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1 de agosto de 2021

Cerrón es el que manda


César Hildebrandt

Ya lo sabemos. 

Vladimir Cerrón manda más que nadie en el nuevo gobierno.

Por eso es que Guido Bellido es el presidente del Consejo de Ministros.

Bellido es subordinado absoluto de Cerrón.

Bellido es el congresista que tiene militancia de más larga data en Perú Libre.

Bellido es uno de los que piensan que en Cuba sí funciona un régimen democrático.

Bellido es el hombre que intentó descalificar a Pedro Francke como candidato a ministro de Economía y Finanzas. “A mí no me molesta de manera personal, pero sí veo a dónde se orienta y no es en función al programa y postulados del partido Perú Libre”, dijo este altoparlante de Cerrón el 27 de julio. Al cierre de esta columna, me entero de que Pedro Francke ha decidido desistir de cualquier nombramiento. Su renuncia, nutrida de dignidad y principios, es la primera alarma encendida en el régimen que había prometido su presencia como garantía de solvencia profesional, prudencia en el manejo del gasto público y severidad para evitar lo que más se teme a estas alturas: la orgía populista que nos puede llevar a la inflación y el descalabro. La explicable fuga de Francke vendrá acompañada, casi sin duda, de la de Julio Velarde, en el caso de que el presidente del BCR haya sido invitado a quedarse (cosa de la que ahora, razonablemente, dudo).

Bellido es el hombre que quiso imponer a Waldemar Cerrón, hermanito de Vladimir, como presidente de la mesa directiva del Congreso. Fracasó en todas sus gestiones, no pudo negociar con Acción Popular ni con Alianza para el Progreso y terminó hasta peleándose con la bancada de Somos Perú. El resultado de sus procederes como delegado de Cerrón es que María del Carmen Alva, que cree que Merino de Lama fue legítimo presidente de la república, es la flamante presidenta del Congreso.

Bellido, según el portal InfoMercado, le ha dicho a radios bolivianas que la ruta política de Evo Morales, incluyendo su continuidad por tres periodos, es ejemplar.

Bellido es el hombre que alguna vez, en una red social, declaró su admiración por Edith Lagos, la joven rematadora de enemigos caídos que perteneció a Sendero Luminoso y murió en combate. La misma simpatía demostró por Carlota Tello Cuti, alzada en armas con las huestes de Guzmán, torturada y asesinada en un cuartel del ejército en Ayacucho. El 23 de abril pasado, Bellido declaró esto al canal Inka Visión Noticias: “El país estaba en un desastre, hubo peruanos que equivocadamente tomaron un camino, ¿son peruanos o no? Por eso tienen sus derechos. ¿Qué tienes contra los senderistas?”. A raíz de eso, la Fiscalía abrió una investigación preliminar por presunto delito de apología del terrorismo.

Bellido es uno de los que, por supuesto, cree que el juicio contra Vladimir Cerrón fue una farsa y que la acusación por corrupción es parte de una venganza conservadora en la región Junín.

Bellido es el señor que declaró en “Willax”, el ducto del golpismo fascistoide, que Verónika Mendoza incurriría en oportunismo si mencionaba algunas condiciones para seguir apoyando la alianza con Perú Libre. Y añadió esta frase de tinte machista: “Ser aliada no significa que vas a condicionar”. Todo un señor caporal.

Bellido es el energúmeno que llamó “loca pervertida” a la líder de Juntos por el Perú. Caporal e infame, además de homófobo.

Bellido es el congresista electo que soltó el 19 de julio estas palabras, que ahora parecen profecía cumplida, orden acatada: “Castillo es militante de Perú Libre y como tal está sujeto a los derechos y a los deberes de dicha agrupación política”.

Y así ha sido. Cerrón dio la orden: si no es Roger Nájar, que sea Bellido.

Castillo ha dado un paso de gigante hacia su sometimiento a un partido que, bajo la dirección de Cerrón, parece no creer en las formas democráticas ni en la convivencia política.

