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27 de febrero de 2022

Perú: Complicidad eficaz

Ronald Gamarra

Colaboración eficaz… la de las bancadas de Fuerza Popular y Perú Libre, sin la menor duda ni titubeo. Una cooperación que es ya una complicidad abierta y se expresa en asuntos cruciales que tienen que ver con la imposición de cálculos y réditos fenicios sobre el interés público. Así sucede, por ejemplo, en la conjura contra la SUNEDU y la calidad de la educación universitaria, donde fujimoristas y cerronistas coparticipan con marcado entusiasmo y desvergüenza. Lo mismo acontece en el apoyo a los transportistas ilegales o informales que nos trasladan como bultos y al matadero. Qué decir de su connivencia en el sabotaje a la educación en igualdad de derechos para niños y niñas, que ambos sectores desprecian como “ideología de género”. 

Ahora sabemos que el mutuo auxilio, tan activo como descarado, entre cerronistas y fujimoristas quiere traerse abajo la lucha anticorrupción y, para ello, nada mejor que torpedear y neutralizar las normas vigentes sobre colaboración eficaz en las investigaciones sobre casos criminales. A quién podría extrañar esta alegre coincidencia entre la derecha carca fujimorista y la ultraizquierda vocinglera cerronista, cuando ambos sectores tienen a sus respectivos líderes máximos, Keiko Fujimori y Vladimir Cerrón, así como gran parte de sus cúpulas, procesados por escandalosos delitos de corrupción y lavado de dinero.

La colaboración eficaz es uno de los instrumentos más importantes usados por el Ministerio Público en la investigación de causas criminales de alto vuelo, para identificar a los jefes y patrones de las bandas y redes mafiosas, y obtener pruebas que se puedan presentar en juicio contra ellos. Mediante esta figura del derecho penal premial, se hace posible que algún miembro, e incluso un dirigente, de la organización delictiva, colabore con la justicia a cambio de un trato benigno. Es una herramienta jurídica de aplicación delicada, que exige investigadores preparados y dedicados. Los resultados han sido alentadores en muchos casos, y podrán serlo aún más en el tiempo y en las audiencias por venir. Por eso, no debe extrañar que esté en la mira de quienes deben explicaciones a la justicia.

El propósito de ahogar la colaboración eficaz es antiguo. Acá y allá, ayer y hoy, la camorra no quiere a los arrepentidos, los tirifilos detestan a los delatores, nuestra kosa naranja no digiere a los pentiti, y los dinámicos de toda región temen a los testigos de la corona. La purita verdad.

La actual iniciativa la puso en marcha en el Congreso anterior el partido Podemos Perú, de propiedad del inefable Pepe Luna, dueño de universidades basura y actual parlamentario, pez gordo de varias investigaciones por corrupción actualmente en trámite. Incluso estaba con orden de restricción domiciliaria cuando lo eligieron asambleísta. En la primera mitad del año 2021, la propuesta legislativa de Podemos se aprobó en el Congreso, pero el presidente Francisco Sagasti observó la ley, cerrando el paso, por el momento, a la intentona de traerse abajo la colaboración eficaz.

Sin embargo, bajo el nuevo gobierno de Pedro Castillo y con el nuevo Congreso presidido por María del Carmen Alva, los lobistas de la impunidad volvieron a las andadas y lo hicieron temprano, y nada menos que a través de Waldemar Cerrón, jefe de la bancada parlamentaria de Perú Libre, quien el 22 de agosto del año pasado exigió en la comisión de justicia que se diera prioridad al debate sobre el proyecto de ley para la reforma (léase neutralización) de la colaboración eficaz. Fue de las primerísimas cosas que hizo como legislador el hermanísimo del procesado Vladimir, reimpulsar el proyecto para debilitar y quitarle dientes a los artículos del Código Procesal Penal relativos al proceso especial por colaboración eficaz. Evidentemente, aquello de “luchar por una nueva constitución y refundar el Estado” solo es para los ingenuos.

Desde entonces, como se ha documentado, viene una asistencia estrecha entre Waldemar Cerrón y el fujimorista Hernando Guerra García para sacar adelante el dictamen favorable al proyecto y aprobar la ley, objetivo que se alcanzó a fines de enero en la Comisión de Justicia del Congreso. Votaron a favor de la propuesta la mayoría de los integrantes de la comisión, incluyendo a Perú Libre, con los marxistas-leninistas-odriistas Waldemar Cerrón, Guido Bellido y Álex Paredes; los fujimoristas Hernando Guerra García, María Cordero y Cruz Zeta; los neofujimoristas de Avanza País: Alejandro “Chistrís” Cavero y Alejandro Muñante; el acciopopulista Elvis Vergara y el fanático religioso Esdras Medina, el mismo que capitanea la comisión que está decapitando a la SUNEDU, más la exfiscal Gladys Echaíz, integrante de APP, el partido de César Acuña, otro promotor de universidades-negocio.

