Mostrando entradas con la etiqueta Machismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Machismo. Mostrar todas las entradas

26 de noviembre de 2025

Que sepa coser, que sepa bordar

Patricia del Río

¿Será que a este paso las mujeres perderemos el derecho a votar?

A las mujeres, las cosas nunca se nos han dado fáciles. Cada conquista por nuestros derechos ha implicado movilizaciones, largas batallas y extenuantes campañas para convencer primero al Estado, y a la Iglesia después, de que tenemos derechos que deben ser reconocidos y respetados. El derecho al voto, por ejemplo, lo obtuvimos después de casi un siglo de lucha: los movimientos sufragistas se iniciaron en Estados Unidos en 1848, y no fue hasta 1956 que las mujeres pudimos votar por primera vez en el Perú. Desde la década del 60 se distribuyen píldoras anticonceptivas y la Iglesia todavía considera que su uso es pecado. Ni qué decir de la píldora del día siguiente, cuya aprobación y distribución gratuita por parte del Estado siguen siempre en riesgo.

Lo mismo ocurre hoy con avances como la tipificación del delito de feminicidio, el uso del lenguaje inclusivo o la necesidad de contar con ministerios dedicados a velar por los derechos de las mujeres. El argumento que suele emplearse para dar marcha atrás es que, gracias al feminismo, las mujeres gozamos ahora de un “trato preferente”. Se nos acusa de exigir puestos laborales “solo por ser mujeres”, se nos enrostra que los ministerios de la mujer discriminan a los hombres, se nos machaca con que “la violencia es una” y que “da igual” que maten a un hombre o a una mujer. Y así se pretende invisibilizar la inmensa cantidad de situaciones de peligro, abuso e injusticia que seguimos soportando en el Perú y en el mundo.

Tal vez lo más monstruoso de esta nueva realidad es que, mientras se retrocede escandalosamente en conquistas ya adquiridas, se avanza a pasos agigantados en nuevas formas de violencia y discriminación. ¿Cómo pueden presidentes como Milei o Trump afirmar que las mujeres no necesitan protecciones adicionales cuando hemos sido testigos, en Francia, del juicio en el que Michelle Pellicott enfrentó a más de cincuenta hombres que la violaron repetidamente, facilitados por su propio marido, quien la drogaba para prostituirla? ¿Cómo se puede seguir argumentando que gozamos de privilegios que no nos corresponden cuando en Italia se acaba de abrir una investigación contra más de 32 mil miembros de un grupo de Facebook donde hombres compartían fotos de sus esposas, hermanas, primas o exparejas desnudas, duchándose o vistiéndose? Fotos tomadas sin su permiso, acompañadas de títulos como “Esta es mi esposa, ¿qué le harían?”, “¿Qué les parece mi mujer? Quiero verla con otro hombre” o “A mi mujer le gusta andar así cuando llegan mis amigos, miren qué buena está”. Y lo mismo ha ocurrido con grupos de Telegram cerrados recientemente en China, Portugal y Argentina.

Con las redes sociales y la hiperconectividad, el espacio de socialización se agranda y con él aumentan las oportunidades para  que la mujer sea vulnerable. Pero, en lugar de legislar para sancionar estas nuevas formas de violencia, los congresos de muchos países —capturados por posiciones conservadoras— avanzan en dirección contraria. Actualmente, en Estados Unidos existe un grupo bastante activo cuyo lema es “Repeal the 19th” —aludiendo a la enmienda 19 a su Constitución—, que propone quitarles a las mujeres el derecho al voto. El argumento: que somos “demasiado emocionales” y que nos dejamos seducir por “retóricas melosas” como la de Zohran Mamdani, recientemente elegido alcalde de Nueva York con amplio apoyo del electorado femenino.

Y, para completar este breve cuadro de los peligros que enfrentamos, Internet se está llenando de influencers que habitan Instagram y TikTok y se autodenominan tradwives. ¿Qué significa esto? Son chicas, mujeres jóvenes y hasta adolescentes que ensalzan los valores de la esposa tradicional; valores que no son malos en sí, pero que son enclaustrantes si se les toma como única aspiración. Para ellas no es importante estudiar, tener una carrera ni trabajar fuera de casa. Lo suyo son los delantales, las recetas caseras y los consejos maternales y conyugales. En España, la influencer Roro —con 2.5 millones de seguidores— se encarga de todas las necesidades culinarias y domésticas de su novio: desde prepararle espaguetis caseros con pesto a la genovesa, hasta encuadernarle un libro hecho por ella misma. En Estados Unidos e Inglaterra, referentes del movimiento como Ayla Stewart o Estee Williams difunden mensajes idénticos para millones de seguidoras.

Resulta increíble lo poco que cuesta desandar lo avanzado. Hace menos de ocho años, las mujeres nos organizábamos para salir masivamente a reclamar nuestros derechos, como ocurrió con las marchas mundiales del Me Too; hoy, en cambio, corremos el riesgo de convertirnos en personajes de novelas distópicas como El cuento de la criada.

