Mostrando entradas con la etiqueta Otárola. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Otárola. Mostrar todas las entradas

9 de abril de 2024

Perú: LOS ORWELLIANOS BOLUARTE, FUJIMORI Y COMPAÑÍA

Natalia Sobrevilla

1984, la clásica novela distópica de George Orwell, suele ser recordada por el Gran Hermano, ese mecanismo por el cual la policía del pensamiento espía en todo momento a las personas para asegurarse que sigan siempre la línea del “doblepensar”. Este es, sin duda, el concepto más peligroso de esa realidad fantaseada y que, a cuarenta años del mítico 4 de abril de 1984 en que comienza la novela, a ratos parece querer imponerse en nuestra sociedad. Orwell lo explica a inicios de su obra de esta manera:

* El Partido dijo que Oceanía nunca había sido aliada de Eurasia. Él, Winston Smith, sabía que Oceanía había estado aliada con Eurasia cuatro años antes. Pero ¿dónde constaba ese conocimiento? Solo en su propia conciencia, la cual, en todo caso, iba a ser aniquilada muy pronto. Y si todos los demás aceptaban la mentira que impuso el Partido, si todos los testimonios decían lo mismo, entonces la mentira pasaba a la Historia y se convertía en verdad. «El que controla el pasado –decía en slogan del Partido–, controla también el futuro. El que controla el presente, controla el pasado.» Y, sin embargo, el pasado, alterable por su misma naturaleza, nunca había sido alterado. Todo lo que ahora era verdad, había sido verdad eternamente y lo seguiría siendo. Era muy sencillo. Lo único que se necesitaba era una interminable serie de victorias que cada persona debía lograr sobre su propia memoria, A esto le llamaban «control de la realidad». Pero en neolengua había una palabra especial para ello: doblepensar.

Esto es, precisamente, lo que en este momento la presidenta peruana Dina Boluarte le pide a sus conciudadanos: que olvidemos que alguna vez dijo que el Rolex “era de antaño”, que lo “había comprado con el fruto de su trabajo” y que “había trabajado toda su vida”. Todos debemos creer hoy que todo lo que antes dijo no fue dicho, y debemos creer también que las joyas con las que ha sido vista eran unas piezas sencillas compradas por catálogo a una vendedora de barrio a la que casi cualquier persona de clase media tiene acceso, y no pulseras que cuestan mucho más de lo que gana una familia entera en más de un año.

Es un insulto que se trate de cambiar las versiones de las cosas de manera tan grosera, y también lo es pensar que con esas palabras se va a acabar el problema del momento. Recordemos, no obstante, que la reescritura de la historia no es potestad solo de la presidenta. Por ejemplo, ahora tenemos al congresista Fernando Rospigliosi hablando rabiosamente de los asesinatos de protestantes peruanos de fines de 2022 e inicios de 2023, acusando a las víctimas —algunos de los cuales eran jóvenes que pasaban inocentemente por ahí— de ser delincuentes y terroristas que no solamente merecían una muerte extrajudicial —algo que no merece nadie—, sino que además eran los culpables de su propia muerte. Esto también lo repitió hasta el cansancio Martha Chávez en los 90 cuando acusaba a víctimas de tortura y asesinato del régimen que representaba de haberse autotorturado.

El fujimorismo ha demostrado ser experto en “doblepensar” y lo que está haciendo en este momento su líder supremo, que ha salido ilegalmente de la cárcel, es utilizar su palestra desde las redes sociales para repetir hasta el cansancio que él no estuvo involucrado en la tortura ni en la muerte de nadie, y que él simplemente fue un presidente y no un asesino, como si el juicio con las pruebas que se presentaron no hubiese sucedido y como si no tuviera todavía que enfrentar a la justicia por los crímenes que todavía se le imputan. Así,Fujimori y sus secuaces quieren imponer una nueva versión de la realidad y creen que al repetir y repetir mentiras y falsedades lograrán cambiar la realidad. Nos toca impedirlo.

