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19 de mayo de 2025

Ante el cambio climático, cambio social

Tania Alonso, Juan F. Samaniego

Tomando el testigo de Greta Thunberg y otros líderes ambientales, miles de personas anónimas se mueven para frenar la crisis ambiental e impulsar el cambio necesario.

Las tortugas moras tienen predilección por los parajes áridos, en los que predominan matorrales y arbustos pequeños. Y también les gusta el patio del colegio Ortega y Gasset de Ceuta. Rodeado de cemento y asfalto, el centro ha logrado crear un hábitat favorable para su reproducción y conservación en el que también crecen nenúfares junto a hortalizas y se recuperan especies de plantas autóctonas. En este espacio, bautizado como el Jardín de las Hespérides, la educación confluye con la conservación y la concienciación ambiental y, también, con la lucha contra el cambio climático.

El proyecto, inaugurado en 2021 tras tres años de trabajo, cuenta con varios bancales de cultivo, un lago, un camino sensorial en el que sentir de cerca la naturaleza, un invernadero y varias zonas de investigación y enseñanza. Sus usuarios, el alumnado de educación infantil y primaria del centro, son parte de la generación que tendrá que convivir con la peor cara de la crisis medioambiental. Mientras se preparan para ello y cuidan tortugas moras, sientan también precedente y hacen que sus familias se replanteen la relación que tienen con la naturaleza.

«La educación de los niños y las niñas es fundamental para que no sigamos cometiendo los mismos errores». Así lo cree Miriam Campos Leirós, coordinadora de Teachers for Future en España, colectivo al que pertenecen los impulsores del Jardín de las Hespérides. Ella lo tiene claro: «No podemos esperar a que los que están hoy en las aulas tomen decisiones cuando sean adultos. Sería demasiado tarde. Pero a través de ellos podemos abrir una brecha de preocupación en las familias, despertar el interés por lo que está pasando».

Los cuidadores de tortugas de Ceuta forman parte de los millones de personas anónimas que hacen avanzar la lucha contra el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. En la última década, la mecha de la acción ambiental ha prendido en los colegios y en las calles, en las urnas y en los juzgados, en los barrios y en los despachos. Se ha extendido por el planeta como un gran esfuerzo colectivo para intentar redirigir el rumbo de la humanidad y esquivar el colapso medioambiental.

Individuo, colectivo, generación

Todo empezó con una adolescente sujetando un cartel a la puerta de su instituto. Las cosas ya venían moviéndose desde antes, pero Greta Thunberg le puso cara a la angustia de las generaciones más jóvenes, que veían cómo sus mayores se atascaban en discusiones sin fin mientras el cambio climático avanzaba y las soluciones reales no llegaban. De la mano de la activista sueca, el movimiento Fridays for Future cogió fuerza a nivel global y miles de jóvenes como ella alzaron la voz alrededor del planeta.

«Los jóvenes tienen conciencia del problema, se organizan y se manifiestan. Puede que estén desorientados sobre qué hacer y cómo hacerlo, por eso hay que aportarles herramientas contra la desesperanza y la desafección y hacerles partícipes destacados del necesario cambio social», explica Mercedes Pardo Buendía, profesora de Sociología del Cambio Climático y Desarrollo Sostenible de la Universidad Carlos III de Madrid. Para ella, sin embargo, esta conciencia de la gravedad del problema no es exclusiva de los más jóvenes y se extiende entre generaciones.

«El cambio climático es un problema global, complejo, con incertidumbres, en el que muchas de las consecuencias más graves se producirán en el futuro. Pero ya existe una conciencia elevada sobre que sus causas y sus consecuencias son sociales», añade la investigadora. «No podremos encontrar una salida a los problemas ambientales sin cambio social». Entre otras cosas, la experta señala la importancia de llevar a cabo una profunda transformación del modelo de producción y de consumo y de la manera de concebir el desarrollo humano.

«Podemos sentir que estamos lejos de cambiar el mundo, pero como individuos podemos hacer muchas cosas», explica Irene Baños, periodista especializada en medioambiente. «Podemos impulsar cambios en nuestras empresas y lugares de trabajo, podemos informarnos y transmitir lo que aprendemos a nuestras familias y amigos, podemos contestar a los discursos retardistas y negacionistas, podemos buscar opciones para consumir de forma responsable, comprando alimentos de una cooperativa, por ejemplo. Pero nuestro gran poder es ser transmisores y multiplicadores de información».

Las mil caras detrás del cambio

Las historias de quienes han impulsado la lucha contra la crisis ambiental, la búsqueda de alternativas y la adaptación al nuevo contexto climático son cada vez más. Un grupo de activistas ecuatorianos que logra que su país vote en las urnas para proteger la selva del extractivismo. Una administración local en Colombia que transforma su ciudad para protegerla de la subida de las temperaturas. Un pueblo de Zambia que lleva a juicio a una multinacional minera. Artistas al servicio de la acción no violenta. Recreos sin residuos. Cooperativas de energía renovable. Todas estas historias componen el Magazine 2024.

