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14 de diciembre de 2025

Perú: Locos y locos

Juan Manuel Robles

"¿Por qué le dice camarada, señor candidato?, le pregunta la aterrada conductora"

Son tiempos de polarizaciones y extremismos, y no se puede descartar que un loco —un loquito— llegue a la segunda vuelta con su boca grande, sus ideas tremebundas, su lengua “sin filtro”, su bien ganado título de radical. Ya va siendo claro que en estas elecciones el mal menor consistirá en elegir al loco no tan dañino, el que destruya menos, el que no hiera tanto, el que no dé demasiada vergüenza, solo la justa, solo la que nos merecemos. Hay que mirar con detenimiento a esos orates. Hay que mirarlos bien porque es posible que haya que votar por alguno cuando toque definirse. Entonces debemos hacer como Gareca, tocarnos las sienes con los deditos índices y pensar. Son días de polarización y desmesura, y es probable que un extremista llegue lejos usando la estrategia de jugar a provocador, a bocazas, prometiendo disparates que desafían toda lógica, poniendo a chambear como hormigas alborotadas a los verificadores de datos (pobres chancones que se han convertido en coristas, mera música de fondo, porque ya a nadie le importa la verdad). Con casi cuarenta candidatos a la presidencia, solo podrán despegar los altisonantes y mandados. De ahí saldrá la nueva fijación del pueblo (no digo esperanza porque eso ya fue). No creo que a estas alturas alguno de los tibios llegue muy lejos. Las elecciones son, desde hace tiempo —y lo serán más que nunca—, un coliseo romano para las masas, la única oportunidad para castigar y joder, el verdadero circo que compensa la falta del pan.

Ese candidato, ese loco, pasará probablemente a la segunda vuelta con Keiko Fujimori, que por esas cosas de la vida es hoy la “moderada”, fascista pero trasnochada, la hija de un dictador del siglo pasado, que le encarga la lucha contra el crimen a un viejito del GEIN. Keiko se ha convertido, como jugando, en la política tradicional. Esa es su debilidad y su fortaleza. Entonces el asunto del loco se vuelve algo más serio. Pues si pasa Keiko y también uno de esos locos, yo votaré por el loco.

Ustedes también. Y ese loco ganará.

¿Es muy temprano para buscar ese loco no tan dañino? No, el tiempo corre. Por supuesto, hay locos y locos. Yo siempre preferiré al loco que esté a la izquierda. No me malinterpreten. No es que a estas alturas piense que loco rojo es moralmente superior. Es un simple análisis costo beneficio. No existe tal cosa como los “dos extremos”. El loco de derecha, de ganar, tiene luna de miel con la prensa, crédito de los empresarios, luces verdes para gastar e invertir, con comisiones y sobrecostos, impunidad para reprimir y matar. El loco de izquierda, el supuesto radical, solo puede hacer un décimo de las cosas que promete. Primero los periodicazos lo aturden. Luego la Confiep lo neutraliza. El Tribunal Constitucional le agua la fiesta. Los militares le juran lealtad pero por lo bajo conspiran.

Expulsado de la contienda Antauro Humala —el gran loco calato que ponía a temblar al establishment—, quien se va perfilando como loquillo rojo es Ronald Atencio, un político hasta ahora desconocido. Su candidatura se dio de manera imprevista, cuando Guillermo Bermejo resultó condenado por “terrorismo” sin ser terrorista, en una sentencia que a todas luces buscaba sacarlo de carrera (había sido absuelto dos veces desestimándose los cargos, unánimemente). Atencio ha empezado con la pata en alto (y en esto le ganó el vivo a todos): prometió indulto a Pedro Castillo, a Betssy Chávez, a Aníbal Torres y al propio Bermejo. Los llama “presos políticos”. Es lo que son.

Candidato por accidente, Atencio no tiene nada que perder. No teme ir a los sets de televisión de la ultraderecha —y a esas cocinas de fake news—. Cuando le preguntan por Bermejo, se refiere a él como “mi camarada Bermejo”, con toda la intención del mundo. ¿Por qué le dice camarada, señor candidato?, le pregunta la aterrada conductora. Vamos al diccionario, propone Atencio. Camarada: Persona que anda en compañía con otras, tratándose con amistad y confianza. Correligionario. Compañero. ¿Pero en el Perú a qué suena eso, señor Atencio?

—Los candidatos también tenemos que educar al pueblo.

Sobre Nicolás Maduro, ha dicho lo inesperado: Venezuela, para él, es una democracia, pero el tema no es importante porque no quiere copiar al modelo venezolano. Esto seguramente le va a restar votos pero le evitará malabares y contorsionismos. El tema de Venezuela parece estar en otros ámbitos: ya no es la red que puede extenderse en el continente, la Patria Grande con petrodólares. Ahora mismo es un asunto de aviones de guerra, barcos, drones y ultimátums.

Sobre la inseguridad ciudadana, Atencio se ha mandado con una propuesta inesperada: un escuadrón de aniquilamiento. Tranquilos, nos dice. No es el Grupo Colina, sino una división con poderes especiales y facultades de investigar y aniquilar al crimen organizado. Su propuesta es desprolija y temperamental. Pero hay algo interesante: ¿cuándo fue la última vez que un candidato de izquierda propuso la ley y el orden contra el crimen? Lo de Atencio prometiendo “aniquilar” está más cerca del pelotón de fusilamiento de Antauro Humala que de la reinserción social y la readaptación con que se caricaturiza a la izquierda.

¿Será Atencio el loco rojo que alza vuelo? Yo lo he visto en las entrevistas, primero me he reído por su falta de filtro —casi un suicidio—, y luego he pensado lo mismo que Michael Corleone en aquel viaje a La Habana: “puede ganar”. Después me he rectificado diciéndome a mí mismo que no hay forma, que Perú no volverá a elegir a un izquierdista en por lo menos veinte años. Pero acabo de ver al derechista Juan Carlos Tafur gritando, desesperado, en Tiktok: “Atencio tiene posibilidades, es una amenaza latente”. Y me convencí de que lo es.

Yo sé que mis lectores, personas cultas y sensibles, están pensando en otros —Nieto, Pérez Tello, Lescano— y hasta les puede parecer ofensivo que me ponga tan siquiera a mencionar a un loquillo marxista. Pero hay que cerrar los ojos y ver los escenarios. Keiko en segunda vuelta con López Aliaga (u otro radical delirante de derecha). O Keiko en segunda vuelta con un loco rojo (Atencio u otro que aparezca). De manera que más vale ir mirando. Finalmente, yo sé que no soy analista político y que puedo estar diciendo disparates. Si no les gusta, siempre pueden leer a Alfredo Torres.

11-12-2025

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 762 año 16, del 12/12/2025

https://www.hildebrandtensustrece.com/

21 de noviembre de 2025

Perú: La fijación de López Aliaga

Jorge Bruce

Por más trolls que contrate, no puede sentir que ese “amor” comprado compense los reconocimientos al mérito de un luchador por la libertad de expresión.

Los discursos del exalcalde de Lima solían estar asociados con invocaciones a la Virgen María o su recurso a la mortificación sangrienta con el cilicio. Se presentaba como un católico extremista del siglo XIX. Gradualmente, fue abandonando esas prácticas aprendidas en el Opus Dei para dar rienda suelta a una cháchara coprolálica virulenta. La cucufatería fue reemplazada por una retórica cada vez más plagada de insultos y amenazas. No se sabe si esto fue una recomendación de sus asesores —aunque más parece una conversión a la religión de los “trolls”— o simplemente afloraron sus afectos reprimidos, en lugar de esa ideología católica de extrema derecha.

En esa nueva marejada de obsesiones destaca nítidamente una persona: Gustavo Gorriti. El director de IDL es el blanco predominante del nuevo López Aliaga, quien lo insulta profusamente e, incluso, ha llegado al extremo de pedir públicamente su eliminación: “hay que cargárselo”.

En una entrevista reciente, Rosa María Palacios conversa con Gorriti y le pregunta por esas continuas invectivas. La más reciente es una en la que acusa a Gorriti de regentar un burdel —palabras más, palabras menos— periodístico en el que trabajan “prostitutos” como la propia Rosa María, Marco Sifuentes o Curwen.

Gorriti le responde a la periodista que López Aliaga es la triquina de la política peruana. Se trata de un parásito que suele alojarse en la carne de cerdo. Cuando un humano consume carne contaminada y mal cocida, enferma de triquinosis. Si no se la trata a tiempo, puede causar graves complicaciones como miocarditis o encefalitis. La metáfora es clara: puesto que el propio exalcalde asume su apelativo de Porky, sería el portador del parásito que está infectando la política peruana. De lo que no hay duda es que se trata de un ecosistema enfermo, tal como lo demuestra la reciente aparición pública del presidente del Congreso, Fernando Rospigliosi, al lado de dos uniformados, amedrentando a los manifestantes. Dejando en claro quién está al mando en el país y quién es una marioneta más, también conocida como el triste imitador de Bukele, José Jerí.

Adonde quería llegar, sin embargo, es a la fijación de López Aliaga —no es el único, pero sí el más persistente— con Gorriti. Podría pensarse que se trata de una estrategia política: designamos a una organización criminal (fueron sus palabras en la misma declaración en la que habló de los prostitutos de Gorriti) y le ponemos un jefe. Así creamos un chivo expiatorio, culpable de los innumerables males que aquejan al país: extorsión, asesinatos, inseguridad, corrupción, mafias de minería y tala ilegales, etcétera. Gorriti sería, en esa campaña de desinformación, el gran maestre de la mafia caviar.

