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23 de septiembre de 2025

Delia Espinoza: Un hito y una fiscal valiente

Cecilia Méndez

"El mensaje que deja Espinoza es que los ciudadanos tenemos voz y que el Ministerio Público está para servirnos. Que las leyes son un arma para defender nuestros derechos, pero no se activan solas"

La Fiscal de la Nación, Delia Espinoza, acaba de hacer historia, en más de un sentido.  Su solicitud a la Corte Suprema para declarar ilegal al partido fujimorista, Fuerza Popular, es inédita. No porque sea la primera vez que el Ministerio Público solicita algo así —lo hizo, y con éxito, con el partido de Antauro Humala— sino porque esta vez no se trata de una organización política marginal, sino de una en el centro del poder político, con tentáculos en el poder económico, mediático y varios organismos del estado desde hace más de tres décadas.

Enfrentarse a este de poder en un contexto de profundo deterioro institucional y criminalidad desbordada promovida desde el propio parlamento, en un pacto de impunidad con el ejecutivo que lleva casi 3 años, es muy valiente y prueba de su independencia.  ‘Soy muy incómoda” reconoce Espinoza, recordándonos que su mandato como Fiscal de la Nación es perseguir el delito y velar por los derechos vulnerados de la ciudadanía.

Pedagogía cívica

Pero su solicitud de ilegalizar a Fuerza Popular ha sido también un acto —acaso fundacional— de pedagogía cívica, por la claridad con la que la fiscal Espinoza ha fundamentado sus propuestas, tanto verbalmente, como por escrito.  Lejos del lenguaje técnico al que nos tienen acostumbrados los abogados, el alegato, al menos, a juzgar por la primera de las 364 páginas de texto (y más 3,500 páginas de anexos), que es lo único que ha estado a mi alcance directamente, rebosa en claridad.  La fiscal solicita (cito, respetando las letras en negrita, que corresponden literalmente a la ley, y el uso de las mayúsculas): la “DECLARACIÓN DE ILEGALIDAD de la organización política  FUERZA POPULAR, conforme a lo establecido en el artículo 14 de la Ley Nro. 28094 - Ley de Organizaciones Políticas, por desarrollar actividades contrarias a los principios  democráticos, consistentes en la vulneración sistemática de las libertades y derechos fundamentales: i) promoviendo atentados contra la integridad de magistrados, funcionarios públicos, opositores políticos, periodistas, medios de prensa independiente, sociedad civil organizada, y la persecución de estas personas,  por razón de su función pública, posición política, profesión y/u opinión; ii) promoviendo la exclusión de congresistas (militantes e invitados) de su bancada por razón de disidencia política /libertad de conciencia, iii) exculpando atentados contra la vida e integridad de las víctimas del conflicto armado interno (1990-2000) [sic]; y iv) legitimando la violencia como método para la consecución del objetivos políticos; todas estas acciones antidemocráticas previstas taxativamente en el primer supuesto de la norma citada.

Y prosigue: “en mérito a la CONDUCTA ANTIDEMOCRÁTICA atribuida a la organización política Fuerza Popular”, la fiscal solicita que se disponga: “a). La CANCELACIÓN de la inscripción de la organización política Fuerza popular…”.

La ciudadanía vindicada


Leer este texto y lo que trascendió públicamente sobre el resto del documento, suscitó en mí una mezcla de vindicación y asombro. Vindicación, porque se trata de la propia cabeza del Ministerio Público la que se enfrenta a un poder tan enorme y vetusto, para defender a la ciudadanía de una serie de atropellos, vejámenes y acoso que hemos sufrido como sociedad, y que han sufrido magistrados de la ONPE y el JNE, periodistas, candidatos presidenciales más. Ya va a ser una década desde que Keiko Fujimori no fue capaz de reconocer su derrota electoral ante PPK (2016) y arrastró al país a una espiral de ingobernabilidad e intentonas golpistas abusando de una cláusula constitucional decimonónica referida la vacancia presidencial por “incapacidad moral”, de la que, ahora que tenemos el gobierno más moralmente inepto desde la primera era fujimorista, irónicamente, ya nadie se acuerda... Buscó arrollar, más allá de ideologías, a  quien no se sometiera a sus ambiciones de gobernar país, pese a haber perdido las elecciones, siendo Castillo el mayor depositario de los agravios autoritarios, desde antes que asumiera la presidencia, con la campaña del falso fraude y, después, con los numerosos intentos de vacancia, hasta que el propio Castillo se les ofreció en bandeja con un patético gesto golpista, aunque diminuto frente al golpe que sí ocurrió cuando el parlamento comandado por el fujimorismo lo aprovechó  para  hacerse de un poder que no había ganado en elecciones, gracias al pacto con Boluarte, cimentado en la impunidad y la traición.

En este segundo sentido, el pedido de Espinoza a la Corte Suprema para declarar la ilegalidad de Fuerza Popular también hace historia: nos ayuda a rememorar un pasado de afectaciones severas a nuestra sociedad y a los derechos ciudadanos, que sigue vigente, pero no debería tener cabida en el ordenamiento político.

Por último, la solicitud me trajo a la mente un artículo que publiqué en marzo de 2012, en la revista Ideele, comentando cuando el MOVADEF quiso inscribirse como partido, lo que fue denegado. Me preguntaba entonteces por qué el argumento de que el MOVADEF era antidemocrático no se aplicaba a otros partidos: “Se le increpó asimismo al Movadef”, escribí, “el no cumplir con el acápite 2 de Ley de Partidos, que exige que estos tengan como uno de sus objetivos la defensa de los ‘derechos humanos […], el sistema democrático y los tratados internacionales a los que se adhiere el Estado’.  Pero, si ese es el caso, con la misma lógica que hoy se rechaza al Movadef no se debió permitir la inscripción de Fuerza 2011, el partido de Keiko Fujimori, que ha avalado un golpe de Estado y escuadrones de la muerte, que busca liberar a un preso condenado por violación de los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad, y que al igual que Movadef no se ha arrepentido de sus crímenes, y los llama más bien ‘excesos’”.

