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10 de septiembre de 2025

Perú: ¡Es nuestra plata y se la llevan!

Pedro Francke

"Nuestros 114 mil millones de soles los tienen secuestrados apenas cuatro AFP"

El mantra de la derecha neoliberal es “sólo la inversión privada salvará al Perú”. Creen que por eso el Estado debe darles a los grandes monopolios todas las exoneraciones tributarias, permisos de contaminación, tierras que pertenecen a las comunidades y subsidios que se les ocurra. Pero no son consecuentes con su mantra. Porque al mismo tiempo, bajo la batuta del fujimorismo, acaban de dar la ley 32428, que permite que las AFP se lleven el 80 por ciento de los fondos de los trabajadores al exterior. Eso significa que 91 mil 800 millones de soles, que podrían invertirse en el Perú mejorando tecnologías y generando empleo, se irán afuera. Eso es el triple que la suma de todos los préstamos que las cajas municipales le están dando a las pequeñas y medianas empresas para que puedan hacerse más competitivas y doscientas veces más que todo el crédito que da Agrobanco para apoyar el crecimiento del sector agropecuario. Encima, cada mes, sin falta, aunque en vez de generarnos rentabilidad nos hayan causado pérdidas, las AFP nos cobran más de cien millones de soles por comisiones.

Recordemos que las AFP hoy controlan 114 mil millones de soles que son de los trabajadores. No son de ellas, la ley dice que esos fondos son nuestros. Pero no podemos ni siquiera sugerir adónde debe invertirse ese dinero. Ya hoy una parte se va al exterior. Yo soy aportante y estoy en contra, pero lo que yo quiera hacer con MI plata no importa, las decisiones las toman cuatro grandes grupos financieros que tienen la posibilidad de darse parte de la plata a ellos mismos, algo que en otros países, como Chile y Colombia, está prohibido. ¿Ustedes creen que un conglomerado económico que tiene el poder de controlar mucho dinero de otros no lo va a canalizar a otras empresas del mismo holding en condiciones ventajosas para ellos, aunque eso vaya en contra del interés de los trabajadores?

Permitir que 91 mil 800 millones de soles de NUESTRO ahorro se vayan afuera significa que ese enorme fondo no promoverá la inversión privada nacional. No financiará inversiones de pequeñas o medianas empresas industriales, no ayudará al progreso del agro, no facilitará la competitividad y el avance tecnológico ni servirá de apoyo para que una infraestructura importante sea realizada. Ninguno de los neoliberales que tanto se llenan la boca de “inversión privada”, cuando se trata de defender exoneraciones tributarias o ventajas especiales a las grandes empresas, ha dicho esta boca es mía. Tampoco los congresistas que la aprobaron, por supuesto: cuando dan leyes como esta que son claramente contrarias al interés nacional, lo hacen calladitos y sin ninguna discusión pública, por eso no lo discutieron en el pleno del Congreso sino en la “comisión permanente” con apenas una veintena de representantes.

¿Y quiénes son los que deciden adónde va NUESTRA plata sin que siquiera podamos conocer a qué empresas y financieras se la entregan? Nuestros 114 mil millones de soles los tienen secuestrados apenas cuatro AFP. La AFP Prima es del grupo Credicorp/Romero, que solía ser peruano pero que, como ha reportado esta revista, hoy tiene a su líder viviendo en Panamá, sus empresas dependen de holdings en paraísos fiscales en el Caribe y están vendiendo sus posiciones en Perú para convertirse en transnacional. Las otras tres son extranjeras: AFP Habitat es chilena, Profuturo es propiedad del Scotiabank, que es canadiense, y la AFP Integra es de un grupo financiero colombiano llamado SURA. Esas cuatro entidades ya han enviado 55 mil millones de soles de nuestro dinero al exterior, la mayoría entregada a otras administradoras de fondos que cobran comisiones adicionales, bajo condiciones y pago de tasas totalmente ocultas. En suma, les pagamos comisiones a las AFP para que a su vez contraten a otras administradoras internacionales pagando más comisiones. Con la nueva ley ahora más de nuestro dinero se irá al exterior de esa manera.

