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17 de marzo de 2024

Perú: Percepción de la corrupción

Humberto Campodónico

"¿Hasta dónde puede llegar el contragolpe de la corrupción (que sucede hoy en Perú)? Se está destruyendo el andamiaje legal e institucional que garantiza los derechos y la convivencia en democracia”.

En su última edición, la revista inglesa The Economist trae un largo reportaje sobre la corrupción en América Latina, tomando cifras elaboradas por Transparencia Internacional (TI). Las noticias no son nada halagüeñas para el Perú, pues en el 2023 estamos en el puesto 121 de 180 países analizados. En solo un año, hemos bajado 20 puestos en el ranking, pues en el 2022 estábamos en el 101. Y si vamos un poco más lejos, encontramos que en el 2012 estábamos en el puesto 83; o sea, la caída es de 38 puestos, nada menos.

Comparados con nuestra vecindad, en el 2023 estamos mejor que Guatemala y Venezuela, que están en los puestos 154 y 177, respectivamente. Pero por delante del Perú están Colombia (87), Argentina (98), Brasil (104, cayó 10 puestos) y Ecuador (115). Uruguay es el mejor rankeado (puesto 16), seguido de Chile (29).

He dejado para el final la data sobre El Salvador, pues aparece en el puesto 126, por debajo de Perú. Se podría pensar que, bajo Bukele, la corrupción habría descendido pues se tiende a asociarla con la delincuencia, que eso son las “maras salvatruchas”, la mayoría actualmente en prisión.

La cuestión es que el índice de TI mide la percepción de la corrupción solo en el sector público, a través de encuestas dirigidas, esencialmente, a empresarios y “expertos”. En su elaboración se toma en cuenta data del Banco Mundial, el Foro Económico Mundial (Davos) y consultoras independientes. Se pregunta sobre las coimas y la apropiación indebida de fondos públicos. Y también si hay una persecución efectiva de los acusados, en marcos legales adecuados, donde haya protección a los denunciantes y a la prensa.

Eso está bien. Nos dice qué piensa el sector empresarial acerca de la corrupción en el sector público. Pero es también importante saber qué es lo que piensa la población acerca de esos mismos temas.

El monitoreo de la gobernanza

Como sabemos, las ENAHO, realizadas anualmente a más de 35.000 hogares, “normalmente” preguntan sobre las condiciones de vida y pobreza de la población para generar indicadores que permitan conocer la realidad económica o social de los hogares del Perú. También se hacen preguntas sobre los programas sociales de alimentos y los programas de transferencias monetarias (como Juntos y Pensión 65). De allí salen los indicadores de pobreza.

Pero desde el 2001, cuando comenzaba la transición a la democracia, el INEI decidió incorporar a las ENAHO módulos de Gobernanza y Democracia, que incluyen preguntas sobre corrupción, falta de empleos, calidad de los servicios educativos, entre otros.

En estas encuestas encontramos las respuestas de la población peruana, por sectores, por niveles de ingresos, sexo y edades. Las respuestas son directas, a diferencia de las encuestas de percepción de TI. Incluyen, además, no solo la percepción de la corrupción en el sector público, sino de la corrupción en todos sus niveles.

Dice Javier Herrera: “Hay que distinguir entre la gran corrupción que afecta a la clase política (en particular el escándalo Odebrecht que estalló durante este período) y la pequeña corrupción que tiene un impacto directo en los hogares”. Y agrega: “Si bien la gran corrupción había sido objeto de mucha atención, con el enjuiciamiento y encarcelamiento de muchas figuras políticas del régimen anterior, hasta ahora se había pasado por alto relativamente la corrupción menor.

No se ha puesto en marcha ningún mecanismo serio para hacer frente a la pequeña corrupción. Es esta forma de corrupción la que afecta a la población a diario, ya que las personas solo pueden acceder a los servicios públicos si ofrecen “regalos” y otros sobornos a funcionarios de nivel inferior o medio poco delicados, de los que son víctimas” (1).