Aprobaron meterle mano a la colaboración eficaz a pesar de la oposición, sustentada por escrito, del Ministerio Público, el Poder Judicial y el Ministerio de Justicia. Se proponen poner cortapisas decisivas a los fiscales para obstaculizar la obtención de colaboraciones eficaces. También quieren imponer cárcel para los periodistas que revelen el contenido de la confesión de un colaborador eficaz (no su identidad, sino su relato). Claro está, no es por azar que esta maniobra legislativa coincida con un renovado ataque a la maltrecha institucionalidad del Ministerio Público, que necesitan controlar.

Van con todo y por todo. Unidos férreamente bajo la bandera de la impunidad, con el fujimorismo a la cabeza y el cerronismo cerrando filas junto a lo peorcito de la derecha. Ultraderecha y ultraizquierda, unidos venceremos: eso es lo que creen. Queda demostrado que la corrupción no tiene un color exclusivo y que sus cómplices siempre se pueden poner de acuerdo con gran facilidad, más allá de diferencias “ideológicas”, pues en el fondo son la misma cosa.

Esta intentona no debe pasar y no pasará si los ciudadanos nos proponemos defender con energía los avances logrados en la lucha anticorrupción.


Fuente: HILDEBRANDT EN SUS TRECE N°575, del 25/02/2022   p21

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23 de febrero de 2022

Perú: La tregua

Gustavo Espinoza M.

No. No se trata de la atractiva novela de Mario Benedetti, escrita a fines de los años 50, y en la que un burócrata uruguayo pronto a jubilarse -Martín Santomé- se enamora de una simpática compañera de trabajo, que pronto se le muere.

No. Se trata más bien de este extraño “pacto” suscrito entre bancadas del gobierno y de la oposición, y que -por lo menos- sorprendió   al país la pasada noche del miércoles, mientras el mundo esperaba -con el alma en un hilo- el inicio de la “guerra” de Biden, en Ucrania, que nunca llegaría. Antes de ella, todos auguraban una nueva confrontación entre Ejecutivo y Legislativo en una etapa crucial en la vida peruana.

De pronto, un abrazo afectuoso –la resaca de San Valentín, la llamó Perú 21- envolvió a los actores aficionados del Palacio Legislativo y entonces pudimos enterarnos que se había   iniciado   -así se llama- “una tregua”, entre los contendientes del escenario político nacional.

Esta, a diferencia del relato del excelente escritor montevideano, será breve y carece de contenido. Refleja, apenas, una voluntad gestual. En otras palabras, es un acuerdo puntual que no conduce a ningún puerto. Para el Gabinete Torres, es tan solo el preludio de un debate que tendrá lugar por “la confianza” que difícilmente será negada.

Y para las bancadas de la oposición, una manera de “hacer tiempo” y recuperar el aliento después del susto que les generó la edición de “Hildebrandt en sus trece”, que puso en evidencia, y sacó a luz,  sus citas clandestinas –y golpistas- y las aireó al sol en  el fragor de este verano ardiente.

El Consejo de Ministros no puede sonreír satisfecho porque su amenaza principal no proviene de las agresivas gargantas de sus detractores constantes; sino de la mirada consternada de sus propios seguidores, que no comprenden cómo el gobierno se golpea a sí mismo renunciando a sus mejores armas.

No se entiende, en efecto, cómo, por ejemplo, prescinde de Hernando Cevallos en Salud y Gisela Ortiz en Cultura; para entregarle esas posiciones a dos figurines que usarán la Camiseta para la foto, pero que perderán los goles como Cuevita en el Mundial pasado.

Una suma de complacencias y de concesiones, más que de voluntades, resulta así el “equipo” que nos presenta Aníbal Torres para competir en este extraño campeonato en el que lo único que se busca es no perecer en la contienda.  Pero la “oposición” no luce más cuerda. Y es que se muestra atada a su propia tela, como una araña venenosa que se enreda sin querer, y casi sin darse cuenta.

A falta de un discurso que justifique preocupaciones razonables, sus portavoces recurren a un manido anti comunismo que ya no resulta rentable. Por eso lo llenan de palabras vacías y de adjetivos torpes. Y es que son conscientes que carece de esencia y que no expresa contenido alguno.

La “movida” -alentada sin duda por la titular del Legislativo- muestra el miedo de Mari Carmen Alva ante la denuncia constitucional presentada contra ella por la ministra de Trabajo. Algo, que no esperaba, acostumbrada como estaba a los apenas gruñidos de unos, y denuestos de otros.

El giro de los acontecimientos, sin embargo, dejó sus palabras a los virulentos seguidores de Willax TV. Desconcertada,  la  Leiva enmudeció en cámaras; pero Beto Ortiz y Phillip Butters vomitaron denuestos de grueso calibre. Para ambos, “la tregua” no fue una novela, sino la expresión de una torpeza infinita de una Oposición sin rumbo, ni valores.

En este extremo, la razón no dejaba de asistirles; pero les generaba una ira infinita. Ellos preferían discursos tronantes, como los de Donald Trump; y amenazas sibilinas, como las de Joe Biden hablando de Ucrania. Pero les mordía el alma ver a Maricarmen envolviendo tiernamente en sus brazos al arisco Waldemar Cerrón.

Este último, probablemente no recordó lo que dijera Javier Diez Canseco en el 2012: “cuando yo acuso a alguien de delincuente, en público; no me abrazo  con él, en privado”.  Política de principios, llaman a eso.