El portero tenía la llave maestra y la acaba de usar. Con eso ha abierto la puerta de lo impredecible.

Las promesas presidenciales respecto de que el nuevo gobierno no estatizará la economía y respetará la propiedad privada quedan al garete. Y el discurso de Pedro Castillo, en general, podría asumirse a estas alturas como una maniobra distractiva, una obertura para los palcos colmados de visitantes extranjeros. La ópera en sí –Pagliacci, de Leoncavallo– estará a cargo del tenor lírico Vladimir Cerrón. La historia de un payaso que sufre por los cuernos que le impuso la cónyuge viene casi a medida. Los coros estarán a cargo de la prensa regional a la que le lleguen los anunciados montos de la nueva publicidad del Estado.

Castillo dijo que la salud sería un derecho fundamental y que no habrá proyecto minero o de gran inversión que se apruebe si no ofrece “rentabilidad social”.

Con Bellido-Cerrón al mando ya no sabemos hacia dónde apuntará la unificación de los sistemas de salud y mucho menos podemos imaginar qué diablos es eso de “rentabilidad social”. ¿O estamos hablando de un pasaporte lo suficientemente ambiguo como para que Bellido y los radicales lo interpreten como les dé la gana?

Y las rondas campesinas extendidas hacia las ciudades, ¿se formarán a costa de la Policía? ¿Qué autoridad tendrán, qué logística las asistirá, quiénes dictarán sus órdenes?

Todo el discurso de Castillo Terrones enderezado a hacer viable su proyecto de reformas (necesarias) y reivindicaciones (legítimas) queda suspendido en el aire. Un partido de rictus fanático y un líder que supone que el Perú puede ser la Cuba de Batista han tomado el poder y reemplazado a Castillo. Es un golpe de estado espectral y sus autores esperan que el país acepte el cambiazo. Pues déjenme decirles que el Perú no necesitará del fujimorismo ni de Renovación Popular ni del Congreso vacador para expresar su indignación y su rechazo. El Perú no votó por Vladimir Cerrón ni por sus capataces tardocastristas. El Perú votó para que una mafia no nos volviera a gobernar y para que el profesor de la buena fe apostara por los grandes cambios inclusivos. Castillo iba a ser lo nuevo, lo inédito, lo inaudito, la transfusión de limpieza en el vicioso torrente sanguíneo de una república exhausta. Apostar por el modelo cubano es apelar a la vejez de las ideas probadamente erradas y totalitarias. Cerrón y los suyos, aupados ahora al poder al margen del mandato popular, se inclinan por la prehistoria estalinista. Si Castillo no toma distancia inmediata de esa vertiente, querrá decir que ha optado por la confrontación y el suicidio del régimen que tantas esperanzas despertó.

El nombramiento del gabinete, juramentado a hora patética, no hace sino agravar la situación. Ver a Héctor Béjar en Torre Tagle es como si Martha Chávez se hubiese hecho cargo de la Coordinadora de Derechos Humanos. Que no haya inmediato reemplazo del indignado Pedro Francke da una idea del caos en que empezamos a sumergirnos.

Fuente: HILDEBRANDT EN SUS TRECE N°550, del 30/07/2021   p6

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26 de julio de 2021

Perú: Pedro Castillo y su histórica victoria

Ángel Guerra Cabrera

La llegada a la presidencia de Perú de Pedro Castillo es una gran victoria política de las fuerzas de izquierda, populares y progresistas agrupadas en torno a su candidatura. Llamada sin duda a tener una sensible repercusión, no sólo en el importante país andino, sino en la geopolítica de América Latina y el Caribe.