Fuente: https://jugo.pe/retrocesos-derechos-mujeres/

15 de noviembre de 2024

Un muy largo camino por recorrer

Natalia Sobrevilla

Una hipótesis sobre el machismo en las recientes elecciones estadounidenses

Esta semana ha sido agotadora para los interesados en la política internacional, como suelen ser las que coinciden con unas elecciones tan trascendentales como las de los Estados Unidos. Quienes nos dedicamos compulsivamente a seguir los avatares electorales, cada año ya tenemos mapeados los estados de ese país que están en juego, las posibilidades de los colegios electorales, así como lo que dicen las encuestas y los especialistas. Este año, a pesar de la trascendencia de este combate entre los demócratas y republicanos, me encontré un poco apática la noche del martes, quizás porque intuía que la noche no sería larga y que Donald J. Trump se impondría sin demasiada dificultad sobre Kamala Harris.

Vi los resultados junto a mis padres, demócratas de carné, desde que en el año 2000 mi madre se hiciera ciudadana estadounidense con la única ambición de votar por Al Gore ya que desde los años 80 es una convencida ambientalista. Quizás el famoso conteo y reconteo de la Florida de entonces sea demasiado lejano para muchos, pero el martes por la noche ella sentía una creciente incomodidad ante un posible segundo periodo del millonario devenido en político que piensa que las protecciones al medio ambiente son inútiles.

A mí, en cambio, me recordó la noche del 2 de noviembre de 2004 que viví en la Universidad de Yale con los estudiantes y profesores de Ciencia Política. A pesar de mis más de ocho meses de embarazo pasé la noche en blanco, siguiendo cada estado en disputa y viendo con creciente horror que George W. Bush era elegido con todas las de la ley y con amplia mayoría. Ya nadie podría decir que había llegado a la Casa Blanca de chiripa. Algo semejante sucede esta vez con Trump: ha ganado no solo los colegios electorales, sino también el voto popular, el Senado y la Cámara de Representantes. Su poder será completo, ya que incluso la Corte Suprema está controlada por quienes lo apoyan.

Todo lo anterior ocurre a pesar de haber llevado a cabo una campaña caracterizada por la negatividad, donde ha amenazado a sus opositores con querer destruirlos, advirtiendo que habrá deportaciones masivas de inmigrantes ilegales, a quienes además responsabiliza hasta de comer perros y gatos. Ha sido elegido, aparentemente, sin tomar en cuenta que un juzgado lo ha encontrado culpable y su sentencia se debe dictar en los próximos días. Es una vez más presidente, aún cuando sus seguidores tomaron el Capitolio el 6 de enero de 2021 y destruyeron mucho de lo que encontraron a su paso y de que atacaron a legisladores demócratas. Nada de eso le ha importado a gran parte del electorado, que ha salido masivamente a votar por él. ¿Qué pasa con sus votantes? Claramente, no consideran que ninguno de estos hechos sea determinante y están en todo su derecho de apoyar a quien consideran que mejor los representa. La democracia es así y la elección ha sido, sin lugar de dudas, de los republicanos.

En las próximas semanas veremos esbozar muchas explicaciones de por qué se dieron estos resultados; sin embargo, aquí compartiré algo de lo que me parece que ocurrió el martes. Toda elección americana es un referéndum sobre la capacidad del partido en el poder y, en este caso, los demócratas con Joe Biden no han sido percibidos como exitosos. Hace muchos años, en otra elección, se acuñó la frase it’s the economy, stupid, y este año es sin duda parte de la explicación. Muchos sienten en sus bolsillos que hace cuatro años estaban mejor que ahora, y que la inflación ha crecido de manera acelerada. Esta es además una tendencia mundial.

El presidente saliente es visto como ineficaz y su edad le ha pasado factura, a pesar de solo ser dos años mayor que Trump, quien se ha convertido en el hombre de mayor edad en llegar a la Casa Blanca. La situación fue tal, y sus apariciones como un anciano desorientado preocuparon tanto a sus correligionarios que, en el mes de julio, Biden se vio obligado a renunciar a una posible reelección para dejarle el camino abierto a su vicepresidenta, Kamala Harris, quien muy rápidamente consiguió el apoyo de la mayoría del partido y logró recaudar millones de dólares en muy poco tiempo. Inicialmente tuvo un gran rebote en las encuestas, pero desde hacía por lo menos un mes sus posibilidades de ganar se hicieron cada vez menores. Las encuestas presentaban un empate técnico, con el apoyo casi absoluto de las personas de las ciudades por Harris y las del campo por Trump.