Sin embargo, esta maniobra de desinformación no logra disimular la fijación del candidato por Renovación Popular con el periodista, el cual acaba de recibir un enésimo galardón internacional por su labor en favor de la libertad de prensa. Si bien el intento por satanizar a un periodista al que perciben —con razón— como una amenaza para sus designios liberticidas es comprensible, eso no explica todo. Hay una particular y grotesca fijación de López Aliaga con Gorriti.

Este último, en la citada entrevista, ha subrayado la irracionalidad del personaje que lo injuria cada vez que puede. Es evidente que lo odia sin mentira ni clemencia, como dice el vals. Suponiendo que se trate de un delirio, como dice el director de IDL, no podemos desconocer que esa sinrazón obedece a una lógica, un sistema. Además, si se le considera loco, se anula la responsabilidad de los actos cometidos durante su gestión como alcalde de Lima, sobre la cual pesan serias imputaciones, como el desconocimiento de contratos y el endeudamiento millonario de la Municipalidad de Lima, en perjuicio de todos nosotros, como el caso de los peajes y el pleito con un gigantesco fondo de inversión que nos va a costar a todos los peruanos.

Más allá de eso, no obstante, mi impresión es que esa fijación obsesiva —disculpen el pleonasmo— oculta un afecto negativo y muy extendido en la humanidad: la envidia. Mientras que a Gorriti se le reconoce internacionalmente como uno de los héroes de la libertad de prensa en el mundo, López Aliaga no pasa de ser un peón de organizaciones fascistas como Vox de España. Sus patéticos intentos por figurar en EE. UU. han resultado catastróficos. Sus cacareados trenes pasaron de ser chatarra a basura. Ahí están enmoheciéndose más en algún páramo de Lima. La jueza a la que acudió en ese país, con el carísimo estudio de abogados que contrató en Norteamérica, lo desautorizó en todas sus demandas. A diferencia de Milei o Bolsonaro, no logra asomar en la galaxia MAGA.

En suma, no pasa de ser un alfil de la extrema derecha peruana, que también lo considera un personaje estrafalario, pero, por ahora, es lo que tienen. Y López Aliaga lo sabe. Eso lo lleva a intensificar la violencia de sus ataques contra el periodista, expresando, sin proponérselo, su deseo de ser considerado y reconocido como Gorriti. Por más trolls que contrate, no puede sentir que ese “amor” comprado compense los reconocimientos al mérito de un luchador por la libertad de expresión. Es interesante, sin embargo, que el exburgomaestre haya recurrido a la imagen de la prostitución para denigrar a un conjunto de periodistas que están en primera línea contra la desinformación.

La prostitución, después de todo, es precisamente la compra de cariño a cambio de dinero. Eso que le achaca a Gorriti es lo que hace él. El inconsciente sabe y delata.

Fuente​:  https://larepublica.pe/opinion/2025/11/19/la-fijacion-de-lopez-aliaga-por-jorge-bruce-hnews-1216095

30 de octubre de 2025

Perú: Candidatos y candidotes

Maritza Espinoza

Los que figuran desde hace un tiempo son estos y va un minirretrato a la volada de cada uno en el dudoso orden con el que aparecen en las encuestas, disputándose fracciones de punto y casi siempre dentro del margen de error.

Todavía no se da la partida -ocurrirá poquito antes de Navidad-, pero ya son varios los nombres confirmados en la carrera presidencial. La mayoría no ha pasado por el filtro de unas elecciones internas, pero ese es un mero formalismo, pues en muchos casos se trata de partidos donde la democracia es una pelotudez (Guillermo Bermejo dixt). Los que figuran desde hace un tiempo son estos y va un minirretrato a la volada de cada uno en el dudoso orden con el que aparecen en las encuestas, disputándose fracciones de punto y casi siempre dentro del margen de error.

López Aliaga: el cerdito se desinfla

Si “Porky” fuera uno de los tres cerditos del cuento, probablemente sería el que construyó su casa de pura paja. Y ya saben lo que le pasó: cuando perdió su privilegiada plataforma municipal (donde tenía tribuna gratis todos los días), vino el lobo feroz de la realidad y sopló y sopló y sopló y su casa se tambaleó.  Es verdad que anda todavía encabezando las encuestas con un nueve o diez por ciento, pero cada vez tiene menos presencia en los medios. No pasará mucho para que salga del “top of mind” del electorado y, entonces, poco le servirá ofrecer catorce aeropuertos internacionales (señal de lo desconectado que anda de las necesidades reales de la gente), un tren bala Tumbes-Tacna o un IPhone 18 para cada votante.

Mario Vizcarra: el endose de mi hermano

Es probablemente el único caso de un político al que nadie de los que están dispuestos a votar por él reconocerían si se lo cruzaran en la calle. Producto de la obsesiva persecución del pacto mafioso contra su hermano Martín -sin duda el político más popular del país- ya goza de un expectante tercer o -en otros casos- segundo lugar en las encuestas de intención de voto. A la gente no le interesa saber de él, salvo que se apellida Vizcarra y que votar por su fórmula garantiza que al pacto mafioso le salgan ronchas en todo el cuerpo. Keiko, Acuña, Porky y sus comparsas lo odian con odio jarocho y eso, para muchos votantes, es suficiente programa de gobierno.

Tantas veces, Keiko

Con un promedio de seis puntos de intención de voto hace ya varios meses, Keiko Fujimori corre el riesgo de no sólo no pasar a segunda vuelta, sino de no pasar la valla. Lejos están los días en que el fujimorismo tenía un 25% duro de votantes, pero ahora que le ha salido tanta competencia en la ultraderecha (Porky, Butters, Carlos Álvarez y, prontito, Roberto Chiabra, Carlos Espá y todos los que por ahora andan en el club del 2%), su techo es cada vez más bajito. Igual, ella disfruta de los privilegios de tener un TC propio que la “limpia” de cualquier cargo. ¿Tendremos un cuarto round de Señora K versus el panetón de turno? Ya too much, ¿no?

Phillip Butters: el sabelón jalado

Después de su mala experiencia en Puno, Phillip Butters ha aprendido, de la manera más dura, que una cosa es tener un enorme público en el medio en el que aparece y otra, muy diferente, enganchar con el voto popular. Además, para su mala suerte, todo el terruqueo que ha soltado en el pasado -especialmente contra las marchas del 2022- hace bien difícil que pueda transitar al centro político, como podría hacerlo cualquier personaje menos visible. De otro lado, para mucha gente, su perfil es el de un personaje salido del espectáculo (recuerden que, para el peruano común, todo el que sale en televisión pertenece al show bussiness, sea Chibolín o Mónica Delta) y su ego colosal no ayuda. Tal vez si aprendiera a callar, a pedir disculpas, a dialogar sin gritar, a reconocer que hay cosas que no sabe… Naaa. ¡Es Phillip Butters! No le pidamos tanto

Carlos Álvarez, el mil caras

Y hablando de faranduleros con aspiraciones políticas… Al verlo tratando de hilvanar un discurso medianamente serio, la gente no se puede quitar de la cabeza que está frente a una más de sus muchas imitaciones. Álvarez no tiene ninguna experiencia previa en el juego político, por lo que será difícil que se banque una campaña real en la que no sólo lo ningunearán por novato, sino que saltarán anticuchos cuestionables, como su relación con Vladimiro Montesinos, quien, según Matilde Pinchi, le hacía frecuentes pagos para desprestigiar a los políticos opositores al fujimontesinismo. Hoy se pinta como “antisistema”, pero, ¿qué tan antisistema puede ser con eso en tu currículum?

¿Chau, López Chau?

Más o menos como con Mario Vizcarra, poca gente lo identificaría por la calle. Para mayores señas, es ese señor canoso con pinta de profe universitario que habla despacito y que de vez en cuando sale en el programa de Rosa María Palacios. Los medios formales no le dan cabida, tal vez porque -aburridito y todo- suele decir cosas realmente trascendentes. Tampoco hay ninguna conductora farandulera dispuesta a darse un bailecito con él o a preguntarle cuál es su postre favorito, como sí lo han hecho y harán con los candidatos “mainstream” (léase “candidatos del pacto”). Y ahí lo dejamos. No vaya a ser que comience a subir en las encuestas y lo inhabiliten en una. Yo no podría cargar con esa culpa.  


Fuente: https://larepublica.pe/opinion/2025/10/28/candidatos-y-candidotes-por-maritza-espinoza-hnews-2169860

16 de octubre de 2025

Perú: Están acabando con la democracia

Pedro Francke

"La política ha sido más bien mantener el statu quo favorable a los grupos de poder económico"

Dina Boluarte gobierna en un triunvirato con Keiko Fujimori y César Acuña. Es un cogobierno Ejecutivo-Congreso, con las políticas importantes definidas en la Mesa Directiva del Congreso donde APP y Fuerza Popular son el eje que arrastra a los otros partidos de derecha. Basándose en pacto de impunidad actúan en alianza con el cerronismo y con varios otros congresistas para hundir las denuncias en su contra y otorgarles diversas prebendas. En el Poder Ejecutivo, Acuña tiene al ministro de Salud y al de Transportes, Keiko al ministro de Agricultura y al de Economía, y todos defienden a los primeros ministros, del Interior y al resto, con algunas fintas para intentar diferenciarse de un gobierno desastroso.

