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7 de enero de 2024

Internet en manos de mastodontes

Sergio Ferrari

Más teléfonos celulares y más conexiones de internet. Sin embargo, el sueño de un planeta conectado al servicio de todas y todos parece irrealizable.

La brecha digital separa regiones y grupos etarios en una realidad global en la que tres de cada cuatro personas mayores de diez años poseen un teléfono celular. Sin embargo, solo un 65% logra acceder a la red (https://news.un.org/es/story/2023/12/1526712).

En septiembre pasado la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) informó que 2.600 millones de personas, alrededor de un tercio de la población mundial, todavía en 2023 carecen de acceso a internet. Según swissinfo.ch, la principal plataforma helvética de información, esta cifra supone una ligera reducción con respecto a los 2.700 millones el año anterior. En ambos casos, se trata aproximadamente de la mitad de los 5.400 millones que ya se encuentran conectadas –“El mayor número de personas con acceso en la historia”. Sin embargo, a pesar de este logro, las tendencias actuales no garantizan el objetivo de una conectividad «universal y significativa» para el año 2030 (https://www.swissinfo.ch/spa/brecha-digital_onu-advierte-que-un-tercio-de-la-poblaci%C3%B3n-mundial-permanece-sin-acceso-a-internet-en-2023/48806528).

A fines de noviembre, la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), la organización de las Naciones Unidas dedicada al tema, comentó que “los últimos datos sobre conectividad mundial muestran un crecimiento, aunque persisten las brechas”. El análisis del tráfico de internet y la cobertura de red 5G, la más veloz de uso doméstico, dejan al descubierto las marcadas diferencias entre los países de ingresos altos y los de ingresos bajos (https://www.itu.int/es/mediacentre/Pages/PR-2023-11-27-facts-and-figures-measuring-digital-development.aspx).

Según Hechos y Cifras, la publicación de referencia de la UIT, el “progreso constante pero desigual en el ámbito de la conectividad mundial a través de internet” confirma la realidad de desigualdades significativas a nivel global.

En su análisis pionero del uso de datos de internet, la UIT comprobó que en 2022 los servicios de banda ancha fija (la que predomina en las oficinas y los hogares) representaron más del 80% del tráfico mundial, superando con creces las redes de banda ancha móvil. En los países de bajos ingresos, y debido a los elevados precios y la falta de infraestructura, la población solo cuenta con un abono de banda ancha fija por cada 100 personas.

Los costos siguen siendo un obstáculo importante a la conectividad y un factor fundamental de esta brecha digital mundial. En las economías de bajos ingresos, el precio medio de un abono básico de banda ancha móvil representa el 8,6% del salario medio, mientras que en los países de altos ingresos tan sólo el 0.4%. En otras palabras: aproximadamente 22 veces más caro.  

Tráfico de internet: revelador de desigualdades

Por otra parte, según el informe de la UIT, en los países “pobres” el número de personas conectadas a la red no solo es menor; también utilizan menos datos, “por lo que no están aprovechando plenamente el potencial de la conectividad o los beneficios de la transformación digital”.

Hechos y Cifras 2023 subraya que esta desigualdad global también se verifica en el uso de la red telefónica móvil 5G, lanzada en 2019, y que en el presente cubre casi un 40% de la población mundial. Sin embargo, y al igual que lo que sucede con el tráfico de datos de internet, mientras que en los países de ingresos altos abarca un 89% de la población, en los países de bajos ingresos es prácticamente inexistente. En gran parte de los países de menos recursos, la red móvil 3G, mucho menos potente que la 5G, suele ser el único medio para conectarse telefónicamente y acceder a internet. La situación se agrava cuando se considera que la red 3G no es suficiente para acceder a todas las ventajas de la tecnología digital, como los diagnósticos médicos a distancia o el aprendizaje en línea. En cuanto al servicio 4G, aun cuando sigue ofreciendo una vía efectiva para la conectividad, solo llega al 39% de la población en los países de ingresos bajos.

Fractura regional profunda

Los 5.400 millones que utilizan internet ejemplifican un mapa propio de las grandes desigualdades geográficas. En Europa, la Comunidad de Estados Independientes (9 de los que fueron parte de la Unión Soviética) y las Américas, alrededor del 90% de la población tiene acceso al internet. Porcentaje que se reduce a menos del 70% en los Estados Árabes, Asia y el Pacífico. Y que cae abruptamente a tan solo un 37% en África.

