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6 de octubre de 2025

Perú: A propósito del 3 de octubre y Juan Velasco Alvarado

César Hildebrandt   (La última entrevista a Juan Velasco Alvarado)

General, ahora tal vez tenga usted tiempo para hacer reflexiones que antes no pudo hacer, ¿ha reflexionado sobre el verdadero objetivo de su gobierno?

Sí, lo he hecho.

¿Cómo calificaría ahora ese objetivo?

Hacer del Perú un país independiente y cambiar las estructuras para que el Perú se desarrollara con independencia, con soberanía. No un país vendido, de rodillas. ¿Cómo era aquí? ¡Aquí mandaba el embajador americano! Cuando yo era presidente, el embajador tenía que pedir audiencia y yo lo manejaba a seis pasos. Yo los fregué. Yo boté a la misión militar americana.

Aquí había 50 ó 60 jefes americanos y el gobierno peruano tenía que pagarles sus sueldos, el pasaje hasta para el gatito que traía la familia. Y formaban parte de la información para la CIA.

Nosotros no lo necesitábamos, ya habíamos crecido bastante como para no tener que consultarle todo. Aquí nuestras escuelas de guerra son muy buenas. Nosotros les podemos dar vacantes, más bien.

Mucha gente considera que usted está lleno de rencor, ¿qué piensa de eso?

¿Rencor?, ¿contra quién? ¡Contra nadie! Yo no di ningún golpe. Yo llevé una revolución. Fue una revolución bien planteada. Porque nosotros entramos de frente a actuar, a operar con velocidad. Nosotros hemos hecho cuántas cosas a una velocidad espantosa. Yo sabia que en cualquier momento me botaban. Porque aquí en el Perú, fatalmente, la oligarquía nunca muere.

¿Usted qué cree?

Bueno, al menos durante mi gobierno a la oligarquía le hemos dado forma tal que la hecho desecho. Muchos han dicho que una de las cosas que hizo la revolución fue terminar con la oligarquía. Bueno, yo creo que no hemos terminado con la oligarquía. Han quedado restos. Y estos restos, están creciendo otra vez. Yo tengo mi conciencia tranquila, excepto por una cosa. Porque no terminé la obra de la revolución. No hicimos lo de la salud y lo de la vivienda. Y no lo hicimos porque me sacaron.

Y ¿por qué cree que lo sacaron? La ambición política, la ambición del poder… Algunos sectores le reprocharon siempre el que usted fuera amigo de los comunistas, el que fuera blando con ellos.

No sólo eso, me han dicho que oficialicé el comunismo. Y eso es una brutalidad. Eso lo dice mi amigo Frías. Eso lo he leído en «X». ¿Por dónde voy a salir comunista? Yo he sido militar toda mi vida. Había algunos medio rojos en el gobierno, que eran pasables. Ustedes me hubieran acusado de macartista si yo hubiera perseguido a los comunistas. Yo mas bien he dicho que los comunistas se infiltraron. Hubo infiltración. Y sin embargo, el guerrillero, este muchacho guerrillero, ¿cómo se llama? ¿Béjar? Béjar. Bueno, Béjar dice en su libro «La revolución en la trampa», que no hubo infiltración comunista. ¡Cómo que no hubo infiltración comunista! Hubo infiltración comunista en todas partes, viejo. Y en SINAMOS, donde trabajaba Béjar, hubo más infiltración que en ninguna otra parte.

¿Y usted combatió esa infiltración?

En cierta forma. Yo no les hice la guerra, no salí a cazar guerrilleros como hicieron una vez acá. Yo no los he perseguido. Yo no he perseguido tampoco al APRA. A ningún partido he perseguido yo, viejo. Un hombre es dueño de sus ideas y es libre de expresarlas como le dé la gana. A no ser que lo hagan cambiar a la fuerza. O que le hagan lavado cerebral.

Uno de los puntos de nuestra revolución era: Pluralidad política. De manera que la revolución peruana era para todos los peruanos, no era para unos cuantos. Yo decía que aquellos que no querían estar con la revolución, la revolución les iba a entrar por los poros alguna vez.

