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14 de mayo de 2024

Perú: EL AGN NO TIENE MADRE QUE LO DEFIENDA

Natalia Sobrevilla

No al traslado del Archivo General de la Nación y sí a la construcción de un nuevo local

Hoy que debería estar felicitando a las madres en su día y celebrando con mis hijos mi propia maternidad, me siento en la obligación de seguir a pie de lucha para denunciar la gravísima situación en que se halla el Archivo General de la Nación. Me resulta francamente increíble que nos encontremos así, con una presidenta acorralada por sus desmanes en el gobierno pero únicamente pendiente de sus cirugías estéticas.

No cejan tampoco los ataques a quienes, desde el ejercicio del periodismo independiente, tratan de mantener informada a la población: los sectores más recalcitrantes de la derecha envían a sus matones a gritar a las casas de estos buenos profesionales, en tanto la vía judicial para neutralizar a dichos matones se confirma excesivamente lenta. Algunos congresistas quieren asimismo silenciar la libertad artística en el cine, ejerciendo una censura sobre algunos de los plurales proyectos cofinanciados por el Estado, o criticando películas que consideran no se alinean –aun sin haberlas visto– con su versión sectaria de los hechos. En ese caos de interesada y sucia guerra ideológica, resulta lícito preguntarse por qué nos deberían importar unos «papeles viejos» resguardados en el fondo de un archivo.

Aparentemente hay problemas nacionales mucho más urgentes, pero si nos dejamos llevar por esa mentalidad sensacionalista que promueve el enfoque oficial, perderemos de vista lo más importante: resulta crucial comprender que esos documentos que se encuentran en los sótanos del Palacio de Justicia son los que nos sirven a todos los ciudadanos peruanos para entender nuestra identidad como nación y pueblo. Nos lo permiten a través del estudio de nuestra historia impresa en esos legajos, pero también porque son estos papeles los que prueban de manera legal quiénes somos, de dónde venimos y, en numerosos casos, qué es lo que perteneció a nuestros ancestros. En este video podemos ver a Johny Schuler emocionarse porque un documento de 1587, que se encuentra en los sótanos del Palacio de Justicia, establece sin duda alguna que desde esa época tan temprana ya se preparaba aguardiente en caldera, lo que hoy conocemos como pisco. ¡Para todo eso sirve el Archivo!

En estas últimas semanas hemos logrado entender un poco más la situación. El Jefe institucional del Archivo, el Sr. Ricardo Moreau, ha dicho claramente ¡al fin! que la construcción del nuevo local ya está en marcha y que todos los problemas técnicos han sido resueltos. Este es un logro que debemos celebrar. Ahora debemos utilizar toda nuestra influencia para ejercer la presión necesaria hasta que dicha construcción se incluya como plan prioritario en el presupuesto del año 2025. Sin duda el proceso de construcción llevará su tiempo: se estima un total de treinta y seis meses, pero pueden ser más. Para no caer en aplazamientos y perezas sine die propias de la burocracia estatal, debemos permanecer atentos con el objeto de garantizar que comience finalmente la obra y supervisar todas sus etapas.

Celebramos también que en estos meses se haya iniciado el inventario del AGN, tan urgente como necesario no solo para la mudanza, sino para el funcionamiento del Archivo. Según Moreau, dicho inventario se encuentra avanzado al 80%, aunque nuestras fuentes en el propio AGN aseguran que con suerte se habrá llegado al 50%… y eso que se está elaborando un listado muy genérico que tendrá que afinarse muchísimo en el futuro. Si una de las consecuencias de esta crisis es que contemos finalmente con un inventario fiable y, en el futuro, con un catálogo reglamentario de lo existente en el Archivo, considero que ya habrá traído consigo algo positivo.

