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5 de octubre de 2023

Perú: Volver a la normalidad

Eloy Jáuregui

"Ya en horas de la noche, la confusión seguía. ¿Y ahora quién es el cabecilla de la rebelión? De pronto alguien dijo su nombre: "Es el general Juan Velasco Alvarado"".


Ese 3 de octubre de 1968, por la radio se informaba que esa madrugada se había producido un golpe militar y que las Fuerzas Armadas detuvieron al presidente constitucional Fernando Belaunde Terry –a quien lo habían sorprendido mientras dormía en Palacio de Gobierno– y que ahora estaba en pleno viaje a Buenos Aires en calidad de deportado. Lima estaba sembrada de soldados que cerraban las calles y los transeúntes apenas alcanzaban a mirar la casa de gobierno donde se habían asentado dos viejos tanques de guerra.

Al mediodía, en el atrio de la Catedral recién me uní a un reducido grupo de personas e intentamos gritar algo a favor de la democracia. La protesta fue corta. La policía nos detuvo y en unos portatropas nos llevaron hasta la Prefectura de la av. España, donde me soltaron a las horas por ser menor de edad. Cuando regresé a la plaza al atardecer, todo lucía como si nada hubiese ocurrido.

El experimentado periodista Abraham Lama habría de recordar a Martín Adán que esa noche, cuando se despedía de sus amigos del Bar Palermo después de una juerga de endecasílabos, y al enterarse de la noticia comentó: “El Perú volvió a la normalidad”. La frase recorrió las redacciones de los diarios, que celebraron otra muestra del ingenio cáustico del poeta. Pero esta vez estaba equivocado el rapsoda iluminado.

Lo que vendría después de aquella captura a Palacio de Gobierno no sería otro golpe militar “normal” propio de la voluntad sigilosa de un caudillo e históricamente perpetrado en nombre de la oligarquía terrateniente para salvar el orden amenazado por las convulsiones sociales. No. Esa vez la historia del Perú había cambiado para siempre.

Ya en horas de la noche, la confusión seguía. ¿Y ahora quién es el cabecilla de la rebelión? De pronto alguien dijo su nombre: “Es el general Juan Velasco Alvarado”. Mutis, ni en pelea de perros. A todos los hombres de prensa que se acercaban a Palacio de Gobierno les costaba trabajo recordar a ese nombre y a ese hombre. Velasco, piurano, había guardado su imagen media caña ultra caleta.

Fue uno de los once hijos de una familia mestiza y que había escalado con la sola ayuda de sus estudios y decisión toda la escala militar, desde soldado raso a general de división, ocupando como último cargo militar la Jefatura del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas. Era lo que se dice un cholo, como Sánchez Cerro u Odría, otros “cachacos” golpistas, tal como lo señaló un comentarista en La Prensa. Esa es nuestra historia.

https://larepublica.pe/opinion/2023/10/03/volver-a-la-normalidad-por-eloy-jauregui-196300

https://www.leerydifundir.com/2023/10/peru-volver-la-normalidad/


2 de septiembre de 2022

Perú: El Estado imposible

Eloy Jáuregui

A estas alturas soñar que el Perú se parezca a Finlandia es una insensatez. Aquí no valen los optimismos. Desde hace 200 años vivimos en un país contrahecho y adulterado donde se entretejen el Perú virtual y el país real. La patria parturienta de un estado legal, otro ilegal, uno más informal y finalmente el Perú delincuencial. Todos existiendo en fraternidad y conciliación. Con sus poderes indeliberados, con sus burocracias indomables y con su líderes resistentes.

La utopía nacional observada con desazón por Jorge Basadre y analizada con fastidio por Mariátegui nos producen ansias de retornar a sus tesis como claves consejeras en estas horas infaustas. Pero luego de casi un siglo esa seducción de sus ideas (sobre todo de los ensayos) nos producen consternación y sobresalto. Cierto, ya no se los lee en el colegio y son rara avis en las universidades. Acaso solo unos cuantos muchachones en los años 70 (y ahí me cuento) disfrutamos de esa visión excelsa de sus textos, aquello que llamamos “la literatura de las ideas”.

Y qué fue de la promesa peruana y de los 7 ensayos de interpretación de la realidad nacional. En qué caverna fue a parar. Les cuento, yo todavía en el colegio y ayudando a mi padre en su librería del Parque Universitario tuve la suerte de asistir a una clase de Raúl Porras Barrenechea en la vieja casona de San Marcos. Más que un impacto de admiración fue un deslumbramiento. El viejo maestro Porras nos cambió la vida como luego lo hizo Luis Jaime Cisneros en sus clases de la Católica.

Pero un día nos olvidamos de ellos porque un imbécil con poder aseguró que las ciencias humanísticas no se comen y nos mandaron a todos a estudiar los senderos enlodados del neoliberalismo para terminar de “emprendedores”. Sí, esa patraña donde van a dar los mendigos del capital y la gran empresa. Entonces nos destinaron a ganarnos la vida en el emporio Gamarra o en los Mall Unicachi. Y como todos resultamos empresarios, fuimos creando una noción-nación de autorrealización y felicidad, desde la exacerbación del individualismo indiferente y egoísta, que se manifiesta en la figura del gran emprendedor.

Así, la república que se fundó hace 200 años con la misma lógica colonial anterior es este país de las carencias y la mediocridad en el que hoy vivimos con una derecha y sus elites incapaces de construir un proyecto nacional compartido de vida y de plantear retos para la acción de ciudadanos sanos y decentes, como lo imaginaron Basadre y Mariátegui.

7 de abril de 2022

Perú: El país del nunca jamás

Eloy Jáuregui

Frente a un pollo, calato, colgado con su nuevo precio en el mercado de Santa Beatriz, quedo peor que Chris Rock luego del sopapo de Will Smith. S/ 11,50 reza en el letrero. Y recuerdo aquellas horas en los tiempos del primer Alan García cuando la inflación flageló a los peruanos. Por eso mis hijos pertenecen a la llamada Generación Leche Enci y escaseaban todos los productos para el hogar, como ahora cuando la canasta familiar ha subido entre 1,5% y el 30,8%.

El paro de los transportistas de carga pesada por los combustibles y el consiguiente bloqueo de carreteras es una de las causas, pero las mafias y la especulación es el origen de la crisis que ni el propio Gareca es capaz de salvarnos, aunque en este plan, y si el Perú se clasifica al Mundial de Qatar, nadie sabe cuánto costarán el pan ciabatta o el kilo de papas tomasa en noviembre. El libre mercado hace que la economía se mueva como un mar encrespado y los porcentajes del índice de precios al consumidor es una combi con un conductor borracho.