La corta distancia entre los votos alcanzados por él y los de su rival Keiko Fujimori, los insólitos 42 días que ha debido esperar desde su elección para ser proclamado presidente, la feroz campaña durante ese tiempo del fujimorismo, las élites locales y los medios hegemónicos para crear la matriz de un fraude electoral y deslegitimar su victoria, lejos de disminuirla, la engrandecen. Cada voto a Pedro vale, cuando menos, por dos de su adversaria, pues labró su triunfo sin disponer apenas de recursos, mientras ella gastaba una millonada; con la prensa, los grandes capitales y la derecha internacional disparando hasta hoy mentiras contra el maestro cajamarquino de 51 años.

Inscrito como candidato el último día del plazo establecido, su campaña fue boca a boca, a lomo de su yegua o en camiones, de pueblo en pueblo, en mítines a veces envueltos por las nubes andinas. Fue tan cerca de la gente que se contagió de Covid-19, lo que le valió muchas simpatías en una nación minada como pocas por la enfermedad, gracias a la corrupción gubernamental. Aunque no tuvo asesores de imagen, ni agencias de publicidad ni granjas de bots, no desdeñó las nuevas tecnologías y los videos, circulados en el país, con sus discursos en nutridos mítines del empobrecido VRAE (Valle de los ríos Apurimac, Ene y Mantaro), ganaron la admiración de muchos.

Su victoria significa la esperanza de las grandes mayorías en Perú de sacudirse tres décadas de predominio ultraneoliberal iniciadas por el corrupto y autoritario fujimorismo, cuya nefasta influencia en ese periodo sobre el poder político y económico puede llegar a su fin más temprano que tarde. Significa también el arribo a la casa de gobierno de Lima, del Perú profundo, originario y de los cholos, de la sierra, la Amazonia y las zonas urbanas marginales y empobrecidas de la costa, hombres y mujeres que no han sido escuchados por siglos y que han vivido una amarga pesadilla de creciente desigualdad, marginación e injusticia con la aplicación a sangre y fuego de las políticas del Consenso de Washington. Esas que arrasaron –como en México, Argentina, Brasil o Chile– con el sistema de empresas públicas, con el control por el Estado de los recursos naturales y, en consecuencia, con la soberanía del país. Gran parte de ese patrimonio fue rescatado para la nación durante la presidencia del general cholo Juan Velasco Alvarado (1968-75), que elevó la dignidad nacional al nacionalizar el petróleo, realizar una reforma agraria que partió el espinazo para siempre a la reaccionaria oligarquía tradicional, dio una orientación de independencia en política exterior al país y lo colocó en la vanguardia de nuestra América junto a la Cuba de Fidel Castro, el Chile de Salvador Allende y el Panamá de Omar Torrijos. Ahora podrá Pedro Castillo tejer lazos con los gobiernos populares, progresistas y revolucionarios de la patria grande y, por encima de banderías políticas, fomentar relaciones de amistad con los países vecinos.

En su frontera occidental lo arropa la rebelde Bolivia de Evo Morales y Luis Arce, y es muy probable que en noviembre cuente con un gobierno popular a su extremo sur, en Chile. No escapa a ningún observador medianamente informado lo que podrían hacer juntos estos gobiernos y el de Argentina. Entre otras acciones, pueden restaurar la Unasur –destruida por la saña del traidor Moreno en complicidad con los otros gobiernos de derecha de la zona–, fortalecer la Celac, tan acertadamente conducida por México en esta etapa, desarrollar proyectos económicos conjuntos, incluso con los gobiernos de derecha que se dispongan. En el caso de Chile y Perú regresar, como ya lo hizo Bolivia, al Movimiento de Países no Alineados. Recuperar, en fin, una política de paz, cooperación internacional y rechazo al uso de la fuerza y el intervencionismo.

Pedro Castillo arriba a la presidencia con la herencia maldita del neoliberalismo más salvaje y un país roto por una larga y profunda crisis política y por la pandemia, ante una derecha que no le dará tregua y deberá vérselas con un Parlamento atomizado donde de 130 puestos sólo cuenta en principio con los 42 que suman la alianza de su partido con Juntos por el Perú-Nuevo Perú, de Verónika Mendoza. Se verá forzado a negociar para sacar sus iniciativas, pero cuando eso no le baste, pues la derecha no dejará pasar, por ejemplo, su proyecto de convocar a una Asamblea Constituyente, contará con la posibilidad, como sugería recientemente el ex guerrillero y académico Héctor Béjar, de llamar al pueblo a movilizarse, una valiosa tradición peruana.

