hubiese aplicado aquí, nos habría permitido rebajar fuertemente el excesivo número de partidos que participarán en las elecciones de abril, en lugar de hacer una vez más el ridículo, como ocurrirá con casi 40 partidos compitiendo el próximo año.

Nada de esto ha habido en estas primarias chicha, determinadas así por los intereses del pacto mafioso del Congreso. Casi todos los partidos, con excepción de dos, han hecho la finta de elegir unas decenas de delegados, los cuales designarán a los candidatos en un proceso dominado de principio a fin por cada cúpula, con candidaturas únicas en la gran mayoría de los casos, encabezadas o autorizadas por el dueño del partido. Estas primarias han sido absolutamente inútiles y no cambian nada a favor de la democracia.

Ejemplo claro de todo esto son las elecciones primarias del partido fujimorista, donde se ha designado a unos cuantos delegados que, a su vez, “elegirán” las candidaturas del partido, pero ¡oh, sorpresa!, solo hay una candidata: Keiko Fujimori, por cuarta vez postulando a la presidencia de la república. Qué clase de elección primaria democrática es esa, con todo digitado cuidadosamente para votar por una candidata única y sus dos serviles escuderos. Unas primarias que no admiten voto universal, ni siquiera de los militantes, sino el voto de unos delegados que no tienen sino una sola y única alternativa.

El partido de Porky es una de las dos excepciones, aunque no tanto. Tuvieron que ir a una votación de los militantes, aunque no era ni de lejos su intención. Pero se olvidaron de hacer el trámite necesario para eludir la votación de los militantes y elegir mediante delegados, tal como querían, de modo que la ONPE exigió cumplir. Entonces, fueron a votación de los militantes, pero con lista única, la de Porky presidente y nadie más. ¿Tiene algo de democrático un proceso así, hecho para ratificar al dueño del partido? Lo más grave es que el aspirante a presidente ni siquiera obtuvo 10 mil votos, un respaldo escuálido comparado con todo el dinero que Porky está gastando desde hace meses en la campaña.

La única excepción auténtica en este proceso ha sido el partido aprista. Debido al ambiente de guerra civil tribalizada que vive el PAP desde hace varios años, las elecciones primarias con votación universal de los militantes aparecían como una solución antes que la ruptura. Pero aún allí, la participación apenas superó la tercera parte del padrón de inscritos, algo más de 16 mil votos, cifra realmente pequeña. Eso sí, el resultado trajo sorpresas desagradables a la vieja guardia del partido, dividida en tres listas, que perdió la candidatura presidencial ante un novato desconocido fuera del partido, que obtuvo la nominación con apenas algo más de 3,700 votos. Es decir, nada.

04-12-2025

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 761 año 16, del 05/12/2025

https://www.hildebrandtensustrece.com/

12 de noviembre de 2025

Perú: Acá estoy, militante del Nuevo Perú

Pedro Francke


"Puedo señalarme a mí mismo y decirme qué demonios estoy pensando luego de tantas decepciones"

Es entendible el escepticismo de mucha gente frente a las elecciones venideras. Hay buenas razones para el pesimismo, dada la situación política actual. Hay cosas que no solo están mal sino que dan asco, mucha rabia y también traen desesperanza. La democracia ha sido recortada severamente por el fujimorismo y sus aliados y a varios candidatos opositores les están impidiendo participar en estas elecciones. El panorama está feo y peligroso. A pesar de todo, es indispensable buscar salidas para nuestra nación. Al final de cuentas, lo que somos y lo que seamos como sociedad es un resultado de lo que hacemos.

Me mantengo como militante de un partido. Soy necio. No he sido tan activo como pienso que es mi deber, pero acá estoy. Sé que soy una excepción. La desconfianza de los peruanos en los partidos es mayúscula. Puedo señalarme a mí mismo y decirme qué demonios estoy pensando luego de tantas decepciones, algunas de ellas profundas. Pero me respondo de dos maneras. Es claro que una de las causas de fondo de los males nacionales es la debilidad de los partidos y organizaciones ciudadanas, lo que facilita que el poder político sea capturado por corruptos y caudillos sin más norte que su propio beneficio. No hay progreso sin Estado y no hay democracia sin partidos vivos y organizados. Así que, si queremos buscar soluciones reales a la crisis que vivimos y a nuestros males históricos, no hay otra: se necesitan partidos democráticos fuertes. Claro que podemos decirnos, como frente a muchas otras cosas, que otros pueden hacer eso, que ese asunto no va con nosotros, que mejor que alguien más se encargue. O simplemente cerrar los ojos y mirar a otro lado. Pero a mí me impactó alguna vez esta frase: “Si no eres parte de la solución, eres parte del problema: ¡actúa!” (algunos se la adjudican a Lenin, quien si de algo sabía era precisamente de la acción).

Por otro lado, en el Perú y en nuestras vidas muchas veces enfrentamos problemas que recurren una y otra vez, que no parecen tener solución, que nos frustran reiteradamente pero frente a los cuales no nos queda más que seguir intentando. La salud pública en el Perú es pésima y no hemos logrado transformarla, pero no podemos abandonar esa brega. Igual sucede con la lucha contra la corrupción y el crimen organizado. Seguramente nunca acabaremos totalmente con esos males, pero no podemos bajar los brazos. Igual pienso de la participación política: es frustrante, nos da en el suelo una y otra vez, pero si el pueblo peruano termina de tirar la toalla, nuestro futuro será peor, dominado por un dictador abusivo y con más inseguridad ciudadana y conflictos internos. Como decía a veces mi madre: “no hay peor lucha que la que no se hace”.