Las diferencias de acceso no solo dependen de características regionales, sino también de género y edad. A nivel global, el 70% de los hombres utilizan internet, frente al 65% de las mujeres (en ambos casos, estos porcentajes suponen un leve aumento con respecto a 2022).

Por otra parte, los jóvenes están más conectados que el resto de la población. En 2023, el 79% de las personas entre los 15 y los 24 años utilizó internet, aproximadamente 14 puntos porcentuales más que el resto de la población. Por último, el 81% de la población urbana tiene acceso, aproximadamente 1,6 veces más que la población en áreas rurales.

Más allá de porcentajes y cifras

Mientras que la UIT le da seguimiento al desarrollo técnico de la conectividad mundial, la Conferencia Internacional sobre Teoría y Práctica de la Gobernanza Electrónica (International Conference on Theory and Practice of Electronic Governance, o ICEGOV), promueve la reflexión conceptual de fondo para avanzar hacia un conocimiento digital equitativo e inclusivo (https://www.icegov.org).

En septiembre pasado, el Programa Información para Todos de la UNESCO (PIPT) y el Centro Regional de Estudios sobre el Desarrollo de la Sociedad de la Información (Cetic.br|NIC.br), con el apoyo de la oficina de la UNESCO en Montevideo, organizaron conjuntamente una mesa redonda y un taller en Belo Horizonte, Brasil, en el marco de la ICEGOV 2023. El tema central de estos eventos simultáneos fue la necesidad de políticas basadas en evidencia para cultivar una sociedad del conocimiento digital equitativa e inclusiva, con especial atención a la región de América Latina y el Caribe (https://www.unesco.org/es/articles/avanzando-en-la-gobernanza-digital-mediante-politicas-basadas-en-evidencia-en-america-latina-y-el).

En octubre de 2024 la ICEGOV realizará su próxima conferencia internacional, esta vez en África del Sur, bajo el título “Confianza y gobernanza digital ética para el mundo que queremos”. La misma será parte de un proceso de reflexión que en los últimos 16 años ya ha promovido encuentros similares en 13 países en todos los continentes.

Iniciativas y procesos en marcha que, si bien enriquecen la reflexión, siempre se confrontan con realidades condicionantes muy concretas, como el monopolio del tráfico global de internet. En 2022, según la Revista Byte TI, más de la mitad (56%) de este tráfico estuvo en manos de seis gigantes tecnológicos: Google, Facebook, Netflix, Amazon, Microsoft y Apple (https://revistabyte.es/actualidad-it/las-6-empresas-flujo-de-internet/). El blog especializado Cloudflare señaló que, a fines de 2023, y a pesar del decline en popularidad de Netflix, esta lista se ha expandido a diez debido a la incorporación de otros cinco gigantes: TikTok, YouTube, AWS, Instagram, e iCloud.

Dicha concentración es alarmante, y no solo por la cantidad de información en tan pocas manos. También por la enorme diversidad de sectores donde impera, ya que prácticamente abarca todas las categorías más críticas y relevantes de servicios en línea: desde la IAgenerativa (en plena expansión tras el lanzamiento de ChatGPT en noviembre de 2022) hasta las redes sociales, pasando por el comercio electrónico, la transmisión de video, noticias, mensajería, metaverso y videojuegos, así como servicios financieros y de criptomonedas (https://blog.cloudflare.com/radar-2023-year-in-review-internet-services-es-es).

De esta rápida radiografía surgen dos constataciones: el volumen fundamental y el control de internet está en manos de un puñado de grandes empresas transnacionales (en su mayoría, monopólicas), las cuales controlan un abanico de actividades tan esenciales como decisivas para el funcionamiento diario de la humanidad, con énfasis en productos rentables. Por consiguiente, la brecha digital se corresponde con una forma de organizar la arquitectura económico-financiera mundial. De ahí, también, un punto de tensión irresoluble: ¿en qué medida se puede imaginar un internet (y un mundo digital) equitativo e inclusivo, esencial incluso para la educación y la formación humana, si es controlado por actores monopólicos con sus propias lógicas y objetivos de rendimiento empresarial?

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

2 de julio de 2022

¿Es una tarea educativa actuar sobre la brecha digital de género?

Isabel María Gómez Trigueros

Los avances tecnológicos producidos desde los años setenta del siglo pasado han dado lugar a una auténtica revolución digital. Las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) han traído consigo un nuevo entorno en el que es posible acceder, compartir y elaborar un gran volumen de información a escala mundial y en un tiempo impensable hace unos años.