¿Con algún partido sintió alguna aproximación? Libros como «El poder invisible», lo han descrito a usted como un hombre resentido, lleno de amargura por su infancia tan pobre, tan dura. ¿Qué le suscita eso?

Hubiera sido como el alacrán. Me hubiera metido la ponzoña yo. Cuando yo hice la revolución, ya era general de división. Había llegado a lo más alto de mi carrera General de División.

¿Qué puesto tenía?

Mandaba al Ejército y mandaba a la Fuerza Armada. Era comandante general del Ejército y presidente del Comando Conjunto. ¿Dinero? Yo no necesitaba dinero, viejo. Yo había estado como agregado militar en Francia, donde gané bastantes dólares como diplomático. Después fui miembro de la Junta Interamericana de Defensa y ahí gané también buena plata. Ahorrábamos, yo nunca he sido botarate. Esta casa me la hizo mi hijo, el arquitecto. De manera que esta casa es antes de… De manera que dinero tenía, lo suficiente para vivir una vida cómoda. Yo no hice la revolución para llenarme los bolsillos. ¿Dónde está el dinero que me he robado? Yo no tengo plata. Yo vivo con las justas. Vivo de mi pensión nada más. Como todavía estoy enfermo no puedo trabajar en otra cosa.

Si no es indiscreción, ¿a cuánto haciende la pensión de un general de división? ¿Cuarenta mil?

Nunca llegó a cuarenta… De manera que yo no hice la revolución para mí. Había viajado, conocido el mundo, ¿qué más quería?

General, usted dice que la revolución está detenida, porque no ha habido ninguna medida de transformación. Pero ante la crisis económica, ¿qué hubiera hecho usted?

Arreglar la crisis económica.

Sí, pero ¿cómo?

En principio, viejo, hay una tanda de mocosos en las entidades claves. Así no se puede arreglar la economía del país. He visto que acaban de botar a Guiulfo, un mozo inteligentísimo, botan del Banco de Reserva a Barreto, que es un tipo de mucha experiencia. ¿Así se hace patria? A la buena gente la han botado y ha quedado una partida de mocosos.

¿Mocosos, general?

Para mí, mocosos, viejo.

Usted recibió una deuda de 800 millones de dólares. Y cuando salió está en 4 mil millones. ¿Cómo un gobierno como el suyo pudo producir una deuda tan alta?

Depende de lo que se haga. Si usted va al gobierno y no hace nada, no gasta un centavo. La revolución fue para hacer un nuevo Perú. Había que expropiar las tierras y había que pagar esas tierras. Cada transformación costaba al país, las cuentas están claras.

Yo le pongo el oleoducto Poechos, Cuajote, Bayóvar, Olmos, la fabrica de papel, fertilizantes. Actualmente no va a apretar el botón a hacer inauguraciones.

¿Inauguraciones de qué?

De obras importantes que hizo la revolución.

Hace un rato le pregunté y usted no me contesto esto: ¿Cuál fue el peor defecto de su gobierno? Digamos, ¿cuál fue su mayor virtud y cuál su peor defecto?

La mejor virtud fue que fue el primer gobierno que luchó por las grandes mayorías que estaban oprimidas.

¿Y su peor defecto?

El peor defecto de la revolución, bueno, tenía muchos defectos. Porque yo actuaba con gente que era enemiga de la revolución. Había Belaundistas, apristas, comunistas. Teníamos opositores por todos lados, inclusive ya está usted viendo, viejo, que mis ministros me traicionaron. ¿O no? Me traicionaron porque me sacaron, traicionándome. Eso fue una traición.

¿Cuáles eran sus relaciones con Expreso?

«Expreso» nos defendía. «Expreso» defendía a la revolución peruana. Todos los del «Expreso» defendían a la revolución.

¿Por qué?