Y la lista, por suerte para la humanidad, es interminable. Muchos de estos «accionistas del cambio», como los bautiza Irene Baños en su último libro, escrito junto a Judit Alonso, son rostros conocidos. Pero la mayoría hacen su lucha desde el anonimato, camuflados en la rutina del día a día, en el ritmo de los pueblos y los barrios. «Para mí, los accionistas del cambio son personas que inspiran y hacen acciones replicables por el resto de la gente de a pie. Los verdaderos accionistas del cambio son las personas anónimas que trabajan cambiando las cosas en su día a día, haciendo frente a las adversidades, con sus incoherencias y sus imperfecciones».

«Puede parecer paradójico e incluso cínico, pero un problema tan grave como el cambio climático es una oportunidad de mejora de la sociedad», añade Mercedes Pardo. «Lo vemos con el desarrollo de las energías renovables, los grandes acuerdos para reducir emisiones o los cambios en las políticas de inversión de algunos grandes fondos. Pero necesitamos hacer más y hacerlo más rápidamente. Necesitamos implementar los instrumentos sociales necesarios para que toda la gente pueda formar parte del cambio, para que pueda estar bien informada y participar».

De la ciencia a las escuelas

El 13 de enero de 1965, hace casi 60 años, los científicos de la Task Force on Environmental Pollution de Estados Unidos enviaron al presidente Lyndon B. Johnson un informe sobre los efectos del dióxido de carbono en el clima. Los primeros documentos al respecto de la industria de los combustibles son una década más antiguos (aunque se mantuvieron ocultos durante años). Antes y después hay que añadir a Eunice Foote y Charles Keeling, el IPCC y sus informes, el Stockholm Resilience Centre y sus estudios sobre los límites planetarios, etc., etc. La acción climática nació del conocimiento hace más de 50 años y ha caminado de la mano de la ciencia desde entonces.

«Los activistas, sea cual sea su campo de acción, no se inventan nada. Repiten los mensajes de la ciencia. Los periodistas y los divulgadores tenemos que dejar de contar las acciones climáticas como un capricho de los ecologistas. Son parte de un movimiento que nace como respuesta a un problema real y muy grave, que conocemos desde hace tiempo», concluye Irene Baños. «Mientras esos mensajes se sigan asociando a cuatro hippies, se va a perder muchísima audiencia por el camino».

«Nos estamos enfrentando a adversidades para las que no estamos preparados. Pero todas las personas tenemos capacidad de ayudarnos y de colaborar. Desde las escuelas debemos apostar por un modelo que no esté basado en el individualismo y la competición, por un modelo centrado en la cooperación, que nos ayude a luchar no solo contra el cambio climático sino también contra los discursos de odio o los problemas de salud mental derivados de un mundo supercompetitivo», resalta Miriam Campos Leirós. Solo entre todos podemos construir la alternativa necesaria para salir del laberinto climático en el que estamos metidos.

Fuente: https://climatica.coop/ante-cambio-climatico-cambio-social/

22 de julio de 2024

Perú: “Se pueden sostener el poder y los cargos de más alta autoridad en el Perú sin ninguna legitimidad”

José Carlos Agüero

El historiador y escritor, José Carlos Agüero, presentó este año “Desprecio, la política del miedo en el Perú” (La Siniestra), una colección de sus artículos publicados en distintas plataformas. Para él, más que una crisis permanente, lo que se encuentra en discusión es nuestro modelo de convivencia. No es, en buena cuenta, una simple crisis política de representación. Es en cambio un colapso social.

* En su libro señala que en el país se gobierna desde la frivolidad, el cinismo. Tenemos un Gobierno y un Congreso que ejercen el poder, dice usted, ofendiendo humillando. Y añadiría que matando. Pero lo ejercen sin legitimidad alguna. Las encuestas lo dicen: son despreciados. Es curioso: ellos nos desprecian y nosotros a ellos. Y ahí están. ¿En qué momento la legitimidad dejó de ser un ingrediente sustancial en la política peruana?

Creo que es difícil precisar en qué momento. Si creo que vale la pena pensar en la legitimidad como cualquier otra institución. No es una abstracción. La legitimidad se produce socialmente, necesita ser relevante para todos, cumplir una función, que la gente más o menos crea en cierto marco que haga que sea relevante y prestigioso representar a otras personas y rendir cuentas. En un balance de poderes el presidente rinde cuentas al Congreso, estas autoridades (congresistas) a sus partidos, estos a sus bases, a los militantes, a los ciudadanos que, cuando votan, pueden evaluar si han cumplido o no. Cuando no hay que rendirle cuentas a nadie la legitimidad se convierte en palabras sin ningún valor. ¿Quién le rinde cuentas a alguien ahora? No hay partidos, no hay militantes, no hay organizaciones de base. La legitimidad ha perdido ese anclaje en la vida social real.

* Porque incluso Fujimori se preocupaba por construir legitimidad. Nadie niega su raíz autoritaria, dictatorial dirán algunos. Pero tenía un respaldo político importante que mantuvo con altos y bajos. Cuando converso con politólogos y analistas suelen decir que es muy difícil que un gobierno se mantenga con cinco puntos. Lo mismo para el Congreso. Y ahí están. Algo se ha roto.

Algo ha cambiado. Y también algo se ha roto. Ha cambiado la manera en que hay que analizar la sociedad. La verdad, muchos colegas, muy respetables sin duda, son muy superficiales en sus aproximaciones. Hacen sociología o politología de sus deseos, solo de la superficie, sin tomar en cuenta que hay cosas que pasan más allá del juego de la realpolitik. Hay procesos históricos y sociales que hacen mucho más complejo el mundo en donde los actores políticos se mueven. Hay terminologías que se usan aquí y en Afganistán y que entonces no nos sirven de mucho.