Esta práctica nefasta de los protagonistas de los hechos son avaladas luego por las mentiras y las calumniasque sus seguidores hacen circular de manera sostenida. Para ilustrarlo, espero que se me disculpe el uso de un ejemplo de la casa: el martes 2 de abril invitamos a Paola Ugaz a escribir un artículo y nuestro lector habitual Miguel Calderón usó la sección de comentarios para lanzarle una difamación, algo que no vamos a tolerar. No hay ningún problema con que alguien esté en desacuerdo con lo que aquí escribimos y pensamos, la diferencia de opiniones es hasta saludable; e incluso el insulto, irrespetuoso como es, podría ser toleradoen última instancia en aras de la apertura, pero nunca la mentira y la difamación. Porque son parte de una estrategia que busca imponer el “doblepensar”.

Y es por eso mismo que la campaña para silenciar y amedrentar a periodistas independientes es tan peligrosa. Lo que se viene haciendo con Gustavo Gorriti y Romina Mella de IDL Reporteros debe ser condenado desde todas las palestras, porque es inaudito que se pretenda que den acceso a sus fuentes. El único motivo detrás de esto es poder cambiar la verdad e imponer una nueva versión de ella. Lo hacen porque temen a quienes presentan pruebas de lo que ha sucedido. Lo hacen porque temen que la verdad salga a la luz.

Sin embargo, a pesar de los momentos de oscuridad que vivimos, mientras las libertades están bajo ataque,podemos ver que la valentía de los periodistas que luchan por la verdad puede llegar a ser recompensada. Después de años de haber sido atacados y querellados por el arzobispo de Piura y Tumbes, finalmente esta semana Paola Ugaz, Daniel Yovera y Pedro Salinas han visto el fruto de sus esfuerzos con la intempestiva renuncia de José Antonio Eguren Anselmi a su cargo eclesiástico.

La verdad importa. Luchar por ella, importa. Y es por eso que debemos seguir haciéndolo con especial vigor contra cada esfuerzo por imponer las medias verdades, las calumnias y las mentiras.

https://jugo.pe/los-orwellianos-boluarte-fujimori-y-compania/

11 de junio de 2023

Perú: Seis meses

César Hildebrandt

Seis meses después, Dina Boluarte sigue allí.

No está sola. La acompañan, en marcha hacia ninguna parte, un primer ministro que hace el ridículo internacionalmente, un Congreso que es madriguera de delincuentes, un TC ratizado, una Fiscalía de la Nación que comparte el lecho palaciego y unos partidos políticos que supuran.

La siguen, como corte de los milagros, la ministra de salud, perseguida por una nube de mosquitos, y la ministra de cultura, que dice estar feliz con la purga hecha en Canal 7 y anexos.

La persiguen a la presidenta las encuestas demoledoras, las pancartas que claman maldiciones, el código penal que anuncia su futuro, los aimaras de las banderas negras. Y se le aparecen, por la noche, algunos de los muertos de Huamanga y Juliaca, los baleados sin nombre de aquellos días en los que un equipo asesor le dijo que el fuego era lo único que apagaría las protestas.

Pero lo que más cerca tiene la presidenta es esa nube gris que nubla su pendiente, esa atmósfera de mediocridad ágrafa y levemente alfabeta que le marca el paso y el discurso. No importa el tema: si la señora Boluarte lo toca, parecerá irrelevante, marginal, sonsito. Del cerebro de la señora Boluarte no salen argumentos sino mecanismos de defensa, fugas de tondero, elusiones, vaguedades mal dichas y acompañadas de ademanes de velada escolar.

Este es el gobierno reactivo que combate el dengue cuando ya se disparó y acude donde las aguas salieron de madre cuando las cosechas ya se perdieron y piensa en qué va a hacer mientras el hampa, la doméstica y la importada por Kuczynski, ha tomado los suburbios de Lima y ha corrompido a jueces y fiscales.

Es el gobierno que vive de la inercia. La economía, por ejemplo, sigue su curso ajena a los destrozos de la política y el BCR, gracias a Velarde, mantiene sus prácticas de cautela y prevención. No hay un auténtico ministro de economía, pero los daños no son severos porque los automatismos nos sacan del apuro. Es cierto que la inflación es alta y que técnicamente hemos entrado en recesión (van dos trimestres consecutivos de caída de la producción e incremento del desempleo), pero hay allí factores nativos y foráneos que sería injusto atribuirle a este gobierno.