21 de julio de 2021

Pedro Castillo presidente del Perú profundo

Julian Lacacta

I

Los resultados de las elecciones son irreversibles, ha ganado Pedro Castillo. Por más que la derecha y la ultraderecha peruana tengan a los mejores abogados corporativos, medios de comunicación y a los dirigentes de los partidos de derecha, no podrán cambiar la voluntad del pueblo. Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, perdió las elecciones, fue derrotada por el pueblo que está cansado de la clase política peruana y asqueado con la corrupción que se ha impregnado en todas las esferas de la sociedad, producto de la implementación de un sistema neoliberal que empodera y beneficia económicamente a un puñado de empresarios a costa del pueblo. José Pedro Castillo Terrones, profesor y dirigente sindical, sintonizo naturalmente con la población y pudo llegar al corazón de las familias con propuestas de transformación para construir una Patria digna, ni el “terruqueo” ni los miedos creados por la derecha con apoyo de los medios de comunicación pudieron ni podrán frenar el avance de los pueblos que van por la construcción de un Perú nuevo.

II

En la primera vuelta de las elecciones generales de Perú de 2021 se presenta una polarización de la sociedad y de las organizaciones políticas, con la presencia de dieciocho candidatos a la presidencia, todos los partidos con crisis organizacional, “cascarón” sin representación en sus bases, disputas de poder al interior de cada uno de ellos, con sospecha que los partidos políticos vendieron al mejor postor los espacios para la candidatura al congreso. El panorama de la primera vuelta, donde la población ya venía de experiencias de traición y más aún de haber pasado y palpado una crisis pandémica donde se ha desnudado la grave situación de salud, económica, educativa, etc. en la que está sumergida nuestro país.

En la segunda vuelta la polarización se acrecentó, entre dos posiciones que los medios de comunicación lograron imponer a base de titulares e información falsa, la prensa denominó “democrática” la opción de Keiko Fujimori y el “comunismo” al Partido Político Perú Libre. Todos los espacios que controla la derecha se juntaron para aplastar al candidato Pedro Castillo, más de dos meses “demolieron” a la opción de cambio, el “terruqueo” a todos los dirigentes, profesionales, políticos y a las masas que apoyan la candidatura del profesor. La ultraderecha arengó en mítines “muerte” al secretario general de Perú Libre y al candidato Castillo.

Los resultados del proceso electoral datos de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), da ganador al profesor Pedro Castillo con el 50.125% de los votos válidos y Keiko Fujimori (Fuerza Popular) el 49.875%, la diferencia es de 44,058 votos. La derecha peruana, no acepta los resultados y han empezado a utilizar la estrategia del “Golpe Blanco”, empezaron a desprestigiar el proceso electoral, desconociendo el voto popular y lo segundo es utilizar todos los medios legales para retrasar la proclamación del presidente electo por parte del Jurado Nacional de Elecciones (JNE).

III

La crisis de los partidos políticos es producto de la profundización del neoliberalismo en Perú, implementado por la dictadura “fujimontesinista” en la década de los noventa y la carta magna que lo avala es la Constitución Política del año 1993, que nace producto del autogolpe del 05 de abril de 1992, creada y acomodada para controlar y enquistarse en el poder por décadas. Quienes fueron los continuadores, Valentín Paniagua Corazao, Alejandro Celestino Toledo Manrique, Segundo Gobierno de Alan García Pérez, Ollanta Moisés Humala Tasso, Pedro Pablo Kuczynski Godard, Martín Alberto Vizcarra Cornejo, Manuel Arturo Merino de Lama y Francisco Rafael Sagasti Hochhausler, simplemente jugaron un rol que el sistema y el empresariado desea. Tres décadas de despolitización, la práctica de la política en la actualidad es negocio y el actor político simplemente es un individuo que busca su beneficio personal, por la escasa formación ideológica, política y profesional que tiene, en la campaña electoral la derecha y sus medios de comunicación, no podían refutar el ideario de Perú Libre y lo único que hicieron fue insultar y causar miedo sin ningún argumento, ni propuesta contra el marxismo – leninismo que lo plantea Perú Libre en su ideario.