* ¿Cuáles?

Como que no hay representación, no hay representatividad, no hay legitimidad. Eso va a pasar en cualquier lugar y en cualquier tiempo. Como usted dice, hay cosas interesantes que han sucedido en los últimos años y una de ellas tiene que ver con la manera en que la sociedad peruana produce o no produce legitimidad. No es la primera vez que un representante tiene tan bajo porcentaje de aprobación ciudadana. Ni va a ser la última. Ese es un dato interesante. Pasó con Toledo. Esta señora Dina Boluarte prácticamente no tiene registro (a favor) en las encuestas…

* Y es algo constante.

Transversal a los sectores socioeconómicos. Deberíamos leer el dato obvio: sí se pueden sostener el poder y los cargos de más alta autoridad en el Perú sin ninguna legitimidad. ¿Qué ha pasado? Bueno, que antes era importante (la legitimidad) y ahora ya no para ejercer el poder de manera vertical. El Congreso también adolece de cualquier tipo de legitimidad en términos de apoyo ciudadano y ejerce todo el poder de una manera abrumadora. Porque, ¿a quién le va a rendir cuentas el Congreso? ¿A Boluarte? Ella depende de él. ¿A los partidos políticos? No hay. ¿Nosotros tenemos alguna manera de ejercer nuestra decepción? Hay dos caminos. Reclamando en la calle, poniendo el cuerpo y afectando nuestra seguridad y votando, pero ni la una ni la otra afectan la legitimidad de los actores ni su capacidad para ejercer sus decisiones. Así funciona el Perú. Hay que pensar en las nuevas reglas y no en lo que no existe.

* Plantea que nos empeñamos en llamar crisis a esto que vivimos, que estamos a la espera de lo que sería la crisis definitiva, aunque posiblemente la crisis terminal ya ocurrió. ¿Es nuestro modelo de convivencia como sociedad lo que está en discusión?

Sí, es una buena manera de decirlo. Para mí –y no solo para mí porque he oído que algunos colegas ya hablan de colapso– varias de las bases de convivencia han acabado de dejar de funcionar y están siendo sustituidas por otras reglas. Por ejemplo, aproximarse a la verdad, no decir mentiras, mostrar transparencia, ser honesto, convencer, persuadir. Esos elementos que eran imprescindibles para el sujeto político no son necesarios. Nadie va a gastar energía ni esfuerzo en convencerte a ti ni a mí de nada porque hay otras reglas que ahora son las que priman. Basta con que se pueda hacer. Si puedo lo hago, aunque sea irracional, aunque sea evidentemente corrupto y beneficioso para un grupo de interés. Si tengo que legislar a favor del narcotráfico o del crimen organizado, lo hago. No tengo que convencerte de que es una gran idea. No es la idea lo que está en juego. Está en juego si puedo imponer mi capacidad de decisión.

* Si tengo los votos.

Hace un tiempo se necesitaba convencer. Y aun cuando tuviera que mentirte – que también era un recurso de los actores políticos– tenía que utilizar mecanismos retóricos para persuadirte de que mi mentira valía la pena. Ya no es necesario en tanto la verdad ha dejado de tener valor social. Da lo mismo si es una mentira o una verdad si igual lo voy a hacer. Hay una descomposición importante, un colapso de reglas de funcionamiento de nuestra vida como colectivo. No son solamente los partidos políticos. Eso es muy superficial. No es una crisis de representación política. Estamos viviendo de maneras distintas a hace treinta años. Hay elementos que nos hacen sentir que estamos muy deshilvanados, que tenemos muchos problemas para funcionar colectivamente. Decir la verdad, tomarse el tiempo en la argumentación para deliberar no es premiado.

* La elaboración discursiva suele verse incluso como algo aburrido.

Directamente contraproducente.

* Antiguo.

Exactamente, antiguo. Lo intelectual, la discusión de ideas ha terminado por ser reducidas a un elemento negativo de la vida en sociedad. Prima cierto pragmatismo, que es falso, que alude a que el no pensar sino el hacer es lo útil. Tener ideas y transmitirlas es caviar, es propio de gente inútil. Pero hay otras cosas que se premian. Castañeda Lossio me parece un personaje, simbólicamente hablando, de los más interesantes de los últimos años. Ha sido un personaje exitoso políticamente. Ha sido alcalde de la capital, postuló a la presidencia, fundó un partido que sigue viviendo…

* Con otro nombre.

Así es. Y ese partido sigue gobernando la capital. Su apelativo era el “mudo” y no era algo que recibiera con pesar, ni que sintiera como ofensa. Si hace treinta años tú le decías “mudo” a Barrantes o a Alan García sí era una ofensa, les estabas diciendo “no tienes ideas”. (Castañeda) es como el padre fundador del tipo de actor político de ahora, alguien que no necesita tener ideas, ni siquiera necesita hablar. Su sucesor López Aliaga, en el debate electoral de primera vuelta de hace tres años, no fue capaz de leer algo. No de improvisar, de leer. El asunto acá es que no importa. No se castiga no tener ideas ni argumentación ni palabra. Hay cosas que se castigan y otras que se premian porque la gente entiende que hay nuevas formas de participar en el espacio de interacción social.