El de Boluarte es el régimen que ha cumplido seis meses y que parece que hubiese asumido ayer. Si algún adulón de la prensa reconcentrada quisiera halagarlo, ¿qué logros podría enumerar, qué primeras piedras contaría, qué correcciones a entuertos previos enlistaría? Por el contrario, estos seis meses han servido para consolidar la hegemonía indiscutible de un congreso dominado por lo peor de la derecha más bruta y achorada. La derecha del callejón de un solo canon, con almirantes de aguas servidas a la cabeza y el fujimorismo moviéndolo todo, ha desmantelado la reforma universitaria, corrompido el Tribunal Constitucional, tergiversado la Defensoría del Pueblo y arremetido contra la autonomía de los procuradores. Les falta arrasar con el sistema electoral, pero eso es algo en lo que están trabajando intensamente. La señora Boluarte es la madre de un monstruo: el parlamentarismo no constitucional, la unión de partidos como Podemos, Renovación Popular y Fuerza Popular para la construcción de un régimen asimétrico en el que el congreso dicta el rumbo de un gobierno cuya única meta es durar. La voluntad de Boluarte y los suyos es viral: un gobierno sin vida propia que es huésped de una célula infectada. Se trata de la política como una extensión de la enfermedad.

Es lo que nos ha tocado. Es, al fin y al cabo, lo que nos dejó la izquierda degenerada de Pedro Castillo y sus pájaros fruteros.

¡Qué izquierda infame hemos tenido! Cuando el estalinismo ya había matado lo suficiente como para merecer alguna reprobación moral, aquí la izquierda miraba hacia otro lado. Cuando Cuba fue devorada por el estilo estalinista, aquí la izquierda decía que Heberto Padilla había dicho la verdad en su obligada autoabominación.

Y entonces llegó Sendero y mandó parar. Fui testigo asombrado de cómo un sector considerable de la izquierda peruana se negó a condenar los métodos y fines del senderismo y los cachivaches doctrinarios de su líder Abimael Guzmán. El marxismo mutante de alias Presidente Gonzalo nos condujo, como por un tubo de Sedapal, al caudillo de la normalización a cualquier costo: Alberto Fujimori. De la barbarie de la izquierda vino el desquite de la derecha sin ley.

Muchos años después, luego de esa caperucita roja llamada Verónika y las aventuras de cubanófilos gobernadores regionales  interesados en fondos públicos, llegó Pedro Castillo.

Era como si Paco Yunque hubiese regresado montado en un corcel de votos, como si Garabombo se hubiera hecho visible, como si Rosendo Maqui ganara el juicio eterno que siempre perdía. ¡Era una gran oportunidad!

Castillo, en el fondo cabal representación de una izquierda iletrada, sindicalera y pragmática, no vio ante sí la historia ni el compromiso. Lo que vio fueron fajos de billete, sarrateas y salatieles, gentuza que compraba “El Peruano” para ver nombramientos, venganzas de bolsillo.

Gracias a Castillo y a la izquierda cuatrera es que el gobierno de la triste y cándida Boluarte no es el peor de las últimas décadas. No olvidaremos eso.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 639 año 14, del 09/06/2023, p16


https://www.hildebrandtensustrece.com/

17 de marzo de 2023

Perú: El sepelio de los soldados

Gustavo Espinoza M.

Más allá de las versiones en torno a los sucesos de Juli e Ilave, las ceremonias fúnebres del 8 de marzo, adquirieron un carácter simbólico. La ausencia del alto mando militar y de las autoridades del Estado en las exequias de los uniformados, y la asistencia masiva de la población aimara; fueron la confirmación evidente de una verdad negada.

La Prensa Grande, y en particular la Televisión Peruana urdieron una mentira de almanaque, orientada a demostrar que los reclutas que perecieron ahogados en el río el domingo 5 de marzo fueron víctimas de los comuneros. Dijeron sin ambages que “una turba de pobladores” los acosó y persiguió con crueldad  hasta obligarlos a meterse al río “para salvarse”.

