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10 de octubre de 2021

Perú: Se fue la locura

César Hildebrandt

Se fue Guido Bellido, tal como lo anunciamos en portada la semana pasada. Y se fue también Íber Maraví, el fenatepo amigo del presidente Castillo.

Se fue la provocación, entra el misterio. Se fue la locura, entra un relativo apaciguamiento.

Dicen que el ministro de justicia fue clave para que el presidente decidiera extirparse el forúnculo que le impedía sentarse con comodidad.

No es tan cierto. Todo indica que Castillo y el ministro Aníbal Torres jugaron en pared.

Según nuestras fuentes, Castillo no sabía cómo librarse del energúmeno que lo contradecía y que alentaba una confrontación que no habría tenido sobrevivientes. De lo que estaba seguro es de que, al lado de Bellido, el precipicio salivaba del gusto que se iba a dar. La derecha golpista no lo decía, pero estaba complacida con ese primer ministro que hacía subir el dólar y bajar las expectativas económicas. Y si mi amigo Pedro Francke hubiese recuperado la libertad, no tengo duda de que habría salido a pedir esa cabeza indeseable. Los deberes de estado, hay que entenderlo, fuerzan a veces al silencio de las cortes.

El asunto es que el fin de semana pasado Castillo le habría pedido al ministro Torres que se presente en radio Exitosa, de sorpresa, y anuncie que no iba a haber cuestión de confianza por Íber Maraví. El ministro, en el colmo de la discreción, no le habría avisado ni siquiera a su equipo de prensa.

Hecho el anuncio radial de Torres, el primer ministro salió de inmediato a contradecirlo sosteniendo que esa había sido una opinión personal. Lo que Bellido envió como mensaje era que la cuestión de confianza era inminente. El gobierno se desgarraba una vez más.

La reacción visceral de Bellido terminó con su breve carrera de bolchevique al mando. Tras su mensaje por enésima vez inaceptable, Castillo y Torres se juntaron por la noche y ajustaron los cambios del gabinete. La actual presidenta del consejo de ministros, que ya había sido tentada un par de veces, creyó que esta sería otra llamada inútil.

No sabemos qué esperar de este nuevo gabinete. Lo que es un dato duro es que Castillo se libró de Bellido, sacrificó a su amigo Maraví y le quitó a Vladimir Cerrón una cuota decisiva de poder. Simultáneamente, creó un cisma en la bancada oficialista y tendrá que enfrentar, esperamos que a pie firme, la venganza del cerronismo parlamentario.

Se trata de un gesto conciliador que el país demandaba y que ha sido un bálsamo para quienes se especializan en pronósticos económicos.

La derecha, por supuesto, no está feliz.

Lo que la derecha quiere es, como siempre, todo. Sueña con ver a Castillo como Cosito, el comandante que lo único que mandó a parar fue la decencia.

Y si Castillo no quiere ser Cosito, entonces la derecha dirá que tal ministro es un topo del extremismo y que tal otro fue discípulo de Javier Diez Canseco y que todo se trata de un operativo de distracción para implantar el castrochavismo ayahuasquero con que quiere asustarnos cada día.

Allí está el almirantito Cueto, comandante supremo de las mares ignotas, diciéndole a Jaime Chincha que la farsa está clara, que seguimos en manos del comunismo y que, entonces, la opción de la vacancia está ilesa.

Como el comandantito, así piensa el esbirraje escrito de mister Chlimper, la CONFIEP y sus heterónimos.

Lo que la derecha quiere es ganar las elecciones cuatro meses después de haberlas perdido.

Por eso es que algunos de sus mercaderes en “Correo” o “Perú 21” dicen que, aun con estos cambios, seguimos ante un gobierno peligroso y de izquierda. Y en lo mismo está Canal N, alias Canal M, y estará este domingo aquel Cuarto Poder que es hoy la quinta rueda.

Sí, pues, cuchufletos: este es un gobierno de izquierda. Resulta que vuestra candidata, la de ustedes y la de Vargas Llosa, señor de los crepúsculos, perdió en junio por 44,000 votos.

Eso significa que Carranza no puede ser ministro de Economía, que Tía María no puede imponerse a puro balazo, que los ministros no saldrán sólo del Regatas y que la Constitución de 1993 se puede modificar, para bien, sin que el mundo reviente en lavas terminales.