* Pone el ejemplo de Castañeda. Pero cuando nuestros políticos abandonan su mudez lo hacen de una manera irresponsable. Está el ejemplo de Boluarte con su frase “Puno no es el Perú”, en el peor momento del estallido. O el ministro Quero y lo de prácticas culturales para referirse a las violaciones de niñas Awajún, secundado por la ministra de la Mujer. Dice en su libro que se terminó “la gramática de la decencia”. ¿Hablar con la verdad, al menos aparentarlo, dejó de ser esencial en nuestra vida social?

Es un elemento importante. De hecho, es algo que los historiadores habían notado desde hace bastante tiempo, a finales del siglo XX. Recuerdo un texto muy bonito de Eric Hobsbawm que decía que la función de la historia y por lo tanto de la verdad había dejado de cumplir su función social. Nosotros no tenemos que ser Hobsbawm. Lo vemos todos los días…

* ¿Lo escuchamos todos los días?

Exactamente. No es solamente un fenómeno de fake news. Es obviamente parte del asunto. La verdad en un sentido muy ingenuo pero útil es que lo que digo se parece a lo que es. O sea, se trata de hacer un esfuerzo de abstracción y de honestidad para decir lo que es. ¿Quién hace eso ahora? ¿Quién hace el esfuerzo intelectual de intentar identificar lo que es y luego el esfuerzo moral de decirlo, aunque te perjudique? Como ese elemento no es imprescindible para ser exitoso en el ejercicio del poder, es superfluo. Nadie lo necesita. Y la palabra entonces nos parece vacía, cínica. No sabemos qué adjetivo más ponerle. Hace mucho tiempo sabemos que el nuevo lenguaje es así. Que Keiko Fujimori va a ir a Harvard a decir “yo apoyo el informe de la Comisión de la Verdad, estoy por los derechos humanos”. Y la gente la aplaudió, hizo el check lingüístico. ¿Quién que no sea fujimorista acérrimo creyó en esas palabras? Nadie. Y aun así Keiko Fujimori casi gana. Y sin haber ganado nunca, tiene una cuota importante de las decisiones del país. Así que ella, como cualquier otro actor político, sabe que no necesita la verdad, casi que no tiene que hacer el esfuerzo de ejercerla porque la verdad tiene costos morales. ¿Para qué exponerte?

* ¿Guarda algún espacio para la esperanza?

Desde luego. No solamente es que yo me esté dando cuenta de estas cosas. Cualquiera que se sienta en serio a pensar puede ir notando que hay elementos que están más allá del lenguaje reiterativo con el cual nos hemos acostumbrado a describir nuestra vida política y social. Eso es positivo, hacer una constatación, un buen diagnóstico. No es que esté diciendo verdades tampoco, pero por lo menos estoy intentando…

* ¿Aproximarse a ella?

Sin recurrir a lugares comunes. Tener una buena constatación es un paso importante, dejar de fingir que estamos pasando simplemente por una crisis de representación o cosas así. Lo segundo es que hay que mirar lo que pasa en la vida real, los procesos que se dan en la gente. En los procesos electorales y de lucha en las calles se producen interesantes movimientos democratizadores, de resistencia. Veo el acto radical y esforzado de personas de expresar su voluntad a través del voto ante la dificultad de ejercer otras formas de ciudadanía. El voto en el Perú ha impedido el retorno del fujimorismo tres veces consecutivas.

* Y el fujimorismo trató de desconocer ese voto alegando un inexistente fraude electoral.

El voto es un resquicio de decencia y al mismo tiempo la formación continua de nuevas esperanzas. Y las esperanzas puede ser que fracasen, pero votar en el Perú te iguala, te da presencia. Por eso para mí la salida de la crisis –o por lo menos un inicio– es votar el 2026. Sé que hay treinta candidatos, que la gente se decepciona y se desespera, pero creo que hay dos o tres por los cuales vale la pena votar. Invitaría a la gente a que haga su análisis de quién se portó con decencia hace dos años y que vote por él o por las personas a su alrededor. A mí se me hizo muy interesante en el 2023 ese defensa de la voluntad popular en la calle, algo que difícilmente había visto antes y mira que tú y yo hemos pasado por muchos momentos de calle. No había visto una expresión tan claramente ciudadana en ningún tipo de manifestación. Una de las cosas que se decía en las marchas era que la gente venía a defender la voluntad popular.

* Sus derechos políticos, algo que Boluarte nunca entendió porque ella esperaba que protestaran por agua, salud, servicios.

Es un asunto bien interesante. Hay una expectativa del lenguaje actual que solo te permite hablar si utilizas esa gramática del beneficiado, ya seas víctima, pobre, excluido. Un beneficiado y un benefactor hablan en términos de servicios.

* Es que protestar políticamente es equipararte y eso no se entendió nunca desde el poder.  

