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15 de julio de 2020

Coronavirus, pueblos originarios y un genocidio sin reparación

Darío Aranda

La Covid-19 y la cuarentena agravaron todos los aspectos de vida de los pueblos originarios de Argentina. Es una de las conclusiones de una investigación inédita, en la que participaron más de cien académicos de doce universidades públicas. Afirman que en los últimos meses se agravaron los desalojos, la violencia y, destacan, la ayuda estatal no llega en tiempo ni forma. Recuerdan que las comunidades indígenas tienen dificultades para acceder a la salud y hasta para hacerse de agua para consumo. Puntualizan sobre las consecuencias del extractivismo y del genocidio que aún no tuvo reparación.

Más de cien académicos de treinta grupo de investigación (muchos de ellos del Conicet) de doce universidades acaban de publicar la investigación “Efectos socioeconómicos y culturales de la pandemia Covid-19 y del Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO) en los pueblos indígenas en Argentina”, donde se describe en detalle la situación de las comunidades originarias de las regiones Metropolitana, Pampeana, Noroeste, Noreste, Cuyo y Patagonia.

“Esta coyuntura agrava la situación de desigualdad socioeconómica, la irregularidad en la posesión de las tierras que habitan, la histórica invisibilización, estigmatización y, en ocasiones, criminalización asociada a su condición sociocultural”, afirma la investigación. Y advierte sobre la “profundización y exacerbación de situaciones de racismo, discriminación, violencia verbal y física hacia los integrantes de los pueblos originarios, a través de acciones arbitrarias, y/o graves abusos por parte de funcionarios de diversos organismos públicos, instituciones sanitarias y/o fuerzas de seguridad”.

Señala que el ASPO es una medida “necesaria para evitar la expansión del virus”, pero remarca que la consecuencia inmediata fue “la paralización del empleo y una abrupta retracción de los ingresos de los integrantes de los pueblos indígenas, en gran medida informales, influyendo radicalmente en su economía comunitaria (…) los pueblos indígenas son los sectores en mayor situación de precariedad estructural tanto socioeconómica como cultural y los que sufren en mayor grado los efectos de la pandemia y el ASPO”.

El trabajo, de 500 páginas, aborda la coyuntura, pero también realiza una clara vinculación del presente con aspectos estructuras que afectan a los pueblos originarios: “Muchas comunidades ya venían siendo afectadas por situaciones vinculadas a dinámicas extractivistas en los territorios, como la expansión de la frontera agraria con los consiguientes desmontes, el uso de agrotóxicos, la megaminería y la explotación de hidrocarburos, entre los principales, con fuertes efectos ambientales, epidemiológicos y en sus condiciones de vida en general”. Los investigadores cuestionan: “Paradójicamente son esas actividades las que se encuentran entre las exceptuadas del cumplimiento del aislamiento social, preventivo y obligatorio (ASPO) en Argentina, por tratarse de actividades definidas como esenciales”.

Respecto a los problemas vinculados a la alimentación, resalta que en muchas comunidades se consume agua de pozo o reservorios contaminados, que generan diversas enfermedades. Señalan dificultades para acceder a la entrega de mercadería que realizan instituciones oficiales y el “desmedido aumento” de precios de los alimentos. Y remarcan que se repiten casos de comunidades indígenas que tuvieron dificultades para acceder al cobro del IFE.

El informe precisa recomendaciones para mejorar la situación de las comunidades. Comienza por la exigencia del “efectivo cumplimiento de los derechos de los pueblos originarios” previstos en la Constitución Nacional (artículo 75, inciso 17), el Convenio 169 de la OIT, legislaciones nacionales y provinciales. “Exigimos la efectivización del derecho a la consulta de carácter vinculante y el Consentimiento Libre, Previo e Informado, previsto en las diversas normativas”, remarcan e instan a, de forma urgente, generar mecanismo de participación para las organizaciones indígenas.

La investigación retoma un reclamo histórico de las organizaciones indígenas: “Consideramos necesario que el Estado Nación repiense (o quizás inaugure) nuevos formatos en el vínculo que históricamente ha tenido con los pueblos originarios. Esto implica discutir y tomar una posición clara frente a una historiografía que sistemáticamente ha negado su presencia misma y, desde ya, el genocidio hacia los pueblos indígenas de nuestro país”.

“La responsabilidad del Estado (en sus diferentes niveles) en tal genocidio es central y las consecuencias de su histórico accionar violento no solo continúan, sino que en el contexto actual del ASPO, como hemos visto, se agravan. Es clave diseñar una agenda pública que implique una reparación histórica. Entendemos que debe conformarse un fondo de reparación histórica destinado a los pueblos originarios”, afirma la conclusión de la investigación.

Entre las instituciones académicas que participaron de la investigación figuran el Instituto de Ciencias Antropológicas de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA), el Laboratorio de Investigaciones en Antropología Social de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo (UNLP), la Cátedra de Extensión Rural de la Universidad del Comahue, el Instituto de Humanidades y Ciencias Sociales del Litoral, el Instituto Interdisciplinario Puneño (UNCA), La Escuela de Antropología y el Instituto de Investigaciones en Ciencias Sociales y Humanidades (ambos de la Universidad de Salta) y la Red del Grupo de Estudios sobre Memorias Alterizadas y Subordinadas (Gemas), entre otras.

Agua y enfermedades

Todas las campañas de prevención de coronavirus hacen hincapié en la importancia del lavado de manos. “La falta de acceso a servicios de agua, no solo en cantidad sino también en calidad, y de elementos básicos de higiene limitan la posibilidad de contar con condiciones de salubridad para hacer frente a la pandemia”, afirman los investigadores sobre la situación indígena y puntualizan en la inexistencia de infraestructura en las zonas rurales para el abastecimiento de agua potable y la carencia de fuentes seguras para el consumo (por los altos niveles de contaminación). También precisan que los pueblos indígenas son afectados por tuberculosis, chagas, desnutrición, anemia y parasitosis, así como enfermedades crónicas como la diabetes y constantes gastroenteritis. “Se suma el dengue que se encuentra en un pico estacional”, alertan.

La investigación describe que la modalidad de educación virtual casi no existe entre las comunidades indígenas, con el agravante de que eso ha llevado al abandono de los estudiantes indígenas. “Este contexto ha venido a subrayar las desigualdades históricas” respecto a los pueblos originarios, afirma el trabajo.

El informe abarca el análisis de comunidades de los pueblos Qom, Mbya, Moqoit, Mapuche, Guaraní, Tupí Guaraní, Avá Guaraní, Kolla, Diaguita, Diaguita-Calchaquí, Wichí, Huarpe, Quechua, Aymara, Nivaclé, Tonokote, Omaguaca, Tastil, Günün a Küna, Comechingón, Comechingón-Camiare, Ocloya, Iogys, Chané, Tapiete, Chorote, Chulupi, Sanavirón, Ranquel, Wehnayek, Atacama, Lule, Quilmes, Mapuche-Pehuenches, Tehuelches, Mapuche-Tehuelches, Selk‘nam, Haush y Selk‘nam-Haush.

11 de julio de 2020

Perú: Breve balance de la pandemia al comienzo del camino

Rodrigo Montoya Rojas

Honor y gloria para Santiago Manuin Valera:  Admirable dirigente del pueblo awajun, honrado, valiente y digno. Recuerdo su gesto en junio de 2009 en la Curva del diablo, cerca de Bagua, con los brazos levantados, diciéndole a los policías que no disparen, pero los policías lo pusieron al borde de la muerte, con una ráfaga de balas. Felizmente, no murió. No era simplemente un Apu o dirigente de una comunidad nativa sino más que eso, era un Pamuk, la más alta autoridad el pueblo Awajun. No pudo resistir al corona virus.

Después de 3 meses y medio -105 días de cuarentena y toque de queda y emergencia nacional- el coronavirus dirigió uno de sus incendios a los buses y microbuses de Lima, luego de pasar por mercados, bancos, y calles con vendedores ambulantes.

Corre ahora el gobierno a tratar de apagarlo con toda el agua posible a su alcance, también con una buena dosis de gasolina por eso de autorizar a que todo el mundo salga de casa, por la falta de buses, y por la receta de emergencia para que los buses lleven solo la mitad de pasajeros sentados.

La maravillosa paz artificial de las calles y playas de Lima -llenas de silencio, tranquilidad y gaviotas- fue rota en menos de tres días. Antes que el presidente Vizcarra, fueron los vecinos urgidos por movilizarse, los transportistas de ocasión con sus autobands, y el ministro de Defensa, quienes anunciaron el fin de la cuarentena y el regreso a la “normalidad” de 105 días atrás.