Como conclusión de la “encuesta directa”, la percepción de la corrupción y la del crimen aparecen como los mayores problemas del país, por encima de aquellos que “normalmente” son los más importantes: empleo, pobreza, inflación. Da para un análisis de fondo, sobre todo si tomamos en cuenta que son 35.000 los hogares encuestados, 20 veces más que los considerados en las encuestas habituales.

Más allá de la forma con que se mida la corrupción, queda claro que, junto con la inseguridad, constituyen los problemas mayores. Y coinciden de manera directa con la caracterización de “país fracturado”, con tres economías: la formal, la informal y la delictiva. Es esta última la que causa mayor preocupación a la población. Ciertamente, la corrupción mayor está asociada al sector formal, de cuello blanco. Pero también afecta a la mayoría de la población.

El dilema de América Latina

Volviendo al principio. El fondo de la cuestión, dice The Economist (ya no TI), es que los avances en la lucha contra la corrupción de mediados de la década pasada están atravesando un “volteretazo”. Y da como ejemplo los casos de Brasil, Perú, Honduras, México y Guatemala, entre otros.

En Brasil, las investigaciones sobre Lava Jato y Odebrecht se han cambiado por su contrario. Hace poco el juez supremo José Dias Toffoli suspendió el pago de una multa a la empresa J&F —que ya había aceptado haber coimeado a funcionarios— diciendo que “había dudas razonables de que esos acuerdos hubieran sido firmados voluntariamente”.

Y añadió: “Los jueces que administran esas causas podrían haberse coludido con los fiscales”. En el Perú, en el Congreso “se va a votar si se remueve a los miembros de la Junta Nacional de Justicia, que designa a los fiscales y jueces, a pesar de que numerosos legisladores están actualmente siendo investigados por corrupción”.

¿Hasta dónde puede llegar el contragolpe de la corrupción?  Se está destruyendo el andamiaje legal e institucional que garantiza los derechos de la sociedad y la convivencia en democracia. Y esto se hace con un Congreso y un Poder Ejecutivo que buscan la sobrevivencia, con tan solo aprobaciones del 8% al 10%.  Agreguemos, no solo la sobrevivencia, sino la impunidad y la posibilidad de continuar con sus “privilegios”. Para ello, tienen en mente controlar el JNE y la ONPE para “evitar” candidaturas que les sean “inapetentes” y quedarse en el poder (lo que no es gobernar) más allá del 2026.

El antiguo régimen de los 90 no ha aprendido nada ni olvidado nada. Dice The Economist: “Han estado ganando batallas”. Pero deben tener cuidado. En una encuesta nacional publicada el 3 de marzo, una pluralidad de brasileños dijo que Lava Jato fue cerrada debido a intereses políticos. El 74% de los encuestados cree que las recientes decisiones de la Corte Suprema “fomentan la corrupción” (ídem).

Lo mismo sucede aquí, donde seguimos cayendo en la percepción de la corrupción, tanto en la encuesta de TI como en la de la ENAHO. Lo que falta es pasar de la percepción a la acción, antes que sea muy tarde.

Referencias

1) Javier Herrera (et al), Midiendo la gobernanza, la democracia y la participación: Lecciones de dos décadas de experiencia en el Perú, 2022

https://larepublica.pe/opinion/2024/03/15/percepcion-de-la-corrupcion-por-humberto-campodonico-921855

6 de noviembre de 2022

Perú: Estamos locos y no tenemos remedio

César Hildebrandt

Hace tiempo que quiero decirlo, pero no me atrevo.
¿La cobardía me lo impide?

Debe ser. O quizá sea el sentido común, que muchas veces es una variante de la cobardía.

Es cierto que lo he insinuado, que lo he dicho entre líneas, con la boca torcida.

Pero no lo he dicho de verdad ni con la firmeza del caso.

Y hoy quiero hacerlo. Aquí va:

“En las circunstancias actuales, el Perú no tiene remedio”.

En la hipótesis de que nos libremos pronto de Castillo, como tendría que ser, lo que quedará por resolver es este remedo de país.

Es mi país, lo sé, y el patriotismo es un bálsamo, también lo sé. Y el antipatriotismo se ve con desprecio y los pelotones de fusilamiento de las redes sociales rastrillan sus armas al unísono, eso es sabido.