Pero la gente igual sale y dice las cosas. Saben que los están terruqueando pero salen a protestar porque van a defender su voto. Yo no sé si querían que volviera Pedro Castillo. Yo diría, de hecho, que la mayoría no estaba saliendo a marchar por eso, pero sí sentían que la expresión de su voluntad había sido tergiversada por lo que habían hecho grupos de poder, bastante autoritarios y bastante corruptos.

https://larepublica.pe/politica/actualidad/2024/07/22/jose-carlos-aguero-se-pueden-sostener-el-poder-y-los-cargos-de-mas-alta-autoridad-en-el-peru-sin-ninguna-legitimidad-861479

28 de julio de 2022

La revolución en tiempos de desesperanza

Roberto Laxe

Dice Enzo Traverso en su libro, “Melancolía de izquierda”, que tras el giro histórico que dio la humanidad con la caída del Muro de Berlin, el descubrimiento que tras él no había socialismo y la restauración del capitalismo, lo que queda del siglo XX, “de cielos tomados por asalto”, “es una montaña de ruinas y no sabemos cómo comenzar la reconstrucción o si vale siquiera la pena hacerlo”.

Y sí, merece la pena, porque a pesar de lo que digan los apologistas del sistema, los conscientes y los inconscientes en forma de pos modernos, la historia no se ha acabado; solo ha dado un giro trágico que hay que comprender en toda su profundidad. La reconstrucción tiene que partir de reconocer expresamente que los años 90 significaron una derrota en toda regla y a todos los niveles de la lucha por el socialismo; que solo dejó “ruinas” y “melancolía” por lo que pudo haber sido y no fue.

El dramático resultado de la lucha de clases actuó como cuando Pandora cerró la caja, quedando dentro el único bien que los dioses habían dejado, la esperanza. La falta de esperanza de los seres humanos es uno de los principales motivos para que se hundan en la depresión que en una sociedad se manifiesta en la impotencia para cambiarla. Se convierten todas sus acciones en lo que Walter Benjamin dijera, “medios sin fin”. Así, y alimentando esta desesperanza, hoy es más fácil imaginar futuros apocalípticos parecidos a los Juegos del Hambre, Divergente o las Tribus de Europa, que la caída del capitalismo y la construcción del socialismo.

El camino de salida de esta espiral inversa no está solo en diagnosticar la crisis social, a día de hoy es fácil ser “anticapitalista”; hasta ellos mismos, cuando estalló la crisis en el 2007 hablaron de “refundar el capitalismo”, como dijera el expresidente francés, Nicolás Sarkozy. El quid de la cuestión estriba en definir qué alternativa social, y por ende, que sujeto social puede catalizar, y darle un sentido a la respuesta social, a los medios de lucha que los pueblos y la clase trabajadora siguen desarrollando día a día con ejemplos innumerables.

Desde que los años 90 vieran la caída del Muro de Berlín y la restauración del capitalismo en los llamados “estados del socialismo realmente existente”, un velo cubrió los ojos de la inmensa mayoría de la población mundial que los asociaban a que era posible una sociedad no regida por las leyes del capitalismo.

En un mundo en crisis, la desesperanza y la falta de alternativas se convierten no solo en un lastre de mucho calado, sino que aporta “base social a los pijos ricos”, como dice uno de los personajes más estúpidos de “No mires arriba”, en sus maniobras políticas y geoestrategicas; los limites en la subjetividad, en la conciencia de que es posible una cambio social, se convierten en un problema objetivo para que las luchas en curso apunten a la transformación de la sociedad y no al fortalecimiento de las distintas fracciones del capital.

La superación de esta situación provocada por la falta de alternativas a la gran crisis social del capitalismo, es decir, la recuperación de la esperanza, no es un acto de fe, ni llega con reabrir la caja de Pandora; solo comprendiendo las nuevas condiciones en las que las luchas sociales se dan, se podrán sentar las bases para reconstruir el proyecto de la transformación socialista de la sociedad que rompa el círculo vicioso de los “medios sin fin”.

Porque, ¿a qué viene tanta desesperanza en el futuro?, reducido a una confianza ciega en el desarrollo tecnológico y seudo científico (la estadística convertida en la prueba del algodón del pensamiento científico). La burguesía en su camino hacia la hegemonía absoluta del mundo atravesó derrotas y retrocesos, no fue un camino lineal desde las repúblicas italianas, de mercaderes y banqueros; sino todo lo contrario. El régimen feudal, bajo su forma absolutista, se mantuvo más de 500 años, hasta el siglo XX: la I guerra mundial fue el punto y final de dos de los imperios en los que se mantenía, el zarismo ruso y el austrohúngaro.

En este camino histórico hacia el dominio del mundo, la burguesía contó con el creciente poder económico de las ciudades (los burgos), con las universidades y tras la Reforma protestante, con la religión, es decir, al revés de la clase obrera, la burguesía cuando encara el tramo final de su desarrollo, ya es la clase dominante de facto que solo precisaba deshacerse del cascarón vacío que era el estado feudal/absolutista y la propiedad de la tierra, y subrogarse como clase dominante.

Por contra, la clase obrera solo tiene sus “cadenas”; de otra manera, solo tiene su fuerza de trabajo y su papel en la producción y distribución de bienes y servicios. ¡No le exijamos a esta clase, lo que a la burguesía le costó siglos hacer!

La desesperanza creada por la falta de futuro y alternativa al capitalismo viene dada, primero, por un motivo objetivo que después se analizará, el “descubrimiento” de que tras el Muro de Berlín no existía socialismo y, segundo, que apoyándose en esta evidencia la burguesía mundial lleva lanzando la campaña del “socialismo ha muerto”, “no hay alternativa al capitalismo”.