¿Era realmente posible que una mujer de ascendencia afroamericana y de la India fuera elegida presidenta de los Estados Unidos? Ahora queda claro que no, y eso me preocupaba desde el inicio. En un país racista y machista como los Estados Unidos, me parecía una fantasía. Durante las últimas semanas hablé mucho sobre ello con mi padre, quien llegó a Boston en 1959 como médico para hacer una residencia en un hospital universitario. En ese momento, el único lugar que ocupaban las mujeres afroamericanas era el de enfermeras —las menos— y como personal de limpieza —la mayoría—. No había una sola que fuera médico, o siquiera del personal administrativo. Cuando viví en New Haven hace veinte años el panorama no había cambiado demasiado: no conocí casi a ninguna académica afroamericana, las mujeres de esa ascendencia seguían ocupando principalmente las posiciones de limpieza, y las pocas alumnas afroamericanas que tuve en el curso que dictaba sobre raza y etnicidad en América Latina me contaban de las dificultades que vivían allí a pesar de ser estudiantes en una universidad de elite.

Trump ha sido elegido las dos veces que compitió contra una mujer, y cuando lo tuvo que hacer contra un hombre fue derrotado. Fue eso, o fue la pandemia lo que llevó a que Biden se impusiera, es imposible de saberlo. Lo que sí queda claro al ver los resultados es que los hombres han votado mayoritariamente por Trump: no solo los blancos y los mayores, sino también los jóvenes, los latinos, e incluso los de ascendencia afroamericana. Creo que, como en México, sólo habrá una presidenta mujer cuando las candidatas de ambos partidos sean mujeres. Es una triste realidad, pero de momento, queda mucho camino que recorrer.

https://jugo.pe/un-muy-largo-camino-por-recorrer/

22 de enero de 2024

Ellos, pobrecicos

Andrea Momoitio San Martín

Sí, el 44 por ciento de los hombres opina que la igualdad ha ido demasiado lejos y los discrimina, pero la encuesta del CIS arroja otros datos interesantes. El 66 por ciento de las personas encuestadas vinculadas a los cuerpos de seguridad está muy de acuerdo o bastante de acuerdo con que se ha llegado demasiado lejos.

El CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) ha preguntado sobre feminismo. No preguntan qué opinamos de la monarquía, pero acaban de publicar la encuesta monográfica ‘Percepciones sobre la igualdad entre hombres y mujeres y estereotipos de género’. ¿Primera conclusión? Cuidado con el alarmismo que es, por definición, pesimista. Eso no quiere decir que comparta el optimismo con el que Irene Montero o Ángela Rodríguez Pam han celebrado los resultados aunque, la verdad, se agradece.

El lunes, tras conocerse los resultados, los principales medios replicaron los mismos datos con el mismo titular: el 44 por ciento de los hombres opina que la igualdad ha ido demasiado lejos y los discrimina. Ellos, pobrecicos. En la radio un hombre cualquiera sulfuraba ante el micrófono: “Claro, claro. Es que ni una cosa ni la otra. No nos podemos pasar de la raya”. Me gustaría saber dónde cree él que está la raya y no deja de sorprenderme su tono de satisfacción. Los datos, por fin, corroboran lo que él ya sabía. Eso que comenta siempre que tiene ocasión con quien esté dispuesto a escucharle: que nos estamos pasando, que vamos demasiado lejos, que vamos muy rápido, que las cosas no son así como nosotras decimos, que él ayuda mucho en casa y que su mujer está encantada con el reparto de tareas.

Seguro que muchas, al ver la noticia, pensamos entonces en los amigos de Pedro Sánchez. Esos amigotes, de “40 o 50 años”, que se sentían “incómodos” con algunos discursos. Esos hombres que, como el hombre cualquiera de la radio, se irritan cuando se les señalan actitudes machistas o cuando las conversaciones les obligan a opinar sobre LA IGUALDAD. Esa idea que cae como una losa sobre su sofá y les cuestiona cuando hacen lo que les sale de los cojones. La verdad es que no son ellos los que deberían preocuparnos. De hecho, lo sé, a algunas no nos preocupan tanto. La periodista Irantzu Varela mandaba un beso a todas las mujeres heteras que, al ver los resultados, pensaron que sus maromos forman parte de ese 56 por cierto que no expresa su incomodidad. Un beso para ellas también de mi parte, pero me temo que muchos mienten y que ellas, por supuesto, lo saben. De hecho, en la encuesta se pregunta también si en el Estado español “a la hora de aplicar las leyes se da el mismo trato a todos o se hacen diferencias según de quién se trate”, en torno al 70 por ciento asegura que se dan diferencias.

La pregunta del CIS es, de hecho, tramposa. La incomodidad es un concepto que se nos escapa entre los dedos y una sensación que nos agita a todas. Claro que el feminismo es incómodo. No puede ser de otra manera. No les necesitamos para conseguir recuperar los espacios de poder –entendido el poder en su sentido más amplio–, lo que necesitamos es que saquen sus sucias manos de lo que es nuestro. Que se retiren, que pierdan, que se incomoden, que aprendan a vivir de otra manera, que no nos necesiten y no necesitarles. Que sean honestos y, sí, que hagan uso de toda esa valentía que históricamente se les ha atribuido para no jodernos más.