Pero me importa un comino y lo diré de nuevo:

“En las circunstancias actuales, el Perú no tiene remedio”.

Donde miremos, allí está la hiedra venenosa del caos, la violencia, la corrupción, el oportunismo y la hipocresía.

Y cuando creemos que en ese mar descompuesto hay una isla donde refugiarnos, entonces descubrimos que el señor Rafael Vela y el señor José Domingo Pérez decidieron encubrir, con la ayuda de un juez, a la mafia de los Odebrecht, suavizar sus penas, aligerar sus reparaciones en metálico, permitir que siguieran operando en el país donde habían hecho de vientre, para luego hacer el ridículo más hilarante de los últimos años: enterarse en Brasil, donde Vela y Pérez habían viajado, que los de Odebrecht, respaldados por los fiscales brasileños, no hablarán más hasta que el Perú termine de resignarse a las migajas y desista de cualquier otro resarcimiento. Eso mientras los reclamos de Odebrecht ante el CIADI amenazan financieramente al Perú. Todo un vomitorio.

No somos nada. Y, además, Lula, el padrino de las constructoras brasileñas que aquí pudrieron lo que pudieron, es de nuevo presidente y padrino por tercera vez. ¿Volverá a hacerle a algún Graña limeño una oferta que no podrá rechazar?

La fiscal que investiga la mugre de la Chota Nostra es una señora tan dudosa como su hermanita, a quien protegió de modo descarado. La prensa que denuncia a la banda de Palacio es la misma que aduló a Fujimori y sueña con un Bolsonaro de bolsillo para estas latitudes. El Congreso que se enfrenta al Ejecutivo merece su propia fumigación. Y los partidos políticos que disputarían las precoces elecciones que estamos buscando pertenecen, todos sin excepción, a la indecencia.  

Oficialmente, sin embargo, somos casi el edén de la manzana prohibida. Nos mentimos como psicópatas. Nos negamos a admitir nuestra condición de auténticos decadentes y seguimos diciéndonos que somos un país maravilloso, una cuna de la cultura, una promesa de ese futuro que está a la vuelta de la esquina.

Puras mentiras.

El gran problema es que no admitimos la enfermedad que nos roe. Ese mal es, abiertamente, la locura.

Desconectado de la realidad, el paciente sueña que casi está en la OCDE, que la OEA vendrá a ayudarlo, que la ignorancia nos conducirá a la cultura, que la carretera central no construida en doscientos años se hará en dos, que Australia es pan comido, que el tránsito se arreglará espontáneamente, que la mortal inseguridad se alivia liberando a los criminales reincidentes, que las mineras tolerarán siempre la ocupación de sus instalaciones, que la selva aguantará otro siglo de tala ilegal, que el río Madre de Dios seguirá discurriendo a pesar del mercurio de la minería delictiva, que los partidos políticos se regenerarán con los mismos viejos cuadros haciendo de las suyas.

Sin sedantes, sin camisa de fuerza, tenor de sus delusiones, el paciente grita que la desigualdad extrema no derivará en un big bang social, que el medio ambiente no está en peligro, que los sueldos mínimos no deben subir, que los miserables de los cerros están allí de modo voluntario, que Paolo Guerrero seguirá siendo una estrella, que hay un cine peruano internacionalmente afamado, que tenemos poetas de sobra y novelistas como cancha, que Woodward y Bernstein admiran a Hume, que el vino chinchano marida con faisán, que las AFP son justas, que la Constitución del 93 es intocable, que la cholería es propensa a la agitación, que el malogrado Pedro Castillo no es producto del fracaso nacional de la educación, que Keiko es Indira Gandhi, que la derecha no tiene culpa de nada, que el neoliberalismo viene del Antiguo Testamento, que no nos ganan y que Dios tiene barba rojiblanca.