Como en estos más de 30 años desde la caída del Muro, ya muchos de los “comunistas” que defendían la URSS (o China, o Cuba) como “faros de la revolución” se han pasado al bando de la ideología burguesa, y desesperanzados se convirtieron en los adalides de las nuevas “alternativas” pos modernas, que en ningún momento cuestionan la esencia del sistema capitalista.

La “nueva política”, que no es otra cosa que la versión progresista del individualismo y el negacionismo de la verdad objetiva sobre la base de las críticas a “los grandes relatos” herederos de la Ilustración, alimentaron esa desesperanza.

El crecimiento exponencial de las políticas identitarias, instaladas en la visión fragmentaria e individualista de la sociedad, se convierten en un verdadero freno objetivo para reconstruir un proyecto social alternativo de manera global al capitalismo. Así, mientras este si aparece como un todo coherente, dentro de sus crisis, ante la sociedad, esta no tiene frente a sí una fuerza igual y opuesta que pueda cuestionarlo.

La desesperanza introducida por el descubrimiento de que tras el Muro de Berlín no existía socialismo, sino sociedades no capitalistas, encuentra en todo esto un efecto multiplicador que solo se puede combatir desde el “análisis concreto de la realidad concreta” de los comunistas revolucionarios. Como decía Marx, “la burguesía tiene economistas, la clase obrera comunistas”.

La lucha por la transformación socialista de la sociedad resurgirá como el anhelo por volar del sastre de Ulm del poema de Bertold Brecht, que se empeñó en construir un aparato que le permitiese hacerlo; queriendo demostrar que podía conseguirlo, mas cuando lo intentó terminó en el suelo. Aunque el obispo sentenció que nunca ocurriría, ese “nunca” resultó miope y cortoplacista; resulta que años más tarde los seres humanos sí pueden surcar los cielos.

Los ideólogos del sistema, como el obispo de Brecht, podrán decir que el socialismo, tras las primeras experiencias de estados obreros, ha quedado por los suelos como el sastre; pero lo cierto es que no está escrito en ningún lugar que no exista otro futuro que el negro que nos ofrece el capitalismo, cargado de desigualdades, guerras y opresiones.

De la misma forma que la burguesía, a caballo del desarrollo histórico, se hizo con la hegemonía absoluta de las relaciones sociales, la clase obrera puede llegar a hacerlo. Para ello es preciso extraer todas las consecuencias de lo que pudo haber sido y no fue, que es fuente de una gran desesperanza e impotencia en la sociedad, superándolas con las actualizaciones que sean precisas.

31 de diciembre de 2021

Perú: ¿Década perdida o comienzo del cambio?

Humberto Campodónico

Durante el super ciclo de precios de las materias primas, del 2003 al 2014, casi todos los países exportadores de minerales e hidrocarburos vieron crecer fuerte su PBI, así como el empleo y se redujo la pobreza. Incluso, se afirmaba, también se redujo la desigualdad.

Se creyó que ese crecimiento duraría muchos años, incluso décadas. Bastaba con poner “piloto automático” a las políticas económicas y el mero crecimiento del PBI haría que “los problemas se vayan solucionando”. Agreguemos que había bastante autocomplacencia por el “éxito” de sus políticas. No se tomaba en cuenta lo esencial: que la gran demanda de las materias primas se debía a que China se estaba industrializando y había entrado de lleno al mercado mundial, lo que se reconfirmó con su ingreso a la Organización Mundial de Comercio en el 2001.

El frenazo del super ciclo llevó a un crecimiento mediocre del 2014 al 2019, la llamada “media década perdida”. De hecho, el Perú creció solo 3.1% en esos años a diferencia del 6.3% durante el super ciclo.

La cuestión es que, ahora, después de la pandemia (¿podemos decir eso ahora que arrecia la variante ómicron?), los precios de las materias primas han vuelto a subir fuerte: minerales, hidrocarburos, biodiesel, fertilizantes, entre otros. Por eso, Perú ha batido el récord de exportaciones en el 2021: US$ 61,900 millones. Ojo, antes no se había llegado ni a US$ 50,000 millones.

¿Nuevo super ciclo de precios altos de las materias primas o solo un hipo alcista pospandemia? Para unos, el super ciclo se mantendrá pues estamos en una transición energética: de los combustibles fósiles (hidrocarburos) contaminantes a las energías renovables (solar, eólica) y estas van a necesitar minerales para las paletas de viento y los paneles solares.

Para otros, esa nueva demanda no va a traducirse en precios altos duraderos pues, de un lado, la economía mundial aún no sale de la crisis del 2008 y la economía china tiene serios problemas, por lo que la reactivación no sería duradera. Y la demanda de las renovables no puede sostener nuevos “super ciclos” de las materias primas.

Para José Antonio Ocampo, exsecretario Ejecutivo de CEPAL, estaríamos en otra “década perdida”: “Con el colapso económico de 2020, la recuperación limitada de 2021 y un crecimiento moderado esperado para 2022, está claro que la región se encuentra en medio de otra década perdida. Si 2023 es similar a 2022, el crecimiento anual promedio para el período 2014-23 sería de solo 0,7% anual, peor que la tasa anual de 1,4% durante la década perdida de los años 80″ (1).