Sus puntos clave de acuerdo son medidas económicas en favor de los grandes grupos de poder económico. Entre 2023 y 2025 hemos vivido una ofensiva de leyes económicas extractivistas, usando el concepto de los premios Nobel Acemoglu y Robinson. Hace pocas semanas fue la ley que regala 20 mil millones de soles a los grandes agroexportadores en exoneraciones tributarias, obstruye que se pueda supervisar los abusos que cometen contra los trabajadores y abre las puertas a una privatización del agua a su favor. También es de su factura la ley pro-AFP que desató la reciente ola de protestas autoconvocada por la Generación Z. Ante el repudio popular, han retrocedido en un par de temas y han entregado un retiro parcial, pero han mantenido el que las AFP reciban un cuantioso fondo adicional del Estado y han aprobado otra ley que permite que de todo nuestro dinero se puedan llevar hasta el 80% al exterior. Antes cambiaron SUNEDU para darles pase a las universidades “fachada” de baja calidad, sin importarles el daño al profesionalismo que es base del progreso tecnológico.

En otros terrenos, la política ha sido más bien mantener el statu quo favorable a los grupos de poder económico. Las grandes mineras vienen obteniendo ganancias extraordinarias y se ha frenado cualquier intento de que se les cobre lo justo. Grandes monopolios como Backus en la cerveza, Gloria en la leche, Inkafarma y las redes de boticas en las medicinas, Alicorp en alimentos industrializados y el oligopolio bancario siguen abusando de los consumidores sin control. Es por estas enormes ganancias, que están pudiendo extraer gracias a este gobierno, que desde la Confiep mantienen en el poder a Dina, aguantaron a Santiváñez y no se pronuncian frente a la crisis de inseguridad y corrupción que atravesamos. Engordar a corto plazo sus grandes billeteras predomina sobre el interés nacional, que no nos vengan con cuentos.

Este núcleo de poder económico ha mantenido una fuerte influencia en la política peruana por más de treinta años. La caída de Fujimori, a cuya dictadura estuvieron muy amarrados, no los afectó. Esa influencia se produce a ocultas, canjeando millones para las campañas electorales y seguramente coimas a diverso nivel, por leyes a su favor. El caso Odebrecht nos permitió ver los 3 millones 700 mil dólares entregados por Dionisio Romero en maletines llenos de billetes verdes a Keiko, luego de lo cual ella defendió con uñas y dientes a su monopolio de alimentos ultraprocesados Alicorp entre 2014-2017 y ahora el fujimorismo favoreció con esta nueva ley a su AFP Prima.

César Acuña y José Luna, dueños de universidades “fábricas de títulos”, invierten en campañas electorales para acrecentar su poder político, habiendo logrado controlar la SUNEDU y ponerla a su servicio. Mayormente, sin embargo, los grandes jefes de estos grupos monopólicos no participan directamente en la política, prefieren mantener relaciones ocultas al más alto nivel, armar aparatos de propaganda con diversas caretas, mandar a las entrevistas a sus gerentes y contratar lobistas, estudios de abogados y consultoras económicas. Francisco Durand documentó todos esos mecanismos en varios de sus libros.

El poder de este cogollo monopólico ha sido cuestionado varias veces las últimas décadas, porque la mayoría de nuestro pueblo rechaza esta situación de inequidad, abuso y corrupción. Pero son muy resistentes y maniobreros. Lograron capturar a “Cosito” Humala. Odiaron tanto a Vizcarra que lo vacaron, aunque no consiguieron que su escogido Merino se sostuviera. Finalmente lograron tirarse abajo la democracia imponiendo a la traidora Boluarte asesinando a cincuenta peruanos, entre ellos siete menores de edad. Hoy desarrollan nuevas formas de manipulación política a través de las redes sociales con videos que en pocos segundos apelan a sentimientos primarios, buscando que dejemos de lado nuestra capacidad de reflexión.

Vivimos estos años un gobierno oligárquico. No tenemos un gobierno del pueblo sino el de unos pocos. A ellos no les importan el sufrimiento de los transportistas extorsionados, la salud pública o la corrupción rampante. Sólo les importan sus enormes ganancias y seguir con sus abusos y explotación. Esta oligarquía quiere quedarse en el poder capturando el Tribunal Constitucional, la JNJ, el Ministerio Público y ahora van por el Jurado Nacional de Elecciones. A estos grupos de poder económico, este cogollo de mineros y agroexportadores, bancos, AFP y grandes monopolios, les servirían muy bien Keiko, López Aliaga o Carlos Álvarez. Como respaldo, para impedir cualquier cambio, vienen armando un Senado bajo su control y una legalidad sometida vía el TC y la JNJ. Ya no ocultan su postura. El evento anual empresarial de CADE del próximo mes es de un desenfado oligárquico y autoritario nunca antes visto, con una consigna amenazante de aplicarnos su “fuerza” en vez de llamar al diálogo o la reflexión, con conferencistas de la ultraderecha conservadora internacional y Fernando Rospigliosi dirigiendo la primera parte.

El pueblo mayoritariamente rechaza esta enorme desigualdad, los abusos de los monopolios y el extractivismo concentrado. Por eso, para mantenerse en el poder esta nueva oligarquía viene acabando con nuestra democracia. No debemos permitírselo.

09/10/2025

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 753 año 16, del 10/10/2025

https://www.hildebrandtensustrece.com/

27 de agosto de 2025

Perú: ¿Porky al alza?

Maritza Espinoza

Con estas experiencias, parece que, a partir de ahora, será mejor que los candidatos que aspiren a la presidencia en nuestros países comiencen a preocuparse cuando aparezcan en las encuestas prematuramente y que no comiencen a vender los huevos antes de que la gallina ponga.

Ya nos imaginamos la fiesta de cilicios que debe haber armado Rafael López Aliaga al enterarse de que había logrado superar, en la última encuesta de Ipsos, a la heredera del fujimorismo. Claro que la ventaja obtenida (10 % contra 8 %) está dentro del margen de error que, según la ficha técnica, supera el 2 %, pero don Porky no es de aquellos que se fijan en detalles. Él ya se siente el ganador absoluto de una carrera que ni siquiera ha comenzado.

Los expertos han señalado que esa pequeña subida del líder de Renovación Popular (partido que, según la misma encuesta, es desconocido para más de un tercio del país y, por si fuera poco, jamás sería votado por otro grueso tercio) puede deberse a dos factores que, la verdad sea dicha, es imposible que se sostengan en el tiempo.

Primero, a que por el escandaloso proceso de compra de los ya célebres trenes chatarra, López Aliaga parece ser el único político que hace algo concreto, aun cuando se trate de una obra fallida y llena de cuestionamientos. Es decir, la nueva versión del tradicional “roba, pero hace obra” es ahora “la embarra, pero hace algo”, la pobrísima exigencia mínima de los peruanos ante el poder.

El otro factor de su levantada (de un punto, pues en julio tenía 9 %) sería que, también a partir del chongo de los trenes y su enfrentamiento con el ministro de Transportes, César Sandoval, el alcalde limeño se habría posicionado como la cabeza de la “oposición” al gobierno, algo que supera los límites de la hilaridad. ¿Oposición él, cuya bancada sigue votando disciplinadamente junto al resto del pacto mafioso que controla el Congreso? Perdonen la risotada.

Bueno, pues, volviendo a la encuesta, no hay mayores novedades en cuanto a candidatos, pues, además del 10 % de López Aliaga y el 8 % de Keiko Fujimori, Carlos Álvarez mantiene su 6 % de meses pasados. Lo llamativo es la aceptación que tienen en los diferentes segmentos sociales. Por ejemplo, López Aliaga llega al 35 % en el segmento A/B (lo que lo convierte más en un fenómeno sanisidrino) y es un auténtico desconocido en los segmentos más bajos. Keiko Fujimori se maneja parejo, aunque se le escabulle el segmento D/E, donde apenas llega al 5 %. Por su parte, el imitador Carlos Álvarez tiene aceptación en los dos extremos, aunque tampoco termina de despegar.

Como es de prever, el grueso de la intención electoral está en el Blanco/Viciado/Ninguno, que llega a un contundente 38 % de promedio, lo que supera la popularidad sumada de todos los candidatos visibles hasta el momento. Sin embargo, el dato más saltante es el voto del rechazo que, como en todas las elecciones recientes, tiene en primer lugar a Fuerza Popular, pues sumando el “Probablemente no votaría por ese partido” y el “Definitivamente no votaría por ese partido” llega a un abrumador 58 %, solo superado por el casi extinto Partido Aprista, por el cual probablemente no votaría jamás el 60 % de peruanos.

Lo que las encuestas jamás medirán, por cierto, es cuánto sirve una encuesta en el Perú a más de medio año del día de las elecciones, cuando la experiencia nos dice que los ganadores suelen asomar cabeza muy poco antes del día D. Ocurrió en 2016, cuando Pedro Pablo Kuczynski recién comenzó a subir en las encuestas en marzo, un mes antes de la primera vuelta, justo después de que, el 20 de febrero, una admiradora le “pesó” los testículos en pleno mitin. Volvió a ocurrir en 2021, cuando un desconocido Pedro Castillo se disparó después del segundo debate presidencial, que tuvo lugar el 30 de marzo, y pasó a segunda vuelta con la primera mayoría. El favorito hasta entonces, y durante largos meses, había sido George Forsyth, quien finalmente no superó la valla.