Así que acá estoy, militante del Nuevo Perú por el Buen Vivir, hoy en la alianza Venceremos. Es un partido de izquierda que ha pasado por buenas y malas, pero con varias cualidades que me enorgullecen. Mantiene bien altas las banderas de la igualdad, los derechos y el bien común frente a una ofensiva reaccionaria llena de homofobia, racismo y machismo. Frente a los cincuenta asesinatos de Dina y el de Trvco, Nuevo Perú ha seguido luchando en las calles. Ha logrado un importante recambio de liderazgos. Verónika Mendoza tuvo un rol importante como nuestra candidata y hoy sigue militando, pero de otra manera: abriendo nuevos espacios de debate y formación, con una entereza extraordinaria. Sigrid Bazán ha destacado como una excelente congresista, consecuente, honesta y demócrata. En medio de la bazofia del Congreso, es de las pocas por quienes volvería a votar –y, de hecho, votaré por ella–. Nuestro candidato presidencial es Vicente Alanoca, de una comunidad campesina aimara, con dos doctorados en una universidad española y docente en la Universidad del Altiplano, juntando así la experiencia rural y la identidad del sur andino con un alto conocimiento científico. Lo acompaña en la plancha Gustavo Guerra-García y Dalia Abarca. Gustavo, un hombre de izquierda desde su juventud, me acompañó como viceministro de Hacienda, encargado del presupuesto público, un cargo de mayor peso en el Estado peruano que varios ministerios, y su gestión fue extraordinariamente buena. Otro candidato para las primarias era Guillermo Bermejo, pero una maniobra antidemocrática lo ha sacado de carrera. Es muy bueno también que haya democracia interna y no sólo para la plancha presidencial. Hace un par de semanas, voté en una elección interna, con voto secreto y directo, para los candidatos al Congreso. Consecuencia, democracia interna y recambio dirigencial que no son comunes entre los partidos en el Perú.

Frente a los problemas nacionales, ya presentamos 26 propuestas para el 2026. Para la economía, reforma tributaria y fin de las exoneraciones abusivas, gasto social, relanzamiento de la pequeña agricultura y crédito y tecnología para las pymes. Frente a la inseguridad ciudadana, derogatoria de las leyes procrimen y profunda reforma policial, inteligencia frente a las bandas, justicia rápida y penales seguros. Una nueva Constitución para reemplazar a la mafiosa que ha impuesto el fujimorismo, haciendo justicia a los pueblos originarios, priorizando la educación de calidad y el avance tecnológico. Muchas más propuestas y precisiones pueden leerse en https://nuevoperu.pe/.

En la izquierda la otra opción es el castillismo, pero prefiero una construcción orgánica, con elaboración programática, comunión de capacidades y firmeza en defender todos los derechos sin exclusión alguna. Hay también algunos candidatos de centro-derecha o de centro que me parecen decentes, pero sigo siendo un hombre de izquierda que no puede pasar por agua tibia el racismo de nuestra oligarquía y los abusos de sus monopolios. Así que yo me quedo con el Nuevo Perú. ¡Venceremos!

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 757 año 16, del 07/11/2025

https://www.hildebrandtensustrece.com/

2 de octubre de 2025

Perú: Mi decálogo para elegir

Maritza Espinoza

"Como ven, mis condiciones son modestitas. Ya veremos en diciembre, cuando se sepa exactamente a quiénes y a cuántos tendremos en carrera, si alguno cumple con por lo menos la mitad. Entretanto, crucemos los dedos y aguantemos los meses que faltan"

Sé que, a estas alturas, usted debe estar pensando en cosas muy trascendentes, como el escupitajo del “llamacongresista” a un periodista en Puno, los papelones de la presidenta en cada foro internacional que pisa o los desamores de Maju Mantilla, pero vengo aquí a recordarle que, dentro de apenas seis meses, tendremos unas elecciones generales en las que deberemos decidir quién dirigirá los destinos del Perú.

Las encuestas, todas prematuras en un país donde las cosas pasan en un segundo, coinciden en que, hasta este momento, las candidaturas que encabezan las preferencias del electorado - quitando al envidiado candidato Blanco/Viciado/Ninguno/No precisa, que se sitúa entre el 49% según Ipsos y el 62.7% según IEP- son tres: Keiko Fujimori, Rafael López Aliaga y uno de los Vizcarra (el orden es alfabético), seguidos de una miríada de aspirantes que por ahora no pinchan ni cortan.

Para entrar en detalle, los tres favoritos-no-tan-favoritos muestran cifras tan bajas que nada garantiza que pasen a segunda vuelta, salvo algún fraude en toda regla. Según Ipsos, el orden es: Rafael López Aliaga con 10% y Keiko Fujimori o Mario Vizcarra (el hermano del que todos sabemos), empatados con 7%. De otro lado, según IEP, el orden es:  Martín Vizcarra, con 9.2%; Rafael López Aliaga, con 8.5%; y Keiko Fujimori, con 5.9%.

Pero más allá de lo que puedan decir las encuestas, es fundamental que, desde ya, los peruanos vayamos estableciendo los criterios que usaremos para elegir a nuestro gobernante por los siguientes cinco años si la voluntad popular así lo quiere y, lo más importante, si un congreso propicio se lo permite y no lo vaca antes.

Personalmente, tengo bien clarito el filtro que voy a aplicar para elegir a mi candidato. Mi lista de requisitos es bien modesta y consta de diez puntos. Antes, debo decir que, como la Magdalena no está para tafetanes, no estoy buscando a un estadista a la europea ni a un inmaculado arcángel del Señor. No. Voy a elegir entre lo que haya. Y voy a rebuscar hasta el fondo del cajón, porque la fruta que se pone encima está demasiado manoseada.