Las palabras vacías una “nueva” u “otra” “normalidad” sirven solo para que quienes las usan se engañen y hagan creer a quienes les leen o les escuchan que “nada será como antes”. Esta crisis del transporte en Lima viene de lejos; entre muchos, citaré solo dos momentos: para beneficiar a la industria automotriz, presentada como moderna, los operadores del capitalismo, decidieron acabar con los tranvías, el mejor sistema público de transporte en la historia de Lima; 30 años más tarde, Fujimori y sus aliados militares abrieron las calles de Lima a los microbuseros, separaron a Lima del Callao como espacios urbanos independientes, y autorizaron la importación de vehículos japoneses y coreanos de segunda mano. Estos dos hechos son parte de un capítulo poco conocido de la corrupción. Congresistas y afiliados de los partidos Acción Popular, Popular Cristiano, Fuerza Popular y los periodistas del pensamiento único, debieran conocerlos o recordarlos para tratar de curar la amnesia senil que los devora. El crecimiento demográfico de Lima, camino a los cerros y arenales en todas partes, ha sido y sigue siendo el otro lado de la tragedia del transporte urbano en Lima y en todo el país.

El gobierno debiera haber estado advertido del incendio que se preparaba en el transporte y habría podido hacer un esfuerzo para poner en las calles a los buses escolares, militares, policiales y del servicio interdistrital y provincial, para aumentar el número de buses que se requiere para llevar la mitad de pasajeros habituales en cada viaje. Lo mismo ocurrió con la falta de camas en los servicios hospitalarios y de espacios para montar hospitales de campaña. La aparentemente generosa iglesia católica, los ministros de Educación, rectores de universidades, y dueños de colegios particulares no ofrecieron sus salones de clase y patios de sus centenares de colegios para instalar hospitales de emergencia. Por su parte, el gobierno dejó sin uso para la emergencia posible el gran edificio de convenciones en San Borja y prefirió la periferia en Villa El Salvador con los vacíos departamentos construidos para los Panamericanos. Hoy seguimos viendo el doloroso espectáculo de pacientes que luego de muchas horas de espera mueren en los pasillos exteriores de los hospitales con el frío del invierno limeño que alimenta la neumonía.

Estamos en una parte del camino de la pandemia, en una primera Curva descendiente y por el momento debajo de R-1, ese terrible indicador del número de contagiados por cada uno de los infectados. Solo cuando lleguemos a R-0 la epidemia habrá sido vencida. No sabemos cuánto más daño puede causar este virus, ni cuánto durará; en consecuencia, no hay modo de cantar victoria, en ninguna parte.

El gobierno centró lo principal de su atención en el esfuerzo por multiplicar las camas hospitalarias y de Unidades de Cuidados Intensivos (UCI), sacrificando la atención médica en casa o prehospitalaria, dejando de atender en uno o dos hospitales públicos a pacientes con enfermedades ajenas al coronavirus. Esta es una de las fuentes del subregistro de fallecidos presentado oficialmente. Entre los que murieron como sospechosos de haber sido víctimas del virus, debemos contar a unos que sí lo tuvieron y a otros que no. Hay que contar también a quienes murieron por otras enfermedades no atendidas en los hospitales. Por lo tanto, titular “27 mil muertos” en revistas y periódicos es una irresponsabilidad de los tituleros y directores de los medios porque una suma como esa tiene por lo menos dos componentes ajenos al virus.

No tomar en cuenta esta evidencia de la realidad, esconde un deseo inconsciente o consciente de contribuir con un poco de agua al molino de quienes quieren que el gobierno fracase y, tal vez, hasta que caiga como los anteriores. Personalmente, quiero que el gobierno logre contener la pandemia y evitar una segunda ola que sería fatal por dos sencillas razones: la primera es que me gustaría que no haya una víctima más de esta tragedia. Basta ya: como siempre los empresarios saldrán con las suyas aprovechando las oportunidades de ganancias que les da la crisis; por su lado, todos los marginados de la formalidad, llamados informales y/o pobres ponen los muertos, pierden sus empleos y se empobrecen más de lo que ya estaban. La segunda, es que yo no quisiera ser una víctima más. Tengo razones de peso para seguir viviendo y otras para oponerme sin ambigüedad alguna a la política que el gobierno sigue para favorecer a los empresarios y sacrificar a los pobres, como sostuve en mis artículos anteriores, en este y en los que vengan.

En este breve balance al comienzo del camino, examinaré: 1) las opciones del gobierno para ayudar de manera extraordinariamente desigual a los empresarios y al pueblo; 2) las dos caras de la luna llamada solidaridad; 3) más miserias para ahondar el pozo de la vergüenza; y 4) la presencia de las fuerzas armadas y policiales. Quedan muchos otros puntos por supuesto.

UNO. Opciones del gobierno para ayudar de manera extraordinariamente desigual a empresarios, de un lado, y a pueblos indígenas, campesinos y sectores populares urbanos, de otro.

Un mes después de iniciada la cuarentena, a mitad de abril, el gobierno ofreció 30 mil millones de soles para ayudar a las empresas; unas semanas después, 30 mil millones más. Siguieron después millones, muchos millones más para evitar que las AFP corran el riesgo de perder su patrimonio, para las pequeñas y medianas empresas, para reflotar el turismo y últimamente para las empresas de transporte interprovincial. Seguirán las compañías aéreas y algunas sorpresas más. La palabra subsidio volvió ya, plenamente, en el lenguaje oficial. El presidente y los funcionarios del Estado reconocen su compromiso y atención preferencial a la llamada “economía formal”, y su rechazo a la “economía informal”, a la que consideran como una de las responsables de la actual crisis económica. Formal e informal son categorías del habla cotidiana y no conceptos teóricos sólida y científicamente sustentados. Un comportamiento formal quiere decir serio, respetuoso del protocolo –norma, etiqueta– socialmente considerado como correcto. Informal, es lo contrario. Vestirse formal o informalmente son opciones de presentarse en una reunión, por ejemplo. Para que los acuerdos tomados en una reunión sean considerados como compromisos la reunión debe tener un carácter formal. De ahí que informal sea el adjetivo reservado para quien no cumple un compromiso.

Detrás de este lenguaje coloquial se esconde la economía capitalista considerada como seria, buena, ajustada a las reglas o convenciones sociales; virtudes que resaltan más si se considera que los llamados informales carecerían de ellas. El drama comienza si se toma en cuenta que antes de la pandemia “el 70% de la economía era informal” y que desde el Estado nunca hubo una voluntad seria, “formal,” de formalizar a los informales. Gracias a los problemas para que los beneficiarios escogidos puedan cobrar los bonos de 760 soles, los funcionarios del Estado se enteraron que la bancarización de la economía no llegaba al 40% y también cuando vieron que la orden oficial de quedarse en casa e ir al mercado una vez por semana era aplaudida en los barrios de clases medias, pero no en los pueblos jóvenes. Supieron también los funcionarios y los periodistas de los grandes medios que allí, menos de la mitad de la población tiene una refrigeradora y que quienes comen con el trabajo del día a día en mil oficios no tienen dinero para hacer compras semanales o mensuales como los consumidores compulsivos de papel higiénico.

La situación es más grave aún si se tiene en cuenta que los irresponsables del gobierno y los medios de comunicación culpan a los informales de la crisis que vive el Perú hoy, sin haberse preguntado nunca por qué los llamados informales fueron excluidos de esa maravillosa economía capitalista formal tan llena de aparentes virtudes.

Mientras las empresas han recibido, están recibiendo y seguirán recibiendo los miles de millones de soles de ayuda-préstamos-subsidios, el 50 o 60 % de la población, en la que se encuentra una buena parte de los llamados informales, recibirá de la generosidad gubernamental –luego de sesudos estudios y cálculos– un bono casi universal de 760 soles para cada uno de los 6 millones 200 mil hogares-familias. A cada familia pobre le tocó 7.60 soles por día en los 105 de cuarentena (2.17 dólares) y solo 1,52 soles por persona, algo menos de la mitad de un dólar. Hasta hoy, el 10% de los beneficiados no ha podido cobrar ese bono. ¿Se trata de una broma de mal gusto?, No. Esta es la cruda y brutal realidad del Perú.

Esta cruda realidad, cubierta por muchos velos desde el poder, que volvió a aparecer gracias a la maldad gubernamental de esta ayuda de 1.52 soles por día durante tres meses, fue visible en cuatro hechos de gran importancia simbólica: “Aquí termina Lima”, “Regresen a Lima, no los queremos aquí”, una “Bandera blanca” (“En esta casa no tenemos qué comer”) y, finalmente, “Desaparezcan, aquí los informales-ambulantes son indeseables”).