Y no es un tema local. Acaba de ocurrir en Bolivia, donde, durante meses, las encuestadoras dieron como favoritos a Jorge “Tuto” Quiroga y Samuel Doria Medina, dos representantes de la derecha histórica que tienen años en el juego político. Cuando todos pensaban que la segunda vuelta (tras la atomización del Movimiento al Socialismo, el partido que fundó Evo Morales) sería entre ellos dos, asomó por los palos un candidato de centroderecha al que nadie le prestaba mucha atención, Rodrigo Paz, quien ahora no solo tendrá mayoría en el Congreso, sino que muy probablemente será electo presidente en el balotaje de mediados de octubre.

Con estas experiencias, parece que, a partir de ahora, será mejor que los candidatos que aspiren a la presidencia en nuestros países comiencen a preocuparse cuando aparezcan en las encuestas prematuramente y que no comiencen a vender los huevos antes de que la gallina ponga. ¿Recomendaciones? Bueno, trabajar con bajo perfil, hacer discreto proselitismo fuera de Lima y evitar los medios masivos (o sea, justo lo que no hacen Keiko Fujimori ni López Aliaga). Así, tal vez podrán escabullirse de la artillería enemiga y, quién sabe, hasta dar el “castillazo” el próximo mes de abril.

https://larepublica.pe/opinion/2025/08/20/porky-al-alza-por-maritza-espinoza-1642540

21 de julio de 2025

Lecciones bolivianas

Pedro Francke

"Su 'gallina de los huevos de oro', la producción de gas, fue retrocediendo desde hace una década"

La situación económica de Bolivia no es buena estos últimos tiempos. La razón es parecida a los riesgos que nos está generando el cogobierno Boluarte-Congreso: un déficit fiscal fuera de control. Sólo que allá ha sido más grande y fue creciendo por varios años, llevando a un desequilibrio externo, de tal manera que faltan dólares para importar productos esenciales como los combustibles.

Resulta que la irresponsabilidad macroeconómica no es sólo un problema de gobiernos izquierdistas. Tanto Trump en Estados Unidos como el gobierno Congreso-Boluarte han generado un desequilibrio fiscal enorme, otorgando grandes regalos en materia tributaria a los billonarios y a las grandes empresas mientras cortan presupuesto para asuntos esenciales como los servicios de salud y la educación pública. Por otro lado, hemos tenido en nuestro continente gobiernos izquierdistas como AMLO y Claudia Sheinbaum en México y Gabriel Boric en Chile, que han sido bastante cuidadosos con los equilibrios macroeconómicos.

¿Por qué hay gobiernos fiscalmente irresponsables? Para un gobierno de derechas o izquierdas, gastar más sin luchar por obtener los ingresos que lo sustenten es una tentación, ya que sus desenfrenos los pagarán otros gobiernos y, mientras tanto, consiguen apoyos de determinados grupos. Eso es exactamente lo que está haciendo López-Aliaga ahora en Lima, endeudando a la ciudad enormemente, de tal manera que a futuro una crisis de la Municipalidad de Lima es ineludible. Los demagogos siempre recurren a pintar un “futuro rosa” afirmando que con sus políticas la economía crecerá mucho más y que con eso se resolverá todo. Cuando luego de algunos años el déficit no se reduce y la deuda sigue creciendo, tienden a seguir con la farra, hasta que llegan al precipicio, a veces cuando esos gobernantes irresponsables ya no están.

Que ese error fatal deba evitarse, no quiere decir que izquierdas o derechas sean similares. Se puede lograr que los ingresos y los gastos fiscales mantengan un equilibrio de mediano plazo con dos políticas sustancialmente diferentes. El neoliberalismo peruano entre 1990 y 2020 aplicaba una política fiscal equilibrada con bajos impuestos a los ricos y monopolios, bajo gasto social e inversión pública raquítica. Las cuentas cuadraban, pero la pobreza y la desigualdad eran enormes: una típica política derechista. Nuestro actual gobierno agrava lo malo de esa política con mayores beneficios tributarios a los agroexportadores y grandes empresas, llevándonos a un desequilibrio fiscal. Pero con muchos de sus socios importantes beneficiados y el neoliberalismo reforzado, la Confiep apoya semejantes despropósitos.

Una política de izquierda sostenible busca el equilibrio fiscal cobrando tributos con mayor justicia, acabando con la evasión tributaria de los grandes grupos monopólicos, lo que permite que se destine mayores recursos a pensiones dignas, a que todos tengan acceso a salud oportuna y de calidad, a mejorar la educación pública e invertir en infraestructura y avance tecnológico. Eso es lo que propusimos desde el Ministerio de Economía el 2021, al mismo tiempo que concentrábamos esfuerzos en lograr la vacunación amplia que detuvo el Covid-19, lo que nos permitió retornar a cierta normalidad en nuestras vidas, la producción y la economía. La diferencia con las políticas que han llevado a la crisis a Bolivia es que allá persistieron en más gasto social sin recursos que lo sostengan, receta para que tarde o temprano haya un descalabro macroeconómico, inflación y desempleo, que termina con la población en peor situación que antes.

Hay un segundo tema en estas experiencias de irresponsabilidad fiscal y crisis macroeconómica, que se ve en el mediano plazo: la producción. En todos estos casos, un tema importante es si se logra crecimiento económico. Efectivamente, un crecimiento acelerado implica más ventas y más ganancias empresariales, y con eso más recaudación tributaria. Por el contrario, una caída de la producción genera un hueco en los ingresos, que es muy difícil, económica y políticamente, de reequilibrar.

En los casos de Bolivia resaltan dos hechos. Por un lado, su “gallina de los huevos de oro”, la producción de gas, fue retrocediendo desde hace una década. No lograron atraer nuevas inversiones para el gas y se confiaron en que el litio les pudiera cubrir el faltante, pero esta producción no llegó. Junto a esto hay un tema aún más importante: no le dieron prioridad absoluta a la diversificación productiva. Es un asunto de fondo y una vez más se vio que no hay desarrollo progresista sin cambio productivo estructural. De esta manera, mientras por un lado generaron más demanda interna la producción nacional no le siguió el paso, provocando un déficit externo y una aguda escasez de dólares.

En esas condiciones, en Bolivia el mediano plazo del desbalance productivo explota en combinación con el desequilibrio fiscal. La presión macroeconómica se concentra en la escasez de dólares que, llegado al punto extremo en que está hoy, sólo tiene dos salidas: devaluación o racionamiento. La segunda opción, que los peruanos recordamos en la forma de los “dólares MUC” del primer gobierno de Alan García, suele generar mucha corrupción y un dólar paralelo que sube y finalmente provoca un gran empujón inflacionario. La otra salida, una devaluación pura y simple junto a un ajuste fiscal fuerte, es también muy costosa en cuanto a sus efectos recesivos y empobrecedores. Llegados al punto extremo, la irresponsabilidad productiva y fiscal termina poniendo a los gobiernos entre la espada y la pared, como sucede en Bolivia hoy.

Dos lecciones sacamos de este análisis. Una: se debe mantener un equilibrio fiscal de mediano plazo, lo que para una política de izquierda implica que atender nuestras grandes necesidades sociales siempre debe tener una base sólida de justicia tributaria. Dos: es indispensable dar mucha prioridad a la diversificación productiva, asegurando un crecimiento dinámico y resguardando las exportaciones primarias.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 742 año 16, del 18/07/2025

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21 de junio de 2025

Perú: Chanchos voladores, drones bomba

Juan Manuel Robles

"El último chiste de Porky a mí me parece particularmente miserable"

No hay síntoma más cabal de los tiempos que corren, de nuestra crisis sin rumbo, que Rafael López Aliaga. El alcalde de Lima no solo representa el fracaso final del modelo de empresario “exitoso” que pasa a la arena pública; resume como nadie estos tiempos en que las palabras no valen nada, la vergüenza no es un asunto serio y la relación con los votantes y ciudadanos es una broma infinita. López Aliaga se mata de la risa de los limeños en vivo y en directo, y de formas cada vez más crueles.

El alcalde no es solo un mal chiste permanente. Es un estado de ánimo que se le impone a Lima.

Autoritarismo no es solo que las fuerzas del orden repriman o maten, y que un Congreso lleno de corruptos haga leyes y cambios en la Constitución para copar las instituciones y neutralizar a los opositores. Autoritarismo es también que el alcalde pueda decir las estupideces que dice —faltando el respeto a la inteligencia de los limeños— y la prensa les haga creer a los ciudadanos que aquellas son ideas razonables que hay que analizar en un panel. Lanzar un disparate en un tema sensible de la administración pública es una negligencia que debería encender todas las alarmas. Pero los medios nos han acostumbrado a tolerar a López Aliaga, a propagar sus sandeces como si fueran extensión de su carácter excéntrico. “Es que él es así”, parece ser la excusa implícita.

El último chiste de Porky a mí me parece particularmente miserable. El alcalde ha señalado públicamente que, para resolver el problema de la inseguridad ciudadana, Lima usará drones patrulleros con capacidad letal. «El dron es como un cóndor; está dando vueltas y baja cuando detecta un acto delictivo», ha dicho. No solo eso. El dron, según el burgomaestre, descenderá a la escena del crimen y, si el malhechor se resiste a la autoridad, explotará.