Aquí les va mi decálogo para elegir

1. El candidato que yo elija debe tener un lenguaje que convoque y no divida. Nada de discursos de odio. Ya estamos demasiado enfrentados como para sumar más violencia a la campaña. Y lo mismo digo de sus seguidores: si insultan sistemáticamente a los contrarios y su candidato es incapaz de deslindar de ellos (por ejemplo, si no es capaz de repudiar los actos de La Pestilencia), descartado de plano.

2. Debe tener un equipo y una lista congresal de gente con talante democrático. No adoradores incondicionales que creen que la lealtad es apañar corruptelas, sino personas que lo siguen porque hay coincidencias programáticas, aunque puedan discrepar en algún momento.  

3. Debe tener claro que dictadura es dictadura, sea el gobierno de Alberto Fujimori o el de Nicolás Maduro. Y que facho es facho, sea Jair Bolsonaro o Vladimir Putin. Más aún: debe tener las agallas para advertir cuándo un gobernante elegido democráticamente coquetea con el autoritarismo, se llame Donald Trump o Nayib Bukele.

4. Sus futuros congresistas, todos, deben tener alguna preparación y conocimiento de la Constitución. Que se le cuelen uno o dos impresentables, vaya y pase, pero que no sea la norma, como ha pasado con este congreso, donde la decencia es la excepción absoluta.

5. No debe apostar al miedo. ¡Uy, el terrorismo! ¡Mamita, los venezolanos! No. Somos un país con demasiados traumas para meternos más terror.

6. Debe trasmitir un mensaje positivo. Esos candidatos que sólo ofrecen endurecer castigos, echar extranjeros, ajusticiar corruptos y aplicar pena de muerte hasta a los feos siempre me dan mala vibra. Además, la experiencia ha demostrado que la inteligencia policial junto a una justicia independiente funciona mejor que las penas extremas.

7. Debe tener un plan de gobierno decente. Así de poquito pido: un plan de gobierno que no sea una burla a la inteligencia ajena.

8. Sus candidatos a congresistas deben demostrar que conocen ese plan de gobierno y que trabajarán para que se plasme. Ídem para el candidato.

9. Que no salga con que temas como el calentamiento global, los derechos de las minorías o la diversidad cultural “no son temas urgentes”. Y que aborde esos temas sin que por delante estén sus odios o sus prejuicios. Si es casado, soltero, gay, monógamo, católico, budista, ateo, me es irrelevante. Eso sí, que no pretenda contrabandear eso como plataforma de gobierno.

10. Por último, debe garantizar que respetará el recambio democrático. Es decir, que no se quedará ni un minuto más que sus cinco años en el poder. Esto es innegociable, porque a menudo vemos a prospectos de dictador que, por hacer una cosa bien (que es su chamba) y tener apoyo popular, se creen indispensables y aprovechan la racha de popularidad para violar, alterar o soslayar mandatos constitucionales.

Como ven, mis condiciones son modestitas. Ya veremos en diciembre, cuando se sepa exactamente a quiénes y a cuántos tendremos en carrera, si alguno cumple con por lo menos la mitad. Entretanto, crucemos los dedos  y aguantemos los meses que faltan.

Fuente: https://larepublica.pe/opinion/2025/10/02/mi-decalogo-para-elegir-por-maritza-espinoza-hnews-52234

26 de septiembre de 2025

Perú: Sé por quién no voy a votar

César Hildebrandt

"No votaría, en suma, por quienes ven en la política el modo que les queda de ascender socialmente"

No tengo la menor idea respecto de por quién votaré en las próximas elecciones. Es más: no sé si iré a votar. El escepticismo me dice que no vaya, el pesimismo me condena a la abstención, el realismo me aleja de ese simulacro de urna y tele.

Pero si venciera toda esa pesadumbre y llegara a votar, lo que sí sé es por quiénes no votaría.

No votaría por los canallas que dicen tener resuelto todo, agendado el Perú, claras las cosas, visionaria la mirada, de piedra el pulso. Esos son los peores. Son los del ego obeso y la criollada en la punta de la lengua. Esos juran por su madre que lo que menos tienen es la ambición de coronarse y que lo único a lo que aspiran es a servir al país.

Tampoco votaría por los imbéciles que no saben conciliar género y número y que creen que el castellano en ruinas es otra maravilla del mundo. Me cansé de ser benévolo con la miseria intelectual y la falta de educación. Me he salido del club paternalista que considera que hablar mal es señal de irreprochable etnicidad. (No aludo a los quechuahablantes que, por culpa de la miserable escuela pública, no tuvieron la oportunidad de aprender correctamente el idioma de la invasión peninsular).

No votaré por aquellos que reinciden porque están convencidos de que el destino manifiesto les espera esta vez con un anforazo celestial. En esa categoría hay un puerco que vuela en tren fantasma y una señora que recibía dinero de Montesinos cuando su padre hacía llorar hasta a las vírgenes. Ambos buscan vengarse del rabo retorcido y macondiano que los hace inconfundibles. Porky se castiga hasta sangrar para no pecar y la señora se autolesiona homenajeando a su padre.

Tampoco votaré por los que prometen el oro y el moro en materia de seguridad pública, como si restablecer cierta paz en las calles no fuera un proceso complejo y difícil si consideramos el grado de pudrición al que ha llegado la policía y los focos de infección que roen la fiscalía y el poder judicial. Esos que dicen que tienen la solución inmediata para acabar con el dominio del crimen son charlatanes peligrosos. Cambiar la cara de Ciudad Gótica pasa por una reforma del sistema judicial, por un cambio drástico en Migraciones, por un esfuerzo concertado de municipios y agentes del orden, por algunas modificaciones del código penal. Y por un largo proceso de reconstrucción de la inteligencia policial (luego de fumigar el Ministerio del Interior y la mismísima PNP).