No creo en los economistas, ya lo dije, mucho menos en la clase política. Pero leo una entrevista al flamante presidente de Chile, Gabriel Boric, y lo primero que me llama la atención es su sentencia: “Queremos dejar atrás al Estado neoliberal”. Y con claridad explica que a su gobierno le interesa poder construir un Estado que garantice derechos sociales universales. Y que vaya dejando atrás la lógica neoliberal en la que cada uno se salva como puede.

Boric no es Pedro Castillo, por ello tiene una visión integral de la realidad chilena. Dice que va a cimentar una sociedad más cohesionada, que en materia de salud va a construir un sistema universal y erigir la reforma del régimen de pensiones.

Y mientras tanto, en las afueras de la cárcel de Barbadillo, los fujimoristas insisten en que liberen a su líder, el preso más caro de la historia: el asesino y ladrón Alberto Fujimori. La BBC decía que en esa prisión, para mantenerla y cuidar de su único preso, solo en 2020, el Gobierno invirtió unos US$ 172.000 dólares, una cifra 57 veces mayor que la cantidad que destinó de forma individual para el resto de los presos en otras penitenciarías comunes. Eso solo puede ocurrir en el Perú, nuestra patria de la heridas abiertas, sus ladrones y corruptos, pero también el país de las utopías y los sueños.

17 de marzo de 2022

Las armas molidas

Eloy Jáuregui

Escribía Hemingway en su Adiós a las armas, en relación a la primera guerra mundial, que: “El mundo rompe a todos y después muchos son fuertes en los lugares rotos”. Y cierto, la novela no es una apología a la guerra sino una historia de solidaridad y amor en medio de los frentes de batalla. Y explicaba el escritor “que la primera cura para una nación mal administrada es la inflación de la moneda; la segunda es la guerra. Ambas aportan una riqueza temporal; las dos traen una ruina permanente. Pero ambas son el refugio de políticos y económicos oportunistas”.

Y nosotros sabemos de guerras. Desde la década de los ochenta la padecimos con un costo de 70 mil muertos y hasta hace solo 25 años con el rescate de la Operación Chavín de Huántar, aquel abril de 1997 tras la liberación de rehenes capturados 126 días por el MRTA en la residencia del embajador del Japón. En el ínterin, conocimos la penuria de la muerte en medio de la mengua de nuestras autoridades.

Y la guerra sigue en estos días. Veo con un ojo en RT, el canal de televisión ruso en castellano cómo se maneja la información. Y con el otro ojo lo que afirma la CNN y cierto, recupero una frase del senador estadounidense Hiram Johnson en 1917, que decía que la primera víctima de la guerra es la verdad. Eso que hoy llamamos fake news, es decir, la desinformación en todo su esplendor. Acaso la diarrea impuesta por Donald Trump o los episodios anteriores en Afganistán para buscar a un Bin Laden que no estaba en ese país, Iraq y las armas de destrucción masiva que no existían, “rebeldes y libertadores” en Siria y Libia que resultaron ser terroristas islámicos, serbios a los que se les bombardeó por el delito de “invadir” su propio país.

Y hoy frente al drama de Rusia invadiendo a Ucrania no queda otra que hallar las razones en la voracidad de los conglomerados económicos y las sanciones aplicadas por la Unión Europea y por Estados Unidos. Es decir, un teatro geopolítico que profundiza la relación de Rusia con China. Mientras, siguen los bombardeos y los muertos y en Lima no camina la Línea 2 del tren eléctrico y sube el peaje, el pan está al doble y te roban el celular.

A parte de rezar, solo nos queda instalarnos en un pensamiento crítico –que no es igual a, que ya ni en la paz de sepulcros creo– y convencernos que las fake news impiden la construcción de un juicio racional y bien formado. Todos tienen sus razones pero yo también tengo la mía.

29 de diciembre de 2021

Perú: El año de todas las pestes

Eloy Jáuregui

Se acaba el 2021. Malaya la suerte mía, como decían los de antes. Y la existencia en una era desgraciada continua. Y los muertos con nosotros multiplicándose y la miseria de todos los días y el ómicron ya está al asecho. ¿Y la educación? Difícil que se recupere, como las izquierdas, difícil que se unan. Pero en este clima desolado he visto muestras de solidaridad. Cierto, son las menos.

En la literatura, que es lo mío, este año se siguieron publicando libros interesantes. De los últimos, Hora Zero, la historia. Y un libro extraño pero brillante de Alberto Chirif, De marocas y tombos calatos. Habla y jerga en Lima de mediados del siglo XX. Luego, la colección de crónicas de Helio Ramos Gauguin en la avenida Emancipación, la novela de Carlos Enrique Freyre El miedo del lobo y en poesía La parábola de las ideas impuras de Enrique Sánchez Hermani. Bueno, no soy Gonzales Vigil, pero déjenme recomendarles dos textos de crónicas y entrevistas: Generación B del sello Artífice y El Perú en cuarentena, una selección de Rubén Barcelli y la novísima editorial Garamond.

Borges entendió la literatura como un espacio lleno de vida, y no le faltaba razón. Dicen sus estudiosos, Santiago Llach, entre otros, que el argentino entabla con el lector una relación ladina, ambigua, esquiva, muy provocadora. Su obra es un puñal y una caricia constante: por un lado, llena el camino de trampas y dificultades, para que el lector se desoriente. Y lo consigue. Y yo digo que es igual a estas horas, cuando la muerte nos persigue. Y lo reafirmo yo que estuve agonizando 15 días y lo único que extrañaba era un buen libro y estar tirado en la playa.

Pero nos han tocado las peores horas donde vale bien la meditación y la oración para el espíritu. ¿Y para el bolsillo? Poco, casi nada. Porque la pandemia no solo afectó el cuerpo, sino que se ensañó con nuestra economía. Aunque el Banco Azteca me sigue cobrando y me llaman y sus sicarios no se cansan de tocar mi puerta. Por eso siempre me pregunto: ¿quién es más ladrón, el que funda o el que asalta un banco?

Insisto, se va el 2021 y ojalá se vayan también las desgracias y la mala suerte. Y aquí me detengo. A mis lectores, y a los otros, les deseo que el 2022 sea mejor. Hay que vacunarse, comer sano, ser tolerante y tener buena onda, redoblar esfuerzos y pedir un mundo mejor, más equitativo y justo.