O sea, alguien te asalta y el dron cóndor baja en círculos y se pone al lado del infeliz que te tiene del cogote. Lanza la advertencia final y, como el sujeto no obedece, se acerca aún más y hace explosión, acabando con el problema; daño colateral: el dron y tú. En ese orden.

No quiero ni imaginar al dron interviniendo en un bus asaltado. O en un chifa.

El alcalde pone tono serio, niega que lo que dice sea un chiste. Se adelanta a responder a los incrédulos. ¿Oiga, no saben que ya existen drones haciendo ese trabajo? Los críticos seguramente son zurdos que no entienden de tecnología, él acaba de estar en Arabia, de donde sacó la idea, y, si no creen que un dron puede detectar desde el cielo una acción delictiva, es porque no están al tanto de las maravillas de la inteligencia artificial.

La inteligencia artificial —Grok— le responde al alcalde:

«No hay evidencia creíble que confirme que en países árabes se usen drones para combatir la delincuencia que exploten si no se acatan advertencias, como afirmó Rafael López Aliaga. Los drones en países como Emiratos Árabes Unidos se usan principalmente para vigilancia policial, no para acciones letales. No se encontraron fuentes que respalden el uso de drones explosivos en contextos de aplicación de la ley. Además, los drones avanzados con IA son costosos, contradiciendo la afirmación de que son “baratos”.»

Puede parecer gracioso, una estampa de nuestro folclor, un video viral que podría dar la vuelta al mundo para que todos vean, una vez más, que en el Perú nunca te aburres. “Imagínate vivir en Suiza y no ver al alcalde diciendo que hará estallar drones contra los delincuentes”. Pero la inseguridad tiene hoy mismo heridos y deudos, familias rotas. La inseguridad altera la perspectiva de miles de peruanos, enrarece su idea de futuro. No estamos para gracias.

Y sí, a estas alturas ya sabemos que López Aliaga es un incontinente. No para de alucinar y suelta todo lo que se le ocurre. Días antes había propuesto la construcción de una versión peruana del CECOT, la megacárcel de Bukele (una semana atrás, había propuesto, más bien, mandar a los delincuentes peruanos a El Salvador). Para elegirse de alcalde, prometió resolver el problema de la inseguridad consiguiendo diez mil motos patrulleras. Consiguió solo cuatro mil, con denuncias de sobrecostos y sin que su utilidad esté clara. Y su gran obra tecnológica para Lima es un tren chatarra de cuarenta años de antigüedad, una “donación” cuyo traslado y acondicionamiento costará 24 millones de dólares, vagones como elefantes blancos pintarrajados de grafitis que California desechó porque contaminaban el medio ambiente.

Pero el alcalde sigue, sigue lanzando sus ideas, que bajan del cielo y nos explotan en la cara.

El asunto no es solo él, son los controles que deberían existir para detenerlo, dada su pública falta de seriedad (y que no existen). Minutos después de su último disparate, América Noticias titulaba:

DRONES CON IA PARA PATRULLAR LIMA

“El alcalde anunció que implementará estos dispositivos que operarían con la ayuda de inteligencia artificial. Detalló que estarán conectados a la central municipal de control”.

Y aunque algunas presentadoras alcen la ceja con sorna, no se compara con el ceño fruncido lleno de clara indignación que lanzaban cuando Pedro Castillo decía algo, digamos, poco técnico. Oh, había que ver eso, ese festín piraña. Cada idea fuera de foco de Castillo era contestada con un periodicazo del grupo; y hasta el reportero practicante tenía licencia para hacerse el gracioso frente a cámaras.

Hay distintos puntos de vista sobre lo mucho o poco que la prensa puede exigirle a una autoridad que tiene un mandato autónomo. Para mí está claro que sí se le puede exigir, siempre, tomarse la cosa pública en serio. Y quien no lo haga debe sentir la presión para responder. O tal vez me quedé en el pasado, ya no entiendo nada, y hoy está bien ser un alcalde meme, un provocador de cantina, un cínico, un mitómano. O tal vez es más simple: ese alcalde que se burla de Lima es parte de la coalición de derecha. No es un rojo, ni siquiera un caviar. No amenaza al sistema y por tanto tiene salvoconducto. De hecho, para los poderes fácticos es un presidenciable deseable. Así que limeño, a comprenderlo, nomás. Qué nos cuesta reír un rato.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 738 año 16, del 20/06/2025

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17 de diciembre de 2024

Perú: The horror

Pedro Francke

El tráfico en Lima es un horror. El tránsito es complicado en otras capitales y grandes ciudades latinoamericanas, pero el nuestro es de campeonato. Estoy en un seminario internacional en México DF, ciudad que es el doble de Lima y famosa por sus atoros, y aun así el tráfico palidece frente al de nuestra capital. El costo es enorme: todos perdemos muchísimas horas valiosas de nuestro tiempo, se encarece el transporte de personas y de mercancías y la contaminación en la ciudad aumenta pues los vehículos pasan más tiempo emitiendo gases. Al mismo tiempo que se celebra la reducción de costos logísticos que puede significar el puerto de Chancay, el tráfico hace que estos costos den un salto en Lima, donde se produce más del 40% del PBI nacional. Es un verdadero desastre y hay que buscar soluciones.

Estas semanas nos abruman esas obras públicas que han pululado por doquier justo a fin de año, cuando ya sabemos que hay más tránsito en las calles. También esas construcciones de edificios que estacionan camiones justo en las horas pico en medio de la pista. Pero la crisis del tráfico limeño de estas semanas es como la gota que rebalsó un vaso que ya estaba al tope.

López Aliaga apuesta por algunas obras dispersas –una por acá, otra por allá, sin ton ni son– que quiere que se hagan rapidito para que puedan sustentar su carrera presidencial, esa que cuando hacía campaña para alcalde de Lima negó rotundamente. Vamos a ver cuánto llega realmente a hacer. Ya hemos visto que su primera gran obra, el puente encargado por los alcaldes de Miraflores y Barranco de su partido Renovación Popular, hasta ahora solo ha servido para malograr más el tránsito junto a un rosario de promesas de entregas incumplidas. Ojo que López Aliaga ya nos endeudó por décadas de manera irresponsable careciendo de plan alguno. La pregunta de fondo sigue siendo, aun suponiendo que algunas de estas obras municipales lleguen para ayudar al tránsito en las zonas aledañas: ¿Esta estrategia puede dar una solución real al congestionamiento limeño?

Mientras tanto, el tráfico de locos que tenemos se agrava por el cáncer de las pistas con huecos, que empieza a hacer una metástasis que no quiero ni pensar cómo llegará al 2026. Algunas veces más que huecos son cráteres o zanjas, incluso en vías principales y cruces críticos. ¿Acción de la Municipalidad de Lima? Ninguna. Se deja que avenidas importantes se vayan deteriorando, siendo bien sabido que es mucho más eficiente aplicar mantenimiento preventivo y nuevas capas de asfalto antes que las pistas se deterioren y surjan los huecos. Se nos dice una y otra vez que los empresarios privados son los adalides de la eficiencia, pero nada hace al respecto nuestro alcalde. Hay varios otros cánceres pululando por las calles de Lima sin reacción municipal: los rompemuelles multiplicándose sin sentido ni medida, los carros y camiones estacionados donde no deberían, las intersecciones mal diseñadas y peor señalizadas, el desorden y casos multiplicándose diariamente hacia nuevas esquinas. Todo eso colabora, y bastante, en tener el tráfico de horror que padecemos. No es algo que carezca de solución, ni siquiera que sea tan caro o difícil de resolver, sólo requiere prestarle atención. Así como se necesita eliminar barreras burocráticas en la economía, ¿por qué no un fuerte programa para eliminar todas esas barreras al tránsito en Lima, atacándolas masivamente en muchos frentes de manera simultánea?

En estos tiempos, además, una forma importante de mejorar el tránsito tiene que basarse en la enorme cantidad de datos que se generan y acumulan cada segundo y la capacidad actual de las computadoras de procesar esa información a gran velocidad. A estas alturas de la historia es evidente que los semáforos deben ser semáforos inteligentes, cuya duración se ajuste de acuerdo al tránsito y faciliten los flujos en diversas direcciones lo más posible, y que todo el sistema de señales debe estar interconectado de tal manera de permitir “olas verdes” y flujos más rápidos. Incluso el diseño de los flujos en las intersecciones, las regulaciones y sanciones, deben ser inteligentes, siguiendo el comportamiento real de peatones, ciclistas y choferes de los vehículos de diverso uso y tamaño. Si tenemos estas varias apps que optimizan nuestras rutas en la ciudad capturando dónde estamos en cada instante, ¿toda esa información no puede servir para mejores diseños de pistas, intersecciones y regulaciones de flujos? Eso es tan obvio que muchas capitales de Latinoamérica ya lo tienen. Pero acá, seguimos en cero, habiendo López Aliaga demorado dos años la opción de un proyecto de apoyo del Banco Mundial al respecto.