“Aquí termina Lima” es la frase que condensa la decisión de los jóvenes más pobres en Lima de irse de la capital, a pie, primero a Huancavelica y después a casi todos los Andes y parte de la Amazonía. La falta de trabajo, la orden militar de quedarse en casa y el hambre pudieron más que su deseo de quedarse. Es la renuncia simbólica al sueño de Lima como el ideal de ciudad para vivir, descrito en un viejo valse El provinciano, de Laureano Martínez Smart: “Las locas ilusiones me sacaron de mi pueblo/ abandoné mi casa para ver la capital/, como recuerdo el día feliz, de mi partida…”. No diré más, pues he consagrado el artículo 2 de mi serie sobre la pandemia a esta posible ruptura con el pasado.

“Regresen a Lima, no los queremos aquí” es la frase con la que las comunidades y pueblos reciben a sus propios familiares y a decenas de miles de migrantes de regreso que vuelven a la tierra en que nacieron, en busca de la casa familiar, un plato de comida, el paisaje, una parte de su pasado. Huyeron del virus y la pobreza brutal en Lima, y por ser portadores reales o potenciales del mismo virus les dicen que se vayan. Dos tragedias en una: por irse y por tratar de volver; Lima en el corazón de esas tragedias. En la decisión de obligarlos a regresar a Lima pesó más la voluntad de sobrevivir al virus que la tradición del ayllu-comunidad de recibir a los suyos con unas hojitas de coca y al abrazo cariñoso de toda la vida. Volveré a explorar esta doble tragedia en otro artículo.

Frente a la letanía oficial del “Quédense en casa”, los que no la tienen o tratan de levantarla en los cerros y arenales –entre cartones, plásticos y hojas de triplay–¬ y no tienen trabajo para el día a día apelaron a mostrar una “ bandera blanca” con el mensaje simple: “en esta casa no tenemos qué comer”. No hay nada que explicar. Es una cachetada para los responsables y beneficiarios del “desarrollo económico” sostenido del Perú en los últimos 30 años. En la sencillez de su mensaje esa banderita es una confesión de no poder más, y que al colocarla se está aceptando la vergüenza de haber llegado hasta ese extremo. No se trata solo de la falta de comida; en el fondo, la dignidad de aceptar la vergüenza está por encima de todo, con un costo afectivo muy grande.

Finalmente, “Desaparezcan, aquí los informales-ambulantes son indeseables” fue el cordial saludo de la Policía, quienes antes del cierre de la cuarentena se atrevieron a salir a las calles de La Victoria, alrededor del emporio comercial de Gamarra, con unas bolsas y paquetes de mercancías para poder conseguir unos soles y alimentar a los hijos. Conocemos en Lima esta historia de persecución a los ambulantes; lo nuevo de ahora es que entre ellos y ellas hubo y hay comerciantes con la prohibición de abrir sus tiendas. Caballos, bombas lacrimógenas, detenciones y requisas de la mercadería, reaparecieron como parte del viejo libreto del abuso oficial-formal, contra los ambulantes informales. Más de lo viejo, nada de algo llamable nuevo en el trato a peruanos considerados de última categoría.

Cada una de estas tragedias y abusos sentidos y vividos por nuestros hermanos de abajo en el Perú dejan huellas imborrables de dolor, de cólera, de rabia, de ganas de venganza. ¿Cuánto más habrá que esperar para que una conducta oficial como esta sea parte del pasado? Cuán útil sería que los muchos psicoanalistas y psicoterapeutas investiguen estos hechos y ofrezcan soluciones. Los curanderos y chamanes entienden de estos temas y ayudan para que las víctimas sufran menos.

Dos. ¿Solidaridad? Sí, por reciprocidad entre pares; no, por limosna y compasión.

Los limeñísimos periodistas de los medios de comunicación han ido descubriendo el Perú en el día a día de esta cuarentena-toque de queda. Uno de sus últimos hallazgos ha sido la solidaridad, que dicha así, en general, quiere decir poco o nada, porque hay dos solidaridades muy diferentes: una individual y, otra, colectiva. Les llama la atención la solidaridad visible en la generosidad de un sacerdote que en Iquitos tuvo la iniciativa de reunir fondos para conseguir una planta de oxígeno, de un comerciante que siguió vendiendo los balones de gas al mismo precio del mercado y se negó a quintuplicar ese precio; de un productor de codornices que prefirió regalarlas vivas antes de que murieran de hambre porque no tenía como sostener su pequeña empresa; de una pareja que ofrece un almuerzo a unas 40 personas de un pueblo joven que no tenían qué comer. Habrá, seguramente, muchos casos más como los que acabo de describir.

Una olla común preparada por grupos de personas ligada o no necesariamente a un antiguo comedor popular, tres o cuatro familias que se reúnen para preparar cada día un solo almuerzo con la contribución de cada una de las unidades domésticas para ahorrar los gastos que supondría preparar cuatro almuerzos por separado; intercambiar almuerzos entre familiares, (“hoy me toca, mañana a ti), ofrecer almuerzos a los viejecitos del barrio que no tienen a nadie, etc. Los casos que acabo de mencionar son repetidos en pueblos jóvenes y barrios populares, ilustran la solidaridad colectiva, entre pares e iguales de personas que comparten relaciones de parentesco que provienen de las comunidades y o pueblos de origen, o relaciones fraternas de vecindad. En la base de esta conducta solidaria está el principio de reciprocidad de las comunidades andinas y nativas, de los pequeños clubes de migrantes de tal o tal comunidad de tal o tal provincia, de las organizaciones de vecinos en segmentos de los asentamientos humanos en cerros y arenales de los suburbios de Lima. Si los periodistas preguntasen a estas personas vinculadas por relaciones de parentesco y reciprocidad ¿de dónde son ustedes? Las respuestas serían muy sencillas: de tal pueblo o comunidad. Hay en ese comportamiento una identidad colectiva, más importante que el yo individual. Hasta allí no llega a plenitud el discurso occidental y criollo: nada de comunidades, solo individuos y nada más.

Las canastas de víveres que se reparten a los pobres a partir de iniciativas oficiales, privadas o individuales, son ofrecidas de arriba hacia abajo, con el espíritu de compasión de las iglesias cuando los pobres sufren por catástrofes como terremotos, inundaciones, sequías, epidemias y pandemias. La vergüenza en el reparto de canastas de víveres por encargo del gobierno a los 196 alcaldes provinciales y 1874 distritales del país merece una atención y una explicación especiales. El gobierno cometió un grave error al confiar en los alcaldes como representantes del pueblo. En gran parte de esas alcaldías la representación es más ficción que realidad. Hasta allí los partidos como pequeñas máquinas electorales no llegan. Ganan quienes tienen proyectos personales claros comprometiendo en una coalición temporal a un grupo de aliados individuales con sus propios intereses personales. ¿Qué sentido tenía regalar la limosna de una canasta de víveres para tres o cuatro días a distritos alejados? Cada alcalde nombró un responsable y una comisión para comprar los víveres, preparar las canastas y repartirlas. De ese modo, estaba tendida la mesa o el arca donde los justos pecan, según la sabiduría de la Iglesia católica. ¡El gato nombrado de despensero! Con obvias excepciones, por supuesto.

Si el gobierno hubiera montado sus propuestas de ayuda (bonos y canastas, de víveres) contando con la participación y organización plena de los pueblos, otros habrían sido los resultados. Ya sabemos que desde el poder –de arriba hacia abajo– hay una distancia y desconfianza a todo lo que se parece a una organización de base, autónoma, independiente, con sus propios líderes escogidos por ellos y ellas sin intervención de los funcionarios del orden. El poder teme que en cada organización de base anidan “terroristas” y “enemigos de la democracia”. De ahí su necesidad de controlar y vigilar.

Un hecho histórico que debe merecer nuestra atención es la soledad de los pueblos indígenas y del pueblo en general, aún después de sus luchas por la tierra y el territorio, porque sus aliados eventuales llegados de las ciudades con el propósito de apoyarlos, se fueron poco tiempo después. Ha sido la reciprocidad y solidaridad entre pares e iguales y sus luchas para defenderse las que les ha permitido resistir a la dominación española-republicana y adaptarse a ella, al mismo tiempo. Si no fuera por eso, habrían desaparecido. Cuando esta pandemia sea parte del pasado, sus principios de organización social serán fundamentales para defender el planeta y crear opciones de vida más allá de la búsqueda de riqueza empresarial e individual del capitalismo presentado como encarnación de la república, democracia y libertad para que el pueblo no se dé cuenta.

Tres. Otras miserias en plena pandemia

Durante la cuarentena, se abrieron muchas grietas para ver al Perú en paños menores con sus grandes trapos sucios cuidadosamente ocultos, y los pequeños, visibles desde siempre. Son muchos, me conformo con presentar los casos de las clínicas médicas, los comerciantes fieles a su necesidad de ganar dinero sin escrúpulo alguno, el virus de corrupción en funcionarios civiles, policiales y militares, y la reaparición de ladrones con y sin corbata, de cuellos blancos o grises.