16 de diciembre de 2021

Perú: Universidades o chifas

Eloy Jáuregui

En tiempos de Fujimori, inaugurar una universidad era más sencillo que poner un chifa o un hostal. Era tal la informalidad y la estafa que el Tribunal Constitucional declara la crisis del sistema universitario peruano en octubre del 2014 y se crea la Superintendencia Nacional de Educación Superior Universitaria, Sunedu, que inicia la reforma universitaria, para acabar con la mediocridad y recuperar la calidad educativa superior.

Pero bien sabemos que en el Perú la educación es la quinta rueda del coche. Cierto que hay excepciones. Cierto que en San Marcos tuve a los mejores profesores. ¿Y el resto? Unas fábricas de títulos. Detrás, el producto más visible de esta tragedia: los congresistas. Hijos de la tinieblas y el atraso. Sabido es que al menos 25 de los congresistas actuales (tengo que mencionar a José Luna y su Telesup o acaso a la Garcilaso o Alas Peruanas) tienen vínculos directos con universidades cuyo licenciamiento fue denegado por Sunedu. Y los lobbies a vista y paciencia: hasta octubre, 15 legisladores habían recibido en sus despachos a rectores y representantes de seis de estas casas de estudios sin licenciamiento.

Pero explicarnos cómo es que opera una universidad en el Perú es también describir el nivel de sus profesores. Los conozco de la universidad pública y de las privadas. Ya lo decía Einstein: “El arte supremo del maestro es despertar el placer de la expresión creativa y el conocimiento”. Sí, digo yo, pero del profesor que sabe. No cuando descubrimos que el titular de la Comisión de Educación, el ilustre Esdras Medina, de Renovación Popular, realizó una maestría en la Universidad Cáceres Velásquez, centro de estudios que no cuenta con el licenciamiento de la Sunedu.

Una universidad solo se justifica, se innova e investiga. Si cuenta con bibliotecas y laboratorios bien implementados. Si las tesis que produce a raudales se insertan en el vida social. Y la Sunedu, que es un organismo del Ministerio de Educación que protege el derecho de los jóvenes a recibir educación superior y de calidad, cumplía con otorgar el licenciamiento a las universidades todas, y fiscalizar el servicio.

Hoy los congresistas –todos- con una visión mercantilista e inculta pretenden regresar a la nefasta ANR y vivir sinuosos en universidades mediocres y anodinas. La estafa y el negocio es redondo y obedece al precepto de la corrupción contra estudiantes, padres de familia y el país.

1 de noviembre de 2021

Perú: Un exégeta exagerado

Eloy Jáuregui

Hace unos días participé en una conferencia universitaria sobre periodismo vía Zoom. Y ahí estaban los viejos colegas con su monserga trasnochada y los jóvenes maestros dando lustre a la generación de los millennials. Dos discursos incompatibles y opuestos. La audiencia aplaudía la retórica de los prehistóricos, y sus razones de arcaísmos y sus rancios firuletes. Igual ocurría cuando yo estudiaba en aquellas aulas museos. Solo algunos maestros me deslumbraban, Edmundo Cruz, Uceda, Lévano y paré de contar.

Luego de profesor, me esforzaba por enseñar el arte de García Márquez, Rodolfo Walsh, Tomas Eloy Martínez, Susana Rotker. Pero no dejaba de analizar los trabajos de Kapuscinski, Lee Anderson y la perfección impecable de Tom Wolfe y Gay Talese, padres del llamado “nuevo periodismo”, y observar a nuestros mejores cronistas peruanos que desarrollan una visión crítica desde la consolidación de la república, como es el caso de González Prada, Palma, Mariátegui o Vallejo.

Y en el tema de leer, como requisito para recuperar y mantener el buen periodismo –cierto, las crónicas lo son– debíamos extraer lo mejor de los textos de aquellos escritores, periodistas peruanos como Humberto Castillo, Guillermo Thorndike o Jorge Salazar, quienes lograron amalgamar la poesía a la información.

Cuando el polaco Kapuscinski decía, para ser un buen periodista, en principio, uno tiene que ser una buena persona. Y yo entiendo como buena persona a ese escritor que antes que nada actúa con generosidad y sin rencores. Hay pues una actitud de desprendimiento y humanidad. Solo así, y lo sostengo sin ninguna duda, la escritura de uno se nivela con la de otros. Y esa obligación ética se materializa en leer y reconocer las virtudes de los más grandes periodistas que han construido este universo de la brillantez narrativa.

Insisto que soy cronista y cada escrito mío tiene su propio destino, su particular signo y específico hado. Tengo de esta manera cómplices como también enemigos y antagonistas. Creo así que mis crónicas, ensayos o poemas no pasan inadvertidos porque siempre provocan escozor o gustos arrepentidos. Es cierto que intento cada vez ser un provocador probado. Un sedicioso vicioso. Y, como consecuencia de practicar las paráfrasis, los retruécanos y las parodias, me quieren y me odian. Es mi destino fino, final, sin tino y trino. Un exégeta exagerado, un leído ido. Un cantor de cantinas, un autor autorizado.

23 de octubre de 2021

Perú: Mi gente de San Isidro

Eloy Jáuregui

Que la Chola Chabuca siga realizando sketchs racistas, esta vez contra la comunidad asiático peruana, lo entiendo. Qué se le puede pedir a un sujeto ladino. Que el congresista y marino Jorge Montoya acuse sin pruebas a la ministra de Cultura, Gisela Ortiz, de haber tenido vinculación con Sendero Luminoso no es extraño. Su foja de servicios está plagada de tratar a sus enemigos con expresiones de racismo y terruqueo. Al final de cuentas, sus adeptos militan en esa derecha aliterata e ignorante que seguro a Guamán Poma le hubieran colgado el sambenito de comunista, a Martín Chambi el de terruco y a Arguedas el de sedicioso.

Pero en el colmo de la inquina y el odio, dos damas, vecinas de San Isidro, grabaron un video en la librería Book Vivant de Miguel Dasso donde se duelen reclamando que: “Cómo es posible que, en San Isidro, en la mejor calle, voten por Castillo, reciben a Francisco Sagasti como si fuera un rey, gracias a él estamos como estamos, y lo ponen en Facebook como si fuera lo más grande del planeta...”. Luego de que la librería defendiera su posición y vender libros de todos los autores, cientos de personas se manifestaron en las redes estando de acuerdo con las damas del video.