Y en lo que se refiere al común de los peruanos, este sorpresivo abrazo parlamentario apenas si forma parte del anecdotario de nuestra política criolla, llena de incoherencias y veleidades; y no ofrece nada más que un nuevo cúmulo de falsedades.

De por medio queda lo que veremos por delante: ¿se investigarán las movidas golpistas accionadas en el hotel Miraflorino? ¿Se dirá algo acerca de la Fundación alemana adscrita al Partido Liberal Democrático que hoy gobierna ese país? ¿Qué habría ocurrido si la fundación no hubiese sido alemana, sino venezolana, y los parlamentarios invitados hubiesen sido de Perú Libre y Juntos por el Perú?  ¿Cuál habría sido, en ese extremo, el discurso de Rafael López Aliaga y el de los otros cancerberos del Imperio? ¿Cómo quedarán las “interpretaciones auténticas” de la Constitución pergeñadas por las bancadas para facilitar la vacancia del Presidente Castillo y cómo las variantes destinadas a consolidar el Poder Parlamentario en detrimento de las funciones del Ejecutivo?

Se trata, sin duda, de interrogantes prontas a despejar. Pero su trama será más compleja y enredada que las fantasías de la Casa Blanca referidas a la Guerra de Ucrania.

En la calle, el pueblo desfila con una sola consigna: “Ni olvido, ni perdón”, y Castillo -despistado- busca al gato para que sea despensero: pide a la OEA ¡investigar la corrupción!

15 de agosto de 2021

¡Es una gran oportunidad!

César Hildebrandt

Es verdad que el gobierno de Castillo comete errores graves a la velocidad del vértigo.

Pero es verdad también que si esos errores no se cometieran, la derecha mediática y parlamentaria los inventaría.

A la derecha de las calles –esas tribus salidas del sarro virreinal– lo que le interesa es la vacancia ¡ya!

Es lo mismo por lo que conspiran Renovación Popular y Fuerza Popular: que se largue esta cholería intrusa y que lo haga de una vez.

Es que el gobierno de Castillo es la rebelión de las masas orteguiana con un giro nativo: estas no son las muchedumbres del fascismo y del bolchevismo que en los años 20 se disputaban plazas y poderes. Este es el éxito del pongo, del indio conscripto, del agachado que quiere enderezarse. Es como si Rosendo Maqui hubiese salido de la tumba para pelear otra vez por Rumi, el pueblo del que era alcalde acosado en la novela de Ciro Alegría.

Se trata de un giro histórico que en Lima vemos con un gran temor y una beligerante incomprensión.

Es la primera vez que un hombre como Pedro Castillo accede a la presidencia.

Es la primera vez que los quechuahablantes sienten que el país también les pertenece. De algún modo, la indiada de José Gabriel Condorcanqui está presente aquí y ahora.

Hay un susto casi colonial en Lima, un terror heredado que viene de muy lejos.

Y Lima no es el Perú, por más Valdelomar que nos hayan metido en la cabeza. El Palais Concert, además, debe ser ahora una fritanga de salchipapas.

Es curioso cómo es que Lima aceptó desde hace tantos años la revuelta de los gustos salida de la costa y hasta de la selva: todo lo chicha, todo lo combi, pasó el comité de admisión y se instaló en el mercado.

Pero de la sierra herida no llegó nada excepto clamores desoídos, pobrezas crónicas, hospitales en ruinas. Claro, siempre tuvimos coartadas culturosas para decir que estábamos integrados. Allí estaban, siempre, Machu Picchu, con su hotel de lujo y meadero de propiedad de Rafael López Aliaga (eso en San Isidro se llama mestizaje emprendedor), Chavín de Huántar y, hace poco, Caral. Amamos a los nativos que murieron hace cientos o miles de años. De los de ahora, que se ocupe Romualdo, ese rojo que se murió buscando una casa, pobre diablo.

Entonces, sucedió. El asco por el fujimorismo, el temor a alias La Chica, el espanto por el recuerdo de tantos años fecales convirtieron a Pedro Castillo, el profesor primario y quechuahablante, en presidente de la república. Era, vallejianamente, un aceite contra mil vinagres.

Y resultó que Castillo, víctima de una campaña inmunda que aspiraba a desconocer el resultado electoral aludiendo a un fraude inexistente, empezó a meter la pata desde el principio.

No la vio el profesor.

No entendió que él era ahora el corregidor, la historia viva, la oportunidad milagrosa. De él dependía que el Perú aceptase, por fin, su identidad múltiple, la riqueza de sus tonos, la variedad de sus pieles, la igualdad de los derechos más allá de los topónimos y las vestimentas. Y que, por fin, se echase a andar reivindicando a los más pobres, a la ruralidad timada tantos años, a los expulsados del papel sello quinto.

Ese proyecto de estirpe mexicana de reconciliación nacional merecía que el señor Castillo dirigiese un gobierno de profundas reformas sostenidas por la historia, la razón y el pueblo. En ese horizonte de reconstrucción no cabían idealizaciones del estalinismo, vejeces doctrinarias, zombis habaneros. Ni cabía el señor Bellido, que admira a Edith Lagos porque no puede admirar a José María Arguedas, a quien Lagos habría matado con un tiro en la nuca.