La clínica San Pablo debiera llamarse desde ahora Clínica San Pablo Omeprazol 165. Son contundentes las pruebas: cobró 165 soles por una pastilla de omeprazol que cuesta 1 sol y algo en las farmacias y 1 sol en los hospitales públicos. A sus dueños les dio la gana de aumentar 165 veces el precio. Todas las clínicas privadas cobraron y cobran precios astronómicos por recibir pacientes con el corona virus, 10 mil soles por día, 50,000 para ser recibidos, hasta medio millón o más por todo el período de internamiento. No entregar el cuerpo de la persona fallecida hasta que su familia no pague la deuda pendiente fue la perla mayor de la Clínica San Pablo Omeprazol 165. Sabemos que la atención en clínicas privadas es muy cara. Las novedades son cinco; cuán cara es; la Superintendencia Nacional de Salud que debiera ejercer un control en defensa de los pacientes, está pintada en la pared; que tienen acuerdos con el Ministerio de Salud; ¡oh sorpresa de sorpresas! las empresas de esta medicina privada habrían sido golpeadas por la pandemia y por eso deberían recibir la ayuda del gobierno; finalmente, que el gobierno ha prestado a varias de las clínicas grandes, decenas de millones de soles como parte de su planes de reactivar la economía. Si se beneficiaron y se benefician con la pandemia, ¿para qué pidieron préstamos y por qué el gobierno se los dio? Lectoras y lectores: ¡este es el Perú, ¿qué les parece?!

Para tratar de entender el drama de la salud en Perú tenemos el deber de introducir en el análisis algo fundamental: antes que instituciones al servicio de la salud, las clínicas privadas son empresas capitalistas cuya finalidad es muy simple: ganar dinero, crecer y ganar más dinero, hasta donde el bolsillo de los pacientes y sus empresas de seguros aguanten. Como empresas capitalistas, para crecer se multiplican y alían en eso que ahora se llama “integración vertical” con socios muy fuertes dentro y fuera del país: una clínica pertenece a una compañía de seguros, a su vez a un grupo empresarial, que trata de comprar el mayor número de farmacias, laboratorios y empresas de servicios de exámenes médicos (ecografías, tomografías, resonancias magnéticas, etc.) controla el mayor número posible de farmacias.

Como no puede haber clínicas sin médicos, los primeros pasos dados por médicos para formar pequeñas clínicas los han llevado a convertirse en empresarios de grande y mediano vuelo, en ese salto pierde la medicina como vocación de servicio público y gana la empresa privada como fuente de acumulación de riqueza personal.

El problema de la falta de oxígeno para los hospitales públicos y el durísimo drama de ver pacientes que mueren asfixiados en los pasillos de los hospitales mostró, por un lado, la enorme incompetencia de los funcionarios del Ministerio de Salud para asegurar el oxígeno necesario y, del otro, la miseria moral de los empresarios comerciantes por aprovechar de la pandemia para ganar más dinero llevando hasta el límite el principio del comercio capitalista: comprar para vender y ganar vendiendo todo lo que se pueda, hasta donde los consumidores aguanten. Nadie les enseñó que vender oxígeno a los hospitales y pacientes para salvar vidas no es lo mismo que vender papel higiénico. En la pequeña parcela del oxígeno están también los monopolios cuyos desconocidos dueños tienen grandes ganancias.

Cuando el gobierno, abrió la caja del Tesoro Público para tratar de apagar los incendios causados por el coronavirus quedaron tendidas las mesas o arcas en cada dependencia del Estado para que funcionarios en diversos ministerios, regiones o alcaldías y jefes policiales o de las Fuerzas Armadas hagan su agosto a través de compras con precios sobrevaluados. El periodismo tuvo acceso a muchos casos de corrupción que ya conocemos desde que el dinero llegó en los ideales de vida, corazón y alforjas de los cristianos-españoles en 1532.

Lo común a los casos que acabo de mencionar es que las denuncias se apagan y los escándalos se desvanecen. La Clínica San Pablo Omeprazol 165 publicó un aviso haciendo mea culpa. Parece que ahí queda todo. ¿Algunas sanción, multa o proceso judicial? De eso no se habla. Pareciera que en tiempos de pandemia no hay que castigar a nadie. Por ese camino, la corrupción sigue empedrando y ensanchando su camino.

Cuatro. Presencia de las fuerzas armadas y policiales en todo el país

La cuarentena frente al coronavirus fue anunciada en marzo al mismo tiempo que una declaración de emergencia y el toque de queda en el país, con el propósito de inmovilizar a la población, dejando en suspenso algunos de los derechos constitucionales de los ciudadanos. A medida que el virus se expandía, fue incrementado el número de soldados y policías en las calles, incluso fueron llamados al servicio algunos centenares de licenciados del Ejército. La presencia policial y militar ha sido cada vez mayor hasta el punto de ver a los ministros de Defensa y del Interior como casi voceros del gobierno anunciando medidas que, días después, confirma el presidente de la República. Figuran también en las campañas de propaganda oficial y de muchos medios de comunicación, como sacrificados héroes en la primera línea de combate en la guerra contra el coronavirus.

Una novedad que podría ser importante en el futuro peruano es la activa participación de las Fuerzas Armadas en el esfuerzo del gobierno por seguir a las personas infectadas a través de sus celulares para tratar de aislarlas y evitar que sigan contagiando a otras personas. Es el ejemplo chino a seguir. Lo digo porque ya está abierto en el mundo un debate político sobre la estrecha colaboración de las empresas Google, Facebook y Amazon con algunos gobiernos interesados en intervenir en procesos electorales para favorecer a un candidato presidencial como en el caso de Trump en Estados Unidos. Este punto es muy importante en la tensa y tirante relación del actual gobierno de Estados Unidos con China y Rusia, mientras que la Unión Europea trata de neutralizar el poder de esas empresas para ofrecer los datos que tienen de los ciudadanos para fines ocultos o no suficientemente claros. En consecuencia, la pandemia ofrecería la posibilidad de controlar más y mejor a los ciudadanos, sobre todo a aquellos que tienen una visión crítica de la política en sus países.

Cerrarle el paso a los ladrones y delincuentes comunes que dentro y después de la cuarentena continuaron haciendo su trabajo o salieron con renovados ímpetus de recuperar los meses perdidos ha sido y seguirá siendo, obviamente uno de los puntos centrales del trabajo policial. Lo es también seguir de cerca, apresar, multar y fichar, a los ciudadanos que dentro de las horas del toque de queda optaron por reunirse, hacer fiesta, beber, jugar una pichanguita de futbol o simplemente protestar por la imposición de ese toque de queda y expresar su rabia contenida por el encierro. Volvieron a hacer lo de siempre en la persecución de los vendedores ambulantes que salieron a las calles a tratar de vender algo para poder comer, tratarlos de informales, dispersarlos con bombas lacrimógenas, empujones con caballos, y en algunos casos apalearlos y requisarles sus bolsas con mercancías por vender. Esa conducta en medio de la pandemia cuando el hambre, la pérdida de empleos y el dolor por la pérdida de seres queridos duelen intensamente, deja una huella que quedará grabada en sus memorias.

La cuestión de la heroicidad en la primera línea de combate en la guerra contra la pandemia merece algunas precisiones: la primera línea corresponde a los equipos médicos que trabajan en las diversas instancias del sistema hospitalario (intensivistas, clínicos, anestesistas) acompañados de enfermeras especializadas, laboratoristas, técnicos o tecnólogos o tecnólogas, auxiliares, personal de limpieza y lavado de ropa, etc. Esa primera línea es el punto de contagio mayor y de pérdidas de decenas de vidas por trabajar sin la protección debida. En segunda línea aparecen los policías tratando de cuidar el orden en calles, mercados, bancos, buses y microbuses, mucho más desprotegidos que los equipos médicos. En tercera línea, aparecen los oficiales y soldados del Ejército, con tareas de control en apoyo a los policías. En las tres líneas hay centenares de fallecidos, son víctimas que merecen nuestra gratitud y recuerdo. Debemos ver a las 10,589 víctimas del recuento oficial de la pandemia hasta ayer, 5 de julio, y las que se sumen cuando las cifras sean claras, como a hermanas y hermanos porque son como nosotros, nacidas y nacidos en el mismo suelo, o patria, y no como simples cifras de un cuadro estadístico oficial.