La pandemia ha desnudado, las falsedades del sistema capitalista en el Perú, la vigencia de lucha de clases es evidente entre los explotadores y los explotados, las posiciones antagónicas, entre los de arriba y los de abajo, entre el centralismo limeño y las regiones. El proceso electoral demostró en la práctica, las falsedades del discurso y de su programa de los partidos de derecha, que se unieron para defender el modelo neoliberal de explotación y miseria, Fuerza Popular, Alianza para el Progreso Perú, Avanza País, Perú Nación, Perú Patria, Partido Popular Cristiano, Renovación Popular, Victoria Nacional, Acción Popular y el Partido Aprista Peruano.

Las apelaciones por solicitudes de nulidad planteadas por Fuerza Popular y la impugnación a cinco proclamaciones de los Jurados Electorales Especiales de Huancavelica, Cajamarca, San Román, Huamanga y Chota, son las que están retrasando la proclamación del presidente Pedro Castillo por el JNE. En esta última etapa Keiko Fujimori y sus alisados quieren retrasar la proclamación para crear una inestabilidad en el país, al no ser proclamado el nuevo presidente antes del 28 de julio, se generaría un “guerra civil”, el pueblo contra los que están propiciando el “Golpe Blando”.

IV

En la actual coyuntura y con la llegada del nuevo gobierno, se debe priorizar y fortalecer las organizaciones naturales del campo y la ciudad, para sentar las bases de una Patria Nueva gobernada por todas las sangres, que nos permita ser dueños de nuestro propio destino, para tal fin, debemos organizarnos desde las bases, recuperar y fortalecer las estructuras partidarias, sindicales, federaciones, etc., crear un movimiento del pueblo que sea capaz de garantizar la continuidad del proceso, la formación de cuadros políticos debe ser prioritaria, combatir, desenmascarar a los oportunistas y corruptos que están en las filas del campo popular.

Derrotar a la ultraderecha fascista nacional e internacional, en todos los campos, más de 30 años han utilizado a nuestro país, para beneficiar a una minoría con nuestros recursos, un puñado de familias han manejado a su gusto los poderes del estado, poder judicial, poder legislativo y el poder ejecutivo, a base de corrupción y prebendas, acomodando leyes para favorecerse y seguir enriqueciéndose a costa de las necesidades del pueblo.

La defensa del voto popular es una tarea inmediata, la proclamación del presidente se debe dar antes del 28 de julio, son 200 años de que una casta nos gobernó a su antojo, es hora de que el pueblo sea gobernado por un representante auténtico, si el fascismo no quiere soltar el gobierno, debemos responder con la insurgencia popular, amparados en la constitución política vigente, el derecho de insurgencia consagrado en el segundo párrafo del Artículo 46°, Nadie debe obediencia a un gobierno usurpador, ni a quienes asumen funciones públicas en violación de la Constitución y de las leyes. La población civil tiene el derecho de insurgencia en defensa del orden constitucional. Son nulos los actos de quienes usurpan funciones públicas.

El pueblo debe garantizar el cumplimiento de las promesas del nuevo presidente Pedro Castillo así mismo debe defender y acompañar en el proceso de cambio y si este es amenazado como está acostumbrado Fuerza Popular con su lideresa Keiko Fujimori, sus aliados a desestabilizar, conspirar y derrocar gobiernos el campo popular debe organizar las “autodefensas del pueblo” para defender el proceso de cambio del pueblo.