Ahora bien, con 44,000 votos de ventaja el señor Castillo tampoco puede esperar que el socialismo búlgaro sea nuestro destino. Ha sido elegido para cumplir con sus promesas de cambio en el marco del respeto a la ley. Eso supone que el sueño soviético de Vladimir Cerrón era irrealizable y que las mejoras a la Constitución habrá que hacerlas por las vías congresales que esa misma carta estipula. Ya es bastante imaginar que un gobierno salido de las urnas intente humanizar el capitalismo bestial que hemos adoptado como norma. Ya es heroico pensar que un gobierno legal logre cerrar algunas brechas inicuas de la desigualdad. Si Castillo perfora el cono del silencio con que la derecha quiere abolir todo debate, pasará a la historia y el pueblo que lo votó apreciará su huella.

Castillo tiene ante sí la gran oportunidad de demostrarnos que no tiene vocación por el caos, que eso es lo que ha sido su gobierno con Bellido en la PCM y Cerrón metido en el sombrero. Existe la posibilidad, ahora, de que la izquierda popular, antiacadémica y campesina, la que ganó las elecciones, pueda actuar al lado de gente dotada para la gestión pública. Eso puede suponer que los principios, el realismo y la inteligencia se junten para una conspiración virtuosa en beneficio del cambio.

Castillo tiene que entender que no recibió un cheque en blanco que le permita construir el socialismo manirroto y suicida del chavismo. Una cosa es negarse a ser Cosito. Otra es creerse Benito Juárez, el presidente también indígena que ganó dos guerras –la de Reforma y la que libró ante la invasión francesa– y que, a pesar de todos sus inmensos méritos, terminó enamorado del poder hasta el punto de torcer elecciones y hacer trampa.

Si dentro de un mes las temperaturas se caldean, la economía se maneja irresponsablemente y la presencia del MOVADEF persiste en algunos sectores, sabremos entonces que el verdadero problema es Pedro Castillo. Será el momento de discutir de otra manera.


Fuente: HILDEBRANDT EN SUS TRECE N°560, del 08/10/2021   p12

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8 de septiembre de 2021

Perú: La paja en el ojo ajeno

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Natalia Sobrevilla

Esta semana, los inaceptables ataques misóginos del premier Bellido contra la congresista Patricia Chirinos nos recuerdan el viejo refrán cervantino que reza lo común que es ver la “paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio”. La frase lanzada contra la congresista no debe ser tolerada, a pesar de que las mujeres estemos tristemente acostumbradas a este tipo de agresiones. Las oímos desde que tenemos conciencia y, cada vez que nos quejamos, nos han dicho: “No es para tanto, es solo una broma”.

Pero no es solo “una broma de mal gusto”, es un inaceptable ataque verbal. La indignación ha llenado desde el hemiciclo hasta las redes sociales y esto está muy bien: muestra cómo de a pocos está dejando de ser aceptable y aceptado este tipo de comportamiento.

Sin embargo,  también hemos sido testigos de la forma en que se ha instrumentalizado esta queja y cómo los opositores al gobierno, que han cometido ataques verbales o reales de mucho calibre contra las mujeres, han aparecido como paladines del feminismo y, además, le han enrostrado a mujeres que llevan luchando una vida entera que no se hayan pronunciado de la manera en que ellos consideran pertinente. Y esto molesta, no porque el comportamiento del premier pueda ser excusado, sino porque solo se ha aprovechado este contexto para usar políticamente un reclamo legítimo cuando antes parecía importarles poco los derechos de las mujeres.

Por ejemplo, Renovación Popular emitió un comunicado casi de manera inmediata condenando el acto, algo que nunca hicieron cuando el líder de su partido agredió verbalmente a varias periodistas mujeres. Se trata, además, de un partido que tiene en su ideario la lucha contra la ideología de género y que no ha dado muestra alguna de tener los derechos de las mujeres como parte central de su agenda. Lo que sí han hecho desde que se instalaron como congresistas ha sido buscar cualquier motivo para pedir la renuncia de los ministros, además de cuestionar la legalidad misma de la elección. En su defensa de los derechos de Patricia Chirinos se siente una particular falta de sinceridad.