Más tarde intentaré abordar dos conjuntos de problemas pendientes: el primero, presentado con la frase vacía “otra normalidad” y comandado por la Confiep con el viejo principio en la aparición del Estado nacional italiano: “Hay que cambiar en algo las cosas para que todo igual”, propuesto en la novela El gato pardo, del novelista italiano Guiseppe Tomasi de Lampedusa. La novela está disponible en Internet, versión PDF, así como la película con el mismo nombre, dirigida por Luchino Visconti, puede ser vista gratis on line en castellano.

El segundo bloque, el más difícil, tiene que ver con las lecciones de la pandemia para repensar el Perú como país, empezando con el sistema de salud. Ya es posible pensar en serio cómo nos gustaría que fuese el sistema de salud en el Perú.


https://www.leerydifundir.com/2020/07/peru-breve-balance-la-pandemia-al-comienzo-del-camino/

6 de julio de 2020

COVID-19: ¿A dónde vamos cuando el corazón está adolorido y el alma ha salido del cuerpo?

Leonardo Tello Imaina – Radio Ucamara

San Jorge es una comunidad kukama asentada en la margen derecha del río Marañón, a 2.15 horas de Nauta. Al lado de la comunidad de San Jorge se encuentra el río Chiri yacu, un meandro por donde alguna vez pasó el Marañón, lugar de pesca y donde están asentadas siete comunidades kukama. El año 2016 y 2017 muchos niños y adolescentes de estas comunidades experimentaron “posesiones diabólicas” como lo afirmaba la población.

El virus había llegado en mayo a San Jorge. A inicios de junio, nuestro corresponsal Sixto Pizango reportaba cómo el Covid-19 estaba enfermando a sus pobladores. Fueron muchos reportes de Sixto pidiendo ayuda con pruebas rápidas y medicina. Nauta se encontraba en crisis y todos los días morían muchas personas víctimas del Covid-19. La provincia estaba en caos con los contagios y la falta de atención. A San Jorge, pese a ser una comunidad cercana a Nauta, no llegó la ayuda. La decisión de Sixto Pizango con quien conversábamos muy seguido para saber cómo se encontraban, fue junto a todas las autoridades de la comunidad preparar medicina natural para tratarse con ella. Sixto cuenta que en uno de sus sueños le dijeron cómo preparar un remedio contra el Covid 19. Se lo dio a su familia y a cuantos pudo ayudar y mucha gente recuperó su salud.

El 23 de mayo pasado Isabel Tamani Ahuanari (72) falleció víctima de Covid, dejando viudo a su esposo Víctor Parana Manamú (84). Desde entonces, nada fue igual en la vida de Víctor. La pesca, las comidas juntos, las tardes de baño a orillas del Marañón cuando regresaban de la chacra, las conversaciones dentro del mosquitero… Nada volvió a tener sentido.

La población en su conjunto se había guardado en sus casas a tomar medicina natural y cuidar de sus enfermos. Víctor hizo lo mismo, pero él solo con sus recuerdos. El 23 de junio era el cumpleaños de Isabel, vísperas de la fiesta de San Juan. Víctor no soporto más su soledad y bañándose él mismo con gasolina, se prendió fuego.

La población estaba consternada. Al día siguiente le dieron sepultura. Desde Radio Ucamara narramos con dolor y preocupación esta lamentable noticia.

¿Qué nos depara la post-pandemia?

Cuando se salga de la cuarentena muchos preguntarán sobre sus deudos. ¿Cómo les vamos a responder a los abuelos y abuelas cuando pregunten sobre las ausencias de familiares en tan poco tiempo? ¿Cómo les vamos a responder a los niños y niñas? ¿Cómo? ¿Cómo vamos a prepararnos para sentir, para sentirnos, para hacer luto?

La reactivación económica que impulsa el Gobierno está teniendo en cuenta solamente al sector empresarial. ¿Qué va pasar con las familias que no dependen directa ni indirectamente de las empresas, pescadores y agricultores que nos han sostenido esta cuarentena, por ejemplo?

El tema de la salud mental en la ya frágil salud de los pueblos que en la última década se han visto sumergidos en olas de suicidios debe abordarse con seriedad. ¿Quién lo va hacer? El plan para salvar el año escolar está generando estrés en los estudiantes y sus familias. Es un plan que excluye a los pueblos. ¿Quién debe poner atención y soluciones inmediatas?

Preguntas obligatorias que debemos responder todos con acciones. Principalmente el Estado con todos sus rostros. Desde Radio Ucamara junto a nuestras comunidades venimos ya organizándonos e implementando algunas acciones gracias a gente generosa que nos va ayudando. Esperamos que ésta post pandemia no nos pesque gélidos y sin alma.


https://www.leerydifundir.com/2020/07/covid-19-donde-cuando-corazon-esta-adolorido-alma-ha-salido-del-cuerpo/

3 de julio de 2020

El Awajún, como el gato encerrado, tiene que buscar medios para salvarse

Santiago Manuin    (Entrevista de Vicente Romero)

El entrevistado nos habla de la lucha del pueblo awajún y, particularmente, de la lucha que libraron en el 2009. Por otra parte, presenta la espiritualidad de su pueblo y la evolución de su cultura. Se refiere, asimismo, a su experiencia como consejero en la Región Amazonas.

Santiago Manuin Valera nació en 1957, en Quebrada del río Dominguza (Condorcanqui, Amazonas, Perú). Es de lengua materna awajún y vive siempre en territorio awajún. Es profesor intercultural bilingüe y cuenta con una formación en derechos humanos en la ONU. Fue presidente del Consejo Aguaruna-Huambisa (CAH) creado en 1976, es presidente del Consejo Permanente del Pueblo Awajún (CPPA), del Consejo Permanente de los Pueblos Awajún y Wampis (CPPAW) y del recientemente creado Consejo Permanente de los Pueblos Awajún, Wampis y Apách (CPPAWA), el cual agrupa también a los mestizos (Apách). Es fundador del centro social jesuita Servicio Agropecuario para la Investigación y la Promoción Económica (SAIPE). Sobreviviente de la tragedia de Bagua, del 5 de junio del 2009, fue electo por los awajún-wampis Consejero Regional de Amazonas (2010-2014). Como apu (jefe indígena awajún), se singulariza como negociador, tejedor de alianzas y por su persistente labor de formación. En una época de grandes cambios para los pueblos de la Amazonía, es promotor de la interculturalidad, revivificando las tradiciones culturales awajún-wampis y transculturando, sin complejos, elementos del cristianismo y de la cultura occidental. La entrevista tuvo lugar en Lima, el 22 de julio de 2017.

VR. ¿Qué testimonio puede darnos sobre la lucha de su pueblo en el 2009 y cuál es la situación de los que estaban aún presos, condenados y perseguidos?

Voy a expresar lo que he sentido y vivido, manifestar cómo me encuentro después de lo sucedido. Voy a comentar también lo que mi pueblo vive actualmente, luego de la situación crítica que hemos pasado.

En 2008-2009, exigíamos al gobierno peruano que derogue los decretos-leyes que atentaban contra la Amazonía, nuestro territorio, nuestra vida1. Con estos decretos a nosotros nos destinaban a un genocidio.

Somos un pueblo diferente a otros pueblos peruanos de la Amazonía, somos un pueblo awajún2. Nuestros antepasados nos enseñaron a defender lo que es nuestro, ese nuestro es la tierra, el bosque, los recursos naturales y entonces la vida. Hemos existido miles de años viviendo nuestra realidad con la naturaleza. A esa vivencia está unida nuestra cosmovisión, nuestra espiritualidad, nuestra vida, con todo el ecosistema interrelacionado. Cuando nosotros dábamos nuestra propuesta o nuestra crítica al gobierno peruano, no nos entendimos porque somos dos pueblos diferentes: el pueblo occidental y el pueblo oriental, el de la Amazonía. Tenemos una convivencia diferente con la naturaleza. ¿Cómo entiende el occidental al bosque y cómo el hombre del bosque entiende al bosque?3 Y en ese momento se produjo una ruptura muy grande con el gobierno porque no hubo diálogo, no había interculturalidad. Nuestra protesta fue una protesta pacífica, pero la existencia de un pueblo estaba en peligro. Era necesario defender la selva, por eso nosotros exigíamos al Estado peruano que diera otra alternativa4, diferente a la que nos amenazaba, pero en lugar de eso el gobierno nos quiso dar un escarmiento.

Entonces sucedió aquella tragedia de Bagua, del 5 de junio de 2009, el llamado “Baguazo”5, dejando 36 muertos, más de cien personas heridas –incluida mi persona6– y más de doscientas personas detenidas. Quedaron abandonados hijos y demás familiares de las víctimas. Esto pasó por la terquedad del gobierno peruano, para implementar el Tratado de Libre Comercio con EE. UU.7.