No se juega con un gran proyecto. No se juega con una oportunidad de refundar un país racista, clasista y odioso. Nelson Mandela sí lo entendió.

Y ahora, claro, la derecha apuesta al golpe otra vez. Sus periódicos parecen la Orquesta Sinfónica de Madrid en 1941, sus columnistas tienen la marcha de 88 pasos por minuto de la Legión Extranjera. Todos los días anuncian las alzas que sus campañas azuzan, las fugas de capitales que sus amigos banqueros organizan, las desinversiones que celebran con champán en algún club. Han iniciado la cuenta regresiva y cuentan con el Congreso como bala de plata.

Mientras tanto, el señor Bellido dice que Julio Velarde se quedará en tanto sirva “a las grandes mayorías”. Lo dice después de que el presidente Castillo cancelara una reunión prevista con la máxima autoridad del BCR. Entonces, para polemizar discretamente con Bellido, el aislado Pedro Francke muestra una foto en la que él, Velarde y la superintendenta de Banca y Seguros parecen sonreírle al mañana.

Este es el Perú, mi país, eterno despilfarrador de oportunidades.

Fuente: HILDEBRANDT EN SUS TRECE N°552, del 06/07/2021   p12

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10 de julio de 2021

En Perú Garabombo ya no es invisible

Marco Consolo

Son horas de alta tensión en Perú. Han pasado más de dos semanas desde el 6 de junio, fecha de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, y la autoridad electoral peruana aún no ha proclamado oficialmente al ganador, Pedro Castillo, candidato de la formación de izquierda “Perú libre”.

En base al total de votos contabilizados, Castillo lleva la delantera por unos 44.000 votos (50,12%), frente a Keiko Fujimori, la “candidata de la vergüenza” y de la mafia que se detuvo en el 49,88%. El resultado entrega un país partido en dos como una manzana, con una profunda crisis institucional, más de 190.000 muertos por la pandemia, una corrupción rampante, un profundo clasismo (particularmente contra los pueblos originarios) y las secuelas de un extractivismo salvaje con muertos, heridos y detenidos.

Pero no hay 2 sin 3 y esta es la tercera vez consecutiva que Fujimori es derrotada, después de 2011 y 2016.

Según el guión latinoamericano (y de Trump), el “subversivismo de las clases dominantes” está en escena: la oligarquía blanca, el fascismo peruano y la derecha internacional no se resignan a la derrota, lloran fraude y hace tiempo activaron un plan para no reconocer la voluntad popular. Incluso antes de la segunda vuelta, el bloque social formado por la oligarquía, los latifundios mediáticos, sectores de las Fuerzas Armadas y del poder judicial, junto con el gran empresariado, lanzaron una campaña de odio anticomunista y falsas acusaciones de apoyo al terrorismo contra Castillo y el resto de la izquierda.

La estrategia golpista

En las últimas semanas, el nerviosismo ha crecido en Washington y, gracias a las sugerencias de “los amigos del Norte”, la “señora K” había invitado, en vano, al terrorista venezolano Leopoldo López para ayudar en la campaña electoral contra el “castro-chavismo”. De nada sirvieron los llamamientos anticomunistas de Vargas Llosa a favor de la señora K, a pesar de su vuelta de carnero.  Tampoco sirvió el llamamiento de 23 ex presidentes de la derecha para que fueran admitidas las “denuncias de K” (fuera de tiempo) por “fraude” y no reconocer la victoria de Castillo. Esfuerzos que no sirvieron para evitar la derrota en el “patio trasero” de Estados Unidos, en el enésimo país latinoamericano que busca liberarse del control imperial.

Hoy, la señora K, la “mafia fujimorista” (y Vargas Llosa), tratan de impedir que Castillo sea proclamado presidente el próximo 28 de julio, con descaradas maniobras golpistas.  Y también, para ahorrarle 30 años de prisión por corrupción a Keiko Fujimori, acusada en varios juicios en su contra.

Para ello, utilizan una estrategia de “guerra asimétrica” dirigida por el tristemente célebre Vladimiro Montesinos (ex jefe de los servicios secretos, hoy en la prisión dorada de la base naval de Callao) y la CIA.

Es una estrategia que se apoya en varias jugadas, entre ellas el puntual y sangriento ataque contra la población que se atribuyó inmediatamente a Sendero Luminoso (formación prácticamente desaparecida desde hace años) pocos días antes de las elecciones.

En esta lista no exhaustiva, en un primer momento han tratado de retrasar al máximo, y por cualquier medio, el recuento de votos para evitar la proclamación de Castillo, lo cual no condujo a nada por la diferencia de sufragios, admitida por las propias autoridades electorales.

Visto el mal resultado, empezaron a pedir nuevas elecciones “por fraude”, sin una pizca de pruebas y en total desconocimiento de las leyes y de la Constitución peruana (promulgada por el padre de Keiko, Alberto Fujimori, golpista, corrupto y genocida, actualmente en la cárcel), tratando de ejercer presiones de todo tipo sobre la autoridad electoral. Para ello, la Sra. K ha contratado a los más famosos abogados, con honorarios millonarios.