La base para una solución de fondo, desde luego, tiene que ser planificación urbana y del transporte con lógica de bienestar público, con ordenamiento del transporte, inversiones en metros y metropolitanos y un sistema eficiente de rutas complementarias, vías adecuadas y seguras para ciclistas y una mejor regulación con una fuerte campaña de educación vial. Si hay alguna área en la cual la propuesta “libertaria” de que el mercado lo soluciona todo y el Estado debe hacer y regular lo menos posible, esa es el transporte urbano. Lo que sufrimos hoy, hay que decirlo, es la herencia del modelo neoliberal que impuso Fujimori de manera particularmente extrema en el transporte urbano, que luego fue mantenido en este milenio y que ha producido la caótica y tremendamente ineficiente situación de hoy, con altísima informalidad. Por esa vía, sin embargo, el horror del tráfico limeño no tiene solución real y sostenible. Los metros nunca son iniciativas privadas y menos aún lo son los sistemas integrados del transporte con preferencia de espacios para peatones y ciclistas, que son hoy reconocidos mundialmente como los mejores sistemas. Una política pública de transporte bien pensada con fuerte intervención estatal es la clave, y así es como se ha hecho en todas partes del mundo.

Hoy eso parece mucho pedir para este país donde carecemos de gobierno más allá de algunos grupos de interés que han capturado el Estado, y el alcalde metropolitano no pasa de repetir viejas estrategias. Recordemos que las obras de transporte vienen siendo utilizadas políticamente desde hace décadas en una ecuación donde se conjugan dos lados: el publicitario con la foto de inauguración y el oculto con la coima millonaria. Aunque la total ineficiencia con el puente de Miraflores, donde se cerró la bajada a la Costa Verde inútilmente, fina cortesía de los alcaldes de Renovación Popular, pone en cuestión si el primer lado de esa ecuación llegará a funcionar.

Mientras tanto, en estos tiempos difíciles en nuestras calles, yo me enfrento a este problema sacándole el cuerpo lo más que puedo. Trato de evitar todo lo que sea ir a distritos alejados o adonde sé que llegar está duro. Para reuniones, aprovechar las posibilidades de conexión virtual es lo mejor. La bicicleta es mi medio preferido de transporte, con el que evito atoros y hago buen ejercicio (aunque de la bocanada de humo negro con la que una cúster ataca alevosamente a veces no me salvo). La otra opción, si se puede, es escoger cuidadosamente el momento: la hora punta hay que evitarla a toda costa. Cuando no me queda otra, agradezco que mi carro es pequeñito, tiene gran maniobrabilidad y entra en cualquier lugar.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 713 año 15, del 13/12/2024

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1 de abril de 2023

Perú: el bastión del fascismo en la región

Laura Arroyo Gárate

En las últimas horas, el Lugar de la Memoria ha sido clausurado de manera arbitraria evidenciando los avances en la cadena de censuras de este régimen. Una cadena que no empezó este martes con el cierre del LUM, sino hace meses con -los muy poco mediáticos- allanamientos al local de la Confederación de Campesinos del Perú o al del partido Nuevo Perú por citar dos. Casi al mismo tiempo, el régimen de Boluarte ha avanzado un paso más en el aislamiento regional al que encamina al Perú al retirar, esta vez, al embajador peruano de Colombia por “injerencia extranjera” cometida por Gustavo Petro, mientras que el brazo legislativo del régimen, le ha prohibido la entrada a los miembros de la Misión de Solidaridad Internacional y Derechos Humanos que incluye a diputados argentinos, nuevamente, por “injerencia”. En las mismas últimas horas desembarcaron en Lima los representantes del nazismo en España (VOX), de la ultraderecha conservadora mexicana y del golpismo ultraconservador boliviano con la hija de Jeanine Añez, Carolina Ribera Añez, como principal portavoz a la que, por cierto, podemos leer en una extensa y concesiva entrevista en el diario legitimador de estos grupos, Perú21. En este caso, la “injerencia extranjera” fue recibida con un “¡Viva VOX!” enunciado por el Alcalde de Lima, Rafael López Aliaga. Ninguno de estos hechos constituye un episodio aislado ocurrido en horas simultáneas. Por el contrario, nos encontramos ante una red de sucesos interconectados entre sí y que responden al mismo objetivo político.

El desembarco de la extrema derecha en Perú no es un hecho arbitrario ni menor. Y no sólo por lo escandaloso que resulta que un partido político como VOX tenga la posibilidad de difundir sus mensajes racistas, intolerantes, de odio y fakenews, sino porque no visitan gratuitamente la capital peruana. El Foro Madrid no es otra cosa que la puesta en escena de la internacional reaccionaria -esa alianza entre fuerzas políticas de extrema derecha, think tanks y organizaciones de disputa ideológica, directores de medios de comunicación especialistas en la propagación de información falsa, organizaciones religiosas extremistas, referentes de opinión internacional como es el caso de Mario Vargas Llosa, etc.,- con el fin de demostrar músculo en la disputa ideológica internacional en la que nos encontramos. VOX se encuentra particularmente interesado en Perú y no porque le gusten nuestros paisajes ni nuestra gastronomía. Tras la derrota de Jair Bolsonaro en Brasil, y con la asunción de Dina Boluarte como la Presidenta de una dictadura cogobernada por todos los poderes peruanos, Perú se ha convertido en el bastión de la extrema derecha internacional en nuestra región.

Este rótulo es tan preciso como alarmante anuncian los vientos que vienen en nuestro país cuya dictadura tiene como avales internacionales a los mayores exponentes del retroceso en derechos que deberían ser consensos democráticos, de la discriminación racial y de género, del autoritarismo como forma de gobierno y, por supuesto, de la justificación de asesinatos bajo todos estos preceptos. Como vemos, el proyecto político de VOX y el de Boluarte y su coalición de gobierno es el mismo. Fin del consenso democrático con un golpe de estado de los poderes que perdieron en 2021, la discriminación racista evidenciada en el tipo de sujeto que es asesinado por la represión injustificada dirigida especialmente a campesinos, quechuas y aimaras, el autoritarismo ejercido desde Palacio de Gobierno, pero también el Congreso de la República, el sistema judicial útil a la dictadura, el poder mediático silencioso, el poder económico como aval, etc., y esos más de 60 peruanos y peruanas que ya no están entre nosotros y que para este gobierno, sus aliados y para una parte de la élite ilustrada, no justifican ni sacar a Boluarte, ni cerrar el Congreso, ni llamarlo dictadura, ni calificar al régimen de fascista.

Hace unos días, precisamente en una charla dedicada a hablar de las extremas derechas en Perú, comentaba que no se trata de un universo de partidos políticos con proyectos radicales. La extrema derecha es, en realidad, una cosmovisión que incluye a los partidos políticos, pero sobre todo despliega su potencia gracias a los otros poderes -sobre todo el poder mediático- que les abren las puertas a sus mensajes amparándose en una mal entendida “libertad de expresión” y naturalizando por tanto estos discursos en la agenda pública. Por ello, es importante delinear con precisión el tipo de gobierno que (sobre)vivimos en Perú señalando el carácter dictatorial y fascista del régimen de Boluarte pese a que hay quienes consideran que ambas resultan exageraciones pues “todavía” existen espacios de debate y disenso, medios alternativos o vestigios de institucionalidad precaria. La realidad, lamentablemente, es la que confirma el diagnóstico. El cierre del LUM es sólo un paso más en una cadena de acciones iniciada antes del 7 de diciembre. En el caso de la dictadura de Boluarte, además, con más de 60 asesinados por la represión y sus efectos, y con las alianzas que construyó para erigirse como presidenta, el carácter ultraderechista de su mandato era una obviedad esperando a confirmarse más pronto que tarde. Y en ese escenario donde el fascismo está en Palacio de Gobierno ya estamos hace rato.

Habrá quien piense que la disputa contra la extrema derecha puede darse en el terreno de lo conocido. En el escenario de la política como debate, del diálogo como forma o del respeto como norma. Me temo que hay malas noticias. La política, para comenzar, siempre ha sido un escenario de disputa y no de conciliación, sin embargo, los consensos alcanzados a nivel internacional -nos gusten más o menos- han llegado a su fin precisamente por la acción y la política desplegada por las extremas derechas. El gran consenso democrático a nivel internacional -un consenso bastante mejorable, pero consenso al fin y al cabo- se ha demostrado completamente quebrado. Donald Trump fue fundamental para ello. Y, por eso, las extremas derechas constituyen hoy la principal amenaza a las democracias a nivel mundial. Democracias que utilizan para llegar al poder y acabar con ellas o, como en el caso peruano, democracias cuyos cimientos tuercen para lo mismo. Así, buscan instaurar regímenes que recorten derechos, cercenen libertades, criminalicen a cualquier disidente y, en última instancia, los silencie para siempre mediante el uso de la fuerza. De detener arbitrariamente a un líder social a ilegalizar un colectivo, un partido, un discurso o una opinión. ¿Acaso en Perú no está pasando precisamente esto?