No sé, pero la defendían. Cuando la «prensa» nos atacaba, el único que salía y nos defendía era «Expreso». Cuando «El Comercio» nos atacaba, el único periódico que salía en defensa de la revolución era «Expreso». Se les prendía como un perro y les decía pestes. Nos defendía bravamente, nos defendía con valentía. Ahora, yo sé que había comunistas, claro. Estaba Moncloa, Roncagliolo, había varios, había un grupo. Pero nos defendía, viejo, era el único…

Pero digamos que esa defensa solitaria se acaba cuando se expropiaron los periódicos…

Bueno, no, porque en buena cuenta no se trató de una expropiación. Los periódicos no se quitaron para que el Estado los manejara, para que el gobierno los manejara a su gusto…

Pero así fue y así es…

Ahora yo no respondo por nada. Ahora todo es una mierda, viejo… (con Morales Bermúdez)

Sus palabras parecen expresar a veces amargura general…

Amargura de qué. Amargura contra qué. Absolutamente, viejo…

«Esta con el mejor genio del mundo». Interviene su esposa, que hace cinco minutos escucha la conversación.

La única amargura que tengo es no haber completado las transformaciones. Nos faltó no sólo la salud y la vivencia sino el crédito, la banca. No queríamos apoderarnos de los bancos para apoderarnos de sus utilidades. Lo que queríamos es que el Estado fuera dueño de la banca para poder manejar el crédito con un criterio revolucionario. Prestarle al zapatero, al gasfitero, al campesino. ¿Qué yo quiero cuarenta mil soles? Aquí está señor. Yo quería que el banco agrario comprara cuarenta camionetas y que todos los días esas camionetas recorrieran los valles para prestar plata. ¿Señor, usted siembra? Tal cosa, tal cosa. ¿Cuánto necesita? No quiero. ¿Qué no quiero? Si señor, aquí tiene usted: meterle por la boca la plata, aquí tiene usted. Porque la plata iban a mejorar. Oye viejo, no había plata, a esta pobre gente le compraban las cosechas por cinco años. Esta gente era estafada, les robaban su dinero… Nos faltó tiempo, porque me botaron.

Yo hice lo que pude. Más no puedo. Y mire cómo he salido…

Ya, que no te suba la presión. Interviene, doña Consuelo.

Mira lo que he ganado; una pierna menos, enfermo…

Pero todo tiene sus compensaciones. Usted ha ganado…

¿El amor de la gente?, pregunta llena de ironía, doña Consuelo.

No diría eso, respondo.

¿No cree usted que ha ganado, más allá de las pasiones y cuando las esencias se sedimenten; digamos, un puesto en la historia?

La gente más ingrata no puede ser, dice Consuelo. Después de tantas amarguras ¡un puesto en la historia!

La revolución se ha dado el gusto de hacer las transformaciones que no hicieron los civiles. Los civiles tuvieron 150 años en el gobierno y no las hicieron. Por eso es que la Fuerza Armada tuvo que hacer la revolución. El consuelo que tengo es que la revolución hizo vibrar. Porque hasta los enemigos nuestros vibraron de contento cuando… (Velasco llora discretamente, apenas tiene voz para terminar) recuperamos Talara. Cuando recuperamos Talara hicimos vibrar hasta al mismo Ulloa… ¿Qué yo tenga amargura contra nadie…? ¡Contra nadie!

¿No cree que en algún caso fue usted, excesivamente autoritario, rígido, despótico?

¿En qué caso?

Por ejemplo: deportar a Armacanqui, deportar a Duharte, deportar a Zileri.

Yo no era ministro del Interior… Zileri nos atacaba continuamente, nos paraba, nos frenaba… El gobierno tiene también que sancionar a quienes lo atacan. La revolución tenía que defenderse. No iba a cruzarse de brazos para que le dijeran falsedades. De manera que ellos mismo se la buscaban, por locura….

Una última pregunta, general: ¿Cuál es según su punto de vista la salida política para el país?

Si ya no hay revolución, entonces el gobierno militar ya no se justifica. Debía haber pues, un gobierno democrático, ¿no?

¿O sea virtualmente,​ una convocatoria a elecciones?

Bueno, eso es lo único hasta la fecha inventado, ¿no?