En las últimas semanas se ha intensificado la campaña de odio, miedo y falsas acusaciones de “terrorista” contra Castillo, con el apoyo de los medios de desinformación, regados por abundantes flujos de dinero. Una campaña que resultó contraproducente ya que, por el contrario, provocó el rechazo de la mitad de la población, de la escasa prensa independiente y no corrupta, de los observadores internacionales (incluida la misma OEA pro-golpista, dirigida por Almagro).

Al mismo tiempo, han volcado a las calles a sus simpatizantes, los ricos convencidos (los mismos que obligan a sus empleadas domésticas a que carguen sus pancartas de protesta contra Castillo y el comunismo) y algunos sectores populares engañados. Con esto buscan un enfrentamiento físico con los “ronderos” campesinos y con los que se han movilizado hacia Lima desde todo el país. Se trata de provocar caos, muertos y heridos, y hacer intervenir a la policía para “poner orden”. Pero, a pesar de las provocaciones, ni siquiera eso ha dado resultados hasta ahora.

Para no ser menos, también intentan dar un golpe institucional para anular las elecciones, mediante maniobras parlamentarias y el nombramiento de un nuevo Tribunal Constitucional, en manos de un parlamento cuyo mandato expira en un mes.

Ruido de sables

Dulcis in fundo, se agita la subversión en las Fuerzas Armadas, empujando a los militares retirados (muchos de los cuales habían apoyado a Montesinos en marzo de 1999, como el Almirante Jorge Montoya) a pronunciarse contra el “caos político”. Puntual como un buen reloj, el pasado 15 de junio, un comunicado de ex-militares de derecha de las tres armas, llamó a un levantamiento militar contra Castillo. Entre bambalinas, actúa el general retirado Otto Guibovich, ahora diputado de Acción Popular, partido del otro golpista Manuel Merino, destituido por las movilizaciones estudiantiles de noviembre de 2020.  El comunicado provocó la dura reacción del actual presidente Francisco Sagasti, que pidió que la justicia actuara contra los firmantes.

No hay que subestimar este ruido de sables, posible antesala de un golpe de Estado del siglo XXI, con el aval del Pentágono y la CIA, para hacer imposible el gobierno del maestro Castillo, calificado como “comunista, terrorista, incapaz y confiscador de la propiedad privada”. Un posible golpe que no hay que descartar, a pesar de las dificultades nacionales e internacionales.

Pero les guste o no a las clases dominantes, Castillo debería ser proclamado presidente el próximo 28 de julio. A diferencia de Garabombo, (personaje de la hermosa novela del difunto Manuel Scorza, que se volvía invisible a los ojos de los poderosos para defender mejor los derechos de los pobres), hoy los invisibles tienen un rol protagónico y se han manifestado en la candidatura de un maestro de primaria de los Andes peruanos.  Son los excluidos de siempre, del campo y de las periferias urbanas, empobrecidos por el modelo capitalista, neoliberal y extractivista, que tienen poco que perder, porque poco o nada tienen. Están entre los principales protagonistas de la revuelta contra los poderes fácticos, contra los mafiosos que han gobernado el país en las últimas décadas con el “piloto automático” de la Constitución aprobada en 1993 por el golpista Fujimori.

Entre bastidores, la Casablanca corteja a los halcones golpistas y busca frenéticamente nuevas y más eficaces estrategias. Lo hace hoy con el “nuevo rostro” de Biden, los fallidos intentos del converso Vargas Llosa (una vez literato y otras político), la mafia de Miami y congresistas como Marco Rubio, que siempre han estado en primera fila para atacar los procesos de transformación del continente, con la trillada propaganda de “libertad vs. comunismo”.

Las prioridades del maestro Pedro Castillo

Si finalmente es proclamado presidente, Castillo propone el camino a una nueva constitución, que devuelva el protagonismo al Estado, tanto en términos de políticas públicas incisivas, como de regulador del mercado, para pasar de una “Economía Social de Mercado” (según la constitución golpista) a lo que su programa llama una “Economía Popular con Mercados”. Se trata de un cambio de modelo que propone medidas urgentes para los primeros 100 días. Entre las prioridades están la lucha a fondo contra la pandemia; la reactivación del empleo y de la economía popular; un proceso progresivo hacia la segunda reforma agraria; un sistema impositivo justo para las grandes empresas (que hoy evaden descaradamente); y la convocatoria de un referéndum constituyente con un gran diálogo nacional y popular. En otras palabras, las prioridades inmediatas del futuro gobierno de Pedro Castillo serán la campaña de vacunación y la reactivación económica, con el objetivo de crear puestos de trabajo, especialmente en el campo y para las pequeñas y medianas empresas.

Lejos de ser una quimera, lo propuesto por Castillo son medidas urgentes y necesarias para cambiar el destino del pueblo peruano.