Después de todo lo que nos ha sucedido, hemos sido enjuiciados 53 personas, 8 fuimos condenadas a cadena perpetua. Además, yo tenía que pagar 100.000 soles al Estado por daños y reparación civil. Nadie me ha visto para que me acusen de esa forma, de llevar a la violencia a mis hermanos para enfrentar al gobierno peruano. Fuimos obligados. Pero del otro lado, el gobierno no se hizo responsable de las muertes de ninguno de los dos bandos. Los militares fueron protegidos económicamente, pero la economía no soluciona el bienestar social, el dinero no da la vida. Aunque el gobierno haya apoyado económicamente, la familia, los hijos de los militares quedaron también abandonados.

Después de todos estos hechos el pueblo awajún-wampis entregó a 53 personas para que solucionaran el problema8. Pero hubo una injusticia de parte del gobierno peruano, de la justicia peruana. Hubo una discriminación racial con nosotros. Alan García decía que nosotros éramos ciudadanos de segunda categoría9. Nosotros, los Awajún-Wampis no somos de la segunda categoría. Somos de primerísima categoría porque existimos antes de que se formara la nación peruana. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos [de la OEA] ha publicado un informe en mayoría donde han puesto que, con respecto a lo sucedido en Bagua, la justicia peruana ha sido una de las mejores. Cuando lee esto una persona de afuera, lo entiende así, pero como nosotros lo vimos y como nosotros lo entendemos, comprendemos que realmente fue una injusticia y de que esa incomprensión de la justicia peruana con nosotros la hizo hacerse de la “vista gorda”, pues no consideró la existencia de un fundamento legal, de que nosotros estamos protegidos por una ley, conforme al Convenio 169 de la OIT firmado por Perú, para ayudar y proteger a sus pueblos indígenas. Y esta actitud del Estado peruano fue un inconveniente muy grande, porque hubo incumplimiento y desconocimiento total de ese Convenio. Todo eso, el incumplimiento y el desconocimiento, a nosotros nos afectó bastante. Nosotros defendimos lo que es nuestro y entregamos a 53 de nuestros hermanos para que realmente hagan la justicia

Bueno,… realmente, ahora hemos solucionado eso. Nos han dicho que estamos absueltos, nos han dicho que cincuenta somos inocentes. La Iglesia católica, –a través de la Compañía de Jesús que trabaja en nuestro pueblo, a través de la CEAS (Comisión Episcopal de Acción Social)–, y todo el Colectivo Amazonas10 han apoyado nuestra causa, para que nos liberen y digan que no hemos cometido delitos. Como el gobierno peruano no quiere perder, para que no le pidamos indemnizaciones, normalmente van a hacer un proceso judicial a 3 de nuestros hermanos, para encontrar y ver si los acusan o los detienen. Nosotros, ahí no estamos de acuerdo. Nosotros hemos decidido de no entregar a estos tres hermanos ni a 21 de los de la Estación 6. Por el contrario, vamos a pedir que se procese a Alan García, que es el responsable de los decretos legislativos, y que procese a Mercedes Cabanillas, responsable de haber dado orden del desalojo forzado de la Curva del Diablo donde fuimos atacados con armamento de guerra, y el Estado peruano no quiere saber nada de este asunto. Mercedes Araos, que es responsable también de la firma del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, tiene que ser también procesada pues es responsable de todo ese proceso, que ahora es vicepresidenta y está tranquila. A Yehude Simon, que fue el primer ministro de aquel tiempo. Y al general Luís Elías Muguruza, que ejecutó la orden del ministro del Interior, mal llevada, y que por no hacer una buena estrategia hay 36 muertos peruanos. Y todos ellos están libres, mientras que nosotros los indígenas estamos siendo afectados, hasta hoy día por una persecución y no encontramos solución.

No hay diálogo entre el gobierno peruano y los indígenas de la selva. Si no nos comprendemos, si no hay diálogo, podemos llegar a tener otro enfrentamiento más adelante. Nosotros no estamos asustados, a nosotros no nos asusta. Nosotros estamos dispuestos a defender a nuestra selva porque es lo nuestro. Y mi pueblo awajún-wampis existe antes de que se haya formado el Estado peruano. Porque aceptamos la Constitución, nosotros somos peruanos; porque aceptamos las leyes peruanas, nos consideramos peruanos y somos parte del Estado peruano. Y por eso tenemos derecho de exigir al Estado el respeto mutuo, como todas las personas peruanas tienen este derecho. A nosotros no nos pueden discriminar de esta forma, por eso hay esas protestas y lo vamos a hacer ante la Corte Interamericana y ante la Naciones Unidas, por el mismo derecho garantizado por el Perú al ser parte y firmante del Convenio 169. En eso vamos a trabajar.

VR. ¿Cómo ha evolucionado la espiritualidad del pueblo awajún y cómo repercute en él la globalización del siglo XX?

Con respecto a esto, debo decir en primer lugar que nosotros no somos una cultura estática. Como todo pueblo con cultura cambiante, somos un pueblo con cultura camaleón. Porque el camaleón toma los colores de acuerdo al medio, si es una yerba verde será verde, si es una seca tomará el color de las hojarascas, si es muy verde tomará muy verde. O sea, si el camaleón es del árbol tomará el color del árbol. Entonces, mi pueblo tiene que tomar la forma tal y como la globalización va marcando el mundo, y de acuerdo a ese movimiento el pueblo awajún, con toda su identidad, con la cosmovisión que va adquiriendo también con la globalización, se va adaptando a los cambios que existen y se van dando en el proceso de la vida. Entonces nuestra espiritualidad también tiene que encontrar cómo introducir a ese Cristo Jesús en nuestra historia. El pueblo awajún también ha tenido la presencia de Dios, el gran Ajútap11, que nos ha dicho, como a Moisés: “Yo soy”. Ha tenido una visión parecida, con sus yerbas, con su naturaleza, utilizando la misma naturaleza para conectarse con el ser superior para poder existir y seguir existiendo como pueblo. Pero nuestro pueblo también se ha adaptado: ya no toma ayawuasca como mis antepasados tomaron, ya no toma el sumo de tabaco, ya no toma toé, ya no va a utilizar las cascadas, ya no va a utilizar el monte. Ahora el Awajún va a sentarse a reflexionar sobre su vida. Y se va a encontrar como hombre creado por Dios a su imagen y semejanza, con toda su libertad. Todo este trabajo, de cómo introducir a Cristo Jesús como nuevo actor, es nuevo para el Awajún como cultura, es algo reciente inculturar con nuestra propia espiritualidad a Cristo Jesús como algo nuevo12. El cristianismo a mí no me tiene que estorbar, no me tiene que quitar lo que yo tengo, los valores, sino que me va a completar. Si nosotros lo conocemos a fondo, el cristianismo es una verdadera revolución. Gandhi decía: me gusta Cristo, pero no los cristianos porque no se parecen a Cristo. Pero eso no debe servirme de justificación para decir que yo no admito al cristianismo. Yo debo construir un verdadero Cristo en mi pueblo; y que desde mi ética y cultura awajún, Cristo me tiene que hablar, conforme a cómo yo lucho y cómo yo entiendo la naturaleza y como yo lo adapto como un actor nuevo de este nuevo proceso13.

VR ¿Cuál fue su experiencia como consejero en la Región Amazonas?