*  (Entrevista concedida a César Hildebrandt. Publicada en revista Caretas, 3 de febrero de 1977)

Fuente: https://cangrejonegro.wordpress.com/2021/10/03/juan-velasco-alvarado-heroes-bizarros-68-2/?fbclid=IwY2xjawNPhsZleHRuA2FlbQIxMABicmlkETF3MHo5MERiT1RxakNiUVhiAR7NwQdziaXK0GgKFqd7rI1P5EV3ULI5fhyz2qPo6_5pPnokqj9-Sr7V2pF-eA_aem_mSSZgsrb5cjfUz8wwU0BuQ

7 de octubre de 2021

Perú: Esa madrugada de octubre

Eloy Jáuregui

La mañana del 3 de octubre de 1968 el Perú cambió. Por la radio se informaba que esa madrugada se había producido un golpe militar y que las Fuerzas Armadas detuvieron al presidente constitucional Fernando Belaúnde Terry, a quien lo habían sorprendido mientras dormía en Palacio de Gobierno y que ahora estaba en pleno viaje a Buenos Aires en calidad de deportado. La primera impresión era que una vez más se había roto el orden constitucional.

Yo estudiaba en la GUE Ricardo Palma de Surquillo y con Ponte y Perales, dos compañeros de aula, logramos llegar a la Plaza de Armas en busca de noticias. Lima estaba sembrada de soldados y dos viejos tanques de guerra apuntaban a Palacio de Gobierno. Al medio día, en el atrio de la Catedral recién me uní a un reducido grupo de personas e intentamos gritar algo a favor de la democracia. La protesta fue corta. La policía nos detuvo y en unos portatropa nos llevaron hasta la prefectura de la av. España, donde me soltaron a las horas por ser menor de edad. Ya en horas de la noche la confusión seguía. ¿Y ahora quién es el cabecilla de la rebelión? De pronto alguien dijo su nombre: “Es el general Juan Velasco Alvarado”. Mutis, ni en pelea de perros. Velasco, piurano, había escalado con la sola ayuda de sus estudios y decisión toda la escala militar, desde soldado raso a general de división, ocupando como último cargo militar la jefatura del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas. Era lo que se dice un cholo, como Sánchez Cerro u Odría, otros “cachacos” golpistas, tal como lo señaló un comentarista en La Prensa.

Ya instalado en el poder lo conocimos. Velasco lideraba a este grupo de militares que habían tomado el poder no para defender el orden establecido, sino para subvertirlo, para imponer cambios fundamentales en las estructuras sociales y económicas. Era pues una dictadura militar atípica dispuesta a recambiar radicalmente el Perú y frenar el entreguismo total del Gobierno de Belaúnde. Ya el 9 de octubre de 1968 se nacionalizaba el complejo petrolero de La Brea y Pariñas. Se habían iniciado las reformas que modificarían en esencia el sistema feudal predominante impuesto por la derecha del Perú.

Pero Velasco no solo acabó con el oprobio y la vergüenza de vivir sin dignidad, sino que defendió la soberanía de nuestra patria y alentó a identificarnos con nuestros valores culturales y artísticos. De esa fecha ya pasaron 53 años y pocos recuerdan a Velasco. Qué honor ser esa memoria y esa minoría.

5 de abril de 2021

Perú: LA REVOLUCIÓN NO SERÁ TELEVISADA

Natalia Sobrevilla

En 1971 Gil Scott-Heron lanzó uno de los himnos más famosos de las Panteras Negras, La revolución no será televisada, en el cual le recordaba a su generación que no irían a ver la revolución en la tele porque esta sucedería en vivo. Tres años antes el Perú había tenido su propia revolución, una liderada por las fuerzas armadas. Mientras en el resto de continente los militares se concentraban en organizar gobiernos de derecha y matar y desaparecer a los jóvenes que querían cambiar el mundo, en el Perú fueron los militares los que decidieron que el país no aguantaba el mismo rumbo y tomaron el poder para instituir “El Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas”.

Su medida más radical fue la Reforma Agraria que se promulgó el 24 de junio de 1969.  Cuando Juan Velazco Alvarado la proclamó terminó su discurso con la frase: “¡Campesino, el patrón ya no comerá más de tu pobreza!”. A pesar de que han transcurrido más de cincuenta años desde entonces, este evento sigue siendo uno de los puntos de quiebre más importantes de la historia peruana y la lucha por cómo debe ser recordada sigue vigente.