Sin embargo, son medidas que deberán ser aprobadas por el nuevo Parlamento (elegido en la primera vuelta), en que la izquierda de Perú Libre y de la coalición Juntos por el Perú no tienen mayoría.    De 130 diputados, sólo pueden contar con los 37 de los primeros y los 5 de los segundos, más algunos otros que podrían aliarse, para llegar quizás a los 50.  Será, por tanto, una batalla muy dura, sobre todo de cara a la posibilidad de redactar una nueva Constitución. Una batalla que sólo se puede ganar con una fuerte movilización social, como la de noviembre de 2020 y la de estos últimos días.

Mientras tanto, el acompañamiento internacional contra las maniobras golpistas en curso puede ayudar a marcar la diferencia.

Blog del autor: http://marcoconsolo.altervista.org/

31 de mayo de 2021

PERÚ LIBRE RESISTE LA GUERRA DE LOS LATIFUNDIOS MEDIÁTICOS QUE PIERDEN TERRENO

Róger Rumrrill

Era previsible que la implacable y feroz guerra de la prensa caníbal contra Pedro Castillo, el candidato  de Perú Libre, alcanzaría su mayor violencia en la medida que el candidato del cambio y la transformación seguiría subiendo en las encuestas y se aproximara el decisivo 6 de junio, el día de las elecciones presidenciales.

También era de prever que en la lógica de la guerra sucia de la ultraderecha no se descartaba el uso de la violencia y la muerte como arma de destrucción política. Es lo que acaba de ocurrir en el VRAEM, con un costó trágico de 16 peruanos  muertos. El fujimorismo y sus camaleónicos secuaces están lanzando una andanada de fake news, post verdades, verdades alternativas, como llamaba Donald Trump a sus mentiras, asociando este hecho sangriento  con el izquierdista candidato de Perú Libre.

Aunque al parecer, de acuerdo a las reacciones críticas del pueblo peruano y al continuo ascenso de Castillo, el tiro le salió por la culata al partido de la necropolítica. Porque como señala Ignacio Ramonet, el famoso especialista en comunicación, cuando la gente descubre que la “verdad se ha diluido” con las falacias de la dictadura de los medios, la ciudadanía dejar de creer en esa prensa tarifada.
   
Los latifundios mediáticos pierden terreno
   
De acuerdo a las tendencias registradas por las empresas encuestadoras, los latifundios mediáticos están perdiendo terreno. Lo que significa que su tóxica campaña  de infundios y falsedades contra Pedro Castillo y Perú Libre está cayendo en saco roto y el pueblo peruano está  dejando de escuchar y ver esa sórdida campaña.
     
Fui testigo de una campaña similar en Bolivia en el año 2005, con tres candidatos presidenciales: Evo Morales Ayma, Jorge “Tuto” Quiroga Santa Cruz y Samuel Doria Medina. Un estudio efectuado por una empresa de medios, extranjera, concluyó que el 95 por ciento de todos los medios, radio, televisión, prensa escrita, apoyaron sin medias tintas a Jorge “Tuto” Quiroga Santa Cruz, el candidato de la ultraderecha boliviana. El 80 por ciento de los latifundios mediáticos apostaron cerradamente por Samuel Doria Medina, el candidato de centro. Y solo el 5 por ciento de los medios optaron por Evo Morales Ayma.
   
Todavía recuerdo, con asco y vergüenza, el aluvión de barbaridades irreproducibles que arrojaba la prensa cancerbera del neoliberalismo sobre el candidato del Movimiento al Socialismo (MAS), “indio de m…”, “analfabeto”, “ignorante”, “terrorista”, “primitivo”. Además de estos insultos, anunciaban el fin del mundo,  difamaciones que la prensa internacional repetía en unánime y rastrero coro: que las promesas de Evo Morales de renegociar los contratos con las corporaciones mineras provocaría un colapso económico porque todas las empresas, espantadas, huirían del país. Todas las propuestas del candidato del MAS eran cuestionadas como absurdas, incluyendo las ofertas de reivindicación de los derechos de los pueblos indígenas. Para esa prensa mercenaria, el gobierno del MAS llevaría a Bolivia al abismo de la miseria y del caos.
     
Ahora ya sabemos que el apocalipsis anunciado por  los falsos profetas del desastre no se cumplió y Bolivia, de acuerdo al Banco Mundial, el Fondo Monetario  y otras Casandras del capitalismo, fue el único país de América Latina que creció sosteniblemente entre el 2005 y 2017.  
       
El resultado final de las elecciones, realizadas el domingo 18 de diciembre del año 2005, le dieron el triunfo con mayoría absoluta a Evo Morales Ayma, con el 54 por ciento de la votación nacional, 20 por ciento más por encima de la votación de Jorge “Tuto” Quiroga. En elecciones anteriores, desde los años sesenta, ningún candidato había pasado la valla del 50 por ciento más uno y era el Congreso el que elegía al presidente.
   
¿Y cuál fue el secreto del triunfo de Evo Morales Ayma? ¿Por qué la abominable campaña se escurrió por las sentinas y la prensa mercenaria quedó como palo de gallinero? Porque Evo Morales Ayma a lo largo de  20 años se había dedicado a construir un partido, a tejer, a soldar una estructura de poder político, a consolidar la unidad de los más pobres, de los campesinos y pueblos indígenas y gente excluida y mariginal de las ciudades y a los obreros explotados en los socavones mineros. A esos millones de excluidos y marginados que, como en el Perú de hoy, esperan salir de ese túnel de la pobreza en que están condenados por esas minorías  untuosas de placer y codicia, endogámicas e incestuosas de poder y riqueza.  
     