No votaría jamás por los que han borrado las malas pulgas de sus hojas de vida, por los que se han inventado esas maestrías que apasionan a los bobos formalistas, por los que tienen tesis forjadas en la copiandanga y títulos tenues de universidades de cartón. No votaría por quienes no han tenido éxito honesto en sus oficios o profesiones. No votaría, en suma, por quienes ven en la política el modo que les queda de ascender socialmente. Esos son los que van a robar todo lo que puedan.

Seré frívolo: no votaría por los que tienen notorias cadenas de oro de las que cuelgan cruces que podrían ser gamadas. Tampoco votaría por alguien que tenga parentesco o proximidad con César Acuña: sé que la estupidez se contagia. Y jamás lo haría por alguien que no pueda decir que el experimento socialista de Cuba es un fracaso colosal. Del mismo modo que no le daría un voto sino puro desprecio a quien alabara a Donald Trump y a su entenado pervertido: Javier Milei.

No votaré por el que no pueda condenar el genocidio de Gaza perpetrado por el gobierno criminal de Netanyahu ni por el que diga que Dina Boluarte merece comprensión y respeto. Y mucho menos votaré por quienes tengan algún parecido moral con Fernando Rospigliosi, el enterrador.

En resumen, creo que no votaré.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 751 año 16, del 26/09/2025

https://www.hildebrandtensustrece.com/

27 de agosto de 2025

Perú: ¿Porky al alza?

Maritza Espinoza

Con estas experiencias, parece que, a partir de ahora, será mejor que los candidatos que aspiren a la presidencia en nuestros países comiencen a preocuparse cuando aparezcan en las encuestas prematuramente y que no comiencen a vender los huevos antes de que la gallina ponga.

Ya nos imaginamos la fiesta de cilicios que debe haber armado Rafael López Aliaga al enterarse de que había logrado superar, en la última encuesta de Ipsos, a la heredera del fujimorismo. Claro que la ventaja obtenida (10 % contra 8 %) está dentro del margen de error que, según la ficha técnica, supera el 2 %, pero don Porky no es de aquellos que se fijan en detalles. Él ya se siente el ganador absoluto de una carrera que ni siquiera ha comenzado.

Los expertos han señalado que esa pequeña subida del líder de Renovación Popular (partido que, según la misma encuesta, es desconocido para más de un tercio del país y, por si fuera poco, jamás sería votado por otro grueso tercio) puede deberse a dos factores que, la verdad sea dicha, es imposible que se sostengan en el tiempo.

Primero, a que por el escandaloso proceso de compra de los ya célebres trenes chatarra, López Aliaga parece ser el único político que hace algo concreto, aun cuando se trate de una obra fallida y llena de cuestionamientos. Es decir, la nueva versión del tradicional “roba, pero hace obra” es ahora “la embarra, pero hace algo”, la pobrísima exigencia mínima de los peruanos ante el poder.

El otro factor de su levantada (de un punto, pues en julio tenía 9 %) sería que, también a partir del chongo de los trenes y su enfrentamiento con el ministro de Transportes, César Sandoval, el alcalde limeño se habría posicionado como la cabeza de la “oposición” al gobierno, algo que supera los límites de la hilaridad. ¿Oposición él, cuya bancada sigue votando disciplinadamente junto al resto del pacto mafioso que controla el Congreso? Perdonen la risotada.

Bueno, pues, volviendo a la encuesta, no hay mayores novedades en cuanto a candidatos, pues, además del 10 % de López Aliaga y el 8 % de Keiko Fujimori, Carlos Álvarez mantiene su 6 % de meses pasados. Lo llamativo es la aceptación que tienen en los diferentes segmentos sociales. Por ejemplo, López Aliaga llega al 35 % en el segmento A/B (lo que lo convierte más en un fenómeno sanisidrino) y es un auténtico desconocido en los segmentos más bajos. Keiko Fujimori se maneja parejo, aunque se le escabulle el segmento D/E, donde apenas llega al 5 %. Por su parte, el imitador Carlos Álvarez tiene aceptación en los dos extremos, aunque tampoco termina de despegar.

Como es de prever, el grueso de la intención electoral está en el Blanco/Viciado/Ninguno, que llega a un contundente 38 % de promedio, lo que supera la popularidad sumada de todos los candidatos visibles hasta el momento. Sin embargo, el dato más saltante es el voto del rechazo que, como en todas las elecciones recientes, tiene en primer lugar a Fuerza Popular, pues sumando el “Probablemente no votaría por ese partido” y el “Definitivamente no votaría por ese partido” llega a un abrumador 58 %, solo superado por el casi extinto Partido Aprista, por el cual probablemente no votaría jamás el 60 % de peruanos.

Lo que las encuestas jamás medirán, por cierto, es cuánto sirve una encuesta en el Perú a más de medio año del día de las elecciones, cuando la experiencia nos dice que los ganadores suelen asomar cabeza muy poco antes del día D. Ocurrió en 2016, cuando Pedro Pablo Kuczynski recién comenzó a subir en las encuestas en marzo, un mes antes de la primera vuelta, justo después de que, el 20 de febrero, una admiradora le “pesó” los testículos en pleno mitin. Volvió a ocurrir en 2021, cuando un desconocido Pedro Castillo se disparó después del segundo debate presidencial, que tuvo lugar el 30 de marzo, y pasó a segunda vuelta con la primera mayoría. El favorito hasta entonces, y durante largos meses, había sido George Forsyth, quien finalmente no superó la valla.