Hay dos cosas sin embargo en las que no estoy de acuerdo con el Sr. Moreau. En primer lugar, su afirmación sobre la necesidad imperante de trasladar el Archivo a una ubicación temporal. Todos los expertos coinciden precisamente en que el mayor riesgo que puede correr este tipo de patrimonio documental es que se mueva de su lugar de acogida original. Un ejemplo prosaico: coincidirán conmigo en que nadie que se haya mudado alguna vez de domicilio tendrá la peregrina idea de asegurar que no se le perdió algún efecto personal en esa farragosa operación. Y en el mejor de los casos, con este traslado temporal, las autoridades se verían obligadas a mover el Archivo dos veces. Esto no conviene a la integridad del AGN. Por tanto, debemos hacer todo lo posible para que el Archivo permanezca en Palacio de Justicia hasta que el nuevo local sea una realidad. No entiendo por qué no se puede entablar una negociación con una institución dependiente del Estado, a quien también pertenecen los documentos. Tampoco entiendo por qué resulta más ventajoso malgastar el dinero de todos los contribuyentes en un alquiler a propietarios privados en lugar de llegar a un acuerdo con el Poder Judicial. Me parece inaudito dejarse llevar por el temor de que allí vayan a arrojar los papeles a la calle, sobre todo tras haberse constatado que ya se ha dado inicio a la construcción del nuevo local. El argumento de que supone un recinto insalubre para los trabajadores tampoco se sostiene, desde el momento en que son los mismos trabajadores los que piden que no haya un cambio de local.

Hay algo aquí que no se entiende.

Pero el segundo punto que repite el Sr. Moreau hasta el cansancio es el de la digitalización. Yo tengo en marcha un proyecto de digitalización con el AGN desde el 2021, financiado con fondos de la Biblioteca Británica y, por tanto, conozco a fondo esta cuestión. Entre los años 2009 y 2014 llevé a cabo otro proyecto financiado por ellos mismos, durante el que digitalizamos periódicos de cinco provincias del Perú. El Sr. Moreau es un gran entusiasta de la digitalización —como lo soy yo también—, pero no está siendo sincero cuando afirma que en el futuro todo estará digitalizado.

El proceso de transformar en digital el material del AGN es laborioso. Y no me refiero a la creación de las imágenes a archivar, trámite más sencillo y que se cumplimenta con una cámara fotográfica o un escáner planetario. No, lo difícil es organizar y catalogar cada una de esas imágenes, para luego poder describirlas y almacenarlas en línea. El costo de llevar a cabo esta operación con, pongamos, treinta kilómetros de documentos, sería mayor al que conlleva construir más de cinco edificios ¡y no la tendríamos acabada hasta por lo menos el año 2200! Por razones prácticas, la digitalización será por mucho tiempo algo que solo nos sirva como muestreo. Un ejemplo ilustrativo: en nuestro proyecto en particular únicamente hemos digitalizado diez de las mil cajas pertenecientes a la Hacienda Casa Grande y su archivo consta de más de cien mil imágenes. Hagan su cálculo, pensando en todas las haciendas que existieron en el Perú.

De momento, lo que se necesita resolver de inmediato es bien sencillo: establecer un acuerdo con el Poder Judicial para que el AGN no tenga que mover los documentos hasta que esté listo el nuevo recinto, así como más y mejores inventarios y catálogos. Y, sobre todo, un local permanente.

El gobierno está a la deriva —eso no es ninguna novedad—, pero mañana lunes, 13 de Mayo, le pedimos a la comisión Cultura del Congreso que haga su labor y le pida esas dos elementales garantías a la Sra. Ministra: no al traslado y sí a la construcción del nuevo local.

https://jugo.pe/el-agn-no-tiene-madre-que-lo-defienda/

24 de marzo de 2023

Perú: El niño de Xicamarca

Gustavo Espinoza M.

Elmir Castillo Cabana, el niño de casi  3 años salvado providencialmente de las aguas en Xicamarca el  pasado 15 de marzo,  y “la mujer de barro” -Evangelina Chamorro- rescatada en la misma zona y en un trance similar el 2017; simbolizan de alguna manera el horrendo drama que deriva del sistema  de dominación capitalista que agobia a los peruanos en su variante más perversa: el “modelo” neoliberal.

A ambos, y a los gobiernos que los administraron, les debemos   el conjunto de iniquidades que hoy soliviantan a millones,  y abren cauce para que el país cambie. “Cuando el tío suena, es porque piedras trae” dice el refrán que tiene una dramática similitud con lo que ahora ocurre; pero que en el plano de la interpretación metafórica, se relaciona también con la “Tempestad en los andes” de la que nos hablara, premonitoriamente,  Luis E. Valcárcel.

Les debemos, por ejemplo, una estructura de dominación que ha pauperizado a millones, acumulando inmensa riqueza en manos de unos pocos.  Sabemos, entonces, que el 3% de los peruanos ubicados en lo más alto de la pirámide social, gana tanto como el total que obtiene el 67% de los que menos tienen; que el 78% de la PEA, carece de empleo y está realmente desocupada, por lo que se ve forzada a idear su propio “oficio” como vendedor ambulante o taxista a fin de sobrevivir en condiciones francamente deplorables; y que el 40% de la PEA ha descendido en su nivel de vida en la última década.