Estos  miles y millones de electores a estaban informados, convencidos, persuadidos, que la propuesta del MAS les ofrecía justicia social, respeto a sus tierras y territorios,  recuperar las riquezas y la soberanía del país. Lo que decía la prensa vendida al mejor postor para ellos era letra muerta y los que opinaban intelectuales al servicio de las corporaciones y del capital internacional, tipo Mario Vargas Llosa, era una cháchara más y un canto de sirena que embelesa a los idólatras  del poder y la riqueza sin límites.
       
Es cierto que Perú Libre no es el MAS y  Pedro Castillo no ha construido la estructura de poder político que representa el MAS. Pero tiene a millones de peruanos, excluidos por las élites económicas y políticas que han capturado al Estado peruano, que reclaman y exigen un cambio, aproximadamente el 70 por ciento de todos los peruanos: indígenas andino-amazónicos, campesinos, ronderos, mujeres, maestros, trabajadores informales, obreros. Son los mismos que eligieron a Ollanta Humala en el año 2011, con su discurso de la “Gran Transformación”. Pero el único que se transformó fue él, abdicando a sus promesas de cambio y  traicionando a sus electores.
       
Los defensores de la “libertad de prensa”
       
En esta tercera década del siglo XXI, la mayoría de los medios de prensa, además de Google, Apple, Facebook, Amazon y las redes, funcionan como grandes megalatifundios mediáticos, como los define Ignacio Ramonet, son,  como las corporaciones farmacéuticas que ahora trafican con las vacunas sin importarles un bledo  la muerte de millones de seres humanos, las petroleras, gasíferas y  otras   multinacionales que dominan  no solo la economía mundial; también manipulan el pensamiento, los gustos, las costumbres, nuestras tendencias políticas. Saben mucho más de nosotros que nosotros mismos sobre nosotros. Estos megalatifundios mediáticos eligen los presidentes en la mayoría de los casos en un sistema democrático mundial que hace agua por todas partes.  
     
Son como esos enormes oligopolios y monopolios que repiten la cantilena y la monserga de la libertad de mercado, un mercado que esos poderes fácticos controlan con mano de hierro. Esos megalatifundios mediáticos que han desatado la feroz guerra sucia contra Perú Libre y Pedro Castillo, después del 6 de junio, pondrán el grito en el cielo y clamarán a los cuatro vientos por una libertad de prensa que jamás  ellos han respetado ni un pelo.
     
“Se comprende por todo ello -decía el célebre periodista polaco Ryszard Kapuscinsky- que cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de tener importancia”.
                           
Agradecemos a Roger Rumrrill por compartir sus interesantes reflexiones con nuestras lectoras y lectores.

13 de mayo de 2021

Perú. La propuesta: ahora es cuando

Humberto Campodónico

El cambio de modelo económico es necesario, como se ve hasta en EEUU. El “chorreo” ha llevado a una mayor concentración del ingreso, agravando la desigualdad y la diversificación productiva. Es clave el rol del Estado para una mejor asignación de los recursos económicos, incluidos los recursos naturales.

Veamos. En el 2005 se licitaron los fosfatos de Bayóvar (Paita), insumo para el fertilizante fosfato diamónico (FDA; DAP, en inglés), que eleva la productividad de los cultivos. Proinversión estableció que el Estudio de Factibilidad (que puede ser elaborado por el contratista ganador) determinará si se exporta como roca fosfórica, como producto intermedio o como fertilizante (FDA). El consorcio ganador (Miski Mayo) decidió exportar roca, la que regresa como producto importado −US$ 70 a 80 millones anuales− que se vende acá a precios mayores a los agricultores. Ojo: varios países de la región importan FDA: existe un mercado externo.

¿Por qué sucedió? Porque el “chip” de la subsidiariedad del Estado dice que “el privado lo sabe todo”.

Eso debe cambiar. Es posible y rentable construir una planta de DAP, ya que el insumo de gas natural abunda en la región y, también, el ácido sulfúrico, que se va a producir en la Refinería de Talara.

En setiembre, el Ejecutivo presentó al Congreso el PL 6114, que plantea que la ONP pague pensiones de 250 y 350 soles/mes a los mayores de 65 años que hubieren aportado más de 10 y 15 años. Recordemos que quien no haya aportado un mínimo de 20 años no recibe pensión. Esos aportes les son robados, literalmente, a esos pensionistas. Eso comenzó en diciembre de 1992 para favorecer a las AFP, creadas por el ministro Carlos Boloña, quien renunció al cargo para… ser accionista de una AFP (1).