Estamos locos. Y no tenemos remedio.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 610 año 13, del 04/11/2022, p16


https://www.hildebrandtensustrece.com/

25 de julio de 2022

Perú: La competencia de los incompetentes

Sinesio López

No estoy de acuerdo con los analistas que afirman que Castillo es el peor presidente que ha tenido el Perú en los siglos XX y XXI. Depende de los criterios que se utilicen para evaluarlo. Si es por nivel académico, es, sin duda, el menos cultivado. Es un modesto profesor rural de primaria. Pero las elecciones en una democracia no son un concurso de méritos académicos. Si es por su incapacidad para escoger a sus mejores ministros y funcionarios, estoy de acuerdo. Es un desastre.

Si busca sus mejores colaboradores en Perú Libre (PL), no los va encontrar porque no los tiene. PL disfraza su incapacidad tecnopolítica con un ultraizquierdismo retrógrado. Por lo que estamos viendo, tampoco los tiene entre sus paisanos y amigos. El problema es que Castillo no busca a sus colaboradores en donde tiene que buscarlos. Todos los analistas sabemos que la izquierda democrática y el progresismo tienen, por formación académica y por experiencia de gestión, cuadros muy calificados que pueden contribuir a formar y tener un buen gobierno si se orientan por el programa de cambios del Bicentenario con el que Castillo ganó la segunda vuelta electoral. Pero no lo hace. ¿Por qué? He aquí el misterio que hay que develar.

Si el criterio de evaluación es la corrupción, tampoco es el peor gobierno. Pero sí hay claros indicios de corrupción que aún no han sido demostrados. Si hay excolaboradores que huyen de la justicia, entonces hay corrupción. Pero Castillo no se ha levantado 30 millones de dólares como Toledo, no se ha llevado dos mil de millones de dólares de las privatizaciones como lo hizo Fujimori, ni recibe maletines llenos de dólares cada mes como recibía García ni hace lobbies con grandes empresas para levantarse varios millones de dólares como lo hacía Kuczynski. Si hay corrupción, es de pirañitas. No es la de los tiburones en la que participaban los accionistas de los medios concentrados. Pero es corrupción y tiene que ser castigada severamente por la justicia. Si el criterio de evaluación es por resultados, Castillo no es el peor. Castillo no tiene ni va a tener una inflación de 7.500 puntos como el primer gobierno de García, ni va a ordenar asesinar inocentes como lo hizo Fujimori con el grupo Colina.

En lo que estamos de acuerdo todos los analistas es que el Congreso actual es el peor de los últimos tiempos. Hay dos criterios principales para evaluarlo: el nivel de representatividad y la calidad. De acuerdo a los dos criterios, es el peor. Su nivel de representatividad es muy bajo: Representa a pequeños grupos extremos, que son excrecencias morbosas de la colectividad nacional, y a sectores mafiosos que viven de la estafa y de la anomia. No existen partidos representativos de los ciudadanos. Hay “partidos” con dueño que son empresas políticas mafiosas. La calidad es deplorable. El deterioro comenzó en el 90 con el fujimorismo. Siempre hay excepciones notables. Se extraña la alta calidad de los representantes de los 1956-68 y de los 1980-90.

13 de julio de 2020

Pandemia: Retomando discusiones importantes

Sigrid Bazán

Esta pandemia ha desnudado realidades disímiles; sociedades complejas, precarias, racistas y la crisis económica solo llegará para asentarse y profundizar aquellas características. Al menos este es el análisis generalizado que muchos repiten, quedándose quizá en el análisis, sin poner énfasis en todo lo que se podría hacer para mitigar sus letales consecuencias. Y es que esta es la labor de nuestra clase política… la que ahora pierde el tiempo discutiendo, peleando batallas perdidas, motivados por el oportunismo electoral hasta el 11 de abril del próximo año.

Todos los años, organizaciones de la sociedad civil vienen estudiando la desigualdad a nivel mundial y nuestro país no es la excepción. La realidad es que hasta fines de enero de este año, en América Latina y el Caribe, “el 20% de la población concentra el 83% de la riqueza. El número de milmillonarios en la región ha pasado de 27 a 104 desde el año 2000” (Informe Oxfam, 2020).