Lo veo a mi alrededor. Muchos hombres parecen tener cierto miedo a ser acusados de machistas y tratan de disimular. La verdad, no me parece mal. Entiendo que tiene que ver con una lucha interna entre lo que sienten y lo que saben que es más justo y, sobre todo, más correcto. Quizá por eso la incomodidad se expresa con más libertad entre los más jóvenes: la idea de que la igualdad ha ido demasiado lejos y los discrimina está extendida, sobre todo, en hombres entre 16 y 24 años. Lo transgresor y lo rebelde, hoy, está en la derecha y es más habitual que durante nuestros años mozos expresemos con más libertad nuestros pensamientos. No puedo evitar acordarme de un chavalín bastante idiota con el que coincidí en un instituto. El tipo trató de boicotear mi intervención, por activa y por pasiva, haciendo preguntas ridículas y sugerencias descabelladas. Ante la típica imagen de tres críos mirando una pista de no sé qué deporte, cada uno de ellos subido a un escalón de más o menos estatura en función de la de cada chaval para que todos pudieran ver de la misma manera, este criajo alegaba que “si eres pequeño” te tienes “que joder y punto”. Preguntaba, muy airado: “¿Ahora también tenemos que dar una paga a los bajitos? Que se jodan y punto. Eso no es justo”.

Los cuerpos de seguridad

Hace unos meses supimos que tres de los asesinatos machistas ocurridos en verano habían sido cometidos por expolicías o ex guardias civiles. Una de las categorías con las que se cruzan los datos en la encuesta del CIS es la laboral: ocupaciones militares y cuerpos policiales es una de ellas. Por eso, por ejemplo, sabemos que el 98,1 por ciento de los encuestados en este campo tienen la nacionalidad española. Es el porcentaje más alto entre todas las ocupaciones analizadas. Sabemos también que el 56,1 por ciento opinan que preferían vivir en “una sociedad en la que la gran mayoría de la gente tenga el mismo origen, cultura y religión”. Al ser preguntado por el nivel de desigualdades, el 80,9 por ciento cree que son pequeñas o casi inexistentes. El 66 por ciento está muy de acuerdo o bastante de acuerdo con que se ha llegado demasiado lejos con la igualdad. Les siguen las personas trabajadoras dedicadas a la pesca y a la agricultura con un 59,1 por ciento.

En la encuesta, sin embargo, hay datos muy positivos: solo un 16 por ciento del total de la gente encuestada no se considera feminista. Es decir, de alguna manera, en mayor o en menor medida, sí que se consideran feminista el 84 por ciento de las personas encuestadas. Bueno, sí, o eso dicen.

¿Vamos por el buen camino? Sin ninguna duda. Por el buen camino llevamos ya mucho tiempo. Nunca hemos dejado de estarlo. Las mujeres y las personas LGTBQIA+, de una manera o de otra, hemos reclamado históricamente nuestro sitio, lo que pasa es que a veces nos han puesto piedras en el camino y otras veces, murallas. De hecho, ahora estamos especialmente atentas porque somos conscientes de que están tratando de construirnos una nueva. Esto solo significa que vamos a tardar más en avanzar, pero al lucha del movimiento feminista es imparable.

Fuente: https://www.pikaramagazine.com/2024/01/ellos-pobrecicos/

30 de octubre de 2021

La violencia machista hacia las mujeres mayores, un fenómeno invisibilizado por vergüenza

Rosa Gómez Trenado

La violencia contra la mujer es un problema que la propia Organización de Naciones Unidas define como “una de las violaciones de los derechos humanos más extendidas, persistentes y devastadoras del mundo actual sobre la que apenas se informa debido a la impunidad de la cual disfrutan los perpetradores y el silencio, la estigmatización y la vergüenza que sufren las víctimas”.

El 25 de noviembre se celebra el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, una pandemia que afecta a millones de mujeres (concretamente, a una de cada tres) en todo el mundo y al que en absoluto son ajenas, aunque a veces sean invisibles, las mujeres que son mayores.

Ante esta situación dramática que es la violencia de género, cada año se trata de concienciar de un problema que sufren las mujeres y que en muchos escenarios se minimiza o no se reconoce como un problema real.

Mucho mayor peso tiene en el caso de las mujeres mayores, donde esta violencia es casi invisible y donde aparece la doble discriminación. Al género le añadimos el edadismo, provocando la reproducción de más estereotipos y marginación. La discriminación por género y edad que sufren las mujeres se agudiza si son víctimas de violencia machista dentro del hogar y la hacen invisible.

Piden menos ayuda que las jóvenes

Según la Macroencuesta de violencia contra la mujer (2015), que elabora la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género cada cuatro años en colaboración con el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), las mujeres mayores víctimas de violencia recurren en menor medida a servicios de ayuda (médica, psicológica, social, legal..). Solo un 33,8 % lo ha hecho, frente al 46,8 % de las víctimas de menos de 65 años. Además, cuentan su situación a personas del entorno en menor medida (62,7 %, frente al 77,8 % de las menores de 65 años).