Este nuevo entorno, conocido como Sociedad de la Información y el Conocimiento (SIC), está introduciendo grandes cambios en la producción y organización del trabajo, en los medios de comunicación, en la forma de hacer política, en la manera de identificar el desarrollo económico y social de un país y en nuestra forma de relacionarnos.

Tales transformaciones, producidas por el uso generalizado de las TIC, hacen imprescindible asegurar que toda la ciudadanía asuma una formación en este campo. Y esto implica, de manera especial, cambios en los sistemas educativos, tanto en lo que se refiere a metodologías de enseñanza y de aprendizaje como a la formación del profesorado.

IMPORTANCIA INTERNACIONAL: ODS 4

Los gobiernos y las administraciones educativas proponen diversas acciones que se han ido plasmando en leyes, directivas y programas para lograr el acceso y la formación en y con tecnologías de la ciudadanía.

Las buenas condiciones sociales, económicas y tecnológicas se muestran indispensables para la consolidación de la economía del conocimiento. Contribuyen además al desarrollo económico, social y cultural de los países y ayudan a los individuos a alcanzar las metas y retos deseables en el ámbito profesional, laboral y académico.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura promueve la dimensión social de las tecnologías como elemento clave de la sociedad de la información y la comunicación. A través de diversas declaraciones, apoya la elaboración de políticas nacionales y planes generales sobre el uso de las tecnologías en la educación. Con esto busca ayudar a los gobiernos a aprovechar eficazmente el potencial de las tecnologías en los sistemas educativos, con miras a alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible 4 (ODS 4–Educación 2030).

UNA OPORTUNIDAD PARA LA IGUALDAD: ODS 5

Por su parte, la Unión Europea establece una serie de programas de trabajo para el seguimiento de la educación y formación en Europa con la finalidad de garantizar el acceso de toda la ciudadanía a las TIC.

Actualmente, se ha abogado por acciones concretas que se han materializado en el Marco Común de Competencia Digital Docente (INTEF, 2017).

Dentro de este marco normativo, en España, las comunidades autónomas han desarrollado sus propios programas, que difieren en cuanto a su generalización y a los recursos dedicados, destinados específicamente a incrementar la dotación tecnológica de los centros o a formar al profesorado y a la ciudadanía en el uso manipulativo de las tecnologías.

Sin embargo, sus propuestas no incorporan la perspectiva de género. Por eso, es muy importante destacar que entre los grandes retos para la construcción social del siglo XXI está el de garantizar que no se incorporen nuevos elementos de desigualdad entre mujeres y hombres, o mejor aún, el de convertirse en una oportunidad para la igualdad. El sistema educativo, indudablemente, debe atender a estos aspectos, para alcanzar no sólo la enseñanza de calidad (ODS 4), sino la enseñanza en igualdad de género (ODS 5).

LA IMPORTANCIA DE INVESTIGAR

Ante tales requerimientos, en la Facultad de Educación de la Universidad de Alicante estamos desarrollando la investigación La brecha digital de género y el modelo TPACK en la formación del profesorado: análisis de la capacitación digital docente para el apoyo y el fomento de la actividad de grupos de I+D+i emergentes, con el abordaje de la compleja cuestión de la formación y capacitación en competencias digitales de los docentes en relación al género.

La pretensión de este grupo de investigación emergente es:

- Comprobar los rasgos sexista en el acceso, uso y promoción de las tecnologías.

- Analizar las metodologías didácticas y modelos de enseñanza y aprendizaje propuestos en los currículos de Grado de Maestro y Maestra de Primaria, Máster del Profesorado y Máster Universitario en Investigación Educativa en relación a la capacitación en TIC.

- Valorar si se lleva a cabo un acceso igualitario de las mujeres y los hombres a las tecnologías en la capacitación digital docente, en su formación inicial.

- Promover una educación tecnológica adecuada, no sexista, que capacite para la manipulación y el uso didáctico de las herramientas digitales docentes de la ciudadanía.

DISTINTA AUTOPERCEPCIÓN EN MUJERES Y HOMBRES

Los primeros resultados, aún sin publicar, alertan sobre la necesidad actuar en la formación del profesorado en competencias digitales docentes. Se constata una percepción más negativa hacia una autocapacitación tecnológica docente de las participantes mujeres frente a los hombres.