Para mostrar la “autenticidad” de la versión, la Tele convirtió en un sólo video dos hechos ocurridos en días diferentes, y en lugares distintos. La primera parte del video mostrado, correspondía al sábado 4 de marzo, y fue filmada en Juli. La segunda, recoge hechos ocurridos al día siguiente, el domingo 5, y fue tomada en Ilave. Por lo demás, los pobladores que aparecen en uno y otro video, son diferentes. Se trata en un caso, de comuneros de Juli y en el otro, de pobladores de Ilave. Por arte de magia, se “juntan” los dos videos, como una sola secuencia. Eso, descalifica todo.

El sábado 4, en efecto, los comuneros de Juli hostigaron a los soldados  y les enrostraron su presencia en una circunstancia en la que habían venido para “coordinar” acciones con la Policía Nacional, acusada por los pobladores de alevosos ataques a la ciudadanía. Los soldados, jaqueados por la multitud, huyeron, y se refugiaron en la Base Militar de la localidad. Hasta allí la población los siguió para hacerle sentir su rechazo. En esa circunstancia, efectivos de la Base hicieron uso de disparos, provocando heridas a 5 personas. Esa confrontación, sin embargo, concluyó allí.

Al día siguiente, ya en Ilave se produjo otro hecho. El escenario era distinto, como lo eran también tanto los comuneros, como los soldados. Allí, el Capitán Frisancho -hombre con antecedentes oscuros y  acusaciones penales- dispuso que sus soldados –“los perros”, los llamaba- “vadearan” el río portado mochilas, fusiles e indumentaria de combate. Como “las órdenes se cumplen sin dudas ni murmuraciones siendo el único responsable de las mismas el superior que las dicta”; los soldados acataron lo dispuesto, aunque algunos de ellos, no sabían nadar. “Vayan agarrados unos de otros por los brazos”, pareciera les dijo el autor de las órdenes, que cautelosamente, se quedó en la orilla.

Estando en el río, y ante la furia de la corriente y la extrema frialdad de las aguas, los uniformados se fueron soltando para quedarse en la libertad de nadar: La corriente los separó, y quienes no supieron desenvolverse ante esa contingencia, quedaron a la deriva y se ahogaron. Los Comuneros, ubicados en el cerro, gritaban consignas, pero no podían lanzar nada por la distancia que los separaba de los soldados. Percibieron, sin embargo, que estos se ahogaban y corrieron a auxiliarlos. Lograron salvar a 5, pero uno ya era cadáver, y otros habían desaparecido. Los encontraron luego fallecidos. La necropsia fue inapelable: hipotermia y muerte por ahogamiento

Vistas así las cosas, es meridianamente claro que la Televisión manipuló descaradamente los hechos y mintió a sabiendas con un propósito avieso: atribuir la culpa a los comuneros -“la turba”, como los llamó peyorativamente-. Pero si fue indigna la conducta de la Tele, peor fue el comportamiento de la cúpula castrense. Ella no debió comprometer opinión, sin investigar los hechos recurriendo a fuentes confiables. Y no debió avalar el operativo frustrado, dado su trágico desenlace. Optó sin embargo por transitar en contra de la verdad, y cargó contra los comuneros con una ligereza enfermiza. Los hechos le saltaron a la cara y demostraron la precariedad de su versión.

Es claro que el Jefe del Comando Conjunto de la Fuerza Armada no la tenía fácil. Juzgó su deber “salvar al Superior”, porque, obviamente, él es el Superior, y debe cuidar su propio pellejo. Pero, además, debió justificar el que los soldados no hubiesen hecho uso de sus armas. Y no podía admitirlo  porque no era necesario: no estaban amenazados por nadie. Si lo decía, se caía la versión de la Tele.

Buscó entonces jugar una partida a dos bandas. Por un lado “humanizar” a su tropa, asegurando que no iba a disparar contra el pueblo. Por otro, devolver la piedra que le lanzara Otárola en su deposición ante la Fiscalía. Allí, el Primer Ministro dijo emulando a Pilatos: “Los Mandos Militares no nos consultan sus Operativos”. El general, dijo aludiendo al gobierno: “no podemos hacer uso de las armas”. En otras palabras, nos exponen inermes.