Y no es un tema local. Acaba de ocurrir en Bolivia, donde, durante meses, las encuestadoras dieron como favoritos a Jorge “Tuto” Quiroga y Samuel Doria Medina, dos representantes de la derecha histórica que tienen años en el juego político. Cuando todos pensaban que la segunda vuelta (tras la atomización del Movimiento al Socialismo, el partido que fundó Evo Morales) sería entre ellos dos, asomó por los palos un candidato de centroderecha al que nadie le prestaba mucha atención, Rodrigo Paz, quien ahora no solo tendrá mayoría en el Congreso, sino que muy probablemente será electo presidente en el balotaje de mediados de octubre.

Con estas experiencias, parece que, a partir de ahora, será mejor que los candidatos que aspiren a la presidencia en nuestros países comiencen a preocuparse cuando aparezcan en las encuestas prematuramente y que no comiencen a vender los huevos antes de que la gallina ponga. ¿Recomendaciones? Bueno, trabajar con bajo perfil, hacer discreto proselitismo fuera de Lima y evitar los medios masivos (o sea, justo lo que no hacen Keiko Fujimori ni López Aliaga). Así, tal vez podrán escabullirse de la artillería enemiga y, quién sabe, hasta dar el “castillazo” el próximo mes de abril.

https://larepublica.pe/opinion/2025/08/20/porky-al-alza-por-maritza-espinoza-1642540

28 de enero de 2025

Perú: La unidad, tarea de todos

Gustavo Espinoza M.

Hoy domingo 26, cuando se cumple un nuevo aniversario de la matanza de Uchuraccay, cuando la Prensa Grande recoge palabras de Dina Boluarte asegurando que el país “recuperó el equilibrio y la paz” cuando el mundo comienza a tomar conciencia de las amenazas de Donald Trump contra la paz y América perfilando otra vez el rostro fiero del Imperio; los representantes de la  Izquierda se reúnen para promover acuerdos que faciliten la Unidad del Pueblo en la lucha contra el Neo Liberalismo y la Mafia que atenaza a la sociedad peruana. Loable propósito, sin duda.

Ahora está más claro que nunca el hecho que la derecha más reaccionaria busca perpetuar su Poder recurriendo a las maniobras más arteras y a las prácticas más mendaces. Por un lado, alienta la dispersión y el desánimo en distintos segmentos de la sociedad; y por otro, alimenta las desconfianzas y los prejuicios para desanimar cualquier esfuerzo unitario.

Para ambos propósitos se apoya también en los elementos inmaduros, corrosivos y disolventes a los que aludía Mariátegui cuando hablaba de la voz pesimista de los que niegan y de los que dudan.  Hoy, unos y otros suman en el intento de hacer naufragar cualquier esfuerzo unitario.  

Es muy importante subrayar -como lo hizo hace algunos días Indira Huilca- que la Unidad que se requiere construir, no debe ser solamente electoral. Debe ser, en primer lugar  y, ante todo, política.  Debe afirmarse y sustentarse en objetivos concretos y en puntos comunes que sirvan para sumar fuerzas, pero que reflejen una voluntad de clase, un espíritu de transformación y una batalla social por un mundo mejor, más humano y justo.

Debemos ser conscientes que, en el Perú, lo esencial es derribar el Poder Oligárquico y su modelo de dominación. Ahora es muy claro que “los de arriba” no pueden seguir gobernando como lo hacían antes. Sólo falta que “los de abajo” se unan para estar en capacidad de forjar una nueva gestión realmente democrático, popular patriótico, nacionalista y, por eso mismo, antiimperialista. Ella nos abrirá el paso para caminos mayores.

Donald Trump no es tan sólo el presidente número 47 de los Estados Unidos, Es, sobre todo, la más viva encarnación del Imperialismo en su fase más agresiva. Su ascenso al Poder y su belicismo, nos recuerdan a Lenin, que aseguraba que la Guerra no es sólo resultado de la voluntad personal de hombres empeñados en impulsarla, sino sobre todo la expresión de la crisis de la dominación capitalista cuando ésta llega a un determinado nivel de desarrollo y acelera su proceso de extinción.

Por eso se empeña en convertir otra vez a los Estados Unidos de América en el país más poderoso del mundo. Y eso, para satisfacer los intereses de la más ambiciosa plutocracia integrada por los ricos más extremos; Elon Musk. Mark Zuckerberg y  Jeff Bezos cuya sola fortuna acumulada, es superior al PBI de todos los países de América  Latina y África, Por eso, ocuparon los tres más altos Palcos en el Capitolio el pasado lunes 20.

A ellos, y a Trump sólo les interesa -por ahora- el poderío de los Estados Unidos. Buscan apropiarse de Groenlandia, sumar a Canadá como una estrella más en la bandera de las barras, quebrar a Panamá arrebatándole el Canal, apoderarse del Golfo de México u doblegar la resistencia Azteca, destruir el legado Sandinista de Nicaragua,   hundir a Cuba en el mar con Martí,  Fidel y todos los cubanos, y  derrotar definitivamente la experiencia bolivariana de Venezuela para demostrar que, quien manda en estas tierras, es el amo yanqui.

Y eso, por cierto, con visión de futuro, porque lo que tienen entre ojos es nada menos que derrotar a Rusia para apoderarse de sus riquezas mineras y petroleras y enfrentar luego a China con la idea de asegurar el dominio mundial del Imperio. Si hipotéticamente  lo lograran, devorar el Oriente Medio y acabar con la Soberanía de los Estados energéticos de la región, sería algo así como una bicoca.  

Ante los designios de la camarilla guerrerista afincada hoy en la Casa Blanca, se juega la suerte de América Latina.  Gobiernos como Milei, en Argentina o Noboa en Ecuador, buscan hacerle el juego. Y también tienta ese mismo esquema la servil administración peruana hoy en las sucias manos de la Boluarte que ya invitó a Trump y se ofreció para ir ella a encontrarlo en Washington.  En contrapartida están unos y otros gobiernos que, en mayor o menor medida, ofrecen resistencia al dominio yanqui o concilian con él.