Sabemos también que en las regiones “más ricas” del país por su ingente minería,  hay hasta un 67% de peruanos que vive bajo el límite de la pobreza; y que el 87% de los niños en Cajamarca, Puno, Huancavelica,  Andahuaylas o Cerro de Pasco, el 87% sufre desnutrición crónica, y tiene los pulmones invadidos por plomo.

Sabemos que la salud no es un derecho, sino una mercancía y que si un ciudadano no tiene recursos para pagar los servicios de una clínica privada, sufre de total desamparo. Si es “asegurado”, deberá mendigar una cita durante varios meses “para ser atendido”; y si no lo es, el Sistema Nacional de Salud lo tendrá igualmente en espera, pero le dispondrá –mientras tanto- Tomografías computarizadas que deberá pagarlas en “la posta de la esquina, porque el Tomógrafo de acá está malogrado” .

Y que la educación, tampoco es un derecho. Que el analfabetismo, existe; y que más allá de él, hay millones de personas que saben leer, pero no entienden lo que leen; y otros más que aprendieron a leer pero que con el tiempo, se volvieron analfabetos por desuso, porque no tuvieron   posibilidad alguna de aplicar su dominio, ni recursos para  seguir estudios, o para comprar libros.

Y que el sistema, además de mercantilizar la educación, ha denigrado   la carrera docente y envilecido al magisterio estableciendo “Institutos Pedagógicos Privados” empeñados en repartir títulos como si fuesen volantes; en tanto que el Estado subvenciona a las Universidades Privadas mediante el sistema de becas;  las reconoce como como “académicamente solventes” y libera del pago de impuestos a todas, para que se  embolsen el total de recursos que obtienen a través de ése, su “servicio educativo”, el más lucrativo de los negocios de nuestro tiempo.

Que, adicionalmente, ha multiplicado la burocracia en todos los niveles. Creado Ministerios y dependencias públicas sin ton ni son. Se recuerda, por ejemplo, que cuando en el 2017 arreciaron las lluvias, destruyeron caminos y cayeron viviendas, se alzó la voz de millones demandando ayuda para reconstruir la vida. El Presiden de entones tomó el reclamo y para “ir más allá”,  aseguró que debía impulsarse una “reconstrucción, pero con cambios”.

Eso, que debió tomarse apenas como una frase feliz para impulsar obras; ser convirtió en un monstruo burocrático con miles de funcionarios y millones de soles de presupuesto. Hoy, cuando se repite la tragedia, sabemos que no hubo ni reconstrucción, ni cambios.  

En paralelo, se ha incrementado en cuatro veces el personal administrativo del Congreso de la República de tal modo que hoy hay 4,000 empleados para un total de 130 congresistas, lo que equivale a 26 trabajadores por cada parlamentario. Por lo demás, parlamentarios, ministros y otros altos funcionarios disponen de privilegios y gollorías nunca antes vistas: beneficios adicionales, ingresos complementarios, seguros privados, tecnología de punta, y muchos otros privilegios que han creado una “casta gobernante” parasitaria, soberbia; pero además, inútil.

Mientras todo esto ha venido ocurriendo, los damnificados por las inundaciones de hoy, se han enterado que “no hay recursos” para  comprar motobombas, habilitar partidas, o ayudarlos porque los recursos hoy se destinan a otra cosa: a adquirir alfombras, financiar bufets, embellecer oficinas; o adquirir bombas lacrimógenas y armas anti disturbios: cuando no a financiar operativos militares y policiales como los recientes, que ya dejaran una estela de más de 70 muertos. Ayacucho, Andahuaylas y Puno, saben de eso hasta el hartazgo.

De alguna manera puede decirse que los pueblos también se alimentan de símbolos. Por eso la imagen de la mujer que se alzara del bar con su propio esfuerzo, o la del infante que fuera devuelto a la vida por un arriesgado y modesto rescatista: deben quedar en la pupila de todos.

Son la imagen de una sociedad rota, quebrada por un régimen social opresor y que en el mundo, hoy está en decadencia- Cuando se derrumbe el tinglado abyecto que lo sostiene contra la voluntad de millones, entonces se hará justicia.

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.