Se trata de un fenómeno menos denunciado y menos atendido y entendido por el entorno y los recursos públicos. Es preciso señalar que la violencia que sufren las mujeres mayores cumple muchas características homólogas a las que se dan en las mujeres con menor edad.

Los avances en igualdad entre hombres y mujeres están contribuyendo en parte a una mayor conciencia, especialmente en personas más jóvenes y de mediana edad, por lo tanto existen más probabilidades de informar y denunciar hechos abusivos y violentos.

Pero la situación cambia cuando hablamos de mujeres mayores porque la conformidad con normas tradicionales de género femeninas y masculinas es más elevada en las mujeres y hombres con edades mayores, ya que han sido socializados en este modelo de desigualdad. Por tanto, aceptan formas de maltrato con más frecuencia, no por aprobarlas, sino por esa naturalización de la violencia en las relaciones, por arraigadas.

Es el caso de las mujeres educadas durante la dictadura franquista, cuando las creencias religiosas marcaban un papel de la mujer muy concreto y relegado a ser madre y esposa. Se promovía el papel secundario de la mujer en la sociedad. La Iglesia fomentaba la resignación en la mujer cuidadora de la familia, definida por el entorno doméstico donde, como espacio privado, lo sucedido debía quedar allí.

Toma de conciencia tardía

Los contextos históricos de socialización de las mujeres mayores que sufren violencia machista nos llevan a momentos como el de hoy, cuando lo definido e interiorizado como un derecho es claro. Sin embargo, para ellas sigue sin serlo tanto, ya que muchas comienzan ahora a tomar conciencia de las vivencias de violencia a las que llevan enfrentándose años.

Por otro lado, existe la dificultad añadida de que estas mujeres se ven en una etapa tardía en la que lo conseguido supone estabilidad, con independencia de los riesgos; con arraigos por el tiempo transcurrido de convivencia; con posibles situaciones de dependencia; con sentimientos de vulnerabilidad y soledad ante la pérdida de redes de apoyo y del propio contexto familiar; con escasos recursos de apoyo específicos a las necesidades de las personas mayores; y con la lógica inseguridad sobre los recursos existentes ante el cambio. Las variables asociadas a la edad ante la violencia de género aumentan, por lo tanto, la vulnerabilidad de la víctima.

Recursos sin perspectiva de edad

¿Qué hacer ante esta situación? Los recursos especializados en violencia machista, si bien tienen un carácter más coordinado e integral, carecen de la perspectiva de ciclo vital e historia de vida para actuar ante la situación y no se adaptan a las características que reviste el impacto de esta violencia en las mujeres mayores de 65 años.

La prolongada trayectoria de violencia de género/deterioro asociada al proceso de envejecimiento tiene un gran impacto en la salud, por lo que cada vez se hace más necesaria la aplicación de protocolos integrales de detección de violencia de género en las mujeres mayores en las áreas de salud como puntos centinela para la detección.

El impacto del envejecimiento poblacional y la invisibilidad de la violencia de género y de otros tipos de violencia hacia las mujeres mayores hace cada vez más necesario el estudio de procesos relacionados con su seguridad y bienestar y una activación especializada de los servicios a los que llegan las personas mayores, con una activación ante la sospecha por parte de las unidades de trabajo social como disciplina integral de actuación.

Rosa Gómez Trenado. Profesora Colaboradora del Master en Trabajo Social Sanitario, UOC - Universitat Oberta de Catalunya
Disclosure statement

8 de septiembre de 2021

Perú: La paja en el ojo ajeno

 Caretas 07.jpg

Natalia Sobrevilla

Esta semana, los inaceptables ataques misóginos del premier Bellido contra la congresista Patricia Chirinos nos recuerdan el viejo refrán cervantino que reza lo común que es ver la “paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio”. La frase lanzada contra la congresista no debe ser tolerada, a pesar de que las mujeres estemos tristemente acostumbradas a este tipo de agresiones. Las oímos desde que tenemos conciencia y, cada vez que nos quejamos, nos han dicho: “No es para tanto, es solo una broma”.

Pero no es solo “una broma de mal gusto”, es un inaceptable ataque verbal. La indignación ha llenado desde el hemiciclo hasta las redes sociales y esto está muy bien: muestra cómo de a pocos está dejando de ser aceptable y aceptado este tipo de comportamiento.

Sin embargo,  también hemos sido testigos de la forma en que se ha instrumentalizado esta queja y cómo los opositores al gobierno, que han cometido ataques verbales o reales de mucho calibre contra las mujeres, han aparecido como paladines del feminismo y, además, le han enrostrado a mujeres que llevan luchando una vida entera que no se hayan pronunciado de la manera en que ellos consideran pertinente. Y esto molesta, no porque el comportamiento del premier pueda ser excusado, sino porque solo se ha aprovechado este contexto para usar políticamente un reclamo legítimo cuando antes parecía importarles poco los derechos de las mujeres.