La batalla contra la Boluarte y su régimen espurio, debe ser el centro de nuestra actividad política.  Para abatirlo, tenemos que quebrar el Pentágono que lo sustenta: la suma de los 5 poderes maléficos que le otorgan una muy relativa estabilidad: la suma de los núcleos partidistas más reaccionarios, la “Mayoría” Parlamentaria, la corrupta cúpula castrense, el Alto Empresariado y la Prensa Grande. Y eso, podrá lograrse construyendo la Unidad desde los cimientos de la sociedad, vale decir, la base misma del pueblo.

La participación en elecciones es un reto más, pero no es el objetivo principal. No es por esa vía que vamos a lograr lo más importante: cambiar el escenario nacional. Por eso, lo decisivo no es perderse en el debate sobre candidatos presidenciales. Menos, en cuotas parlamentarias.

La Unidad no se construye para apoyar personas, sino objetivos. Sin prejuicios ni rencores, sin conceptos mezquinos  ni aldeanos. Lo fundamental es estar en la base social, en el pueblo mismo, identificado con sus banderas y sus luchas.

Deponer ambiciones, relegar intereses personales o partidistas, y reivindicar el mejor legado de hombres como Alfonso Barrantes y otros, permitiría avizorar el rumbo de nuestro movimiento. Por eso, la Unidad, es tarea de todos.

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

19 de julio de 2024

Cría cuervos

Ronald Gamarra

La campaña electoral presidencial de los Estados Unidos estuvo a una oreja de abortar en tragedia con el atentado del cual escapó el expresidente Donald Trump, candidato del partido republicano, con apenas un ligero rasguño que no requirió mayor atención médica. En cambio, varias personas resultaron heridas y un hombre que asistía al evento falleció, alcanzado por una de las ocho balas disparadas contra Trump. El expresidente, político, al fin y al cabo, tuvo el reflejo de dejar para las cámaras una imagen con el puño en alto, mientras los agentes de seguridad procuraban evacuarlo. Dicen que a continuación reclamó sus zapatos, que se le habían salido en el agitado tumulto que se formó en esos segundos tan peligrosos.

El autor del atentado, Thomas Matthew Crooks, irónicamente era un joven miembro del propio partido de Trump. Un joven de 20 años, inscrito como votante republicano. Aunque todavía hay muy poca información sobre los detalles y motivos de su acción no parece hasta el momento haber actuado como parte de una conspiración organizada. Sería lo que en Estados Unidos llaman un “lobo solitario”, autor de un acto estrictamente individual, tal vez sin mayor premeditación. Algunos indicios revelan que podría haber decidido atentar contra Trump el mismo día de los hechos. Vivía a una distancia de una hora de viaje en auto hasta el lugar donde se celebraría el mitin republicano. Fue abatido en el sitio, mientras aún disparaba, por un francotirador del servicio de seguridad.

Eso sí, Crooks tenía acceso a todo un arsenal de armas adquiridas legalmente por su familia. En el atentado empleó un fusil de propiedad de su padre, que se vende libremente en armerías en los Estados Unidos, país donde el derecho del ciudadano a “armarse” predomina sobre el derecho a la seguridad e integridad física y mental de las personas. Crooks sería, según esto, uno más de la ya larguísima lista de “lobos solitarios”, es decir personas con graves problemas de personalidad que están dispuestas a inmolarse después de perpetrar una gran matanza. Por algo la cuestión de los tiroteos mortíferos en las escuelas es un conflicto típicamente norteamericano.

A pesar de la seriedad del asunto de los tiroteos a mansalva perpetrados por francotiradores perturbados, que cuentan con una enorme facilidad de acceder legalmente a armas poderosas, incluso armas de guerra, no se ha podido progresar nada para ajustar los controles, sacar de circulación y terminar con el libre comercio de armas. El lobby de ese negocio es muy poderoso y tiene comprometidos a la mayoría de miembros del Capitolio. La Asociación Nacional del Rifle tiene más peso y poder que cualquier defensor de la vida y la seguridad de la gente. El propio Trump, que ahora es una víctima, es un connotado defensor de la venta y circulación libre de armas de alto poder entre la población, tal como lo demostró durante su período presidencial.

Otro factor que juega alrededor del atentado es el clima de creciente antagonismo y odio que se ha ido cultivando en los últimos años en la política norteamericana. Y aquí también Trump aparece como uno de los protagonistas principales del discurso polarizador, del lenguaje de odio, usado como norma en el trato verbal con los rivales políticos. Pocos han hecho uso más inescrupuloso del alegato agresivo en la política como el propio Trump desde que incursionó en ella hasta nuestros días. Esa diatriba le rinde réditos fáciles en la política y las elecciones, pero al mismo tiempo contribuye a enrarecer y envenenar la atmósfera que deben compartir todos los políticos. Es previsible imaginar el modo como este discurso de odio impacta negativamente a la sociedad, pero en particular cómo atrae o influye en los “lobos solitarios”.

Quién no recuerda su comportamiento agresivo después de las elecciones que perdió en 2020, cuando Trump llegó al extremo de propiciar el caos político e institucional, incitando, por si fuera poco, la toma violenta del congreso de los Estados Unidos por una turba de cientos de matones fanáticos de su candidatura, varios de los cuales ya han recibido sentencias penales.

Y qué decir del lenguaje lleno de desprecio hacia los migrantes, por ejemplo. ¿O es que no recordamos que decía “gente de mierda” al referirse a los migrantes procedentes de Haití y Latinoamérica? Y el insulto a los inmigrantes de origen mexicano, a quienes directamente llamó violadores sexuales, entre muchas otras perlas de rechazo y odio.