En este sentido, se confirma que los estudiantes hombres muestran una mayor proactividad en relación a las competencias manipulativas, y las competencias más técnicas, en relación a la apropiación y uso de las tecnologías.

También, se detecta que los participantes hombres tienes una percepción muy positiva en relación a su actualización en cuanto a recursos digitales para su propia formación y uso cotidiano, así como para su utilización didáctica. Las mujeres se autoperciben desactualizadas en cuanto a tales recursos tecnológicos.

CAPACIDAD DE RESOLVER PROBLEMAS

Otro de los aspectos diferenciales que se muestran en la investigación es la percepción por parte de los hombres de contar con una elevada capacidad para afrontar la resolución de problemas técnicos.

Por su parte, las mujeres participantes tienen la percepción de tener una menor capacidad para resolver problemas técnicos vinculados a la tecnología. Esta autopercepción, sin duda, influirá en su futura labor como docentes, presentando un menor interés por la utilización de los recursos tecnológicos para la docencia. Asimismo, repercutirá en su alumnado, y de manera concreta, se perderán modelos de docentes mujeres, que utilicen las tecnologías habitualmente en su tarea educativa, en donde las estudiantes podrán inspirarse.

INVESTIGAR PARA PREVENIR BARRERAS DE GÉNERO

Todo ello lleva a concluir que se siguen reproduciendo las desigualdades preexistentes, y se precisa seguir investigando en este ámbito, especialmente en los distintos usos de las tecnologías.

Es una investigación comprometida con eliminar las barreras de género en la educación tecnológica que aún hoy día permanecen en muchas esferas sociales, entre las que se encuentra la formación de las maestras y los maestros de primaria y del profesorado de secundaria.

Y es aquí, en la educación, donde se debe poner énfasis para lograr una formación de la ciudadanía para que mujeres y hombres sean, por igual, creadores y usuarios de los recursos tecnológicos

Isabel María Gómez Trigueros. Vicedecana de Máster de Investigación Educativa y de Máster de Formación del Profesorado. Profesora en el área de Didáctica de las Ciencias Sociales. Catedrática de Secundaria en Geografía e Historia, Universidad de Alicante.

22 de febrero de 2022

Por qué internet no salvará los pueblos

Sergio Andrés Cabello

Durante las últimas décadas, se han ido presentando acciones y medidas contra la despoblación del medio rural español.

Se ha hecho hincapié en el empleo. Se ha incidido en que era necesario crear nuevos trabajos y diversificar las actividades. Sin embargo, muchos trabajadores se desplazaban al medio rural mientras residían en ciudades pequeñas y medianas, gracias en parte a las mejoras de las comunicaciones.

Se insistió en que era necesaria la ampliación de la cartera de servicios públicos para atraer y fijar población, hecho indiscutible. Pero, de nuevo, estas medidas, que pueden ser mejorables, no han frenado la despoblación.

Uno de los momentos más interesantes en este sentido llegó con el turismo rural. Era una vía que apostaba por la diversificación de las actividades económicas y productivas, en un contexto de transformación del propio sector turístico. Pero el turismo tampoco fue la solución a pesar de su importancia en la generación de empleo y en la puesta en valor del territorio, entre otros aspectos.

LA BRECHA DIGITAL EN EL MUNDO RURAL

En la actualidad, la digitalización es una de las líneas centrales entre las medidas para frenar la despoblación y revertir la situación del medio rural.

Ya antes de la pandemia de covid-19 se hacía hincapié en que una de las principales debilidades de no pocos pueblos era la baja calidad de la conectividad a internet, la inexistencia de banda ancha e, incluso, la imposibilidad de acceso a la red. Las causas fundamentales eran la accesibilidad y las dificultades del terreno de esas zonas. De esta forma, personas, familias y actividades que podrían estar interesadas en establecerse en el medio rural, no lo harían en parte por esta cuestión.

Sin embargo, no debe perderse de vista que hay una trascendencia mayor en esta situación ya que se generan escenarios de desigualdad vinculados al acceso y uso de internet. Las noticias sobre municipios sin acceso a internet o con graves dificultades han estado presentes en los medios de comunicación. La imagen más frecuente era la de la búsqueda de puntos concretos donde llegase la cobertura de la señal.

INTERNET, ¿LA SOLUCIÓN DEFINITIVA?