Tomó una fiscal valiente y catorce años más aplicar la ley de partidos en su integridad, caiga quien caiga. Pero no menos importante es el hecho de que Espinoza formó este expediente en respuesta al pedido que una ciudadana formulara en marzo. Fueron seis meses de meticuloso trabajo.

Un nuevo contexto de movilización

El mensaje que deja Espinoza es que los ciudadanos tenemos voz y que el Ministerio Público está para servirnos. Que las leyes son un arma para defender nuestros derechos, pero no se activan solas; tenemos que hacerlo día a día, y una buena muestra de que se puede y se debe hacer es el efecto que ha tenido muy recientemente la movilización de jóvenes contra la ley de las AFP, que atenta contra sus derechos económicos y una vida digna.

Ayer, la Junta Nacional de Justicia, dirigida por un condenado por violencia familiar, ha suspendido de sus funciones como Fiscal de la Nación a Delia Espinoza, sin razón que lo amerite.  La mafia puede haber dado un paso a favor del hampa que anida en este gobierno. Pero la fiscal Espinoza ha ganado la batalla moral, lo que no es poca cosa.  Ella no se va a callar. Tampoco debemos hacerlo nosotros.

Fuente: https://larepublica.pe/opinion/2025/09/22/delia-espinoza-un-hito-y-una-fiscal-valiente-por-cecilia-mendez-hnews-1975864

6 de diciembre de 2024

Perú: No era la cara

César Hildebrandt

El problema no era su cara. Ni la edad. Ni los kilos que sobraban. Ni la ignorancia que derramaba cada vez que abría la boca. Ni esos trajes que parecían fundas de almohada. Ni los relojes y pulseras que funcionaban como brillo y tintineo distractivo.

El problema fue siempre su capacidad de ser moralmente miserable. El problema fue su capacidad de deshonrar cada promesa, de olvidar cada compromiso, de prevalecer caminando entre charcos y bosta.

La señora venía de la izquierda y debió caer al lado del presidente de pacotilla que la hizo famosa.

Lo que le tocaba era asumir fugazmente la presidencia heredada y convocar a nuevas elecciones.

Eso es lo que habría hecho alguien que no despreciara la decencia.

Pero la señora es indecente. Y por eso se vendió al hampa. El fujimorismo y sus aliados la compraron al peso y le prometieron protección, impunidad, cofres diversos. El contrato era muy claro: ella no gobernaría, ella sería una pantalla, ella y unos cuantos payasos frecuentarían Palacio y mandarían al diario “El Peruano” las leyes que el Congreso del hampa redactaría y que ella y sus payasos suscribirían como puro formalismo.

¿Pero eso no significaba acaso que gobernaría, de facto y con la complicidad de un sentenciado y de gente como Luna y Acuña, Keiko Fujimori, la dueña de esa Cooperativa AELU de la política que es Fuerza Popular?

¿No era que Keiko Fujimori había perdido las elecciones del 2021?

Dos obscenidades se juntaron, se sintieron mutuamente necesarias. La señora que había perdido las elecciones y la señora que debía convocarlas porque su presidente había intentado un golpe de Estado de ópera bufa se reunieron en la cima de la desvergüenza y decidieron coordinar esfuerzos para dar, ellas sí efectivamente, un golpe de Estado de verdad. Y lo dieron.

Ese es el gobierno que los peruanos hemos aceptado indignamente.

Ese es el gobierno que ha legislado para la prosperidad del crimen, para dificultar la tarea de jueces y fiscales, para hacer del sistema electoral un anexo de sus propósitos, para corromper la Defensoría del Pueblo, para garantizar en lo posible la impunidad de sus congresistas implicados en fechorías.

Ese es el gobierno que legisla para los agroexportadores y que ha acrecentado las cifras del hambre y el número de desempleados.

Ese es el gobierno que empezó con cincuenta muertos y que ahora intenta retomar el control absoluto del Tribunal Constitucional elevando a nueve el número de sus magistrados.

Ese es el gobierno congresal de la prescripción de los delitos de lesa humanidad, de los cambios constitucionales hechos para destruir instituciones y perturbar la función punitiva del Estado, de los mochasueldos y el macropresupuesto para sí mismos.

Ese es el gobierno que los peruanos –herederos de quienes le rogaron a Bolívar que sea dictador, descendientes de quienes miraron con miedo la resistencia andina de Cáceres, remotos sucesores de quienes entregaron Arequipa sin disparar un solo tiro– hemos aceptado porque la derecha nos dice que es lo mejor, que no hay otra salida, que eso es lo que hay, que callao boca.

No era un asunto de operarse la cara ni de quitarse unos años. El asunto era librarse del estigma de la debilidad y la traición. Y para eso no hay cinceles ni cirujanos.

Aceptar la dictadura del Congreso del hampa nos asoma al abismo moral y a la erosión sin retorno de la arquitectura democrática basada en la separación de poderes y en la contención recíproca de prerrogativas.

Vivir bajo esta dictadura nos embarra a todos. Alguien, en el futuro, nos preguntará, con toda razón, cómo fue que toleramos que la derecha más en paños menores, la de Erasmo Wong y Fernando Rospigliosi, la de Keiko Fujimori y Porky, nos gobernara y nos condujera a esta humillación. No sabremos cómo responder.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 712 año 15, del 06/12/2024

https://www.hildebrandtensustrece.com/