Yo cuando me concentro en el pueblo awajún, lo hago porque soy Awajún. Trabajo y visiono como tiene que ser mi pueblo. No puedo hablar de otros pueblos porque no tengo experiencia, cada pueblo tiene su propio temperamento. Puedo hablar de la organización del pueblo awajún. Yo he sido consejero regional de Amazonas. El pueblo awajún-wampis me eligió. “Vete Santiago, me dijeron. Ahí vas a estar con las leyes y con toda la parte regional. Ahí trabaja. De ahí veremos en el futuro, para que vayas al Congreso de la República”. Cuando estuve en el Consejo Regional me sentí vacío, porque no me acompañaba el pueblo, el pueblo no me decía qué hacer y decir. Entonces yo me sentí vacío, me sentí solo. Tuve que acudir a la Iglesia católica, para que me apoyara, para ver cómo puedo trabajar, hablar, concientizar al pueblo de la importancia del territorio, la tierra, el bosque y los recursos naturales. Yo estaba solo, no tenía dinero, era consejero regional y el pueblo no me acompañaba. La Iglesia me dijo: utiliza al PAC (Proyecto Apostólico Común), habla con el CEAS que te está apoyando en el juicio, habla con IDL (Instituto de Defensa Legal), habla con CooperAcción, habla con otras instituciones aliadas. Entonces, tuve que dialogar para que me apoyaran, para que dieran cursos de concientización sobre aspectos de la Declaración de Naciones Unidas sobre los Derechos de los pueblos indígenas, el Convenio 169; sobre lo que es la UNICEF y las Naciones Unidas, lo que dice la ley de la Consulta Previa, para decirle al pueblo qué es eso. Estos apoyos organizaron talleres y yo participé con ellos. Así me di cuenta de que la educación era importante, Si no formo al pueblo quizás me puede suceder lo mismo que a Túpac Amaru. Túpac Amaru fue muy valiente, se formó en la escuela de Caciques en aquel tiempo, pero no formó al pueblo; por eso el pueblo no le acompañó a Túpac Amaru. Pelearon, pero al final lo traicionaron, entregaron a su dirigente. Y muere Túpac Amaru. El vió lo que es la esclavitud, la violación, los abusos, la pérdida de su territorio y de su identidad; por eso luchó con las armas. Pero en un momento crítico perdió su vida y el pueblo quedó en total abandono; le quitaron toda la tierra, fueron esclavos, hubo más violaciones, más violencia. Entonces, los verdaderos peruanos fueron gobernados por otros que no eran peruanos. De ahí se apoderaron de lo que llamaron Perú, así, hasta hoy. Entonces yo no puedo llegar a ese extremo. Por eso, cuando vi todo ese trabajo de formación, regresé y me dije ya no más la acción política, yo me voy a dedicar a formar un equipo para que, si yo desaparezco, el pueblo sea consciente de la pérdida de su identidad, de la venta de sus territorios, sea consciente del proceso de su destrucción como pueblo. Tengo que hacerlo consciente, así verá la importancia de nuestro territorio, de la identidad, de nuestra lengua y de la existencia como pueblo. Los jesuitas14, son expertos en la educación. Por eso les he pedido que se diseñe la formación de líderes; cómo construir el liderazgo indígena acá. Y si esto sirve, que se haga con otros grupos indígenas, pero que se haga.

Dejé el cargo de consejero en el gobierno regional en el 2014. En 2015 y 2016 he visto los impactos que podría dar el trabajo de equipo y ahora en 2017 ya estamos trabajando en la formación de los líderes en diferentes zonas nuestras. Queremos asociarnos con la universidad Ruiz de Montoya para que sea un poco más oficial el trabajo. La formación de líderes es un punto clave. Tan sólo por esa vía podremos llegar a formar a los indígenas, podremos tener ingenieros agrónomos, ingenieros forestales, ambientalistas, médicos. Con toda la formación que los indígenas puedan tener a través de las universidades, lograremos tener un diálogo alturado, de igual a igual, con el Estado y proponer el tipo de desarrollo y educación en nuestra zona. Hasta ahora ha sido una educación alienante, impuesta, y eso no puede llevarnos a tener un dialogo con el Estado peruano. Tenemos que formar a los jóvenes awajún en diferentes niveles para que se construya un gobierno territorial autónomo15, para encontrar ese famoso Tajimat Pujut (Buen Vivir) que mis antepasados tuvieron. En este momento tenemos que volverlo a construir en un espacio pequeño, pero encontrando un medio de existencia, para la educación de nuestros hijos y el desarrollo equilibrado que necesitamos. A eso debemos llegar. Y el gobierno debe apoyar esa iniciativa, y hacer un currículum educativo para el pueblo awajún. De acuerdo con eso podemos visionar una formación calificada para que podamos seguir existiendo como pueblo.

VR. El censo de población de este año 2017 en el Perú incluirá una pregunta sobre autoidentificación étnica. ¿Cómo los Awajún van a responder?

Los Awajún se van a censar. Para saber qué número de población tenemos. Pero nosotros nos auto-censamos, hacemos un censo para ver cuánto se ha progresado, saber cuánto ha aumentado la población alta y la población baja. Sabemos que la población awajún sigue aumentando. Por lo tanto, tenemos que ver cómo manejamos la ecología para que no afecte el aumento de la población a los recursos naturales, las comunidades, la pesca, la caza, el bosque, la madera.

VR. Finalmente, ¿qué efecto ha tenido la lucha del 2009 en vuestro pueblo y en los otros pueblos de la Amazonía y del Perú?

Lo que puedo hacer es transmitir nuestra experiencia. Cuando yo estaba en la Curva del Diablo, el diálogo con el general Muguruza ya se agotaba, porque no quiso dialogar. El día 4 de junio estuvo el monseñor Santiago García, e intentó reanudarlo. Sacamos una comisión para que entablaran un diálogo. Yo no fui en esa comisión porque yo estaba con la gente. Y cuando regresaron, nos contaron. A las 7 de la noche se reunieron. Toda la gente dijo: “Apu Santiago, tu diplomacia aquí termina. Ahora, desde las 7 de la noche hasta el amanecer, nosotros somos responsables”. Crearon un estado de facto. “Desde este momento tú no tienes poder, has fracasado; toda tu diplomacia fracasó. Nos van a enfrentar y los enfrentaremos. Vamos a seleccionar. ¿Cuántos Awajun-Wampis han hecho su servicio militar y dónde?”. Los que respondieron, lo habían hecho en Piura, Sullana, Talara; en Chiclayo, Cajamarca, Lima, Pucallpa, El Milagro,… en todos los puestos. “¿Dónde?” En el ejército. “¿En qué y cómo?”. En ingeniería, en la infantería. Otros en la aviación, en la marina. Fueron seleccionados 800 hombres. “¿Y quiénes han recibido formación como fuerzas especiales y dónde?” Algunos estuvieron en Tiwinza en el Cenepa en el año 1995, así, otros en diferentes puestos. Estos fueron sacados aparte. 800 hombres. “Los otros que se retiren a dormir, y aquí se va a hacer la estrategia. Y mañana a las 12, cuando terminemos, convocaremos a una reunión para dar el servicio”.

Ahí hicieron toda la estrategia militar para defendernos de la agresión que nos iban a dar. Porque sabíamos por la experiencia que teníamos de Corral Quemado, de El Muyu16, que en ese momento precisamente el gobierno no iba a decir compadrito sí vamos a derogar los decretos porque ustedes así lo necesitan. El gobierno va a querer salir con la suya, va a matar, por lo tanto, hay que responder diente por diente, ojo por ojo, aplicar la ley del Talión. Ahí todos los jóvenes acordaron y salieron. Yo estaba presente, pero no podía hacer nada. A mí no me seleccionaron. Fueron los muchachos. El ejército ha preparado lo mejor que ha podido a su gente. Pero los nuestros estaban sin armamento. ¡Y cómo se enfrentaron a los que estaban armados con todo el pertrecho de guerra! Nos enfrentamos, no salimos corriendo. El Awajún decía: no vamos a ir como un perro, con el rabo entre las piernas. No solamente nuestras madres, nuestras mujeres, van a llorar, que llore el resto del Perú. Esa es una decisión de valentía, la de enfrentar, de no escaparse. Gato encerrado tiene que buscar medios para salvarse. Esa fue la situación. El temperamento awajún es diferente al de otros pueblos. Y eso el gobierno no lo sabía, o es que por tener armamento se creía superior. Lo eran en armamento, pero el hecho es que nos enfrentamos; hemos tenido el valor, pero después nos reducen porque no teníamos armamento. Por eso fuimos procesados y vivimos todo lo que pasó. Ahora no podemos vivir de los rencores por lo sucedido. Ahora vivimos de una gran esperanza; hay que formar más indígenas para que haya interculturalidad. Hablar de diálogo es nuestra especialidad. Nuestra esperanza está en el diálogo.

Creo que con nuestra lucha del 2009 hay un antes y un después en el Perú. Con nuestro sacrificio, hemos contribuido a hacer más visible los pueblos indígenas como actores de su propia historia ante otros pueblos. Ha servido también para poner en primer plano los problemas de la biodiversidad, de la consulta previa, los derechos colectivos de los pueblos indígenas, por su territorio. Aunque tiene muchas trampas, sobre todo su reglamento, la ley de Consulta Previa fue aprobada por unanimidad por el Congreso de la República en 2011. Antes de lo de Bagua, esto hubiese sido casi imposible17.

Notas
1 El 2008, el gobierno peruano, haciendo uso de facultades extraordinarias dictó un centenar de decretos legislativos y dos leyes (la 29317, con respecto a la floresta y fauna silvestre, y la 29338, o nueva ley del agua), la mayoría de los cuales buscaba estimular las inversiones extranjeras, dar concesiones mineras, petroleras y agroforestales, y adecuar la legislación peruana al Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos. Diez de esos decretos concernían directamente a los pueblos originarios de la Amazonía, y fueron dictados sin respetar la previa consulta con las comunidades campesinas y nativas. Los Awajún en particular, estaban confrontados con la concesión del lote 116 a la petrolera francesa Hocol en 2006 y a la presencia inconsulta de la minera Metalfin-Afrodita (de la extranjera Dorato) que obtuvo 60 concesiones en 1995 en su territorio.