Otro caso notable es el del fujimorismo. Hemos visto a la congresista Martha Moyano con un cartel que decía “Ni una menos”. Asombra, viniendo de alguien que es miembro de un partido que no solo tiene responsabilidad en haber llevado a cabo las esterilizaciones forzadas, sino que hasta ahora niega esa terrible violencia ejercida contra las mujeres. Tal es el nivel de negación de responsabilidad en este caso que uno de los congresistas de su agrupación,  Alejandro Aguinaga, es uno de los procesados. Este uso estratégico del feminismo por parte de los fujimoristas es particularmente discordante con lo que han practicado durante todo su tiempo en la política peruana.

Si bien estas actitudes muestran una inmensa hipocresía, no son en lo más mínimo sorprendentes. Tampoco es sorprendente, aunque sí igualmente agotadora, la vigilancia que se ejerce sobre las feministas. Esta semana hemos oído repetidos llamados a que las mujeres que han luchado desde todas las trincheras por sus derechos se pronuncien, ejerciendo una suerte de juicio moral sobre quien tiene derecho a llamarse feminista debido a su reacción sobre este caso en particular. ¿Qué derecho tienen a reclamar de esta forma quienes nunca se han interesado por las luchas feministas?

El premier Bellido debe ser sancionado, de eso no tengo duda alguna. Sobre todo porque, en vez de pedir disculpas, no ha hecho más que buscar excusas para un comportamiento a todas luces inexcusable. ¿Pero cuál debe ser la sanción? De eso no estoy tan segura. Pero sí creo que lo positivo que se puede extraer de todo esto es que la violencia verbal hacia la mujer se ha colocado en el centro de la discusión. Espero que este sea un paso para que los partidos que no han mostrado interés en el tema lo hagan ahora en serio y que dejen de mirar la paja en el ojo ajeno. Que se hagan cargo, finalmente, de la viga que llevan en el propio.

1 de agosto de 2021

Cerrón es el que manda


César Hildebrandt

Ya lo sabemos. 

Vladimir Cerrón manda más que nadie en el nuevo gobierno.

Por eso es que Guido Bellido es el presidente del Consejo de Ministros.

Bellido es subordinado absoluto de Cerrón.

Bellido es el congresista que tiene militancia de más larga data en Perú Libre.

Bellido es uno de los que piensan que en Cuba sí funciona un régimen democrático.

Bellido es el hombre que intentó descalificar a Pedro Francke como candidato a ministro de Economía y Finanzas. “A mí no me molesta de manera personal, pero sí veo a dónde se orienta y no es en función al programa y postulados del partido Perú Libre”, dijo este altoparlante de Cerrón el 27 de julio. Al cierre de esta columna, me entero de que Pedro Francke ha decidido desistir de cualquier nombramiento. Su renuncia, nutrida de dignidad y principios, es la primera alarma encendida en el régimen que había prometido su presencia como garantía de solvencia profesional, prudencia en el manejo del gasto público y severidad para evitar lo que más se teme a estas alturas: la orgía populista que nos puede llevar a la inflación y el descalabro. La explicable fuga de Francke vendrá acompañada, casi sin duda, de la de Julio Velarde, en el caso de que el presidente del BCR haya sido invitado a quedarse (cosa de la que ahora, razonablemente, dudo).

Bellido es el hombre que quiso imponer a Waldemar Cerrón, hermanito de Vladimir, como presidente de la mesa directiva del Congreso. Fracasó en todas sus gestiones, no pudo negociar con Acción Popular ni con Alianza para el Progreso y terminó hasta peleándose con la bancada de Somos Perú. El resultado de sus procederes como delegado de Cerrón es que María del Carmen Alva, que cree que Merino de Lama fue legítimo presidente de la república, es la flamante presidenta del Congreso.

Bellido, según el portal InfoMercado, le ha dicho a radios bolivianas que la ruta política de Evo Morales, incluyendo su continuidad por tres periodos, es ejemplar.

Bellido es el hombre que alguna vez, en una red social, declaró su admiración por Edith Lagos, la joven rematadora de enemigos caídos que perteneció a Sendero Luminoso y murió en combate. La misma simpatía demostró por Carlota Tello Cuti, alzada en armas con las huestes de Guzmán, torturada y asesinada en un cuartel del ejército en Ayacucho. El 23 de abril pasado, Bellido declaró esto al canal Inka Visión Noticias: “El país estaba en un desastre, hubo peruanos que equivocadamente tomaron un camino, ¿son peruanos o no? Por eso tienen sus derechos. ¿Qué tienes contra los senderistas?”. A raíz de eso, la Fiscalía abrió una investigación preliminar por presunto delito de apología del terrorismo.