En esa línea, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo abrió su banco de datos y Ojo Público reveló el detalle: “22 grupos económicos con matrices en los paraísos fiscales de Bermuda y Luxemburgo operaban en el Perú a través de 59 empresas subsidiarias”. La razón detrás de establecer este mapa de datos es registrar presuntos esquemas de elusión fiscal, teniendo en cuenta los reportes país por país; en nuestro caso, tomando en cuenta la información declarada ante la Sunat.

Esas cifras también nos sirven para el momento de tomar acción: nos enfrentamos mundialmente a una ola de rebrotes que podrían devenir en una nueva cuarentena, es decir, en un nuevo freno para la economía. Es ahí en donde tenemos que replantearnos qué hacer con nuestra desigualdad. Se dejó de lado la discusión sobre el impuesto al patrimonio, cuando cada vez más cifras y un mayor número de análisis cualitativos nos demuestran que es una medida aplicable bajo ciertos parámetros. Vivimos en un país con altos niveles de informalidad, pero también en uno donde hay gente que lo tiene todo y gente que no tiene ni para comer. El sentido de humanidad –no solo de unión– entre los peruanos tiene que calar en las discusiones congresales y en el imaginario de todos. Es un buen momento para empezar a cambiar todo, y enrumbarlo hacia un mejor destino.


https://www.leerydifundir.com/2020/07/pandemia-retomando-discusiones-importantes/

2 de abril de 2020

Perú: Respuestas a la crisis

Carlos Monge

Mientras debatimos los pros y contras de la respuesta gubernamental a la crisis, debemos también plantear soluciones a los problemas estructurales que nos hacen tan vulnerables.

Más del 70% de las personas que trabajan lo hacen informalmente, por su cuenta o en pequeñas empresas. Si el gobierno no hace transferencia universal de dinero suficiente a toda esta población, es imposible sostener una cuarentena estricta y prolongada. La gente saldrá a conseguir ingresos como sea.

Debemos mejorar y relanzar –con recursos y voluntad política- el Plan Nacional de Diversificación Productiva diseñado por Humala y paralizado por PPK, para generar una economía con mayor productividad y mayor capacidad de generar empleos con derechos en todo el territorio.

Nuestra inversión per cápita en salud es la menor de la Alianza del Pacífico, y como proporción del PBI es 2.3% es mayor que la de México, pero menor que la de Colombia, mitad que la de Chile, lejos del 6% del Acuerdo Nacional, y lejísimos del 10% de la OECD. Por eso tenemos una salud pública con profesionales mal pagados, infraestructura mal equipada, y carencia de los elementos básicos para enfrentar una pandemia como ésta.

Es necesario lograr un acuerdo político para aumentar sustantivamente el presupuesto al sector salud. Se ha avanzado en los últimos años, pero se necesita avanzar mucho más.

Más de 15% de la población no tiene acceso al agua potable y casi el 35% no tiene acceso al desagüe. Para muchísima gente sea imposible cumplir con una medida básica de protección frente al coronavirus, que es lavarse las manos con frecuencia.

Como en el caso de la salud, es indispensable un acuerdo político amplio

para lograr la meta de la universalización del acceso al saneamiento básico en el Perú, para prevenir el contagio de este virus y de múltiples enfermedades infecto contagiosas que afectan sobre todo a la población más pobre.

Nuestra presión tributaria es 16.1%, 6 puntos por debajo del promedio de la región y casi 20 puntos por debajo del promedio de la OECD. Esto tiene que ver con la masiva informalidad de nuestra economía, pero también con las exoneraciones tributarias al gran capital, la ausencia de una escala progresiva más agresiva para que paguen más los que ganan más, y la falta de impuestos más fuertes a las herencias, la propiedad, las acciones en bolsa, etc.

Si queremos incentivar la diversificación, tener una salud pública de calidad y universalizar el acceso al saneamiento básico, tenemos que hacer una reforma tributaria progresiva para que paguen más los que tienen más.

Lo propuesto no es demasiado radical. Es perfectamente posible. Solo hace falta voluntad política para derrotar la resistencia de quienes priorizan conservar su desproporcionada riqueza


https://www.leerydifundir.com/2020/04/peru-respuestas-la-crisis/