2 Con más de 55,000 miembros, y organizado en 281 comunidades nativas, el Awajún es el pueblo más numeroso de la familia jíbara y el segundo de los pueblos originarios de la Amazonía peruana. La mayoría de las comunidades nativas awajún y wampis se encuentran en los departamentos de Amazonas y Cajamarca (263). Ver: INEI, Censos Nacionales 2007: XI de Población y de Vivienda. Resultados definitivos de Comunidades indígenas, T. I, 2009.

3 El punto de vista opuesto al del indígena lo sintetizó el entonces presidente Alan García, en una serie de artículos sobre “el síndrome del hortelano”, estigmatizando a las comunidades nativas como “el perro del hortelano”, que no come ni deja comer.

4 Desde el 2002, en el Perú los indígenas amazónicos desarrollaron una sucesión de luchas, exigiendo sus derechos. La sétima fue en agosto de 2008 y la novena entre abril y junio de 2009. El 2008, obtuvieron la abrogación de dos decretos. Sin embrago, paralelamente el gobierno restituyó la vigencia de los artículos 10° y 11° de la ley 26505, para facilitar la inversión privada para el desarrollo de actividades económicas en tierras del territorio nacional y en el de las comunidades campesinas y nativas, en desmedro del ejercicio de la democracia en las mismas. Ver: Guevara Aranda, Roberto, Bagua: de la resistencia a la utopía indígena, Pueblo Libre, edición del autor, 2013: 154.

5 “Baguazo”, es en referencia a la ciudad de Bagua Grande (Utcubamba, departamento de Amazonas), pues los sucesos del 5 de junio tuvieron como epicentro la Curva del Diablo, un lugar cercano a dicha ciudad. La lucha amazónica de ese año, dirigida por las organizaciones nativas locales, regionales y nacionales (AIDESEP), se desarrolló en más de diez cuencas de la Amazonía. Puso en jaque al Estado peruano focalizándose en puntos neurálgicos de tránsito de gas, de petróleo y vías de comunicación: en Atalaya (gas) y, los más importantes, en Utcubamba (carretera) y Condorcanqui (Estación 6 de bombeo del oleoducto norperuano). Los Awanjún-Wampis y sus aliados bloqueaban la carretera Fernando Belaúnde Terry en la Curva del Diablo (distrito El Milagro, provincia de Utcubamba-Amazonas), principal vía de enlace en el norte entre costa, sierra y selva alta. La madrugada del 5 de junio, rompiendo las negociaciones y acuerdos, el ejecutivo ordenó el desalojo de la Curva del Diablo, enviando fuerzas policiales especiales por suelo y aire (helicópteros), con armas de guerra. Lo hizo a pesar de saber que, en la provincia de Condorcanqui, los Awajún-Wampis controlaban la Estación 6 del oleoducto norperuano y tenían 35 policías desarmados como rehenes. Al enterarse de la matanza en La Curva del Diablo, los de la Estación 6 ajusticiaron a 11 policías. El saldo trágico de esa jornada fue, según fuentes del Estado, 33 fallecidos (23 policías y 10 civiles –de los cuales 5 awajún-wampis–) y un policía desaparecido.

6 Santiago Manuin Valera, presente en la Curva del Diablo, recibió tres balas de una ráfaga AKM, resultando con 8 perforaciones en sus intestinos. Sobrevivió luego de dos operaciones.

7 Luego del fracaso del ALCA en 2005, el gobierno de Bush (hijo) promovió tratados bilaterales de comercio entre países del continente americano. En el Perú contó con el respaldo de los gobiernos de Alejandro Toledo y Alan García, y de mayorías congresales sumisas al neoliberalismo y al ejecutivo.

8 ¿A qué problema puede referirse Manuin Valera? Como sabemos, después del 2009 continuó la política de entrega en concesiones a capital privado de la Selva Amazónica y de los territorios de los pueblos originarios de esa región. Sin embargo, como dice Manuin Valera al final de esta entrevista, el Estado peruano sufrió una derrota simbólica: en el futuro, los pueblos originarios difícilmente aceptarían un maltrato como sí lo recibían antes del 2009.

9 En efecto el mismo 5 de junio, Alan García declaró ante la televisión: “Ya está bueno. Estas personas no tienen corona; estas personas no son ciudadanos de primera clase, [para] que puedan decir, 400,000 nativos a 28 millones de peruanos, ‘tú no tienes derecho a venir por aquí’. De ninguna manera.”.

10 El Colectivo Amazonas está conformado por el CAAAP (Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica), CooperAcción, Forum Solidaridad Perú, SAIPE (Servicio Agropecuario para la Investigación y Promoción Económica) e IDL (Instituto de Defensa Legal).

11 La noción cristiana de Dios parece haberse imbricado en la espiritualidad guerrera awajún-wampis (“gran Ajútap”). En tres cuartos de siglo, los Ajútap/Ajutap, “espíritus de los guerreros muertos que habían mostrado gran valor en la lucha y que habían matado a un enemigo” también han devenido “espíritus poderosos”. Ver: Brown, Michael F., Una paz incierta, Historia y cultura de las comunidades aguarunas frente al impacto de la carretera marginal, Lima, CAAAP, 1984: 29; Asangkay Sejekam, Nexar, y Gómez Antuash, Edwardo, (compiladores), Awajún chícham jubbau. Diccionario Awajún-Castellano (parcial), versión preliminar, diciembre del 2008. Versión en pdf.

12 En el transcurso del siglo XX se han producido cambios significativos en la realidad y en la cosmovisión de los Awajún-Wampis. Estos cambios; sin embargo, no deben llevar a equívocos. Como lo demuestran las luchas de inicios de este siglo XXI, tales cambios no han significado una renuncia total a su cultura ni a la defensa de su territorio. Si a inicios del siglo XX, para seguir siendo soberanos en sus territorios y terminar con los invasores, destruyeron caucherías y la misión católica, asesinando a párrocos y cristianos, a inicios del siglo XXI perseverantemente luchan en la defensa de su territorio, de la selva amazónica y de su cultura, rechazando como antes al capitalismo extractivista y expoliador. Sobre lo sucedido a inicios del siglo XX, consultar las “Memorias” de 1903 y 1904 de Fray Paulino Díaz, en: Larrabure y Correa, Carlos, Colección de documentos oficiales referentes a Loreto, T. IX y XII, Lima, La Opinión Nacional, 1907.

13 En enero del 2018, Manuin Valera, en silla de ruedas, impuso símbolos de los apu awajún-wampis al Papa Francisco, durante una ceremonia católica en el departamento de Madre de Dios.

14 Manuin Valera tiene vínculos cercanos con los jesuitas por la relación constante de estos con las organizaciones campesinas y las comunidades nativas de Cajamarca y Amazonas. Dicho sea esto, la reinstalación de los jesuitas en territorio awajún-wampis se produjo desde 1949, después de más de 350 años de la expulsión de los españoles y casi 240 años de haber cesado su presencia en la zona. Lo hicieron luego del inicio de las colonizaciones militares peruanas de frontera (1946) y del evangélico Instituto Lingüístico de Verano (1947).

15 Desde inicios de este año 2018, los líderes y comunidades del pueblo awajún preparan y discuten los estatutos de lo que será el Gobierno Territorial Autónomo de la Nación Awajún. Los Kandoshi y los Shuar y Wampis les han antecedido en esta vía dentro del Estado unitario peruano. Esto es el fruto de un proceso de maduración de casi 20 años. Como ejemplo, ver el Estatuto Constitutivo de la Nación Wampis en: <http://nacionwampis.com/>, consultado el 01/11/2018.

16 Se refiere a lo sucedido el 10 de mayo de 2009 en Corral Quemado, un tramo vial del estratégico puente 24 de Julio sobre el río Marañón. Los Awajún-Wampis ocuparon ese tramo solo por horas y luego fueron desalojados violentamente por fuerzas especiales de policía, resultando 17 heridos (13 indígenas y 4 policías) y 7 indígenas detenidos. Ver Guevara Aranda (Ibid.: 203-213). Desconocemos lo acaecido en la Hidroeléctica El Muyu.

17 Ver en ese sentido, el “Pronunciamiento Público por el Noveno Aniversario del Baguazo, sucedido el 5 de Junio de 2009 en Bagua- la Curva del Diablo” del Consejo Permanente de los Pueblos Awajún, Wampis y Apách (CPPAWA), Santa María de Nieva, 5 de junio 2018. Manuin Valera es presidente de esa organización y uno de los dos firmantes de este pronunciamiento. Ver: <https://saipeperu.org/2018/06/06/nieva-jovenes-se-movilizaron-por-9-anos-del-baguazo/>, consultado el 01/11/2018.


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