En síntesis, Trump fue víctima de un atentado criminal del cual, por fortuna, pudo escapar. Pero al mismo tiempo tiene responsabilidad por la creación de la atmósfera en la cual suceden este tipo de actos, particularmente por no mover un dedo contra la venta y libre circulación de armas de alto poder que ya causaron cientos de víctimas, sobre todo en las escuelas y universidades de los Estados Unidos. Y tiene carga por el uso y abuso del discurso polarizador y de odio que está en el centro de su estrategia electoral de ayer y hoy. El ser víctima de un atentado que pudo tener una terrible consecuencia letal debería dar motivo a reflexionar, repensar y reformular estos aspectos de la vida norteamericana.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 695 año 14, del 19/07/2024

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22 de junio de 2024

Perú: Fujimori ha vuelto

César Hildebrandt

La lógica de la banda de los Fujimori es perfecta: si el país asiste en calma al gobierno de una mafia congresal con testaferría en Palacio, ¿por qué no habría de aceptar el regreso de la mafia pura y dura, la firme y sin intermediarios?

Por eso se ha inscrito Alberto Fujimori en la firma de su heredera. Porque en este país sin reparos ser asesino y ladrón no te condena sino que hasta puede fortalecer tus aspiraciones.

Y habrá gente que recordará las lentejas, el puentecito, el helicóptero que llegaba de vez en cuando para la foto que Palacio repartía entre la prensa inventada o vendida.

Para esos peruanos urgidos y siempre sobrevivientes, la memoria crítica no rige. Y, a su manera, tienen razón.

Si no sé qué voy a comer mañana, ¿qué me puede importar la separación de poderes, la autonomía del Tribunal Constitucional, la independencia de la Fiscalía, la pulcritud de los organismos electorales?

Y ahora el hambre arrecia, sube a los cerros, baja de la neblina, crepita en las tripas.

Hay hambre y hay caos. Y no importa que en ambos tenga mucho que ver el modelo maldito que impuso el fujimorismo original o la decisión de la heredera de traerse abajo el gobierno de Kuczynski y producir las sucesiones abortivas que padecemos.

Pero como hay hambre y hay caos, viene otra vez el criminal convicto, el fallido senador japonés, a decirnos que aquí está para servirnos, que él tiene la solución, que habrá mano dura y reglas inamovibles para las inversiones, que la solución está a la vuelta de la esquina. Como en 1990, con su tractor, su yuca, su honestidad-tecnología-trabajo.

Su hija, que preside de facto este gobierno de inmundicias vivientes, ha creado las condiciones para que los hambreados, los ignorantes y los sinvergüenzas esperen el regreso al poder del jefe mediato de los Colina.

Cree la banda de los Torres y las Moyano, con Keiko Fujimori a la cabeza, que la mentira volverá a derrotar a la verdad.

Ya hay una generación y media que no vivió la década de Alberto Fujimori. Ese dato de la demografía electoral es clave para los cálculos de Fuerza Popular.

La generación de los pulgares activos y el ensimismamiento hedonista ignora qué país fue el Perú de Fujimori.

No sabe, por ejemplo, que la reincorporación del Perú al círculo financiero internacional supuso, de hecho, la venta bajo sospecha de los activos públicos, la liquidación del movimiento sindical, la prescindencia de los partidos políticos, el uso sin ningún escrúpulo de los recursos del Estado al servicio del culto a la personalidad, y la mayor concentración del poder en la historia del siglo XX peruano.

Era el Perú “del chino” el sueño opiáceo de un tirano del caribe: la prensa estaba bajo control, los jueces obedecían a quienes ofrecían más, la Fiscalía era una casa de citas, el Congreso una mesa de partes y los militares robaban a su gusto mientras blindaban al gobierno. Era un país de opereta tramado por alguien que venía del más feroz de los resentimientos.

Fujimori odiaba tanto al Perú que tuvo a Vladimiro Montesinos como su secuaz consuetudinario. Montesinos era un tipo que, según diversos testimonios presenciales, lo primero que hizo al enterarse del suicidio de su padre fue preguntarse si ese suceso no lo perjudicaría. “¿Podrá la muerte de este hijo de puta perjudicar mi carrera?”: esa fue la pregunta de su duelo. Se la hacía un oficial del Ejército Peruano que terminaría traicionando a su país y espiando para la CIA.

Cuando el shogunato hecho de adobe y mugre estaba cayendo, el presidente Fujimori hizo que un edecán suyo se disfrazara de fiscal para ingresar al departamento de la esposa de Montesinos. Así fue como sustrajo centenares de videos y otros testimonios que podían comprometerlo. Con todo eso embalado en más de 40 maletas partió al falso viaje a Brunéi que terminaría en Tokio con su renuncia por fax y el asilo en su país ancestral.

Fujimori fue la depravación absoluta del poder y la política. Fue la síntesis de nuestro fracaso como nación, como república, como destino. Fujimori fue el cementerio de los sueños que se fijaron como meta construir un país templado en la ley y las instituciones.

Y ahora vuelve, de manos de la hija que traicionó a su incapacitada madre y la sustituyó como primera dama mientras recibía 10,000 dólares mensuales de Montesinos. Vuelve Fujimori de la mano del partido que controla el Congreso de los delincuentes y avala a la pobre diabla que va a Palacio a simular que firma unos papeles.

Hay que odiar mucho al Perú para darle una nueva bienvenida a Alberto Fujimori. Hay que despreciar profundamente al país de Grau y Vallejo para desear el retorno del hombre que tuvo que ser extraditado desde Chile.