Planes y estrategias, desde Europa hasta las Comunidades Autónomas, incidían en superar la brecha de acceso a las telecomunicaciones que lastraba las posibilidades del medio rural.

La pandemia de la covid-19 se presentó como una oportunidad para captar teletrabajadores en estas zonas. Pero, de nuevo, regresamos a ese “solucionismo” que podemos extrapolar a lo que anteriormente había ocurrido con el turismo, con los servicios y con el empleo. Es decir, se vuelve a pensar y a transmitir que, a través de una acción específica y sencilla, se va a resolver un problema complejo y en el que intervienen numerosos factores y variables.

Que internet llegue a todos los lugares en igualdad de condiciones y con calidad es un derecho. No estamos hablando de un capricho. Al contrario, es una necesidad.

El cierre de centros educativos en el comienzo de la pandemia mostró un escenario que se puede extrapolar, en parte, al medio rural. Por una parte, se constató la importancia y potencialidad de internet en dicha situación. Pero, por otra parte, se evidenció que no solo había brechas de uso sino que persistían las de acceso, parte de las cuales se creían superadas. Además, una de las enseñanzas más importantes que se puede extraer de esa situación es la necesidad de no caer en el citado “solucionismo” tecnológico, ya que había más factores que no se habían tenido en cuenta.

LA DIGITALIZACIÓN NO ES SUFICIENTE

En el caso del medio rural y el acceso a internet, debe partirse de ese derecho ya señalado. Es una cuestión ya no de igualdad sino de equidad. Pero, hay que evitar caer en visiones simplistas y reduccionistas sobre esta realidad. Es decir, por el hecho de que los pueblos cuenten con mejores conexiones a internet no se va a producir un cambio de tendencia. Ayudará, obviamente, y será un valor a tener en cuenta, ya que las dificultades de conectividad puede que no supongan un factor desmotivador para ir al medio rural. Y esto se puede aplicar tanto para residir como para desarrollar una actividad.

Sin embargo, esta medida debería ir acompañada de otras más estructurales y que no se van a dar en el corto plazo. Una de ellas es compleja ya que atañe al cambio de valores y mentalidades. Es decir, que aumente el número de personas que quieran residir en el medio rural. Pero para ello deben también generar actividades productivas o que las existentes, especialmente en el caso del sector primario, no estén sujetas a los condicionantes actuales. Sin estos cambios, entre otros, por mucho que mejore la conectividad y digitalización de los pueblos no será suficiente para reducir o revertir la despoblación.

Además, también tendrán que tenerse en consideración las consecuencias no queridas de la digitalización. Ya hemos señalado las brechas de acceso y de uso, intensificadas en el caso del medio rural, ya que cuenta con una población envejecida.

Hay dos ejemplos claros de este proceso: la digitalización de trámites de las Administraciones públicas y la situación de los bancos. De hecho, esta última ha tomado relevancia en los últimos meses en el medio urbano, pero en el medio rural el problema viene de atrás con el cierre de numerosas oficinas e incluso de cajeros automáticos.

Además, la forma de afrontar la digitalización en estas zonas también mostrará el tipo de medio rural que se quiere construir. Es decir, si se apuesta por la atracción de teletrabajadores, de empleos cualificados, no cabe duda que la accesibilidad a internet es imprescindible. Pero, por otra parte, se generará un medio rural que tendrá poco que ver con la vinculación al sector primario, por ejemplo. Además, en el medio rural actual conviven diferentes formas de estar y trabajar.

Por lo tanto, internet es una necesidad para el medio rural, una oportunidad para sumar valor añadido a estas zonas. Es una cuestión de derechos, de igualdad y de equidad, garantizando la accesibilidad y la conectividad. Pero internet únicamente y por sí mismo no puede solucionar la despoblación. Ni internet ni ningún otro factor o actuación en solitario, y mucho menos a través de visiones cortoplacistas.

La digitalización tiene sus impactos positivos en la vida de los individuos y en las actividades productivas. Permite una conectividad que puede facilitar el acceso a determinados servicios, venta de productos, difusión de la oferta turística, etc. Pero también cuenta con sus riesgos, como son la generación de nuevas brechas y desigualdades, o el hecho de que en internet se compite de forma global. Es un gran desafío que precisa de diagnósticos certeros, de evaluaciones y de altas dosis de realismo, evitando caer en esos “solucionismos” que tantas expectativas no cumplidas han generado.

Sergio Andrés Cabello. Profesor de Sociología, Universidad de La Rioja