Estas elecciones han vuelto a traer esta discusión al centro del debate. TV Perú, la emisora del Estado, tenía programada transmitir por primera vez en televisión abierta el documental de Gonzalo Benavente, La revolución y la tierra. Ganadora del premio del Concurso Nacional de Proyectos de Largometraje Documental del Ministerio de Cultura en 2016 y estrenada en el 2019 –cuando se convirtió en el documental más visto de la historia del cine peruano–, la proyección estaba prevista para hoy, domingo 4 de abril.

Sin embargo, la reacción de algunos comentaristas llevó a que se reprograme para después de la primera vuelta electoral, el próximo 18 de abril. Pedro Cateriano, ex primer ministro, declaró el 30 de marzo en su Twitter (@PCaterianoB): “Cuando ocupé la PCM mantuve el manejo neutral de @tvperupe. No ordené ataques, manipulación de la información o la divulgación de programas sesgados políticamente. ¿Es oportuno que en la recta final de la campaña electoral se transmita ‘La Revolución y la Tierra’?”

Este comentario desató un revuelo inmediato en redes, sobre todo por parte de quienes percibieron esta decisión como un acto de censura.  El periodista Augusto Álvarez Rodrich añadió ese mismo día (@alvarezrodrich): “‘La Revolución y la Tierra’ es un notable documental de Gonzalo Benavente Secco @aliasbomba, pero ponerlo en la TV estatal en los días electorales constituye un desatino que es mejor corregir, pues puede afectar no solo la percepción de neutralidad de @tvperupe sino un gran film”.

En su columna del 3 de abril, Álvarez Rodrich se explayó en sus razones como respuesta a los “comentarios frikis contra quienes nos pareció inconveniente la difusión del documental”. Alabando una vez más el documental de Benavente, añadió que lo que le preocupa es que el canal del Estado tiene, en su opinión, la obligación de “ser y parecer imparcial” y que difundirlo el domingo previo a la elección exponía a la emisora a criticas de falta de neutralidad, sobre todo porque ya habían aparecido tuits que promovían el documental diciendo: “¿No sabes por quién votar? Mira LRT y no votes por dinosaurios”.

¿Pero a quién busca proteger Álvarez Rodrich? ¿A TV Perú? ¿A Benavente? ¿Al electorado peruano? Su argumento es que la transmisión podría exponer al canal a la posibilidad de perder apoyo y financiamiento, recordando de qué manera –en el 2016– se suspendió la transmisión de la telenovela de María Luisa Adrianzén, Nuestra Historia, que se sumergía en los años 80 y 90 durante las campañas electorales. La razón textual aquella vez fue: “para no exponer la obra y al canal a críticas de involucración con la campaña de ese año”. ¿Pedro Cateriano hace referencia a este mismo hecho cuando dice que en su tiempo en la PCM “no ordenó la divulgación de programas sesgados políticamente”? Porque fue durante su gestión como premier que TV Perú dejó de transmitir la telenovela en cuestión.

¿Cuál es el peligro de transmitir una telenovela o un documental en una campaña electoral? ¿Acaso los electores no pueden decidir por sí mismos cuál es la relevancia de las historias que se cuentan y por qué importan o no a la hora de decidir por quién votar? ¿Cuál es el peligro de que más personas vean La revolución y la tierra? ¿En verdad cambiarían su voto? Es difícil saberlo o cuantificarlo, pero lo que sí ha quedado demostrado con mucha claridad es que la Reforma Agraria sigue siendo un tema neurálgico en la política peruana, algo que marca un antes y un después para el Perú de hoy, aunque sea un suceso que ocurrió antes de que nacieran casi todos los actuales votantes.

Lo que han logrado estos comentaristas y políticos no es solo que “la revolución no sea televisada”, sino que el tema estalle con furor en redes, donde muchísimos podrán ver el documental en YouTube cuando quieran y compartirlo con quienes quieran.

Lo que han logrado, entonces, es que la revolución suceda en vivo.