Para muchos peruanos el deporte nacional es tildar de indios o cholos a los que no lucen sus pieles blancas y sus ojos claros. Lo viví en una de las universidades más pitucas de Lima donde la puya racista origina la segregación y el desprecio. Y no es que esté de moda la intolerancia y la discriminación. Esas prácticas vienen desde los hogares y se perfeccionan en la escuela. Y hoy que soportamos la pandemia se hace ostensible este mapa de desigualdades. Pues los privilegiados se atendían en las clínicas y se vacunaban en el extranjero. ¿Y los pobres? Ahí que se mueran en los hospitales públicos.

Pero el racismo no solo es de manejo limeño. Lo he sentido en Trujillo, Arequipa, Cusco. Esa catadura neocolonial es un discurso que envilece y pervierte. Y la brecha se expande sangrante hoy más que nunca cuando, a punto de cumplir dos años bajo los rigores del covid, ni se estudia ni se investiga. Cero en conducta. Y la educación pública no produce conocimiento, sino ignorancia. Y apuesto que no hay peores racistas, no los de San Isidro, sino los hijos de la miseria y las desigualdades, que se avergüenzan de sentir como ajeno a Vallejo o a Mariátegui. Entonces seguiremos en nuestra sociedad poco democrática y los ricos siempre serán más ricos.

7 de octubre de 2021

Perú: Esa madrugada de octubre

Eloy Jáuregui

La mañana del 3 de octubre de 1968 el Perú cambió. Por la radio se informaba que esa madrugada se había producido un golpe militar y que las Fuerzas Armadas detuvieron al presidente constitucional Fernando Belaúnde Terry, a quien lo habían sorprendido mientras dormía en Palacio de Gobierno y que ahora estaba en pleno viaje a Buenos Aires en calidad de deportado. La primera impresión era que una vez más se había roto el orden constitucional.

Yo estudiaba en la GUE Ricardo Palma de Surquillo y con Ponte y Perales, dos compañeros de aula, logramos llegar a la Plaza de Armas en busca de noticias. Lima estaba sembrada de soldados y dos viejos tanques de guerra apuntaban a Palacio de Gobierno. Al medio día, en el atrio de la Catedral recién me uní a un reducido grupo de personas e intentamos gritar algo a favor de la democracia. La protesta fue corta. La policía nos detuvo y en unos portatropa nos llevaron hasta la prefectura de la av. España, donde me soltaron a las horas por ser menor de edad. Ya en horas de la noche la confusión seguía. ¿Y ahora quién es el cabecilla de la rebelión? De pronto alguien dijo su nombre: “Es el general Juan Velasco Alvarado”. Mutis, ni en pelea de perros. Velasco, piurano, había escalado con la sola ayuda de sus estudios y decisión toda la escala militar, desde soldado raso a general de división, ocupando como último cargo militar la jefatura del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas. Era lo que se dice un cholo, como Sánchez Cerro u Odría, otros “cachacos” golpistas, tal como lo señaló un comentarista en La Prensa.

Ya instalado en el poder lo conocimos. Velasco lideraba a este grupo de militares que habían tomado el poder no para defender el orden establecido, sino para subvertirlo, para imponer cambios fundamentales en las estructuras sociales y económicas. Era pues una dictadura militar atípica dispuesta a recambiar radicalmente el Perú y frenar el entreguismo total del Gobierno de Belaúnde. Ya el 9 de octubre de 1968 se nacionalizaba el complejo petrolero de La Brea y Pariñas. Se habían iniciado las reformas que modificarían en esencia el sistema feudal predominante impuesto por la derecha del Perú.

Pero Velasco no solo acabó con el oprobio y la vergüenza de vivir sin dignidad, sino que defendió la soberanía de nuestra patria y alentó a identificarnos con nuestros valores culturales y artísticos. De esa fecha ya pasaron 53 años y pocos recuerdan a Velasco. Qué honor ser esa memoria y esa minoría.

30 de septiembre de 2021

Perú: De favores y privilegios

Eloy Jáuregui

El Día del Periodista no me preocupa. Sí las elecciones en el Colegio que al fin y al cabo son la reproducción de lo que sucede en el Perú. Y postulan los honestos y los que no son. Hace unos años, los de la barbarie y corrupción, nuestra institución era un nido de pícaros. Hoy no. Existen dirigentes probos y honestos. Profesionales que ejercen y son dignos y que este 10 de octubre esperan recibir la aprobación y el apoyo de los colegas que necesitan de un órgano que nos represente a periodistas y comunicadores sociales dignos y leales.

En mi tiempo le decían la moña. Eran esos infectos que manejaban todo orden de cosas. Un poder ilícito en los trabajos, los gremios y, obviamente, en el campo del arte y la literatura. Luego se llamaron la cofradía y siempre fueron los mismos de la argolla. Aquellos elegidos que gozaban del privilegio de la herencia y las relaciones de los favoritos y escogidos. Su naturaleza fue (es) un engranaje sórdido de prerrogativas que favorecía a un grupo con un trasfondo clasista y racial. Un sistema que atravesaba el tejido social. Un enjambre de pillos que ganaban todos los premios y viajaban y comían y bebían con el dinero de todos los peruanos.

Hoy el Ministerio de Cultura ha puesto el punto final a las operaciones de esa argolla limeña y se desmanteló una lista de elegidos que iban a viajar a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara donde el Perú es el invitado especial. Los desembarcados, que no son pocos, denunciaron haber sufrido un atropello de parte del ministro Ciro Gálvez. Y si uno lee a Alfonso Quiroz en su Historia de la corrupción en el Perú o a Hugo Neira en su reciente Dos siglos de pensamiento de peruanos, se dará cuenta de que esta capilla usa los mismos argumentos que, por ejemplo, un hacendado luego de la reforma agraria de Velasco.

Y cito a Neira porque él explica que para la mayoría de peruanos es natural –un modelo divino– que haya un grupo de privilegiados y que bien merecido hacen uso de esas gollerías y remilgos. O porque son blancos o porque tienen plata como ya lo decía Manuel González Prada. Debo terminar. Yo en el 2018 viajé a la Feria de Guadalajara a presentar mis tres libros de crónicas. Entre mi editor Aldo Gutiérrez y el sello Porrúa costeamos mi pasaje y todo lo demás. Hasta ahora tengo una deuda con un banco que ya quebró. Pero a mí el Gobierno peruano no me pagó ni el taxi al aeropuerto. Sé que me van a odiar, pero tenía que decirlo. No pertenezco a ninguna argolla.