Pero las extremas derechas no son en realidad una versión diferente o nueva de las posiciones de poder en los países. Por el contrario, son el último recurso de las élites cuando pierden el poder o, incluso, un poco de poder. Lo vimos en Brasil, lo vemos en España y lo vivimos en Perú. Nada queda de las derechas con las que se podía discrepar ideológicamente, pero acordar líneas rojas dentro del consenso democrático. Y esto no ocurre sólo con el surgimiento de partidos fascistas como Renovación Popular, la suma a esta cosmovisión reaccionaria por parte del fujimorismo (que de democrático no tuvo nunca, ni cuando su líder fue a Harvard a mentir con el aval de ciertos politólogos ingenuos), o el envalentonamiento de movimientos fascistas como La Pestilencia, Los Insurgentes, etc. Esto lo vemos también en la ruptura interna de partidos con cierta trayectoria democrática como Acción Popular cuya figura de mayor peso mediático hoy, Maricarmen Alva, se encuentra en la clausura del Foro Madrid abrazando al fascismo del que es hermana. Y, sobre todo, esto lo vemos en la orquesta de complicidad de todos los poderes peruanos que entienden que asesinar es válido si con ello preservan lo que realmente está en juego: el modelo. Las extremas derechas han sido históricamente capitalistas y, hoy, neoliberales. No tienen ningún carácter transformador. Por el contrario, su esencia es conservadora y, por lo mismo, buscan preservar el modelo mediante el cual la desigualdad es una norma, la precariedad es costumbre, el “sálvese quien pueda” es doctrina y las élites son las que mandan. De ahí su disputa con lo que llaman “comunismo”, un rótulo vacío en donde incluyen a cualquiera que hable de presencia del Estado, de garantizar derechos o ampliarlos, de exigir que se respete el voto de todos y todas por igual, y que, en última instancia, se ensanche la democracia. De ahí también, por su afinidad con el modelo que siempre defendió, es que podemos ver a un Mario Vargas Llosa involucionar y pasar de denunciar a la dictadura fujimorista a abrazarse con Abascal (VOX) y con Boluarte. Es el modelo lo que defienden. Son los privilegios los que están en juego. Si la democracia opera en contra de ellos, renuncian a la democracia por supervivencia. Está claro que las derechas -hoy extremadas- tienen mucha conciencia de clase.

Es verdad que el cierre arbitrario del LUM constituye una clausura conveniente ya que se realizó horas antes de que se presentara el informe de Amnistía Internacional. Un informe que da cuenta de las violaciones a los Derechos Humanos perpetradas sistemáticamente por el régimen de Boluarte. Pero este no es el único ni el principal motivo. De hecho, la publicidad que cobró el informe fue un premio consuelo tras esta arbitraria censura, pero no por eso supone una victoria. No es un edificio lo que se clausura, sino lo que representa: el encuentro físico con la historia y, por tanto, el ejercicio de la memoria desde un proceso en presente y no en pasado. La extrema derecha sabe muy bien que la disputa ideológica ha de darse precisamente en los escenarios de construcción de sentidos comunes a partir de nuestras propias narraciones del pasado y del presente. De ahí que sustenten su difusión discursiva en propaganda sesgada y, sobre todo, en la corrupción de la verdad (fakenews). La narrativa es potente. El discurso construye y destruye. Las palabras determinan no sólo lo que decimos de nosotros, sino lo que somos. Que nos disputen los significados de “libertad”, “progreso” o “democracia” no es otra cosa que la evidencia de esta estrategia con la que no se puede debatir, sino sólo combatir. Deberíamos tomar nota de las lecciones. Como bien señala en un hilo de tuiter Martín Soto, durante el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski vimos cómo la extrema derecha presionó al entonces Ministro de Cultura, Salvador del Solar, para censurar una muestra en el LUM. En aquel momento, hubo quienes pensaron que lo mejor era conciliar y conceder. Para evitar la confrontación, se retrocedió. De aquellos polvos estos lodos. Se entregó la cabeza del director del LUM, Guillermo Nugent y hoy vemos cómo un paso atrás en la memoria significa abrirle la puerta a los fascistas. Por ello, no podemos permitir que la verdad se ponga a debate. Los hechos no se polemizan. Al fascismo y su discurso sólo cabe cerrarles el paso.

La internacional reaccionaria nunca llega silenciosamente, todo lo que ha ocurrido en las últimas horas -pese a que sólo la clausura del LUM cobra un cierto protagonismo mediático- son los ecos de sus tambores sonando fuerte y claro en nuestras costas, y con los aplausos, selfies y declaraciones emocionadas del fascismo local representado por Muñante, Chirinos, Tudela, Cueto, Alva y todo el listado largo que ya conocemos. Pero hay una palabra que combate al fascismo mejor que ninguna otra: DEMOCRACIA. Esa palabra que reivindican a diario desde hace más de cien días peruanos y peruanas en las calles pese al terruqueo mediático, la represión policial, el asesinato invisibilizado por los poderes, las mentiras del gobierno, la insensibilidad del Congreso y la complicidad del poder económico. Decía Bertolt Brecht que “cuando la verdad sea muy débil para defenderse debe pasar al ataque” y en Perú, quien mejor está leyendo el momento político, al adversario que tenemos en el poder y defiende la verdad, la memoria, la justicia y, por tanto, la democracia es ese Perú movilizado que ya es el mejor frente antifascista. Pero en ese espacio potente y admirable todavía no están todos. Faltan quienes dudan, quienes se asustan, quienes hacen equidistancia, quienes hablan hoy más del cierre del LUM que en tres meses de los 60 muertos. Siempre será una buena noticia que esto cambie. Están tardando, pero todavía no es tan tarde. La defensa de la democracia está en las calles del país desde el 7 de diciembre. Ya va siendo hora de que en esa defensa no falte nadie.


26 de marzo de 2021

Perú. Fascismo y salud mental

Jorge Bruce

En el fragor de la campaña electoral, hay un candidato que destaca nítidamente por la virulencia y desconexión de la realidad con la que se expresa. No se le mencionará en esta columna, para no dignificar su verborrea coprolálica. Pero sí es relevante analizar el fenómeno, el cual no es nuevo. Los casos más recientes en nuestro continente son los de Bolsonaro y Trump. Este último llegó a decir que podría disparar a alguien en la Quinta Avenida de Nueva York, sin que le quite votos. Y era cierto.

Los síntomas, enseñaba Freud, son multideterminados. ¿Por qué hay tantas personas dispuestas a seguir esta corriente de inmundicia moral? Este personaje, en aparente estado de ebriedad, acaba de insultar al presidente de la República –el cual nos representa a todos–, llamándolo baboso, payaso y estúpido. Además dijo que no solo era terruco, sino el jefe de los terrucos. Si un paciente tuviera un discurso como ese en mi consultorio, estaría muy preocupado por su diagnóstico. Una cosa es discrepar con Sagasti, incluso insultarlo con bajeza, otra muy distinta y delirante, considerarlo el jefe de los terrucos.

Sin embargo, varios analistas políticos consideran este vertedero de injurias altisonantes y zafadas de la realidad, parte de una estrategia para obtener notoriedad y captar el miedo, la rabia y la desesperanza de tantos peruanos. Sin preocuparse por el daño inmenso que este comportamiento causa a la democracia. Y contando con la tibieza del Pacto Ético y el JNE, cuyas invocaciones a la mesura y tolerancia son de concurso de reinas de belleza.

Umberto Eco indica 12 señales de alerta del fascismo. Entre estas el control y represión de la sexualidad, la utilización de un líder carismático que representa al pueblo (y habla como él), la búsqueda constante de culpables externos o el llamamiento constante a una clase social descontenta.

Esta búsqueda de conexión con las pulsiones más destructivas (la alianza con los etnocaceristas) y primarias (la discriminación de las minorías) de la sociedad, es peligrosa y muy tóxica para la salud mental. Es difícil combatir estas tendencias cuando surgen en terreno fértil: depresión, ansiedad, violencia, inseguridad. Paradójicamente, eso fue lo que hizo Sendero Luminoso. Por eso no basta con invocaciones. Los movimientos y personalidades autoritarias deben ser enfrentadas con hechos contundentes y convincentes.

19 de marzo de 2021

Perú. Los negociazos de López-Aliaga

Pedro Francke

Rafael López-Aliaga ha amasado una gran fortuna gracias a que es co-propietario de PeruRail, la empresa que explota el tren a MachuPicchu gracias a una privatización hecha por Fujimori. Como conoce cualquiera que haya ido a visitar nuestra maravilla turística, el ferrocarril es la única forma de llegar y los precios que cobran son exorbitantes.

Veamos algunas comparaciones de precios. De Ollantaytambo a MachuPicchu cuesta mínimo 460 soles por apenas 32 kilómetros (64 si sumamos ida y vuelta). De Lima a Ica hay 300 kilómetros, cinco veces más, y el pasaje cuesta 50 soles. Ir de Cusco a Machu Picchu en el tren monopolizado por  Lopez-Aliaga sale más caro que ir de Cusco a Lima por avión recorriendo 584 kilómetros. La empresa de López-Aliaga cobra por kilómetro cincuenta veces más que un bus interprovincial y veinte veces más que un avión.

Si comparamos con otros trenes, un viaje de Madrid a Sevilla en recorrido ida y vuelta que suma unos mil kilómetros, 15 veces la distancia a Machu Picchu, cuesta menos de la tercera parte que lo cobra PeruRail de López-Aliaga. Este señor cobra cincuenta veces más por kilómetro en el Perú donde los salarios promedio son la sétima parte que los de España. En la región, para ir de Buenos Aires a Tigre, un atractivo turístico cercano a la capital argentina que queda a 28 kilómetros, se paga menos de 3 soles ida y vuelta, menos de la centésima parte por kilómetro que lo que cobra López-Aliaga. Por donde se le mire, el tren de López-Aliaga a Machu Picchu cobra carísimo, recontra abusivo.

¿Por qué es tan caro el tren a Machu Picchu? Porque tiene la vía bajo su control exclusivo y muchísimos turistas, nacionales y extranjeros, están dispuestos a pagar buen dinero para conocer nuestra maravilla del mundo, que realmente lo vale. Perú Rail puede cobrar sumas tan altas no por tener un servicio muy bueno, sino porque el destino es extraordinario: López-Aliaga se llena los bolsillos usufructuando un patrimonio nacional que pertenece a todos los peruanos.