Por ejemplo, Renovación Popular emitió un comunicado casi de manera inmediata condenando el acto, algo que nunca hicieron cuando el líder de su partido agredió verbalmente a varias periodistas mujeres. Se trata, además, de un partido que tiene en su ideario la lucha contra la ideología de género y que no ha dado muestra alguna de tener los derechos de las mujeres como parte central de su agenda. Lo que sí han hecho desde que se instalaron como congresistas ha sido buscar cualquier motivo para pedir la renuncia de los ministros, además de cuestionar la legalidad misma de la elección. En su defensa de los derechos de Patricia Chirinos se siente una particular falta de sinceridad.

Otro caso notable es el del fujimorismo. Hemos visto a la congresista Martha Moyano con un cartel que decía “Ni una menos”. Asombra, viniendo de alguien que es miembro de un partido que no solo tiene responsabilidad en haber llevado a cabo las esterilizaciones forzadas, sino que hasta ahora niega esa terrible violencia ejercida contra las mujeres. Tal es el nivel de negación de responsabilidad en este caso que uno de los congresistas de su agrupación,  Alejandro Aguinaga, es uno de los procesados. Este uso estratégico del feminismo por parte de los fujimoristas es particularmente discordante con lo que han practicado durante todo su tiempo en la política peruana.

Si bien estas actitudes muestran una inmensa hipocresía, no son en lo más mínimo sorprendentes. Tampoco es sorprendente, aunque sí igualmente agotadora, la vigilancia que se ejerce sobre las feministas. Esta semana hemos oído repetidos llamados a que las mujeres que han luchado desde todas las trincheras por sus derechos se pronuncien, ejerciendo una suerte de juicio moral sobre quien tiene derecho a llamarse feminista debido a su reacción sobre este caso en particular. ¿Qué derecho tienen a reclamar de esta forma quienes nunca se han interesado por las luchas feministas?

El premier Bellido debe ser sancionado, de eso no tengo duda alguna. Sobre todo porque, en vez de pedir disculpas, no ha hecho más que buscar excusas para un comportamiento a todas luces inexcusable. ¿Pero cuál debe ser la sanción? De eso no estoy tan segura. Pero sí creo que lo positivo que se puede extraer de todo esto es que la violencia verbal hacia la mujer se ha colocado en el centro de la discusión. Espero que este sea un paso para que los partidos que no han mostrado interés en el tema lo hagan ahora en serio y que dejen de mirar la paja en el ojo ajeno. Que se hagan cargo, finalmente, de la viga que llevan en el propio.

6 de marzo de 2021

Perú: El riesgo es tener que elegir entre dos machos conservadores

Carlos Monge

La derecha alimenta la narrativa de una polarización en la que –frente a la caída libre de los representantes del centro (G Forsyth y J Guzman)- el país opta entre opciones de derecha (K Fujimori, H Soto, R Lopez) y de izquierda (V Mendoza y Y Lescano).

Lescano tiene una trayectoria parlamentaria de defensa de los derechos del consumidor y crítica a los abusos de los grandes grupos económicos, donde varias de sus medidas concretas coinciden con las que vienen de la izquierda. Pero, de ahí a que él y Acción Popular sean de izquierda, hay todo un trecho.

AP surgió de las clases de medias enfrentadas al Perú oligárquico de fines de los 50. Pero, al ganar las elecciones, no se atrevieron a hacer lo que la izquierda reclamaba y que Velasco Alvarado hizo. El segundo gobierno de Fernando Belaunde y AP (1980-1985) continuó las políticas económicas iniciadas por Morales Bermúdez y entregó a las Fuerzas Armadas el control de los territorios en donde actuaba Sendero Luminoso, tolerando una masiva violación de los derechos humanos.

Lescano ha candidateado por Acción Popular el 2001; el Frente de Centro en el 2006 (alianza de AP, Somos Peru y Todos por el Peru, el partido hoy liderado por el conservador Fernando Cillóniz); por Perú Posible en alianza con AP y Somos Peru el 2011 y con Toledo de candidato, cuando era claro que no tenía nada de izquierdista ni de persona íntegra; y por el Acción Popular del 2016, liderado por el aristocrático y apristòn Alfredo Barnechea. Es abiertamente machista y homofóbico. Y en su lista congresal hay gente que reivindica la aventura golpista de Merino y la bancada de AP.

La derecha teme que Veronika Mendoza pase a la segunda vuelta. Para evitarlo, se inventa un Lescano izquierdista. Critican todas sus propuestas, pero calculan que, si pasa a segunda vuelta y gana, será tan fácil de domesticar como lo fue Ollanta Humala, y que en ello colaborarán los Diez Cansecos, García Belaundes, y Barnecheas y muchos de la bancada que llegue al Congreso.

Mientras tanto, con las candidaturas de Keiko y de Soto estancadas, en la derecha crece el fanático religioso Lopez Aliaga. Si Lescano y Lopez Aliaga pasan a segunda vuelta, tendremos que escoger entre dos machos conservadores.