21 de septiembre de 2021

Reescribir el Perú

Eloy Jáuregui

Odi Gonzales me envía el libro póstumo del poeta Pablo Guevara (Lima, 1930-2006): Qosqo Raymi. El Libro de las instrucciones. Constructo poético, descomunal y brillante que Gonzales trabajó por más de una década –tengo que decirlo, desde su residencia en Nueva York– y que recoge con estruendos y fragores un caudaloso poema (ríos y torrentes) de nuestro pasado y geografía, silencios y arte pictórico, utopías y sueños, acaso Guamán Poma, Churata, Arguedas, juntos en esta sinfonía que estremece.

Es poesía majestuosa en tiempos de la peste. Que con tristeza digo, muchos peruanos no leen. Ni este ni otro libro, y que produjo que este último domingo asistiéramos al interés embobado por confirmar que el muerto era Abimael, que a dónde diablos iban a desperdigar sus despojos, y finalmente quién carajo era el tal Abimael que los peruanos no conocían. ¿Y de Qosqo Raymi? Nada. Que eso no vende.

Y a Guzmán se le ocurrió morirse horas después que el juez Concepción Carhuancho dictó una orden de 18 meses de impedimento de salida del país contra los empresarios del Club de la Construcción: José Graña Miró Quesada, Hernán Graña Acuña, Fernando Camet y José Castillo Dibós. Metidos hasta su forros en el caso Lava Jato. Y la concentración de medio no dijo ni pío. Como tampoco se ocupó de la condena de siete facinerosos que durante el gobierno de Fujimori y Montesinos le robaron al Perú por la compra ilícita de 18 aviones MIG-29 y 18 aviones Sukhoi.

No, estos delincuentes no son noticia, son blancos y son poderosos. Noticia es el mote de Pedro Castillo o el quechua del ministro Bellido o el pollo a la brasa de Vladimir Cerrón. Entonces cuando periodistas perspicaces y valientes (Jara, Gorriti, Hildebrandt, Páez, etc.) nos recuerdan que con la captura de Abimael se ensalzó a Fujimori y Montesinos, se construyó otra tragedia, el vivir sintiendo esa terrible verdad. Que los peruanos no aprendimos nada de aquella guerra sucia. Y mucho menos, nos empecinamos en olvidar el horror que nos dejó los 70 mil muertos.

Desde hace unas noches no duermo porque el libro de Pablo Guevara me mantiene en guardia. Acaso como el Cementerio general de Tulio Mora. Ahí esta la auténtica reescritura del Perú como una eufonía de este país ignorado y desconocido. El más bello, el más brutal. El Perú como testimonio de su resistencia indígena y mestiza contra la deshumanización de los opulentos. El Perú como una navaja de los dos lados que todos tenemos, el llanto y el contento.

9 de septiembre de 2021

Perú: De derecha y de izquierda

Eloy Jáuregui

Nosotros, los de izquierda, tenemos una reserva moral que está cada vez más robusta. Mi calistenia es la memoria anticipada, desde Mariátegui, los poemas de Vallejo, el vigor de Julio Cotler. Pero es más con García Márquez y Eduardo Galeano. Y desde el colegio cuando mi profesor de primaria, el gran “Zambo” Goyo Martínez, me enseñó a señalar con mi puño a los miserables de la derecha. Los que luego se llamaron neoliberales y conservadores en el país del oprobio y la corrupción.

Esa derecha hoy disfrazada de gente decente manejó el Perú como su chacra y cabalga desde hace dos centurias en la prepotencia y el poder que se origina en la usura y el despotismo. Y cierto, aquello de “bruta y achorada” no es tan cierto. Porque bruta no es, al contrario, es antinacional y descomunalmente ignorante. Y ya lo saben todos, la derecha no es ideología, es una actitud dominadora que jamás leyó, que desconoce nuestros valores culturales y que se basa en la herencia familiar y genética del desprecio. De ahí que sus repuestas estén alimentadas por conductas fascistas y reaccionarias. Insisto en que lo sé porque soy profesor universitario y muchos de mis enemigos son mis colegas.

Por eso cuando escuchan que uno es intelectual, que escribe poesía o que lee a Arguedas lo tildan de subversivo. En el tema del terrorismo, cuando la derecha escucha de Sendero Luminoso, luego de su aniquilamiento, utiliza una gramática y una semántica fanática para con los restos de ese grupo criminal, enlodar a los que somos de izquierda. Lo que hoy llamamos el “terruqueo” con el único argumento de generar miedo, criminalizar la crítica y obstruir cualquier intento de cambio.

Lo repito siempre, que en el Perú existió un pensamiento conservador que tuvo en José de la Riva Agüero y Víctor Andrés Belaunde pilares de una idea mesurada de un país en construcción. Pero hablo de un pasado tan remoto que hoy no existe. Y por la sencilla razón de que esa ideología no comulgó con los cimientos de la integración y la modernidad. Y ahí está, como ruinas de un tiempo remoto donde sus valores no pudieron superar el sultanismo ni pudieron otorgar a esta facción social de una conciencia lúcida lejos de sus intereses económicos.

Si la derecha peruana fuese nacional con un proyecto propio de desarrollo social, no hubiese tanto pobre que sueña con ser rico gracias a la codicia y corrupción. Cruda realidad en un país del 2021 que hoy tiene un gobierno popular y con la fuerza para cambiar esta podredumbre histórica.

14 de agosto de 2021

Perú: Las horas furiosas

Eloy Jáuregui

El Colegio de Periodista de Lima ha rechazado el silencio en los actos de gobierno que impide la libertad de expresión. Me parece muy bien. Me apunto, pero añado, ¿y cómo se llaman los ataques de terroristas y comunistas que usa la mayoría de medios –más ‘Cuarto poder’, Willax, El Comercio– contra el Gobierno de Pedro Castillo? ¿Independencia? ¿Autonomía? ¿Albedrío? ¿O todo junto más invitación a la sedición y al golpe de Estado?