Quizá si en otras circunstancias, un brulote como el urdido en torno al tema, hubiese sido aceptada por la ciudadanía. Pero ocurre que así como no hay crimen perfecto, tampoco hay mentira perfecta. Y hubo una pieza que hizo que cayera todo el andamiaje laboriosamente construido: la versión de Liubomir Fernández, corresponsal de la República, y el único que estuvo en Ilave la mañana del domingo 5, en las proximidades de los comuneros. El vio todo y describió todo. Nadie pudo desmentirlo. Por eso, lo odian.

A partir de allí, cayó el telón. Nadie del gobierno, llegó a los funerales;  y tampoco asomó el Mando Castrense. Las víctimas eran gente del pueblo, aimaras todos, hijos de comuneros y hermanos de comuneros. Por eso fueron enterrados en familia, en lo que Federico Engels llamara  “la familia extensa”, es decir la Comunidad entera .

Todo ello explica la infinita ira del Comando Conjunto de la FF.AA. que se expresó en un video torpe, venenoso y vengativo contra los comuneros; y el ataque físico al periodista Fernández. Finalmente, fue la voz de la impotencia la que habló, fusil en mano.

https://www.calameo.com/read/007287709645b3bc2c5e1

23 de enero de 2023

Perú: Cuatro apuntes sobre la presidenta

Isaac Bigio

UNO

En 2021 el principal motivo por el cual la derecha se unió tras Keiko Fujimori fue porque está llamaba a evitar que en el Perú llegase a la presidencia “un comunista”. Sin embargo, la única persona de la plancha presidencial de Perú Libre (PL) que había llegado a su puesto reclamándose como tal y como “marxista-leninista-mariateguista” fue Dina Boluarte.

A diferencia de Pedro Castillo, quien se había educado una década y media en Perú Posible, desde que este partido hizo un gobierno de centro-derecha en 2001-2006, hasta que este se disolvió en 2017, Boluarte había sido colocada como la número 2 por el mismísimo secretario general del partido Perú Libre, Vladimir Cerrón. Él la consideraba como su persona de confianza, la misma que iba a defender su ideario y su devoción a los autoproclamados gobiernos “revolucionarios antiimperialistas” de Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia.

Mientras Castillo era un invitado de PL (tal y cual lo habían sido sus cabezas electorales Ricardo Belmont, para la alcaldía de Lima en 2018, e Isaac Humala, para el Congreso por Lima en 2020), Boluarte era una militante orgánica de un partido que requería que todos sus miembros se identifiquen con el “marxismo-leninismo-mariateguismo”. Ella fue su candidata en tres elecciones consecutivas (municipales del 2018, legislativas del 2020 y generales del 2021). En las dos primeras tuvo una muy baja votación y en la tercera no dirigió ningún mitin de masas y apareció casi desapercibida a la sombra de Pedro Castillo, cuyo arrastre popular fue el único responsable en llevarla a la vicepresidencia.

Paradójicamente, Boluarte ha decidido liderar al país con y para el fujimorismo, cuyas políticas sigue y de cuyas canteras recolecta a varios de sus ministros. Ahora el nuevo alcalde capitalino es su hincha. Si antes López Aliaga prometió una guerra entre los dos palacios que dan a la plaza mayor, ahora ha decidido convertirse en un castillo que protege a Dina.

Montoya, cuya estrategia era primero sacar a Boluarte, luego a Castillo y después ir a elecciones generales, ahora quiere quedarse como congresista y le pide a Dina que militarice los aeropuertos y ordene que las fuerzas del orden disparen a los manifestantes. Quien dirigió la comitiva que fue a la OEA y luego la comisión para investigar el supuesto fraude electoral del 6 de junio del 2021, ahora quiere que Boluarte, a quien antes acusaba de haber llegado a palacio con un “anforazo”, siga en el poder la mayor cantidad de tiempo posible.