Bellido es uno de los que, por supuesto, cree que el juicio contra Vladimir Cerrón fue una farsa y que la acusación por corrupción es parte de una venganza conservadora en la región Junín.

Bellido es el señor que declaró en “Willax”, el ducto del golpismo fascistoide, que Verónika Mendoza incurriría en oportunismo si mencionaba algunas condiciones para seguir apoyando la alianza con Perú Libre. Y añadió esta frase de tinte machista: “Ser aliada no significa que vas a condicionar”. Todo un señor caporal.

Bellido es el energúmeno que llamó “loca pervertida” a la líder de Juntos por el Perú. Caporal e infame, además de homófobo.

Bellido es el congresista electo que soltó el 19 de julio estas palabras, que ahora parecen profecía cumplida, orden acatada: “Castillo es militante de Perú Libre y como tal está sujeto a los derechos y a los deberes de dicha agrupación política”.

Y así ha sido. Cerrón dio la orden: si no es Roger Nájar, que sea Bellido.

Castillo ha dado un paso de gigante hacia su sometimiento a un partido que, bajo la dirección de Cerrón, parece no creer en las formas democráticas ni en la convivencia política.

El portero tenía la llave maestra y la acaba de usar. Con eso ha abierto la puerta de lo impredecible.

Las promesas presidenciales respecto de que el nuevo gobierno no estatizará la economía y respetará la propiedad privada quedan al garete. Y el discurso de Pedro Castillo, en general, podría asumirse a estas alturas como una maniobra distractiva, una obertura para los palcos colmados de visitantes extranjeros. La ópera en sí –Pagliacci, de Leoncavallo– estará a cargo del tenor lírico Vladimir Cerrón. La historia de un payaso que sufre por los cuernos que le impuso la cónyuge viene casi a medida. Los coros estarán a cargo de la prensa regional a la que le lleguen los anunciados montos de la nueva publicidad del Estado.

Castillo dijo que la salud sería un derecho fundamental y que no habrá proyecto minero o de gran inversión que se apruebe si no ofrece “rentabilidad social”.

Con Bellido-Cerrón al mando ya no sabemos hacia dónde apuntará la unificación de los sistemas de salud y mucho menos podemos imaginar qué diablos es eso de “rentabilidad social”. ¿O estamos hablando de un pasaporte lo suficientemente ambiguo como para que Bellido y los radicales lo interpreten como les dé la gana?

Y las rondas campesinas extendidas hacia las ciudades, ¿se formarán a costa de la Policía? ¿Qué autoridad tendrán, qué logística las asistirá, quiénes dictarán sus órdenes?

Todo el discurso de Castillo Terrones enderezado a hacer viable su proyecto de reformas (necesarias) y reivindicaciones (legítimas) queda suspendido en el aire. Un partido de rictus fanático y un líder que supone que el Perú puede ser la Cuba de Batista han tomado el poder y reemplazado a Castillo. Es un golpe de estado espectral y sus autores esperan que el país acepte el cambiazo. Pues déjenme decirles que el Perú no necesitará del fujimorismo ni de Renovación Popular ni del Congreso vacador para expresar su indignación y su rechazo. El Perú no votó por Vladimir Cerrón ni por sus capataces tardocastristas. El Perú votó para que una mafia no nos volviera a gobernar y para que el profesor de la buena fe apostara por los grandes cambios inclusivos. Castillo iba a ser lo nuevo, lo inédito, lo inaudito, la transfusión de limpieza en el vicioso torrente sanguíneo de una república exhausta. Apostar por el modelo cubano es apelar a la vejez de las ideas probadamente erradas y totalitarias. Cerrón y los suyos, aupados ahora al poder al margen del mandato popular, se inclinan por la prehistoria estalinista. Si Castillo no toma distancia inmediata de esa vertiente, querrá decir que ha optado por la confrontación y el suicidio del régimen que tantas esperanzas despertó.

El nombramiento del gabinete, juramentado a hora patética, no hace sino agravar la situación. Ver a Héctor Béjar en Torre Tagle es como si Martha Chávez se hubiese hecho cargo de la Coordinadora de Derechos Humanos. Que no haya inmediato reemplazo del indignado Pedro Francke da una idea del caos en que empezamos a sumergirnos.

Fuente: HILDEBRANDT EN SUS TRECE N°550, del 30/07/2021   p6

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