Decía que en este clima tenso se crea un espacio de mentiras y fake news para consumo masivo. Lo he visto otras veces, pero no tan hediondo como ahora. Entonces cuando entrevistan al presidente del Consejo de Ministros, Guido Bellido, este contesta en quechua y todos en pindinga. Entonces cuando se habla de recuperación económica o lucha contra la corrupción la prensa mete el tema de la aprobación del presidente, otros suspiran por el Grupo de Lima y otros se resienten porque a la comunidad LGTBIQ+ no se la respeta.

Destacados historiadores exigen un liderazgo democrático, transparente y convocante para lograr el cambio liberador que muchos anhelamos. Pero meten más gasolina al fuego. Y recurren a Abimael, Cerrón, Bermejo y hasta Béjar para describir una situación de lumpenaje político donde hasta Roque Benavides es un tonto por pagar sus largas y atrasadas deudas. Y como la mayoría de ministros no son conocidos en el Regatas ni en la Confiep, entonces los terruquean.

Y de eso, muy oportuno, se aprovecha el instantáneo presidente de Perú, Manuel Merino, y presenta su libro El verdadero golpe –supongo escrito por un mayordomo de editorial–, donde le mete palo a una nueva clase política llamada la “caviarada”, cierto, los progres e izquierdistas que alentaron las masivas manifestaciones que causaron su dimisión. Y cierto también, el tema de los jóvenes, Inti Sotelo y Bryan Pintado Sánchez, asesinados por la violenta represión de esas horas. Pues nada. Que murieron por atacar la democracia y que se frieguen.

Los que leen saben que soy un hombre de izquierda. Que toda mi vida he luchado contra el silencio y el olvido. Y no meto candela, al contrario, trato de entender estas horas furiosas. De ahí que lo digo sin tapujos que admiro a los peruanos honestos y no a esa gavilla de corruptos que perdieron el poder político y hoy han quedado lejos de la riqueza malhabida que significa manejar el Estado. Y ese es el fondo de la lucha de estos tiempos. La honestidad contra la inmoralidad y la impudicia.

2 de junio de 2021

Perú: Tufo de la choledad

Eloy Jáuregui

Un letrero en la marcha de las 4x4 del sábado: “No al serrano resentido”. Es el argumento en estas elecciones. Una brecha al no aceptar la “otredad” cultural, socioeconómica y racial. Como hace 500 años cuando se aseguraba que el indio no tenía alma, por lo tanto había que tratarlo como animal. Los comentarios luego del debate: “Castillo bruto”, “Castillo no sabe ni hablar”, “Castillo no está preparado”. Obvio, su rival sí.

Asistimos a otro momento del neocolonialismo. La ideología de la raza. Aquella fundada en las diferencias fenotípicas entre conquistadores y conquistados. (Aníbal Quijano: Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina). Concepto construido como referencia a supuestas estructuras biológicas en las relaciones sociales que fundadas en dicha idea produjo identidades sociales históricamente nuevas: indios, negros y mestizos, blancos. A más racismo, más dominación.

El deporte nacional es entonces exaltar las diferencias. Los blanquitos contra los cholos, los decentes versus los vulgares, los elegantes contra los huachafos y etc. En el fondo: ricos versus pobres. En economía y en la política. Raza, así, es una categoría mental de la modernidad. La cuestión racial está íntimamente ligada al status, lo que a su vez se basa en la idea de que el dinero blanquea. Y ni siquiera eso. Uno de Gamarra no entra en los salones de la Confiep.

Y ese es el plan del neofujimorismo y la pituquería. El gamonalismo del siglo XXI. “El cholo de mierda”. Juan Fonseca escribió que lo del sábado, además de parecerse a un motor show, era una suerte de invasión española al Tahuantinsuyo. Los carros de los conquistadores. Cierto: “evidenciando lo que siempre ha sido el fujimorismo: una maquinaria criminal para proteger a los ricos a través de la instrumentalización de los pobres”.

Y no es un retrato del ayer. El racismo opera como verdad absoluta y se hace dogma político incluso entre las cumbres de la miseria donde los pobres solo piensan en ser ricos. Así aparece el lumpen que se engarza al populismo del táper y la limosna. Así, el racismo es trasversal a la sociedad y crea un tramado de relaciones clasistas, de género, étnicas. Un andamiaje de poder legitimado en el acto político. Y este domingo la choledad (descrita por Nugent o Quijano) define el drama que viene y el que prosigue. No se vota por idea sino por pigmentos de piel y por el olor del bolsillo. Una lástima.

26 de mayo de 2021

Perú: Democracia y desgracia

Eloy Jáuregui

De antiguo y a decir de Heródoto, la democracia es la atribución de la masa. Poder (Kratos) y del pueblo (demos), en griego. De data más reciente es la definición de Giovanni Sartori (el Homo Videns), quien afirma que es un sistema político en donde el poder del pueblo se ejerce sobre el pueblo, pero advierte se trata de un régimen donde el hombre pierde la capacidad de abstracción y su capacidad de raciocinio. Jürgen Habermas es más drástico cuando sostiene que las democracias de hoy son el consumo, la producción masiva y la manipulación de la opinión pública.

En el Perú, entre democracia y destino desgraciado hay un soplo. Los democráticos de mi país solo existen en una realidad de lacayos y en una comunidad que segrega y crea muros y enrejados. Los poderosos no saben de solidaridad ni lealtades. Y no pensar como ellos es ser comunista. Es decir, promotores del caos y el desorden. Los omnipotentes señorones advierten que nada debe cambiar y que las jerarquías se respetan.

No un país diferente, participativo, en todos los niveles. Pretender por lo menos aproximar lo distinto, tratar de igualar, de familiarizar a los diferentes es impensable. Equivaldría a sembrar el caos, la alteridad. Entonces su prepotencia no observa la corrupción y utilizan el Estado solo como mesa de partes. Apelan al sultanismo —el dictador es mi amigo— y copan todos los niveles administrativos y usan el modo de gobierno autoritario. El autócrata admira a los descendientes de los encomenderos y usa el término patria —con sus camisetas y sus cánticos— para disimular que la Sunat les cobre o que la contraloría los señale. Si uno los denuncia, entonces es terruco.

Y entre portátiles y tapers imponen la conducta de un animal simbólico que ya no tiene capacidad para protestar ni marchar en este país donde lo único que cuenta es el contagio de la solidaridad y la fraternidad. ¿La memoria y la dignidad? No existe. Solo vale la impunidad y el blindaje. Perdón. Ya me vacunaron, pero sigo enfermo.