En la historia continental hemos visto varias figuras que se iniciaron en la izquierda y acabaron en la derecha. En Bolivia, Víctor Paz Estenssoro fue en abril de 1952 el líder de la revolución más radical de Sudamérica, pero en agosto de 1985 decretó el mayor shock thatcherista continental previo al de Fujimori en 1990. En Ecuador, Lenín Moreno fue vicepresidente de Rafael Correa en 2007-2009 y 2009-13, luego fue su delfín y después el candidato de su movimiento para remplazarlo en el cargo en 2017 pero, cuando fue electo mandatario en 2017, Moreno rompe con el “socialismo del siglo XXI” y se alinea con la derecha y EE.UU. encarcelando a los correístas y pidiendo la invasión de Venezuela.

Sin embargo, todos ellos demoraron mucho en alterar radicalmente sus posiciones (el primero un tercio de siglo y el segundo más de una década). El giro de Boluarte ha sido brusco y radical, lo que evidencia que es una persona carente de cualquier ética.

Boluarte se ha convertido en el mejor instrumento que tiene el fujimorismo para poder implementar sus planes de contrarreformas electorales, tributarias, sociales y económicas. Si ella fuese reemplazada por el presidente del Congreso, el general (r) Williams, él no tendría esa misma legitimidad para implementar los cambios propuestos y la represión. Ahora los fraudistas se acuerdan que Boluarte sí fue electa en las urnas y que debe gobernar.

Boluarte pretende tener más legitimidad que cualquier posible relevo congresal por esa misma condición, además de que se jacta de ser mujer, provinciana y quechuahablante. Ella es el guante de seda que cubre el puño de hierro. Si ella cae se derrumba todo el tinglado.

Los que perdieron en tres balotajes consecutivos han logrado llegar al Gobierno con una tránsfuga.

DOS

En enero, las encuestadoras IEP e IPSOS han coincidido en que el nivel de desaprobación de Dina Boluarte es del 71%. Estas cifras de rechazo a solo un mes de debutar en la presidencia no tienen precedentes desde que se dieron los primeros sondeos de opinión pública en la historia peruana.

Los que aprueban la nueva gestión se reducen al 19% en el caso de IEP y apenas 1 punto más en el de IPSOS, lo que implica que sólo un quinto de la población avala el inicio de este nuevo mandato.

Este nivel de altísima impopularidad no lo ha padecido ninguno de los mandatarios electos desde, al menos, seis décadas atrás. En los dos periodos de Fernando Belaúnde (1963-68 y 1980-85), Alan García (1985-90 y 2006-11) o Alberto Fujimori (1990-95 y 1995-2000) los niveles de aprobación de los primeros días bordeaban o superaban al 50%. Algo similar ha ocurrido con las primeras encuestas durante los mandatos de Ollanta Humala (2011-16), Pedro Pablo Kuczynski (2016-18) o Pedro Castillo (2021-22). Valentín Paniagua (2000-2001), Martín Vizcarra (2018-20) o Francisco Sagasti (2020-21), quienes llegaron a la presidencia tras un proceso de renuncia o vacancia del anterior mandatario, tampoco debutaron con una opinión pública tan adversa.

Un caso especial es el del tercer periodo de Fujimori, el cual solo duró menos de cuatro meses (julio a noviembre del 2000), fue inconstitucional y fraudulento y generó fuertes protestas sociales. Entonces muchas encuestadoras estaban compradas, por lo que los datos reflejados no son confiables. Sin embargo, debido a que el autócrata mantenía una amplia base de apoyo clientelista, es probable que él realmente no haya tenido en el primer mes de su tercer mandato a más de 7 de cada 10 peruanos que lo rechacen. No tomamos en cuenta a Manuel Merino (noviembre 2020) pues solo duró cinco días, menos tiempo que lo que dura organizar un muestreo. Y ni siquiera Alejandro Toledo, que llegó al dígito de aprobación, tuvo un debut tan desastroso.

Según IEP, en el Perú urbano solo el 18% apoya a Boluarte y en las zonas rurales este porcentaje baja a la mitad (9%), mientras que en todas las macrozonas cuenta con un rechazo generalizado (solo la aprueban el 6% en el centro, el 13% en su natal sur, el 16% en el oriente, el 19% en el norte y el 28% en Lima metropolitana).