3 de octubre de 2020

Hay otros virus y otras vacunas


Rosa Montero

Limpiando cajones me he topado con una campaña de Médicos del Mundo; la lanzaron en 2018, pero hoy resulta siniestramente actual. Se llamaba Virus Eva y sostenía que este virus, que afecta a las mujeres por el hecho de serlo, pone en riesgo la salud de 3.700 millones de personas. Daban datos tremendos, como el de que más de 800 embarazadas mueren cada día por causas prevenibles relacionadas con su estado. El sexismo es una suerte de pandemia selectiva.

Yo añadiría que el sexismo es también una conspiración, otra palabra de moda. Una conspiración milenaria que ha consistido en borrar toda huella de los logros de la mujer y en desdeñar sus aportaciones a la cultura y la historia. Pero ¿saben qué? Esa ignorancia causada por los prejuicios está a punto de recibir un golpe definitivo de manos de una mujer española.

Ana López Navajas es profesora e investigadora y asesora de Igualdad de la Consellería de Educación valenciana. Hace 10 años hizo un estudio sobre los referentes femeninos en los libros de texto de la ESO: sólo se citaba a un 7,6% de mujeres. “Vivimos en un absoluto fraude cultural, porque nos enseñan como universal una cultura parcial que ha prescindido de la enorme aportación de las mujeres”. Cierto; hasta hace muy poco todos creíamos que no había casi referentes de mujeres en el pasado porque tuvieron tantas dificultades que habían sido anuladas. Pero la verdad es mucho peor: pese a todas esas trabas, muchísimas hicieron cosas maravillosas que el sexismo se ocupó de suprimir de los anales. Por ejemplo, ¿quién es el primer autor literario de la historia de la humanidad? Pues una princesa acadia de hace 4.300 años, Enheduanna, autora de la obra Exaltación a Inanna. Asombra que no hayamos sabido nada de ella.

Ahora hay mucha gente motivada que intenta romper este relato sesgado. Están apareciendo numerosos catálogos de científicas, pintoras y demás disciplinas, pero esto, dice López Navajas, aun siendo muy válido, no es suficiente. “Hay buena voluntad, pero poco sistema. Lo de la igualdad y el 8 de marzo está muy bien, pero yo de lo que estoy hablando es de rigor científico y cultural. Es como el que da clase de ciencias y dice: ‘Hoy, que ya hemos acabado, vamos a hablar de Lise Meitner’. Pues no, habla de Meitner cuando toque, cuando expliques la fisión nuclear. O la exposición del Prado del año pasado sobre las pintoras. Pues estupendo, pero, por ejemplo, Fede Galizia fue la iniciadora del bodegón, y Clara ­Peeters, renovadora del género. ¿Tú crees que se las estudia cuando hablamos de bodegones? Di una charla en Catarroja, un municipio valenciano, y les dije que ahí había nacido una música formidable, Ethelvina Ofelia Raga, compositora y directora de banda, y dijeron: ‘Ah, qué bien, pues el 8 de marzo podemos…’. No, no; cogéis las fiestas patronales y el concierto principal lo hacéis con música de ella”.

Para que los profesores puedan hablar “cuando toque”, Ana lleva 10 años desarrollando un proyecto de una envergadura única en el mundo. Es un banco no sólo de datos de mujeres, sino también de sus obras, que además ofrece al profesorado y a las editoriales una serie de actividades que pueden usar en clase y en los textos siguiendo los contenidos de la ley de educación. Abarca de primero a cuarto de la ESO y es de acceso libre. Pero la gran noticia es que, después de una década cruzando el desierto, López Navajas acaba de conseguir dinero de la UE para hacerlo realidad. El proyecto Women’s Legacy cuenta con tres años de fondos europeos que pagarán a un equipo de más de 100 personas. Muy pronto puede haber una primera generación de españoles que haya crecido conociendo un mundo más real. “Me dicen: ‘Ahora hay que hacer una historia feminista’. No, perdón. Lo que hay que hacer es una historia, y punto. Porque lo que ahora hay es una historia con adjetivo, sesgada, androcéntrica y mal hecha. El feminismo es el que nos ha llevado a poder escribir una historia normal y verdadera”. Ese cambio en el relato del mundo no es baladí; el ninguneo milenario de las mujeres nos ha llevado al virus Eva, a la devaluación y el maltrato. Quiero decir que el hecho de que en la ESO sólo se cite a un 7,6% de mujeres termina matando. Y el conocimiento es la mejor vacuna contra este virus.  

16 de junio de 2020

Machismo, homofobia y discriminación: los ‘monumentos’ a derribar en el Perú

Lucia Solis  

La muerte de George Floyd a manos de un policía de Minneapolis el pasado 25 de mayo desencadenó una serie de protestas alrededor del mundo contra el abuso sistemático del poder cometido por las autoridades contra la comunidad afrodescendiente.