¿Qué pasó hace 3 semanas? Se mandó al tacho el PL 6114 y se promulgó la Resolución Jefatural 024-2021-ONP que dice: quienes hayan cotizado hasta 17 años podrán acceder a la pensión mínima de 585 soles/mes a través de un préstamo para cubrir los aportes faltantes. Los jubilados pagarán ese préstamo con descuentos a su pensión mensual. Decenas de miles han fallecido sin un sol de pensión, habiendo cotizado más de 10 años. No importa esa deuda social para el MEF, jefe del “modelo”: importa la Caja Fiscal y seguir favoreciendo a las AFP.

En Puno hay 4.5 millones de reservas de toneladas de litio, de propiedad de American Lithium. Es un mineral estratégico para las baterías de los autos eléctricos. Chile tiene planes desde el 2015, antes que comience su explotación, que la hace una empresa privada. Lo mismo hace Bolivia con la estatal Yacimientos de Litio (YLB). Ambos se quieren insertar en la cadena de valor global y potenciar sus intereses (2). Acá el litio es un “commodity” más. El inversionista decide y “el Estado no debe inmiscuirse porque tiene un rol subsidiario”.

La lista es larga. No hay salvaguardias textiles para Gamarra, a pesar de que las aprobó Indecopi, lo que perjudica a los empresarios privados. No hay redes de gas para las 7 Regiones de la sierra central y sur porque no se quiere que la empresa estatal, como en Argentina, Bolivia y Colombia, lidere el proceso de masificación con rentabilidad social. No se renegocia el contrato de exportación de gas del Lote 56, a pesar de que en ese contrato no ha intervenido el Estado y se han lesionado los intereses nacionales. No se avanza con la diversificación productiva pues “es el mercado quien indica las prioridades, no el Estado”.

No, pues. Es necesaria la sinergia Estado-mercado, la economía mixta, como en EEUU y China. Cierto, nuestro Estado tiene problemas de gestión. Pero la raíz no está en el Estado, sino en quienes lo manejan desde hace 30 años con chip neoliberal. Hacen todo lo posible para que no exista, para invisibilizarlo y lo último que quieren es reformarlo para que funcione de verdad. Por eso la protesta. Pero no se puede quedar en eso. Hay que pasar a las propuestas y ya no hay mucho tiempo. Ahora es cuando.

1) https://rb.gy/5suqvv

2) El rectángulo de litio, el “sueño canadiense” y la subsidiariedad del Estado en www.otramirada.pe, 15/2/2021.

23 de abril de 2021

Perú: ¿Tienen una foto de Pedro Castillo?

Ángel Páez

Los periodistas hemos olvidado que los pobres siempre son noticia. Cuando la más poderosa cadena del mundo, la estadounidense CNN, anunció el triunfo de Pedro Castillo Terrones, no contaba con una fotografía del profesor. Y en el país, la mayoría de los medios asentada en la capital no encontraba en sus archivos información sobre el candidato que salió en primer lugar, porque prácticamente lo había ninguneado durante toda la campaña. Las agencias de noticias extranjeras estaban desesperadas porque la prensa peruana poco o nada de espacio le había dedicado a Castillo. El postulante de Perú Libre llamaba la atención del mundo no solo porque no era limeño, ni habitaba en la capital, sino porque residía en el distrito de Anguía, el tercer distrito más pobre del territorio nacional. Los periodistas hemos olvidado que los pobres siempre son noticia.

La revolución industrial que entre la segunda mitad del siglo XVII y la primera mitad del siglo XVIII transformó al mundo, también impulsó un cambio significativo en el periodismo, haciéndolo más cotidiano, masivo e influyente. Los lectores deseaban estar al tanto de las impresionantes transformaciones en el planeta, por supuesto, pero además querían estar informados sobre lo que no decían las autoridades. Reclamaban a los periodistas sobre lo que los poderosos ocultaban. Por ejemplo, cómo vivían los pobres en los suburbios, en qué condiciones trabajaban los obreros en las fábricas y sobre la explotación de niños y niñas. Entre los diarios se desató una competencia por exponer las miserias del nuevo sistema económico.

En 1849, el periódico The Morning Chronicle despachó a sus mejores reporteros, Henry Mayhew y Angus B. Reach, a las zonas urbanas y rurales más pobres y durante dos años publicaron extraordinarias historias para asombro de los lectores. Eran las llamadas ’'comisiones secretas’', que en Estados Unidos se replicaron con grandes coberturas firmadas por Jacob Riis, sobre la explotación de los inmigrantes ilegales, en 1890; o por Edwin Markham, sobre los horrores del trabajo infantil, en 1906. Fue el preludio del surgimiento de la generación de los ’'muckrakers’', reporteros que se infiltraban en fábricas, hospitales y donde fuera necesaria para constatar con su propia experiencia la explotación, el hambre, la humillación. El periodismo desde sus orígenes se ha caracterizado por informar sobre los pobres.

Pero nos hemos olvidado de informar sobre los pobres. Quizás porque las redes sociales nos han alejado mucho más de la gente que debería importar al periodismo. Asumimos que lo que no circula en redes sociales no existe. Es lo que pasó con Pedro Castillo, un profesor que vive y enseña en uno de los distritos más pobres del país, que, paradójicamente, se ubica en Cajamarca, una de las regiones mineras más ricas del mundo. Los periodistas hemos olvidado que los pobres siempre son noticia.