IPSOS evidencia que los que muestran mayores simpatías con Boluarte son quienes poseen mayores ingresos. El único sector social donde ella tiene amplio apoyo es el de los más ricos (nivel A), donde es aprobada por el 49% y desaprobada por el 40%. A medida que se desciende en el nivel de poder adquisitivo, más se invierten esas cifras. Dentro de los más pobres (segmento E) Boluarte es aprobada por solo el 10%, mientras que es desaprobada por el 83%.

Ambos sondeos demuestran que Boluarte es hoy rechazada en los que fueron sus anteriores baluartes. La gran mayoría de los 8,8 millones de peruanos que votaron por la plancha presidencial donde ella figuraba casi anónimamente fueron los estratos con menos ingresos y, sobre todo, del campo, del interior y de las macrozonas centro y sur. Quienes hoy tienden a apuntalarla son fundamentalmente aquellos quienes antes apoyaron a Keiko Fujimori.

A pesar de que Boluarte se ufana de ser una mujer, según IPSOS, es desaprobada por el 71% del sexo femenino.

TRES

Antiguos guerrilleros están hoy en la presidencia de Colombia y Nicaragua, como hace poco lo han estado en las de Brasil, Uruguay y El Salvador (en donde, además, su actual mandatario proviene del Frente de Liberación Farabundo Martí). Quien más tiempo ha estado en una vicepresidencia en Occidente es García Linera (Bolivia, 2005-19), quien lideró la guerrilla altiplánica katarista.

Sinn Fein, el antiguo brazo legal del IRA, la mayor organización armada y terrorista dentro de la OTAN, acaba de lograr el primer puesto en las elecciones generales de las dos Irlandas.

Las democracias occidentales buscan que los antiguos subversivos truequen las armas por las urnas. Permitiéndoles incursionar en la política legal a través de la competencia electoral es que se ha logrado en todas estas naciones reducir la violencia letal.

En Perú, Abimael Guzmán ha muerto y hace tres décadas ordenó a sus huestes abandonar la “guerra popular”. Su declive es tal que la única vez que lograron presentar un candidato afín en una elección nacional (Walter Humala para el Parlamento Andino) no logró ni el 0.1% de los votos.

Mientras el APRA llegó a cogobernar con Bustamante y Rivero en 1945-48, una década después de que el partido había impulsado atentados terroristas como los asesinatos de Antonio Miró Quesada, director de “El Comercio”, y antes del presidente Sánchez Cerro, hoy la ultraderecha limeña necesita azuzar el peligro del “terrorismo” como su principal carta para justificar sus constantes maniobras golpistas, autoritarias y antipopulares.

Todo ello es una farsa. Según varios analistas, no es casual que se hayan producido masacres en el VRAEM en las vísperas de cada uno de los tres balotajes en los que ha competido Keiko, con los cuales ella quiso proyectarse como la mejor posicionada para aplicar la “mano dura”. El “Militarizado PCP”, a quien se le atribuyen estos atentados, luego ha brillado por su ausencia (incluso ahora, donde no saca ni un solo comunicado frente a la crisis o las matanzas).

Abimael Guzmán fue quien más pregonó la consigna de amnistiar a Fujimori y a sus asociados, como vía para lograr ser excarcelado. Montesinos escribió con su propia mano una carta a Guzmán implorándoles a los senderistas a aportar los pocos votos que faltaban para que Keiko ganase las presidenciales.

Boluarte hoy se alía con la misma derecha que antes la terruqueaba. Un movimiento de masas que recurre al derecho constitucional a la protesta es lo opuesto a sectas que perpetran atentados o asesinan individuos.

Con esas imputaciones se justifica el terrorismo de Estado y que las fuerzas del orden hayan tenido la orden de disparar a la cara y al pecho para matar. El terruqueo deshumaniza a sus contrincantes y justifica que se les mate como cucarachas.

CUATRO

El actual Gobierno empieza a adquirir ciertos rasgos de paria internacional. Se ha enemistado con las tres repúblicas hispanohablantes más pobladas (México, Colombia y Argentina), las cuales no reconocen a Boluarte como presidenta.