En medio de las movilizaciones de Black Lives Matter, se derribaron y pintaron estatuas de personajes como Cristobal Colón y Winston Churchill, señaladas por “encarnar la violencia histórica y el racismo”. Pero, más allá de monumentos físicos, cabe preguntarse sobre las representaciones que existen en el Perú y que perjudican a una gran parte de la población.

El machismo, la homofobia y la discriminación representada en el racismo, forman parte de la vida de todos los peruanos. Son ‘monumentos’; representaciones que no se pueden ver a simple vista por las calles pero que se erigen y se han mantenido consolidadas día a día a través de instituciones como la familia, la religión, el colegio y los medios de comunicación.

''Mucho se ‘hereda’ y aprendemos prácticas buenas y malas de quienes nos anteceden, pero también aprendemos de los medios y de aquello que se nos inculca en instituciones educativas. En nuestro país, los medios aún hoy dañan de forma estructural nuestra sociedad con cada comentario racista, con cada escena en la que se convierte a la mujer en un objeto, con cada personaje de discurso vacío que se ha abierto espacio solo por corresponder a un estereotipo físico o a un apellido'', explica Fabiola G. Arce, politóloga e investigadora social.

La normalización y preponderancia en el tiempo de estos ‘monumentos’ simbólicos son parte de la realidad peruana y se asientan cada vez más. ''El racismo, el machismo, la homofobia, y otras formas de discriminación y exclusión no solo dañan la individualidad sino que afectan también a las sociedades en su conjunto. Estas prácticas se traducen en desigualdad y la desigualdad es una de las más crudas limitantes al desarrollo común'', agrega Arce.

Al ver, en las protestas de Black Lives Matter, la estatua de Cristobal Colón caer al suelo o la de Winston Churchill con la palabra ‘racista’ pintada con spray, algunos sectores de la sociedad, entre ellos los medios de comunicación, condenan estos actos desenfocando el verdadero trasfondo simbólico de las acciones. ''A los monumentos se les asigna valor según aquello que representen para la comunidad que los pone en pie, y en muchos casos, sino en todos, representan visiones parciales y muchas veces excluyentes'', explica.

''Muchas personas que ahora tienen una reacción contraria a la destrucción de estatuas, observaron de manera silenciosa como el racismo y la discriminación racial impactan en nuestras vidas [...]. Han sido siglos de silencio y el nivel de indignación es muy alto. Lo que sí es urgente es no quedarnos en esto, sino pensar y ejecutar transformaciones estructurales que urgen en nuestros países, donde las brechas por cuestiones étnico raciales siguen presentes'', explica Sofía Carrillo, periodista y activista contra el racismo.

Entonces, ¿sirve a mediano o largo plazo deshacerse simbólica y físicamente de aquellas estatuas que representan la división, violencia y segregación entre las personas? Arce considera que debemos aguardar a ver ''a qué tipo de historia nos llevan estos hechos". "Espero que nos conduzcan a una en la que seamos más capaces de tratarnos como iguales y de no ser condescendientes ante el abuso'', sentencia.

Mientras que diversas construcciones en el mundo van cayendo; en el Perú, los ‘monumentos’ de la violencia y el abuso de poder representados en el machismo, la homofobia y el racismo no son estáticos, sino que conllevan a consecuencias fatídicas y determinantes para las personas que los sufren: mujeres, comunidad afrodescendiente y LGTBI. Mantener estas construcciones ‘'implica que hayan colectivos y pueblos que siguen no siendo reconocidos como sujetos y sujetas de derechos [...]. ¿Puede un paìs con tan grandes brechas económicas, sociales y culturales aspirar al desarrollo? ¿Cómo podemos concebirlo sin que todos y todas gocemos de nuestros derechos?'', se pregunta Carrillo.

Durante el estado de emergencia, se han reportado 21 feminicidios, 557 desaparecidas y 350 denuncias de violencia sexual a niñas, según datos del Ministerio de la Mujer y la Defensoría del Pueblo. Por otro lado, ''los Censos del 2017 son reveladores [...]. En el caso de población indígena de la Amazonía, un 46,8 % está en situación de pobreza, un 33.4 % de afroperuanos y 28.1 % de indígenas de los Andes'', agrega Carrillo. Entonces, ¿son tan importantes los monumentos como las construcciones sociales más enquistadas como la violencia de género, la homofobia y el racismo?

''Perder una estructura nos podrá apenar, pero perder a una persona o tolerar el abuso sistemático a una comunidad es radicalmente peor y si nos apena un monumento, nos debería apenar aún más haber sido lo suficientemente condescendientes con el abuso [...] '', indica Fabiola Arce. ''Pienso que estamos en un momento trascendental para cambiar el rumbo de la historia. Los costos pueden ser altos [...], pero vale la pena si realmente vamos a contribuir a construir una sociedad con igualdad y sin discriminación'', enfatiza Sofía Carrillo.


https://www.leerydifundir.com/2020/06/machismo-homofobia-discriminacion-los-monumentos-derribar-peru/