Pinochet habría votado por él. Joaquín Ramírez también. Joy Way haría lo mismo. Martin Rivas espera, cédula en mano. Igual que Chlimper y Hermoza Ríos y el “Chino” Rodríguez Medrano y Blanca Nélida Colán y alias Kerosene.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 691 año 14, del 21/06/2024

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13 de agosto de 2021

Perú: Las elecciones de la historia

Gustavo Espinoza M.

La lucha de los pueblos se ha producido en distintas etapas y en diversos escenarios. Pero siempre, ha dado los frutos que se buscaban. Muchas veces, los pueblos han sufrido reveses y contrastes dolorosos y trágicos. Se ha perdido el tiempo, pero, sobre todo, se han perdido vidas muy valiosas. Esta es una verdad que fluye de la realidad universal, que atraviesa los tiempos y el espacio,  y que muestra las fortalezas de unos y las debilidades de otros.

En una sociedad como la nuestra, en la que se perpetuara por largos años el oprobio y  la injusticia, la fuerza estuvo en manos de los poderosos;  en tanto que las debilidades afectaron a las poblaciones vulnerables y en particular a los trabajadores. Bien se puede decir que los opresores mantuvieron en sus manos los resortes del Poder porque supieron manejar recursos, y posibilidades.

Tuvieron dinero, controlaron el sistema financiero, alentaron medios de comunicación, dividieron a sus adversarios, y se empeñaron en borrar de la cabeza de las gentes, todas las ideas; haciendo que los pobres no pensaran en la lucha por sus derechos más elementales. En el Perú ésta fue la señal que signó el bicentenario de una República que vivió virtualmente en bancarrota.

Durante 200 años la Clase Dominante trasmitió un mensaje fatal que hoy hace crisis: los ricos son ricos gracias a su capacidad y a su trabajo; y los pobres, lo son por ociosos y pusilánimes. Se trata -nos dijeron- de una suerte de “orden universal”, basado en la naturaleza misma, cuando no en una voluntad divina.

Cuando el pueblo fue tomando conciencia de lo írrito de esta oprobiosa “ley” se produjeron diversas luchas. La historia las recuerda como episodios fugaces: El Paro por la Jornada de 8 horas en 1919; las huelga mineras de los años 30; la celebración del 1 de Mayo en 1935, enfrentando la dictadura de Benavides;  las heroicas luchas contra el Odriismo, en Arequipa y Cusco en los años 50;  la intensa movilización liderada por la CGTP durante el Proceso Revolucionario de Juan Velasco; el Paro del 19 de julio del 77; las jornadas que alumbraron el surgimiento de la Izquierda Unida. Hitos de una historia que hoy adquiere continuidad, y otras dimensiones.

La experiencia demuestra que la lucha de los pueblos adquiere modalidades distintas. Las masas populares unas veces promueven insurrecciones, como en Arequipa en los 50. Otras, grandes movilizaciones sociales, como la de noviembre del 2020 que echó del gobierno a los aventureros. Y también participan en Jornadas electorales de las que salen victoriosos, como lo confirma el triunfo de Pedro Castillo, el pasado 6 de junio.

Existe una sola regla que regula esos procesos: el pueblo triunfa cuando está unido y organizado; y sufre derrotas, cuando se divide y se anarquiza. Así fue en el pasado y así habrá de suceder en el futuro porque la historia -generosa- abre puertas; pero también castiga severamente a quienes no saben usarlas.

El poeta cubano Nicolás Guillen, con genialidad literaria   nos enseñaba a unir todas las manos para construir la muralla, abrirla para que entrara una rosa y un clavel; y cerrarla, cuando llegaba el sable del coronel.

Pues bien, en tormo al gobierno que inicia su gestión, liderado por Pedro Castillo, es deber esencial juntar todas la manos, para construir esa muralla y defenderla; pero también para impedir que sea violentada. Es una manera práctica de machacar la idea que Unidad y Organización son garantía de avance y de victoria.  Para ellas, hacen falta todas las manos. Nadie sobra. Y para defenderla, esas mismas manos deberán cerrarse toda acechanza.

El enemigo -el fascismo a la ofensiva- pretende dividir y anarquizar al pueblo. Coloca cuñas entre unos y otros explotando celos, rivalidades menudas, desconfianzas, resquemores y prejuicios; pero alienta el sectarismo y el hegemonismo, el caudillismo, la vanidad, y hasta la ambición personal, que aún subsiste.  Ataca en las plazas públicas, denigra personas, azuza temores. Hay que cerrar esa muralla con firmeza.

Como decía Mariátegui, en la hora de hoy, nada nos divide. “Todos debemos sentirnos unidos por la solidaridad de clase, vinculados en la lucha contra el adversario común, ligados por la misma voluntad revolucionaria y la misma pasión renovadora”.

Hay quienes, en circunstancias como ésta, se desalientan porque las cosas no ocurren como creían que debían suceder. Sueñan con un cambio pacífico, tranquilo, sosegado, sin violencia de ninguna clase, y abrumado de aciertos, y alegría. Imaginaban un camino despejado, libre de caídas, errores, manchas y reveses o infortunios; sin broncas que enturbiarán sus delicados sentimientos.

La realidad les dice que los cambios radicales, no se producen así. Generan convulsiones, tensiones sociales, caos, e incluso desgobierno. Poco a poco se van sedimentando y encuentran su propio derrotero con el tiempo.

Cuando los Bolcheviques tomaron el Poder en la Rusia de 1917, hubo Comisarios del Pueblo -es decir Ministros- que no sabían siquiera dónde quedaba el Ministerio que tendrían a su cargo. Pero lo manejaron sabiamente porque actuaron con la simpleza y la honradez del pueblo. Eso fue allá, pero también lo fue, en todas partes.  Cuando un modelo de dominación cae y surge una nueva concepción de vida, crujen los resortes de la sociedad  

Aprender eso, será un modo de asimilar las lecciones de la historia.