20 de mayo de 2021

Perú: El lápiz y la picana

Eloy Jáuregui

Y en la recta final de estas agobiantes elecciones, el Perú se encuentra dividido entre un humilde lápiz y una picana –la vara eléctrica para la tortura que se utilizaba en el Pentagonito–. Estamos cortados entre el triunfo económico individual y el desarrollo económico de una sociedad de apestados y desplazados. Esa sajadura que se hizo cruelmente evidente con la pandemia, los que tienen poder y dinero y los que no tienen ni salud, ni empleo, ni educación, ni vivienda.

Entre el país del modelo liberal con sus gramáticas de seducción ordenado por los ricos que compran a medio mundo y sobre todo a los medios, y la turba de miserables que vive en los cerros. Sí, aquellos que gozan sin querer de las virtudes de la ignorancia y que no distinguen entre una institución política de una organización criminal. Y ese tajo, del que escribía Mariátegui, del devenir “escindido” desde la conquista española, tiene su prolongación en la estructura feudal de la república y que se llamó gamonalismo latifundista y hasta nuestros días de la Confiep y el ‘Club de la Construcción’.

Esta herida recorre el cuerpo de nuestro malnutrido sistema democrático y nos divide a todos. Desde los intolerantes hasta los fanáticos. Los de la cofradía y los del Vaso de Leche. Y esa cultura del tajo no nos deja comprender que otros ciudadanos no son como uno es. Que vivimos diferentes, con otra ética, con otros principios. Si pues, los de las culturas distintas, los de las lenguas y sueños diferentes, pero que también somos peruanos.

Y desde 1990 Alberto Fujimori y su familia se instalaron en el poder con lo más granado del lumpenaje político y el plan sigue. Y de pronto los analistas, los estadistas, los economistas, los politólogos se olvidan de estos últimos años y aplauden el método de los Fujimori y se omiten la perfección que se usó en el robo y la corrupción. Y se les pasa por alto los crímenes de lesa humanidad y de cuando esterilizaban a cientos de mujeres y torturaban a estudiantes y tomaban las universidades y asaltaban el Estado para controlar a la prensa, al Poder Judicial, la Fiscalía, el TC, las FFAA, la Policía, el Congreso.

Damas y caballeros, ese es el plan y esa es la derecha que lo apoya, la DBA, pícara y salerosa y también la del “táper”. Y tengo que denunciarlo aunque me hubiera gustado escribir sobre mi Janick Maceta. Pero ese es el plan de la picana contra el lápiz. Y me encebollo y me sale espuma.

12 de mayo de 2021

Perú: El tango del odio

Eloy Jáuregui

Para la mayoría de peruanos el comunismo era una idea perdida en la memoria que ni Sendero Luminoso la puso en vigencia. Cosa de abuelos ilusos decían, como el tango o el sancochado. Y de pronto, un marrano fascista dicta la muerte de Castillo/Cerrón, amenaza en declarar ilegales a los partidos de izquierda y advertir un golpe de Estado si es que PL llega a la presidencia. Como tiene plata y poder, concentra a los retrógrados, a casi todos los medios a intimidar y zaherir con lo del terruqueo. Opulento, ese es su concepto de democracia y ciudadanía.

Hace un buen tiempo, ser comunista era sinónimo de jóvenes y rebeldes, no tanto apristas o liberales. La doctrina, señores, la visión mundial, las revoluciones en Europa, la entelequia contra los conservadores. La política en esos años te exigía ser honrado y justo y combatir a las camarillas de corruptos y rateros. ¿Y quiénes era los jóvenes comunistas? Los más destacados, los mejores en los estudios, los íntegros, los decentes. Conocí a Gustavo Valcárcel y a Alejandro Romualdo, poetas y comunistas. Y a Félix Arias Schreiber y Alfonso Barrantes, políticos lúcidos e incorruptibles. “Las ideas no se respetan, se combaten”, me decían. Y estaban los obreros como Leoncio Bueno y Víctor Mazzi, del Grupo Primero de Mayo, cultos, luchadores y también poetas. Entonces conversar con ellos eran clases maestras de humanismo y de los avances científicos técnicos. No como hoy, vomitar frente a las asesorías de Chibolín o Melcochita.

Nuestros modelos eran el Che, Lumumba, Ho Chí Minh. Jamás personajes como Keiko, De Soto, López Aliaga. Que antes de organización política es una banda de forajidos y que, según el informe de Wilber Huacasi en La República, “los fujimoristas tendrán mayoría fija en el nuevo Congreso de 64 legisladores y se aproxima a tener los 73 que tuvo al inicio del gobierno de PPK”. Y ya sabemos lo que pasó.

¿Quién los eligió otra vez? Los peruanos que se asustan con un gobierno de izquierda. Aquellos de ‘Esto es guerra’ y la Chola Chabuca. Esos que admiran todavía a Fujimori/Montesinos, los que viven del clientelismo, populismo y asistencialismo. Entonces el Perú seguirá tal como antes, en una ignorancia prodigiosa, pasto de la miseria, la carencia de salud y educación y el destino del que jamás dejaremos de ser miserables.

5 de mayo de 2021

Perú: Paranoicos y asustados

Eloy Jáuregui

En su libro de memorias A propósito de nada (Alianza Editorial, 2020), Woody Allen afirma: “Ah, sí, al parecer cuando nací ya era paranoico”. Como muchos peruanos, digo yo. ¿O serán solo limeños? Esos de ideas fijas, y obsesivas, basadas en hechos falsos o infundados. Los mismos que entre elegir a Castillo o Fujimori son víctimas de la histeria y aplican la muletilla para descalificar al serrano, terruco, motoso y contra la digna señora.

Bien, esa es la política en el Perú. Una cancamusa repetitiva entre la gente decente de San Isidro y los izquierdistas. Pero también ocurre entre los invasores de Lomo de Corvina y los de La Planicie. La élite de la inteligencia que publica en El Comercio afirma que hay que vencer a ese comunismo de chacra que nos enviará al abismo. Sucedió hace poco en Chota. Y ahí están los titulares. La señora de la mano dura repitiendo sus falsedades y hasta citando a su padre, el dictador, asesino y ratero, y aplaudida sin condiciones por el empresariado que la financia. Alguien decía que en esta segunda vuelta la puja no enfrenta a la izquierda contra la derecha, sino a la izquierda contra el crimen organizado. En otros tiempos tener pendiente una condena de 30 años sería suficiente para desautorizar al candidato más encumbrado. Hoy no, esas son calumnias para desprestigiar a la representante del neofascismo más tenebroso operando en el país. Ese que digita la Confiep, los malos militares, los narcos, la DEA, la embajada de EEUU. Aquella que apoya una población que fue lumpenizada por 31 años de fujimorismo y que igual le da votar –sin un ápice moral– por una acusada por la fiscalía de graves delitos de corrupción.