Cierto, las cifras del Perú son mejores: creceremos 13.2% el 2021, más que todos los países de la región. También son alentadoras las cifras del bajo déficit fiscal, los niveles de deuda externa, así como recuperación del empleo y el repunte de la inversión privada y la inversión pública. Ahora bien, igual regresamos tasas de crecimiento de 3.4% y 3.2% del PBI en el 2022 y 2023 (BCR).

O sea que no basta con el crecimiento del PBI como se creyó, repetimos, de manera autocomplaciente, en la época del “duradero” super ciclo. De ahí la necesidad de los cambios políticos y de paradigma, en el Perú y en la región, como lo vemos mes a mes, año a año.

Aquí el MEF ha priorizado las mesas ejecutivas para impulsar las sinergias entre el sector público y el privado: acuicultura, forestal, turismo y sector minero-energético. También está la reforma del sistema de pensiones, público (ONP) y privado (AFP), la reforma tributaria minera y la renegociación de los contratos de Camisea, sobre todo en las regalías del gas exportado que, hoy, ha triplicado sus precios.

Hay mucho más en el camino de la diversificación productiva que permitiría evitar otra década perdida. Pero una cosa es clave: el presidente Castillo debe, ya, asumir sus responsabilidades y liderar ese cambio para el cual fue elegido. Feliz 2022.

(1)  ”La nueva década perdida de América Latina”, Project Syndicate 20/12/21    (https://bit.ly/3eumXrM).

12 de agosto de 2021

Perú: “En el país todo está por cambiar”

Aníbal Torres

Aníbal Torres, el ministro de Justicia, no tiene pelos en la lengua. Está por los cambios profundos, pero en el equipo de gobierno es partidario de una posición dialogante. Así lo confirma en esta entrevista sostenida ayer a Diario UNO en la que habla del gabinete, de la Asamblea Constituyente y del sistema de justicia.

Señor ministro, la situación política está en un nivel muy difícil por el desencuentro entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo.

En efecto, si no quieren choque ambos poderes tienen que poner de su parte…

Sin embargo, las diferencias más que por ideas es por personas. Se supone que quien gana debe nombrar a su entorno, a la gente del partido. ¿Usted cree que está mal que los funcionarios pertenezcan al partido ganador de las elecciones?

La Constitución y el ordenamiento jurídico disponen quién nombra a los funcionarios. Por supuesto, el que ejerce el poder, el que ha ganado las elecciones. Pero, repito, eso no quiere decir que el que ha ganado las elecciones sea el propietario del Perú, no. Aquí todos los peruanos nos necesitamos, de todos los partidos políticos, Todos tenemos que participar, todos tenemos que escucharnos. Aquí no debe haber personas que sean relegadas.

¿Y respecto al doctor Cerrón?

Yo no creo que Pedro Castilo vaya a ser peón de una persona o de un partido. El que ha ganado las elecciones es Castillo, las personas que han votado en segunda vuelta lo han hecho por el profesor humilde y por el programa de los 100 días. No han votado por Perú Libre. Yo no he vuelto a ver a Cerrón desde que soy ministro. Castillo es un hombre que no se deja dominar, es un tipo que escucha a todos incluidas las personas de distintas tendencias políticas

¿Se siente cómodo en el gabinete?

Plenamente cómodo, yo no siento que ahí haya alguien que esté proponiendo medidas extremas, todos estamos sometidos a la Constitución y al ordenamiento jurídico. Eso sí, que quede claro, interpretando las normas para que beneficien a todos los peruanos y no a un pequeñísimo grupo de poder

Se les acusa de extremistas, de tener un gabinete lleno de «terrucos»

Nosotros no participamos de la ultraizquierda, en absoluto, menos de la violencia. En un país democrático, nosotros somos absolutamente contrarios a todo acto de terrorismo. Eso no puede existir en un país democrático.

¿Qué espera usted de la presentación ante el Congreso?

Nosotros nos presentaremos el 23 de agosto ante el Congreso y sus miembros tienen la facultad de darnos o no la confianza. En el caso que nos nieguen la confianza, estoy convencido que el presidente no va a buscar presentar un gabinete peor para buscar cerrar el Congreso. Lo que si no procede es la vacancia. Yo le pido al Congreso que den muestras de democracia, escuchen primero sin condiciones y luego tomen una decisión.

LA CONSTITUYENTE

¿Cuánta posibilidad real hay de que se pueda dar una Asamblea Constituyente, teniendo en cuenta que, los sectores de oposición dicen que no es posible?

Bueno, la Asamblea Constituyente es el poder de poderes, es el poder supremo. El titular del poder supremo es la ciudadanía en general. La ciudadanía puede convocar a una asamblea constituyente en el momento que desee y en la forma que desee. La Asamblea Constituyente es el poder originario no tiene ningún límite. No es como los poderes constituidos que todos tienen límites…

Pero, hay juristas que sostienen que no se puede convocar a una Asamblea Constituyente porque eso no está regulado en la Constitución

Eso es una ignorancia supina del derecho. La Asamblea Constituyente no puede estar en ninguna constitución ni ninguna ley porque si estuviera regulada ya no sería poder constituyente, ya sería poder constituido como lo es el Congreso de la República, el poder judicial el poder ejecutivo y todos los otros órganos del Estado. Basta con mirar al resto del mundo, ¿Cómo se han dado las naciones sus constituciones? De diversas formas, ninguna prenormada. Después de guerras, como en Estados Unidos, Francia o en las guerras de independencia de los países latinoamericanos, por un pacto social, ocurrió en 1991 en Colombia, y puede ser consultando al pueblo si desea o no una Asamblea Constituyente, como en el Chile de hoy.