¿Por qué no hay competencia? Porque Fujimori privatizó este ferrocarril como un monopolio: le vendió a la empresa de López-Aliaga no sólo las locomotoras y vagones, sino la misma vía férrea, el camino, los rieles y estaciones. Si se tratara de una empresa de autobuses Lima-Ica tendría que enfrentar la competencia de otras empresas, pero en este caso es como si Fujimori hubiera vendido la línea de autobuses junto a la carretera misma y nadie puede pasar por la carretera sin su permiso. Aunque la norma dice que la empresa de López-Aliaga debe alquilar el pase por la vía a otras empresas, mediante maniobras, presiones políticas, operaciones mediáticas y juicios agresivos contra cualquiera que lo cuestionara, López-Aliaga ha conseguido mantener frenada la competencia y sostener el altísimo precio por el pasaje que cobra a la fecha, 25 años después de la privatización.

Por ejemplo, en el 2004 una empresa quiso alquilar el permiso de usar la vía férrea. La empresa de López-Aliaga se lo negó. Luego de eso Indecopi hizo una investigación que terminó multando a la empresa ferrocarrilera de López-Aliaga por impedir la competencia. Pero nada cambió. Tres años después el gobierno dio el Decreto Supremo 031- MTC facilitando que otras empresas operen en esa ruta, pero López-Aliaga logró que un juez impidiera su aplicación, favoreciéndolo. Años después el Tribunal Constitucional anuló este fallo judicial, pero para entonces ya había mantenido su monopolio muchos años y asustado a quienes querían entrar a competir. Además, tras el fallo del tribunal en su contra, López-Aliaga convenció a cuatro congresistas de su partido, entonces llamado Solidaridad nacional (sí, el de Luis Castañeda) a que presentaran un proyecto de ley anulando el DS 031-MTC. La cabeza de esa movida fue Fabiola Morales, ahora nuevamente candidata en la lista de López-Aliaga: favor con favor se paga.

Por cierto, el contrato de privatización que le dio Fujimori no contempla un programa de inversiones para mejorar la infraestructura ferroviaria sustentadas en el incremento de la demanda y la necesidad de minimizar impactos ambientales. Es renta monopólica pura. Gracias a eso, sólo han invertido 77 millones de dólares y ya sacaron 280 millones de ganancia.

¿Hasta cuándo tendrá López-Aliaga este monopolio? La concesión otorgada por el estado está actualmente vigente hasta el 2034, pero dentro de dos años el estado debe decidir si le da una prórroga. Ya lo consiguió antes, en el 2003, durante el gobierno del corrupto Toledo, año en el que fue primer ministro Luis Solari, un médico de la misma línea ultra-conservadora de López-Aliaga, candidato congresal en su lista el año pasado y que ahora éste ha presentado como su futuro ministro de salud. Si López-Aliaga lograra elegir algunos congresistas ¿creen ustedes que favorecerían la competencia y rebaja de precios o que presionarían por darle más años de monopolio abusivo a su jefe político?

UN MISTERIO

Hay más: López-Aliaga tiene grandes inversiones financieras en el exterior que ha ocultado reiteradamente al estado peruano y lo ha vuelto a hacer en esta campaña electoral. No nos hubiéramos enterado de nada de esto si no fuera por el escándalo llamado de los Panama Papers, retratado en la película “La lavandería” con Meryl Streep. Trata de como en Panamá se hacen empresas “secretas”, cuyos accionistas no se revelan nunca y cuyo fin es evadir impuestos y ocultar dinero negro producto de la corrupción. Pero hubo una filtración de 2,500 MB de información de unos abogados panameños dedicados a registrar estas empresas de fachada. Esos abogados se apellidaban Mossack y Fonseca.

¿Adivinen quien tenía empresas ahí?

De acuerdo a la fiscalía anticorrupción, “(López Aliaga) habría usado sociedades o empresas off-shore de fachada en paraísos fiscales para canalizar activos de procedencia sospechosa”. Se sabe ahora, por los Panama Papers, que es dueño de la empresa "Acres Investments", que tiene activos por 179 millones, y que ha creado empresas en otro paraíso fiscal, las Islas Vírgenes Británicas. López-Aliaga ocultó estas empresas en su declaración jurada ante el Jurado Nacional de Elecciones, lo que es ilegal. ¿Creen ustedes que López-Aliaga se opone al impuesto a las grandes fortunas por defender el interés nacional o porque ese aporte solidario afectaría su bolsillo? ¿no debiéramos buscar líderes que pongan el país por delante, antes que sus propios intereses económicos?

EMPRESARIO EFICIENTE

Algunos de sus defensores argumentan que siendo López-Aliaga un empresario, eso aseguraría eficiencia en el estado, y que como ya tiene plata, no robaría más. Me hacen recordar a nuestro anterior presidente, financista destacado, dueño de empresas en Perú y en Estados Unidos: Pedro Pablo Kuczynski; y a nuestro anterior presidente empresario, este sí nacional nomás, Martín Vizcarra. En varios aspectos los perfiles de López-Aliaga y PPK coinciden: ambos tienen empresas de fachada en países extranjeros, esconden su plata del fisco y aprovechan las concesiones del estado para su beneficio personal. También se parecen en sus propuestas de política económica: defensores de la Constitución de 1993, capaces de enarbolar propuestas que suenan populares y que, al mismo tiempo, jamás defenderían derechos laborales o un impuesto a grandes fortunas como las de ellos.

Estos dos “empresarios” han acumulado grandes fortunas no por introducir nuevas tecnologías o innovar producciones, sino apropiándose de recursos nacionales en su interacción con el estado.  Son eficaces en rapiñar nuestras riquezas, no en generar valor.

PLATA EN CAMPAÑA

López-Aliaga ha crecido en las encuestas gracias a que ha metido “plata como cancha”; no sólo son los paneles publicitarios y los espacios periodísticos, y las tremendas preferencias en Willax TV. También están la publicidad en redes sociales: entro a youtube y, aunque no lo he pedido, me aparece primero que nada su video de campaña. Es obvio que hay un financiamiento cuantioso de esa campaña, algo que debiera ser fiscalizado por el Jurado Nacional de Elecciones para asegurar que se cumpla la ley sobre un mínimo de equidad en la competencia electoral.

Lo peor es que esa campaña se hace con dinero conseguido gracias a que López-Aliaga puede ordeñar año tras año una cuantiosa renta, conseguida porque Fujimori le entregó un ferrocarril construido con plata de todos los peruanos para que lo use como monopolio en su beneficio particular.

12 de marzo de 2021

Perú: El candidato del odio

Pedro Salinas

Me hubiese encantado entrevistar a Rafael López-Aliaga en La Mula. Tenía mucha curiosidad por el personaje desde el inicio de la campaña. Pero lamentablemente la temprana respuesta que recibió Alberto Ñiquen, editor del portal web, fue: “Lo siento, nosotros somos provida”. Como si Ñiquen y el arriba firmante fuésemos “promuerte”, o qué sé yo, atropellando la verdad. Y nos excluyó de un plumazo. Así como se los cuento.

A pesar de que, en entrevista con Sebastián Ortiz, de El Comercio, señaló que él nunca se corre de las entrevistas. (Dicho sea de paso, toda mi admiración y respeto por la beatífica paciencia y el profesionalismo del mencionado periodista).

Bueno. Luego he seguido las cosas que ha dicho. Y qué les puedo decir. Uno que ha sido talibán, y que ha vivido entre talibanes, puede oler a la legua a otro talibán. Porque López-Aliaga, y no me digan que no, nítidamente tiene el perfil del intolerante extremo.

Uno es como habla y es lo que piensa, como dijo alguien. Todo el que no se alinea con él, es un enemigo. Alguien merecedor de su odio. Y todo lo que suene a crítica, lo llama “difamación”. Ojeen, si acaso no lo han hecho, las entrevistas concedidas a Óscar Torres, de El Trome, y a Ortiz, de El Comercio. Les llama “pendejos”, “difamadores”, y hasta “sicarios”. En su temperamento está agredir e intimidar a quienes le hacen preguntas que no le placen. Exhibe arrogancia y patanería, y pontifica con violencia verbal, con una naturalidad que, no sorprendería en un tipo que se sabe platudo y acostumbrado a mangonear y a hacer lo que le da la gana, la verdad.

Pero claro. De súbito caemos en cuenta de que es alguien que está a la caza del mayor poder del Estado. Con ideas, por lo demás, retrógradas y perniciosas para la democracia y los derechos humanos. Y el resorte de la ira soltándose cada dos por tres.

En un momento surrealista, en El Comercio procura distanciarse de Donald Trump llamándolo “una persona bastante malcriada, intolerante”. Parece chiste, pero eso dijo. Como sí él no fuese eso mismo. Paradójicamente, desliza en sus intervenciones cosas como que él es “totalmente inclusivo”, o que solo busca “unir al Perú” y “hermanar a la gente”, para luego regurgitar sus ojerizas atávicas y encarnizadas. Particularmente contra lo que denomina el “poder caviar”, que, según él, controla “absolutamente todo”: la presidencia, la justicia, la fiscalía, las encuestas y los medios de comunicación.

Si gana, estamos advertidos, se levantarán en las plazas públicas las parrillas para quemar herejes, brujas y caviares. Decidan ustedes, pero por ahí va la cosa. El fundamentalismo cabalga de nuevo, y tiene el rostro de Rafael López-Aliaga.