Al frente, el profesor de provincia al que acusan de motoso. Ese “indio ignorante que no habla bien el español”. Que no tiene nexos con la corrupción y las mafias, pero que sabe lo que es la dignidad y la solidaridad. Que conoce de las carencias más dramáticas del Perú y que ha vivido entre el hambre y la miseria y hoy tiene una respuesta contra el racismo, la discriminación y ese estilo tan limeño de ser orgullosamente antiperuanos en política.

Esos que dicen que la democracia está en riesgo, que les quitarán su casita en Eisha y habrá golpe de Estado. Yo que he vivido en Cuba sé qué es el comunismo. Pero fui víctima también de la dictadura y la corrupción de los Fujimori. Estoy así a favor del pueblo y un Estado moderno. Jamás a favor de la organización criminal.

29 de abril de 2021

Perú: Fantasma en rojo

Eloy Jáuregui

Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Así empieza el Manifiesto del Partido Comunista escrito por Marx y Engels en Londres. ¿Cuándo? En febrero de 1848. Es decir, hace 173 años. Vaya, un huevo de tiempo. Y el fantasma sigue viajando. Esta vez, pasando por Lima y aterrorizando a la gente de bien, a los de Las Casuarinas, a las damas del Regatas. En un mes seremos Cuba y Venezuela, donde no hay libertad, dicen. Si pues, el comunismo, aquel de la URSS y China. Donde no mueren tantos pobres, digo yo.

E insisto que no se asusten, damas neoliberales. Solo son peruanos miserables. A los que ustedes llaman terrucos y autoritarios. Los mismos peruanos esclavos del agro y la explotación de las minas. Aquellos que no tienen salud ni educación. Los que no pueden viajar a EE. UU. para vacunarse y se mueren en las puertas de los hospitales por falta de oxígeno. Esos, que como profesores son de izquierda en un país sin sistema de partidos. Y ya se cansaron y reclaman como en su tiempo José Carlos Mariátegui y César Vallejo. Que se murieron jóvenes y enfermos de solemnidad.

Y qué hacemos con tanto pobre –a quienes en San Isidro les dicen antisistema– que votará por el profesor Pedro Castillo. Pues nada. Que ya les tocó ser gobierno. O qué creían. “¿Por qué campesinos y pobres de verdad van a defender un sistema que no se ha ocupado de ellos?”, se preguntaba Hugo Neira y claro que ahora las urnas serán el castigo del sistema. El Perú no tiene partidos. Entonces, y en tiempos de pandemia, surgió una mancha de exasperados que se cansaron de que los terruqueen y difamen por aquí y por allá, desde el canal Willax hasta el ejército de trolls que inventa y difama.

Esos son los argumentos limeños contra los menesterosos peruanos. El colonialismo, sobre todo, el mental, está enquistado en esa idea. El pobre es peligroso, es comunista, me va a quitar mi departamento frente a Camacho. Y un profesor pobre es más turbulento todavía. Igual que los médicos, las enfermeras, los buenos policías. A ellos hay que combatirlos, ningunearlos, rendirlos.

Pero hay que elegir. Entre la hija del dictador. Sí, la líder de aquella bancada mayoritaria en ese Congreso nauseabundo, que tiene una acusación fiscal de 20 años y no por un delito menor, sino por crimen organizado. Por ella o por el profesor de uno los distritos más pobres del Perú ubicado en Cajamarca, una de las zonas mineras más ricas del mundo.

20 de marzo de 2021

Perú: Vallejo presidente

Eloy Jáuregui

Hace un tiempo voto siempre para presidente al poeta César Vallejo. Es un peruano honrado y de izquierda. Me basta, aunque no gane. Frente a la turbamulta de políticos de hogaño. Ignorantes, oportunistas y cleptómanos. Más que Los Malditos de Collique, más. Y es que solo la decencia vale en un Perú todavía feudal. Ese del secreteo y el murmullo. Aquí donde el pensamiento de la Confiep nos hace neocoloniales y los poderosos se creen dueños de un país donde lo patrimonial es legal, una gracia, una herencia.

El menú ha variado. Hoy está un tal López Aliaga. Un fascista y fundamentalista religioso que se flagela por Cristo y está enamorado de la Virgen María, pasando por un militar acusado de asesinato como es Urresti y hasta la diva de la organización criminal más nefasta en la historia del Perú: el fujimorismo. Me rectifico. No ha variado, digo. Son los mismos personajes de hace 200 años. El cacareado bicentenario.

Comprendo, existe un pensamiento conservador. Con brillo desde la generación del 900. ¿Quiénes? Víctor Andrés Belaunde, Riva-Agüero, García Calderón. Ellos sabían, y a inicios del S. XX, cuál era el origen del virus. Y fueron reaccionarios pero cultos y honrados. Y combatieron las ideas de Gonzales Prada y José Carlos Mariátegui, luego Basadre. Y aquello fue una puja épica entre intelectuales. Y no la riña de chaveteros de ahora.

César Chaman entrevista esta semana a Salomón Lerner y este afirma –ante los crímenes nacionales– que nadie se arrepiente. Ni los fujimoristas ni Sendero. Y no hay ni un ápice de reflexión sobre su culpa. Y yo digo que estoy podrido con aquello de que los peruanos somos amnésicos. Pero Lerner cita a Todorov y el control de la memoria y la manipulación del pasado, que alimenta el odio como herramienta para preservar el poder.

Así, voto por Vallejo en un Perú del “sálvese quien pueda” que en política se traduce como la ideología del emprendimiento, el individualismo y se niega el bien común y los conceptos de ciudadanía. ¿Y acaso nos damos cuenta? Lamentablemente no. La ignorancia, señores. Esa chacra fundada por la mayoría de los liberales. Y nadie sabe de nuestros clásicos y desconocemos que el origen del mal viene de un ayer que no ha muerto. Así, el Perú, a decir de Vallejo es: “triste, tose y se complace en su pecho colorado / suda, mata y luego canta, almuerza, se abotona/ Y nació muy pequeñito, al que provoca darle un abrazo emocionado, emocionado”.