¿Y que se necesita en el Perú, para convocar a una Asamblea Constituyente?

En el Perú hay dos posibilidades. Una, que el Poder Ejecutivo presente un proyecto de ley al Congreso para modificar la Constitución incluyendo un mecanismo para que se convoque a una Asamblea Constituyente. Entonces el tema queda en manos del Congreso y allí se debatirá y decidirá si se va o no se va a una Asamblea Constituyente. Todos tendrán derecho a exponer, quienes están a favor y quienes estén en contra.

Digamos, con este Congreso esa posibilidad es casi inviable…

El otro mecanismo es que cualquiera de la sociedad, sea una persona natural, sea una persona jurídica recabe dos millones quinientos mil firmas y con eso se convocaría a la Asamblea Constituyente. O sea, el poder de poderes recaba esas firmas, pide que se convoque a la Asamblea Constituyente y nadie le podría decir que no. Ejemplo el de Colombia, en el que los estudiantes a los cuales se unieron la población, recabaron firmas, y contra la oposición de los grupos de poder se fueron a la Corte Suprema y esa corte, por supuesto de calidad, dijo nadie se puede oponer a la voluntad popular, se tiene que convocar a la Asamblea Constituyente y se hizo.

¿Se puede hacer eso en el Perú?

Por supuesto, ese mecanismo también existe en el Perú. Cualquier persona natural o jurídica recaba dos millones quinientos mil firmas depuradas y se convoca a la Asamblea Constituyente. Algunos juristas han dicho que eso tendría que pasar por el Congreso, pero no es sino otra muestra de ignorancia supina del derecho constitucional. ¿Cómo el poder constituido, o sea el Congreso, va a revisar la decisión tomada por el poder constituyente? Eso no es posible.

Y en ese caso, ¿cómo funcionaría la Asamblea, paralela al Congreso?

Si, paralela al Congreso, se instala la Asamblea y en el transcurso de su labor o al final de la misma, según lo acuerde la Asamblea, se mantendría o se daría por culminada la labor del Congreso. Pero eso sí, al darse la nueva Constitución, todos los órganos del Estado se deberán adecuar a ella.

¿Reforma total o parcial?

El Congreso está facultado para modificar un artículo o todos los artículos. Teóricamente lo puede hacer. Pero una nueva Constitución es una facultad exclusiva de la Asamblea Constituyente.

¿Y usted en cuál se siente más cómodo, con la reforma de la actual o con una nueva Constitución?

Para mí es igual. Si el Congreso hace una reforma profunda de la constitución, qué mejor. Pero. Desgraciadamente, no lo va a hacer, porque nuestro Congreso está incapacitado de hacerlo…

NO HAY JUSTICIA

¿Por qué incapacitado?

Porque todas las reformas que ha hecho han resultado fallidas. Por ejemplo, la reforma que hizo el Congreso de la Junta Nacional de Justicia ha resultado un verdadero desastre. Hay que analizar sobre hechos concretos ¿qué ha hecho esta junta en materia de nombramiento de magistrados del Poder Judicial o del Ministerio Público, o de ratificación de estos magistrados. Hasta ahora, absolutamente nada. Y tenemos el gravísimo problema de los jueces supernumerarios que generalmente son elegidos a dedo y, por eso, tenemos la justicia que tenemos.

¿Y tiene un Ministerio Público con dos fiscales supremos en vez de cinco?

Así es, efectivamente, que ya deberían estar ahí los cinco, pero no han tenido la capacidad de hacerlo. Eso es una cuestión objetiva. Si no me equivoco, la Corte Suprema tampoco puede convocar a estos plenos porque no está completa. No están nombrados los dieciocho magistrados supremos titulares. Por eso es que hay una serie de magistrados supremos que no son titulares.

¿Eso justifica cambiar la Constitución?

No solo, también está el tema de la corrupción, que es el peor mal que tiene el Perú, no de ahora, sino de doscientos años de vida republicana. ¿Cómo combatimos la corrupción? No hay otra forma, sino modificando el sistema de justicia. Sistema de justicia quiere decir, Poder Judicial, Ministerio Público, Junta Nacional de Justicia, Tribunal Constitucional, Academia de la Magistratura. Todo eso tendría que modificarse en la Constitución.

Y otras instituciones…

Claro, hasta la Defensoría del Pueblo. Ahora, el defensor hace serias críticas al gobierno actual, lo que yo digo que no está mal, está bien que lo haga. Pero, porque no hizo esas mismas críticas cuando estaba postulando una persona que está procesada penalmente con pedido de acusación fiscal con más de 30 años de pena privativa de la libertad. ¿Cómo no dijo nada allí? ¿Cómo no se pronunció que esa persona esté postulando a la presidencia de la república? Es una moral bifronte del señor defensor del pueblo. Y en cuantos casos de defensa de la población no se presenta, y no dijo nada. Pero ahora, por cuestiones políticas, por su posición política que él tiene en contra del gobierno actual, allí sí, se ha vuelto un loro. Ahí si puede hablar.

Algo más…

En general, en el país y en mi sector, todo está para reformar.