¿Han dicho algo sobre esto los “defensores de la soberanía nacional”? Pienso en esos que ahora se llenan la boca hablando de lo malo que es que nuestro país respete los tratados internacionales de derechos humanos que ha firmado. Hablan de soberanía cuando su verdadera intención es solamente defender a malos policías y militares que han violado mujeres y asesinado a peruanos, incluso jóvenes y adolescentes menores de edad, sin justificación alguna. Pero aprueban que grupos extranjeros puedan llevarse 91 mil millones de soles de los trabajadores peruanos al exterior. Tampoco han dicho nada sobre cómo Trump ha violado groseramente el Tratado de Libre Comercio firmado por Estados Unidos con el Perú. Menos sobre la estafa de Telefónica de España haciéndole perro muerto al Estado peruano. Su patriotismo es más falso que moneda de tres soles.

Regresando a las AFP y a este cogobierno Dina-Congreso, la nueva ley les permite llevarse 91 mil millones de nuestra plata al exterior. El año pasado el fujimorismo aprobó una “reforma de pensiones” que incrementa el poder y abusos de las AFP, incluso sometiendo a los independientes a su dominio. ¿Acaso se han reducido las comisiones, tenemos mejores opciones los afiliados, hay más competencia en el sistema tras esta ley? Desde luego que no. Ahora, congresistas oportunistas proponen un nuevo retiro de fondos de las AFP. Creen que aún pueden lavarse la cara hacia las elecciones venideras. Pero su propuesta no mejoraría en nada este pésimo sistema ni ayudaría a que todos los peruanos al llegar a los 65 años tengan un soporte económico adecuado, como debiera ser. Es pura demagogia que tampoco será aprobada por este Congreso: el fujimorismo, hoy en el poder congresal, fidelísimo a las AFP, no lo permitirá.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 748 año 16, del 05/09/2025

https://www.hildebrandtensustrece.com/

29 de marzo de 2023

FRANCIA EN LLAMAS

Natalia Sobrevilla

Donde las protestas violentas terminan en destrozos, pero no en muertes

Si hay un país en Occidente que nos hace pensar en la protesta y la insatisfacción ciudadana es Francia. En 1789 la molestia con la monarquía fue tan grande que la Revolución arrasó con todo el sistema de gobierno y, tras años de disconformidad y disturbios, los reyes y muchos nobles terminaron perdiendo la cabeza en la guillotina.

La radicalización llegó a ser tan grande que la Primera República desbarró en ríos de sangre. Los jacobinos, liderados por Saint Just, Robespierre, Danton y Marat, instauraron no solo la Constitución de 1793, sino también el Comité de Seguridad Pública y el Régimen del Terror, que al final los consumió de tal manera que sus dirigentes también acabaron en la guillotina (menos Marat, que fue acuchillado en su tina).

El imperio de Napoleón llevó eventualmente a la Restauración y, en 1830, a otra revolución, que instauró una monarquía constitucional al mando de Luis Felipe de Orleans. Este régimen fue más moderado, pero tampoco sobrevivió sino hasta 1848, cuando se desató una sublevación más, casi tan intensa como la de 50 años atrás.

Una nueva generación de liberales radicalizados en busca del cambio social enarboló las banderas rojas.  Karl Marx publicó en Londres su Manifiesto comunista y en todo el mundo surgieron movimientos de cambio, algunos de corte nacionalista y otros que buscaban la dignidad del trabajo y la abolición de la esclavitud.