En su mensaje presidencial ha acusado a extranjeros del sur de armar a los manifestantes y echó la culpa de los asesinatos a armas provenientes de allí. Así deja entrever que Argentina, Chile y, sobre todo, Bolivia, son responsables de esas muertes.

No hay evidencia de ello y hay numerosos testimonios de testigos, videos, fotos, periodistas y organismos de derechos humanos que prueban lo contrario. Ya se sabe que las fuerzas del orden fueron instruidas para tirar a matar. Solamente en casos extremos las recomendaciones oficiales admiten poder disparar a los pies. En cambio, en Ayacucho y Juliaca se lo ha hecho ante multitudes y teniendo como blanco rostros o pechos, con la clara intención de matar.

El Perú y el Alto Perú siempre han guardado un alto nivel de amistad, pero hoy Boluarte impulsa la fobia contra Bolivia. Paradójicamente, Evo Morales fue la figura internacional más aplaudida cuando llegaron a palacio Castillo y Boluarte. Ahora Dina le ha prohibido entrar al país.

Cuando Boluarte entró a la plancha presidencial de su partido Perú Libre, se identificaba con las “revoluciones antiimperialistas” de Bolivia, Venezuela, Nicaragua y Cuba, y postulaba reconstituir la Comunidad de Estados de Latino América y el Caribe (CELAC) y la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR).

Sus ataques injustificados a Bolivia han hecho que las relaciones con esta pasen por su peor momento. Se ha expulsado al embajador de México (el artífice de la CELAC) y Lima ya no prioriza volver a la UNASUR.

La política represiva de Lima es abiertamente cuestionada por las seis repúblicas hispanoamericanas más extensas (México, Argentina, Colombia, Venezuela, Chile y Bolivia), además de otras más en la región. El Brasil de Lula se encuentra absorbido en sus intentos de contrarrestar al golpismo bolsonarista, por lo que busca evitar chocar aún con Boluarte.

Algo que sostiene a Boluarte es el aval de EE.UU., cuya embajada inmediatamente condenó el autogolpe de Castillo y fue a bendecir a la nueva mandataria. Sin embargo, si la crisis social se sigue agravando, Joe Biden puede que dinamite a Dina como antes hizo lo mismo con su predecesor.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 619 año 13, del 20/01/2023, p16-17

https://www.hildebrandtensustrece.com/

22 de enero de 2023

Perú: Victoria inexistente

César Hildebrandt

La señora sale a las 9 y pico de la noche y tiene cara de triunfadora, voz reinante, ínfulas regias. Le habla al país y parece que le hablara a alguna república alpina y feliz.

La señora cree que ha ganado. Otárola, que la modeló a semejanza de Keiko, la ha convencido de que esta vez Lima no cayó –como con los chilenos, como con los 4 Suyos– y que el gobierno tiene larga vida.

Gran error, señora. Esto va a seguir. Hay gente tan terca como usted y que está empeñada en sacarla de escena.

No hay victoria, estimada señora. Lima fue tomada por la policía y el respaldo de los tanques del ejército hizo lo suyo. Hubo más policías que manifestantes y el resultado fue el previsible.

Pero lo que usted necesitaba era un triunfo político, un éxito del diálogo.

Ganaron las bombas lacrimógenas, las piedras de los manifestantes, la paciencia calculada de la policía. Pero usted requería que ganara un puente, el comienzo de un consenso, la vocación de un reencuentro.

El país necesita un gobierno que no apague incendios con gasóleo. Y usted tiene a un primer ministro pirómano que supone que el fuego purifica y quizá que la violencia esclarece.

No fue un triunfo, señora presidenta. Fue un homenaje a Pirro. Ha elegido usted el camino más áspero. Y parece convencida de que el poder es no ceder y que la arrogancia es buena consejera.

Muy pronto se arrepentirá. Cuando eso suceda me encantaría saber dónde se va a esconder el señor que la empuja al abismo. No había visto a nadie construir su próxima soledad con tanta eficiencia. En esa faena suicida es usted todo un personaje.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 619 año 13, del 20/01/2023, p5

https://www.hildebrandtensustrece.com/