Una vez más, sin embargo, las ambiciones de la revolución se vieron decepcionadas, y Luis Napoleón organizó un nuevo imperio. Si bien Francia se consolidó como una gran potencia, los problemas sociales no desaparecieron, y en 1871, al terminar la guerra franco-prusiana, la Comuna de París tomó el control de la ciudad por dos meses, en los que implementaron una serie de políticas progresistas. Los socialistas, las feministas, los comunistas y los anarquistas tuvieron roles protagónicos en el breve gobierno que fue destruido por el ejército en tan solo una semana.

Las barricadas no sobrevivieron, pero sus esfuerzos fueron considerados por Marx y Engels como un primer ejemplo de ‘dictadura del proletariado’. Murieron entre 10 y 15 mil personas, y otras ocho mil fueron exiliadas. A diferencia de las revoluciones anteriores, el sistema de grandes bulevares creados por el barón de Haussmann al refaccionar París hizo imposible la defensa de las barricadas, que fueron destruidas con gran facilidad. Enardecidos los últimos en defender la Comuna en Montmartre se dedicaron a incendiar los edificios que representaban al gobierno.

Si bien en el siglo 19 Francia fue escenario de muchas revoluciones, durante el 20 se vio más afectada por las guerras mundiales. Luego, en 1968, la violencia social volvió a estallar cuando los estudiantes tomaron las calles y armaron barricadas para enfrentarse a lo que consideraban un sistema que ya no los representaba. Durante unas siete semanas que comenzaron en mayo las huelgas y manifestaciones a lo largo del país paralizaron todo. Los que protestaban se quejaban del imperialismo yanqui y del impacto del capitalismo, y 11 millones de trabajadores se pusieron en huelga y lograron mejoras salariales importantes. Los estudiantes que tomaron las universidades también tuvieron éxito en cambiar la manera en que funcionaban algunas de sus instituciones, y las elecciones llevaron a un fortalecimiento del gobierno de De Gaulle.

La leyenda de Mayo del 68, de la Comuna de 1871, de las revoluciones de 1848, 1830 y 1789 alimentan la idea de que los franceses no aceptan el mandato de sus líderes sin oponerse violentamente a cualquier cosa que limite sus derechos. En realidad, comparada a muchos otros países, Francia ha logrado mantener un estado de bienestar contra los embates del neoliberalismo.

Pero esto no ha sido sin violencia y confrontación. El sistema de pensiones se ve cada vez más amenazado y Emmanuel Macron, el actual presidente, fue elegido con el mandato de hacer cambios que lo hicieran sostenible. Pero en cada paso de ese proceso se ha enfrentado a los trabajadores.

En 2018 se hicieron conocidos los ‘chalecos amarillos’, que se opusieron a cualquier cambio al régimen de pensiones y exigieron modificaciones al sistema económico. Las protestas se volvieron rabiosas y murieron al menos unas 10 personas, una de ellas por acción de la policía.

Este mes de marzo las protestas han estallado de nuevo y una vez más Francia arde. Los trabajadores están en huelga. De día las manifestaciones son pacíficas, mientras que de noche se dan enfrentamientos con la policía en las que se queman edificios emblemáticos del poder y se destruyen plazas del centro de las ciudades.

Si bien los enfrentamientos entre la policía y los manifestantes son cada vez más violentos y más de cien personas han terminado presas, no ha habido muertos y, tras una noche en el calabozo, los protestantes vuelven a la calle a seguir con su rechazo. No se ve solución a la vista porque Macron arguye que la edad de jubilación debe necesariamente subir de 62 a 65 años, mientras que los trabajadores consideran que esto es injusto y que lo que deben subir son los impuestos a los más ricos.

Desde el Perú, donde ni siquiera tenemos una jubilación justa (no importa a qué edad), no podemos más que ver con envidia cómo en Francia es posible tomar aeropuertos, destruir propiedad, tomar las plazas centrales de las ciudades más emblemáticas sin temor a ser abaleados y asesinados por las autoridades.

Si bien Francia está en llamas, no tiene aún muertos que lamentar.

https://jugodecaigua.pe/francia-en-llamas/